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Elementos para la independencia tecnológica

educación

Muchas veces se habla de independencia tecnológica y de soberanía nacional, sobre todo en estos tiempos en que día tras día van surgiendo nuevos elementos (gracias al gran Edward Snowden [0]) del espionaje masivo al que estamos expuestos a manos de la CIA y la NSA yanquis.

Pero, ¿cómo llegar a tan glorioso (y beneficioso para el país) estadio? En otros artículos ya expresamos que el uso masivo de Software Libre[1] en el Estado es una de las condiciones necesarias, más no suficientes, para ello. Enfoquémonos pues en otras cosas que serían necesarias, al menos para quien esto escribe.

Se me ocurren varias cosas para la emancipación tecnológica. Pero la gran mayoría no tienen que ver con el presente, sino más bien con el futuro. O sea, creo que es mejor apuntar las baterías para asegurar el futuro que usarlas para tratar de modificar el presente. En ese sentido me vienen a la cabeza las palabras del compañero presidente a la hora de asumir: “Educación, Educación, Educación”.

Porque el espíritu crítico y libertario no se puede inducir mágicamente en nuestros técnicos, científicos y ciudadanos en general. Hay que establecer un plan para garantizarlo en un futuro, esperemos no muy lejano. Se me ocurren varias acciones en ese sentido, desde lo curricular y desde lo extra-curricular, desde la educación primaria hasta la terciaria.

A nivel de educación primaria se podría aprovechar el parque informático que ya está en manos de los niños (gracias al Plan Ceibal) y empezar a formarlos en programación. A la altura de 9 o 10 años ya se pueden entender algoritmos básicos y hay lenguajes de programación y software para aprender a programar a esa edad. No se pretende que todos los niños salgan programadores, como tampoco se pretende que todos los niños sean músicos cuando se les brinda educación musical a dicha edad ni se pretende que sean todos atletas cuando se les brinda educación física. La programación es una herramienta importantísima hoy en día. Aprender algunas cosas básicas los ayudará en varios sentidos a lo largo de toda su vida. Métodos para ordenar cosas, búsqueda de distintas soluciones para un problema, mejorar las soluciones que ideamos a primera vista (optimización), planificación, etc.

Creo firmemente que las computadoras del Plan Ceibal están siendo sub-utilizadas. Se ha hecho mucha promoción de que un muchacho “generación Ceibal” de 13 años ganó un concurso de Google pero si rascamos un poco encontramos que hay sólo 2 gurises de esa edad que participan en la creación de software para las ceibalitas (y llegaron a eso por el apoyo de su entorno familiar, no por el apoyo desde el Plan Ceibal). El porcentaje es pésimo pues si consideramos que hay más de medio millón de gurises entre 5 y 14 años llegamos a que sólo un 0,000004 % de los usuarios de ceibalitas tienen habilidades como para aportar para mejorar el software que usan.

También se podrían generalizar iniciativas como el Proyecto Butiá [2] que busca incentivar la programación de robots usando plataformas simples y económicas. Está pensado para secundaria, pero en este video podrán apreciar cómo en una escuela han podido crear un grupo que hizo un robot tomando como base una ceibalita (Escuela Nº 65 de la ciudad de Treinta y Tres) así como también apreciarán lo altamente motivados que están los niños para seguir aprendiendo sobre esos temas.[3]

A nivel de educación secundaria se debería continuar con herramientas de programación y estudios de algoritmos, así como también con iniciativas como el Plan Butiá recientemente mencionado.

Otra cosa que se podría incentivar es la creación de “Clubes de Hackers”. No se asusten, no estoy planteando que se les enseñe a robar contraseñas de cuentas bancarias, estoy hablando del verdadero significado de la palabra “hacker”. En esta página [4] sobre ética hacker se dice que “… la ética del trabajo para el hacker se funda en el valor de la creatividad, y consiste en combinar la pasión con la libertad. El dinero deja de ser un valor en sí mismo y el beneficio se cifra en metas como el valor social y el libre acceso, la transparencia y la franqueza”.

En estos clubes de hackers se pueden plantear problemas ya de escala media y explorar distintas soluciones integrando distintas disciplinas. Sería todo un desafío altamente beneficioso para toda la comunidad educativa del centro de estudios y también para el futuro de todo el país si esta iniciativa se masificara.

Hay experiencias de laboratorios hackers [5] y encuentros de hackers [6] en todo el mundo. Se crean y fomentan espacios donde la ciencia, la investigación por nuevas tecnologías y el arte se mixturan maravillosamente.

A nivel terciario también hay cosas para hacer. En particular referidas al tratamiento de temas que suelen ser áridos y cuestionadores como por ejemplo el estudio de aspectos referidos a lo que se ha dado en llamar “Sistema de Propiedad Intelectual” y también a temas éticos en la vida de los profesionales. Cuando hablamos de “sistema de propiedad intelectual” nos referimos a un conjunto de elementos como las patentes, las licencias, las marcas, los derechos de autor, denominaciones de origen, etc.

Hoy en día, y cada vez más, estamos regidos por reglamentaciones y tratados donde el tema de “propiedad intelectual” se insinúa pero no se muestra claramente hasta que ya es demasiado tarde. Todos escuchamos hablar de los tratados de libre comercio (TLC), pero pocos saben que uno de los temas más importantes (sino el más) es el referido precisamente a que se reconozcan derechos de los países centrales en el tema licencias sobre patentes y derechos de autor. De esta manera se aseguran un futuro próspero (los países centrales) pues no hay casi nada que podamos hacer sin pagarles por dichos conceptos. No es un dato menor que en toda Latinoamérica el 93% de las patentes otorgadas lo son a manos de “no residentes”, o sea de personas y empresas extranjeras. Es literalmente dinero que se va de nuestros países a las casas centrales de las multinacionales. Ya he expresado en otros artículos que el actual sistema de propiedad intelectual es el colonialismo del siglo XXI, y estoy cada día más convencido de ello.

Como es un tema difícil de estudiar y entender se suele dejar este tema en manos de unos pocos abogados que no siempre tienen como objetivo el interés general. Creemos fundamental discutir estos temas lo más ampliamente posible, motivando a que más personas se empapen en esta temática para poder entenderla (para luego tomar acciones) en su justa dimensión.

Otro tema que debería discutirse ampliamente a nivel terciario es el del ejercicio profesional y académico. ¿Qué tipo de profesionales queremos? ¿Qué profesionales tenemos? ¿Cómo hacemos para ir de lo que tenemos hasta lo que queremos?.

¿Es válido que el país invierta dinero de TODOS los uruguayos en la formación de un profesional que luego se va a hacer carrera en otro país? ¿Cómo hacer para que los profesionales que emigraron vuelvan a nuestro país? ¿Qué es mejor para el país? ¿Apostar por profesionales que hagan libre ejercicio de la profesión o por profesionales que desarrollen su vida laboral en organismos públicos?.

A nivel académico: ¿Se está apoyando con becas para estudios de post-grado a quienes más lo necesitan o a cierta elite académica? ¿Cómo hacemos para apoyar a los profesionales que van a otros países a continuar con estudios de post-grado? Muchas veces estos profesionales pasan largas estadías en ambientes muy absorbentes (y hasta hostiles) y alejados de sus familias y seres queridos, lo cual puede derivar en problemas de todo tipo. ¿Tiene sentido invertir 25 años en la formación de una persona si luego no se puede aprovechar todo su potencial?.

Estas son algunas interrogantes que (junto a otras) creemos deberían ser discutidas y resueltas a nivel de educación terciaria.

mateamargo.org.uy

 

[0] http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Snowden
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Software_libre
[2] http://www.fing.edu.uy/inco/proyectos/butia/
[3] http://www.youtube.com/watch?v=atbKInwJEeE
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Ética_hacker
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Hackerspace
[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Hackmeeting

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Fuente: http://www.mateamargo.org.uy/index.php?pagina=notas&seccion=el_fogon¬a=417&edicion=17

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Democratizar es desmercantilizar

Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el trasporte, la habitación, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancia.

Emir Sader, Página12

La fragilidad de las democracias liberales quedó confirmada conforme pudieron convivir con el neoliberalismo y, más que eso, ser funcionales a ese modelo de exclusión social. La brutal penetración del dinero en todos los poros de la sociedad llegó de lleno a la política, con el financiamiento de campañas electorales, con los lobbies en los parlamentos, todo absorbido por las democracias liberales, revelando su inmensa elasticidad. Así como, a la vez, convivieron y lo siguen haciendo con modelos económicos neoliberales, de concentración de renta, exclusión social, expropiación de derechos fundamentales, aumento exponencial de la pobreza y la miseria.

Lo destacaba bien Marx, al decir que cuando las constituciones liberales enuncian que “todos son iguales frente a la ley”, ahí empieza la desigualdad. Pero mientras sea desigualdad económica, social, cultural, el liberalismo las soporta, con tal de que sus cánones para calificar a un país como democrático sigan vigentes: separación de los poderes, elecciones periódicas, multiplicidad de partidos, prensa libre (“libre” quiere decir “privada” en el vocabulario liberal).

La era neoliberal representa el máximo de realización del capitalismo en su afán de transformar todo en mercancía, en mercantilizar todo. Libre de las trabas de las reglamentaciones estatales, el capital fluye sin limitaciones, realizando la utopía de que sea un mundo en que todo se compra, todo se vende, todo tiene precio.

En nuestros países, esos procesos han trasformado profundamente a nuestras sociedades, destruyendo la escasa red de protección de nuestros Estados, transfiriendo hacia el mercado lo que eran derechos: a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte, a la vivienda.

Gobiernos posneoliberales tratan de revertir ese brutal proceso de mercantilización, reponiendo en la esfera pública lo que fue llevado a la esfera mercantil. Frenando los procesos de privatización, revirtiendo en algunos casos empresas privatizadas a la esfera estatal. Pero, en lo fundamental, reconociendo y ampliando derechos de la gran mayoría de la población, víctima de la expropiación de derechos de parte del neoliberalismo.

La polarización fundamental en la era neoliberal se da entre la esfera mercantil y la esfera pública. Aquella, la esfera del mercado, del consumidor, de la selección social por medio del dinero. La esfera pública, a su vez, es la esfera de los derechos, de los ciudadanos, de la inclusión social.

El Estado es un espacio de lucha hegemónica entre la esfera pública y la esfera mercantil, pudiendo ser tanto un Estado financiarizado, cuanto un Estado refundado alrededor de la esfera pública. En el Estado, decía Pierre Bourdieu, siempre hay una mano derecha y una mano izquierda.

El neoliberalismo destroza al Estado e intenta imponernos la opción entre estatal y privado. Es decir, entre un Estado desarticulado por ellos o el mercado, que es lo se esconde detrás de lo que ellos llaman espacio privado.

Mientras que la disyuntiva es distinta: donde el neoliberalismo habla de esfera privada, lo que hay es la esfera mercantil. Y la esfera contrapuesta no es la esfera estatal, sino la esfera pública. La polarización que articula el campo teórico en la era neoliberal es la que se da entre esfera pública y esfera mercantil.

Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el trasporte, la habitación, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancia.

Esa es la mayor batalla de la era neoliberal: la afirmación hegemónica de la esfera pública en contra de la esfera mercantil. Una sociedad justa es una sociedad centrada en la esfera pública, en la universalización de los derechos, en los ciudadanos, como sujetos de derecho; objetivos de los gobiernos posneoliberales

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BALANCE PAPAL: Jorge Bergoglio cumple medio año como sumo pontífice

A seis meses, un primer balance

English: Cardinal Jorge M. Bergoglio SJ, Archb...
English: Cardinal Jorge M. Bergoglio SJ, Archbishop of Buenos Aires, celebrating mass at the XX Exposición del Libro Católico (20th Catholic Book Fair), in Buenos Aires, Argentina. Español: Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, Arzobispo de Buenos Aires, celebrando misa en la XX Exposición del Libro Católico, en Buenos Aires, Argentina. (Photo credit: Wikipedia)

as preocupaciones, los desafíos y el impacto que provocó en el mundo el Papa Francisco.

Cabe preguntarse si pasados los primeros seis meses del pontificado de Francisco no es ya el momento de realizar un balance de su gestión. Desde el punto de vista político, los analistas podrían decir que la etapa de los iniciales fervores y entusiasmos ya ha pasado. Desde un enfoque histórico, para la milenaria Iglesia se trataría de apenas un instante. Pero también es cierto que el mismo evangelio aconseja estar siempre preparados porque “el Hijo del Hombre vendrá a la hora menos pensada”; es decir, que siempre se está en tiempo de examen, de balance, por más que no sea el final y definitivo.

Pocas semanas atrás, en un fugaz encuentro en Buenos Aires con un sociólogo italiano, viejo conocido, docente universitario en Europa, experto analista de los fenómenos religiosos y agudo observador, le pregunté qué pensaba del Papa y de su pontificado. Este profesor romano, alegre y algo escéptico, tal como corresponde a su condición de ciudadano de la caput mundi, elogió sin reservas la figura de Francisco y su contagiosa simpatía, pero con respecto a evaluar su gobierno me dijo: “Iremos viendo lo que hace”. Por su parte, un prestigioso intelectual y periodista de la capital italiana, a su paso en esos días también por nuestro país, me lo confirmaba: “No caben dudas de que este Papa en poco tiempo cambió radicalmente el estado de ánimo de los católicos, es increíblemente querido y admirado, pero nadie conoce sus planes de acción y tampoco sabemos bien hacia dónde apunta”.

Pero las novedades han llegado de repente: tenemos un nuevo secretario de Estado y un nuevo presidente del Governatorato vaticano, los monseñores Pietro Parolin (italiano, hasta ahora nuncio en Caracas) y Fernando Vargez (español, durante años secretario del cardenal argentino Eduardo Pironio). Los he conocido personalmente a ambos y todo confirmaría la línea pastoral de Francisco. Entonces, ¿qué balance puede hacerse hoy de su gobierno? En primer lugar habría que señalar la vigencia de la extrema (y todavía creciente) popularidad en buena parte del mundo, puesta de manifiesto de una manera extraordinaria durante los días del multitudinario encuentro en Río de Janeiro con ocasión de celebrarse la Jornada Mundial de la Juventud. De esa antes desconocida capacidad de comunicación masiva, Jorge Bergoglio hace ostentación todas las semanas en Roma, en las audiencias de los miércoles y en el Ángelus de los domingos, siempre en la Plaza de San Pedro. Y de Brasil a Roma volvió lleno de gloria después de que uno, dos o tres… millones de jóvenes lo ovacionaran a cada paso como a un líder amado. Regresa al estilo de Julio César o de Napoleón después de alguna de sus rutilantes victorias. En una Iglesia que advertía perder terreno y que contemplaba angustiada la ausencia de nuevas levas, Francisco parece resucitar la popularidad de Juan Pablo II. Y este fenómeno le agrega fuerza a la hora de enfrentar los tres grandes desafíos de su pontificado: la tolerancia cero para con los abusos sexuales de menores por parte de religiosos, la transparencia en materia económico-financiera en el Vaticano y la reforma de la curia central, el equipo de gobierno del Papa. Desde esta óptica, es menos populista y más reformador.

En segundo lugar, no puede dejar de considerarse su estilo de comunicación, tanto verbal como gestual, apoyado en una imagen de extrema austeridad, en el alejamiento de toda forma de suntuosidad y en su tenaz defensa de los más pobres y desprotegidos de la sociedad. En este sentido, su figura se convierte en la de un paladín de la justicia, un testimonio creíble, un modelo digno de ser imitado, profundo cuestionador de otros dirigentes sociales y políticos. Lejos de toda forma convencional o burocrática, sorprende con las cartas manuscritas, los llamados telefónicos personales, los continuos y genuinos encuentros con niños, ancianos y enfermos en cada audiencia. Cuando su popularidad alcanza los puntos más altos, él afirma que las estadísticas que cuentan son las que hace Dios. Esa Iglesia “pobre y para los pobres”, que a él le gustaría, se convirtió en una expresión destinada a perdurar en la memoria histórica y a conquistar a muchos.

En tercer lugar, sorprende su silencio hasta llegada la hora de anunciar nombramientos para los puestos clave. Bergoglio es un hombre acostumbrado a gobernar y no anuncia sus decisiones antes de ejecutarlas. Los cambios se ven cuando ya se han llevado a cabo, no antes. En ese sentido, no abandona su condición de jesuita por el hecho de ser papa, el primero de la Compañía de Jesús: sigue siendo un hombre político.

¿Se lo percibe como demasiado argentino fuera de nuestro país? Ciertamente es sustancialmente argentino (por no decir, como Mariano de Vedia en su biografía, “porteño de pura cepa”), pero en todo caso lucen en él las mejores virtudes de nuestra nación (y de esta ciudad) y no tanto sus defectos. De hecho, Bergoglio se muestra amigable, informal, sin temores ni complejos, alegre y decidido. Curiosamente, estos aspectos atractivos de su personalidad no eran tan conocidos durante sus años en la Arquidiócesis de Buenos Aires: fue un cardenal de bajo perfil, serio, callado, más amigo de escuchar que de decir. El conflicto interno con el gobierno nacional y su intransigencia con parte importante de la curia romana lo dejaban en incómoda posición.

Ya lleva escrita una encíclica, aunque fue obra de Joseph Ratzinger, su predecesor y actual hombre de consulta, prestigioso intelectual, incomprendido todavía hoy, y cuya renuncia marcará la historia. Probablemente se decida a encarar algunos viajes internacionales más adelante (viajar no le atrae mucho), pero no hay anuncios formales todavía. También su agenda es reservada y puede ofrecer repentinas sorpresas, como la de su ida a la Isla de Lampedusa.

Se lució en la improvisada conferencia de prensa en el avión que lo llevaba de regreso de Río de Janeiro a Roma. Nunca había concedido un encuentro de esas características. Respondió a preguntas embarazosas y arduas con notable tacto y amplitud, pero sin abandonar nunca el nexo con la tradición, ni moverse un ápice de lo que marca la mejor ortodoxia. Su plus, en todo caso, radica en la sorprendente dimensión humana y pastoral de la que hace gala. Para algunos entendidos, ya cometió desaciertos en los nombramientos en el IOR (el Banco del Vaticano) y en la elección de algunos consultores, pero habría que entender si fueron equivocaciones a las que fue llevado por algunos burócratas de la vieja curia o si sólo se debieron a su responsabilidad. Es sabido que Bergoglio es hombre de tomar decisiones en soledad. Alguna elección episcopal así lo confirmaría.

Uno de los vaticanistas mejor informados, el italiano Sandro Magister, afirmaba con acierto en su blog: “Un elemento clave de la popularidad de Francisco es su credibilidad personal. Como arzobispo de Buenos Aires vivía en un modesto piso de dos habitaciones. Se cocinaba él mismo. Se movía en autobús y subte. Huía como de la peste de las citas mundanas. Su modo de hablar es probablemente uno de sus rasgos más originales: sencillo, comprensible, comunicativo. Tiene la apariencia de la improvisación, pero en realidad está cuidadosamente estudiado, tanto en la invención de las fórmulas como en los fundamentos de la fe cristiana que él más ama repetir y que se condensan en un consolador ‘todo es gracia’, la gracia de Dios que sin cesar perdona, aunque todos sigamos siendo pecadores. Pero además de las cosas dichas están las que han sido deliberadamente calladas. No puede ser casualidad que no hayan salido aún de los labios de Francisco las palabras aborto, eutanasia, matrimonio homosexual”.

Y bien, ¿a qué arqueo llegamos después de seis meses? A que él sabe lo que está haciendo y nosotros, poco. A que sus prioridades siguen apuntando a darle coherencia y credibilidad a la Iglesia, aspirando a la vida ejemplar de sus dirigentes y castigando las conductas perversas, mediocres e interesadas. Que quiere ser un mensajero de la paz y del diálogo. Que anhela con una relación ecuménica e interreligiosa amplia y generosa. Que está decidido a exigir seriedad y transparencia en su sede, no siempre tan santa. Que ninguna de sus prioridades tiene que ver con la agenda que hubiera pretendido imponerle la opinión pública a cualquier otro papa. Que va a ir “contra corriente” cueste lo que cueste, en temas económicos, políticos y éticos; tratando de preservar su autonomía y su irreductible opción por los pobres.  

 

José María Poirier. Director de la revista Criterio.

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/?p=4554

El capitalismo en 10 lecciones

Comentarios al libro de Michel Husson

 

 

Viento Sur

 

“Un libro imprescindible” anuncia el título del excelente prólogo de Manuel Garí y Nacho Álvarez. Ciertamente, el libro del economista Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones /1, es del todo necesario para quienes deseen iniciarse rigurosamente en la crítica marxista del capital. Husson consigue sintetizar en 10 capítulos los elementos fundamentales para entender y criticar el capitalismo, en un volumen de fácil lectura, pensado para el público general y acompañado de las agudas ilustraciones de Charb, sin las cuales el libro no sería igual de incisivo. La propuesta del economista marxista, de origen francés, es también una buena herramienta para activistas que quieran introducir-se en la crítica de la economía política.

¿Qué es el capital?

El orden de los capítulos no es aleatorio, sigue un hilo conductor que va desplegando los elementos y categorías fundamentales para entender el capitalismo en su fase actual. La lección que abre este breve curso ilustrado de economía heterodoxa aborda de qué hablamos cuando hablamos de capitalismo como sistema económico-social. En la primera página se establece una definición de capital, como relación social basada en la propiedad de los medios de producción. Esta apropiación privada diferencia entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su trabajo para vivir. El capital se define como una relación social basada en la explotación; no es, entonces, sólo una cantidad de dinero ni una inversión mobiliaria, productiva o financiera. Dónde hay capital hay trabajo, y se reproduce mediante un proceso de permanente autovalorización, regido por un régimen de competencia que obliga a cada capitalista a aumentar su capital reduciendo el valor unitario de cada mercancía, y que es sacudido por sus propias contradicciones durante las crisis.

Pero esto no ha sido –ni será– siempre así, se trata de un sistema de producción histórico que, como todos los anteriores, tiene su momento de emergencia, maduración pero también de extinción. La división del trabajo y el mercado son consustanciales al capitalismo, pero también caracterizaron sociedades anteriores, en las que a diferencia del capitalismo el valor de uso regía la producción y el comercio. Si entendemos la historia como un proceso dialéctico observamos como lo viejo da paso a lo nuevo dejando siempre un sedimento donde las nuevas formas desarrolladas de relaciones sociales de la producción, el intercambio y el consumo conviven con otras más arcaicas. Husson combina varios factores para explicar el surgimiento del capitalismo: el mercantilismo de las ciudades estado entre el siglo XIV y XVI; el saqueo de las regiones descubiertas y colonizadas más allá de Europa; la posterior revolución industrial; el acceso a recursos naturales como el carbón y los progresos tecnológicos; la subsunción del trabajo al capital –especialmente a través de la mecanización de la industria–, los aumentos de productividad que esto produjo; la destrucción progresiva de los commons, es decir, las tierras y los recursos de uso colectivo propios de las sociedades campesinas, y los cambios institucionales que facilitaron la conversión de la aristocracia en burguesía agrícola e industrial. Lejos de tratarse de un proceso “natural” más bien asistimos a un proceso histórico caracterizado por la violencia estatal y el enfrentamiento entre grupos sociales. Este escenario complejo no permite explicaciones mecanicistas, monolíticas, de burda lógica monocausal. El surgimiento y expansión del capitalismo adopta diversas formas dependiendo de las peculiaridades autóctonas de cada región, influido por las nuevas características de las fases de su desarrollo por todo el planeta.

¿De dónde viene el beneficio?

¿De dónde viene el beneficio?, es el título del segundo capítulo. Como pilar fundamental de la acumulación del capital, Husson lo aborda partiendo de la noción de excedente: aquello que la sociedad produce por encima de su nivel de mera reproducción de las condiciones de existencia de los productores. En una sociedad de clases como la capitalista este excedente es apropiado por un grupo reducido dentro de ella. El apartado sobre las teorías del beneficio es sin duda uno de los mejores fragmentos del libro. Partiendo de la teoría del valor-trabajo iniciada por los clásicos Smith y Ricardo y perfeccionada por Marx, Husson consigue resumir en pocas páginas las críticas más importantes a los pilares de la teoría económica ortodoxa como el individualismo metodológico, los modelos de equilibrio, la optimización paretiana, la remuneración de los factores capital y trabajo, y la ya demostrada falaz, por los mismos keynesianos de Cambridge, teoría del capital. El autor va más allá del burdo tópico según el cual los economistas son agentes a sueldo del capital o que la mera utilización de las matemáticas en sus modelos es reaccionaria. Lo más grave de la economía dominante, denuncia, es la pretensión de que se basa en una visión científica de la sociedad y, por tanto, no intoxicada de ideología aunque sea obvio que estas afirmaciones ya están, en sí mismas, saturadas de ideología.

¿Por qué los ricos son más ricos?

La tercera lección aborda rigurosamente la evolución y profundización de las desigualdades. Para explicar por qué los ricos son mas ricos hace falta observar la estrecha relación que guardan dos características básicas del capitalismo: el aumento de la productividad y el incremento de las desigualdades. Hasta los años 70 los aumentos de productividad se veían reflejados en aumentos salariales. Después de la crisis de los 70 y la ofensiva neoliberal, los aumentos de productividad se empezaron a revertir mayoritariamente en los beneficios empresariales estancando así los salarios. De este modo las rentas del capital ganaron terreno en detrimento de las rentas salariales en el conjunto de la renta nacional. A pesar de que diversos estudios indican que el número de pobres se ha reducido en los últimos años, no es menos cierto que han aumentado exponencialmente las desigualdades sociales. Así, la pobreza relativa sigue en aumento, pues la pobreza misma no es en sí un valor estanco que se pueda considerar abstractamente, sino que está en función del conjunto de la sociedad, de su modelo de consumo y su cultura. Por ello, a pesar de la aparente paradoja, la inmensa acumulación de riqueza es la responsable de la profundización de las desigualdades. El capitalismo es enormemente excluyente y las necesidades sociales se satisfacen solo si son rentables.

¿Qué necesitamos (realmente)?

Precisamente sobre las necesidades, ¿Qué necesitamos (realmente)?, versa el cuarto capítulo. Husson muestra como los cambios en la estructura de la demanda acentúan la crisis sistémica. Se observan tres tendencias. Primero, el desplazamiento de la demanda social de los bienes manufacturados a los servicios, estos últimos caracterizados por unas tasas de productividad menores. Segundo, la reducción de la presión fiscal, al mismo tiempo que aumenta el consumo del sector público, contrarrestado parcialmente durante las últimas décadas por la ola de privatizaciones. Y tercero, la evolución de la productividad, creciente pero a un ritmo menor. La combinación de estas (contra)tendencias da lugar, según Husson, a una demanda social cada vez menos conforme con las exigencias de rentabilidad, en contradicción con las exigencias de acumulación, porque equivale a un desplazamiento hacia sectores de menor potencial productivo y de menor potencial en términos de beneficio. Dado que lo importante para el capital es la rentabilidad se intentará adecuar las necesidades a este objetivo sin considerar su satisfacción social óptima.

Una de las salidas a esta situación de estancamiento de la rentabilidad en los sectores productivos y de las rentas salariales, comentada anteriormente, es la inversión en sectores de bienes de lujo. Estos sectores son favorecidos por la desigualdad en el reparto del beneficio hacia arriba. Este proceso no es suficiente para explicar el desencadenamiento de la crisis, que veremos más adelante, pero nos muestra la transición hacia un capitalismo que acumula poco y profundiza las desigualdades y en el que su reproducción pasaría necesariamente por una involución social generalizada.

¿Qué no es mercancía?

La quinta lección: ¿Qué no es mercancía?, presenta otro de los procesos importantes en la dinámica del capital: la mercantilización de la vida. Destaca como el trabajo se ha convertido en una mercancía y como la extensión del capitalismo al conjunto del planeta ha permitido al capital hacerse con reservas inagotables de mano de obra barata mediante la disolución de las formas de vida precapitalista. Esta dinámica aumenta los ejércitos de reserva en los países desarrollados y presiona a la baja los salarios. También aborda los más recientes debates sobre la mercantilización de la naturaleza, el conocimiento, los productos inmateriales y los commons. En uno de los pasajes más interesantes, Husson recupera la crítica a la teoría ortodoxa que pretende reducir todo comportamiento humano a un cálculo individual de utilidad traducible en dinero, algo a todas luces irracional sobre todo si tratamos con bienes públicos o colectivos. Como resistencia a esta dinámica, destaca Husson, que todo progreso social, ha pasado por procesos de desmercantilización, forzosamente impuestos al capitalismo pues van en contra de su lógica profunda.

¿Es posible un capitalismo verde?

El capítulo sexto aborda otro de los debates más en boga recientemente: ¿Es posible un capitalismo verde? Para justificar su imposibilidad, Husson analiza el efecto que tendría en la rentabilidad una hipotética reducción de la intensidad energética en la producción. Por un lado se observa que si se pretende mantener la tasa de beneficio, al mismo tiempo que se aumenta el coste por la introducción de tecnologías más limpias, indudablemente se hará a costa de las rentas salariales. Por otro lado, la rentabilidad se verá deteriorada pues productos más eficientes energéticamente tendrán un coste superior para los consumidores, y aquí es donde surgen los problemas en la realización de estas mercancías en un contexto de estancamiento salarial. Husson también critica detalladamente como las soluciones de mercado para la cuestión ecológica están condenadas al fracaso, destacando así la contradicción entre eficacia medioambiental y eficacia económica entendida, estrechamente, como la optimización del beneficio. Capitalismo verde es un oxímoron, y sus defensores olvidan que este sistema se basa en la ganancia, la competencia y la ley del valor.

¿A que conduce la globalización?

Otro de los fenómenos importantes en la historia reciente del capitalismo es abordado en la séptima lección: ¿A que conduce la globalización? En ella se describe lo que se ha llamado popularmente como la fábrica global, así como la internacionalización de la división del trabajo, el papel de las multinacionales y los movimientos de la inversión extranjera directa. Una de las consecuencias de este fenómeno ha sido la erosión de los modelos sociales, sobretodo en Europa, mucho más difíciles de defender ahora que no hay fronteras para el capital ni éste siente la presión de la existencia del antiguo bloque soviético.

El papel de Europa

El papel de Europa y su unión económica y monetaria, abordado en el capítulo octavo, es fundamental en la historia de la globalización. Después de una breve revisión histórica desde la CECA al actual sistema euroliberal, Husson analiza las consecuencias del proceso de integración europeo. Lo que debería haber sido una senda de convergencia hacia arriba de los sistemas sociales de bienestar se ha acabado convirtiendo en la negación de esa Europa social regida por políticas económicas keynesianas. La construcción europea, particularmente la unión monetaria, tenía de entrada enormes complicaciones pues organizar un espacio económico donde coexisten países con niveles salariales y de productividad muy divergentes no es fácil sin grandes dosis de voluntad y coordinación política.

La lógica de la competencia, en plena contrarrevolución neoliberal, fue la bandera izada por los gobiernos, muchos de ellos socialdemócratas, para la mayor ola de privatizaciones de empresas y servicios públicos que jamás se haya visto. Los criterios de Maastritch fueron el corpiño definitivo para encauzar la política económica de los estados miembro: la moneda común y el pacto de estabilidad institucionalizaron la austeridad como única política económica posible. Los favorecidos, una vez más, han sido los grandes grupos empresariales que han visto flexibilizarse los mercados de trabajo y reducirse los salarios. La crisis, señala el autor, no ha hecho más que poner de manifiesto las incoherencias y asimetrías del sistema euro. Pero el objetivo del proceso de integración nunca fue tender a una mayor coordinación y convergencia, sino conseguir la liberalización económica, lógica que se acentúa tras la aplicación de las recetas de austeridad en el actual momento de crisis.

¿Qué es una crisis?

Las dos últimas lecciones abordan el fenómeno de la crisis y la recesión actual. Husson explica como la crisis es intrínseca a la dinámica capitalista y establece cuatro dimensiones para entender como las grandes crisis y sus posteriores consecuencias dieron lugar a las diferentes fases del capitalismo: régimen de acumulación (la economía), paradigma tecnológico (la técnica), regulación social (lo social) y división internacional de trabajo (lo internacional). Una de las conclusiones más contundentes es que los llamados “treinta gloriosos” fueron, en realidad, un paréntesis, una anomalía, en la historia del capitalismo. La crisis de los 70 presentó un aumento de las tasas de desempleo junto con una progresiva caída del crecimiento de la productividad. El auge del neoliberalismo puso fin al crecimiento del Estado de bienestar y estigmatizó la inflación, gran enemiga del capital financiero, que iniciaba un proceso de crecimiento y hegemonía que dura hasta nuestros días. La agenda neoliberal sirvió a los intereses del capital en un momento en que las políticas clásicas de relanzamiento de la economía no funcionaron. Esta nueva fase se caracterizó por un descenso del peso de los salarios y un alza de la tasa de beneficios, simultáneamente al estancamiento de la tasa de acumulación (inversión) y al aumento de la parte destinada a los dividendos de los accionistas. La crisis actual, en lugar de presentar un retorno al tipo de capitalismo regulado, está suponiendo una profundización de las políticas neoliberales junto con una regulación caótica incapaz de hacer frente a las contradicciones que caracterizan el capitalismo en su fase de globalización o internacionalización.

Directos al precipicio

Por último, quienes piensen que el capitalismo verá su fin tras una gran crisis que haga insoportables sus contradicciones no pueden andar más equivocados. Husson es categórico: el capitalismo no es una fruta madura y no se hundirá a pesar de su pérdida de eficacia. La idea misma de una “crisis final” es intrínsecamente absurda, porque el capitalismo no es solamente un modelo económico, sino un conjunto de relaciones sociales; y éstas sólo pueden ser cuestionadas por la iniciativa de fuerzas sociales decididas a superarlas.

La mejor contribución que se puede hacer a la crítica del capitalismo y a la construcción de una teoría que sea una enmienda a la totalidad del sistema es la adecuada explicación de cómo funciona realmente. No hay nada más frustrante y estéril que construir una teoría o emprender una acción política a partir de premisas erróneas. Es necesario conocer qué se esconde detrás de los velos ideológicos con los que se pretende naturalizar relaciones de explotación y dominación que no son más que históricas y sociales, por tanto combatibles y transformables. Para ello hay que tener conciencia de cómo funciona la sociedad, y las 10 lecciones de Husson son un buen comienzo: riguroso, pedagógico y estimulante.

Ivan Gordillo miembro del Seminari D’economía Crítica Taifa

1/ Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones, Los libros de Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid, 2013.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article8354

 

Seis meses de papado de Francisco

Español: San Francisco de Asís (1550), obra de...
Español: San Francisco de Asís (1550), obra de Francisco Giralte. Procede de la colección del Conde de Güell. Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid (España). (Photo credit: Wikipedia)

 

Seis meses de papado de Francisco   ¿Margaritas en el Vaticano?

 

 

 

Quia vidisti me, credidisti. Beati, qui non viderunt et crediderunt! ”

 

 

Ver para creer. Ángulo inferior izquierdo de la portada del “cotidiano comunista” Il Manifesto del domingo 15 de septiembre de 2013. Antetítulo: Tras la carta a Repubblica, segunda postal del papa alManifesto. Titular: “Mirad los ojos de los niños sin vida”. Firmado: Francesco. Traduzco el texto:

Numerosas llamadas y cartas de sorpresa y consenso, y alguna de contrariedad, a los breves mensajes del papa “en un cotidiano comunista”. También nos ha llamado la [agencia de prensa] ANSA. Solo podemos confirmar la procedencia inequívoca del otro lado del Tíber [NdT: el Vaticano] y la segura paternidad de Francisco de las “postales” al Manifesto. Ayer llegó otro breve mensaje que, por su intensidad, les proponemos inmediatamente.

Queridos hermanos y hermanas, buenos días. Gracias por esta hospitalidad. Para mí es un deber escribir más allá de la soledad de la comunidad y en la comunión del silencio. Quisiera hablar aún de la guerra, la nueva guerra que nos amenaza en Siria, aunque hombres de buena voluntad se ocupan en estas horas de encontrar una solución de diálogo, la única posible. Lamento que un hombre recto, el presidente de una gran potencia, para convencer a su pueblo de la intervención militar haya abierto la ventana de los horrores. “Miren -dijo- a los ojos de los niños muertos por las armas químicas, miren esos ojos, esa mirada fija”. El Nuncio estadounidense me revela que se han distribuido fotos de esos ojos a los pilotos de los cazabombarderos. Cómo no asustarse. Hablando desde la plaza de San Pedro, yo también expresé mi dolor por esos niños destrozados. Miré aquellos rostros y aquellos ojos. ¿Acaso nos dicen ahora que hay que hacer otra guerra y matar todavía más inocentes, como ya ocurre en otras partes del mundo? No. Eso significaría matarlos dos veces, hacer otro estrago. Cierto: quienquiera que haya sido el criminal culpable, tiene que pagar: ante los hombres y ante Dios. Pero la respuesta no es la guerra que produce en todo el mundo ojos de niños sin vida ni sonrisa. En la plaza de San Pedro hablé también del mercado de las armas: no hay un mercado bueno de armas legales y otro malo de armas ilegales. Están fuera de la ley todas las armas. Y la guerra. Abandonen todo vana pretensión de intervención militar. Que la paz esté con nosotros.

El pasado 13 de septiembre, día en que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informaba de que en los últimos 40 días habían llegado 3.300 refugiados sirios en pateras hasta las costas de Sicilia, en el periódico Il Manifesto habían recibido con gran sorpresa el primer email del papa Francisco. Decía así esa primera “postal” de Bergoglio:

Hermanos, buenos días. He leído en los periódicos que, visitando un centro de acogida para inmigrantes, yo, al parecer, solo dije: “Abrámosles los conventos cerrados”. En realidad, dije, pensé y comuniqué mucho más. Quisiera explicarme mejor, pues la idea es esta: no crear riqueza ni beneficio con estructuras de la Iglesia, que debe volver a ser pobre. Cristo, en su edad adulta, era un sin techo. Así pues, abramos también los conventos abiertos, los que se han transformado en hoteles de cinco estrellas, los que se han convertido en apartamentos de altos prelados, direcciones de sedicentes óperas pías, confiados a confraternidades multinacionales de santos que ni siquiera yo conozco. Que se conviertan en albergues internacionales de acogida y de paz, como deberían hacerlo, una vez transformadas, todas las bases militares del mundo. Roma, cuna de la cristiandad, también es el corazón hotelero y de negocios del catolicismo organizado. Lo cierro a partir de hoy. Ayúdenme a cerrarlo. La Iglesia no es una renta inmueble: pertenece a los senderos de la humanidad. Universalistas y ecumenistas del mundo, únanse.

Recién se cumplieron seis meses del papado de Francisco, tiempo suficiente para hacer un primer balance. A los más desconfiados no les convencieron enseguida los primeros gestos del nuevo papa: la revolucionaria elección del nombre de Francisco en honor de San Francisco de Asís, el cambio de liturgia, protocolo, ropa, lenguaje. Para juzgar a un papa, conviene fijarse en lo sustancial: su acción como jefe de Estado. Ver qué ejemplo predica cuando toca las opacas esferas del poder y el dinero vaticano. Y ahí la acusación de Graciela Yorio, la hermana del sacerdote Orlando Yorio, quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976, invitaba a la prudencia total: “Es la persona indicada para tapar la podredumbre. Es el experto en tapar”. Eso dijo la Yorio cuando lo eligieron para el trono de Pedro.

Había que esperar y ver lo que ocurría con el banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), con las finanzas vaticanas y con la Curia, es decir, con el gobierno del Vaticano. En el mes de mayo, Ernst Von Freyberg, el nuevo presidente del IOR, abogado de familia noble, miembro de la orden de Malta, alto directivo de una empresa de trabajo temporal y presidente de unos astilleros en los que se construyeron buques de guerra para la Marina alemana, recibió a la prensa y anunció que, para limpiar la mala imagen del IOR aplicaría una política de tolerancia cero, para lo cual había contratado “a los máximos consultores del mundo expertos en políticas de antilavado de dinero, Promontory, de Estados Unidos, para revisar una por una todas las cuentas que tenemos [serían 19.000] y para revisar nuestros procedimientos y estructuras para que cumplamos con los máximos estándares internacionales en antilavado de dinero”. La consultora Promontory se había ocupado de “limpiar” varios escándalos financieros en corporaciones como AIGCitigroupMorgan Stanley o Allied Irish Banks. Posteriormente Von Freyberg informó de la publicación en Internet de un “Informe anual” a partir de este año.

En realidad, Francisco había iniciado la reforma “cultural” del banco del Vaticano el pasado mes de abril cuando suprimió el pago de 25.000 euros anuales a cada uno de los cardenales de la Comisión Cardenalicia de Vigilancia: los italianos Tarcisio Bertone  y Domenico Calcagno, el brasileño Odilo Scherer, el francés Jean-Louis Tauran y el indio Telesphore Placidus Toppo .

El día 26 de junio Francisco instituyó una comisión de investigación que estudiara la actuación del IOR y negó la posibilidad del secreto de oficio y de cualquier otra restricción para dicha Comisión. En efecto, daba carta blanca a los miembros de esa Comisión para que entraran en las entrañas de la banca vaticana. No es de extrañar entonces que el 1 de julio dimitieran el antiguo director y subdirector del IOR, protagonistas de la gestión anterior. Aire nuevo.

El 19 de julio Bergoglio constituyó otra comisión de investigación, que se ocuparía de la simplificación y racionalización de los organismos existentes y de una más cuidadosa planificación de las actividades económicas de todas las administraciones de la Santa Sede “para evitar el dispendio de recursos económicos, para promover la transparencia en la adquisición de bienes y servicios, para perfeccionar la administración del patrimonio mueble e inmueble para operar cada vez con mayor prudencia en el sector financiero, para garantizar la correcta aplicación de los criterios contables y garantizar asistencia sanitaria y seguridad social a todos los que tienen derecho”. Según lo declarado, Francisco quería ver claro en las oscuras cuentas vaticanas.

Había comenzado también una operación de limpieza de las finanzas vaticanas que no sólo afectaba a las actividades pastorales sino también a las caritativas de la Santa Sede. Cierto que no se trata de una revolución total, sino que parte de y colabora con el establishment, como demuestra que ya en junio el Banco Santander había dado su disponibilidad para poner a disposición de la Prefectura sus conocimientos y recursos formativos procedentes de su amplia red de relaciones con el mundo universitario internacional 2. El perfil de los miembros de la Comisión es claramente conservador e institucional: como presidente, un economista maltés ex presidente del comité nacional para la introducción del euro en la isla, miembro del consejo directivo de la principal sociedad de consultoría maltesa; como secretario, monseñor Vallejo Balda, miembro del Opus Dei, desde 2011 secretario de la Prefectura de asuntos económicos de la Santa Sede, etc.

Pese a todo, llegaban señales de nuevos tiempos en el Vaticano, y Leonardo Boff escribía un artículo augurándose una “primavera vaticana”. Sin embargo, comenzaron a circular voces y críticas sobre los nombramientos de papa Francisco 3. El papa recibió información sobre los escándalos homosexuales en Uruguay de monseñor Battista Ricca, el prelado que, nombrado el 15 de junio, controlaría a la comisión investigadora y el consejo de administración del IOR. Battista Ricca ha sido confirmado en el cargo y el papa dijo que se había abierto una investigatio previa, según lo previsto por el derecho canónico. Además, ha dado también qué hablar el nombramiento de Francesca Immacolata Chaouqui como miembro de la comisión de reordenamiento de los departamentos económico-administrativos del Vaticano. La han acusado de ser uno de los cuervos que filtraron los vatileaks. Según información aparecida en el diario Il Giornale, propiedad de la familia Berlusconi, en su cuenta twitter había tres mensajes muy polémicos. Uno decía que el cardenal Bertone era un corrupto; otro, que el exministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, era homosexual, y un último, que Ratzinger sufría de leucemia 4. A finales de agosto un cardenal ha entregado al papa un informe en el que se afirma que varios de esos tweets de la cuenta de Francesca Chaouqui son falsos 5.

El 31 de agosto tuvo lugar el paso de poder más esperado: renunció el antiguo Secretario de Estado, el poderoso cardenal Bertone, y fue nombrado monseñor Pietro Parolin para el cargo. Con el nombramiento de Parolin, nacido en 1955, con carrera diplomática en Nigeria, México y reciente nuncio en Venezuela, terminan los siete años de gobierno de Bertone, que ha estado marcado por los escándalos del banco vaticano y los vatileaks. Bertone, al dejar el cargo, denunció que en los dos últimos años le han destinado acusaciones injustas y que había una “red de cuervos y víboras”. Salió dando un portazo.

Los vaticanistas se preguntan si estas señales son presagio de una nueva oleada de leaks vaticanos en otoño. Es muy posible teniendo en cuenta que entre dinero, poder y evangelio no habrá jamás convivencia pacífica. Un incrédulo, al leer una crítica del papa al bombardero Obama y una petición de ayuda a cambiar la iglesia y hacerla más pobre, más para los pobres, en un periódico “comunista”, no puede sino observar, con toda prudencia, que, aunque es otoño, han salido un par de margaritas. ¿Durarán? Creer para ver.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Un propósito

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                                                    Domingo Nuñez Polanco junto al oleo de Duarte pintado por Miguel  Nuñez, pintor de la Patria
La experiencia ha comprobado que toda persona, todo conglomerado humano, todo país, para poder progresar necesita un propósito.

En 1844, nuestro propósito era la independencia, y contra todas las adversidades, fuimos a la guerra y salimos airosos.

En 1961, nuestro propósito era volver a respirar aires de libertad para en ella construir nuestro futuro, y lo logramos.

Pero en el ínterin nos hemos aburguesado, y nos importa poco lo colectivo, sino hacer lo que nos resulta beneficioso sin pensar en los demás.

Hemos perdido el propósito.

Las élites criollas, sean económicas, políticas o sociales, no conducen a esta sociedad, porque están muy ocupadas en atender sus asuntos. Les importa poco que el país esté siendo vendido a extranjeros, con tal de ellos sacar su tajada. No les interesa crear un orden social armónico, porque siempre se pueden ir a un país desarrollado a respirar el ordenado aire que no produce el Trópico.

Si aquí hubiese una élite gobernante, el desorden del tránsito se hubiese resuelto, y con él muchos otros problemas de orden social que requieren respeto por los demás y disciplina.

Si hubiese una burguesía nacional, la falta de energía eléctrica fuera cosa del pasado, porque energía eléctrica y orden social son dos prerrequisitos sine qua non del desarrollo.

Necesitamos un propósito común para salvar al país del desorden y la mediocridad en que está envuelto.

Propongan uno.

atejada@diariolibre.com

Lecciones de civismo y patriotismo

English: Colonel William C. Greene addressing ...
English: Colonel William C. Greene addressing crowd of Mexican workers during miners’ strike, 1906, Cananea, Mexico. Enlargement of part of original photo. (Photo credit: Wikipedia)
Es cierto y hasta innegable que en algunos sectores de la sociedad mexicana imperan el conformismo, la apatía y hasta la complacencia con el estado actual del país. Pero es igualmente cierto e innegable que en otros sectores es elevada la conciencia de clase, la rebeldía, el repudio al autoritarismo y el rechazo a un gobierno que desde hace 30 años dejó de velar por el interés de sus gobernados.

Entre esos sectores sociales con elevada conciencia de clase, con valentía, con espíritu de lucha y con amplias y sólidas motivaciones justicieras destacan los maestros mexicanos, en especial los de jardín de niños, los de primaria y los de secundaria, es decir, la inmensa mayoría de los mentores del país.

Son sin duda alguna los legítimos herederos de los huelguistas de Cananea y de Río Blanco, movimientos obreros precursores del estallido revolucionario de 1910. Y son igualmente legítimos herederos de las heroicas huelgas de ferrocarrileros, maestros, estudiantes y médicos de 1958-1965. Y lo son también de los no menos heroicos y nobles movimientos estudiantiles de 1968 y de los que en años posteriores se opusieron con éxito a la privatización de la educación superior que pretendieron los nefastos rectores y dóciles sirvientes de la oligarquía, Jorge Carpizo y José Barnés de Castro.

Y no sólo son herederos de aquellas nobleza y gallardía, de aquella elevada conciencia de clase, de aquella valentía, de aquel heroísmo; también lo son de los insultos, de las injurias, de las descalificaciones que provienen del poder político y económico. Y de los macanazos, los gases lacrimógenos y las balas, a veces de goma y a veces de plomo, de policías y soldados.

Hoy, como en aquellos años de inicua represión, el poder no escucha la voz dolida e indignada de los mejores hijos de la nación. Y además los apalea, los persigue, los difama, los calumnia, los encarcela. Y ante tanta cerrazón, sordera y maldad del poder, es necesario preguntarse qué induce a “nuestros” gobernantes a proceder de modo tan irracional.

¿Por qué se empecinan en llevar adelante una reforma educativa que de educativa sólo tiene el nombre y que es repudiada precisamente por los maestros que serían los encargados de ponerla en práctica?

¿Cuál es el propósito? ¿Privatizar la educación como privatizaron la telefonía, la siderurgia, la aviación, los puertos, los ferrocarriles, los bancos? Obviamente. El mercado educativo es grande, creciente y muy rentable. Millones de estudiantes que paguen colegiatura es el sueño dorado de los mercachifles disfrazados de empresarios educativos que ya lucran, aunque quieren más, con una bonita mercancía llamada proceso enseñanza-aprendizaje, de muy baja calidad pero de muy alto precio.

Contra ese avieso e hipócrita propósito se han alzado los maestros mexicanos. Y están dando lecciones de civismo y de patriotismo. Están enseñando, en la práctica, que los derechos no se mendigan y que debe lucharse por ellos. Y estas lecciones no son sólo para los 50 niños o jóvenes de cada grupo escolar. Son lecciones de dignidad, ética, congruencia y valor para toda la nación. Y para otras naciones, alrededor del mundo, que siguen de cerca y con simpatía la nueva insurrección cívica de un importante y lúcido sector del moderno proletariado mexicano.

Es probable, como ha ocurrido tantas y tantas veces a lo largo de la historia de las luchas sociales, que el poder político y el poder económico logren mediante el uso de la fuerza bruta vencer a la razón y a la cultura. Pero sería, como en 1958, en 1965, en 1968 y en 1987, una victoria pírrica, un fracaso mal disfrazado de triunfo. Y el anuncio de más y mayores conflictos sociales. Hasta que el Estado renuncie a su propósito privatizador de la educación, pues la educación pública es una conquista irreductible del pueblo mexicano.

Blog del autor: www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Malestar militante

La Otra Campaña
La Otra Campaña (Photo credit: bdebaca)
Ir a una concentración sin apenas asistencia. Estar con otras 2000 o 3000 personas en una plaza emblemática, siendo miradas con rareza por la gente que pasa a su alrededor; 2000 ó 3000 personas que gritarán sus consignas y se retirarán a casa, o que harán un pulso y cortarán las calles haciéndose oír de un punto a otro del centro de su ciudad. Pero, sea como sea, 2000 ó 3000 personas que sólo serán noticia si alguien acaba detenid@ o con la cabeza abierta.

Hacer un acto en tu barrio (un cine-fórum, una mesa redonda, una charla) a la que no van ni tus colegas no militantes, y en el que ves las mismas caras de siempre. Otra autocrítica y otro darle vueltas a la cabeza para ver cómo captar la atención de la gente. Otra resignación tras años que dice “no voy a maquillar mis discursos, la gente ya es mayorcita y sabe lo que se hace, si no vienen peor para ellos”. Preguntarte si esas palabras no tendrán, tristemente, más razón de la que quisiéramos.
Ver que, salvo en movimientos estudiantiles, la media de edad supera con creces la tuya. ¿Dónde está mi generación? ¿Dónde está la juventud de este país?
Discutir, discutir prácticamente con todo lo que te rodea.

Debates internos. Asambleas sin fuerza, las mismas caras en todas partes, grupos que se disuelven, ¿participar en un partido o no?, ¿ir a las manis de CCOO, no ir o ir en bloque crítico?, ¿qué hacer con IU?, ¿y con el Frente Cívico?, ¿y con el 25-S?, ¿tomar el congreso o no?, ¿qué pasa con el 15-M?, ¿dónde está el 15-M?, ¿son compañer@s de lucha realmente todos los grupos que marchan juntos en una manifestación? ¿Resistencia pasiva o activa?

Debates teóricos. ¿Participar en las instituciones o no? ¿Reforma o revolución? ¿Los autores clásicos o los nuevos movimientos? ¿Son incompatibles? ¿Partido o movimiento social? ¿Un cambio desde arriba o desde abajo? ¿Hace falta un líder o no? ¿Puede hacerse un cambio político y social sin la toma de las instituciones? o, al contrario, ¿puede hacerse un cambio político y social una vez has entrado en la lógica del poder? ¿Puede un proyecto revolucionario perdurar en el tiempo y resistir ataques con una metodología asamblearia? ¿Puede un proyecto revolucionario no pervertirse ni reproducir otra jerarquía si no usa la disciplina y mano dura necesaria para perpetuarse como estructura? ¿Hay algún ejemplo a seguir? ¿A dónde miramos: a las colectividades anarquistas, a la URSS, a Cuba, a Venezuela… a Finlandia? ¿O acaso el mayor miedo es que no haya ningún ejemplo real de cambio a gran escala? ¿Qué es socialismo y qué no? Y, más importante aún, ¿qué es capitalismo y qué no?

Debates históricos. El PCE y la CNT en la Guerra Civil. El Ejército Rojo y Kronstadt. Lenin y Luxemburgo. Stalin y Trotsky. Stalin y Tito. Mao y los rusos. Hungría. Molotov-Ribbentrop. El “socialismo real”. El muro.

Debates viscerales. La bandera, los toros, la iglesia, el nacionalismo. La ideología religiosa. La ideología secular. El fanatismo, el dogmatismo, el pragmatismo, el “noterminodetenerloclaro-ismo”. ¿Todo el mundo está tan convencido de lo que dice? ¿Soy el único que duda?

Debates absurdos. Contra la masa políticamente analfabeta, individualista, sin ganas de entender cualquier postura que no sea la suya. Contra gente completamente ajena a todas las sutilezas, dilemas, corrientes y debates de la izquierda, y que se cree capaz de tumbar tus argumentos diciendo “el comunismo es dictadura” o “la anarquía es imposible” o “entonces nadie trabajaría” o cualquier otra joya del intelecto. Contra gente que repite dogmas liberales y titulares de ABC como si fuesen leyes de la física (y ni las leyes de la física se pronuncian con tanta seguridad). Contra el progrerío que, en su afán de corrección política, no es más que la versión “light” del enemigo.

Debates, por suerte, sazonados entre conversaciones con compañer@s, con gente que sabe menos pero quiere aprender, o con gente que sabe más y tiene la paciencia que tú deberías.

Luchar por algo concreto, “pequeño” pero imprescindible: un desahucio, un ERE, una industria cancerígena en tu barrio, los CIES, un presidente mafioso. Luchar por algo abstracto, inabarcable pero imprescindible: la libertad, la justicia social, la emancipación de los pueblos.

Una contradicción. Y otra. Y otra. La inevitable incompatibilidad entre los hábitos de vida y consumo en que nos educaron y la conciencia que nos guía; la esquizofrenia al ver que todo, absolutamente todo, a tu alrededor está manchado de sangre o es insostenible. Y otra contradicción, y otra y otra. Pero la resolución de estas contradicciones es el motor del progreso. O eso dicen.

Una carga policial. La rabia, los nervios, la sobreexcitación y, en cierto modo, el orgullo de haber resistido. La cotidianeidad. Ya ves a gente de fiesta o de compras paseando tranquilamente entre antidisturbios armados con escopetas. El aumento de la represión y las detenciones. La gente que cree que es mentira, que no pasa. La gente que sabe que pasa y por eso no sale. La gente que sabe que pasa y, directamente, le da igual o lo aprueba.

Ver furgones de la UIP yendo a Moratalaz y preguntarte quién irá dentro… O si algún día irás tú.

La esperanza de que, a medida que la crisis profundice, los movimientos sociales y políticos se fortalecerán; esperanza que cada vez parece más ilusa. ¿Hará falta un estallido? Y el próximo estallido… ¿será con el espíritu de la Acampada Sol o habrá un cambio en las reglas del juego?

Predicar en el desierto. ¡Moveos, hostia! ¡Moveos! Da igual con qué palabras lo expliques, cuántas razones des, cuán jodida esté la gente. Evidentemente, much@s despiertan o se levantan (especialmente cuando les toca directamente), pero la inmensa mayoría… ¿dónde está?

L@s iluminad@s… L@s de fuera, aportándote las soluciones mágicas: “haced un partido”; “deberíais uniros todos los grupos de izquierda”; “lo que hace falta es que la gente se levante y tome el congreso”. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Jamás se nos habría ocurrido! ¡Si formamos un partido, exijo que vuestro brillante análisis político encabece nuestra lista!

Y l@s de dentro… teorías conspiratorias, fórmulas mágicas, poseedor@s de la verdad absoluta, místic@s… “Voy a hacer la revolución con mis 30 colegas y si las masas no se unen, en vez de analizar por qué, me dedicaré a patalear y a decir que Grecia y Turquía molan más.”

Ser ecologista, decrecentista, ver cómo se cierne el pico del petróleo y el fin de la sociedad industrial… tener datos más que sólidos, y que ni tus compañer@s de viaje de las izquierdas se crean lo que estás diciendo. La ideología industrial, desarrollista, que ha cortado nuestro cordón con la naturaleza y ha hecho a todo el mundo pensar que podíamos vivir sin ella.

¿Son posibles los cambios inmediatos que necesita el planeta en una estructura social que sólo puede hacer cambios a esa velocidad mediante el despotismo? ¿Cómo construir otra estructura horizontal desde abajo antes de que el planeta llegue a sus límites y quiebre el capitalismo global tal y como lo conocemos?

Un grupo de consumo, una red de huertos urbanos o ecológicos, otra cooperativa integral, un pueblo en transición… otra moneda social cambiando el mundo desde la base.

Un círculo que se estrecha. La crisis, o te toca, o va cercándote. La represión, lo mismo.

Y, al mismo tiempo, seguir porque sabes que no puedes hacer otra cosa. Porque cuando entiendes ciertas cosas, no hay marcha atrás. Y porque la dinámica del capital, su crisis y su agotamiento de recursos no va a desaparecer porque yo dejé de pensar en ella.

Y, al mismo tiempo, tener la conciencia tranquila, un sentido de vida, otra escala de valores.

Frente a nosotr@s, la maquinaría de acumulación, explotación y división social más eficiente de la historia; el individualismo; los discursos reaccionarios y emocionales; la mayor bajeza, ignorancia y crueldad del género humano.

A nuestro lado, la Historia y su evidencia; el instinto de vida; toda la potencialidad constructiva del ser humano; el planeta y la razón de sus recursos limitados.

Y, mientras tanto, mover ficha, esperar, mover ficha, esperar, mover ficha… esperar… esperar… esperar… a que algo pase.

Artículo elaborado por el grupo de opinión “El Faro Crítico“.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

LOS ARRIBISTAS: Los seres humanos más insípidos hicieron posibles los mayores crímenes de la historia humana.

Los seres humanos más insípidos hicieron posibles los mayores crímenes de la historia humana. Son los arribistas. Los burócratas. Los cínicos. Realizan las pequeñas tareas que hacen que vastos, complicados sistemas de explotación y muerte se conviertan en realidad. Recolectan y leen los datos personales reunidos sobre docenas de millones de nosotros por el Estado de seguridad y vigilancia. Llevan las cuentas de ExxonMobil, BP y Goldman Sachs. Construyen o pilotan drones aéreos. Trabajan en la publicidad y en las relaciones públicas corporativas. Emiten los formularios.

Procesan los papeles. Niegan cupones alimentarios a algunos y prestaciones de desempleo o cobertura médica a otros. Imponen las leyes y las regulaciones. Y no hacen preguntas.

Bueno. Malo. Esas palabras no significan nada para ellos. Están más allá de la moralidad.

Existen para que funcionen los sistemas corporativos. Si las compañías de seguros abandonan a decenas de millones de enfermos para que sufran y mueran, que así sea. Si los bancos y los departamentos de alguaciles expulsan a familias de sus casas, que así sea. Si las empresas financieras roban los ahorros de los ciudadanos, que así sea. Si el gobierno cierra escuelas y bibliotecas, que así sea. Si militares asesinan niños en Pakistán o Afganistán, que así sea. Si unos especuladores de productos básicos aumentan el coste del arroz, del maíz y del trigo hasta que sean inasequibles para cientos de millones de pobres en todo el planeta, que así sea. Sirven al sistema. Al dios del beneficio y la explotación. La fuerza más peligrosa en el mundo industrializado no proviene de los que albergan credos radicales, sea radicalismo islámico o fundamentalismo cristiano, sino de legiones de burócratas anónimos que trepan por la maquinarias corporativas y gubernamentales. Sirven cualquier sistema que satisfaga su patética cuota de necesidades.

Esos administradores de sistemas no creen en nada. No conocen la lealtad. No tienen raíces. No piensan más allá de sus ínfimos e insignificantes roles. Son ciegos y sorgos. Son terriblemente analfabetos, al menos respecto a las grandes ideas y modelos de civilización e historia humanas. Y los producimos en universidades. Abogados, tecnócratas, especialistas empresariales. Gerentes de finanzas. Especialistas en tecnología de la información. Consultores. Ingenieros petroleros. “Psicólogos positivos”. Especialistas en comunicaciones. Cadetes. Vendedores. Programadores. Hombres y mujeres que no saben de historia, que no saben de ideas. Viven y piensan en un vacío intelectual, un mundo de menudencias embrutecedoras. Son “los hombres huecos” de T.S. Eliot, “los hombres rellenos”, “figuras sin forma, sombras sin color”, escribió el poeta. “Fuerza paralizada, ademán sin movimiento”.
Fueron los arribistas los que hicieron posibles los genocidios, desde la exterminación de los americanos nativos a la matanza de armenios por parte de los turcos, del Holocausto nazi a las liquidaciones de Stalin. Fueron los que mantuvieron en funcionamiento los trenes. Rellenaron los formularios y dirigieron las confiscaciones de propiedades. Racionaron los alimentos mientras los niños morían de hambre. Fabricaron las armas. Dirigieron las prisiones. Impusieron restricciones de viajes, confiscaron pasaportes y cuentas bancarias e impusieron la segregación. Hicieron cumplir la ley. Hicieron su trabajo.
Arribistas políticos y militares, respaldados por especuladores con la guerra, nos han llevado a guerras inútiles, incluida la Primera Guerra Mundial, Vietnam, Iraq y Afganistán. Y millones los siguieron. Deber. Honor. Patria. Carnavales de la muerte. Nos sacrifican a todos. En las fútiles batallas de Verdún y la Somme en la Primera Guerra Mundial, 1,8 millones resultaron muertos heridos o jamás encontrados en ambos lados, A pesar de los mares de muertos, en julio de 1917 el mariscal de campo británico Douglas Haig  condenó a aún más personas en el fango de Passchendaele. En noviembre, cuando era obvio que su prometida ofensiva de penetración en Passchendaele había fracasado, se deshizo del objetivo inicial –como lo hicimos en Iraq cuando resultó que no había armas de destrucción masiva y en Afganistán cuando al Qaida abandonó el país– y optó por una simple guerra de desgaste. Haig “vencería” si morían más alemanes que tropas aliadas. La muerte como tarjeta de puntuación. Passchendaele costó 600.000 vidas a ambos lados del frente antes de terminar. No es una historia nueva. Los generales son casi siempre bufones. Los soldados siguieron a Juan el Ciego, que había perdido la vista una década antes, hacia una resonante derrota en la Batalla de Crécy en 1337 durante la Guerra de Cien Años. Solo descubrimos que los líderes son mediocres cuando es demasiado tarde.
David Lloyd George,  primer ministro británico durante la campaña de Passchendaele, escribió en sus memorias “[Antes de la batalla de Passchendaele] el Estado Mayor del Cuerpo de Tanques preparó mapas para mostrar cómo un mapa que aniquilara el alcantarillado conduciría inevitablemente a una serie de estanques y ubicaron los sitios exactos en los que se reunirían las aguas. La única respuesta fue una orden perentoria de que ‘no envíen más de esos mapas ridículos’. Los mapas deben ajustarse a los planes y no los planes a los mapas. Los hechos que interferían con los planes fueron calificados de impertinentes.”
Esta es la explicación del motivo por el cual nuestras elites gobernantes no hacen nada respecto al cambio climático, se niegan a responder racionalmente a la crisis económica y son incapaces de encarar el colapso de la globalización y del imperio. Estas son las circunstancias que interfieren con la propia viabilidad y sustentabilidad del sistema. Y los burócratas solo saben cómo servir al sistema. Conocen solo las habilidades administrativas que ingirieron en West Point o en la Escuela de Negocios de Harvard. No pueden pensar por su propia cuenta. No pueden desafiar suposiciones o estructuras. No pueden reconocer intelectual o emocionalmente que el sistema puede hacer implosión. Y por lo tanto, hacen lo que Napoleón advirtió que era el peor error que un general puede cometer:  pintar un cuadro imaginario de una situación y aceptarlo cómo real. Pero ignoramos despreocupadamente la realidad junto con ellos. La manía por un fin feliz nos ciega. No queremos creer lo que vemos. Es demasiado deprimente. Por lo tanto, nos retiramos hacia el auto-engaño colectivo.
En la monumental cinta documental de Claude Lanzmann, Shoah, sobre el Holocausto, entrevista a Filip Müller, un judío checo que sobrevivió las liquidaciones en Auschwitz como miembro del “equipo especial”. Müller relata esta historia:
Un día en 1943 cuando ya estaba en el Crematorio 5, llegó un tren de Bialystok. Un prisionero en el ‘equipo especial’ vio a una mujer en la ‘sala de desvestirse’ quien era la esposa de un amigo suyo. Salió inmediatamente y le dijo: ‘Vais a ser exterminados. En tres horas seréis cenizas.’ La mujer le creyó porque lo conocía. Corrió por todo el lugar y advirtió a las otras mujeres. ‘Nos van a matar. Vamos a ser gaseados’. Las madres que llevaban sus hijos sobre sus hombros no querían oír algo semejante. Decidieron que la mujer estaba loca. La ahuyentaron. Fue donde los hombres. No sirvió para nada. No es que no le hayan creído. Habían oído rumores en el gueto de Bialystok, o en Grodno, y otros sitios. ¿Pero quién quería creer algo semejante? Cuando vio que nadie escuchaba, rasguñó toda su cara. Por desesperación. En choque. Y comenzó a gritar.
Blaise Pascal escribió en Pensamientos “Corremos descuidados hacia el precipicio, después que hemos puesto delante de nosotros alguna cosa para impedirnos verlo”.
Hannah Arendt, al escribir “Eichmann en Jerusalén” señaló que lo que motivaba primordialmente a Adolf Eichmann era  “una extraordinaria diligencia en la busca de su progreso personal”. Se unió al Partido Nazi porque era un buen paso para su carrera. “El problema con Eichmann”, escribió, “era ser precisamente lo que muchos eran al igual él y que estos muchos no eran ni pervertidos ni sádicos sino que eran, y siguen siendo, terrible y horriblemente normales.”
“Cuanto más se le escuchaba, más obvio se hacía que su incapacidad de hablar estaba estrechamente relacionada con su incapacidad de pensar, es decir, de pensar desde el punto de vista de los demás”, escribió Arendt. “Ninguna comunicación con él era posible, no porque mintiera sino porque estaba rodeado por la más fiable de todas las salvaguardas contra palabras y la presencia de otros, y por ello contra la realidad como tal”.
Gitta Sereny plantea lo mismo en su libro En aquellas tinieblas sobre Franz Stangl, el comandante de Treblinka. Su misión en la SS representó una promoción para el policía austríaco. Stangl no era un sádico. Era de voz suave y cortés. Quería mucho a su esposa y a sus hijos. A diferencia de la mayoría de los oficiales nazis en los campos, no convertía a mujeres judías en concubinas. Era eficiente y muy organizado. Se enorgullecía por haber recibido un elogio oficial como “mejor comandante de campo en Polonia”. Los prisioneros eran simples objetos. Bienes. “Era mi profesión” dijo. “Me gustaba. Me satisfacía. Y sí, era ambicioso al respecto, no lo niego”. Cuando Sereny preguntó a Stangl cómo siendo padre podía matar niños, respondió que “pocas veces los veía como individuos. Siempre se trataba de una inmensa masa… Estaban desnudos, apiñados, corrían, eran impulsados con látigos…”. Después dijo a Sereny que cuando leía sobre ratas campestres le recordaban Treblinka.
La colección de ensayos de Christopher Browning El camino al genocidio señala que los que posibilitaron el Holocausto eran burócratas “moderados”, “normales”. Germaine Tillion señaló “la trágica holgura [durante el Holocausto] con la cual personas ‘decentes’ se podían convertir en los más crueles verdugos sin parecer darse cuenta de lo que les estaba sucediendo”. El novelista ruso Vasily Grossman en su libro Todo fluye observó que “el nuevo Estado no requería santos apóstoles, constructores fanáticos, inspirados, discípulos fieles, devotos. El nuevo Estado ni siquiera requería sirvientes, solo oficinistas.”
La doctora Ella Lingens-Reiner escribió en Prisioneros del miedo, su abrasador recuerdo de Auschwitz, que “para mí los tipos más repugnantes de la SS eran los cínicos que ya no creían auténticamente en su causa, pero que seguían acumulando su culpabilidad sangrienta por sí misma”. “Esos cínicos no eran siempre brutales con los prisioneros, su conducta cambiaba según su humor. No tomaban nada en serio – ni a sí mismos ni a su causa, ni a nosotros, ni nuestra situación. Uno de los peores era el doctor Mengele, el Doctor del Campo que he mencionado anteriormente. Cuando un grupo de judíos recién llegados eran clasificado entre los adecuados para el trabajo y los adecuados para la muerte, silbaba una melodía y movía rítmicamente su dedo pulgar hacia su hombro derecho o izquierdo – con lo que quería decir ‘gas’ o ‘trabajo’. Pensaba que las condiciones en el campo eran pésimas, e incluso hizo algunas cosas para mejorarlas, pero al mismo tiempo cometía crueles asesinatos, sin ningún escrúpulo”.
Esos ejércitos de burócratas sirven un sistema corporativo que terminará por matarnos literalmente. Son tan fríos y desconectados como Mengele. Realizan tareas minuciosas. Son dóciles. Conformistas. Obedecen. Encuentran su valor propio en el prestigio y el poder de la corporación, en el estatus de sus posiciones y en las promociones en sus carreras. Se reconfortan en su propia bondad mediante sus actos privados como esposos, esposas, madres y padres. Participan en consejos escolares. Van al Rotary Club. Asisten a la iglesia. Es esquizofrenia moral. Erigen muros para crear una consciencia aislada. Posibilitan los objetivos letales de ExxonMobil o Goldman Sachs o Raytheon o las compañías de seguros. Destruyen el ecosistema, la economía y la política y convierten a trabajadores y trabajadoras en siervos empobrecidos. No sienten nada. La candidez metafísica termina en el asesinato. Fragmenta el mundo. Pequeños actos de bondad y caridad disimulan el monstruoso mal que instigan. Y el sistema sigue adelante. Los casquetes polares se funden. Las sequías destruyen los cultivos. Los drones matan desde el cielo. El Estado se mueve inexorablemente para encadenarnos. Los enfermos mueren. Los pobres mueren de hambre. Las prisiones se repletan. Y el arribista, sigue adelante, haciendo su trabajo.
Chris Hedges, cuya columna se publica los lunes en Truthdig, pasó casi dos décadas como corresponsal extranjero en Centroamérica, Medio Oriente, África y los Balcanes. Ha informado desde más de 50 países y trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, en el cual fue corresponsal extranjero durante 15 años.
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JOSE TOMAS PEREZ: ¿Fábrica de presidentes?

El autor es exsenador del Distrito Nacional y miembro del Comité Político del PLD.

 José Tomás Pérez

La Constitución de los Estados Unidos se elaboró no solo para que fuera un instrumento de garantía de los derechos y deberes de sus ciudadanos, sino también para que sirviera de guardián vigilante de los principios democráticos que desde temprano establecieron sus líderes y padres fundadores.

La alternabilidad en el poder ha sido un factor clave para que esa gran nación se haya convertido en una auténtica fábrica de presidentes, fundamentada en el mandato constitucional que obliga a que los mismos solo pueden reelegirse una sola vez y nada más. Los padres fundadores nunca estuvieron ajenos al conocimiento de las debilidades y flaquezas que conlleva el ejercicio continuo del poder, y el apego que genera el mismo en hombres cuya naturaleza son la ambición desmedida o el afán de gloria.

Cuando se ejerce el poder una, dos, tres veces o más, la red de relaciones que se crean, los favores económicos que se dispensan, las dependencias políticas que se generan, los comunicadores remunerados que se ponen al servicio de la causa, los empresarios que se favorecen con las grandes contratas y las privilegiadas exoneraciones de impuestos, tejen entre todos un entramado de obstáculos que hacen casi imposible el surgimiento de nuevos liderazgos, especialmente dentro de  sociedades subdesarrolladas y con grandes debilidades institucionales como las que existen en la mayoría de los países del tercer mundo. La simbiosis de estos factores se constituye en los determinantes para la conformación de liderazgos absolutistas y apabullantes.

No queda espacio para más nadie  y solo el blindaje legal que provee una Constitución puede neutralizar semejante fenómeno. No es que no existan líderes que puedan levantar vuelo, es simplemente que no se le permite que levanten vuelo.

La historia, como siempre, es rica en ejemplo y lecciones. El PRI de México, con 71 años en el poder y 13 jefes de estado ha sido una auténtica fábrica de presidentes, no porque no le sobraba deseos a algunos de sus líderes de permanecer eternamente en el poder, sino porque la Constitución de la República solo le permitía un mandato de 6 años y nada más. Lo mismo puede decirse del El Salvador,  Panamá, Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica, países cuyos esquemas constitucionales han hecho posible el surgimiento de numerosos líderes que luego se convirtieron en presidentes.

En el caso de la República Dominicana, cuando se asumió el esquema de reelección norteamericana, se estaba sembrando las bases para la renovación del liderazgo político de los partidos. Pero, lastimosamente, la última modificación constitucional volvió a establecer de nuevo un régimen que, en la práctica, estará dirigido a favorecer el regreso de los que ya fueron presidentes, no de los que aspiran a serlo, a menos que no se imponga una verdadera política de renovación interna dentro de los partidos.

Es posible que el expresidente Leonel Fernández esté siendo sincero en su planteamiento para que el PLD se convierta en una fábrica de presidentes. Particularmente, no tengo porque dudarlo. Pero ¿podrá resistirse a la tentación que provocan aquellos factores, que encadenados, propician el absolutismo y el caudillismo dentro los partidos políticos? Se necesitaría mucha voluntad y una gran dosis de desapego para liberarse de estos condicionantes.

No importa que las tendencias ideológicas de los partidos sean de derecha o de izquierda, en estos países tercermundistas la historia del liderazgo ha sido la de permanecer, y si las circunstancias lo permiten, eternizarse. En el ala de la izquierda podemos citar muchísimos nombres, pero para no hacer la lista muy larga cabe  destacar en China a Mao Tse Tung, en Corea del Norte a Kim Il Sung  y su hijo, en Cuba a Fidel Castro, en la URSS a Joseph Stalin, en la antigua Yugoeslavia a Tito. En la derecha la lista es interminable, Hitler, Mussolini, Trujillo, Pinochet, Kadhafi, Duvalier, Francisco Franco, Sadham Hussein, y muchísimas especies más representantes de esta sanguinaria fauna de dictadores.

Los casos de Mandela o Benedicto XVI son raros en la historia. Ambos renunciaron a permanecer en el poder, cuando nadie se lo pedía. Sin embargo, renunciar desde el poder y convertirse en mentor de nuevas generaciones de líderes y gobernantes parece que no está en el esquema de la mayoría de los políticos tradicionales.

El expresidente Fernández tiene condiciones políticas y personales excepcionales para convertirse en un eficiente promotor del liderazgo dentro de su partido. No hay nada, sin embargo que lo obligue a hacerlo, como tampoco tiene obstáculos en su camino que le impida no hacerlo. Cada quien es dueño de su propio destino y el tiene el derecho de escoger el que encuentre más conveniente. Parafraseando al papa Francisco, diría que yo no soy nadie para recomendarle que se jubile.

Lo que si está claro es que El PLD será una fábrica de presidentes, solo cuando la Constitución de la República lo propicie o cuando el desapego de sus líderes se lo permitan. En 40 años de fundado, nuestro partido ha demostrado ser una fábrica muy poco eficiente en lo que a producción de presidentes se refiere.

Hasta hoy la producción solo ha alcanzado para dos.