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30 datos, variados, e interesantes.

Arthur Friedenreich, 1925, (Stade Français - C...
Arthur Friedenreich, 1925, (Stade Français – CA Paulistano) (Photo credit: Wikipedia)

 Día de los trabajadores. Se conmemora la huelga de los obreros de Chicago en 1886 para exigir una jornada laboral de ocho horas.

 2  El látigo es el primer objeto creado por el hombre que rompió la barrera del sonido. Su característico chasquido es en realidad una explosión sónica.
 3  El futbolista brasileño Arthur Friedenreich es el que más goles ha marcado. Un total de 1.329.
 4  El primer anuncio que se conoce data de 3000 a. C. Se encontró en las ruinas de Tebas y ofrece una recompensa en monedas de oro a quien atrape a un esclavo fugitivo llamado Shem.
 5  El día de la madre. En 1907, la feminista Ana Jervis propuso organizar un Día  de la Madre. Su iniciativa tuvo eco y en  1914 el presidente Woodrow Wilson  declaró que dicho festejo se celebrara el segundo domingo de mayo. En España se celebra el primer domingo de ese mes.
 6  La nieve es rosa en una zona de las montañas del Colorado. La causa es la presencia de un alga llamada Chlamydomonas nivales.
 7  Los dos primeros años de vida de un perro equivalen biológicamente a quince humanos. A partir del tercero, la equivalencia es de tres.
 8  El veneno más letal es el de la rana dorada (Phillobates terribillis). Tan solo dos centésimas de gramo provocan la parada cardiorespiratoria de un adulto.
 9  Adam Rainer es la única persona que ha sufrido enanismo y gigantismo. A los 21 años solo medía 1,18 m. Pero un tumor en la hipófisis (glándula donde se produce la hormona del crecimiento), hizo que diez años después ya hubiera crecido un metro. Murió en 1955 con una estatura de 2,34 m.
 10  El colibrí es la única ave que vuela hacia atrás.
 11  Aunque se conoce como Mein Kampf (Mi lucha), el nombre del libro escrito por Hitler es Cuatro años de lucha contra la estupidez, las mentiras y la cobardía.
 12  Se dice “levógiro” cuando algo gira en sentido contrario al de las agujas del reloj, y “dextrógiro” cuando gira en el mismo.
 13  Cuando estalló la guerra de secesión americana, el general confederado Robert E. Lee no tenía esclavos, pero el nordista Ulysses Grant, sí.

 14  Un año marciano  dura casi el doble que en la Tierra. El planeta rojo tarda 687 días terrestres en rodear el sol.
 15  El Airbus A380 es el avión comercial más grande del mundo, Tiene capacidad para 850 pasajeros.
 16  La primera transfusión de sangre la realizó en 1667 el doctor francés Jean-Baptiste Denis, quien transfirió un litro de sangre de cordero a un paciente.
 17   La primera multa por exceso de velocidad se le puso en 1902 en Nueva York a Harry Myers, por circular a la velocidad máxima de 20 km/h.
 18 Los leones del circo romano pertenecían a la variedad del Atlas (Panthera leo leo). El cabello les cubría la mitad del cuerpo y en libertad se extinguieron en 1920.
 19  Las primeras películas porno españolas las rodaron en Barcelona en los años 20 los hermanos Baños por encargo del Conde de Romanones, para el rey Alfonso XIII.
 20  El olivo más antiguo es el Besavi. Se encuentra en Lleida y tiene casi 2.000 años.
 21 El grito de Godzilla es en realidad el chirrido de la puerta del estudio donde se rodó.
 22  Los gatos ronronean casi 26 veces por minuto.
 23  A 1816 se lo conoce como el año sin primavera ni verano, debido a sus constantes inclemencias.
 24  Onicófago es el nombre que recibe quien se come las uñas.
 25  En Nueva York hay una réplica de La Giralda de Sevilla. Fue construida en 1890 por el arquitecto Charles McKim.
 26  El llamado Árbol de Teneré es la única planta existente en una región del Sáhara de 400 km2.
 27 La medusa Melena de León Ártica (Cyanea capillata) es más grande que una ballena. Puede medir 36 m de largo y alcanzar un diámetro de 2,3 m.
 28 El celibato sacerdotal no fue obligatorio en la Iglesia católica hasta el Concilio de Letrán, en 1123.
 29  Se han encontrado en Turquía las ruinas de cinco ciudades llamadas Troya. Según los historiadores, la tercera de ellas es la que corresponde al relato de Homero.
 30  John Henry George Lee (1864-1945) fue un reo británico que se hizo célebre porque le intentaron ahorcar tres veces. Pero sobrevivió a las tres debido a que una serie de fortuitos accidentes hicieron que la horca no funcionase.
 31  La palabra millón no comenzó a usarse hasta el año 1300 de nuestra era. Antes se utilizaba el término griego miríada, que quería decir diez mil unidades.
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La juventud en Estados Unidos: frustración, incertidumbre y violencia

Por Roberto García Hernández *
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Los males que afectan a la sociedad estadounidense, en particular el deterioro de la situación económica, y una crisis sin precedentes de los valores morales, impactan de forma significativa en los jóvenes.
El nivel de desempleo, que alcanza casi un ocho por ciento entre la población económicamente activa en Estados Unidos afecta en particular a la juventud, pues según un informe de enero del Buró de Estadísticas 21 por ciento de las personas entre 16 y 24 años no tienen trabajo.
Alrededor de 12 por ciento de quienes terminan sus estudios universitarios, no logran un empleo fijo tras terminar sus carreras respectivas.
Pero en realidad para los jóvenes graduados la tasa es más alta, acota un informe especializado del Fondo Monetario Internacional, porque muchos de ellos terminan sus estudios y se van a otros países a impartir clases de inglés o realizar trabajos de menor envergadura porque no encuentran empleo en la nación norteña.
En cuanto a la deserción escolar, solo en el estado de Nueva York 12 por ciento de los estudiantes abandonan las escuelas secundarias antes de terminar, lo cual contribuye a que 20 por ciento de los jóvenes entre 17 y 24 años estén fuera del sistema educacional y además sin trabajo, afirma un estudio reciente de la Unesco.
Según un artículo publicado a principios de febrero en el diario USA Today, los jóvenes estadounidenses viven hoy en un ambiente de incertidumbre y violencia por los efectos del colapso económico, las bajas norteamericanas en las guerras en Medio Oriente y los tiroteos fatales en las escuelas.
La actual generación sufre una afectación significativa por su papel directo o indirecto en los conflictos en ultramar, que provocaron en los últimos años más de seis mil muertos y 50 mil heridos, en particular en las contiendas en Irak y Afganistán.
Entre otros eventos traumáticos para la juventud en los últimos años, el rotativo citó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que ocasionaron unos tres mil muertos, y el huracán Katrina de 2005, que provocó más de mil 800 víctimas fatales.
La publicación compara los traumas actuales con las tensiones similares que enfrentaron los jóvenes estadounidenses en las décadas de los años 60 y los 70 en torno a la posibilidad de un holocausto nuclear y su participación forzosa en la guerra de agresión contra Vietnam.
La masacre en un cine de Aurora, Colorado, en julio de 2012, que provocó 12 muertos y 58 heridos, y un crimen más grave en Newtown, Connecticut, con un resultado de 26 víctimas fatales, son algunos de los incidentes que marcan las vidas de los adolescentes norteamericanos.
Los niños de hoy son más agresivos, como resultado directo de la violencia constante observada en las noticias y en los programas televisivos que muestran personas con esas actitudes, señalan especialistas.
Los medios de difusión son un arma de doble filo, porque pueden ayudar a aliviar el efecto negativo de sucesos violentos, pero a la vez traumatizan a los niños y adolescentes que están expuestos de forma continua a esas acciones.
El flagelo de las drogas es otro mal que corroe a los jóvenes del país norteño, y de acuerdo con la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Estados Unidos encabeza la lista de naciones consumidoras de drogas, debido a que sus ciudadanos usan por año entre 150 y 160 toneladas de cocaína. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 41 por ciento de los jóvenes norteamericanos que asisten a las escuelas secundarias y 47 por ciento de los preuniversitarios consumen estupefacientes.
Unos 17 de cada 100 mil jóvenes en el país norteño son víctimas de hechos violentos ocasionados por el consumo excesivo de drogas y alcohol.
Revelaciones recientes señalan que en las escuelas militares la situación es preocupante, como ocurre en la Academia Naval con sede en Annapolis, estado de Maryland, donde tras una investigación de 11 meses, las autoridades expulsaron del centro a 27 cadetes.
Al respecto, el diario Stars and Stripes refiere que los estudiantes consumen marihuana sintética en la escuela, cocaína, mefedrona, mescalina y hongos que producen efectos psicodélicos.
La mefedrona es similar al éxtasis o la cocaína y en ocasiones se vende como sales de baño en Estados Unidos, según dijeron los investigadores, quienes señalaron que más de 500 alumnos del centro utilizaban sustancias de este tipo de una u otra forma.
Algunos estudiantes tenían botellas de refrescos con compartimentos secretos donde escondían sus drogas, y disponían de métodos para alterar las pruebas de orina que se les realizaban habitualmente con el fin de detectar el consumo de estupefacientes.
Todo esto ocurrió en una institución de enseñanza militar que se fundó en 1845 y se considera una de las más prestigiosas de Estados Unidos.
Por otra parte, los delitos sexuales constituyen otro mal que afecta a la juventud estadounidense, y en los últimos meses hubo un incremento sustancial en ese asunto.
Según la organización no gubernamental Red contra los Abusos de Género (RAG), más de 200 mil mujeres son violadas cada año en Estados Unidos, 80 por ciento de ellas tienen menos de 30 años, y una entre cinco víctimas son estudiantes universitarias.
Los jóvenes dentro de las instituciones armadas sufren también los efectos de conductas sexuales inapropiadas.
Un informe reciente del Pentágono reconoce que la mitad de las mujeres militares norteamericanas enviadas a Irak o Afganistán fueron víctimas de acoso sexual y 23 por ciento de ellas dijeron haber sido violadas.
Además, una treintena de instructores de la Base Aérea de Lackland, en el estado de Texas, fueron detenidos durante un proceso investigativo en el que 54 mujeres reclutas se reportaron como víctimas de diferentes modalidades de acoso sexual, incluyendo la violación, en esa instalación militar.
Estos y otros males mantienen a la juventud en un estrés constante, pues una investigación publicada a principios de febrero por la revista Time mostró que los estadounidenses entre 18 y 33 años sufren los niveles más altos de tensiones emocionales.
Alrededor de 40 por ciento de este segmento poblacional reportó que su nivel de estrés se incrementó en los últimos 12 meses y que las causas principales estuvieron relacionadas con problemas en sus puestos de trabajo, el dinero y la amenaza del desempleo.
El incremento de la violencia, la incertidumbre sobre la economía familiar, el desempleo y las consecuencias de la participación de Washington en conflictos en otros países es probable que se mantengan en los primeros planos de las causas de la frustración entre los jóvenes norteamericanos en el futuro previsible.
*Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.
arb/jvj/rgh

 

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SANDY EN NY ¿Un shock del pueblo?

New York Stock Exchange on Wall Street in New ...
New York Stock Exchange on Wall Street in New York, New York, United States. Español: Bolsa de Nueva York en Wall Street en Nueva York, Nueva York, en los Estados Unidos. (Photo credit: Wikipedia)

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las sociedades pública-privadas, conocidas como P3. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso, dijo a The NationAsí que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3.

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan.

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos listos para el clima –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de reforma a los mercados laborales y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen estrategias sociales, formales o informales. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas estrategias sociales antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.

Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de conserjería a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran instalarse con estilo.

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour Haz las cuentas. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

The Nation / La Jornada

Naomi Klein es autora de No logo y La doctrina del shock.

Traducción: Tania Molina Ramírez. http://www.jornada.unam.mx/2012/11/10/index.php?section=opinion&article=024a1mun

 

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Modernidad y Revolución en América Latina

 

Modernidad y Revolución en América Latina: reflexiones carpenterianas

Alejo Carpentier
Alejo Carpentier (Photo credit: Wikipedia)

 

Hace apenas unas décadas Alejo Carpentier nos acompañaba físicamente. Puedo recordar cómo atrapaba al auditorio con su portentosa erudición y su peculiar acento, en alguna de las tertulias sabatinas de la calle Obispo, junto a La Moderna Poesía, la emblemática librería habanera. Habría yo leído el anuncio de la presentación de uno de sus libros en la prensa y estaría allí probablemente vestido aún de uniforme azul, recién salido de la Escuela en pase de fin de semana. Sería acaso el año 1976 o 1977. Ya nos acercábamos al final del siglo, pero como toda buena novela no imaginábamos el desenlace. De cualquier manera, parecía lejano. La adolescencia no sabe distinguir los matices de las sucesivas edades humanas: se es joven o se es viejo. Y el siglo XXI me reservaba una madurez que no tenía cabida aún en mis expectativas de vida. He vuelto ahora a leer textos del gran novelista y pensador -sí, ¿por qué no llamarlo también así, ya que siempre sintió la necesidad de explicar, de explicarse el mundo que lo rodeaba, el mundo que trataba de expresar?–, escritos en esos años, en los que abordaba los retos de su tiempo (que es acaso el nuestro) y los proyectaba al espacio de la centuria por llegar. He vuelto a leer esos textos, a confrontarlos deslealmente con realidades que no vivió su autor, y a preguntarme si son actuales, es decir, si el gran escritor pudo construir una teoría estética, que estuviese apegada a las realidades históricas de su vida y que lo trascendiera. Y lo que cuenta realmente no es su fecha de nacimiento, sino los veinte o veinticinco años posteriores a su muerte.

Hombre moderno, en el sentido americano –peculiarmente histórico–, del término. Actor y cronista de la épica revolucionaria del siglo XX, había dicho en 1975, antes de que el inglés Eric Hobsbawm escribiera su Historia del siglo XX: “Hay siglos largos y siglos cortos (…) Si tomamos el siglo XV, por ejemplo, vemos que es un siglo de 50 años. Y es un siglo de 50 años porque lo que cuenta en el siglo XV, por su valor de universalidad, por su trascendencia, es el perfeccionamiento de la imprenta, la toma de Constantinopla por los turcos que nos hace recuperar toda la vieja cultura griega, y el descubrimiento de América (…) Del mismo modo el siglo XIX fue un siglo larguísimo; fue un siglo de casi 130 años, porque empieza con la toma de la Bastilla y termina realmente con la Revolución de Octubre, en Rusia (…) El siglo XX comienza con los cañonazos del acorazado ‘Aurora’ y será hasta muy rebasado el año 2000, el de una transformación total de la sociedad” (1). En 1994, menos de veinte años después, Hobsbawm declaraba muerto el siglo XX con la caída del socialismo soviético, un “siglo corto”, que según su periodización nacía en 1914 y concluía en 1991. La palabra siglo –inútil fuera de su convencional significado cronológico–, es para ambos autores sinónimo de época. Significa esto que para Hobsbawm, el año 1991 marca el fin de una época histórica. Examinaremos más adelante esta “discrepancia”, respaldada por hechos aparentemente incontestables.

Detengámonos primero en el concepto carpenteriano de modernidad. Una modernidad que se asienta sobre avances técnicos y científicos, que acepta el progreso como categoría histórica, pero cuya definición radica en el surgimiento de una Historia compartida por todos los seres humanos. “Y, de repente -señalaba–, he aquí que las amodorradas capitales nuestras se hacen ciudades de verdad (…) y el hombre nuestro, consustanciado con la urbe, se nos hace hombre-ciudad, hombre- ciudad-del siglo XX, valga decir: hombre-Historia-del siglo XX” (2). La ciudad es símbolo de modernidad no sólo porque es compendio de modernidades (técnicas, artísticas, científicas) sino porque es escenario de nuevas relaciones sociales. El progreso histórico existe sin dudas para Carpentier, pero en sus peculiaridades americanas se desentiende del rígido Orden de la razón ilustrada. El pasado, el presente y el futuro, las tres categorías agustinianas, se entrelazan en América. En el Viejo Continente “todo eso está presente pero en piedra: lo que ha desaparecido es el hombre medieval, el renacentista, el del Concilio de Trento, el de los cortesanos de Luis XIV, el de los burgueses encarnados arquetípicamente en un Napoleón III (…) En América Latina, en cambio, tenemos las piedras y los hombres (…) El hombre de 1975, el futurólogo que ya vive en 1980, se codea cada día, en México, a lo largo de los Andes, con hombres que hablan los idiomas anteriores a la Conquista…” (3)

Esta convivencia en simultaneidad de tiempos humanos no es pasiva. Implica, eso sí, la aceptación de un devenir lineal que establece el ascenso, un antes y un después universales (sucesión de sistemas socio clasistas), reconocible en la amalgama de formas superpuestas: el personaje de Los pasos perdidos retrocede en el tiempo, va de la ciudad moderna a la Edad Media, y de ésta a la comunidad primitiva. Pero no significa por ello que abandona el tiempo de la felicidad. Para Carpentier, cada tiempo humano porta sus propios valores, muchas veces complementarios. Por supuesto, el personaje de Los pasos perdidos viene, tiene que venir de Europa, de París: es esa procedencia -aunque sus raíces sean americanas– la que determina su deslumbramiento, su asombro ante el encuentro con seres de otros tiempos (estoy tentado a decir, de otros planetas). Es ese el camino para el redescubrimiento de sí mismo, para su extraña recuperación de lo perdido. Permítaseme citar en este caso una vivencia personal: en las entrañas de la Mosquitia hondureña conocí a un médico cubano citadino en misión internacionalista, que se enamoró de una misquita, madre de tres niños que jamás usaban zapatos ni asistían a la escuela. El médico abandonó las pocas comodidades de que disponía, construyó una casa sobre pilotes con los materiales usuales del lugar y se instaló allí con ella, sin luz eléctrica. Fui durante tres días su huésped y conversamos sobre la novela de Carpentier. Pero él no se debatía entre dos tiempos, no percibía la existencia de dos espacios históricos, más que en el abandono gubernamental, en las desigualdades sociales y nunca fue visto allí como extraño. Aceptaba, eso sí, la existencia de otro mundo, uno interno, otro externo; justamente otro mundo, no otro tiempo. Hoy, ese (tercer) mundo preterido invade el espacio geográfico del otro (primer) mundo; en las calles de París o Nueva York, deambulan seres de todas las épocas, es decir, de todos los mundos. A pesar de ello, tomar un avión en Nueva York y volar hasta Port au Prince puede parecer un viaje intergaláctico. La visión diacrónica de los tiempos históricos que se expone enLos pasos perdidos es un recurso literario válido para explorar una realidad mucho más compleja: el hombre latinoamericano convive en esa ciudad-siglo XX -de forma posiblemente más directa e interrelacionada que en otros continentes, pero no exclusiva– con ciudadanos del XIX o del XV. En realidad, esos contemporáneos que cómodamente clasificamos en otras centurias o épocas, pertenecen todos al XX, al XXI. Los niños de la Mosquitia mueren de enfermedades curables, pero toman Coca Cola. La modernidad capitalista es un ajiaco de tiempos históricos, para usar el término con que Fernando Ortiz define la nacionalidad cubana: algunos de esos tiempos son más visibles que otros, pero todos, en estado “puro” o impuro, son ya modernos, ellos todos conforman lo que entendemos por modernidad. La Modernidad capitalista -y la Humanidad no conoce otra–, incluye la riqueza y la pobreza, colosales avances y trágicos retrocesos tecnológicos, cosificación, deshumanización de las relaciones y los valores sociales, y afianzamiento popular de la solidaridad.

La modernidad carpenteriana (latinoamericana) acepta sin alardes teóricos el pastiche postmoderno y reivindica la racionalidad premoderna. Carpentier, ajeno a los afamados teóricos de la postmodernidad, no vacila en aceptar una modernidad abierta, flexible, contradictoria. Se atreve incluso a dudar de ella. En su obra, hace que la modernidad dude de sí misma. Si en Los pasos perdidos delimita los espacios geográficos de cada tiempo histórico, en otras de sus novelas estos se hallan en interrelación. “Personalmente he tratado de especular a mi manera con el tiempo -nos habla el escritor preocupado por resolver literariamente las necesidades expresivas de su mundo–, con el tiempo circular, regreso al punto de partida, es decir, un relato que se cierra sobre sí mismo, en Los pasos perdidos y en El camino de Santiago; el tiempo recurrente, o sea el tiempo invertido, en retroceso, en el Viaje a la semilla; el tiempo de ayer en hoy, es decir, un ayer significado presente en un hoy significante, en El siglo de las luces, en el Recurso del método, en el Concierto barroco; un tiempo que gira en torno al hombre sin alterar su esencia, en mi relato ‘Semejante a la noche’…” (4) Resultaría un ejercicio fecundo el estudio comparativo de las novelas El reino de este mundo El siglo de las luces, no para la detección de semejanzas estilísticas o de logros formalessino para seguir el hilo racional de dos revoluciones cercanas en época y espacio (la haitiana y la francesa, en su aplicación caribeña), conducidas por racionalidades aparentemente distantes. Víctor Hugues, el personaje de El siglo de las luces (recreado, pero real) en franco proceso de involución como revolucionario, acata la orden metropolitana de restituir la esclavitud que él mismo había abolido en las colonias francesas del Caribe. Sin embargo, cuando Napoleón Bonaparte (y este es un hecho histórico) ante la beligerancia de los insurgentes, decreta la abolición de la esclavitud en la colonia de Saint Domingue -y sólo en ella– Toussaint Louverture, el prócer haitiano, protesta: “Lo que queremos no es una libertad de circunstancia concedida a nosotros solos -dice–, lo que queremos es la adopción absoluta del principio de que todo hombre nacido rojo, negro o blanco no puede ser la propiedad de su prójimo. El Cónsul mantiene la esclavitud en la Martinica y en la isla de Bourbon; por tanto seremos esclavos cuando él sea el más fuerte” (5). Imprevista radicalización del discurso revolucionario: todos significa todos. Pero veamos ahora la manera en que Carpentier entiende el concepto de revolución, íntimamente vinculado al de modernidad.

Las dos categorías que definen su obra literaria son reivindicadas por Carpentier como constantes del espíritu: lo barroco (universal) y lo real maravilloso (americano). Ambas expresan una realidad en movimiento. ¿Por qué es barroca la realidad latinoamericana? Primero: “el barroco -dice Carpentier–(…) se manifiesta donde hay transformación, mutación, innovación; (…) el barroquismo siempre está proyectado hacia delante y suele presentarse precisamente en expansión en el momento culminante de una civilización o cuando va a nacer un nuevo orden en la sociedad ” (6). Las revoluciones son radicalmente (de raíz) barrocas. Segundo: “toda simbiosis, todo mestizaje engendra barroquismo” (7). Los grandes movimientos históricos sólo pueden ser aprehendidos por una mirada totalizadora, esencialmente épica. “Los libros de caballería se escribieron en Europa, pero se vivieron en América” –repite (8). Las revoluciones son sucesos épicos, en las que lo imposible se torna posible; constante de lo americano que expresa el carácter revolucionario, real maravilloso, de su historia.

En Cuba, la ideología de la Restauración capitalista le rinde culto a la quietud (aunque hable de tránsitos), al Orden (lógico y estamental, aunque emplee un lenguaje libertario) y en todo caso, al movimiento comedido. Se refugia donde pueda, donde encuentre cobija por una noche: en el pensamiento postmoderno, en el sentido común al que nos induce el cansancio. El ímpetu revolucionario es calificado, indistintamente, de utópico y antimoderno. Antimoderno sí, porque la contrarrevolución asume como cierta una conclusión marxista: la modernidad es el eufemismo que utiliza la historiografía burguesa para nombrar el proceso de instauración del capitalismo. Y porque los restauradores ya olvidaron que el capitalismo fue alguna vez revolucionario: ellos son esencialmente conservadores. No pueden entender que el socialismo se propone redibujar la modernidad, no eludirla; que pretende destruir el orden burgués, para sustituirlo por otro (nuevo) orden, salido de sus entrañas. Ubican de una parte el espíritu revolucionario (radical, extremista, violento, totalitario) y de la otra, el espíritu reformista (moderado, gradual, civilizado, moderno, tolerante). Puede formularse según sea el caso, o la necesidad discursiva, como la oposición de dos “izquierdas”, una auténtica, consecuente, “democrática”; otra falsa, totalitaria, revolucionaria. Carpentier, ajeno a estos malabarismos retóricos de fin de siglo, nos revela en sus novelas el sentido revolucionario de la modernidad. Modernidad y revolución son conceptos que se entrelazan en la historia: la modernidad, que es movimiento, nace y se alimenta de sucesivas revoluciones. Uno de los temas centrales de la novelística carpenteriana es la revolución (triunfante o fallida): la francesa, la haitiana, la rusa, la española, la cubana. Se sitúa frente a ellas como un Cronista de Indias, pero su descripción no es ingenua; tras los comportamientos humanos indaga en los móviles de la Historia. El escritor-cronista no reproduce pasivamente los hechos de la realidad; los interpreta, los nombra.

La realidad sobrepasa a la literatura, pero esta la nombra y la ordena. Sorprende entonces que el racionalista, el filósofo que subyace en el escritor Carpentier proclame abiertamente la aceptación del melodrama y del maniqueísmo como elementos ineludibles de la sociedad contemporánea y consecuentemente, de la novela. El melodrama social, por supuesto no psicológico, que institucionaliza “la tortura, el secuestro nocturno, la desaparición misteriosa, el asesinato espectacular” — comenta. “¿Temor a lo excesivo, a lo sangriento, a lo tremebundo? Todo está en el modo de tratar los temas” (9). Los ejemplos que cita son definitorios: Zola, Dostoievski, Tolstoi, Pirandello, Thomas Mann, Chejov, Faulkner, Malraux, entre otros. En cuanto al maniqueísmo, recuerda sus dos posibilidades: como lucha global y como lucha individual, interior, en cada ser humano, entre el Bien y el Mal. Aún así afirma: “Nos cuesta trabajo observar que la Historia toda no es sino la crónica de una inacabable lucha entre buenos y malos. Lo que equivale a decir: entre opresores y oprimidos. Opresores que constituyen una minoría poderosa y oprimidos que pertenecen a una mayoría inerme.“(10) ¿Terminología en desuso? Curiosamente, el minoritario Opresor se declara hoy, sin rubor alguno, representante del Bien. No es de extrañar entonces que el tercer elemento que identifique al hombre contemporáneo, y al escritor, por supuesto, sea el compromiso político. Un compromiso que no es reciente, ni coyuntural en América: “Desde sus guerras de independencia, América toda vive en función del acontecer político. La América nuestra es un continente político” (11).

¿Cuál es el tiempo humano que define la vida y la obra de Alejo Carpentier? “ Hemos entrado en la era de la lucha, de las transformaciones, de las mutaciones, de las revoluciones“, dice. “En cuanto a mí, habiendo asistido a un proceso revolucionario que se produjo en el lugar de América donde menos se pensaba que pudiera producirse, no puedo ni podré sustraerme ya a la intensidad, a la fuerza, por no decir embrujo, de la temática revolucionaria. Hombre de mi tiempo, soy de mi tiempo y mi tiempo trascendente es el de la Revolución Cubana” (12). Nacido en 1904, la Revolución de 1959 es para Carpentier la culminación de una sucesión de acontecimientos que comienzan con el minorismo, la lucha antimachadista en Cuba, antifranquista en España y antifascista en el mundo, que tienen como referentes históricos a la Revolución de Octubre y a la guerra civil española. Asentado en Caracas por más de diez años, regresa a La Habana cuando triunfa la esperanza: “ había voces que me llamaban. Voces que habían vuelto a alzarse sobre la tierra que las había sepultado“. (13).

Siempre en la piel de sus propios personajes, Carpentier descubre los tiempos de América en el Orinoco (Los pasos perdidos), se deslumbra ante la magia revolucionaria de los mitos haitianos (El reino de este mundo), corre dispuesto como Esteban o Sofía, los personajes de El siglo de las luces tras las voces que anuncian la esperanza en Europa o en el Caribe. Conoce los peligros que entraña una Revolución: Henri Christophe y Víctor Hugues no son personajes esquemáticos, pero sí maniqueos en el sentido carpenteriano, es decir, en lucha perenne consigo mismo. A veces limpios, incorruptibles, a veces oscuros, vacilantes. Siempre que un personaje suyo pierde la fe en la Revolución, aparece otro que la enarbola; siempre que un proceso revolucionario se estanca es sustituido por otro. Revoluciones que estallan de la desesperación o de la lógica racionalista, para luego conducirse por senderos irracionales o trazar en el aire las señales inequívocas de una nueva lógica. Vidas épicas en novelas épicas, situadas en un punto medio entre el destino y la voluntad. Vidas abigarradas, barrocas, cambiantes, pletóricas de acontecimientos. Nada es igual al día siguiente, ni los hombres, ni las ciudades: “nunca regreso a la casa de la que salí en busca de una mejor”, decía Sofía a punto de abandonar nuevamente el lugar que ya no complacía sus expectativas. Vidas, en fin, maravillosas, reales. Vidas de todos los siglos anteriores, pero dispuestas según la voluntad transformadora del siglo XX. Carpentier fue un creador, un revolucionario del siglo XX. ¿Quiere esto decir que ya pasó su tiempo?

Pareciera que sí. No es sencillo, ni aconsejable, que intente clasificar a la actual novelística latinoamericana. La decepción de los noventa ha conducido a puertos disímiles, y el mercado editorial, conformador de gustos y orientador ideológico, la estimula, la renueva, la “eterniza”. No han transcurrido todavía tres lustros del fallecimiento del gran escritor, y el mundo parece otro. Eso creíamos. He dicho que parece. Hobsbawm decretó la muerte del siglo sobre el cadáver de la revolución rusa. Pero sí miramos bien, los puntos de inicio y fin de siglo seleccionados por él, son consecuencias y no causas: una guerra mundial y el derrumbe de un estado socialista multinacional son, por supuesto, causa de muchas otras cosas, pero no explican el sentido de una época. ¿Por qué estalló una primera y luego una segunda guerra mundial? ¿por qué se produjo una revolución socialista en la Rusia de los zares? Varias generaciones de defensores del socialismo aprendieron a definir la nuestra como época de tránsito hacia el llamado socialismo real. Hobsbawm también. El fin de ese socialismo establece para ellos el fin de esa época. Es posible sin embargo determinar un comienzo de siglo diferente, más universal, porque define con más exactitud acontecimientos sociales ocurridos en Asia, África y América Latina, que han sido tendenciosamente enmarcados en la guerra fría y porque señala y explica sus bases socio económicas. Me refiero al desbordamiento histórico del imperialismo norteamericano en la guerra hispano cubano estadounidense de 1898, previsto por José Martí. El siglo XX es la época del imperialismo, que renueva e intensifica las contradicciones entre los minoritarios países opresores y los mayoritarios países oprimidos, entre el Norte y el Sur geopolíticos. Estados Unidos, España y Cuba están ubicados por azar, quizás por destino y voluntad, en el vórtice iniciático de los acontecimientos.

Una de las características del pensamiento carpenteriano es que no intenta definir la identidad nacional de Cuba desde sí misma. Recordemos que es contemporáneo de los grandes tratados sobre la argentinidad o la mexicanidad (Samuel Ramos: El perfil del hombre y la cultura en México, 1934, Octavio Paz: El laberinto de la soledad, 1950 y Ezequiel Martínez Estrada: Radiografía de la pampa, 1933), o incluso de la cubanidad (Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía, 1958), para sólo citar algunos ejemplos. Jamás habla de lo cubano, sino como parte de lo latinoamericano. Consecuente con su percepción de que la modernidad reside en la inserción de los hombres en la ciudad- Historia-siglo XX, Carpentier coloca a Cuba en el Caribe primero, y después en el mundo. Define sus contornos por contraste. No acepta los aldeanismos que tanto criticó Martí. “Ni el ‘nuestroamericanismo’ astutamente explotador de citas de Bolívar, de Rivadavia, de un Martí leído a retazo (…) -escribe–, ni el mito de la latinidad, de una hispanidad que ninguna falta nos hace para entender cabalmente El Quijote, vendrán a resolver nuestros problemas agrarios, políticos, sociales” (14). Y añade unas palabras premonitorias de lo que sucederá de modo especialmente intenso en los años noventa con motivo de conmemorarse el centenario de aquella primera guerra imperialista y la pérdida (esa es la palabra que todavía usan algunos en España y es la palabra que define el sentimiento norteamericano posterior al 59) de Cuba, pero que fue una constante de todo el siglo XX, desde que en sus primeras décadas, Carlos Altamirano recorriera las capitales latinoamericanas enarbolando la doctrina del panhispanismo. “En nombre de la hispanidad -e invocándose a veces la generosidad de Martí hacia España– se procede a un revisionismo histórico que tiene sus visos de ‘malinchismo'” (15).

Pero si pregunto por la actualidad de las concepciones carpenterianas sobre la literatura, no es porque espere encontrar autores que imiten hoy su estilo. Ya es suficiente con que esa teoría haya sustentado (o haya intentado explicar) una obra narrativa monumental, la suya, no en extensión sino en alcances estéticos y filosóficos. La buena literatura siempre es actual por definición. Más bien pregunto por la actualidad del hombre, de sus preocupaciones sociales, de su concepción de la vida como un duro oficio de responsabilidades, de su espíritu. Si el inicio de siglo fuese el que propongo (no soy el único, ni el primero) como creo, el siglo XX no ha terminado; sus contradicciones siguen sustentando la cotidianidad de nuestras vidas. Paradójicamente, no son las fuerzas revolucionarias las que dividen hoy el mundo en buenos y malos. De ello se encargó recientemente el emperador Bush II: no sólo enumeró más de cincuenta oscuros rincones del planeta que pueden ser invadidos sin conmiseración, sino que trazó sobre el mapa un denominado eje del mal. Si existen buenos y malos, si el mal eventualmente podemos ser nosotros mismos, según la definición de alguien que no es mi coterráneo ni es vecino de mi ciudad, y esa persona o entidad (que no es abstracta) puede ordenar la desaparición de mi entorno ciudadano, mi muerte y la de mis seres queridos, ¿cómo puedo permanecer indiferente? ¿cómo podría cultivar el no comprometimiento político? ¿Alguien puede refugiarse hoy (si vive en el Sur, o si en el Norte lo envían en misiones de conquista al Sur) en los libros, en el amor de una mujer, en el exotismo de un paisaje? El problema real es que el Mal existe sí, pero en virtud de su poder mediático y militar se ha erigido en juez, o en aliado del juez. ¿Dudaría alguien del melodramatismo congénito de nuestras vidas? No ha cesado de moverse la esperanza. Y los cubanos no hemos perdido la confianza en la Revolución. Como en las novelas de Carpentier, algunos perdieron la fe y otros la enarbolan.

Vivimos tiempos maravillosos -lo maravilloso no es necesariamente lo bello, decía Carpentier–, en su dramatismo, en su barroca textura, en su epicidad implícita. Puedo dar fe de ello. Durante los años 1999 y 2000, recorrí algunos rincones verdaderamente oscuros de Nicaragua, Honduras, Guatemala y Haití, junto a médicos internacionalistas cubanos. Jugamos fútbol, cubanos e ixiles, en la cumbre de una montaña que se empinaba, entre ancestrales tumbas mayas y otras más recientes que abrió la guerra, sobre la selva guatemalteca. Un lugar a donde únicamente llegaban los brigadistas cubanos… y la Coca Cola. ¿No es ése un episodio real maravilloso? ¿No lo es también que los ex comandantes misquitos de la contra nicaragüense despidieran a los médicos cubanos cesados por el nuevo gobierno liberal con salvas de homenaje, con los mismos fusiles que Estados Unidos les dio para combatir el sandinismo? ¿o que en plena selva hondureña, junto a un poblado misquito donde la población sobrevivía sin atención médica, se hallara un hospital norteamericano cerrado –de mampostería y bien abastecido–, porque había sido concebido únicamente para auxiliar a la contra nicaragüense en tiempos de guerra antisandinista? “Hombre soy, y sólo me siento hombre cuando mi pálpito, mi pulsión profunda, se sincronizan con el pálpito, la pulsión, de todos los hombres que me rodean” (16), había escrito Carpentier, en su afán de cumplir satisfactoriamente el duro oficio de hombre, según la lúcida expresión del humanista Montaigne. Los latinoamericanos de hoy somos parte del mundo maravilloso que nos descubre en su obra Carpentier, caminamos por sus calles, navegamos por sus ríos, compartimos sus sueños. Somos sus contemporáneos.

Enrique Ubieta Gómez
Rebelión


Notas

1. Alejo Carpentier: “Un camino de medio siglo”, en Razón de ser, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1980, pp. 11-37. Cita en p.36;

2. ______________: “Conciencia e identidad de América”, en Ob. Cit., pp. 1-10. Cita en p.2;

3. ______________: “Problemática del tiempo y el idioma en la moderna novela latinoamericana”, Ibidem, pp. 66-91. Cita en p.88;

4. ______________: Idem, cita en p.89;

5. Aimé Césaire: Toussant Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1967, p.336;

6. Alejo Carpentier: “Lo barroco y lo real maravilloso”, Idem, pp. 38-65. Cita en p.51;

7. Idem, cita en p.54;

8. Idem, cita en p.60;

9. _______________: “La novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo”, en Ensayos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984, pp. 148-167. Cita en p. 162-163;

10. Ibidem, cita en p. 163;

11. _______________: “Problemática del tiempo y del idioma en la nueva novela latinoamericana”, Ed. Cit. Cita en p. 87;

12. _______________: “Un camino de medio siglo”, Ed. Cit. Cita en p. 36-37;

13. _______________: “Conciencia e identidad de América”, Ed. Cit. Cita en p. 8;

14. _______________: “Literatura y conciencia política en América Latina”, en Ensayos, Ed. Cit. Cita en p. 56;

15. Idem;

16. _______________: “Conciencia e identidad de América”, Ed. Cit. Cita en p. 10