Imágenes

Escenario de pesadilla a escala planetaria.

 31515e51ca6f985187b8a928cbebbb5f_article
La imagen que se viene a la cabeza después de lo que os voy a contar es la de Nerón tocando la lira mientras Roma arde y sus aduladores y esclavos ven el espectáculo con una sonrisa. No está claro si ocurrió así o no, si Nerón ordenó el incendio o fue fortuito, pero viene al caso la comparación utilizando la versión más extendida de que sí fue Nerón el responsable.

Supongo que sabéis que conozco algo Alemania y que sigo lo que pasa allí. No sólo lo que pasa, sino lo que se publica.

Mis amigos de Berlín me han hecho llegar un documento espeluznante del Instituto de Asuntos Internacionales y de Seguridad (Stiftung Wissenschaft und Politik) que pasa por ser el puntero en estos asuntos y que asesora tanto al Bundestag (Parlamento Federal de Alemania) como al gobierno federal, es decir, al gobierno de Merkel.

El documento en cuestión está fechado en septiembre de 2016, tiene 28 páginas, se titula “La política estadounidense hacia Rusia y Europa. Reglas de seguridad” y dice abiertamente que “la política de EEUU hacia Rusia se centra, principalmente, en la preparación de una guerra nuclear, lo que implicaría una gran parte de Europa” (sic). Se dice, también, que en los “principales círculos” del poder militar y político se está debatiendo actualmente esta política, “porque el peligro de guerra nuclear no es un riesgo abstracto, hipotético” dado que “la primera y más importante característica estructural de las relaciones ruso-estadounidenses es la capacidad mutua de aniquilación nuclear”.

Dado que el tiempo de vuelo de los misiles balísticos intercontinentales que tienen unos y otros es de entre 11 y 30 minutos, “el riesgo de una crisis política podría dar lugar, accidentalmente, a un intercambio nuclear debido al corto período de reacción” y “este riesgo aumenta aún más por la forma en la que EEUU y sus aliados de la OTAN están escalando el conflicto con Rusia en Europa del Este y Siria, y por la planificación avanzada de una guerra nuclear”.

La lectura del documento muestra un escenario de pesadilla si no se hace algo como, para nada queridos wahabíes seculares (antes llamados progres), el abandono no sólo de la UE sino de la OTAN. La UE es un rehén de la OTAN, literalmente, y no tenéis más que leer los documentos oficiales de la última reunión de la OTAN. Porque según este instituto alemán, “una Rusia revitalizada, desde la perspectiva de los planificadores militares del Pentágono, es considerada el enemigo potencial en un momento de grandes conflictos de poder” (sic). Mantener este discurso desde Europa no sólo es de necios, sino que es suicida.

Como toda institución de este tipo, se ofrecen varias hipótesis o pautas de comportamiento que debería seguir la UE al respecto:
1.- La confrontación, “forzando la presión externa y forzar a Rusia a una carrera de armamentos” (es decir, más o menos lo mismo que se hizo con la URSS y que la llevó a la quiebra, solo que ahora ni EEUU ni la UE están para tirar cohetes económicos, inmersos como están en una crisis sin salida).
2.- La realpolitik, “reconocer la reclamación de Rusia en sus esferas de influencia en aras de una rivalidad regulada y dejando claro que cualquier agresión contra un miembro de la OTAN sería contestada militarmente”.
3.- El enfoque cooperativo e integrador, “porque EEUU tiene culpa en el deterioro de las relaciones bilaterales, especialmente a través de la expansión de la OTAN en un período de debilidad de Rusia y la promoción de la defensa antimisiles”.

Sin embargo la sorpresa para quien lo lee es que el Instituto de Asuntos Internacionales y de Seguridad no se decanta por ninguno de ellas de forma clara, aunque sí parece que apuesta por una postura intermedia entre al segunda y la tercera. Por una parte se pregunta si Rusia y China están listas para transitar hacia ello o mantienen su postura de “llegar a la hegemonía en términos geopolíticos” (lo que entiende como una amenaza) -aunque mantiene la incógnita de qué hará el próximo presidente de EEUU- y, por otra, aprovecha para hacer una relación de los dos mandatos de Obama en los que si bien “no ha impulsado tantas guerras” como sus predecesores sí ha realizado “movimientos agresivos hacia Rusia” como “apoyar el golpe de la derecha en Kiev dirigido contra Rusia, el despliegue masivo de tropas de la OTAN a la frontera occidental de Rusia, la garantía incondicional de asistencia militar a los estados del Báltico y la escalada de la guerra de Siria”.

La situación es muy preocupante y se asemeja a la Roma de Nerón. Sea cierto o no que fue él quien la incendió, se puede utilizar el símil de que el Nerón de hoy es EEUU y que sus siervos y vasallos son los países de la Unión Europea. La lectura del documento que me han hecho llegar mis amigos de Berlín es de pesadilla. Las pesadillas las tenemos en los sueños y algunas veces se convierten en realidad. Los planes para una guerra nuclear contra Rusia y China -ahí está el despliegue de misiles en Corea del Sur- están en la mente de todos estos psicópatas, militares y políticos, y los riesgos son mucho más altos que en los años de confrontación con la URSS.

La recomendación que hace el IAIS al gobierno alemán es, por una parte, recordar que la expansión de la OTAN va asociada con riesgos para la estabilidad mundial y, por otra que un “nuevo orden de seguridad” podría estar basado en una serie de acciones como “la integridad territorial de Ucrania a cambio de ser excluida de la OTAN” -lo que llevaría a Ucrania a una situación similar a la de Finlandia- y “rebajar la retórica de la OTAN”. Es una recomendación muy modosita, pero recoge la cumbre de la OTAN de julio (ver el enlace de más arriba) y recalca lo obvio: “la OTAN sigue siendo una alianza nuclear, por lo que en caso de una amenaza a la seguridad fundamental de un estado miembro tiene capacidad y determinación de imponer costos inaceptables sobre un oponente”. Y añade: “Por primera vez desde el final del conflicto Este-Oeste, hay escenarios en los que podría haber una escalada nuclear. El peligro de una guerra nuclear en Europa como resultado de una escalada de la crisis amenaza con volver” (sic).

Desvincularse de todo ello es vital. Salir de la UE y de la OTAN es una necesidad. Ya.

El Lince

Descolonizar la democracia

Social Democracy (Mexico)

 

A pesar del cambio de estatus legal y político que los procesos de descolonización supusieron para las antiguas colonias occidentales, la hegemonía de las formas ideológicas y culturales occidentales no ha sido alterada de manera significativa. Como afirma Ashis Nandy [1]: “Occidente está ahora en todas partes, dentro y fuera de Occidente: en estructuras y mentes”.

En este punto confluyen las corrientes de pensamiento que denuncian la presencia de una ideología neocolonial y occidentecéntrica fundada, en palabras de Boaventura Santos, en una racionalidad “perezosa, que se considera única, exclusiva, y que no se ejercita lo suficiente como para poder mirar la riqueza inagotable del mundo” [2]. Esta razón colonial es concebida esencialmente como una forma de negación, subordinación o eliminación de la diversidad humana, pues equipara diferencia con deficiencia y confunde diversidad con desigualdad. El resultado es una actitud arrogante caracterizada por la falta de reciprocidad en las relaciones humanas. El colonialismo, desde este enfoque, consiste en “todos los trueques, los intercambios, las relaciones, donde una parte más débil es expropiada de su humanidad” [3], corriendo el riesgo de ser tratada como una propiedad u objeto manipulable. Así, donde la razón colonial penetra, se llevan a cabo dinámicas de deshumanización, incluso sin la presencia de administraciones coloniales.

Estas corrientes comparten el reto de contribuir a descolonizar el pensamiento dando voz a las víctimas del colonialismo y otras formas de dominación. Descolonizar el pensamiento significa luchar contra los diferentes sistemas de opresión y dominación que pretenden imponer una sola forma de pensar, de ser y vivir. Es hacer frente al colonialismo (como negación sistemática de la humanidad) y a sus instrumentos de legitimación (económicos, políticos, mediáticos, académicos, etc.) para construir nuevas relaciones de respeto mutuo, igualdad y solidaridad. Es, en síntesis, dignificar la condición humana en sus más diversas expresiones.

La democracia representativa liberal ha sido y es una de las instituciones al servicio del colonialismo occidental. Más allá de su afán universalista, se trata de una forma particular e histórica de democracia que despunta en la Europa que proclama el ideario liberal-burgués del progreso, la razón y la emancipación. Fue la modernidad capitalista y liberal la que, tras siglos de desprestigio, recuperó la democracia en su forma representativa para limitar el poder de la monarquía absoluta, combatir los privilegios de las élites nobiliarias y extender el poder político a la burguesía emergente.

Sin embargo, la democracia representativa no fue concebida originariamente como un instrumento para canalizar las aspiraciones populares de orden económico, social y político. El liberalismo se apropió de la representación política como “estrategia de los ricos para asegurar y mantener su propia posición de dominación socioeconómica por medios políticos” [4]. Desde sus orígenes modernos, la democracia representativa estuvo regida por una matriz cultural occidental, individualista, clasista, racista, patriarcal, homófoba, excluyente, competitiva, consumista, explotadora en el empleo y depredadora del medio ambiente. La democracia representativa formaba parte de un modelo civilizatorio que impuso alrededor del mundo el señorío del moderno sujeto blanco, varón, adulto, heterosexual, propietario de bienes, cristiano y padre de familia. Entre los destinatarios de la democracia no figuraban los asalariados, las mujeres, las personas con discapacidad, los pobres, las personas no blancas ni las minorías étnicas y sexuales, grupos considerados inferiores y, en razón de ello, susceptibles de ser cosificados, explotados y silenciados. Este hecho evidencia el carácter colonial de la democracia liberal y del tipo de relaciones que estableció con una multiplicidad de sujetos a los que despolitizó y deshumanizó.

La dimensión colonial de la democracia liberal permanece todavía en sus conceptos, valores y usos históricos. He aquí algunos ejemplos: 1) la hegemonía política, social y académica de modelos de democracia representativa, elitista y formal creados en Europa y Estados Unidos y presentados al mundo como espejos de democracia en los que mirarse. La autopercepción de Occidente como espejo de democracia oculta la naturalización y globalización de un canon democrático que toma como base la experiencia política de cuatro países occidentales: Francia, Inglaterra, Holanda y Estados Unidos. 2) El descrédito de concepciones y prácticas de democracia que no hablan el lenguaje de la democracia representativa: formas participativas, deliberativas y comunitarias que interpelan directamente a la monocultura de la representación. 3) Las estrategias eufemísticamente llamadas de “promoción internacional” de la democracia liberal (guerras preventivas, misiones de “paz”, etc.), que supeditan los anhelos populares de transformación económica, política y social de los países intervenidos a un modelo de democracia considerado innato y universal y que responde, en la práctica, a los imperativos e intereses de la globalización neoliberal. 4) La presencia renovada en Europa de una Herrenvolk Demokratie (la democracia del pueblo de los señores)Aunque este concepto se introdujo en referencia a determinados regímenes segregacionistas, como el de la Sudáfrica del apartheid, donde minorías blancas se proclamaron señoras de la mayoría negra, permite describir la actual apropiación neoliberal de la democracia representativa. Vivimos en democracias electorales que, a pesar de reconocer formalmente la igualdad jurídica y política de sus ciudadanos, son compatibles con reglas salvajes que aseguran el dominio de élites políticas y económicas neocoloniales. Es la “democracia” de los señores de la globalización y del dinero, cada vez más agresiva, arrogante y excluyente. La democracia se ha convertido en su instrumento de ataque, en un espejo de las antiguas sociedades coloniales reproducidas hoy en el sur de Europa, donde es utilizada para establecer grados de inhumanidad que abarcan más y más gente: parados, pensionistas, funcionarios, familias desahuciadas, enfermos sin urgencias, estudiantes, inmigrantes, estafados por las preferentes, etc.

Nuestra concepción de la democracia y sus prácticas tiene que descolonizarse. Descolonizar la democracia significa desaprender su matriz eurocéntrica centrada en la perspectiva del sujeto masculino, blanco, heterosexual, burgués, alfabetizado y cristiano; denunciar una democracia falsamente representativa que iguala a opresores y oprimidos en las urnas, y cuyos rituales fingen una normalidad que para muchas personas es sinónimo de abandono e injusticia; rechazar la falsa universalidad de una democracia de siervos y señores que camufla las ideas e intereses de la clase, grupo o cultura dominante. También significa romper el espejo colonial en el que la democracia liberal se ve como forma superior de organización política para reivindicar que la democracia no debe construirse únicamente sobre la base de procesos electorales, sino a partir de prácticas que no pueden quedar subsumidas en la democracia representativa, blanca, clasista, elitista, racista y machista globalizada. Las asambleas deliberativas, la rotación de cargos, el mandato imperativo, los referéndums, la iniciativa legislativa popular, el presupuesto participativo y la democracia electrónica, entre otras prácticas, forman parte de la vida secreta de la democracia.

La descolonización de la democracia sólo puede resultar de dos aprendizajes: 1) la humanidad de unos no puede construirse a costa de la inhumanidad de otros. No hay una forma de ser humano más plena y legítima, pues, como afirma Montaigne [5], “cada hombre encierra la forma entera de la condición humana”. La democracia tiene que ser un espejo poliédrico cuyas imágenes reflejen las variadas formas de humanidad vigentes. 2) Hay que promover el diálogo y la complementariedad entre las diversas formas de democracia, reconociendo, con Martha Nussbaum, que “las ideas primigenias de la igualdad, la democracia y los derechos humanos existieron en muchas culturas”, aunque bajo diferentes formas y lenguajes. Sin diálogo entre democracias, la democracia se vuelve un discurso monocorde y su diversidad se pierde.

 

Notas

[1] Nandy, A. (1982), The Intimate Enemy: Loss and Recovery of Self Under Colonialism, Oxford Univesity Press, Delhi, pág. 11.

[2] Santos, B. S. (2006), Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires), CLACSO, Buenos Aires, pág. 20.

[3] Ibid., pág. 50.

[4] Pateman, C. (1985), The Problem of Political Obligation. A Critique of Liberal Theory , University of California Press, Berkeley, pág. 148.

[5] Montaigne, M. (1998), Ensayos III, Cátedra, Madrid, pág. 27.

Antoni Jesús Aguiló es filósofo político e investigador del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coímbra (Portugal).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.