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A LA DERECHA VENEZOLANA SE LE PELO EL BILLETE

Señaló Ignacio Ramonet

Con la guerra económica la derecha venezolana buscaba crear la atmósfera para un golpe de Estado

El periodista francés explicó que la burguesía implementó en el país el mismo manual de la CIA que acabó con gobiernos progresistas en Latinoamérica, como sucedió en Chile con el derrocamiento de Salvador Allende

A través de la guerra económica, la derecha buscaba crear las condiciones necesarias para impulsar un golpe de Estado contra el Gobierno constitucional del presidente venezolano Nicolás Maduro, así lo señaló el periodista de origen español Ignacio Ramonet.
“Esto se parece mucho al golpe de Estado, de manual de la CIA, que se llevó a cabo en varios país y el país que más recordamos, el más semejante a lo que se estaba haciendo aquí es lo que pasó en Chile, en los meses, semanas que precedieron al golpe de Estado del 11 de setiembre del 73”, dijo.
Explicó que la burguesía intentó generar una atmósfera para que los medios privados tuvieran elementos para desacreditar la gestión de Maduro y acusarlo de ser el causante de los problemas económicos generados por ellos mismos.
“Yo creo que el presidente Maduro ha entendido rápidamente, ha hecho una lectura muy inteligente de lo que estaba pasando y ha tomado iniciativas y estas iniciativas pues precisamente están empezando a dar resultados en todo”, precisó durante una entrevista en el programa Contragolpe, que transmite Venezolana de Televisión.
Indicó que el objetivo inmediato de la derecha era provocar una situación que la llevara a ganar las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre, posteriormente relanzar la campaña de ilegitimidad contra el Gobierno Revolucionario y seguidamente lanzar un referéndum revocatorio contra el Presidente.
“Esta posibilidad de derrocar al Presidente, yo pienso que era la operación que estaba montada y yo creo que el presidente Maduro la ha desmontado y la está desmontando”, subrayó el director de Le Monde Diplomatique.
El escritor expresó que la oposición subestimó al jefe de Estado, pues este sector no se imaginaba que tomaría el conjunto de decisiones económicas que ordenó para proteger al pueblo contra delitos como la especulación, el acaparamiento y la usura.
Ramonet destacó que al mandatario nacional se le ha visto en las últimas semanas “dirigiendo un verdadero Estado Mayor, con una actitud de mariscal de campo, presente en todas las batallas (…) un hombre que está en todos los frentes y que está muy presente con una voluntad muy ofensiva”.
Aplaudió las políticas económicas ejecutadas en el país, pues consideró que es necesario que se establezca un control de ganancias para los empresarios, tal como sucede en otras naciones, incluyendo las más desarrolladas del mundo.
T / Yorcellys Bastidas

 

“Considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI

Entrevista a Marta Harnecker

“Considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI cuyo gran promotor fue el presidente Chávez”

Entrevista a Marta Harnecker realizada por Isabel Rauber, en el Programa “Visión Nacional”, en AM 870, Radio Nacional Argentina, el domingo 16 de septiembre de 2013
‑Tu eres una militante chilena que tuviste que exiliarte producto del Golpe, ¿cómo viviste aquellos sucesos? –

Primero quiero agradecerte la posibilidad de conversar contigo y llevar este diálogo a todas y todos aquellos compañeros interesados en estudiar el pasado para construir el futuro, así titulé un artículo sobre el tema de la Unidad Popular que publiqué hace 10 años atrás.

Yo era como tú dices una militante del Partido Socialista chileno y en el momento del golpe mi primera militancia era dirigir la revista política Chile hoy, una revista con un valor informativo especial, porque siendo un órgano de la Unidad Popular, el frente político que apoyaba a Allende, estaba abierto a toda la izquierda y de hecho el MIR chileno fue el que nos proporcionaba los datos de inteligencia que nos advertían que se estaba preparando un golpe.

El golpe en Chile, fue un golpe anunciado. Desde el primer intento de golpe ocurrido en el 29 junio 1973 conducido por el general Viaux, vivimos en constante zozobra.

La amenaza de golpe estaba diariamente presente. Al comienzo toda la izquierda tomaba medidas para enfrentarlo, pero ocurrió como el cuento de Pedrito y el lobo, de tanto anunciar que venía el lobo, y no llegaba, cuando el lobo llegó no estaba preparado para enfrentar. Eso ocurrió con los dirigentes de la izquierda. Muchos de ellos, en ese momento estaban durmiendo en sus casas.

Habíamos empezado a coordinar con el MIR chileno el paso a la clandestinidad de la revista. Este era el partido más preparado para darnos dicha asesoría. La instrucción que habíamos recibido del dirigente nacional encargado de estas actividades era que estuviésemos atentos al levantamiento que se daría en los cuarteles en contra de los militares golpistas.

Este levantamiento nunca se dio. Los mandos golpistas dieron un golpe dentro de las propias fuerzas armadas apresando a los generales más cercanos al presidente Allende, entre ellos al general Bachelet, padre de Michelle, la ex presidenta y actual candidata a la elección presidencial en Chile.

El día 11 el golpe nos pilló por sorpresa. No recuerdo quién me llamó en la madrugada avisándome y rápidamente decidimos irnos todo el equipo que producía la revista al departamento de uno de nuestros periodistas que quedaba a unas 10 cuadras de la moneda.

Allí nos enteramos por la radio del bombardeo de la Moneda y de que el departamento en que estábamos quedaba y que la zona que fue declarada zona de toque de queda durante tres días.

Estando en el departamento recibimos la visita una patrulla militar que en revisó todos nuestros enseres pero felizmente no reconoció a ninguno. ¡Pasamos un gran susto!

Muy pronto yo aparecí en la lista de las personas buscadas. Había una lista de políticos y otra de periodistas, yo figuraba en esta última lista. Poco antes del golpe había recibido en la sede de la revista una visita de generales de la Fuerza Aérea amenazándonos por el tipo de información que estábamos dando acerca de los preparativos del golpe. Terminado el toque de queda, traté de volver a mi departamento pero no pude hacerlo. Una junta fascista se había instalado en los bajos del edificio y controlaba a todo el que entraba o salía.

Pasé algunos días en casas de seguridad. Desde allí hice contacto con el MIR. Se descarto la posibilidad de sacar clandestinamente la revista. Decidí entonces salir del país. Me refugié en la embajada de Venezuela y cuatro meses me dieron salvoconducto para partir a Cuba.

La gran tristeza y frustración que me provocó el golpe militar fue compensada por el encuentro con el que luego fue mi compañero y padre de mi única hija, el comandante Manuel Piñeiro, más conocido como Barbarroja. Cuba fue mi segunda patria. El cariño y la solidaridad de su pueblo me hicieron sentir siempre como que estuviese en mi casa. 

‑¿Cuál consideras tú que sería el mensaje fundamental para el quehacer actual de los gobiernos populares en el continente, en lo que hace a la relación con sus pueblos y a la relación con el poder?

‑Sabes Isabel que yo considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI cuyo gran promotor fue el presidente Chávez. Allende no sólo fue el primer presidente socialista electo democráticamente en el mundo, sino que fue el primero en pretender avanzar al socialismo por la vía institucional y el primero en entender que para hacer esto debía distanciarse del modelo soviético.

Ese socialismo no podía ser impuesto desde arriba, tenía que contar con un apoyo muy mayoritario de la población, y tenía que estar inserto en las tradiciones nacionales, un socialismo con vino tinto y empanadas como él lo catalogaba, es decir, una sociedad socialista democrática enraizada en las tradiciones nacional‑populares. Por desgracia, el proyecto de Allende fue demasiado heterodoxo para izquierda chilena de entonces que era demasiado ortodoxa cuyos planteamientos no se correspondían con los nuevos desafíos que el país estaba viviendo. Te pongo algunos ejemplos de esa ortodoxia:

Cuando Allende hablaba del tránsito democrático al socialismo, sectores de la izquierda pintaban en los muros: ¡Viva la dictadura del proletariado!;Cuando Allende —tomando en cuenta que el electorado chileno estaba dividido en forma muy gruesa en tres tercios: los conservadores, los demócrata cristianos y la izquierda, con una leve preponderancia de la izquierda‑, planteaba la necesidad de contar con el apoyo de los demócrata cristianos, con el cual se podría lograr un apoyo mayoritario de la población al proyecto, nuestra izquierda actuaba muy sectariamente enfrentando a los militantes de ese partido; nunca entendió la necesidad de aliarse con fuerzas que catalogaba como burguesas;Cuando Allende hablaba de ganar a sectores de la burguesía para su proyecto, una parte importante de la izquierda reafirmaba que nuestro enemigo era toda la burguesía;

Mientras Allende quería consolidar lo avanzado en el plano económico: la estatización de las grandes empresas estratégicas, teniendo muy claro los límites del poder con que contaba, sectores de la izquierda se tomaban pequeñas empresas y pedían su nacionalización, exigiendo más radicalidad a Allende. Cuando Allende luchaba por conseguir una conducción única del proceso, los partidos más fuertes: el socialista y el comunista, hacían públicas sus divergencias.

Una de las grandes limitaciones que tuvo el gobierno de Allende fue el marco institucional heredado. Aunque el Presidente y la Unidad Popular tenían clara la necesidad de elaborar una nueva constitución para cambiar las reglas del juego institucional y facilitar el tránsito pacífico socialismo, y de hecho el presidente Allende entregó a los partidos que componían la unidad popular una propuesta de nueva constitución en septiembre de 1972; nunca se hizo una convocatoria para llevar adelante este proyecto. Creo importante estudiarla porque allí están plasmadas las ideas de Allende sobre cómo debería ser el tránsito social a partir de la realidad chilena.

¿Y por qué entonces no se llevó nunca adelante una convocatoria?, porque se estimó que la Unidad Popular todavía no tenía el apoyo electoral mayoritario que era indispensable para llevar adelante un proceso constituyente con éxito. La UP nunca logró llegar al 50% más de los votos. La gran pregunta que la historia no puede responder es qué hubiera pasado si dicha coalición política hubiese decidido tensionar sus fuerzas y hacer un trabajo casa por casa para ganar a la población para su proyecto. Quizás aquí faltó audacia, esa audacia que tuvo el Presidente Chávez cuando la oposición llama a un referéndum para derrocarlo y él acepta ir al combate aunque en ese momento las encuestas le daban una aceptación muy baja. Él acepta a pesar de estar en ese momento en condiciones de inferioridad, pero inmediatamente planifica cómo lograr las fuerzas para triunfar en esa contienda y crea la idea de las patrullas, es decir grupos de 10 personas a las que podía integrarse gente sin militancia en partidos pero que simpatizaba con Chávez, cada una de ellas debía lograr el apoyo de otras 10 con un trabajo casa por casa.

Otra lección es que yo creo fundamental del proceso chileno es la importancia de la organización popular en la base. Una de las grandes debilidades nuestras fue no entender esto. Fue delegar la acción política en los políticos, o más bien, el hecho de que los políticos se apropiaron de la política, y con ello los Comités de Unidad Popular —que fueron básicos para el triunfo electoral de Allende— comenzaron a debilitarse y a desaparecer. 

‑¿Cuáles serían los desafíos y las tareas principales para los movimientos populares y la izquierda latinoamericana?

‑Pienso que nuestra izquierda y nuestros movimientos populares deben tener muy presente lo ocurrido en la experiencia chilena para no repetir los mismos errores.

Tenemos que entender que para construir una sociedad alternativa al capitalismo esencialmente democrática tenemos que ser capaces de ganarlos el corazón y la cabeza de la mayoría de la gente. Que la crisis actual del capitalismo hace que cada vez mayores sectores se sientan afectados. Ya no sólo existen condiciones objetivas sino también condiciones subjetivas para que cada vez más personas entiendan que el capitalismo no es la solución para sus problemas cotidianos.

Necesitamos elaborar un proyecto alternativo y a ello pueden contribuir especialmente las experiencias de los gobiernos y movimientos populares en los países más avanzados de nuestra región. Se requiere una militancia nueva en que su forma de vivir y trabajar políticamente prefiguren la nueva sociedad Militantes que encarnen en su vida cotidiana los valores que dicen defender. Deben ser democráticos, solidarios, dispuestos a cooperar con los demás, a practicar la camaradería, la honestidad a toda prueba, la sobriedad. Deben proyectar vitalidad y alegría de vivir.

Si luchamos por la liberación social de la mujer, debemos empezar desde ya por transformar las relaciones hombre‑mujer en el seno de la familia;

Nuestros militantes deben capaces de aprender de los nuevos actores sociales del siglo XXI. Estos son particularmente sensibles al tema de la democracia. Sus luchas han tenido generalmente como punto de partida la lucha contra la opresión y la discriminación. De ahí que rechacen ser manipulados y exijan que se respete su autonomía y que puedan participar democráticamente en la toma de decisiones. Pienso que nuestros militantes deben ser también disciplinados. Se que este no es un tema muy simpático para muchos. A mí me gusta citar a uno de los coordinadores nacionales del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, Joao Pedro Stédile, quien dice: “Si no hay un mínimo de disciplina, que haga que las personas respeten las decisiones de las instancias no se construye una organización. “La disciplina consiste en aceptar las reglas del juego. Hemos aprendido [esto] hasta del fútbol y la Iglesia Católica, que es una de las organizaciones más antiguas del mundo. […] Si alguien está en la organización por su libre voluntad, tiene que ayudar a construir las reglas y a respetarlas, tiene que tener disciplina, tiene que respetar al colectivo. Si no, la organización no crece.” Pero esto no debe significar que nuestros cuadros deban tener una mentalidad de ordeno y mando, deben ser pedagogos populares , respetuosos de la iniciativa creadora de la gente. Por otra parte, se requiere de una nueva cultura política: una cultura pluralista y tolerante, que ponga por encima lo que une y deje en segundo plano lo que divide; que promueva la unidad en torno a valores como: la solidaridad, el humanismo, el respeto a las diferencias, la defensa de la naturaleza, rechazando el afán de lucro y las leyes del mercado como principios rectores de la actividad humana. Necesitamos una izquierda que comienza a darse cuenta que la radicalidad no está en levantar las consignas más radicales ni en realizar las acciones más radicales —que sólo unos pocos siguen porque asustan a la mayoría—, sino en ser capaces de crear espacios de encuentro y de lucha para amplios sectores; porque constatar que somos muchos los que estamos en la misma lucha es lo que nos hace fuertes, es lo que nos radicaliza. Una izquierda que entienda que hay que ganar hegemonía, es decir, que hay que convencer en lugar de imponer. Una izquierda que entienda que más importante que lo que hayamos hecho en el pasado, es lo hagamos juntos en el futuro por conquistar nuestra soberanía y construir una sociedad que permita el pleno desarrollo del ser humano: la sociedad socialista del siglo XXI.

Mensaje final 

-Por último, quiero decirles que si bien el capitalismo está en crisis, este no desaparecerá por sí sólo. Si nuestros pueblos no se unen, organizan y luchan con inteligencia, creatividad y coraje, el capitalismo buscará la forma de recomponerse. Nuestros pueblos han dicho basta y echado a andar, ahora no deben detenerse, ¡la lucha es larga pero el futuro es nuestro

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
 
 

 

NERUDA, 40 AÑOS DE LA MUERTE DE UN POETA APASIONADO

Pablo-NerudaPoeta apasionado, Pablo Neruda degustó los placeres de la vida, amó a las mujeres y se comprometió con el socialismo en Chile, donde falleció a días del deceso de su amigo Salvador Allende.
Murió 12 días después del golpe militar, un 23 de septiembre, y hoy la justicia investiga si fue envenenado por los esbirros de su régimen.
Tras el suicidio de Allende en el palacio de La Moneda, Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971 y comunista, era quizás la figura más emblemática de la vía chilena al socialismo, que tantas esperanzas había despertado.
La asonada militar fue un mazazo para el poeta y lo sorprendió en su casa de Isla Negra, un poblado a orillas del Pacífico, enfermo de un cáncer de próstata que lo alejó de la vida pública.
Los días siguientes, las fuerzas golpistas asediaron a Neruda e incluso requisaron su casa.
“Miren por todas partes; solo encontrarán una cosa peligrosa para ustedes: Poesía”, dijo Neruda a sus represores.
Mientras sus amigos eran detenidos, algunos asesinados, el poeta decidió exiliarse en México. Pero el 19 de septiembre, debido a su enfermedad y a un fuerte deterioro emocional, fue trasladado a la clínica Santa María en Santiago, donde murió cuatro días después.
Si bien el informe de defunción indicó que Neruda murió por complicaciones del cáncer, las dudas sobre su fallecimiento surgieron luego de que su ex chofer y asistente, Manuel Araya, denunciara su posible asesinato.
Araya contó que Neruda, la tarde del 23 de septiembre de 1973, les dijo a él y a su esposa, Matilde Urrutia, que un médico le había inoculado una inyección que había empeorado su estado.
El chofer fue enviado a comprar un remedio, pero en el camino fue detenido y torturado. Pocas horas después, el poeta falleció.
Los restos de Neruda fueron exhumados en abril pasado en el marco de una investigación judicial, y enviados a España y Estados Unidos para analizar la causa de su deceso.
El poeta
Neftalí Reyes Basualto nació el 12 de julio de 1904 en la localidad de Parral, en el sur de nuestro país, pero adoptó a sus 17 años el nombre de Pablo Neruda en un intento por ocultar a su padre el oficio que lo apasionaba, sin que hasta hoy haya certeza sobre qué inspiró el seudónimo.
Mostró desde joven sus dotes literarias que lo catapultaron al concierto mundial de la poesía y obtuvo el premio Nobel en octubre de 1971.
La pluma de Neruda se caracterizó por su universalidad plasmada en obras como “Residencia en la Tierra”, “Canto General”, “Odas Elementales” y “Confieso que he Vivido”, o también en los versos que dedicó al caldillo de congrio, la alegría, el libro, el mar, el tiempo, la tristeza o el vino, o a través de “Canto General” o poemas como “Alturas de Machu Picchu”, con las que se introdujo a la historia sudamericana.
La literatura nerudiana trascendió fronteras gracias a sus obrás más románticas: “20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada” y los “Versos del Capitán”.
El amante
Aunque se consideraba un hombre sin atractivo físico, tímido e inseguro, Neruda se casó tres veces y tuvo al menos media decena de furtivas amantes, de las que se inspiró para crear sus mundialmente famosos versos de amor.
“Un poeta tiene que estar siempre enamorado, hasta el último minuto de su vida”, le confesó a la periodista uruguaya María Esther Gillio, en una entrevista en 1970.
En 1930 se casó en Batavia (hoy Yakarta) con la holandesa María Antonieta Hagenaar, su primera esposa, con quien tuvo una hija: Malva Marina, quien murió a los ocho años a causa de una hidrocefalia.
Aún casado, se enamoró de la refinada artista plástica argentina, Delia del Carril, 20 años mayor, y quien habría tenido la mayor influencia sobre el poeta, transformándose en una especie de ‘madre intelectual’ durante los 20 años en los que estuvieron juntos.
Casado con Delia, apodada ‘la hormiguita’, vivió en México, donde inicia un secreto romance con la soprano chilena Matilde Urrutia, luego su tercera esposa, con quien vivió sus últimos días en su casa de Isla Negra, donde se encuentran las tumbas de ambos.
Al final, su vida fue atormentada por una relación que mantuvo con la sobrina de Matilde, Alicia Urrutia.
El político
Pablo Neruda tuvo una activa militancia en el Partido Comunista y en 1945 se convirtió en senador por las provincias norteñas de Tarapacá y Antofagasta, situación en la que habría conocido al socialista Salvador Allende.
En 1948 Neruda es exiliado por el entonces presidente Gabriel González Videla, quien le acusó de graves injurias y también proscribió al Partido Comunista. El poeta debió salir clandestinamente a Argentina montado en un caballo, y luego a Europa.
En 1970, ya de regreso en Chile, Neruda es proclamado precandidato presidencial por los comunistas, pero decide declinar su postulación para apoyar la de Allende, quien se convertiría en presidente y que en 1971 lo nombró embajador en Francia.
Neruda, quien retornó a Chile en 1972, fue un defensor a ultranza del gobierno socialista y un férreo opositor al golpe de estado de Agusto Pinochet.
El poeta también tuvo un vasta carrera diplomática y fue cónsul en Rangún (Birmania), Singapur, México y España.
(Tomado de biobiochile.cl)
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ALLENDE: Las grandes alamedas

An East German stamp commemorating Allende
An East German stamp commemorating Allende (Photo credit: Wikipedia)
Página 12
Ni que se haya convertido en la fecha de la caída de las Torres Gemelas evitará que –para nosotros, para los hombres y mujeres de América latina– el 11 de septiembre sea la fecha del golpe de Estado más detestable de los tantos que padecimos. Se trataba de un gobierno elegido democráticamente. Se trataba de un país con un ejército que –a diferencia de los de nuestro continente– había sido guardián del orden constitucional. Se trataba de un presidente que era un hombre noble, con ideas e ideales, un hombre honesto y un hombre valiente. Había tenido un gran apoyo de las masas obreras. Y una queja constante, un repudio sin tregua, del MIR, el principal grupo armado de Chile. Finalmente, todos los sectores de la sociedad –menos los obreros– se unificaron para voltearlo: el ejército, los medios de comunicación, los gremios, las clases altas, las clases medias y –con un empeño criminal, furibundo– los Estados Unidos de Nixon y Kissinger. Las clases medias inauguraron la modalidad de salir a la calle con cacerolas y atronar el país pidiendo la renuncia de Allende.
Allende fue el más original, el más creativo de los líderes socialistas del siglo XX. Descreyó de la célebre dictadura del proletariado y eligió el camino democrático, pacífico al socialismo. Si ese camino fracasó, no menos fracasaron los otros. Con una enorme diferencia. Allende no dejó decenas o decenas de miles o millones de cadáveres tras de sí. Ni presos políticos tuvo. Confiaba en solucionar la antinomia entre socialismo y democracia, que el mandato de la dictadura del proletariado (que viene de las páginas de Marx y que éste asume como su mayor aporte a la teoría política) obliteraba. La derecha –beneficiada por los errores y por las muertes de los socialismos triunfantes y luego derrotados– no tiene rédito alguno para sacar de la experiencia de la Unidad Popular. Salvo que digan que nacionalizar el cobre equivale a fusilar enemigos políticos, o peor aún.

En su último mensaje, don Salvador Allende dijo a su pueblo y a todos los pueblos de América:
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

El criminal de guerra Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, peor criminal de guerra aún, odiaban a Allende con una pasión enfermiza. En octubre de 1970, Nixon dijo sobre él palabras injuriosas: “That son of a bitch, that bastard…”

Pero esa imagen de este hombre sereno –aunque capaz de encarnar la fuerza de un tornado–, que lo único que nos dejó, como pertenencia, fue el pedazo ensangrentado de uno de los vidrios de sus anteojos, este hombre maduro, con canas, que sale de La Moneda con casco de guerra y metralleta, para morir peleando, tal vez insensatamente, pero como él lo sentía, es, para mí, el símbolo más puro de la rebeldía, porque trató de cambiar el mundo por los caminos de la democracia y de la paz, y porque no pudo, porque los asesinos del poder internacional no lo dejaron, agarró una metralleta, se puso un casco de guerra y decidió (como esos bravos, legendarios marinos con sus barcos) hundirse con su causa. ¡Ah, don Salvador Allende, ojalá hubiera yo tenido alguna vez en mi patria un líder como usted! Simple, duro, pero sensible, amigo y compañero de la gente de su pueblo, sin sinuosidades, con una sola palabra, la misma de siempre, la que marcó la coherencia de sus días y, por si fuera poco, con ese coraje, don Salvador, que le hizo decir:

De aquí no me voy, que sigan otros, no van a faltar, y van a llevarme en sus corazones como a un hombre puro, como a un guerrero y como a un demócrata que les va a henchir el pecho de orgullo y de exigencias perentorias. Porque, de ahora en más, todo chileno que sepa que tiene detrás la figura de Salvador Allende, sabe que no se viene a la vida a jugar, a gozar de las liviandades y las tentaciones, sino a meterle el alma y el cuerpo a las causas duras, las de la injusticia, las del hambre, las de la tortura y la muerte. Es mi legado.

Lo es. Tenía la cara de un hombre bueno. Vestía de civil. No andaba ostentando armas ni uniformes bélicos. Se metía entre los obreros. Hablaba en sus asambleas. Les pidió, al final, que se cuidaran. Que no se dejaran sacrificar fácilmente por los carniceros que se cernían sobre Chile. Cuando Castro lo visitó le dijo que tenía que recurrir a la violencia si quería sostenerse. Allende no lo hizo. De la violencia se ocupaban los guerrilleros del MIR que, desde luego, lo acusaban de burgués conciliador. ¿Por qué se habrán preocupado tanto los de la CIA y Nixon y Kissinger por un burgués conciliador? ¿Por qué el ejército habrá bombardeado La Moneda? ¿Por qué el diario El Mercurio (al que Nixon le dio dos millones de dólares para desestabilizar su gobierno) lo atacó sin piedad ni vergüenza? ¿Por qué las conchetas chilenas, que son terribles, salieron con sus cacerolas para injuriarlo? ¿Sólo porque era un burgués conciliador? Los del MIR fueron funcionales a los golpistas que, salvo los que se fugaron, murieron todos, en el Estadio Nacional o en las más siniestras mazmorras, tan cruelmente como los líderes de la Unidad Popular. No, Allende no era un burgués conciliador. Era un socialista temible. Porque había elegido la democracia (el arma ideológica que la derecha cree suya) para ir hacia el socialismo. Pero, luego, hizo algo peor. Murió con su causa. Dejó, para el socialismo, un ejemplo moral incuestionable. Y murió sin perder sus esperanzas. El hombre libre volverá. Las altas alamedas lo esperan. Bajo ellas se fue Allende de este mundo.

Derrocamiento de Allende, contado por Washington

 

Desde 1961, apenas posesionado, el presidente John F. Kennedy nombró un comité encargado de las elecciones que se desarrollarían en Chile tres años después. Según la investigación de la Comisión Church del Senado estadounidense[1], estuvo compuesto de altos responsable del Departamento de Estado, la Casa Blanca y la CIA. Este Comité fue reproducido en la embajada estadounidense en Santiago, capital chilena. El objetivo era impedir que el candidato socialista, Salvador Allende, ganara los comicios [2].Allende era un marxista convencido de que por la vía pacífica se podía llegar al gobierno, y, desde ahí, darle un vuelco a las estructuras del Estado en beneficio de las mayorías empobrecidas. Expresaba que para lograr tal objetivo se debía nacionalizar las grandes industrias, priorizando las que estaban en manos estadounidenses, al ser éstas las que explotaban los recursos estratégicos. Estos, y otros ideales sociales, lo convirtieron en un indeseable para Washington: podría servir de ejemplo para los pueblos de otras naciones latinoamericanas.
Para hacerle oposición, varios millones de dólares fueron distribuidos entre los partidos políticos de centro y de la derecha para que realizaran su propaganda. Al momento de elegir el candidato a la presidencia, Washington decidió apoyar a Eduardo Frei, del partido Demócrata Cristiano, un personaje que impuso a sus otros financiados.
En total, la operación costó unos veinte millones de dólares, una suma inmensa para la época, al punto de sólo poderse comparar con lo gastado en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es que Washington no tanto invirtió en el candidato Frey, sino que realizó toda una campaña de propaganda anticomunista a largo plazo.
La Comisión del Senado dijo: “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales.” La Comisión reconoció que la CIA realizó, por intermedio de sus partidos comprados y varias organizaciones sociales, una “campaña alarmista” donde el objetivo principal fueron las mujeres, a las cuales se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende. Afiches distribuidos masivamente mostraban a niños llevando en la frente un tatuaje con la hoz y el martillo. La tradición religiosa también fue manipulada al máximo para que se temiera al “comunismo ateo e impío.”
La operación psicológica funcionó por encima de las expectativas: Frei logró el 56% de votos, mientras que Allende el 39%. La CIA, según la Comisión del Senado, aseguró que “la campaña de inculcar miedo anticomunista había sido la más eficaz de todas las actividades adelantadas.”
Fue una operación psicológica, con carácter de guerra, cuya base eran los planes aplicados en Guatemala que terminaron derrocando al presidente Jacobo Arbenz, en junio de 1954 [3]. Una operación que en Chile no se desmanteló con el triunfo de Frei, porque, a pesar de todo, la cantidad de votos logrados por Allende fue alta. Y el vencido tenía todas las intenciones de presentarse a las futuras elecciones.
En sus Memorias William “Bill” Colby, jefe de la CIA entre 1973 y1976, cuenta que durante las elecciones presidenciales de 1970, “la CIA debió dirigir todos los esfuerzos contra el marxista Allende. Ella se encargó de organizar una vasta campaña de propaganda contra su candidatura.” [4] La operación se llamó “Segunda Vía”. Todo por orden directa del presidente Richard Nixon.
Henry Kissinger, el consejero para la Seguridad Nacional del presidente, expresaría durante una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, el 27 de junio de 1970: “Yo no veo por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” [5] O sea, la soberana decisión de los ciudadanos no podía ser válida si no estaba en concordancia con los intereses estadounidenses. Durante esta reunión se decidió sumar trescientos mil dólares a la operación de propaganda que ya se adelantaba.
Según la Comisión Church del senado, Richard Helms, jefe de la CIA desde 1966, envió a dos oficiales de la CIA, a los que conocía desde los primeros preparativos de invasión a Cuba, como responsables; ambos especialistas de la guerra psicológica y la desinformación; con importante participación en el golpe de Estado en Guatemala, y acababan de desembarcar de la guerra en Indochina: David Atlee Phillips y David Sánchez Morales. La Comisión del Senado dijo que una de las consignas que englobaba la campaña era: “La victoria de Allende significa la violencia y la represión estalinista.”
Pero el 4 de septiembre de 1970 Allende ganó las elecciones. Escribe Colby que “Nixon entró en cólera. Él estaba convencido de que la victoria de Allende haría pasar a Chile al campo de la revolución castrista y anti-americana, y que el resto de América Latina no tardaría en seguirle los pasos.” Prosigue el ex patrón de la CIA: Nixon convocó a Helms “y le impuso muy claramente la responsabilidad de evitar que Allende asumiera sus funciones.” En la misma reunión Nixon encargó a Kissinger darle un seguimiento estricto al complot.
Es que quedaba una posibilidad para evitar que Allende asumiera la presidencia: había triunfado pero con una mayoría relativa, debido a que las fuerzas de izquierda se habían dividido, carcomidas por la campaña mediática y/o el dinero que la CIA logró inyectar a ciertos grupos. Por tanto el Congreso chileno se debía reunir el 24 de octubre para decidir entre Allende y Jorge Alessandri, candidato del partido conservador y quien obtuviera la segunda votación. El plan de Washington era, entonces, comprar el voto de congresistas para que no confirmaran el triunfo del socialista. Helms envió a un “grupo de trabajo” que mantuvo una “actividad frenética” durante seis semanas”, según relata Colby. Esto tampoco funcionó y Allende sería declarado ganador de las elecciones.
Los operarios especiales de la CIA tomaron contacto con responsables políticos y militares para seleccionar aquellos que podrían estar listos para actuar contra Allende, “y determinar con ellos la ayuda financiera, las armas y el material que fuera necesario para barrerlo de la ruta hacia la presidencia”, según Colby.
La mayor esperanza se centró en las Fuerzas Armadas, pero todo dependía de su comandante, el general René Schneider. El problema que encontró la CIA es que este militar había expresado claramente que su institución respetaría la Constitución. Y Colby, en sus Memorias, reconoce con una naturalidad espeluznante: “Entonces era un hombre a matar. Se organiza contra él una tentativa de secuestro que termina mal: fue herido al oponer resistencia y muere poco después debido a las heridas.”
Según la Comisión Church el 22 de octubre, muy temprano en la mañana, la CIA entregó a conspiradores chilenos metralletas y municiones “esterilizadas”, denominadas así porque en caso de investigación no es posible determinar su origen. Horas después se produjo el atentado. Tres días después moriría Schneider, “el hombre a matar”. Inmediatamente el presidente Nixon envió un cínico mensaje a su homólogo chileno: “Yo quisiera hacerle parte de mi dolor ante este repugnante acto.” El sucesor de Schneider sería un tal general Pinochet.
El 3 de noviembre de 1970 Allende se posesionó como presidente: Nixon no le envió el regular mensaje de felicitación que exige el protocolo diplomático, ni el embajador estadounidense asistió a la investidura.
Ahora correspondía preparar la desestabilización del nuevo gobierno, lo cual se encargaría a la Dirección del Hemisferio Occidental de la Agencia. Una dependencia que desde 1972 tuvo como director a un oficial con gran experiencia en operaciones clandestinas: Ted Shackley. Y éste nombró a su hombre-sombra, Tom Clines, para que se concentrara en el “caso Allende”, teniendo bajo su responsabilidad a los viejos colegas Sánchez Morales y Atlee Phillips.
En marzo del siguiente año Bill Colby vuelve a ser el superior de Shackley y Clines como subdirector de Operaciones Especiales. Este trío regresaba de estar al frente de la guerra sucia en Indochina, muy particularmente en Vietnam.
Desde 1972 este equipo de la CIA, en Washington y Chile, fue desarrollando la operación más perfeccionada de desinformación y sabotaje económico que hasta ese momento se conociera en el mundo. Colby confesó que fue una “experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera para desacreditar y derrocar a un gobierno.” [6]
No fue todo. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria para un eventual golpe de Estado. “Listas de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno si se diera un levantamiento militar.” [7]
Según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, esta información sensible de Estado fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y de dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, La Unidad Popular [8] . Mientras que en Washington los empleados de la embajada chilena se quejaban de la desaparición de documentos, no sólo de la sede diplomática sino de sus propios domicilios. Sus comunicaciones fueron sometidas a escucha. Un trabajo realizado por el mismo equipo que muy poco después se involucraría en el Watergate. [9]
La acción contra Allende necesitó de una campaña internacional de difamación e intrigas. Buena parte de ella fue encargada a un inexperto en política exterior y casi desconocido político, aunque viejo conocido del presidente Nixon y de los hombres que adelantaban la operación: George H.W. Bush. Esa tarea la realizó como embajador en la ONU, función que ocupaba desde febrero de 1971. Cuando fue nombrado para el cargo nadie quiso recordar que pocos meses antes había logrado, como representante a la Cámara de Texas, que se restableciera en ese Estado la pena de muerte para los “homosexuales reincidentes”.
El 11 de septiembre de 1973 se da el sangriento golpe de Estado contra el gobierno de Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, y se desata una terrible represión. Aunque Shackley había dejado su cargo poco antes de aquel fatídico día, fue la figura clave en el operativo. Su biógrafo afirma: “Salvador Allende murió durante el golpe. Cuando el humo se disipó, el General Augusto Pinochet, dirigente de la Junta Militar, estaba en el poder dictatorial, debido en parte al arduo trabajo de Shackley […]” [10]
Casi un mes después, el 16 de octubre, Henry Kissinger recibiría el Premio Nobel de la Paz… Al año siguiente del golpe, mientras la dictadura seguía ensangrentando a la nación, el presidente Gerald Ford declaraba que los estadounidenses habían actuado “por los mejores intereses de los chilenos y, obviamente, para los de Estados Unidos.” [11]
Mientras que en 1980 el ex presidente Nixon escribiría: “Los detractores se preocupan únicamente por la represión política en Chile, e ignoran las libertades fruto de una economía libre […] Más que reclamar la perfección inmediata en Chile, deberíamos apoyar los progresos realizados.” [12]
(* Con algunos pocos cambios, este es un capitulo tomado del libro “El Equipo de Choque de la CIA”. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.)
Notas:
1- Comisión especial presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” November, 1975. U.S. Government printing office 61-985, Washington, 1975.
2- Cover Action in Chile, 1963-1973. The Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, US Senate. Washington, 18 décembre 1975.
3- El presidente estadounidense Dwight David Eisenhower autorizó a la CIA el derrocamiento de Arbenz, aplicando un plan integral, inédito hasta ese momento en el continente, que contenía acciones de guerra sicológica, mercenaria y paramilitar, cuyo nombre en clave fue PBSUCCESS. Ver: Cullather, Nick. “Secret History: the CIA Classified Accounts of its Operations in Guatemala, 1952-1954”. Stanford University. 1999.
4- Colby, William. “30 ans de C.I.A.” Presses de la Renaissance. París, 1978.
5- Newsweek. Washington, 23 septembre 1974.
6- New York Times. 8 septembre 1974.
7- Cover Action in Chile, 1963-1973. Ob. Cit.
8- Blum, William. “Les guerres scélérates”. Parangon, París 2004.
9- Watergate se llamaba el edificio donde ese encontraban las oficinas del Partido Demócrata. Ilegalmente, en 1972 el presidente Nixon ordenó que fueran puestas bajo escucha. Ante las pruebas y el escándalo el presidente debió renunciar en agosto de 1974. Ver: Marchetti, Victor y Marks, John. “La CIA et le culte du renseignement”. Ed. Robert Laffont. París, 1975.
10- Corn, David. Blond Ghost, “Ted Shackley and the CIA’s Crusades”. Simon & Schuster. New York, 1994.
11- New York Times. 17 septembre 1974.
12- Nixon, Richard. “La vraie guerre”. Albin Michel. París, 1980.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Fidel, viajero del futuro

"fight against which is impossible and wi...

Palabras en la presentación del libro Fidel. Soldado de las ideas, de Omar Pérez Salomón. Salón de Mayo del Pabellón Cuba en La Habana, 13 de agosto de 2013.

“Fidel viaja al futuro, regresa y lo explica”, ha dicho el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika en una frase que a algunos pudiera parecer exagerada. Invito a quienes no la compartan a leer esta compilación, realizada por Omar Pérez Salomón con el título de Fidel Castro. Soldado de las ideas, en la que Omar recoge las apreciaciones expresadas por Fidel acerca de las tecnologías de la información y los medios de comunicación entre 1959 y 2011.

Agradezco a Omar su invitación para prologar este título y el honor de presentarlo en fecha tan entrañable como el cumpleaños 87 de Fidel. Omar ha sido un compañero en las batallas por hacer avanzar proyectos como EcuRedel primer colaborador que tuve al emprender mi blog La pupila insomne y un hermano ejemplar en cuanta tarea hemos compartido. Es un ingeniero en Telecomunicaciones que ha escrito varios libros sobre la historia de esa rama en Cuba, y también acerca del modo en que este sector ha sufrido las agresiones del gobierno norteamericano contra nuestro país.

Este nuevo libro no está escrito en su mayor parte por Omar, sino por Fidel. Es una compilación que contiene, además de la sistematización de las ideas del Comandante en Jefe de la Revolución cubana sobre los aspectos enunciados, un grupo de referencias a conceptos abordados por éste y una utilísima relación de las fuentes utilizadas. Un trabajo que creo se lo debemos agradecer a Omar todos los fidelistas, en Cuba y en el planeta, que -dicho sea de paso- no somos pocos.

Varias cosas revela de manera muy clara este título. La primera, la capacidad del líder de la Revolución para estar al tanto de los últimos adelantos de las tecnologías relacionadas con la información y las telecomunicaciones; la segunda, su vocación -sostenida a través de toda su vida- por poner esos avances a disposición de los sectores más humildes de su país y el mundo; y la tercera, la capacidad de elaborar un pensamiento propio, descolonizado y tercermundista, acerca de estos temas, que pone en el centro de su utilización al ser humano y su liberación de las ataduras que le impone la dominación de clases. Es también un desmontaje de la falacia de la libertad de prensa, garantizada sólo para aquellos que son dueños de una como escribió el periodista norteamericano A. J. Liebling en la revista The New Yorker, citado antier en el diario mexicano La Jornada por David Brooks en un comentario sobre la reciente adquisición del Washington Post por el propietario de Amazon.

Fidel. Soldado de las ideas es, consecuentemente, un recorrido por la historia de la Revolución cubana, que comienza con la nacionalización de la Compañía Teléfónica, hasta entonces propiedad norteamericana, y abarca todo el esfuerzo por el desarrollo del país frente al bloqueo y las agresiones de Estados Unidos que, como explica Omar, permitió llevar el peso relativo del servicio teléfonico, entonces con un 50% de las líneas en la capital, al proporcionado 27% de hoy. Un dato de interés para los que pretenden hacernos creer que la penetración norteamericana fue sinónimo de desarrollo de las telecomunicaciones en Cuba. Fidel -como aparece en el libro- recordaba en marzo de 1959 que el trust telefónico yanqui no tuvo inconveniente en decir “¡Gracias Batista!” en coincidencia con la más sangrienta matanza de revolucionarios en La Habana, realizada por la dictadura con posterioridad al 13 de marzo de 1957. Una vocación por el golpismo, la tortura y la sangre entre las empresas de telecomunicaciones yanquis que brillaría después en el conocido rol de la ITT en el golpe contra el gobierno constitucional de Salvador Allende en Chile.

La capacidad de Fidel de adelantarse al futuro, apreciable en este libro, va desde proyectar el uso de la televisión con fines educativos en fecha tan temprana como 1961, la introducción de computadoras en la zafra azucarera en 1969, hasta decir en 1977 -cuando muy pocos hablaban de ello- que gracias a las comunicaciones el mundo llegaría a ser como una sola familia,  ya en 1985 referirse al desarrollo de la fibra óptica, o hace más de veinte años denunciar los programas de espionaje de las telecomunicaciones de los que tanto se comenta por estos días; aunque es -sin dudas- en la introducción de los recursos de las TIC al servicio de la educación, la cultura y la salud del pueblo donde se revela su pasión mayor hasta el dominio de los detalles.

Aún para quienes no suscriban las ideas de Fidel, este libro es un instrumento informativo  de gran utilidad. Aquí está su documentada investigación sobre el dossier Farewell, que provocó el primer caso conocido de ciberguerra, ejecutado contra la URSS a mediados de los años 80 del siglo pasado; su seguimiento al desarrollo de Internet y su temprana preocupación por el acceso a esos recursos de los más desfavorecidos; porque “ese brillante mundo de intercambio de conocimiento e imágenes sigue siendo vedado para nuestros países”, decía en 1995, además de en otro momento preguntarse qué habría hecho el Che con el acceso a esas tecnologías para utilizarlas en beneficio del pueblo.

La vocación por el conocimiento y en especial sus sistemáticas alusiones a las posibilidades que ofrece Internet para acceder a él desmienten las sistemáticas campañas que intentan presentarlo como un enemigo de la red de redes o de la libertad de expresión. Fidel rebate el concepto de “libertad de expresión” entendido como propiedad privada sobre  los medios de divulgación masiva; “en nuestro concepto, los periódicos y los medios masivos de divulgación pertenecen al pueblo. Y debe existir la más amplia libertad para que el pueblo utilice esos medios a favor de los intereses de su causa, en la crítica dura de todo lo que está mal hecho”, responde en una conferencia de prensa en Jamaica.

La información, el conocimiento, la ciencia y la tecnología son en su visión del mundo, una herramienta liberadora, como constituyen -en manos del capitalismo- instrumentos para crear -a través de la publicidad y la manipulación mediática- lo que describe como “reflejos condicionados”.

Reunido con maestros y pedagogos de América Latina en 1990, Fidel expresaba que “la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”; este libro es una prueba de cuánto ha luchado con esos instrumentos para convertir a Cuba en el país más libre del planeta y cuáles son sus ideas al respecto.

El cineasta Sidney Pollack dijo alguna vez que Fidel ha empujado el mundo hacia donde él cree que debe ir. Acabamos de tener una prueba en lo que afirmaron los jefes de estado o gobierno que visitaron nuestro país por el 60 aniversario del Moncada, pero basta mirar hoy lo que sucede en Latinoamérica, o la historia de África en la segunda mitad del siglo XX, para comprender la certeza de esas palabras y pienso que Fidel. Soldado de las ideas ayuda a valorar mejor la enorme fuerza ética y la brillantez intelectual que lo han hecho posible.

Gracias a Omar por ofrecernos un libro como este y gracias eternas a Fidel, viajero del futuro, con quien tenemos el privilegio de compartir la extraordinaria epopeya por la justicia, la independencia y el conocimiento que es la Revolución cubana.

La pupila insomne

(publicado en CubAhora)

English: Fidel Castro and Camilo Cienfuegos, H...
English: Fidel Castro and Camilo Cienfuegos, Havana, January 8, 1959 Deutsch: Fidel Castro und Camilo Cienfuegos in Havanna, 8. Januar 1959 (Photo credit: Wikipedia)

Los golpes de Estado: ¿Un negocio redondo para las agencias de inteligencia de EE.UU.?

Corbis / RT
Los servicios de inteligencia de Estados Unidos no sólo han participado en la organización de golpes de Estado en otros países, sino que, paralelamente, sacan provecho económico especulando en los mercados financieros, asegura ‘La Voz de Rusia‘.
Especialistas de tres influyentes universidades concluyen que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la CIA y otros servicios estadounidenses de Inteligencia no sólo tuvieron acceso a información clasificada de aquellos países en los que impulsaron golpes de Estado, sino que también la utilizaban con ánimo de lucro.

Se trata de un estudio comparativo realizado por la Universidad de California en Berkeley, la Universidad de Harvard y la Universidad de Estocolmo (Suecia), en el que se tomaron en cuenta los golpes de Estado en Irán y Guatemala en la década de 1950, el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende en 1973, y la operación fracasada contra Cuba en 1961.

Según los expertos internacionales, para el derrocamiento del presidente egipcio Hosni Mubarak en 2011, EE.UU. invirtió 150 millones de dólares sólo a través de organizaciones no gubernamentales. Está claro que este tipo de inversión debe ser recuperada. ¿Jugó también este factir su papel en el derrocamiento del presidente Morsi?

Decir que el derrocamiento de los regímenes “hostiles” a EE.UU es el objetivo principal de los servicios de Inteligencia en EE.UU. es como dice el refrán, “un secreto a voces”, según ‘La Voz de Rusia’ .

Los intereses geoeconómicos se pueden rastrear con claridad. Solo basta recordar la declaración del influyente diplomático estadounidense de la primera mitad del siglo XX, George Kennan, que a la hora de instruir a los cuerpos diplomáticos de EE.UU. en América Latina, les habló de “la necesidad de actuar de manera pragmática, protegiendo las reservas de minerales que se encuentran a disposición de Estados Unidos”.

Decir que el derrocamiento de los regímenes “hostiles” a EE.UU es el objetivo principal de los servicios de Inteligencia en EE.UU. es un “secreto a voces

También es bien sabido que poco antes del comienzo de la operación militar occidental en Libia, el país que entonces gobernaba Muammar Gaddafi había adoptado una serie de medidas para debilitar la posición de las empresas extranjeras en el mercado nacional de petróleo. En particular, su gobierno anunció una revisión del acuerdo en materia de concesiones que reducía del 52 al 20% el porcentaje del petróleo que podian explotar las empresas occidentales. Esto hizo que muchos expertos se refirieran a la operación de la coalición occidental en Libia no como “intervención humanitaria”, sino como “guerra por el petróleo”.

Sin embargo, la investigación conjunta de expertos de EE.UU. y Suecia reveló que, además de velar por sus intereses geopolíticos y geoeconómicos, la CIA y la NSA también especulaban en la bolsa de valores para sacar provecho de sus actividades subversivas.

El sistema era muy simple. Las fuerzas especiales filtraban información privilegiada acerca de las operaciones subversivas a las empresas transnacionales y otros participantes del mercado bursátil, quienes la utilizan para maximizar conjuntamente sus beneficios.

En particular, se trataba de aumentar el valor comercial de las acciones de las empresas que tenían participación en uno u otro país, así como interés en la desnacionalización de las industrias estratégicas. Ese fue el caso, en particular, en Guatemala y Chile, donde gobiernos antiimperialistas anteriores habían nacionalizado activos estadounidenses.

La información privilegiada de que en poco tiempo estos activos volverían a sus antiguos propietarios como resultado de un golpe de Estado permitía a sus propietarios obtener miles de millones de dólares en ganancias.

El mundo actual está dominado por la fuerza y “el significado de las palabras lo define un juego de músculo”. Esta es la opinión del filósofo y lingüista Noam Chomsky, uno de los expertos estadounidenses de mayor reconocimiento a nivel mundial en el campo de la geopolítica. La experiencia demuestra que los servicios de inteligencia estadounidenses y las empresas transnacionales relacionadas con ellos han aprendido a convertir con éxito estos juegos geopolíticos en beneficios específicos para su propio bolsillo.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/99239-golpes-estado-cia-negocio