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¿Cuánto sabes de la cultura haitiana?

 
  Escrito por: NAIROBY VALDEZ (nairobyestefani@gmail.com)

Al hablar de la cultura de la República de Haití uno puede adentrarse en un conjunto de tradiciones europeas específicamente francesas y españolas, pero el fuerte de la cultura haitiana tiene sus orígenes en las costumbres africanas. Este país conserva en sus entrañas rasgos muy firmes debido a la trata de esclavos de la cual es procedente el mayor porcentaje de su población.

El día 5 de diciembre de 1492, según los registros históricos, llega a La Española Cristóbal Colón, un navegante de origen genovés, en busca de oro y con su obsesión de encontrar el preciado metal, esclaviza a la población originaria, acostumbrada a la vida silvestre, la pesca y la agricultura, actividades que no necesitaban de esfuerzos mayores.

Los indígenas fueron obligados a trabajar en plantaciones y minas, se produjeron rebeliones y muchos perdieron la vida. La manera brutal en la que fueron atacados y contagiados con enfermedades europeas para las cuales  no tenían defensas, acabó con los indígenas poco a poco, hasta no quedar uno.

Llegada de esclavos africanos. Exterminada la raza indígena, el trabajo no se podía suspender por lo que los españoles trajeron esclavos desde África para continuar con su explotación. Luego siguieron explorando otras tierras del continente americano y, eventualmente, abandonaron la parte occidental de la isla, dejando el camino libre para que una colonia francesa se estableciera allí, produciendo así una mezcla de culturas africanas, españolas y francesas.

Estas combinaciones marcaron la cultura haitiana, de allí se desprenden un conjunto de tradiciones que los haitianos han sabido poner en práctica hasta la actualidad.

Conociendo la cultura haitiana. Los idiomas oficiales de Haití son el francés y el creole, éste último es un idioma joven, oficializado en 1961, nace producto de la mezcla de la lengua francesa con la influencia de vocabularios africanos y españoles. Además de ser una herramienta de los esclavos para poderse comunicar entre ellos sin que los colonos pudieran entenderlos y también en consecuencia fue utilizado como forma de rechazo a los europeos.

Gastronomía haitiana. La cocina haitiana está influenciada en gran medida por la gastronomía francesa así como también por la africana y en menor grado por la española. Los haitianos a menudo usan pimientos y otros sabores fuertes. La cocina haitiana es considerada como moderadamente picante y no muy condimentada.

Sus platos son el arroz y las judías, que es lo mismo que las habichuelas y demás legumbres en sus diferentes presentaciones. Su dieta básica consiste en alimentos con un alto contenido en almidón y carbohidratos.

En las zonas más rurales tienen otras opciones como el maíz molido, un compuesto parecido a la harina de maíz que puede ser comido con salsa pois, con salsa hecha con uno de los diferentes tipos de judías como la riñón, la pinta, garbanzos y frijoles de palo (conocidos en otros países como gandul).

Platos típicos. Pésée, es un plato típico con carne de cerdo o cabra acompañado de bananito frito en aceite de girasol (conocidos como tostones en la República Dominicana y en Puerto Rico), es comido frecuentemente en Haití tanto como comida o aperitivo. El “diri ak djon-djon” o arroz con hongos, otra comida típica a la cual no tienen acceso todos los ciudadanos de Haití, por la amplia brecha social existente.

El jouroumou. Este es un plato sagrado del pueblo haitiano, al que se le rinde reverencia, como el dominicano con la habichuela dulce. Sólo que el “jouroumou” tiene una historia de rebeldía y de libertad.

Celebración de la libertad. La sopa de auyama o “soup joumou” es el plato especial de la tradición culinaria haitiana, por la relación de ser la primera república negra en independizarse en la historia y ser la segunda en América.

Según la tradición, los esclavos en la antigua colonia francesa no tenían derecho a tocar la auyama ni acceso a ingredientes como apio, zanahoria, repollo y puerro.

Al romper el yugo de esclavitud y declarar el nacimiento de la República de Haití, los antiguos esclavos comenzaron a preparar la sopa de auyama como símbolo de su libertad, una costumbre que se repite cada primero de enero, cuando la nación celebra su fiesta nacional.

Religión. En cuanto a las religiones, un alto porcentaje de la población haitiana profesa la fe católica, mientras un grupo menor se inclina por la protestante y el vudú.

El vudú es una religión traída de las esencias africanas, combina elementos del cristianismo primitivo, del catolicismo y de religiones tribales. Los cultos vudú veneran un dios principal, el Bon Dieu; a los ancestros o, más en general, a los muertos; a los gemelos y a los espíritus llamados loas. Esta es una religión que se practica de manera reservada en Haití, no como las demás, sino más bien en lugares apartados y se dice que sus devotos rara vez pregonan su inclinación.

“La cultura haitiana es misteriosa por los elementos que se hallan en el vudú, por ejemplo nosotros tenemos una particularidad totalmente distinta a otras naciones que practican esta religión y es el hecho de la celebración del Gede la cual se realiza el primero de noviembre de cada año, donde un espíritu entra en el cuerpo de un hombre o una mujer y éste es incitado hacer revelaciones de la vida de cualquier persona que se encuentre en el evento. La gente piensa que el vudú es sinónimo de maldad, pero no todo en el vudú es malo, todo va depender de las cosas que el creyente o practicante le pida a los loas o espíritus. Esta religión más que cuestión de fe es práctica, de manera que si yo le pido a los espíritus por la salud de un hermano me lo concede, pero también, si pido para hacerle daño a una persona, de igual manera se hace efectiva dicha petición. Esto no es tan sencillo como la gente creé, porque así como las personas le piden al loa, este a la vez tiene la potestad de cobrar su favor”, expresó la diplomática haitiana Vichy De La Fayette Thibeaud, representante de la embajada haitiana en República Dominicana.

Música Haitiana. En la música los haitianos tienen lo suyo, aunque esta se desprende de la influencia de los lazos europeos coloniales y la migración africana por la esclavitud. En el caso de la colonización, la influencia musical ha venido principalmente de Francia, sin embargo la música haitiana tiene una significativa influencia española, así como también de República Dominicana y Cuba, cuya música en español ha contribuido a crear otros géneros musicales en Haití.

Música típica de Haití. El compás (en francés) o kompa (en el criollo haitiano) es una música compleja, proveniente de ritmos africanos y el baile de salón europeo, surtida con la cultura de la burguesía haitiana. Este género tiene cierta relación entre la bachata y el merengue dominicano, pero con ritmos más suaves, el cual se baila de una manera sensual, con movimientos atrevidos en algunos casos.

Gagá o ra-rá. El gagá es un culto socio-religioso popular que tiene mucha semejanza con el vudú, su nombre original es ra-rá, es un ritmo contagioso el cual se originó en Boca Chica debido a los contratos de haitianos en los ingenios azucareros.

El  gagá escenifica las rebeliones del cimarronaje, la lucha de los esclavos contra el esclavista francés, es una representación del encuentro de hermandad y solidaridad entre los dos pueblos: haitiano y dominicano.

Arte haitiano máxima representación cultural. En cuanto al arte, la pintura específicamente, los haitianos se caracterizan por la utilización de colores brillantes, el humor inteligente, el cual predomina en sus obras, entre los objetos que plasman en sus cuadros se pueden encontrar frutas deliciosas y paisajes que enmarcan la realidad cotidiana en las ciudades haitianas.

Según los críticos, la pintura haitiana es un reflejo de su propia raíz cultural. En esencia, pasión, devoción, fe, esperanza, alegría y tristeza. Pocos lo saben, pero es real. El arte haitiano, sobre todo en lo relativo a la pintura y la escultura, es uno de los más valorados a nivel mundial. Goza de cierto éxito comercial y la crítica por lo general le hace buenas apreciaciones.

Patrimonios Culturales. Los patrimonios más famosos e importantes de Haití son el palacio de Sans Souci y la Ciudadela, los cuales fueron inscritos como lugares de Patrimonio de la Humanidad en 1982, ubicados al norte del Macizo de Hotte, en uno de los parques nacionales de Haití, la estructura data de comienzos del XIX. Fue una de las primeras en ser construidas tras la independencia de Francia.

¿Qué tanto conoce el haitiano residente en República Dominicana sobre su cultura?

Al abordar algunos estudiantes haitianos en la Universidad Autónoma Santo Domingo (UASD) sobre lo que conocen de su cultura fue notorio lo reservados que son a la hora de hablar de su país.

Ante la pregunta ¿Cuánto sabes sobre la cultura haitiana? Muchos de ellos de manera enfática respondían lo siguiente: “la comida es muy rica en mi país, pero hay algo que nos identifica y nos hace diferentes y es nuestra gente, las personas son muy amables allá, aunque sé que pensaras todo lo contrario por las tantas cosas que se dicen de los haitianos de este lado”. “Cuando visitas Haití quieres quedarte  por las atenciones y la hospitalidad que se le brinda al extranjero en mi país”.

 

Crisis y desigualdad social

Llevo más de tres años insistiendo que el crecimiento de las desigualdades sociales ha sido uno de los factores impulsores de la crisis actual. Si tuvimos burbuja inmobiliaria y endeudamientos exorbitantes fue porque también sufrimos una situación de extrema desigualdad.
En las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no hubo burbujas notables en la economía porque se seguía un patrón en la distribución de rentas que permitía que el crecimiento de la productividad se tradujera también en un crecimiento de los salarios, y eso a su vez permitía un mayor consumo sin que la gente se endeudara en exceso. Este círculo virtuoso se rompió con las políticas neoliberales destinadas a debilitar el poder de los trabajadores y disminuir sus ingresos salariales.
Desde hace tres décadas, los salarios crecen por debajo de la productividad, eliminando así el vínculo automático entre productividad y demanda.

Eso ya condujo a finales del siglo XX a un exceso de capacidad en la economía productiva que el capital intentó compensar refugiándose primero en la burbuja bursátil y después en la burbuja inmobiliaria.

Uno de los factores que explican el incremento de las desigualdades es el deterioro de la legislación laboral, que a su vez ha permitido debilitar el poder de la negociación colectiva de los convenios que en el fondo fue el mecanismo para facilitar durante décadas que los asalariados se beneficiaran de los incrementos de productividad. La capacidad para movilizar y negociar del movimiento sindical también contribuyó a poner en marcha los potentes mecanismos de seguridad social y a universalizar el derecho a una sanidad pública entre muchas otras mejoras sociales.

Si se acepta este punto de vista se llega rápidamente a la conclusión que para erradicar una de las raíces de esta crisis es necesario recuperar el carácter protector de la legislación laboral con la finalidad de superar los elementos precarizadores que se han instalado a lo largo del periodo neoliberal.

Ahora, en cambio, se quiere recorrer un camino opuesto y se pide sacrificios y austeridad a los trabajadores.

Resulta muy revelador que mientras se habla constantemente de las recomendaciones y los llamamientos de los “organismos internacionales” no se haga mención a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a pesar de ser uno de los organismos internacionales con mayor legitimidad democrática y probablemente él que ha mostrado más rigor en los documentos que publica.

A éstas altura ya debería estar claro que la obsesión de los poderosos no es, ni mucho menos, eliminar las raíces de esta crisis. Su intención no es otra que utilizar la crisis como una oportunidad para reforzar aún más su poderío. Pero no lo dicen. Lo camuflan a través de un rosario de recomendaciones sobre las “reformas estructurales”, “la mejora del mercado de trabaja” o “la flexibilidad en las empresas”, difundidas por los adoctrinadores sociales al servicio de la minoría dominante.

PUBLICAT PER ANTONI PUIG SOLÉ

 

Europa y la puta de Babilonia

Português do Brasil: Presidente da Bolívia, Ev...
 Presidente da Bolívia, Evo Morales
La detención y, en los hechos, el secuestro sufrido por Evo Morales durante 14 horas en Viena en su accidentado viaje de regreso desde Moscú demuestra claramente que los gobiernos europeos, y las clases dominantes a las cuales estos representan y en cuyos intereses actúan, son simples sirvientes del imperio. Toda su hueca fraseología sobre democracia, derechos humanos y libertades se derrumba como un castillo de naipes ante la contundencia de la prohibición que le impedía al presidente boliviano sobrevolar el espacio aéreo de algunos países europeos. Por supuesto, nada de esto debiera sorprendernos porque si de algo han dado prueba los sucesivos gobiernos de Europa desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha sido su irresistible vocación por arrodillarse ante el nuevo amo imperial y satisfacer sus menores deseos, aún a costa de su dignidad y su vergüenza. No todos los gobiernos ni todo el tiempo, es cierto, porque hubo algunas excepciones: De Gaulle en Francia, Olof Palme en Suecia, entre los más notables, pero sí la gran mayoría de ellos.

Obedecen ciegamente las órdenes de la Casa Blanca para condenar a Cuba y participar en el criminal bloqueo a que han sometido a la isla por más de cincuenta años; consintieron que Estados Unidos y la OTAN, la mayor organización terrorista internacional, bombardease impunemente el propio territorio europeo, la ex Yugoslavia, sin contar siquiera con el paraguas legal de una decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizando esa operación; autorizaron y fueron también cómplices de los vuelos “secretos” de la CIA, en los que trasladaban “detenidos fantasma” (o desaparecidos) de numerosas nacionalidades hacia las cárceles clandestinas donde se podía torturar y asesinar con total impunidad a esto supuestos sospechosos de terrorismo; gobernantes, por último, cómplices de los innumerables crímenes de guerra perpetrados por Washington en locaciones tan diversas como la ex Yugoslavia, Irak, Irán, Afganistán, Libia y Siria, entre los más recientes.

Gobiernos genuflexos, sin dignidad alguna, que aceptan resignadamente que su amo y señor los espíe y que monitoree las comunicaciones de sus órganos regionales como la Comisión Europea mientras persiguen a Julian Assange y Edward Snowden por el “delito” de haber hecho públicas las masivas violaciones de Estados Unidos a los derechos individuales. En una palabra: la Casa Blanca actúa con esos gobiernos europeos como un siniestro e inescrupuloso patrón lo hace con sus indefensos subordinados. Y los gobiernos de Francia, España, Portugal e Italia, a su vez, actúan como la puta de Babilonia, que según narra la Biblia en el Apocalipsis (2. 17) “con ella fornicaron los reyes de la tierra –léase los “capos” de Washington- y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.” Por enésima vez esos gobiernos volvieron a prostituirse violando las normas internacionales consuetudinarias que otorgan inmunidad a los jefes de Estado y de Gobierno y a las aeronaves (o cualquier otro vehículo) que los transporte. La Convención de Naciones Unidas sobre Inmunidades de los Estados y sus bienes de 2004 recoge estas normas y las amplía, pero desgraciadamente aún no está en vigencia.

Sería por ello importante que la Argentina y demás Estados de Unasur la ratifiquen cuanto antes e impulsen su entrada en vigencia, dado que protege las inmunidades soberanas, cada vez más amenazadas por la desenfrenada contraofensiva lanzada por el imperialismo para regresar América Latina y el Caribe a la situación existente antes de la Revolución Cubana. Aunque, ya se sabe, si hay algo que el imperialismo jamás respeta, como lo prueba la historia y lo teoriza Noam Chomsky, es la legalidad internacional, sea esta codificada o no. Los presidentes de Argentina, Cuba, Ecuador, Venezuela, el Secretario General de la Unasur, Alí Rodríguez y, ¡stupor mundi !, el mismísimo Secretario General de la OEA José Miguel Insulza manifestaron su repudio ante la actitud de los gobiernos europeos. El presidente Correa sintetizó la opinión prevaleciente en toda la región cuando tuiteó que “¡Todos somos Bolivia!” Sorprende, en cambio, el mutismo de otros países de la región, empezando por Brasil, siguiendo por Uruguay y, luego, comprensiblemente, por los gobiernos que son los “proxis” regionales del imperio en Sudamérica como Colombia, Perú y Chile.

En el caso del Perú, país que ejerce la Presidencia pro-témpore de la Unasur, sorprende aún más la pasividad de su gobierno que ante la gravedad de los hechos acaecidos en Europa debió haber convocado una reunión de urgencia para adoptar una política común en defensa del presidente boliviano. La lección que se desprende de este escandaloso incidente es que no tiene sentido alguno avanzar en un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, habida cuenta de la complicidad de los gobiernos del Viejo Continente para quebrar las normas más elementales del derecho internacional. ¿O es que vamos a creer que si violan sin chistar reglas fundamentales ante la menor señal de Washington van a respetar las otras, mucho menos importantes, que regulan el comercio internacional? Habría que ser muy ingenuos para creer en algo así.

La verdad: ni en Estados Unidos ni en la Unión Europea existe la “seguridad jurídica” que con tanta vehemencia reclaman de nuestros países. Por lo tanto, reforcemos la unidad de los países de Nuestra América porque si no nos unimos, si no nos defendemos entre nosotros la Roma americana y sus compinches europeos harán cada vez más estragos en esta parte del mundo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Divide y vencerás, juego táctico contra integración en Latinoamérica

1981 Adhesiu fora OTAN

Toda esta estratagema de Washington tiene como componente fundamental el “acoso, la deslegitimación y la desestabilización de los gobiernos bolivarianos y progresistas de la región”, advierte Borón.

De inadmisible, traición o amenaza fue calificado por gobernantes y personalidades de Latinoamérica el anuncio del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, de sellar un acuerdo de cooperación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para luego iniciar un proceso de acercamiento con miras a ingresar en el bloque.

La criticada propuesta forma parte de una obvia ofensiva para desconfigurar, a través de la vieja táctica de “divide y vencerás”, el nuevo mapa geopolítico latinoamericano, rediseñado a partir de procesos transformadores e integracionistas.

La Alianza del Pacífico, con su última cumbre en Cali, Colombia; la gira por la región del vicepresidente norteamericano, Joseph Biden; la visita del presidente chileno, Sebastián Piñera, a Estados Unidos; la de Barack Obama a México, y las perspectivas de Colombia de ser parte de la OTAN, no son casos aislados.

A todo esto se suma la impugnación de la oposición por supuesto fraude de las elecciones en Venezuela, donde ganó Nicolás Maduro, acompañada por la violencia con saldo de nueve muertos y denuncias de presunta división dentro de la fuerza socialista.

Para enrarecer más la atmósfera, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió a Henrique Capriles, perdedor de los comicios venezolanos, lo que generó el rechazo del gobierno de Maduro.

El politólogo argentino Atilio Borón asegura que Santos al recibirlo “le confirió legitimidad a sus escandalosas denuncias (…) y se alineó irresponsablemente con el líder del ala fascista y más radical y golpista de la derecha venezolana”.

Borón recalca en su artículo titulado Santos, la conjura contra Venezuela y la Alianza del Pacífico que “el sueño imposible del imperio es restablecer en Latinoamérica una situación anterior a la Revolución Cubana, cuando las órdenes de la Casa Blanca eran obedecidas sin chistar por los gobiernos de la región”.

Opina que ese es el sentido fundamental de la Alianza del Pacífico, integrada por México, Colombia, Perú y Chile.

Para el también académico, detrás de todo esto está “el meticuloso cumplimiento del proyecto de reversión de la correlación internacional de fuerzas en el hemisferio, que en el 2005 provocara el naufragio del ALCA en Mar del Plata (Argentina)”.

Toda esta estratagema de Washington tiene como componente fundamental el “acoso, la deslegitimación y la desestabilización de los gobiernos bolivarianos y progresistas de la región”, advierte Borón.

El mandatario de Bolivia, Evo Morales, también alerta constantemente de los afanes de la oligarquía y asegura que para este propósito divisionista y desestabilizador existe asesoría extranjera.

Juicio político, polémicas huelgas sindicales, el secuestro y el viejo recurso del uso de la fuerza militar en golpes de Estado se han empleado en estos años de cambio en el continente para revertir los cambios.

Desde el exterior, ahora, como un cubo de hielo a los logros integracionistas fue el anuncio de Santos de un posible acercamiento para ingresar a la OTAN.

Sin embargo, tal “iniciativa” no debe sorprender cuando el 30 de octubre de 2010, el gobierno de Colombia suscribió con Estados Unidos un convenio de cooperación militar que señalaba siete bases de la nación suramericana para que fueran usadas por tropas norteamericanas.

De acuerdo con el Tratado Naval de Washington, todas las bases militares pertenecientes a un Estado miembro de la OTAN pueden ser utilizadas en el marco de sus misiones, a pesar de que oficialmente no exhiban su insignia.

Morales calificó de amenaza para la región la decisión de Colombia de unirse al obsoleto pacto militar, creado con el objetivo de organizar a Europa ante la supuesta amenaza de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial y que, no obstante, es parte hoy de los principales conflictos bélicos del mundo.

“No podemos permitir que la OTAN intervenga Latinoamérica. Tener a la OTAN es una amenaza a nuestro continente, a Latinoamérica y el Caribe”, advirtió Morales.

La presencia de esa organización de potencias militares busca desestabilizar y atentar contra los gobiernos de izquierda de Latinoamérica, principalmente Venezuela, Ecuador, Nicaragua y la propia Bolivia, enfatizó.

De igual forma, Maduro recalcó que “nosotros (América Latina) “no tenemos nada que buscar en pactos de dominación y de guerra”.

Nuestra América, dijo, tiene que ser un territorio de paz, libre de armas nucleares, pues sería una locura abrirles nuestros territorios a ejércitos y a fuerzas armadas de otros continentes, y una traición a Simón Bolívar, a los libertadores y a nuestros pueblos.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, calificó de inadmisible las pretensiones de Colombia de ser parte de ese grupo militar.

El líder sandinista exhortó a conquistar la paz, pero a partir del desarrollo económico y de mejoras en servicios esenciales como educación y salud de los pueblos.

El Premio Nobel de la Paz 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, en declaraciones a Prensa Latina dijo que Santos no puede convertir a Colombia en un país agresor e invasor, asociándolo con la OTAN.

Mientras la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) son iniciativas de paz y de unión regional frente a las potencias, la OTAN representa todo lo opuesto, recalcó Pérez Esquivel.

La Alianza atlántica “es un organismo que fomenta las armas nucleares, el intervencionismo y la violación de los derechos humanos y de los pueblos”, puntualizó.

Latinoamérica parecía olvidada. Medio Oriente se convirtió en el centro de operaciones militares de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN: recursos energéticos y reposición geopolítica son el trasfondo de intervenciones militares so pretexto de luchas contra el terrorismo y supuesta tenencia de armas químicas, entre otros.

Mientras Irak y Afganistán eran expoliados por las fuerzas militares de la coalición, Latinoamérica construía el viejo sueño de la Patria Grande de los libertadores.

En medio de ese contexto de guerra liderado por Estados Unidos y la OTAN, en este hemisferio los países se organizaban para alcanzar el desarrollo armónico de sus pueblos en organismos como la Alianza para los Pueblos de Nuestra América, la Unasur y la Celac, con el liderazgo de Hugo Chávez.

Para la Casa Blanca -alerta Atilio Borón-, “hoy nada es más importante que aprovechar el momentáneo desconcierto provocado por la muerte de Chávez para reordenar lo que el Secretario de Estado John Kerry denominara -en una expresión que por su carácter despectivo había caído en desuso- al â��patio traseroâ�Ö de Washington.”

 Por Odalys Troya Flores *

La Habana (PL)

*Jefa de la redacción América del Sur de Prensa Latina.

arb/otf

ORLANDO DICE… El tonto alegato de que a Leonel le interesa dividir a perredeístas

COSA DE MECÁNICOS.- Los perredeístas que se declaran violentos de oficio se justifican en que Miguel Vargas sirve a los intereses de Leonel Fernández de dividir al PRD y ganar las elecciones del 2016. El alegato es tonto y ocioso, como si vivieran en Bizancio y discurrieran sobre el sexo de los ángeles. Pero la creencia se generaliza, y a falta de algo mejor, una de las facciones del partido blanco la convierte en Evangelio. La historia deja de ser dialéctica, y se vuelve mecánica, o mejor todavía: cosa de mecánicos. Hay que suponer lo que eso significa. Ni siquiera el fin de la historia de que habló para luego desdecirse Francis Fukuyama. En caso de que el propósito de Fernández fuera un designio, hay que recordar que ganó elecciones al PRD sin que éste se dividiera, y cuando se benefició del hecho en el 2004, fue obra de Hipólito Mejía y su reelección, y no de Miguel Vargas, que entonces fue uno de sus peones. Hatuey Decamps tal vez no se llevó medio partido, pero no hay dudas de que su rechazo a la repostulación de Mejía debilitó las fuerzas del PRD…
LOS NÚMEROS.- La situación luce ahora más grave, pues sin que el PRD se haya dividido, en cuanto a que no existe una nueva formación, como el Partido Revolucionario Social Demócrata de Decamps, los números que se manejan son escandalosos. La Gallup da 22% al PRD, y se recuerda que en las elecciones del 2004 Mejía sacó un 33%, y que su última comparecencia a las urnas, el año pasado, logró un 47 %. La diferencia es de un 25 %, menos de la mitad. Leonel Fernández, por tanto, no tiene que hacer nada, solo esperar en la bajadita. O en la empinadita, como le gusta decir. Esto es, que las potencias del PRD se han reducido sin que se haya producido la denunciada partición y a consecuencia de la polarización de Mejía y Vargas. Conviene decir que este 22% fue el resultado de una encuesta realizada del 18 al 21,  antes de los incidentes del pasado domingo. Si el escrutinio se hiciera ahora, no hay dudas de que el porcentaje sería más bajo. Se conoce el disgusto que se expresa en los medios de opinión, pero no el de las bases del partido o el de  los sectores que hacen causa común con los perredeístas…..
ÁNGEL CAÍDO.-  La seducción que ejerce Leonel Fernández sobre los perredeístas los lleva a creer que en verdad el 2016 le pertenece como una propiedad registrada y cuyo  título tiene a buen resguardo. ¿Qué decir? Un decreto que firmó antes de salir del Palacio Nacional. Sin embargo, debieran atender los demás números de la Gallup. Por ejemplo, un 52 % de la población opina desfavorablemente de Fernández, y 52% es mucho, y más todavía en un político que en oposición, campaña y gobierno bailó cómodo en la cresta de la ola. Su  popularidad nunca estuvo en cuestión. La razón no hay que buscarla muy lejos: el déficit fue cargado a sus hombros, y la consiguiente reforma tributaria, por igual. Además, de que los espacios no sobran. No puede tener los niveles de antes, si dirigentes de su partido, como Danilo Medina y Margarita Cedeño, andan tocando las nubes. El primero con un 82% y la segunda con un 75%. Evidentemente que la pava ya no pone donde ponía.  El 2016 no está tan a la mano como piensan los violentos del PRD, que creen que si logra dividir el partido, como se le atribuye, retorna al Palacio Nacional…
LOS PARTIDOS.- Los perredeístas violentos debieran atender todo el infield, y no solo la primera base, pues nerviosos y queriendo impedir que Leonel Fernández no se robe la segunda, podrían hacer un lanzamiento desviado y anotar otro desde la tercera. La situación es clara al respecto. El PRD tiene 22%, que no es mucho, pero el PLD, con su 51.7%, que es como decir 52%, resulta más que suficiente. El problema, por tanto, no solo es de liderazgo, si Vargas o Mejía, sino de partidos. En las últimas elecciones el PRD quedó mejor parado que el PLD, con un 42% a un 37%. De manera que en tanto se cuidan de Fernández, a través de su supuesto peón Vargas, se va consumiendo el partido. No es lo mismo estar alto y bajar, que andar por el piso y aspirar al cielo. Pero si les hiciera falta otra mayor preocupación, deben fijarse en las tasas de rechazo de Vargas y de Hipólito, de 65% y 63% respectivamente, casi la misma, pues si el equipo se deteriora y los peloteros no rinden, no hay forma de ganar campeonato. Pelearon a tiros por un campo de softball, cuando si las condiciones son buenas,  hasta en la calle se puede jugar…

 

Las 10 mejores ciudades del mundo, para vivir.

 

Viena, famosa por sus cientos de museos, 2.000 parques y su café es el mejor lugar del planeta para vivir, de acuerdo con un estudio de la firma Mercer.

La encuesta anual de la firma global de recursos humanos apunta no solo a las cualidades de Austria, sino también a las virtudes de la región. Ocho de las primeras 10 ciudades están en Europa. Zurich es la segunda mejor ciudad para vivir, mientras que las ciudades alemanas de Munich, Dusseldorf y Frankfurt, le siguen.

“En total, las ciudades europeas siguen teniendo la más alta calidad de vida como resultado de una combinación de estabilidad, el incremento de los estándares de vida, y la avanzada infraestructura de la ciudad”, dijo Slagin Parakatil, investigador de Mercer.

Las ciudades en los primeros 10 puestos son:

1. Viena, Austria

2. Zurich, Suiza

3. Auckland, Nueva Zelandia

4. Munich, Alemania

5. Vancouver, Canadá

6. Düsseldorf, Alemania

7. Frankfurt, Alemania

8. Ginebra, Suiza

9. Copenhague, Dinamarca

10. Berna, Suiza

10. Sydney, Australia

En Latinoamérica, Pointe-À-Pitre, en Guadalupe, tiene el lugar más alto en la lista, en el puesto 63, seguido por la capital de Puerto Rico, en el 72; y Montevideo en el 77.

Montevideo, Uruguay
Monterrey repite la posición del 2011, en el lugar 104, y la Ciudad de México subió un puesto en la lista, al ocupar el lugar 120 en 2012.

Los resultados de la encuesta de Mercer están basadas en un análisis de las condiciones de vida que comprenden 39 factores en 10 categorías.

Las condiciones políticas incluyen estabilidad del gobierno y crimen. Las económicas incluyen los servicios bancarios y las leyes de intercambio de divisas. Las de salud incluyen acceso a ciudado médico y niveles de contaminación. También se toma en cuenta el transporte, la vivienda y los servicios de recreación.

El nivel de las ciudades en la lista sirve a compañías multinacionales para calcular paquetes de compensación para empleados que envían al extranjero. Un nivel bajo en la lista indica que los paquetes serán mucho mejores para ofrecer una mejor calidad de vida al empleado.

Por nivel regional, las ciudades que tienen el peor puesto para el oeste de Europa es Belfast, Irlanda del Norte, que se ubica en el lugar 64; para Estados Unidos es Detroit, que se ubica en el lugar 71; para la región de Asia Pacífico es Dushanbe, Tajikistán, que está en el lugar 207; para el Este de Europa es Tbilisi, Georgia, en el lugar 213; y para América es Puerto Príncipe, que está en el lugar 219.

La peor ciudad para vivir es Bagdad, Iraq, que se encuentra en el lugar 221.

 

 

 

La mirada provocadora, la mirada desde abajo

Entrevista a Raúl Zibechi

                                             La mirada provocadora, la mirada desde abajo
Agencia Subversiones
Raúl Zibechi no es políticamente correcto y menos con la izquierda de la que forma parte. En esta entrevista habla con contundencia sobre los procesos revolucionarios de oficina y sobre las experiencias reales miradas desde abajo, sobre los prejuicios de la izquierda, sobre el narcotráfico, sobre la mirada con perspectiva histórica… Es larga y no tiene desperdicio.
A finales de octubre de 2012 Raúl Zibechi, periodista uruguayo y analista internacional, viajó a México para presentar su más reciente trabajo “Brasil Potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo”, editado por Bajo Tierra Ediciones y JRA (Jóvenes en Resistencia Alternativa). Gracias a quienes hicieron posible este viaje y esta edición mexicana pudimos entrevistarlo acerca de varios temas sobre los cuáles consideramos es necesario reflexionar siempre. Este es el resultado de esta amena y polémica plática, en donde se abordaron algunos asuntos generales que nos fueron abriendo caminos para replantearse el abordaje de las luchas.
Ni planificar la revolución, ni transformar lo existente
-¿Es posible un cambio revolucionario en el México de hoy, contando las experiencias autonómicas y los niveles de desorganización y de fractura del tejido social?
Para pensar las transformaciones revolucionarias la única guía que tenemos es lo que sucedió en la historia, no podemos guiarnos por la ideología, porque la ideología es una declaración de intenciones o una construcción abstracta. Lo que creo es que hay dos ideas preconcebidas –sobre este tema de transformación revolucionaria- que me gustaría cuestionar.
Una es que un proceso revolucionario puede ser algo dirigido o planificado, en la historia ningún proceso de transformación revolucionaria exitoso –por supuesto dejo de lado la Unión Soviética oChina, que han sido fracasados para mi- ha sido planificado previamente. Y la segunda es que, transformar lo que hay, construir una sociedad nueva no se puede hacer si previamente ésta no es destruida. Bueno, o tiene unos niveles de destrucción suficientes como para que en el lugar de lo que cae, lo que se destruye, se pueda construir un mundo nuevo.
Transformar el mundo sobre la base de lo que hay, a mi, no me parece factible. Ahí hay un juicio previo que es necesario modificar.
-Es impredecible el nivel de destrucción en el que vivimos y el que necesitamos para, tal vez, pasar por un proceso revolucionario…
En la historia, todas las revoluciones fueron hijas de la guerra: la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Revolución China y la Revolución Rusa. ¿Por qué son hijas de la guerra? Porque había un nivel de destrucción tan grande que hacía que lo anterior no fuera viable, pero se podía construir sobre las ruinas otra cosa; después fue más o menos posible. Lo que a mi no me parece viable es transformar el mundo desde lo que hay, qué vas a hacer… ¿volar Sanborn’s?, ¿el Radisson?, ¿el mal?, ¿cómo transformas esto en otra cosa?, ¿el mal en otro espacio..? Yo no me lo puedo imaginar. Eso quiere decir que probablemente un proceso revolucionario no sea viable, aunque yo lo deseo y trabajo por ello, porque los requisitos previos no dependen de nosotros. Las revoluciones se hacen sobre la base de la destrucción del mundo anterior. Por ejemplo, la Primera Guerra Mundial no fue una construcción de Lenin ni de los bolcheviques, ellos lo que decidieron –ahí sí conscientemente- fue convertir la guerra en revolución. Que es lo que Lenin había visto en la Comuna de París, en la Revolución Francesa.
Desde un punto de vista más del pensamiento oriental, no es combatiendo lo que hay como eso se debilita, si tu combates frontalmente algo, lo fortaleces. Tremendo lío, ¿verdad? Filosófico, político, epistemológico…pero real.
-¿Combatiendo al narcotráfico, lo único que se hace es fortalecerlo..?
¡Claro! Los bolcheviques no debilitaron al Estado zarista, aprovecharon la debilidad de ese Estado, por la guerra y por sus propios errores, para hacer la revolución; después reconstruyeron el Estado, pero esa es otra historia.
Lo que quiero decir es que si nosotros nos afirmamos en procesos anteriores que podemos más o menos conocer y que nos pueden inspirar, tenemos que ir limpiando, despejando el terreno de falsos argumentos o de ideas preconcebidas que no funcionan. Lo que sí funciona, es en un espacio acotado, como un Caracol, construir una Junta de Buen Gobierno [las experiencias de autonomíazapatistas], que es una experiencia muy buena y muy necesaria. ¿Luego qué? Yo no sé. No tenemos una teoría revolucionaria para implementar, no la tenemos. Más aún, buena parte del pensamiento emancipatorio debe ser reconstruido o readaptado o rearmado, buena parte de nuestro pensamiento ha mostrado problemas muy serios. Lo que yo pensaba hace 15 años o lo que pensaban entonces los compañeros que están allá en Chiapas, hoy no funciona, es evidente que no funciona. Entonces, sin abandonar los principios, sin abandonar una ética, sin abandonar nada, es necesario revolver el estofado para pensar, yo creo que lo peor que podemos hacer es engañarnos, crearnos falsas expectativas.
La izquierda tradicional está cansada de hablar contra el capitalismo, pero todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana, reproducimos el capitalismo, porque venimos a Sanborn’s, porque consumimos, porque tenemos un Iphone, porque tenemos una grabadora de ultra lujo que nunca había visto en mi vida –y eso que soy periodista- ,porque vamos a un hotel, porque vamos en carro. Un indígena de la montaña de Guerrero puede hablarme de la revolución y del capitalismo porque está avalado con su vida cotidiana, en el caso nuestro, no. Por eso la revolución, la autonomía, son discursos todavía, las prácticas son menos.
-En ese sentido habrá que romper esa normalidad también en otros contextos, ¿sólo así podría pensarse en otras posibilidades..?
Totalmente. Si yo conquisto el poder –o una parte del poder- pero la vida cotidiana de la gente sigue funcionando igual, no hay un modo de producción alternativo, si la sociedad sigue funcionando como siempre… no podemos hacer nada.
En el primer capítulo del Manifiesto Comunista Marx hace una historia de cómo, en el seno del feudalismo, nació el capitalismo. Excelente historia, real: los burgueses no se propusieron construir el capitalismo, ningún burgués decía: “¡Compañeros, así va a estar el asunto!”. La toma del poder fue el último capítulo de un proceso de siglos. Hoy en nuestras cortas vidas, qué podemos hacer para fecundar un mundo nuevo –llamémosle socialismo, comunismo, es lo de menos-, experiencias prácticas que queden como referentes. La Comuna de París o la Guerra Civil española son referentes ineludibles en cualquier pensamiento y práctica emancipatoria, como lo es el zapatismo en México.
-Ya es un referente…
Ya lo es, aunque no haga más nada, porque probablemente no haga más nada. Y en algún sentido, más complejo, Cuba es un referente también de los límites que tiene el poder estatal. Si nosotros pensamos en una transición de diez años sí tenemos que preocuparnos por la táctica y la estrategia, pero si pensamos en una transición de siglos lo que nos preocuparía es dejar las huellas, las migas, las pequeñas señas –como dice Ginzburg- de que hay otro camino. ¿Queda claro?
-Por ejemplo, ahora pienso en el proceso social que está ocurriendo en Cherán [comunidad autónoma en México] y de pronto las conversaciones con los compañeros y con la población en general, van en torno a que realmente están retando al Estado, al gobierno local y al federal, están apostándole a construir un modo distinto de relacionarse socialmente y están pensando en una transformación revolucionaria y son un municipio de casi treinta mil habitantes… están pensando realmente en una transformación desde esta otra perspectiva, plantear que eso es, más que una transformación contundente, resultaría ser, a lo largo de la historia, una de las señas, un referente… Si lo comento así, me van a correr.
Si hablas así con los viejos de las comunidades, qué es sino todo el discurso del viejo Antonio. Cuando estuve en la Realidad [Chiapas] hablé con Tacho, y le dije:
-Tacho, ¿cuándo empieza la construcción de la nueva cultura política?
-Mira, hemos empezado hace quinientos tres años, podemos esperar más.
O sea, por eso hablo de los viejos de las comunidades, porque hace falta esa visión de larga duración, de largo tiempo que nuestra cultura occidental no tiene. Porque en la política, por lo menos en México, son todos sexenios y no creo que eso se pueda modificar así nomás, aunque nosotros debemos trabajar en esa dirección.
¿Qué hay que hacer? Luchar y oponerse con todas nuestras fuerzas a lo que hay, combatir lo que hay, resistir lo que hay. ¿Cómo va a ser en el futuro? No lo sé.
-¿Cómo recuperamos este tipo de experiencias, como el zapatismo o Cherán, para otros contextos? ¿Cómo traer este tipo de prácticas a las nuestras?
Uno puede concluir que Zapata fue un fracaso histórico, o puede concluir que es un referente, ¿verdad?, Zapata perdió miserablemente. Si nosotros pensamos en el tiempo corto, estamos atrapados, sin nosotros pensamos una transición de siglos, seguramente habrá experiencias muy interesantes, revoluciones derrotadas, revoluciones triunfantes que luego se mueven para el lado menos previsto. Pero, además, la historia es un proceso no lineal.
Situémonos en el siglo XIV, en 1348 sobreviene la peste negra, un tercio de la población europea desaparece, un tercio en dos años, es brutal, imagínate que treinta millones de mexicanos se mueran en dos años, una catástrofe.
-Ya con los que llevamos es suficiente…
Bueno, eso sucedió en Europa, sobre esa base, sobre ese vacío demográfico, sobre ese horror cultural, social, ese miedo gigantesco que hubo a la muerte, comenzó a nacer el capitalismo. ¿Qué pasó después? Bueno, seis siglos de avance del capitalismo, de rebeliones del más diverso tipo, de rebeliones campesinas, urbanas, la colonización… Todo eso. Esa es la historia.
La lucha por el socialismo tiene un siglo y poco, estamos en 1400 –si fuera algo similar- con la diferencia de que hoy la peste negra tiene cara de bomba atómica, de aniquilación, de genocidio. Hoy las armas de destrucción de la humanidad son mucho más perfectas y a veces más sutiles.
¿Qué tenemos que hacer? Por supuesto que a los campesinos de Cherán tu no puedes decirles, “tu vas a ser una miga de pan para que otros la recojan”, no le puedes decir eso a la gente, pero con un poco de sabiduría y elegancia sí se le puede decir –reflexionando sobre la historia de su pueblo- porque finalmente son pueblos que llevan cinco siglos resistiendo. Y esa es la matriz que preguntabas para poder recuperar esta experiencia. A ellos no les puedes hablar de la Comuna de Paris ni de Leningrado, pero sí de sus antecesores.
La más pequeña cosa que se haga es fundamental porque es lo que podemos y debemos hacer, yo creo que ahí es donde está el punto táctico en la actualidad. ¿Qué hay que hacer? Luchar y oponerse con todas nuestras fuerzas a lo que hay, combatir lo que hay, resistir lo que hay. ¿Cómo va a ser en el futuro? No lo sé.
-Aquí estamos hablando de varios temas. Ubico la cuestión del Estado y distintos niveles de organizaciones sociales, sin embargo en los últimos años se ha transformado el panorama social a partir de los cárteles, del narcotráfico, es un asunto que nos parece muy complejo y difícil de ubicarlo. Por ejemplo, en Michoacán, los dos cárteles que dominan de pronto tienen esas facetas sociales, construyen escuelas, dan trabajo…construyen su legitimidad, más que el Estado y más que los revolucionarios. Lo logran en cinco minutos, pero de pronto, al igual que le pusieron una escuela a un pueblo pueden ir a matar a todos los hombres de ese mismo pueblo, sin consideración. ¿Cómo ubicar a este actor? Sobre todo para entender cómo una pequeña lucha puede plantearse un cambio…
Yo no tengo respuesta a eso y es uno de los temas que más me preocupan, cómo interpretar hoy el narcotráfico. Por supuesto no estoy de acuerdo en que es una maniobra del imperialismo, no creo que lo sea y sí creo que está emparentado con las resistencias de los de abajo.
Hay un hermoso libro llamado “La hidra de la revolución”, es una historia del tráfico de esclavos en el siglo dieciséis, diecisiete en el Atlántico, y allí plantea que esos delincuentes que eran los piratas, eran parte de la lucha de clases, dicho de alguna manera. Y parece evidente que lo eran. Pues justo aquí quiero hacer el mismo ejercicio, ¿cómo miraran nuestros sucesores la cuestión del narcotráfico?, ¿contribuyó a debilitar o a fortalecer el capitalismo? Evidentemente, hoy, en los espacios en los que surge el narcotráfico, elimina a la izquierda, ahora ¿la izquierda realmente existente?, ¿tiene algo que ver con el poscapitalismo, con la lucha contra el capitalismo?, ¿o está buscando una sombrita bajo el capitalismo? Y no me refiero solamente a López Obrador solamente, me refiero a gente más cercana, no pienso en los zapatistas, pienso en organizaciones revolucionarias que quieren tirar al capitalismo pero que en los hechos luchan por mejores salarios, mejores cuestiones de vida, ¿cómo encajas eso en la larga duración? Son preguntas que está bueno hacerse, porque si no nos quedamos con que el narcotráfico es una mierda porque me debilita a mi, aunque sea irrelevante; yo no estoy sugiriendo siquiera que el narcotráfico tenga algún aspecto positivo, creo que el narcotráfico es una mierda pero a la vez le disputa poder a la burguesía, por algo la guerra.
-Conocemos a compañeros periodistas que han recibido ofrecimientos por parte algunos cárteles del narcotráfico para “mejorar su vida y tener un buen trabajo”, pero no han aceptado. Sin embargo, el salto que propone el narco respecto a las condiciones de vida, sin que su integridad se vea afectada, los ha puesto a pensar antes de negarse…
Sí dices que no es por miedo, no es por un proyecto racional, es por temor. Yo diría no por temor y no porque éticamente me parezca malo, peor me parece la DEA. ¿Alguno de ustedes ha vistoBreaking Bad? Tu quién crees que gane… ¿los narcos o la DEA? Yo quiero que ganen los narcos, evidentemente. Hay un punto de unión ahí: el corrido, el narcocorrido. Esto es evidente. Pancho Villa, el real, el que describe Paco Ignacio Taibo II, que era un violador, un agresor sexual, un delincuente, un asesino, ¿hoy dónde estaría? con alguno de los cárteles, sin duda alguna.
Evidentemente, si en México hubiera un proceso revolucionario de verdad, los cárteles van a jugar un papel; si mañana las fuerzas populares se pueden hacer con el control del poder, los cárteles van a ajustarse a ellos. Esto quiere decir que la transformación histórica real es imprevisible. ¿Cómo vas a eliminar a los millones de personas que están con el narco, toda la cultura narco juvenil que hay de la mitad de México para el norte? Eso no se elimina en diez años, ni en un año, ni en cien. A lo que estoy apuntando es: creo que la Otra Campaña que lanza el zapatismo, una construcción racional, programática, justa, que yo comparto, que suscribí y que sigo suscribiendo, se topa con una realidad, ¡madre mía de mi vida, qué realidad! Yo no puedo tomar partido en la guerra contra el narco, decir estoy con estos o con los otros, pero no me puede ser indiferente y en la izquierda no hay análisis del narco, lo único que hay es gente muy dogmática que dicen “el narco es idea del imperialismo”. Puede ser, pero el narcocorrido no lo escribe el imperialismo, el narcocorrido tiene una clara veta de resistencia al Estado, de insubordinación, de rebeldía.
Vamos a ponernos en otro lugar, este ejercicio lo he hecho con jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, jóvenes favelados de quince años para arriba: un joven tiene quince años, es de color negro, sale a la calle y la policía le pega. Bueno, primero vive pobremente, sus padres tienen trabajo precario, todo es inseguridad, si uno de sus padres se enferma no tienen dónde llevarlo, tienen que venir por él seguramente, sale a la calle y es víctima de la policía. Mañana la banda del barrio le mete un revolver en la cintura y el tipo se hace respetar. Incluso hilando más fino: esos chicos nunca van a llegar a la universidad. Entonces, si yo miro la historia desde arriba veo el Estado, el imperialismo, los cárteles; pero si la miro desde abajo, como hay que mirarla, desde nuestro punto de vista, veo otras cosas. Incluso me decían en Río, el chico que tiene 15, 16 años, es guapo, es lindo, baila bien, juega bien al fútbol, domina el balón, tiene éxito con las mujeres, ese nunca se mete en el narco, tiene autoestima muy fuerte.
Te voy a poner otro ejemplo, si tu haces una hoja de vida de estos jóvenes que se meten al narco después de los 15 y de los que se metieron a Sendero Luminoso, son una fotocopia, calcada, porque la ideología es una justificación a posteriori por fuera de la realidad. Hay varios libros de un autor argentino llamado Christian Alarcón, escribe novelas muy buenas -“Cuando me muera quiero que me toquen cumbia” y otros títulos-, él trabaja en los barrios pobres como periodista y las novelas que escribe son la vida de los pibes chorros. Si nosotros fuéramos una organización revolucionaria como Montoneros o el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), o las de los 70, esos pibes no estarían con el narco, estarían con nosotros, los mismos pibes. Entonces no miremos el narco desde arriba.
El mismo ejercicio lo hicimos con un amigo sociólogo brasileño del movimiento de los Sin Tierra que trabaja el tema de los pentecostales. Según la izquierda tradicionallos pentecostales son el opio de los pueblos, pero si tu ves una familia, una mujer sola con sus hijos en la favela, con el marido que le pega o se va o borracho y que desde que está en la iglesia el marido deja de beber, los niños tienen una guardería, la familia está mucho más ordenada, ella puede salir a trabajar y sin riesgo de que el marido incendie la casa… Entonces… claro que son pentecostales, mirado desde arriba son el opio, mirado desde la mujer es un espacio de crecimiento personal, hasta diría de pequeña emancipación en ella. Estamos hablando de lo miso pero desde lugares distintos. Ese es el ejercicio que quiero que hagamos para mirar a los narcos, para mirar el fútbol, para mirar a los pentecostales. ¿Por qué a la gente le apasiona el fútbol? Porque las madres quieren que el hijo sea Messi y las saque de la pobreza, alguien en la vida, porque si no… nunca va a ser alguien en la vida. Si Messi o Maradona no hubieran jugado al fútbol se hubieran quedado muertos de hambre en una villa miseria, no hay otra. Y el mismo Maradona consumidor de cocaína es el que lleva al Che y a Fidel tatuados. Entonces…no jodamos con la ideología, mucha gente critica a Maradona. Pues no, él es el pueblo.
-Claro, podría ser cualquiera de nosotros. Aunque en el fútbol…
Eso es importante, mirar las pasiones desde esta perspectiva. Hay una idea ilustrada que la izquierda tiene, de que todo es opresión, de que la gente es oprimida por la religión, por el fútbol y no piensan que la gente elige, dentro de un margen limitado de opciones, no es que elija todo. La gente que vive en un barrio marginal y pobre, ¿qué es lo que más quiere? mejorar su situación, no sólo tener televisores de plasma, quieren estabilidad, porque en muchas familias pobres, se enferma uno y tienen que vender la casa para poder curarlo o se muere. El drama de la salud es un drama cotidiano, lo es para todos, mañana yo me enfermo y es un drama, pero los que no tienen protección ni del Estado ni de nada están jodidos. Esto no me lleva a decir que los pentecostales sean revolucionarios ni que haya que hacerse pentecostal o narcotraficante, no. Me lleva a tratar de mirar eso del proceso revolucionario desde un lugar más complejo y sobre todo desde el lugar de la gente común, ninguna revolución se da porque Lenin dijera “tomemos el Palacio de Invierno”… No se hacen así las revoluciones. La gente estaba muerta de hambre. Las tres consignas de la revolución rusa eran: Paz, porque estaban muriendo millones y viniendo mutilados del frente de guerra; Pan, porque estaban cagados de hambre, muertos y con hambre; y asfixiados, Libertad. El que piense que la gente leyó a Marx y a Lenin y dijo hay que tomar el Palacio, está equivocado, no conoce nada de la vida, es un mal académico ilustrado o un dirigente ideologizado que no conoce la realidad. ¿Cuántos bolcheviques había? Unos cuantos y fueron millones los que se involucraron en la revolución.
“Tomemos el Palacio de Invierno”, eso no funciona ¿verdad? Sin Lenin y sin caudillo la gente tomó la Bastilla, porque el día que tomaron la Bastilla no había ni un Danton, vinieron después, ni un Robespierre, fue la gente. ¿Y la Comuna? No había líder había veinte líderes. Nosotros construimos a posteriori el liderazgo de Lenin, otros el de Trotsky, otros el de Mao. Pero el hecho es que los campesinos chinos eran los que estaban siendo perseguidos por los japoneses y la Larga Marcha fue una huida más o menos ordenada, sería un caos aquello, perseguidos por la aviación, no tenían armas, fue la necesidad y el odio al japonés que los oprimía. Ahora se conoce más: uno de los motivos del odio a los japoneses era que violaban a las hijas y a las mujeres. Entonces, claro, te bombardean, te cagan de hambre y encima te violan a la familia, hay que combatir. No es que leyeron a Mao, no.
Yo cuestiono la idea de revolución que tenemos, son construcciones ideológicas que hacemos a posteriori de los hechos. En Argentina pasó algo maravilloso el 19 y 20 de diciembre de 2001. Había mucha hambre, había asaltos a los supermercados durante veinte días desde que se decretó el cierre de los bancos y el gobierno, como veía que se le venía una ola encima -la izquierda estaba discutiendo, ellos no estaban, claro, la izquierda no va a asaltar un supermercado, “que roben comida está bien pero que se lleven un televisor no”- decreta el estado de sitio y entonces sale la gente a la calle. Cae el gobierno y en dos o tres días se forman trescientas asambleas en una zona de Buenos Aires y miles en todo el país y los trotskistas y los maoístas que estaban por ahí leyendo a Mao, Lenin y Trosky, cuando se forman las asambleas – a eso luego le llamaron el Argentinazo– fueron con las banderas rojas y la hoz y el martillo, gritando “¡por otro Argentinazo!”. Claro, un Argentinazo que dirigieran ellos. Nunca pasó y nunca va a pasar, realmente se lo perdieron y ya querían que la gente los siguiera a ellos para hacer otro igual porque ese sí iba a ser el bueno. ¿De qué estamos hablando? De domesticar a la gente para que yo la dirija, esa es la idea de revolución que tenemos.
Si una revolución es posible en México o en algún otro lugar, probablemente nosotros los revolucionarios que estamos con la autonomía, que somos zapatistas o pro zapatistas, pero que simpatizamos con la Comuna de Oaxaca, con la Policía Comunitaria de Guerrero, con Cherán y todo esto, podamos influir, probablemente. Ojalá podamos influir, pero no pensemos que podemos influir en un noventa y nueve por ciento, si podemos influir en un diez por ciento yo ya firmo. En la revolución rusa miremos el largo plazo: los bolcheviques, las ideas de Lenin, en la configuración de lo que fue la Unión Soviética, ¿cuanto influyeron? ¿Diez, cien, cuarenta por ciento? Porque el nuevo poder bajo Stalin fue muy parecido al poder de los zares, de Pedro el Grande, al igual que los funcionarios de Mao se convirtieron en los nuevos Mandarines. Yo no digo que el leninismo y que los bolcheviques no hayan influido. No digo eso, pero capaz que influyeron en un veinte por ciento y en una cáscara, en una costra discursiva.
Para ponerles un ejemplo: en Uruguay hay una historiografía sobre la dictadura, antes, durante y después de ella, basada en entrevistas a líderes políticos, dirigentes sindicales, dirigentes populares. En el discurso, la dictadura aparece como un quiebre (en mi vida fue un quiebre porque me tuve que ir al exilio, porque murieron muchos amigos, fue un corte en mi vida, no digo ni bueno ni malo, fue un corte radical en mi vida). Otra gente que hace microhistoria ha hecho una historia de vida de un gay, un homosexual que tiene setenta y tantos años y lo primero que dice es: en aquella época no se decía gay, se decía putos, era como un insulto; en su hoja de vida la dictadura no existió, porque él como gay, era reprimido o despreciado, antes, durante y después. En algunas cosas esenciales de su identidad gay la dictadura no existió porque entre los militares fascistas y los demócratas o los revolucionarios, el trato era similar. Recién ahora empezó a moverse, aunque lo hizo hacia la derecha.
Eso es lo que me parece importante: el lugar desde donde miramos. Por supuesto en la cabeza de un líder sindical o político, la dictadura es un quiebre, pero ¿cuántos dirigentes sindicales o políticos hay en el mundo? Para un obrero de filas… ¿su biografía es más parecida a la del gay o al del dirigente? Capaz que está en un lugar intermedio. Pero no absoluticemos la mirada del dirigente como que es la mirada de las masas, aunque sea el compañero Marcos o el compa X de Cherán. Esa es la idea de complejizar un poco y capaz que nos fuimos por un camino que ustedes no querían…
Evo, Dilma y la trampa del discurso
-Nos pone en conflicto el gobierno de Evo Morales, sobre todo a raíz del conflicto en el TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure), aunque tenemos claro desde qué lado mirar…
Sí, bueno, es complicado por lo mismo que venimos hablando, desde el lugar donde se mira, porque somos muy laicos pero somos maestros en crear líderes y profetas y dioses ¿verdad? La historiografía marxista está llena de dioses intocables y demás de monasterios y de santos y de iglesias que se dividen según sea el santo, San Trotsky, San Mao, San Gramsci, entonces ¿qué tenemos de nuevo?
Creo que lo del TIPNIS es una lucha justa, una lucha contra el progreso. Ayer citaba a John Womack Jr., a mí me impresionó mucho ese libro (“Zapata y la Revolución Mexicana”), hoy él está en otra posición distinta a la zapatista, pero cuando escribe la biografía de Zapata comienza diciendo: “Esta es la historia de unos campesinos que no querían cambiar y por eso tuvieron que hacer una revolución”. En general la gente hace revoluciones para no cambiar, para que sus espacios no capitalistas de vida no sean aniquilados. Esa es la lucha del TIPNIS, lo que pasa es que se ha complejizado mucho porque ahí hay comunidades indígenas y hay “invasores”. Es decir, cocaleros que han migrado al TIPNIS y que cultivan hoja de coca, que hoy tal vez ya son más que los comuneros que viven ahí. Esto es muy complejo y esto impide un análisis simplista del tema.
Yo defiendo a los compañeros que defienden el TIPNIS, creo que no hay que construir la carretera, hicieron una marcha muy exitosa –que lo fue en gran medida porque el gobierno reprimió-, cientos de miles de personas en la calle y como el gobierno no les hizo caso y siguió avanzando quisieron hacer otra marcha igual y fracasaron. Para la segunda marcha el gobierno ya sabía cómo iban a manejarse y hoy en día quien tiene la iniciativa política, me parece, es el gobierno. Son luchas como las de Cherán, como la Parota, en donde hay un sector muy consciente y muy sólido y mucha división en la base. Acá también hay división, uno no puede decir que hay que echar a los cocaleros del TIPNIS porque ya viven ahí desde hace mucho tiempo. Todo esto complejiza nuestra mirada de esta realidad. Creo que el gobierno de Evo Morales, si lo miramos según sus discursos, es un gobierno revolucionario, el de Dilma es un gobierno súper moderado, centrista. Sin embargo en la práctica, si uno quita los discursos y se mira lo que cada uno está haciendo, la diferencia es mínima, la diferencia no está en el gobierno sino en la sociedad, que la de Bolivia es todavía una sociedad bastante movilizada y la de Brasil no.
Por su puesto que el gobierno de Evo Morales no cumple con los objetivos para el que fue elegido…
-A mi me parece que es ese intento de consolidar el Estado-Nación que anteriormente no había tenido oportunidad de ser…
Por supuesto. ¿Todas las revoluciones no han reconstruido el Estado-Nación? Yo me afilio a Wallerstein en que plantea que ha habido dos grandes revoluciones exitosas, que son la francesa y la rusa, que no cambiaron el mundo, y dos grandes revoluciones fracasadas, la de 1848 –cuando Marx escribe el Manifiesto- y la de 1968, que son revoluciones derrotadas pero que triunfaron, que cambiaron el mundo. Y dice “esto sucede porque son revoluciones que fueron espontáneas en el sentido profundo del término”, no dirigidas, ¿quién dirigió la revolución de 68?, ni siquiera se tomó el poder en ningún lado, pero cambió el mundo, obligó al capital a financiarizarse, deslegitimó a la vieja izquierda comunista y socialista, abrió espacios para cosas nuevas, el zapatismo es hijo de 68, y así todo. Complejicemos la mirada.
-¿Qué es lo que está pasando en Brasil con los guaraní-kaiowa? Cómo se complejiza esta mirada?
El caso concreto, sobre el terreno, no lo conozco, pero pienso que estamos en un periodo de expansión capitalista interno en Brasil, muy potente, que tiene la Amazonia como uno de sus ejes. En la Amazonia se están construyendo entre pequeñas, medianas y grandes, unas setenta represas hidroeléctricas, en ríos muy caudalosos, muy grandes. Se están construyendo carreteras, la idea es que hay un crecimiento muy fuerte en base a megaproyectos de este tipo: hidrovías, ejes de comunicación de la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) y eso afecta a los llamados pueblos tradicionales. Es parte de ese proceso de avasallamiento de los pueblos tradicionales por parte de este neo desarrollismo brasileño, que no es sólo hacia fuera sino sobre todo hacia adentro, porque la Amazonia es una frontera a conquistar, hay un libro por ahí que habla de eso, “Brasil Potencia” se llama. Lula lo plantea: “Brasil se va a convertir en potencia mundial conquistando la Amazonia completa”. Es eso: electricidad, soja, ganado…
-Nos parecen muy significativos estos temas por esta cuestión del cambio del centro-periferia…
Esta es una hipótesis, está habiendo un cambio de la periferia al centro, la relación centro-periferia está desarticulada, no sabemos cómo se va a rearticular, es probable que en Sudamérica haya nuevos centros y nuevas periferias. Es difícil que el capitalismo funcione sin centros y sin periferias, creo que Brasil puede no ser un nuevo imperialismo, pero no va a ser una periferia.
Para terminar me gustaría decir que es importante que los militantes se acerquen a los procesos con todo el entusiasmo del mundo pero sin pedirle a esos procesos más de lo que pueden dar. Por ejemplo, mucha gente está defraudada con el zapatismo porque pensó que iba a llenarle el vacío emocional y espiritual que tenía, y no fue así. Por eso el capitalismo está cambiando todo el tiempo, se está renovando, si no es así, la cosa se viene a bajo. Nosotros no podemos ser simétricos al capitalismo, muchas veces lo somos pero no es lo mejor. Las luchas sociales, las revoluciones, resuelven algo, pero no resuelven la vida, hay que tener presente eso porque si no terminamos en lo que nunca nos defrauda: el consumo. El consumo nunca nos defrauda porque todos los días renueva su crédito hasta que no puedes consumir más y entonces sí vuelve uno con la revolución…
Fuente: http://otramerica.com/personajes/raul-zibechi-la-mirada-provocadora-la-mirada-desde-abajo/2626

 

SANDY EN NY ¿Un shock del pueblo?

New York Stock Exchange on Wall Street in New ...
New York Stock Exchange on Wall Street in New York, New York, United States. Español: Bolsa de Nueva York en Wall Street en Nueva York, Nueva York, en los Estados Unidos. (Photo credit: Wikipedia)

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las sociedades pública-privadas, conocidas como P3. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso, dijo a The NationAsí que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3.

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan.

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos listos para el clima –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de reforma a los mercados laborales y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen estrategias sociales, formales o informales. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas estrategias sociales antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.

Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de conserjería a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran instalarse con estilo.

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour Haz las cuentas. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

The Nation / La Jornada

Naomi Klein es autora de No logo y La doctrina del shock.

Traducción: Tania Molina Ramírez. http://www.jornada.unam.mx/2012/11/10/index.php?section=opinion&article=024a1mun

 

El laboratorio implacable de la historia

Español: UNIVERSITE JEAN PAUL SARTRE & PAUL NIZAN

UN REALISMO INTRANSIGENTE

Perry Anderson. El laboratorio implacable de la historia” de Gregory Elliot

JAIME PASTOR

 

La labor que Perry Anderson, sólo o en colaboración con miembros destacados de la redacción de la revista británica New Left Review (NLR), ha desarrollado desde comienzos de 1960 como referente político-intelectual de los debates que han ido surgiendo dentro de la izquierda europea, es todavía poco conocida en nuestro país, pese a que algunos de sus trabajos lograron una amplia difusión. Para responder a ese vacío la edición en castellano de esta obra, gracias a la traducción de Gustau Muñoz, es sin duda muy oportuna. No es fácil sin embargo analizar e interpretar todos los momentos significativos de la trayectoria de alguien que, como se recuerda en el Prefacio, ha sido definido como “el intelectual marxista británico más brillante” y cuya producción escrita sobre las materias más diversas revela un saber enciclopédico poco corriente y a la vez comprometido políticamente. No obstante, el esfuerzo de Elliott, que ha podido acceder además a documentos internos de la NLR, resulta satisfactorio pese a que la inclusión de un “Post scriptum” a la edición española demuestra que, afortunadamente, la perseverancia de Anderson en sus reflexiones obligará a ir actualizando en el futuro esa tarea de “articular las historias ‘internas’ y ‘externas’ de sus textos en sus contextos”. Porque, en efecto, a medida que nos adentramos en la descripción e interpretación de las distintas fases en la evolución del “marxismo andersoniano”, nos encontramos con una serie de conflictos, tomas de posición y aportaciones que influyeron en dos generaciones clave en la historia de la izquierda europea: la que surge entre el final de la Segunda Guerra Mundial y 1956 y la que emerge alrededor de 1968. Anderson se sitúa entre ambas por su edad pero muy pronto aparece como un referente fundamental para la segunda al mismo tiempo que es respetado por singulares representantes de la primera. Así, partiendo de las influencias de Isaac Deutscher y Jean Paul Sartre y en diálogo constante con E.P. Thompson, Eric Hobsbawm o Raymond Williams, muy pronto es el marxismo de Gramsci el que va centrando su atención y su interés, paralelamente al impacto que van teniendo la revolución cubana, el 68 francés, vietnamita y checoslovaco, o la entonces idealizada “revolución cultural” china. Su acercamiento al “trotskysmo” a través de Ernest Mandel coincide con un optimismo revolucionario en el “Norte” que se verá posteriormente frustrado tras el fracaso de la revolución portuguesa de 1974 y el desenlace de la transición política española. Es precisamente en esos años cuando obras como Consideraciones sobre el marxismo occidental (un balance histórico del marxismo occidental desde la Revolución de Octubre) o Las antinomias de Gramsci (“un cuestionamiento virulento del reformismo”, identificado éste último con la interpretación dominante de Gramsci dentro del comunismo italiano) constituyen libros de cabecera para una minoría crítica que apuesta por una nueva fusión entre la teoría marxista y el movimiento real a medida que se ven confirmados los límites del nuevo ciclo “sesentayochista” y el impasse del eurocomunismo. Antes de esas obras Anderson había publicado otras dos que se han convertido desde entonces en “clásicas” incluso en el ámbito universitario: Transiciones de la antigüedad al feudalismo y El Estado absolutista han sido manuales de obligada lectura para quienes buscaban una interpretación marxista de los orígenes de los Estados modernos que estuviera alejada de las versiones oficiales, ya fueran liberales o “soviéticas”. Se trata sin duda de lo mejor publicado por él hasta ese momento, haciendo así una notable contribución al desarrollo de una sociología histórica que, junto a trabajos como los de Barrington Moore, Charles Tilly o Theda Skocpol, luego se ha ido enriqueciendo con otros tan ambiciosos como los de Michael Mann, a los cuales el propio Anderson prestará especial atención no exenta de críticas y autocríticas. En los años 80 vemos cómo la NLR se ve cada vez más implicada en el movimiento por la paz británico, publicando las tesis sobre el “exterminismo” de Thompson y abriendo un debate sobre las mismas en el que la mayoría de la redacción se siente más próxima a las posiciones críticas defendidas por Fred Halliday. Anderson prosigue paralelamente su “batalla de las ideas” mediando en la polémica entre Thompson y Althusser, discutiendo sobre la Modernidad con Marshall Berman o dialogando con pensadores como Bobbio, Unger, Timpanaro y, cada vez más, Ernest Gellner, entre otros. Simultáneamente, va reconociendo los desafíos que para el marxismo suponen tanto el feminismo como el ecologismo (el materialismo histórico ya no tendrá para él la exclusividad en toda referencia socialista actual, como escribe en Tras las huellas del materialismo histórico, obra en la que lamenta haber omitido a Habermas y a Ernst Bloch en el balance anterior sobre el marxismo occidental) y expresa su relativa decepción respecto a las esperanzas depositadas en el potencial renovador del “trotskysmo” mandelista y de sus organizaciones en el plano de la estrategia política. Es precisamente a mediados de esa década cuando se produce una crisis en el seno de la NLR, agravada por un conflicto con destacadas feministas británicas como Lynne Segal o Hilary Wainwright, las cuales pusieron unas condiciones para su incorporación al comité de redacción que finalmente no fueron aceptadas. La reestructuración final que sigue a esta situación conduce a una nueva declaraciòn de principios de la revista en la que su componente “anti-antisoviética” se verá muy pronto sometida a la prueba de los hechos que terminarán conduciendo a la caída del muro de Berlín. La evolución intelectual de Anderson se comprueba con claridad en trabajos como “A Culture in Contraflow” (publicada en castellano en la revista española Zona Abierta, nº 57-58), en donde hace una recapitulación de la trayectoria seguida en la cultura británica desde la posguerra hasta finales de los años 80. Su repaso de las contribuciones que han ido surgiendo en sociología (Giddens, Mann, Runciman, Gellner), antropología (Jack Goody) estética (Eagleton, Williams), ética (Bernard Williams, Mac Intyre, Charles Taylor) filosofía política (Brian Barry, Gerald A. Cohen), economía (Amartya Sen, Fred Hirsch), historia (Mann de nuevo) o feminismo (Rowbotham, Juliet Mitchell, Diane Elson), confirma su voluntad de contrastar su bagaje teórico marxista con las sucesivas aportaciones que van emergiendo desde la cultura anglosajona, pero insertando cada vez más ésta dentro del contexto europeo en el que Gran Bretaña se está insertando tras su entrada en el Mercado Común. El hundimiento de la URSS provoca en Anderson, que siempre se había sentido más cercano a Deutscher en su interpretación del stalinismo y en sus esperanzas de autorreforma interna de ese sistema, una gran perplejidad. Esto no le impide reaccionar pronto y sentenciar, como recuerda Elliott, que “la ‘artillería pesada’ de las mercancías había triunfado” en esa zona y había que tomar nota del cambio histórico que ello suponía; pero su reflexión no acaba ahí sino que le conduce a concluir que ”con el colapso del bloque soviético ha desaparecido prácticamente la justificación racional de la derivación de la Revolución de Octubre”. Sin embargo, ese desconcierto es contrarrestado por un nuevo activismo teórico, reflejado en su réplica a la tesis de Fukuyama en Los fines de la historia (en donde no descarta una recuperación del ideal socialista, similar a la vivida por el liberalismo), en el interés que presta al marxismo posmodernista de Fredric Jameson en Los orígenes de la posmodernidad y en diversos artículos, uno de ellos especialmente lúcido y sólo mencionado en la bibliografía de la obra que comentamos. Me refiero a una conferencia dictada en septiembre de 1995 en Buenos Aires, transcrita luego por la revista argentina El Rodaballo y reproducida por otras como VIENTO SUR bajo el título de “Neoliberalismo. Balance y perspectivas para la izquierda”. En esa intervención Anderson ponía en guardia frente a “la idea de que el neoliberalismo es un fenómeno frágil o anacrónico” y proponía a la izquierda extraer tres lecciones de la trayectoria que esa corriente –y, sobre todo, su padre intelectual, Hayek- había recorrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial: “no tener ningún miedo de estar contra la corriente política de nuestro tiempo”, “no transigir en las ideas, no aceptar ninguna diluciòn de los principios” y “no aceptar como inmutable ninguna institución establecida”. Esa apelación a saber ir “contracorriente” se basaba precisamente en la denuncia de los estragos que estaba acarreando la “globalización” del neoliberalismo y en su firme convicción de que, como había ya sostenido en su polémica con Fukuyama, había que seguir rechazando lo realmente existente como lo único posible debido a que “el argumento más fuerte contra el capitalismo es la combinación de crisis ecológica y polarización social que está engendrando”. La intención neoliberal de aplicar una “eutanasia de la política en la política económica”, tan deseada por Hayek, había sido ya denunciada por Anderson con ocasión de la significación que adquiere en 1992 el Tratado de Maastricht para una Unión Europea que se convierte para él, como para Peter Gowan y otros colegas de la revista, en objeto especial de preocupación. Esto les lleva a la coordinación de obras colectivas destinadas a contribuir al rearme ideológico de la izquierda, continental y británica, manteniendo al mismo tiempo sus distancias frente a las “modas” del “nuevo centro” socialdemócrata y, especialmente, del “nuevo laborismo” blairista. En su “Post Scriptum” Elliott hace referencia a la “nueva época” que inicia la NLR en enero de 2000 y al editorial con que Anderson introduce su primer número bajo el título de “Renovaciones”. La comparación que hace en él entre el panorama que ofrecía el mundo después de 1956 y el que se presenta en los albores del siglo XXI refuerza un diagnóstico pesimista que le lleva a concluir que el neoliberalismo “impera sin fisuras en todo el globo” y, por tanto, “el único punto de partida para una izquierda realista en nuestros días es una lúcida constatación de una derrota histórica. El capital ha repelido punto por punto todas las amenazas contra su dominio, las bases de cuyo poder, las presiones de la competencia por encima de todo, fueron persistentemente infravaloradas por el movimiento socialista”. Pero el reconocimiento de que se ha producido una discontinuidad radical en la cultura de la izquierda y de que “en el horizonte no aparece ninguna agencia colectiva capaz de medirse con el poder del capital” no le conduce a aceptar ni la “acomodación” a lo existente ni el “consuelo” en encontrar reafirmaciones de esperanza en cualquier protesta ni, en fin, una “resignación” amarga ante la imposibilidad de alternativas. Anderson propone para la NLR, frente a todas esas opciones, un “realismo intransigente. Intransigente en dos sentidos: negándose a toda componenda con el sistema imperante y rechazando toda piedad y eufemismo que puedan infravalorar el poder”. La reacción que provocó este editorial en gentes próximas a la revista fue de un notable desasosiego, ya que su aparición coincidía con la emergencia de un movimiento “antiglobalización” que desde finales de 1999 estaba extendiéndose por muy diversas partes del mundo y que parecía generar nuevas esperanzas. Elliott destaca la crítica más airada, la de Kagarlitsky, pero hubo muchas más que hicieron temer por cuál iba a ser la evolución de la revista puesto que en ese mismo artículo se sugería un cambio de orientación hacia una “política cultural” que no tendría por qué estar relacionada con las “agendas radicales”. No obstante, el recorrido posterior de la NLR, si bien parcialmente diferente de la larga etapa anterior, daría la razón a opiniones como la de Gilbert Achcar, ya que no ha impedido su reubicación creciente en el nuevo panorama político abierto tras el 11-S de 2001 y el final de la “globalización feliz” a lo largo de sus sucesivos sumarios. Pero también hemos podido comprobar esto último en las contribuciones del propio Anderson en relación con el “nuevo internacionalismo” (en donde ya reconoce que “los movimientos reunidos en Porto Alegre parpadean como una diáspora emergente de oposición social, cuyos perfiles aún deben ser trazados”), en sus análisis de la dinámica de guerra en Oriente Medio y de la potencialidad y los límites de las contradicciones entre EEUU y sus aliados (como en “Fuerza y consentimiento”, en donde vemos de nuevo un uso actualizado y más matizado de algunas de las principales categorías gramscianas), en el elogio que hace de la reivindicación utópica de Jameson o en las esperanzas depositadas en los nuevos movimientos sociales latinoamericanos. Su más reciente trabajo publicado en la NLR, “Arms and Rights” -una valoración crítica del pensamiento y la actitud de Rawls, Habermas y Bobbio ante las guerras “humanitarias” imperialistas- confirma de nuevo que su lucidez intelectual y su firmeza política están en buena forma. En sus conclusiones Elliott sostiene que el marxismo de Anderson ha experimentado un “desplazamiento irresistible” pese a que “ha eludido tanto la ‘reconciliación con la realidad’ (Lukacs) como la ‘estrategia de la hibernación’ (la Escuela de Frankfurt)”. Desde su punto de vista, se podría definir el final de ese recorrido como la apuesta por una sociología histórica comparada alternativa de alguien que pertenece a “la izquierda intransigente de final de siglo” pero ya no es el “iconoclasta visionario” que fue en el pasado. Es muy posible que esa valoración tenga mucho de cierto pero tanto su reconocimiento a trabajos como los de Robert Brenner, Giovanni Arrighi o del mismo Peter Gowan (que siguen demostrando la superioridad del materialismo histórico para entender la dinámica del capitalismo y sus crisis periódicas) como su admiración por el utopismo de Jameson permiten pensar que ese “desplazamiento” no ha impedido que continúe estando en el mismo lado antagonista de siempre, dispuesto a rechazar la lógica del “mal menor”. Buena prueba de esto último ha sido su presencia activa en el Foro Social Europeo celebrado en Londres en octubre de 2004 alertando frente a las ilusiones en una ONU bajo control de las grandes potencias; o en su intervención en diciembre de ese mismo año en Madrid, con motivo del quinto aniversario de la edición española de la NLR, en donde se reafirmaría en su voluntad de seguir siendo fiel a tres rasgos que considera definitorios de la identidad propia de la revista: su internacionalismo, su vocación multidisciplinaria y su intransigencia.

Elliot, G (2004) Perry Anderson. El laboratorio implacable de la historia.Publicacions de la Universitat de València, 416 páginas.

[Esta nota fue publicada en la Sección de Libros de la revista Pasajes de pensamiento contemporáneo, nº 17, primavera 2005, editada por la Universidad de Valencia y la Fundación Cañada Blanch].

Jaime Pastor es miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR y profesor titular de Ciencia Política de la UNED

 

EN DEFENSA DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO: el nacionalismo o el patriotismo burgués POPULAR

 

León Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Mo...

 

Lenin, en su obra “El marxismo y el revisionismo” (1908), demostró cómo algunas corrientes marxistas supuestamente no eran nada más que lo que el pequeño burgués presencia continuada en la clase obrera, en la que el propio Marx había librado intensos combates. Ganador, el marxismo es hegemonizara del movimiento obrero europeo, condenando al aislamiento utópico actual. Sin embargo, la raíz histórica de este fenómeno no ha cambiado, sólo la pequeña burguesía cambió la forma de acción, empezando a travestirse un marxista, sino continuar defendiendo conceptos erróneos, vacilantes y conciliador. A principios del siglo. XX esta corriente alcanza su pico, hegemonizando en la Segunda Internacional y revisionista autoproclamando. En nombre de la actualización de la revisión del marxismo predica de algunos aspectos centrales de la teoría revolucionaria, incluyendo la negación de la necesidad de la revolución como un medio para alcanzar el poder y el socialismo. Un componente fundamental de esta primera generación de revisionistas fue la defensa incondicional de su respectivas naciones, lo que lleva a la quiebra II Internacional en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Los partidos socialdemócratas (donde los marxistas se han organizado hasta la fundación de la Tercera Internacional y la construcción de diversos partidos comunistas de todo el mundo) actúan como lacayos legítimos de la burguesía de sus respectivos países, lo que justifica la clase de trabajo entre la masacre de millones de trabajadores en un confrontación provocada por la codicia imperialista. El revisionismo era un trailer chauvinista nacionalismo burgués. ‘s traición de la socialdemocracia y la victoria de la revolución rusa impulsó la reorganización de los trabajadores bajo la bandera de la Tercera Internacional, pero no impidió que el revisionismo se mantuvo presente en el movimiento comunista (el eurocomunismo es un ejemplo). En la actualidad, el revisionismo sigue presente, por lo que actúa incluso hegemónica dentro de las organizaciones revolucionarias vez (incluyendo Brasil). Un aspecto de este chovinismo restos actuales, ahora disfrazado de patriotismo oportuna anti-imperialista. A finales del siglo XIX, el capitalismo en su fase imperialista penetra en el centro de la lucha por el socialismo se destina a los países menos adelantados. Una de las características clave de la lucha revolucionaria en estas naciones se convierte en la cara del imperialismo, lo que refuerza el sentimiento patriótico entre los trabajadores. Tanto China como Vietnam han logrado unir a las tareas de la liberación nacional a la revolución socialista. Ho Chi Minh escribió en 1960: “sólo el socialismo y el comunismo podían liberar a los pueblos oprimidos y las personas que trabajan en el mundo de la esclavitud.” Pero nacionalistas distorsiones revisionistas no tienen nada que ver con el patriotismo revolucionario, sin embargo, que evocan la última, corteza como perros guardianes de la burguesía, contra un vecino en general más débiles o incluso para justificar su sumisión a la burguesía. El patriotismo es esencialmente internacionalista proletario para fomentar y defender los derechos de otras personas, al darse cuenta de que el único sector capaz de llevar adelante estos deseos es verdaderamente patriótico clase obrera, a diferencia de los revisionistas admitir que sólo el patriotismo de sus respectivos países y alimentar ilusiones sobre el compromiso de la burguesía en la lucha por la emancipación nacional y social. La explotación histórica de América Latina por la mayor potencia imperialista de la historia (EE.UU.) hace que la lucha anti-imperialista un componente esencial de la lucha por el socialismo en la región, lo que requiere la denuncia de la hipocresía revolucionario del nacionalismo burgués y / o revisionista. BibliografíaLENIN, V. Ilitch. El marxismo y el revisionismo. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués LENIN, V. Ilitch. La quiebra y el oportunismo de la II Internacional. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués Tse-Tung, Mao. El Libro Rojo. Claret Martin. Marx, Karl y Engels, Friedrich. Manifiesto del Partido Comunista. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués MINH, Ho Chi. Algunas consideraciones sobre la cuestión colonial. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués MINH, Ho Chi. Lenin y los pueblos colonizados. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués MINH, Ho Chi. El camino que me llevó al leninismo. Disponible en http://www.marxists.org / Portugués