Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

Hemingway desata aún pasiones en La Habana

Por Ana Laura Arbesú *

La Habana (PL) La estancia por más de dos décadas del escritor estadounidense Ernest Hemingway en La Habana constituye aún un enigma para los seguidores de su obra en la Isla y en todo el mundo.Su casa en Finca Vigía, los lugares en los cuales dejó huellas como el restaurante bar Floridita donde solía disfrutar de su daiquiri, los torneos de la pesca de la aguja en la costera norteña Cojímar, resguardan su paso por Cuba.
De ahí que investigadores de todas latitudes se acerquen al Coloquio Internacional dedicado a su vida y obra, que cada dos años auspicia la casa museo, en San Francisco de Paula.
A este, recién concluido aquí, llegaron un centenar de estudiosos, conservadores, artistas, apasionados todos de su impronta literaria, para seguir las últimas rutas, los pasos del autor de El viejo y el mar por esta ciudad.
Más allá de las conferencias, los debates teóricos y las charlas sobre determinados temas como la preservación del inmueble donde se asentó en La Habana desde 1940, las pasiones por la caza, su paso por Africa, la correspondencia con amigos y colegas, el encuentro trajo a un grupo de imitadores, ganadores de un concurso de personas parecidas a Papa, como le llamaban sus allegados.
Todos rebasaban las seis décadas, con porte robusto, pelo y barbas canosas. Por las calles nos confunden, la gente nos miran asombrados, unos nos gritan ÂíHemingway!, otros ÂíPapa!, comentaban algunos en los pasillos del Palacio O´Farril, donde se desarrollaron las jornadas teóricas…     VER MAS

 

Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

Dominicana: De Cayo Confites a Playa Caracoles

 Caamaño Deñó  se dirige al pueblo por radio en un momento de la guerra de abril
La Habana (PL) Dicen que el padre de Francisco Alberto Caamaño Deñó, general Fausto Caamaño, al enfrentar a los alumnos cubanos de segunda enseñanza en la escuela que lleva el nombre de su hijo, dijo que ante ellos comparecía un viejo tonto que lloraba por haber comprendido demasiado tarde que su hijo tenía razón en sus ideales de libertad y justicia.
¿Quién podría adivinar que el padre del héroe de Abril, junto con Ludovino Fernández, progenitor de Rafael Tomás Fernández Domínguez, connotados militares cercanos al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, serían procreadores de jefes de la lucha revolucionaria?
Honrosas excepciones confirmaron la regla que de tal padre, tales hijos, en una convulsa época de la historia dominicana que parió una pléyade de héroes.
Por la pluma de dos renombrados escritores dominicanos, Tony Raful y Hamlet Hermann, la historia reciente de ese país cobra vida en sus obras más recientes: De Trujillo a Fernández Domínguez y Caamaño de Raful y Caamaño, biografía de una época, de Hermann, presentados en la 22 edición de la Feria Internacional del Libro de Cuba.
La rebeldía de una generación de dominicanos de mediados del siglo pasado, se gestó en las entrañas de la dictadura y se expandió entre exiliados de ese país que huyeron de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo hacia Cuba, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos, muchas veces después de sufrir los rigores de la represión y la tortura.
Sobreviviente de dos contiendas insurgentes, las del 14 de junio (1959) y la guerrilla de Caamaño en 1973, el ingeniero y autor Hamlet Hermann ha legado su testimonio en una docena de libros, el más reciente de los cuales es Caamaño, biografía de una época.
Entre las anécdotas producto de sus investigaciones, el laureado escritor contó que el padre de Caamaño visitó Cuba en 1947, cuando se preparaba la expedición de Cayo Confites, destinada a desembarcar en Dominicana para luchar y derrocar a la dictadura de Trujillo.
Cayo Confites
Según Sergio Santana, investigador dominicano, un rico terrateniente de ese país, Juancito Rodríguez, de La Vega, República Dominicana, salió al exilio y se puso al frente de la expedición que se preparaba en La Habana.
José Manuel Alemán, ministro de Educación del gobierno del entonces presidente Ramón Grau San Martín, fue el contacto entre los exiliados y el gobierno, que tenía como jefe del Ejército al futuro golpista y ya entonces General Fulgencio Batista.
Alemán por la parte civil y el coronel Genovevo Pérez Dámera por lo militar, ayudaron a los expedicionarios con el alojamiento y el avituallamiento para la contienda bélica.
La visita de Fausto Caamaño a Cuba, señaló Hermann, tenía dos encomiendas del “Generalísimo”, desalentar el apoyo oficial cubano a la expedición y otra más encubierta, dar muerte al joven de 21 años que se destacaba ya por su fogosidad y verticalidad de sus ideas, Fidel Castro Ruz.
Para suerte de la historia posterior de América Latina y el Caribe, Caamaño padre solo tuvo éxito en la primera de las tareas, ayudado por el gobierno de Estados Unidos, que respaldó a Trujillo y presionó al gobierno cubano para hacer abortar la expedición.
El 13 de julio de 1947 los exiliados dominicanos eligieron un comité central para dirigir la expedición, integrado entre otros, por el profesor Juan Bosch.
Al entrar el mes de septiembre de ese año, el grupo contaba con 4 barcos, 13 aviones y mil hombres armados.
Cuando era inminente la salida del grupo insurgente, Trujillo declaró que “en el momento que el primer invasor pise tierra dominicana comenzaremos a bombardear la ciudad de La Habana“, recoge Santana en su blog: seisantanadominicana.blogspot.com.
Empezaron las deserciones entre la tropa, confusiones y escaramuzas con la marina cubana y los expedicionarios restantes fueron obligados a desembarcar en Antillas, actual provincia de Holguín, donde fueron desarmados y conducidos al recinto militar de Columbia en La Habana.
Estando prisionero en Columbia, Juan Bosch se declaró en huelga de hambre hasta tanto no fueran liberados todos los expedicionarios, a lo cual finalmente accedió el gobierno cubano.
Expedición y Movimiento 14 de Junio
Tanto la expedición como el movimiento 14 de Junio formado posteriormente a las acciones de esa fecha, son hechos que van subordinados a tres de los temas más importantes de la historia dominicana.
El primero, el régimen de Trujillo; dos, el golpe de estado al primer gobierno electo democráticamente luego de 31 años de dictadura trujillista, con el ajusticiamiento del tirano el 30 de mayo de 1961; y tres, la revolución de 1965, que trajo consigo la intervención militar estadounidense, dice Ernesto Guzmán Alberto, en su ensayo Expedición y Movimiento del 14 de Junio.
Los que se entrenaban en 1959 para acometer el plan insurgente eran 211 dominicanos, 20 cubanos, 13 venezolanos, 9 puertorriqueños, 3 norteamericanos, 3 españoles, un guatemalteco y un nicaragüense, según Guzmán.
La expedición del 14 de junio de 1959 prevista para entrar en territorio dominicano por Constanza, Maimón y Estero Hondo, fue la insurrección armada más destacada acometida contra el régimen de Trujillo.
Organizaciones dominicanas en el exilio se reunieron en La Habana en marzo de 1959 para formar el Movimiento de Liberación Dominicana (MLD) con una división armada denominada Ejército de Liberación Dominicana (ELD).
En Dominicana también se reunieron fuerzas antitrujillistas para integrar formalmente un movimiento armado en torno al MLD y lo convirtieron en un solo frente.
Ya entrenados militarmente jóvenes del MLD en Cuba, fueron divididos en cinco pelotones de 50 hombres cada uno. Según el ensayista Ernesto Guzmán, el grupo se componía de 261 combatientes en total.
El 14 de junio de 1959, se había previsto la entrada del grupo insurgente por Constanza, Maimón y Estero Hondo, pero en esa fecha solo se pudo aterrizar en el aeropuerto militar de Constanza.
Este contingente estuvo comandado por Enrique Jiménez Moya y el cubano Delio Gómez Ochoa, este último comandante del Ejército Rebelde al triunfar la Revolución Cubana y hoy reconocido como héroe en la República Dominicana.
Un total de 56 combatientes iban a bordo de esa nave que debió desviarse de San Juan de la Maguana hacia Constanza, obligada por condiciones atmosféricas adversas.
Recibidos por los disparos de militares apostados en ese aeropuerto, el grupo fue impedido de bajar sus armas y pertrechos del avión, que levantó vuelo después de dejar a los combatientes.
El arribo del avión debió estar respaldado por la llegada de lanchas con el resto de los expedicionarios, pero también enfrentaron inconvenientes que retrasaron su desembarco.
La mayoría de los insurgentes capturados por las tropas de Trujillo fueron torturados en las cárceles del régimen. Del total de combatientes, sobrevivieron los dominicanos Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo y los cubanos Delio Gómez Ochoa y Pablo Mirabal.
El movimiento integrado posteriormente en su mayoría por estudiantes universitarios, que honraba a los héroes caídos, desarrolló varias actividades clandestinas contra la dictadura que rápidamente detectó la ubicación del foco subversivo en torno a la Universidad de Santo Domingo.
Manolo en un discurso en el Parque Independencia 1963
Los arrestos no se hicieron esperar, cayendo Manolo Tavarez Justo, Leandro Guzmán, Pedro González, esposos de Patria , María Teresa y Minerva Mirabal (luego asesinadas por la tiranía) hasta aproximadamente un centenar de miembros del Movimiento 14 de Junio.
Luego del ajusticiamiento del dictador, el Movimiento pasa de la clandestinidad a la legalidad, convirtiéndose en una organización política.
Caamaño, ejemplo que no muere
Francisco Alberto Caamaño Deñó fue fusilado el 16 de febrero de 1973 por orden del entonces presidente Joaquín Balaguer, de quien se ha dicho era alumno del dictador Trujillo, pero que en opinión del ex guerrillero y autor, Hamlet Hermann, fue maestro y guía del tirano.
En la presentación del libro Caamaño, biografía de una época, que según su autor le llevó 39 años y ocho meses escribirlo, el ex embajador de Cuba en República Dominicana, Omar Córdoba, dijo que Francis, como le conocían sus amigos, evolucionó de estricto y honesto jefe militar durante la dictadura, a líder del ejército constitucionalista que buscaba devolver a la presidencia al profesor Juan Bosch, derrocado en 1963, siete meses después de ser electo democráticamente.
El héroe dirigió al pueblo que, casi desarmado, se enfrentó a la invasión de este país por más de 40 mil marines de Estados Unidos. República Dominicana fue el único país invadido militarmente tres veces (1904, 1916 y 1965) durante el siglo XX por fuerzas de Estados Unidos.
La de 1965 fue la gota que derramó la copa de las inquietudes patrióticas de Francisco Caamaño. De oficial militar e hijo de uno de los generales trujillistas más connotados, se transformó en símbolo universal de la lucha frontal contra el imperialismo.
Sin vencer al imperio, pero sin ser vencido, el coronel Caamaño, quien llegó a ocupar la Presidencia provisional del país, transigió poner fin a un conflicto que agobiaba al país y empezó a padecer el perverso castigo del ostracismo cuando es designado agregado militar de la embajada dominicana en el Reino Unido.
No le fue permitida ninguna comunicación con el pueblo que lo tenía como su gran esperanza. Ante esa situación optó por prepararse para cumplir la promesa hecha a los dominicanos cuando renunció a la Presidencia del gobierno en armas.
A pesar de los ocho años que lo separaron del pueblo dominicano, su recuerdo seguía siendo poderoso. De acuerdo con su más dedicado biógrafo, es en Cuba donde Caamaño alcanza la madurez de su pensamiento político.
Joaquín Balaguer, impuesto en la presidencia dominicana por Estados Unidos, fue informado del desembarco de Caamaño y sus guerrilleros por Playa Caracoles en la primera semana de febrero de 1973.
Según Hermann, entraron en acción al tercer día, se separaron al sufrir heridas el mejor hombre de la guerrilla e insistir Caamaño en cuidarlo, quedándose en compañía de otro combatiente, después de lo cual fueron capturados los tres y el resto de la guerrilla lo confirmó al interceptar trasmisiones del Ejército.
Un dominicano defendiendo su dignidad frente a un Yanqui invasor
Al consultársele a Balaguer qué acción tomar con Caamaño, dijo airado que para ellos no había cárcel, lo cual fue interpretado como su orden de dar muerte al jefe de la guerrilla y sus acompañantes.
El mandato se cumplió el 16 de febrero, pero su recuerdo perdura porque como dijera su compañero de armas y biógrafo, citando al generalísimo Máximo Gómez ante la inesperada muerte de Martí:
“Duerme en paz compatriota y amigo querido, que yo digo de ti lo que la Historia ha dicho del héroe griego: bajo el cielo azul de tu patria, no hay tumba más gloriosa que la tuya.”
Por Elsy Fors *
* Periodista de la Redacción de Lenguas Extranjeras de Prensa Latina
jhb/ef

 

Publicado en ARTICULO Y OPINIONES

Los Palmeros -comandos de la Resistencia- 41 años después

DEL 31 DE JULIO AL 8 DE AGOSTO DEL 1967, SE CELEBRÓ EN LA HABANA, CUBA, LA PRIMERA CONFERENCIA DE SOLIDARIDAD DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA (OLAS) CON LA ANFITRIONÍA DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE CUBA Y DEL COMANDANTE FIDEL CASTRO, Y CON LA ASISTENCIA DE DELEGACIONES PROVENIENTES DE LOS CINCO CONTINENTES.
AMAURY GERMÁN ARISTY (GERARDO SÁNCHEZ), MIEMBRO DEL BURÓ POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO 14 DE JUNIO, FUE ELEGIDO COMO VICEPRESIDENTE DE LA MISMA. PARA ESA FECHA, SE ENCONTRABA YA EN TERRITORIO CUBANO EL GRUESO DEL EQUIPO DE DIRIGENTES Y MILITANTES CATORCISTAS, ENVIADOS A RECIBIR ENTRENAMIENTO MILITAR.
El 25 de octubre del 1967, dieciséis días después de que las agencias internacionales de noticias dieran a conocer la caída del Ché Guevara, en Bolivia, los teletipos de la época transmitieron por el mundo una información dando cuenta de la “desaparición en Holanda del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, a la sazón agregado militar de la embajada dominicana en Londres. Se daba inicio así a la llamada OPERACIÓN ESTRELLA.
Entre junio y julio del 1967, el equipo de dirigentes y militantes del 1J4, encabezado por Homero Hernández Vargas, salió hacia la República Popular China a entrenarse militarmente, con el objetivo de a su regreso al país, conjuntamente con el equipo enviado a Cuba, constituir la fuerza estratégica guerrillera, responsable del relanzamiento de la lucha armada, en las zonas de Ocoa, Padre Las Casas y Bonao.
Sin embargo, contrario a lo diseñado y planificado por la dirección del MR1J4, los planes y proyectos para relanzar la lucha armada se vieron seriamente afectados por el mensaje que dirigiera a la nación el ex presidente Joaquín Balaguer, el 4 de febrero del 1967, poniendo en conocimiento de la opinión pública nacional e internacional, con lujos de detalles, de la existencia de un “plan subversivo del comunismo internacional”. El incremento de la escalada represiva a nivel nacional, golpea severamente los planes catorcistas, con la caída el 10 de febrero del 67 en las lomas de Ocoa, de Orlando Mazara y posteriormente, el 4 de mayo del 1967, de los compañeros Luis De Peña (Parrish) y Reyes Saldaña. Otros dos elementos: el retorno al país del grueso del equipo enviado a China, portadores de ideas y propuestas, planes y proyectos, diametralmente opuestos a la línea oficial prevaleciente hasta entonces y, por otro lado, el mantenimiento o retención (voluntaria o forzada) del equipo enviado a Cuba contribuirían decisivamente al deterioro de la autoridad y la disciplina internas y fomentarían la confusión y la desconfianza, a todos los niveles, en el Movimiento Revolucionario 1J4.
Precisamente, en su carta-testimonio, Amaury Germán Aristy, contextualiza los motivos que los llevaron a entregarse a la formación de un nuevo movimiento revolucionario, bajo la dirección del compañero Román, señalando lo siguiente: “Si bien una parte de Los Palmeros arribó a ese país (Cuba) sin tener un criterio claro y correcto sobre la necesidad de la guerra, con la cabeza llena de tesis sobre el partido, la lucha ideológica y la polémica internacional, etc., otra parte, la última en llegar con Gerardo, llevaban ya, desde nuestro país, no solo la línea de la guerra como política oficial del 14 de Junio; sino, además, planes concretos para iniciarla. Que luego los dirigentes del 14 de Junio desertaran de esa línea es harina de otro costal …”
Hoy, podemos afirmar que el surgimiento de los Comandos de la Resistencia, como resultado del acuerdo, que a finales del 1967, en La Habana, Cuba, hicieran Los Palmeros, encabezados por Amaury Germán Aristy, con el Coronel de Abril y Héroe Nacional, Francisco Alberto Caamaño Deñó, al tiempo que marcó la entrada en escena de un nuevo movimiento revolucionario, profundizó la crisis de identidad y disolución del MR1J4. A menos de un año, las filas del 14 de Junio serían estremecidas por otras rupturas y separaciones, que dieron lugar a un nuevo sistema de lealtades y complicidades, de unidad de propósitos y acción, sin que en la mayoría de los casos, durante ese período (1967-1973) se mellaran las amistades y los afectos cultivados durante más de un lustro de militancia compartida. De las entrañas del 1J4, a mediados del 1968, surgirían: la Línea Roja del MR1J4, la Unión de Lucha por una Nueva Quisqueya, la Unión del Trabajo de la República Dominicana y el grupo de ex miembros del Comité Central.
En los inicios de la segunda década del siglo XXI, ninguno de esos grupos existe en la escena política nacional. La parte sobreviviente de cada uno de ellos tiene diferentes visiones y actitudes frente al presente y al futuro de la nación dominicana, y participa de la política partidarista desde espacios tanto tradicionales como alternativos. Frente al pasado, que para muchos de nosotros fue el tiempo de nuestra primera juventud, compartimos, salvo algunas excepciones, un mismo sentimiento de no arrepentimiento y de orgullo por nuestra manera de vivir y luchar en ese tramo de nuestras existencias.
Al congregarnos aquí, 46 años después del nacimiento de los Comandos de la Resistencia, a 41 años de los combates de Las Américas, y 40 años de Playa Caracoles, buscamos encontrar juntos respuestas a muchas preguntas e interrogantes que todavía pululan en nuestros pensamientos, en torno a una serie de hechos, escenarios y personajes, que fueron protagonistas o actores de los mismos. No nos anima ni el odio ni el deseo de la venganza; pero mucho menos el de tender un manto de olvido y de perdón sobre esos acontecimientos. Lo que queremos es aproximarnos, cada día más, a la verdad, para ser justos a la hora del veredicto final de la historia.
Por último, quisiera hacer provecho de este panel y de estas líneas escritas a propósito del mismo, para reiterar el orgullo y el honor que para mí representó y representa haber sido contemporáneo de Amaury Germán Aristy, de Virgilio Perdomo Pérez, de Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy (la Chuta). Haber militado junto, en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, perteneciendo al Buró Militar, al lado de Baby Mejía, Homero Hernández y el Chori.
Conocí a Amaury Germán Aristy cuando sus padres, don Manuel Germán y doña Manuela Aristy, vivían en Azua. Nos volvimos a ver cuando nuestras familias se establecieron en la capital, (1961-1962). Después de nuestras respectivas salidas hacia el extranjero (Cuba y Francia, respectivamente, en los años 1967 y 1968) no volvimos a encontrarnos en ningún punto de la geografía del país y tampoco en el extranjero.
El 12 de enero de 1972, estando en los terrenos de la universidad Autónoma de Santo Domingo, me enteré del cerco que las fuerzas militares y la Policía Nacional, habían tendido alrededor del escondite de “los muchachos”. Un poco antes del desenlace de ese combate desigual, le llevé a doña Manuela un retrato de su hijo, hecho a plumilla por el arquitecto Amable Sterling, y que aún sigue colgado en los pasillos de su casa en la Salomé Ureña.
No volví a verlo, pero lo sigo admirando y recordando. Y más aún, en cada enero, en cada febrero, en cada abril, en cada junio, en cada diciembre, Amaury vuelve a nacer y “va matando canallas, con su cañón de futuro”.
Publicado en INTERNACIONAL

Víctimas inocentes de las guerras imperialistas

Jihad Masharawi sostiene el cadáver de su hijo de 11 meses. Foto: AP

El pasado viernes 16 de noviembre, durante intensos bombardeos de la aviación de Israel contra la franja de Gaza, resultaron muertos 28 palestinos y más de 250 se reportaron heridos, incluyendo setenta mujeres, tres ancianos y siete niños. La escalada continúa cobrando nuevas vidas inocentes. Hoy es contra Palestina, mañana puede ser contra cualquier otra nación, utilizando como pretexto el combate contra el terrorismo. Hay que detener las agresiones imperialistas.

La mirada infantil de Omar Misharawi, un niño palestino de once meses residente en la franja de Gaza debe haber quedado grabada en la memoria de muchas personas. Más aún, la estremecedora expresión de dolor de un hombre joven que cargaba su cuerpecito inerte envuelto en una sábana. Era Jihad Misharawi, su padre, un periodista árabe de la cadena británica BBC, que tantas situaciones tan dolorosas como esa tiene que haber reportado a lo largo de su carrera como corresponsal, y que quizás nunca pensó que él y su pequeño serían protagonistas de una de ellas.

El día anterior Marwan Abu El Qumsan, profesor de árabe en una escuela de las Naciones Unidas, murió cuando se trasladaba en su automóvil cerca del área atacada por las fuerzas israelíes.

Las fotografías, que se ven a diario en los noticieros de distintas latitudes -y a las que millones de personas en distintas partes del mundo no se acostumbran- deben hacer reflexionar a la opinión pública internacional, en torno a esa gran fábrica de luto y dolor que constituye el Complejo Militar Industrial de Estados Unidos y a la política exterior del Gobierno norteamericano e Israel, que tantas ganancias multimillonarias atraen para los círculos de poder de ambas naciones, y tantos muertos y heridos civiles han causado en los despiadados y sistemáticos ataques contra naciones como Afganistán, Irak y Libia, y ahora contra Siria, invadida por mercenarios financiados por ese mismo Complejo.

La memoria de los pueblos no puede olvidar que las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados en distintas etapas han ejecutado cientos de miles de operaciones militares contra otras naciones. Los pueblos de Japón, Corea Democrática, Guatemala, Cuba y Vietnam han sufrido mucho por agresiones similares.

El 7 de mayo de 1945, con la rendición de la Alemania hitleriana, finalizó la guerra en Europa, pero continuó en Asia. El 6 de agosto, cuando ya el conflicto estaba prácticamente concluido, por decisión del Gobierno de Estados Unidos, uno de sus aviones lanzó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El mando supremo aliado informó que 129,558 personas murieron, fueron heridas o desaparecieron, y más de 176,987 perdieron sus hogares. La explosión arrasó más de diez kilómetros cuadrados de territorio, cerca del 60 por ciento de la superficie de la ciudad. Tres días después se repitió la operación sobre Nagasaki. El día 14 Japón se rindió incondicionalmente y finalizó oficialmente la Segunda Guerra Mundial. A sesenta y siete años de tan alevosos ataques, muchos japoneses todavía están sufriendo por sus secuelas.

Entre junio de 1950 y julio de 1953 tuvo lugar el conflicto en la Península de Corea, donde intervinieron las fuerzas armadas de Estados Unidos y salieron derrotadas. Hubo más de cuatro millones de bajas entre muertos y heridos. Es conocido el altísimo precio en vidas humanas que tuvo que pagar el pueblo de la República Popular Democrática de Corea por garantizar su soberanía.

En 1954 la CIA estuvo involucrada en un golpe de estado que derrocó al presidente constitucional de Guatemala Jacobo Árbenz Guzmán. Una invasión preparada previamente por el Gobierno de Estados Unidos ejecutó bombardeos de ciudades, provocando muertos y heridos. La represión desatada posteriormente también causó muchas víctimas.

El 21 de octubre de 1959 dos aviones piratas ametrallaron La Habana, causando 2 muertos y 45 heridos. Entre estos, los menores Miguel Payret Gutiérrez, de 14 años, Reemberto Cordero Hernández, de 12, Guadalupe Isidrón Proenza, de 9, y Herminia Fernández Drake, de 8. Después se conoció que las aeronaves habían despegado de un aeropuerto en Pompano Beach, Florida, a donde regresaron impunemente. Uno de los pilotos era el traidor Pedro Luis Díaz Lanz, que había desertado cuatro meses antes, y tuvo la osadía de hacer declaraciones contra Cuba en el Congreso norteamericano. Nunca tuvo que declarar por este hecho en ningún tribunal del país que lo acogió, junto a otros torturadores y criminales del régimen batistiano.

El 4 de marzo de 1960 en el sabotaje al vapor La Coubre surto en el puerto de La Habana, murieron 101 personas y unas 400 resultaron heridas, incluyendo 12 niños que vivían en los alrededores.

El 10 de octubre, en el escenario creado por el Programa de Acción Encubierta contra Cuba, promovido por la Administración del presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower, que incluyó entre sus direcciones principales, el sabotaje y el fomento de la contrarrevolución armada en las principales zonas montañosas, las bandas terroristas atacaron un vehículo en el kilómetro 87 de la Carretera Central, entre Ceiba Mocha y Madruga, en Matanzas, causándole la muerte al niño Reinaldo Muñiz-Bueno Machado, de 22 meses, y graves heridas a su madre.

El 27 de octubre perdió la vida el niño Alberto Jiménez Yupart, de 13 años, al encontrar un artefacto explosivo en la calle Estrella, en La Habana. Dos días más tarde, durante el secuestro de un avión DC 3 de Aerovías Q, conducido a Cayo Hueso, al sur de la Florida, fue asesinado su escolta. El piloto y el niño de 14 años Argelio Rodríguez Hernández, resultaron heridos. El 17 de diciembre estalló un artefacto explosivo en la tienda Flogar, en La Habana. Fueron heridos los hermanos Juan René y Marta Romagosa, de 10 y 12 años. A las diez de la noche del día 29 ocurrió un hecho similar en el cine Cándido, de Marianao, con un saldo de siete heridos incluyendo a Nancy Veranes Queralta, de 13 y Carlos González Gil, de 15.

El 31 de diciembre estalló otro artefacto explosivo debajo de un auto estacionado en la calle 130, en Marianao, que ocasionó heridas a dos personas mayores y a Omar González Díaz, de 3 años y José Antonio González Pérez, un bebé de apenas 7 meses. Detrás de estos sucesos actuaban los grupos terroristas denominados “Movimiento 30 de Noviembre”, “Movimiento de Recuperación Revolucionaria” y “Movimiento Revolucionario del Pueblo”, entre otros, dirigidos y financiados desde la estación de la CIA en la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

El 15 de enero de 1961, en la finca Chicharrón, barrio Jobo, en San Nicolás de Bari, un terrorista quemó la casa de un campesino y le dio muerte al niño Andrés Rojas Acosta, de 15 años. El 28 de febrero, fue colocada una bomba en la escuela de Secretariado Comercial Nobel Academy, de La Víbora, en el instante en que decenas de adolescentes se encontraban recibiendo clases. Una maestra y ocho alumnas resultaron heridas, entre estas Carmen Valenzuela Castrum, de 15 años, María Victoria Rolda Romero, de 16, y Olga Valle Díaz y María A. Pousa, de 17.

El 17 de abril, durante la invasión por Playa Girón de la Brigada de Asalto 2506, entrenada, equipada y financiada por el Gobierno norteamericano, el fuego de la aviación que apoyaba a la infantería mercenaria entrenada en campamentos de la CIA en Centroamérica, causó la muerte de la niña Dulce María Martín, de 14 años y el niño Berto Córdoba Morales, de 6. Los menores Miguel J. Garay, Olivia González Claro, Miriam, Jorge y Roberto González, recibieron heridas de gravedad.

Además la metralla de los aviones B-26 causaron la muerte de Cira María García Ruiz, Juliana Montano Gómez, Ramón López García y Pascuala María Ortiz Suárez. Sus victimarios utilizaron aviones, bombas y metralla de fabricación norteamericana que causaron 176 muertos, unos 300 heridos, de ellos 50 incapacitados de por vida.

De acuerdo con documentos desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos, entre el 28 de septiembre de 1960 y abril de 1961, la CIA introdujo clandestinamente en Cuba 75 toneladas de explosivos y armamentos mediante operaciones aéreas y 46,5 toneladas a través de infiltraciones por vía marítima. Según investigaciones posteriores se conoce que los abastecimientos de armas fueron mucho mayores.

Jack Hawkins, alto funcionario de la CIA, aseguró que en este período, en Cuba se perpetraron 110 atentados dinamiteros, se colocaron 200 bombas, se descarrilaron 6 trenes, se provocaron más de 150 incendios en grandes objetivos estatales y privados, incluyendo 21 viviendas y unos 800 en plantaciones de caña. Estos documentos, dados a conocer por las autoridades norteamericanas muchos años después, no mencionan a las víctimas. Mucho menos al trauma causado a las familias cubanas.

Después de la derrota de Playa Girón, continuaron los sabotajes y las acciones terroristas. El 28 de mayo, en el cine Riesgo, de Pinar del Río, en horas del mediodía, cuando se desarrollaba la matinée infantil, varios elementos contrarrevolucionarios provocaron un incendio utilizando “fósforo vivo”. El hecho provocó la desesperación de los presentes en la sala. Unos 26 niños y 14 adultos sufrieron heridas. Algunos estuvieron a punto de morir asfixiados, porque los saboteadores habían colocado traviesas en las puertas para obstaculizar la salida. No hubo muertos debido a la rápida intervención de las autoridades y el apoyo del pueblo.

Al día siguiente, en la finca El Nicho, zona de Crucecitas, en Cumanayagua, Escambray, un colaborador de una banda terrorista asesinó al brigadista alfabetizador Pedro Blanco Gómez, de 13 años, hermano del maestro normalista Fulgencio Oroz Gómez, asesinado por la policía batistiana tres años antes.
El 26 de junio otra banda atacó una vivienda campesina en el caserío de Pedrales, municipio de Candelaria, en Pinar del Río, causando heridas a varias personas, entre ellas a las niñas Catalina y Joaquina González Sánchez, de 14 y 8 años. El 21 de julio una banda encabezada por un ex sicario de la tiranía batistiana atacó la cooperativa Patricio Lumumba, en el barrio de Magua, en el Escambray, ametrallaron en su lecho al matrimonio formado por Fidel Claro Álvarez y María de la Caridad Luis Perera. En la misma acción fueron heridos los niños Edilio Claro Luis, de 8 años y Carmen Luisa Rodríguez, de 7.

El 1ro de septiembre, otra banda atacó el poblado de Cinco Pesos, en San Cristóbal, Pinar del Río, causándole graves heridas a la niña Julia Bocourt Carmona, de 7 años. El 18 de septiembre, un grupo de bandidos atacó el Círculo Social Obrero del poblado de Río, barrio Mayajigua, en Yaguajay. Hubo varios heridos, incluyendo al niño Abel Rodríguez Diéguez, de 10 años. El 26 de noviembre, en la finca Palmarito, zona de Limones Cantero, barrio Río Ay, en el Escambray, otra banda torturó y asesinó al brigadista alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, de 16 años y a su alumno el campesino Pedro Lantigua Ortega, de 43. A mediados de diciembre de 1961, en el Callejón Colorado, zona de La Picadora, tres kilómetros al oeste de Candelaria, cerca de la Carretera Central, un ex sargento de la Infantería de Marina en Estados Unidos convertido en cabecilla de banda, dejó abandonada una granada de fabricación norteamericana al huir de un cerco de las Milicias. El día 30 varios muchachos la encontraron. Al manipularla, murió Reinaldo Blanco Báez, de 16 años y fueron heridos los menores Miguel, Ramona y Paula Paz Pita.

Durante 1961 y 1962 fueron asesinados por bandas terroristas dirigidas y financias por la CIA, 2 maestros, 4 brigadistas alfabetizadores y 7 colaboradores. Unas 151 escuelas, 17 centros comerciales y recreativos y alrededor de 21 salas cinematográficas fueron objeto de sabotajes, muchas de ellas con petacas incendiarias de fabricación norteamericana, con un saldo de 66 personas heridas.

El 11 de junio de 1962, en el contexto de la Operación Mangosta, una banda de alzados, cumpliendo indicaciones del jefe de una red de espionaje de la CIA en Las Villas, asesinó a cuatro miembros de una comisión de estudios topográficos en la que se encontraba Rodrigo Quintero Castro, de 16 años. El hecho ocurrió en la granja Ismael Saure Conde, zona de Guasimal-El Jíbaro, al sur de Sancti Spíritus.

Dos días después, otra banda disparó contra un auto de alquiler en la carretera de Agramonte-Jagüey Grande, en Matanzas, causándole la muerte al chofer y heridas graves a Adela Rodríguez Reyes, de 12 años. El 2 de julio, el antiguo policía batistiano ya señalado asaltó la finca San José de Altamira, en el Escambray, donde asesinó a dos campesinos y una mujer. En la misma acción terrorista resultaron brutalmente golpeadas Paula y Teodora Romero Rojas, de 12 y 10 años. Utilizaron los mismos métodos enseñados a los oficiales batistianos en la Escuela de las Américas.

El 8 de enero de 1963, una banda asaltó una vivienda campesina en el batey de la finca El Corojal, en la zona de Manacas-Iznaga, Escambray, provocándole la muerte a dos personas mayores y heridas al niño Teodoro Ramos Aróstica, de 15 años, que quedó sensiblemente afectado de por vida, y todavía sufre las secuelas del trágico suceso. Al día siguiente, otra banda atacó la finca Añilito, de Río Blanco, San Antonio de Las Vegas, en La Habana, causándole la muerte a Leopoldo Martínez Rodríguez, de 11 años.

En la noche del 24 de enero una banda atacó una vivienda campesina en la finca La Candelaria, barrio Galeón, municipio de Bolondrón, en Matanzas, asesinando a los niños Fermín y Yolanda Rodríguez Díaz, de 13 y 11 años, y causando heridas graves a la madre y a sus hermanas Felicia, de 16 y Josefa, de 7. Fue uno de los hechos terroristas más abominables de las bandas de alzados.

El 5 de marzo, en la finca Sabanetón, zona de Santo Tomás, en la Ciénaga de Zapata, tratando de escapar de una emboscada, un grupo de bandidos disparó contra una de las casas del batey, causándole la muerte a Albinio Sánchez Rodríguez, de 10 años. En horas de la noche del 21 de marzo, en la finca La Fe, de la granja Benito Viñales, en la Sierra de Cubitas, Camagüey, otra banda asesinó a Emilio Pisco Sánchez, de 16 años y a su padre. El niño fue ahorcado primero para que el campesino pasara por el martirio de presenciar la muerte de su hijo. Hechos similares fueron cometidos durante los últimos años del siglo XIX por el ejército colonialista español con los hijos de los oficiales del Ejército Libertador.

El 21 de julio de 1963, mientras el denominado Programa de Múltiple Vía del Gobierno norteamericano, continuaba fomentando nuevos alzamientos y agresiones contra nuestro país, la banda encabezada por un antiguo “casquito” de la tiranía batistiana asesinó al campesino Fidel Navarro Mora y a su hijo Rubén Navarro Jaime, de 15 años. El hecho ocurrió en la finca El Güije, barrio Río Ay, en Trinidad. Todavía los vecinos recuerdan el momento en que encontraron sus restos a merced de las aves de rapiña. El 5 de septiembre, en Santa Clara, el maestro Fabric Aguilar Noriega perdió la vida mientras dormía, durante el ataque de una aeronave pirata procedente del territorio norteamericano. Sus tres hijos Francisco de 5 años, Sofía de 3 y Abraham de 2, resultaron heridos. Dos días más tarde, en la finca Rolle¬tico, barrio Cabecera, en Jatibonico los bandidos estrangularon a Roberto Gutiérrez Rodríguez, de 16 años.

El 13 de mayo de 1964, el buque madre Rex, tripulado por los llamados Comandos Mambises -un grupo terrorista élite de la CIA- atacó el central azucarero Luis Enrique Carracedo, en Pilón, Manzanillo, antigua provincia de Oriente, causando dos heridos, entre ellos la niña María Ortega Olivera, de 8 años.

De mediados de los años sesenta se recuerdan las masacres causadas por los despiadados bombardeos de los aviones B-26 norteamericanos sobre ciudades y aldeas vietnamitas, y los sistemáticos ametrallamientos de los rangers contra la población civil. Más de dos millones de vietnamitas murieron, tres millones resultaron heridos y cientos de miles de niños quedaron huérfanos.

En 1966 la Administración de Lyndon Johnson aprobó la Ley de Ajuste Cubano, que todavía hoy estimula la emigración ilegal a través del estrecho de la Florida, y donde han encontrado la muerte un número indeterminado de cubanos de todas las edades.

El 4 de abril de 1969, en La Cavera, granja Rolando del Sol, en Vertientes, Camagüey, un grupo de elementos contrarrevolucionarios habían escondido en el techo de guano de una nave agrícola nueve granadas de fabricación norteamericana, previamente introducidas en nuestro país por un team de infiltración de la CIA procedente de la Florida. Tenían el propósito de realizar sabotajes contra la próxima zafra azucarera. Un grupo de niños las encontraron. Murieron destrozados Xiomara, Elcida y Pedro Tomás Candel Lezcano, de 4, 7 y 8 años. La niña Odalys Marín López, de 6 años, resultó herida.

El 12 de octubre de 1971, una lancha rápida ametralló el humilde poblado costero de Boca de Samá, en Banes, al norte de Holguín, dejando un saldo de dos combatientes muertos y varios heridos, entre ellos las niñas Ángela y Nancy Pavón Pavón, de 13 y 15 años. A esta última hubo que amputarle un pie. En Nueva York, el cabecilla José Elías de la Torriente realizó declaraciones públicas sobre esta agresión exagerando la cantidad de bajas causadas a la población. El crimen quedó impune.

El 6 de octubre de 1976, tuvo lugar el sabotaje en pleno vuelo contra un avión civil de Cubana en las costas de Barbados, provocando la muerte de los 73 pasajeros que viajaban a bordo, incluyendo 16 estudiantes universitarios cubanos que practicaban esgrima, 5 funcionarios de cultura norcoreanos, 6 jóvenes guyaneses de 18 y 19 años que habían obtenido becas para estudiar medicina en Cuba y una niña guyanesa de 9 años. Los principales responsables de este bárbaro crimen, que habían sido entrenados por la CIA en el manejo de explosivos, nunca fueron castigados y han vivido tranquilamente en Miami sin que las autoridades norteamericanas hicieran justicia.

En 1981 la introducción clandestina en Cuba del virus del dengue hemorrágico, que en pocos meses afectó a más de 350 mil ciudadanos, cobró la vida de 158 personas, de ellas 101 niños. Ese mismo año se declaró un brote de disentería en la provincia de Guantánamo, donde se encuentra enclavada en contra de la voluntad de nuestro pueblo la Base Naval norteamericana, que ocasionó la muerte de 18 niños, a causa de una epidemia producida por la bacteria Shiguella, no reportada anteriormente en el país. En 1984 el criminal Eduardo Arocena Pérez, cabecilla de la agrupación terrorista Omega-7, declaró ante un tribunal federal de Nueva York que lo juzgaba por hechos terroristas cometidos en territorio norteamericano, que la misión de su grupo era obtener ciertos gérmenes para introducirlos en Cuba. Esta declaración fue desestimada por las autoridades judiciales de Estados Unidos.

En 1984 fueron asesinados por bandas terroristas patrocinadas por el Gobierno de Estados Unidos y sus aliados, siete profesores internacionalistas cubanos que prestaban servicios en Angola y Nicaragua.

Esta crónica podría ser interminable si a ella sumamos el daño causado a la niñez por la brutal guerra económica de Estados Unidos contra Cuba, que ya tiene más de medio siglo de existencia, y que en los últimos 21 años ha sido denunciada y condenada reiteradamente en las Naciones Unidas, por el voto abrumador de sus países miembros, con la excepción de Estados Unidos e Israel, los mismos que ahora son responsables del sufrimiento de muchos pueblos árabes.

Recordando esta historia, al conocer el caso del niño palestino Omar, pensamos en los niños afganos, en los iraquíes, en los libios, en los sirios, pero no olvidamos a los japoneses, los coreanos, los guatemaltecos, los vietnamitas, los cubanos, e incluso a los de otras naciones que también han sido víctimas de la política imperialista, y nos preguntamos: ¿Quién será el próximo niño muerto o herido a causa de las agresiones imperialistas a nuestros pueblos? ¿Hasta cuándo la comunidad internacional y el propio pueblo norteamericano van a permitir situaciones como esta?

23 de noviembre de 2012

Omar Misharawi

Omar Misharawi, víctima de 11 meses

 

Por Pedro Etcheverry Vázquez y José Luis Méndez

 

 

 

Publicado en EDUCACIÓN

HISTORIA DEL TABACO,HERENCIA CULTURAL DE LOS NATIVOS DE AMERICA Y EL CARIBE

            Lecturas de tabaquería, patrimonio cultural de la naciónLa 'lectora de tabaquería' Gricel Valdés Lombillo lee para sus compañeros de la fábrica H. Upmann, en La Habana. Foto: EFE

La “lectora de tabaquería” Gricel Valdés Lombillo lee para sus compañeros de la fábrica H. Upmann, en La Habana. Foto: EFE

Los behiques de los indios en sus bohíos o en las grutas de las montañas, cuando había un temporal, no solo descubrían los hechizos del tabaco en fantásticas humaredas o las supuestas propiedades medicinales, o la fórmula para alejar los insectos. Alrededor de ellos, silenciosos estaban los demás indios, posiblemente bebiendo de la sabiduría general y de su sacerdote o respecto a la irrupción  alevosa de los conquistadores en sus predios…

Qué lejos estaban entonces de lo que podía ser una realidad cultural futura, un modo de trasmitir conocimientos: la lectura en las tabaquerías a partir del siglo XIX. Habrían transcurridos trescientos años. Para esta fecha había un lector que insuflaba cultura y contribuía, además, a la organización que condujera a los cubanos a conquistar su independencia. Ahora, quinientos años después, esa labor de difusión creada en las tabaquerías, acaba de adquirir el rango de Patrimonio Cultural de la Nación.

José Martí, encontró en los ilustrados cubanos, tabaqueros emigrados en  Tampa, Ibor City y  hasta Nueva York, colaboradores y contribuyentes indispensables para la causa de Cuba Libre. Ejemplos sobran.

Lector de tabaquería.

Quiroga, joven  intelectual de La Coruña visitó nuestra isla en 1839 y al año siguiente publicó en Madrid su libro Viaje a Cuba, de su recorrido por los campos de La Habana, en los cuales visitó ingenios y cafetales. Sobre estos últimos describió detalladamente el proceso de recolecta y escogida y escribió:

“Una de las operaciones últimas del café consiste en colocar sobre tan espaciosísima mesa, grandes cantidades de grano y varios negros, sentados de un lado y otro, escogen sus diferentes clases (…) Cuando nosotros entramos en silencio sepulcral (en la habitación) reinaba allí un silencio que jamás es interrumpido (…) Cerca de ochenta personas entre .entre mujeres y hombres,  hallábanse ocupados en aquella monótona ocupación.

“Y entonces se me ocurrió a mí que nada más fácil habría, que emplear aquellas horas en ventaja de la educación moral y aquellos infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podrá leer en voz alta algún libro (…) y al mismo tiempo que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruirían de alguna cosa que aliviase su miseria. Pero, es doloroso ver el marcado interés que hay en conservar más y más bruta a esa clase de hombres a quienes se trata peor que los caballos y los bueyes.”

Podría ser ese el primer antecedente de la lectura y el lector de tabaquería.

Corren algunos años y coincidiendo con el desarrollo de la producción de tabacos, después de 1860, Nicolás Azcárate, político liberal cubano, como director del Liceo de Guanabacoa, abrió allí la primera tribuna pública que existió en Cuba y por la cual desfilaron varios hombres de letras; cerca de Azcárate estaba el obrero asturiano, que aprendió en cuba el oficio de tabaquero,  Saturnino Martínez, un verdadero líder obrero de su época y autor de numerosas poesías y artículos publicados el semanario proletario “La Aurora”. En el Liceo, Azcárate se refirió alguna vez a que en ciertas órdenes religiosas unos de sus miembros leía en voz alta en el refectorio mientras el resto de la comunidad almorzaba. Sus palabras encontraron eco en los oyentes del Liceo, obviamente Saturnino Martínez las asumió en favor de los obreros y  de es forma de lectura. Por las fechas se reconoce que la lectura primero fue introducida en las galeras de prisión  de trabajadores “cigarreros” que había en el Arsenal del Apostadero de La Habana, y de allí pasó a los talleres de tabaquerías.

Al respecto dice el sabio cubano Fernando Ortiz, en El contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar que, según el  Reverendo Manuel Deulofeo, donde primero hubo un lector de tabaquería fue en la villa de Bejucal, en 1864, llamado Antonio Leal. Y que: “En La Habana la lectura se introdujo en las tabaquerías en 1865, a impulso de Nicolás Azcárate y fue la fábrica “El Fígaro”, la primera que permitió la lectura en sus talleres” Al año siguiente lo hizo Jaime Partagás en su taller. Luego serían muchas más.

“¡Pagar por oír hablar, pagar por oír leer!”, exclamaba muy pesimista el escritor  de (el periódico) El Siglo, pero su desconfianza fue infundada y en las tabaquerías se leyó cada día y los artesanos pagaron por leer”-escribe Fernando Ortiz.

Sobre su importancia dice el propio Fernando Ortiz: “Por medio de la lectura en alta voz el taller de la tabaquería ha tenido su órgano de propaganda interna. La primera lectura que se dio en una tabaquería de La Habana  fue la del libro titulado Las Luchas del Siglo.”

El sabio agrega: “La mesa de lectura de cada tabaquería fue, según dijo Marti, tribuna avanzada de la libertad. Cuando, en el año 1896, se agita Cuba revolucionaria contra el absolutismo borbónico y guerrea por su independencia, un bando gubernativo del 8 de junio de 1896 hace callar las tribunas tabaqueras.”

Pero, las lecturas y el lector de tabaquerías sufrieron vejámenes y suspensiones y amenazas por parte de las autoridades en distintas ocasiones. Se censuraron libros determinados y periódicos “inaceptables” por el colonialismo español. El gran opositor a esta modalidad cultural cubana fue el periódico “El Diario de la Marina” y le siguió semanario jocoso de  ”El Junipero”, burlándose del lector y sus escuchas.

La primera prohibición a las Lecturas de Tabaquería provino del Gobierno Político de La Habana y en su texto se disminuye la capacidad de entendimiento de los oyentes en forma ofensiva. Un párrafo decía: “Sucede también que de la lectura de los periódicos se pasa a la de los libros que contienen sofismas o máximas perjudiciales para la débil inteligencia de las personas que no poseen el criterio y estudio necesarios para juzgar con acierto las demostraciones de escritores, que pretendiendo cumplir la misión de instruir al pueblo, lo extravían muchas veces en grave daño de la paz de las familias”.

La lectura de tabaquería y el lector son figuras históricas cubanas que contribuyeron como pocas -en forma masiva-a elevar la cultura de muchas familias cubanas, ya que el tabaquero primero y los despalilladores (hombres y mujeres) después se llevaban a lo hogares la sabia del conocimiento y de sus gremios  y sindicatos después, surgieron importantes líderes cubanos, en uno u otro tiempo. Y aún siguen siendo activos consumidores  y vehículos populares de nuestra cultura y de la cultura universal.

Artículos Relacionados