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Perú: El legado de Velasco Alvarado

 

 

Español: Visita oficial a Perú en 1970: Salvad...
Español: Visita oficial a Perú en 1970: Salvador Allende, Presidente Velasco Alvarado y Canciller Clodomiro Almeyda (Photo credit: Wikipedia)

 

Gustavo Espinoza M.

 

Recientemente se cumplieron 45 años de la insurgencia militar del 3 de octubre de 1968 que diera al traste con el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry y abriera para el Perú un camino de transformación y desarrollo distinto a los tradicionales; y distante también de los que rigieran la vida nacional luego de la imposición del modelo neo liberal -en los años 90- y que hoy se mantiene virtualmente intacto.

La ocasión ha servido para que algunos exploren el tema y aludan a las circunstancias de crisis que vivía el país y que explicaran la acción militar que, sin embargo, de modo general consideran negativa. Otros, peores, han dedicado su tiempo a denostar de Velasco Alvarado y de su gestión distorsionando el sentido de su lucha y denigrando las grandes acciones de él y de sus hombres. Hay que decir que muy pocos han reivindicado en su justa dimensión esa rica experiencia que está viva aún en el corazón y en la memoria de millones de peruanos.

Actuando con singular odio, la derecha más reaccionaria y sus más agresivos voceros han optado por insultar al país lamentando que “aún se recuerde” lo que ellos juzgan “una aciaga jornada”. Ha sido esa la línea general de Aldo M. y Cecilia V. que rinden pleitesía a los grandes consorcios mineros y a los grupos tradicionales de poder, que los mantienen en medios de comunicación en los que sirven con obsecuencia bien rentada. Otros, como Raúl Vargas, de Radio Programas del Perú, han deplorado la “condenable experiencia velasquista” omitiendo impúdicamente su intervención en ella, a partir de su presencia estructuras creadas por el gobierno de la época.

En suma, el hecho ha servido para mirar una vez más el escenario peruano, distinguir en él los distintos matices de opinión, y percibir un hecho recurrente: las mismas fuerzas que convalidaron la vieja sociedad subdesarrollada y miserable del pasado, fueron las que se opusieron a los cambios patrióticos del proceso peruano, y son también las mismas que hoy defienden los privilegios de las viejas camarillas mimetizadas en la Mafia que ahora retoma la ofensiva y golpea con todo a la espera de recuperar -una vez más- sus sitiales de Poder.

Es bueno, en este marco, formular algunas reflexiones que podrían tener definida incidencia en el escenario actual. Veamos:

El proceso de Velasco fue una experiencia enteramente militar. Se dijo que se trataba de un “Gobierno Institucional de la Fuerza Armada”. Esto no siempre se condijo con los hechos. En rigor, fue un núcleo de militares progresistas el que tomó en sus manos las riendas del Poder e impuso el derrotero central de esa experiencia. Pero en ella convergieron distintos sectores que vivían al interior de la Fuerza Armada y que tuvieron un comportamiento concreto y definido sobre todo haciendo oposición a los cambios que se impulsaban. Porque todos los ministros eran uniformados de las ramas de la institución castrense, se podía hablar de un gobierno militar unido. En su unidad, radicaba su fuerza dado que ella lo hacía virtualmente imbatible. Dialécticamente, sin embargo, allí también radicaba su debilidad: para mantener su condición, debía hacer concesiones, marchar parejo al ritmo incluso que le imponían las fuerzas más conservadoras que se oponían a los cambios.

Pero como la orientación principal la daba Velasco y el equipo militar revolucionario que lo secundaba, se puede asegurar que ellos lograron imponer tanto las medidas a adoptar, cuanto el ritmo de los acontecimientos, de tal modo que los sectores más renuentes se vieron forzados a marchar a remolque de los cambios haciendo algunas veces resistencia soterrada; y otras, incluso acciones terroristas.

El proceso de Velasco ocurrió en una determinada etapa de la evolución política de América Latina. En nuestro continente pocos años antes -en marzo de 1964- los militares de la Escuela Superior de Guerra del Brasil, recogiendo el mensaje “Integralista” extraído de su propia realidad, habían derrocado al Presidente Goulart e impuesto un “Estado Novo” en nuevas condiciones.

La experiencia de los años 30 había renacido en la patria de Castro Alves “El cantor de los esclavos” no precisamente para liberarlos, sino para remachar las cadenas que los tenían sometidos a un oprobioso destino, y los militares liderados por Castelo Branco se disponían -con el apoyo abierto del gobierno de los Estados Unidos- a imponer un nuevo “modelo” que influyera de manera decisiva en el escenario continental. Pocos años más tarde, y cuando ese régimen lucía esplendoroso, Richard Nixon diría: “A donde mira Brasil, mira América Latina”.

Para la época, el régimen brasileño era una suerte de paradigma. Las castas oligárquicas batían palmas por él asegurando que había logrado salvar a la “civilización occidental y cristiana”, en tanto que las fuerzas progresistas lo veían como el prototipo de un régimen de terror orientado a convertir América Latina en una inmensa cárcel.

Eran los años en los que naufragaba penosamente la “Alianza para el Progreso” y en los que la Revolución Cubana afirmaba su vigor socialista llamado a convertirse -hasta hoy- en emblemática figura para los pueblos.

Que en este marco surgiera una experiencia como la de Velasco en el Perú no resultaba sólo un hecho inédito, sino además un reto sugerente: golpeaba los nudillos de la represión continental; y, al mismo tiempo, soliviantaba a la fuerza más ligada al dominio oligárquico: la institución castrense.

En esos años anidaban definidas corrientes populares. En Uruguay, el Frente Amplio cabalgaba sobre la presión de las masas y la jefatura de un militar progresista, Liber Seregni; y en Chile el movimiento social se iba afirmando para coronar poco después la victoria de Allende. Ya la región había dejado de ser un emporio de riquezas al servicio del Imperio y se perfilaba como un ardoroso campo de batalla en el que asomaban nuevas luchas. Con Velasco, el Perú se colocó allí en primera fila.

Por ser exclusivamente militar, el gobierno peruano condenó a una suerte de “ostracismo político” a los Partidos antes existentes. En los hechos, la condena se cumplió en detrimento de la capacidad operativa del APRA y otras fuerzas reaccionarias; pero los sectores progresistas, en lo fundamental, no se vieron afectados: los Partidos de la Izquierda eran muy débiles y, en todo caso, los trabajadores tenían en sus manos herramientas de lucha que podían actuar como lo hicieron.

Contrariamente a lo que dice hoy la prensa reaccionaria, los comunistas de entonces no tuvimos ninguna opción de Poder en los años del gobierno militar. No desempeñamos funciones públicas ni tuvimos bajo nuestra responsabilidad tareas de gobierno. Por el contrario, debimos enfrentar acciones de gobierno orientadas a quebrar nuestra influencia entre los trabajadores, como la creación del Sistema de Apoyo a la Movilización Social -el SINAMOS- y la Central de Trabajadores de la Revolución Peruana, la CTRP. Mantuvimos, quizá por eso, absoluta independencia, pero nos entregamos de lleno a la lucha por consolidar ese proceso y hacerlo avanzar.

Esto fue posible combinando tareas de singular importancia: uniendo a los trabajadores y a las fuerzas más progresistas a partir de programas anti oligárquicos y anti imperialistas; organizando sindicatos en todos los niveles; politizando a las masas y llevando el debate de los problemas del país a la mesa popular; alentando las batallas de clase en toda la extensión de la palabra y promoviendo y programando una actividad solidaria que resonara a nivel continental. Logramos así ganar para la causa del proceso a los peruanos, pese a la desidia y al boicot de algunos grupos entonces “ultra izquierdistas”, cuyo discurso y accionar se mimetizaba con el verbo y la obra de las fuerzas más reaccionarias.

Hoy la experiencia de Velasco no puede repetirse. Pero el contenido de su mensaje mantiene absoluta vigencia. La lucha emprendida por él y quienes lo acompañaron y ayudaron, se escribe en el escenario peruano con letras de molde. El nacionalismo, como expresión de una identificación intensa con los intereses del país; el enfoque liberador, como una manera de afirmar un derrotero distinto; la recuperación de las riquezas básicas; la aplicación de un modelo de desarrollo de corte industrialista; la preocupación por los trabajadores y el pueblo; y el ejercicio de una política exterior independiente y soberana; forman parte de los requerimientos esenciales de nuestro tiempo.

Es eso, ahora, lo que queda como el Legado de Velasco y que los peruanos debemos afirmar desde la base para avanzar por un camino justo. Es claro que para construirlo, tendremos que crecer políticamente y perfilarnos como una fuerza capaz de emprender grandes acciones.

Gustavo Espinoza M. es miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.
Fuente original: http://nuestrabandera.lamula.pe 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

Tema Especial: el ALCA afecta la distribución de los ingresos

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Tema Especial: Política

Si le decimos NO al ALCA, una América mejor para todos será mucho mas posible.
Algunos de los graves problemas ambientales y sociales que enfrentará Latinoamérica en un futuro inmediato, provienen de los acuerdos de Libre Comercio pretendidos por los Estados Unidos.
Acuerdos como el ALCA, producirán que en países donde un gran porcentaje de sus habitantes tiene como principal vehículo de sustento tanto la agricultura, como la ganadería y la pesca en pequeña escala, las fuerzas del mercado regulen la política agraria y, por lo tanto también la seguridad y soberanía alimentaria, afectando también a la distribución de los ingresos.
Este tipo de Tratado que ya ha sido puesto en marcha en algunas Regiones, lejos de traer beneficios a sus pueblos, han profundizado los problemas sociales y causado graves daños ambientales, debido a que se les impone la modificación e incluso hasta la anulación de leyes vigentes de protección del ambiente, que se consideran como barreras para el libre comercio. De esta forma los Recursos Naturales y con ellos la sociedad en su conjunto, quedan expuestos a la voluntad de las Grandes Corporaciones.
La tala de bosques para utilización de mayores extensiones de tierra en la agricultura, que rápidamente se deteriora hasta llegar a la desertización, o para la construcción de carreteras y grandes obras de infraestructura; y la contaminación de la tierra y el agua por el uso indiscriminado de agroquímicos y pesticidas, dañan los ecosistemas, deteriorando su biodiversidad y la calidad de vida de los habitantes de las zonas afectadas.
El ALCA no es simplemente un Acuerdo de índole económica, es la entrega de nuestra soberanía sobre nuestros Recursos Naturales, a manos de los Grandes Capitales cuyo objetivo será obtener de ellos la mejor rentabilidad económica en el menor tiempo posible, sin importarles las consecuencias para el ambiente ni para nuestros pueblos.
Aun estamos a tiempo de imponerle nuestra voluntad contra el Libre Comercio a una Nación que solo pretende saquear nuestros Recursos y Apropiarse de nuestro futuro.
Si le decimos NO al ALCA, una América mejor para todos será mucho mas posible.
Ricardo Natalichio
Director
www.ecoportal.net

 

Mariátegui y la Revolución Permanente

Este artículo se publicó originalmente en el n 6 de América Socialista (agosto 2012) y analiza el pensamiento de Jose Carlos Mariátegui en relación a la estrategia de la revolución en países capitalistas atrasados.

Archivo José Carlos Maríategui, Lima, Peru (www.mariategui.org)“La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista.” JC Mariátegui Aniversario y balance
Una gran paradoja envuelve el pensamiento de José Carlos Mariátegui. El hombre que buscó el camino de la revolución latinoamericana sin “calco ni copia” de otras experiencias de emancipación, compartió, “calco y copia”, el destino de otros grandes revolucionarios: perseguidos, calumniados y acogidos con odio en vida, para ser luego convertidos en iconos inofensivos “castrando el contenido de su doctrina revolucionaria” después de su muerte. Esta su misma famosa invocación a construir la revolución latinoamericana como “creación heroica” y no repetición a pie de la letra de ejemplos revolucionarios que irradiaban de Europa, ha sido utilizada no para impulsar el estudio concreto de la realidad concreta de nuestra América, como Mariátegui quiso e hizo aplicando de manera brillante el método del marxismo, sino para cometer ciegamente los mismos errores que se habían cometido en otros lugares, persiguiendo utopías reformistas.
Las aportaciones de Mariátegui conservan toda su fuerza y siguen siendo imprescindible para quienes afronten los grandes problemas de la revolución latinoamericana, sus características y destino, además de sus peculiaridades como la cuestión nacional indígena. Mariátegui cometió errores muy comunes en su época como el despreocuparse por la escisión que maduraba en el Partido Comunista de la Unión Soviética, la concepción del incario como “comunismo primitivo” o el afrontar la cuestión nacional como una cuestión de “raza”, una concesión verbal a teorías positivistas e idealistas que sin embargo no mengua su visión concreta y política del problema.
Sin embargo, la lectura atenta de sus obras, en que, como una vez dijo Gramsci, Mariátegui demostraba de ser aquellos que aprenden un libro a la vez y son mejores que los que olvidan un libro a la vez, no justifica la imagen de “marxismo romántico” con que se ha pretendido liquidar al marxista peruano. Valga para él el epitafio que Lenin escribió para Rosa Luxemburgo: “Puede suceder que las águilas vuelen más bajo que las gallinas, pero una gallina jamás puede remontar vuelo como un águila”.
El camino al marxismo
Mariátegui nació el 14 de junio de 1894 en Moquegua, en el extremo sur del Perú, una región agrícola e indígena, tierra de pisco y minería, la capital del cobre peruano. Su familia era muy humilde y a pesar de que José Carlos se convertiría muy pronto en el teórico fundamental del movimiento obrero peruano, su infancia pobre le obligó a interrumpir los estudios de manera muy temprana. Un accidente ocurrido a los 8 años lo forzará por toda su breve vida a sufrir problemas en la pierna izquierda, que le fue posteriormente amputada. Aun así logró comenzar una carrera en el periodismo, empezando primeramente como ayudante linotipista y luego, en 1914, como articulista de La Prensa.
En 1919 funda con Cesar Falcón un diario, La Razón, desde cuyas columnas propagandiza una oposición radical al gobierno de Leguía que había disuelto el Congreso auto-nombrándose Presidente provisorio. El periódico La Razón fue cerrado y algunos de sus redactores, entre los cuales se encontraba Mariátegui, obtuvieron becas para viajar al exterior, que eran realmente condenas al exilio. Así Mariátegui pudo viajar a Italia donde llegó para vivir el proceso revolucionario recordado como “bienio rojo”, marcado por una oleada de huelgas obreras en las ciudades del norte y ocupaciones de tierras en el centro y en el sur.
En 1920 tras una serie de inútiles negociaciones por el aumento salarial, la Confederación General de la Industria, el gremio de los empresarios italianos, decidió recurrir al Lock Out, el cierre patronal de las empresas. La organización sindical de los metalúrgicos (FIOM) respondió con la ocupación de las fábricas. Alrededor de 400 fábricas en el norte del país fueron tomadas por obreros armados y organizados en milicias de autodefensa (las guardias rojas) y en los Consejos de Fábricas, los organismos de poder obrero que Gramsci había prefigurado desde las páginas de la revista L’Ordine Nuovo (Nuevo Orden) de Turín.
Sin embargo ni la central sindical ni el Partido Socialista supieron aprovechar esta situación orientando, organizando y dirigiendo el proletariado y los campesinos a la toma del poder, como hizo en Rusia el Partido Bolchevique. Mientras por un lado el Partido Socialista y la dirección del sindicato negociaban con el gobierno, por el otro lado los industriales y terratenientes intensificaban su apoyo a las bandas fascistas de Mussolini, dispuestos a cederles el poder político para salvaguardar el régimen capitalista de explotación.
Las vacilaciones de la dirección política del proletariado sembraron frustración en la clase media la cual, si bien en un inicio simpatizaba con la revolución socialista fue luego acercándose a la demagogia fascista que combinaba la represión violenta de las organizaciones del movimiento obrero con una fraseología anti burguesa. Era la demagogia del orden opuesto al caos, provocado no por la revolución sino por su vacilación a la hora de lanzarse a la conquista del poder. En 1921 tras un acuerdo, que nunca fue aplicado, sobre el tema salarial y del control obrero que sirvió a la dirección reformista del PS para desmovilizar la revolución, el propio PS sufrió una escisión en la que las corrientes filo soviéticas encabezadas por Gramsci y Bordiga, abandonaron el Congreso de Livorno para fundar el Partido Comunista de Italia.
Mariátegui vivió en primera persona todos estos acontecimientos, relatándolos para los lectores peruanos del diario El Tiempo de Lima. En sus artículos, recopilados y publicados con el titulo Cartas de Italia, Mariátegui se muestra todavía neutral respecto a los hechos que vive y narra sin expresar sus convicciones, aun manifestando una profunda admiración para Gramsci y un gran interés por todos los temas que acompañaron la escisión de Livorno y el ascenso del fascismo. La experiencia italiana será fundamental en el aprendizaje de Mariátegui, lo familiarizará con cuestiones centrales para el marxismo como la imposible colaboración de clases, la táctica del frente único, la conquista del poder, la amenaza del fascismo. En Italia conoce también a la mujer que será su esposa, la genovesa Anna Chiappa. El periodo italiano completa un proceso de maduración y acercamiento al marxismo que el propio Mariátegui describió con estas palabras: “desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo[1]”.
Todavía en Italia funda la primera Célula Comunista Peruana, junto a otros exiliados como Falcón. Regresado a Perú empieza su febril labor de publicista y organizador político, primeramente como director de Claridad, el periódico cofundado por Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre – exiliado en México – para luego ser el principal impulsor y teórico de la constitución del Partido Socialista Peruano en 1928 y de la Confederación General de los Trabajadores de Perú el año siguiente. Es precisamente en la cúspide de su actividad política cuando empiezan las fricciones con la Internacional Comunista, en pleno proceso de degeneración. Una recaída de la enfermedad que lo había privado de una pierna y las maniobras burocráticas del Buró Político de la Internacional en Sudamérica, impiden a Mariátegui afrontar personalmente esta batalla política y por su supervivencia… LEER MAS

 

Metafísica contra maquinaria: Marx, Keynes, Minsky y la crisis

Una versión muy popular sobre los orígenes de la crisis sostiene que la avaricia condujo a los operadores del sector financiero al exceso que generó la debacle. Es una interpretación de la crisis que encuentra muchos adeptos porque permite encontrar la falla en las debilidades y vicios de unas cuantas personas. El sistema está bien, sólo que siempre hay unas cuantas manzanas podridas que todo lo echan a perder.
De entrada esta representación de la crisis tiene un problema. Se supone que el mercado es un dispositivo que se nutre del egoísmo y de la ambición individual. Como dice Adam Smith, es precisamente porque los individuos son egoístas y persiguen su interés personal que se logra una situación de armonía social en y por el mercado. De ahí su metáfora: es como si cada uno fuera guiado por una “mano invisible” y por su egoísmo terminara haciendo el bien para todos los demás. ¿Cómo es que ahora la ambición desmedida provoca las crisis?
Bueno, también se dice que la desregulación del sector bancario hizo posible la debacle. La ambición habría sido el motor, pero la eliminación de controles sobre el sector bancario y financiero abrió el camino para el despliegue de esas pasiones, trayendo consigo graves implicaciones macroeconómicas.
Pero aquí hay algo interesante. Resulta que si son las pasiones desmedidas las que engendran la crisis, entonces lo que se necesita para prevenirla es establecer los límites adecuados a tal frenesí. En el caso actual, la crisis se hubiera evitado si se hubieran puesto límites a la ambición desmedida. En síntesis, el sistema económico está bien, pero a veces algunos seres humanos lo descarrilan por su conducta malévola o torcida.
Claro, la retórica que utiliza la teoría económica busca expurgar cualquier referencia a la moral y se prefiere usar la palabra “expectativas” en lugar de “pasiones”: los agentes económicos tienen expectativas que se forman de manera más o menos racional. Y así, desde Keynes hasta Lucas, pasando por Minsky, los planes de inversión y consumo de los agentes que integran una economía se forjan a través de los esfuerzos para enfrentar la incertidumbre (Keynes) o para frustrar las intervenciones del gobierno (Lucas).
El análisis de Minsky es más sofisticado, pero descansa en la misma idea. Al igual que otros autores post-Keynesianos, Minsky ofrece un modelo más serio sobre el funcionamiento de una economía monetaria capitalista que lo que propone la teoría convencional. En su explicación sobre la dinámica de una economía capitalista, el endeudamiento y los bancos tienen un papel importante. (Aunque los lectores se sorprenderán, en los modelos de la teoría convencional, la que es utilizada para hacer la apología del neoliberalismo, los bancos no aparecen por ningún lado. Sí, así como lo leyeron: en los modelos de los economistas del sistema, ni los bancos, ni el endeudamiento tienen el lugar que merecen. Pero me estoy desviando del tema).
Aquí lo importante es destacar que en el modelo de Minsky sobre las crisis financieras el papel de las expectativas es crucial. En las fases de tranquilidad en una economía capitalista, los agentes económicos, empresarios en la economía real o prestamistas en el sector financiero encuentran que sus expectativas sobre la evolución favorable de la economía se están confirmando. Proceden a corregirlas al alza y eso conduce a la apreciación de sus activos, lo que les permite mayor apalancamiento y endeudamiento. Y eso conduce nuevamente a nuevas correcciones en su conducta como tomadores de riesgo y así sucesivamente. Pero poco a poco el proceso se agota y arranca un proceso de deflación. Es la crisis y en su desarrollo, el componente subjetivo (la formación de expectativas) desempeña un papel fundamental.
Existe otra visión sobre los descalabros que sufren las economías capitalistas. En ella el sistema económico conduce a la crisis independientemente de la formación de expectativas o de las motivaciones de la conducta de los agentes. En esta percepción el sistema económico es como una maquinaria cuyas contradicciones internas imprimen el dinamismo que conduce a las crisis. No se trata aquí de saber qué pasa cuando los agentes abrazan pronósticos más o menos optimistas sobre el futuro de la economía, o cuando se equivocan en sus anticipaciones. La economía funciona de tal manera que la crisis es inevitable, cualquiera que sea el proceso y el resultado de la formación de expectativas.
Es a lo que conduce el análisis de Marx. Las contradicciones del capitalismo, y en especial la lucha de clases, son la incubadora de la(s) crisis, independientemente de las motivaciones y expectativas de los agentes. Ni el sub-consumo, ni la sobre producción son suficientes para detener permanentemente el proceso de acumulación capitalista. En cambio, la ley tendencial sobre la caída de la tasa de ganancia erige una barrera para la expansión del capital que solamente puede resolverse en y a través de la crisis. Esa ley se manifiesta sin implicar una referencia a las anticipaciones de los agentes.
Es cierto que hay paralelismos entre el análisis de Keynes-Minsky y de Marx. Sin duda sus análisis son complementarios y desembocan claramente en la misma conclusión: una economía capitalista es inherentemente inestable. Keynes diría que, además, es capaz de mantener niveles socialmente inaceptables de desempleo durante mucho tiempo. Por eso es necesaria la acción del gobierno y se abre el debate sobre los diferentes méritos de la política fiscal versus la monetaria, etc. Pero la diferencia profunda entre Marx y Keynes-Minsky es que en el primero no hay manera de evitar la crisis. El capitalismo no es sólo ‘inherentemente inestable’, sino que es sinónimo de desigualdad y crisis. La salida no es una regulación adecuada o una intervención eficaz, sino la transición a un sistema socialmente deseable.

Alejandro Nadal
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Celebran 182 aniversario luctuoso de Simón Bolívar

Pasó a la historia como una de las figuras más destacadas de emancipación americana frente al Imperio español.

México, DF. Considerado fundador de la Gran Colombia, Simón Bolívar (1783-1830), a quien se recuerda a 182 años de su muerte, que se cumplen este 17 de diciembre, pasó a la historia como una de las figuras más destacadas de emancipación americana frente al Imperio español.
Principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas suministró al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos, y fue gracias a su contribución que Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela, obtuvieran su libertad.
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar, vino al mundo el 24 de julio de 1783 en Caracas, Venezuela, en el seno de una familia de origen vasco establecida en Latinoamérica desde finales del siglo XVI.
De acuerdo con la biografía del revolucionario publicada en el portal “cervantesvirtual.com”, antes de cumplir tres años, el pequeño Simón perdió a su padre, quien murió en enero de 1786, razón por la cual su educación al igual que la de sus tres hermanos corrió a cargo de su madre.
Los siguientes años de la vida del futuro luchador social trascurrieron en tranquilidad en su lugar de origen y en 1792, cuando tenía nueve años, su madre murió, mientras que sus hermanas contrajeron matrimonio y él y su hermano fueron a vivir al hogar de su abuelo materno, no obstante al cumplir 12 años escapó a casa de su hermana María Antonieta y su marido.
La rebeldía del joven Simón llevaron a la familia a internarlo una breve temporada en casa de don Simón Rodríguez (1771-1854), con quien se sintió identificado y desarrolló una comprensión y simpatía.
En enero de 1797, señala el documento consultado, meses antes de cumplir 14 años ingresó como cadete en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, del cual había sido Coronel años atrás su propio padre.
Meses después, en julio, fue ascendido a subteniente por su sobresaliente valor y dos años más tarde, viajó a España donde bajo la dirección de sus tíos Esteban y Pedro Palacios y la rectoría moral e intelectual de Marqués de Ustáriz, se entregó con pasión al estudio; amplió sus conocimientos de historia, literatura clásica y moderna, y de matemáticas, inició el estudio del francés y aprendió también la esgrima y el baile.
Fue en Madrid, donde el joven subteniente conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, de quien se enamoró y con quien en 1800 planeó construir un hogar. Sin embargo, en 1801 viajó a Bilbao, donde permaneció el resto del año y emprendió un breve recorrido por Francia que le condujo hasta París y Amiens.
En 1802 regresó a la ciudad española y contrajo matrimonio con su amada, con quien después viajó a Verdezuela, no obstante la felicidad solo duró un año, pues en mayo de 1803 su esposa murió.
En este periodo Bolívar regresó a Madrid y posteriormente se estableció en París, Francia, donde tuvo un especial contacto con la literatura, el teatro y la ópera, así como con bellas mujeres e intelectuales y se encontró con Simón Rodríguez, quien se convirtió en su compañero de viajes.
En Roma, un día de agosto de 1805, en el Monte Sacro, Bolívar juró en presencia de su maestro no dar descanso a su brazo ni reposo a su alma hasta que hubiera logrado liberar al mundo Hispanoamericano de la tutela española.
Cinco años más tarde, en 1810, se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela dirigida por Miranda, la cual fracasó y obligó a Bolívar a huir del país en 1812, según la biografía de Simón Bolívar publicada en “biografiasyvidas.com”.
Tiempo después el luchador social decidió tomar las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado.
En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas, pero una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, lo expulsó a Jamaica (1814-15).
La lucha de Bolívar, agrega este segundo documento, no terminó ahí, pues realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.
Pero el revolucionario soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos, razón por cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada, actual Colombia.
Ese año, Bolívar logró reunir un Congreso en Angostura, que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.
Luego de liberar la Audiencia Quito, actual Ecuador, en unión de Sucre y tras imponerse en la batalla de Pichincha en 1822, Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, San Martín, que había liberado Argentina y Chile, y con quien no logró ninguna alianza.
Fue entonces que el revolucionario venezolano pudo ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles y aprovechó las disensiones internas de los rebeldes del país.
En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar, actual Bolivia.
El revolucionario llegó a la presidencia de Colombia en 1819, a la de Perú en 1824 y a la de Bolivia en 1825 implantando en estas dos últimas Repúblicas un modelo constitucional llamado “monocrático”, con un presidente vitalicio y hereditario.
No obstante los éxitos militares de Bolívar no fueron acompañados por logros políticos comparables.
Su tendencia a ejercer el poder de forma dictatorial despertó muchas reticencias y el proyecto de una gran Hispanoamérica unida chocó con los sentimientos particularistas de los antiguos virreinatos, audiencias y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales acabaron buscando la independencia política por separado.
Finalmente, el 24 de julio de 1783 el gran militar liberador Simón Bolívar murió a los 47 años de edad.
TOMADO DE JORNADA

Ecuador-Perú: Dos países y un futuro común

Imagen activaQuito (PL) Con mil 500 kilómetros de frontera terrestre compartida y un pasado conflictivo, Ecuador y Perú decidieron cambiar el curso de la historia y construir de común acuerdo un presente distinto.

Tras superar el diferendo limítrofe que los enfrentó desde principios del siglo XIX hasta fines del XX, en que firmaron la paz en 1998 luego de la Guerra del Cenepa, ocurrida tres años antes, ambos gobiernos se disponen a impulsar proyectos conjuntos para desarrollar cada uno de sus países.

El VI Encuentro Binacional encabezado por los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, y Ollanta Humala, de Perú, marcó el fortalecimiento de las relaciones entre ambos pueblos en el proceso integracionista que vive la región.

“Nos costó mucho esfuerzo y dolor en el pasado llegar a la conclusión de que el camino es la paz, la unidad”, aseveró Humala ante su par ecuatoriano, quien enfatizó en que todavía queda mucho por andar en la cooperación bilateral.

Ambos mandatarios hicieron votos por erradicar la pobreza en sus países, en especial entre la población radicada a los dos lados de la frontera común, de unos mil 500 kilómetros y habitados por unos cinco mil millones de personas.

Mientras Correa calificó de vergüenza la existencia del flagelo en la región, Humala afirmó que Latinoamérica no es la zona más pobre del mundo, sino la más desigual.

El desafío del siglo XXI es salir de la miseria sin perder identidad y para ello hace falta aprovechar los recursos naturales no renovables, añadió el líder ecuatoriano.

Estas consideraciones posibilitaron la firma de una declaración presidencial denominada Fortaleciendo la integración en la lucha contra la pobreza.

ACUERDOS PARA LA INCLUSIÔN

Los recientes acuerdos rubricados entre Correa y Humala apuntan básicamente a lograr la inclusión de sus cerca de cinco millones de habitantes asentados a ambos lados de la zona fronteriza.

Uno de los convenios va dirigido a la erradicación del trabajo infantil y al reforzamiento de la cooperación de los cuerpos armados ante desastres naturales.

Correa expuso, sin embargo, que todavía existe desconfianza entre las instituciones castrenses, lo cual debe ser superado lo más rápido posible.

“Sigamos actuando como un solo Gobierno para el beneficio de nuestros pueblos, que nos ayuden a vencer la pobreza y a construir la paz verdadera, que no es solamente la ausencia de violencia, sino la presencia de derechos, de desarrollo y del Buen Vivir”, sugirió.

Otro documento suscrito está referido al desminado en los límites nacionales y la venta de electricidad a Perú por Ecuador, que en el año 2016 se convertirá en exportador de esa energía debido a los proyectos en ejecución.

Los representantes de los Ministerios de Turismo acordaron la promoción internacional de sus respectivos sitios, al tiempo que alcanzaron un entendimiento en materia ambiental.

Pero uno de los consensos más trascendentales fue haber fijado los límites de las aguas interiores del Golfo de Guayaquil, al que declararon Bahía histórica, donde comparten 16 mil 836 kilómetros cuadrados.

En particular coincidieron en la conservación, exploración y explotación sostenible de los recursos existentes en ese accidente geográfico, la lucha contra los efectos del cambio climático, el combate a las actividades ilícitas y otros asuntos de interés común.

Humala dijo a Correa en conferencia de prensa que unos años atrás no habría podido ser posible establecer este consenso y aseveró que “algo está cambiando en Latinoamérica”.

Ambos destacaron el renacimiento de la hermandad luego de la firma de la paz, reforzada con el proceso de integración en marcha en el subcontinente, donde sus gobiernos coinciden como participantes y en el punto de vista relativo a la necesaria unidad.

El Jefe de Estado ecuatoriano reiteró que los programas y proyectos contribuyen a la paz, que es también sinónimo de presencia de justicia, dignidad de servicios básicos, garantía de derechos, en lo cual se dan estos primeros pasos ante lo mucho que falta por recorrer.

VÍNCULOS EN CIFRAS Y ACCIONES

Las relaciones comerciales entre ambos países en la actualidad van más allá del simple intercambio, que casi alcanza la cifra de tres mil millones de dólares.

Uno de los rubros que más aportan es el desarrollo de los ejes viales y los programas comunes como servicios sanitarios y el proyecto de riego Puyango-Tumbes, para dotar de agua a 41 mil 500 hectáreas de cultivos del lado peruano y 22 mil hectáreas de la parte ecuatoriana.

En el asunto del desminado en los límites comunes se informó que se ha avanzó en el 60 por ciento en estas labores, pero todavía restan unos seis mil artefactos por ser localizados y desactivados.

Correa llamó la atención de que debe superarse aún la desconfianza persistente entre las instituciones armadas de los dos Estados.

“Con los procesos integracionistas que está viviendo nuestra América debemos tener políticas comunes, entre ellas la de defensa”, reflexionó.

Para Humala, el objetivo del Encuentro entre los dos países hermanos es fortalecer los lazos de paz y el desarrollo, por lo cual es importante mantener estos contactos, principalmente en los momentos de crisis que atraviesa el mundo.

Previo al diálogo presidencial, empresarios ecuatorianos y peruanos suscribieron el Acta de Fundación del Comité Asesor Empresarial Binacional Ecuador-Perú, que deberá redundar en nuevos intercambios comerciales y productivos a corto, mediano y largo plazos.

Las partes buscan facilitar el comercio, la inversión, facilitar las alianzas estratégicas y la participación de empresas binacionales ecuatorianas y peruanas en terceros mercados.

De esta manera se fortalece la relación comercial bilateral, que ha crecido diez veces a partir de los Acuerdos de Paz de Brasilia hace 14 años, al pasar de 290 millones de dólares a dos mil 900 millones de dólares en el 2011.

Ahora se abren oportunidades para la inversión entre estos países en los campos de la metalmecánica, confecciones textiles, cuero, calzado, plásticos, alimentos procesados, agroindustria, conservas y productos del mar, químicos, aceites, oleaginosas, madera y joyería.

Por Yurién Portelles*

* Corresponsal de Prensa Latina en Ecuador

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