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Trujillo, Balaguer y Leonel

POR RAFAEL NUÑEZ

Cuando mataron al tirano dominicano, era un niño que apenas caminaba. No había cumplido los tres años, de manera que las informaciones que tengo en mi disco duro, las incorporé leyendo publicaciones, asistiendo a charlas y observando audiovisuales sobre la Era de Trujillo. No puedo tener, pues, vivencias que me recuerden nada de aquella época.

La cara oscura del dictador es bien conocida y repudiada hasta por sus colaboradores que aún viven. El régimen no podía ser más opresor, criminal y todo lo que se pueda adjetivar con tal de calificarlo como violador de los derechos humanos. Hay otra faceta que tiene que ver con el desarrollo de infraestructura, que los anti trujillistas omiten, pero no abundo en ello porque no soy ni pretendo ser apologista del trujillismo.

No albergo temor alguno de que puedan estigmatizarme porque planteo mi parecer independiente, sin narigoneo del pro ni de anti trujillistas. En una cosa sí estoy claro: la libertad de la que gozo con mi familia y amigos es producto de la sangre derramada por valientes dominicanos, y ese solo elemento es suficiente para estar feliz de no vivir en una dictadura.

Cuando hacemos historia, periodismo, cine, investigación científica o cualquier otra actividad profesional cuyo fin sea acercarnos a la realidad de los hechos pasados y presentes, debemos quitarnos la venda de la pasión religiosa, política, étnica, racial, o de los egos desenfrenados. El investigador tiene que hacer un gran esfuerzo para no apasionarse o lucir tendencioso, de manera que el producto final de su trabajo se perciba con el crisol de la independencia, de manera que el público tenga la oportunidad de sacar conclusiones propias.

Un documento histórico tiene más contundencia que cien páginas de palabras afirmando que Trujillo fue un criminal. En definitiva, no son los personajes quienes construyen la historia, son las fuerzas sociales y las circunstancias que llevan al ser humano a jugar un rol en un determinado momento. Como dijo José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias”.

Rafael Leonidas Trujillo no es la figura que conocemos solo porque dependiera de sus egos. En definitiva, hay responsabilidad también de las fuerzas sociales que lo auparon en circunstancias muy específicas. No se debe vender la idea, pues, de que fue un dictadorcito amanerado porque tenía voz aflautada, o un renacuajo que no tenía dominio de sus emociones.

Desde antes de sustituir al otro dictador, Horacio Vásquez de la Presidencia de la República, Rafael L. Trujillo Molina fue capaz de poner a las órdenes de su causa política futura, a la intelectualidad de entonces; me refiero a Manuel Arturo Peña Batlle, Rafael Estrella Ureña, J. María Incháustegui, Albert Font Bernard, Domingo Moreno Jiménez y Joaquín Balaguer, entre otros. ¿Fue por ser un tarado o falto de inteligencia que Trujillo puso a su servicio a las mentes más lúcidas del país? Rotundamente no.

Cuando se pasa balance de los 31 años de aquellos gobiernos, nos ocurre como en la pelota, que una vez auscultamos cualidades en uno de nuestros deportistas, adoptamos uno de dos extremos. Decimos que se trata de un súper astro de la disciplina, o murmuramos por lo bajo y en los diarios de circulación nacional, escribimos que Fulano y Zutano son unos fracasados. El extremismo y la pasión son dos cualidades en nuestras cortas perspectivas para analizar personajes y hechos.

Lo propio ocurre cuando se habla del doctor Joaquín Balaguer, de quien en mi época juvenil, que esa sí la viví, escuché horrores del líder de los reformistas. Nadie tiene que contarme, por ejemplo, que fueron los mismos anti balagueristas de hoy, los artífices de las campañas contra el más ducho de quienes han ostentado el poder. Desde muñequito de papel, pasando por la acusación de homosexual, dicho con palabras que me las ahorro, soportó estoicamente Joaquín Balaguer Ricardo. De sus actuaciones, sus omisiones y desenfrenos, nadie me puede contar. El encabezó tres períodos de gobiernos que, en términos de libertades públicas, son aborrecibles. También hay que decir a favor de la verdad histórica, el contexto en que asumió el gobierno en 1966. Fueron sus más enconados defensores que le dieron la oportunidad de oro para que después de la era de los 12 años, Balaguer resurgiera como el Ave Fénix para que pudiera hacer 10 años más, con un estilo de gobernar adecuado a las circunstancias, lo que para muchos representó su reivindicación en el orden político.

A las generaciones que pertenecen nuestros hijos y nietos no se les debe vender imágenes distorsionadas de los actores políticos que jugaron un rol estelar en nuestra historia reciente. Cuando desdibujamos la personalidad de ellos, estamos manipulando la realidad. Si no los presentamos como fueron, quitamos la oportunidad a los jóvenes de que vean todas las facetas. Ni Trujillo ni Balaguer fueron renacuajos políticos. Se puede estar en desacuerdo con ellos, y de hecho, buena parte de este país reprocha sus estilos, pero tenemos que presentar las dos caras de la moneda, si el objetivo de la obra es hacer historia, ya sea audiovisual o un documento impreso que sirva para la posteridad. Si uno es parte afectada por esos gobiernos, lo mejor es guardar distancia y no embarcarse en escribir la historia desde un solo ángulo.

Desde Horacio Vásquez hasta nuestros días, se puede afirmar que Trujillo, en los 31 años de dictadura, y Balaguer, en sus primeras tres administraciones, violentaron los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos, pero si se escribe la historia sin pasión, debemos colocarlos en su justa dimensión, pues cuando tratan de empequeñecerlos políticamente por envidia, mezquindad o problemas personales, quien lo hace se disminuye a sí mismo y a quienes los adversaron. Los héroes del 30 de mayo no pueden sentirse felices cuando se afirma que a quien mataron fue un mequetrefe o dictadorcito.

En la última etapa histórica, hemos tenido la fortuna de vivir en democracia, de tener a otro líder, Leonel Fernández, quien tras la muerte de Peña, Balaguer y Bosch, ha sido presidente en múltiples ocasiones, igual que Horacio Vásquez, Ulises Heureaux, Pedro Santana, Rafael L. Trujillo y Joaquín Balaguer, con la diferencia de que el hijo de doña Yolanda ha gobernado democráticamente, promoviendo y respetando los derechos fundamentales de los dominicanos, y auspiciando el desarrollo del país, aparte de que no usó el cargo para hacer una modificación constitucional que le permitiera perpetuarse en el poder de manera continua.

TOMADO DE DIARIO LIBRE

 

ANTONIO DE LA MAZA, UNO DE LOS QUE MATARON AL “JEFE”

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Un error involuntario llevó a colocar en la columna del pasado lunes la foto del héroe nacional Antonio de la Maza Vásquez y al pie el nombre de Johnny Abbes García, el tenebroso y sanguinario jefe del Servicio de Inteligencia Militar de la dictadura de Trujillo.

No basta una simple excusa para tan grave error… Se requeriría un mea culpa de todos los que intervinimos en la redacción, el diseño y la publicación de la columna. Porque el pie salió correcto con el nombre de Abbes García, lo incorrecto fue publicar la foto del héroe De la Maza en el espacio equivocado.

A De la Maza ni siquiera se le menciona en la columna, que se refiere específicamente a la película “El Teniente Amado”, de Huchi Lora, que sí resalta el rol infame de Abbes García como jefe del SIM y torturador de La 40.

Entre todas las comunicaciones para hacerme notar el error, reproduzco la de Oscar Antonio de la Maza, presidente de la Fundación Hermanos de la Maza:

“Nos referimos a su artículo de hoy, ‘La película de Huchi Lora’, publicado en el periódico Listín Diario en el que aparece una foto de Antonio de la Maza y debajo el nombre del siniestro Johnny Abbes García.

“Conociendo su trayectoria, creemos que se trata de un error del periódico; no obstante, como está calzado con su firma, le solicitamos encarecidamente encaminar los pasos que considere pertinentes para que sea enmendado ese error.

“Con las gracias anticipadas, Ing. Oscar Ant. de la Maza”.

A propósito, de De la Maza…
Antonio de la Maza proviene de una familia de estirpe patriótica, originaria de Moca, provincia Espaillat.

Su padre, Vicente de la Maza, participó en el magnicidio del presidente Ulises Hereaux, Lilís, en 1899, junto a Horacio Vásquez –su cuñado–, Ramón Cáceres y Ramón de Lara.

Antonio, que nació en 1913, catorce años después de la muerte de Lilís, fue antitrujillista desde el mismo inicio de la dictadura. A los 18 años, en 1931, se tiene registro de su primer arresto por distribuir octavillas contra Trujillo en la escuela normal de Moca.

Su padre Vicente, ya retirado de la política y en un apacible y cómodo retiro de la vida pública, tuvo que “hablar con la autoridad” para que el asunto no pasara de una “simple muchachada”. Ayudó también que era sobrino de Horacio Vásquez, que aunque ya muy enfermo, todavía se le respetaba en los círculos de poder.

Se dedicó por toda su vida a la industria maderera, y se fue acomodando al régimen hasta que en 1957 la dictadura asesinó a su hermano Octavio, piloto de la Aviación Militar a quien Trujillo involucró en el traslado clandestino a la isla del profesor vasco Jesús de Galíndez, secuestrado en Nueva York.

De la Maza fue el más resuelto complotado contra Trujillo. Se asegura que hizo el primer disparo mortal contra el dictador, con una escopeta 12 recortada, con cartuchos recargados…

A propósito, la película…
En su columna del lunes en El Nacional, Euclides Gutiérrez Féliz refresca un dato que indirectamente afecta en parte la película de Huchi Lora, para quienes quieren ajustarla al rigor histórico.

La película deja claro que el odio de Amado García Guerrero hacia la dictadura se acentuó cuando lo obligaron a asesinar de un balazo en la cabeza al hermano de su novia –que estaba encapuchado– para probar así su lealtad al régimen.

Pero resulta que el hermano de la novia de García Guerrero murió asesinado por la dictadura, pero en otras circunstancias…

…Cayó abatido mientras intentaba asilarse en la embajada de Nicaragua, que había confundido con la embajada de Argentina, en la avenida Independencia con Máximo Gómez.

La novia de “Amadito”, como le llamaban sus íntimos al teniente García Guerrero, era la licenciada en farmacia Luisa Gil. Su hermano asesinado era René Gil.

Pertenecían a una distinguida familia de La Romana considerada desafecta a la dictadura.

La película de Huchi Lora

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Fui al cine a ver la película de Huchi, “El Teniente Amado García Guerrero”. Es un documento fílmico interesante y como tal tiene que ser ponderado y reconocido el esfuerzo de sus productores.

No puede nadie pensar que se trata de una gran producción cinematográfica, pero tiene buen ritmo, mantiene el interés del espectador y se distancia en mucho de las comedias de televisión que aquí suelen llamar “películas” .

Fui a verla con mi nieto Pedro Augusto, que al mismo tiempo es bisnieto de uno de los complotados en la muerte de Trujillo que resultó herido en el ajusticiamiento, Pedro Livio Cedeño… Pedrito, orondo, quiso esperar que yo viniera de España para ver la película conmigo y le explicara cada cosa en vista de que su padre está aquejado de salud.

Ese detalle conllevó para mí un esfuerzo adicional porque a sus 10 años el nieto tiene mucha referencia de la heroicidad del bisabuelo, y el atentado para matar a Trujillo forma parte de la historia íntima de su familia paterna.

Para su entendimiento, algunos detalles de la película resultaron confusos. La personalidad desdibujada de Trujillo, por ejemplo, le llamó mucho la atención, y al finalizar la película me llegó un aluvión de preguntas que me impusieron interpretaciones sobre interioridades de la filmación que ignoro por completo. Pero sobre la historia del dictador, su personalidad, sus perversidades, sus crímenes, sus robos… le expliqué muchas cosas.

¿Tenía Trujillo la personalidad esquizofrénica y ridícula que se proyecta en el film…? Claro que no. Con el agravante de que la historia no se puede descontaminar. Las cosas son como son, no como uno quisiera que sean.

No era un mequetrefe…
El dictador era cruel, asesino, impiadoso con sus enemigos… Pero su personalidad distaba mucho del mequetrefe desquiciado que pinta la película. Trujillo fue un hombre elegante, siempre bien aliñado, de gran personalidad, esbelto y de porte distinguido. Nada que ver con este regordete de voz afeminada que estallaba en cólera sin razón y que chillaba como un loco lanzando improperios a diestra y siniestra. El tono de voz de Trujillo era chillón y grave, que no afeminado… La historia de Trujillo, incluido el episodio que condujo a su muerte en la carretera de San Cristóbal, está llena de acontecimientos que demuestran su valor personal y militar. En la película de Huchi, incluso, se mantiene fiel la versión de que el dictador aún herido de muerte enfrentó a sus atacantes.

La película desdibuja por completo la recia personalidad de un hombre que gobernó a sangre y fuego por más de 30 años, que se rodeó de las mentes más lúcidas de su época y que demostró habilidades para dirigir un país de característica rural en la primera mitad del siglo XX. Ese mequetrefe que sale en la película no habría gobernado la República Dominicana ni un solo día en ninguna época .

Mucho menos haberse erigido en ley, batuta y constitución durante 30 años en una sociedad díscola que ha ejecutado cuatro magnicidios en su corta historia .

…Y el teniente Amado
La historia del temiente Amado García Guerrero es bastante fiel. Presenta a un joven militar de comprobado valor que desafió la dictadura desde el núcleo más íntimo del gobierno y jugó un rol determinante en la ejecución del atentado que descabezó la dictadura.

Es resaltante la actuación del actor que encarna el personaje… Pero quien realmente se luce en la película es el actor que personifica al cruel jefe del Servicio de Inteligencia Militar, John Abbes García.

Igual reconocimiento debe merecer el actor que hace el papel del Capitán Andújar, mano derecha de Abbes y enemigo jurado del teniente García Guerrero, un sádico oficial del SIM que, aunque no se documenta su existencia en la vida real, bien pudo haber sido cualquiera de los tantísimos torturadores de la 40. La película de Huchi no es como para ganar un Oscar de la Academia Cinematográfica de Hollywood, pero como documento histórico hace justicia a un auténtico héroe nacional.

¡…Hay que verla!

 

AQUEL INGRATO 25 DE SEPTIEMBRE DE 1963

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English: Mural of Francisco Alberto Caamaño Deño in Bonao, Dominican Republic (Photo credit: Wikipedia)

Escribe: Fulgencio Espinal

            Las intensas jornadas de agitación social que habían precedido al 25 de septiembre de 1963, vislumbraban el desenlace fatal contra la  constitucionalidad consagrada en las urnas el 20 de diciembre de 1962.

            El gobierno revolucionario encabezado por el presidente Bosch había dado señas de identidad que disgustaron al triangulo de la oligarquía integrado por la jerarquía católica, la patronal económica y los generales trujillistas terratenientes, consideraron “lesiva” a sus interés la nueva constitución democrática proclamada el 29 de abril de 1973.

            Excluido el concordato Trujillo-Pio XII y la declaración del Estado Laico desató la furia de los infiernos en la curia vaticana, articulándose un movimiento sedicioso “amenaza de la fe” gritaba los cursillistas de cristiandad militares, los mítines de reafirmación cristiana semanales con la concurrencia de cruzados, sacerdotes e hijas de María sazonaban la tribuna política contra “la constitución materialista” denunciada en sucesivas pastorales publicadas por los obispos, a la campaña contra el “comunismo ateo y disociador” se unieron la patronal de Industrias y la Asociación de Hacendados, unos contra el programa de justicia social perredeista (bodegas populares, precio tope del azúcar y cooperativización de las empresas e ingenios estatales),  otros gritaban “amenaza a la propiedad privada” de la ley de Reforma Agraria que condenaba el minifundio y latifundio. Esa ley, fundamental para el desarrollo de la masa campesina (70% de la población) asustó a los generales y coroneles que se apropiaron ilegalmente de fincas de la Hacienda Fundación (latifundio millonario propiedad de Trujillo), ya que la ley de “Expropiación” las obligaba disponer lo robado para entregarla a los campesinos sin tierra.

            Las “señas de identidad” escribió el periodista  del New York Time Tabb Zsulc, del experimento boschista, “rebelaron” al clan oligárquico enemigo de la democracia con justicia social”.

            A mediados de Julio Bosch denunció que en nombre del “anticomunismo” se conspiraba desde San Isidro señalando al Capellán católico Marcial Silva orientador del plan sedicioso, y apuntando ese activismo en el centro de Enseñanzas de las FAD comandado por el coronel Elías Wessin, la gravedad de la denuncia alertó  el señor Elías Wessin y Wessin, la gravedad de la denuncia alertó al señor Sacha Volman, director del Centro Interamericano.

            Democrático de Desarrollo Social (CIDES) a trabajar por elevar la capacidad de combate de la ciudadanía contra la conspiración oligárquica.

            ¿Quiénes eran Sacha Volman y el CIDES? Volman de nacionalidad rumana-americana, hombre de excelentes relaciones con el gobierno de Kennedy, era asesor político de Bosch y desde el CIDES ayudaba a la gobernabilidad, mantenía excelente relaciones con juventud del PRD y particularmente con José Francisco Peña Gómez, director de Tribuna Democrática. El CIDES funcionaba como Escuela de Formación Política, realizaba cursos y seminarios de formación de “cuadros para la democracia”, la derecha lo denunciaba “centro de adoctrinamiento comunista”. Volman estaba claro en preparar la resistencia en defensa de la democracia con esa finalidad llegó a tener contacto con Manolo Tavarez Justo, líder de la Agrupación política 14 de junio, intentaba coordinar acciones de masas para contrarrestar la conspiración.

            Pero todo fue muy rápido, huelgas de maestros, trabajadores de la CDE y de la administración autónoma, allanaron el camino para el éxito del paro patronal que cerró el alto comercio en Santo Domingo y en Santiago, calificando al gobierno de comunista.

            La tarde del 24 de septiembre, día de las mercedes, no encontraba en el hotel Paz, allí vi al presidente Bosch y a su “asesor” Sacha Volman, preocupados con el movimiento de los militares en San Isidro (en nombre de la Virgen) habían decidido derrocar a Bosch. Y efectivamente, esa madrugada decidió derrocar el gobierno del pueblo. Los guardias juramentaron un Triunvirato de la oligarquía, deportaron al presidente Bosch y derogaron la constitución y sus derechos y libertades ciudadanas.

            Una semana después los estudiantes desatamos la desobediencia civil en la UASD, llamamos al pueblo “rebelarse contra el gobierno golpista”, durante dos días de combate (piedras Vs. Bombas y tiras) mantuvimos en la raya a las tropas antimotines de la Lotería Nacional.

            En medio de un alto de las hostilidades, conversamos con el jefe de las tropas, el joven coronel Francisco Caamaño. El vino a nosotros en son de paz, “yo” en mi calidad de “periodista” me monté en su carro Rambler acompañado  de cuatro estudiantes le eché en cara que el aparecía en el manifiesto golpista  de las FAD firmando el derrocamiento del gobierno del pueblo. El negó que hubiera firmado. “Eso fue inconsulto, yo no soy cómplice de lo que han hecho otros”,  Vislumbrando la esperanza del 24 de abril de 1965.

Principios de la crisis de la dictadura Trujillista

Trujillo y colaboradores reciben representante del Vaticano
A pesar que desde 1951 todo aparato de la dictadura, había iniciado la acostumbrada campaña propagandística a fin de proclamar una vez más en 1952 la “necesidad de la reelección de Trujillo”, ese último año el déspota decidió recomendar a la asamblea de su partido al general Héctor Bienvenido Trujillo Molina como candidato a la Presidencia de la República para las elecciones de mayo, las cuales transcurrieron en medio de la “paz y la tranquilidad” habituales.
El acto de juramentación celebrado el 16 de agosto de 1952, fue una ceremonia gris. El nuevo presidente no pronunció discurso alguno. Asistió al evento como invitado el dictador de Nicaragua Anastasio Somosa.
El mismo día de su juramentación, mediante decreto, el nuevo Presidente de la República designó a Trujillo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Para entonces la dictadura se encontraba férreamente consolidada pues la oposición había sido totalmente liquidada y al amparo de la “guerra fría”, Washington estrechó aún más sus vínculos con el régimen dominicano. Había contribuido a ello la extraordinaria red de cabilderos que Trujillo tenía contratados en los altos círculos del poder de los Estados Unidos, para cuyo mantenimiento el país erogaba sumas fabulosas.
Esta red envolvía a altos militares, relacionadores públicos, abogados, senadores, miembros de la Cámara de Representantes, diplomáticos y hasta funcionarios del Departamento de Estado.
Entre los más activos cabilderos se encontraban Joseph E. Davis, quien desplegó grandes esfuerzos para hacer más fructífero el viaje que a finales de 1952 realizó el dictador dominicano a Estados Unidos. Otro cabildero de importancia lo era Franklin D. Roosevelt, hijo.
Durante ese viaje, Trujillo fue elogiado por el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Fred N. Vinson, quien comparó al dictador dominicano con Washington, usando las siguientes palabras:”El generalísimo Trujillo es uno de los pocos hombres que tienen el privilegio en el mundo de haber encendido la antorcha de la civilización, lo mismo que hizo Washington a los Estados Unidos, para procurar el bien, el progreso y la prosperidad de su pueblo”. (E. Rodríguez Demorizi. Cronología de Trujillo. Pág.227. Impresora Dominicana. 1955).
El déspota además fue recibido y agasajado por David Bruce, Secretario de Estado en funciones, por el contralmirante Franc C. Nash; fue objeto de atenciones de John Foster dulles, Secretario de Estado; fue recibido también en enero de 1953, por el Presidente Truman, próximo a cumplir su mandato presidencial, y el 6 de marzo, por Dwight D. Eisenhower, en ese momento Presidente de Estados Unidos. Trujillo en calidad de Canciller del gobierno dominicano, cargo para el que fue nombrado semanas antes, firmó en nombre de la República con el gobierno norteamericano un Tratado de Defensa Mutua.
El déspota dominicano realizó varios viajes a Estados Unidos, y otro a España, Italia y el Vaticano, entre junio y agosto de 1954. en suelo Ibérico, el tirano dominicano, quien desde hacía muchos años había realizado esfuerzos por el ingreso de ese país a las Naciones Unidas, y a favor de un acuerdo entre España y los Estados Unidos, fue recibido por el dictador Francisco Franco con todos los honores.
En el vaticano, el 15 de junio de 1954, en su calidad de Ministro Plenipotenciario, firmó un Concordato con la Santa Sede en representación del gobierno dominicano. Ese mismo día fue recibido por el Papa Pio XII, con “celestiales bendiciones”. Ya antes, el Secretario de de Estado del Vaticano, monseñor Tardini, le había condecorado con la gran Cruz de la Orden Piana.
En 1930 la sociedad dominicana se encontraba organizada sobre la base de una institución estatal débil, apenas en vías de consolidación, pero que actuaba como elemento regulador de los conflictos sociales mediante la puesta en práctica de mecanismos democráticos.
La burocracia civil y militar de ese Estado era muy reducida y particularmente el ejército apenas tenía 2,000 miembros. De acuerdo con los lineamientos constitucionales, el poder civil prevalecía sobre el militar.
El estado dominicano de 1955 era totalmente distinto del existente en 1930, pues ante todo había dejado de ser el elemento regulador de los conflictos sociales, pasando a ser instrumento político y represivo de un pequeño grupo burocrático civil y militar, utilizado casi exclusivamente para la acumulación y concentración de capitales.
Puesto que en este nuevo papel el Estado dominicano tenía necesariamente que abandonar los mecanismos democráticos existentes en 1930, se hizo imperativo el desarrollo máximo de los instrumentos represivos. Ello explica el paso de un ejército compuesto de lago menos de 2,000 soldados en 1930, a una fuerza armada en 1955 integrada por 25,000 miembros.
En 1930 el orden público era controlado en todo el país por policías municipales y su número no llegaba a los 800 miembros. El nuevo Estado que Trujilo fue conformando, paso a paso, convirtió a la Policía Nacional en otro ejército de cerca de 10,000 miembros al servicio de la dictadura, es decir, con una orientación y práctica marcadamente políticas.
El Estado Dominicano de 1955 poseía otros aparatos militares, inexistentes en 1930, como la Marina de Guerra, con cerca de 4,000 miembros y unos 15 buques; la Fuerza Aérea Dominicana, con cerca de 100 aviones y unos 5,000 miembros, incluyendo su infantería; por último debemos de citar el Servicio de Inteligencia Militar, un cuerpo absolutamente dedicado al espionaje, al crimen y la represión.
Es importante notar que el SIM, como popularmente le denominó el pueblo, tenía una sección dedicada al espionaje y el crimen en el extranjero. Esa sección fue la que se encargó y el crimen en el extranjero.
Esa sección fue la que se encargó de los asesinatos de Sergio Bencosme en 1935 en New York; de Pipí Hernández en La Habana en 1950; de la desaparición del dirigente obrero Mauricio Báez, ocurrida también en La Habana en 1950; de la muerte del desaparecido periodista y novelista Andrés Requema, en 1952 en New York; de la captura y posterior muerte del escritor español Jesús de Galíndez, en 1956, y de otros que harían muy larga lista.
Otros instrumentos políticos y represivos menores merecen ser mencionados, pues aunque de vida efímera, también jugaron un papel dentro del Estado dictatorial creado por Trujillo. Eran estos, La Guardia Universitaria, organización paramilitar para el control del estudiantado universitario; los Jinetes del Este, los Cocuyos de la Cordillera, estos últimos, organizados para el mantenimiento del orden político en los campos, bajo la supervisión de los Alcaldes Pedáneos.
El crimen de Galidez y Murphy contribuyó a que se operara un cambio en la conducta del gobierno norteamericano con respecto a la dictadura.
Para este cambio de enfoque en los altos círculos del poder de Estados unidos, jugó un papel de primer orden la prensa de ese país, pues prácticamente todo los principales periódicos mostraron signos de preocupación por el mantenimiento en el poder en el Caribe de un dictador que se permitía la libertad de matar y secuestrar impunemente en el propio territorio de los Estados Unidos. Merece mención aparte el papel jugado por The New York Times y el Washington Post. Estos dos diarios, a partir del caso Galíndez, ofrecieron especial cobertura a la situación dominicana.
Pero también Trujillo mismo contribuyó a este cambio de la prensa de Estados Unidos, no sólo con sus crímenes, sino también por convertir a la República Dominicana en refugio de los dictadores derrocados de América Latina. El primero en arribar al país fue el antinorteamericano general Juan Domingo Perón, ex presidente de Argentina, a finales de 1955. A éste le siguió el dictador colombiano general Rojas Pinilla derrocado en 1957 luego lo hizo el tirano venezolano Pérez Jiménez, al año siguiente.
Justamente en el mes de diciembre de ese 1958, perfectamente enterado del desarrollo de la lucha armada en Cuba contra el régimen de Fulgencio Batista, el “Benefactor” firmó con el dictador haitiano Duvalier un acuerdo de ayuda mutua para resistir cualquier amenaza a sus gobiernos.
El último tirano en ser recibido en Santo Domingo fue el sanguinario general cubano Fulgencio Batista, quién arribó la madrugada del 1ero de enero de 1959, tras ser expulsado del poder por el movimiento guerrillero “26 de Julio”, que encabezó el Dr. Fidel Castro Ruz.
La llegada al poder de Fidel Castro y sus revolucionarios “barbudos”, como fueron conocidos en todo el mundo, ocurría en un momento en que se desarrollaba en todo el continente una profunda corriente democrática antidictatorial, y fue en este espacio cuando por primera vez un pequeño ejército rebelde mal armado, vencía a un ejército profesional.
Este precedente abrió nuevas perspectivas a los luchadores antitrujillistas que vivían en el exilio y que sumaban ya varios miles. A esta situación favorable se le agregó el compromiso público asumido por el joven gobernante cubano de contribuir con la liberación del pueblo dominicano. Además, algunos dominicanos antitrujillista lucharon en las filas del ejército rebelde junto a Fidel , donde habían alcanzado posiciones de importancia.
A finales de enero, fue constituída, con sede en La Habana y delegaciones en New York, Caracas y San Juan, Puerto Rico, el Movimiento de Liberación Dominicana, entidad que tuvo a cargo el enrolamiento de los miembros del ejército guerrillero que serían entrenados en los campamentos Mil Cumbres y Madrugá, y el segundo, el primero situado en Pinar de Río, el segundo, a unos 70 kilómetros de La Habana.
Trujillo inició un arduo programa de fortalecimiento de sus fuerzas militares mediante la urgente compra de armas, municiones y aumentando sus filas en varios miles más. Para ese fin fueron usados 50 millones de dólares, además de 38 millones presupuestados ese año para la rama militar. Esta abrumadora suma destinada al programa de reforzamiento de la defensa del régimen de Trujillo, equivalía a casi el 50% del total del presupuesto nacional.
Ese programa envolvía también la organización de una legión extranjera, integrada por mercenarios contratados en Europa y los Estados Unidos. A cada oficial de este ejército se le ofrecían salarios de entre mil y mil quinientos dólares. En la legión extranjera fueron integrados muchos ex soldados batistianos y europeos que habían pertenecido a los ejércitos de Hitler y Musolini. Al frente de esta legión fue situado como jefe el general Fausto Caamaño, compañero de armas de Trujillo desde la ocupación militar norteamericana de 1916 – 1924.
Para reunir la suma requerida para fortalecer sus fuerzas armadas, el gobierno dispuso la promulgación de nuevos impuestos que afectaron a las exportaciones, la industria y el comercio. Así mismo la ley No.5144 del 6 de junio de 1959, dirigida a afectar con un nuevo impuesto a casi todos los artículos de gran consumo como la leche, el pan, el arroz, las pastas alimenticias, el vestido, el calzado, los aceites lubricantes, y el cemento. Tales medidas impositivas ahondaron más el ya evidente deterioro de la economía nacional, profundizando a su vez la miseria en el seno del pueblo trabajador.
Para agravar más la situación económica del país, pese a que el 21 de enero fue promulgada la ley No. 5071 que prohibió toda exhortación o transferencia de divisas depositadas en los bancos nacionales, tanto Trujillo como sus familiares, y el pequeño grupo que componía la burguesía burocrática que le acompañaban en el disfrute sin límites del poder, dieron inicio a un desenfrenado proceso de depósitos de divisas en bancos de Estados Unidos y Europa debido a que sintieron el peso de la amenaza que veían venir sobre el régimen.
Se desconoce el monto total de las divisas sacadas del país por el “Benefactor” y su grupo durante ese año de 1959,pero expertos financieros lo estiman en superior a los 50 millones de dólares. Esa fuga de divisas, más las fuertes sumas invertidas en armamentos y pertrechos militares, dieron origen a un serio desequilibrio en la balanza de pagos y una carencia de dólares que afectó seriamente las importaciones, hecho que atizó el descontento entre los comerciantes.
TOMADO MUSEO MOMORIAL DEL LA RESISTENCIA

Teniente Amado fue trasladado herido desde lugar del tiroteo con el SIM

  • El teniente Amado García Guerrero, de 33 años, fue impedido por Trujillo de casarsecon su novia Luisa Gil porque un hermano de ella, René Gil, era adversario al régimen. Fue obligado a fusilar a un hombre con los ojos vendados, y la víctima resultóser el hermano de su novia.
Fernando Quiroz
Santo Domingo

La tía del teniente Amado García Guerrero, uno de los ajusticiadores del tirano Rafael Leonidas Trujillo, dijo en los interrogatarios del año 1961 que a su familiar se lo llevaron herido de su casa de la avenida San Martín, de esta capital, junto a ella .

Luego las autoridades emitieron un certificado donde establecía que el militar había muerto por impacto de varias balas, sin más especificaciones .

La señora América Pereyra García dijo, de acuerdo a un interrogatorio del 18 de junio de 1961, que su sobrino llegó a su casa 17 días antes y le pidió que lo dejara dormir en la casa por esa noche, lo que aceptó .

El teniente García Guerrero se tomó un café, leyó un periódico y no quiso cenar .

Luego de acostarse, indica el interogatorio, fueron llamando a la puerta de la casa y su sobrino se levantó y abrió la puerta haciendo disparos .

La interrogada dijo que después se enteró que el oficial había dado muerta a una persona .

“Inmediatamente después sucedieron varios disparos, cayendo mi sobrino herido dentro de la casa, donde penetraron Agentes del Servicio de Inteligencia Militar, los cuales se llevaron a mi sobrino que se encontraba herido en el suelo, y a mí”, agregó. El médico legista César Campillo Porro certificó, a requerimiento del fiscal del Distrito Nacional, “heridas de bala en diversas partes del cuerpo incluso en las regiones craneana y torácica”. En el documento, del 1 de junio de 1961, informó que la muerte del oficial se produjo a causa de las heridas recibidas .

 Roberto Pastoriza
Hizo el croquis de la emboscada Roberto Pastoriza, de 39 años, ingeniero civil, dijo en los interrogatorios que durante los meses de febrero, marzo, abril y mayo del 1961, llegaron en cierta oportunidad a abandonar el plan para matar a Trujillo, al tener noticias de que el dictador estaba enfermo de próstata y que tenía que ausentarse posiblemente del país a tratarse ese quebranto. “Pero la hipótesis de tal enfermedad no resultó cierta”, agregó .

Pastoriza dijo que hizo el croquis para la emboscada .

Fue asesinado en por Ramfis Trujillo, hijo del dictador, el 18 de noviembre de 1961, en Hacienda María, San Cristóbal .

 Tunti Cáceres
Puso el carro a 180 k/r Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti) contó que el 24 de mayo de 1961 fue con Antonio de la Maza y Huascar Tejeda en el carro Oldsmobile placa 11358 a la avenida George Washington .

“El señor de la Maza me dijo que desarrollara la máxima velocidad del carrollo al llegar a 180 kilómetros por hora, d4e repente me dijo: para rápido, lo que yo hice. Volvió y me dijo, dale otra vez, para o aguanta…”, dijo .

Del baúl de ese carro, señaló, lo mandaron en una ocasión a bajar un saco, lo que resultó escopetas y fusiles .

Tnti, de 22 años, era un conductor hábil .

El 30 de mayo estaba en Moca, donde la familia. Fue otro de los asesinados en Hacienda María .

 Estrella Sadhalá
En su casa planificaron la conjura Salvador Estrella Sadhalá declaró que el jueves de la semana antes de matar a Trujillo los conjurados fueron al lugar del plan, y se apostaron en los lugares, a la espera de que pasara el carro del dictador, pero suspendió su viaje esa noche porque estaba agripado .

En la casa de Estrella Sadhalá acordaron el plan, del cual tenía conocimiento su hermano César Augusto Estrella Sadhalá .

Estrella Sadhalá luego de confesarse en el Convento de los Dominicos, imposibilitado de encontrar refugio, se entregó al SIM. Fue asesinado en la Hacienda María el 18 de noviembre, a los 42 años .

 Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional
En Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, Capital de la República Dominicana, a los dieciocho días del mes de junio del año mil novecientos sesenta y uno, siendo las once horas de la mañana, fue conducido a nuestro Despacho el nombrado América Pereyra García, dominicana, de 69 años de edad, natural de Ciudad Trujillo, D.N., soltera, quehaceres domésticos, cédula Personal de Identidad No. 15204, serie 1ra., con domicilio y residencia en la Av .

San Martín No. 59, de esta ciudad, quien al ser interrogada por nosotros en relación al atentado criminal en el cual perdió la vida el Generalísimo Dr. Rafael L. Trujillo Molina, la noche del día treinta de mayo del año en curso, declaró lo que a continuación se expresa: “El día primero del presente mes de junio, llegó a mi casa, como a las tres de la tarde, mi sobrino 1er. Tte. Amado García Guerrero, A.M., quien me dijo que lo dejara dormir en mi casa, por esa noche, y yo le dije que sí. Después de estar en casa, tomó un poco de café, la pregunté si quería cenar y me dijo que no, luego tomó el periódico y se puso a leerlo y después de esto se acostó. Después de estar acostado fueron llamando a la puerta de mi casa y mi sobrino se levantó y abrió la puerta haciendo disparos, posteriormente me enteré de que dio muerte a una persona, inmediatamente después sucedieron varios disparos, cayendo mi sobrino herido dentro de la casa, donde penetraron Agentes del Servicio de Inteligencia Militar, los cuales se llevaron a mi sobrino que se encontraba herido en el suelo, y a mí. Eso es todo cuanto puedo informarles” .

Con lo que dimos por terminado el presente interrogatorio, que leído al declarante lo encontró conforme, requerido a firmar lo hizo junto con Nos, Procurador Fiscal y Secretario que certifica .

(Firmado) América Pereyra García, Declarante (Firmado) Dr. Teodoro Tejeda Díaz, Procurador Fiscal del Distrito Nacional (Firmado) Enriquillo J. García, Secretario” .

 Juan Tomás Díaz tenía 11 impacto de balas, de acuerdo a certificado  
El cadáver de Juan Tomás Díaz, uno de los líderes del ajusticiamiento contra Trujillo, tenía once impactos de balas, según el certificado del médico César A. Campillo, el 5 de junio de 1961. Las heridas fueron: a) Herida de bala con orificio de entrada en la región orbitaria izquierda, ángulo interno, sin orificio de salida .

b) Herida de bala en la región superciliar derecha sin orificio de salida. c) Herida de bala en la región parietal derecha sin orificio de salida. d) Herida de bala cara lateral externa del muslo derecho sin orificio de salida. e) Herida de bala en el hombro derecho sin orificio de salida. f) Herida de bala en la cara posterior del brazo derecho sin orificio de salida. g) Herida de bala en la región cervical izquierda sin orificio de salida. h) Herida de bala en la región escapular izquierda sin orificio de salida. i) Herida de bala en la fosa ilíaca izquierda sin orificio de salida. j) Herida de bala en la cara externa del muslo izquierdo sin orificio de salida. k) Herida de bala en la región inguinal derecha y salida cara anterior del muslo derecho .

 Las heridas de bala de Antonio de la Maza fueron siete, igual que las de Trujillo
El cadáver de Antonio de la Maza tenía siete impactos de balas. Las heridas fueron: a) Herida de bala con orificio de entrada en la región submaxilar derecha. b) Herida de bala con orificio de entrada en la región sub-clavicular derecha y salida en el 4to .

espacio intercostal derecho. c) Tres heridas de bala en la región anterior al muslo derecho. d) Herida de bala con orificio de entrada en la región glútea derecha. e) Herida de bala con orificio de entrada en la región lumbar izquierda .

f) Herida de bala con orificio de entrada en la región parietal izquierda. g) Herida de bala con orificio de entrada en la región posterior del brazo izquierdo y orificio de salida en la cara interna, tercio superior del brazo derecho .

La muerte se produjo a causa de las heridas recibidas .

 

Trujillo influenció la prensa hasta su muerteHoy se cumplen 52 años de su ajusticiamiento

Hoy se cumplen 52 años de su ajusticiamiento

POR MARIELA MEJÍA “Una mano criminal ha atentado contra la integridad de la Patria al atentar contra la vida del Generalísimo y Doctor Rafael Leónidas Trujillo Molina (…) esa grandeza, ese poder y esa fuerza los puso al servicio de su Patria, con un desprendimiento de alma que no tiene igual en ninguno de los próceres de la Independencia americana. De Trujillo aprendimos los dominicanos que el patriotismo es amor”.
La anterior cita se publicó en uno de los periódicos dominicanos, luego de conocerse el ajusticiamiento del dictador Trujillo el 30 de mayo de 1961 que, justo un día como hoy, ya cuenta 52 años.
Cuando quien suscribe esta nota hurgaba en el Archivo General de la Nación en decenas de periódicos publicados durante la Era de Trujillo (1930-1961), para el trabajo final de la maestría que cursaba, se encontró con el gran titular del periódico El Caribe del 1ro de junio de 1961: “Vilmente asesinado cae el benefactor de la Patria”.
El Caribe, que en ese entonces tenía una fuerte influencia de la dictadura, tituló su editorial: “Tragedia, dolor y lágrima”. En éste reseñó: “El repúblico insigne que logró para la República Dominicana las más brillantes y extraordinarias conquistas de civilización y de progreso ha muerto en la manifestación corpórea de la materia, pero su nombre ha pasado a la historia como uno de los hombres de mayores arrestos civilistas de la humanidad”.
En su editorial del 2 de junio de 1961, titulado “Unidad y continuidad”, el periódico La Nación se enfocó en el entierro de Trujillo: “El pueblo dominicano siguió y amó a Trujillo en vida y le amará y le seguirá después de su muerte, por haberse consagrado por entero a la Patria y por haberse dado a ella sin medir sacrificios. Las manos criminales que segaron su vida fueron manos que atentaron contra la integridad de la Patria”.
Las anteriores publicaciones son breves ejemplos del control mediático que la tiranía ejerció en la prensa, llegando la junta directiva de la Sociedad Dominicana de Prensa a emitir en ese entonces una resolución que condenó “la trágica muerte del Primer Periodista Dominicano, Generalísimo y Doctor Rafael L. Trujillo Molina”.
El miembro de la Academia Dominicana de la Historia, Ciriaco Landolfi Rodríguez, recuerda que “Trujillo fue un dictador severo y drástico, sobre todo un dictador”.
Hoy, 52 años después, la sociedad disfruta de libertad de expresión mientras sigue recordando el trujillismo con diferentes manifestaciones, rememoraciones que Landolfi considera “excesivas, exageradas y superlativas”. Asegura, además, que Trujillo aún no ha sido estudiado con el fundamento e imparcialidad que merece.
“La sociedad ha ganado mucho en estos 52 años. Es otra vida, otra realidad la que se vive después del 30 de mayo de 1961. Trujillo ya pasó a la historia, Trujillo ya no saca a una dama a bailar. Ya el caballero fue tal, murió y ya no tiene ninguna trascendencia”, concluye.
TOMADO DE DIARIO LIBRE

52 AÑOS DEL AJUSTICIAMIENTO DE TRUJILLO

Complot contaba con apoyo de “flota americana”

EXPEDIENTES DE LOS HÉROES DEL 30 DE MAYO
Conjurado. Huáscar Tejeda Pimentel conducía uno de los carros la noche del ajusticiamiento del dictador Trujillo.

Fernando Quiroz
fernand.quiroz@listindiario.com
Santo Domingo

Huáscar Tejeda Pimentel, quien condujo uno de los dos carros en el complot contra el dictador Rafael Leonidas Trujillo el 30 de mayo de 1961, dijo en el interrogatorio que Antonio de la Maza, uno de los principales conjurados, le había informado que contaban con el apoyo “de la flota americana”, la cual llegaría al país a restablecer el orden una vez se hubiera efectuado el golpe de Estado.
Igualmente, dijo que el presidente Joaquín Balaguer continuaría en el poder porque había demostrado su inconformidad a un amigo de quien no supo el nombre.
Los primeros diez días de mayo, contó, parte de las armas para el plan habían sido entregadas a De la Maza por un señor con el seudónimo de Plutarco Acevedo, quien servía de intermediario con el señor Wallace Berry (a) “Wimpy” y el consulado de los Estados Unidos.
Tejeda declaró que De la Maza le expresó su inconformidad con el régimen de Trujillo, por lo que consideraba necesario eliminar a “la persona del benefactor de la Patria” con el fin de que hubiera un cambio en el gobierno, pero sobre todo motivado por la muerte de su hermano Octavio de la Maza, dispuesto por el dictador.
Ponía como ejemplo que el estado deplorable económico en que se encontraba el país, era causado por Trujillo y que la muerte de las hermanas Mirabal había afectado la moral del país, así como que el divorcio entre la iglesia Católica y el Estado era causa de la corrupción.
Trujillo dispuso la muerte de Octavio de la Maza, hermano de Antonio de la Maza.
HUÁSCAR TEJEDA DECLARÓ QUE DE LA MAZA Y PASTORIZA ENTRARON EL CADÁVER DE TRUJILLO EN BAÚL DE CARRO
“Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. En Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, Capital de la República Dominicana, a los dos días del mes de junio del año mil novecientos sesenta y uno, siendo las once de la mañana, fue conducido a nuestro Despacho el nombrado Huáscar Antonio Tejeda Pimentel, dominicano, de 35 años de edad, natural de Yaguate, Prov. Trujillo, casado, ingeniero civil, cédula Personal de Identidad No. 46272, serie 1ra., con domicilio y residencia en la calle Arístides Fiallo Cabral No. 36, de esta ciudad, quien al ser cuestionado por nosotros en relación al atentado criminal en el cual perdió la vida el Generalísimo Dr. Rafael Leonidas Trujillo Molina, la noche del treinta de mayo de mil novecientos sesenta y uno, nos declaró lo que a continuación se expresa: “En relación a las preguntas que me han hecho por ante este Despacho, debo declarar que hace aproximadamente dos o tres meses fui invitado a participar en un complot criminal contra la vida del Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, por el nombrado Antonio de la Maza, encontrándonos los dos en la casa de Juan Tomás Díaz. Antonio de la Maza me expresó su inconformidad con el régimen del Generalísimo Trujillo me señaló que era necesario eliminar la persona del Benefactor de la Patria con el fin de que hubiera un cambio en el gobierno, que él consideraba que el estado deplorable económico en que se encontraba el país, eran causados por el Generalísimo Trujillo y que la muerte de las Mirabal había afectado la moral del país y el divorcio entre la iglesia Católica y el Estado era causa de corrupción y que la ruptura de relaciones diplomáticas con los otros países latinoamericanos eran causados por el mismo motivo y que positivamente el atentado contra la vida del presidente Betancourt había sido la causa de dichas rupturas. Que él estaba seguro que la muerte de su hermano Tavito había sido ordenada por el Jefe por puras razones políticas sin ser necesario. Además me señaló Antonio de la Maza que ellos contaban con el apoyo de la Flota Americana la cual llegaría al país a restablecer el orden una vez se hubiera efectuado el golpe de Estado, en el cual estaban envueltos el general Pupo Román Fernández; el general García Urbáez, un alto oficial de apellido Valdez y que se contaba con el general Guarionex Estrella, pero que el propio hermano del general Estrella no se atrevió a abordarle el tema porque no lo encontró en estado de ánimo para abordarle ese tema y además que el Generalísimo le había hecho un obsequio de $2,000.00 en esos días y era inapropiado hablarle en esos días.
Ya me habían informado tanto el señor De La Maza como Juan Tomás Díaz, que el general Román Fernández, había expresado que él estaba en disposición de tomar parte activa, debido a los vejámenes e insultos que él había sufrido de parte del Jefe, que cuando se diera el “golpe”, se haría cargo de la fuerza militar y ocuparían el Palacio Nacional, que él se haría fuerte y dominaría el país con el apoyo que ya ésta tenía pactado con el Gobierno americano, pacto que se hizo a través del Cónsul Americano en esta ciudad quien se había comunicado con el señor Wallace Berry (a) “Wimpy”, quien era íntimo amigo de Antonio de la Maza.
Se comentó entre nosotros, además, que el presidente Balaguer continuaría en el Poder pero atribuyéndole el mando. Se llegó a esta conclusión en razón de que Antonio de la Maza nos informó que el presidente Balaguer había demostrado su inconformidad a un amigo a quien no supe el nombre, pero al Presidente no se le pudo abordar porque estaba siempre ocupado.
Esto que señalo que sucedió en curso de algunos meses. Yo al oír estas cosas pensé que era un asunto de envergadura y me dejé arrastrar por la corriente en la seguridad de que podría tener éxito.
También me conversó además que tan pronto sucediera la trama criminal, se le mostraría el cadáver del Jefe al general Román para convencerlo de que debía actuar. Debo señalar que se había comentado en el grupo el que el general Román se había expresado en el sentido de que solamente él se podía lanzar a actuar con Juan Tomás Díaz.
El plan que escogieron fue el siguiente: aprovechar el conocimiento que tenían de que el Generalísimo en determinadas ocasiones vestía un uniforme militar que solamente utilizaba para ir a San Cristóbal, de esto se conversó hace un mes. En esos mismos días Antonio de la Maza fue a mi casa una mañana y sentados en la sala, él me mostró los planos que habrían de servir para realizar el atentado, los planos eran dos y tenían por objeto acorralar el vehículo en que viajaba el Generalísimo mediante un bloqueo de automóviles en la autopista que conduce de Ciudad Trujillo a San Cristóbal.
Convenido el plan de actuar, en relación a la adquisición de armas, debo declarar que las mismas la suministraron Antonio de la Maza y el Consulado Americano en el país, de acuerdo al siguiente detalle: De la Maza, escopetas y pistolas y el Consulado Americano tres (3) fusiles automáticos M-1, los cuales fueron suministrados por un señor con el pseudónimo de Plutarco Acevedo, quien servía de intermediario con el señor Wallace Berry (a) “Wimpy” y el Consulado americano.
Las escopetas fueron recortadas por Antonio de la Maza y el ingeniero Pastoriza. Debo señalar que a este último lo atraje yo al grupo ya que él mismo se convenció de las ideas que me había expuesto Antonio de la Maza al yo exponérselas. Habíamos convenido que tan pronto el Jefe viniera vestido de militar a la avenida y me pasaran a buscar, sería consumado el hecho. Las armas ya le habían sido entregadas a Antonio de la Maza por el Cónsul Americano, por intermedio de “Wimpy” y el tal Plutarco Acevedo dentro de los primeros diez días del mes de mayo.
El plan consistía en bloquear el vehículo del Generalísimo en la autopista y un carro perseguidor detrás. En caso de que fallara el carro perseguidor en razón de la velocidad del Jefe, debían actuar los ocupantes de los dos automóviles que bloqueaban la autopista. Después de reunirnos en varias oportunidades en esos días quedó concluido el que mi automóvil sería uno de los que bloquearían la autopista, quedando convenido que iría como acompañante mío Pedro Livio Cedeño, quien también formaba parte del grupo. La noche del hecho siendo las 8:00 p.m., pasó Antonio de la Maza acompañado de Pedro Livio Cedeño a recogernos a mí y a Roberto Pastoriza quien ya había sido avisado de que el Jefe bajaría a la avenida vestido de militar, el aviso no sé si fue Miguel Ángel Báez Díaz quien formaba parte del grupo o si fue observado por Antonio y Salvador, los que fuimos a la avenida fueron Antonio de la Maza en el automóvil Chevrolet, Mod. 1960 acompañado de Antonio Imbert, Salvador Estrella y el 1er. Tnte. Amado García Guerrero; la misión de este carro era perseguir el automóvil del Generalísimo y darnos la señal de que venía, apagando las luces. El carro Mercury color zapote propiedad de Salvador Estrella, conducido por el Ing. Pastoriza y ocupado por él solamente debía bloquear el lado Sur de la autopista, para impedir el paso del carro perseguido y el Oldsmobile Mod. 1960, conducido por mí y teniendo como acompañante a Pedro Livio Cedeño, debía bloquear la autopista, tratando de unirse al otro carro para impedir que el vehículo perseguido continuara la marcha y obligarlo a detenerse; minutos después de las 8:00 p.m., emprendimos la marcha hacia la autopista a esperar la llegada del carro del Jefe.
En la autopista esperamos más de una hora, el ingeniero Pastoriza en su sitio y yo en el mío, cuando vimos dos vehículos que se acercaban pero el vehículo de atrás no me dio la señal convenida que era la de apagar las luces para yo saber cuándo debía partir a formar la barrera por lo que no llegamos a formar la barrera. Entonces al pasar el carro del Generalísimo perseguido por el carro de Antonio de la Maza, que era conducido por Antonio Imbert al rebasar el vehículo perseguido llegó a colocársele al lado, oyendo yo entonces los disparos que considero eran de una escopeta viendo al mismo tiempo el fogonazo. Inmediatamente mi vehículo que tenía el frente hacia el este, lo maniobré dando la vuelta para perseguir y darle alcance al vehículo perseguido. Entonces yo pasé al lado del carro del Jefe el cual se había desviado hacía la grama en posición Este-Oeste; mientras tanto el vehículo conducido por De la Maza ya había dado la vuelta e intercambiaba disparos.
Después de yo pasar, di la vuelta, arrojándose de mi vehículo Pedro Livio Cedeño quien de inmediato comenzó a cambio de disparos. Yo mismo me di cuenta que debía realizar este viraje para colocar a Pedro Livio Cedeño en posición favorable en el atentado. Al yo pasar con mi carro pude observar al Generalísimo quien disparaba a los ocupantes del carro Chevrolet. El Jefe estaba de pie y al lado de su vehículo en actitud defensiva, debo señalar además que el Generalísimo estaba de frente hacia la costa. No pude ver si el capitán Zacarías de la Cruz, tomó parte en la balacera porque yo estaba cegado. A seguidas hice un viraje con mi vehículo, dando otra vuelta para ir a buscar al Ing. Pastoriza quien como a un kilómetro del lugar donde ocurrieron los hechos, pudiendo observar que el Jefe estaba tendido en el pavimento y que a su lado estaban Antonio de la Maza, Salvador Estrella y presumiblemente Antonio Imbert. A Cedeño no lo vi. De la Maza tenía en su mano derecha una pistola observando el cadáver y Salvador Estrella quien llevaba un revólver en la cintura se paseaba nervioso y vigilante en ese tramo donde ocurrieron los hechos; Antonio de la Maza trajo el carro Chevrolet al lado del cadáver y entre él y el Ing. Pastoriza arrojaron el cadáver en el baúl con el fin de llevárselo al general Pupo Román para convencerlo a actuar, de acuerdo a lo que me había informado Antonio de la Maza.
De inmediato, Antonio de la Maza se me montó en su carro, el cual transportaba el cadáver del Generalísimo y convinimos llevarlo a casa de Juan Tomas Díaz. Ellos iniciaron la marcha delante y yo detrás. En el carro conducido por De la Maza iban Antonio Imbert, De la Maza, Salvador Estrella y Pedro Livio Cedeño; en el carro guiado por mí íbamos el teniente García, el ingeniero Pastoriza y yo. Yo entré a la casa de Juan Tomas Díaz por la parte sur y De la Maza entró por la parte norte. Yo vi el carro entrar a la marquesina, pero no al garaje.
Ahí alguien me informó que Juan Tomás estaba en casa de su hija Marianela; yo inmediatamente partí con los mismos que habían venido conmigo, es decir, con el ingeniero Pastoriza y con el Tnte.
García, hacia la calle Leopoldo Navarro, donde vive Marianela, la hija de Juan Tomás Díaz. Allí me desmonté y penetré a la casa, estando allí reunidos Juan Tomás Díaz, Modesto Díaz y Luis Amiama Tió. Enteré a Juan Tomás y a los demás, de que el grupo había cumplido su misión y de que el cadáver estaba en la casa de Juan Tomás, refiriéndome el cadáver del Generalísimo.
Modesto Díaz, al enterarse de la noticia, conservó su serenidad habitual y noté en él una expresión de quietud imperturbable; Juan Tomás Díaz se mostró preocupado, pero sereno y Luis Amiama Tió presentó un rostro de incertidumbre. Juan Tomás me ordenó que me fuera a mi casa a acostar, lo cual yo hice.
Con la preocupación que tenía y con la repugnancia que me causó el hecho en el cual yo participé, ya en mi casa, sentí náuseas por la parte que a mí me tocó desempeñar en esos hechos. No podía dormir, y muy preocupado le confesé lo ocurrido a mi señora, quien se alarmó en tal forma, que a seguidas se sintió mal. En la mañana tomé mi automóvil, acompañado de mi esposa y mis hijos, fui a la casa de mi amigo Manuel Tavárez, situada en la calle Plinio Pina, y allí estuve un rato (más de una hora) conversando con éste quien me preguntó si yo sabía sobre el rumor callejero del asesinato del Generalísimo. Éste me señaló que no lo creía. Minutos después, Manuel Tavárez fue a su fábrica, según me dijo, pidiéndome que lo esperara que regresaría seguido; en el trayecto de su casa a la fábrica, éste vio personas civiles con armas en mi casa y al regresar me preguntó qué había pasado conmigo y yo le conté mi participación en los hechos. Inmediatamente, éste alarmado y espantado me dijo que me saliera inmediatamente de su casa, ya que mi presencia podía ocasionarle algún problema, Pastoriza y yo, en las primeras horas de la mañana, quedamos de juntarnos en la casa de Manuel Tavárez, y mientras éste y yo conversábamos llegó Pastoriza. Minutos después fue cuando llegó Manuel Tavárez y tanto Pastoriza como yo le confesamos los hechos. Pastoriza salió en su carro y yo en el mío, frente a la actitud de Manuel, y yo dejé abandonada a mi mujer, donde Manuel, porque ella me dijo que iba a pedirle el carro prestado a aquel, para visitar a una amiga, de cuyo nombre no me enteró.
Las personas que yo entiendo formaban parte del atentado son Juan Tomás Díaz, Modesto Díaz, Antonio de la Maza, Miguel Báez Díaz, Roberto Pastoriza, Salvador Estrella, Antonio Imbert, Pedro Livio Cedeño, Luis Manuel Cáceres hijo (a) “Tunti”, 1er. Tnte. Amado García Guerrero, A.M., Ernesto de la Maza, Luis Amiama Tió. Debo agregar además, que quince días antes del atentado, estuve en casa de Juan Tomás Díaz, Bibín Román, hermano del general Román”.
(Firmado) Huáscar Antonio Tejeda Pimentel,
Declarante
(Firmado) Dr. Teodoro Tejeda Díaz,
Procurador Fiscal del Distrito Nacional
(Firmado) Enriquillo García,
Secretario
TOMADO DEL LISTIN DIARO

 

Un texto de Juan Bosch: Un poco de historia política dominicana

       “Yo no concibo la política al servicio del estómago, sino al de un alto ideal de humanidad”.

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 Los orígenes del Partido de la Liberación Dominicana no se hallan a la distancia de los 15 años transcurridos desde el día 15 de diciembre de 1973, fecha en la cual se llevó a cabo su fundación; en realidad son más lejanos, nada menos que 34 años —un tercio de siglo— antes de ese día, pues fue en el 1939 cuando se inició la etapa política de mi vida, que comenzó con la fundación del Partido Revolucionario Dominicano, que no fue obra mía como ha dicho alguien sino de un médico nacido en la República Dominicana pero llevado a Cuba cuando tenía 2 años. Ese médico se llamaba Enrique Cotubanamá Henríquez y era hijo del Dr. Francisco Henríquez y Carvajal, lo que deja dicho que era hermano de Pedro y Camila Henríquez Ureña, pero nacido de un segundo matrimonio de su padre pues Salomé Ureña de Henríquez, la madre  de los Henríquez Ureña, había muerto en 1898.
El Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez, a quien sus amigos y familiares llamaban Cotú, no olvidaba que había nacido en la República Dominicana, donde su padre y sus hermanos mayores eran figuras de gran prestigio intelectual y político, y en Cuba leía la revista Carteles en la cual se publicaron cuentos míos en 1936 y 1937. En esos años los cubanos vivían los sacudimientos políticos que produjeron la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado y la caída del dictador, ocurrida al comenzar el mes de septiembre de 1933. Entre los efectos de esos sacudimientos estuvo la creación del Partido Revolucionario Cubano, que fue bautizado con el mismo nombre que tuvo el que había fundado José Martí para organizar con él la Guerra de Independencia iniciada en febrero de 1895.
El Partido Revolucionario Cubano de los años posteriores a la caída de Machado era conocido por la denominación de auténticos que se les daba a sus miembros, y en su creación jugó un papel de cierta importancia el Dr. Enrique Cotubanamá
Henríquez, a quien le tocó redactar la parte doctrinaria de esa organización política.
Todo lo dicho en el párrafo anterior sirve para explicar por qué el Dr. Henríquez bajó cierto día del año 1938 a los muelles de la capital dominicana adonde había llegado en uno de los barcos cubanos que hacían la ruta Habana-Santiago de Cuba-Santo Domingo y se dirigió a la casa de un familiar al que le preguntó mi dirección. La respuesta que le dieron fue que yo estaba viviendo en San Juan de Puerto Rico, y unos meses después el Dr. Henríquez se presentó en la Biblioteca Carnegie, donde yo trabajaba en la transcripción de todo lo que había escrito Eugenio María de Hostos.
(Esa transcripción se hacía en maquinilla de escribir con el propósito de organizar la producción literaria del gran pensador puertorriqueño que iba a ser publicada en la colección de sus obras completas).
Lo que el Dr. Henríquez fue a tratarme, o mejor sería decir, a proponerme, fue que yo debía dedicarme a la creación de un partido político cuya finalidad sería liberar a la República Dominicana de la dictadura trujillista. Ese partido, explicó, se llamaría Revolucionario Dominicano como el de Cuba se llamaba Revolucionario Cubano. Entre las cosas que dijo la que me impresionó fue su oferta de escribir todo lo que se refiriera a la base ideológica o doctrinaria del Partido Revolucionario Dominicano. Yo le oía sin hacer el menor comentario y mucho menos preguntas porque lo que él decía era para mí tan novedoso como si el Dr. Henríquez hablara en una lengua extraña.
No quería ser político
Yo no quería ser político. Para mí la política era lo que me había llevado a abandonar mi país, pues tal como lo dije en una carta dirigida a Trujillo, fechada en San Juan de Puerto Rico el 27 de febrero de 1938, cuatro o cinco meses antes de recibir la visita del Dr. Henríquez, de seguir viviendo en la República Dominicana, “además de no poder seguir siendo escritor, tenía forzosamente que ser político”, y aclaraba: “…yo no estoy dispuesto a tolerar que la política desvíe mis propósitos o ahogue mis convicciones y principios. A menos que desee uno encarar una situación violenta para sí y los suyos, hay que ser político en la República Dominicana. Es inconcebible que uno quiera mantenerse alejado de esa especie de locura colectiva que embarga el alma de mi pueblo y le oscurece la razón: el negro, el blanco, el bruto, el inteligente, el feo, el buenmozo: todos se lanzan al logro de posiciones y de ventajas por el camino político.
¿Cómo es posible que no se comprenda que la política no es arte al alcance de todo el mundo? La marcha de la sociedad  la rigen los políticos; ellos deben ser seis, siete; así es en todos los países y así ha sido siempre; nosotros involucramos los principios universales y exigimos que las mujeres, los niños y hasta las bestias actúen en política. Yo, que repudiaba y repudio tal proceder, vivía perennemente expuesto a ser carne de chisme, de ambiciones y de intrigas. Yo no concibo la política al servicio del estómago, sino al de un alto ideal de humanidad”.
Tan fuerte era mi repudio a la actividad política que se ejercía en la República Dominicana, que en otro párrafo de esa carta le decía al dictador: “Yo sé que he salido de mi tierra para no volver en muchos años, porque considero que la actual situación será de término largo y porque sé que fuera de un cargo público yo no tendría ahora medios de vida en mi país, y no podría estar en un cargo público absteniéndome de hacer política”.
El criterio que exponía en esa carta se lo expuse también al Dr. Henríquez, sin mencionarle el hecho de que yo le había escrito a Trujillo diciéndole lo que significaba para mí la política tal como ella se aplicaba en mi país, y la mayor parte del tiempo que usamos en hablar de ese tema la consumió él explicándome la diferencia que había entre la política que se ejercía en Cuba y la que se llevaba a cabo en la República
Dominicana. Precisamente, decía el Dr. Henríquez, para que el pueblo dominicano pudiera aprender en la práctica diaria qué es la política y cómo debe ejercerse, era absolutamente necesario librar al país de la tiranía trujillista.
Esa entrevista con el hijo del Dr. Francisco Henríquez y Carvajal me dejó tan impresionado que pocos días después empecé a buscar información acerca de cómo había organizado José Martí su Partido Revolucionario Cubano, y lo que llegué a saber fue poco, o mejor sería decir muy poco. Lo que me interesaba era tener una idea precisa de lo que había que hacer para formar hombres que al mismo tiempo que tuvieran una idea clara de lo que debía ser la política dominicana supieran cómo actuar para sacar del poder a Trujillo y a sus colaboradores más cercanos. Nada de eso fue tratado en la conversación que sostuve con el Dr. Henríquez, y por mucho que busqué, en la Biblioteca Carnegie no hallé un libro que pudiera ayudarme a aclarar mi concepto de lo que era la política.
Una cosa piensa el burro…
Como desde mi niñez había leído en la casa de mi abuelo materno la historia del Cid Campeador y en la mía el Don Quijote, y como mi padre destacaba siempre que se hablaba de episodios históricos de algún país, sobre todo si se trataba de uno europeo, la importancia de los jefes militares no sólo en las guerras sino también en actividades civiles, yo crecí con una idea fija, aunque no sabía por qué, acerca del papel que juega en cualquier país la persona que ahora llamamos líder, y en la conversación que mantuve con él, o sería más apropiado decir que él mantuvo conmigo, le pregunté al Dr. Henríquez quién, a su juicio, debía o podía ser el líder de ese partido que él me proponía fundar, y su respuesta fue que debía ser yo, a lo que respondí diciendo que yo no tenía las condiciones que se requerían para dirigir un partido político; que a mi juicio el líder debía ser el Dr. Juan Isidro Jiménez Grullón, que llevaba un nombre conocido en todo el país porque su abuelo, que tenía el mismo nombre, había sido presidente de la
República dos veces, y su bisabuelo lo había sido una vez; le expliqué que el Dr. Jiménez Grullón estaba viviendo en Nueva York ,pero que yo le pediría que viajara a Puerto Rico para hablar con él sobre la posibilidad de fundar el Partido Revolucionario
Dominicano. El Dr. Henríquez halló que lo que yo decía tenía sentido, y en la noche de ese mismo día, mientras el buque cubano en que había llegado a San Juan de
Puerto Rico navegaba de retorno a Cuba, le escribí al Dr. Jiménez Grullón pidiéndole que se llegara a San Juan donde tenía algo importante que tratarle.
Cuando el Dr. Jiménez Grullón llegó a San Juan yo le tenía preparada una conferencia que debía dar en el Ateneo Puertorriqueño, el lugar donde se reunían los intelectuales más conocidos de la isla borinqueña. Allí había dado yo una titulada Mujeres en la vida de Hostos. La del Dr. Jiménez Grullón sería sobre la situación política de la República Dominicana, y al decirla se lució porque era un orador natural que sabía usar las palabras y además sabía manejar las manos cuando tenía que moverlas para reforzar con sus movimientos lo que iba diciendo. Con esa conferencia el nieto del jefe del partido que llevó su nombre (el Gimenista, popularmente conocido como el de los bolos) quedó presentado a los intelectuales de Puerto Rico, primer escalón, pensaba yo, de la escalera que debía conducirlo al liderazgo del futuro Partido Revolucionario Dominicano, si ese partido era creado como lo proponía el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez.
El Dr. Henríquez volvió a Puerto Rico y en esa segunda ocasión le presenté al Dr. Jimenes Grullón. Con la presentación quedaba yo libre de seguir ocupándome en tareas políticas, al menos, así lo creía, pero el campesino dominicano de esos años repetía con frecuencia un refrán: “Una cosa piensa el burro y otra el que lo está aparejando”, y el que aparejaba al burro de la historia dominicana tenía planes diferentes a los míos; tan diferentes que de buenas a primeras Adolfo de  Hostos, hijo de Eugenio María de Hostos, entró en el salón de la Biblioteca Carnegie, donde bajo mi dirección dos mecanógrafas copiaban los trabajos de Hostos, y me dijo: “Prepárese para ir a Cuba a dirigir la edición de las obras completas.
El concurso de su publicación ha sido ganado por una editorial cubana. Por su trabajo allá se le pagarán 200 dólares mensuales”. En la vida de algunos seres humanos se dan hechos que parecen fortuitos y no lo son, pero es al cabo de algún tiempo cuando los protagonistas de esos hechos advierten que no fueron casuales. Por ejemplo, un año antes de mí llegada a La Habana rodeado de varios bultos en los que iban las copias mecanográficas de todo lo que Eugenio María de Hostos había escrito —al menos, todo lo que se había reunido hasta el año 1937— yo no conocía al Dr. Enrique Cotubanamá
Henríquez  y ni siquiera tenía noticias de su existencia; y sin embargo cuando descendí la escalera del vapor Iroquois para llegar al muelle junto al cual había atracado el buque de ese nombre, allí estaba él esperándome, y mientras aguardábamos la bajada del equipaje el Dr. Henríquez me dijo que había contratado para mi uso, en una pensión, una habitación con baño y servicio sanitario, que en el alquiler estaba incluida la comida y que la casa donde se hallaba la pensión estaba cerca de la suya; que él me acompañaría en el viaje del muelle a esa casa y me visitaría al día siguiente para llevarme al lugar donde él vivía, al cual iríamos a pie porque la distancia entre las dos casas era corta, y en efecto, así era, y por ser así al segundo día de mi llegada a La Habana estaba yo en los altos de una casa de piedra situada frente al mar, en el paseo llamado Malecón. Delante de mí, separado de él por un escritorio, el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez leía unos papeles en los cuales se describía lo que sería el Partido Revolucionario Dominicano, incluyendo un esbozo de sus futuros estatutos, y con esa lectura comenzaba una etapa nueva en mi vida, la del aprendiz de la teoría y la actividad política.
Texto tomado del libro  “EL PLD: UN PARTIDO NUEVO
EN AMÉRICA” de  Juan Bosch,