Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

Desde Mexico: ¿un nuevo PRD?, ¿un partido-movimiento?

Español: Felipe Carrera Vázquez fue un héroe d...
Español: Felipe Carrera Vázquez fue un héroe de la Revolución Mexicana caracterizado por los ideales originales de tierra y libertad que lo llevaron a pelear ferozmente durante la revolución. (Photo credit: Wikipedia)
Pasaron las elecciones. Como en cada caso en que hubo una oposición de masas (Vasconcelos, Henríquez, Cuauhtémoc Cárdenas, AMLO), las clases dominantes hicieron un fraude descarado y masivo, demostrando una y mil veces que no toleran la democracia. Por eso exigir al Estado organizador del fraude que lo anule es necesario, pero pensar que lo hará es ingenuo. Otra cosa es resistir la imposición fraudulenta por todos los medios, con vistas al futuro, aunque esa resistencia deba vencer varios lastres.

Uno de ellos, el principal, fue el desvío durante años de la preocupación y los esfuerzos hacia el campo electoral, que sirvió y sirve para sembrar ilusiones sobre el inexistente respeto de la legalidad por los ilegítimos y corruptos y para desorganizar el frente de los que, con su resistencia, son los únicos que pueden dar otra salida. Otro, y no menor, es la corrupción del personal político de los partidos y grupos de “oposición ma non troppo” (PRD, PT e incluso en Morena). Arrastrados por la candidatura de AMLO, esos aparatos tuvieron millones de votos y obtuvieron posiciones institucionales a granel. Ahora sus beneficiados se atornillarán a esas poltronas nacidas también ellas del fraude y buscarán desesperadamente negociar y conciliar con el gobierno fraudulento y represivo que se prepara a hacer retroceder aún más el nivel de vida y las conquistas de los mexicanos. De loschuchos o de los salinistas, Camachos y Ebrards y otros semejantes nada se puede esperar: comparten las posiciones fundamentales del PAN y de Peña Nieto, temen las movilizaciones y la independencia política de los trabajadores, confían en el sistema y sólo piden que les permitan tener un rinconcito en el chiquero. Incluso a la hora de repartir las candidaturas se quedaron con la parte del león, dejando pocas migajas para Morena y un solo diputado, del SME, a la Organización Política de los Trabajadores (OPT).

Para ejercer la oposición AMLO no tiene hoy ni instrumento ni estrategia. No puede ofrecer luchar por otras elecciones –que serán aún más fraudulentas que las actuales– ni construyó el cauce para la autorganización de los trabajadores en torno de la lucha por sus necesidades sociales, culturales, económicas, nacionales, democráticas. El programa nacionalista-neodesarrollista que ofrecía aplicar desde arriba no sirve para organizar la lucha cotidiana desde abajo, así como los comités electorales sólo sirven para una lucha electoral, perdida siempre de antemano, que, por supuesto, había y hay que dar, para no regalar espacios democráticos, pero sin esperar cambiar a México mediante las urnas.

¿Y ahora qué hará? ¿Convertirá a Morena en un nuevo PRD, es decir, en un partido-órgano de mediación, integrado en el Estado capitalista dependiente cada vez más descompuesto y corrupto? ¿Lo hará con los políticos derechistas de todo tipo heredados del PAN y del PRI que, mezclándose con intelectuales decentes y aprovechando las esperanzas y las movilizaciones ciudadanas de millones de explotados y oprimidos, buscan rehacerse una virginidad política y prepararse para remplazarlo en un próximo futuro?

Pero un partido electorero no sirve para el actual cambio de época y, además, no despertará grandes entusiasmos. Porque las clases dominantes acaban de enterrar la alianza nacida durante la Revolución Mexicana entre los campesinos (entonces mayoría y hoy apenas residuales), los obreros (hoy reprimidos) y el aparato estatal, ya que éste está en manos del gran capital internacional (y de la delincuencia de guante blanco o de Kalashnikov) y no puede hacer concesiones democráticas, no le interesa la política nacional sino el mercado mundial y no respeta los pactos corporativos de ningún tipo.

Sólo queda arar y sembrar profundo en la sociedad mexicana y responder a la crisis del capitalismo en el país y en el mundo defendiendo y organizando a sus víctimas para expropiar a los hambreadores, saqueadores, banqueros y otros ladrones. Sólo quedan los movimientos sociales. Pero el único movimiento hoy importante es el de los #YoSoy132, aunque para mantenerse y no refluir desgastado deba definir mejor su programa y extender más su acción a otros sectores populares. Los obreros han sufrido duros golpes y derrotas; están luchando por reponerse y, desgraciadamente, fueron dejados en un lugar subordinado por el electoralismo ciego. Los campesinos, bajo el impacto de la emigración, del TLCAN, de la ocupación militar del país y del narcotráfico, también se esfuerzan por reorganizarse. Peña Nieto, además, se prepara públicamente a cambiar la Ley Federal del Trabajo y a darles el tiro de gracia a las organizaciones campesinas. Hay que impedirlo. El Pacto de Atenco en julio último y la Convención Nacional contra la Imposición unen la lucha contra el fraude a los procesos de lucha directos y llevan todo al terreno de la movilización y de la creación de conciencia, no al del legalismo ciego frente a un gobierno ilegítimo heredero de otro igualmente ilegítimo.

En el principio no fue el Verbo, sino la Acción. Es la acción, democrática, pluralista, en torno a fines claros discutidos masivamente, lo que unirá y seleccionará los cuadros del cambio social, llegando a los desocupados, obreros y campesinos y rompiendo el aislamiento de los grupos indígenas que luchan por sus derechos y su misma supervivencia. Es la acción la que creará las bases para un futuro partido de masas (o sea, para la agrupación en torno a ideas compartidas, comunes, no a aparatos verticalistas y decisionistas y electoralistas).

Para eso se necesitan confluencias y, en particular, audacia programática, iniciativa creadora para organizar y la comprensión de que la izquierda y los sindicatos combativos son una minoría y, por eso, deben lanzarse a estructurar las inmensas mayorías, hoy despolitizadas y desorganizadas, pero en las que circula la rabia por la carestía, la represión, la ilegalidad y la corrupción estatales.

Guillermo Almeyra
TOMADO DE LA JORNADA

Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL FUNDADOR DE LA PATRIA

                       EN LA RUTA DUARTIANA, POR LAS HOJAS VERDES DE FEBRERO

Corren días sinuosos. Está marcada sobre la vereda, en los recodos de los caminos, tras las tapias, en andenes, sabanas y recovecos, la insignia de la apostasía, la traición, la vileza y el odio. Hay vacilaciones y miedos, itinerarios boscosos, vientos de tempestad, altares siniestros.Estamos invalidados por la iracundia verbal, por la colérica frustración de los amargados y por las intermitentes volutas de la maldad. Hay muchos textos ilegibles sobre las ruindades en auge. Y el desacato a la razón es prioridad de la hora. Se ciernen sombras de entumecimiento y asombro, y los temores cruzan las calles, pasean por las avenidas, penetran a las casas, ascienden a los balcones. Hay divisiones acreditadas y otras -igualmente irreconciliables- que esperan salir a la superficie. Las fragmentaciones cubren todos los espacios: políticos, sociales, económicos, periodísticos, profesionales, empresariales, culturales. Sombras siniestras están marcadas sobre los caminos de la Patria, y pocos parecen atisbar sus alcances.
Siempre, sin embargo, hay lugar para la esperanza. Y un ámbito de luz -sin que medie la poesía en el juicio- puede abrir las compuertas para combatir el fraccionamiento, diluir el encharcamiento y enfrentar la engañapiñanga.
El país dominicano habrá de recordar, suponemos que en grande, el bicentenario del nacimiento del Fundador de la Nación. El 26 de enero de 1813, en una casa del barrio de Santa Bárbara, nacía Juan Pablo Duarte, hijo del comerciante español Juan José Duarte, venido desde la lejana Vejer de la Frontera, en Cádiz, y la seibana Manuela Diez. Esto quiere decir, que el próximo 26 de enero se cumplirán doscientos años de que el futuro creador de la nacionalidad dominicana llegara a la vida, una vida que entregaría sin dudas a un ideal que comenzaría a producir sus frutos treinta y un años más tarde, el 27 de febrero de 1844.
No habrá ocasión mejor, pensamos nosotros, que la que este bicentenario parece estar sugiriéndonos, para propiciar un ambiente de armonía, de conjunción de intereses, de delineamiento de tareas comunes, de emprendedurismos sociales y políticos para detener la curda sangrienta del desajuste social y la criminalidad rampante, y crear un ambiente de reflexión que nos saque del parloteo infeliz, nos libere de la garrulidad y nos cuide la emboscada en la que podríamos caer todos si perdemos el norte patrio.
El 2013 es el año duartiano. No es solo para celebrarlo el 26 de enero, sino para propiciar un amplio espacio de recordación y meditación nacional durante todo el año, basado no en el discurso político, ni en la verba intelectual, ni en el discurrir del hacedor de opinión, sino simple y llanamente en el pensamiento duartiano, en la valoración de lo que Pedro Troncoso Sánchez llamó “la faceta dinámica de Duarte”, o sea el estudio de su pensamiento, la elevación de sus virtudes y la práctica de sus orientaciones que el Fundador dejó plasmadas con toda certeza y clarividencia.
Poco, o nada, escucho hablar sobre esta magna celebración, aunque advierto que puedo estar desconectado de los preparativos que estén consumándose. Pero, presumo, que en medio de la barbulla mediática de nuestros días -de múltiples arcadas- la celebración pueda estar siendo dejada de lado, olvidada, pospuesta, reducida. Y ninguna situación debería impedir una celebración alta, digna y de frutos tangibles, como la que merece el forjador de la patria dominicana, el prohijador del gentilicio que nos distingue y el idealista que tuvo la osadía de creer que podíamos constituirnos en una nación. En fin, el que nos permitió ser lo que hoy somos, con nuestras virtudes y defectos, y el que merece reconocimiento sin tapujos ni limitaciones. Sería el colmo que neguemos al Padre Fundador el homenaje que se merece.
La mayoría de los grandes estudiosos de la vida y el pensamiento de Juan Pablo Duarte, han desaparecido del escenario de la vida. Tiempos hubo en que fueron constantes los estudios, las biografías, las crónicas, las investigaciones, los ensayos, las recopilaciones, las publicaciones sobre el Padre de la Patria. Hoy, sin duda, resultan escasos, tal vez porque en los trabajos de esos historiadores y cronistas, se encuentran condensados los hechos fundamentales que determinaron la elevación al altar mayor del hijo de Manuela y Juan José Duarte. Partiendo del ideario dado a conocer por su hermana Rosa, hay que mencionar, entre una relevante lista de autores duartianos, a José Gabriel García, Federico Henríquez y Carvajal, Alcides García Lluberes, Emilio Rodríguez Demorizi, Vetilio Alfau Durán, Max Henríquez Ureña, Guido Despradel Batista, Joaquín Balaguer, Pedro L. Vergés Vidal, Enrique Patín Veloz, Carlos Federico Pérez, Pedro Troncoso Sánchez, Andrejulio Aybar, Federico Carlos Alvarez, Mariano Lebrón Saviñón, Julio Jaime Julia, Carlos Aníbal Acosta Piña y Alfonso Lockard. El reto de recuperar ese pensamiento en el año duartiano que se avecina, corresponderá a los que hoy ejercen con fervor la militancia duartista, desde el fragor historiográfico o desde la exaltación misma de la obra y pensamiento del patricio. Hablo de Juan Daniel Balcácer, Adriano Miguel Tejada, Orlando Inoa, Roberto Cassá, Mu Kien Adriana Sang Ben, entre otros.
Duarte no puede ser ignorado, ni manipulado, ni olvidado, ni descuidado. En medio de los avatares de esta cotidianidad maltrecha tan proclive a la desidia, los dominicanos no debemos, ni podemos, ignorar a Duarte en el bicentenario de su nacimiento. Y no debemos, ni podemos, reducir la trascendencia de esta efeméride a simples actos protocolares, romería de ofrendas florales, desfiles estudiantiles, editoriales de prensa o simples encuentros recordatorios. Tal vez todas estas acciones deben formar parte del entramado conmemorativo, pero hemos de recordar siempre que Duarte no puede seguir siendo, como dijo el poeta, “una avenida tumultuosa de gentes que lo ignoran/ y que venden y compran y se aman y mueren bajo su nombre”. Debe ser, tiene que ser, mucho más.
Proponemos pues, desde nuestro escaño de duartiano militante, una serie de acciones que implique a todos los sectores, sin distinciones; que cubra a toda la amplia gama política y social; que congregue aulas y púlpitos, academias y talleres, corporaciones y sindicatos, prensa y tribunales, teatros y templos, ferias y coloquios; todo el quehacer nacional, todo el ámbito patrio.
Una lista limitativa debería tener en cuenta -debió hacerse ya- la convocatoria a un concurso nacional sobre el pensamiento duartiano; la realización de certámenes regionales dirigidos exclusivamente a la población estudiantil; obras de teatro (en la que Franklin Domínguez ha sido un precursor); reediciones, en gran colección, de toda la gran bibliografía duartiana; un amplio programa de disertaciones a nivel nacional e internacional; la lectura de trozos del ideario duartiano, diariamente, en programas de radio y televisión, en las sesiones congresionales, en las reuniones ministeriales, en las aulas de los centros escolares y universitarios, en las celebraciones litúrgicas y en los cultos evangélicos, en las reuniones de los entes empresariales y en los encuentros de los buró políticos. En todos los ámbitos que resuene, durante todo el 2013, la voz del apóstol, para que Duarte sea, como lo afirmara Julio Jaime Julia, “un camino y una meta, un ejemplo y un destino, un medio y un fin”.
Pedro Troncoso Sánchez, uno de los pensadores de mayor consistencia en la vocación por la obra y el pensamiento del patricio, difundió un “decálogo duartiano” que ha de recogerse íntegro para la celebración de la efeméride el año próximo. Ese decálogo, extraído del pensamiento sagrado del Padre de la Patria, define sin ambages las virtudes duartianas: amor, estudio, diligencia, valentía, dotes de líder, tacto político, dotes prácticas, nacionalismo, honestidad, modestia. Ahora que se habla de retomar los valores en los que fue educada una gran parte de nuestra población (resulta obvio que otra parte importante parece que no), abrevar en este decálogo duartiano, como en el ideario mismo del patricio, es exigencia de la hora, necesidad de nuestro tiempo.
Juan Bosch escribió una vez en Vanguardia del Pueblo que “Juan Pablo Duarte tuvo el coraje de creer que en un territorio pequeño, deshabitado e incomunicado interior y exteriormente podía establecerse una república. Para creer eso era necesario tener una fe inconmovible en la capacidad de lucha del pueblo dominicano, y Duarte la tuvo”. Esa máxima boschiana debiera servir de guía para enaltecer los valores que encarna el Padre de la Patria, ahora que, como en otros momentos de nuestra historia, se hace urgente, como pedía el poeta Juan Sánchez Lamouth, “volver la cara hacia las hojas verdes de Febrero”.
“Duartianos, duartianos en toda la riqueza y extensión de la palabra”, afirmaba Emilio Rodríguez Demorizi que debíamos ser todos los dominicanos. En cada uno de nosotros debería existir una vital preocupación por revivir y poner en práctica las virtudes de Duarte, hoy que “hasta las llanuras desean sus palabras subterráneas”.

RAFAEL LANTIGUA

Publicado en JUAN BOSCH

50 años después del derrocamiento de Juan Bosch

La hora de la justicia social y el presidente Danilo Medina:

50 años después del derrocamiento de Juan Bosch
                                                                        Necesitamos una profilaxis, en todo el cuerpo social dominicano
Escrito por: VICTOR GRIMALDI CÉSPEDES
De una Revolución Democrática, la posible, lo menos que puede esperarse es un tratamiento justo para la gran mayoría de dominicanos y dominicanas que han ido quedando rezagados con el pasar de los 50 años que ya casi han transcurrido desde que en 1963 fue derrocado el primer esfuerzo serio por hacer de nuestra Patria una tierra de libertad.
El golpe de Estado de 1963 frustró un proyecto de nación y sociedad abierta concebido sobre la base de un desarrollo económico sano e independiente de los recursos del país, pero la desviación mayor del objetivo boschista lo produjo en más de dos generaciones el efecto de la intervención norteamericana de 1965.
Desde entonces, hemos estado sometidos a un modelo de explotación y dominación social que ha excluido y marginado a las grandes masas del pueblo dominicano de una vida digna.
La alineación y la degradación moral de nuestra sociedad han sido el resultado de aquel proceso que se inició en 1963, bautizado con sangre desde 1965 y apadrinado por el darwinismo socio-económico neoliberal que sin ninguna criticidad hemos aceptado.
Si ciertos políticos han dado malos ejemplos de vida, los tomaron y los aprendieron del sistema de dominación y enajenación que se nos impuso como consecuencia del aborto histórico de 1963 y 1965.
Ahora se pretende criticar a todos los políticos, o a algunos políticos. Pero, cuidado cuando miramos hacia otros litorales.
No es verdad tampoco que todo es buen ejemplo en el sector no gubernamental o “no político”.
Los patrones de consumo y mal comportamiento malignos los han impuesto como modelos deseables ciertas figuras del “empresariado” que pagan y promueven hace tiempo la resistencia a la justicia social.
No hablemos de dispendio público sin mencionar el saqueo de nuestros recursos naturales y minerales, ni de los fraudes fabulosos bancarios conocidos ni de los otros fraudes encubiertos, ni de las cuentas de miles y miles de millones en el exterior y sus activos expatriados, ni del estilo de vida lujoso y dispendioso de la élite privada que debe sentirse avergonzada ante millones de seres humanos que han tenido que abandonar sus campos para habitar cinturones de miseria por el abuso y la injusticia del sistema económico y social que se le ha impuesto al pueblo dominicano.
Es verdad que necesitamos una profilaxis, pero en todo el cuerpo social dominicano, y aquellos que se crean limpios, que tiren la primera piedra, como dijo el Maestro.
Hoy vive una parte de la Humanidad una crisis social, con manifestaciones económicas evidentes, y comienza a verse un resquejabramiento de las ideas y supuestos que han prevalecido en los últimos decenios.
Estas señales deberían alertarnos a los dominicanos y dominicanas. La época presenta signos de cambios profundos paradigmáticos que se avecinan en todo el mundo.
Echemos al zafacón de la historia las hipocresías y simulaciones, sin dejarnos manipular por los oportunistas de siempre, y hagamos conciencia de que estamos de nuevo, como en 1963, frente al desafío de la justicia social.
Apoyemos el esfuerzo del presidente Danilo Medina y del Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana y sus fuerzas aliadas.