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La Historia como guía para una reforma

Iberian Peninsula at Night (NASA, Internationa...

La reorganización del capitalismo tardío, fase en la que predomina la especulación sobre la producción, exige la creación deliberada de grandes espacios precarizados. El siglo XX conoció este fenómeno de manera muy llamativa en el continente americano. La transformación de las repúblicas del centro y del sur del continente en grandes patios traseros y en miserables colonias dependientes fue obra de la política yanqui. Esta hizo un amplio despliegue de intervenciones militares directas, fomento de los golpes de estado, apoyo a guerrillas contrarrevolucionarias, sobornos a dirigentes y funcionarios, amaño de elecciones, apoyo a grupos mediáticos y mil recursos más. La precarización ha llegado a Europa: este es el panorama del siglo XXI. Por medio de diversas tácticas de “violencia estructural” (no hemos llegado a recuperar el golpe de Estado o la invasión militar directa) la Unión Europea al servicio de Alemania ha reajustado las consecuencias de su errónea política financiera –meramente especulativa- castigando a los países que se dejaron llevar por ella, aceptando el aterrizaje de capitales “paralizantes” de la autonomía productiva. Llamo capitales “paralizantes” a aquellos que, como el curare, se constituyen en un veneno exterior que impide la producción y el dinamismo de una formación social. El capital alemán y –en general- europeo- tanto en la forma privada (orientada a la especulación inmobiliaria) como en la forma oficial (por vía de diversos fondos estructurales, de cohesión, de reconversión, etc.) llegó a España con estos resultados. Es un capital especulativo (toma el dinero y corre) y, por tanto, para su aterrizaje en una neocolonia es preciso que se lleve a cabo todo un escenario de recorte y modelado de lo que previamente fue esa neocolonia. En el Reino de España, y muy en concreto en mi País Asturiano, se ha podido ver en qué consistió ese escenario “arreglado” a golpe de decretos de despacho y a golpe de porrazos de los antidisturbios: adelgazamiento brutal de los sectores primario y secundario.

Vayamos por partes.

— Adelgazamiento del sector primario. Los ataques a la Casería, organización ancestral de la Asturies eterna, se han focalizado en la guerra de la leche. La imposición de las cuotas lácteas y de criterios de productividad capitalista que nada tienen que ver con las finalidades culturales, ecológicas e institucionales de la Casería tradicional asturiana ha sido uno de los elementos más desestabilizadores de la identidad del País Asturiano. El ingreso de España en la Comunidad Europea con los calzones bajados en tiempos del felipismo supuso dejar en la estacada a la Iberia del Noroeste, la verde, la rica en pastos, carne y leche, esa Iberia donde se localiza Asturies. Llegaron a estar prohibidas las vacas en el paraíso del vacuno. Hoy el campo asturiano está casi abandonado a mayor gloria de los supermercados franceses. Hoy en día, el ganadero de la Iberia atlántica es un esclavo en manos de la gran industria láctea, que le impone precios ruinosos para la producción. En algunos aspectos el ganadero y el propietario de explotaciones agrarias es el mayor vapuleado del sistema, pues a diferencia del obrero, éste “empresario” no goza de libertad para fijar precios de sus mercancías producidas, ni tampoco puede contar con un abanico flexible de compradores. Tampoco puede con facilidad unirse a otros campesinos y paralizar la sociedad por medio de huelgas, aunque lo haya intentado. Su posición cada vez más marginal en una sociedad dependiente de la gran industria foránea, y supeditada a las grandes decisiones euroburocráticas, hace que Asturies y los demás países del Noroeste (Galicia, León, Cantabria) no pinten nada y no puedan hacerse escuchar con voz propia y fuerte. Entre medias está un Estado Español de signo sureño y levantino, remiso a la defensa de intereses de una Iberia atlántica cada vez más marginal y potencial competidora de Francia y de demás países “verdes”. Si a ello le sumamos las propuestas etnocidas que en España se estilan con respecto al campo, y de las que no faltan defensores locales, el campo se verá muerto y más que muerto durante todo el próximo siglo. Entre esas propuestas etnocidas que tanto se cacarean en la llamada “prensa regional” figuran la eliminación de concejos o la fusión de los mismos, contraviniendo la naturaleza histórica y antropológica de los mismos. También hay que citar el proceso de unificación y centralización de las escuelas rurales, violando con ello un derecho humano fundamental, que es el de recibir educación en igualdad de condiciones y sin perder las raíces de la tierra natal. Con criterios economicistas, se centralizan los servicios de salud y otros servicios básicos del Estado, con lo cual no es de extrañar que las familias jóvenes, en edad de reproducirse, emigren a los grandes conglomerados urbanos, como el triángulo Uviéu-Xixón-Avilés, por ejemplo. Universitarios sin cabeza, o simplemente cipayos sin alma, han defendido la creación de una “Ciudad Astur”, esto es, la reconversión de la antigua Nación Asturiana en un gran municipio de un millón de habitantes, homologable a un barrio de Madrid, convenientemente rodeado de zona verde con algunos servicios para turistas. Estas agresiones contra el campo asturiano son, en realidad, agresiones contra la nación asturiana.

Si no fuera porque hay importantes intereses comerciales extranjeros –franceses- en contra del desarrollo de la Casería, en contra del sector de la leche del N.O., del campo atlántico de Iberia, en general, no podríamos entender bien la raíz de este abandono en que Madrid y las “autonomías” concernidas (incluyendo el “Principado”) le ha dejado. Sustanciosos fondos han sido malgastados en manos de los sindicatos corruptos, CCOO y SOMA-UGT, enemigos del Pueblo Asturiano, y se han convertido en fondos obstaculizadores del desarrollo. Por otra parte, sorprende la cantidad enorme de subsidios oficiales que el Estado destina a población flotante, no contributiva, extranjera, etc., filantrópicamente destinados, se supone, a su perfecta integración en las grandes ciudades, que es donde se concentra ésta. Mientras que se malgasta este dinero en incentivar todo género de parasitismo urbano en personas desarraigadas o –a veces- delincuentes, a los verdaderos pobladores del País, que en última instancia son los pobladores del campo, se les retiran los servicios sociales, educativos, sanitarios, etc. Sin temor a la exageración se podría decir que los auténticos habitantes del País Asturiano han estado sufragando con sus propios recursos el proceso de sustitución étnica que consiste en (1) abandonar el campo para superpoblar la ciudad (asturiana), en una segunda fase (2), que puede darse dentro de la misma generación o en la siguiente: abandonar la ciudad (asturiana) y emigrar a España o a Europa. El “nicho ecológico” urbano (que no el rural) será ocupado por las limaduras de hierro que atraiga el imán de las subvenciones y de ciertas ventajas relativas de un Estado del Bienestar en franca decadencia. Así se convertirá Asturies en un solar vacío de gente o, en caso contrario, en un solar repoblado por contingentes foráneos cuya llegada y cuyos relativos privilegios (relativos sobre todo por comparación a su provincia o país de origen) han sido sufragados por el esfuerzo de los nativos que han tenido que marcharse. Toda la crítica a este proceso es bloqueada con un anatema: ¡xenofobia!, condenación que saben manejar muy bien los apóstoles del neoliberalismo cuando recomiendan y hasta exigen movilidad a los trabajadores asturianos, así como los izquierdistas, que se tornan ultrasensibles hacia unos desconocidos, cuya nacionalidad incluso es ignota y que exigen sus derechos nada más aterrizar, pero que al mismo tiempo miran con gran conmiseración a los “reaccionarios” campesinos que, al no saber readaptarse a los nuevos tiempos abandonan la aldea, la Casería y el género tradicional de vida, pues es “una Ley Natural” ésta que se llama Ley del Progreso.

— Ahora le toca el turno al sector secundario. Desde los tiempos anteriores a la conquista romana, el País Asturiano contó con condiciones propicias para la minería y la metalurgia. Los astures independientes y después los romanizados eran famosos por sus actividades en este sector, hasta el punto de que las riquezas naturales del territorio astur –que incluyen los metales preciosos- disminuyeron considerablemente desde los tiempos del imperialismo romano. Las condiciones geológicas de Asturies favorecieron una actividad minera que, con el inicio de la Revolución Industrial trastocaron el País de arriba abajo. Las entrañas hendidas y descoyuntadas de la tierra astur quedaron hoy como cicatrices de un paisaje rural y una actividad agropecuaria autosuficiente. La Minería, hoy en trance de extinción, supuso una grave pérdida de identidad del País, por la afluencia de emigrantes sureños que vinieron al País a buscarse su pan. Emigrantes que, junto a los nativos, sufrieron horrendas condiciones de explotación, casi podría decirse que martirio. Todo tipo de costumbres extranjeras penetraron hacia el norte de la Cordillera cantábrica: tabernas de vino, festejos taurinos y flamenquistas, castellanismos y andalucismos. Las consecuencias de la Revolución industrial son siempre el desarraigo poblacional, tanto de los que afluyen como de los que se quedan y contemplan cómo su escenario les cambia por completo. La tranquila sociedad rural asturiana, que estaba lejos de ser una Arcadia opulenta, había vivido durante siglos en el remanso de la fe, del paternalismo señorial, de la inmovilidad de las clases sociales, del tradicionalismo. Pero la agudización de la explotación de los obreros, y la sacudida de los cimientos tradicionales de explotación del agro, descoyuntaron al País. Vinieron muy pronto ideologías que sirvieron para sustituir a las Ideas. En lugar de Bondad, Lealtad, Honor, se trajeron los ideales de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad. Pronto aparecieron el Anarquismo, el Republicanismo Federal, el Socialismo, y el Comunismo. A costa de su paisaje y de sus aparentemente inconmovibles raíces medievales, el País Asturiano, un País de aldeas y caserías, se descoyuntó en torno a una línea de fractura: la lucha de clases. La virulencia de las huelgas asturianas llegó a su epítome en la Revolución de Ochobre de 1934. De esta calamidad la nacionalidad asturiana no se ha recuperado. La catedral y sus símbolos nacionales más preciados, sitos en la Cámara Santa, quedaron destruidos. La Universidad, destruida y clausurada. Miles de muertos, miles de violaciones cometidas por las tropas de la República Española y sus mercenarios los moros. Se habilitaron campos de concentración para los miles de revolucionarios asturianos detenidos, que además fueron sometidos a todo género de torturas y humillaciones.

Se puede decir que desde 1934, Asturies no levantó cabeza como nacionalidad. Todo proyecto regionalista y autonomista se bloqueó, y las ideologías más intransigentes, a izquierda y derecha, se adueñaron de las calles. Toda visión nacional se supeditó a la lucha de clases, y desde que los revolucionarios asturianos fueron traicionados por los partidos y centrales obreras de España, se fomentó el mito castrante de que Asturies siempre había dado su sangre por los demás, por otras instancias: por España en la Covadonga del siglo VIII, por el Rey y por España otra vez, en la Revolución antinapoleónica de 1808, y por el Proletariado Internacional en 1934. Asturies vivió ya para siempre en un largo sueño y en una insoportable mentira. Pues tras la Guerra, y tras ser aplastado el Consejo Soberano de Asturies y León, la posguerra aguardó para el País un destino propio para un País ocupado: ser colonia. Sobre Asturies y sobre los territorios circundantes que formaron el viejo País Astur (el Noroeste de la Península) el Reino Español, reconvertido en dictadura totalitaria, se ejerció con mayor intensidad el proceso de aculturación que ya un siglo antes habían emprendido los gobiernos liberales de Madrid. En realidad, toda la batería de críticas que los “soberanistas” e independentistas de toda laya dirigen contra el Régimen de Franco como causante de los males del centralismo, como principal agente de la españolización de todos los territorios, deberían retrotraerse a los gobiernos de la Monarquía Española del siglo XIX, y de forma muy especial a los liberales. Tras 1812, se fue consumando la desarticulación étnica y política de los pueblos ibéricos, con divisiones provinciales arbitrarias, con la disolución de la Junta General del Principado (1835), con la uniformización de la enseñanza, el derecho civil, etc.

El franquismo fue una continuación del siempre fracasado proyecto liberal por hacer del Reino de España un Estado-Nación a la manera francesa. Un intento tardío pues ya en Europa se había dado la acumulación de capital necesario para que las burguesías de otros estados-nación se apelotonaran en torno de gobiernos y ejércitos que se lanzaran a la conquista y reparto del mundo. La Monarquía Hispana se había lanzado a la conquista del mundo sin haber consolidado burguesía alguna, antes bien, liquidándola a comienzos del siglo XVI. Su inmensa máquina militar y burocrática, alzada durante el reinado de los Habsburgo, se reveló como ineficaz desde el principio, sobre muy precarias bases hacendísticas, ajenas a la racionalidad que exigía en Capitalismo boyante en los otros estados europeos. Tras los Habsburgo, los Borbones fueron acometiendo sus planes centralistas –aquellos que Olivares no había podido ejecutar en el siglo XVII. Los Borbones fueron los que realmente trajeron la castellanización por decreto del Reino. El “castigo” de eliminar los fueros a los territorios austracistas (los de la Corona de Aragón) no pudo ser aplicado a otros territorios autogobernados desde antiguo, de naturaleza foral y con cámaras de representación popular propias (Principado de Asturies y las Provincias Vascongadas), por haber permanecido leales a la causa borbónica.

El verdadero nacionalismo asturiano, que debe separar bien su frontera con ese “soberanismo” que, en realidad, es una prolongación secreta de Izquierda Unida para dividirle y neutralizarle, es una causa legitimista. Todos los nacionalistas asturianos somos legitimistas: no revindicamos un “derecho a decidir” o un “derecho a la autodeterminación”. Reclamamos en realidad el ejercicio de una soberanía ilegalmente pisoteada pero que es soberanía originaria. España no existirá desde el punto de vista de la legitimidad natural mientras no se reconozca y no se permita el ejercicio de la soberanía de Asturies. Asturies fue el primer reino en tiempos de la dominación mora, y de este estado medieval brotaron los concilios que, andando el tiempo, serían la Junta General del Principado. Del Reino Asturiano irían brotando todos los demás entes políticos (condados o reinos, así como las Cortes y Juntas que regionalmente surgirían en el medievo).

Resulta penoso observar cómo la ignorante prensa “regional” asturiana, así como sus intelectuales provincianos, hacen amplio uso del nombre de “Principado” entendiéndolo en un sentido patrimonial, como si la vinculación a la primogenitura del Rey Castellano fuera un hecho eterno e inexpugnable. “Principado” tenía en el medievo un sentido más bien aproximado al de “República”. El circo –o payasada- anual que se celebra en Oviedo con la entrega de los premios de la Fundación “Príncipe de Asturias” no es otra cosa que un montaje para dar publicidad a la Casa Real, a la monarquía española, pero Asturies ya fue Principado antes de que existiera España, y su denominación histórica no tiene nada que ver con el sentido patrimonialista que se le pretendió dar en 1388, cuando el rey castellano quiso hacer suyos estos territorios, por cierto bien levantiscos y que podrían haber formado parte de otra Corona –por ejemplo, inglesa- o mantenerse de forma republicana (a través de una Junta General o Hermandad de todos los concejos asturianos) de haber sido otros los resultados de las luchas de los nobles independentistas. El Principado de Gales o el Delfinado francés también fueron ejemplos de “retención” de un País a una Corona por medio de la primogenitura regia. Y en una época tan poco propicia a las repúblicas, la existencia de Juntas soberanas –como las vascas y la asturiana- junto con el constitucionalismo y federalismo de los reinos de la Corona aragonesa son buenos ejemplos de la tendencia no absolutista del Medievo. Sin embargo el Principado de Asturies, con su vinculación a la Corona Castellana perdió fronteras con otros estados extranjeros a los que poder reclamar ayuda. Su vinculación al Reino de León, por traslado de la corte de Uviéu a Lleón fue la condición de su absorción posterior por parte de Castilla, pero realmente no fue hasta bien entrado el siglo XV cuando se dio lugar la anexión castellana. Y esa anexión fue de todo punto ilegal, pues de la misma manera que los castellanos reclamaron como parte natural de su Corona al Principado, éste bien habría podido exigir a los reyes de León, primero, y de Castilla, después, su incorporación a Asturies como parte conquistada y sometida a la jurisdicción. No fue así, pues Asturies decayó lentamente y se vio marginada de los grandes aconteceres de la Reconquista (y por tanto de los botines correspondientes). Pero fue de hecho y de derecho una especie de República autogobernada.

Cuando los castellanos y los españolistas reclaman que Asturies es “parte” suya, se les debe replicar que con mucho mayor motivo Castilla y su proyección fantasmal, España, es parte de Asturies, ilegítimamente desgajada.

La lucha del nacionalismo asturiano es una lucha completamente diferente de la lucha del nacionalismo vasco o catalán. Es una lucha en la que no entran los elementos “modernos” del Derecho (arbitrario) a decidir, como si en cualquier momento se pudiera consultar al “pueblo” (y ¿quién es el “pueblo”) desgajarse de un Estado o no. La composición y las dimensiones de los estados, así como las fronteras, serían fluidas en grado sumo, sujetas a la máxima inestabilidad a la que –tendencialmente- propende la Democracia Cibernética. El Pueblo podría separase “pacíficamente” de otros Pueblos, y la guerra de votos derivada de una serie de consultas –”legales” o no- se sustituiría por la Guerra de Censos. Si votan los emigrados de la diáspora (asturiana, vasca, gallega) no censados ¿entraremos en las causas de esa diáspora? Si consideramos que la nacionalidad no se corresponde con los límites de provincias decretados por Javier de Burgos en el siglo XIX ¿no son asturianos los de León al norte, los de las Asturias de Santillana, los hijos y nietos de emigrantes en Sudamérica? ¿Se sienten vascos todos los navarros? ¿Independencia de Cataluña sin contar con los demás “Países Catalanes”?

A posta, formulo todas estas preguntas polémicas para obligar a orientar los desvelos del nacionalismo asturiano hacia una Visión de Estado y a marcar distancias con respecto al “soberanismo” en el que algunos ingenuos han ido cayendo, como incautos en una burda trampa, y esa es la trampa de los llamados “soberanismos” vasco y catalán. Desde Asturies no estamos interesados en la lucha de esos pueblos por su destino, aunque en el “soberanismo de izquierda” suelen darse inocuas llamadas a una “solidaridad internacionalista”. Más les valdría a estos incautos del independentismo (en el País, articulados en torno a pequeños grupúsculos herederos de la -¿desparecida?- Andecha Astur) estudiar a fondo a Marx. Si hubieran estudiado a fondo el marxismo, que pocos conocen e invocan, sabrían de sobra que las Condiciones Objetivas, estructurales, son las que determinan las relaciones entre las clases y entre los pueblos. Sabrían que la “solidaridad internacionalista” para con las reclamaciones de Artur Mas o, de forma más comedida, Íñigo Urkullu, son objetivamente destructivas y perjudiciales para con la Formación Social Asturiana. Suponen la creación de entes parasitarios del Estado Español, suponen la discriminación de otras naciones, nacionalidades y regiones convirtiéndolas en rehenes de unas aspiraciones muy curiosas, pues lejos de venir refrendadas por una revolución netamente popular, como la de Irlanda, por ejemplo, suponen una especie de independencia subvencionada. Como asturiano yo voy a tener que pagar con mis impuestos el capricho de Artur Mas de contar con un Estado propio. Lo curioso de ese nacionalismo de sardana y butifarra es que viene impulsado por una burguesía indígena desde siempre explotadora y capitalista (otro tanto se diga del PNV, si bien éste cuenta con más base popular). Esa burguesía se ve ahora demográficamente convertida en minoría, y los apellidos catalanes “de pura cepa” escasean cada vez más, hecho contrarrestado con la catalanización de los nombres de pila. Muchos “Jordi” Fernández o González, o Pérez, son los que ahora apoyan las demandas de esa minoría con pedigrí cada vez más ajena a la realidad: la realidad de una nación, Cataluña, que habla “andaluz” en buena parte, y que el día de mañana hablará árabe en un porcentaje decisivo. Cuando Mas invoca la herencia franca o carolingia de su vieja nación está revelando el grave complejo de identidad que le aqueja. El rigor histórico debería haberle recordado que los francos llamaban “hispani” a los catalanes de entonces, y también eran, para ellos, los “godos”. Este brote de independentismo debe vincularse a la crisis de identidad que ha provocado en la burguesía, antaño pujante y hoy fosilizada, del centralismo barcelonés. En todas las sociedades heterogéneas desde el punto de vista étnico se dan tales brotes de nacionalismo “reactivo”. Sabino Arana fue, hace un siglo, expresión exacta de lo mismo. Y la invención de Castilla, ya desgajada de Asturies y Lleón, lo mismo: la abundancia de judíos y moriscos exacerbó un sentimiento feroz de identidad, de cuya ferocidad –siempre artificial- dan prueba las persecuciones y matanzas de los “otros”.

El nacionalismo identitario asturiano nunca fue agresivo precisamente porque nunca necesitó de dotarse de artificios políticos con los que albergar/expulsar a los otros. La sociedad asturiana fue muy homogénea hasta bien entrado el siglo XIX, hasta que llegó emigración sureña y gallega con la Revolución Industrial. La mayor crisis identitaria fue la provocada por la posguerra franquista y la incentivación que de la emigración interna la Dictadura llevó a cabo en todo el Estado. Franco sabía de sobra que con el aguijón del hambre, pueblos y comarcas enteras podían desplazarse de sur a norte, y de centro a periferia con el fin de lograr la homogeneidad tan buscada por él, justo como por los liberales del XIX. Fue precisamente en la Transición (años 70 del siglo pasado) cuando la conciencia de la identidad asturiana brotó sobre bases nuevas, un tanto distintas de aquellas bases que sustentaron el regionalismo anterior al desastre de 1934. Entre esas bases se encontraba un mayor énfasis en la reivindicación de la lengua (énfasis al que se circunscribieron algunos asturianistas, limitando con ello el alcance de la lucha), un celtismo cultural, unas demandas de mayor autonomía, un rechazo al covadonguismo como ideología, etc. Pero estas bases fueron débiles: los que iniciaron el movimiento de “Conceyu Bable” no contaron con el doble respaldo que había entre nacionalistas catalanes y vascos: una burguesía autóctona que pusiera el dinero, y un sector popular de izquierda que “animara” las calles. El nacionalismo necesita de ambas cosas: dinero y masas. En Asturies no hubo nada de esto.

El carácter de vía muerta de aquella iniciativa de “Conceyu Bable” está hoy a la vista. Fracaso tras fracaso electoral, los nacionalistas, soberanistas, asturianistas, viven en tribus aisladas, sin saber ofrecer un proyecto de nación en común. Casi todo el sector a la izquierda ha venido siendo instrumentalizado por el PCE –y grupúsculos españolistas adjuntos- y después por Izquierda Unida. El grado de control que ejercen sobre los jirones del movimiento de reivindicación nacional es enorme, y fácil de ejercer. Se percibe incluso en las relaciones personales, en la censura practicada sobre ciertas webs, en campañas ad hominem. Todo intento de construcción –aunque consista en una mera propuesta teórica- de un amplio frente nacionalista, por encima de la trampa bipolar de “izquierdas” o “derechas” es inmediatamente tachado de “interclasista” o de “tercera vía neofascista”. La crasa ignorancia de la tradición marxista por parte de ciertos elementos radicales y anti-sistema les impide comprender que hasta el mismo Lenin veía como fase necesaria de la lucha proletaria la incorporación de éstas a amplios frentes populares en los que otras clases sociales y estamentos descontentos de éstas podían hacer las veces de válidos compañeros de viaje. Frente a la instrumentalización que lleva a cabo la izquierda oficial, claramente corrupta, clientelar y ávida de pesebres proporcionados por el PSOE, todavía queda por hacer un amplio movimiento popular en la que se imbriquen cada vez más los aspectos ecológicos, sociales e identitarios del País Asturiano. Ese movimiento popular debe ir desbloqueando poco a poco los mecanismos de sujeción ideológica que la “izquierda plural” del PSOE-IU y grupúsculos adjuntos viene ejerciendo a través de la prensa, la enseñanza, los concejos, las fundaciones y entramados diversos. Además, con la debida conciencia de que las naciones se están quedando muy pequeñas y de que el mapa autonómico (cuando no el sistema al completo, que hoy es la “España de las Autonomías”) se va a reconfigurar, este amplio movimiento popular debe enlazarse con el de los países vecinos, y formar lo que yo he llamado una Alianza del Noroeste. Por medio de colaboraciones generosas en todos los terrenos, debe propiciarse:

  1. Un apoyo decidido al leonesismo: León no es Castilla, debe ser el lema de todos los nacionalistas identitarios de Asturies, apoyando además la recuperación de su lengua (que es la nuestra, aunque reciba denominaciones diferentes en cada territorio, leonés o asturiano). Apoyar el proyecto de recuperación del “País Astur”, mucho más amplio que la actual comunidad autónoma uniprovincial del Principado de Asturias.
  2. Una coordinación cordial con el nacionalismo gallego, superando puntos de conflicto, recordando que la reivindicada Gallaecia de tiempos remotos coincide básicamente con el Noroeste ibérico, de común raíz céltica.
  3. Apoyar decididamente la recuperación de la lengua asturiana de gran parte de Cantabria, por encima de las denominaciones locales que de ella se quieran hacer, y recuperar en el terreno cultural la idea de Les Asturies/Las Asturias, en plural, como base para esa Alianza del Noroeste.

La España de las 17 autonomías es inviable en lo económico y en lo histórico-cultural. Después de 30 años ha devenido una farsa. Es una farsa que impide la creación de grandes núcleos de pueblos con afinidad histórica y étnica. En territorio y población, el Noroeste (Galicia, Asturias, León y Cantabria) podría medirse con más justicia al lado de las dos Castillas reunificadas, un País Vasco que incluya a Navarra, unos Países Catalanes, Aragón, una Andalucía… Pocas entidades nacionales, grandes y, a su vez dotadas de internamente de una estructura federal. Esto supondría el arrinconamiento de esa monstruosa ciudad de Madrid, como vieja capital de un Imperio ya inexistente, así como la supresión de las Diputaciones Provinciales y otras entidades intermedias entre lo local y lo Confederal. El nuevo mapa se parecería mucho a las viejas entidades históricas (Reino Asturleonés, Reino Castellano, Corona de Aragón…) adaptado a las nuevas realidades (desgajamiento de lo andaluz frente a lo castellano, insularidad de las Canarias, aumento de la conciencia identitaria en las provincias vascas, tradicionalmente desunidas y más vinculadas a Castilla que a Pamplona…) pero, por regla general sostengo que la Historia es una regla más fiable que el capricho de las oligarquías y de la casta política indígena, y desde luego, ofrece unas orientaciones más saludables que las que emanan de los cocederos de Madrid, villa y Corte. De dicha Corte siempre se ha proyectado una visión fantasmagórica, irreal, de lo que significa la diversidad territorial y etnológica de España.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

COMPARTIR REFLEXIONES AÑO 2013

                         Domingo Nuñez Polanco

                                                                    Domingo Nuñez Polanco
Cambiando un poco la tradición de la clásica salutación, apropósito de las festividades navideñas y de año nuevo, hemos querido compartir con los amigos y las amigas  estas reflexiones con el fin de forjar conciencia de patria y humanidad.  Esperamos para todos y todas  éxito en las diferentes actividades y proyectos que se proponen para este 2013.   Lo que suceda en este nuevo año 2013, como siempre, dependerá en gran parte de nosotros mismos. Y es por eso que nuestro primer deseo es que tengamos la sabiduría de decidir  cada uno de nuestros actos, con conciencia y responsabilidad.
Hay quienes consideran, como muy probable, que Jesús no haya nacido un 25 de diciembre, sino hacia la primavera. Y que tampoco haya sucedido en el año que creímos, sino que hubo aparentemente un error en los cálculos del monje Dionisio y en realidad nació entre 5 y 7 años antes.
Estas fechas nos han sido impuestas, como tantas otras cosas y nosotros las aceptamos como parte de nuestra cultura, de nuestras costumbres. Existen en la actualidad decenas, quizá cientos de calendarios diferentes, aunque la mayoría en occidente utilizamos el gregoriano, que tiene apenas algo más de 500 años.
Cada cultura, cada pueblo, tiene sus propias fechas, sus días de festividad.
Preferimos entonces aprovechar estas fechas para saludar en forma general a cada uno de la familia y a los diversos amigos y amigas, ya que son todos y todas  respetados y queridos por igual.
Sí utilizaremos el calendario gregoriano, como una forma de dividir el tiempo. Y en esto nos referimos al final de un año y al comienzo de otro. El que está terminando ha sido un año de crisis;  una crisis  de valores, una crisis global en el ámbito económico, financiero, social, político y cultural.  La crisis crean condiciones favorables para  el  cambio, y el cambio es necesario, imprescindible para mitigar el advenimiento de posibles  catástrofes climáticas, crisis alimentarias y el derrumbe de muchos paradigmas que han sido soporte culturales, ideológicos, políticos y religiosos de la civilización humana desde tiempo muy remoto que afectarán severamente a todo ser vivo sobre la Tierra.
Es necesario e impostergable que nuestra generación, a partir de este nuevo año 2013, asumamos el compromiso con nuestra madre naturaleza y el medio ambiente para hacer de este mundo un planeta vivible. Todo hombre, toda mujer con responsabilidad de humanidad debe asumir con  fuerza y determinación necesaria esta lucha por hacer valer nuestros derechos y los de la Madre Tierra, para poder defendernos y defenderla de quienes por pura ambición y sed de poder no le importa un bledo la extinción de las especies del planeta.
En este nuevo año 2013, asumamos como practica de vida actuar con amor. El amor representa la bondad, la solidaridad, la compasión. En este nuevo año, sería grandioso poder actuar con amor en todos los órdenes de nuestra vida. Lograr sentir amor por cada cosa que hagamos, por cada ser vivo con el que nos relacionemos.
La física cuántica postula que un mundo se está creando a cada instante, que tenemos la posibilidad de armar todo el tiempo nuestra realidad. En otras palabras, que de alguna forma, vamos fabricando nuestra realidad, mediante nuestras emociones.
Entonces ahí, el concepto del amor, que había sido solamente explicado desde las concepciones religiosas, encuentra la forma hasta el momento inadmisible, de entrelazarse con los conocimientos científicos, justo en este momento, justo ahora.
Fuerza, sabiduría y amor, son nuestros deseos para que cada uno dentro de sí, comience a gestar un mundo mejor.
Con sentimiento, afecto y cariño para todos.
Domingo A. Núñez Polanco

El militar en tiempos de catástrofe

 

Español: mINISTERIO DE LAS FUERAS ARMADAS REPU...
Español: mINISTERIO DE LAS FUERAS ARMADAS REPUBLICA DOMINICANA (Photo credit: Wikipedia)
Gral. Ing. José Antonio Rodríguez Mejía
ingecom@claro.net.do

En los últimos años, las fuerzas militares han desempeñado una función de gran importancia, o quizás  primordial, en las operaciones internacionales que se corresponden con ayuda humanitaria. En prácticamente todos los países desarrollados, cada vez se acepta más la opción de asignar a las Fuerzas Armadas la responsabilidad inherente de ayuda en casos de desastres.

Es indiscutible el hecho, de que hay aspectos muy interesantes en esta opción. Gracias a una excelente capacidad operativa, cuyos costos ya están totalmente “pagados”, los militares pueden resolver el problema de la logística y aportar una sensación de orden y eficiencia en medio de las condiciones caóticas que se aprecian luego de un desastre. En nuestro caso, las Fuerzas Armadas, como ha ocurrido en estos días con el paso del Huracán Sandy próximo a nuestra isla, representan la dirección del COE  (Centro de Operaciones de Emergencia) y empiezan su tarea de preparar las bases para el reinicio de las acciones que motorizarán el aparato productivo de la nación. Vemos el militar, desde la salida del sol hasta el ocaso, trabajando arduamente en favor de todos los ciudadanos, llevando siempre consigo la llama sagrada de una vocación de servicio, que siempre le ha caracterizado.

En la actualidad, conforme a los nuevos tiempos, nos encontramos en nuestras instituciones, formando un ciudadano en uniforme con las características apropiadas para desempeñarse dentro de una sociedad normada por un régimen de libertades y con un carácter político democrático; un militar, que después de haber recibido una formación profesional y ocupacional, se considere un ente multiplicador del desarrollo global del país con los niveles y parámetros que circunscriben estas características a la calidad total, lo que redunda, en instituciones que puedan dar respuestas efectivas a las demandas de seguridad y defensa que necesita la nación en su conjunto.

Hemos de recordar, que las acciones cumplidas por nuestras Instituciones Armadas, son permanentes y pertenecen a la estructura misma del Estado. Además de constituir una reserva de gran importancia para los gobiernos en las horas de crisis, las Fuerzas Armadas, trabajan activamente para apoyar todo el proceso democrático, a través del cumplimiento de tareas específicas que van, desde el control y seguridad de todas las instalaciones vitales del país, preservación de los recursos naturales, seguridad de nuestros polos turísticos, puertos, aeropuertos y frontera, hasta la participación activa en la lucha contra el flagelo del narcotráfico y su incidencia en nuestra sociedad.

La seguridad es condición del desarrollo, así como el desarrollo sostenido y racional hace posible la existencia de esa misma seguridad; la interrelación entre el desarrollo y la seguridad fundamenta la posibilidad oportuna del progreso y crea la necesidad de acciones por parte de nuestras  Instituciones Armadas.

La más significativa contribución de las Fuerzas Armadas al desarrollo del país es la defensa; esto posibilita este desarrollo, al preservar el clima de confianza que atrae la inversión extranjera y motiva al ahorro y al trabajo.

Seamos pues, los ciudadanos en uniforme, entes receptores de la confianza de nuestra sociedad, en la garantía para la preservación de los mejores intereses de toda República Dominicana.

 

 

 

“Tenemos que denunciar el cinismo de Facebook y la ingenuidad de sus usuarios”

DEBATES SOBRE REDES SOCIALES: ENTREVISTA CON EL FILÓSOFO HERVÉ FISCHER  (REVISTA EÑE)

 

Pero haberlas, haylas...
Pero haberlas, haylas… (Photo credit: Guesus)

 

Facebook es una moda pasajera y es inminente su declinación. Frente al avance irrestricto de la tecnología en nuestras vidas necesitamos de una nueva evolución… Quien habla es Hervé Fischer. Y sus declaraciones son toda una provocación. Un llamado a la reflexión. Incluso aquí, en Buenos Aires, este francocanadiense les enrostró a una veintena de funcionarios locales de Open data y gobierno abierto, que la e-administración no vale nada para los pobres. De allí que algunos lo llamen agitador. Pero sus posiciones son serias. Defiende, por ejemplo, la necesidad de un híperhumanismo, una ética planetaria frente la inercia de la fragmentación y la ruptura del sentido que arrancó con las posmodernidad y que se potenció formalmente a partir de la última revolución tecnológica. Frente al determinismo, antepone la voluntad humana, fundamental para afrontar el cambio de paradigma en el acceso y producción de conocimiento. Artista y filósofo, dueño de un currículum amplísimo, Fischer (París, 1941) ha publicado una veintena de libros entre los que se encuentran Los desafíos del cibermundo, La declinación del imperio de Hollywood y El choque digital. Invitado a participar de un Seminario internacional de periodismo digital en la Universidad Nacional de Rosario y de la Semana Internacional de Gobierno Abierto (Siga2011) que desarrolló en el microcentro porteño la semana pasada, contestó estas preguntas entre viaje y viaje, en su enésima visita a nuestro país.

De manera provocativa, ha dicho que la e-administración no vale nada para los pobres ¿significa esto que la doble administración será necesaria por siempre?

Claro que lo he dicho por provocación. Pensar en una e-administración global, para todos, es un sueño. No se puede pensar hoy de manera realista que una administración digital incluya todos los trámites. Inevitablemente se fragmenta. La idea de totalidad es pura utopía. Por el momento se puede decir que la doble administración tendrá que seguir dos generaciones más, como mínimo. Todavía hoy la mayoría de los ciudadanos no tiene computadora ni acceso a Internet.

Hay temor frente a la creciente cantidad de datos que manejan las empresas, ¿deberíamos tener el mismo miedo frente al las  administraciones digitales de los gobiernos?

Me preocupa el poder de la administración misma, que se amplía con lo digital. Hablan demasiado de apertura y open data, con buena intención, pero también para no crear miedo frente al nuevo poder que acaparan. La idea de open data es irrealizable  como todos sabemos, e inaceptable al nivel de la protección de la vida privada – un aspecto muy importante de la democracia – , pero se afirma, se revindica como una estrategia de buena apariencia de la administración para que no nos inquietemos.

¿Qué riesgos entraña la contradicción que encarnan millones de personas sumergidas en el consumo y la tecnologización de sus vidas frente a otros tantos millones que, por decisión o por imposibilidad, viven completamente al margen de Internet y sus círculos?

Es mucho más rápida la alfabetización digital que la del alfabeto fonético o la lectura, la cual después de cinco siglos todavía es limitada y deja más de mil millones de seres humanos al margen. La brecha digital va a seguir porque resulta de la brecha económica y política, que es mucho mas larga y profunda. Es algo que lo digital no va a resolver. Pero no se debe denunciar tanto la brecha digital si no la desigualdad entre Norte y Sur, ricos y pobres. Es cierto, lo digital contribuirá a mejorar la situación, pero no podemos caer en el pensamiento mágico.

Curiosamente empresas, algunos gobiernos, incluso la ONU, intentan asimilar el acceso a Internet a un derecho humano cuando ni siquiera pueden cumplir con los Objetivos del Milenio… ¿qué clase de derecho sería ese?

Para mi no es la prioridad. El agua potable, la seguridad física, la educación, la libertad de expresión son más importantes. Una prioridad que no se respeta.

¿Qué seriedad le atribuye usted a teorías como la de Kevin Kelly o a conceptos como technological singularity, que ven la posibilidad de una “evolución biológica de la tecnología”?

Es parte de la utopía tecnocientífica de hoy, del poshumanismo. Si se habla de progreso médico, vale; si se dice que la tecnología es parte de la materia y de la naturaleza, no es nuevo. No debemos oponer naturaleza y tecnología, como en la tradición idealista. Seria estúpido intentar convertirnos en cyborgs o entusiasmarnos con otras pesadillas de este tipo. Tenemos que evitar el integrismo o fundamentalismo digital que se encuentra en los EE.UU. o en Australia. Tenemos que ser razonables, equilibrados. Más humanistas. No deberíamos iniciar una utopía tecnosocial o tecnobiológica al estilo en que los intelectuales iniciaron utopías políticas en el siglo XIX. Hemos visto el resultado. Es infantil esa utopía de la singularidad. Vale solamente para las películas de ciencia ficción.

¿El hecho de delegar varias de nuestras operaciones mentales en una máquina, qué desafíos nos plantea?

Las computadoras calculan, agregan, combinan pero no piensan. Tienen que ser estúpidas y no pensar para dar el resultado que esperamos de ellas. Sin esa disfunción, no sirven. Pero es importante que no deleguemos nuestra inteligencia, sensibilidad y ética a espíritus mágicos. Sean estos la naturaleza divinizada, Dios, o una computadora. Es significativo que hablemos de computer cloud -en el cielo- pero tampoco es bueno entregarse a la nube. Es necesario desarrollar nuestra lucidez, autonomía y poder tecnocientífico, pero controlándolo. Es un debate social muy importante, que encierra una diferencia notable. Dios es fruto de la imaginación humana, lo digital es creación humana, una herramienta poderosa que nos vas ayudar en nuestra evolución. Posiblemente ese poder tecnológico presente tantos riesgos que nos va a obligar a desarrollar una ética planetaria. Sería una paradoja espléndida que el poder y peligro de la tecnología digital nos lleve no solamente a más creatividad, más libertad, sino también a más sentido de responsabilidad y más ética.

¿Qué propone para salvar la oposición desarrollo mental vs. Desarrollo tecnológico?

No veo una oposición. Al revés. El error es pensar que lo tecnológico va reemplazar lo mental. Se complementan muy bien. Lo tecnológico es parte de nuestro nuevo humanismo.

Superficiales, el libro de Nicholas Carr, alerta sobre la posibilidad de que el uso indiscriminado de Internet nos convierta en seres distraídos, más tontos. ¿qué opina?

No lo leeré. Su tesis es una caricatura. Incluso frente al exceso de consumo, entretenimiento y desigualdad, soy optimista.

¿Por qué confiamos en los soportes digitales cómo reservorio de nuestras memorias? Es un error confiar en la memoria digital. Lo digital vale por el acceso, por la combinación, el cálculo, pero se vuelve muy frágil y volátil como memoria. Es peligroso perder eventualmente nuestra memoria cultural, administrativa, etc. Necesitamos una doble memoria, de soportes tradicionales y digitales.

La tecnociencia a veces pierde de vista cuestiones éticas en su afán por avanzar y avanzar. ¿Cuáles son los desarrollos (los efectos de estos) que más le preocupan ahora?

Necesitamos una nueva mutación de la especie humana – después de muchas otras en poco tiempo – para ser capaces de controlar el poder digital que creamos de manera tan acelerada. Eso puede venir de un cambio de la estructura biológica de nuestro cerebro, puede venir de compartir más información e ideas entre más personas (inteligencia conectada) o probablemente, de una combinación de ambos aspectos. Si no, encontraremos nuestro propio fracaso. Esa mutación es necesaria, pero soy optimista. La evolución humana procede por adaptación dice Darwin, pero mas aun por divergencias, saltos. Lo he subrayado, y demostrado, varias veces.

¿Las artes visuales están terminadas? Es difícil sorprender, ya está todo hecho, y lo que sorprende, difícilmente sea arte. ¿Eso piensa? ¿Por qué?

Mi ultimo libro, al revés es titulado L’avenir de l’art – El porvenir del arte (vlb, 2010). Hablo del regreso paradójico de la pintura en la edad digital, de la importancia del arte filosófico, critico, sociológico, pero digo también que encontramos un determino ético de la estética. Las artistas digitales, los que pretenden reemplazar los bellas artes, exigen un monopolio ilegítimo. Se mezclan con las industrias del entretenimiento. Pierden el poder crítico del arte. Hablo de la necesitad de reintroducir un diálogo entre bellas artes y artes digitales y de desarrollar «bellas artes digitales».

¿Y la literatura? Usted no daba gran crédito al e-book. Eso parece haber cambiado, ¿cómo lo ve ahora?

Se cree confirmar el fin de la época de Gutenberg citando el éxito comercial de los libros electrónicos, sean de Amazon, de Sony, de Microsoft y tantas otras empresas, o las tabletas electrónicas de tipo iPad. Pero no se debe olvidar que este éxito comercial ha llegado después de muchos fracasos, uno tras el otro, y progresa hoy solamente en la medida que esos nuevos soportes electrónicos imitan más y mejor al buen viejo libro de papel: ergonomía, ligereza, tamaño, manipulación agradable de las páginas que suenan cuando las pasamos, superficie opaca de la pantalla, movimiento curvo… Hasta el olor de la tinta de imprenta se manda en bolsitas por correo tradicional. Eso sin hablar de la reducción espectacular de los precios. Los japoneses acaban de comercializar un soporte de lectura de libros electrónicos que imita hasta la flexibilidad de las paginas cuando se inclina la pantalla en diversos ángulos. Es decir que, paradójicamente, el libro tradicional de papel impreso es un modelo ineludible para cualquier éxito de tal imitación electrónica. Hablo del triunfo de e-Gutenberg a pesar de McLuhan.

Facebook, Google., entre otros, preanuncian el fin de la vida privada, o al menos parece que harán todo lo posible por no respetarla, ¿qué cambios avizora, cuál será el lugar de la intimidad?

Tenemos que resistir, denunciar el cinismo de Facebook y la ingenuidad de sus usuarios. Es fundamental respectar la vida privada en una democracia: es una conquista que no podemos perder. He escrito muchas veces contra Facebook y anunciado su declinación, que está cada vez más próxima.

¿Es optimista en relación al futuro?

Si el sentido es una voluntad, la ética es una voluntad, la dirección de nuestra evolución es una voluntad. No se lee, se decide. Tenemos que desarrollar más humanismo gracias a mas links. Dos veces hyper, entonces. En este sentido hablo de ética planetaria. Es más importante la ética que la tecnología para nuestro futuro.

Entrevista de Horacio Bilbao

Revista Ñ, Buenos Aires, 12/08/2011 http://www.revistaenie.clarin.com/

Difundido por Correspondencia de Prensa germain5@chasque.net

 

COMPLEJIDADES DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA

El salto de una sociedad movida por la ambición individual y la competencia, a otra que descanse en la solidaridad y la ayuda mutua, tropieza con muchos mas obstáculos materiales y trabas mentales que los que podrían haber imaginado Carlos Marx, sus precursores y todos sus seguidores en busca de la utopía socialista.
No creo que se trate de inconsistencia entre las conjeturas y conceptos revolucionarios de Marx sobre la libertad política contra la explotación, el saqueo, la miseria, la barbarie, la alienación; su concepción materialista de la historia y su doctrina económica, que Engels hizo suyos y enriqueció con contribuciones magníficas a la filosofía, las ciencias naturales, la sociología, y a las complejidades de la lucha real por el desarrollo económico y social.
Ni Marx ni Engels eran sabios aislados de la realidad concreta. Todo lo contrario, su propósito esencial fue siempre el de proveer al movimiento obrero de los instrumentos ideológicos científicamente fundamentados para transformar el mundo.
La lucha de los revolucionarios contra tendencias negativas, tanto en el conjunto de la sociedad como en la práctica política y administrativa, en todos los niveles de dirección, tales como la corrupción, el nepotismo, el dogmatismo, el sectarismo, el verticalismo y los extremismos de todo tipo, han estado siempre sometidos a ataque, pero son propensiones que resucitan y probablemente tendrán que permanecer en la agenda de combate revolucionaria mucho más tiempo, o indefinidamente. Con ellos ocurre igual que con el machismo y todos las demás aprensiones que afectan las relaciones de género, étnicas y raciales, que encuentran adictos y opositores en todo el amplio espectro de la sociedad, aún después que se logre una clara orientación oficial, apoyada en una legislación precisa, en defensa de la igualdad.

A nivel interno de las naciones, quienes llevan la peor parte en la distribución de la riqueza son aquellos que, en condiciones inertes, debían favorecer la lucha por el objetivo de lograr una sociedad solidaria como alternativa a una sociedad competitiva. De la misma manera, a escala global, en un mundo dividido en países ricos dominantes, de una parte, y dependientes subdesarrollados, de la otra, debían ser las naciones que llevan la peor parte en la actual estructura de la sociedad global, las llamadas a ser abanderados de la lucha.
Aunque es notorio que las motivaciones de los revolucionarios se alimentan, tanto a nivel nacional como internacional, de muchos más factores que los que determina el bienestar o la pobreza, son estas circunstancias elementos coadyuvantes del apoyo a los procesos revolucionarios. La pobreza motiva la rebeldía, pero mucho mas lo hacen las injusticias, las desigualdades, las exclusiones. Esto es válido tanto a nivel individual, como social y global.

Pero el mundo es un complejo de redes y circunstancias que rechaza soluciones esquemáticas, en el que intervienen muchos más imprevistos que reglas. La aspiración, cada vez más conciente en el Tercer Mundo, de cambiar el injusto orden económico, político y social del mundo ha enfrentado obstáculos de orden subjetivo que estimulan y aprovechan las potencias desarrolladas por medio de ataques a la unidad y la voluntad de vastos sectores poblacionales del Sur.
Las tendencias globalizadotes que el desarrollo impone a escala mundial son manipuladas por las naciones desarrolladas en beneficio de sus objetivos y en perjuicio de las desfavorecidas.
El desarrollo de los medios masivos de divulgación sirve a los poderosos para la promoción de los modelos de vida que convienen al capitalismo moderno, de orientación neoliberal, mientras ignoran o combaten los que surgen y se desarrollan en los países que escapan del subdesarrollo, de contenido solidario, cooperativo y comunitario.
El fraccionamiento del mundo en naciones que compiten entre si por el bienestar propio en detrimento del ajeno es, sin dudas, incompatible con un mundo de iguales, hermanados por el bienestar común.
Si se fuera consecuente con los principios del desarrollo sin fronteras que supone la globalización, se incluiría en estas tendencias no solo el comercio, la inversión y todas las formas actuales del intercambio económico internacional, sino también las migraciones, el uso sin barreras de las tecnologías de punta, y otras que solo se justifican como medidas de protección de los privilegios de que actualmente disfrutan los ciudadanos de las naciones más desarrolladas.
Las revoluciones llegadas al poder tienen que lidiar con muchas contradicciones internas derivadas de esos males que, al tiempo que figuran como desviaciones a superar a nivel de la ciudadanía, se manifiestan y reproducen también en sectores de la dirigencia política y administrativa, a partir de propensiones instintivas, influencias externas, prejuicios, tradiciones y otras causas.
Y ese esfuerzo se hace más tenso cuando hay que desplegarlo en medio de las dificultades que impone una situación de resistencia a una agresión extranjera que hace la tarea más compleja y difícil aún.
Este enfrentamiento parece inevitable, a la luz de que los objetivos de los países eufemísticamente llamados “en vías de desarrollo” suponen, en última instancia, quiérase que no, un cambio estructural de las relaciones internacionales que amenaza el orden capitalista, impensable sin explotación, intercambio desigual y dependencia económica.

By Manuel E. Yepe

PUBLICADAS POR GALLO ROJO

 

CLASIFICACIÓN DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS

        Todas las ideologías políticas pueden reducirse, en última instancia, a cuatro fundamentales: liberalismo, socialismo, nacionalismo y anarquismo. En la práctica política nunca las encontramos en estado puro sino combinadas de diversas formas.

                     

Prof. Andrés Luetich
El objeto del presente trabajo es mostrar que entre las cuatro ideologías fundamentales no hay dos que se opongan en todo. Se podría decir que son equidistantes entre sí: en las cuestiones de mayor importancia, cada una coincide con otra y se opone a las restantes dos.
Primer Criterio de Clasificación: Primacía del individuo o del grupo
El hombre, tal como lo conocemos, vive en relación con otros hombres. No hay sociedad sin individuos ni individuos sin sociedad. Al reflexionar sobre esta mutua relación, algunos autores asignan mayor importancia a uno de los dos términos y colocan al otro a su servicio.
Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden ser divididas en dos grupos: las totalistas, socialismo y nacionalismo, que priorizan al grupo; y las individualistas, liberalismo y anarquismo, que dan prioridad al individuo.
Segundo Criterio de Clasificación: Aceptación o rechazo de la propiedad privada
La propiedad de los bienes es un tema de suma importancia para los intelectuales. Del régimen de propiedad depende, en definitiva, toda la organización económica de la sociedad. Algunos autores entienden que en la propiedad privada de los medios de producción reside el origen de todos los males sociales; otros, por su parte, la consideran indispensable para la marcha de la economía y para el ejercicio efectivo de la libertad individual.
Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden ser divididas en dos grupos: las contrarias a la propiedad privada, socialismo y anarquismo; y las que están a favor de la propiedad privada, liberalismo y nacionalismo.
Tercer Criterio de Clasificación: Relación con el “mito” racionalista del progreso
¿Es la Historia un camino gobernado por un sentido, por una ley racional que la rige y orienta más allá de las decisiones de los individuos y los grupos hacia un destino de perfección? Muchos lo creen así y piensan y actúan convencidos de colaborar con el desarrollo que la Historia impone al hombre en cuanto camino de paulatino perfeccionamiento. Otros, por el contrario, descreyendo de todo finalismo, basan sus propuestas en la decisión personal de individuos o grupos limitados sólo por su contexto y su propia capacidad, o aceptan un cierto finalismo pero de tipo romántico, no racionalista, cuyos protagonistas son los pueblos con sus particularidades.
Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden dividirse en dos grupos: las progresistas, socialismo y liberalismo; y las románticas o no racionalistas , anarquismo y nacionalismo.
LIBERALISMO
Primacía del individuo sobre el grupo:
Resalta la libertad del individuo como un derecho inalienable, previo a toda experiencia social. Considera que, si bien la libertad es un derecho primario, la falta total de límites acarrearía un caos que impediría su ejercicio. La propuesta es, entonces, renunciar voluntariamente a una parte de la libertad individual para conservar con seguridad la restante. Por ello para el liberal el Estado —que es quien custodia ese resto— es un mal necesario, surgido del acuerdo de los individuos, mediante un “contrato”. La Teoría del Contrato Social sirve de fundamento teórico para quienes defienden al individuo frente a la sociedad y al Estado, reivindicando su originalidad y sus derechos y mostrando que el fin del Estado es el individuo y no al revés.
Sí a la propiedad privada:
El liberalismo acepta la propiedad privada de los medios de producción como una condición necesaria para el normal desarrollo de la vida económica de la sociedad. El liberal ve en la propiedad una condición necesaria para la vigencia efectiva de la libertad individual. Cada uno puede hacer con sus bienes lo que crea conveniente, dentro de unos límites muy amplios custodiados por el Estado para evitar la disolución social y el riesgo de la pérdida de los bienes propios. El esfuerzo del individuo en sus tareas está relacionado directamente con el deseo egoísta de progresar económicamente y acumular riquezas en forma personal. Buscando optimizar sus ganancias, quien ha reunido un capital, pequeño o grande, lo invierte, generando proyectos y emprendimientos. Al actuar de este modo, y sin proponérselo, genera más riquezas y fuentes de trabajo, beneficiando al conjunto de la sociedad.
Si bien reconoce que el régimen de propiedad privada genera, tarde o temprano, marcadas diferencias económicas, prefieren eso a la ausencia de propiedad y, por lo tanto, de libertad individual.
Progresismo:
El liberalismo descansa sobre la creencia de que la Historia marcha hacia una realización plena de la vida humana. Incluso muchos de ellos no dudarían en sostener que ya la hemos alcanzado.
Para el liberalismo, la Historia es la lucha por conquistar la libertad individual y esta conquista es paulatina. El último gran acontecimiento en este camino fue la Revolución Francesa y el surgimiento de los gobiernos constitucionales. Con el sistema republicano de gobierno, el individuo —ahora ciudadano— logra el máximo status político posible. Participa en un plano de igualdad con los demás individuos y sólo reconoce autoridad a unos representantes elegidos por él mismo que tienen una injerencia limitada sólo a aquello que es indispensable controlar para evitar el caos y garantizar la libertad.
Esta herencia racionalista aporta al liberalismo un claro tinte universalista. Por ello los revolucionarios franceses proclamaron los “derechos del hombre” y no sólo los de los franceses, a quienes representaban
SOCIALISMO
Primacía del grupo sobre el individuo:
Para el socialismo el todo es mayor que la suma de las partes. es decir, la sociedad es más que los individuos que la integran. La sociedad, que preexiste a los individuos y continúa existiendo después de la muerte de tal o cual individuo particular, es más importante que ellos.
Para el socialismo el grupo de pertenencia y el sujeto de la Historia es la clase social. De allí que sus historiadores pongan énfasis en describir los modos de producción y las relaciones de producción, mostrando los intereses de las clases en lucha, su dinámica y sus avatares.
Llevada al extremo, una teoría de este tipo puede justificar el sacrificio de unos por el “bien” de todos. Ese sacrificio puede no ser voluntario: muchas veces es decretado por quienes tienen el poder para decidir qué conviene al Estado o al partido que gobierna.
El Estado se convierte en el centro de la vida política y, explícita o implícitamente, se genera un sistema de partido único. Esto recorta las libertades individuales, tanto de expresión como de participación en la vida política y favorece el sostenimiento de una unidad monolítica. Así, el totalismo se transforma en totalitarismo, no quedando espacio para la crítica y la generación de propuestas opuestas a las del partido en el gobierno.
No a la propiedad privada:
El socialismo ve en la propiedad el origen de las desigualdades, la violencia y, en general, de todos los males sociales.
Desde una postura que se pretende “científica”, los socialistas se declaran contrarios no a todo tipo de propiedad, sino específicamente a la propiedad privada de los medios de producción. La razón es clara y sencilla: es este tipo de propiedad el que genera la división en clases sociales. Si un particular es dueño de un medio de producción inevitablemente terminará contratando a otros que trabajarán para él. (Pensemos en una fábrica, por ejemplo. ¿Podría el dueño hacerla producir por sí mismo?) Si el primer objetivo del socialismo es llegar a una sociedad sin clases (sin división de clases) y la propiedad privada de los medios de producción es lo que genera esa división, comprendemos por qué el socialismo se muestra tan contrario a ella.
A pesar de los escritos de Marx sobre la “abolición del Estado”, en la práctica el socialismo reemplaza la propiedad privada de los medios de producción por una propiedad estatal. De este modo, todos terminan trabajando para el Estado y nadie se ve necesitado de vender su fuerza de trabajo a un particular.
Progresismo:
Descansa sobre la creencia de que la Historia marcha hacia una realización plena de la vida humana. Sin embargo, los socialistas consideran que la sociedad capitalista es esencialmente injusta y que la plena realización del hombre sólo se dará cuando ésta sea superada.
El socialismo ve a la Historia como un camino de emancipación y anuncia y propugna el advenimiento de una nueva y definitiva etapa en la Historia Política: la sociedad comunista. Por ello, no se identifica con el statu quo : es revolucionario. Considera que sólo una transformación radical de la estructura económica posibilitará la construcción de una sociedad verdaderamente justa e igualitaria. Su componente racionalista se trasluce en su carácter universalista. El “Manifiesto Comunista” dice “proletarios del mundo unios”, más allá de las circunstanciales diferencias nacionales o culturales.
NACIONALISMO
Primacía del grupo sobre los individuos:
Para el nacionalismo el todo es mayor que la suma de las partes. ¿Qué significa esto? Que la sociedad es más que los individuos que la integran. La sociedad, que preexiste a los individuos y continúa existiendo después de la muerte de tal o cual individuo particular, es más importante que ellos.
Para el nacionalismo, el grupo esencial de pertenencia y el sujeto de la Historia es la nación. Por eso, cuando un nacionalista escribe libros de Historia, centra su atención en el surgimiento, desarrollo y ocaso de las grandes naciones.
Llevada al extremo, esta ideología puede justificar el sacrificio de unos por el “bien” de todos. Un sacrificio que muchas veces no es voluntario sino decretado por quienes tienen el poder para decidir qué conviene a la nación o al partido que la gobierna.
El Estado se convierte en el centro de la vida política y, explícita o implícitamente, se genera un sistema de partido único. Esto recorta las libertades individuales, tanto de expresión como de participación en la vida política, y favorece el sostenimiento de una unidad monolítica. Así, el totalismo se transforma en totalitarismo, no quedando espacio para la crítica y la generación de propuestas opuestas a las del partido en el gobierno.
Sí a la propiedad privada:
El nacionalismo acepta la propiedad privada de los medios de producción como una condición necesaria para el normal desarrollo de la vida económica de la sociedad.
El nacionalista está preocupado por el crecimiento económico de su nación, por que ella logre independencia y, de ser posible, se convierta en dominante. La propiedad privada es para él un medio en pos de la grandeza nacional. Las desigualdades económicas son vistas como un mal que debe ser soportado si beneficia a la nación. El Estado, fuerte y omnipresente, no niega ni anula el derecho de propiedad pero busca ponerlo al servicio de sus intereses.
El nacionalismo reconoce que el régimen de propiedad privada genera, tarde o temprano, marcadas diferencias económicas, pero prefieren eso a la ausencia de propiedad, para salvaguardar o aumentar el poderío nacional.
Irracionalismo:
El nacionalismo no ve a la Historia como un camino de realización, orientado hacia la conformación del tipo más perfecto de sociedad: destaca el componente no racional tanto del obrar humano cuanto de la Historia en su conjunto.
Los nacionalistas ven a las naciones como los sujetos de la Historia. Ésta es la lucha entre los pueblos por dominar a los demás, prosperar y mantener la propia existencia. Y ese dominio no tiene una fundamentación racional sino vital y emocional. Las naciones luchan por sobrevivir e imponerse, como lo hacen todos los demás seres vivos: es la ley de la vida. Y para lograrlo bien valen la astucia y el engaño. El individuo se siente unido a la nación y este sentimiento de pertenencia es tan fuerte que moviliza las emociones más profundas.
ANARQUISMO
Primacía del individuo sobre el grupo:
Resalta la libertad del individuo como un derecho inalienable, previo a toda experiencia social. Es tan celoso de la libertad individual que entiende que reconocer cualquier otra autoridad implicaría renunciar a la libertad y someterse a la esclavitud. Por ello para el anarquista el individuo es su propia norma y el Estado es un órgano represor. Toda autoridad es impuesta e injustificable y debe ser repudiada y desobedecida.
No a la propiedad privada:
El anarquismo ve en la propiedad el origen de las desigualdades, la violencia y, en general, de todos los males sociales. No distingue entre distintos tipos de propiedad, limitándose a pregonar una visión simple y monolítica: «Toda propiedad es un robo.» Es propietario quien se apropia, y quien se apropia toma para sí algo que es de todos. Ello genera injusticias, miedo, agresividad, envidias. Gran parte de los males que aquejan al hombre en su dimensión social pueden ser explicadas, desde esta perspectiva, como el resultado de esa injusta apropiación.
El anarquismo pretende eliminar la propiedad privada en todas sus formas, sin reemplazar a los particulares por otro propietario. Se hace difícil imaginar una aplicación práctica de esta propuesta, la cual permanece más como una idea irrealizable —convocante y movilizadora— que como una verdadera alternativa.
Irracionalismo:
El anarquismo no ve a la Historia como un camino de realización, orientado hacia la conformación de un tipo más perfecto de sociedad. Destaca, de un modo mucho más profundo y tajante que el marxismo, el componente no racional del obrar humano y de la Historia.
Considerar que la Historia tiene un sentido y que al hombre sólo le cabe aceptarlo o rechazarlo es, para el anarquista, atentar contra la libertad individual. De haber tal orden y sentido, se estaría reconociendo la existencia de una autoridad superior y esto es, por una cuestión de principios, inadmisible para el anarquista. Cada quien decide sobre su vida, libremente, sin referencia a una escala de valores absoluta. Cada uno construye su propia escala de valores, no en base a la verdad que descubre, sino en base a su libre determinación.
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