Archivo de la etiqueta: Ronald Reagan

La Revolución Rusa, un nuevo aniversario

Postal Revolución Rusa
Se cumplen 96 años del triunfo de la Revolución Rusa. En 1871 la clase obrera y el pueblo de París había “tomado el cielo por asalto”, dando nacimiento a la Comuna, precoz ensayo de construcción de una nueva sociedad y un nuevo estado. Por su osadía los comuneros fueron reprimidos con una crueldad sin límite por los representantes de las “democracias” y la “civilización occidental y cristiana”. Pero la semilla de la Comuna, regada con la sangre de miles de víctimas, habría de germinar en el otro confín de Europa. En 1917, en un día como este jueves, los obreros, soldados y campesinos rusos retomaron el camino pero no ya en una ciudad sino en el país más extenso del planeta, Rusia. Habiendo asimilado las enseñanzas de la Comuna aquellos no se limitaron a tomar el cielo por asalto; hicieron lo propio con el Palacio de Invierno de los zares y en una jornada extraordinaria pusieron fin a siglos de cruel absolutismo monárquico, despotismo aristocrático e imperio de la ignorancia y la superstición.

Con la Revolución Rusa se abrieron las puertas de una nueva etapa en la historia de la humanidad por donde luego transitarían las revoluciones china, vietnamita y cubana, modificando drásticamente la correlación mundial de fuerzas y abriendo un espacio sin el cual ni los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo, ni los procesos de descolonización en África y Asia, ni las arriba mencionadas revoluciones habrían sido posibles. Sin el apoyo soviético difícilmente podría la revolución china haber sobrevivido a las acechanzas y ataques del imperialismo en sus primeros años; o el heroico pueblo vietnamita haber derrotado y humillado a los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam; o haber Cuba resistido la agresión yankee sin la colaboración que le brindara la Revolución Rusa. El balance histórico sobre lo que ésta ha significado es una tarea aún pendiente. Para los teóricos y publicistas de la derecha, y para algunos izquierdistas ofuscados por su dogmatismo, la historia de esa gran revolución se reduce a los horrores del estalinismo. Caprichosamente dejan de lado algunas cosas más que también ocurrieron y que no fueron para nada triviales: la contribución de la Unión Soviética a la derrota del nazismo fue decisiva e insustituible, pagando con casi veinte millones de muertos el precio de una hazaña que sólo violentando los hechos históricos se podría subestimar. El mundo no sería lo que es hoy si las fuerzas de Hitler hubieran triunfado en la Segunda Guerra Mundial. Transformó además a la sociedad más atrasada de Europa en una potencia industrial, tecnológica y militar, capaz de en el breve –históricamente hablando- plazo de cuarenta años tomar la delantera en la conquista del espacio al lanzar el primer satélite artificial y el primero tripulado por un hombre, Yuri Gagarin. La Revolución Rusa acabó con el analfabetismo, sentó las bases de una sociedad igualitaria como nunca antes había existido en país alguno e incorporó a la mujer a la vida social, otorgándole derechos que en los países capitalistas avanzados sólo serían en parte conquistados medio siglo después.

Desgraciadamente esta experiencia terminó muy mal: implosionó y se derrumbó sin que nadie saliera a la calle a defender una conquista histórica como la Revolución Rusa. Esto, por múltiples razones de orden interno –debilitamiento en el vínculo democrático entre masas, partido y estado y su sofocante burocratización; rigidez y deficiente manejo de la economía; incapacidad de responder ante los desafíos de la tercera revolución industrial, entre otros- y también de orden externo, entre los cuales sobresale la permanente hostilidad de las potencias imperialistas desde los mismos albores de la república soviética, la Guerra Fría y, en los años ochenta, los exorbitantes gastos militares que la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan obligó a incurrir en la Unión Soviética (y que también sembraron las semillas de la actual crisis financiera del estado norteamericano). Rindamos homenaje a esa empresa heroica, a la figura de Lenin, su genial conductor, y a los bolcheviques que tuvieron la audacia de acompañarlo y a los ex mencheviques, como Trotsky, que en Agosto de 1917 se unieron al partido de Lenin para consumar la más grande revolución social de toda la historia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Profesor Juan Bosch: ¿Cuál es la diferencia entre la energía atómica y la nuclear?

Español: mapa de silos nucleares en Estados Unidos
Español: mapa de silos nucleares en Estados Unidos (Photo credit: Wikipedia)

Que la segunda, la energía nuclear,  se manifiesta con mayor poder que la atómica porque es el resultado de la integración de un núcleo atómico creado por la unión de dos núcleos de masa más ligera, que se dividen mediante la llamada fisión nuclear. La energía nuclear no deja residuos radioactivos como los deja la atómica, pero además no se agota. La tecnología de la fusión y de la fisión nuclear fue descubierta años después de haberse fabricado la primera bomba atómica, y con ella los norteamericanos hicieron en 1952 la primera bomba termonuclear, cuya capacidad de destrucción era mil veces mayor que la que se lanzó sobre Hiroshima; pero los soviéticos habían avanzado en la física atómica tan de prisa que fabricaron su bomba termonuclear un año después, es decir, en 1953, y se adelantaron a Estados Unidos en la fabricación del primer cohete balístico intercontinental, es decir, que podía salir de territorio soviético y llegar en corto tiempo a cualquier lugar de América del Norte llevando una bomba nuclear.

Ese cohete balístico fue terminado en 1957, año en el que la Unión Soviética produjo también el primer satélite espacial tripulado por hombres, que fue el conocido con el nombre de Sputnik, y así como la humanidad había entrado el 16 de julio de 1945 en la Era Atómica con la explosión en Álamo Gordo de la primera bomba hecha a base del poder explosivo de los átomos (que en ese caso fueron isótopos de átomos de plutonio), el 4 de octubre de 1957 se inició la Era Espacial con el lanzamiento en la Unión Soviética del Sputnik, y lo decimos para que el lector se dé cuenta de que para esa fecha, exactamente cuarenta años después de haber comenzado la Revolución Rusa, la sociedad que la inició cuando era una de las más atrasadas de los países de Occidente se había convertido en la competidora de la más desarrollada del mundo capitalista.
Pero para el 1957 la Doctrina Truman de la Guerra Fría tenía cinco años de lanzada y el gobierno de Eisenhower, sucesor de Truman, no iba a tolerar que esa doctrina quedara hundida en un mar de incapacidad norteamericana para mantener la supremacía nuclear sobre la Unión Soviética, de manera que Estados Unidos apareció construyendo en 1958 un cohete balístico intercontinental y un satélite tripulado por hombres y en 1960 navegaban por las aguas del Atlántico submarinos portacohetes. Fue ocho años después cuando la Unión Soviética construyó submarinos del mismo tipo y en el mismo año (1968) fabricó cohetes de cabezas nucleares múltiples que llegaban con un retraso de dos años comparados con los que Estados Unidos había fabricado en 1966.
En el camino de la competencia se había ido muy lejos. La bomba de Hiroshima fue llevada a bordo de un avión que volaba a 360 millas por hora y en 1985 un cohete MX de cabezas nucleares múltiples viaja a razón de 15 mil millas por hora, pero además, mientras la bomba de Hiroshima mató e hirió a más de 200 mil personas la que lleva un MX puede matar, herir o inutilizar de por vida a varios millones porque la bomba de 1945 tenía un poder destructor equivalente a 15 mil toneladas de dinamita y un cohete nuclear actual lleva en su seno la capacidad aniquiladora de 5 millones de toneladas de ese explosivo.
 El hecho de que la Unión Soviética diera muestras de que podía sobrepasar a Estados Unidos en la carrera de los armamentos nucleares como lo hizo al producir en 1957 el primer cohete balístico intercontinental, facilitó la apertura entre los dos grandes poderes de negociaciones para ponerles límite a la producción y el uso del armamento nuclear. Esas negociaciones condujeron a una cadena de acuerdos iniciada con el Tratado de la Antártida del año 1959 firmado por 26 gobiernos; el de 1963 mediante el cual se estableció una conexión telefónica directa entre Moscú y Washington para que los jefes de los gobiernos norteamericano y soviético pudieran entrar en contacto directo si se presentaba una situación de crisis que pusiera en peligro la paz mundial, y ese mismo año 111 gobiernos firmaron un Tratado que prohibía el uso de la atmósfera, el Espacio exterior y las aguas profundas para hacer en ellos pruebas de armamentos nucleares; en 1967 83 Estados se adhirieron a un Tratado que prohibía colocar armas nucleares en órbita terrestre y su estacionamiento en el espacio exterior y 22 gobiernos latinoamericanos declararon sus territorios libres de posesión, almacenamiento o pruebas de armas nucleares; en el 1968 119 Estados firmaron un Tratado en el que se prohibía la transferencia a países que no tuvieran armamento nuclear de armas o de tecnología de ese tipo y además se comprometían a negociar para detener la carrera armamentista; en 1971 71 gobiernos acordaron prohibir pruebas submarinas de armamentos nucleares dentro de los límites de 12 millas fuera de sus costas.
Todos esos tratados indicaban que la posesión por parte de la Unión Soviética y de Estados Unidos de enormes arsenales nucleares preocupaba a gran parte de la humanidad, incluidas en ella las poblaciones de los dos poderosos países, y a partir de 1971, incluido ese año, los gobiernos norteamericano y soviético llevaron a cabo varios acuerdos; el de 1971 de medidas para evitar accidentes o uso no autorizado de armamento nuclear; el llamado SALT I, de 1972, que limitaba las áreas de estacionamiento a sólo dos en cada uno de los dos países para sistemas de cohetes antibalísticos y en una segunda etapa congelaba el número de submarinos lanzadores de cohetes balísticos intercontinentales; el Acuerdo 1973 para consulta de los dos gobiernos cuando hubiera peligro de una guerra nuclear; los dos Tratados de 1974 que prohibían las explosiones de prueba bajo tierra de bombas de más de 150 kilotones (equivalentes a 150 mil toneladas de dinamita) y las explosiones en grupos que sumaban más de mil 500 kilotones; y por último el Acuerdo SALT II de 1979 por el cual se limitaba el número de vehículos portadores de materiales nucleares estratégicos, lanzadores de cohetes de múltiples cabezas o de bombarderos con cohetes de múltiples cabezas o de bombarderos con cohetes crucero de largo alcance y prohibición de estacionar nuevos cohetes balísticos intercontinentales.
De esos Tratados y Acuerdos, Estados Unidos no ratificó los dos de 1974 ni el llamado SALT II; lo que hizo fue dedicarse a fabricar cohetes destinados a cercar desde países europeos a la Unión Soviética con la bomba de neutrones, destinada a matar soldados y población civil, pero sin causar daño alguno a los edificios o construcciones de otro tipo, y con los cohetes Pershing que pueden atravesar toda Europa y caer en Moscú siete minutos después de haber sido disparados.
Con la llegada al poder en Estados Unidos de los líderes del Partido Republicano encabezados por Ronald Reagan, hecho que se produjo al empezar el año 1981, pasó a ser eje ejecutado un programa de gobierno cuya política exterior estaría vinculada a la producción de armas nucleares pero que en la campaña electoral de 1980 se expresaba en consignas que ocultaban esa vinculación. Lo que ofrecía el candidato presidencial republicano era la restauración del poderío de su país con lo cual aludía, sin mencionarlo, al poder militar, porque referirse directamente al poder militar era una manera de referirse a la producción de nuevas armas nucleares.
“Estados Unidos debe negociar desde una posición de fuerza”, afirmaba Ronald Reagan después de haber asumido la presidencia del país; pero esa posición privilegiada sólo podía alcanzarse negociando con los gobiernos de Europa Occidental, miembros de la OTAN, es decir, aliados de América del Norte, para lo cual se requería hallarse en posesión del aparato del Estado; y tan pronto llegó a la Casa Blanca, Reagan y sus hombres de confianza pusieron en práctica el plan de sus consejeros habían elaborado antes aún de que comenzara la campaña electoral, que consistía en instalar en Europa la nueva cohetería norteamericana y sobre todo la bomba de neutrones con lo cual quedaban sin valor los Tratados de 1974 y el llamado SALT II celebrados con la Unión Soviética y pasaba a adquirir su papel de propaganda política la locución Guerra de las Galaxias.
El significado de esa locución era, y sigue siendo, guerra llevada a cabo en el Espacio, fuera de la Tierra, en las regiones del Universo por donde vuelan día y noche sin ser advertidos por los pueblos del mundo unos aparatos portentosos, y a la vez poderosos, que desde las alturas de muchos kilómetros en que transitan pueden grabar conversaciones telefónicas y retratar un automóvil que rueda a lo largo de una carretera; que pueden acumular en computadoras los datos de todo lo que sus mecanismos de observación captan a la distancia en cualquier país, gracias a los cuales el gobierno que los usa tiene informaciones detalladas de cuanto pasa en un territorio dado.
Estados Unidos tiene el poderío que le confiere la posesión de aparatos nucleares de todo tipo y con ellos de los que le corresponden a una gran potencia espacial, pero la propiedad de tanta maquinaria portentosa no parece estar acompañada por una noción clara de los peligros que conlleva el uso de esos aparatos. Si los hombres que dirigen el Estado norteamericano tuvieran esa noción no alentarían el uso de una propaganda política como la que se hace estimulando la llamada Guerra de las Galaxias, porque una guerra hecha con armamento nuclear en el Espacio terrestre destruirá la atmósfera que nos rodea, y sin esa atmósfera no podría haber vida en la Tierra.
No lo habría para los soviéticos, pero tampoco para los norteamericanos y mucho menos para los miles de millones de seres que forman la población de Tercer Mundo, entre los cuales estamos los dominicanos.
Santo Domingo,
18 de enero de 1985.
Un poco de historia
Antes del año 1945 un número muy corto de personas sabían que en la naturaleza había una fuente de energía llamada átomo y que el átomo consistía en cada uno de los pequeñísimos cuerpos eléctricos de que está constituida la materia, pero mucho menos se sabía, con la excepción de algunos grandes conocedores de las Ciencias Físicas, que de los átomos podía obtenerse una fuerza explosiva millones de veces más poderosa que la dinamita, que hasta entonces era el explosivo más potente que el hombre podía producir y controlar a su conveniencia; y sucedió que a mediados de julio de ese año 1945 un grupo de científicos que habían estado trabajando secretamente en un plan destinado a fabricar una bomba atómica, hizo estallar una de prueba en Álamo Gordo, un lugar de Nuevo México, Estados Unidos, y con esa prueba comenzó la Era Atómica es decir, una época nueva de la historia porque la explosión de Álamo Gordo demostró que a partir de ese momento la humanidad disponía de un poder energético cuya existencia había sido insospechada hasta entonces. Ese poder podía usarse en la guerra para aniquilar militarmente al enemigo, pero también en la paz para ejecutar grandes proyectos de planes beneficiosos para la humanidad, y se usó en la guerra que se llevaba a cabo entre Estados Unidos y su aliada la Unión Soviética contra Japón. Esa era la parte final de la llamada Segunda Guerra Mundial, que había terminado en Europa con la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945 pero seguía en el Pacífico entre norteamericanos y soviéticos de una parte y japoneses de la otra. La bomba atómica fue usada por primera vez el 6 de agosto de ese año 1945, apenas tres semanas después de ser probada en Álamo Gordo; se lanzó sobre la ciudad de Hiroshima, donde además de matar por achicharramiento y por asfixia y de inutilizar por quemaduras profundas a más de 200 mil personas destruyó el centro de la ciudad, todo ello con una sola explosión de corta duración.
 La posesión de la bomba atómica convirtió a Estados Unidos en la mayor potencia militar del mundo, pero no por mucho tiempo porque en 1949 la Unión Soviética anunció que había terminado el monopolio norteamericano del poder ató¬mico, lo que significaba que los soviéticos habían fabricado también una bomba atómica y a partir de ese momento empe¬zaría una carrera de competencia entre los dos países que acabaría colocando a la Unión Soviética en el mismo nivel de poderío militar que los Estados Unidos, y no sólo por su dominio de la energía atómica sino además el de la energía nuclear.
Juan Bosch

Discursos que anticipan el estallido Comunicación política en contextos neoliberales

Margaret Thatcher with Ronald Reagan

“La ideología neoliberal colma de tranquilidad a los más pudientes”

(Jean Ziegler)

Más allá de sus implicaciones sociales, políticas y económicas, la implementación del neoliberalismo tiene también connotaciones en el ámbito de la comunicación. Analizando algunas experiencias históricas del modelo, ¿cómo se configuran los discursos de los representantes públicos antes, durante y después de la puesta en marcha de estas políticas?

Desde finales de los años 70 distintos Gobiernos de democracias occidentales iniciaron la aventura neoliberal, tanto en países centrales como periféricos. La puesta en marcha del recetario (un paquete simple y homogéneo de medidas que no necesita adaptarse a los diferentes contextos a los que se aplicaba) supuso en todos los casos importantes esfuerzos de comunicación.

Un análisis de la comunicación política en contextos de neoliberalismo podría comenzarse unos años antes, en las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile (1973) o la Junta Militar en Argentina (1976). No obstante, a estos gobiernos cívico-militares no les fue necesario utilizar el arte de la persuasión política para aplicar o justificar las medidas neoliberales: la sistematización de asesinatos, persecuciones, secuestros, torturas y demás formas de terrorismo de Estado impedían toda crítica a sus programas y hacían vano el uso de cualquier argumento.

Por lo tanto, se tomarán como punto de partida los Gobiernos de Margaret Thatcher Ronald Reagan a finales de los 70 y la década de los 80 en Inglaterra y Estados Unidos, continuando en algunos países de América Latina durante los años 90 y principios de 2000, y finalizando en la actualidad en el sur de Europa.

A partir del ensamblaje de algunas piezas clave de los discursosde los principales responsables políticos en estos distintos momentos históricos, se puede ilustrar cómo se modula y articula el discurso del poder en contextos neoliberales. Un esquema discursivo coherente, integrado por un puñado de ideas repetidas hasta el hartazgo. Relatos que, por su reiteración y simplificación, pueden alcanzar un fuerte grado de interiorización social, incorporándose al “sentido común”.

Medidas que no se anuncian: en campaña nadie es neoliberal

Dado que no existe un partido que públicamente asuma una ideología neoliberal (y seguramente nunca vaya a haber un “partido neoliberal” como tal), este modelo llegó a las democracias occidentales de la mano de partidos políticos de los más diversos colores ideológicos. Partidos de tradición conservadora o socialdemócrata, formaciones de nueva creación, espacios históricamente vinculados al movimiento obrero y sindical o bien coaliciones de partidos [1].

Teniendo en cuenta que las recetas neoliberales han afectado y afectan necesariamente de forma negativa a amplias mayorías sociales, resultan impopulares. Un asunto que no pasa desapercibido para los expertos en marketing político y propaganda. ¿Quién sería capaz de incluir en su programa electoral medidas que van a perjudicar a la mayoría de la población?

En todos los casos, estos partidos llegaron al poder con los países en situación de crisis financiera, desempleo, deuda pública o inflación elevados, y por ende con un grado de descontento social. Las promesas electorales durante las campañas se centraron en ofrecer soluciones a estos escenarios, omitiendo la concreción de cómo se llegaría a éstas [2]. Ninguno de los entonces candidatos habló de recortes de inversión pública, de abandono de la tutela social del Estado, de privatizaciones de bienes y servicios públicos, de reducción de puestos de trabajo y achicamiento del Estado o de mercantilización de derechos sociales.

De esta forma, con propuestas abstractas, una fuerte inversión publicitaria y valiéndose de los errores de sus predecesores, ThatcherReaganMenemFujimoriSánchez de LozadaRajoy oSamarás, entre otros, se alzaron con el poder del Estado. Recién en ese momento, las buenas intenciones y la abstracción de los programas dieron paso a la aplicación del recetario neoliberal.

Empezando a mostrar las cartas: “no hay alternativa”

Fue Margaret Thatcher quién inmortalizara en 1979 la frase “no hay alternativa”, en relación a que el neoliberalismo era la única opción posible, dadas las circunstancias sociales y económicas por las que atravesaba Gran Bretaña en ese momento. Una frase tantas veces repetida por la Dama de Hierro que desde entonces comenzó a utilizarse como sigla, TINA (“There Is No Alternative”).

En el inicio de la puesta en marcha de un programa neoliberal, esta consigna es una de las claves en la comunicación política. El presidente del Gobierno español decía en 2012 que “el Gobierno ha tenido que hacer cosas que no le gusta hacer para salir de la grave situación en la que se encuentra”. Dicho de otra forma, “ya nos gustaría poder hacer otra cosa, pero con la herencia que hemos recibido, no tenemos otra alternativa que hacer esto”.

El argumento que justifica el ajuste estructural del Estado es la necesidad de reducción del déficit público, ocultando la fuerte transferencia de riqueza desde el sector público hacia el privado concentrado. Siguiendo con el mandatario español, “corregir el déficit es una obligación y algo imprescindible para España”, o”recortar (…) es imprescindible porque en este momento no hay dinero para atender a los servicios públicos”.

En este punto, y para apoyar esta idea, suelen usarse sobre-simplificadas explicaciones del funcionamiento económico. Margaret Thatcher aclaraba décadas atrás “esta verdad fundamental: el Estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, sólo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos. No es correcto pensar que alguien lo pagará. Ese «alguien»eres «tú». No hay «dinero público», sólo hay «dinero de los contribuyentes»”.

Otros ejemplos de lo mismo: un referente del neoliberalismo en Argentina, Domingo Cavallo [3], mientras anunciaba como Ministro de Economía en 2001 el enésimo ajuste del gasto público, afirmaba que “hay que ir a déficit cero y dejar de vivir de prestado”. También Rajoy arrojaba luz sobre esta cuestión en 2012 asegurando que “lo que no se puede gastar es lo que un país no tiene”.

Como puede verse, resulta curioso que la comunicación de la economía neoliberal, según sea conveniente, puede apoyarse en modelos inteligibles sólo para un selecto grupo de “expertos” (ocultación) o, por el contrario, puede ser tan simplista como las afirmaciones anteriores (reduccionismo). “La teoría económica convencional acostumbra a practicar, no se sabe muy bien si a partes iguales, la ocultación y el reduccionismo desvirtuando el carácter y la percepción de la economía” (Martinez González-Tablas & Álvarez Cantalapiedra, 2013).

Además de querer minimizar la pérdida inexorable de apoyo popular, la idea de la inexistencia de alternativas al neoliberalismo también tiene como trasfondo un intento de des-ideologizar el modelo, queriendo instalarlo en la opinión pública como si fuera una cuestión referente a las ciencias puras. “No nos gusta lo que estamos haciendo (no elegimos, no es ideología), pero no tenemos opción (es una decisión científica)”.

Además de su inevitabilidad y su carácter científico, existen otras cartas de presentación del modelo. La primera, como una “modernización” de las instituciones democráticas y el aparato productivo.Cavalloafirmaba que “vivimos una época de modernización de todo el aparato productivo después de que Argentina había quedado rezagada en todos los sectores”. La segunda, que existe una suerte de consenso global sobre la adopción de este tipo de medidas. “Hay que recuperar la confianza de los mercados” o “hay que estar insertado en el mundo” son frases utilizadas repetidas veces por la primera línea del Partido Popular español.

Ya puesto en marcha el recetario neoliberal, parte de la sociedad, el periodismo y la oposición parlamentaria exige a los Gobiernos explicaciones por la incoherencia entre las propuestas plasmadas durante la campaña electoral y las medidas de política real que se implementan.

En este punto, se pueden ver dos estilos diferenciados de un particular mea culpa. Uno más pragmático:Mariano Rajoy afirmaba en 2013 que “quién me ha impedido cumplir mi programa es la realidad” o “dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo (…) han cambiado las circunstancias y tengo que adaptarme a ellas”. Otro estilo, impunemente “sincericida”: el ex presidente Carlos Menen declaraba meses después de comenzar su andadura neoliberal en la Argentina que “si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, nadie me hubiera votado”.

Primeros impactos: “Estamos mal, pero vamos bien”

Cuando los impactos de las medidas neoliberales, en lugar de atenuar la situación de dificultad e insatisfacción que sufrían distintos sectores sociales antes de su puesta en marcha, evidencian un rápido empeoramiento de sus condiciones de vida, un retroceso de sus derechos sociales y un aumento del descontento social, la retórica de los representantes políticos y portavoces del poder debe dar un nuevo giro.

Cuando las cosas empeoran para la mayoría, se intenta transmitir el hallazgo de “brotes verdes”, de una ilusoria “luz al final del túnel”. La idea es que los “sacrificios” que viene haciendo el grueso de la ciudadanía bajo el yugo del libre mercado y sin tutela del Estado están empezando a dar sus frutos. Aunque éstos todavía no sean visibles para los sacrificados por el modelo.

En un discurso en 1996, Menem sentenciaba que “estamos mal, pero vamos bien”. En la misma dirección,Rajoy afirmaba en 2013 que “aún no podemos decir que España va bien, pero va mejor y el rumbo marcado es el correcto”. Este intento por vender esperanza e ilusión a sus votantes tiene como fin seguir pidiéndoles “sacrificios”.

Otra línea argumental consiste en incidir en que las decisiones que adopta el Gobierno son responsabilidad de otros actores o circunstancias.Principalmente, los resultados de las políticas de sus predecesores: afirmaba Mariano Rajoy, con el país plagado de protestas y movilizaciones como consecuencia de las medidas de su Gobierno, que “el PSOE carga con una culpa histórica. Hay que decirlo alto y claro”. Thatcher decía que “curar la enfermedad de Gran Bretaña con el socialismo es como intentar curar la leucemia con sanguijuelas”. Y Menem, incluso hasta el último año de su década de mandato, no desistía en señalar “la pesada herencia” dejada por su antecesor.

La culpa de la política y de lo público

El debilitamiento y la denostación de la política y lo público son condiciones sine qua non para la implementación del modelo neoliberal.

Desacreditar a la política como un instrumento de transformación a disposición de las mayorías promueve la desafección y, de esta manera, facilita que ésta pase a ser de dominio del poder económico concentrado. Ronald Reagan dejaba a las claras su visión sobre la política. “Se supone que la política es la segunda profesión más antigua de la Tierra. He llegado a la conclusión de que guarda una gran semejanza con la primera”.

Igualmente prostituido debe quedar lo público. Un ex ministro menemista, Roberto José Dromi, en referencia a las políticas de privatizaciones del Gobierno, afirmaba: “nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”. No es un dato menor que Dromi en ese momento fuera Ministro de Obras y Servicios Públicos del Estado nacional argentino.

Si la política y lo público son partes del problema, las soluciones deben pasar por lo individual.En palabras de Margaret Thatcher “Están situando el problema en la sociedad. Y «la sociedad»no existe. Hay hombre y mujeres individuales, y también hay familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de cada persona, y las personas necesitan mirar por sí mismas en primer lugar. Es nuestra obligación mirar por nosotros mismos, y después por nuestro vecino”.

Discursos que anticipan el estallido

Cambian los momentos históricos, los contextos mundiales, los territorios y los Estados-nación, las condiciones materiales de subsistencia de los pueblos, los nombres o las tendencias ideológicas de los partidos políticos. Pero en los casos analizados hay al menos tres cosas que no se alteran: las recetas en política económica, sus impactos sociales y los conceptos subyacentes al discurso de quienes, desde las instituciones políticas, deben implementarlas y legitimarlas.

Discursos que niegan lo que van a hacer, lo que hacen, y también las consecuencias de lo que hacen. Discursos que buscan responsables fuera, desacreditan a la política, injurian lo público y tiñen decisiones ideológicas de científicas. ¿Lo hacen por pragmatismo de realpolitik o por vergüenza ideológica?

Más allá de las palabras, parece evidente que los gobiernos neoliberales hacen lo que quieren hacer y saben lo que ello implica. Quieren instalar un nuevo “contrato social” que busque la legitimación de otro régimen de propiedad, con clases dominantes mucho más dominantes, un desmantelamiento y privatización del Estado, y la primacía de la competencia y la lógica mercantil en una sociedad individualista, insolidaria y descohesionada.

Dado que este sistema político y económico profundiza la desigualdad y la injusticia social, empobrece y expulsa a grandes mayorías, estos gobernantes,condenadosa recoger el apoyo popular, necesitan un relato fuerte para poder implementar la versión más voraz que ha conocido el capitalismo en su historia.

Más allá de las palabras, los gobiernos neoliberales han dejado o están dejando los mismos legados económicos, sociales y políticos. Los discursos analizados anticipan el estallido de una crisis social que se va gestando durante todo el tiempo que duran estas medidas. Más allá de que se repita incesantemente la idea de que “no hay alternativa”, en última instancia, y como dijera José Saramago: “la alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”.

Notas:

[1] Por ejemplo, Margaret Thatcher llegó al Gobierno desde el Partido Conservador, Ronald Reagan desde el Partido Republicano o Mariano Rajoy desde el Partido Popular. Por su parte, Alberto Fujimori ganó las elecciones generales peruanas con formaciones nuevas, como Cambio 90 y Nueva Mayoría; Carlos Menen se alzó con el poder desde el Partido Justicialista, Fernando De la Rúa fue electo presidente argentino con la Alianza, y Antonis Samarás fue nombrado Primer ministro griego con Nueva Democracia en coalición con PASOK y DIMAR.

[2] Algunos eslóganes de estas campañas coincidieron en sus ideas abstractas. “Amanece en América” o “América ha vuelto” (Ronald Reagan, EEUU); “Revolución productiva y salariazo” (Menem, Argentina); “El laborismo no funciona” (Thatcher, Inglaterra); “Perú, país con futuro”(Fujimori, Perú); “Súmate el cambio” (Rajoy, España).

[3] Cavallo fue presidente del Banco Central durante la Dictadura Militar argentina (1981), Ministro de Economía durante la presidencia de Carlos Menem (1991-1996) y también durante la de Fernando De la Rúa (2001).

Bibliografía citada:

Martínez González-Tablas, A. & Álvarez Cantalapiedra, S. (2013). “Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista”. Revista de Economía Crítica n. 15.

 

Entrevista a Mónica Baltodano, la que fuera comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional

ARDE Frente Sur Commandos take a smoke break a...
ARDE Frente Sur Commandos take a smoke break after routing FSLN base at El Serrano. Southeast Nicaragua 1987. (Photo credit: Wikipedia)

“Es necesario que la educación construya personas capaces de ser actores de la propia transformación”

Mónica Baltodano fue comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Participó en la lucha revolucionaria contra la dictadura somocista desde la ofensiva de 1974. Posteriormente, triunfante la revolución, asumió cargos de responsabilidad en el área educativa del gobierno del FSLN. Tras romper con la jefatura de Daniel Ortega en el año 2000, ahora está en Asturies para participar en las jornadas de sensibilización Sur-Norte de Soldepaz-Pachakuti.

Nos encontramos con Baltodano en un hotel de Xixón. Su hablar es pausado y conciso. Se notan los años de pedagogía revolucionaria, algo de lo que no reniega. La primera pregunta es obligada:

¿Qué queda hoy en Nicaragua del triunfo sandinista del año 79?

“Con la revolución se terminó con una dictadura que tenía 40 años de historia. Lamentablemente coincidió en el tiempo con la llegada al poder de las fuerzas políticas más conservadoras de la historia de los Estados Unidos, lideradas por Ronald Reagan y sus neoconservadores, sufrimos nuevamente la intervención, esta vez indirecta, de nuestro vecino del norte. Pero la revolución dio sus frutos: se intentaron una serie de transformaciones en la educación, la reforma agraria, se hizo una nueva Constitución, se construyó un nuevo Ejército, se creó por primera vez una Policía separada del Ejército, se desarrollaron la educación y la sanidad. Ahora se han revertido muchas de esas transformaciones. Del año 90 [cuando el Frente Sandinista fue derrotado electoralmente por una coalición conservadora, UNO, liderada por Violeta Chamorro] al 2006 se implantaron todas las políticas de libre mercado, neoliberalismo, se privatizaron los sectores estratégicos, se reconcentró la riqueza… Con la vuelta al poder de los sandinistas en 2007 se creó la falsa expectativa de que se daría continuidad a la revolución, pero eso fue un engaño. Las políticas económicas son las mismas [que con Chamorro]. Hoy en día se fortalece el capitalismo, se gobierna en franca armonía con el FMI y el Banco Mundial, porque una parte de esa fuerza protagonista de la revolución se reconvirtieron a neocapitalistas. ¿Qué queda? Pues queda un pueblo ahí, con una cierta consciencia de que puede cambiar las cosas. En el sustrato de su consciencia está aquello que nos enseñó Sandino”.

La historia suena demasiado parecida a la evolución del socialismo en el Estado español como para no preguntarle por el símil, pero lo rechaza:

“Cada país tiene sus propias realidades y particularidades, y la situación de nuestra lucha insurreccional no tuvo mucho que ver con el triunfo del PSOE en los años 80” dice. “Sin embargo, cuestiones comunes como la pobreza, la falta de empleo, de vivienda, la exclusión, son resultado de un régimen de apropiación privada de los medios de producción. El capitalismo tiene capacidad para reacomodarse, aunque esté dando señales de inviabilidad, por eso muchas fuerzas que llegan al poder con planteamientos de cambio, acaban siendo subsumidas por el régimen, y aunque digan que están haciendo otra cosa, al final están desarrollando administrando políticas de economía mercantil, y la economía mercantil siempre dará como resultado que unos se apropian de la riqueza y otros la producen y se quedan sin nada. Ese es el problema común de nuestras realidades: ustedes están siendo víctimas del capitalismo en su fase más brutal, la de la acumulación financiera; la crisis que están viviendo es el resultado de que ya ni siquiera hay producción material, sino que es una producción de papel, de capital ficticio, generado en la esfera de las finanzas. Al final ustedes y nosotros somos víctimas de un mismo régimen, mercantil, liberal, para el que no hay solución intermedia, sólo una radical, y a eso es a lo que nos deberíamos abocar, a cómo construir el nuevo proyecto histórico de las mayorías.”

Mónica Baltodano era una de esos miles de jóvenes nicaragüenses (muchos de ellos adolescentes) que durante los años 70 participaron en socavar una dictadura familiar respaldado por los Estados Unidos. Con 20 años participó en la ofensiva guerrillera en las áreas urbanas del norte, fue detenida y torturada. Un movimiento insurreccional que lideró el FSLN “pero el pueblo nicaragüense fue el que consiguió el triunfo. No fue una victoria militarista: las huelgas de muchísimos sectores, las luchas estudiantiles, de los obreros, fueron preparando el camino para las insurrecciones que se dieron y en las que participó el Frente”. Posteriormente desempeñó puestos de responsabilidad en el gobierno revolucionario, Viceministra de la Presidencia y ministra de Asuntos Regionales. Uno de sus principales campos de trabajo fue la educación, y por ello participa en las jornadas organizadas por Pachakuti: “No hay posibilidad de superar la pobreza y la exclusión sin acceso de la gente al conocimiento. Es necesario que la educación construya sujeto, personas conscientes capaces de ser actores de la propia transformación, no simples objetos de la educación. Sin embargo, ahora se cierran las carreras de Humanidades, todo va encaminado a producir el material humano para desarrollar la economía de mercado. Ya no cuestión de que la gente pueda ir o no a la escuela y la universidad, sino de que vayan a la universidad para constituirse en sujetos de su propia educación”.

Educación que, en el caso nicaragüense, tuvo principalmente a las mujeres como agentes protagonistas de sus campañas de alfabetización y de generalización de los estudios. Fueron las mujeres también las que constituyeron un movimiento autónomo que plantó cara a los desmanes de la jefatura orteguista y que siempre se mostró insumiso a los intentos por acallarlo.

“Uno de los logros de la revolución sandinista fue dar herramientas a las mujeres nicaragüenses de todos los estratos sociales para sentirse actores de las transformaciones que se estaban dando en el conjunto de la sociedad. De eso queda bastante, organizaciones que siguen luchando por la equidad, por la inclusión social, y tal vez por eso son las mujeres uno de los sectores que más se han resistido a la decadencia del actual Frente Sandinista. Por ejemplo, en el año 2006 esta fuerza, que se dice revolucionaria, dio sus votos en el Parlamento para criminalizar el aborto terapéutico, una conquista que tenía su origen hace más de 100 años, en el siglo XIX”.

Preguntada por el nuevo y arrollador triunfo del Frente Sandinista en las pasadas elecciones municipales, relativiza la importancia a la victoria.

“Desde el año 2000, cuando yo rompí con la jefatura del Frente, se hizo una reforma constitucional entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, para repartirse el control absoluto de los mecanismos institucionales. Tienen un control absoluto sobre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. También controlan el aparato electoral. Ahora misma no son unas elecciones transparentes. En las elecciones de 2008 y 2011 hubo fraude. Yo soy parte del 60% que no fue a votar. Mientras no replanteemos las reglas del juego, no tiene sentido seguir participando del juego electoral. La izquierda vuelve a estar proscrita como en la dictadura somocista. Para que la izquierda pueda ir a las elecciones, tiene que ir en coalición con alguna fuerza de la derecha. Rescate del Sandinismo nos negamos a coaligarnos a ninguna fuerza conservadora para poder participar en las elecciones y legitimar un juego en el que realmente no hay democracia”.

Le pedimos, para terminar, que escoja una imagen o momento de sus años de lucha.

“Lo más hermoso del triunfo de la revolución fue cómo la gente asumió que para acabar con la dictadura tenía que actuar, ser protagonista. Fue un pueblo actuando, impulsando por una vanguardia, pero fue un pueblo que se sintió actor de su propia determinación”.

Precisamente para dar otra versión de aquellos días y contrarrestar la versión oficialista del proceso revolucionario, que personaliza en la figura de Daniel Ortega gran parte de los méritos del triunfo, Baltodano está escribiendo una magna obra, de la que hasta el momento ha publicado tres volúmenes, pormenorizando las fases de la derrota somocista y el gobierno del FSLN, titulada Memorias de la lucha sandinista.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Monica-Baltodano-Es-necesario-que.html