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El gran engaño del “Descubrimiento de América”.

La mayor invasión de la historia de la humanidad

 

Español: Monumento al Descubrimiento de Améric...
Español: Monumento al Descubrimiento de América (Madrid) (Photo credit: Wikipedia)

 

Los reyes de España y Portugal con apoyo de la Iglesia y de otros secuaces simularon el descubrimiento de un “Nuevo Mundo” para, mediante bulas pontificias, cédula reales y tratados internacionales, apoderarse del continente. Una investigación de Luis E. Ninamango Jurado plasmada en el libro “Encubrimiento y Usurpación de América”

Una investigación de Luis E. Ninamango Jurado plasmada en el libro “Encubrimiento y Usurpación de América” explica los mecanismos que convirtieron el llamado “descubrimiento de América” en una de nuestras bases culturales. Con motivo de que hoy se conmemora una fecha más de lo que la historia oficial y eurocentrista ha denominado de esa manera, compartimos el contenido de la citada obra.
Según explica el autor en el prólogo del libro, fuimos engañados por una conspiración que logró establecer algunas falsedades como “hechos históricos verdaderos” en la época del “descubrimiento” deAmérica.
Este acontecimiento representa un engaño para justificar la invasióngenocida de las que fueron víctimas los pueblos originarios, indica.
En ese sentido, el ingeniero e historiador peruano, sostiene que la usurpación de América, es el peor crimen de lesa humanidad perpetrado en la historia del hombre.
Los reyes de España y Portugal con apoyo de la Iglesia y de otros secuaces simularon el descubrimiento de un “Nuevo Mundo” para, mediante bulas pontificias, cédula reales y tratados internacionales, apoderarse del continente que diversos pueblos aborígenesamericanos proponen se denomine Abya Yala, explica.
“En bibliotecas enteras se han escrito sobre “El descubrimiento de América” (…) y sobre Cristóbal Colón, pero a pesar de tanto esfuerzo, la duda y el misterio es lo que prevalece cuando se trata de comprender esta época crucial de la historia”, afirma Ninamango.
“Entonces para desenredar este enorme embrollo, causado por una de las peores falsedades que afligen a la humanidad, es necesario identificar y analizar a los personajes claves que interactuaron alrededor de Cristóbal Colón”, señala al hacer la invitación a examinar su obra.
“Encubrimiento y Usurpación de América” fue publicado en 2009 y forma parte de la Colección Memoria de Ediciones de la Presidencia de la República de la República Bolivariana de Venezuela.
Para acceder a la versión en PDF del texto dar clic en el siguiente enlace:Encubrimiento y Usurpación de América

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LA ESENCIA CLASISTA DE LA AUSTERIDAD

Español: La curva de gestión del cambio y el p...
Español: La curva de gestión del cambio y el paralelismo con la evolución del IBEX en la Crisis de la Burbuja tecnológica y en la actual Crisis financiera de 2008. (Photo credit: Wikipedia)

 

La palabra “austeridad” se ha convertido en la consigna del año. Según la Wikipedia, la austeridad es “un régimen económico de recorte de gastos en épocas de crisis“. Pero el lenguaje popular lo equipara a “estrechar el cinturón“. Ahora, por ejemplo, se nos dice que “del mismo modo que las pequeñas empresas y las familias se estrechan el cinturón, el gobierno también debe hacerlo“.

De esta forma, la austeridad se está presentando como una respuesta legítima a una crisis y como una solución adecuada a un problema presupuestario de las familias, las empresas y los estados. La justificación de fondo es que “hemos  gastando demasiado y no estamos trabajando lo suficiente cómo para poder mantener los derechos sociales que de una manera exagerada e irresponsable nos otorgaron antaño“.

Pero, ¿estamos consumiendo demasiado? Parece que este no es el caso. Detrás de la fachada de la crisis financiera se esconde una crisis capitalista de sobreproducción, sobre todo de sobreproducción de viviendas y otros productos que a pesar de ser necesarios, ahora la gente ya no está en condiciones de comprar.
Los episodios periódicos de nuestros barrios no reflejan precisamente exceso de consumo, sino privaciones e hileras de parados que tienen capacidad para producir bienes y servicios necesarios pero que no pueden hacerlo al ser expulsados del sistema productivo. Una de las imágenes habituales es la de las personas de todas las edades removiendo en los contenedores de basura en busca de alimentos o haciendo cola en los comedores sociales.
Sin embargo, casi todo el mundo acepta que algunos elementos de las actuales políticas de austeridad son necesarios. Los informativos, e incluso la mayor parte de los programas humorísticos, se refieren en los países europeos más afectados por la crisis como “derrochadores” y “vagos“, cuando los hechos demuestran lo contrario. Esta caracterización inexacta del discurso político de la derecha, por desgracia, también ha calado en una parte de la izquierda socialdemócrata.
Hay, sin embargo, una versión más edulcorada de la austeridad que nos la presenta como una cuestión moral, como un intento de superación de todas las derivadas del consumismo desenfrenado y como una opción para recuperar las conductas de nuestros abuelos que les  bastaba con un botijo de agua, un vaso de vino, un trozo de pan y un arengue. El problema de estas disquisiciones es que suelen venir de personas más o menos acomodadas y ya se sabe que la renovación moral es siempre más divertida cuando está pensada para los demás.
En el siglo pasado, los periodos posteriores a la explosión de las burbujas ya estuvieron acompañados de una cierta auto-flagelación  y fueron precisamente los momentos donde más prosperaron las teorías sobre la austeridad. ¿Recuerdan ustedes las propuestas de austeridad que en los años setenta teorizaron algunos partidos europeos de izquierdas? ¿No hubiera sido más inteligente  organizar entonces a la gente para empezar a parar los pies a las políticas neoliberales que la derecha ya insinuaba?
Paradójicamente, los mensajes sobre la austeridad estuvieron ausentes durante los periodos pos-burbuja de la década de 1990 y principios de 2000. Ahora, precisamente, estamos sufriendo los abusos que entonces cometieron los empresarios y los bancos más poderosos y por la forma como históricamente se  comporta el sistema capitalista. Lo que ocurre  es que, al  igual que en las anteriores crisis, los planes de austeridad castigan a las personas que menos se beneficiaron de la burbuja. Precisamente, muchas de las víctimas actuales ya fueron víctimas entonces al verse condenadas a pagar unos precios abusivos para poder acceder a una vivienda.
Sabemos que los costes humanos de la austeridad son altos. Sin embargo, nos dicen que este es un dolor que tenemos que soportar para que la economía se vuelva a animar. Pero, ante esta afirmación, debemos preguntarnos: ¿cómo y hacia donde la quieren animar?
Los países que han aplicado la austeridad más severa – Grecia, España, Portugal, Irlanda, Italia – también son los que han experimentado la contracción más devastadora y el mayor aumento del paro. A su vez, en estos mismos países, el déficit presupuestario, en lugar de bajar aumenta. Estos enormes déficits, mayoritariamente, son causados por la crisis económica y la recesión resultante de una economía deprimida. En Europa, la mayor parte de los países más afectados, entre ellos España, tenían superávit presupuestario antes de la crisis. Pero la crisis provocó una fuerte caída de los ingresos del gobierno, y un aumento de los gastos (por la prestación de desempelo y para rescatar a los bancos, entre otros).
La austeridad recorta gastos mediante la eliminación de unos derechos que quienes más los necesitan son precisamente las víctimas de esta crisis. A su vez, la austeridad no consigue aumentar los ingresos del gobierno, que dependen de una economía próspera. El resultado es una espiral descendente, donde la economía todavía se deprime más.
Si la austeridad es un desastre, entonces, ¿por qué no se abandona?
La austeridad es en última instancia una política que favorece descaradamente a la clase dominante en su pulso con la clase obrera, y que también perjudica a los pequeños empresarios, sobre todo los más débiles. La austeridad permite arrinconar a los sindicatos al hacer inviable la negociación colectiva laboral. La austeridad pone las bases para la privatización de los servicios públicos y para suplantar la seguridad social pública por un sistema privado de pensiones. La austeridad extenúa a los empleados públicos contra los cuales ya se ha puesto en marcha una extraordinaria campaña de terror económico y desprestigio social. La austeridad incrementa las bolsas de paro y crea unas condiciones más favorables para imponer una rebaja de salarios y una mayor precaritzación de las condiciones laborales. ¡Por eso no se abandona la austeridad!
No se pueden evaluar íntegramente las razones que se esconden detrás de la austeridad sin recurrir a las reflexiones que hace más de cien años hizo Marx sobre lo que él denominó el capital ficticio, unas reflexiones que encajan a la perfección con la conducta actual del capitalismo.
Antes de la crisis, una gran parte del capital se desplazó atraído por los suculentos beneficios que se sustentaban en la ficción que hinchaba la burbuja. Pero los beneficios ficticios que la burbuja generó, eran beneficios reales para los que se los apropiaban. Me explicaré:
A principios de siglo, el endeudamiento generalmente se canalizaba con contratos hipotecario que involucraban al prestamista (mayoritariamente cajas de ahorro) y al prestatario (generalmente un particular o una pequeña empresa). Los créditos permitieron pagar al contado – es decir, con dinero contante y sonante- a los vendedores de inmuebles, automóviles y otros productos que entonces se compraban con dinero prestado. Así, los grandes impulsores de la burbuja y de la sobreproducción, además de obtener cuantiosos beneficios, los cobraron con dinero fresco. Pero la fiesta se acabó. Entonces los que habían accedido a la propiedad de los inmuebles y otros activos quedaron sepultados por la ficción de la burbuja. Ahora, desgraciadamente, el problema está en el tejado de los particulares, de las pequeñas empresas y de las entidades financieras.
Por esta razón, con la austeridad también se pretende salvar a bancos y cajas y enterrar así una parte del estrago ocasionado. Se hace a expensas de las privaciones de las clases populares. No se salva, en cambio, ni a particulares ni a pequeños empresarios.
Ahora bien, la forma cómo  todo esto se está haciendo, genera de nuevo capital ficticio. Una parte de los viejos beneficios obtenidos (y cobrados) por los capitalistas durante la burbuja y del dinero barato que ahora se entrega a los bancos, se utiliza para comprar deuda pública. Esta deuda genera suculentos beneficios que ahogan todavía más a los Estados. Pero no se trata de beneficios derivados de la actividad productiva. Responden, o bien a una futura e hipotética recaudación tributaria o bien a un futuro rescate que en caso de producirse se tendrá que pagar de nuevo con dinero público. De este modo se están generando nuevos beneficios ficticios. Pero como ya ocurría en la época de la burbuja, estos beneficios son reales para los que se los apropian.
La superación de la crisis, de momento, es muy difícil. Los problemas no son sencillos, y la clase dominante, como acabamos de ver, tiene otros intereses y otras intenciones. Por eso, hay que pensar en la manera de sacar a la luz la esencia clasista de la austeridad.
Con la austeridad, las clases dominantes crean  las condiciones para mercantilizar los servicios públicos. Quieren convertirlos en un nuevo paraíso donde depositar los capitales acumulados y extraer más y más plusvalía exprimiendo a los trabajadores y expoliar a las personas adultas  y a los jóvenes. Por este motivo es tan importante aclarar que los que luchamos contra la austeridad, no estamos perjudicando a nuestros nietos: estamos luchando por un país digno para nosotros y para ellos.

PUBLICAT PER ANTONI PUIG SOLÉ

DIJOUS, DE NOVEMBRE 01, 2012

Evo Morales a RT sobre el bloqueo de su avión: “Mi pecado es ser indígena y antimperialista”

En su conversación con nuestro corresponsal Bricio Segovia, el mandatario detalló las circunstancias que rodearon al bloqueo aéreo que sufrió en Europa.

“Que expliquen quién les hizo creer que yo traía a Snowden”
Morales puntualizó que Bolivia está esperando que Francia, España, Italia y Portugal “expliquen quién les hizo creer” que él llevaba al exempleado de la CIA Edward Snowden en el avión; que les digan “de dónde viene esa información” y por qué no cumplieron “con los convenios internacionales”. “Estamos esperando esta explicación. Y si no hay ninguna explicación, por supuesto vamos a tomar medidas que al caso aconsejen”, dijo.
El líder del país andino recuerda que el embajador de España en Austria le dijo: “Vamos a hablar con nuestros amigos”, por lo que deduce que el país ibérico fue “a consultar con EE.UU.”.
No es un atentado contra Evo, es un atentado contra los pueblos de la América Latina y el Caribe
Sobre esto mismo, el mandatario recuerda que dos horas después de que los obligaran a aterrizar en Austria “la embajada de Estados Unidos estaba entregando [en la Cancillería en La Paz] la extradición de ese norteamericano”. “Es la prueba de que aquí operó EE.UU. usando a Europa”, sostiene Morales.
“Aquí no hay países de primera, segunda ni de tercera. Por tanto, saludo a la solidaridad y a la acción inmediata para defender los derechos que tenemos los latinoamericanos. Porque en el fondo no es un atentado contra Evo, es un atentado contra los pueblos de la América Latina y el Caribe”, declaró el presidente boliviano.
Bolivianos opinan en los medios de comunicación, que ya basta de esta clase de humillaciones que vienen del Gobierno de Estados Unidos
“Será histórico, será inolvidable [el bloqueo aéreo de su avión] para los pueblos de América Latina y el Caribe, especialmente para el movimiento indígena. Sigo convencido de que mi pecado, mi delito, es ser indígena y antimperialista”, denunció el mandatario del país sudamericano, quien reiteró que “por supuesto el operador es EE. UU. Por eso dije ayer y anteayer que no temblaría para cerrar la embajada de Estados Unidos en Bolivia”.
“Seguramente mañana o pasado mañana vamos a estudiar seriamente ese tema. Es iniciativa de nuestros parlamentarios, asambleístas, de algunos hermanos, hasta bolivianos opinan en los medios de comunicación, que ya basta de esta clase de humillaciones que vienen del Gobierno de Estados Unidos”, declaró Morales.
Prácticas neocoloniales
Evo Morales volvió a denunciar que el incidente con su avión es una muestra de las prácticas neocolonialistas, y lamentó que todavía algunos países piensen “que estamos en tiempos de imperios y colonias”, pero “se equivocaron”, subrayó.
Los países europeos todavía están sometidos al Gobierno de EE.UU.
En este sentido, Morales dijo que aunque ellos piensan que “con humillaciones, con intervenciones, con golpes de estado, con dictaduras militares o con gobiernos neoliberales pueden seguir sacando los recursos naturales” de la región, eso en realidad —avisó— “se ha terminado”.
“Piensan que chantajeando, condicionando, como hacían antes, nos van a humillar, nos van a someter, van a hacernos cambiar de política. No, se equivocaron. Las políticas son nuestras y es imposible ahora que impongan nuevas políticas al servicio de los norteamericanos, porque no es legal”, puntualizó Morales.
Por otro lado, el líder boliviano indicó que no comprende “cómo es posible que países europeos todavía estén sometidos al Gobierno de los EE.UU.”.
Futuras relaciones con EE.UU. y Europa
Sobre la reunión que mantendrán con los diplomáticos de esos cuatro países europeos en La Paz, Morales asegura que lo único que quieren es que les digan “la verdad”, puesto que ellos son “la voz oficial” de sus respectivas naciones en territorio boliviano.
El mandatario no quiso adelantar ninguna opinión sobre si se verán afectadas las futuras relaciones con los países involucrados en el bloqueo de su avión. “Trabajamos colectivamente en equipo que es el vicepresidente y el Gabinete y nuestros asambleístas, inclusive nuestros movimientos sociales. Vamos a tomar una decisión unánime frente a cualquier nueva provocación que venga de algún gobierno o presidente de Europa o de Estados Unidos”, dijo. Al mismo tiempo subrayó que “estamos convencidos de que es una batalla, una batalla para hacer cumplir las normas internacionales”.
No estamos acusando a nadie ni creando problemas. Los problemas vienen de ellos
“Nosotros no estamos acusando a nadie ni creando problemas. Los problemas vienen de ellos y, al menos que yo sepa, desde mi punto de vista personal, lo mejor es reconocer los errores”, dijo Morales.
“Bolivia quiere tener buenas relaciones con todo el mundo, pero si alguien provoca permanentemente, como el Gobierno de EE.UU., también tenemos todo el derecho de asumir una defensa de esta clase de humillaciones que vienen del Gobierno de EE.UU.”, sentenció.
El líder boliviano indicó que antes del incidente de su avión en Europa, él tenía mucha confianza en países como España y Francia, aunque reconoció que todavía le queda “algo de confianza” en esas y otras naciones involucradas en el bloqueo de su espacio aéreo. “Está en sus manos cómo resolverlo, cómo explicarlo o cómo enmendar este error”, dijo.

EL ROEDOR: Ni es revolución; ni tiene cabeza

Es una culebra que se mueve más en los países que han gozado de ciertos períodos de desarrollo económico; pero que los ricos y los administradores de la llamada democracia representativa (los gobiernos y los partidos del sistema), han manejado mal, que frente a cada crisis económica, los susodichos optan por el “recorte”, la “austeridad” y los “impuestos” que reducen lo conquistado. Es una culebra de “clase media”, como prefieren llamarla los sociólogos y politólogos actuales, pero que en la jerga marxista se llama “pequeña burguesía”. Los países que han alcanzado largos períodos de crecimiento (y entre ellos está la República Dominicana), la culebra, que no es una revolución, sino que marcha y se mueve bajo el signo de la “indignación”, y sus lugares preferidos para manifestarse son aquellos sitios que representan los signos del poder, es temida por ricos, los partidos gobernantes y también los de oposición y casi todos los del sistema (o los que viven disimuladamente del sistema, como las izquierdas falsas).

Ascendieron a “clase media”, pero se han encontrado con el valladar de la corrupción, la negligencia; el ahogamiento con los servicios elementales de electricidad, transporte, complejos, tediosos y mañosos servicios bancarios. Son movimientos contra el robo, las inconductas, la corrupción, la burocracia, la impunidad, la mordida, las coimas, el picoteo. Por tanto, son un movimiento contra “la democracia representativa”, para que se convierta en “participativa”. Es un verdadero movimiento apartidista, sin ideología y sin “líderes” con quienes negociar, y eso es que lo hace elusivo. Quien se presente como “dirigente” es inhabilitado con tal, como farsante, por las voces de todos: “¡No queremos jefes!”. “Yo llegué ahora, ¿quién se robó lo mío?”. “No quiero sexo; el gobierno me jode las 24 horas”, dicen las consignas del hormiguero humano que se moviliza contra los que los oprimen, los joden, les hacen la vida cada día más precaria con soluciones a medias, con el ‘reunionisno cretino’, contra las mancuernas de las cúpulas mandantes.

2.- Parlamentos
Los Parlamentos, formados por “todos los demócratas” están asustados: buscan soluciones, recortes, parches, discursos temblorosos en favor del pueblo. Gobiernos y oposición saben que los movimientos sin cabezas que claman por mantener su nivel de vida o que no lo pueden seguir elevando por todas las trampas y fugas del sistema, quieren sus cabezas, sin importar quiénes la representen en los Congresos (sea a la derecha, al centro, a los comunistas, que abundan en Grecia, Italia, Portugal, Francia). Temen: están asustados. Pero no estamos frente a una revolución social; los “indignados” no tienen fuerzas para cambiar el sistema. Por eso, en Argentina hubo 5 presidentes en tres días, pero el sistema “democrático” permaneció. Y así en Italia, en Túnez, en Egipto, en Wall Street. El movimiento crece y disminuye, pero se enciende por cualquier cosa: por una pela a infeliz en Túnez, por un exceso policial en Francia, por un aumento de pasaje en Brasil o desproporcionado de cualquier alimento. En Haití los movimientos son conspirativos, cuando los hay, porque no hay democracia que perfeccionar, ni clase media. La culebra que se mueve no acepta “cabeza”, pues quien se coloca usurpando la cabeza, evidencia la ideología, el partido, y las masas no les creen a partidos organizados, a encerronas, no quieren “arrear para que otro enlace”.

3.- Movimientos espontáneos 
Son movimientos espontáneos cuyo origen, aparte de la reducción de su nivel de vida y el agobio de la vida cotidiana y el miedo a la “inamovilidad”, ha sido el Internet, las redes sociales, y en ellos participan de todos los partidos, movimientos sociales, que dentro de la chorrera de masas, “anulan” o “apartan” a los radicalismos. En Egipto, no quieren ni gobiernos comunistas, ni fundamentalistas religiosos, quieren que Morsi se vaya y que llame a elecciones (cayó en el gancho, EEUU, Francia y Qatar no le han reducido la ayuda y la vida se deteriora cada día más). Ellos no quieren un nuevo nasserismo, ni la destrucción del Ejército. En todas partes se alzan contra los recortes sociales, como en Inglaterra, España, Alemania, Bélgica, Portugal, Irlanda; en Argentina “por el corralito” de Menem que mandó a todos a la miseria. En Brasil, contra el aumento del pasaje, la corrupción, el aumento de los capitales de los ricos y los miles de millones metidos en los estadios para el mundial del fútbol y las Olimpiadas. Revolución no hay; hay una lucha de la clase media para evitar empobrecer, ni les maten sus sueños; sí es una lucha anticapitalista, antirricos, y antisistema democrático fatuo, que nada resuelve.

 

“Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva”

English: Niki Terpstra (197/NED) and Martin Mü...

Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con laUniversidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 ¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: “En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así”, y enseguida nos respondemos: “Ésos son países menos desarrollados”.

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.

No hay propósito de la enmienda…

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

Como en España…

Aquí también, aquí también… Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

Ahí se acabó.

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque… ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,… ¿Por qué?

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones’), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

“En Europa, ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital”De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,… que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,…) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,…

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,… Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;… O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad…

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/457290/el-euro-fue-una-de-las-formas-por-las-que-el-neoliberalismo-entro-en-europa

Juan Bosch analiza Panorama político de América Latina en 1961

BOSCH: “EL PASADO ES EL ESPEJO DEL PORVENIR”
REFLEXIONAR SOBRE EL PASADO DE CARA AL PRESENTE 
images-131 A mediados del año 1961, la situación política de la América Latina es tan grave como lo era en 1809, y por razones semejantes. Los sucesos que se produjeron desde 1810 en las colonias de España y Portugal y terminaron, hacia 1824, con esas colonias transformadas en repúblicas.
¿Están llamados los que se produzcan a partir de ahora a terminar, digamos en 1975, con un nuevo orden político y social en la mitad meridional del Nuevo Mundo?
Muchas personas piensan que sí, y las lecciones de la historia confieren un valor especial a esa tajante afirmación.
                    Paralelo de los antecedentes
En 1809, la escasa conciencia política de América Latina se hallaba sacudida por un cambio tan serio en el Hemisferio Occidental, que de él habían surgido dos repúblicas –Estados Unidos y Haití–, símbolos de los tiempos antimonárquicos que se avecinaban. Además, en todo el Continente se sentía el impacto de las fuerzas que desde hacía veinte años lanzaba sobre el mundo la Revolución Francesa.
En 1961, la amplia conciencia política de América Latina se encuentra conmovida por una serie de sacudimientos sociales que se inició en México hacia 1910, renació con la revolución cubana en 1933, apareció de nuevo hacia 1944-1948, y culminó al fin en la profunda revolución fidelista de 1959.
En 1809, las ideas revolucionarias tenían como vehículo principal las logias masónicas, cortas en número y cortas en afiliados; en 1961, abundan los partidos revolucionarios y por todo el Continente se extiende uno de organización férrea y dedicado profesionalmente a organizar la revolución. Obviamente, nos referimos al Partido Comunista.
En 1809, la lentitud en las comunicaciones entre continentes y países y la pequeñez de los círculos latinoamericanos que tenían interés en las noticias políticas, hacían que la influencia de acontecimientos.
Tan importantes como las revoluciones de América del Norte, de Haití y Francia, se redujera mucho en nuestros pueblos.
En 1961, la velocidad y la agresividad de los medios modernos de difusión han acortado el tiempo hasta reducirlo a su mínima expresión. Al acortar el tiempo han contraído el espacio, de manera que en todos los países latinoamericanos se viven simultáneamente las experiencias de cualquiera de ellos. Un discurso de Fidel Castro, por ejemplo, se oye en Guatemala o en Venezuela en el momento en que está siendo dicho en La Habana; se oye, y se siente a la multitud que aplaude al orador. La técnica publicitaria ha aumentado a grados insospechados el poder agitador de los medios modernos de difusión, y, a la vez, el aumento de la sensibilidad política de las masas multiplica la fuerza comunicativa de los acontecimientos.
A principios del siglo XIX, a pesar del alto porcentaje de la población sometida a la esclavitud, y a pesar del movimiento de Túpac Amaru en 1780 y de la rebelión haitiana que acabó con el establecimiento de una república en enero de 1804, las masas no tenían verdadera inquietud política.
En 1961, las grandes mayorías de nuestros pueblos están afiliadas a movimientos izquierdistas y millones de hombres y mujeres tienen no solo inquietud, sino
 también actividad política.
Paralelo de los grupos directores
No puede haber cambio revolucionario de las formas o de las estructuras políticas y económicas si no hay, por lo menos, un grupo o una clase social que necesita y desea ese cambio.
En 1809, los grandes terratenientes y algunos sectores mercantiles de América Latina necesitaban y deseaban un cambio. Los hombres que encabezaban esos sectores fueron quienes dirigieron las guerras de independencia, o los que lograron la independencia sin necesidad de guerras costosas, como sucedió en el Brasil. Y la historia de Venezuela nos enseña que tales jefes batallaron y alcanzaron sus miradas sobre nuestra América.
Propósitos aún contra la voluntad de la masa popular, allí donde la masa prefirió pelear bajo la bandera del Rey.
En 1961, la mediana y la pequeña clase media de América Latina, necesitan, y desean, una transformación de la sociedad. De estos dos grupos sociales han salido los líderes revolucionarios de nuestros países, por lo menos los que han iniciado en este siglo la marcha hacia un cambio en el estado político y económico; y puede asegurarse que sin una sola excepción, de ahí han salido también los fundadores y las principales figuras de los partidos comunistas de América Latina.
En 1809, los terratenientes y sectores de comerciantes de las colonias necesitaban y deseaban asegurar con el poder público las riquezas que habían acumulado. La formación de los primeros era antigua, pero su ascenso al más alto nivel del poderío económico había tenido lugar sobre todo en los últimos cincuenta o sesenta años, a favor de la política liberal de los Borbones españoles. Con los cambios que estaban operándose en el mundo, los grandes terratenientes veían en peligro ese poderío económico si no controlaban por sí mismos el poder político; y se lanzaron a conquistarlo.
En 1961, la mediana y la pequeña clase media latinoamericanas necesitan y desean apoderarse de los mandos de la sociedad, pues a pesar de que sus hombres más conscientes se hallan técnicamente preparados para ascender, la alta clase media y la burguesía no les abren paso y su destino inmediato es caer en la categoría de proletarios intelectuales. Estas mediana y pequeña clase media han venido formándose en los últimos cuarenta o cincuenta años, y han alcanzado un alto nivel técnico en tiempos recientes gracias al mejoramiento de los centros de estudios que han estimulado precisamente los gobiernos revolucionarios posteriores a 1910. En la actualidad, hay en cada país de América Latina decenas de millares de jóvenes bien preparados que se quedan sin destinos, y sus perspectivas inmediatas son emigrar a países más prósperos –que en nuestro caso quiere decir, casi siempre, Estados Unidos– o lanzarse a la conquista del poder total.
                            El vacío de poder en 1809
En la sociedad organizada no puede haber vacíos de poder prolongados. Si los hay, la sociedad se descompone: y la sociedad tiene que sobrevivir; se resiste a ser disuelta. El camino adecuado para la supervivencia es que siga a los que le ofrecen un tipo nuevo de organización, o que se someta a ellos aunque no desee esa nueva organización.
Es natural que al producirse un vacío de poder, acudan a llenarlo los que necesiten o desean el poder, y es también natural que al desplazarse de su lugar social hacia el mando político, el grupo que corre a ocuparlo se comporte con violencia y desate en torno suyo una tormenta de hierro y sangre. Pues si procediera con cautela, otros podrían llegar al poder antes que él, y siempre hay posibilidad de que suceda esto último en un ambiente de conmoción y de miedo.
En 1809, nuestros pueblos se hallaron lanzados en un vacío de poder; en 1961, hay un semivacío que puede transformarse cualquier día en vacío total, como sucedió ya en Cuba el 1 de enero de 1959.
El de 1809, se produjo cuando la prisión de Fernando VII y de sus padres, llevada a cabo por Napoleón en 1808, dejó al imperio español sin su jefe tradicional. El imperio pasó a ser un cuerpo sin cabeza, que se movía en el campo de la historia con la incertidumbre de un tronco perdido en medio del océano. Los terratenientes y ciertos sectores mercantiles de las colonias españolas acudieron a llenar el vacío, y cosa parecida sucedió en Brasil cuando el rey portugués volvió a Lisboa, pasado el huracán napoleónico. Hubo países americanos donde las grandes masas siguieron a sus nuevos jefes, como en el Brasil, por ejemplo; y allí la lucha no fue costosa. Pero los hubo donde combatieron contra ellos, y al cabo de largos años de guerras, acabaron sometiéndose.
A ningún estudioso de la historia de América Latina puede caberle duda de que la gran crisis que terminó con el establecimiento de repúblicas en nuestro Continente fue precipitada por la conjunción de dos hechos históricos: la existencia de grupos sociales que necesitaban y deseaban el poder político, y la aparición de un vacío político en el imperio español, determinado por la prisión de Fernando VII y de sus padres.
El semivacío de poder en 1961
Ahora bien, en 1961, hay un semivacío de poder en América Latina; y hay también un grupo social –el compuesto por la mediana y pequeña clase media– que necesita y desea el poder público. Allí donde el semivacío quede convertido, aunque sea momentáneamente, en vacío total –como sucedió en Cuba hace dos años y medio–, la revolución brotará con fuerza irresistible, y tomará el poder.
Desde principio de este siglo XX, América Latina ha sido un satélite político y económico de Estados Unidos. La alianza de los sectores imperialistas de Estados Unidos con los gobernantes oportunistas y antinacionales de nuestros países ha formado durante más de media centuria el núcleo de poder en las tierras latinoamericanas. Esa alianza ha fijado el centro gobernante en un eje que une a Washington con la capital de cada uno de nuestros países; y así como antes de 1810 el poder estaba en Madrid y en la persona del rey; desde hace más de medio siglo está repartido entre los gobiernos criollos y el presidente de Estados Unidos.
Y sucede que a partir de 1953, hay en Washington un intermitente vacío de poder, por lo menos en relación con América Latina. Durante algunos años de la Administración Eisenhower, el poder estuvo en manos de Foster Dulles, y el señor Dulles reforzó la alianza de los grupos imperialistas de su país con los sectores más inescrupulosos de América Latina; de manera que su ejercicio de la parte de poder norteamericano en lo que toca a la América Latina fue decididamente anti histórico. A la muerte del señor Dulles se reprodujo el vacío de poder norteamericano en relación con nuestro países; y donde ese semivacío se complete con el abandono del poder por los asociados criollos –como sucedió en Cuba a la fuga de Batista–, se hizo presente la revolución, esto es, el paso de un grupo social necesitado del poder hacia el comando de la vida pública.
 Desde la muerte de Foster Dulles, el semivacío en la porción de poder sobre América Latina que ejercía Estados Unidos se ha hecho patente. La Administración Kennedy ha tratado de llenarlo con palabras, pero no ha alcanzado todavía el terreno firme de los hechos. Más aún, la Administración Kennedy ha dado muestra de que es intrínsecamente débil; de que oscila entre el llamamiento de los sectores antiimperialistas de su propio país; que desearían ver al gobierno norteamericano libre de la influencia de los negociantes colonialistas, y la presión casi irresistible de estos últimos.
La reacción juega su carta
Al promediar el año 1961, América Latina es el campo de la batalla política más enconada del mundo. La reacción –no sólo continental, sino hemisférica– se ha lanzado con todas sus armas a una lucha sin cuartel. So pretexto de que la revolución de Cuba es comunista, todos los medios de expresión, que están en manos de las oligarquías terratenientes, financieras y comerciales, golpean día y noche a las masas con el terror psicológico. Su plan es lograr que se desate en América la persecución contra los comunistas; y después, como es claro, perseguirán a los revolucionarios no comunistas.
¿Por qué actúan así esos grupos? ¿Por pureza ideológica? ¿Es que su amor a la democracia resulta tan sincero que no pueden aceptar la menor amenaza contra los regímenes democráticos?
Pues sucede que no. Los mismos que hoy agitan sin descanso el espantajo comunista fueron los que iniciaron la campaña de descrédito contra líderes democráticos como Haya de la Torre, José Figueres y Rómulo Betancourt; ellos sembraron la semilla de insultos y calumnias que los comunistas cultivan ahora con tanto esmero. Estos ardientes defensores del mundo libre eran, hasta hace poco, panegiristas de Trujillo, de Pérez Jiménez y de Somoza.
La reacción juega su carta anticomunista, no por amor a la democracia, sino para defender sus privilegios. Si logra asociar todo cuanto se ha hecho en Cuba con el color rojo de la bandera soviética, pondrá sus fortunas a salvo de la revolución social latinoamericana. Para esos sectores el anticomunismo es negocio que rinde beneficios.
¿Puede decirse lo mismo de las grandes masas de nuestros países?
La incógnita por millones
Seguramente no. Nadie sabe a ciencia cierta qué piensan esas grandes masas. De hecho, ellas son una incógnita. Lo que puede afirmarse es que más de ochenta millones de latinoamericanos –entre los cuales hay cerca de cuarenta millones de adultos– no saben leer, y, por tanto, ignoran lo que dicen los diarios.
Los que leen, y convierten sus lecturas en hechos, son esos grupos de la mediana y la pequeña clase media que necesitan y desean el poder político. Leen también importantes núcleos de obreros, pero la revolución cubana demostró que los obreros con buenos jornales, organizados en sindicatos y asegurados socialmente, reducen su actividad política a conservar su posición. Leen también la alta clase media y la alta burguesía; leen, sobre todo, sus propias campañas anticomunistas y las noticias que se refieren a precios, mercados y leyes favorables a las nuevas inversiones.
Demasiado ocupados en adquirir Cadillacs, en llevar a sus mujeres a cabarets y casas de modas, en hacer viajes de negocios a Nueva York y a Europa, los hombres de la alta clase media y de la burguesía latinoamericana, considerarán que van a detener la revolución social con propaganda anticomunista. Sus antepasados de hace ciento cincuenta años creyeron también que podían evitar la liquidación de la esclavitud hablando de los horrores que desató la rebelión de los esclavos de Haití.
La propaganda reaccionaria está creando la atmósfera de la batalla continental. En esa batalla, ¿qué partido va a tomar la gran masa latinoamericana?
Necesariamente, el de la revolución; aunque es muy probable que no le importe que esa revolución sea comunista o democrática. Para la gran masa será lo mismo con tal de que le proporcione bienestar. La diferencia entre la primera y la segunda es que la última ofrece libertad, pero hasta ahora, ¿qué libertad ha conocido la gran masa?
La parte más consciente de la masa distingue solo entre una revolución sangrienta y una que no lo sea; sucede que la revolución sin sangre solo puede ser realizada si se acude hoy, no mañana, a resolver los problemas agudos que tenemos ante nosotros; los económicos, los sociales y los políticos; los de hambre, los de desigualdad en todos los órdenes y los que nos plantea la supervivencia de tiranías espantosas, como la dominicana, la de Nicaragua y la de Paraguay.
Ahora bien, entre una revolución sin sangre, pero demorada, y una con sangre, pero inmediata, ¿qué han de preferir nuestros pueblos?
Sería osado hacer vaticinios. Las conmociones sociales se dan cuando las condiciones apropiadas hacen acto de presencia en la historia. No son materia de selección ni pueden prefabricarse.
Lo único que nos es dado ver es que al promediar el año 1961, nos hallamos en una situación muy parecida a la que teníamos en 1809, un año antes de que se iniciaran nuestras guerras de independencia. Las diferencias no aplacan, sino que acentúan la inclinación a pensar que hoy, como en 1809, estamos en vísperas de grandes cambios en la estructura profunda y en las formas visibles de nuestra vida social.
JUAN BOSCH
[Política: Teoría y Acción, Año 12, No. 130, enero-marzo de 1991. Escrito en Costa Rica el 15 de julio de 1961 y publicado en Cuadernos (París), No. 53, octubre de 1961]

 

¿Hay que pagar la deuda? ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla?

Por Esther Vivas

La deuda es hoy una cuestión central en la agenda social y política. En su nombre se llevan a cabo privatizaciones, recortes, ajustes y, en definitiva, se transfiere el coste de la crisis a la mayor parte de la población. Pero, ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla? A estas preguntas buscan respuesta aquellos que en el seno del movimiento indignado plantean una auditoria ciudadana de la misma.

En la década de los años 80, 90, 2000, vimos el impacto de la deuda externaen los pueblos del Sur, mediante la aplicación sistemática de programas de ajuste estructural y de recortes sociales, que se decían necesarios para hacer frente a su pago. Desde el 2010, con el estallido de la crisis de la deuda soberana, ésta se ha convertido en un tema clave en los países de la Unión Europea, y en especial en los de su periferia donde se condensan las contradicciones de la crisis contemporánea.
La deuda externa ha sido un instrumento de control y dominación de las elites políticas y económicas del Norte respecto al Sur, y un potente mecanismo de transferencia de recursos financieros en sentido inverso. Ahora, la misma lógica centro-periferia de sometimiento vuelve a darse aunque, en este caso, en el seno de Europa y se repite el mantra de que es necesario pagar la deuda y de que para hacerlo es imprescindible aplicar dichas medidas de ajuste.
Pero el repudio de la deuda ha sido una constante a lo largo de la historia. La doctrina de la deuda odiosa, que en derecho internacional se utiliza para repudiar una deuda tomada por un gobierno y utilizada en contra de su pueblo, se ha esgrimido y aplicado para no pagar deudas contraídas a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Desde hace años, organizaciones sociales en los países del Sur impulsan campañas para denunciar la ilegitimidad de la deuda y en consecuencia su no pago. Y las auditorías han sido uno de los principales instrumentos utilizados con este fin. La experiencia más relevante fue la llevada a cabo en Ecuador donde, en 2007, se puso en marcha la Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa, formada por representantes de la administración y de organizaciones sociales ecuatorianas y de otros países, y que culminó, en el 2008, rechazando pagar parte de la deuda al declararla ilegítima.

El proceso de auditoría posibilita investigar porqué las deudas fueron contraídas, para qué sirvieron, a quiénes beneficiaron y sacar a la luz las irregularidades presentes en su contratación, revelar la complicidad de sus acreedores y obtener los fundamentos legales para surepudio. Se trata de un instrumento profundamente pedagógico que permite discutir sobre el funcionamiento del Estado, de la economía de mercado, de las relaciones institucionales e inyectar un rayo de luz en los oscuros pasillos de las bambalinas del poder.
Con la llegada de la crisis de la deuda a Europa, organizaciones y movimientos que en décadas anteriores trabajaron en campañas derepudio de la deuda externa de los países del Sur ahora, y junto al movimiento indignado y occupier, han empezado a promover acciones de denuncia sobre el pago de la deuda y a explicar las implicaciones que ésta tiene en los recortes, las privatizaciones y el aumento de la precariedad.
Con el objetivo de promover un debate público y la participación popular en la toma de decisiones sobre la deuda y romper con el discurso hegemónico de la “inevitabilidad” de su pago, los procesos de auditoría se han convertido en una de sus principales herramientas. Su celebración debería permitir, junto a una gran movilización social, anular la parte ilegítima de la deuda y reducir significativamente el resto. En países como Grecia, Portugal, Francia, Bélgica, Irlanda, Italia y el Estado español están en marcha campañas ciudadanas para auditarla.
De este modo, frente al discurso hegemónico de “salvar a los bancos”, “rescatar a las finanzas”, “pagar la deuda”, empieza emerger otro discurso: el de “salvar a las familias”, “rescatar a los pobres”, “no pagar la deuda”. ¿Cuál es el sentido de inyectar masivamente dinero público a entidades financieras como Bankia sino mantener los privilegios de unos pocos a costa de los derechos y las necesidades de la gran mayoría?. Como bien señala Occupy Wall Street, se sacrifica al 99% para salvar al 1%.
Las verdades absolutas para hacer frente a la crisis empiezan a resquebrajarse. Otra conciencia colectiva emerge desde abajo y empieza por preguntarse: ¿Hay que pagar la deuda? La respuesta es clara. www.ecoportal.net
Esther Vivas, coautora de ‘Planeta Indignado. Ocupando el futuro’. Artículo publicado en El Huffington Post, 14/07/2012. Blog de Esther Vivas en El Huffington Post.