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El Mundo en crisis por la desigualdad social y económica

El uno por ciento más rico de la población mundial posee 40 por ciento de los bienes del planeta, y a la mitad más pobre le queda apenas el uno por ciento de esos activos. En las últimas décadas, a pesar del crecimiento económico, este desequilibrio se hizo más profundo en la mayoría de los países y casi en cada región del mundo. Esta desigualdad es, cada vez más, reconocida como un persistente obstáculo para el desarrollo.

El problema toma varias formas, desde brechas en los ingresos hasta acceso desigual a la política, y es alimentado por distintos factores, como género, etnia, discapacidad, situación legal, casta, color de piel, lengua y estatus económico.
Yoke King Chee, experta de la Red del Tercer Mundo, cree que ladesigualdad no solo se agrava dentro de los países ricos e industrializados que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sino también en naciones del Sur que están experimentando un rápido crecimiento.
Los desequilibrios y fallas del comercio y las finanzas internacionales son la causa principal, sostuvo.
“Las respuestas políticas y regulatorias inadecuadas a la última serie de crisis financieras revelan una debilidad sistémica que sigue haciendo que los países sean vulnerables a una mayor inestabilidad”, dijo Chee a IPS.
Los países en desarrollo que adoptaron reformas financieras, pero dependen de las exportaciones fueron igualmente vulnerables a la crisis de 2008, y los que más sufrieron fueron los trabajadores de los sectores que venden al exterior, agregó.
Un grupo de 17 expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en derechos humanos señaló en mayo que ladesigualdad muchas veces desata problemas sociales que perjudican aun más a grupos ya rezagados y marginados.
Asimismo, el acceso desigual a la riqueza permite que los más acomodados agoten los recursos, agravando la degradación ambiental y el cambio climático, fenómenos que, a su vez, azotan especialmente a los más vulnerables.
El grupo de expertos de la ONU señaló que la profundización de la desigualdad socavó severamente muchos avances logrados con gran esfuerzo para cumplir los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM).
La agenda de desarrollo posterior a 2015 debe incluir metas específicas y medibles para eliminar la desigualdad, recomendaron.
Un Grupo de Trabajo Abierto, integrado por países miembros de la ONU, comenzará a discutir en mayo de 2014 cuáles serán los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, que sucederán a los actuales ODM cuando venza el plazo para su cumplimiento, en 2015.
Los expertos señalan que, si se define como eje la lucha contra la desigualdad, cada nueva meta deberá abordar las injusticias sistémicas que la causan, desde la discriminación institucional contra minorías hasta los desequilibrios en las inversiones sociales.
Además, la protección social es “una parte indispensable de las políticas para acabar con las desigualdades y para asegurar que la agenda post-2015 no deje fuera a ningún grupo, ni comunidad ni región”, agregó el grupo de expertos.
Ochenta por ciento de las familias del mundo carecen de protección social, a pesar de la evidencia de que contribuye significativamente a reducir la pobreza, a la cohesión social y al respeto de los derechos humanos, además de servir de resguardo ante impactos como la carestía de alimentos, dijeron los expertos.
En opinión de este grupo, la agenda post-2015 debe incluir la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de fijar niveles mínimos de protección social, ayudando a crear mecanismos de financiamiento para los países en desarrollo.
El equipo está integrado por Verene Sheperd, del Grupo de Trabajo de Expertos sobre Personas Afrodescendientes, Alfred de Zayas, experto independiente para la Promoción de un Orden Democrático y Equitativo, Magdalena Sepúlveda, relatora especial sobre Pobreza Extrema y Derechos Humanos, y Olivier De Schutter, relator especial sobre el Derecho a la Alimentación, entre otros.
En una columna de opinión publicada en el diario The New York times a comienzos de esta semana, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, recordó que en las últimas décadas se disparó la desigualdad en la mayoría de los países ricos, sobre todo en Estados Unidos.
¿Pero qué estará sucediendo en el resto del mundo?, preguntó. ¿Se cierra la brecha entre los países, mientras potencias emergentes como China e India sacan a cientos de millones de sus habitantes de la pobreza? ¿Y qué ocurre en los países pobres y de medianos ingresos? ¿La situación se agrava o mejora?
Según Roberto Bissio, director de la red internacional de organizaciones contra la pobreza Social Watch, las estadísticas positivas pueden a veces ocultar realidades más complejas.
El Banco Mundial aseguraba en 2010 que ya se había cumplido en forma anticipada la meta 1A de los ODM: reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas con ingresos inferiores a un dólar por día, dijo Bissio a IPS.
A la vez, entre 1990 y 2010, las exportaciones mundiales totales se multiplicaron casi por cinco, pasando de 781.000 millones de dólares a 3,7 billones.
Y en el mismo periodo, el ingreso individual promedio mundial casi se duplicó, al pasar de 4.080 dólares anuales en 1990 a 9.120 en 2010.
Este incremento en el comercio y en la riqueza no se reflejó en la evolución de los indicadores sociales, concluyó Bissio.
Chee dijo a IPS que los países en desarrollo aún pierden una porción significativa de los beneficios de las inversiones directas y del valor añadido. Aquellas naciones que son exportadoras de materias primas alimenticias sufren además la especulación como una vulnerabilidad adicional.
Países que dependen de la minería controlada por corporaciones transnacionales padecen una gran destrucción ambiental y problemas sociales, y tienen sistemas tributarios regresivos, apropiados para esas industrias.
“Todo esto contribuye a la desigualdad”, señaló.
“Las políticas de austeridad que muchos gobiernos europeos están imponiendo ahora y que impactan en los sectores deingresos bajos e incluso medios, son una réplica de lo que sufrieron los países del Sur por las condiciones impuestas durante décadas por el Fondo Monetario Internacional”, agregó. Ecoportal.net
IPS

 

El capitalismo en 10 lecciones

Comentarios al libro de Michel Husson

 

 

Viento Sur

 

“Un libro imprescindible” anuncia el título del excelente prólogo de Manuel Garí y Nacho Álvarez. Ciertamente, el libro del economista Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones /1, es del todo necesario para quienes deseen iniciarse rigurosamente en la crítica marxista del capital. Husson consigue sintetizar en 10 capítulos los elementos fundamentales para entender y criticar el capitalismo, en un volumen de fácil lectura, pensado para el público general y acompañado de las agudas ilustraciones de Charb, sin las cuales el libro no sería igual de incisivo. La propuesta del economista marxista, de origen francés, es también una buena herramienta para activistas que quieran introducir-se en la crítica de la economía política.

¿Qué es el capital?

El orden de los capítulos no es aleatorio, sigue un hilo conductor que va desplegando los elementos y categorías fundamentales para entender el capitalismo en su fase actual. La lección que abre este breve curso ilustrado de economía heterodoxa aborda de qué hablamos cuando hablamos de capitalismo como sistema económico-social. En la primera página se establece una definición de capital, como relación social basada en la propiedad de los medios de producción. Esta apropiación privada diferencia entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su trabajo para vivir. El capital se define como una relación social basada en la explotación; no es, entonces, sólo una cantidad de dinero ni una inversión mobiliaria, productiva o financiera. Dónde hay capital hay trabajo, y se reproduce mediante un proceso de permanente autovalorización, regido por un régimen de competencia que obliga a cada capitalista a aumentar su capital reduciendo el valor unitario de cada mercancía, y que es sacudido por sus propias contradicciones durante las crisis.

Pero esto no ha sido –ni será– siempre así, se trata de un sistema de producción histórico que, como todos los anteriores, tiene su momento de emergencia, maduración pero también de extinción. La división del trabajo y el mercado son consustanciales al capitalismo, pero también caracterizaron sociedades anteriores, en las que a diferencia del capitalismo el valor de uso regía la producción y el comercio. Si entendemos la historia como un proceso dialéctico observamos como lo viejo da paso a lo nuevo dejando siempre un sedimento donde las nuevas formas desarrolladas de relaciones sociales de la producción, el intercambio y el consumo conviven con otras más arcaicas. Husson combina varios factores para explicar el surgimiento del capitalismo: el mercantilismo de las ciudades estado entre el siglo XIV y XVI; el saqueo de las regiones descubiertas y colonizadas más allá de Europa; la posterior revolución industrial; el acceso a recursos naturales como el carbón y los progresos tecnológicos; la subsunción del trabajo al capital –especialmente a través de la mecanización de la industria–, los aumentos de productividad que esto produjo; la destrucción progresiva de los commons, es decir, las tierras y los recursos de uso colectivo propios de las sociedades campesinas, y los cambios institucionales que facilitaron la conversión de la aristocracia en burguesía agrícola e industrial. Lejos de tratarse de un proceso “natural” más bien asistimos a un proceso histórico caracterizado por la violencia estatal y el enfrentamiento entre grupos sociales. Este escenario complejo no permite explicaciones mecanicistas, monolíticas, de burda lógica monocausal. El surgimiento y expansión del capitalismo adopta diversas formas dependiendo de las peculiaridades autóctonas de cada región, influido por las nuevas características de las fases de su desarrollo por todo el planeta.

¿De dónde viene el beneficio?

¿De dónde viene el beneficio?, es el título del segundo capítulo. Como pilar fundamental de la acumulación del capital, Husson lo aborda partiendo de la noción de excedente: aquello que la sociedad produce por encima de su nivel de mera reproducción de las condiciones de existencia de los productores. En una sociedad de clases como la capitalista este excedente es apropiado por un grupo reducido dentro de ella. El apartado sobre las teorías del beneficio es sin duda uno de los mejores fragmentos del libro. Partiendo de la teoría del valor-trabajo iniciada por los clásicos Smith y Ricardo y perfeccionada por Marx, Husson consigue resumir en pocas páginas las críticas más importantes a los pilares de la teoría económica ortodoxa como el individualismo metodológico, los modelos de equilibrio, la optimización paretiana, la remuneración de los factores capital y trabajo, y la ya demostrada falaz, por los mismos keynesianos de Cambridge, teoría del capital. El autor va más allá del burdo tópico según el cual los economistas son agentes a sueldo del capital o que la mera utilización de las matemáticas en sus modelos es reaccionaria. Lo más grave de la economía dominante, denuncia, es la pretensión de que se basa en una visión científica de la sociedad y, por tanto, no intoxicada de ideología aunque sea obvio que estas afirmaciones ya están, en sí mismas, saturadas de ideología.

¿Por qué los ricos son más ricos?

La tercera lección aborda rigurosamente la evolución y profundización de las desigualdades. Para explicar por qué los ricos son mas ricos hace falta observar la estrecha relación que guardan dos características básicas del capitalismo: el aumento de la productividad y el incremento de las desigualdades. Hasta los años 70 los aumentos de productividad se veían reflejados en aumentos salariales. Después de la crisis de los 70 y la ofensiva neoliberal, los aumentos de productividad se empezaron a revertir mayoritariamente en los beneficios empresariales estancando así los salarios. De este modo las rentas del capital ganaron terreno en detrimento de las rentas salariales en el conjunto de la renta nacional. A pesar de que diversos estudios indican que el número de pobres se ha reducido en los últimos años, no es menos cierto que han aumentado exponencialmente las desigualdades sociales. Así, la pobreza relativa sigue en aumento, pues la pobreza misma no es en sí un valor estanco que se pueda considerar abstractamente, sino que está en función del conjunto de la sociedad, de su modelo de consumo y su cultura. Por ello, a pesar de la aparente paradoja, la inmensa acumulación de riqueza es la responsable de la profundización de las desigualdades. El capitalismo es enormemente excluyente y las necesidades sociales se satisfacen solo si son rentables.

¿Qué necesitamos (realmente)?

Precisamente sobre las necesidades, ¿Qué necesitamos (realmente)?, versa el cuarto capítulo. Husson muestra como los cambios en la estructura de la demanda acentúan la crisis sistémica. Se observan tres tendencias. Primero, el desplazamiento de la demanda social de los bienes manufacturados a los servicios, estos últimos caracterizados por unas tasas de productividad menores. Segundo, la reducción de la presión fiscal, al mismo tiempo que aumenta el consumo del sector público, contrarrestado parcialmente durante las últimas décadas por la ola de privatizaciones. Y tercero, la evolución de la productividad, creciente pero a un ritmo menor. La combinación de estas (contra)tendencias da lugar, según Husson, a una demanda social cada vez menos conforme con las exigencias de rentabilidad, en contradicción con las exigencias de acumulación, porque equivale a un desplazamiento hacia sectores de menor potencial productivo y de menor potencial en términos de beneficio. Dado que lo importante para el capital es la rentabilidad se intentará adecuar las necesidades a este objetivo sin considerar su satisfacción social óptima.

Una de las salidas a esta situación de estancamiento de la rentabilidad en los sectores productivos y de las rentas salariales, comentada anteriormente, es la inversión en sectores de bienes de lujo. Estos sectores son favorecidos por la desigualdad en el reparto del beneficio hacia arriba. Este proceso no es suficiente para explicar el desencadenamiento de la crisis, que veremos más adelante, pero nos muestra la transición hacia un capitalismo que acumula poco y profundiza las desigualdades y en el que su reproducción pasaría necesariamente por una involución social generalizada.

¿Qué no es mercancía?

La quinta lección: ¿Qué no es mercancía?, presenta otro de los procesos importantes en la dinámica del capital: la mercantilización de la vida. Destaca como el trabajo se ha convertido en una mercancía y como la extensión del capitalismo al conjunto del planeta ha permitido al capital hacerse con reservas inagotables de mano de obra barata mediante la disolución de las formas de vida precapitalista. Esta dinámica aumenta los ejércitos de reserva en los países desarrollados y presiona a la baja los salarios. También aborda los más recientes debates sobre la mercantilización de la naturaleza, el conocimiento, los productos inmateriales y los commons. En uno de los pasajes más interesantes, Husson recupera la crítica a la teoría ortodoxa que pretende reducir todo comportamiento humano a un cálculo individual de utilidad traducible en dinero, algo a todas luces irracional sobre todo si tratamos con bienes públicos o colectivos. Como resistencia a esta dinámica, destaca Husson, que todo progreso social, ha pasado por procesos de desmercantilización, forzosamente impuestos al capitalismo pues van en contra de su lógica profunda.

¿Es posible un capitalismo verde?

El capítulo sexto aborda otro de los debates más en boga recientemente: ¿Es posible un capitalismo verde? Para justificar su imposibilidad, Husson analiza el efecto que tendría en la rentabilidad una hipotética reducción de la intensidad energética en la producción. Por un lado se observa que si se pretende mantener la tasa de beneficio, al mismo tiempo que se aumenta el coste por la introducción de tecnologías más limpias, indudablemente se hará a costa de las rentas salariales. Por otro lado, la rentabilidad se verá deteriorada pues productos más eficientes energéticamente tendrán un coste superior para los consumidores, y aquí es donde surgen los problemas en la realización de estas mercancías en un contexto de estancamiento salarial. Husson también critica detalladamente como las soluciones de mercado para la cuestión ecológica están condenadas al fracaso, destacando así la contradicción entre eficacia medioambiental y eficacia económica entendida, estrechamente, como la optimización del beneficio. Capitalismo verde es un oxímoron, y sus defensores olvidan que este sistema se basa en la ganancia, la competencia y la ley del valor.

¿A que conduce la globalización?

Otro de los fenómenos importantes en la historia reciente del capitalismo es abordado en la séptima lección: ¿A que conduce la globalización? En ella se describe lo que se ha llamado popularmente como la fábrica global, así como la internacionalización de la división del trabajo, el papel de las multinacionales y los movimientos de la inversión extranjera directa. Una de las consecuencias de este fenómeno ha sido la erosión de los modelos sociales, sobretodo en Europa, mucho más difíciles de defender ahora que no hay fronteras para el capital ni éste siente la presión de la existencia del antiguo bloque soviético.

El papel de Europa

El papel de Europa y su unión económica y monetaria, abordado en el capítulo octavo, es fundamental en la historia de la globalización. Después de una breve revisión histórica desde la CECA al actual sistema euroliberal, Husson analiza las consecuencias del proceso de integración europeo. Lo que debería haber sido una senda de convergencia hacia arriba de los sistemas sociales de bienestar se ha acabado convirtiendo en la negación de esa Europa social regida por políticas económicas keynesianas. La construcción europea, particularmente la unión monetaria, tenía de entrada enormes complicaciones pues organizar un espacio económico donde coexisten países con niveles salariales y de productividad muy divergentes no es fácil sin grandes dosis de voluntad y coordinación política.

La lógica de la competencia, en plena contrarrevolución neoliberal, fue la bandera izada por los gobiernos, muchos de ellos socialdemócratas, para la mayor ola de privatizaciones de empresas y servicios públicos que jamás se haya visto. Los criterios de Maastritch fueron el corpiño definitivo para encauzar la política económica de los estados miembro: la moneda común y el pacto de estabilidad institucionalizaron la austeridad como única política económica posible. Los favorecidos, una vez más, han sido los grandes grupos empresariales que han visto flexibilizarse los mercados de trabajo y reducirse los salarios. La crisis, señala el autor, no ha hecho más que poner de manifiesto las incoherencias y asimetrías del sistema euro. Pero el objetivo del proceso de integración nunca fue tender a una mayor coordinación y convergencia, sino conseguir la liberalización económica, lógica que se acentúa tras la aplicación de las recetas de austeridad en el actual momento de crisis.

¿Qué es una crisis?

Las dos últimas lecciones abordan el fenómeno de la crisis y la recesión actual. Husson explica como la crisis es intrínseca a la dinámica capitalista y establece cuatro dimensiones para entender como las grandes crisis y sus posteriores consecuencias dieron lugar a las diferentes fases del capitalismo: régimen de acumulación (la economía), paradigma tecnológico (la técnica), regulación social (lo social) y división internacional de trabajo (lo internacional). Una de las conclusiones más contundentes es que los llamados “treinta gloriosos” fueron, en realidad, un paréntesis, una anomalía, en la historia del capitalismo. La crisis de los 70 presentó un aumento de las tasas de desempleo junto con una progresiva caída del crecimiento de la productividad. El auge del neoliberalismo puso fin al crecimiento del Estado de bienestar y estigmatizó la inflación, gran enemiga del capital financiero, que iniciaba un proceso de crecimiento y hegemonía que dura hasta nuestros días. La agenda neoliberal sirvió a los intereses del capital en un momento en que las políticas clásicas de relanzamiento de la economía no funcionaron. Esta nueva fase se caracterizó por un descenso del peso de los salarios y un alza de la tasa de beneficios, simultáneamente al estancamiento de la tasa de acumulación (inversión) y al aumento de la parte destinada a los dividendos de los accionistas. La crisis actual, en lugar de presentar un retorno al tipo de capitalismo regulado, está suponiendo una profundización de las políticas neoliberales junto con una regulación caótica incapaz de hacer frente a las contradicciones que caracterizan el capitalismo en su fase de globalización o internacionalización.

Directos al precipicio

Por último, quienes piensen que el capitalismo verá su fin tras una gran crisis que haga insoportables sus contradicciones no pueden andar más equivocados. Husson es categórico: el capitalismo no es una fruta madura y no se hundirá a pesar de su pérdida de eficacia. La idea misma de una “crisis final” es intrínsecamente absurda, porque el capitalismo no es solamente un modelo económico, sino un conjunto de relaciones sociales; y éstas sólo pueden ser cuestionadas por la iniciativa de fuerzas sociales decididas a superarlas.

La mejor contribución que se puede hacer a la crítica del capitalismo y a la construcción de una teoría que sea una enmienda a la totalidad del sistema es la adecuada explicación de cómo funciona realmente. No hay nada más frustrante y estéril que construir una teoría o emprender una acción política a partir de premisas erróneas. Es necesario conocer qué se esconde detrás de los velos ideológicos con los que se pretende naturalizar relaciones de explotación y dominación que no son más que históricas y sociales, por tanto combatibles y transformables. Para ello hay que tener conciencia de cómo funciona la sociedad, y las 10 lecciones de Husson son un buen comienzo: riguroso, pedagógico y estimulante.

Ivan Gordillo miembro del Seminari D’economía Crítica Taifa

1/ Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones, Los libros de Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid, 2013.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article8354

 

El Papa Francisco arremete contra el dios Dinero

EL ACTUAL SISTEMA ECONÓMICO NOS ESTÁ LLEVANDO A UNA TRAGEDIA. VIVIMOS LAS CONSECUENCIAS DE UNA DECISIÓN MUNDIAL, DE UN SISTEMA ECONÓMICO QUE IDOLATRA A UN DIOS LLAMADO DINERO”, ASEGURÓ JORGE MARIO BERGOGLIO.

PapaEl papa Francisco arremetió contra el sistema económico mundial el domingo diciendo que éste ya no puede basarse en un “dios llamado dinero”. Asimismo animó a los desempleados a luchar por el trabajo y a “defender su dignidad”.
Tras llegar este domingo a Cagliari, capital de la isla italiana de Cerdeña, y escuchar a tres víctimas de la crisis (un parado, un pastor y una empresaria) que se quejaban de que la falta de trabajo les está robando la esperanza, el papa Francisco decidió saltarse el discurso oficial que tenía preparado, informó Reuters.
“Perdonad si estas palabras son un poco fuertes, pero digo la verdad: la falta de trabajo te lleva a sentirte sin dignidad. ¡Donde no hay trabajo no hay dignidad! Y esta tragedia es la consecuencia de un sistema que idolatra a un dios llamado Dinero“, declaró el pontífice.
Durante una misa celebrada ante más de 300.000 personas fuera de la catedral de Cagliari, el papa atacó al capitalismo por ser el causante de un gran sufrimiento y afirmó que “hombres y mujeres tienen que estar en el centro” del sistema económico.
El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que idolatra a un dios llamado Dinero”, aseguró Jorge Mario Bergoglio.
Asimismo, el papa afirmó que la globalización ha traído consigo una cultura en la que los más débiles de la sociedad son quienes más sufren: los marginados, los colectivos en riesgo de exclusión y los ancianos, quienes, en su opinión, “están siendo víctimas de una eutanasia encubierta”, condenados al abandono por ser considerados “improductivos”.
“Para defender la cultura económica, se ha instalado una cultura de usar y tirar. Nos deshacemos de los ancianos y de los jóvenes. Tenemos que decir ‘no’ a esta cultura de usar y tirar. Lo que queremos es un sistema justo que ayude a todos”, manifestó
(Tomado de Russia Today)

 

Crisis y desigualdad social

Llevo más de tres años insistiendo que el crecimiento de las desigualdades sociales ha sido uno de los factores impulsores de la crisis actual. Si tuvimos burbuja inmobiliaria y endeudamientos exorbitantes fue porque también sufrimos una situación de extrema desigualdad.
En las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no hubo burbujas notables en la economía porque se seguía un patrón en la distribución de rentas que permitía que el crecimiento de la productividad se tradujera también en un crecimiento de los salarios, y eso a su vez permitía un mayor consumo sin que la gente se endeudara en exceso. Este círculo virtuoso se rompió con las políticas neoliberales destinadas a debilitar el poder de los trabajadores y disminuir sus ingresos salariales.
Desde hace tres décadas, los salarios crecen por debajo de la productividad, eliminando así el vínculo automático entre productividad y demanda.

Eso ya condujo a finales del siglo XX a un exceso de capacidad en la economía productiva que el capital intentó compensar refugiándose primero en la burbuja bursátil y después en la burbuja inmobiliaria.

Uno de los factores que explican el incremento de las desigualdades es el deterioro de la legislación laboral, que a su vez ha permitido debilitar el poder de la negociación colectiva de los convenios que en el fondo fue el mecanismo para facilitar durante décadas que los asalariados se beneficiaran de los incrementos de productividad. La capacidad para movilizar y negociar del movimiento sindical también contribuyó a poner en marcha los potentes mecanismos de seguridad social y a universalizar el derecho a una sanidad pública entre muchas otras mejoras sociales.

Si se acepta este punto de vista se llega rápidamente a la conclusión que para erradicar una de las raíces de esta crisis es necesario recuperar el carácter protector de la legislación laboral con la finalidad de superar los elementos precarizadores que se han instalado a lo largo del periodo neoliberal.

Ahora, en cambio, se quiere recorrer un camino opuesto y se pide sacrificios y austeridad a los trabajadores.

Resulta muy revelador que mientras se habla constantemente de las recomendaciones y los llamamientos de los “organismos internacionales” no se haga mención a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a pesar de ser uno de los organismos internacionales con mayor legitimidad democrática y probablemente él que ha mostrado más rigor en los documentos que publica.

A éstas altura ya debería estar claro que la obsesión de los poderosos no es, ni mucho menos, eliminar las raíces de esta crisis. Su intención no es otra que utilizar la crisis como una oportunidad para reforzar aún más su poderío. Pero no lo dicen. Lo camuflan a través de un rosario de recomendaciones sobre las “reformas estructurales”, “la mejora del mercado de trabaja” o “la flexibilidad en las empresas”, difundidas por los adoctrinadores sociales al servicio de la minoría dominante.

PUBLICAT PER ANTONI PUIG SOLÉ

 

Desarrollo alternativo o alternativa al desarrollo

 

Herria2000 Eliza
                            (Cómo montar una tienda de ‘comercio justo’ y no morir, ni matar, en en el intento)

Cualquier “proyecto alternativo” es alternativo, ya sea porque pretende alcanzar otro objetivo distinto y mejor o porque intenta llegar al mismo objetivo, pero por un camino diferente, más fácil, rápido y con menos efectos colaterales negativos. Para disimular que no sabemos a dónde queremos llegar, que no tenemos valor o voluntad de realizar el trayecto, que no queremos saber a dónde nos lleva o no queremos que nadie lo sepa argumentamos poéticamente: “el camino es la meta”.

Al enredar los objetivos con el camino en un proyecto de economía alternativa como, por ejemplo, una tienda de “comercio justo”, nos confundimos y confundimos a los demás con las prioridades, con lo estratégico y lo táctico, lo posible y la excusa de lo pragmático. Y cuando aplicamos el principio del mal men or enredamos un mal camino con los mayores males. A l describir en términos generales con eufemismos, tópicos y clichés tanto los objetivos como la trayectoria del camino convencemos a los ya convencidos pero a nadie más. Así, a pesar de su potencialidad de cambiar el mundo, matamos nuestra pequeña tienda de comercio justo antes de empezar a andar y hacer camino.

Supongamos que somos honestos y conscientes, que estamos comprometidos con un cambio de hondo calado, con un comercio más justo y otro mundo posible. ¿Por qué cuesta tanto hacerlo viable y convence a tan pocos? Pongamos que no nos falta imaginación ni iniciativa ni valor ni ganas ni conocimientos técnicos, de gestión y de marketing, ni capital inicial. ¿Por qué no funciona? “No se puede vencer al capitalismo con sus propias armas” y “no se puede solucionar un problema con la misma lógica que lo ha producido”, y mucho menos en tiempos de crisis del sistema.

Unos excelentes conocimientos de economía, adquiridos en largos estudios académicos especializados dificultan la viabilidad de un proyecto alternativo sin unos conocimientos políticos y las adecuadas herramientas ideológicas, a poder ser no demasiado académicas. Montar una pequeña y hermosa tienda de comercio justo es un ejemplo, una forma para adquirir este conocimiento, el saber, las “armas” alternativas y la otra “lógica”, de la que nos hablaron el Che y Einstein. Utilizándolas en la práctica aprenderemos a diferenciar un proyecto de desarrollo alternativo de un proyecto alternativo al “desarrollo”, el camino alternativo, verde y con label que nos llevará al mismo abismo de este otro camino que nos acercará al tan necesario otro mundo posible, a la Utopía.

¿Cómo montar un proyecto alternativo y no morir en el intento ni matar al niño antes de tiempo? En primer lugar, es esencial conocer las condiciones objetivas tanto locales como globales. En segundo lugar, es esencial analizar las condiciones subjetivas, nuestra propia alienación. No equivocarnos de sueño. Soñar la Utopía para alcanzarla, sí. Soñar el camino jamás. Esto es la pesadilla.

Existen dos principios motores del desarrollo actual: “máximo beneficio en el mínimo tiempo” y “todo empresario aspira a ser el único empresario”: rentabilidad y competitividad, hasta ser el hombre más rico, el más grande, el único y último. Ambos principios están basados en la propiedad privada como “ley natural” y “derecho universal” inalienable. Sin embargo, en un mundo de recursos limitados donde la única manera de crear riqueza es a través del trabajo humano (el dinero puede hacer más dinero, pero nunca producir riqueza) solamente se puede cumplir con ambos principios si se viola la “ley natural” y “derecho universal” de la propiedad privada. Hay que robarle a las mujeres y a los otros hombres el producto de su trabajo, la propia fuerza de trabajo y, finalmente, su mera existencia e identidad genética como botín y mercancía. A la vez, se ha de esquilmar a la Naturaleza sus riquezas materiales y no materiales, transformar su valor de uso en valor de cambio y cambiar todo por dinero, que no alimenta, y despilfarrando irreversiblemente la riqueza que sea necesaria en el camino a ser el último. También este camino se hace al andar.

Para evitar a corto plazo el caos se formulan leyes con las que se legaliza el crimen de generar miseria, de matar por hambre y con guerras, de exterminar la vida pacifista y humanitariamente a cómodos plazos 1 . Esto es lo que significa tácitamente el “derecho universal” para el rico y es perfectamente compatible y coherente con sus principios universales de rentabilidad y con la ley natural de la competitividad. Todas las formulaciones de derechos universales, derechos constitucionales, legislaciones estatales, normativas administrativas, mandamientos morales, etc.,son, en sus manos, armas de destrucción masiva para imponer sus principios y privilegios, y enmascarar las consecuencias. En manos de la gente no son más que herramientas, necesarias, pero muy endebles. Olvidar esto es envenenar al niño.

Repetir mil veces como Goebbels que “otro mundo es posible” no lo hace posible. Imprimirle un label o la marca de “alternativo” a una idea, iniciativa o empresa no la hace alternativa. Quizás viable para sí misma pero no para la vida de los demás. Hace mucho que los aspirantes a único y último empresario han robado este label y patentado la marca para prostituirla como propaganda en sus campañas de marketing para hacer más dinero.

Repiten hasta la saciedad que “no hay alternativa” precisamente porque “haberlas, haylas”. Y les tienen terror. Mientras no requieran de su “guerra global contra el terrorismo” nos arrullan con la nana de “lo pequeño es hermoso”. En su contexto impuesto lo pequeño es estúpido. El tamaño sí importa y mucho. El Gran Capital tolera lo alternativo si es pequeño y marginal. Si es grande y viable lo destruye. Posee todos los recursos para hacerlo y carece de escrúpulos para no hacerlo. “No es posible otro mundo hasta que no se muera este” o lo matemos y tiene que ser antes de sobrepasar el punto de no retorno. Si no, nos habrá matado antes de caernos muertos. Por ello estamos obligados a competir con una alternativa viable, grande y poderosa … y esto la hará hermosa.

Para garantizar la viabilidad de la pequeña tienda de comercio justo en este mundo del gran comercio criminal y que sea hermosa, coherente y cumpla con todos los principios éticos, ecológicos y de justicia, además de la legalidad y con Hacienda, hay que trabajar jornadas de 26 horas al día, 8 días a la semana, 14 meses al año hasta 2-15 años después de muerto. Sin una jornada así necesitamos grandes cantidades de voluntariado. Sin triple jornada no es posible ninguna alternativa. La inmensa mayoría social democrática ya está trabajando o buscando desesperadamente trabajar en doble jornadas para un patrón y el sistema. Y las mujeres tres. Los proyectos alternativos, si son una alternativa al paro, no son alternativas. Son una trampa al solitario.

En el mundo laboral real ocurre que c uanto más viable y competitivo hagamos nuestro proyecto más desaparece lo alternativo. Cuanto más grande, eficiente y viable hagamos la alternativa menos logramos mostrar lo esencial, lo pequeño y hermoso que está en su interior: su potencial para convencer a la gente de que alternativas “haberlas, haylas”. Claro que para que la tienda de comercio justo logre convencer y movilizar a la gente como proyecto alternativo para cambiar el comercio oficial es necesario que sea una tienda grande, viable y competitiva. Esta contradicción dentro de nuestra pequeña tienda de comercio justo solamente la superaremos aliados con el poder popular.

Para desarrollar un espacio o una red de proyectos alternativos autárquicos, entre ellos, las tiendas de comercio justo que cambien el comercio cada día más criminal e injusto para todas y todos en un comercio cada vez menos injusto para todos y todas, y para que sea viable y competitivo es imprescindible una gran reforma agraria agroecológica que garantice la soberanía alimentaria como base para el cambio de lógica y de poder. En la América empobrecida hay condiciones de triplicar en tiempo razonable la producción de alimentos con pequeñas y hermosas alternativas agroecológicas. En Europa no. No hay tierras sin utilizar, no hay apenas agricultores ni queda apenas diversidad genética. Y la política institucional no cambia de lógica ni con los Verdes en el gobierno. ¿Quizás desde otro modelo popular de consumo sea posible cambiar el agro?

Necesitamos espacios y garantías para las tiendas de comercio justo y para los agricultores, y protección frente a la competitividad y el dumping de la Nestlé, la CocaCola y demás grandes consorcios económico-financieros. Para hacer viable una alternativa general del funcionamiento y organización de nuestra sociedad tenemos que desarrollar un poder político institucional alternativo que sea una alternativa a la política institucional democrática, por muchas promesas y discursos verdes, sostenibles y con label alternativo de algunos. Esto incluye las instituciones de educación, académicas y de investigación científica, etc. Su hipócrita adaptación curricular a las “necesidades de la sociedad” con financiación del sector privado o directamente privatizada s equivale a mo ntarnos en su tren de alta velocidad hacia el abismo.

Occidente robó de las colonias suficiente riqueza para capitalizar y desarrollar su revolución industrial de producción intensiva en gasto de energía utilizando solo lo más eficiente de la mano de obra y dejando morir o matando legalmente a la población sobrante. Para evitar que la humanidad se rebelara las oligarquías invertían en un colchón social alienado del que formamos parte aquí. Para no sucumbir al poder militar, tecnológico y financiero de Occidente China utiliza ahora las mismas herramientas y valores (o crímenes) capitalistas. Pero por otro lado, a través de su política institucional siguen organizando su producción intensiva en mano de obra y ahorradora de energía absorbiendo toda la fuerza laboral disponible por pequeña y residual que sea. Esto incluye desde el trabajo familiar, de ancianos, infantil, etc. Tardaron siglos y agotadoras jornadas pero están en disposición de no dejarse destruir por el modelo occidental. China es viable y competitivo en este mundo.

Asimismo, aprovechar todos los pequeños y hermosos restos marginales e ineficientes migajas residuales de fuerza laboral despreciadas por el gran capital junto a las voluntarias por convencimiento ideológico y ético es hacer viable la pequeña tienda de comercio justo. Sin olvidar que cualquier gran espacio o red autárquica alternativa, del cual forman parte las pequeñas empresas, hay que poder defenderlo antes o después con potencial humano, armamento y estrategia militar. China lo ha logrado por ahora con su ejército y la bomba atómica a un costo humano suicida. Hay que trabajar en alternativas a las grandes inversiones en carrera armamentista, al equilibrio nuclear, a la Guerra Fría, a la biológica, química y mediática. Y ha de ser más que viable. Ha de ser victoriosa. En esta lucha por la viabilidad de las tiendas de comercio justo y otras alternativas no son suficientes las “palabras-bomba” ni las pistolas de agua ni los fusiles con flores. Necesitaremos grandes hospitales y no pequeñas tiritas.

Mientras no tengamos todas estas condiciones de legislación, justicia, reforma agraria, soberanía alimentaria, política fiscal, educativa y académica, eliminación de la propiedad privada y defensa militar de todo ello solo nos queda “trabajar, trabajar, trabajar” en nuestras pequeñas y hermosas alternativas. Esta es la cuestión. La otra cuestión es más que saber “qué hacer” saber qué no hacer para no montarnos nunca en su pequeño y hermoso carrusel de desarrollo alternativo. Si a su tren de alta velocidad lo vemos verde, justo, biológico y ecológico, eso es producto del crak con el que nos droga el Gran Hermano de nuestro Mundo Feliz.

Este artículo se publicó en el nº243 de la revista Herria2000 Eliza.

Nota:

1 Los intereses, véase la letra pequeña, del artículo 88.666a-z

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Dicen Presidente Hugo Chavez pretendia poner en practica tesis de Juan Bosch en Venezuela

Pretendía Chavez poner en practica la tesis del Porfesor Juan Bosch en Venezuela de la Dictadura con Respaldo Popular ?

¿Que planteaba  la Dictadura con Respaldo Popular?
 
images-171Hugo Chávez, President since 1999.
 
La Dictadura con Respaldo Popular será un nuevo tipo de Estado que se dedicará a:
 
            1ero. Garantizar trabajo, salud y educación a todos aquellos que actualmente no disfruten de esos atributos:
            2do. Garantizar absolutamente todas las libertades fundamentales del ser humano: la supresión del hambre y sus funestas consecuencias sociales: de la explotación de uno hombres por otros que tienen el dominio de los bienes de producción: del terror gubernamental, policial o de otra índole;
            3ero. Garantizar la verdadera igualdad de todos los ciudadanos, no solo están escritas y sin embargo mantienen divididos a los seres humanos por razones de raza, religión, estado social, cultura y sexo, y las que lanzan a luchar a unos contra otros para arrebatarse, o no dejarse arrebatar, la comida, la posición y los derechos.
            La Dictadura con Respaldo Popular no será la llamada democracia representativa, sistema político propio de la sociedad burguesa, que ha venido fracasando en la América Latina durante más de siglo y medio. No lo será, porque la democracia representativa, en el mejor de los casos, no puede garantizar trabajo, salud y cultura para todo el mundo no puede garantizar su verdadera igualdad, dado que se trata de un sistema político y social fundamentalmente injusto, que se organiza y se sostiene sobre el principio de que hay hombres con derecho a explotar a otros y los hay con el deber de dejarse explotar.
            A fin de asegurar no solo el respeto a las libertades de todos, sino también los derechos de cada uno y los de cada clase o sector social a disfrutar, en condiciones de igualdad con todos los demás, de los beneficios que puede proporcionar la sociedad, en el gobierno de la Dictadura con Respaldo Popular estarán representados, a través de las personas que ellas escojan libremente, todas las organizaciones del pueblo, las políticas, las sindicales, las económicas, las culturales, las científicas, las religiosas, las deportivas, el ejército, la policía, los empleados públicos y cualquier otra organización de cualquier índole. Los representantes de esas organizaciones actuarán al nivel de todos los órganos del Estado, desde las aldeas o secciones campesinas, los barrios de las ciudades, las provincias o estados, hasta el gobierno nacional, y en ninguno de esos niveles podrán tomarse medidas que no sean aprobadas libremente por la mayoría de esos representantes.
            Para establecer un Estado que pueda llevar a cabo los fines que se propone, la Dictadura con Respaldo Popular comenzará por afirmar la plena independencia del país y por tanto tomará las medidas que sean necesarias a fin de cortar toda influencia extranjera que se ejerza sobre instituciones, empresas o personas, venga de donde viniere y sea cual sea su ideología.
            Con el propósito de desmantelar el frente oligárquico la Dictadura con Respaldo Popular procederá en primer lugar a nacionalizar las empresas que pertenezcan a extranjeras, o la parte que puedan tener firmas extranjeras en empresas nacionales, y procederá a pagarlas con un tanto por ciento de los beneficios que den esas empresas o partes de empresas pero no nacionalizará viviendas personales ni explotaciones agrícolas o establecimientos de otra índole pequeños que pertenezcan a extranjeros ni permitirá que ningún extranjero sea perseguido por el hecho de serlo; procederá también a nacionalizar los latifundios nacionales, y compensará adecuadamente a aquellos de sus propietarios que hayan luchado a favor del establecimiento del nuevo régimen. Los latifundios serán declarados propiedades sociales y serán entregados a los campesinos para que los trabajen bajo el sistema de cooperativas procederá asimismo a nacionalizar la banca, que seguirá siendo administrada por los que trabajen en ella, pero declarada propiedad social y procederá a nacionalizar el comercio exportador importador cuya administración quedará en manos de los empleados y obreros que los estén sirviendo en el momento en que se implante el nuevo régimen político, pero bajo la supervisión del Estado y con la participación de este en los beneficios. En los casos de la banca, del comercio exportador y de otras empresas, se compensará también adecuadamente a los propietarios nacionales o extranjeros que hayan luchado  a favor del establecimiento de la Dictadura con Respaldo Popular.
            La Dictadura con Respaldo Popular no será un régimen anti burgués, y por lo mismo solo podrá nacionalizar las empresas de aquellos burgueses nacionales que se opongan a su implantación o que después de establecida actúen para derrocarla; pero tampoco establecerá una sociedad burguesa, y por esa razón tomará medidas para impedir que las empresas burguesas sean ampliadas en número o en poder político y social. A nadie se le confiscarán sus capitales, pero su inversión será regulada por la ley.
            Todos los propietarios de empresas burguesas, sean campesinas o urbanas, agrícolas, ganaderas, industriales o comerciales con la excepción de las de importación y exportación podrán seguir al frente de ellas, en asociación con sus trabajadores y con el Estado, sin temor alguno de que sean perseguidos económica, política o socialmente, y sus organizaciones tendrán representación en el Estado como cualquiera otra organización.
            Las propiedades agrícolas o urbanas de la pequeña  burguesía serán escrupulosamente respetadas hasta el límite es que sus beneficios no se obtengan a base de la explotación del trabajo ajeno. Los campesinos dueños de propiedades pequeñas y medianas recibirán todos los beneficios que puedan proporcionar las cooperativas campesinas, pero solo en el caso de que deseen asociarse a las cooperativas por su propia voluntad, pues la ley no podrá obligar a nadie a participar en las cooperativas campesinas o urbanas si no lo desea.
            Toda empresa que funde el Estado será propiedad social, administrada por los que trabajen en ella.
            La Dictadura con Respaldo Popular respetará en sus cargos a los empleados públicos que no conspiren o actúen contra ella, y en este último caso, en todos los de ese tipo que se presenten, las acusaciones de conspiración o actuación contra el nuevo régimen tendrán que ser probadas en juicio público, pues todos los ciudadanos deberán vivir libres del miedo de ser perseguidos injustamente.
            La Dictadura con Respaldo Popular procederá a garantizar a todos los niños y jóvenes la educación totalmente gratuita, incluyendo en este concepto libros, material escolar, transporte, atención médica y medicinas y alimentación y organizará escuelas de todos los tipos para los adultos que deseen aprender cualquier oficio y cualquier carrera, o para aquellos que deseen ampliar sus conocimientos.
            La Dictadura con Respaldo Popular establecerá como derechos fundamentales, el de los campesinos a la tierra, el de todos los hombres y mujeres al trabajo, el de todos los niños y jóvenes a la educación, el de todo el pueblo a la salud a la igualdad y los atributos de la personalidad humana de cada ciudadano.
            Los mandos de las fuerzas armadas y los cuerpos policiales serán confiados a aquellos de sus miembros, sean oficiales, sargentos, cabos o rasos, que hayan dado pruebas de que defienden y hacen respetar los principios de la Dictadura con Respaldo Popular.
            No se perseguirá en ninguna forma a las personas que hayan sido adictas a los frentes oligárquicos, a menos que actúen contra la Dictadura con Respaldo Popular en el proceso de la toma del poder por el nuevo régimen o después de establecido.
            Las leyes que deberán regular el funcionamiento de la Dictadura con Respaldo Popular serán elaboradas por el pueblo, a través de todas sus organizaciones, mediante decisiones tomadas libre y democráticamente.
 
Con quienes debe contarse
            La Dictadura con Respaldo Popular es un régimen llamado a beneficiar a casi la población, pero no toda va a luchar por ella. Habrá algún miembro de la oligarquía que lo haga, habrá burgueses que lo hagan también, porque en todas las clases sociales aparecen hombres y mujeres dispuestos a sacrificar sus privilegios a favor del bien de todos, pero debe esperarse que la oligarquía y la burguesía combatan la idea de la Dictadura con Respaldo Popular; los primeros, porque se trata de una revolución anti oligárquica, y los segundos, porque la propaganda norteamericana los ha convencido de que cualquier cambio que se haga en nuestros países será en perjuicio suyo.
            Puede darse por descontado que en la pequeña burguesía, una parte del sector alto se opondrá a la Dictadura con Respaldo Popular con más vigor todavía que la burguesía, pues a ello la llevará su inclinación a insertarse en el mundo de la oligarquía. Pero no puede decirse lo mismo de la mediana pequeña burguesía; en ese estrato la idea de la Dictadura con Respaldo Popular hallará numerosos defensores y algunos activistas, especialmente en el campo de los intelectuales, los artistas y los profesionales.
            El número de los defensores y los activistas será mayor aun entre los pequeños burgueses del sector bajo, especialmente del que se halla lindando con el proletariado, que es donde están situadas los que podemos calificar como el alto semiproletariado, al que podríamos llamar bajo, que está situado entre los obreros y los desempleados. El ala de la  baja pequeña burguesía que ha renunciado a la ilusión de pasar a la mediana y la alta que se ha desengañado de la llamada democracia representativa, será partidaria de la Dictadura con Respaldo Popular.
            Tanto en la mediana como en la baja pequeña burguesía se hallarán también enemigos irreconciliables de la Dictadura con Respaldo Popular, y probablemente en mayor número, relativamente, que  en la alta. Hay que tener en cuenta que, como se dijo arriba, la pequeña burguesía quiere reformas que faciliten su paso hacia la sociedad burguesa, y que en ella hay una parte reaccionaria que maquina, lucha trabaja y conspira a favor de los frentes oligárquicos  porque las oligarquías son al mismo tiempo el modelo que la atrae y el campo de negocios donde con mayor rapidez facilidad puede hacerse de poder y de dinero; hay que recordar también lo que se dijo de una parte de la baja pequeña burguesía, que para evitar caer  al nivel del proletariado y aun al de los desocupados o desempleados y subempleados se presta a toda clase de inmoralidades, a ser espías y asesinos a sueldo. Así, pues los activistas de la Dictadura con Respaldo Popular que procedan de la pequeña burguesía, que no sean conocidos como revolucionarios honestos, tienen que ser sometidos a un proceso de educación revolucionario metódico, libre de prejuicios, pero encaminado a hacer de cada uno de ellos un hombre y una mujer consciente de cuales son sus vicios de clase y como debe despojarse de ellos para servir mejor al pueblo. De todos modos, en la República Dominicana, que es el país de América Latina al cual va destinado este trabajo, se conocen en sentido general todos aquellos que tienen voluntad de cambios revolucionarios y decisión para ejecutarlos, y la obra de educarlos para que superen sus vicios de clase no será una tarea difícil; tal vez lo sea más en otros países de mayor población que no se encuentran en medio de un proceso de agitación como el que viene atravesando Santo Domingo desde 1961.
            Toda la clase obrera será beneficiada en conjunto por la Dictadura con Respaldo Popular porque en el caso de las empresas privadas pasará a ser asociada, lo que le proporcionará seguridad. Es probable que entre los trabajadores haya varios , y tal vez muchos, indiferentes a la hora de luchar por la implantación de la Dictadura con Respaldo Popular, dado que en países donde el desempleo es tan alto, los que reciben un salario y tienen las ventajas de los seguros sociales son en cierto sentido privilegiados, pero probablemente serán muy pocos los que se opongan a ella; entre estos se hallaran sin duda los lideres que se encuentran al servicio del imperio-pentagonismo, como asalariados de los agregados obreros de las embajadas norteamericanas y agentes de la American Federación of Labor-CIO.
            La dictadura con Respaldo popular encontrará partidarios ardientes entre los semiempleados o subempleados del sector bajo, es decir aquellos que proceden de los sin trabajo o chiriperos y están situados entre estos y los trabajadores. Aunque parezca extraño, en esos dos sectores sociales se forma pequeña burguesía, lo que se explica porque la generalidad no puede aspirar ni siquiera a un puesto de trabajo en una fábrica, dado que las sociedades latinoamericanas no están en capacidad de ofrecer puestos de trabajo a todos los que necesitan trabajar; y en esa situación, miembros de esos sectores buscan medios de vida en actividades personales, como ventas ambulantes y trabajo de artesanía de escaso valor. Lo más lógico es que en esa baja pequeña burguesía que surge de lo más profundo de la poción mas oprimida de nuestros países haya algunos que prosperen y otros que no prosperen; los primeros se sentirán naturalmente inclinados hacia los frentes oligárquicos y también naturalmente deben ser enemigos muy activos de la Dictadura con Respaldo Popular, de manera que sería inútil buscar entre ellos quienes la apoyen; pero los segundos, que son la mayoría, la apoyarán resueltamente.
            Todos los campesinos sin tierra, y los que tengan tierra en tan poca cantidad que no les dé para mantener su familia en un nivel decente, así como los trabajadores campesinos que solo encuentran trabajo en épocas de cosechas, y aun en esas ocasiones son mal pagados, serán partidarios de la Dictadura con Respaldo Popular, ya que esta les proporcionará a las primeras tierras para ser cultivadas en cooperativas, y a los segundos les ofrecerá la ayuda de las cooperativas y precios buenos, fijos y beneficiosos para sus productos, y trabajo permanente a los terceros.
            Ninguna clase social o sector de clase apoyará la Dictadura con Respaldo Popular con tanto entusiasmo como los desempleados, sin trabajo o chiripero de las ciudades. En los países de la América Latina, éstos  son, en verdad, los mas explotados de todos los explotados. No son ni siquiera una reserva de mano de obra barata, puesto que bajo el actual sistema económico, social y político, no tienen ni podrán tener esperanzas de mejorar su suerte; no podrán jamás vivir con decencia y seguridad. No habrá nunca suficientes industrias para darles trabajo, ni suficientes tierras para que ellos puedan producir, ni suficientes escuelas y hospitales para ellos y sus hijos, a menos que el sistema actual sea transformado totalmente, tal como lo hará la Dictadura con ¿Respaldo Popular. Poner a producir a esos hombres y mujeres  que son y representa a más de cien millones de seres humanos en la América Latina, significará  doblar en poco tiempo la producción de todos o casi todos los artículos de primera necesidad. Esto es absolutamente imposible de lograr ahora cuando 5 de cada 100 personas toma  para si 30 pesos de cada 100 que se producen, pero no lo será cuando la Dictadura con Respaldo Popular implante un sistema en el que de cada 100 pesos producidos se beneficiaran todos por igual.
            Por último, la Dictadura con Respaldo Popular encontrará partidarios ardientes entre los jóvenes de las capas de la población que van desde los desempleados o chiriperos hasta la alta pequeña burguesía, sobre todo los estudiantes. En la porción de esa juventud procedente de la pequeña burguesía habrá que prever que además de los vicios de clase se producirán desvíos hacia el aventurerismo y el oportunismo, pero también habrá que tener en cuenta que en ella hay abundante material de líderes y decisión de lucha.
            La lucha que deberá llevar a cabo nuestro pueblo para transformar de cuajo, real y verdaderamente, las estructuras latinoamericanas será larga y dura, y por esa razón sería locura rechazar cualquiera fuerza que contribuya o pueda contribuir en la gran tarea. Es más, en la obra gigantesca que nos espera a todos, el que sume un enemigo a la causa de la Dictadura con Respaldo Popular  los vicios y las desviaciones que son parte de los hábitos de ciertas clases y sectores sociales, y actuaran con resultados tan malos como la traición los dirigentes que dejen pasar las manifestaciones de esos vicios y esos desvíos sin tratar de enmendarlas.
Principios generales y organización
            La implantación de la Dictadura con Respaldo Popular debe ser el resultado de un trabajo metódico, que excluya toda posibilidad de acciones aventuradas, descabelladas y precipitadas, y que asegure la participación del pueblo en todas las medidas que se tomen a lo largo del proceso de formación de conciencia, de organización y de conquista del poder.
            Toda actividad que se realice sin contar con el pueblo a sus espaldas y sin tomarlo en cuenta por encima de todas las cosas, es profundamente reaccionaria. Cuando a la hora de tomar decisiones se actúa creyendo que el pueblo dese lo que desea un grupo de dirigentes, se lleva a cabo un acto de suplantación de la masa por los lideres y esto quiere decir que ese grupo de líderes se considera superior al pueblo, mas inteligente o mas autorizado que el pueblo. La suplantación del pueblo por aquellos que lo dirigen o aspiran a dirigirlo se paga siempre con el abandono de las masas, pues estas saben mejor que nadie que quieren y que necesitan y acaban dándoles las espaldas a aquellos que se toman a sí mismos por sus  representantes sin respetar su derecho a expresarse, sin haberse ganando con un conducta genuinamente popular el derecho a representarlas. Para representar a las masas hay que convivir sincera y honestamente con ellas, hay que conocer sus problemas sus inquietudes y sus ideas.
            La Dictadura con Respaldo Popular solo podrá alcanzar el poder cuando cuente con el apoyo de las masas, y eso sucederá cuando el pueblo haya adquirido confianza y fe en la idea en la organización y en los hombres encargados de llevar a la practica la Dictadura con Respaldo Popular, al punto que identificará esa idea, a esos hombres y a su organización con su necesidad de libertad y justicia de respeto y bienestar. La Dictadura con Respaldo Popular deberá ser, pues eminentemente popular antes, durante y después de tomar el poder y su única fuente de poder deberá ser la voluntad del pueblo.
 
            Para convertirse en los depositarios de la fe del pueblo y en sus directores, los partidarios de la Dictadura con Respaldo Popular deberán organizarse en un frente en el cual trabajen metódicamente, con disciplina y al mismo tiempo con libertad creadora. Las tareas de desarrollar la tesis de la Dictadura con Respaldo Popular, así como de elaborar la estrategia, la táctica y los programas que deberán ser aplicados en cada ocasión, deberá ser el producto del trabajo en común de todas las fuerzas reunidas en ese frente.
            La presencia en el Frente de la Dictadura con Respaldo Popular de todas las fuerzas anti oligárquicas, y por tanto anti-imperio pentagonista, cada una disfrutando de su independencia pero todas unidas en un fin común, garantizará que a través de la mutua vigilancia ideológicas, estratégicas y táctica se mantenga perennemente vivo y alerta el propósito de transformar de cuajo las estructuras sociales de nuestros países para edificar ene ellos el hogar de la libertad y el reino de la justicia.

Acerca del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”

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Una-c (Photo credit: Wikipedia)

 de un proceso de reflexión colectiva alrededor del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”. Esta reflexión ha sido realizada por el Grupo de Trabajo de Economía y Política Social del 15M del Barrio del Pilar y el Grupo de Trabajo Reflexión y Acción para la Autoorganización durante los meses de abril y mayo de 2013.

El trabajo se inició con la difusión del artículo en el blog de la Asamblea del Barrio del Pilar. Su publicación resultó especialmente interesante en una coyuntura en la que están surgiendo propuestas y debates sobre la unidad de acción que implican a los movimientos sociales. Se redactó un primer borrador sobre el que se hicieron once aportaciones escritas que fueron a su vez difundidas y debatidas. Este texto es una síntesis de esas aportaciones y no tiene intención de ser una contestación ni una réplica, sino más bien un motivo para avanzar en la construcción de lo común.

Juan Torres se pregunta por qué no avanzamos en nuestra lucha contra la “agresión neoliberal”, analizando una serie de motivos: la renuncia de las personas a defenderse, la falta de unión de los movimientos sociales y la insuficiencia de la lucha en la calle, para terminar haciendo una propuesta que pasa por la autodisolución de los movimientos sociales para alcanzar una unidad de acción que permita conseguir una mayoría parlamentaria.

En las primeras lecturas todas fuimos cautivadas por el carácter seductor del texto, por el tipo de lenguaje empleado, por los conceptos y reivindicaciones que ofrece y por una propuesta que nos resulta cercana a la mayoría de las personas que participamos en movimientos sociales. Fue al comentarlo y profundizar en él cuando aparecieron aspectos que se alejaban de los criterios que llevamos construyendo durante 2 años. La urgencia de articular una respuesta social antes de que la “opción política actual” acabe con todo, es quizás, lo que hace que lo propuesto en el artículo sea fácilmente asumible y aceptado por todas nosotras. Es además una propuesta dentro de los límites de lo que existe y se mueve dentro de lo que consideramos sentido común, apelando a cosas simples y sencillas como puede ser la idea de que “el poder ha de volver a buenas manos”.

En el texto hay cuestiones fundamentales que compartimos: Es una propuesta concreta que responde al deseo colectivo de unirse, una voluntad de desdibujar las líneas rojas que nos separan de las demás y nos impiden establecer un diálogo y, sobre todo, la idea de intervenir desde abajo para conquistar el derecho al bienestar de todas las personas mediante una unidad de acción organizada desde la base, articulando una fuerza social capaz de convertir las voluntades sociales en decisiones políticas.

Sin embargo, hay también otros aspectos de su análisis que no compartimos. Nos referimos a su concepto de que la raíz de los problemas actuales se encuentra en la agresión neoliberal. Nosotros consideramos que la crisis económica se nos ha mostrado recientemente pero que la crisis social, política e institucional viene de décadas atrás, y comparten la misma causa. Nuestra sociedad está organizada para perpetuar la dominación de grupos minoritarios, las élites, que cuentan con la alianza de una parte considerable de la población. Estos grupos se enriquecen en cualquier situación y para ello han construido una forma de relación social basada esencialmente en la dominación. Es más , hemos de entender que la acumulación económica es también acumulación de poder y de las relaciones necesarias para preservarlo. En las actuales circunstancias es fácil entender que acumulación y dominación son incompatibles con la sociedad a la que aspiramos.

Este no es un problema de hoy ni es la consecuencia de la denominada crisis económica, al contrario, esta crisis se ha generado por la necesidad de perpetuar los mecanismos de dominación y de enriquecimiento. Cuando décadas atrás el neoliberalismo azotaba otras regiones del mundo provocando hambre, miseria y violencia nosotros vivíamos en una inusitada bonanza económica que nos cegaba impidiéndonos ver el sufrimiento ajeno y sin comprender que nosotros iríamos después.

Lo que ocurre, quizás, es que se hacen evidentes aspectos que permanecían ocultos por la ficción y la banalidad de la bonanza económica. Ahora se muestra de una forma despiadada y cruel la desigualdad, la explotación, el saqueo, poniéndonos delante de los ojos que el sufrimiento ajeno no les importa mientras puedan obtener beneficios.

¿Es posible someter a los mercados al tiempo que estamos sometidos y dominados por ellos? Quienes consideran que el neoliberalismo es el problema, dan por supuesto que mediante la obtención del suficiente respaldo político, que anule las medidas neoliberales y restablezca el estado del bienestar, se conseguiría alcanzar dicha meta. Quienes no consideramos que sea posible anular el poder de esos mercados mientras estemos sometidos y dominados por ellos pensamos que es necesaria una transformación más profunda, una sociedad en base a las relaciones de equidad donde el centro no sea la economía sino el pleno desarrollo humano. No se trata de derribar gobiernos sino sistemas de vida.

Una idea muy extendida es que la crisis afecta a la inmensa mayoría de la población y que si tenemos en cuenta más lo que nos une que lo que nos separa la unidad es la construcción lógica. Sin embargo, la realidad es que la crisis está generando cada vez más desigualdad, afectándonos de manera diferente e incluso contradictoria ; quienes están consiguiendo cuantiosos beneficios de las privatizaciones , o simplemente un empleo , no quieren compartir su suerte con las víctimas. Pero además, para dar más valor a lo que nos une que a lo que nos separa se hace necesario conocerlo y comprenderlo para actuar responsablemente. La unidad construida sólo por deseos, por muy buenos que estos sean, es inconsistente y fácilmente manipulable. Este fue el alimento con el que se construyeron las mayorías de la Transición y del “cambio” de principios de los ochenta.

Si bien es cierto que en los últimos dos años se ha multiplicado la presencia de la población en las calles, eso no significa que haya más unidad de acción que nunca, como asegura Juan Torres. Las individualidades que participamos tenemos intereses, ideas y soluciones distintas, igual que los movimientos sociales y las distintas organizaciones. Sería posible abordar esas diferencias si todas las partes asumiésemos como requisito indispensable la relación entre iguales independientemente del tamaño, importancia o poderosa que cada parte se considere. El centro de atención, de este modo, se situaría en qué puede hacer cada una en su ámbito, a la vez que se plantea qué puede hacer en el ámbito del otro.

En nuestra opinión, más allá de la discusión sobre tiempos y mecánicas, lo verdaderamente importante es cómo conseguir formar una identidad común con prioridades globales, tanto para las personas que participan activamente comprometidas con este proceso como para capas más amplias de la población. Centrar los esfuerzos en conseguir generar procesos que den lugar a nuevas generaciones de personas con conciencia crítica, capaces de construir otro modelo de participación política y de relaciones en todos los ámbitos. Este es un camino difícil de seguir desde nuestra actual perspectiva donde el debate ha estado secuestrado por la representación que deja en manos del dinero y los medios de comunicación la construcción de las mayorías. Por tanto tenemos que descubrirlo, imaginarlo, inventarlo y crearlo desde lo colectivo.

Esta democracia no es débil como señala Juan Torres, no es el menos malo de los sistemas, ni es imperfecta, como justifican las élites, simplemente no lo es. Democracia, al igual que otras muchas palabras (justicia, libertad, igualdad…), ha ido perdiendo su significado para convertirse en una consigna ideológica que ayuda a perpetuar el poder de quienes la manipulan. Aun cuando etimológicamente anuncia “reconocer y anunciar derechos”, en la sociedad contemporánea (desarrollada, occidental, capitalista) es más bien una técnica, una forma especial de sometimiento consentido, una herramienta que consigue que las mayorías acepten las decisiones de las minorías. Al confundirse la democracia con la forma de gobierno la participación política se centra en la captación de votos y voluntades, y quienes tienen más poder para captar esos votos y voluntades son las mismas élites que controlan los medios de comunicación y los aparatos del estado. Esto hace prácticamente imposible que las clases populares conformen mayorías capaces de controlar el poder y transformar la sociedad.

No parece razonable excluir un ámbito tan importante como el institucional en un proceso transformador, pero sí entender que es un ámbito más y que comporta importantes riesgos, al menos mientras seamos colectiva y organizativamente frágiles, e individualmente sigamos contaminados de una forma de ver y actuar inoculadas desde el sistema.

Se hace necesario asumir que la construcción de lo común es en algún modo un proceso auto-constituyente de los movimientos que aborde los retos más inmediatos orientados en una dirección y bajo un nexo común. Esta unión debe sustentarse en elementos básicos compartidos por todas y no sólo en sus principios objetivos. No sólo se trata de compartir unos objetivos comunes sino de compartir el proceso de construcción de la conciencia crítica del individuo, de su sentido social, de la construcción de una voluntad y un bienestar común, para que el pleno desarrollo humano fundamente y articule las decisiones políticas.

Debemos aceptar que, hoy por hoy, entendemos cosas diferentes sobre conceptos que todas consideramos básicos: democracia, justicia, igualdad, economía social…Tenemos que aceptar no sólo la existencia de estas diferencias sino de que además no tenemos un diseño acabado del lugar de llegada, que en un horizonte previsible siempre estaremos en el camino, y de lo que se trata es de que nadie tire de nosotras ni que nos empuje sino de que caminemos juntas probablemente hacia una institucionalidad diferente generada desde la equidad y que permita a las personas el acceso al análisis crítico, conformando sus criterios en función de sus necesidades y del bien común, tomando decisiones en base a esos criterios.

El control desde las bases sociales es insustituible y ese control para asegurar una participación real y eficaz debe ser colectivo, organizado, con poder de decisión y con posibilidad de asumir tareas propias. Quizás no sea suficiente organizar respuestas fuera de las instituciones pero estas respuestas son imprescindibles en el camino de transformación de nuestra sociedad.

Hemos de convertirnos en activistas de nuestras propias vidas, de las nuestras y de las de todas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Elecciones presidenciales en Chile: Táctica y estrategia

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1. El uso de una, de otra o de combinadas formas de lucha bajo la dictadura del capital y sus relaciones de clase y de poder, durante toda su historia, está determinado por la lucha de clases. Independientemente de los deseos o ideología de un sujeto individual, de un grupo de interés, o de una clase social en particular, sea parte de la hegemonía o de los hegemonizados.

2. La totalidad de un modo de producción y reproducción de la vida consiste en el conjunto de las relaciones sociales que caracterizan una manera histórica de existencia, de asociación, de continuidad y ruptura entre humanidad y naturaleza, en un momento dado. Esas relaciones sociales se desenvuelven a través del conflicto. Allí concursan variables multidimensionales, de las cuales unas son más relevantes que otras. No es lo mismo una guerra mundial que la formación de un sindicato. No es lo mismo el cambio climático que la quiebra de un banco en la India. Sin embargo, en cada uno de esos fenómenos se manifiesta el movimiento contradictorio e irreductible de la lucha de clases.

3. Entonces, la totalidad es un movimiento dialéctico que en la actualidad se resume como la fase de un capitalismo mundializado y maduro, donde predomina el imperialismo financiero y especulativo, la deuda, el despojo, la explotación intensificada del trabajo humano. La contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y sus relaciones sociales, o entre la apropiación privada del excedente que sólo produce socialmente el trabajo humano, es clara para quien quiera ver. Únicamente a la conciencia y conducción de la minoría gran propietaria le cabe oscurecer, a través de mediaciones alienantes, la cualidad histórica y finita del modo de producción capitalista y fomentar la falsa naturalidad de la sociedad de clases. Esa conciencia de los que mandan y dominan provisionalmente se vale no sólo de los altos mandos militares y la propiedad de la industria armamentista. Para producir el consenso ampliado de sus intereses y, en consecuencia, un tipo de gobernabilidad inestable, debe controlar y controla los contenidos y maneras de los medios de comunicación de masas, la producción de un sentido común determinista y fatal, y el disciplinamiento operativo en los ámbitos del consumo, educativos, laborales, recreativos y represivos. Asimismo, cuenta con la complicidad de la alta oficialidad religiosa y con la industria de intelectuales orgánicos que, tanto institucional como informalmente, fabrica los relatos mistificados para fortalecer el presente orden de las cosas y su normalización.

Ese oscurecimiento está destinado a la sociedad en general, incluida la minoría dominante, y para los dominados en particular.

Los pocos gozan de las granjerías que les posibilitan la mala vida y el permiso de los muchos. Sus políticas tanto de fondo como de utilería teatral son la dictadura del capital y la democracia representativa, aparente y funcional.

Sin embargo, la cuestión no es ‘dar vuelta la tortilla’ por un puro asunto de justicia social milenaria. Ahora mismo las clases explotadas y expoliadas, las grandes mayorías, contienen en su desenvolvimiento conflictivo las potencias objetivas para superar la sociedad de clases. Esto es, pueden conciente e históricamente precipitar su disolución como humanidad subordinada, cuando enfrenten el término del modo de producción capitalista.

4. Para transformar la vida y demoler el viejo orden es imprescindible la comprensión conciente de la realidad concreta y contradictoria del capitalismo y su presente fase por parte de las formaciones políticas revolucionarias –es decir, de aquellos conjuntos de personas anticapitalistas y armadas poli-éticamente de vocación de poder- capaces de formular no sólo un proyecto de sociedad nueva desde y entre los de abajo (y cuyas pistas están en las propias fracturas tecnónicas y sin remedio de la sociedad actual), sino también una estrategia y las tácticas adecuadas según el movimiento real del capitalismo y a la parte que en él le toca a la mayoría malviviente. Si bien las formas determinantes de la emancipación son todavía nacionales o regionales, su contenido, hoy más que ayer, permanece condicionado por las relaciones de fuerzas internacionales. El sistema mundo nunca fue antes tan total.

5. La minoría dominante que ofrece contenido, sentido y horizonte al Estado de Chile es un complejo de facciones de clase dependiente de los imperialismos centrales, y sobre todo del norteamericano. La burguesía chilena nunca fue revolucionaria. Siempre ha sido rentista y transnacionalizada. Su breve período cuasi industrializador y sustitutivo de importaciones dentro del caduco paradigma desarrollista de mediados del siglo pasado, no pasó de ser una coyuntura presionada por la segunda guerra mundial y la existencia de la Unión Soviética. En efecto, las políticas imperialistas de la Alianza para el Progreso (administración Kennedy) para Chile y América Latina sólo tuvieron por objeto aminorar las formas más explícitas de la lucha de clases y reprimir el ‘peligro comunista’ proveniente del ejemplo de la Revolución Cubana. Sin embargo, y premeditadamente, los conocimientos científicos y técnicos estratégicos siempre fueron monopolizados por la burguesía imperialista. Su fin también era ‘poner al día’ a Chile para su mejor explotación de acuerdo a los requerimientos del capital en la división internacional del trabajo. Esto es, para que el territorio chileno –al igual que todo el denominado ‘tercer mundo’- funcionara como proveedor de recursos naturales y trabajo barato para los Estados planetarios hegemónicos.

Pero Chile no sólo es cobre, litio, celulosa, harina de pescado, unos cuantos salmones y dos botellas de vino. Para el Estado corporativo estadounidense es la cuna experimental y paradigma de la vanguardia ultraliberal, plataforma de financiarización y negocios asociados para la región, y es un bien simbólico por la derrota de la Unidad Popular en 1973 y la imposición temprana del orden monetarista del liberalismo más rabioso.

6. Cuando se afirma que los pueblos y los trabajadores, que el conjunto de las fuerzas sociales que en Chile, conciente o inconcientemente, con su acción social se enfrentan a la dictadura del capital no tienen más remedio que emplear todas los medios y formas disponibles según la situación concreta de la lucha de clases, es preciso diferenciar aquellas formas estratégicas de las contingentes. Los instrumentos políticos que expresan los intereses de las grandes mayorías, lejos del eclecticismo y la conciliación de clases, están condenados a elaborar tácticas complementarias y flexibles, y que nunca pierdan de vista hacerse de todo el poder. No de una fracción, sino de todo el poder. No existe otra condición posible para el ejercicio pleno de la democracia radical, la superación del capitalismo y la socialización de todos los ámbitos de la vida.

Ahora bien, lo estratégico en materia de promoción de una mayoría crítica creciente, práctica y teóricamente, se encuentra hoy en la acción directa de los movimientos sociales con miras a la creación de otro momento de la lucha de clases: el poder popular.

En este marco, la participación del anticapitalismo en el momento electoral organizado por la democracia burguesa, no fortalece al sistema por sí mismo, en tanto el o los instrumentos políticos del pueblo nunca dejen de subordinarse a la estrategia arriba descrita. Se trata de participar en un momento, y no de hipotecar, canjear o clientelizar al movimiento social y político del pueblo por una simple campaña electoral.

En consecuencia, la campaña electoral se emplea como táctica circunstancial con el fin de amplificar los contenidos provenientes del propio pueblo en lucha en un espacio que todavía ofrece la democracia restringida, tutelada, burguesa, etc., en Chile por razones explicables en otro borrador. Es imposible negar que las elecciones en el país dan tiempo y visibilidad en los medios de comunicación masivos a quienes participan en ellas. Y quien refute el impacto agitador, político, constructor de opinión, etc., de los grandes medios de masas, tendrá que estudiar sus efectos sobre la realidad desde la Alemania nazi hasta el imperialismo contemporáneo. Como botones de muestra frescos: el objetivo imperialista (norteamericano, israelí, de parte de Europa) de hacerse de los recursos petroleros de Medio Oriente fue capaz, mediáticamente, de convertir la invasión a Afganistán en ‘una lucha contra el terrorismo’; la destrucción de Libia en ‘evitar una masacre de civiles’; la ocupación de Iraq en ‘la búsqueda de armas de destrucción masiva’; y los recientes acontecimientos en Siria en ‘la lucha contra una tiranía que asesina pacifistas’. Cada una de estas ‘nobles’ justificaciones ha sido probada en su falsedad por comisiones de la ONU, organismos de DDHH y el periodismo independiente.

De no participar crítica e instrumentalmente en la contingencia electoral de 2013, sólo quedan tres alternativas para el anticapitalismo: lanzar una ofensiva político-militar del pueblo revolucionario; llamar a anular el voto como protesta antisistémica; o dejar hacer.

La primera no resiste análisis; la segunda probará, una vez más, que anular en Chile es ineficaz políticamente; que llamar a la abstención, oportunista; y dejar hacer, cómodo. No participar hoy significa la pérdida de oportunidades de acceso a la comunicación masiva desde los intereses del pueblo y a través de medios todavía ‘veraces’ para gruesas franjas sociales y donde los medios populares aún no llegan (más por falta de recursos y tecnología, y persecución política, que por sus probados talentos y creatividad). Siempre considerando que el uso político popular de la TV, la radio, los periódicos, las web de los que mandan tiene como finalidad sustantiva potenciar al movimiento social y sus luchas. En fin. No es un asunto moral, principista, o una conspiración para distraer políticamente a los de abajo. Simplemente es útil.

Ante las elecciones anteriores quien suscribe este artículo llamó a votar nulo. Pero ahora las condiciones han variado y, además, hay por quién votar-luchando. Y no se está aludiendo en ningún caso a Marcel Claude, sino a la candidatura de una luchadora fogueada y con un entorno de incuestionables militantes populares. De una candidata que desde hace mucho tiempo es dirigenta de pobres en permanente pelea contra los dueños de todo. Una que es protagonista del movimiento social anticapitalista y que siempre ‘ha puesto el cuerpo’. No se trata de una ‘aparecida’ para nadie. Y que aun con procesos judiciales por luchar, hace de su campaña un todo único con su batallar de siempre ( http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=es&cod=74509 ). Su campaña electoral es una extensión de su condición humana de luchadora social y no lo contrario.

7. Finalmente y como contribución modesta al debate anticapitalista chileno. Una Asamblea Constituyente para la construcción de una nueva Constitución, a la usanza histórica de Chile, es una reunión de abogados y especialistas de las expresiones políticas del bloque en el poder para refinar y actualizar la arquitectura legal de dominación. Lamentablemente, no sería distinto según las actuales relaciones de fuerzas en el Chile de hoy. De hecho, ni Salvador Allende ni la Unidad Popular la convocaron. Y la Constitución de 1925 consagraba la propiedad privada en todos sus niveles y salvaguardaba los intereses de la clase dominante. Fue legalizada mediante un plebiscito donde participaron 134 mil hombres de más de 21 años que supieran leer y escribir, y el quórum no alcanzó el 50 % de los pocos habilitados para sufragar. La población de Chile era de 4 millones de personas.

Una Asamblea Constituyente radicalmente democrática y una Constitución Popular es un punto de llegada, posterior a la construcción de la hegemonía política de los intereses históricos de los trabajadores y los pueblos. Porque las leyes son también hijas de la lucha de clases y de las relaciones de poder, y no al revés. Sólo cuando la dictadura militar contaba 7 años y ya imponía en los hechos la versión del capitalismo ultraliberal de Friedrich Hayek y Milton Friedman, fabricó una Constitución.

Primero es el poder y luego los cuerpos jurídicos que refrendan y legitiman las relaciones de fuerzas sociales realmente existentes en una sociedad dada. Los ejemplos recientes en América Latina no hacen más que confirmarlo.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Economía solidaria y soberanía alimentaria

Por Patricia Dopazo y Gustavo Duch

La actividad económica ha existido siempre, la pregunta es ¿qué leyes económicas deben regirla? Curiosamente debemos rescatar valores que hoy las escuelas de negocios dirían ‘antieconómicos’

Son muchos los términos con nombre y apellido que van apareciendo en nuestra sociedad en los últimos años: agricultura ecológica, banca ética, comercio justo, etc. ¿Qué ha ocurrido para presuponer que, según esto, el comercio es de naturaleza injusta, la agricultura daña el medio ambiente o la banca está lejos de ser ética? Añadamos uno más, economía solidaria.
“Economía” es una palabra compleja, que nos hemos acostumbrado a escuchar y leer y a lo que hay que sumar que quizá los medios de comunicación la han vaciado de contenido, o al menos simplificado en exceso. Y ahora necesita adjetivos, porque hay muchas economías. Economía real, economía verde, economía solidaria…
Economía de visión limitada
Sin entrar en detalles, si observamos muy rápido la evolución del término economía a lo largo de la historia, veremos que ha ido variando, independientemente de sus múltiples disciplinas y escuelas, arrastrada, como todo, por las circunstancias históricas, pero también por la particular visión que los valores capitalistas le han ido dando, incluso bastante antes de que este sistema se consolidara como tal.
El concepto de economía surgió ligado a la naturaleza, a la tierra. Podemos decir que se trataba de una ciencia social que administraba los recursos naturales al servicio de los individuos y de la sociedad, y era consciente de la complejidad que esto entrañaba. Se entendía a sí misma como parte inseparable de la biosfera, y por tanto, tenía en cuenta que sus actividades generaban impactos, productos y residuos, tanto a nivel físico como social.
Para los fisiócratas, la corriente económica que mantuvo este enfoque, la agricultura era el único proceso que generaba producción y riqueza: de una semilla se obtenía una planta y de ésta frutos y varias semillas. Los procesos industriales, sin embargo, sólo modifican, sin multiplicar ni añadir nada (Quesnay, citado por Carpintero, 1999).
Con la revolución industrial y la evolución del comercio, la ciencia económica completa su focalización en lo monetario, en los valores de cambio. Se produce una ruptura muy importante, al quedar fuera del sistema económico dominante los procesos sociales y naturales y dejar de entenderse como una disciplina integral e integradora, para estudiar un sistema cerrado donde todo tiene traducción monetaria.
La economía convencional, compartimentada como todas las ciencias modernas, externaliza, por tanto, todos los procesos naturales y los residuos que provoca toda transformación o uso de productos, los deja fuera de su contabilidad. Se aísla de la realidad y se cree apartada del sistema social y del medio ambiente, confundiendo valor y precio, riqueza con dinero y, sobretodo, no midiendo sus consecuencias.
Así, los resultados de lo que hoy conocemos como economía no es extraño que ignoren los impactos sociales y ambientales de los que a mitad del siglo XX se empieza a alertar. La reciente globalización, además, desestructura los procesos económicos y sociales de los territorios, supeditando aún más el desarrollo a la generación de riqueza, entendida como acumulación de capital.
La economía como ciencia, lejos de regular o explicar actividades económicas, se pone al servicio del capitalismo, y, como dicen algunos autores, nos encontramos en el s.XXI rodeados por una econocracia o sistema econocrático que sirve a una ideología muy distante de la equidad y la justicia. Por cierto, y como no podía ser de otra manera, sumido en estos momentos en una crisis global.
La economía solidaria
La sociedad de la información nos ha permitido ser más fácilmente conscientes de las causas y consecuencias del modelo económico imperante, el capitalismo, extendido por doquier: pérdida de cultura, degradación ambiental, abandono de ciertas actividades generadoras de tejido social local (como la agricultura a pequeña escala), acumulación de poder y monopolios de grandes empresas transnacionales, pérdida de derechos laborales, discriminación por sexo, condición física, etc.
Además de la denuncia, desde la sociedad civil consciente y activa se generan alternativas como las ya mencionadas al comienzo del artículo. Una de ellas es la economía solidaria, que devuelve a la economía su verdadera finalidad: proveer de manera sostenible las bases materiales para el desarrollo personal, social y ambiental del ser humano en cada territorio.
La economía solidaria se basa en los valores universales que deben regir la sociedad: equidad, justicia, fraternidad económica, solidaridad social y democracia directa, y está definida en la Carta de la Economía Solidaria (de REAS, Red de Economía Alternativa y Solidaria) a través de sus seis principios:
Principio de Equidad. Todas las personas somos iguales a efectos de derechos y oportunidades, entendiéndose y respetándose la diferencia como una fuente de diversidad que aporta riqueza a la sociedad. Según este principio, nadie puede ser objeto de discriminación o dominación, y la igualdad será ejercida a efectos de información, retribución, solidaridad, participación, etc.
Principio de Trabajo. El trabajo es mucho más que un empleo u ocupación. Se trata de un elemento clave que permite el desarrollo de las capacidades de las personas, poniéndolas al servicio de las necesidades de la comunidad y satisfaciendo sus verdaderas necesidades. Este concepto amplio le confiere dimensión humana, social, política, económica y cultural y reconoce igualmente el trabajo no remunerado, al no ser el intercambio monetario condición determinante.
Principio de Sostenibilidad Ambiental. Todas las actividades que se llevan a cabo lo hacen con respeto por el medio ambiente, del que se sienten parte. De esta manera se promueve el consumo responsable, la conservación de la biodiversidad, la soberanía alimentaria, el decrecimiento. Se minimizan los impactos, haciendo un uso energético eficiente, reutilizando, reduciendo el consumo de recursos, reciclando y promoviendo estas prácticas entre trabajadores y personas usuarias. También, en coherencia con todo lo anterior, se pone en práctica la restauración y recuperación de espacios degradados.
Principio de Cooperación. En contra de los criterios de competencia que son frecuentes en la actividad económica convencional, se defiende la cooperación, la confianza, la transparencia, como forma de optimizar el trabajo, de compartir avances y conocimientos para el beneficio mutuo. La cooperación necesita de comunicación, de interactuación, de espacios donde compartir los retos, los avances y los objetivos comunes que generan tejido económico. La economía solidaria, con su trabajo en red, genera estos espacios.
Principio sin fines lucrativos. La economía solidaria, en coherencia con el resto de principios integrales, pretende la redistribución y reinversión de la riqueza generada en la propia organización o empresa, en contraposición a la deslocalización o al uso de esa riqueza para la práctica especulativa. De esta forma, reinvirtiendo, se repercute en la sostenibilidad de la actividad y en que, por ejemplo, cada vez pueda ofrecerse trabajo de manera autónoma y autogestionada a más personas a medida que la actividad prospera.
Principio de compromiso con el entorno. El entorno debe ser entendido en sentido amplio, como el espacio físico, cultural, social en el que se desarrolla la actividad económica; en primer lugar en sentido local, inmediato y de cercanía y, de manera inseparable, como parte del contexto global. La integración en el entorno próximo, promoviendo su conocimiento, la información y la participación en la resolución de los problemas propios de cada lugar genera, entre otras cosas, tejido social, sentimiento de pertenencia o redes sociales, elementos muy importantes para el desarrollo de la economía solidaria.
En el Estado español, REAS se constituye en 1995 para impulsar y aglutinar las iniciativas de la economía solidaria. En la actualidad es una red de redes que reúne proyectos con larga experiencia relacionadas con la inserción social, la financiación alternativa, el consumo transformador, la formación, la industria, etc, y se encuentra fuertemente consolidado en varias comunidades autónomas.
Alimentar el actual sistema económico o al planeta.
La profundización del capitalismo con sus últimas fases neoliberales ha arrastrado el modelo de agricultura y alimentación hacia un sistema globalizado, de cadenas alimentarias larguísimas e interconectadas, dependiente del capital y finalmente pensando en los alimentos sólo como mercancías que multiplican las ganancias. Analizar la agricultura capitalista permite, lamentablemente, entender bien las consecuencias del modelo, hoy colapsado, cuando se enfoca exclusivamente al crecimiento entendido como la acumulación de riqueza de unos pocos.
Las consecuencias de este modelo son claramente visibles por la población y cada vez más fuertemente rechazadas: pobreza, hambre y desaparición del medio rural y sus gentes campesinas, degradación de los ecosistemas, pérdida de suelos, contaminación del agua, calentamiento del planeta y una alimentación insana e insegura. Este sistema de producción intensivista, mercantilizado y que no reconoce los límites del planeta, es responsable de un futuro amenazador en forma de cambio climático, privatización de los recursos naturales, etc.
Igual que más PIB no significa más desarrollo, más producción agroindustrial no significa más ni mejor alimentación. De hecho, ocurre lo contrario, nunca antes se habían producido tantas materias primas, ni nunca antes ha habido tanta gente pasando hambre. La dinámica consumista propia de estas economías capitalistas que cuestionamos, orientada por y para los mercados -también en la alimentación- hemos visto que no ayuda a satisfacer los derechos humanos básicos, además de ofrecernos alimentos dudosos en su calidad y aportes nutritivos.
Sin embargo, por suerte, el sistema agroalimentario también es un buen ejemplo de las nuevas propuestas que nacen para hacer frente a estas circunstancias. Bajo el paraguas ideológico de la Soberanía Alimentaria, cientos de iniciativas y movimientos sociales han sido capaces de transgredir los perversos paradigmas dominantes.
El más antiguo de los lemas de la Soberanía Alimentaria era premonitorio: LA ALIMENTACIÓN NO ES UNA MERCANCIA, desterrando el protagonismo que los mercados han conseguido en los últimos años. Si en la economía solidaria los valores humanos se ponen por delante de los intereses económicos, en la soberanía alimentaria, de forma análoga, se pone a la economía al servicio de la alimentación (facilitar mecanismos comerciales, financieros, etc.), nunca al revés.
Así pues, la Soberanía Alimentaria encaja como un modelo de economía social y solidaria, resituando la función de la agricultura con mucha claridad: una práctica que, de manera respetuosa con el medio ambiente y adaptada a cada territorio, produce alimentos para las comunidades locales a la vez que se convierte en un medio de vida para quienes la desarrollan, generando economías de pequeña escala y reales.
Cuando hablamos de una agricultura que recupera su sentido primario, alimentar a la población, reivindicamos también la importancia de este sector, el PRIMARIO, en las economías actuales. No podemos construir ninguna economía sostenible reduciendo el sector primario a la mínima expresión.
Sólo desde estas precisiones, ‘alimentar a las comunidades’, se alcanzará la meta de alimentar al mundo. Sólo permitiendo ‘medios de vida’ para las gentes campesinas se alcanzará la igualdad y la erradicación de la pobreza, ya que la Soberanía Alimentaria es también una fórmula para distribuir justa y equitativamente las rentas del trabajo.
Por último, la Soberanía Alimentaria, recupera valores campesinos que bien podemos aplicar en las economías solidarias, por ejemplo la austeridad. Es decir, hemos de entender la agricultura y la alimentación –y la economía- dentro de un planeta vivo y finito, evitando el derroche, el despilfarro de nutrientes y energía… recuperando el sentido común y caminando siempre en los límites de la sostenibilidad y de sus posibilidades reales que, recuperando esta consciencia, son, de verdad, ilimitadas.
La agricultura en una economía capitalista con la agricultura en una economía solidaria, comparemos:
Donde ahora tenemos una agricultura separada de la Naturaleza (o peor, una agricultura que se siente dominadora de la Naturaleza) recuperaremos una agricultura que es parte de la Naturaleza, y ésta, por cierto, la recompensará.
Dónde ahora tenemos una agricultura machista (producir más, ser la empresa más fuerte, tener el tractor más grande…) buscando el control y el poder, tendremos una agricultura feminista revalorizando las ansías del cuidar y del ofrecer.
Donde tenemos una agricultura que, como los trenes de alta velocidad, no paran en ninguna estación, tendremos una agricultura de cercanías, recuperando en cada estación, sea verano o invierno, los sabrosos productos locales y de temporada.
Donde ahora dependemos del petróleo, negro, viscoso y ¡finito!, para producir alimentos, la agricultura del futuro volverá a trabajar con el Sol, un aliado voluntario, generoso y nunca absentista.
Frente a la agricultura de una cosechadora que siega, trilla y contamina –tres en uno-, proponemos una agricultura intensiva… en mano de obra, generando muchos medios de vida.
Frente al gran modelo de distribución, recuperemos el pequeño comercio, los mercados locales y nos organizamos en grupos de consumo para decidir qué comemos y quien lo produce.
Por último, frente a las cosechas uniformadas del monocultivo, se apuesta por huertos fundamentados en la biodiversidad. Patatas, ovejas, patos, guisantes, berenjenas y altramuces comparten la misma tierra, y eso les hace sanos.www.ecoportal.net
Patricia Dopazo y Gustavo Duch.
Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.
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De Manchester a Bangladesh: Los trapos sucios de la moda global

English: Taqiyah (or kufi caps) in Pettah mark...

El 8 de marzo de 1857 un grupo de obreras textiles recorría los barrios más ricos de Nueva York. Protestaban por sus condiciones laborales. El 8 de marzo de 1908, 146 obreras morían en un incendio provocado en la fábrica Cotton de Nueva York. Desde entonces, el 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. A mediados del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, las trabajadoras de EE UU y Europa reclamaban una jornada laboral de 10 horas, permisos de maternidad y lactancia, la prohibición del trabajo infantil, el derecho a una formación profesional y a formar parte de un sindicato. El siglo XIX dejaba acuñado el término capitalismo manchesteriano. El prototipo de un capitalismo en estado puro, de explotación salvaje, que había caracterizado la actividad fabril de la ciudad inglesa. En 2013 Manchester está en Bangladesh.

Mientras las firmas internacionales de moda y las grandes cadenas de distribución seducen a su clientela con la actualización constante de sus diseños y los bajos precios de sus productos, obreras de China, Marruecos, Bangladesh, Honduras o Rumanía viven rodeadas de prendas de ropa que confeccionan durante más de 12 horas diarias, a cambio de salarios que apenas cubren sus necesidades más básicas.

La deslocalización de la producción de ropa a países económicamente empobrecidos se aceleró en los años 90, momento en el que se consolidó un modelo de negocio caracterizado por la subcontratación de proveedores. Las grandes marcas, que en el pasado producían su propia ropa, pasan a ser empresas que diseñan, distribuyen y comercializan prendas fabricadas en todo el mundo, en talleres y fábricas que son propiedad de terceros. Para competir en este sistema, que externaliza los costes laborales en países con mano de obra barata, las pequeñas firmas de moda también se asocian y adoptan el mismo modelo de negocio. El gran éxito de firmas internacionales como H&M o Zara (del grupo Inditex) no se entendería sin el abaratamiento del coste de sus productos a partir de la deslocalización de buena parte del proceso de manufactura.

Décadas Deslocalizado

La primera gran oleada de deslocalizaciones del sector de la confección se produjo en los 70 y tuvo como países receptores Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong y Túnez. La entrada de ropa barata en los mercados occidentales motivó que en 1974 se firmara el Acuerdo Multifibras (AMF), que establecía un sistema de cuotas y límites. Lejos de suponer una limitación a la globalización de la moda, la AMF provocó que las firmas internacionales buscaran proveedores en otros países que no estuvieran incluidos en el sistema de cuotas.

En los años 80, una segunda oleada deslocalizadora abandona los “tigres asiáticos” y se desplaza a países como Sri Lanka, Filipinas, Bangladesh, Tailandia e Indonesia. Mientras América Central y México pasan a ser áreas clave para proveer de ropa las tiendas estadounidenses, Turquía, Túnez y Marruecos se convierten en los talleres de costura del mercado europeo. A finales de los 90 entran en escena otros países productores, como Botswana, Kenia, Tanzania, Uganda, Camboya, Laos o Birmania.

Los últimos países elegidos en la periferia los últimos años se caracterizan además por un patrón común: están fuertemente endeudados con la banca privada y con el Fondo Monetario Internacioanl (FMI) y el Banco Mundial (BM), que les han impuesto planes de ajuste orientados a la exportación y la mejora de la competitividad. Es decir, de una mayor explotación. La industria de la moda, además, impide el desarrollo: se les encarga a estos países la parte con menor valor añadido del mercado legal, se les impone un sistema de acuerdos internacionales donde siempre son los débiles y el movimiento obrero debe enfrentarse constantemente a la amenaza de la deslocalización[1].

Esclavitud en la industria textil

Desde mediados de los 90 numerosas plataformas y organizaciones sociales vienen denunciando la explotación laboral y haciendo frente al silencio mediático que rodea el negocio de la confección textil bajo la globalización. A pesar de más de 25 años de trabajo de redes consolidadas como la Campaña Ropa Limpia internacional y de “compromisos” públicos de las grandes firmas internacionales (en reacción a las denuncias realizadas), hoy nos seguimos encontrando las mismas situaciones que en los 90.

La amenaza constante de cierre y de deslocalizaciones y la debilidad de los movimientos obreros en los países productores sigue contribuyendo a que la realidad escondida tras el glamour que nos venden deportistas de élite, modelos y diseñadores se quede en Marruecos, en China o Bangladesh. El sector global de la confección continúa nutriéndose del trabajo de millones de personas que viven en la pobreza a pesar de hacer largas jornadas laborales. Las prácticas de compra de las marcas, derivadas del modelo de producción, consumo y comercio internacional, se encuentran en la raíz de las condiciones de trabajo y de vida de las trabajadoras.

Para las personas que trabajan en la industria de la confección global, cobrar un salario que permita cubrir sus necesidades con un mínimo de dignidad se ha convertido en su mayor preocupación. Es un sector que tradicionalmente se caracteriza por condiciones pésimas y una de las retribuciones salariales más bajas del mundo, con consecuencias directas que se derivan de ello: largas jornadas de trabajo, desestructuración familiar, asunción de deudas impagables, malnutrición de niños y adultos y, en definitiva, unos costos incuantificables en forma de sufrimiento humano. Todo ello, vulnerando derechos fundamentales, como el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos relativo a una remuneración equitativa y satisfactoria, o las disposiciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que afirma que “el salario mínimo legal debería constituir un elemento clave en las políticas para eliminar la pobreza y asegurar las necesidades de las personas trabajadoras y de sus familias”.

Casi todos los países tienen establecidos salarios mínimos legales pero, con el fin de atraer la inversión extranjera, los gobiernos fijan los mínimos muy por debajo de los niveles de subsistencia. En consecuencia, en algunos países, los salarios mínimos no alcanzan los umbrales de pobreza absoluta internacionalmente aceptados. En Bangladesh no llega a un dólar diario, y en la India, Sri Lanka, Vietnam, Pakistán y Camboya, se sitúa entre los dos y los cuatro dólares diarios. Salarios imposibles para garantizar necesidades básicas como son la alimentación, la vivienda, la ropa y servicios imprescindibles como la educación, la salud o el transporte.

La carestía de la vida de ha agravado, además, bajo un contexto de subida de precios de los productos básicos que ha mermado el poder adquisitivo, más aún cuando buena parte de los salarios está destinada a la alimentación. Una mujer de Indonesia que trabajaba para un proveedor de Nike, Reebok y Walmart comentaba en una entrevista realizada en 2009: “Hay aumentos del salario mínimo, pero el coste de la vida aumenta más rápido. Para empeorar la situación, desde hace poco, la empresa ya no nos subvenciona el transporte ni la comida”. En Bangalore, India, hay un sistema trianual de revisión salarial, pero el salario real ha disminuido un diez por ciento en los últimos 15 años. En Tailandia, los salarios aumentaron únicamente 18 bath (38 céntimos de euro) entre 1997 y 2005. En Vietnam y China los sueldos estuvieron congelados durante más de una década[2].

La peor situación, en este sentido, es la de Bangladesh. El Producto Interior Bruto (PIB) de Bangladesh crece a un ritmo del cinco por ciento desde 1990, según el Banco Mundial, y se ha convertido en el tercer exportador internacional de ropa. En el país hay más de 4.000 fábricas de ropa y confección donde trabajan más de tres millones de personas, la gran mayoría mujeres. El elemento clave de este crecimiento ha sido la gran disponibilidad de mano de obra extremadamente barata debido a la pobreza y la escasa regulación de los derechos laborales.

Los salarios más bajos del mundo conviven con una alta inflación que genera un rápido empobrecimiento de los obreros y las obreras. El salario mínimo legal estuvo congelado desde 1994 hasta 2006 mientras la inflación registró tasas del cuatro y el cinco por ciento anuales. El incremento del salario mínimo de 930 taka a 1.662,5 taka mensuales (unos 18 euros), en 2006, fue el resultado de manifestaciones multitudinarias y de una ola de revueltas urbanas que recibieron una fuerte represión policial. La triplicación del precio del arroz registrada en 2008 inutilizó, sin embargo, el incremento de 2006 y generó una nueva ola de movilizaciones fuertemente represaliada. En 2010 el gobierno fijó un salario mínimo de 3.000 taka (unos 32 euros) mensuales[3]. Las movivilizaciones de obreros y obreras no han parado, pero la represión tampoco. Doble impacto tiene ésta sobre las mujeres trabajadoras, que son las que sufren las peores consecuencias según la OIT: “salarios bajos, más horas de trabajo, frecuentemente temporal y en negro, prolongando aún más sus largas jornadas laborales”.

Agotamiento interminable

Las jornadas de la industria de la confección se alargan hasta las 12 o 14 horas diarias. Algunos fabricantes incluso encadenan varios turnos en momentos de mucho trabajo o para hacer frente a plazos de entrega muy cortos. Las trabajadoras no pueden negarse porque su salario base no es suficiente para cubrir las necesidades más básicas y para mantener una familia. Extorsionando la pobreza, las trabajadoras aceptan la sobreexplotación, ven dañada su salud y pierden la posibilidad de formarse, de educar a los hijos, de alcanzar una vida digna.

Tras años trabajando en habitaciones pequeñas, mal iluminadas, sin ventilación, respirando polvo y partículas en suspensión y en posiciones corporales inadecuadas mantenidas durante muchas horas, sufren fatiga visual y lesiones y desarrollan numerosas enfermedades. Sin seguro médico ni cobertura o subsidio por baja.

La investigación realizada por la Campaña Ropa Limpia en Tánger en 2011 mostraba cómo en Marruecos, dónde la mayor parte de las firmas españolas tienen fábricas proveedoras, lo común es que las obreras realicen jornadas de más de 55 horas semanales, excediendo de forma sistemática el límite legal del país[4]. Otra investigación realizada en Bangladesh, India, Tailandia y Camboya en 2008[5], centrada en fábricas proveedoras de grandes cadenas de distribución como Lidl, Aldi, Tesco, Walmart y Carrefour, apuntaba que las jornadas laborales raramente eran inferiores a las 10 horas diarias en semanas de trabajo de seis días.

Represión sindical y dificultades para la negociación colectiva

A pesar de la libertad de asociación y de negociación colectiva son dos derechos fundamentales, establecidos por la OIT y definidos como “derechos habilitantes” (es decir, que su ejercicio es necesario para que otros derechos sean respetados), su defensa y protección es una tarea imposible. A los y las trabajadoras se les niega abiertamente la posibilidad de sindicarse.

En muchos de los países productores de ropa, los gobiernos restringen, dificultan e, incluso, prohiben los sindicatos independientes y la negociación colectiva, todo ello en un contexto de sobreexplotación laboral. Las y los empresarios, a su vez, recurren si es necesario a la intimidación, los despidos, las listas negras y, a menudo, a la violencia física. Es práctica extendida la creación de listas compartidas sobre sindicalistas.

Nuevas formas de lucha

Pero las trabajadoras buscan maneras de organizarse y luchar para mejorar sus condiciones. La Federación Sindical Internacional de Trabajadores/as del Textil, la Confección y el Cuero (ITGLWF, por sus siglas en inglés) cuenta con 217 organizaciones afiliadas de 110 países[6]. El contexto internacional de ofensiva neoliberal ha limitado mucho el poder de negociación de los sindicatos. El empresariado local dispone de márgenes impuestos muy cortos para aceptar salarios más altos y está sometido a fuertes presiones de las firmas internacionales. Ante la posibilidad de perder sus beneficios, traslada la presión a las personas trabajadoras. Y la amenaza de la deslocalización y del cierre de los centros de trabajo opera como el argumento más utilizado para fomentar la desmovilización.

En Bangladesh, por seguir con el ejemplo que nos ocupaba en párrafos anteriores, los pequeños avances logrados en la remuneración de las personas trabajadoras se han conseguido en un contexto de brutal represión gubernamental y empresarial. En enero de 2007, se decretó el estado de excepción, que ha intensificado las limitaciones a las libertades de reunión y de expresión y ha dado cobertura a la persecución, detención y tortura de cientos de activistas y líderes sindicales. La Campaña Ropa Limpia ha impulsado diversas acciones de solidaridad internacional con las personas detenidas y, en especial, con los miembros del BCWS (siglas inglesas del Centro de Solidaridad con los Trabajadores y trabajadoras de Bangladesh) Aminul Islam y Kalpona Arkter, que en agosto de 2010 fueron encarcelados y torturados durante 30 días debido a las denuncias de varios empresarios propietarios de fábricas proveedoras de empresas como WalMart, Carrefour o H&M. Aunque los dos fueron liberados, el 10 de abril de 2012 Aminul Islam apareció muerto con signos de tortura.

Frente a unos mercados laborales salvajes que esclavizan a las legiones de obreras procedentes de zonas rurales en profunda crisis, aumentan los movimientos de obreras que exploran nuevas formas organizativas y que se apoyan en la solidaridad internacional para abrir brechas de resistencia. Al mismo tiempo, y quizás en parte porque los sindicatos marginan sistemáticamente a las mujeres y no logran tener una presencia relevante en un sector tan feminizado como el de la confección, crecen las organizaciones localizadas en los barrios que agrupan a trabajadoras que no comparten necesariamente centro de empleo pero sí tienen situaciones laborales y personales similares.

La colaboración entre este tipo de movimientos y las campañas internacionales que trasladan a las consumidoras y a los consumidores la realidad de los centros de producción es la vía de presión a las marcas internacionales que ha permitido conseguir numerosas victorias en casos puntuales de represión sindical en muchos países productores de ropa. Victorias que, lejos de reconocer un compromiso real de las empresas transnacionales por impulsar cambios estructurales en el sector, se convierten en imprescindibles para mantener y reproducir los núcleos de lucha presentes en todos y cada uno de los lugares donde las obreras sufren explotación.

 

 

NOTAS:

  1. Sales, Albert (2011): Moda: industria y derechos laborales, SETEM, Campaña Ropa Limpia, Barcelona.
  2. Merk, Jeroen (2010): Tejiendo salarios dignos en el mundo, SETEM, Campaña Ropa Limpia, Madrid.
  3. Alam, Khorshed (2012): Stitched Up. Women workers in the Bangladeshi garment sector, War on Want, London.
  4. Sales, Albert; Piñeiro, Eloísa (2011): La moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección, SETEM, Campaña Ropa Limpia, Barcelona.
  5. Campaña Ropa Limpia (2009): Pasen por caja, SETEM, Barcelona.
  6. Ver la web de la federación ITGLWF (International Textile, Garment and Leather Workers Federation): www.itglwf.org.

Albert Sales i Campos, sociólogo y polítologo, es activista de la Campaña Ropa Limpia y miembro del Colectivo RETS.

Este artículo ha sido publicado en el nº 55 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Primer trimestre de 2013.