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Los adecos, copeyanos, batistianos y PLD-PRD

El espectáculo de la cúpula del poder y de la partidocracia dominicana rememora asombrosamente las postrimerías de los adecos y copeyanos, en Venezuela, y de los batistianos en Cuba, cuyos rastros son una retrospectiva del comportamiento politiquero aquí del PLD y del PRD.

La experiencia española también enseña mucho para ver las similitudes entre la degenerada partidocracia dominicana, con ese proceso en la “madre patria”, que hoy late como un “padre espejo” para los dominicanos.
El colapso del Partido Popular (PP) y del PSOE en España, tiene manifestaciones igualitas que los emblemas politiqueros dominicanos, que botan pus por los poros.
No habría mejor escuela para que los adolescentes venezolanos conozcan hasta dónde llegó el “reparto del poder” entre adecos y copeyanos, que traerlos a territorio dominicano a ver “in situ” las incidencias de las cúpulas del PLD-PRD.
Para muestra, resplandecen las visitas al palacio nacional de las figuras notorias de los dos clanes del PRD, uno de los cuales completó el espectáculo recreando “las corbatas azules” con Leonel Fernández. Por cierto que este señor evadió “raudo y veloz” la pregunta sobre la Sunland.
Guardando las distancias de los aspectos represivos del “batistato” en Cuba, sus características de corrupción superan negativamente en mucho las secuelas del mando del binomio PLD-PLD.
En corrupción, esta mutual es mucho peor que los batistianos en sus momentos de mayor derroche, al finalizar 1958. Una síntesis se refleja en el siguiente párrafo de Wikipedia:
“El gobierno de Batista respetó los derechos de la industria estadounidense y el comercio cubano sin embargo, la corrupción era gigantesca, lo que propiciaría años más tarde, en 1959, su derrocamiento impulsado por la guerra de guerrillas encabezada por Fidel Castro.”
La “corrupción gigantesca” en Cuba distinguió a los batistianos como se distingue aquí en el presente la OTAN morada y demás aristas del poder político.
Agregue la impunidad de aquí, particularmente en la última década con sus betas “NuevaYorkchiquiticas” en casinos, vicios, criminalidad, narcotráfico y lavado.
Peor. Los batistianos no tenían espejos éticos donde ver su trayectoria. Aquí, lo máximo de la corrupción, adolece de una impresionante carencia de pudor, que no respetan ni a su referente, Juan Bosch.
Entonces, los adecos, copeyanos, batistianos y la partidocracia española, vienen siendo “chivitos jartos de jobo” comparados con sus equivalentes dominicanos.

Raúl Pérez Peña (Bacho)

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