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El capitalismo en 10 lecciones

Comentarios al libro de Michel Husson

 

 

Viento Sur

 

“Un libro imprescindible” anuncia el título del excelente prólogo de Manuel Garí y Nacho Álvarez. Ciertamente, el libro del economista Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones /1, es del todo necesario para quienes deseen iniciarse rigurosamente en la crítica marxista del capital. Husson consigue sintetizar en 10 capítulos los elementos fundamentales para entender y criticar el capitalismo, en un volumen de fácil lectura, pensado para el público general y acompañado de las agudas ilustraciones de Charb, sin las cuales el libro no sería igual de incisivo. La propuesta del economista marxista, de origen francés, es también una buena herramienta para activistas que quieran introducir-se en la crítica de la economía política.

¿Qué es el capital?

El orden de los capítulos no es aleatorio, sigue un hilo conductor que va desplegando los elementos y categorías fundamentales para entender el capitalismo en su fase actual. La lección que abre este breve curso ilustrado de economía heterodoxa aborda de qué hablamos cuando hablamos de capitalismo como sistema económico-social. En la primera página se establece una definición de capital, como relación social basada en la propiedad de los medios de producción. Esta apropiación privada diferencia entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su trabajo para vivir. El capital se define como una relación social basada en la explotación; no es, entonces, sólo una cantidad de dinero ni una inversión mobiliaria, productiva o financiera. Dónde hay capital hay trabajo, y se reproduce mediante un proceso de permanente autovalorización, regido por un régimen de competencia que obliga a cada capitalista a aumentar su capital reduciendo el valor unitario de cada mercancía, y que es sacudido por sus propias contradicciones durante las crisis.

Pero esto no ha sido –ni será– siempre así, se trata de un sistema de producción histórico que, como todos los anteriores, tiene su momento de emergencia, maduración pero también de extinción. La división del trabajo y el mercado son consustanciales al capitalismo, pero también caracterizaron sociedades anteriores, en las que a diferencia del capitalismo el valor de uso regía la producción y el comercio. Si entendemos la historia como un proceso dialéctico observamos como lo viejo da paso a lo nuevo dejando siempre un sedimento donde las nuevas formas desarrolladas de relaciones sociales de la producción, el intercambio y el consumo conviven con otras más arcaicas. Husson combina varios factores para explicar el surgimiento del capitalismo: el mercantilismo de las ciudades estado entre el siglo XIV y XVI; el saqueo de las regiones descubiertas y colonizadas más allá de Europa; la posterior revolución industrial; el acceso a recursos naturales como el carbón y los progresos tecnológicos; la subsunción del trabajo al capital –especialmente a través de la mecanización de la industria–, los aumentos de productividad que esto produjo; la destrucción progresiva de los commons, es decir, las tierras y los recursos de uso colectivo propios de las sociedades campesinas, y los cambios institucionales que facilitaron la conversión de la aristocracia en burguesía agrícola e industrial. Lejos de tratarse de un proceso “natural” más bien asistimos a un proceso histórico caracterizado por la violencia estatal y el enfrentamiento entre grupos sociales. Este escenario complejo no permite explicaciones mecanicistas, monolíticas, de burda lógica monocausal. El surgimiento y expansión del capitalismo adopta diversas formas dependiendo de las peculiaridades autóctonas de cada región, influido por las nuevas características de las fases de su desarrollo por todo el planeta.

¿De dónde viene el beneficio?

¿De dónde viene el beneficio?, es el título del segundo capítulo. Como pilar fundamental de la acumulación del capital, Husson lo aborda partiendo de la noción de excedente: aquello que la sociedad produce por encima de su nivel de mera reproducción de las condiciones de existencia de los productores. En una sociedad de clases como la capitalista este excedente es apropiado por un grupo reducido dentro de ella. El apartado sobre las teorías del beneficio es sin duda uno de los mejores fragmentos del libro. Partiendo de la teoría del valor-trabajo iniciada por los clásicos Smith y Ricardo y perfeccionada por Marx, Husson consigue resumir en pocas páginas las críticas más importantes a los pilares de la teoría económica ortodoxa como el individualismo metodológico, los modelos de equilibrio, la optimización paretiana, la remuneración de los factores capital y trabajo, y la ya demostrada falaz, por los mismos keynesianos de Cambridge, teoría del capital. El autor va más allá del burdo tópico según el cual los economistas son agentes a sueldo del capital o que la mera utilización de las matemáticas en sus modelos es reaccionaria. Lo más grave de la economía dominante, denuncia, es la pretensión de que se basa en una visión científica de la sociedad y, por tanto, no intoxicada de ideología aunque sea obvio que estas afirmaciones ya están, en sí mismas, saturadas de ideología.

¿Por qué los ricos son más ricos?

La tercera lección aborda rigurosamente la evolución y profundización de las desigualdades. Para explicar por qué los ricos son mas ricos hace falta observar la estrecha relación que guardan dos características básicas del capitalismo: el aumento de la productividad y el incremento de las desigualdades. Hasta los años 70 los aumentos de productividad se veían reflejados en aumentos salariales. Después de la crisis de los 70 y la ofensiva neoliberal, los aumentos de productividad se empezaron a revertir mayoritariamente en los beneficios empresariales estancando así los salarios. De este modo las rentas del capital ganaron terreno en detrimento de las rentas salariales en el conjunto de la renta nacional. A pesar de que diversos estudios indican que el número de pobres se ha reducido en los últimos años, no es menos cierto que han aumentado exponencialmente las desigualdades sociales. Así, la pobreza relativa sigue en aumento, pues la pobreza misma no es en sí un valor estanco que se pueda considerar abstractamente, sino que está en función del conjunto de la sociedad, de su modelo de consumo y su cultura. Por ello, a pesar de la aparente paradoja, la inmensa acumulación de riqueza es la responsable de la profundización de las desigualdades. El capitalismo es enormemente excluyente y las necesidades sociales se satisfacen solo si son rentables.

¿Qué necesitamos (realmente)?

Precisamente sobre las necesidades, ¿Qué necesitamos (realmente)?, versa el cuarto capítulo. Husson muestra como los cambios en la estructura de la demanda acentúan la crisis sistémica. Se observan tres tendencias. Primero, el desplazamiento de la demanda social de los bienes manufacturados a los servicios, estos últimos caracterizados por unas tasas de productividad menores. Segundo, la reducción de la presión fiscal, al mismo tiempo que aumenta el consumo del sector público, contrarrestado parcialmente durante las últimas décadas por la ola de privatizaciones. Y tercero, la evolución de la productividad, creciente pero a un ritmo menor. La combinación de estas (contra)tendencias da lugar, según Husson, a una demanda social cada vez menos conforme con las exigencias de rentabilidad, en contradicción con las exigencias de acumulación, porque equivale a un desplazamiento hacia sectores de menor potencial productivo y de menor potencial en términos de beneficio. Dado que lo importante para el capital es la rentabilidad se intentará adecuar las necesidades a este objetivo sin considerar su satisfacción social óptima.

Una de las salidas a esta situación de estancamiento de la rentabilidad en los sectores productivos y de las rentas salariales, comentada anteriormente, es la inversión en sectores de bienes de lujo. Estos sectores son favorecidos por la desigualdad en el reparto del beneficio hacia arriba. Este proceso no es suficiente para explicar el desencadenamiento de la crisis, que veremos más adelante, pero nos muestra la transición hacia un capitalismo que acumula poco y profundiza las desigualdades y en el que su reproducción pasaría necesariamente por una involución social generalizada.

¿Qué no es mercancía?

La quinta lección: ¿Qué no es mercancía?, presenta otro de los procesos importantes en la dinámica del capital: la mercantilización de la vida. Destaca como el trabajo se ha convertido en una mercancía y como la extensión del capitalismo al conjunto del planeta ha permitido al capital hacerse con reservas inagotables de mano de obra barata mediante la disolución de las formas de vida precapitalista. Esta dinámica aumenta los ejércitos de reserva en los países desarrollados y presiona a la baja los salarios. También aborda los más recientes debates sobre la mercantilización de la naturaleza, el conocimiento, los productos inmateriales y los commons. En uno de los pasajes más interesantes, Husson recupera la crítica a la teoría ortodoxa que pretende reducir todo comportamiento humano a un cálculo individual de utilidad traducible en dinero, algo a todas luces irracional sobre todo si tratamos con bienes públicos o colectivos. Como resistencia a esta dinámica, destaca Husson, que todo progreso social, ha pasado por procesos de desmercantilización, forzosamente impuestos al capitalismo pues van en contra de su lógica profunda.

¿Es posible un capitalismo verde?

El capítulo sexto aborda otro de los debates más en boga recientemente: ¿Es posible un capitalismo verde? Para justificar su imposibilidad, Husson analiza el efecto que tendría en la rentabilidad una hipotética reducción de la intensidad energética en la producción. Por un lado se observa que si se pretende mantener la tasa de beneficio, al mismo tiempo que se aumenta el coste por la introducción de tecnologías más limpias, indudablemente se hará a costa de las rentas salariales. Por otro lado, la rentabilidad se verá deteriorada pues productos más eficientes energéticamente tendrán un coste superior para los consumidores, y aquí es donde surgen los problemas en la realización de estas mercancías en un contexto de estancamiento salarial. Husson también critica detalladamente como las soluciones de mercado para la cuestión ecológica están condenadas al fracaso, destacando así la contradicción entre eficacia medioambiental y eficacia económica entendida, estrechamente, como la optimización del beneficio. Capitalismo verde es un oxímoron, y sus defensores olvidan que este sistema se basa en la ganancia, la competencia y la ley del valor.

¿A que conduce la globalización?

Otro de los fenómenos importantes en la historia reciente del capitalismo es abordado en la séptima lección: ¿A que conduce la globalización? En ella se describe lo que se ha llamado popularmente como la fábrica global, así como la internacionalización de la división del trabajo, el papel de las multinacionales y los movimientos de la inversión extranjera directa. Una de las consecuencias de este fenómeno ha sido la erosión de los modelos sociales, sobretodo en Europa, mucho más difíciles de defender ahora que no hay fronteras para el capital ni éste siente la presión de la existencia del antiguo bloque soviético.

El papel de Europa

El papel de Europa y su unión económica y monetaria, abordado en el capítulo octavo, es fundamental en la historia de la globalización. Después de una breve revisión histórica desde la CECA al actual sistema euroliberal, Husson analiza las consecuencias del proceso de integración europeo. Lo que debería haber sido una senda de convergencia hacia arriba de los sistemas sociales de bienestar se ha acabado convirtiendo en la negación de esa Europa social regida por políticas económicas keynesianas. La construcción europea, particularmente la unión monetaria, tenía de entrada enormes complicaciones pues organizar un espacio económico donde coexisten países con niveles salariales y de productividad muy divergentes no es fácil sin grandes dosis de voluntad y coordinación política.

La lógica de la competencia, en plena contrarrevolución neoliberal, fue la bandera izada por los gobiernos, muchos de ellos socialdemócratas, para la mayor ola de privatizaciones de empresas y servicios públicos que jamás se haya visto. Los criterios de Maastritch fueron el corpiño definitivo para encauzar la política económica de los estados miembro: la moneda común y el pacto de estabilidad institucionalizaron la austeridad como única política económica posible. Los favorecidos, una vez más, han sido los grandes grupos empresariales que han visto flexibilizarse los mercados de trabajo y reducirse los salarios. La crisis, señala el autor, no ha hecho más que poner de manifiesto las incoherencias y asimetrías del sistema euro. Pero el objetivo del proceso de integración nunca fue tender a una mayor coordinación y convergencia, sino conseguir la liberalización económica, lógica que se acentúa tras la aplicación de las recetas de austeridad en el actual momento de crisis.

¿Qué es una crisis?

Las dos últimas lecciones abordan el fenómeno de la crisis y la recesión actual. Husson explica como la crisis es intrínseca a la dinámica capitalista y establece cuatro dimensiones para entender como las grandes crisis y sus posteriores consecuencias dieron lugar a las diferentes fases del capitalismo: régimen de acumulación (la economía), paradigma tecnológico (la técnica), regulación social (lo social) y división internacional de trabajo (lo internacional). Una de las conclusiones más contundentes es que los llamados “treinta gloriosos” fueron, en realidad, un paréntesis, una anomalía, en la historia del capitalismo. La crisis de los 70 presentó un aumento de las tasas de desempleo junto con una progresiva caída del crecimiento de la productividad. El auge del neoliberalismo puso fin al crecimiento del Estado de bienestar y estigmatizó la inflación, gran enemiga del capital financiero, que iniciaba un proceso de crecimiento y hegemonía que dura hasta nuestros días. La agenda neoliberal sirvió a los intereses del capital en un momento en que las políticas clásicas de relanzamiento de la economía no funcionaron. Esta nueva fase se caracterizó por un descenso del peso de los salarios y un alza de la tasa de beneficios, simultáneamente al estancamiento de la tasa de acumulación (inversión) y al aumento de la parte destinada a los dividendos de los accionistas. La crisis actual, en lugar de presentar un retorno al tipo de capitalismo regulado, está suponiendo una profundización de las políticas neoliberales junto con una regulación caótica incapaz de hacer frente a las contradicciones que caracterizan el capitalismo en su fase de globalización o internacionalización.

Directos al precipicio

Por último, quienes piensen que el capitalismo verá su fin tras una gran crisis que haga insoportables sus contradicciones no pueden andar más equivocados. Husson es categórico: el capitalismo no es una fruta madura y no se hundirá a pesar de su pérdida de eficacia. La idea misma de una “crisis final” es intrínsecamente absurda, porque el capitalismo no es solamente un modelo económico, sino un conjunto de relaciones sociales; y éstas sólo pueden ser cuestionadas por la iniciativa de fuerzas sociales decididas a superarlas.

La mejor contribución que se puede hacer a la crítica del capitalismo y a la construcción de una teoría que sea una enmienda a la totalidad del sistema es la adecuada explicación de cómo funciona realmente. No hay nada más frustrante y estéril que construir una teoría o emprender una acción política a partir de premisas erróneas. Es necesario conocer qué se esconde detrás de los velos ideológicos con los que se pretende naturalizar relaciones de explotación y dominación que no son más que históricas y sociales, por tanto combatibles y transformables. Para ello hay que tener conciencia de cómo funciona la sociedad, y las 10 lecciones de Husson son un buen comienzo: riguroso, pedagógico y estimulante.

Ivan Gordillo miembro del Seminari D’economía Crítica Taifa

1/ Michel Husson, El capitalismo en 10 lecciones, Los libros de Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid, 2013.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article8354

 

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Leonel Fernandez: Siria los desafíos de Obama

  • Centenares de personas que se oponen al llamado del presidente Barack Obama a un ataque de Estados Unidos contra Siria han salido a las calles de varias ciudades estadounidenses para expresar su indignación contra sus planes de guerra.

Como reacción al alegado uso de armas químicas por parte del gobierno de Siria en la guerra civil en la que se encuentra enfrascado, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha solicitado al Congreso de su país el que se le autorice atacar militarmente al país árabe, en represalia por lo que se considera una violación al Protocolo de Ginebra de 1925, que prohíbe el uso de gases y tóxicos venenosos en los conflictos bélicos, así como por el quebrantamiento a valores éticos universales y abuso de los derechos humanos.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano ya aprobó la semana pasada un borrador de la referida autorización, y la Casa Blanca realiza ingentes esfuerzos por lograr, lo más pronto posible, un respaldo por parte de los legisladores de los partidos republicano y demócrata.

Esto ocurre luego de varios intentos fallidos de obtener en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una resolución condenando al régimen de Bashar al-Asad de hacer uso de la fuerza contra la población civil. Pero, así mismo, tiene lugar después de la negación del Parlamento Británico de conceder potestad al primer ministro, David Cameron, de incursionar en el conflicto sirio.

En la reciente reunión del G-20, celebrada en San Petersburgo, Rusia, sólo once países de los veinte que integran el club exclusivo de la élite económica mundial, manifestaron su respaldo a una “fuerte respuesta internacional” contra Siria, lo cual evidencia el débil apoyo que esta propuesta recibe de la comunidad internacional.

En la casi generalidad de los países, la opinión pública también se ha volcado a expresar su desacuerdo con la adopción de medidas militares para contrarrestar la alegada acción de barbarie incurrida por el gobierno sirio en su conflicto doméstico.

Rechazo a la guerra
En los propios Estados Unidos, el gobierno se enfrenta a una situación difícil al tratar de convencer a los congresistas de que otorguen su respaldo a la referida acción punitiva.

Por un lado, hay demócratas liberales, como es el caso de Nancy Pelosi, antigua Presidenta de la Cámara de Representantes, quienes han expresado que sus electores están en total desacuerdo con la acción; y por el otro, hay republicanos de ultra-derecha, como resultan ser los senadores Rand Paul, de Kentucky; y Ted Cruz, de Texas, ambos destacados miembros del Tea Party, quienes enfatizan que en el caso de la guerra civil de Siria, el interés nacional de los Estados Unidos no ha sido afectado, y, por consiguiente, no hay razón alguna para intervenir.

A esta última corriente de pensamiento, la cual,  paradójicamente, viene del sector más conservador del espectro político norteamericano, se le identifica como de neo-aislacionismo, ya que volviendo a los orígenes de la formación del Estado norteamericano, procura que la gran nación del Norte desarrolle una política introspectiva y disminuya su rol internacional.

Pero, en el fondo de todo este debate se encuentra el hecho incontrovertible de la amarga experiencia vivida por los Estados Unidos en las recientes guerras de Afganistán e Iraq, que no quisiera volver a repetir con una nueva aventura belicista.

Como consecuencia de las pérdidas humanas en ambos conflictos armados, de la prolongación en el tiempo de los mismos, de los inmensos gastos ocasionados, de la incapacidad para imponer el orden y evitar la ocurrencia de continuos actos de terror, en la opinión pública norteamericana, así como en determinados círculos de poder, se ha desatado un comprensible rechazo a todo lo que signifique la presencia norteamericana en nuevas acciones militares.

Por supuesto, hay grupos tradicionales de poder que no piensan de esa manera. Por el contrario, estiman que el error cometido por el presidente Obama, en el caso del conflicto armado en Siria, es no haber actuado con anticipación. Es haber permitido al gobierno sirio hacer uso de la fuerza contra la población civil, de manera continua, sin ningún tipo de constreñimiento o restricción.

Esos grupos, naturalmente, no explican de donde surgen la legalidad y la legitimidad requeridas, fuera del marco multilateral de las Naciones Unidas, para poder realizar incursiones militares más allá de sus propias fronteras. Sin embargo, consideran estar imbuidos de la autoridad necesaria, y, más aún, en base a la doctrina del Destino Manifiesto,  estiman que es obligación moral de los Estados Unidos  defender lo que consignan como “principios éticos de la humanidad”.

Democracia, islam y terrorismo
Ahora bien, la búsqueda de apoyo por parte del gobierno de los Estados Unidos para emprender acciones militares en Siria, ha tenido lugar en un momento en que el propio gobierno norteamericano, a través del secretario de Estado, John Kerry, ha intentado reactivar el diálogo de paz entre Israel y Palestina. Los acontecimientos de Siria, sin embargo, le quitan visibilidad a ese diálogo, lo relegan a un segundo plano, le restan importancia y credibilidad, y podrían eventualmente hasta hacerlo abortar y tornarlo imposible de realizarse durante la actual administración del presidente Barrack Obama, la cual tantas esperanzas suscitó, desde los  inicios de su primer mandato,  en ser el vehículo idóneo para tan noble como necesario objetivo.

La incapacidad para resolver el conflicto árabe-israelí deja intacto el problema de incertidumbre y potencial ingobernabilidad de la casi generalidad de los países del Medio Oriente, ya que el tema de los refugiados palestinos, la devolución de los territorios ocupados, la delimitación de fronteras, el acceso al agua potable y la garantía de seguridad, quedan al mismo nivel que sesenta años atrás.

Pero, de igual manera, la inminente incursión armada en Siria tiene lugar cuando hace pocas semanas se produjo, aunque no haya querido llamarse así, un golpe de Estado en Egipto, que sacó del poder al presidente Mohammed Morsi y a las fuerzas islamistas que le servían de apoyo, organizadas a través de los Hermanos Musulmanes.

Ese acontecimiento generó una gran convulsión en el país de las pirámides. Provocó una seria confrontación entre las fuerzas islámicas y diversos sectores de la sociedad. Desató masivas protestas, paros y huelgas por todo el territorio nacional, y sólo pudo ser sofocada cuando las tropas militares dispararon sobre los manifestantes, produciendo un baño de sangre que dejó centenares de muertos y decenas de miles de heridos.

Al igual que en Egipto, la situación en Túnez y Libia continúa siendo inestable e incierta. Esos dos países, luego de ser arrastrados por la ola  de la Primavera Árabe, suscitando inmenso regocijo y grandes expectativas, en lugar de organizarse como naciones democráticas, han pasado a ser controladas por organizaciones musulmanas, y no han podido alcanzar la estabilidad política  esperada, la reactivación del crecimiento económico, la generación de empleos, la disminución de los conflictos sociales y la unidad nacional.

Por consiguiente, es en un ambiente de creciente dominio e influencia de las fuerzas islámicas,  de inestabilidad política crónica, de fragmentación, de inseguridad y de desconfianza, en toda la región de Medio Oriente, que tendrá lugar el ataque militar a Siria, auspiciado por los Estados Unidos, como retaliación por el alegado uso de armas químicas en su conflicto interno.

En el caso de Siria la situación pudiese ser más delicada, pues se sabe que entre los sectores que combaten al gobierno de Bashar al-Asad, integrados dentro de la Coalición Nacional Siria, no sólo hay una mayoría de islamistas sunitas, sino también grupos terroristas, entre los que sobresale al-Qaeda, el más peligroso para el interés nacional de los Estados Unidos.

Así, de esa manera, podría suscitarse el contrasentido de que Estados Unidos, en aras de cumplir un ideal de principios morales, defendiendo la dignidad humana donde ha sido ultrajada por el uso de armas químicas, al atacar militarmente al gobierno de Asad, esté, de manera involuntaria, fortaleciendo al grupo terrorista de al-Quaeda, el responsable de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre.

No cabe dudas que frente a los acontecimientos de Siria, se está en presencia de hechos sumamente complejos, los cuales tienen repercusión de carácter regional y global. Es tal vez  por eso que el presidente Obama, sometido a tantos dilemas y desafíos, haya decidido no asumir él solo, como representante del Poder Ejecutivo, la decisión de atacar militarmente a Siria, sino contar con el respaldo, la responsabilidad y el compromiso del Congreso norteamericano.

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Lucha y ejemplo en Frederick Douglass

Frederick Douglass portrait

 

A propósito del libro de Frederick Douglass,“Vida de un esclavo americano, escrita por él mismo” (Capitán Swing, 2010; presentación de Angela Y. Davis)

Los dos iconos afroamericanos más importantes del siglo XX, Malcolm X y Martin Luther King Jr., son figuras bastante conocidas fuera de su país. El siglo XIX estadounidense, en cambio, tan rico en fascinantes ejemplos de esclavos fugitivos que acaban convirtiéndose en agitadores abolicionistas, aún no ha sido integrado en nuestra memoria popular. La aparición de una nueva traducción de Vida de un esclavo americano (1845) de Frederick Douglass, gracias a la encomiable apuesta de la editorial Capitán Swing y al excelente trabajo de los traductores Carlos García Simón e Íñigo Jáuregui Eguía, representa una meritoria contribución a la popularización del personaje más relevante de la historia afroamericana del siglo XIX. La obra abarca la vida de Douglass como esclavo en el estado meridional de Maryland, su fuga al Norte y los primeros tiempos como esclavo fugitivo en Massachusetts. También incluye uno de sus discursos más célebres, con motivo de la fiesta nacional del 4 de julio, donde reflexiona sobre las contradicciones de una nación fundada en los ideales emancipadores de la Ilustración y penosamente enriquecida por la negación radical y sistemática de estos mismos ideales a una parte considerable de su población.

En Vida de un esclavo americano queda fuera, pues, la mayor parte de la vida de Douglass, ya en libertad, cuando se convirtió en un famoso e influyente líder abolicionista, destacado militante del sufragio femenino –del que hizo una vehemente defensa en la histórica Convención de Seneca Falls de 1848–, fiel amigo de la libertad irlandesa, infatigable defensor de los derechos del mundo del trabajo y, durante un breve periodo de tiempo, máxima autoridad diplomática de Estados Unidos en la República de Haití.

La obra de Frederick Douglass es el ejemplo más destacado de la narrativa de la esclavitud afroamericana. A pesar de todo, el autor es relativamente poco conocido entre nosotros. Probablemente, buena parte de esta ignorancia se explica por el injusto olvido del que ha sido víctima en Hollywood. En efecto, salvo una brevísima aparición en Tiempos de Gloria (1989) de Edward Zwick, Douglass es el gran ausente en los dramas históricos del cine norteamericano. La ausencia de Douglass tiene sentido. Hollywood tiene un largo historial, culminado con la vergonzante chapuza del Lincoln de Spielberg, de invisibilizar a los afroamericanos de su propia historia, al retratar la Guerra de Secesión y el consiguiente fin de la esclavitud como episodios históricos protagonizados casi exclusivamente por blancos.

Otro factor que juega en contra del conocimiento de Douglass es la incomprensión general sobre el lugar que ocupa la esclavitud en la historia del capitalismo. Hay que reconocer que los apologetas del capitalismo, ayudados paradójicamente por los tóxicos restos de las versiones más vulgarizadas y deterministas del marxismo, han logrado imponer la percepción ahistórica según la cual el capitalismo y la esclavitud son realidades institucionalmente incompatibles . Según este relato, el principal responsable del fin de la esclavitud en los Estados Unidos fue el empuje incontenible del desarrollo del capitalismo industrial en el norte del país. Se trata de una visión tan conveniente para la actual clase dominante como alejada del más mínimo respeto a la verdad.

Lo cierto es que el final de la esclavitud tal como existía en el Sur de los Estados Unidos representa uno de los golpes más duros de la historia del capitalismo. [1] Con la liberación de los esclavos, se esfumaron millones de dólares en propiedad privada, se atenuó la hiperexplotación de millones de trabajadores negros y se cuestionó la lógica capitalista de expropiación y mercantilización de las relaciones humanas. Evidentemente, esta medida no fue impulsada de manera suicida por los grandes capitalistas del momento ni tampoco vino determinada por ninguna exigencia interna en su sistema económico. El destino final de la esclavitud en los Estados Unidos no estaba escrito en ningún manual de economía o historia. La abolición fue el resultado victorioso de un amplio movimiento democrático e internacional que incluía radicales de clase media, obreros británicos que preferían sufrir el paro a tener que colaborar económicamente con el gobierno rebelde de la Confederación y, obviamente, los mismos afroamericanos, que tuvieron un papel muy relevante en la muerte de la esclavitud, ya fuera participando en las revueltas de esclavos, huyendo hacia las posiciones del ejército federal durante la Guerra, combatiendo en las filas del mismo ejército en peores condiciones que sus compañeros blancos o, como el mismo Douglass, escapando de la esclavitud para luego llevar una vida de agitación y organización en pro de la abolición en todo el país.

En toda esta historia es francamente difícil exagerar la importancia de Vida de un esclavo americano. La obra de Douglass representa un saludable y emotivo recordatorio sobre el papel de los esclavos en su liberación y, al mismo tiempo, una fuente inagotable de lecciones y enseñanzas para los que hacen de la lucha cotidiana contra la injusticia la brújula moral de su propia existencia. Se trata, sin duda, de uno de los grandes clásicos de la tradición del pensamiento emancipador universal, una lectura obligada para cualquier persona interesada en la historia estadounidense y en el potencial liberador del activismo político-cultural.

El libro está lleno de descripciones y reflexiones memorables sobre la vida cotidiana bajo la esclavitud. En uno de los fragmentos más famosos, el niño Douglass cata, casi por accidente, los rudimentos del lenguaje escrito. La escena tiene lugar en Baltimore. Sophia Auld, la señora de la casa donde Douglass sirve, no está acostumbrada a tratar con negros y, desconocedora de las leyes que penalizaban la alfabetización de los esclavos, cae en la temeridad de enseñarle las primeras letras. Cuando el señor Auld lo descubre, le prohíbe que continúe, alegando el carácter ilegal del gesto y explicándole las devastadoras consecuencias que podría tener en el correcto funcionamiento de la relación entre amo y esclavo: «(…) Un negro no tiene que saber nada más que obedecer a su amo, que para eso está. (…) Si enseñas a leer a este negro (…) no podrás después conservarlo. Quedará para siempre incapacitado como esclavo. Se volverá incontrolable al momento y dejará de tener ningún valor para su amo. En cuanto a él mismo, no le hará ningún bien, sino muchísimo daño. Le convertirá en alguien descontento e infeliz».

La actitud del amo hace comprender a Douglass la necesidad de completar su aprendizaje por su cuenta. Y es que, en efecto, el pronóstico del señor Auld se acaba cumpliendo en gran parte. Douglass aprende el significado de la palabra abolición y, desde entonces, se obsesiona con la idea de huir hacia el Norte. Mientras, sin embargo, el destino de Douglass todavía cambiará de manos en diversas ocasiones. La variedad de amos le hará sufrir múltiples grados de explotación. No sólo por las diferencias de personalidad en crueldad y avaricia, sino también por las condiciones específicas de la esclavitud en el campo y en la ciudad. En este sentido, son de gran interés las reflexiones de Douglass sobre los momentos en los que deseaba la libertad con más vehemencia: «Mi experiencia como esclavo me ha llevado a darme cuenta de lo siguiente: siempre que mis condiciones mejoraban, en vez de aumentar mi satisfacción, aumentaba mi deseo de ser libre y me ponía a idear planes para conseguir la libertad. Me he dado cuenta de que para tener un esclavo contento es necesario impedir que piense».

El hilo que recorre la obra es la creciente consciencia de un esclavo sobre la propia humanidad y sobre la adquisición de los instrumentos necesarios para alcanzar la libertad. El tortuoso proceso de alfabetización tiene un papel fundamental en la ampliación de sus horizontes y en la consolidación del sentimiento de injusticia (significativamente, esta edición se cierra con un recuerdo sobre la sorprendente tenacidad con la que, ya como trabajador libre en una fundición, Douglass conseguía arañar momentos para la lectura, a pesar de la inercia alienante en la que vivían sus nuevos compañeros). La disposición a luchar por todos los medios –violencia incluida– contra amos y capataces es la otra gran herramienta que irá afilando hasta que asume el valor de arriesgar la vida en la peligrosísima aventura de romper sus cadenas de manera definitiva.

Uno de los grandes valores de Frederick Douglass es justamente su capacidad para razonar políticamente a partir de sus experiencias vitales, prepolíticas, consciente del poder del ejemplo para motivar la elevación moral y activista de la mayoría. En un discurso pronunciado el 3 de agosto de 1857, Douglass resumía así una de las grandes lecciones de su obra: «Si no hay lucha, no hay progreso. Aquellos que dicen estar a favor de la libertad pero desprecian la agitación política, son hombres que quieren cosechar sin haber sembrado; quieren la lluvia sin el rayo y el trueno; el océano sin el horrible estruendo de sus caudalosas aguas. La lucha puede ser moral, física, o de ambos tipos, pero debe ser lucha. El poder no concede nada si no se le exige. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Averiguad lo que un pueblo acatará sin protestar y habréis descubierto la medida exacta de la injusticia y el oprobio que caerá sobre él. Y esa situación continuará hasta que el pueblo se resista con el puño o con la palabra, o con ambos. Los límites de los poderosos los marca la resistencia de aquellos a quienes oprimen».

Nota:

[1] Como se sabe, la esclavitud nunca ha dejado de existir y, de hecho, hoy en día se encuentra en un momento de gran expansión. Actualmente hay: «más esclavos que en ningún otro momento de la historia, en una nueva servidumbre que no se basa tanto en la propiedad como en el endeudamiento, y que se distingue por ello de la antigua por el hecho de que un esclavo cuesta hoy mucho menos que en el pasado». Josep FONTANA, Por el bien del imperio, Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona, 2011, p. 968. Véase también a modo de ejemplo: “La crisis aumenta la esclavitud”, El País, 7 de septiembre de 2009.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Trujillo, Balaguer y Leonel

POR RAFAEL NUÑEZ

Cuando mataron al tirano dominicano, era un niño que apenas caminaba. No había cumplido los tres años, de manera que las informaciones que tengo en mi disco duro, las incorporé leyendo publicaciones, asistiendo a charlas y observando audiovisuales sobre la Era de Trujillo. No puedo tener, pues, vivencias que me recuerden nada de aquella época.

La cara oscura del dictador es bien conocida y repudiada hasta por sus colaboradores que aún viven. El régimen no podía ser más opresor, criminal y todo lo que se pueda adjetivar con tal de calificarlo como violador de los derechos humanos. Hay otra faceta que tiene que ver con el desarrollo de infraestructura, que los anti trujillistas omiten, pero no abundo en ello porque no soy ni pretendo ser apologista del trujillismo.

No albergo temor alguno de que puedan estigmatizarme porque planteo mi parecer independiente, sin narigoneo del pro ni de anti trujillistas. En una cosa sí estoy claro: la libertad de la que gozo con mi familia y amigos es producto de la sangre derramada por valientes dominicanos, y ese solo elemento es suficiente para estar feliz de no vivir en una dictadura.

Cuando hacemos historia, periodismo, cine, investigación científica o cualquier otra actividad profesional cuyo fin sea acercarnos a la realidad de los hechos pasados y presentes, debemos quitarnos la venda de la pasión religiosa, política, étnica, racial, o de los egos desenfrenados. El investigador tiene que hacer un gran esfuerzo para no apasionarse o lucir tendencioso, de manera que el producto final de su trabajo se perciba con el crisol de la independencia, de manera que el público tenga la oportunidad de sacar conclusiones propias.

Un documento histórico tiene más contundencia que cien páginas de palabras afirmando que Trujillo fue un criminal. En definitiva, no son los personajes quienes construyen la historia, son las fuerzas sociales y las circunstancias que llevan al ser humano a jugar un rol en un determinado momento. Como dijo José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias”.

Rafael Leonidas Trujillo no es la figura que conocemos solo porque dependiera de sus egos. En definitiva, hay responsabilidad también de las fuerzas sociales que lo auparon en circunstancias muy específicas. No se debe vender la idea, pues, de que fue un dictadorcito amanerado porque tenía voz aflautada, o un renacuajo que no tenía dominio de sus emociones.

Desde antes de sustituir al otro dictador, Horacio Vásquez de la Presidencia de la República, Rafael L. Trujillo Molina fue capaz de poner a las órdenes de su causa política futura, a la intelectualidad de entonces; me refiero a Manuel Arturo Peña Batlle, Rafael Estrella Ureña, J. María Incháustegui, Albert Font Bernard, Domingo Moreno Jiménez y Joaquín Balaguer, entre otros. ¿Fue por ser un tarado o falto de inteligencia que Trujillo puso a su servicio a las mentes más lúcidas del país? Rotundamente no.

Cuando se pasa balance de los 31 años de aquellos gobiernos, nos ocurre como en la pelota, que una vez auscultamos cualidades en uno de nuestros deportistas, adoptamos uno de dos extremos. Decimos que se trata de un súper astro de la disciplina, o murmuramos por lo bajo y en los diarios de circulación nacional, escribimos que Fulano y Zutano son unos fracasados. El extremismo y la pasión son dos cualidades en nuestras cortas perspectivas para analizar personajes y hechos.

Lo propio ocurre cuando se habla del doctor Joaquín Balaguer, de quien en mi época juvenil, que esa sí la viví, escuché horrores del líder de los reformistas. Nadie tiene que contarme, por ejemplo, que fueron los mismos anti balagueristas de hoy, los artífices de las campañas contra el más ducho de quienes han ostentado el poder. Desde muñequito de papel, pasando por la acusación de homosexual, dicho con palabras que me las ahorro, soportó estoicamente Joaquín Balaguer Ricardo. De sus actuaciones, sus omisiones y desenfrenos, nadie me puede contar. El encabezó tres períodos de gobiernos que, en términos de libertades públicas, son aborrecibles. También hay que decir a favor de la verdad histórica, el contexto en que asumió el gobierno en 1966. Fueron sus más enconados defensores que le dieron la oportunidad de oro para que después de la era de los 12 años, Balaguer resurgiera como el Ave Fénix para que pudiera hacer 10 años más, con un estilo de gobernar adecuado a las circunstancias, lo que para muchos representó su reivindicación en el orden político.

A las generaciones que pertenecen nuestros hijos y nietos no se les debe vender imágenes distorsionadas de los actores políticos que jugaron un rol estelar en nuestra historia reciente. Cuando desdibujamos la personalidad de ellos, estamos manipulando la realidad. Si no los presentamos como fueron, quitamos la oportunidad a los jóvenes de que vean todas las facetas. Ni Trujillo ni Balaguer fueron renacuajos políticos. Se puede estar en desacuerdo con ellos, y de hecho, buena parte de este país reprocha sus estilos, pero tenemos que presentar las dos caras de la moneda, si el objetivo de la obra es hacer historia, ya sea audiovisual o un documento impreso que sirva para la posteridad. Si uno es parte afectada por esos gobiernos, lo mejor es guardar distancia y no embarcarse en escribir la historia desde un solo ángulo.

Desde Horacio Vásquez hasta nuestros días, se puede afirmar que Trujillo, en los 31 años de dictadura, y Balaguer, en sus primeras tres administraciones, violentaron los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos, pero si se escribe la historia sin pasión, debemos colocarlos en su justa dimensión, pues cuando tratan de empequeñecerlos políticamente por envidia, mezquindad o problemas personales, quien lo hace se disminuye a sí mismo y a quienes los adversaron. Los héroes del 30 de mayo no pueden sentirse felices cuando se afirma que a quien mataron fue un mequetrefe o dictadorcito.

En la última etapa histórica, hemos tenido la fortuna de vivir en democracia, de tener a otro líder, Leonel Fernández, quien tras la muerte de Peña, Balaguer y Bosch, ha sido presidente en múltiples ocasiones, igual que Horacio Vásquez, Ulises Heureaux, Pedro Santana, Rafael L. Trujillo y Joaquín Balaguer, con la diferencia de que el hijo de doña Yolanda ha gobernado democráticamente, promoviendo y respetando los derechos fundamentales de los dominicanos, y auspiciando el desarrollo del país, aparte de que no usó el cargo para hacer una modificación constitucional que le permitiera perpetuarse en el poder de manera continua.

TOMADO DE DIARIO LIBRE

 

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JOSE TOMAS PEREZ: ¿Fábrica de presidentes?

El autor es exsenador del Distrito Nacional y miembro del Comité Político del PLD.

 José Tomás Pérez

La Constitución de los Estados Unidos se elaboró no solo para que fuera un instrumento de garantía de los derechos y deberes de sus ciudadanos, sino también para que sirviera de guardián vigilante de los principios democráticos que desde temprano establecieron sus líderes y padres fundadores.

La alternabilidad en el poder ha sido un factor clave para que esa gran nación se haya convertido en una auténtica fábrica de presidentes, fundamentada en el mandato constitucional que obliga a que los mismos solo pueden reelegirse una sola vez y nada más. Los padres fundadores nunca estuvieron ajenos al conocimiento de las debilidades y flaquezas que conlleva el ejercicio continuo del poder, y el apego que genera el mismo en hombres cuya naturaleza son la ambición desmedida o el afán de gloria.

Cuando se ejerce el poder una, dos, tres veces o más, la red de relaciones que se crean, los favores económicos que se dispensan, las dependencias políticas que se generan, los comunicadores remunerados que se ponen al servicio de la causa, los empresarios que se favorecen con las grandes contratas y las privilegiadas exoneraciones de impuestos, tejen entre todos un entramado de obstáculos que hacen casi imposible el surgimiento de nuevos liderazgos, especialmente dentro de  sociedades subdesarrolladas y con grandes debilidades institucionales como las que existen en la mayoría de los países del tercer mundo. La simbiosis de estos factores se constituye en los determinantes para la conformación de liderazgos absolutistas y apabullantes.

No queda espacio para más nadie  y solo el blindaje legal que provee una Constitución puede neutralizar semejante fenómeno. No es que no existan líderes que puedan levantar vuelo, es simplemente que no se le permite que levanten vuelo.

La historia, como siempre, es rica en ejemplo y lecciones. El PRI de México, con 71 años en el poder y 13 jefes de estado ha sido una auténtica fábrica de presidentes, no porque no le sobraba deseos a algunos de sus líderes de permanecer eternamente en el poder, sino porque la Constitución de la República solo le permitía un mandato de 6 años y nada más. Lo mismo puede decirse del El Salvador,  Panamá, Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica, países cuyos esquemas constitucionales han hecho posible el surgimiento de numerosos líderes que luego se convirtieron en presidentes.

En el caso de la República Dominicana, cuando se asumió el esquema de reelección norteamericana, se estaba sembrando las bases para la renovación del liderazgo político de los partidos. Pero, lastimosamente, la última modificación constitucional volvió a establecer de nuevo un régimen que, en la práctica, estará dirigido a favorecer el regreso de los que ya fueron presidentes, no de los que aspiran a serlo, a menos que no se imponga una verdadera política de renovación interna dentro de los partidos.

Es posible que el expresidente Leonel Fernández esté siendo sincero en su planteamiento para que el PLD se convierta en una fábrica de presidentes. Particularmente, no tengo porque dudarlo. Pero ¿podrá resistirse a la tentación que provocan aquellos factores, que encadenados, propician el absolutismo y el caudillismo dentro los partidos políticos? Se necesitaría mucha voluntad y una gran dosis de desapego para liberarse de estos condicionantes.

No importa que las tendencias ideológicas de los partidos sean de derecha o de izquierda, en estos países tercermundistas la historia del liderazgo ha sido la de permanecer, y si las circunstancias lo permiten, eternizarse. En el ala de la izquierda podemos citar muchísimos nombres, pero para no hacer la lista muy larga cabe  destacar en China a Mao Tse Tung, en Corea del Norte a Kim Il Sung  y su hijo, en Cuba a Fidel Castro, en la URSS a Joseph Stalin, en la antigua Yugoeslavia a Tito. En la derecha la lista es interminable, Hitler, Mussolini, Trujillo, Pinochet, Kadhafi, Duvalier, Francisco Franco, Sadham Hussein, y muchísimas especies más representantes de esta sanguinaria fauna de dictadores.

Los casos de Mandela o Benedicto XVI son raros en la historia. Ambos renunciaron a permanecer en el poder, cuando nadie se lo pedía. Sin embargo, renunciar desde el poder y convertirse en mentor de nuevas generaciones de líderes y gobernantes parece que no está en el esquema de la mayoría de los políticos tradicionales.

El expresidente Fernández tiene condiciones políticas y personales excepcionales para convertirse en un eficiente promotor del liderazgo dentro de su partido. No hay nada, sin embargo que lo obligue a hacerlo, como tampoco tiene obstáculos en su camino que le impida no hacerlo. Cada quien es dueño de su propio destino y el tiene el derecho de escoger el que encuentre más conveniente. Parafraseando al papa Francisco, diría que yo no soy nadie para recomendarle que se jubile.

Lo que si está claro es que El PLD será una fábrica de presidentes, solo cuando la Constitución de la República lo propicie o cuando el desapego de sus líderes se lo permitan. En 40 años de fundado, nuestro partido ha demostrado ser una fábrica muy poco eficiente en lo que a producción de presidentes se refiere.

Hasta hoy la producción solo ha alcanzado para dos.

 

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La agricultura debe volver a manos de quien la trabaja

Pese a las promesas de la revolución verde, luego de mas de 50 años el hambre sigue creciendo en el mundo a un ritmo aterrador. Jacques Diouf, Director General de la FAO, anunció recientemente que hemos batido un triste record del que podemos avergonzarnos: la cifra estimada de personas con hambre ya ha alcanzado la cantidad de 1.000 millones.

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El postulado de que los cultivos modificados genéticamente serían la solución al hambre se basó en dos supuestos: que estos cultivos producirían mas que los tradicionales y que el hambre está relacionado con la cantidad de alimento producido. Ambos son incorrectos:

– Es un hecho científicamente demostrado que los transgénicos no producen más que las cosechas no transgénicas, incuso en muchos casos la producción es hasta un 25% menor que la de las variedades tradicionales de la región donde se introducen.

– Y sobre la relación entre hambre y producción de alimentos, en muchos casos los países con mayores porcentajes de hambrientos son, en realidad grandes productores de alimentos, incluso mucho mas de lo necesario para su propia población.

Para colmo de males, a esta danza de mentiras impiadosas, se ha sumado la de los agrocombustibles, que pone en competencia directa la producción de alimentos humanos, con la generación de carburantes para motores.

Reduciendo drásticamente la superficie mundial de tierras destinadas al cultivo de alimentos y encareciendo el precio de los mismos.

“La ingeniería genética es una tecnología monopolizada por un grupo pequeño de empresas y la mayor parte del mercado de semillas y agrotóxicos está controlada por tres compañías: Monsanto, Syngenta y Aventis. Éstas se comportan como dictadores de la alimentación: impiden que los agricultores ejerciten su ancestral derecho a guardar, intercambiar y reutilizar sus semillas, fuerzan a agricultores y consumidores a utilizar y consumir organismos genéticamente modificados, llevan a los tribunales incluso a quienes infringen sus patentes de manera involuntaria, socavan las bases de unaagricultura social y medioambientalmente sostenible y ejercen influencia política para generar un modelo agrario en el cual los productores se sometan a sus reglas, concentrando cada vez más la riqueza en sus manos.” Según Juan-Felipe Carrasco.

El hambre en el mundo, el padecer diario de esos mas de 1.000 millones de personas, que en su mayoría son niños, no es producto de la escasez de alimentos, sino que la principal y casi única causa es la injusta distribución de la riqueza, propia del sistema económico en que vivimos. No es que no hay alimentos, sino que estas personas no tienen dinero para comprarlos o tierra y medios para producirlos por si mismos. Sin embargo, los agrocombustibles pueden inclinar mas aun la balanza de esta peligrosa ecuación.

El aumento en la producción de agrocombustibles tiene una relación directa con la cantidad de alimentos producidos a nivel mundial. Las tierras utilizadas para dar de comer a los motores son en su gran mayoría tierras originalmente destinadas a la alimentación humana y en menos medida obtenidas por la deforestación, que además contribuye a la reducción de los recursos naturales utilizados por los pobladores de la región para su nutrición.

Los intereses económicos en juego son gigantescos y las multinacionales del agronegocio se han encargado durante las últimas décadas de tejer una telaraña de dimensiones planetarias en beneficio de sus propias ganancias a costa del hambre de la población mundial.

La agricultura debe volver a manos de los campesinos, debe volver a dar trabajo digno a los cientos de millones de familias que han perdido su capacidad de autosustentarse en manos de los monocultivos transgénicos. Debe volver a su tradicional comunión con la tierra, a cuidar del suelo y del agua, de la diversidad biológica y de todos los seres vivos que habitamos este increíblemente generoso planeta. www.ecoportal.net

Ricardo Natalichio – Director EcoPortal.net
Editorial Ambiente y Sociedad N° 443

 

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ORLANDO DICE… El PLD será diferente, pero no distinto a sus integrantes

@orlandogildice

DIFERENTE.- La documentación del VIII Congreso Ordinario Comandante Norge Botello hace pensar en la refundación de un partido que como el PLD pudo haber perdido su horizonte original después de tres mandatos de poder y uno en proceso. Los críticos de dentro y de fuera hablan de los propósitos iniciales y de las enseñanzas de Juan Bosch, pero lo hacen por fastidiar, sabiendo que eso no solo es difícil, sino imposible. La teoría del cangrejo lo explica todo y más. Entre el 1973 y 2013 median cuarenta años, y no hay manera de retrotraerlo, ni siquiera con poesía. Escribió Pablo Neruda que “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. El partido que surja del vientre de este proceso será diferente en algunas de sus formas, pero nunca distinto a los hombres y las mujeres que lo integran. Acaso se pondrán en blanco y negro las nuevas nociones, y se justificarán mediante normas las desviaciones de los años de poder. Si fuera otro el partido que se gestara, entonces los cambios deberían entrañar al personal de dirección, y por lo que se adelanta, todos sus altos dirigentes se quedarán…

EL CAMBIO.- Por alguna razón recóndita, y mucho más inexplicable desde entonces, el PRD de 1978 puso de moda una novela que se suponía superada: El Gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa. La frase de Tancredi, uno de los personajes memorables, lo dijo todo, y lo sigue diciendo al discurrir de los años, desde Il Risorgimento italiano hasta estos días, en que todo se disimula desde el poder: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Conociendo la situación social de los peledeístas de ahora, que es diferente a la de entonces, Lampedusa y no Bosch debe ser su lectura obligada. Habrá que ver como dan la vuelta, pero no solo para mantener la hegemonía de poder, sino para conservar la cohesión de sus miembros, entre los que se cuentan de todos, pues los guiños de la fortuna no fueron iguales para todos. Ya no hay hijos de Machepa, de eso no hay dudas, pero hay unos Tutumpotes que exhiben riquezas impensables en un partido que se planteó la liberación nacional o llevar a cabo la obra inconclusa de Juan Pablo Duarte

LO NUEVO.- El nombre del congreso podría ser un indicativo, porque Botello no fue un hombre de ideas, sino de acción, y uno de sus compañeros, queriendo hacerse más gracioso de la cuenta, propuso la moción, y fue aprobada, de que se le agregara el título de comandante. De manera que en el proceso que lleva hasta marzo lo que menos habrá serán reflexiones profundas y sí mucha adecuación táctica a los nuevos tiempos y a la proclamada intención de mantenerse en el poder durante 20 años más. El modelo del peledeísta ya no podrá ser como en otra época un teórico como Carlos Amarante Baret, queriendo asumir como doctrina a Bosch, sino un político práctico y con sentido de poder como Félix Bautista. Con razón muchos peledeístas de la vieja escuela se rasgan las vestiduras, y dicen más para sí que para otros: Lo veo y no lo creo. Los Félix Bautista llegaron para quedarse, y eso explica que el grupo del ex presidente Leonel Fernández sea uno de los imponderables de cualquier situación. Se vio en la dirección de las cámaras y se espera suceda igual en el VIII Congreso…

INTEGRANTES.- El VIII Congreso dará mucho de que hablar, pues en su transcurso se discutirán 15 asuntos ñcomo dicen ahorañ puntuales. Sin embargo, ese ejercicio no será lo crucial. Lo importante y decisivo será la nueva composición de los comités Político y Central. Nadie saldrá, pero intriga quienes entrarán, y no por ellos, sino por la forma y sobre todo por el patrocinio. No debe olvidarse que por mucho que se disimule en el interior del PLD hay una lucha entre dos sectores que como en la voz de Patxi Andión: “se soportan amistosos, más no son una canción”. El pulso está planteado aunque no lo quieran, pues el poder no necesita de la libre voluntad los hombres, sino de su circunstancia. La circunstancia del VIII Congreso no solo será memorable, sino que sus confrontaciones grandes o pequeñas permitirán entrever el 2016. El PLD que surja del VIII Congreso tendrá el sello del 2016, para bien o para mal, ya que Leonel Fernández y su gente van a tratar de adelantar lo más que puedan, y Danilo y los suyos no podrán dejarlos hacer, dejarlos pasar…

 

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¿Sería la vida en Marte parecida a la de la Tierra?

JOSÉ MANUEL NIEVES

Si hubiera vida en otros planetas, podría no parecerse en absoluto a la que conocemos. Es una limitación que, de hecho, hace extremadamente difícil su identificación. En Marte, sin embargo, las cosas podrían ser muy distintas, ya que el Planeta Rojo es muy parecido al nuestro y la vida, si es que alguna vez la hubo, podría ser muy similar a la que nos rodea.
¿SI HUBIERA VIDA AHÍ FUERA, SE PARECERÍA A LA DE LA TIERRA?
No necesariamente. La vida que conocemos, la de todas las criaturas de la Tierra, está basada en el carbono y en una serie de componentes y reglas que son siempre las mismas, no importa que se trate de bacterias, moscas, elefantes o seres humanos. En efecto, toda la vida terrestre procede de un único y lejano antepasado común, un organismo hipotético que los científicos llaman LUCA (Last Ultimate Common Ancestor), que “estrenó” la forma de estar vivo y al que debemos todas nuestras características, seamos de la especie que seamos.
Sin embargo, nada impide la existencia de seres vivientes que sigan otras reglas, o que estén basados en otros elementos diferentes al carbono. Lo que sucede es, hasta ahora, nunca se ha encontrado uno.
SI LA VIDA EXTRATERRESTRE NO ESTUVIERA BASADA EN EL CARBONO, COMO EN LA TIERRA, ¿SABRÍAMOS IDENTIFICARLA?
Probablemente no. La razón es que, al no conocer su bioquímica, sería muy difícil, por no decir imposible, diseñar los experimentos adecuados para que nuestros instrumentos detecten esas formas de vida fuera de la Tierra. Algunos piensan que estamos literalmente rodeados de formas de vida “diferentes” pero que, simplemente, no somos capaces de identificarlas.
Cuando una misión espacial busca vida fuera de nuestro planeta, lo único que puede aspirar a encontrar son formas de vida que “funcionen” exactamente de la misma manera que las terrestres, que son las únicas que conocemos. Los experimentos a bordo del Curiosity, por ejemplo, sólo pueden detectar los componentes biológicos (los “ladrillos de la vida”) que se conocen, que son los que hacen que nosotros mismos estemos vivos.
Otra cosa sería, por supuesto, toparse con una criatura compleja, que podamos ver o fotografiar, independientemente de cuál sea su bioquímica. Pero eso no es una aproximación realista al problema, ya que es mucho más fácil localizar microorganismos (o sus huellas o restos), que deberían ser, tal y como sucede aquí, mucho más comunes.
La Ciencia funciona por comparación y, en cuanto a la vida se refiere, sencillamente no tenemos nada con qué compararnos. Se está intentando buscar criaturas “diferentes” aquí mismo, en nuestro planeta. Recordemos, por ejemplo, el fallido anuncio de aquellos famosos microorganismos cuyo metabolismo se basaba, en teoría, en el arsénico, y que al final resultaron ser como todos los demás. La NASA dio entonces un gran patinazo, pero si realmente hubiera sido así, ahora tendríamos una forma de vida “alternativa” que nos serviría para ampliar nuestro abanico de búsqueda a una clase de criaturas completamente diferentes a las que conocemos.
Los esfuerzos en este sentido, sin embargo, continúan, y los científicos centran sus esperanzas en los llamados “extremófilos“, criaturas que, aquí en la Tierra, han logrado adaptarse y sobrevivir en lugares donde nadie, excepto ellos, podría prosperar. Se ha encontrado vida, en efecto, a más de 120 grados centígrados en las mismísimas calderas de volcanes; o a varios km. de profundidad, en la rocas viva, donde jamás ha llegado luz ni oxígeno; o bajo las gruesas capas de hielo de la Antártida, o junto a chimeneas termales submarinas, a varios km. de profundidad bajo las aguas oceánicas. Saber cómo logran sobrevivir estas peculiares criaturas nos servirá para poder buscarlas, también, fuera de nuestro planeta.
¿VALE TODO ESO TAMBIÉN PARA MARTE Y EL CURIOSITY?
Por supuesto que sí. Sin embargo, los investigadores creen que, en el caso de que la encuentren, la vida de Marte debería de parecerse mucho (o incluso ser idéntica) a la de la Tierra. La razón es que ambos planetas se parecen extraordinariamente y se formaron a partir de los mismos materiales y elementos. Además, con Marte existe la posibilidad de “contaminación” de formas de vida ya desarrolladas en planetas cercanos.
De hecho, la vida, la que conocemos, podría haber pasado de la Tierra a Marte sin demasiados problemas, a bordo de meteoritos. O incluso al contrario, podría haberse originado en Marte, que es algo más antiguo que la Tierra, y haber viajado después hasta aquí. En cualquiera de los dos casos, existen muchas posibilidades de que la vida terrestre y la marciana (si existe) sean muy parecidas.
El problema de la contaminación puede alcanzar, aunque con una probabilidad menor, también a otros candidatos a albergar vida dentro de nuestro Sistema Solar, como es el caso de varias lunas de Saturno y Júpiter.
Fuera de los dominios de nuestro Sol, sin embargo, la cosa cambia por completo. “Ahí fuera”, en efecto, podría haber formas de vida que, hoy por hoy, no seríamos capaces de identificar. Se ha confirmado ya la existencia de más de 850 planetas extrasolares, y algunos de ellos (unos cincuenta) con algunas características similares a las de la Tierra. Pero nadie nos puede asegurar que en esos mundos lejanos la vida haya surgido de manera completamente distinta a como lo ha hecho aquí.
¿QUÉ INDICIOS SE HAN ENCONTRADO HASTA AHORA?
La verdad es que no demasiados, aunque sí muy esperanzadores. Por ejemplo, ahora sabemos que el agua es un elemento bastante común en el Universo. Se han detectado inmensas nubes de vapor de agua en galaxias lejanas, e incluso se ha medido el espectro de varios aminoácidos y otros componentes esenciales para la vida a miles de años luz de distancia. Entre los exoplanetas conocidos, además, hay 7 que parecen ser especialmente favorables y que reúnen varias de las características que creemos necesarias para la vida.
¿SE PUEDE PENSAR EN LA EXISTENCIA DE VIDA INTELIGENTE, INCLUSO DE CIVILIZACIONES AVANZADAS?
Dado que el Universo tiene 13.700 millones de años y que en él existen billones de planetas, parecería lógico pensar que en algunos de ellos la vida pudo desarrollarse hasta formar criaturas complejas y, por qué no, civilizaciones. Ahí está la famosa ecuación de Francis Drake, un ejercicio matemático que combina diversas variables para calcular, de forma aproximada y según la ley de probabilidades, cuántas civilizaciones podría haber ahí fuera.
Drake encontró que, sólo en nuestra galaxia, podrían existir 100.000 civilizaciones tecnológicas, aunque otros investigadores han llegado a cifras completamente diferentes (que van de las diez a los varios millones) con solo cambiar el valor de algunas de las variables. En todo caso, aunque esas civilizaciones existieran, para que podamos contactar con ellas deberían, por lo menos, estar desarrollándose al mismo tiempo que la nuestra.
Nuestra tecnología espacial lleva existiendo poco más de medio siglo, menos que un parpadeo en la historia del Universo. Otras civilizaciones podrían haber surgido hace dos mil, o cinco mil, o siete mil millones de años, haber durado un millón de años y haber desaparecido para siempre mucho antes incluso de que naciera el primer ser humano.
El desafío, pues, sigue abierto. Y los esfuerzos se doblan en campos científicos muy dispares, que van de la astronomía a la física y la biología. El premio, sin duda, merece la pena.

 

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Haití: Reflexiones de un integrante de la Brigada Dessalines

 Sobre la realidad de un país ocupado. Cuando la soberanía se vuelve una utopía

 

English: Michel Martelly, Haitian politician
English: Michel Martelly, Haitian politician (Photo credit: Wikipedia)

 

 Hoy el 70% de la población haitiana es campesina, es decir vive directamente de la tierra.

Hoy el 60% de los alimentos consumidos en territorio haitiano son importados.

¿Por qué un país que tiene 7 millones de personas produciendo alimentos no puede darle de comer a las 10 millones de personas que lo habitan? Acá es cuando empieza la novela…

Según las agencias de cooperación internacional, las causas se encuentran en el modelo productivo atrasado, en la falta de tecnología de punta y en la inviabilidad de cualquier modelo productivo que no esté basado en la tecnología de insumos promovida por las multinacionales del agronegocio.

Esto es MENTIRA. Haití se autoabasteció de alimentos 150 años, hasta hace 30 años exportaba alimentos y no lo hacía produciendo sobre el modelo de agricultura industrial difundido a partir de la llamada “revolución verde”. ¿Entonces?…

Alguien está comandando este proceso de destrucción de la soberanía alimentaria mediante la despoblación del campo y la pérdida de la capacidad productiva. No hace falta indagar mucho para entender que ese alguien es Estados Unidos. Tampoco para ver cuáles son los objetivos que persigue.

Ante la pregunta ¿por qué a EE.UU. le interesa afectar la producción agropecuaria haitiana? Algunas de las muchas respuestas…

1) EL ARROZ

Haití hace 30 años se autoabastecía del arroz, que es la base de la dieta de su población. Hoy es el tercer comprador más grande, a nivel mundial, de arroz proveniente de los EE.UU. Esto es consecuencia directa de las políticas norteamericanas en el país y tiene dos beneficios estratégicos para EE.UU.: por un lado, actúa como buffer a sus exportaciones ante las variaciones anuales de su producción interna, ya que no tiene cuotas fijas a cumplir con Haití; y por otro lado, somete a los gobiernos del país caribeño a un mayor grado de dependencia, ya que ante cualquier medida que afecte los intereses imperiales, EEUU no tiene más que frenar los barcos de arroz que salen de Miami para agudizar el asedio de hambre al país y presionar al gobierno de turno.

2) CAMPESINO: ¡A LA MAQUILA!

La mano de obra no calificada, barata y exenta de cualquier derecho laboral es hoy un bien codiciado para el capital internacional y sus maquiladoras, más aún si los neo-esclavos están disponibles cerca de los grandes centros de consumo. Por esta razón, en los últimos 4 años se instalaron en Haití 18 zonas francas, con cientos de maquiladoras que en el mejor de los casos llegan a pagar un salario de U$D 2 diarios a sus trabajadores.

Sabiendo que en Haití hay millones de campesinos, sacarlos del campo y meterlos a trabajar en las maquilas es a todas luces beneficioso. Es con este objetivo que se boicotea la producción agrícola y se incentiva la reconversión de los agricultores hacia producciones que utilicen menos mano de obra. El máximo ejemplo en esta materia es el proyecto que, impulsado por la USAID, apuesta a reconvertir los arrozales en plantaciones de mango y banana, que utilizan 11 veces menos mano de obra.

3) DONDE ENTRA UNA MINA SALEN MILES DE AGRICULTORES

El territorio haitiano está cubierto en casi el 80% por montañas. Sobre estas montañas hay campesinos y debajo de ellas: oro, plata y cobre. Desde el 2010 se instalaron en el pais 11 proyectos de mega minería en manos de siete empresas (todas ellas provenientes de EEUU y Canadá).

Como lamentablemente ya lo sabemos en Argentina, este tipo de minería consume grandes cantidades de agua. El agua es un bien escaso e indispensable para los campesinos que deben emigrar de sus territorios a medida que las vertientes y arroyos se secan y se va volviendo imposible el -ya de por sí muy difícil- arte de ser agricultor en estas regiones montañosas.

Viendo algunos de los objetivos que persiguen los EEUU al atentar contra la soberanía haitiana, es interesante también evaluar algunas de las metodologías y herramientas que emplean a la hora de hacer realidad estas políticas.

1) LAS ONG y AGENCIAS

Son la cara más amigable del imperio. Según dicen, vienen a ayudar solidariamente a los pobres y desamparados. Manejan grandes cantidades de dinero que destinan fundamentalmente a: Cooptar y desarticular movimientos y organizaciones populares; donar alimentos para deprimir los precios internos; afectar la producción local e importar sus productos; introducir semillas e insumos del agro negocio en las producciones locales para, una vez perdidas las semillas criollas, comenzar a vender las semillas importadas y su paquete de insumos asociado; promover cultivos que necesiten poca mano de obra para dejar campesinos desocupados que trabajen en las maquiladoras. La madre de todas estas organizaciones es sin lugar a discusión la USAID.

2) LAS PRESIONES POLITICAS

La embajada de EE.UU. en Puerto Príncipe tiene más de mil funcionarios. Muchos dicen que es la casa de gobierno, y muy lejos no están de la realidad. A modo de ejemplo, el primer ministro Laurenth Lamothe es un confeso títere de los EE.UU. y todas sus decisiones responden a la embajada. Estas decisiones contradicen muchas veces la voluntad del actual presidente Michel Martelly, pero esto no parece importar demasiado.

3) EL GARROTE

Intervenir tan abiertamente en el país más pobre del hemisferio -un país que tiene 80% de subalimentación y una esperanza de vida que no supera los 50 años-, naturalmente genera mucho malestar entre los pobladores, que ven, no sin razón, a “los blancos” como la causa de todos sus males. Este malestar deriva en inestabilidad política y dificulta el ingreso de los capitales. Pero para esto también hay solución, y ahí entra en juego la MINUSTAH, una tropa que proviene mayoritariamente de países sudamericanos, que cuesta 800 millones de dólares al año (el presupuesto total del estado haitiano es de 1000 millones). La MINUSTAH no tiene, en la práctica (aunque sí en el discurso) otra función más que la de reprimir a un pueblo cansado ya de tanta explotación y condiciones de vida tan miserables y así mantenerlo callado y quieto mientras se continúa saqueando su territorio y explotando su trabajo.

En un país donde el hambre es un problema cotidiano, la pérdida de soberanía alimentaria sale a la luz de forma más evidente y dramática. Pero aún así, queda claro que es sólo una de las facetas de la pérdida de soberanía general, que abarca también los planos territoriales, políticos, económicos y culturales. Para la existencia del imperialismo, es condición la pérdida de soberanía nacional de los países pobres en manos de los países imperialistas. Por lo tanto, luchar por la soberanía nuestramericana es ser antimperialista y ser antimperialista es el único camino para ser libres.

El caso haitiano no es algo lejano y aislado de nuestra realidad. Las mismas empresas de agronegocio y los mismos capitales mineros son los que explotan hoy los recursos que constituyen la base de la economía argentina.

Alba TV

Facundo Ramos es militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional e integrante de la Brigada Dessalines, de Solidaridad con Haití

Fuente: http://www.albatv.org/Cuando-la-soberania-se-vuelve-una.html