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Vo Nguyen Giap: Obituario para un general

Ha fallecido el general vietnamita Vo Nguyen Giap. A través de lo que antes se conocía como el Tercer Mundo así como entre las personas con conciencia revolucionaria en los centros del imperialismo, se le rinde homenaje a una de las figuras más importantes de las luchas de los pueblos oprimidos por la liberación nacional y el socialismo.

El General Giap, hábil dirigente político y brillante estratega militar que llegó a la prominencia al derrotar a las fuerzas francesas en la épica batalla de Dien Bien Phu durante la primavera de 1954, fue guía e inspiración para un sinnúmero de revolucionarios en el mundo entero. Su vocación revolucionaria comenzó durante sus años estudiantiles y lo llevó primero al periodismo y el magisterio. A principios de los años 30 se unió al Partido Comunista de Vietnam, el cual fue brutalmente reprimido por el régimen colonial francés. Como muchos de sus camaradas, fue encarcelado y obligado a exiliarse. Fue durante un período de exilio en la China que estrechó lazos con Ho Chi Minh y el grupo de revolucionarios con el que fundaría La Liga para la Independencia de Vietnam, mejor conocida como el Viet Minh. Al regresar a Vietnam a mediados de los años 40 participó en la organización de la resistencia que puso fin a la ocupación japonesa y con la proclamación de la Republica Democrática de Vietnam en 1945 asumió el cargo de comandante en jefe del ejército popular. Su carrera militar lo llevaría a la victoria sobre las fuerzas francesas y estadounidenses en sucesivas guerras prolongadas que ejemplificarían una cabal comprensión dialéctica de las principales categorías estratégicas de la ciencia militar.

No es de sorprenderse que en la prensa imperialista se intente empañar su legado con reclamos de un supuesto desprecio por la vida humana. El New York Times y otros órganos del imperialismo, que han publicado obituarios, hacen repetidas alusiones al gran número de pérdidas sufridos por la tropa vietnamita bajo su mando para desviar la atención de los verdaderos crímenes perpetrados por las máquinas de guerra de Francia y EE.UU., responsables de la masacre de cientos de miles de campesinos indefensos con sus indiscriminadas campañas de bombardeo con napalm y agente naranja. Este tipo de hipocresía es común entre los portavoces del imperialismo quienes intentan hoy restar importancia a su genio militar mientras exculpan a los verdaderos autores de tanta destrucción y muerte, las empresas occidentales que conforman el complejo industrial militar – incluyendo los fabricantes de armas biológicas y químicas como Monsanto y Dow – y sus representantes políticos quienes continúan difundiendo su fuerza destructiva a través del mundo hasta el día de hoy.

Entre los estudiantes serios de la historia, especialmente aquellos con una orientación revolucionaria, es común apreciar la contraposición del factor estratégico tiempo a la superioridad de fuego que tienen los ejércitos imperialistas, una estrategia empleada por el general Giap. Es importante recordar, sin embargo, que Giap siempre destacó la primacía de la condición política para estas concepciones estratégicas: la educación política e ideológica del pueblo, organizado como un ejército popular. Al final, fue la indomable voluntad de lucha del pueblo vietnamita, una voluntad paciente y consistentemente cultivada por dedicados cuadros políticos, lo que derrotó a los armamentos modernos de los imperialistas en el campo de batalla e intensificó las contradicciones internas de una sociedad a medio mundo de distancia.

Para nuestra generación, el legado perdurable de una figura como Giap estriba más en su aporte a la madurez política del pueblo vietnamita que en sus méritos militares, no obstante sus impresionantes logros en este campo. El reto más grande de nuestros tiempos es el desarrollo de conciencia política entre los explotados y oprimidos, junto a la disposición de lucha para liberarse de los grilletes de la opresión. Vivimos en una época en la que, tanto en los centros del capitalismo como en la periferia, las clases dominantes mantienen su dominio a través de la perversión sistemática de la conciencia. Esto constituye el arma más poderosa para mantener a las masas inmóviles, y representa a la vez el mayor obstáculo a superar. En la figura del general Giap, encontramos un ejemplo digno de emulación que sirve para inspirarnos a continuar la lucha contra la opresión y la explotación.

¡Viva el General Giap!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Muere el General Giap, el estratega que derrotó a EEUU y Francia en Vietnam

cubadebate.cu

En 1950, camino de las acciones de guerra en la frontera, realiza visita al Presidente Ho Chi Minh

El general Vo Nguyen Giap, figura central de la victoria de la guerra de Vietnam, murió a los 102 años, según informaron hoy fuentes militares y familiares.
El general falleció por causas naturales en el Hospital Militar 108 de Hanoi, informó una fuente militar del centro.
“Murió por su avanzada edad, no debido a ninguna enfermedad”, aseguró la fuente, en condición de anonimato.
Giap estuvo además en batallas significativas contra Estados Unidos como la ofensiva del Tet en 1968.

Este legendario general vietnamita nació en la aldea de Una Xa, provincia de Quang Binh el 25 de agosto de 1911. Era hijo de un campesino que, aunque carecía de tierras, sabía leer y escribir y luchó toda su vida contra el régimen colonialista impuesto a su país.

En 1926, siendo aún muy joven, comenzó a luchar por la liberación de Vietnam en el instituto en el que estudiaba. Se incorporó al Menh Dang del Tan Viet y, dos años más tarde, al Quoc hoc, organizaciones clandestinas que realizaban agitación contra la ocupación extranjera.

En 1930 fue detenido y condenado a tres años de prisión, pero fue liberado algunos meses después.

En 1933 entró en la universidad de Hanoi, aunque dos años después le expulsaron por realizar agitación revolucionaria.

En la universidad conoció a Dang Xuan Khu, que más adelante adoptaría el seudónimo de Truong Chinh, el principal ideólogo del comunismo vietnamita. Fue él quien incorporó a Giap al Partido Comunista de Indochina.

Vo Nguyen Giap explica a Ho Chi Minh y otros camaradas su plan de batalla en la preparación de Dien Bien Phu. 1954

 

En 1937 logró terminar sus estudios de Derecho en la universidad y comenzó dar clases de historia en un instituto de Hanoi, aunque en realidad se dedicaba a organizar a los profesores y alumnos en la lucha revolucionaria.
En 1939 publicó su primer libro, juntamente con Truong Chinh, titulado La cuestión campesina donde analizaban el papel que debían desempeñar los jornaleros del campo como aliados del proletariado vietnamita en el proceso revolucionario.
El año anterior se había casado con una tailandesa, Dang Thi Quang, también militante comunista, y cuando al año siguiente el Partido Comunista de Indochina fue prohibido, Giap escapó a China, donde conoció a Ho Chi Minh y estudió las tesis de Mao Zedong sobre la guerra popular prolongada y la guerra de guerrillas, que luego aplicaría magistralmente a su propio país.
Pero la policía francesa detuvo a su mujer y a su cuñada y las utilizó como rehenes para presionar a Giap y lograr que se entregara. La represión fue feroz: su cuñada fue guillotinada y su mujer condenada a cadena perpetua, muriendo en la prisión después de tres años a causa de las brutales torturas. Los verdugos también asesinaron a su hijo recién nacido, a su padre, a dos hermanas y a otros familiares.
En mayo de 1941 en la conferencia de Chingsi (China), junto con Ho Chi Minh, funda el Dong Minh (Liga Vietnamita para la Independencia), más conocido como Vietminh, para agrupar las fuerzas antijaponesas en un único frente de liberación nacional.
Ese mismo año Giap se traslada a las montañas del interior de Vietnam para iniciar la guerra de guerrillas. Allí estableció una alianza con Chu Van Tan, dirigente del Tho, un grupo guerrillero de una minoría nacional de Vietnam del noreste. Giap comenzó a construir el Tuyen Truyen Giai Phong Quan, un ejército capaz de expulsar al ocupante francés y sostener el programa del Vietminh.
Inició una campaña de dos años de propaganda armada y de reclutamiento, convirtiendo a los campesinos en guerrilleros con una combinación del entrenamiento militar y la formación política comunista. A mediados de 1945 tenía ya unos 10.000 hombres bajo su mando y pudo pasar a la ofensiva contra los japoneses que ocupaban todo el sudeste de Asia.


Giap junto al Presidente Venezolano Hugo Chávez.

Junto con Ho Chi Minh, Giap dirigió sus fuerzas hacia Hanoi en agosto de 1945, y en septiembre Ho Chi Minh pudo proclamar la independencia de Vietnam, con Giap al mando del ejército revolucionario.
En la posterior guerra contra el colonialismo frances, Giap demostró la superioridad de la guerra popular sobre las fuerzas imperialistas obteniendo una espectacular victoria el 7 de mayo de 1954 en la decisiva batalla de Dien Bien Phu, una valle situado a unos 300 kilómetros al oeste de Hanoi en el que se habían atrincherado las fuerzas ocupantes francesas, confiadas en la protección de las montañas y en conseguir batir a las fuerzas revolucionarias cuando descendieran.

Visitando soldados heridos e inválidos en medio de la guerra contra Estados Unidos y los títeres del Sur. 1969
De los 15.094 mercenarios franceses que se agruparon en Dien Bien Phu, después de casi seis meses del sitio, solamente 73 lograron escapar del cerco, mientras que 5.000 murieron y 10.000 fueron capturados. Giap y el general Denhg lanzaron un asalto frontal a la guarnición que arrojó a los colonialistas franceses definitivamente de Indochina. El ejército de Giap y Denhg padeció la muerte de 25.000 combatientes.
Giap y Denhg derrotaron a los imperialistas con una acumulación logística extraordinaria y un uso eficaz de la artillería bien protegida. Los 60 cazabombarderos norteamericanos B-29 que acudieron en apoyo de la guarnición francesa, no lograron su objetivo, obligando a los imperialistas a diseñar un plan criminal elaborado por el almirante norteamericano Radford y el general francés Navarre consistente en arrojar bombas nucleares contra las fuerzas revolucionarias.
La campaña de Dien Bien Phu fue la primera gran victoria de un pueblo colonial y feudal, con una economía agrícola primitiva, contra un experimentado ejército imperialista sostenido por una industria y pujante moderna bélica. Los más concidos generales franceses (Leclerc, De Lattre de Tasigny, Juin, Ely, Sulan, Naverre) fracasaron uno tras otro frente a unas tropas integradas por campesinos pobres pero decididas a luchas hasta el final por su país y por el socialismo. Los gobiernos de París fueron cayendo también a medida que sus generales eran derrotados en los alejados arrozales, poniendo al descubierto la fragilidad de la IV República.
Vietnam resultó dividido y Giap fue nombrado ministro de Defensa del nuevo gobierno del Vietnam del norte que, al tiempo que continuaba la guerra popular, se esforzaba por construir una nueva sociedad socialista.
Como comendante del nuevo ejército popular, Giap dirigió la lucha en la guerra de Vietnam contra los nuevos invasores norteamericanos en el sur del país, que una vez más comenzó bajo la forma de guerra de guerrillas. Los primeros soldados estadounidenses murieron en Vietnam cuando el 8 de julio de 1959 el Vietcong atacó una base militar en Bien Hoa, al noreste de Saigon. Ese año más de 1.000 lacayos del imperialismo americano fueron ajusticiados por los guerrilleros del Vietcong y antes de 1961 otros 4.000 habían caido.
Cuatro presidentes americanos lucharon sucesivamente contra Vietnam, dejando el rastro de sangre de 57.690 mercenarios americanos ejecutados. Por parte vietnamita murieron 600.000 combatientes pero finalmente los Estados Unidos fueron obligados a salir del país en 1973. Dos años más tarde el país fue reunificado, cuando un tanque del ejército revolucionario embistió la valla de protección de la embajada americana, mientras los últimos imperialistas huían precipitadamente en un helicóptero por el tejado del edificio.
A partir de entonces Giap siguió siendo ministro de Defensa de Vietnam y miembro de pleno derecho del Politburo del Partido Comunista de Vietnam, cargo que ocupó hasta 1982.
Tras su cese, dirigió la Comisión de Ciencia y Tecnología, y en julio de 1992, le concedieron la orden de la estrella del oro, el honor más alto del nuevo Vietnam socialista.
El general Giap no sólo fue un maestro en el arte de dirigir la guerra revolucionaria, sino que además escribió sobre ella en 1961 su famosa obra “Guerra popular, ejército popular”, un manual de la guerra de guerrillas basado en su propia experiencia. En él establece los tres fundamentos básicos que debe disponer un ejército popular para lograr la victoria en la lucha contra el imperialismo: dirección, organización y estrategia. La dirección del Partido Comunista, una férrea disciplina militar y una línea política adecuada a las condiciones económicas, sociales y políticas del país.
Definió la guerra popular como “una guerra de combate para el pueblo y por el pueblo, mientras que la guerra de guerrillas es simplemente un método del combate. La guerra popular es un concepto más general. Es un concepto sintetizado. Es una guerra a la vez militar, económica y política”. La guerra popular no sólo la hace un ejército, por más que sea popular, sino que la hace todo el pueblo porque es imposible que un ejército revolucionario, por sí mismo, pueda lograr la victoria contra la reacción, sino que es todo el pueblo el que tiene que participar y ayudar en una lucha, que necesariamente debe ser prolongada.
Como buen guerrillero, Giap sabía que el éxito de la victoria cuando hay una desproporción tan grande de fuerzas, se basa en al iniciativa, la audacia y la sorpresa, lo que exige que el ejército revolucionario se desplace continuamente. Destacó como un genio de la logística, capaz de movilizar continuamente importantes contingentes de tropas, siguiendo los principios de la guerra de movimientos. Lo hizo así contra los colonialistas franceses en 1951, infiltrando a un ejército entero a través de las líneas enemigas en el delta del río Mekong, y otra vez adelantando la ofensiva de Tet en 1968 contra los estadounidenses, cuando situó a millares de hombres y toneladas de aprovisionamientos para un ataque simultáneo contra 35 centros estratégicos del sur.
La batalla de Ia Drang (19 de octubre-27 de noviembre de 1965) fue una de las más importantes del combate para ambos bandos durante la guerra de liberación de Vietnam. Tras ella el general imperialista Westmoreland creyó que la movilidad aérea y la potencia de fuego en gran escala serían la respuesta a la estrategia de Giap, pero éste apostó a sus soldados tan cerca de las líneas americanas que los B-52 soltaban las bombas encima de sus propias filas.
Todavía hoy las tácticas guerrilleras de Giap constituyen una de las fuentes de estudio de las estrategias miliatares en el mundo.

Giap nació en 1911 y con 37 años fue nombrado General por Ho Chi Minh

Trabajando en la Base Militar de Viet Bac. 1949

Conversando con jóvenes soldados durante un tiempo libre.

Junto al Presidente Ho Chi Minh y otros dirigentes vietnamitas revisa los detalles de la Campaña en la frontera

Giap pasa revista a las tropas en 1951

Junto al Presidente Ho Chi Minh y el Primer Ministro Pham Van Dong en un acto en Hanoi en 1959

Junto al Presidente Ho Chi Minh y el Primer Ministro sostiene encuentro con delegación del Ejército de Liberación del Sur. 1965

El General Giap en 1972

Felicitando a los veteranos milicianos del Distrito Hoang Hoa, que con rifles lograron derribar un avión norteamericano. Parada Militar de 1973

Durante una visita a una Unidad Militar.

Visitando un comando militar en abril de 1976

El General Giap

El General retirado Giap en 1991

Vo NGuyen Giap en el 2008

Encuentro con Vo Nguyen Giap, General de Cuatro Estrellas del Ejército de la República Democrática de Viet Nam y héroe de la Batalla Dien Biem Phu, junto a su familia. 22 de febrero de 2003.

(Con información de agencias y publicaciones vietnamitas)
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Comentarios3 Respuestas to “Muere el General Giap, el estratega que derrotó a EEUU y Francia en Vietnam”
rata roja dice:
5 octubre, 2013 a las 1:23

honor y gloria a quien con mas ainco combatio al enemigo imperialista enemigo de los pueblos del mundo, los hombres buenos jamas son olvidados

Muy valorado. Gusta o no gusta:  14  0
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cassio dice:
5 octubre, 2013 a las 9:02

Adios a un gran revolucionario, artifice de la lucha por la liberación del pueblo de Vietnam.

Muy valorado. Gusta o no gusta:  9  0
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uN dice:
5 octubre, 2013 a las 12:35

HONOR Y GLORIA GENERAL, HASTA SIEMPRE!!!

Muy valora 

  1. do. Gusta o no gusta:

 

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El cerebro militar que expulsó a Francia y a EEUU de Vietnam

English: General Vo Nguyen Giap in 2008.

Fallece a los 102 años de edad el legendario general Vo Nguyen Giap; El cerebro militar que expulsó a Francia y a EEUU de Vietnam :

El legendario general Vo Nguyen Giap, el cerebro militar que se valió de ingeniosas tácticas para expulsar a los franceses de Vietnam y posteriormente combatió a los estadounidenses que trataban de acabar con el comunismo en el país, falleció el viernes a los 102 años. Era el último revolucionario de la vieja guardia.

Giap falleció el viernes por la noche en un hospital militar de la capital Hanoi donde pasó los últimos cuatro años de su vida cada vez más débil, enfermo de males crónicos, dijeron un funcionario del gobierno y una fuente allegada a Giap. Ambos hablaron a condición de guardar el anonimato porque su muerte no ha sido anunciada oficialmente.

No se había hecho el anuncio oficial de su muerte en los medios controlados por el estado el viernes por la noche, pero la noticia se había extendido ampliamente en Facebook y en otras redes sociales.

Giap fue un héroe nacional cuyo legado sólo ha sido superado por el de su mentor, el ex presidente Ho Chi Minh, que condujo al país a la independencia.

Giap, conocido como el “Napoleón rojo”, se erigió como el líder de un ejército de desharrapadas guerrillas que usaban sandalias fabricadas de neumáticos y cargaron su artillería pieza por pieza para poder rodear y aplastar al ejército francés en Dien Bien Phu en 1954. La improbable victoria, que se sigue estudiando en las escuelas militares, no sólo llevó a la independencia de Vietnam, sino también al colapso del colonialismo en toda Indochina y más allá.

Giap siguió adelante hasta vencer al gobierno de Vietnam del Sur, respaldado por Estados Unidos, en abril de 1975, con lo que reunificó a un país que había sido dividido en dos estados, comunista y no comunista. En general aceptaba grandes pérdidas en combate para lograr sus objetivos.

“Ninguna otra guerra por la liberación nacional fue tan encarnizada o causó tantas pérdidas como esta guerra”, destacó Giap en declaraciones a The Associated Press en el 2005, una de sus últimas entrevistas conocidas con la prensa extranjera la víspera del 30mo aniversario de la caída de Saigón, la ex capital de Vietnam del Sur.

“Pero seguimos luchando porque para Vietnam, no hay nada más preciado que la independencia y la libertad”, agregó, con lo que repitió una frase célebre de Ho Chi Minh.

Giap nació el 25 de agosto de 1911, en la provincia de Quang Binh en la región central de Vietnam. Incursionó en la política en la década de 1920 y trabajó como periodista antes de ingresar al Partido Comunista de Indochina. Estuvo en la cárcel por poco tiempo en 1930 por dirigir protestas contra los franceses y poco después se graduó en la facultad de derecho de la Universidad de Hanoi.

Huyó de la policía francesa en 1940 y conoció a Ho Chi Minh en el suroeste de China antes de volver a la zona rural del norte de Vietnam a reclutar guerrilleros para el Viet Minh, inicio del foco de la insurgencia sureña que poco después fue conocida como el Viet Cong.

Mientras estaba en el extranjero, su esposa fue apresada por los franceses y murió encarcelada. Poco después se volvió a casar y tuvo cinco hijos.

El 30 de abril de 1975, las fuerzas comunistas marcharon sobre Saigón con tanques y arremetieron contra la verja del entonces conocido como Palacio de la Independencia.

“Con la victoria del 30 de abril, los esclavos se convirtieron en hombres libres”, destacó Giap. “Fue una historia increíble”.

Desde entonces recibió a muchos dignatarios extranjeros, entre ellos a su amigo y camarada revolucionario Fidel Castro de Cuba.

El enemigo acérrimo del general Giap, el secretario de Defensa norteamericano Robert McNamara, vino a visitarlo en 1995. Entonces le preguntó por un controvertido episodio de la guerra de Vietnam, el incidente del Golfo de Tonkín en 1964 en el cual dos destructores de la Armada estadounidense presuntamente fueron atacados por dos lanchas norvietnamitas. Eso sirvió de justificación para que el Congreso de Estados Unidos intensificara la guerra.

Años después, muchos cuestionaron si el ataque realmente ocurrió. Durante su visita, McNamara le preguntó a Giap qué sucedió esa noche.

“Absolutamente nada”, le respondió.

A los 97 años, el general asumió un importante papel en un debate sobre una propuesta de expansión de un mina de bauxita que afirmó significaba una amenaza ambiental y de seguridad, en parte porque iba a ser administrada por una empresa china en la inestable región montañosa central. Y también protestó por la demolición del histórico parlamento, Ba Dinh, de Hanoi. Sin embargo, ambos proyectos fueron realizados tal como se tenía previsto.

Giap celebró sus 100 años en el 2011. El general estaba muy débil y enfermo para hablar, pero firmó una tarjeta de agradecimiento a sus “camaradas” por la efusión de sus saludos de bienestar. Y aún entonces continuó siendo informado sobre los acontecimientos nacionales e internacionales, relató el coronel Nguyen Huyen, que fue su secretario personal durante 35 años.

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El fin de la guerra en Vietnam, en impresionantes imagenes

El 30 de Abril de 1975, había caído Saigón, y con ella, había acabado la guerra de Vietnam. Muchas de las imagenes que quedaron, son impactantes, y creo que cuando las vean, jamás las olvidarán. Les comparto 15 fotografías, con su pequeña reseña, que hicieron historia durante aquella época de Guerra:

4

11 de junio 1963, Quang Duc, monje budista, se prende fuego en una calle de Saigón para protestar por la presunta persecución de los budistas por el gobierno de Vietnam del Sur.

9 de enero 1964, un soldado de Vietnam del Sur se utiliza  un puñal para vencer a un agricultor por presuntamente suministrar al gobierno, información inexacta sobre el movimiento de Viet Cong guerrilla en un pueblo al oeste de Saigón, Vietnam.

19 de marzo 1964, un padre sostiene el cuerpo de su hijo frente, el Ejército de Vietnam del Sur  mira desde su vehículo blindado cerca de la frontera con Camboya, en Vietnam.

En esta foto de archivo marzo 1965, helícopteros de EE.UU. vierten fuego a través de los árboles para cubrir el avance de las tropas de tierra del sur de Vietnam en un ataque contra un campamento de Viet Cong 18 millas al norte de Tay Ninh, al noroeste de Saigón, cerca de la frontera con Camboya , en Vietnam.

1 de enero 1966 , las mujeres y los niños cuclillas en un canal de barro, protegiéndose del fuego, a unos 20 kilómetros al oeste de Saigón, Vietnam.

21 de septiembre 1966, los marines EE.UU. salen de sus trincheras fangosas al amanecer después de una tercera noche de lucha contra los continuos ataques de las tropas de Vietnam del Norte 324 división B durante la guerra de Vietnam.

Abril de 1969, una mujer de Vietnam del Sur llora sobre el cuerpo de su marido, que se encuentra con otras 47 en una fosa común cerca de Hue, Vietnam

1966, el cuerpo de un paracaidista de estadounidenses muertos en acción en la selva cerca de la frontera con Camboya se eleva hasta un helicóptero de evacuación en la Guerra de la Zona C, Vietnam.

1966,  helicópteros del Ejército de EE. U.. reciben el apoyo a las tropas terrestres de EE.UU. en el área de ensayo de Saigón, Vietnam

1 de febrero 1968, el general de Vietnam del Sur Nguyen Ngoc Loan, jefe de la policía nacional, dispara su pistola en la cabeza a presuntos miembtos de  Vietcong Nguyen Van Lem, también conocida como la Bahía de Lop, en una calle de Saigón, a principios de la ofensiva del Tet.

8 de junio 1972 Kim Phuc, , de 9 años de edad, al centro, corre por la ruta 1, cerca de Trang Bang, Vietnam después de un ataque.
29 de abril 1975, las personas tratan de escalar la pared de 14 pies de la Embajada de EE.UU. en Saigón, tratando de llegar a los helicópteros de evacuación.

29 de abril 1975,  personal de la Marina ayudan empujar un helicóptero en el mar frente a la costa de Vietnam con el fin de hacer espacio para más vuelos de evacuación en Saigón.

30 de abril 1975, un tanque de Vietnam del Norte entra a través de la puerta del Palacio Presidencial de Saigón, lo que significa la caída de Vietnam del Sur.
17 de marzo 1973, Robert L. Stirm, prisionero de guerra liberado, es recibido por su familia en la base militar en Fairfield, California, en su regreso a casa desde la Guerra de Vietnam.
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Paso a paso: ¿Qué nos espera si se produce el ataque contra Siria?

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JUAN BOSCH APROPÓSITO DE SIRIA Y LA GUERRA LIMITADA

                                        ASIA Y EL SUDESTE ASIÁTICO

La ilusión de las guerras limitadas*
Juan Bosch
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Este artículo fue escrito para la revista The Christian Century, que se editaba en Chicago, EE.UU. El título le fue puesto por los editores de la revista, que publicó el artículo en su edición del 17 de abril de 1968, páginas 480-2.

Evidentemente, la segunda guerra mundial hizo pasar a la humanidad, en términos históricos, del siglo XX al siglo XXI; de la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear; de la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee. Y ese salto, asombrosamente violento si lo vemos desde el punto de vista del corto tiempo en que se produjo, debía reflejarse en grandes cambios sociales y políticos en todo el mundo. La incapacidad de los Estados Unidos para aceptar esos cambios y ajustarse a ellos se ha traducido en una actitud de violencia internacional muy peligrosa. En lo que se refiere a la América Latina, ese estado de violencia deberá desembocar, me parece que de manera inevitable, en una revolución social de grandes vuelos. No hay que hacerse ilusiones: esa revolución comenzó ya en Cuba, y hágase lo que se haga o dígase lo que se diga, podrá ser demorada pero no podrá ser evitada. Es probable que la decisión de evitarla lleve a los Estados Unidos a guerrear en la América Latina como los ha llevado a guerrear en el Sudeste Asiático, y está dentro de lo posible que la guerra en Asia produzca el estallido de la revolución en América Latina. ¿Qué tiene que ver la América Latina con la guerra de Vietnam, y qué tiene que ver la guerra de Vietnam con la incapacidad norteamericana para aceptar los cambios introducidos en el mundo por el paso de la industria de los técnicos autodidactas a la industria sobredesarrollada de los científicos? ¿Cuál es la razón de que un país tan excepcionalmente desarrollado en el campo científico, como son los Estados Unidos, no pueda ajustarse a los cambios políticos y sociales impuestos en el mundo a consecuencia de la segunda guerra mundial? Todas esas preguntas se relacionan entre sí porque todas ellas surgen de un mismo hecho: el estado de violencia que prevalece en el ámbito internacional. Hasta el momento, lo que está sucediendo en Vietnam se mantiene dentro de lo que en estrategia militar se llama “guerra limitada”. Sin embargo, debemos notar que esa “guerra limitada” ha traspasado varias veces los límites que se le habían fijado; por tanto, no hay razón para que no traspase también los actuales y llegue a convertirse en una guerra general asiática. Inicialmente, el plan norteamericano fue organizar un gobierno y unas fuerzas armadas anticomunistas en Vietnam del Sur, y darles apoyo político, económico y militar a ese gobierno y a esas fuerzas armadas, para lo cual se enviaron a Vietnam del Sur unos cuantos cientos de consejeros militares y de técnicos civiles y unos cientos de millones de dólares en dinero, armas y equipos; pero después hubo que traspasar esos límites, hubo que aumentar los envíos de consejeros militares y civiles, los de dinero y armamentos y equipos, de manera que los gastos subieron a un billón de dólares al año; más tarde se ampliaron otra vez los límites y se procedió a construir grandes bases aéreas, navales y de infantería para soldados norteamericanos, lo que significó el aumento de los gastos en Vietnam por encima del billón de dólares al año; y por fin hubo que mandar al combate a las fuerzas norteamericanas, primero para defender esas bases y después para guerrear en todo el Vietnam del Sur, lo que se tradujo en gastos superiores a los veinte billones de dólares al año y en una guerra abierta contra Vietnam del Norte. En términos militares, pues, los planes limitados de los Estados Unidos fueron implacable y sucesivamente sobrepasados por la fuerza de los acontecimientos, y al comenzar el año de 1968 la guerra era “limitada” sólo en un aspecto: el de que se mantenía dentro del territorio de los dos Vietnam. Pero ya a esa fecha amenazaba con desbordarse a Cambodia, Laos y Tailandia, cosa que puede ocurrir en cualquier momento. Ahora bien, en términos políticos la guerra de Vietnam dejó hace tiempo de ser “limitada”. La presencia de tropas australianas, neozelandesas, surcoreanas, tailandesas, es una demostración concluyente de que en el orden internacional estamos en presencia de una guerra que ya no es “limitada”; que salió de las fronteras de Vietnam y está afectando a países lejanos, cuyos hijos están muriendo en Vietnam bajo sus propias banderas. Por último, la creciente y pública ayuda rusa y china a Vietnam del Norte y al Vietcong en armas confirma lo que decimos: políticamente, la guerra de Vietnam se ha convertido en un conflicto internacional, y por tanto no sigue teniendo las características de las “guerras limitadas”. Esta verdad se ha mantenido oculta a los ojos del pueblo norteamericano y de otros pueblos del mundo mediante la creación de una falsa ilusión. A los norteamericanos se les ha hecho creer que la guerra de Vietnam es “limitada” porque ni China ni la Unión Soviética han enviado tropas al combate. Pero es el caso que varios otros países han enviado tropas, y el propio presidente Johnson, cada vez que habla sobre los acontecimientos de Vietnam, se refiere a esos ejércitos extranjeros llamándolos “nuestros aliados”. Luego, resulta evidente que desde el lado de los Estados Unidos se trata de una guerra que hace tiempo dejó de ser “limitada” y pasó a ser internacional. La experiencia que se saca de la lucha en el Sudeste Asiático es que no resulta fácil mantener “guerras limitadas” cuando éstas se tiñen con matices ideológicos. Al intervenir en una guerra el aspecto ideológico, es difícil contenerla en determinados límites geográficos. La de Israel y Egipto en junio de 1967 no tuvo caracteres ideológicos, aunque por detrás de Egipto estuviera Rusia y por detrás de Israel estuvieran los Estados Unidos; y esa ausencia del factor ideológico la dejó en los límites de una guerra internacional convencional. El vocablo convencional debe aplicarse a una guerra tomando en cuenta no sólo los tipos de armas que se usen sino además cuál es la motivación que la provoca. Desde su costado ideológico, la guerra de Vietnam no es convencional y no puede ser limitada, puesto que necesariamente quedan arrastrados hacia ella todos los que en el mundo entero simpatizan con el régimen comunista y todos los que aspiran a la destrucción de ese régimen. En la guerra de Vietnam, como en la intervención armada en la República Dominicana, la razón esgrimida por los Estados Unidos, a lo menos en público, es la del anticomunismo: están peleando en el Sudeste de Asia y enviaron sus “marines” a la isla antillana porque ellos tienen una misión planetaria, la de destruir el comunismo dondequiera que éste asome la cabeza o dondequiera que a los Estados Unidos les parezca que hay comunistas. Desde luego, el derecho que se atribuyen los norteamericanos de aniquilar a los comunistas genera el derecho de los comunistas a aniquilar a los norteamericanos. El resultado lógico de esos derechos en pugna es un estado de violencia internacional muy adecuado para que una llamada “guerra limitada” resulte desbordada más allá de los límites previstos; y eso es lo que ha sucedido en Vietnam. ¿Hasta qué momento podrá mantenerse la ilusión de que la guerra de Vietnam está en el número de las “limitadas”? ¿En qué momento comenzarán a entrar en acción los “voluntarios” chinos, soviéticos y de otros países comunistas? Eso no lo sabemos, pero lo que parece hallarse al borde de que se produzca cualquier día es la extensión de la guerra a países vecinos de Vietnam, como Laos y Cambodia, y no en forma de guerrillas comunistas laosianas o cambodianas ni en la de guerrillas infiltradas desde Vietnam del Norte bajo la dirección de jefes vietnamitas. Como puede leerlo quien quiera en la prensa de los Estados Unidos, algo de eso está sucediendo desde hace meses, o se da la noticia de que ha sucedido. A lo que quiero referirme es a la entrada en acción, sobre suelo laosiano y cambodiano, de tropas norteamericanas enfrentadas a tropas de Vietnam del Norte. Lógicamente, si los Estados Unidos deciden invadir Vietnam del Norte con su infantería —y no hay a la vista otra salida para la guerra que la conquista física del territorio de Vietnam del Norte—, lo harán después que hayan llevado sus fuerzas a Laos y Cambodia; por lo menos, a Laos. Ese paso puede provocar la llegada a Vietnam de “voluntarios” chinos y rusos, con lo cual quedaría muerta la ilusión de que la guerra de Vietnam es “limitada”. Pero el fin de esa ilusión significaría la entrada en escena de otros factores. Y ésa puede ser la oportunidad histórica para que se provoque el estallido de la revolución en la América Latina. En mi último libro, El pentagonismo, sustituto del imperialismo*, hay un párrafo que parece adecuado para esta ocasión. Dice así: “Los actos de los pueblos, como los actos de los hombres, son reflejos de sus actitudes. Pero sucede que la naturaleza social es dinámica, no estática, de donde resulta que todo acto provoca una respuesta o provoca otros actos que lo refuercen. Ningún acto, pues, puede mantenerse aislado. Así, la cadena de actos que van derivándose del acto principal acaba modificando la actitud del que ejerció el primero y del que ejecuta los actos-respuestas. Esa modificación puede llevar a muchos puntos, según sea el carácter personal, social o nacional— del que actúa y según sean sus circunstancias íntimas o externas en el momento de actuar”. La actitud de los Estados Unidos, religiosamente anticomunista, los ha llevado a una guerra ideológica de exterminio de los comunistas en Vietnam; al mismo tiempo, sus circunstancias nacionales —las íntimas, desde el punto de vista de su política doméstica — les obliga a una contradicción insoluble, que consiste en mantener la ilusión de que están haciendo una “guerra limitada” a la vez que solicitan la ayuda de otros gobiernos, es decir, la presencia de “aliados”; y sucede que dada la naturaleza ideológica de la guerra, esos “aliados” tienen necesariamente que ser también anticomunistas; y como es lógico, si la guerra se extiende, los Estados Unidos llevarán a ella más países, y lo que es peor, necesitarán más aliados, y todos deberán ser, desde luego, ideológicamente afines. Ahora bien, ¿cuáles podrán ser esos aliados? Visto que los países europeos han abandonado su actitud de anticomunismo religioso, será difícil hallar un país de Europa que mande tropas a Vietnam para combatir del lado norteamericano. En África no hay ejércitos capaces de hacer la guerra moderna. Las únicas reservas militares que los Estados Unidos pueden conducir a esa guerra son las de la América Latina. Y a nadie debe caberle duda de que la intervención de ejércitos latinoamericanos en una guerra asiática provocará el estallido de la revolución en la América Latina. ¿Por qué se hace esta afirmación tan categórica? Porque según nos enseña la historia no hay guerra internacional que no estimule y provoque cambios en las estructuras sociales y políticas de los países que toman parte en ella, y en la América Latina, dada la petrificación económica y social existente, todo cambio requerirá, de manera inevitable, el ejercicio de la violencia, esto es, una acción revolucionaria; y la necesidad de cambios en la América Latina se hizo evidente con el paso de Cuba hacia el campo socialista a pesar de que en la revolución cubana no participaron ni un ruso ni un chino ni un yugoeslavo, y, al contrario, participaron norteamericanos anticomunistas. ¿Cuál es la fuerza ciega que incapacita a los Estados Unidos para aceptar los cambios que se han producido ya en el mundo y que necesariamente llegarán a imponerse en Asia y en América Latina? Esa fuerza es la misma que los mueve a hacer la guerra de Vietnam. En apariencia, es el anticomunismo, pero el anticomunismo es sólo el aspecto negativo —o anti— del afán de lucro. El afán de lucro de los norteamericanos es la fuerza ciega que ha convertido a los Estados Unidos en el campeón mundial del statu-quo. Un país que a esta altura del mundo considera lógico y moral que alguien gane dinero fabricando armas que tienen un poder espantoso de muerte y destrucción, no ha alcanzado todavía a darse cuenta de que la segunda guerra mundial llevó a la humanidad del siglo XX al siglo XXI, y que en este siglo XXI en que históricamente nos hallamos los valores del siglo XX han sido superados y deben ser llevados al desván donde se guardan los objetos que ya no tienen uso. Es inconcebible que el poder de matar y de destruir, al grado a que ha sido llevado por los científicos que trabajan para la industria sobredesarrollada, siga siendo un negocio para el beneficio de unas cuantas empresas. Si la guerra no puede ser excluida del planeta en que habitamos, y si la organización de la sociedad norteamericana no puede ser transformada para eliminar de ella el afán de lucro, por lo menos debería establecerse de manera terminante un principio: Que la fabricación de armamentos y de todos los equipos que se usan en la guerra sea una responsabilidad exclusiva de la Nación; que se convierta en una actividad pública y deje de ser un negocio privado. Dada la naturaleza social norteamericana, sería una tontería aspirar a más; pero tampoco debemos aspirar a menos, porque es demasiado expuesto para el género humano que su existencia dependa de la voluntad y la capacidad de ganar dinero que tengan algunas personas o algunos grupos de personas.

Juan Bosch
Benidorm, 5 de febrero de 1968.

* Editado en noviembre de 1967 por Publicaciones Ahora, Santo Domingo, República Dominicana.

Publicado en ARTICULO Y OPINIONES

Obama: la guerra y el desarme moral de Estados Unidos

Por Atilio Boron

Una de las lecciones que los halcones norteamericanos aprendieron luego de la derrota sufrida en Vietnam es que el control del frente interno -es decir, la orientación de la opinión pública en la retaguardia- puede llegar a ser tan determinante como la fuerza del aparato militar que se despliegue en el teatro bélico. De ahí que desde entonces la industria cultural estadounidense se haya dedicado -salvo honrosas y marginales excepciones- a “re-educar” a la población para que conciba a las guerras de rapiña que conduce el imperio como heroicas cruzadas destinadas a perseguir a monstruosos terroristas.

Una de las lecciones que los halcones norteamericanos aprendieron luego de la derrota sufrida en Vietnam es que el control del frente interno -es decir, la orientación de la opinión pública en la retaguardia- puede llegar a ser tan determinante como la fuerza del aparato militar que se despliegue en el teatro bélico. De ahí que desde entonces la industria cultural estadounidense se haya dedicado -salvo honrosas y marginales excepciones- a “re-educar” a la población para que conciba a las guerras de rapiña que conduce el imperio como heroicas cruzadas destinadas a perseguir a monstruosos terroristas, instituir el primado de los valores fundamentales de la así llamada “civilización” occidental (democracia, derechos humanos, justicia y, por supuesto, libertad de mercado) y garantizar la seguridad nacional norteamericana ante tan execrables enemigos. Uno de los componentes de ese verdadero desarme moral –el reverso dialéctico del rearme militar- ha sido el adormecimiento de la conciencia pública.

Esto se expresa, por ejemplo, en la intensa propaganda encaminada a naturalizar la tortura, presentada como el único recurso eficaz a la hora de preservar la vida y la propiedad de centenares de miles de honestos norteamericanos de los criminales designios de los terroristas. Son innumerables las series de televisión, películas, programas radiales y medios gráficos que se encargan de inocular, con perversa meticulosidad, este veneno en la población estadounidense.

Desgraciadamente, la cada vez más conservatizada academia norteamericana no se queda atrás en tan indignos propósitos.

Claro está que este masivo y persistente lavado de cerebros no se limita tan solo a legitimar la tortura. Su ambición es mucho mayor: se trata de “formatear” la conciencia pública a los efectos de otorgar credibilidad al relato épico según el cual Dios le ha confiado a la nación norteamericana la realización de un virtuoso “Destino Manifiesto” de alcance universal. Ante él, cualquier disenso orilla peligrosamente en la traición o la apostasía. La conquista de ese mundo feliz no es una empresa fácil: exige sacrificios y la aceptación de dolorosas realidades, como la tortura y los “daños colaterales” inevitables en toda guerra. Pero recientemente el énfasis de la campaña propagandística se ha venido concentrando sobre la eticidad y legalidad de los asesinatos selectivos perpetrados contra los enemigos del sistema, cuyos nombres constan en una tétrica nómina aprobada por la Casa Blanca. Instrumento fundamental de este plan criminal son los aviones no tripulados: los drones.

La eficacia de ese proceso de insensibilización moral ha sido notable. Tal como lo observa Nick Turse, uno de los más reconocidos especialistas en cuestiones militares de los Estados Unidos, este es el único país en el cual una mayoría de la población (56 %) está abiertamente a favor de enviar drones a cualquier lugar del planeta con tal de capturar o aniquilar terroristas. Una de las últimas encuestas levantadas por la PewResearch en marzo de este año señala que 68 por ciento de los votantes o simpatizantes republicanos está de acuerdo con esa práctica criminal, mientras que comparten este punto de vista el 58 por ciento de los demócratas y el 50 por ciento de los independientes. En ningún otro país del mundo se registran sentimientos de este tipo. La medición internacional relevada por Pew Research demuestra que en Francia el 63 por ciento reprueba la utilización de drones; 59 por ciento en Alemania y, ya fuera de Europa, el 73 por ciento en México; 81 por en Turquía, 89 por ciento en Egipto al paso que en Pakistán, donde la actividad criminal de los drones es cosa de todos los días, un previsible 97 por ciento de los encuestados condena el empleo de ese mortal instrumento.(1) No obstante, pese a esta generalizada repulsa fuera de Estados Unidos las operaciones terroristas a cargo de aviones no tripulados crecieron exponencialmente durante el mandato del inverosímil Premio Nobel de la Paz Barack Obama. Esta opción presidencial es tan fuerte que en la actualidad la Fuerza Aérea de Estados Unidos está entrenando un número mucho mayor de pilotos de drones que de los convencionales, los que tripulan bombarderos y aviones caza. Todo un signo de la virulencia de la actual de la contraofensiva imperialista, que desmiente en los hechos, y con las pilas de víctimas que crecen sin cesar, los discursos humanistas de Obama y la moralina de sus aparatos nacionales e internacionales de manipulación de conciencias.

Los medios del sistema presentan al presidente como un hombre de bien cuando, como lo afirma el brechtianamente imprescindible Noam Chomsky, se trata de otro asesino serial más de los varios que han ocupado la Casa Blanca en las últimas décadas.

Un solo dato es suficiente para inculparlo: según un informe del Bureau of Investigative Journalism por cada “terrorista” eliminado mediante ataques de drones (dejando de lado un análisis de lo que el gobierno estadounidense entiende por

“terrorista”) mueren 49 civiles inocentes. Nada de esto es ventilado por la prensa hegemónica dentro de Estados Unidos y sus secuaces de ultramar.

La inesperada decisión del gobierno colombiano de ingresar a laOTAN, o al menos de sellar varios acuerdos de cooperación con esa organización terrorista internacional, sólo puede entenderse al interior de los cambios operados en la doctrina y la estrategia militar de los Estados Unidos. Turse señala que las operaciones militares que ese país está llevando a cabo en estos momentos en Oriente Medio, Asia, África y América Latina tienen seis componentes distintivos, los cuales fueron diseñados para disimular o al menos encubrir la magnitud del esfuerzo bélico en que incurre Washington y, de paso, deslindar sus responsabilidades por la comisión de innumerables crímenes de guerra que podrían llevar a sus responsables ante la Corte Penal Internacional.(2)

Estos seis elementos son los siguientes:

(a) robustecimiento de las fuerzas de operaciones especiales, como los Seals, que fueron quienes dieron muerte a alguien que, dicen, era Osama bin Laden;

(b) la ya mencionada expansión de las operaciones de los drones, para realizar asesinatos selectivos de “terroristas” o personajes molestos para Estados Unidos;

(c) intensificación del espionaje, algo que ha saltado escandalosamente a la luz pública en los últimos días;

(d) elección y promoción de “socios civiles” que favorezcan los proyectos imperiales, lo que se realiza bajo el disfraz del “empoderamiento” de la sociedad civil –ONGs, la NED y la USAID canalizando millones de dólares para financiar a grupos para que se opongan a Evo Morales, Rafael Correa y Nicolás Maduro- y entrenamiento de líderes sociales y políticos, como Henrique Capriles, por ejemplo;

(e) ciberguerras y, finalmente,

(f) reclutamiento de fuerzas de combate en proxies, es decir, países cuyos gobiernos ejecutan las iniciativas que la Casa Blanca no quiere asumir abierta y públicamente.

De estas seis facetas de las guerras de última generación la que ha pasado más desapercibida ha sido la última: el entrenamiento y empleo de fuerzas militares de los proxies, movilizados para atacar targets enemigos de los Estados Unidos pero que Washington no estima conveniente u oportuno hacerlo de modo directo, involucrando sus propias fuerzas. Si los primeros cinco componentes gozaron de mucha visibilidad, no ocurrió lo mismo con el último, cuya idea directriz es descargar cada vez más el “trabajo sucio” del sostenimiento militar del imperio en los proxies regionales. De este modo se preserva a la Casa Blanca de las condenas y críticas que suscitaría una intervención militar directa en las “zonas calientes” del sistema internacional a la vez que logra que los muertos los pongan sus aliados, lo que reduce los costos domésticos –por ejemplo, ante la opinión pública

norteamericana- de las aventuras militares del imperio. Por ejemplo, en Siria, apelando a los mercenarios enviados por las teocracias del golfo para cumplir las tareas que tendrían que hacer las tropas imperiales. No es demasiado difícil imaginar cual es el plan de operaciones que Washington tiene preparado para América Latina y el Caribe, y cuál será el papel que en la ejecución del mismo se le asigne a un país, Colombia, cuyo gobierno redobla sin pausa su apuesta por la carta militar –ahora con la colaboración no sólo del Pentágono sino también de la OTAN– y cuya clase dirigente tiene como una de sus supremas aspiraciones convertir a su país en “la Israel de América Latina”.

1) http://www.pewresearch.org/fact-tank/2013/05/24/obama-and-drone-strikes-support-but-questions-at-home-opposition-abroad/

2) Ver“Tomgram: Nick Turse, Tomorrow’s Blowback Today?” enhttp://www.tomdispatch.com/blog/175580/tomgram%3A_nick_turse,_tomorrow’s_blowback_today/

– Dr. Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.atilioboron.com.ar

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Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

EN EL 104 ANIVERSARIO DE BOSCH: VIAJE A LOS ANTÍPODAS

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                                BOSCH: Fui al Asia y Sudeste Asiático a buscar la Verdad (1969).

    VIAJE A LOS ANTÍPODAS (Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)

“Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso”
“vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA”
La  dignidad  y bravura del hombre Quisqueyano se puso a prueba en el abril cuando la patria fue agredida por la botas invasoras. Aquí, en esta fotografía,un dominicano, se enfrenta a puños limpios a un soldado Yanqui que intenta agredirlo.
“he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días”
“a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo”
Los países del Asia están geográficamente en el lado del mundo opuesto a la República Dominicana, y además, tres de los cuatro que visité en los meses de octubre y noviembre de 1969 son, en el orden político, el polo opuesto de Santo Domingo; así, para nosotros los dominicanos Corea del Norte, China y Vietnam del Norte representan con toda propiedad nuestros antípodas, porque la palabra antípoda quiere decir eso: lo que se halla en el lado de la Tierra opuesto a nosotros, y además lo que representa algo totalmente distinto de lo que somos.
¿Por qué he viajado a los antípodas geográficos y políticos de nuestro país?
Aunque la respuesta a esa pregunta podría ser larga y complicada, voy a tratar de hacerla corta y clara: Fui al Asia y al Sudeste Asiático a buscar la Verdad.
Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso. Yo oí al presidente de los Estados Unidos, país líder  de la tal democracia representativa, mentir como sólo mienten los seres más abyectos; oí a él y a senadores, diputados, altos personajes y a la radio oficial de los Estados Unidos acusar a la revolución democrática del pueblo dominicano de criminal y salvaje; vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA; la vi atropellada por soldados latinoamericanos, enviados a nuestro país para justificar el crimen de los Estados Unidos, que habían violado tratados hemisféricos y no querían ni podían quedarse solos ante la conciencia del mundo como autores de esa violación; he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días.
Valientes Mujeres Quisqueyanas se enfrentan a los soldados americanos en una marcha protesta por los atropellos por parte de la soldadesca americana contra el pueblo.
Si alguien en quien tuvimos fe nos sorprende mostrándonos de manera inesperada lo que es en verdad y no lo que había simulado ser, empezamos a poner en duda todo lo que habíamos estado creyendo de él hasta entonces; y eso me sucedió a mí. Así, a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo; ha hallado la forma de atropellar de la manera más brutal a los pueblos débiles y presentar esos atropellos como si fueran grandes y costosos esfuerzos para liberarlos de males infernales y para defender la libertad humana. Cuando los libros de historia me convencieron de que los Estados Unidos no son lo que sus propagandistas dicen que son, sino todo lo contrario, me dije a mí mismo que esos libros podían ser en fin de cuentas obras de fanáticos antiyanquis y que mi deber era comprobar los hechos sobre el terreno; y visto que la prensa, la televisión, la radio y la mayor parte de los medios de comunicación norteamericanos tienen años y años presentando al mundo socialista como el espejo de la esclavitud, el atraso y la miseria, fui a visitar Yugoeslavia y Rumanía. Allí, en Yugoeslavia y Rumanía comprobé que de cada mil palabras sobre los países socialistas que se escriben en los Estados Unidos, novecientas noveintinueve son mentiras, y llegué a la conclusión de que el empeño que ponen los yanquis en hacer que los gobiernos sirvientes de América Latina persigan como a un criminal al que viaja a los países socialistas tiene un fin, el de evitar por medio de la violencia que los pueblos de América Latina se enteren de que la propaganda norteamericana contra esos países se basa en la mentira y sepan que cualquiera de ellos tiene un grado de desarrollo y bienestar, y sobre todo de justicia social, incomparablemente más alto que el de los latinoamericanos. Yo, que no soy comunista y por eso mismo no estoy obligado en ningún sentido ni por ninguna razón a defenderlos, lo afirmo categóricamente ante el pueblo dominicano, y digo a conciencia, con la mano puesta en el corazón, que de cada diez verdades sobre los países comunistas que dice un yanqui, dice al mismo tiempo, y con la mayor tranquilidad, noventa y nueve mil novecientas noventa mentiras.
La mentira es una parte tan importante en la vida norteamericana que sus historiadores, escritores, ensayistas, periodistas y funcionarios mienten hasta sin darse cuenta. Unas veces mienten directamente y otras de manera indirecta; unas veces dicen lo que no es verdad y otras veces se callan la verdad. Y esto lo hacen no sólo cuando hablan de otros países sino también cuando hablan del suyo; no sólo cuando se refieren a hechos actuales sino también cuando se refieren a hechos históricos. Por ejemplo, hace algo así como año y medio el ex embajador Crimmins respondió a una carta del PRD y en esa carta afirmó que los Estados Unidos son un país que se ha desarrollado pacíficamente, mediante la sola aplicación de las leyes; y recientemente el sucesor del Sr. Crimmins ha repetido lo que éste había dicho.
Pues bien, ni el señor Crimmins ni su sucesor dijeron la verdad, y yo me permito poner en duda que los embajadores norteamericanos ignoren la historia de su país. Claro que la conocen, pero la deforman para presentar a su país ante el pueblo dominicano como no es y como nunca ha sido. Al contrario de lo que han dicho los dos embajadores, los Estados Unidos han tenido revoluciones sangrientas, de las más sangrientas que ha conocido la Humanidad; en una de ellas murieron miles y miles y miles de hombres y mujeres, desde civiles y soldados hasta el presidente de la república; ciudades enteras fueron destruidas a cañonazos y se combatió ferozmente durante cuatro años. ¿Cómo es posible que el señor Crimmins y su sucesor pretendan hacernos creer que la fabulosa matanza de 1861-1865 no existió? ¿Y saben los dominicanos por qué no mencionan los señores embajadores esa hecatombe? Pues porque los norteamericanos le cambiaron el nombre; en vez de revolución pasaron a llamarle “guerra de secesión”. Pero fue una revolución provocada por los dueños de esclavos del Sur, que se levantaron en armas cuando creyeron que el gobierno de Lincoln  iba a decretar la libertad de los esclavos. Lincoln no pensaba hacer eso, pero él representaba a los industriales del Norte, que para poder vender sus máquinas necesitaban que desapareciera la esclavitud en el Sur, puesto que los esclavos no estaban capacitados para manejar maquinarias y esto tenían que hacerlo obreros asalariados; y como Lincoln representaba a esos industriales, los esclavistas creyeron que iba a poner en peligro su “sagrado derecho” a ser propietarios de hombres.
Además de la revolución de la independencia y de la llamada “guerra de secesión”, los Estados Unidos han conocido y sufrido revoluciones larvadas que han producido millares y millares de víctimas, entre ellas varios presidentes de la república asesinados. Y ahora mismo, ¿qué está sucediendo con los negros de los llamados “ghettos” y con los “panteras negras”, a quienes cazan a balazos todos los días? Por último, los Estados Unidos han evitado más revoluciones dentro de sus fronteras mediante el método de proyectar sus crisis y su violencia hacia el mundo exterior, pues se trata de un país que ha vivido agrediendo a otros pueblos desde antes de nacer como república. Cuando todavía no eran independientes, los yanquis hacían matanzas memorables de indios americanos para quedarse con sus tierras, y siguieron haciéndolas hasta fines del siglo pasado(IX); después de independientes, arrebataron las Floridas a España y le quitaron a México más territorio del que ocupa hoy esa nación; se quedaron a cañonazos con Puerto Rico; se quedaron con Hawai y la Zona del Canal de Panamá; partieron en dos a Colombia y hoy tienen sus tropas establecidas en Corea del Sur y en Vietnam del Sur, dos países inventados por ellos a costa de la unidad de los viejos pueblos de Corea y de Vietnam, así como inventaron en Formosa una China nacionalista sustraída de la China continental e inventaron en Santo Domingo el llamado gobierno de reconstrucción nacional para mantener dividido al pueblo dominicano.
Un humilde hombre del pueblo pide  a un soldado Yanqui  Invasor  dejarlo pasar para llevar a su niño herido a la Cruz Roja luego de un ataque indiscriminado por las tropas invasoras a la indefensa   población civil.
Pero el embajador norteamericano no se atiene a decir lo que no es verdad en el caso de su país; va más allá y afirma que Inglaterra se ha desarrollado también sin violencias. ¿Sí? ¿Y qué cuenta la historia inglesa? ¿O son invenciones de novelistas las sangrientas revoluciones de 1648 y 1688, para mencionar sólo las del siglo XVII? Quien le cortó la cabeza a Carlos I en 1649 no fue un cirujano que quería devolverle la salud; fue el verdugo que le aplicó la pena de muerte votada por el Parlamento; y las ruinas de las iglesias que se ven en algunos lugares de Inglaterra no se deben a los maltratos del tiempo, sino a los hombres de Oliverio Cromwell, que las saquearon y las quemaron en los días de la revolución de 1648.
Esa necesidad de ocultar la verdad, ¿es acaso una deformación sicológica que se ha propagado, como una epidemia, entre los norteamericanos?
Pues no señor; no se trata de una deformación sicológica. Hubo una época en que los yanquis estaban orgullosos de sus revoluciones y hablaban de ellas con entusiasmo, pero ahora necesitan hacerles creer a los pueblos pobres como el dominicano y los de la América Latina que las revoluciones son un gran pecado, algo muy malo, algo que no debe hacerse nunca, y para decir eso tienen que arrancar de la historia de su país, de Inglaterra y de otros lugares, todas las páginas que se refieran a sus revoluciones; necesitan presentarse como libres del pecado revolucionario para poder reclamar de otros que no lo cometan.
¿Y cuál es la causa de esa actitud? ¿Por qué los norteamericanos, que hicieron revoluciones sangrientas, sin las cuales no habrían podido desarrollarse ni económica ni política ni socialmente, fueron entonces partidarios de revoluciones y ahora son enemigos de ellas?
Porque aquellas revoluciones inglesas y norteamericanas de los siglos XVII, XVIII y XIX fueron hechas por las masas de los pueblos de Inglaterra y los Estados Unidos para entregarles  el poder a las minorías capitalistas de sus respectivos países, y las revoluciones que se hacen ahora en el mundo tienen la finalidad de establecer en el poder a las masas, no a las minorías capitalistas. En el caso concreto de la República Dominicana, la revolución se hará para desmantelar el Frente Oligárquico, que es el instrumento de que se valen los Estados Unidos para gobernar nuestro país a su antojo, y los señores embajadores norteamericanos pretenden hacerle creer al pueblo de Santo Domingo que la revolución es innecesaria, que en Norteamérica y en Inglaterra jamás hubo revoluciones, que los que tienen hambre deben esperar su oportunidad para comer, aunque haya que ir a servirles la comida al cementerio. Al tomar el poder, lo primero que harán las masas dominicanas y las de todos los países pobres del mundo —con los de la América Latina a la cabeza, desde luego— será tomar posesión de lo que es legítimamente suyo, de lo que se halla en su tierra y de lo que ha sido creado con el trabajo de sus hijos; es decir, procederán a nacionalizar las empresas norteamericanas. Y como eso significa que los millonarios norteamericanos dejarán de seguir recibiendo los dólares que sacan de nuestros países, hay que evitar por todos los medios que hagamos revoluciones. Esa es la razón de esas mentiras. Hay que engañar a nuestros pueblos haciéndoles creer que las revoluciones son pecados mortales, obra del demonio comunista, crímenes horrendos contra la libertad, y si los pueblos creen eso y se mueren de hambre, allá ellos con sus miserias; que se los lleve quien los trajo, porque eso no le quita el sueño a ningún ricacho norteamericano.
Pero sucede que el mentiroso y el cojo no llegan lejos. La red de mentiras con que los Estados Unidos tienen envuelto al mundo está destruyéndose rápidamente. En la América Latina la destruyó la invasión militar de Santo Domingo; en el resto del mundo la ha destruido la incalificable guerra de agresión a Vietnam. Por otra parte, el ser humano busca instintivamente la verdad, y cuando da con ella siente la necesidad de transmitírsela a otros. Como a cualquiera persona, a mí me sucede eso; pero ocurre además que tengo una responsabilidad ante el pueblo dominicano, la de ayudarle a disipar las sombras de la mentira en que quieren sumirlo a fin de que vea claramente por dónde va el camino hacia la libertad, la justicia social y el bienestar. Si al visitar Yugoeslavia y Rumanía comprobé que las mentiras que se dijeron sobre la Revolución de Abril eran iguales a las que se decían de esos dos países, ¿no era natural que me dijera a mí mismo que igual debía suceder en el caso de Corea del Norte, de China y de Vietnam? ¿Y no era lógico, en consecuencia, que aceptara las invitaciones que se me hicieron para visitar esos países?
Aquí digo lo que vi, sin la menor deformación. Lo que digo es el resultado de mis observaciones; no es propaganda de partidos ni de gobiernos. Y lo escribo para servir al pueblo dominicano; para que éste conozca la verdad y juzgue por sí mismo, no a base de las mentiras que le sirven los que tienen interés —y ganan dinero al hacerlo— en mantenerlo confundido.
Este breve resumen de un viaje a los antípodas comienza por:
La República Democrática de Corea
La historia escrita de Corea tiene miles de años, de manera que la lengua de sus pobladores es vieja. En esa lengua, que ya se hablaba cuando todavía no se había formado Roma, Corea se llama “el país de los amaneceres luminosos”. Hubiera podido llamarse también “el país de la gente que sonríe”, porque el coreano reacciona ante cualquier estímulo con una sonrisa franca; pero yo recordaré siempre a Corea como “el país de los niños alegres”. Kim Il Sung, el padre….  de la patria, dijo una frase que es a la vez profunda y conmovedora; dijo: “En Corea, el niño es ley”. Tómese esa frase por dondequiera y como quiera, y el resultado será siempre uno: El pueblo coreano está dedicado a sus niños; vive y muere, trabaja, lucha y crea por sus niños. De alguna manera, con esa extraña sensibilidad que tienen los niños en todas partes, los de Corea se dan cuenta de eso, porque donde ellos están —sea en la escuela, en las calles, en los parques—, sus risas y sus gritos de júbilo dan la impresión de una enorme pajarera colmada de cantos. En mis años, que no son pocos, jamás había visto nada igual.
Kim Il Sung sabía lo que decía al afirmar que en Corea el niño es ley, pues los países perduran en la medida en que sus ciudadanos los amen y los defiendan, y los niños de hoy serán los ciudadanos de mañana. El mismo Kim Il Sung era apenas algo más que un niño cuando a los trece años de edad comenzó a cumplir misiones de los grupos de patriotas que estaban luchando contra los japoneses —que habían ocupado el país en 1910—, y se hallaba en la flor de la vida cuando hacia 1932, acabando de cumplir los veinte años, inició la guerra de guerrillas por la liberación de Corea.
“¿Cuántos eran sus hombres en ese momento?”, le pregunté, entre cucharada y cucharada de una sabrosa sopa coreana que él mismo me servía con la naturalidad conque se comporta alguien con un hermano.
Kim Il Sung sonrió. Como todos sus compatriotas, es de sonrisa fácil y expresiva. Pero en esa ocasión la sonrisa del líder de Corea quería decir muchas cosas; quería decir, según me pareció: “Usted no va a creerlo”.
“Dieciocho”, dijo.
¿Y por qué no debía yo creerlo? ¿No se había quedado Fidel Castro con sólo doce seguidores poco después de haber desembarcado al pie de la Sierra Maestra? Fidel Castro había  bajado de la Sierra, convertido en vencedor, a los dos años de haber subido a ella, y Kim Il Sung estuvo guerrilleando trece años, y los dos tomaron el poder al cumplir los treintidos. ¡Extraña similitud de destinos entre el líder de un viejo pueblo  oriental y el de un pueblo nuevo del Caribe!  Pero si el destino de Kim Il Sung y el de Fidel Castro se parecen, en cambio el de Corea y el de Cuba son distintos, porque a Corea le ha tocado ser uno de esos países a los que Norteamérica les ha aplicado la fórmula que ensayó con Colombia en Panamá, la de dividir las naciones y de cada una hacer dos: dos Coreas, dos Chinas, dos Vietnam. A lo mejor, en esa historia de país dedicado a dividir pueblos hallaron los negros norteamericanos la idea de dividir ellos a su vez a los Estados Unidos en una nación para los blancos y otra para los negros.
Corea quedó liberada en agosto de 1945 y el día 15 de ese mes fue proclamada república bajo un gobierno encabezado por el joven que había estado trece años dirigiendo las guerrillas antijaponesas, esto es, por el mismo Kim Il Sung de quien vengo hablando. Unas semanas después de establecida la república, los norteamericanos desembarcaban en el sur al mando de Douglas MacArthur, y éste proclamaba, con su conocida arrogancia: “… Todos los poderes del gobierno sobre el territorio de Corea, al sur del paralelo 38 de latitud Norte, y sobre el pueblo que lo habita, serán… ejercidos bajo mi autoridad”; y fue así como Corea, un país con más de tres mil años de historia escrita, quedó cercenado como un cuerpo al que le cortan la mitad.
Cinco años después de eso comenzó el ataque norteamericano contra Corea del Norte. Al cabo de tres años de guerra, todas las ciudades coreanas habían sido destruidas, o dicho con más propiedad, habían sido demolidas por los bombardeos yanquis. Dieciséis años después, ningún extranjero que visite el país verá las huellas de esa destrucción masiva, pues una por una, todas las ciudades han sido levantadas otra vez, y aun-que cualquiera se da cuenta de que son nuevas porque sus avenidas están trazadas y sus edificios concebidos según los conceptos característicos de la arquitectura más moderna, parece que tienen siglos de habitadas, porque a primera vista se nota que entre sus habitantes y ellas hay esa coherencia y esa intimidad que son propias de las ciudades antiguas.
Debido a que en los años de la vida de Kim Il Sung su país pasó de colonia a república, y en la lucha para hacer ese cambio él fue durante trece años el líder de la resistencia patriótica; debido a que a causa de su papel como líder de la resistencia él pasó automáticamente a ser el jefe del primer gobierno libre de Corea; y dado que debido al ataque norteamericano las ciudades del país quedaron demolidas y fueron reconstruidas bajo ese gobierno del antiguo guerrillero, la historia de la república de Corea y su renacimiento se ha confundido con la de Kim Il Sung. Decir Corea del Norte es, pues, decir Kim Il Sung; o si se prefiere expresado al revés, Kim Il Sung es Corea del Norte. Mi impresión es que para los coreanos no hay diferencia alguna entre el país y su líder, y que ellos se imaginan a Kim Il Sung como una parte esencial de Corea y a Corea como una obra de Kim Il Sung.
Esa identidad entre líder y país es un fenómeno poco común en la historia humana, y gracias a ella el poder de Kim Il Sung va más allá del campo político y alcanza una calidad que no puede ser apreciada fácilmente; no es un poder que descansa en la autoridad, en el terror, en el carisma del líder, en los bienes que éste distribuye. Nada de eso. Es algo más profundo. Para el pueblo coreano, Corea y Kim Il Sung son una sola y misma cosa.
Ese hombre que es a la vez su pueblo se presenta de improviso en una escuela de párvulos, se sienta en un pupitre y  comienza a hacer preguntas como otro escolar; o se va al campo y se pone a vivir en una cooperativa para ayudar a los campesinos en su trabajo. Héctor Aristy y yo estábamos alojados en una residencia que tiene el gobierno para sus huéspedes y se suponía que antes de irnos de Corea visitaríamos a Kim Il Sung, y sucedió lo contrario: una mañana Kim Il Sung se presentó en la residencia, comenzó a hablar conmigo y se quedó a comer con nosotros. Como yo estaba a su derecha en la mesa, él mismo me servía la comida. Iba vestido con la sencillez característica de los líderes socialistas de Asia: un traje simple, pantalón y chamarra negros, y una gorra de tela, de ésas que en Santo Domingo no usaría un campesino porque le parecería pobre. Lo que hablamos en más de tres horas de conversación fue mucho, variado y bueno, y me sorprendió lo bien informado que está acerca de América Latina y sus problemas. Pero también tiene a flor de labios las estadísticas de su país.
“En comparación con 1948, hasta 1967 la producción industrial de Corea había aumentado 22 veces, y la fabricación de maquinarias, 100 veces, a pesar de la guerra; en 1946, la proporción de la industria en el Producto Nacional Bruto era de 28 por ciento y en 1964 era de 75 por ciento; en 1965, la producción de tejidos había aumentado 195 veces en comparación con la de 1944; en ese año de 1944, la producción de tejidos per cápita era de 14 centímetros y en 1965, de 25 metros”.
Todo eso lo dijo de un tirón, a pesar de que las comparaciones son tan dispares en lo que se refiere a los años que es difícil retenerlas en la memoria. De todos modos, no era necesario que lo dijera, pues el que visita Corea del Norte se da cuenta inmediatamente de que es un país con un desarrollo económico vertiginoso. Los que conocen Alemania del Este dicen que es el país cuya economía crece más de prisa en el campo socialista. Yo no he estado en Alemania del Este, pero me asombraría que su ritmo de crecimiento superara al de Corea. Corea produce el 98 por ciento de lo que consume, desde maquinaria pesada hasta fósforos, y lo que consume es mucho a juzgar por el nivel en que vive el pueblo.
La totalidad de las familias usa electricidad. Por la vivienda se paga sólo 57 centavos por cada 100 pesos de salario, de manera que la persona que gane, digamos, 200 pesos, paga 1 peso y 14 centavos. Actualmente está construyéndose una casa para cada familia campesina, y ya hay 600 mil familias campesinas con casas nuevas. Todo lo que se refiere a medicinas, médico, hospital, operaciones y tratamiento es gratuito y según pude ver visitando hospitales, el servicio es como para tutumpotes de nuestro país. La cuarta parte de la población está estudiando en 9,260 establecimientos escolares y no hay un solo analfabeto; el teatro, el ballet y el circo —que es muy popular en el país— son de primera categoría; su cine y su televisión, excelentes.
Corea tiene que destinar una suma enorme al mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo que se explica porque vive esperando de un día a otro el ataque norteamericano. A eso se debe que la parte más importante de su industria pesada —y según algunos, toda su industria de guerra— se halle bajo tierra, dotada además de hospitales, escuelas, viviendas, almacenes de provisiones y agua, luz eléctrica y hasta vías de comunicación subterráneas. Ya es un esfuerzo grande mantener un ejército en pie de guerra, pero estar preparado para la guerra nuclear es un esfuerzo extraordinario para cualquier país, cuanto más para uno pequeño que en quince años ha rehecho todas sus ciudades y todas sus industrias, y las ha multiplicado. Si Corea pudiera dedicar a su desarrollo todos los recursos que tiene que destinar a defenderse, sería el asombro del mundo. Para los partidarios del régimen socialista, ese poder de progreso será fruto del socialismo; para mí, al socialismo hay que sumar las condiciones naturales del pueblo coreano y la circunstancia de que cuenta con un líder —desde luego, socialista— que es a la vez resuelto y prudente; de una prudencia exquisita, al grado que en Corea no se ha impuesto a la fuerza ninguna medida socialista: todas han sido llevadas a la práctica después que han sido clara y metódicamente explicadas al pueblo y después que éste ha decidido aceptarlas. En cuanto al pueblo, es sobrio, disciplinado, trabajador, ardientemente patriota, y muy inteligente, y muy fino. De lo último da prendas abundantes su actitud ante la obra artística. El coreano es un artista nato.
Volviendo de Pammunjong —el punto donde se celebran desde hace años las conversaciones de paz— llegamos a media tarde a Kessong, y allí, en el Palacio de los Pioneros, se improvisó una fiesta de teatro infantil. Toda la vida recordaré aquellos diminutos artistas de 6 y 7 años; sus cantos, sus danzas, sus pequeñas piezas de teatro, y sobre todo el final del acto. Los niños coreanos no me dejaban salir. Me abrazaban, me besaban; cada uno de ellos era un surtidor de alegría. Yo tenía los ojos puestos en ellos, pero a quienes veía era a los niños de mi país.
JUAN BOSCH
(Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)
Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

Juan Bosch: De la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear

la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee.

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La ilusión de las guerras limitadas*
Juan Bosch

Este artículo fue escrito para la revista The Christian Century, que se editaba en Chicago, EE.UU. El título le fue puesto por los editores de la revista, que publicó el artículo en su edición del 17 de abril de 1968, páginas 480-2.

Evidentemente, la segunda guerra mundial hizo pasar a la humanidad, en términos históricos, del siglo XX al siglo XXI; de la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear; de la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee. Y ese salto, asombrosamente violento si lo vemos desde el punto de vista del corto tiempo en que se produjo, debía reflejarse en grandes cambios sociales y políticos en todo el mundo. La incapacidad de los Estados Unidos para aceptar esos cambios y ajustarse a ellos se ha traducido en una actitud de violencia internacional muy peligrosa. En lo que se refiere a la América Latina, ese estado de violencia deberá desembocar, me parece que de manera inevitable, en una revolución social de grandes vuelos. No hay que hacerse ilusiones: esa revolución comenzó ya en Cuba, y hágase lo que se haga o dígase lo que se diga, podrá ser demorada pero no podrá ser evitada. Es probable que la decisión de evitarla lleve a los Estados Unidos a guerrear en la América Latina como los ha llevado a guerrear en el Sudeste Asiático, y está dentro de lo posible que la guerra en Asia produzca el estallido de la revolución en América Latina. ¿Qué tiene que ver la América Latina con la guerra de Vietnam, y qué tiene que ver la guerra de Vietnam con la incapacidad norteamericana para aceptar los cambios introducidos en el mundo por el paso de la industria de los técnicos autodidactas a la industria sobredesarrollada de los científicos? ¿Cuál es la razón de que un país tan excepcionalmente desarrollado en el campo científico, como son los Estados Unidos, no pueda ajustarse a los cambios políticos y sociales impuestos en el mundo a consecuencia de la segunda guerra mundial? Todas esas preguntas se relacionan entre sí porque todas ellas surgen de un mismo hecho: el estado de violencia que prevalece en el ámbito internacional. Hasta el momento, lo que está sucediendo en Vietnam se mantiene dentro de lo que en estrategia militar se llama “guerra limitada”. Sin embargo, debemos notar que esa “guerra limitada” ha traspasado varias veces los límites que se le habían fijado; por tanto, no hay razón para que no traspase también los actuales y llegue a convertirse en una guerra general asiática. Inicialmente, el plan norteamericano fue organizar un gobierno y unas fuerzas armadas anticomunistas en Vietnam del Sur, y darles apoyo político, económico y militar a ese gobierno y a esas fuerzas armadas, para lo cual se enviaron a Vietnam del Sur unos cuantos cientos de consejeros militares y de técnicos civiles y unos cientos de millones de dólares en dinero, armas y equipos; pero después hubo que traspasar esos límites, hubo que aumentar los envíos de consejeros militares y civiles, los de dinero y armamentos y equipos, de manera que los gastos subieron a un billón de dólares al año; más tarde se ampliaron otra vez los límites y se procedió a construir grandes bases aéreas, navales y de infantería para soldados norteamericanos, lo que significó el aumento de los gastos en Vietnam por encima del billón de dólares al año; y por fin hubo que mandar al combate a las fuerzas norteamericanas, primero para defender esas bases y después para guerrear en todo el Vietnam del Sur, lo que se tradujo en gastos superiores a los veinte billones de dólares al año y en una guerra abierta contra Vietnam del Norte. En términos militares, pues, los planes limitados de los Estados Unidos fueron implacable y sucesivamente sobrepasados por la fuerza de los acontecimientos, y al comenzar el año de 1968 la guerra era “limitada” sólo en un aspecto: el de que se mantenía dentro del territorio de los dos Vietnam. Pero ya a esa fecha amenazaba con desbordarse a Cambodia, Laos y Tailandia, cosa que puede ocurrir en cualquier momento. Ahora bien, en términos políticos la guerra de Vietnam dejó hace tiempo de ser “limitada”. La presencia de tropas australianas, neozelandesas, surcoreanas, tailandesas, es una demostración concluyente de que en el orden internacional estamos en presencia de una guerra que ya no es “limitada”; que salió de las fronteras de Vietnam y está afectando a países lejanos, cuyos hijos están muriendo en Vietnam bajo sus propias banderas. Por último, la creciente y pública ayuda rusa y china a Vietnam del Norte y al Vietcong en armas confirma lo que decimos: políticamente, la guerra de Vietnam se ha convertido en un conflicto internacional, y por tanto no sigue teniendo las características de las “guerras limitadas”. Esta verdad se ha mantenido oculta a los ojos del pueblo norteamericano y de otros pueblos del mundo mediante la creación de una falsa ilusión. A los norteamericanos se les ha hecho creer que la guerra de Vietnam es “limitada” porque ni China ni la Unión Soviética han enviado tropas al combate. Pero es el caso que varios otros países han enviado tropas, y el propio presidente Johnson, cada vez que habla sobre los acontecimientos de Vietnam, se refiere a esos ejércitos extranjeros llamándolos “nuestros aliados”. Luego, resulta evidente que desde el lado de los Estados Unidos se trata de una guerra que hace tiempo dejó de ser “limitada” y pasó a ser internacional. La experiencia que se saca de la lucha en el Sudeste Asiático es que no resulta fácil mantener “guerras limitadas” cuando éstas se tiñen con matices ideológicos. Al intervenir en una guerra el aspecto ideológico, es difícil contenerla en determinados límites geográficos. La de Israel y Egipto en junio de 1967 no tuvo caracteres ideológicos, aunque por detrás de Egipto estuviera Rusia y por detrás de Israel estuvieran los Estados Unidos; y esa ausencia del factor ideológico la dejó en los límites de una guerra internacional convencional. El vocablo convencional debe aplicarse a una guerra tomando en cuenta no sólo los tipos de armas que se usen sino además cuál es la motivación que la provoca. Desde su costado ideológico, la guerra de Vietnam no es convencional y no puede ser limitada, puesto que necesariamente quedan arrastrados hacia ella todos los que en el mundo entero simpatizan con el régimen comunista y todos los que aspiran a la destrucción de ese régimen. En la guerra de Vietnam, como en la intervención armada en la República Dominicana, la razón esgrimida por los Estados Unidos, a lo menos en público, es la del anticomunismo: están peleando en el Sudeste de Asia y enviaron sus “marines” a la isla antillana porque ellos tienen una misión planetaria, la de destruir el comunismo dondequiera que éste asome la cabeza o dondequiera que a los Estados Unidos les parezca que hay comunistas. Desde luego, el derecho que se atribuyen los norteamericanos de aniquilar a los comunistas genera el derecho de los comunistas a aniquilar a los norteamericanos. El resultado lógico de esos derechos en pugna es un estado de violencia internacional muy adecuado para que una llamada “guerra limitada” resulte desbordada más allá de los límites previstos; y eso es lo que ha sucedido en Vietnam. ¿Hasta qué momento podrá mantenerse la ilusión de que la guerra de Vietnam está en el número de las “limitadas”? ¿En qué momento comenzarán a entrar en acción los “voluntarios” chinos, soviéticos y de otros países comunistas? Eso no lo sabemos, pero lo que parece hallarse al borde de que se produzca cualquier día es la extensión de la guerra a países vecinos de Vietnam, como Laos y Cambodia, y no en forma de guerrillas comunistas laosianas o cambodianas ni en la de guerrillas infiltradas desde Vietnam del Norte bajo la dirección de jefes vietnamitas. Como puede leerlo quien quiera en la prensa de los Estados Unidos, algo de eso está sucediendo desde hace meses, o se da la noticia de que ha sucedido. A lo que quiero referirme es a la entrada en acción, sobre suelo laosiano y cambodiano, de tropas norteamericanas enfrentadas a tropas de Vietnam del Norte. Lógicamente, si los Estados Unidos deciden invadir Vietnam del Norte con su infantería —y no hay a la vista otra salida para la guerra que la conquista física del territorio de Vietnam del Norte—, lo harán después que hayan llevado sus fuerzas a Laos y Cambodia; por lo menos, a Laos. Ese paso puede provocar la llegada a Vietnam de “voluntarios” chinos y rusos, con lo cual quedaría muerta la ilusión de que la guerra de Vietnam es “limitada”. Pero el fin de esa ilusión significaría la entrada en escena de otros factores. Y ésa puede ser la oportunidad histórica para que se provoque el estallido de la revolución en la América Latina. En mi último libro, El pentagonismo, sustituto del imperialismo*, hay un párrafo que parece adecuado para esta ocasión. Dice así: “Los actos de los pueblos, como los actos de los hombres, son reflejos de sus actitudes. Pero sucede que la naturaleza social es dinámica, no estática, de donde resulta que todo acto provoca una respuesta o provoca otros actos que lo refuercen. Ningún acto, pues, puede mantenerse aislado. Así, la cadena de actos que van derivándose del acto principal acaba modificando la actitud del que ejerció el primero y del que ejecuta los actos-respuestas. Esa modificación puede llevar a muchos puntos, según sea el carácter personal, social o nacional— del que actúa y según sean sus circunstancias íntimas o externas en el momento de actuar”. La actitud de los Estados Unidos, religiosamente anticomunista, los ha llevado a una guerra ideológica de exterminio de los comunistas en Vietnam; al mismo tiempo, sus circunstancias nacionales —las íntimas, desde el punto de vista de su política doméstica — les obliga a una contradicción insoluble, que consiste en mantener la ilusión de que están haciendo una “guerra limitada” a la vez que solicitan la ayuda de otros gobiernos, es decir, la presencia de “aliados”; y sucede que dada la naturaleza ideológica de la guerra, esos “aliados” tienen necesariamente que ser también anticomunistas; y como es lógico, si la guerra se extiende, los Estados Unidos llevarán a ella más países, y lo que es peor, necesitarán más aliados, y todos deberán ser, desde luego, ideológicamente afines. Ahora bien, ¿cuáles podrán ser esos aliados? Visto que los países europeos han abandonado su actitud de anticomunismo religioso, será difícil hallar un país de Europa que mande tropas a Vietnam para combatir del lado norteamericano. En África no hay ejércitos capaces de hacer la guerra moderna. Las únicas reservas militares que los Estados Unidos pueden conducir a esa guerra son las de la América Latina. Y a nadie debe caberle duda de que la intervención de ejércitos latinoamericanos en una guerra asiática provocará el estallido de la revolución en la América Latina. ¿Por qué se hace esta afirmación tan categórica? Porque según nos enseña la historia no hay guerra internacional que no estimule y provoque cambios en las estructuras sociales y políticas de los países que toman parte en ella, y en la América Latina, dada la petrificación económica y social existente, todo cambio requerirá, de manera inevitable, el ejercicio de la violencia, esto es, una acción revolucionaria; y la necesidad de cambios en la América Latina se hizo evidente con el paso de Cuba hacia el campo socialista a pesar de que en la revolución cubana no participaron ni un ruso ni un chino ni un yugoeslavo, y, al contrario, participaron norteamericanos anticomunistas. ¿Cuál es la fuerza ciega que incapacita a los Estados Unidos para aceptar los cambios que se han producido ya en el mundo y que necesariamente llegarán a imponerse en Asia y en América Latina? Esa fuerza es la misma que los mueve a hacer la guerra de Vietnam. En apariencia, es el anticomunismo, pero el anticomunismo es sólo el aspecto negativo —o anti— del afán de lucro. El afán de lucro de los norteamericanos es la fuerza ciega que ha convertido a los Estados Unidos en el campeón mundial del statu-quo. Un país que a esta altura del mundo considera lógico y moral que alguien gane dinero fabricando armas que tienen un poder espantoso de muerte y destrucción, no ha alcanzado todavía a darse cuenta de que la segunda guerra mundial llevó a la humanidad del siglo XX al siglo XXI, y que en este siglo XXI en que históricamente nos hallamos los valores del siglo XX han sido superados y deben ser llevados al desván donde se guardan los objetos que ya no tienen uso. Es inconcebible que el poder de matar y de destruir, al grado a que ha sido llevado por los científicos que trabajan para la industria sobredesarrollada, siga siendo un negocio para el beneficio de unas cuantas empresas. Si la guerra no puede ser excluida del planeta en que habitamos, y si la organización de la sociedad norteamericana no puede ser transformada para eliminar de ella el afán de lucro, por lo menos debería establecerse de manera terminante un principio: Que la fabricación de armamentos y de todos los equipos que se usan en la guerra sea una responsabilidad exclusiva de la Nación; que se convierta en una actividad pública y deje de ser un negocio privado. Dada la naturaleza social norteamericana, sería una tontería aspirar a más; pero tampoco debemos aspirar a menos, porque es demasiado expuesto para el género humano que su existencia dependa de la voluntad y la capacidad de ganar dinero que tengan algunas personas o algunos grupos de personas.

Juan Bosch
Benidorm, 5 de febrero de 1968.

* Editado en noviembre de 1967 por Publicaciones Ahora, Santo Domingo, República Dominicana.

 

Publicado en ARTICULO Y OPINIONES

La historia no contada de EE.UU. Oliver Stone, Obama y la Guerra de Vietnam

Rizières inondées à la frontière entre le Viet...

La serie Untold History of the United States [Historia no contada de EE.UU.] de Oliver Stone en Showtime, es el programa más radical que he visto en mi vida en la televisión estadounidense. Escenas reveladoras, discursos espantosos de nuestros presidentes, una narración espléndida de Stone, todo compone una serie convincente. Un libro de 700 páginas de Stone y del historiador Peter Kuznick acompaña el programa en ocho partes; suministra más detalle y cubre más aspectos que las entregas en Showtime, y permite que los espectadores obtengan un entendimiento aún mejor de nuestra “historia no contada”.

El Episodio 7, que trata sobre todo de la Guerra en Vietnam (o Segunda Guerra de Indochina como también la llaman), me fascinó. Stone expía cualquier culpa que ha sentido por haber sido soldado en Vietnam, presentando en vívido detalle los horrores de la guerra, su violencia asesina. Llegué a la edad política en esos años, y me volví a indignar al ver la caída de las bombas y del defoliante, las víctimas gritando, y los políticos y generales mintiendo. Será un día alegre cuando muera ese mentiroso magistral y criminal de guerra Henry Kissinger y se una a sus secuaces en la matanza masiva, Lyndon Johnson y Richard Nixon. Su nombre debiera convertirse en sinónimo de asesino.

La matanza llevada al Sudeste Asiático por EE.UU. es abrumadora, como documentan Stone y Kuznick:

· Casi cuatro millones de vietnamitas muertos.

· Más bombas lanzadas sobre Vietnam que por todas partes en todas las guerras anteriores en toda la historia, y tres veces más que las lanzadas por todos los participantes en la Segunda Guerra Mundial.

· 72.000.000 litros de herbicida envenenaron el país.

· 9.000 de 15.000 aldeas destruidas en el Sur de Vietnam.

· En el Norte, las seis ciudades industriales devastadas; 28 de 30 ciudades provinciales y 96 de 116 ciudades de distrito arrasadas por los bombardeos.

· EE.UU. amenazó trece veces con usar armas nucleares. Nixon regañó a Kissinger por ser demasiado aprensivo al respecto. Nixon dijo que a él le importaba un comino.

· Después de la guerra, bombas y minas sin explotar quedaron por doquier y costaron otras 42.000 vidas. Millones de hectáreas de tierra aún no están limpias de munición activa.

· El Agente Naranja y otros defoliantes han causado graves problemas de salud a millones de vietnamitas.

· Casi todos los bosques de triple cubierta fueron destruidos.

· 3.000.000 toneladas de munición cayeron en 100.000 sitios durante la guerra “secreta” en Camboya, causando una desarticulación social generalizada, la destrucción de cultivos y hambruna. La campaña de bombardeo de EE.UU. en Camboya fue directamente responsable del ascenso de los Jemeres Rojos bajo Pol Pot y el genocidio que tuvo lugar posteriormente (EE.UU. realmente se puso de parte de Pol Pot cuando tropas vietnamitas finalmente terminaron su reino de terror). Stone y Kuznick citan a un oficial de los Jemeres Rojos.

Después de cada bombardeo, llevaban a la gente a ver los cráteres, a ver lo grandes y profundos que eran, a ver cómo la tierra había sido arrancada y carbonizada… La gente común y corriente a veces se hacía en sus pantalones cuando caían las bombas grandes y los obuses. Sus mentes simplemente se paralizaban y andaban mudos durante tres o cuatro días. Aterrorizada y medio demente, la gente estaba dispuesta a creer lo que le decían. Fue a causa de su disgusto por los bombardeos por lo que siguió cooperando con los Jemeres Rojos, enviando a sus hijos para que se fueran con ellos… A veces las bombas caían sobre sus hijos pequeños y sus padres apoyaban totalmente a los Jemeres Rojos.

· 2.756.941 toneladas de munición se lanzaron en Laos en 113.716 sitios. Gran parte del paisaje laosiano resultó

strozado. 

En una conferencia de prensa en 1977, respondiendo a la pregunta de un periodista sobre si EE.UU. tenía una obligación moral de ayudar a reconstruir Vietnam, el presidente Jimmy Carter dio la infame respuesta:

La destrucción fue mutua. Fuimos a Vietnam sin ningún deseo de capturar territorio o de imponer la voluntad estadounidense a otra gente. No pienso que debamos pedir disculpas o castigarnos o asumir el estatus de culpabilidad. 

¿Mutua? La declaración de Carter refleja tanto la arrogancia del poder como un sentido vulgar del fariseísmo imperial. Hubo 58.000 soldados estadounidenses muertos durante la guerra, más de 300.000 heridos y mucha enfermedad mental y física, suicidios, familias destrozadas, y otros tipos de sufrimientos. Stone captura maravillosamente todo esto con una declaración hecha a un periodista por una madre cuyo hijo estuvo en My Lai: “Les di un buen muchacho y me devolvieron un asesino”. Pero sea lo que sea lo que sucedió aquí, palidece en comparación con lo que pasó allá. No hubo absolutamente ninguna mutualidad, y es obsceno decir que la hubo. Lo que EE.UU. hizo en Vietnam, Camboya y Laos es una de las peores atrocidades del Siglo XX. Si los pueblos del Sudeste Asiático nos hubieran hecho a nosotros lo que nosotros les hicimos a ellos, y la misma proporción de nuestra población hubiese muerto como en Vietnam, el muro del Vietnam Memorial tendría unos 20.000.000 nombres.

Nuestros gobernantes políticos han continuado desde 1975, cuando el ejército norvietnamita y el Frente de Liberación Nacional liberaron con medios militares su país, no solo borrando los horrores de Vietnam de la memoria pública sino presentando la guerra como lo que el presidente Reagan llamó “una causa noble”. Desde que asumió su cargo, el presidente Obama, admirador de Reagan, ha ido más lejos que ningún otro presidente al hacerlo, intentando perpetrar otra atrocidad estadounidense, pero de otra forma que la guerra, al proclamar la “Conmemoración de la Guerra de Vietnam”. La Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2008 autorizó al Secretario de Defensa para que organice eventos para conmemorar el 50 aniversario de la Guerra de Vietnam. Una conmemoración de trece años se prevé, desde Memorial Day 2012 hasta el 11 de noviembre de 2025.

En su Proclamación que nos insta a todos a participar en lo que equivale a una orgía de autocongratulaciones y olvido, el presidente Obama dijo:

Al observar el 50 aniversario de la Guerra de Vietnam, reflexionamos con solemne reverencia sobre el valor de una generación que sirvió con honor. Rendimos tributo a los más de 3 millones de soldados hombres y mujeres que dejaron a sus familias para servir valientemente, a un mundo lejos de todo lo que conocían y de todos los que amaban. Desde Ia Drang a Khe Sanh, de Hué a Saigón e innumerables aldeas entre ellas, presionaron a través de selvas y de arrozales, el calor y los monzones, combatiendo heroicamente para proteger los ideales que valoramos como estadounidenses. Durante más de una década de combate, por aire, tierra y mar, esos orgullosos estadounidenses defendieron las mejores tradiciones de nuestras Fuerzas Armadas. 

Esto me dio ganas de llorar. Decenas de miles de vietnamitas sospechosos de insurgentes o simpatizantes asesinados en el Programa Phoenix de la CIA; el alejamiento por la fuerza de más de cinco millones de aldeanos de sus hogares a “Aldeas Estratégicas”; prisioneros políticos encarcelados y torturados en “jaulas de tigres”; el bombardeo intencional de diques y hospitales norvietnamitas; el asesinato de 500 mujeres, bebés, niños y ancianos (muchos fueron primero violados y masacrados después) por soldados estadounidenses en My Lai. ¿De qué clase de valerosos esfuerzos estamos hablando? ¿Qué clase de grandiosos ideales albergaban?

El Secretario de Defensa debe organizar todos los programas de la Conmemoración para satisfacer los siguientes objetivos.

1. Agradecer y honrar a los veteranos de la Guerra de Vietnam, incluidas personas mantenidas como prisioneras de guerra (POW) o mencionados como desaparecidas en acción (MIA), por su servicio y sacrificio por cuenta de EE.UU. y para agradecer y honrar a las familias de esos veteranos.

2. Destacar el servicio de las Fuerzas Armadas durante la Guerra de Vietnam y las contribuciones de agencias federales y gubernamentales y de organizaciones no gubernamentales que sirvieron en las Fuerzas Armadas o las apoyaron.

3. Rendir tributo a las contribuciones en el frente interior por el pueblo de EE.UU. durante la Guerra de Vietnam.

4. Destacar las progresos en tecnología, ciencia, y medicina relacionados con la investigación militar realizada durante la Guerra de Vietnam.

5. Reconocer las contribuciones y sacrificios de los aliados de EE.UU. durante la Guerra de Vietnam.

Son todos horrendos, pero el cuarto punto sería digno de los nazis.

El actual presidente de la Conmemoración es el exsenador por Nebraska y veterano de Vietnam Chuck Hagel. También está siendo considerado para ser el próximo Secretario de Defensa. Si es así, se convertirá en el principal organizador de todo lo relacionado con ella. Algunos progresistas afirman que Hagel será una de las pocas voces de razón y decencia en la cumbre de la máquina asesina de EE.UU. ¿Pero cuán razonable y decente puede ser un hombre que acepte presidir sobre ese montón de mentiras?

Espero que los radicales hagan todo lo que puedan para contrarrestar esa celebración de atrocidades. La revista Monthly Review, en la que participo, publicará una serie de ensayos de nuestros archivos, así como colaboraciones recientes sobre la guerra. La primera de ellas fue publicada en noviembre de 2012, una maravillosa reseña de la película de Oliver Stone, Platoon, por el exmarine Leo Carley, quien fue envenenado por Agente Naranja y murió demasiado joven por sus efectos. Es un buen antídoto para los intentos más recientes de reescribir la historia de la guerra en el Sudeste Asiático. No hay que olvidar jamás la Guerra de Vietnam. Fue una mancha sobre nuestro país y sobre la humanidad en sí. Glorificarla es un crimen ignominioso. En su lugar deberíamos honrar al pueblo vietnamita, que combatió con más valor y sufrió más por su liberación del dominio extranjero de lo que hicimos por la nuestra.

 

MICHAEL D. YATES es editor asociado de la revista Monthly review. Es autor de Cheap Motels and Hot Plates: an Economist’s Travelogue y de Naming the System: Inequality and Work in the Global Economy. Es editor de Wisconsin Uprising: Labor Fights Back. Contacto: Mikedjyates@msn.com

 

 

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/01/10/oliver-stone-obama-and-the-war-in-vietnam/

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