EN HONOR A LA MEMORIA DE JUAN BOSCH

EL HOMBRE Y SU HISTORIA

JUAN BOSCH

por Max Puig

Juan Bosch ha muerto. Fue un hombre íntegro y riguroso, solidario y patriota; un trabajador infatigable, que le dio mucho a su país y al mundo. De su fecunda vida se harán muchos balances.

Cuando se escriba la historia habrá mucho que decir de Juan Bosch. En el empeño se ordenarán y clasificarán sus aportes. Desde ya su nombre está indisolublemente ligado a la formación del pensamiento social del pueblo dominicano, a la reafirmación de los valores, la identidad y la independencia nacionales y a la lucha por las libertades públicas, que son el soporte de la vida democrática.

Algunos pondrán el acento en su contribución a la comprensión de la sociedad dominicana. Sus análisis sobre las actitudes y comportamientos de clases, grupos sociales e individuos hicieron que, a partir deél, se leyeran la historia y el presente dominicanos con nuevos ojos, más abiertos.

Otros insistirán en el papel que jugó a favor de la educación, el desarrollo y el avance social. Se resaltará su rol en la construcción de la democracia dominicana. Sin embargo, otros pondrán de relieve las extraordinarias dotes literarias que le ganaron fama.

Observador penetrante, de fina sensibilidad, Bosch procuró entender y expresar a su pueblo. El campesino pobre es el protagonista de su obra literaria más temprana. Aprendió de él, bebió de su sabiduría, y trazó sus perfiles con maestría.

Juan Bosch, perfeccionista, amante del trabajo bien hecho, pasó de la literatura a la política sin abandonar su condición de orfebre de las letras. Cambiarían los instrumentos pero Bosch seguiría siendo el esteta, el ser sensible que siempre fue.

Al considerar a su pueblo como indefenso, atrapado en la ignorancia y un atraso secular, Bosch vio en la política un deber social. La concibió como una actividad seria y digna que debía contribuir al establecimiento de una sociedad más justa y democrática, peldaño necesario para liberar a los seres humanos de muchas de sus ataduras y limitaciones.

De ahí su profundo desprecio por cuantos hacen de la política un negocio. Su inflexible condena a corruptos y farsantes. Su voluntad de ver los mercaderes lejos del templo de la República.

Le tocó actuar en un siglo XX y una América Latina marcados por la confrontación entre autoritarismo y democracia. No limitó su defensa de la democracia a sus aspectos formales. La democracia social fue para él preocupación permanente. Enseñó civismo, enseñó respeto, enseñó democracia. Pero sobre todo, se empeñó en enseñar a pensar.

Cabeza del campo democrático dominicano a todo lo largo del siglo en que vivió, su vocación de servicio hizo que concibiera la política como una pedagogía democrática. Esa pedagogía exigía una comunicación adecuada. Su vasta cultura, su sensibilidad y conocimiento de su gente hicieron de él el maestro que esperaba la sociedad dominicana a raíz de la muerte del tirano Rafael Trujillo.

Más allá de sus considerables aportes en los campos del conocimiento, la política y la literatura habrá que prestarle mucha atención al hombre Bosch. En él hay un referente ético de enorme valor para los dominicanos de hoy y de mañana.

Bosch quiso un mejor destino para su país y puso todo su talento y energías al servicio de su causa. Batallador, cabalmente honrado y metódico en el cumplimiento de las tareas que se impuso, defendió sus ideas con firmeza y evitó comprometer los principios por los que luchó toda su vida.

Cargado de lauros, don Juan no se aisló en torre de marfil. Fue sencillo, humilde y siempre estuvo atento a los que de él quisieron aprender, No sucumbió a los desvaríos ante los que termina mucha gente. No le cegaron la fama ni el dinero.

Las pasiones políticas no le fueron ajenas. Como todo humano cometió errores, pero muchos quisieron detractarlo injustamente. Los nombres de quienes lo hicieron pasarán al olvido. El suyo, por el contrario, será recordado siempre. Para determinarlo, no habrá que esperar que se escriba la historia. Con su vida y su obra el propio Juan Bosch grabó su nombre en ella con letras mayúsculas.

Juan Bosch ha muerto. Ahora le pertenece a la Patria y es ejemplo para todos sus hijos e hijas.

(Escribí este artículo raíz del fallecimiento del profesor Juan Bosch el 1 de noviembre de 2001 y fue publicado en la edición de la revista ¡Ahora! del 11 de noviembre de 2001. Posteriormente, el texto fue incluido en el libro Pensar la Nación que publiqué en mayo de 2010. Lo reproduzco hoy, al cumplirse el 104º aniversario de su natalicio).

 

Balaguer, Peña y Bosch…

ARTICULO Y OPINIONES

Por espacio de medio siglo, Balaguer, Bosch y Peña Gómez dominaron el escenario político

Por espacio de medio siglo, Balaguer, Bosch y Peña Gómez dominaron el escenario político. En términos electorales los dos viejos caudillos polarizaron las simpatías populares solo en dos elecciones: las de 1966 y 1990, con 24 años de diferencia.

En el interregno hubo dos abstenciones electorales de aquel PRD liderado por Bosch, y luego, durante tres elecciones consecutivas, la lucha electoral fue encarnizada entre Balaguer y los candidatos perredeístas Antonio Guzmán, Jorge Blanco y Jacobo Majluta.

Bosch cayó en un tercer plano a partir de las elecciones de 1978 mientras le daba forma a una fuerza alternativa negada a masificarse y centrada en principios ideológicos incomprendidos en esa época confusa y de metodología política tan rudimentaria.

Mientras se consolidaba el liderazgo interno de Peña Gómez al margen de las trapacerías de “los blanquitos” que se disputaban el poder, se enconaban mucho más las intrigas y los odios entre el Profesor y su discípulo más aventajado, separados definitivamente en septiembre de 1973.

Zahorí de la política montonera de principios de siglo, Balaguer se ocupaba de meter baza en aquel primitivismo electoral alentando el surgimiento de aspiraciones internas en el PRD y haciendo lo posible para separar el liderazgo interno de ese partido mientras cortejaba “a su pana” Juan Bosch.

Y el profesor, ni corto ni perezoso, se dejaba cortejar como quinceañera coqueta a la vez que potenciaba su partido y se abría una brecha entre las dos grandes fuerzas electorales… Así transcurrieron 12 años, entre 1978 y 1990.

El primer enfrentamiento
Bosch y Balaguer se enfrentaron en condiciones desiguales en las elecciones de 1966 aún con las tropas de intervención norteamericanas en el país. Recién había terminado la guerra civil del ’65 y la represión puso en jaque al PRD y a su candidato.

Bosch hizo su campaña por radio, bajo un virtual encierro en su residencia de la avenida Independencia, protegido por tres o cuatro comandantes constitucionalistas –Fico Orsini, Pujols, Barahona— y algunos hombres ranas orientados por Montes Arache: Santiago, Aníbal López

Fue una campaña llena de violencia de ambos lados. En algunas demarcaciones del interior, Balaguer y su corta caravana fueron recibidos a tiros limpios.

El líder reformista, protegido por las tropas interventoras pero también en grandes riesgos, recorrió todo el país en una campaña exitosa con un lema de paz que al propio tiempo simbolizaba los cambios que exigía la población: ¡La Revolución sin Sangre…!

Los resultados llevaron a Balaguer al poder por 12 años… A Bosch, a un exilio voluntario que sin duda potenció el liderazgo de Peña Gómez a límites insospechados que pocos años después lo enfrentó con su mentor por el resto de la vida de ambos.

…Y Balaguer muerto de risa

Las elecciones de 1990 encontraron al PRD dividido (¿cuándo no?) entre Peña Gómez y Majluta que se disputaban las siglas del partido. Bosch aprovechó la brecha y coló una candidatura que amenazaba la reelección balaguerista.

Balaguer maniobró hábilmente para que las siglas del PRD quedaran en manos de Peña, que sin duda recuperaría– como en efecto ocurrió–, una parte sustancial de los votos liberales que se habían deslizado hacia el PLD por el conflicto interno perredeísta.

Y volvió a salirse con las suyas cuando el Profesor se negó a recibir el apoyo de Peña que se lo ofreció sin condiciones… ¡Lo traicionó otra vez el orgullo!

Cuatro años después, fuera Bosch de la competencia electoral aunque otra vez candidato, Balaguer volvió a dividir el voto liberal para quedarse en el poder… ¡Esa vez dicen que por fraude!

Dos años más tarde hizo que Peña perdiera al aliarse con el PLD para llevar a Leonel al poder.

Entonces… ¿quién es el que más sabe?

 

La sociedad dominicana se construyó sobre la base del miedo…

ARTICULO Y OPINIONES
La sociedad dominicana se construyó sobre la base del miedo, el odio y el resentimiento. Los españoles se impusieron a sangre y fuego, exterminaron la raza indígena, y desde entonces quedó sembrada en estas hermosas tierras las semillas del miedo, del odio y del resentimiento. Cuando tras siglos de dominio, sometimientos y pobreza, conquistamos la independencia, lo que vino fueron gobiernos anarquícos y avasalladores, que acrecentaron el miedo y el consecuente odio. Luego vinieron los dictadores: Lilís y Trujillo, y con ellos, más muertes, más miedo, más odio y más resentimiento. Trujillo llevó el miedo, el resentimiento y el odio a toda la sociedad. Los elevó, como el chisme, al Estado y desde el Estado los esparció a la sociedad entera. A su muerte, la nuestra era una sociedad infectada de miedo, de odio y de resentimiento. Juan Bosch, al regresar del exilio, en su primer discurso, dijo que había que matar el miedo, y lo dijo porque la democracia no se edifica sobre el miedo ni del odio. Pero el profesor fue derrocado y lo que vino en 1966 fue el balaguerismo con su represión, reforzando el miedo y el odio. Desgraciadamente, esa ha sido nuestra historia, una historia de crímenes, de saqueos, de dictaduras, de anarquías, de miedo, de odio y de resentimiento. Sin embargo, en la medida que hemos ido construyendo la democracia, la gente ha ido poco a poco perdiendo el miedo. La democracia es participación y elección. Es decisión. La gente decide y no debe decidir con miedo, sino en libertad. Con miedo nadie sueña ni avanza. El miedo encalla, paraliza. El miedo, junto con el odio, es enemigo del progreso del individuo y de la nación. El miedo se anula con la participación y el odio se combate con amor. El miedo, el odio y el resentimiento no son herramientas de la democracia; lo son de la dictadura. Construyamos una sociedad sin odio y sin miedo si queremos que el mundo sepa de nosotros. Estos no son tiempos de miedo ni de odio. Son tiempos de participación, de decisión, de libertad y de amor. Sólo así podemos sentirnos libres y avanzar.

 

Danilo… en su primer año

EL HOMBRE Y SU HISTORIA

English: Danilo Medina Lula

Es bueno que el Presidente no esté conforme con los logros del gobierno en su primer año. Es lo que indica que en los próximos tres años se duplicará el esfuerzo para mejorar cada cosa, para que haya menos pobres y para que este sea un mejor país.

Es verdad que la valoración del primer tramo del gobierno es excelente. Nadie puede negar que Danilo Medina y su equipo han hecho un esfuerzo para modificar muchas cosas que no andaban bien.

Y que se está haciendo “lo que nunca se hizo…” en áreas básicas como la educación, la salud, el adecentamiento de la función pública, el desarrollo humano…

Pero aún queda casi todo por hacer en un país con tan larga deuda social, atenazado por un déficit educacional que se remonta a los inicios de su propia existencia, con una parte de la población iletrada mientras avanza impetuoso el siglo de la tecnología digital.

El programa de alfabetización es bueno en tanto rescata de la indigencia escolar a decenas de miles de dominicanos analfabetas. Lo que de por sí habla de nuestro descuido histórico en materia educativa y explica la razón de nuestro atraso medular.

Ponerle atención a un problema que forma parte de nuestras estadísticas poblacionales más vergonzosas, ha sido un gran acierto del Presidente, y los resultados comienzan a verse.

El hecho de que en esta época más del 20 por ciento de la población del país sea analfabeta, constituye de por sí una grave denuncia sobre el descuido de los gobiernos pasados en un área tan sensible como la educación.

Era, entonces, un asunto de justicia social más que una iniciativa de políticas que requieren de otros parámetros en el sector educativo para lograr la inserción del país en la carrera hacia su desarrollo integral.

Se impuso el factor humano

En su primer año, Danilo ha gobernado teniendo en cuenta el factor humano. Eso explica no sólo su empeño para erradicar el analfabetismo, sino su política de acercamiento a los sectores más deprimidos de la sociedad en un cara a cara novedoso para gente que nunca antes había visto de cerca a un Presidente de la República.

No puede hablarse de improvisación en esa iniciativa pues en sus primeros días como Presidente visitó algunos barrios periféricos, y en el caso particular de La Barquita acudió varias veces a reuniones con los lugareños para disponer su traslado a un lugar fuera de las constantes amenazas de inundaciones.

Sus visitas sorpresas los fines de semanas a distintos sitios del interior han sido constantes, y en cada una de ellas resuelve algunos de los problemas más acuciantes de la población.

Danilo Medina ha sido, por lo menos en su primer año, un presidente distinto, cercano, que escucha a la gente y se identifica con los problemas de los más necesitados.

Cuestión de personalidad

He visto en televisión los últimos días comparaciones odiosas entre Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández.

Nada que ver uno con otro, a pesar del mismo origen partidario y formados bajo las enseñanzas del profesor Juan Bosch desde sus estudios universitarios.

Se trata de personalidades, estilos y visiones diferentes sobre el país y hasta con origen, formación y educación distinta. Leonel arrastra desde su infancia la grandilocuencia norteamericana, donde estudió sus primeros años… De ahí el “Nueva York Chiquito”.

Danilo, en cambio, es de un pueblito de San Juan, Arroyo Cano, donde estudió sus primeros años, y se ha distinguido siempre por resaltar su origen humilde sin haber hecho jamás ostentación de ninguna naturaleza a pesar de que ha sido figura de poder las últimas dos décadas.

Leonel es un académico distante, pensador y estratega, líder de gabinete,… Danilo, un armador cercano, de contacto directo y fino olfato político… Juntos forman un “one-two” electoral invencible en estos tiempos borrascosos…

¡…Y eso duele, compañero!

TOMADO DEL LISTIN DIARIO

MARGARITA: Una ingeniería política para un mejor PLD

ARTICULO Y OPINIONES

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Con la apertura de su VIII Congreso Ordinario, el Partido de la Liberación Dominicana entra en un período deintrospección profunda, bajo el esquema ideado por su fundador, el profesor Juan Bosch, quien diseñó “los métodos de trabajo más avanzados” para que el Partido se mantuviese a la vanguardia en el sistema político nacional.  El mismo profesor Bosch decía que los partidos debían evaluarse internamente y “prepararse para ver con claridad no sólo lo que sucede en torno suyo, sino además prever lo que sucederá […] detenerlo si está llamado a ser dañino, o acelerarlo si está llamado a serle útil al pueblo”. Es por ello que el Partido está volcando todos sus esfuerzos para el éxito de este evento y para la ejecución de las medidas que resulten del mismo.

Lo que se ha iniciado el pasado domingo en el Partido de la Liberación Dominicana es el método de trabajo más importante para el fortalecimiento institucional de sus estructuras, un nuevo acercamiento a los distintos sectores de la sociedad y una actualización de las doctrinas y líneas de pensamiento del PLD.

Y no es casual que se haya dedicado a uno de los hombres que más luchó, desde todos los escenarios, para que el PLD se abriera el camino hacia el ejercicio responsable del poder. El Comandante Norge Botello estuvo en la primera línea de defensa de los valores de la Patria y en el primer batallón que luchó para que este Partido sea hoy lo que es: la principal fuerza política de nuestro país.

Las expectativas hacia el resultado de este proceso de autoevaluación son altas y el proceso previo que se ha llevado a cabo ha asegurado una amplia participación de la militancia del partido en los 15 temas que fueron aprobados por el Comité Político, lo que constituye un ejercicio de democracia ejemplar a lo interno de esta organización.

Esta tarea de ingeniería política que hemos emprendido, se inicia en un momento particular para las democracias de nuestra región. Alrededor del mundo se plantean serios cuestionamientos a la representatividad política, a los sistemas electorales, al sistema de partidos, al modo de sufragio, a los árbitros electorales, a las campañas políticas y al ejercicio gubernamental. Se trata de un serio debate sobre los cimientos del contrato social que planteó Jean-Jacques Rousseau en el siglo XVIII.

Las recientes protestas en Chile, Brasil y Egipto, que han sido una secuela de la ola de protestas sucedidas en Medio Oriente que se conoció como la “Primavera Árabe”, han puesto en entredicho varios aspectos de la forma en que se relacionan los Partidos, el Gobierno y la Sociedad.

El proceso en el que se ha embarcado el Partido, resultará en una adecuación de sus estructuras partidarias a la realidad de un partido de masas, con el objetivo de continuar siendo un faro ideológico para los militantes, a la vez que una maquinaria electoral eficiente y eficaz.

Además, se replanteará la relación del Partido con la sociedad, de forma que promovamos un mínimo común denominador entre las múltiples aspiraciones y reclamos de los distintos sectores de la sociedad.

En ese tenor, el PLD trabajará arduamente con los jóvenes, quienes en las pasadas elecciones constituyeron el 32% de los votantes (18 a 30 años) y con las mujeres, quienes fueron el 50.8% del total de votos. Estos dos sectores son quienes impulsarán las políticas públicas que marcarán la diferencia en este siglo XXI.

Por otro lado, trabajaremos en el fortalecimiento de la capacidad del Partido de jugar su rol en el sistema político, dotando a sus estructuras de una mayor capacidad operativa. De esta manera, la tarea de gobernar no absorberá en tiempo los esfuerzos que puedan realizarse desde el Partido para una mejor sociedad.

No hay duda de que la hora de los cambios es difícil. El PLD está en un momento idóneo para analizarse y promover las transformaciones que sean necesarias, para mantenerse siendo el fiel representante de las aspiraciones de la sociedad dominicana. El PLD es y debe continuar siendo el partido que construye el país que la sociedad anhela.

El resultado del VIII Congreso Ordinario nos mantendrá como la principal fuerza política de la nación, para continuar con nuestra contribución a la democracia, misma que sirve al objetivo común de alcanzar el desarrollo integral de nuestra nación.

Margarita Cedeño De Fernández

 

ORLANDO DICE… El PLD será diferente, pero no distinto a sus integrantes

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@orlandogildice

DIFERENTE.- La documentación del VIII Congreso Ordinario Comandante Norge Botello hace pensar en la refundación de un partido que como el PLD pudo haber perdido su horizonte original después de tres mandatos de poder y uno en proceso. Los críticos de dentro y de fuera hablan de los propósitos iniciales y de las enseñanzas de Juan Bosch, pero lo hacen por fastidiar, sabiendo que eso no solo es difícil, sino imposible. La teoría del cangrejo lo explica todo y más. Entre el 1973 y 2013 median cuarenta años, y no hay manera de retrotraerlo, ni siquiera con poesía. Escribió Pablo Neruda que “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. El partido que surja del vientre de este proceso será diferente en algunas de sus formas, pero nunca distinto a los hombres y las mujeres que lo integran. Acaso se pondrán en blanco y negro las nuevas nociones, y se justificarán mediante normas las desviaciones de los años de poder. Si fuera otro el partido que se gestara, entonces los cambios deberían entrañar al personal de dirección, y por lo que se adelanta, todos sus altos dirigentes se quedarán…

EL CAMBIO.- Por alguna razón recóndita, y mucho más inexplicable desde entonces, el PRD de 1978 puso de moda una novela que se suponía superada: El Gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa. La frase de Tancredi, uno de los personajes memorables, lo dijo todo, y lo sigue diciendo al discurrir de los años, desde Il Risorgimento italiano hasta estos días, en que todo se disimula desde el poder: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Conociendo la situación social de los peledeístas de ahora, que es diferente a la de entonces, Lampedusa y no Bosch debe ser su lectura obligada. Habrá que ver como dan la vuelta, pero no solo para mantener la hegemonía de poder, sino para conservar la cohesión de sus miembros, entre los que se cuentan de todos, pues los guiños de la fortuna no fueron iguales para todos. Ya no hay hijos de Machepa, de eso no hay dudas, pero hay unos Tutumpotes que exhiben riquezas impensables en un partido que se planteó la liberación nacional o llevar a cabo la obra inconclusa de Juan Pablo Duarte

LO NUEVO.- El nombre del congreso podría ser un indicativo, porque Botello no fue un hombre de ideas, sino de acción, y uno de sus compañeros, queriendo hacerse más gracioso de la cuenta, propuso la moción, y fue aprobada, de que se le agregara el título de comandante. De manera que en el proceso que lleva hasta marzo lo que menos habrá serán reflexiones profundas y sí mucha adecuación táctica a los nuevos tiempos y a la proclamada intención de mantenerse en el poder durante 20 años más. El modelo del peledeísta ya no podrá ser como en otra época un teórico como Carlos Amarante Baret, queriendo asumir como doctrina a Bosch, sino un político práctico y con sentido de poder como Félix Bautista. Con razón muchos peledeístas de la vieja escuela se rasgan las vestiduras, y dicen más para sí que para otros: Lo veo y no lo creo. Los Félix Bautista llegaron para quedarse, y eso explica que el grupo del ex presidente Leonel Fernández sea uno de los imponderables de cualquier situación. Se vio en la dirección de las cámaras y se espera suceda igual en el VIII Congreso…

INTEGRANTES.- El VIII Congreso dará mucho de que hablar, pues en su transcurso se discutirán 15 asuntos ñcomo dicen ahorañ puntuales. Sin embargo, ese ejercicio no será lo crucial. Lo importante y decisivo será la nueva composición de los comités Político y Central. Nadie saldrá, pero intriga quienes entrarán, y no por ellos, sino por la forma y sobre todo por el patrocinio. No debe olvidarse que por mucho que se disimule en el interior del PLD hay una lucha entre dos sectores que como en la voz de Patxi Andión: “se soportan amistosos, más no son una canción”. El pulso está planteado aunque no lo quieran, pues el poder no necesita de la libre voluntad los hombres, sino de su circunstancia. La circunstancia del VIII Congreso no solo será memorable, sino que sus confrontaciones grandes o pequeñas permitirán entrever el 2016. El PLD que surja del VIII Congreso tendrá el sello del 2016, para bien o para mal, ya que Leonel Fernández y su gente van a tratar de adelantar lo más que puedan, y Danilo y los suyos no podrán dejarlos hacer, dejarlos pasar…

 

Leonel entre los grandes

ARTICULO Y OPINIONES
  • César Medina 

José Báez Guerrero observaba ayer un fenómeno tan interesante como sintomático: Leonel Fernández ha sido incorporado a la exclusiva lista de los líderes más calumniados que ha tenido la República en medio siglo de historia.

Sus distinguidos compañeros son tres, precisamente los más grandes líderes que ha tenido el país en estos últimos 50 años: Juan Bosch, Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez

Leonel integra la cuarteta contra la que se ha ensañado la mediocridad nacional desde que en 1961 –hace 52 años– retornó la democracia después de tres décadas de tiranía.

No vaya nadie a pensar que todo esto es fortuito… Es producto de nuestras miserias humanas, de nuestra extraordinaria capacidad para enlodar conductas, para destruir honras, para incomprender noblezas…

Los cuatro han dominado el escenario político nacional. Dos de ellos –Balaguer y Leonel– han gobernado por 34 años, y por eso han sido los más vituperados.

A Peña Gómez, que nunca fue presidente, lo negrearon hasta la muerte… Y hasta la nacionalidad le negaron con el fin de descalificarlo para asumir el poder.

Pero con Bosch tampoco tuvieron piedad para atribuirle falsamente debilidades con las que jamás se vio tentado debido a su pureza y desinterés absoluto por los bienes materiales.

¡Con Balaguer…impiadosos!
De Balaguer no se ha respetado ni siquiera su memoria. Sólo Leonel ha cargado como él con tantos vituperios y acusaciones de enriquecimiento ilícito…

Balaguer murió sin un chele, pero por más de 50 años sus detractores le atribuyeron todos los robos imaginables contra el Erario.

Y aún después de su muerte, a la mediocridad le cuesta comprender que la grandeza de hombres de su talla no radica en los teneres materiales.

Balaguer se crecía en el insulto y la descalificación falaz, lo mismo que pasa actualmente con Leonel.

Ganó seis elecciones presidenciales mientras su figura se elevaba ante las descalificaciones de quienes se desgañitaban sin poder alcanzar su grandeza.  Murió a los 95 años conservando tanta influencia en la oposición como ostentó estando en el poder.

Su nombre está escrito en la historia dominicana con alto relieve… Sus detractores son cada vez más pequeños.

Peña Gómez y Juan Bosch
Peña Gómez es considerado el más grande líder de masas que ha tenido el país. Y Juan Bosch el maestro político de generaciones de dominicanos que elevan su imagen como ejemplo de seriedad y honestidad políticas.

Pero ambos han sido también víctimas de la maledicencia de intelectuales mediocres que se empequeñecen a su lado. De Bosch han dicho de todo; de Peña, más todavía…

Balaguer lo dio todo por la política y por el poder… Al morir no dejó bienes materiales de    ninguna naturaleza, y lo poco que tenía –un viejo caserón y sus libros– los donó a la academia y a la caridad pública.

Leonel no tiene riquezas materiales -eso lo saben sus enemigos–, porque ni siquiera la Fundación Global donde trabaja es de su propiedad por ser una sociedad académica sin fines de lucro.

Quizás cuando muera –dentro de 40 años– la mediocridad intelectual le reconocerá su grandeza.

¡Mientras tanto, se honra con tan ilustre compañía!

 

BOSCH: SU AUTOBIOGRAFÍA POLÍTICA, LA HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DEL PRD Y DE LOS ORÍGENES DEL PLD

EL HOMBRE Y SU HISTORIA

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Juan Bosch, en su libro “PLD un Partido Nuevo en América” narra la historia de la fundación del PRD, en Cuba 1939, y toda la trayectoria por la que paso ese partido mientras estuvo al frente de su dirección y de las causas que lo llevaron a abandonarlo(PRD) en 1973, el Partido que fundara juntos a otros dominicanos en 1938, entre ellos, el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez, para fundar un nuevo Partido(PLD) que estuvieran en condiciones políticas e ideológicas para completar la obra de Juan Pablo Duarte, que era la liberación económica, política de la República Dominicana. También, en este libro, el Profesor Juan Bosch hace una especie de autobiografía política. Contando en qué momento y en qué circunstancias se inicia en la política militante, asumiendo el reto de luchar por su patria para liberarla de la dictadura oprobiosa de Trujillo y darles a los dominicanos y dominicanas una vida más justa y digna. Pero lo más importante de este libro, es que a través de su lectura podemos darle seguimiento a la evolución del pensamiento social y político de Juan Bosch.
Informamos a nuestros amigos lectores que nos siguen día a día con mucha atención por la web, que a partir de hoy, por considerarlo sumamente importante para poder comprender el pensamiento de Bosch y su evolución, le presentaremos a través del blog: “Circulo de estudio Profesor Juan Bosch” capitulo por capitulo, el libro”PLD un Partido Nuevo En América”. Esperamos que lo disfruten
EL PLD: UN PARTIDO NUEVO EN AMÉRICA ((Primera entrega)
Juan Bosch
¿POR QUÉ SE HA ESCRITO ESTE LIBRO?
Por varias razones. Una de ellas es proporcionarles a los miembros del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que ingresaron en él años después de haber sido fundado el conocimiento de las causas de su fundación, porque ese conocimiento fortalece en ellos su sentimiento partidista; otra razón es la necesidad de dejar constancia, para que lo tomen en cuenta, de manera especial los que piensan que el PLD es un partido del tipo del Reformista Social Cristiano (PRSC), o del Revolucionario Dominicano (PRD), que en nuestro país hay por lo menos una organización política que ha creado normas de organización absolutamente nuevas, que no eran conocidas en la República Dominicana pero tampoco en otros lugares de América, lo que quiere decir que la manera como se ha organizado y funciona el PLD ha sido una creación política puramente nacional…  VER MAS

 

EN HONOR A LA MEMORIA DE JUAN BOSCH

EL HOMBRE Y SU HISTORIA

JUAN BOSCH 

por Max Puig

Juan Bosch ha muerto. Fue un hombre íntegro y riguroso, solidario y patriota; un trabajador infatigable, que le dio mucho a su país y al mundo. De su fecunda vida se harán muchos balances.

Cuando se escriba la historia habrá mucho que decir de Juan Bosch. En el empeño se ordenarán y clasificarán sus aportes. Desde ya su nombre está indisolublemente ligado a la formación del pensamiento social del pueblo dominicano, a la reafirmación de los valores, la identidad y la independencia nacionales y a la lucha por las libertades públicas, que son el soporte de la vida democrática.

Algunos pondrán el acento en su contribución a la comprensión de la sociedad dominicana. Sus análisis sobre las actitudes y comportamientos de clases, grupos sociales e individuos hicieron que, a partir de él, se leyeran la historia y el presente dominicanos con nuevos ojos, más abiertos.

Otros insistirán en el papel que jugó a favor de la educación, el desarrollo y el avance social. Se resaltará su rol en la construcción de la democracia dominicana. Sin embargo, otros pondrán de relieve las extraordinarias dotes literarias que le ganaron fama.

Observador penetrante, de fina sensibilidad, Bosch procuró entender y expresar a su pueblo. El campesino pobre es el protagonista de su obra literaria más temprana. Aprendió de él, bebió de su sabiduría, y trazó sus perfiles con maestría.

Juan Bosch, perfeccionista, amante del trabajo bien hecho, pasó de la literatura a la política sin abandonar su condición de orfebre de las letras. Cambiarían los instrumentos pero Bosch seguiría siendo el esteta, el ser sensible que siempre fue.

Al considerar a su pueblo como indefenso, atrapado en la ignorancia y un atraso secular, Bosch vio en la política un deber social. La concibió como una actividad seria y digna que debía contribuir al establecimiento de una sociedad más justa y democrática, peldaño necesario para liberar a los seres humanos de muchas de sus ataduras y limitaciones.

De ahí su profundo desprecio por cuantos hacen de la política un negocio. Su inflexible condena a corruptos y farsantes. Su voluntad de ver los mercaderes lejos del templo de la República.

Le tocó actuar en un siglo XX y una América Latina marcados por la confrontación entre autoritarismo y democracia. No limitó su defensa de la democracia a sus aspectos formales. La democracia social fue para él preocupación permanente. Enseñó civismo, enseñó respeto, enseñó democracia. Pero sobre todo, se empeñó en enseñar a pensar.

Cabeza del campo democrático dominicano a todo lo largo del siglo en que vivió, su vocación de servicio hizo que concibiera la política como una pedagogía democrática. Esa pedagogía exigía una comunicación adecuada. Su vasta cultura, su sensibilidad y conocimiento de su gente hicieron de él el maestro que esperaba la sociedad dominicana a raíz de la muerte del tirano Rafael Trujillo.

Más allá de sus considerables aportes en los campos del conocimiento, la política y la literatura habrá que prestarle mucha atención al hombre Bosch. En él hay un referente ético de enorme valor para los dominicanos de hoy y de mañana.

Bosch quiso un mejor destino para su país y puso todo su talento y energías al servicio de su causa. Batallador, cabalmente honrado y metódico en el cumplimiento de las tareas que se impuso, defendió sus ideas con firmeza y evitó comprometer los principios por los que luchó toda su vida.

Cargado de lauros, don Juan no se aisló en torre de marfil. Fue sencillo, humilde y siempre estuvo atento a los que de él quisieron aprender, No sucumbió a los desvaríos ante los que termina mucha gente. No le cegaron la fama ni el dinero.

Las pasiones políticas no le fueron ajenas. Como todo humano cometió errores, pero muchos quisieron detractarlo injustamente. Los nombres de quienes lo hicieron pasarán al olvido. El suyo, por el contrario, será recordado siempre. Para determinarlo, no habrá que esperar que se escriba la historia. Con su vida y su obra el propio Juan Bosch grabó su nombre en ella con letras mayúsculas.

Juan Bosch ha muerto. Ahora le pertenece a la Patria y es ejemplo para todos sus hijos e hijas. 

(Escribí este artículo raíz del fallecimiento del profesor Juan Bosch el 1 de noviembre de 2001 y fue publicado en la edición de la revista ¡Ahora! del 11 de noviembre de 2001. Posteriormente, el texto fue incluido en el libro Pensar la Nación que publiqué en mayo de 2010. Lo reproduzco hoy, al cumplirse el 104º aniversario de su natalicio).

 

 

CUENTO DE JUAN BOSCH: LUIS PIE

EL HOMBRE Y SU HISTORIA

EN HONOR A LA MEMORIA DE JUAN BOSCH EN EL 104 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

RESUMEN CUENTO DE BOSCH  LUIS PIE 

A eso de las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentía la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle. Medio ciego por el dolor de cabeza y la debilidad, Luis Pie se sentó en el suelo, sobre las secas hojas de la caña, rayó un fósforo y trató de ver la herida. Allí estaba, en el dedo grueso de su pie derecho. Se trataba de una herida que no alcanzaba la pulgada, pero estaba llena de lodo. Se había cortado el dedo la tarde anterior, al pisar un pedazo de hierro viejo mientras tumbaba caña en la colonia Josefita.
Un golpe de aire apagó el fósforo, y el haitiano encendió otro. Quería estar seguro de que el mal le había entrado por la herida y no que se debía a obra de algún desconocido que deseaba hacerle daño. Escudriñó la pequeña cortada, con sus ojos cargados por la fiebre, y no supo qué responderse; después quiso levantarse y andar, pero el dolor había aumentado a tal grado que no podía mover la pierna.
Esto ocurría el sábado, al iniciarse la noche. Luis Pie pegó la frente al suelo, buscando el fresco de la tierra, y cuando la alzó de nuevo le pareció que había transcurrido mucho tiempo. Hubiera querido quedarse allí descansando; mas de pronto el instinto le hizo salir la cabeza.
—Ah… Pití Mishé ta eperan a mué —dijo con amargura.
Necesariamente debía salir al camino, donde tal vez alguien le ayudaría a seguir hacia el batey; podría pasar una carreta o un peón montado que fuera a la fiesta de esa noche.
Arrastrándose a duras penas, a veces pegando el pecho a la tierra, Luis Pie emprendió el camino. Pero de pronto alzó la cabeza: hacia su espalda sonaba algo como un auto. El haitiano meditó un minuto. Su rostro brillante y sus ojos inteligentes se mostraban angustiados. ¿Habría perdido el rumbo debido al dolor o la oscuridad lo confundía? Temía no llegar al camino en toda la noche, y en ese caso los tres hijitos le esperarían junto a la hoguera que Miguel, el mayor, encendía de noche para que el padre pudiera prepararles con rapidez harina de maíz o les salcochara plátanos, a su retorno del trabajo. Si él se perdía, los niños le esperarían hasta que el sueño los aturdiera y se quedarían dormidos allí, junto a la hoguera consumida.
Luis Pie sentía a menudo un miedo terrible de que sus hijos no comieran o de que Miguel, que era enfermizo, se le muriera un día, como se le murió la mujer. Para que no les faltara comida Luis Pie cargó con ellos desde Haití, caminando sin cesar, primero a través de las lomas, en el cruce de la frontera dominicana, luego a lo largo de todo el Cibao, después recorriendo las soleadas carreteras del Este, hasta verse en la región de los centrales de azúcar.
—¡Oh, Bonyé! —gimió Luis Pie con la frente sobre el brazo y la pierna sacudida por temblores—, pití Mishé va a ta eperán to la noche a son per.
Y entonces sintió ganas de llorar, a lo que se negó porque temía entregarse a la debilidad. Lo que debía hacer era buscar el rumbo y avanzar. Cuando volvió a levantar la cabeza ya no se oía el ruido del motor.
—No, no ta sien pallá; ta sien pacá —afirmó resuelto. Y siguió arrastrándose, andando a veces a gatas.
Pero sí había pasado a distancia un motor. Luis Pie llegó de su tierra meses antes y se puso a trabajar, primero en la Colonia Carolina, después en la Josefita; e ignoraba que detrás estaba otra colonia, la Gloria, con su trocha medio kilómetro más lejos, y que don Valentín Quintero, el dueño de la Gloria, tenía un viejo Ford en el cual iba al batey a emborracharse y a pegarles a las mujeres que llegaban hasta allí, por la zafra, en busca de unos pesos. Don Valentín acababa de pasar por aquella trocha en su estrepitoso Ford; y como iba muy alegre, pensando en la fiesta de esa noche, no tomó en cuenta, cuando encendió el tabaco, que el auto pasaba junto al cañaveral. Golpeando en la espalda al chofer, don Valentín dijo:
—Esa Lucía es una sinvergüenza, sí señor, ¡pero qué hembra!
Y en ese momento lanzó el fósforo, que cayó encendido entre las cañas. Disparando ruidosamente el Ford se perdió en dirección del batey para llegar allá antes de que Luis Pie hubiera avanzado trescientos metros.
Tal vez esa distancia había logrado arrastrarse el haitiano. Trataba de llegar a la orilla del corte de la caña, porque sabía que el corte empieza siempre junto a una trocha; iba con la esperanza de salir a la trocha cuando notó el resplandor. Al principio no comprendió; jamás había visto él un incendio en el cañaveral. Pero de pronto oyó chasquidos y una llamarada gigantesca se levantó inesperadamente hacia el cielo, iluminando el lugar con un tono rojizo. Luis Pie se quedó inmóvil del asombro. Se puso de rodillas y se preguntaba qué era aquello. Mas el fuego se extendía con demasiada rapidez para que Luis Pie no supiera de qué se trataba. Echándose sobre las cañas, como si tuvieran vida, las llamas avanzaban ávidamente, envueltas en un humo negro que iba cubriendo todo el lugar; los tallos disparaban sin cesar y por momentos el fuego se producía en explosiones y ascendía a golpes hasta perderse en la altura. El haitiano temió que iba a quedar cercado. Quiso huir. Se levantó y pretendió correr a saltos sobre una sola pierna. Pero le pareció que nada podría salvarle.
—¡Bonyé, Bonyé! —empezó a aullar, fuera de sí; y luego, más alto aún:
—¡Bonyéeeee!
Gritó de tal manera y llegó a tanto su terror, que por un instante perdió la voz y el conocimiento. Sin embargo siguió moviéndose, tratando de escapar, pero sin saber en verdad qué hacía. Quienquiera que fuera, el enemigo que le había echado el mal se valió de fuerzas poderosas. Luis Pie lo reconoció así y se preparó a lo peor.
Pegado a la tierra, con sus ojos desorbitados por el pavor, veía crecer el fuego cuando le pareció o ir tropel de caballos, voces de mando y tiros. Rápidamente levantó la cabeza. La esperanza le embriagó.
—¡Bonyé, Bonyé —clamó casi llorando—, ayuda a mué, gran Bonyé; tú salva a mué de murí quemá!
¡Iba a salvarlo el buen Dios de los desgraciados! Su instinto le hizo agudizar todos los sentidos. Aplicó el oído para saber en qué dirección estaban sus presuntos salvadores; buscó con los ojos la presencia de esos dominicanos generosos que iban a sacarlo del infierno de llamas en que se hallaba. Dando la mayor amplitud posible a su voz, gritó estentóreamente:
—¡Dominiquén bon, aquí ta mué, Luí Pie! ¡Salva a mué, dominiquén bon!
Entonces oyó que alguien vociferaba desde el otro lado del cañaveral. La voz decía:
—¡Por aquí, por aquí! ¡Corran, que está cogió! ¡Corran, que se puede ir!
Olvidándose de su fiebre y de su pierna, Luis Pie se incorporó y corrió. Iba cojeando, dando saltos, hasta que tropezó y cayó de bruces. Volvió a pararse al tiempo que miraba hacia el cielo y mascullaba:
—Oh Bonyé, gran Bonyé que ta ayudan a mué…
En ese mismo instante la alegría le cortó el habla, pues a su frente, irrumpiendo por entre las cañas, acababa de aparecer un hombre a caballo, un salvador.
—¡Aquí está, corran! —demandó el hombre dirigiéndose a los que le seguían.
Inmediatamente aparecieron diez o doce, muchos de ellos a pie y la mayoría armada de mochas. Todos gritaban insultos y se lanzaban sobre Luis Pie.
—¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano! —se oyó vociferar.
Puesto de rodillas, Luis Pie, que apenas entendía el idioma, rogaba enternecido:
—¡Ah dominiquén bon, salva a mué, salva a mué pa lleva manyé a mon pití!
Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente.
—¿Qué ta pasán? —preguntó Luis Pie lleno de miedo.
—¡No, no! —ordenaba alguien que corría—. ¡Dénles golpes, pero no lo maten! ¡Hay que dejarlo vivo para que diga quiénes son sus cómplices! ¡Le han pegado fuego también a la Gloria!
El que así gritaba era don Valentín Quintero, y él fue el primero en dar el ejemplo. Le pegó al haitiano en la nariz, haciendo saltar la sangre. Después siguieron otros, mientras Luis Pie, gimiendo, alzaba los brazos y pedía perdón por un daño que no había hecho. Le encontraron en los bolsillos una caja con cuatro o cinco fósforos.
—¡Canalla, bandolero; confiesa que prendiste candela!
—Uí, uí —afirmaba él haitiano. Pero como no sabía explicarse en español no podía decir que había encendido dos fósforos para verse la herida y qué el viento los había apagado.
¿Qué había ocurrido? Luis Pié no lo comprendía. Su poderoso enemigo acabaría con él; le había echado encima a todos los terribles dioses de Haití, y Luis Pie, que temía a esas fuerzas ocultas, no iba a luchar contra ellas porque sabía que era inútil!
—¡Levántate, perro! —ordenó un soldado.
Con gran asombro suyo, el haitiano se sintió capaz de levantarse. La primera arremetida de la infección había pasado, pero él lo ignoraba. Todavía cojeaba bastante cuando dos soldados lo echaron por delante y lo sacaron al camino; después, a golpes y empujones, debió seguir sin detenerse, aunque a veces le era imposible sufrir el dolor en la ingle.
Tardó una hora en llegar al batey, donde la gente se agolpó para verlo pasar. Iba echando sangre por la cabeza, con la ropa desgarrada y una pierna a rastras. Se le veía qué no podía ya mas, que estaba exhausto y a punto de caer desfallecido.
El grupo se acercaba a un miserable bohío de yaguas paradas, en el que apenas cabía un hombre y en cuya puerta, destacados por una hoguera que iluminaba adentro la vivienda, estaban tres niños desnudos que contemplaban la escena sin moverse y sin decir una palabra.
Aunque la luz era escasa todo el mundo vio a Luis Pie cuando su rostro pasó de aquella impresión de vencido a la de atención; todo el mundo vio el resplandor del interés en sus ojos. Era tal el momento que nadie habló. Y de pronto la voz de Luis Pie, una voz llena de angustia y de ternura, se alzó en medio del silencio, diciendo:
—¡Pití Mishé, mon pití Mishé! ¿Tú no ta enferme, mon pití? ¿Tú ta bien?
El mayor de los niños, que tendría seis años y que presenciaba la escena llorando amargamente, dijo entre llanto, sin mover un músculo, hablando bien alto:
—¡Sí, per; yo ta bien; to nosotro ta bien, mon per! Y se quedó inmóvil, mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
Luis Pie, asombrado de que sus hijos no se hallaran bajo el poder de las tenebrosas fuerzas que le perseguían, no pudo contener sus palabras.
—¡Oh Bonyé, tú sé gran! —clamó volviendo al cielo una honda mirada de gratitud.
Después abatió la cabeza, pegó la barbilla al pecho que no lo vieran llorar, y empezó a caminar de nuevo, arrastrando su pierna enferma.
La gente que se agrupaba alrededor de Luis Pie era mucha y pareció dudar entre seguirlo o detenerse para ver a los niños; pero como no tardó en comprender que el espectáculo que ofrecía Luis Pie era más atrayente, decidió ir tras él. Sólo una muchacha negra de acaso doce años se demoró frente a la casucha. Pareció que iba a dirigirse hacia los niños; pero al fin echó a correr tras la turba, que iba doblando una esquina. Luis Pie había vuelto el rostro, sin duda para ver una vez más a sus hijos, y uno de los soldados pareció llenarse de ira.
—¡Ya ta bueno de hablar con la familia! —rugía el soldado.
La muchacha llegó al grupo justamente cuando el militar levantaba el puño para pegarle a Luis Pie, y como estaba asustada cerró los ojos para no ver la escena. Durante un segundo esperó el ruido. Pero el chasquido del golpe no llegó a sonar. Pues aunque deseaba pegar, el soldado se contuvo. Tenía la mano demasiado adolorida por el uso que le había dado esa noche, y, además, comprendió que por duro que le pegara Luis Pie no se daría cuenta de ello.
No podía darse cuenta, porque iba caminando como un borracho, mirando hacia el cielo y hasta ligeramente sonreído.