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La Revolución Rusa, un nuevo aniversario

Postal Revolución Rusa
Se cumplen 96 años del triunfo de la Revolución Rusa. En 1871 la clase obrera y el pueblo de París había “tomado el cielo por asalto”, dando nacimiento a la Comuna, precoz ensayo de construcción de una nueva sociedad y un nuevo estado. Por su osadía los comuneros fueron reprimidos con una crueldad sin límite por los representantes de las “democracias” y la “civilización occidental y cristiana”. Pero la semilla de la Comuna, regada con la sangre de miles de víctimas, habría de germinar en el otro confín de Europa. En 1917, en un día como este jueves, los obreros, soldados y campesinos rusos retomaron el camino pero no ya en una ciudad sino en el país más extenso del planeta, Rusia. Habiendo asimilado las enseñanzas de la Comuna aquellos no se limitaron a tomar el cielo por asalto; hicieron lo propio con el Palacio de Invierno de los zares y en una jornada extraordinaria pusieron fin a siglos de cruel absolutismo monárquico, despotismo aristocrático e imperio de la ignorancia y la superstición.

Con la Revolución Rusa se abrieron las puertas de una nueva etapa en la historia de la humanidad por donde luego transitarían las revoluciones china, vietnamita y cubana, modificando drásticamente la correlación mundial de fuerzas y abriendo un espacio sin el cual ni los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo, ni los procesos de descolonización en África y Asia, ni las arriba mencionadas revoluciones habrían sido posibles. Sin el apoyo soviético difícilmente podría la revolución china haber sobrevivido a las acechanzas y ataques del imperialismo en sus primeros años; o el heroico pueblo vietnamita haber derrotado y humillado a los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam; o haber Cuba resistido la agresión yankee sin la colaboración que le brindara la Revolución Rusa. El balance histórico sobre lo que ésta ha significado es una tarea aún pendiente. Para los teóricos y publicistas de la derecha, y para algunos izquierdistas ofuscados por su dogmatismo, la historia de esa gran revolución se reduce a los horrores del estalinismo. Caprichosamente dejan de lado algunas cosas más que también ocurrieron y que no fueron para nada triviales: la contribución de la Unión Soviética a la derrota del nazismo fue decisiva e insustituible, pagando con casi veinte millones de muertos el precio de una hazaña que sólo violentando los hechos históricos se podría subestimar. El mundo no sería lo que es hoy si las fuerzas de Hitler hubieran triunfado en la Segunda Guerra Mundial. Transformó además a la sociedad más atrasada de Europa en una potencia industrial, tecnológica y militar, capaz de en el breve –históricamente hablando- plazo de cuarenta años tomar la delantera en la conquista del espacio al lanzar el primer satélite artificial y el primero tripulado por un hombre, Yuri Gagarin. La Revolución Rusa acabó con el analfabetismo, sentó las bases de una sociedad igualitaria como nunca antes había existido en país alguno e incorporó a la mujer a la vida social, otorgándole derechos que en los países capitalistas avanzados sólo serían en parte conquistados medio siglo después.

Desgraciadamente esta experiencia terminó muy mal: implosionó y se derrumbó sin que nadie saliera a la calle a defender una conquista histórica como la Revolución Rusa. Esto, por múltiples razones de orden interno –debilitamiento en el vínculo democrático entre masas, partido y estado y su sofocante burocratización; rigidez y deficiente manejo de la economía; incapacidad de responder ante los desafíos de la tercera revolución industrial, entre otros- y también de orden externo, entre los cuales sobresale la permanente hostilidad de las potencias imperialistas desde los mismos albores de la república soviética, la Guerra Fría y, en los años ochenta, los exorbitantes gastos militares que la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan obligó a incurrir en la Unión Soviética (y que también sembraron las semillas de la actual crisis financiera del estado norteamericano). Rindamos homenaje a esa empresa heroica, a la figura de Lenin, su genial conductor, y a los bolcheviques que tuvieron la audacia de acompañarlo y a los ex mencheviques, como Trotsky, que en Agosto de 1917 se unieron al partido de Lenin para consumar la más grande revolución social de toda la historia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

La revolución es un hermoso monstruo de mil cabezas

Entrevista a Michel Löwy
IHU
Todavía hoy encontramos en la izquierda esa visión idealista, neo-hegeliana que hace del filósofo, de la vanguardia o del partido, la «cabeza» de la revolución, afirma el sociólogo.Interrogado sobre los principales límites del pensamiento marxista y sobre el hecho de que el marxismo sea visto por muchos sectores académicos como retrógrado, Michel Löwy, en la entrevista que le concediera por e-mail al IHU On Line, subraya que el marxismo es un pensamiento en movimiento, que trata de superar los límites que se hallan presentes en la propia obra de Marx y de Engels «por ejemplo un tratamiento bastante deficiente del tema ecológico».
Para Löwy algunos sectores académicos confunden el marxismo con su retrógrada caricatura, el llamado «socialismo real» Y continúa : «otros identificados con la ideología dominante pretenden que el desarrollo capitalista es equivalente a “progreso”, y que el marxismo es “arcaico” por oponerse al crecimiento de los mercados y a la acumulación de capital».
Según el sociólogo marxista, Jena Paul Sartre tenía razón cuando decía que el marxismo es el horizonte intelectual de nuestro tiempo. Para él las tentativas de “superarlo” – postmodernidad, postmarxismo, etc – terminan siendo regresiones políticas y culturales “Como ya decían Rosa de Luxemburgo, Lukas y Gramsci cuando la humanidad termine con el capitalismo el marxismo podrá ser reemplazado por otras formas de pensamiento.
He aquí la entrevista.
- IHU On line : ¿Cuales son las características de la revolución en la obra del joven Marx ? ¿En que aspectos se modifica su teoría en sus escritos posteriores ?
- M.L. : En sus tesis sobre Feuerbach (1845) – el germen genial de una nueva concepción del mundo, según Engels – y en la ideología alemana (1846).
Marx inventa una nueva teoría que se podría definir como teoría de la praxis (el término es de Gramsci). Superando dialécticamente el idealismo neo-hegeliano – para quién los cambios en la sociedad comienzan por el cambio de las conciencias – y del materialismo vulgar – para lo que es necesario primero cambiar las « circunstancias » materiales -, afirma Marx en la Tesis n° III sobre Feuerbach ; en la praxis revolucionaria coinciden el cambio de las circunstancias y la automodificación de los individuos.
Como explica poco después en la ideología alemana ; una conciencia comunista de masas solo puede surgir de la acción, de la experiencia, de la lucha revolucionaria de las masas ; la revolución no solo se necesita para derribar a las clases dominantes sino también para que la clase subversiva se libere de la ideología dominante.
En otras palabras la única emancipación verdadera es la auto emancipación revolucionaria. Esa tesis constituirá un hilo rojo a través de toda su obra, aun cuando las formulaciones sean más directamente políticas y menos filosóficas. Por ejemplo en el célebre preámbulo de los Estatutos de la Primera Internacional : “La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores” Pero eso también vale para el Manifiesto comunista, para los escritos sobre la Comuna de París, etc.
¿Cómo se puede comprender la « dictadura del proletariado » frente a la democracia que emana de la teoría de la revolución comunista ?
La expresión «dictadura del proletariado» fue poco feliz. Pero como lo descostró el socialista usamericano Hal Draper lo que Marx y Engels querían referirse es al poder democrático de los trabajadores, tal como sucedió en la Comuna de París, en que hubo elecciones democráticas, pluripartidismo, libertad de expresión, etc. En el siglo XX esa expresión sirvió para justificar políticas autoritarias en nombre del comunismo que no se corresponden con el pensamiento de Marx.
¿Qué cambió en la izquierda desde el lanzamiento de la primera edición de « La revolución comunista en la obra del joven Marx » ?
El título de la primera edición (no la de la tesis del doctorado) era «La Teoría de la Revolución en el joven Marx», publicado por Ediciones Máspero en 1971 Desde entonces mucha agua corrió por el Sena y la versión estalinista de la izquierda que predominó en buena parte del siglo XX entró en crisis y prácticamente se desmoronó en todo el mundo. Quedó entonces confirmada, la tesis de Marx acerca de que la única revolución verdadera es la emancipación de los oprimidos.
En términos generales usted considera que la izquierda según las diferentes experiencias ; Unión Soviética, Este de Europa, América Latina, Europa, Brasil) entendió a Marx equivocadamente. ¿Por qué?
En la URSS en los primeros años, existió tal vez una comprensión equivocada del marxismo, una lectura del autoritarismo en ciertos textos. Pero a partir del estalinismo. A mediados de los años 20, ya no se trata de equivocación sino de una ideología de estado , pretendidamente marxista-leninista tendiente a justificar el poder totalitario de la burocracia y de sus políticas oportunistas. Infelizmente los partidos comunistas de Europa, América Latina y Brasil siguieron durante muchos años la orientación estalinista. Pero ya a partir de 1968 y sobre todo desde 1968 (la invasión a Checoslovaquia) muchos comunistas comenzaron a cuestionar esa ideología. En América Latina fue la Revolución Cubana la que provocó una profunda crisis en el movimiento comunista.
La revolución permanente de Trotsky ¿resulta una categoría adecuada para pensar en la izquierda actual? ¿Por qué?
La teoría de la revolución permanente de Trotsky, formulada en el contexto latinoamericano por José Carlos Mariátegui, en 1928 – es la única que plantea la dinámica de las revoluciones del siglo XX, la rusa de 1917, La china, yugoslava, vietnamita, cubana. En todos esos países una revolución democrática agraria y/o anticolonial se transforma en un proceso ininterrumpido – permanente – en revolución socialista. Lamentablemente todos esos procesos – con la parcial excepción de Cuba – terminaron en una degeneración burocrática.. No se trata de una fatalidad sino el producto de las circunstancias históricas. Lo que aún hoy tiene validez es la visión estratégica : las revoluciones en la periferia del sistema serán revoluciones socialistas, democráticas, agrarias y anti imperialistas al mismo tiempo : sino serán «caricaturas de revolución» como decía el Che Guevara. Dicho esto, no se puede aceptar la teoría de Trotsky como un dogma infalible : el preveía un papel dirigente de la clase obrera en estas revoluciones como sucedió en el caso de Rusia en 1917.
¿Cómo concilia la militancia socialista y la surrealista? ¿Cómo es que para el Trotskismo esas corrientes confluyen y se complementan?
El surrealismo es un movimiento romántico revolucionario, de reencantamiento del mundo con una vocación eminentemente subversiva y por lo tanto perfectamente compatible con la militancia socialista. Muchos poetas surrealistas, como por ejemplo Benjamin Paret que vivió muchos años en Brasil – no dejó nunca de militar y luchó en 1936/37 en las filas antifascistas en la guerra civil española.
En 1938, André Breton , el fundador del surrealismo, viajó a México para encontrarse con León Trotsky, que se hallaba exiliado en Coyoacán. Ambos redactaron junto un documento titulado Por un arte revolucionario independiente contra cualquier control del partido o del estado sobre la actividad poética artística independiente. Poco después se fundo la Federación Internacional de Arte Revolucionario Independiente – FIARI – en la que participaban surrealistas, trotskista y otros. Pero el surrealismo no se relacionó solo con el trotskismo también tuvo vínculos con el anarquismo especialmente en los años 50 y llegó a acercarse a la Cuba revolucionaria en los años 60. Sus simpatías se dirigían hacia todo movimiento auténticamente revolucionario.
¿Cuáles son los desafíos para una auto emancipación del proletariado en una sociedad «hechizada» por el consumo y por lo tanto por un trabajo que alimenta a esa maquinaria capitalista?
El hechizo del consumo y el fetichismo de la mercadería ejercen una considerable influencia en la población, pero en algunos momentos decisivos, el hechizo se rompe y la magia negra del capitalismo deja de funcionar y los proletarios, las juventudes, los oprimidos reaccionaran contra el sistema. La historia de América Latina en estas últimas décadas es una buena demostración.
El filósofo como cabeza y el proletariado como corazón de la revolución. ¿Hasta qué punto esa idea de Marx inspira a la izquierda de nuestro tiempo?
Esa idea de tipo netamente neo-hegeliano fue defendida por Marx a comienzos de 1844. Pero poco después impactado por el levantamiento de los tejedores de Silesia (al norte de Alemania) en junio de 1844, descubrió que también el proletariado es «filosófico» no necesita esperar a los neo-hegelianos para sublevarse. Todavía hoy en día encontramos en la izquierda esa visión idealista, neo-hegeliana, que hace del filosofo o del vanguardista o del partido la «cabeza» de la revolución. La revolución es un hermoso monstruo de mil cabezas.
¿Qué significan el movimiento de los indignados y de la primavera árabe? ¿Serían soplos de una nueva política?
La primavera árabe ha sido un magnífico levantamiento de la juventud árabe contra anacrónicas y sanguinarias dictaduras, Lamentablemente la victoria de los revolucionarios fue confiscada – provisoriamente esperamos – por las fuerzas islámicas conservadoras.
En cuanto al Movimiento de los indignados, se trata de otro contexto: la crisis del capitalismo en Europa y en los EE.UU. con dramáticas consecuencias para la población: desempleo, reducción de salarios y de las pensiones, pérdida de las viviendas, etc. La juventud plantea con este movimiento reivindicaciones, antineoliberales, democráticas, igualitarias y muchas veces anticapitalistas. Su denominador común es la indignación, un sentimiento esencial como necesario punto de partida de toda lucha y de toda transformación social. Sin indignación nada grande ni radical puede hacerse.
¿Cuáles son las principales limitaciones del pensamiento marxista? ¡Porqué muchos sectores académicos lo consideran retrógrado!
El marxismo es un pensamiento en movimiento que trata de superar los límites presentes en la misma obra de Marx y Engels: por ejemplo, el insuficiente tratamiento del tema ecológico. Algunos sectores académicos confunden el marxismo con su caricatura retrógrada, la ideología llamada «socialismo real» . Otros identificados con la ideología dominante pretenden que el desarrollo capitalista represente el «progreso», por ser el marxismo arcaico al oponerse a la expansión del mercado y a la acumulación de capital.
Pienso que Jean Paul Sartre tenía razón cuando decía que el marxismo es el horizonte intelectual de nuestra época y que las tentativas de «superarlo» post-modernidad, post-marxismo, etc. Terminan siendo regresiones políticas y culturales. Como decía ya Rosa de Luxemburgo, Luckas y Gramsci cuando la humanidad suprima el capitalismo el marxismo podría ser reemplazado por nuevas formas de pensamiento.
Traducción del portugués para El Correo de: Susana MerinoOriginal :«A revolução é um belo monstro com mil cabeças»
http://www.elcorreo.eu.org/Entrevista-a-Michel-LowyLa-revolucion-es-un-hermoso-monstruo-de-mil-cabezas?lang=fr

 

Juan Ducoudray y La Cafetera

Español: cafetera

LO CONOCÍ EN PLENA GUERRA DE ABRIL DE 1965 EN UNA OFICINA DE ABOGADOS UBICADA ENCIMA DEL JAI ALAI, AL LADO DE LA CÉLEBRE CAFETERA DE FRANQUITO. YO ERA PORTADOR DE UN SOBRE QUE ME ENTREGARON EN CASA DE LOS MEJÍA RICART, EN LA JOSÉ REYES. ALLÍ SE REUNÍA UN GRUPO CONSULTIVO DEL EQUIPO CONSTITUCIONALISTA QUE NEGOCIABA UNA SALIDA POLÍTICA AL CONFLICTO BÉLICO CON LA COMISIÓN DE LA OEA, CUYA VOZ CANTANTE ERA EL EMBAJADOR BUNKER. DEBÍA PREGUNTAR POR X NOMBRE (EL QUE EMPLEABA ESTE DIRIGENTE CLANDESTINO DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR, FUNDADOR EN 1946 DE JUVENTUD DEMOCRÁTICA, ENCARCELADO POR LA DICTADURA Y EXILIADO EN COLOMBIA, GUATEMALA, MÉXICO Y CUBA) Y ENTREGARLE EL SOBRE SÓLO A ÉL.

Al ingresar a la oficina y anunciar el propósito de la visita, fui invitado a esperar en una salita, desde la cual se divisaba el pasillo que daba acceso a los despachos. Mi desconocido destinatario salió de uno de ellos caminando pausadamente, con una cierta inclinación que ladeaba su cuerpo, como si fuera un lanzador de beisbol tomando lentamente impulso. Al presentarnos -hechas las verificaciones de rigor- hice entrega del sobre y procedí a retirarme. Pero el destinatario me convidó a sentarme para charlar, siempre conservando su identidad clandestina. Fue así como conocí a Juan Ducoudray Monsfield, uno de los “peligrosos comunistas” que participaban en el bando constitucionalista.
Cuando regresé de Chile en 1971 reanudamos nuestra relación, originalmente en una peña que mantuvo Hugo Tolentino en su apartamento del Edificio Buenaventura, con la presencia de Pedro Mir, Félix Servio Ducoudray, Joaquín Basanta, José Aníbal Sánchez Fernández, José Luis Parra. Luego en múltiples peñas en las que nos dábamos cita diaria en los Capri, el Bar América, la Cafetera, la Farmacia Carmina, los Imperiales, el Palacio de la Esquizofrenia. En incursiones tras los helados Rex de la Duarte, los exquisitos sándwiches de Mario Autore, la pasta del Sorrento o la gastronomía del Mario, un clásico capitalino. Junto a Kasse Acta, Chito Henríquez, Dato Pagán y Emilio Cordero formamos brigada de cinéfilos, integrada también por Freddy Agüero y el inolvidable Guillermo Vallenilla.
Aunque Juan ingresaría junto a miembros del viejo PSP a las filas del PLD capitaneado por Bosch, ocupando una curul en el Congreso por ese partido, en los últimos años de su vida mantuvo un vínculo con la APD de Max Puig, menguando con la edad su protagonismo político. Todos los domingos nos veíamos en casa de Rafael Kasse Acta, en la peña abierta y pluralista que éste mantuvo hasta su deceso en el 2004 o en la semana en la tertulia de la Esquizofrenia que nucleaba Chito Henríquez. Siempre en los actos del 14 de Junio y del 30 de mayo.
Tras el fallecimiento de Hellen -su querida compañera guatemalteca con la que procreó dos hijas- pasó a residir en casa de una de ellas. Desde allí me llamaba para conversar por teléfono o para que lo buscara -como lo hacía antes con Tonito Abreu, entonces en París– y compartiéramos un almuerzo a su elección. Era grata y entrañable compañía, inteligente, documentado, analista sofisticado. Honradez conventual que gustaba de la buena mesa. En marzo del 2009 -año de su muerte- Juan Ducoudray publicó en Hoy “La magia de la vieja Cafetera”, un retrato espléndido de ese centro de la vida capitalina que deseo compartir con los lectores.
“A pesar de la censura y el terror de la Era de Trujillo, todo lo que acontecía en el país encontraba la manera de llegar al mundo mágico de La Cafetera. Era diferente, muy diferente de la que ahora lleva el mismo nombre de La Cafetera y su local era una casa vecina que ya no existe; o a lo mejor es que la casa ha sido tan modificada que parece otra. Aquella estaba llena de luz, con los pisos de mosaicos claros y pintada en su interior de blanco o arena. Tenía dos puertas de entrada: una muy ancha y otra estrecha que utilizaban los que solo iban a comprar café recién molido. La larga barra estaba en el lado Este -al contrario de cómo es ahora- y enfrente la fila de mesas, todo muy limpio y reluciente.
Un reciente artículo de José del Castillo acerca de las peñas literarias y políticas me hizo evocar la época de oro de La Cafetera (1940-1945), cuando allí en cierto sentido se cocía el caldo nacional por encima de las amarguras y los peligros que representaba la dictadura. El poeta Vigíl Díaz gustaba decir que así como París era el centro del mundo, La Cafetera era el centro del país.
Había varias peñas en La Cafetera. En la primera mesa, que estaba muy cerca de la acera, se reunía un grupo de empleados del gobierno de distinto nivel, incluidos secretarios de Estado, escritores y periodistas. La tercera era la de “los refugiados”, como se les decía a los españoles que vinieron como exiliados políticos a fines de 1939 y principios de 1940. No conocía a todos los que allí se reunían, pero entre los mismos figuraban Baltasar Miró, Alberto de Paz y Mateos, el profesor Alaminos, el pintor Vela Zanetti, uno de los hermanos Antuña (que me parece habían llegado antes que los refugiados y tenían una tienda de camisas al lado de La Cafetera).
Vela Zanetti andaba casi siempre con una mujer muy atractiva que usaba boina y pantalones, de nacionalidad húngara o polaca según me informan ahora. Debe haber sido la primera mujer que se paseó por El Conde con esa prenda de vestir que era entonces exclusivamente para hombres, lo cual como es de suponer despertaba la curiosidad de los jóvenes y el asombro de las mujeres que la veían pasar desde sus casas.
La de nuestra peña era la cuarta con una “tanda” en la tarde y otra más larga en la noche. Entre los que asistían estaban Alfredo Lebrón, Luís Manuel Baquero, Rafael Pérez Henríquez (Pitó), Salvador Reyes Valdez, Joaquín Santana, Gay Vega, mi hermano Félix Servio y yo. También participaban a veces en la tarde Chito Henríquez, Carlos Curiel, Pedro Mir y otros que escapan a mi memoria. Una tarde (creo que era noviembre de 1944) llegó Diego Bordas con una caja de zapatos envuelta en papel de La Favorita (que era la principal tienda de zapatos de la ciudad) y Félix Servio le dijo que le mostrara los zapatos que había comprado. Diego sonrió y respondió en voz muy baja que no eran zapatos sino “pura dinamita”: los primeros ejemplares de los estatutos de Juventud Revolucionaria, impresos en una pequeña prensa que tenía Julio César Martínez en La Atarazana. Por razones de seguridad, esa inocente caja de zapatos pasó la noche dentro de un saco de café en grano en La Cafetera.
A pesar de la censura y el terror que acechaban en cada esquina, todo lo que acontecía dentro o fuera del país encontraba la manera de llegar al mundo mágico de La Cafetera. Cuando en marzo de 1945 Juan José Arévalo tomó posesión de la presidencia de Guatemala, ganada en las primeras elecciones libres después del derrocamiento de la dictadura de Ubico, un resumen de su discurso tomado taquigráficamente por un radioaficionado circuló de mano en mano en La Cafetera.
Y a veces las noticias iban acompañadas de algarabía y festejos como sucedió el 30 de abril de 1945, el día que Berlín cayó bajo el empuje del ejército soviético y Hitler se suicidó en su bunker. Era el fin de la guerra en Europa y todos pensaban que el mundo de paz y libertad prometido estaba a punto de presentar credenciales; los republicanos españoles recibieron la buena nueva con júbilo pues pensaban -¡todos éramos tan ilusos!- que Franco no duraría mucho tiempo. Puestos de pie brindaron con su refresco de café (la tacita de café con agua, hielo y azúcar) y uno de ellos cantó la Marsellesa en francés con aplausos, gritos de alegría y un estruendoso ¡viva la República!
En la mesa de los funcionarios hubo gestos de sorpresa y miradas inquietas. No sabían qué hacer, si pararse e irse o mandar a callar a los enardecidos españoles antifranquistas, que ya habían provocado que dos parroquianos que tomaban café de pie en la barra se marcharan rápidamente asustados por el pequeño mitin que se estaba escenificando. Antes de que la cosa pasara a mayores uno de los eufóricos republicanos dijo en voz alta que el triunfo era también del gobierno dominicano, miembro de la alianza antifascista. Esta oportuna aclaración tranquilizó la mesa de los funcionarios y restableció la normalidad del recinto que se había visto momentáneamente alterada. Pero no todo quedó ahí. Hubo algo más: al día siguiente la policía fue a averiguar detalles del singular incidente y Julián, el encargado del negocio, relató lo sucedido y le echó al vino toda el agua que pudo.
Las de La Cafetera eran peñas paralelas y no se mezclaban entre sí. No sé lo sucedido con la peña de la tercera mesa, aunque muchos de sus integrantes se marcharon del país en busca de trabajo y un ambiente de libertad. La peña nuestra fue víctima a partir de julio de 1945 de las persecuciones y los asilamientos y desconozco si alguna vez, durante mi largo exilio, la misma se repitió en otras circunstancias y con otros participantes.
Ha corrido desde entonces mucha agua bajo el puente. Pero el aroma de la vieja Cafetera, de su discreto encanto conspirativo, me persigue tercamente y me hace recordar los momentos de fraterna solidaridad que transcurrieron en ese recinto de maravillas cuando uno, tontamente, creía que el mundo de la libertad y la justicia estaba al alcance de la mano. A estas alturas confieso sin rubor que sigo siendo un poco tonto. Aún aliento la esperanza de que los sueños urdidos en la cuarta mesa de La Cafetera se puedan convertir en realidad: un país con derechos políticos e igualdad social, con educación y cultura, sin irritante sujeción al poder extranjero.
No dudo que la actual Cafetera tenga sus virtudes aunque le falta la magia de lo que Salvador Reyes Valdez -el inefable Niño Reyes- llamaba el ambiente ‘carey’, un adjetivo de su creación que aplicaba a las cosas que consideraba de calidad superior. Aquella, la otra Cafetera, era ciertamente un oasis de libertad en medio del árido desierto de la dictadura.”
Jose del Castillo

El asesinato de Almudena: ¡un caso de película!

 

César Medina 

Salobral es una pedanía muy cercana al pueblo de Albacete, en Castilla la Mancha, una región apacible que promedia una esperanza de vida sobre los 83 años, una de las más altas del mundo.

Albacete está a dos horas de Madrid, partiendo en dos los interminables trigales que llevan a la Ruta de El Quijote, el Hidalgo Caballero de Miguel de Cervantes.

Lejos estaban los 1,500 vecinos de Salobral de la pesadilla que vivirían a partir de las 6:00 de la tarde del sábado, cuando Juan Carlos Alfaro, 40 años, se disfrazó de Rambo: ropa de camuflaje, rostro pintarrajeado, escopeta, fusil, pistola y cuchillo…

….Y salió en busca de Almudena, linda e inteligente niña de 13 años a quien había seducido desde los 11, y que ya entrando a la adolescencia ella había decidido romper esa relación tormentosa.

La encontró a escasos metros de su casa cuando regresaba de la heladería junto a una amiguita: ¡Te voy a matar…! fue lo único que le dijo mientras le disparaba tres veces con la pistola, casi a quemarropa.

Luego roció el área con ráfagas de ametralladora, matando en el acto a un vecino, Ángel Delicado, que caminaba cerca, y al abuelo de ella lo hirió gravemente. A la amiguita, también de 13 años, le dijo: “A tí no te mato para que puedas contarlo…”

Y cogió el monte que tan bien conocía, porque era cazador y se crió en esos campos manchegos de espesa vegetación, trigales y maizales que en esta época del año están completamente secos, listos para la cosecha.

Perseguido paso a paso
Al momento del suceso llovía a cántaros y el frío calaba los huesos en este otoño que anticipa un crudo invierno. La Guardia Civil ordenó a los vecinos de Salobral que se guarecieran en sus casas previendo un cruento enfrentamiento con el homicida. Y hasta el alcalde del pueblo se encuevó temprano.

La persecución fue tenaz, paso a paso, con perros, helicópteros y tropas entrenadas en este tipo de operación. El “Rambo español” era aficionado a las armas y tenía entrenamiento de supervivencia, como si se hubiera preparado para este evento.

Después de cobrar la espesa vegetación, Alfaro se guareció por casi 40 horas en un maizal que le daba protección. Pero lo traicionó la adicción al tabaco: En algún momento se le agotó la provisión de cigarrillos y llamó por teléfono a un amigo en procura de que le dejara algunas cajetillas en un sitio convenido.

La guardia civil interceptó la llamada y en cuestión de minutos estaba ubicado. Pero al verse descubierto recibió a tiros a la autoridad, y aún así se le trató de persuadir para que se entregara pacíficamente.

La negociación duró ocho horas. Y hasta sus padres le pidieron entregarse con vida.

Pero todo terminó de forma dramática, con Alfaro pegándose un tiro en la cabeza frente a la policía, sus padres, los periodistas y las cámaras de televisión que seguían en vivo el desenlace del suceso.

La tragedia ha conmocionado a toda España primero por la secuencia que siguió al asesinato de Almudena y porque la persecución con perros, helicópteros y comandos fue tan tenaz, que alteró por dos días la vida de esa apacible región.

El drama sigue…
Pero con la muerte dramática de Juan Carlos Alfaro no concluye este drama.

Los periodistas que presenciaron el desenlace fatal notaron extrañados que inmediatamente Alfaro se disparó a la cabeza, personal paramédico corrieron para auxiliarlo y evitar su muerte inmediata, le colocaron respiración mecánica y lo llevaron rápidamente a un helicóptero para trasladarlo a un hospital de Albacete.

Todo el mundo sabía que no podía sobrevivir a un disparo en la cabeza con fines suicidas.

¿Para qué, entonces, conservarle los signos vitales?, se preguntaban los periodistas y todos los españoles que seguían este drama por televisión…

¡…Era donante! Y resultaba conveniente llevarlo vivo al quirófano para extraerle los órganos.

Se cuestiona que una persona con esas características criminales pueda donar sus órganos vitales a un paciente que reciba su corazón, sus riñones, sus ojos, su hígado…

Es un tema que revuelve la conciencia de los españoles si se toma en cuenta que Alfaro suscribió hace sólo unos meses el testamento de donación de sus órganos.

Porque hay quienes dicen que todo lo tenía muy bien planeado….”hasta la prolongación de la vida a través de sus órganos vitales…”

El drama es la comidilla en toda España.

¡Y es como un tema de película…!

Posmanifiestos (estratégicos)

Después del Manifiesto comunista (1848), Marx profundiza sus estudios de la economía burguesa, pero no abandona la política: pensando en mejores estrategias para el triunfo del proletariado escribeLa lucha de clases en Francia (1850) y El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852). Sin embargo, como subrayan varios estudiosos, su teoría política (y de la izquierda en general) es un proyecto incompleto. Lo estratégico en él muchas veces se limita a lo que pretendía con el Manifiesto: educar al proletariado en el comunismo científico (que no era poco).

También Daniel Bensaïd (1946-2010) subraya que Marx tenía estas cuestiones poco desarrolladas y ambiguas y, escribiendo sobre la estrategia (la base en que nos juntamos, organizamos y educamos a nuestros miembros; un proyecto para abolir el poder de la burguesía), parte de otros autores –Lenin, Trotsky, Luxemburgo o Gramsci– que trataron de llenar el vacío (La politique comme art stratégique, París, 2011).

Para él –contrariamente a Hardt, Negri o Holloway– el poder y su toma son centrales, y la ola izquierdista en América Latina confirmó su relevancia (The return of the strategy, 2007). No sin problemas: según Raúl Zibechi los movimientos sociales fueron sobrepasados por los estados progresistas y carecen de estrategia. Lo peor es que (desde Marx) la izquierda no tiene cosas claras para dar un debate: ¿cuánta energía poner en el Estado o en lo electoral, y cómo usar estas herramientas para la transformación social? (Rebelión, 11/9/12).

Bensaïd evoca la visión de Lenin y subraya la necesidad de un partido como una herramienta para implementar la estrategia: la política sin partido acaba en una política sin política (Leaps! Leaps! Leaps! Lenin and politics, 2002).

La meta es el comunismo. Para él no es el nombre de un nuevo régimen o un sistema de producción, sino de un movimiento, que va más allá del orden establecido; es una hipótesis estratégica(The powers of communism, 2009).

Después de 1848 Marx subraya que la revolución y el paso al comunismo sólo serán el producto de una crisis. Trata de entender su naturaleza, pero no desarrolla su teoría definitiva.

Bensaïd anota que para Marx las crisis eran inevitables, pero no insalvables; jamás habló de una crisis final. La cuestión es saber a qué precio y a costa de quién pueden ser resueltas. La respuesta no pertenece a la crítica de la economía política, sino a la lucha de clases (Las crisis del capitalismo, Madrid, 2009).

En el Manifiesto, escrito en el contexto de la crisis comercial de 1847, Marx ubica su origen en la sobreproducción; luego, a partir de los Grundrisse (1857), privilegia la ley de la caída de la tasa de ganancia.

Frente a la crisis de hoy los marxistas están divididos entre las teorías subconsumistas (hay demasiada ganancia y el problema es su distribución) y aquella ley (el problema es la incapacidad de generar suficiente plusvalía).

No es lo de menos: de esto dependen las estrategias para la construcción de un mundo nuevo. No es lo mismo si la crisis es arreglable con la intervención del Estado (según algunos subconsumistas) o si la caída de la tasa de ganancia abre la posibilidad a un derrumbe sistémico (aunque por ejemplo Grossman nunca decía que era automático y lo vinculaba con la lucha de clases) o explica la aparición de crisis cíclicas donde el Estado no hace diferencia (véase la entrega pasada: La Jornada, 9/9/12).

La misma tasa de ganancia es una controversia: según Andrew Kliman (y otros), cae; según Michel Husson, amigo de Bensaïd, sube. Husson dice que incluso da igual, ya que la lógica del capitalismo simplemente va en contra de la humanidad. Y la división entre los subconsumistas y los teóricos de la caída de la tasa de ganancia (a los que –injustamente– tilda de marxistas vulgares) es inútil:son dos caras de la misma moneda. En cambio propone centrarse en la estrategia anticapitalista enfocada en las luchas concretas de los trabajadores, reparto de riqueza y demandas transitorias (Le capitalisme sans anesthésie. Études sur le capitalisme contemporain, la crise mondiale et la stratégie anticapitaliste, París, 2011).

Seguramente hay que ir debatiendo sumando y no restando, buscando plataformas comunes.

¿Qué tal la transición al otro sistema? Para muchos sonará demasiado general, pero Marx en el Manifiesto ya habló de un caso así: el paso del feudalismo al capitalismo, viéndolo igual como un sistema histórico y transitorio.

Lo recuerda Zibechi y añade que poco aprendimos de aquella historia, pero que sería útil ahora, entrando según Wallerstein en una época de transición, que en parte explicaría también la falta de la claridad en la izquierda (nota bene: es curioso como esta visión del ocaso capitalista coincide con algunos proponentes de la caída de la tasa de ganancia: Michael Roberts, Crisis or breakdown?).

Su resultado y la forma de una nueva sociedad poscapitalista dependerán sólo del balance de fuerzas y de la acción consciente del proletariado global heterogéneo que hoy está pagando por la crisis.

El manifiesto que pondría en el centro la hipótesis estratégica del comunismo y ofrecería una estrategia para esta transición queda aún por escribir.

Maciek Wisniewski es periodista polaco.

Fuente:  http://www.jornada.unam.mx/2012/10/04/opinion/022a2pol