Archivo de la etiqueta: Lenin

Poema a Lenin (Bertolt Brecht)

The two major economic policy makers of the US...

LENIN, 142º aniversario de su nacimiento

Un breve recordatorio de un nuevo aniversario de su natalicio en la pluma de Bertolt Brecht:

Lenin in his Kremlin office, 16th October 1918...

Vladimir Lenin
Vladimir Lenin (Photo credit: cdslug)

1

Al morir Lenin, un soldado de la guardia, según se cuenta,

dijo a sus camaradas: Yo no queríacreerlo.

Fui donde él estaba

y le grité al oído: “Ilich, ahí vienen los explotadores.

” No se movió.

Ahora estoy seguro que ha muerto.

2

Si un hombre bueno quiere irse,

¿con que se le puede detener?

Dile para qué es útil. Eso lo puede detener.

3

¿Qué podia detener a Lenin?

4

El soldado penso : Si oye que los explotadores vienen,

puede que estando solo enfermo se levante.

Quizás venga con muletas. Quizás haga que lo traigan

pero se levantará y vendrá para luchar contra los explotadores.

5

El soldado sabía que Lenin había peleado toda su vida

contra los explotadores.

6

Cuando terminaron de tomar por asalto

el Palacio de Invierno, el soldado

quiso regresar a su hogar, porque allí

se habían repartido ya las tierras de los propietarios.

Entonces Lenin le dijo: Quédate.

Todavía hay explotadores. Y mientras haya explotación

hay que luchar contra ella. Mientras tu existas,

tienes que luchar contra ella.

7

Los débiles no luchan. Los más fuertes

quizás luchen una hora.

Los que aún son más fuertes, luchan unos años. Pero

los más fuertes de todos, luchan toda su vida,

Éstos son los indispensables.

Entrevista a Francisco Fernández Buey sobre Lenin

Vladimir Lenin

“Son muchos los contemporáneos de Lenin, y no estricta ni necesariamente marxistas, que reconocieron que era una figura histórica de primer orden”

Nota edición mientras tanto: Recuperamos para el boletín de mt.e de este mes una interesante entrevista que Francisco Fernández Buey concedió hace un decenio [la entrevista está fechada en mayo de 2003] en torno a la figura de V. I. Lenin. El texto puede ser considerado un complemento del n.º 119 de la revista mientras tanto, el monográfico en homenaje a PFB.

* * *

Lenin, figura histórica

¿Cuáles fueron las corrientes ideológicas que influyeron directamente en la figura de Lenin? Es decir, ¿me podría explicar un poco el Lenin de juventud premarxista?

Probablemente, la primera influencia que tuvo Lenin fue la de los populistas o “narodniks”, que habían desempeñado un papel importante en la Rusia de los años setenta-ochenta. Incluso por motivos familiares, porque su hermano estaba directamente vinculado a esta forma de resistencia, populista o “narodnik”, ante el absolutismo zarista. O sea que yo diría que la primera influencia fue esta, y inmediatamente después ya la lectura de Marx y de los marxistas de la época.

¿Qué nuevas aportaciones hizo Lenin respecto a la teoría de Marx y Engels? Sobre todo en lo que se refiere a la idea de partido.

Yo creo que la aportación principal de Lenin es, en primer lugar, una aplicación de la teoría económica, como decía Marx, de la ciencia económica, a el análisis de les condiciones económico-sociales de la Rusia de comienzos de siglo. Este punto es importante, porque probablemente la primera aportación substancial de Lenin es su análisis del desarrollo del capitalismo en Rusia, y este análisis está muy inspirado en el punto de vista económico de Marx. Y esto es anterior a cualquier juicio que hagamos sobre otras aportaciones. La segunda, y yo creo que la más importante, digamos que es su teoría política. En Marx hay muchos apuntes, muchas consideraciones, muchas cosas interesantes para una teoría del partido, pero Marx no tuvo partido, y este es un punto importante. Conoció la Liga de los Comunistas, estuvo allí unos meses; conoció la Primera Internacional, pero esta tampoco era un partido en un sentido propio, y, por lo tanto, Lenin es probablemente de los primeros que se han planteado el asunto específico de lo que podía ser un partido político socialdemócrata, que era la palabra que se usaba inicialmente en 1903, en 1905, y esto yo diría que muy adaptado a las características específicas de la situación rusa de la época.

Hay otras aportaciones a la teoría marxista del partido; por ejemplo, la de Rosa Luxemburg. Pero la de Lenin es una consideración del partido específicamente adaptada a las condiciones del absolutismo zarista de la época, a la necesidad de un partido clandestino y con una organización profesional muy específica; esto no estaba en Marx.

Esta es una novedad radical. Esto no estaba en la obra de Marx.

Lenin aportaba nuevos aspectos ideológicos a la teoría marxista. ¿Qué factores de la realidad con que se encontró lo llevaron a hacer estos nuevos planteamientos, algunos contradictorios con la visión de Marx?

Tanto como contradictorios con la visión de Marx yo no diría. Aquí haría una precisión que sería la siguiente: se tendría que distinguir entre el Lenin teórico del partido y de la revolución, hasta 1917, y el Lenin estadista. Si consideramos el Lenin teórico del partido, de la revolución y del estado, yo diría que no hay contradicción con la visión de Marx, sino más bien una adaptación de su visión sobre el capitalismo, el estado y su función en la sociedad capitalista, a condiciones nuevas que estarían caracterizadas por dos cosas. La primera es que Rusia era todavía un país relativamente atrasado en comparación con la Europa central y occidental. Lenin está pensando en una situación considerablemente distinta de la que era la situación en Alemania, en Francia, en Inglaterra; y dos, que es una cosa que Marx difícilmente podía prever, aunque ya en el Manifiesto comunista está la previsión, digamos, de una cierta globalización del capital y del capitalismo, pero que no podía prever la forma en que se produjo, que es el paso a una nueva fase del capitalismo, lo que Lenin y otros [pensadores] de su época llamaban “imperialismo”. Esto es muy importante, porque aunque no esté en contradicción con la visión de Marx, es una ampliación importante de su aportación. Y aún existiría otro factor también importante que no podía prever Marx: es lo que representó la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 19; la consideración de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial fue clave para la formación de una teoría política y de una filosofía social en Lenin. O sea, en resumen: no hay contradicción, hay una ampliación desde el punto de vista de Marx. Se podrían ver contradicciones, por ejemplo, en su formulación de la teoría del partido, pero no tanto porque esto entre en contradicción con lo que Marx dijo sino porque Marx dijo muy poca cosa sobre este tema.

¿Por qué Lenin no mostró interés por la Revolución de 1905? ¿Qué carácter tenía para Lenin esta revolución?

Bien, yo no diría esto, no diría que no mostró interés por la Revolución de 1905. Yo diría que la Revolución de 1905 sorprendió a Lenin como a mucha otra gente, no solamente a Lenin. La verdad es que la Revolución de 1905 sorprendió a casi todo el mundo, sorprendió también a Rosa Luxemburg, por ejemplo. ¿Por qué? Pues porque la Revolución de 1905 tiene un origen muy complicado, es una revolución de carácter muy espontáneo que tiene sus raíces en la protesta en parte de los campesinos y en parte de los trabajadores industriales contra el zarismo, pero que viene desencadenada por la participación de persones como Gapon y gente de estas características que no tenían nada a ver con la resistencia social y política de la época. En este sentido es en el que se puede decir que a Lenin le sorprendió la Revolución de 1905, pero que mostró mucho interés por la Revolución de 1905 queda demostrado por el hecho que inmediatamente después escribió mucho. Caracterizó la revolución de 1905 como una revolución inicialmente democrático-burguesa, antiabsolutista, digamos, un poco haciendo la comparación histórica con lo que fue la primera Revolución Francesa, la revolución de 1789. Y, claro, consideró que esta no era una revolución socialista, una revolución proletaria, en el sentido que no se podía decir que la vanguardia de esta revolución fuera el proletariado.

Probablemente, lo que Lenin no vio con toda la dimensión que tenía fue el carácter de una de las instituciones claves de la Revolución de 1905, que es el nacimiento de los soviets en una forma aún muy espontánea. Y eso sí, como que Lenin tenía una concepción muy, como decirlo, muy cerrada del partido político como organización, ante esta forma abierta del soviet, que no era ni el sindicato característico de les sociedades europeas occidentales ni el partido político de profesionales en el que él pensaba, sí que tuvo problemas para interpretar qué significaban los soviets en 1905.

Lenin creía que se podía pasar, en el casa de Rusia, de una sociedad semifeudal a una socialista sin pasar por la dolorosa fase capitalista. ¿Piensa que la revolución de octubre de 1917 forzó la historia?

¿Si lo pienso yo? Sí, sí que lo pienso, y creo que Lenin también lo pensaba. Quiero decir, esta idea de que se podía pasar, en el caso de Rusia, de una sociedad semifeudal a una sociedad socialista es una idea muy extendida en la Rusia de la época. Creo que se podría decir que muy extendida en Rusia desde los años ochenta del siglo XIX. Esta era una idea que tenían ya los populistas rusos desde Chernichevski, y el problema aquí es que Marx ya de viejo llegó a pensar también esto en cierto modo. Cuando Vera Sassulich consulta a Marx si Rusia se podría ahorrar los sufrimientos del capitalismo, pues Marx, en 1880, se lo pensó mucho cómo contestar a esta pregunta. ¿Por qué? Porque era una pregunta complicada para el mismo Marx, sobretodo era complicada porque Marx había escrito en el volumen I de El Capital pasajes que parecían dar la idea que para llegar al socialismo era absolutamente necesario pasar por una etapa capitalista. Marx y también Engels hicieron la precisión en este momento, hacia el 80 del siglo XIX, que era posible en Rusia pasar de una sociedad semifeudal a una sociedad socialista, siempre y cuando, y esta era la condición, la revolución rusa coincidiese con la revolución en la Europa occidental; estaban pensando en Alemania, en Francia, en Inglaterra. Y lo dijeron muy explícitamente: si se produce esta coincidencia, probablemente Rusia podría ahorrarse los sufrimiento de…; esta idea, pues, Lenin la heredó de Marx. Ahora bien, hacia el 17, Rusia no era ya solamente una sociedad semifeudal; Rusia era dos cosas al mismo tiempo: en gran parte una sociedad semifeudal, pero en gran parte una sociedad con puntas de desarrollo capitalista importante. Y, pensando en ello, Lenin reconstruyó la teoría, digamos, pensando en la posibilidad de que, en esta ambigüedad entre las dos cosas, se podría llegar a una fórmula que fuese intermedia entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista. Por esta razón habla de una cosa que en la Europa occidental parece como contradictoria, esta idea de la dictadura democrática del proletariado y del campesinado, que, en nuestro lenguaje, es una cosa un poco extraña. Esto de dictadura democrática quería decir una formación social y económica revolucionaria con una vanguardia proletaria sobre un océano de campesinos, de payeses pobres. De todas formas, la verdad es que, hacia el 14-15, Lenin no tenía demasiadas esperanzas en una revolución inmediata en Rusia. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la verdad es que Lenin, llegó un momento…, y lo dijo explícitamente: “Yo ya soy viejo como para ver…”, etc., etc. Lo que cambió la cosa radicalmente fue la guerra, fue la Primera Guerra Mundial, fue esta inesperada cosa que los campesinos y los obreros durante la guerra, llegó un momento que, dada la situación en la que estaban, girasen las armas contra el zar y contra sus dirigentes. Y, en este sentido, creo que sí que se puede decir que el octubre de 1917 forzó la historia.

Bien, de hecho, podríamos decir que todas las revoluciones han forzado la historia, no solamente esta, también la Revolución francesa fue un forzamiento inesperado de la historia.

¿El hecho que la “dictadura del proletariado” en la URSS no llevara a la extinción del estado como Lenin predice en El estado y la revolución, y, en cambio, hubiera un crecimiento de la burocracia, un peligro que Lenin denuncia en su testamento, se puede explicar sólo por las causas externas, o hubo internas también?

No, yo creo que hay internas, creo que hay internas. Veamos, esta idea de la extinción del estado, que es una idea no solamente de Lenin, sino también de Marx, que correspondería a la etapa superior del socialismo, o sea el comunismo, pues no fue formulada ni por Marx ni por Lenin con demasiada precisión. De hecho, cuando Lenin publica El estado y la revolución, las personas que se interesan más por este punto de vista son los anarcocomunistas, digamos, de la época. Había pocos socialistas en Europa que pensasen en la posibilidad de la extinción o desaparición del estado; en Alemania probablemente nadie. Normalmente, la tradición socialista, después socialdemócrata, más bien pensaba en la función, como decirlo, educativa y renovadora del estado alternativo, de ”otro” estado, pero no pensaba en la extinción o desaparición del estado. Esta idea de la extinción o desaparición del estado es más bien anarquista o anarcocomunista. Ahora bien, El Estado y la revoluciónes, por así decirlo, una declaración de principios generales. Cuando después de la revolución, los bolcheviques se encuentren en una situación real que es, primero, de guerra civil y, después, de cerco militar exterior, lo que hacen inmediatamente es reforzar el estado. Cambian muchas cosas, pero se encuentran en una situación, como decirlo, de necesidad. Entre que hubo una situación de necesidad, que esto tiene que ver con las causas externas, y que no hubo una teoría precisa sobre cómo tenía que evolucionar el estado para llegar a la extinción, pues la verdad es que las dos cosas juntas lo que hicieron, sobre todo inmediatamente después de la muerte de Lenin, que en el Testamento es que ya vio que esto no iba nada bien, es una prolongación de lo fue el estado zarista con una nueva forma. ¿Por qué? Porque tuvieron que recurrir a funcionarios del viejo aparato del estado existente, y ello condicionó muy mucho la cosa.

Se podría ir un poco más allá. Quiero decir, es probable que, ya en la discusión que tuvieron Marx y Bakunin sobre esto de la dictadura del proletariado y la extinción o desaparición del estado, el mismo Marx ya “no hilara muy fino”, y este “no hilar muy fino”, pues, haya tenido su influencia también en la reflexión del Lenin estadista, no tanto del Lenin revolucionario de El estado y la revolución, sino del Lenin del 18 al 22. La prueba es que el Lenin más viejo, no solamente el del Testamento, sino el del 21-22, es un Lenin un poco melancólico sobre estos problemas, porque siempre da muchísima importancia a la educación, a la formación, a lo que él llama la revolución cultural, que es básicamente alfabetización del campesinado, no podía ser otra cosa, ¿no?

Si Lenin no hubiera llegado a culminar su acción como revolucionario con el triunfo de la Revolución Rusa y la asunción del poder al frente del Consejo de los Comisarios del Pueblo, ¿cómo se consideraría su aportación teórica frente a los Plejánov, Kautsky, Bernstein, Bebel, etc.?

Pues la verdad es que no sabría como responder a esta pregunta, porque se ha contestado de formas muy diferentes. Yo diría que hasta los años setenta de este siglo [XX] el hecho que Lenin hubiera culminado su acción como revolucionario con el triunfo de la Revolución Rusa ha sido el motivo para considerar que Lenin era uno de los grandes teóricos y prácticos de la política del siglo XX. Después, cuando se fundió el sistema socialista en estos últimos años, la consideración de Lenin ha cambiado completamente. Hoy nadie diría, o muy pocos diríamos, que Lenin fue un gran teórico de la política y probablemente una de les personalidades políticas más importantes del siglo XX, o sea que yo supongo que, si esto no hubiera ocurrido, pues sí que se consideraría desde hace mucho tiempo que, en comparación con Kautsky, Bernstein, Bebel, etc., que Lenin fue un romántico sin importancia desde el punto de vista político como a veces se considera a Guevara o a otros que han perdido.

Es muy difícil contestar a una pregunta como esta, porque normalmente eso que llaman el juicio de la historia está directamente condicionado por lo que pasa hoy. Siempre se hace un juicio desde la situación actual. Ahora bien, yo creo que desde un punto de vista estrictamente comparativo entre Plejánov, Kautsky, Bernstein y Lenin se podría decir lo siguiente, independientemente del asunto de si habría triunfado o no habría triunfado: probablemente, desde el punto de vista teórico general, Kautsky es más potente que Lenin. Y la prueba es que muy probablemente sin la teorización de Kautsky no hay Lenin. Ahora bien, desde el punto de vista de la teoría política y de la concepción de la política, creo que, independientemente de esta cuestión, Lenin, todavía hoy, es mucho más importante que Kautsky, que fue sobre todo un teórico. Lenin fue mucho más que un teórico de la política, fue un dirigente de la acción muy importante en el siglo. Pero esto, ya digo, independientemente de que haya triunfado o no haya triunfado.

¿Podría explicar brevemente la importancia histórica de la figura de Lenin, más allá de los análisis de combate —positivos o negativos— que se hacen de su figura?

Pues ya he dicho alguna cosa de ello. Lo esencial creo que es muy difícil a la hora de analizar la figura histórica de Lenin hacer abstracción de los análisis de combate, es muy difícil, porque Lenin fue un hombre de partido y con una concepción del mundo de la política muy explícito, y no hay quien pueda escribir o tratar sobre la figura de Lenin que no se sienta desde el primer momento motivado por la simpatía o antipatía del personaje desde el punto de vista político. Lo mejor en estos casos es ver qué dijeron de él sus contemporáneos y comparar qué dijeron. Y la verdad es que son muchos los contemporáneos de Lenin, y no estrictamente marxistas ni necesariamente marxistas, que reconocieron que esta era una figura histórica de primer orden. Decir después que esta ya no es una figura histórica de primer orden porque las cosas fueron de otra forma de la que pensaba Lenin es como decir que Napoleón no tuvo ningún tipo de importancia. Resumiendo, desde mi punto de vista, Lenin estaría entre las cinco, seis personas del siglo XX más importantes desde el punto de vista político.

 

Lenin y la sociedad actual

¿Qué papel tienen en la izquierda actual las teorías de Lenin? Y en lo que se refiere a los partidos autodefinidos marxistas-leninistas, ¿tienen ahora alguna validez?

Esto ya me resulta más difícil, la verdad. Bien, la izquierda actual, y ¿qué es eso? La izquierda actual o ya no sabe quién era Lenin o en general no le interesa. Hay personas, individuos y pequeños grupos, y sobre todo no en Europa, en América Latina, que aún tienen interés por las teorías de Lenin, pero yo diría que, si por izquierda actual entendemos la izquierda entre comillas europea, el papel de las teorías de Lenin es 0,1. Y partidos autodefinidos marxistas-leninistas en este momento pienso lo mismo, es que son muy pocos los partidos autodefinidos así en Europa; otra cosa es en otros continentes. Por ejemplo, el Partido Comunista de Colombia sigue considerando que Lenin es el más grande del siglo XX, y Sendero Luminoso, y seguramente hay más. Pero la izquierda, así, en general, yo creo que ya ha abandonado Lenin hace demasiado y que ya no ni tan solo se lee, o sea que cómo pueden saber cuáles son las ideas de Lenin. Si haces la prueba de ir a una librería barcelonesa o madrileña a comprar las obras de Lenin no las encontrarás, bien, encontrarás un par de biografías más bien recientes, ya desde la consideración del final del mundo comunista, pero las obras de Lenin, no. Hasta los años setenta las podías encontrar en cualquier librería de Barcelona las obras completas, o una selección de las obras. En este momento… No sé, por ejemplo, El estado y la revolución, que sería una de las obras más interesantes de Lenin, hace aproximadamente tres años que un editor barcelonés me dijo: “Podríamos hacer una nueva edición de El estado y la revolución, y han pasado tres años y no se ha hecho.

En un momento histórico como el actual, en el que parece que las contradicciones propias del capitalismo no traen cambios sociales, ¿piensa que el voluntarismo ideológico propuesto por Lenin podría ser útil? ¿O quizá la etapa actual del neoliberalismo, con la globalización, apunta hacia una posible crisis, como ya anunciaba Marx?

Bien, yo creo que sin voluntad no hay revolución. Quiero decir, eso que las contradicciones internas del capitalismo sea globalizado o menos globalizado pueden llevar a la revolución y al socialismo yo no lo creo, y creo que Marx tampoco. Cuando Marx hablaba del “viejo topo”, pues no pensaba solamente en las contradicciones internas del propio sistema, pensaba que la gente, proletarios y no solamente proletarios, se movilizarían; eso tiene a ver directamente con la voluntad. Bien, una cosa es la voluntad y otra cosa es el voluntarismo ideológico; aquí la discusión estaría en cuándo pasamos de la afirmación de la importancia de la voluntad y la subjetividad de los individuos al voluntarismo ideológico. Por cierto, yo pienso que Lenin no es un voluntarista ideológico; a mi me parece que Lenin fue sobre todo un gran analista político y muy poco ideológico, porque una cosa es la afirmación constante de los principios, de las convicciones morales y políticas, y otra es esto del voluntarismo ideológico. Es posible que Lenin no haya sido el principal dirigente marxista o comunista de la época en poner en primer plano la voluntad. Mucho más voluntarista que Lenin era Gramsci, por ejemplo, y otros. En cualquier caso, yo no creo que la actual etapa del neoliberalismo, con la globalización, apunte hacia una crisis si por crisis se entiende exclusivamente una crisis económica; si por crisis entendemos una crisis en un sentido más profundo, cultural o sociocultural, pues a veces sí. Pero, en cualquier caso, una nueva crisis del capitalismo globalizado sin voluntad de transformación revolucionaria o radical no conducirá, pienso, a otra cosa que a una nueva forma de fascismo, como pasó en los años veinte-treinta. Esto, digo, si no hay la voluntad explícita de transformación radical y revolucionaria en un sentido alternativo a la sociedad existente, y desde este punto de vista yo pienso que, llamémosle voluntad concreta o voluntarismo ideológico como dices tú, esto es necesario. Sin esto no habrá cambios importantes.

Lenin afirma: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”; ¿piensa que la izquierda actual tiene construida o está construyendo una teoría que pueda dar lugar a transformaciones económico-sociales? ¿O contrariamente piensa que la izquierda, utilizando palabras de Lenin, actúa por espontaneísmo?

Yo creo que es verdad que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Creo que la izquierda no tiene aún, bien, que la izquierda sin comillas, que la izquierda de verdad, que la izquierda que se opone de verdad al capitalismo, no tiene aún una teoría; tiene teorías en plural, en competición y discusión; no tiene una teoría revolucionaria. Esto está claro; tiene una importante capacidad de análisis de las contradicciones del sistema, pero no tiene una teoría revolucionaria, y la prueba de esto es que hoy en día la palabra revolución ha desaparecido de la mente de casi todo el mundo. A veces se habla de revolución o de revolucionarios retóricamente, en contextos digamos que no tienen gran cosa a ver con lo que se dirá a continuación sobre lo que hemos de hacer. Por lo tanto, desde mi punto de vista estamos en una fase, o la izquierda está en una fase, más bien de resistencia, no de elaboración de una teoría revolucionaria. La prueba de ello es que la palabra equivalente hoy en día a revolución o a revolucionario es desobediencia, civil o no civil, pero desobediencia. Solamente de manera muy minoritaria, y normalmente cuando es de manera muy minoritaria con más voluntad que teoría, por decirlo así, se podría hablar de carácter revolucionario. Espontaneísmo no estoy seguro, no creo que la izquierda actual sea muy espontaneísta, la verdad, al menos en Europa; es más bien conformista más que espontaneísta.

Según Lenin, el partido de cuadros con un núcleo dirigente muy claro es el único que puede conducir a una revolución desde el principio hasta al final. ¿Piensa que los partidos con esta estructura han llevado a fracasos? ¿Es un modelo útil para la izquierda actual?

Pues pienso que sí que han llevado a fracasos, que más allá del éxito del partido de Lenin, en la mayoría de los casos este tipo de partido de cuadros con un núcleo dirigente muy claro, pues ha fracasado. Estoy convencido que el Lenin de 1922 ya lo pensaba. Quiero decir que una de las últimas intervenciones de Lenin, me parece que fue en el IV Congreso de la Tercera Internacional, ya apunta a este problema cuando hable del peligro de la rusificación de los partidos en Europa, lo dijo muy explícitamente. Reconoció que eso era un error. Yo creo que tenía razón, y creo que el único dirigente comunista que de verdad ha dado la importancia que tenían a las palabras de Lenin el 1922 fue Gramsci, que fundó en esta consideración de Lenin la idea que para una sociedad en la que el estado no lo es todo, sino que hay muchas “casamatas”, como decía él, y la sociedad civil no es tan gelatinosa como era en Rusia, el caso de Alemania, Francia, Inglaterra, la misma Italia o España, un partido exclusivamente de cuadros con un núcleo dirigente fuerte es insuficiente; hace falta un partido más grande, digamos, no exclusivamente de cuadros profesionalizados. Por precisar un poco más, seguramente se podría decir que este tipo de partido solamente ha tenido éxito, o ha jugado un papel positivo, en situaciones de clandestinidad, quiero decir, en situaciones de dictadura: en Italia en el momento del fascismo, en España en el momento del franquismo, en Grecia en el momento de la dictadura, en Portugal en el momento de la dictadura, pero después de esta fase me parece muy evidente que esto, este tipo, este modelo, es insuficiente y que no vale para la izquierda actual.

Todo el impulso revolucionario del siglo XX parece que haya desembocado en estos movimientos tan heterogéneos como los que se reúnen bajo el término antiglobalización. ¿Usted lo ve como un avance positivo o realmente es la constatación de un fracaso?

No, yo lo veo como un avance positivo. La constatación del fracaso es anterior al nacimiento del movimiento antiglobalización. Quiero decir, todo el mundo hablaba de derrota, fracaso, desbandada, lo que quieras, precisamente antes del surgimiento del movimiento antiglobalización. Tal era la fragmentación, la sensación de derrota y todo esto. O sea que, desde este punto de vista, a mí me parece que se ha de considerar que por heterogéneos que sean estos movimientos, y aunque el término antiglobalización tampoco es muy apropiado, porqué, ¿cómo decirlo?, este es un movimiento de movimientos, tiene una parte positiva, no solamente “anti”, crítica de la globalización. Y en este sentido yo pienso que es un avance positivo y una esperanza. Es lo que vino después del reconocimiento del fracaso y de la derrota, y probablemente tiene una virtualidad, que es que, por primera vez en mucho tiempo, con independencia de les diferencias ideológicas, políticas, etc., en este movimiento hay una línea de actuación concreta y, además, unificada. Todavía está por ver, claro, porque no creo que haya motivo de idealizar Porto Alegre, el foro social mundial y todo eso, pero hay cosas importantes, por ejemplo, la convicción muy extendida que en este movimiento se está esbozando una forma de democracia alternativa a la democracia formal representativa existente, una transformación al menos de la democracia formal representativa en democracia participativa. Y, en esta transformación de la democracia representativa en democracia participativa, yo veo un potencial de transformación social importante.

Por cierto, ¿este movimiento tan heterogéneo recuerda de algún modo la Primera Internacional?

Pues sí, es a lo que más se parece. No es, digamos, la Primera Internacional en el sentido que probablemente es aún mas heterogéneo que la Primera Internacional. Pero, si tenemos que hacer comparaciones con las internacionales que en el mundo han sido, se parece más, mucho más, a la Primera que a la Segunda, o a la Tercera o a la Cuarta. Sí, sí.

¿Usted cree que es posible en algún lugar del mundo, con un imperialismo tan dominante, que una estrategia como la bolchevique pudiera llevar al triunfo de la Revolución? ¿O tenemos que considerar que episodios como las revoluciones del siglo XX son hechos arqueológicos?

Bien, esto son dos preguntas. Primero la segunda, yo no creo que episodios como las revoluciones del siglo XX sean hechos arqueológicos; hay tantas veces que se ha afirmado que se ha terminado para siempre la época de las revoluciones y después ha habido más, que no me atrevería a hacer afirmaciones de este tipo, no se tiene que descartar. Y es posible que hoy en día, en algunos de los países de América Latina todavía se producen situaciones revolucionarias que recuerdan otras del siglo XX; aún no sabemos bien qué pasará en Venezuela, qué pasará en Colombia, qué pasará en Perú, qué pasará en Uruguay o Paraguay, o en Ecuador, de aquí a unos años. Yo creo que en estos países ha pasado de nuevo muy a primer plan lo que podríamos llamar la lucha de clases y no está descartado que haya episodios revolucionarios; ahora bien, también es verdad que las revoluciones no se repiten, la Revolución Rusa no tuvo nada a ver con la Revolución Francesa; después, con posterioridad, se hace la teoría comparativa, pero fueron muchas les diferencias; lo que sí creo que modelos como el del Palacio de Invierno del octubre del 17, pues probablemente no se producirán, pero no descartaría otros episodios revolucionarios. En cambio, sí que descartaría que una estrategia como la bolchevique pueda llevar al triunfo de la revolución hoy en día, no creo que esto sea ya trasladable a la situación actual. Probablemente ya no lo era en los años veinte-treinta en una parte importante del mundo, así que hoy menos aún. Por ejemplo, ni la revolución china, ni la revolución cubana han sido continuación de la estrategia bolchevique. Mao Tse-tung inicia una Larga Marcha que dicen que es más bien una retirada estratégica que tiene muy poco a ver con el proceso revolucionario en Rusia. Y lo que hicieron Fidel Castro y Guevara en Cuba, pues tampoco es comparable a lo que pasó en la Revolución del 17. Así que han sucedido demasiadas cosas como para pensar que una estrategia como la bolchevique pudiera llevar al triunfo de la revolución en el siglo XXI, no lo creo.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-112/ensayo/entrevista-a-francisco-fernandez-buey

 

De cómo Lenin cambió el mundo

León Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Mo...
León Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Moscú, 1920) (Photo credit: Recuerdos de Pandora)
Algo que necesitas saber
De cómo Lenin cambió el mundo
Lenin. El Revolucionario que no sabía demasiado. Edición e Introducción de Constantino Bértolo. Libros de la Catarata, Clásicos del Pensamiento Crítico.

Si hacen falta referentes en el tiempo en que vivimos, el comunismo dispone de figuras que han eclipsado a personalidades de otros sistemas. La revolución del siglo XX en Rusia tenía a su vez una tradición en la que mirarse, los numerosos intentos de los desposeidos para acabar con sus explotadores. De ahí que la narración comunista, su historia, se refiera a los esclavos de todas las épocas, a las luchas de liberación, a las revueltas campesinas, a las revoluciones proletarias y, cómo no, a la Comuna de París. Si Marx y Engels fundamentaron el proceso dialéctico de la Historia, si descodificaron el proceso productivo y enseñaron el cuerpo de la plusvalía, si centrifugaron, si limpiaron y expusieron la lucha de clases, y vieron el resultado final como el objetivo de todas ellas, la transformación de la sociedad por el proletariado, Lenin fue la cabeza visible de la plasmación de esa meta de las luchas, y fue la representación de los bolcheviques triunfantes del socialismo.

No hay nada que no tenga que ver con nosotros, y este libro “Antología LENIN. El revolucionario que sabía demasiado” de Constantino Bertolo que recoge el pensamiento y la acción de Lenin no puede estar más conectado con nuestras vivencias de lucha hoy mismo. Es por eso por lo que la burguesía con todos sus medios quiere dar por obsoleto el pensamiento y la acción del revolucionario; lógico, si la clase obrera y las clases trabajadoras hiciesen la conexión política con la experiencia histórica de transformación social, con el pensamiento desarrollado a la luz de la práctica de aquél dirigente, si hiciese la conexión política, su organización sería capaz de saltar los límites impuestos por la gran burguesía, y de todos es sabido que no hay nada que saque más sus demonios que el término comunista.

Este apunte recoge sobre todo el desmenuzamiento del Prólogo porque con el podemos adentrarnos en la obra de Lenin, aprender y conducir nuestras próximas lecturas haciéndolas provechosas para nuestra conciencia. Después del Prólogo los textos de Lenin escogidos nos ponen al corriente de resoluciones tácticas, organizativas y estratégicas.

Constantino Bértolo estudia las circunstancias concretas en las que llevó a cabo la lucha política, con el fin de que podamos entender su significado. Para conducir este torrente hasta quien lee, lo distribuye en tres partes:

  • La construcción del Partido.
  • La toma del poder.
  • La Revolución después de la Revolución.

Desde el comienzo se nos plantean las interrogantes que llevaron a la revolución, y junto a ellas la lucha ideológica con quienes planteaban una conducción “humana” del capitalismo como solución. El planteamiento teórico de esta lucha lo plasmó en “El desarrollo del capitalismo en Rusia”, mostrando los datos precisos para el análisis concreto y el conocimiento profundo de la filosofía marxista; él habla de saber desentrañar la realidad y el momento histórico.

Bértolo repasa en el prólogo los antecedentes que dieron lugar a sus trabajos relacionados con la creación del partido, “Tareas de los socialdemócratas rusos” y “Qué hacer”, en los que habla de las tareas a llevar acabo y de los objetivos, y su labor parlamentaria.

Un asunto a releer es el que se refiere a los sistemas organizativos y las funciones que cumplen tanto en la clandestinidad como en la legalidad, entre los que deben tenerse presentes todos los relativos a la seguridad de la organización, la agitación y la propaganda.

La importancia de la lucha económica, el aprendizaje de la clase obrera en lo que se refiere a la elaboración de ideas en torno al desarrollo de las confrontaciones de clase.

También se nos advierte del valor que daba a la diferenciación con la socialdemocracia, así como al revolucionario dedicado por completo a su tarea y las mejores condiciones para establecer la lucha tanto en el partido como fuera de él, no contra las expresiones morales del enemigo de clase sino contra el capitalista mismo.

Otro de los aspectos a los que se refiere Bértolo sobre los escritos de Lenin es a la entrada de nuevos militantes en el partido y las diferencias con otros partidos, y la función que debe cumplir. Objetivo: actuar con disciplina para cambiar las circunstancias.

Se hace referencia en el Prólogo a las características del movimiento 15M y cómo la organización bolchevique se planteó su relación con el mundo asambleario de base y la necesidad de participar “en toda acción política de las masas populares”.

Después vendrá el apartado que se dedica a “la toma del poder” donde se p

Vladimir Lenin

one acento en el estudio del contexto y se refiere a “El Estado y la revolución”, libro de Lenin en el que estudia en primer término las revoluciones de 1848 y La Comuna de París, 1871. Con ese bagaje el revolucionario soviético entra en el análisis de la revolución de 1905 en Rusia y observa como problemas que la llevan al fracaso “la débil organización de los campesinos, la falta de mayor firmeza y resolución en las masas y la falta de preparación de los militantes socialdemócratas que servían en las fuerzas armadas”. Señala C. Bértolo la importancia de que la memoria sea pedagógica “construida “en presente” y mirando a un futuro inmediato”. El problema que se plantea aquí es el de la toma del poder, y se investiga sobre la organización de una fuerza militar, sabiendo que se requiere de una labor de educación política “tenaz, lenta y a menudo imperceptible”. Lenin trata, además, el conocimiento como “producción” de hipótesis, explicaciones, teorías y modelos con la finalidad de resolver problemas del presente. Con todo ello se nos enseña la capacidad de resolución de Lenin ateniéndose a la circunstancia concreta, haciéndose flexible y adaptándose al terreno, y entonces se nos advierte de algo que no puede ser más actual ante el hundimiento de la socialdemocracia, ya solo II Internacional, explica en “El imperialismo fase superior del capitalismo” cómo el capitalismo primero ha abierto el camino a la fusión de su rama industrial y bancaria con el puramente financiero, que es el dominante “protagonista real de los nuevos tiempos y cuyos avatares están en el origen de la primera guerra mundial”.

Lenin declara que “la Historia no está escrita” y llama a formarse a fondo, a obtener todo tipo de datos, a plantear alternativas, a resumirlas y explicarlas para fortalecer la lucha a nivel internacional. Advierte sobre la corrupción de los capitalistas en el terreno sindical creando capas superiores aristocráticas obreras y corruptas, que no suponen peligro alguno para la burguesía, que son su apoyo y dañan al movimiento obrero.

Lenin llegará a Rusia desde el exilio escribiendo en el camino “Las tesis de abril” comprendidas en “Las tareas del proletariado en la presente revolución”, donde plasma el proyecto de acción revolucionaria inmediato, y es que la recogida de datos de cada circunstancia y su estudio le hacía disponer de la historia del movimiento revolucionario. De ahí que en “La bancarrota de la II Internacional” declarase que la revolución tiene su oportunidad cuando “los de abajo no quieren vivir como antes … y los de arriba no puedan vivir como hasta entonces”. Entonces se plantea que todo el poder debe recaer sobre los soviets, para lo que articula la acción de acuerdo con el momento. Y llega la revolución, ese es el momento, la cumbre en la que las condiciones subjetivas, nos señala Bértolo, “el brío y el coraje de las masas desempeñan un papel fundamental”.

El “después” de la toma del Poder es el otro momento crucial. La complejidad de la puesta en marcha de un gobierno y un Estado obrero y campesino hace que se plantee alternativas diferentes en cada espacio productivo y eso en medio de la guerra alimentada desde fuera. El final de la guerra llevará a Lenin y los revolucionarios a cuestionarse numerosas medidas socialistas porque el país está destruido, y el primer objetivo en el que deben empeñarse es que se distribuya la comida entre la población, y en situación como esa se pregunta ¿qué principio debe regir?: el que mantenga en el poder al proletariado. Al poco expondrá que el marxismo no solo reconoce la necesidad de la lucha de clases, sino que su fin es la implantación del poder proletario, para lo cual debe contarse con el sujeto organizado que es el Partido, vanguardia que forma parte de las organizaciones de clase y actúa con ella.

Sobre los problemas económicos e industriales que encuentra el Partido para el desarrollo del socialismo, Lenin, en el X Congreso pone a discusión lo que se denominará la NEP (Nueva Política Económica) un cambio que busca pacificar el campo y sumar fuerzas ante los retos para resolverlos y avanzar en el proyecto socialista. Con “la NEP -se nos dice- vuelve a poner sobre el tapete soviético el tema del capitalismo de Estado y sus relaciones con el socialismo, cuestión que ya se había planteado en 1918, cuando Lenin hace ver que la clave del capitalismo de Estado reside en la “contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos” y que ese control supone una de las formas y fases concretas de la transición del capitalismo al socialismo”.

Lo fundamental en todo momento es saber reconocer las contradicciones que se crean en el proceso revolucionario y desentrañar en los conflictos el camino dialéctico del marxismo. El resultado de todo ello en parte serán contradicciones antes desconocidas, y para enfrentarse a ellas Lenin establece, fruto de la experiencia, las cuestiones fundamentales: aparato de fuerza, control obrero sobre los medios de producción, prohibición de partidos contrarrevolucionarios, no a las fracciones en el partido, reglamentos laborales, persecución de conductas antisociales.

El marxismo, indica Bértolo, lo emplea como una herramienta, no como un manual de instrucciones. Acompañando las modificaciones de capitalismo de Estado se ponen en marcha los “sábados comunistas” con lo que se quiere reforzar el proyecto de la revolución. Para Lenin toda actividad debe apoyarse en el pueblo, pues son las masas trabajadoras las que deben intervenir en los cambios, y así descubrirán, descartándose de errores, la transformación de la realidad. Insiste una y mil veces en “la necesidad de no saber”, quiere decirse, hay que estudiar, hay que aprender, hay que dirigir con las organizaciones de masas y hasta entregarles tareas de control del partido. De la misma forma para combatir el burocratismo declara: “No temáis la iniciativa y la acción independiente de las masas, confiaos a las organizaciones revolucionarias y veréis en todos los aspectos de la vida estatal la misma fuerza, grandiosidad, invencibilidad que los obreros y los campesinos revelaron en su unificación y en su ímpetu contra el pronunciamiento de Kornílov”.

Lenin tenía un método de análisis para la acción, el marxismo, por eso era flexible, capaz de captar todos los cambios y adaptarse a las circunstancias, nunca lo daba por sabido. Mediante su esfuerzo y dirección política con los bolcheviques demostró que el socialismo era realizable. A nosotros nos queda aprender de la Historia, apartar los errores y aprovechar los aciertos. Constantino Bértolo advierte que en los textos seleccionados para el libro no ha pretendido abarcar todo el espectro de la obra de Lenin, sino detallar lo representativo y actual, y es que los textos de Lenin que lo forman nos hablan de asuntos que tenemos delante, ahora mismo, que nos cuestionan, o nos aportan modelos que se llevan a cabo hoy en las revoluciones, tanto las que se sostienen como las que están en marcha.

Pocas veces se encuentra un libro tan importante para las necesidades de conocimiento de la izquierda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

De cómo Lenin cambió el mundo

León Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Mo...
León Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Moscú, 1920) (Photo credit: Recuerdos de Pandora)
Algo que necesitas saber
De cómo Lenin cambió el mundo

 

 

Lenin. El Revolucionario que no sabía demasiado. Edición e Introducción de Constantino Bértolo. Libros de la Catarata, Clásicos del Pensamiento Crítico.

Si hacen falta referentes en el tiempo en que vivimos, el comunismo dispone de figuras que han eclipsado a personalidades de otros sistemas. La revolución del siglo XX en Rusia tenía a su vez una tradición en la que mirarse, los numerosos intentos de los desposeidos para acabar con sus explotadores. De ahí que la narración comunista, su historia, se refiera a los esclavos de todas las épocas, a las luchas de liberación, a las revueltas campesinas, a las revoluciones proletarias y, cómo no, a la Comuna de París. Si Marx y Engels fundamentaron el proceso dialéctico de la Historia, si descodificaron el proceso productivo y enseñaron el cuerpo de la plusvalía, si centrifugaron, si limpiaron y expusieron la lucha de clases, y vieron el resultado final como el objetivo de todas ellas, la transformación de la sociedad por el proletariado, Lenin fue la cabeza visible de la plasmación de esa meta de las luchas, y fue la representación de los bolcheviques triunfantes del socialismo.

No hay nada que no tenga que ver con nosotros, y este libro “Antología LENIN. El revolucionario que sabía demasiado” de Constantino Bertolo que recoge el pensamiento y la acción de Lenin no puede estar más conectado con nuestras vivencias de lucha hoy mismo. Es por eso por lo que la burguesía con todos sus medios quiere dar por obsoleto el pensamiento y la acción del revolucionario; lógico, si la clase obrera y las clases trabajadoras hiciesen la conexión política con la experiencia histórica de transformación social, con el pensamiento desarrollado a la luz de la práctica de aquél dirigente, si hiciese la conexión política, su organización sería capaz de saltar los límites impuestos por la gran burguesía, y de todos es sabido que no hay nada que saque más sus demonios que el término comunista.

Este apunte recoge sobre todo el desmenuzamiento del Prólogo porque con el podemos adentrarnos en la obra de Lenin, aprender y conducir nuestras próximas lecturas haciéndolas provechosas para nuestra conciencia. Después del Prólogo los textos de Lenin escogidos nos ponen al corriente de resoluciones tácticas, organizativas y estratégicas.

Constantino Bértolo estudia las circunstancias concretas en las que llevó a cabo la lucha política, con el fin de que podamos entender su significado. Para conducir este torrente hasta quien lee, lo distribuye en tres partes:

  • La construcción del Partido.
  • La toma del poder.
  • La Revolución después de la Revolución.

Desde el comienzo se nos plantean las interrogantes que llevaron a la revolución, y junto a ellas la lucha ideológica con quienes planteaban una conducción “humana” del capitalismo como solución. El planteamiento teórico de esta lucha lo plasmó en “El desarrollo del capitalismo en Rusia”, mostrando los datos precisos para el análisis concreto y el conocimiento profundo de la filosofía marxista; él habla de saber desentrañar la realidad y el momento histórico.

Bértolo repasa en el prólogo los antecedentes que dieron lugar a sus trabajos relacionados con la creación del partido, “Tareas de los socialdemócratas rusos” y “Qué hacer”, en los que habla de las tareas a llevar acabo y de los objetivos, y su labor parlamentaria.

Un asunto a releer es el que se refiere a los sistemas organizativos y las funciones que cumplen tanto en la clandestinidad como en la legalidad, entre los que deben tenerse presentes todos los relativos a la seguridad de la organización, la agitación y la propaganda.

La importancia de la lucha económica, el aprendizaje de la clase obrera en lo que se refiere a la elaboración de ideas en torno al desarrollo de las confrontaciones de clase.

También se nos advierte del valor que daba a la diferenciación con la socialdemocracia, así como al revolucionario dedicado por completo a su tarea y las mejores condiciones para establecer la lucha tanto en el partido como fuera de él, no contra las expresiones morales del enemigo de clase sino contra el capitalista mismo.

Otro de los aspectos a los que se refiere Bértolo sobre los escritos de Lenin es a la entrada de nuevos militantes en el partido y las diferencias con otros partidos, y la función que debe cumplir. Objetivo: actuar con disciplina para cambiar las circunstancias.

Se hace referencia en el Prólogo a las características del movimiento 15M y cómo la organización bolchevique se planteó su relación con el mundo asambleario de base y la necesidad de participar “en toda acción política de las masas populares”.

Después vendrá el apartado que se dedica a “la toma del poder” donde se p

Vladimir Lenin

one acento en el estudio del contexto y se refiere a “El Estado y la revolución”, libro de Lenin en el que estudia en primer término las revoluciones de 1848 y La Comuna de París, 1871. Con ese bagaje el revolucionario soviético entra en el análisis de la revolución de 1905 en Rusia y observa como problemas que la llevan al fracaso “la débil organización de los campesinos, la falta de mayor firmeza y resolución en las masas y la falta de preparación de los militantes socialdemócratas que servían en las fuerzas armadas”. Señala C. Bértolo la importancia de que la memoria sea pedagógica “construida “en presente” y mirando a un futuro inmediato”. El problema que se plantea aquí es el de la toma del poder, y se investiga sobre la organización de una fuerza militar, sabiendo que se requiere de una labor de educación política “tenaz, lenta y a menudo imperceptible”. Lenin trata, además, el conocimiento como “producción” de hipótesis, explicaciones, teorías y modelos con la finalidad de resolver problemas del presente. Con todo ello se nos enseña la capacidad de resolución de Lenin ateniéndose a la circunstancia concreta, haciéndose flexible y adaptándose al terreno, y entonces se nos advierte de algo que no puede ser más actual ante el hundimiento de la socialdemocracia, ya solo II Internacional, explica en “El imperialismo fase superior del capitalismo” cómo el capitalismo primero ha abierto el camino a la fusión de su rama industrial y bancaria con el puramente financiero, que es el dominante “protagonista real de los nuevos tiempos y cuyos avatares están en el origen de la primera guerra mundial”.

Lenin declara que “la Historia no está escrita” y llama a formarse a fondo, a obtener todo tipo de datos, a plantear alternativas, a resumirlas y explicarlas para fortalecer la lucha a nivel internacional. Advierte sobre la corrupción de los capitalistas en el terreno sindical creando capas superiores aristocráticas obreras y corruptas, que no suponen peligro alguno para la burguesía, que son su apoyo y dañan al movimiento obrero.

Lenin llegará a Rusia desde el exilio escribiendo en el camino “Las tesis de abril” comprendidas en “Las tareas del proletariado en la presente revolución”, donde plasma el proyecto de acción revolucionaria inmediato, y es que la recogida de datos de cada circunstancia y su estudio le hacía disponer de la historia del movimiento revolucionario. De ahí que en “La bancarrota de la II Internacional” declarase que la revolución tiene su oportunidad cuando “los de abajo no quieren vivir como antes … y los de arriba no puedan vivir como hasta entonces”. Entonces se plantea que todo el poder debe recaer sobre los soviets, para lo que articula la acción de acuerdo con el momento. Y llega la revolución, ese es el momento, la cumbre en la que las condiciones subjetivas, nos señala Bértolo, “el brío y el coraje de las masas desempeñan un papel fundamental”.

El “después” de la toma del Poder es el otro momento crucial. La complejidad de la puesta en marcha de un gobierno y un Estado obrero y campesino hace que se plantee alternativas diferentes en cada espacio productivo y eso en medio de la guerra alimentada desde fuera. El final de la guerra llevará a Lenin y los revolucionarios a cuestionarse numerosas medidas socialistas porque el país está destruido, y el primer objetivo en el que deben empeñarse es que se distribuya la comida entre la población, y en situación como esa se pregunta ¿qué principio debe regir?: el que mantenga en el poder al proletariado. Al poco expondrá que el marxismo no solo reconoce la necesidad de la lucha de clases, sino que su fin es la implantación del poder proletario, para lo cual debe contarse con el sujeto organizado que es el Partido, vanguardia que forma parte de las organizaciones de clase y actúa con ella.

Sobre los problemas económicos e industriales que encuentra el Partido para el desarrollo del socialismo, Lenin, en el X Congreso pone a discusión lo que se denominará la NEP (Nueva Política Económica) un cambio que busca pacificar el campo y sumar fuerzas ante los retos para resolverlos y avanzar en el proyecto socialista. Con “la NEP -se nos dice- vuelve a poner sobre el tapete soviético el tema del capitalismo de Estado y sus relaciones con el socialismo, cuestión que ya se había planteado en 1918, cuando Lenin hace ver que la clave del capitalismo de Estado reside en la “contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos” y que ese control supone una de las formas y fases concretas de la transición del capitalismo al socialismo”.

Lo fundamental en todo momento es saber reconocer las contradicciones que se crean en el proceso revolucionario y desentrañar en los conflictos el camino dialéctico del marxismo. El resultado de todo ello en parte serán contradicciones antes desconocidas, y para enfrentarse a ellas Lenin establece, fruto de la experiencia, las cuestiones fundamentales: aparato de fuerza, control obrero sobre los medios de producción, prohibición de partidos contrarrevolucionarios, no a las fracciones en el partido, reglamentos laborales, persecución de conductas antisociales.

El marxismo, indica Bértolo, lo emplea como una herramienta, no como un manual de instrucciones. Acompañando las modificaciones de capitalismo de Estado se ponen en marcha los “sábados comunistas” con lo que se quiere reforzar el proyecto de la revolución. Para Lenin toda actividad debe apoyarse en el pueblo, pues son las masas trabajadoras las que deben intervenir en los cambios, y así descubrirán, descartándose de errores, la transformación de la realidad. Insiste una y mil veces en “la necesidad de no saber”, quiere decirse, hay que estudiar, hay que aprender, hay que dirigir con las organizaciones de masas y hasta entregarles tareas de control del partido. De la misma forma para combatir el burocratismo declara: “No temáis la iniciativa y la acción independiente de las masas, confiaos a las organizaciones revolucionarias y veréis en todos los aspectos de la vida estatal la misma fuerza, grandiosidad, invencibilidad que los obreros y los campesinos revelaron en su unificación y en su ímpetu contra el pronunciamiento de Kornílov”.

Lenin tenía un método de análisis para la acción, el marxismo, por eso era flexible, capaz de captar todos los cambios y adaptarse a las circunstancias, nunca lo daba por sabido. Mediante su esfuerzo y dirección política con los bolcheviques demostró que el socialismo era realizable. A nosotros nos queda aprender de la Historia, apartar los errores y aprovechar los aciertos. Constantino Bértolo advierte que en los textos seleccionados para el libro no ha pretendido abarcar todo el espectro de la obra de Lenin, sino detallar lo representativo y actual, y es que los textos de Lenin que lo forman nos hablan de asuntos que tenemos delante, ahora mismo, que nos cuestionan, o nos aportan modelos que se llevan a cabo hoy en las revoluciones, tanto las que se sostienen como las que están en marcha.

Pocas veces se encuentra un libro tan importante para las necesidades de conocimiento de la izquierda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

LEYENDO A PENSADORES Y ESTUDIOSOS DEL MATERIALISMO HISTORICO Y LA CIENCIA MODERNA.

Domingo Nuñez Polanco.  

e2139-domingo2bnu25c325b1ez

Antes de entrar en materia y deslizarnos por las profundas lecturas que impregnan estos temas de filosofía, dialéctica y materialismo es preciso que a modo de preámbulo  digamos algo en relación a los trabajos de los padres  del materialismo científico.

La obra teórica de Marx y Engels es extensa y, como ocurre con casi todos los grandes pensadores, no está exenta de una evolución.  Queriendo decir con esto que Marx a lo largo de su vida, en general, mantuvo una línea de pensamiento coherente consigo misma, pero que con los años fue enriqueciéndola.
A lo largo de más de 150 años, han sido muchos los intelectuales, defensores del gran capital, que han intentado demostrar, sin éxito, que Marx se equivocó en sus planteamientos.  Nosotros estamos entre los que tienen  seguro que  el conjunto de la obra legada por Marx se encuentra en plena vigencia, y pensamos que así lo han  ratificado en no pocos documentos, los estudiosos de el materialismo histórico. Entre otras razones, porque Marx no sólo se dedicó al estudio de la sociedad de su tiempo, sino al descubrimiento de las leyes mismas que presiden la sociedad capitalista, cualquiera sea su etapa de desarrollo. Sus análisis y conclusiones son tan actuales o vigentes tanto en la etapa de los albores del capitalismo.
<<Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto del desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias que actúan y se imponen con férrea necesidad. Los países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos desarrollados el espejo de su propio porvenir>> (K. Marx. Prólogo a la primera edición de “El Capital”).
Tanta es la vigencia de lo explicado por Marx, Engels y Lenin, que  los escritos, con rigor científico, sobre la realidad actual están plagados de citas de sus textos.
Los pensadores e intelectuales que han estudiado seria y responsablemente  el tema del materialismo histórico   sólo han pretendido  servir de muletas a aquellos que buscan  la verdad científica a través del Materialismo dialectico. Un análisis desprejuiciado  de los fenómenos del capitalismo obliga a pasar necesariamente por el Materialismo Histórico. 
 De ahí la necesidad de comprender los textos de Marx y demás clásicos del materialismo histórico, como condición de su aplicación correcta a la realidad a transformar, y de una práctica política efectivamente conducente a esa transformación. Es imprescindible familiarizarse con la terminología y sus correspondiente conceptos utilizados tanto en filosofía, como en política, historia y economía política; más aún, es necesario abordar el estudio de las obras cumbres del pensamiento marxista, como es el caso de “El Capital”
Nuestro gran maestro, el Profesor  Juan Bosch, sobre  el materialismo dialectico ha expresado lo siguiente: “(…) una cosa es la Dialéctica como ciencia, tal como la describió Engels, y otra cosa es la Dialéctica como método para investigar lo mismo los fenómenos naturales que la sociedad humana que el  pensamiento del hombre. Como método  de investigación la Dialéctica  es lo que nos permite identificar  o descubrir  a los contrarios que luchan en cada proceso, o mejor dicho, en el caso concreto de cada proceso. La Dialéctica como método de investigación es lo que nos permite saber cómo llevan los contrarios su lucha hacia adelante, o como la llevaron en un pasado histórico determinado. En pocas palabras, el método Dialectico  si se usa correctamente, nos permite comprender los acontecimientos histórico en toda su riquísima complejidad(…)  nos permite, en fin, ver lo que se ve y ver lo que no se ve, el método dialectico de investigación nos orienta con precisión hacia la verdad”
RAZÓN Y SINRAZÓN
Por  Alan Woods y Ted Grant
(Este trabajo fue escrito por los autores antes de finalizar el siglo pasado y fíjense ustedes parece escrito ayer)
Vivimos en un período de profundo cambio histórico. Después de cuatro décadas  de crecimiento económico sin precedentes, la economía de mercado está alcanzando sus límites. En sus inicios, el capitalismo, a pesar de sus crímenes bárbaros,  revolucionó las fuerzas productivas, sentando así las bases para un nuevo sistema de sociedad. La Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa marcaron un cambio decisivo en el papel histórico del capitalismo. Pasó de hacer avanzar las fuerzas productivas a ser un freno gigantesco al desarrollo económico y social. El período de auge en Occidente entre 1948 y 1973 pareció anunciar un nuevo amanecer. Incluso así, sólo se beneficiaron un puñado de países capitalistas desarrollados; para el Tercer Mundo, dos tercios de la humanidad, el panorama fue un cuadro de desempleo masivo, pobreza, guerras y explotación a una escala sin precedentes. Este período del capitalismo finalizó con la llamada “crisis del petróleo”  de 1973-74. Desde entonces no han conseguido volver al nivel de crecimiento y empleo logrado en la posguerra.
Un sistema social en declive irreversible se expresa en decadencia cultural.
Esto se refleja de diversas formas. Se está extendiendo un ambiente general de ansiedad y pesimismo ante el futuro, especialmente entre la intelectualidad. Aquellos que ayer rebosaban confianza sobre la inevitabilidad del progreso humano, ahora sólo ven oscuridad e incertidumbre. El siglo XX se acerca a su fin habiendo sido testigo de dos guerras mundiales terribles, del colapso económico en el período de entreguerras y de la pesadilla del fascismo. Esto ya supuso una seria  advertencia de que la fase progresista del capitalismo había terminado.
La crisis del capitalismo no es simplemente un fenómeno económico, impregna todos los niveles de la vida. Se refleja en la especulación y la corrupción, la  drogadicción, la violencia, el egoísmo generalizado, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, la desintegración de la familia burguesa, la crisis de la moral, la cultura y la filosofía burguesas. ¿Cómo podría ser de otra manera? Uno de los síntomas de un sistema social en crisis es que la clase dominante siente cada  vez más que es un freno al desarrollo de la sociedad. Marx señaló que las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante. En su época de esplendor, la burguesía no sólo jugó un papel progresista al hacer avanzar las fronteras de la civilización, sino que era plenamente consciente de ello. Ahora los estrategas del capital están saturados de pesimismo.  Son los representantes de un sistema históricamente condenado, pero no pueden reconciliarse con esa situación. Esta contradicción central es el factor decisivo que  pone su impronta sobre la actual forma de pensar de la burguesía. Lenin dijo en una ocasión que un hombre al borde de un precipicio no razona.
Contrariamente a los prejuicios del idealismo filosófico, la conciencia humana es en general extraordinariamente conservadora y tiende siempre a ir por detrás del desarrollo de la sociedad, la tecnología y las fuerzas productivas. Como decía  Marx, el hábito, la rutina y la tradición pesan como una losa sobre las mentes de hombres y mujeres, quienes, en períodos históricos “normales” y por instinto de conservación, se agarran con obstinación a los senderos bien conocidos, cuyas raíces se hallan en un pasado remoto de la especie humana. Sólo en períodos excepcionales de la historia, cuando el orden social y moral empieza a resquebrajarse bajo el impacto de presiones insoportables, la mayoría de la gente comienza a cuestionar el mundo en que nació y a dudar de las creencias y los prejuicios de toda la vida.
Así fue la época del nacimiento del capitalismo, anunciado en Europa por un gran despertar cultural y una regeneración espiritual tras la larga hibernación feudal. En el período histórico de su ascenso, la burguesía desempeñó un papel progresista no sólo por desarrollar las fuerzas productivas, que aumentaron enormemente el control del hombre sobre la naturaleza, sino también por potenciar la ciencia, la cultura y el conocimiento humano. Lutero, Miguel Ángel, Leonardo, Durero, Bacon, Kepler, Galileo y un sinfín de pioneros de la civilización  brillan como una galaxia que ilumina el avance de la cultura humana y la ciencia, fruto de la Reforma y el Renacimiento. Sin embargo, períodos revolucionarios como ése no nacen sin traumas —la lucha de lo nuevo contra lo viejo, de lo vivo contra lo muerto, del futuro contra el pasado—.
El ascenso de la burguesía en Italia, Holanda y más tarde en Francia fue acompañado por un florecimiento extraordinario de la cultura, el arte y la ciencia.
Habría que volver la mirada hacia la Atenas clásica para encontrar un precedente.
Sobre todo en aquellas tierras donde la revolución burguesa triunfó en los siglos XVII y XVIII, el desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología se vio acompañado por un desarrollo paralelo de la ciencia y el pensamiento, que minó de forma decisiva el dominio ideológico de la Iglesia.
En Francia, el país clásico de la revolución burguesa en su expresión política, la burguesía llevó a cabo su revolución, en 1789-93, bajo la bandera de la Razón.
Mucho antes de derribar las formidables murallas de la Bastilla era menester destruir en la mente de hombres y mujeres las murallas invisibles pero no menos formidables de la superstición religiosa. En su juventud revolucionaria, la burguesía francesa era racionalista y atea. Pero una vez instalada en el poder se apresuró a tirar por la borda el bagaje ideológico de su juventud, al verse enfrentada con una nueva clase revolucionaria.
No hace mucho, Francia celebró el bicentenario de su gran revolución.
Resultó curioso ver cómo incluso la memoria de una revolución que tuvo lugar hace dos siglos provoca un hondo malestar en las filas del establishment. La actitud de la clase dominante gala hacia su propia revolución se parece a la de un viejo libertino que pretende ganar un pase a la respetabilidad, y quizá la entrada en el reino de los cielos, arrepintiéndose de los pecados de juventud que ya no está en condiciones de repetir. Al igual que toda clase privilegiada establecida, la burguesía intenta justificar su existencia no sólo ante la sociedad, sino también ante sí misma. La búsqueda de puntos de apoyo ideológicos que le sirvieran para justificar el statu quo y santificar las relaciones sociales existentes le llevó rápidamente a volver a descubrir los encantos de la Santa Madre Iglesia, particularmente después del terror mortal que experimentó en tiempos de la Comuna de París.
La iglesia del Sacré Coeur, en París, es una expresión concreta del miedo de la burguesía a la revolución, traducido al lenguaje del filisteísmo arquitectónico.
Marx (1818-83) y Engels (1820-95) explicaron que la fuerza motriz fundamental de todo progreso humano reside en el desarrollo de las fuerzas productivas: la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología. Esta es una generalización teórica verdaderamente profunda, sin la cual la comprensión de la historia de la humanidad resulta imposible. No obstante, esto no significa, como han intentado demostrar los detractores deshonestos o ignorantes del marxismo, que Marx “reduce todo a lo económico”. El materialismo dialéctico y el materialismo histórico tienen plenamente en cuenta fenómenos como la religión, el arte, la ciencia, la moral, las leyes, la política, la tradición, las características nacionales y todas las múltiples manifestaciones de la conciencia humana. Pero no sólo eso. También demuestran el contenido real de estos fenómenos y cómo se relacionan con el auténtico desarrollo social, que en última instancia depende claramente de su capacidad para reproducir y mejorar las condiciones materiales para su existencia.
Sobre este tema, Engels escribe lo siguiente:
“Según la concepción materialista de la historia, el elemento determinante de la historia es en última instancia la producción y la reproducción en la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto; por consiguiente, si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el único determinante, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y absurda.
La situación económica es la base, pero las diversas partes de la superestructura —las formas políticas de la lucha de clases y sus consecuencias, las constituciones establecidas por la clase victoriosa después de ganar la batalla, etc.—, las formas jurídicas —y, en consecuencia, inclusive los reflejos de todas esas luchas reales en los cerebros de los combatientes: teorías políticas, jurídicas, ideas religiosas y su desarrollo ulterior hasta convertirse en sistemas de dogmas— también ejercen su influencia sobre el curso de las luchas históricas y en muchos casos preponderan en la determinación de su forma”.
A algunos les parecerá una paradoja la afirmación del materialismo histórico de que en general la conciencia humana tiende a ir por detrás del desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo encuentra una expresión gráfica en Estados Unidos, el país donde los avances científicos han alcanzado su más alto grado. El avance continuo de la tecnología es una condición previa para el establecimiento de la verdadera emancipación de los seres humanos, mediante la implantación de un sistema socioeconómico racional en el que ejerzan el control consciente sobre sus vidas y su entorno. Aquí, el contraste entre el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología y el extraordinario atraso del pensamiento humano se manifiesta de la manera más llamativa.
En EEUU, nueve de cada diez personas creen en la existencia de un ser supremo, y siete de cada diez en la vida después de la muerte. Cuando al primer astronauta norteamericano que logró circunnavegar la Tierra en una nave espacial se le invitó a dar un mensaje a los habitantes del planeta, hizo una elección significativa. De toda la literatura mundial eligió la primera frase del libro del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la Tierra”. Este hombre, sentado en una  nave espacial producto de la tecnología más avanzada de toda la historia, tenía la mente repleta de las supersticiones y los fantasmas heredados, con pocos cambios, desde los tiempos prehistóricos.
Hace 70 años, en el notorio “juicio del mono”, un maestro llamado John T.
Scopes fue declarado culpable de violar las leyes de Tennessee por haber enseñado la teoría de la evolución. De hecho, el tribunal confirmó las leyes antievolucionistas de dicho Estado, que no se abolieron hasta 1968, cuando el Tribunal Supremo de EEUU dictaminó que la enseñanza de la Creación violaba la prohibición constitucional de la enseñanza de la religión en la escuela pública. Desde entonces, los creacionistas han cambiado su táctica e intentan convertir el creacionismo en una “ciencia”. En este empeño gozan del apoyo no sólo de un amplio sector de la opinión pública, sino también de bastantes científicos dispuestos a ponerse al servicio de la religión en su forma más cruda y oscurantista.
En 1981, los científicos estadounidenses hicieron uso de las leyes del movimiento planetario de Kepler para lanzar una nave espacial al encuentro con Saturno. El mismo año, un juez norteamericano tuvo que declarar anticonstitucional una ley aprobada en Arkansas que obligaba a las escuelas a tratar en pie de igualdad la mal llamada “ciencia de la Creación” y la teoría de la evolución. Entre otras.  Por razones de conveniencia, donde se cita la misma obra varias veces seguidas hemos puesto el número de referencia al final de la última cita.  (1. Carta de Engels a J. Bloch (21/9/1890), en Marx y Engels, Correspondencia, pp. 394-95.cosas, los creacionistas exigieron el reconocimiento del diluvio universal como un agente geológico primigenio. En el transcurso del juicio, los testigos de la defensa expresaron una creencia ferviente en la existencia de Satanás y en la posibilidad de que la vida hubiese sido traída a la Tierra a bordo de meteoritos, explicándose la diversidad de especies por un tipo de servicio a domicilio cósmico. Al final del juicio, N. K. Wickremasinge, de la Universidad de Gales, afirmó que los insectos podrían ser más inteligentes que los humanos, aunque “no sueltan prenda (…) porque les va estupendamente”
.El grupo de presión fundamentalista religioso en EEUU tiene un apoyo masivo, senadores incluidos, y acceso a fondos ilimitados. Embusteros evangelistas se hacen ricos desde emisoras de radio con una audiencia de millones de personas.
Que en la última década del siglo XX y en el país tecnológicamente más avanzado de toda la historia haya un gran número de hombres y mujeres con educación, incluidos científicos, dispuestos a luchar por la idea de que el libro del Génesis es cierto palabra por palabra —que el universo fue creado en seis  días hace aproximadamente 6.000 años— es de por sí un ejemplo impresionante del funcionamiento de la dialéctica.