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Mariátegui y la Revolución Permanente

Este artículo se publicó originalmente en el n 6 de América Socialista (agosto 2012) y analiza el pensamiento de Jose Carlos Mariátegui en relación a la estrategia de la revolución en países capitalistas atrasados.

Archivo José Carlos Maríategui, Lima, Peru (www.mariategui.org)“La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista.” JC Mariátegui Aniversario y balance
Una gran paradoja envuelve el pensamiento de José Carlos Mariátegui. El hombre que buscó el camino de la revolución latinoamericana sin “calco ni copia” de otras experiencias de emancipación, compartió, “calco y copia”, el destino de otros grandes revolucionarios: perseguidos, calumniados y acogidos con odio en vida, para ser luego convertidos en iconos inofensivos “castrando el contenido de su doctrina revolucionaria” después de su muerte. Esta su misma famosa invocación a construir la revolución latinoamericana como “creación heroica” y no repetición a pie de la letra de ejemplos revolucionarios que irradiaban de Europa, ha sido utilizada no para impulsar el estudio concreto de la realidad concreta de nuestra América, como Mariátegui quiso e hizo aplicando de manera brillante el método del marxismo, sino para cometer ciegamente los mismos errores que se habían cometido en otros lugares, persiguiendo utopías reformistas.
Las aportaciones de Mariátegui conservan toda su fuerza y siguen siendo imprescindible para quienes afronten los grandes problemas de la revolución latinoamericana, sus características y destino, además de sus peculiaridades como la cuestión nacional indígena. Mariátegui cometió errores muy comunes en su época como el despreocuparse por la escisión que maduraba en el Partido Comunista de la Unión Soviética, la concepción del incario como “comunismo primitivo” o el afrontar la cuestión nacional como una cuestión de “raza”, una concesión verbal a teorías positivistas e idealistas que sin embargo no mengua su visión concreta y política del problema.
Sin embargo, la lectura atenta de sus obras, en que, como una vez dijo Gramsci, Mariátegui demostraba de ser aquellos que aprenden un libro a la vez y son mejores que los que olvidan un libro a la vez, no justifica la imagen de “marxismo romántico” con que se ha pretendido liquidar al marxista peruano. Valga para él el epitafio que Lenin escribió para Rosa Luxemburgo: “Puede suceder que las águilas vuelen más bajo que las gallinas, pero una gallina jamás puede remontar vuelo como un águila”.
El camino al marxismo
Mariátegui nació el 14 de junio de 1894 en Moquegua, en el extremo sur del Perú, una región agrícola e indígena, tierra de pisco y minería, la capital del cobre peruano. Su familia era muy humilde y a pesar de que José Carlos se convertiría muy pronto en el teórico fundamental del movimiento obrero peruano, su infancia pobre le obligó a interrumpir los estudios de manera muy temprana. Un accidente ocurrido a los 8 años lo forzará por toda su breve vida a sufrir problemas en la pierna izquierda, que le fue posteriormente amputada. Aun así logró comenzar una carrera en el periodismo, empezando primeramente como ayudante linotipista y luego, en 1914, como articulista de La Prensa.
En 1919 funda con Cesar Falcón un diario, La Razón, desde cuyas columnas propagandiza una oposición radical al gobierno de Leguía que había disuelto el Congreso auto-nombrándose Presidente provisorio. El periódico La Razón fue cerrado y algunos de sus redactores, entre los cuales se encontraba Mariátegui, obtuvieron becas para viajar al exterior, que eran realmente condenas al exilio. Así Mariátegui pudo viajar a Italia donde llegó para vivir el proceso revolucionario recordado como “bienio rojo”, marcado por una oleada de huelgas obreras en las ciudades del norte y ocupaciones de tierras en el centro y en el sur.
En 1920 tras una serie de inútiles negociaciones por el aumento salarial, la Confederación General de la Industria, el gremio de los empresarios italianos, decidió recurrir al Lock Out, el cierre patronal de las empresas. La organización sindical de los metalúrgicos (FIOM) respondió con la ocupación de las fábricas. Alrededor de 400 fábricas en el norte del país fueron tomadas por obreros armados y organizados en milicias de autodefensa (las guardias rojas) y en los Consejos de Fábricas, los organismos de poder obrero que Gramsci había prefigurado desde las páginas de la revista L’Ordine Nuovo (Nuevo Orden) de Turín.
Sin embargo ni la central sindical ni el Partido Socialista supieron aprovechar esta situación orientando, organizando y dirigiendo el proletariado y los campesinos a la toma del poder, como hizo en Rusia el Partido Bolchevique. Mientras por un lado el Partido Socialista y la dirección del sindicato negociaban con el gobierno, por el otro lado los industriales y terratenientes intensificaban su apoyo a las bandas fascistas de Mussolini, dispuestos a cederles el poder político para salvaguardar el régimen capitalista de explotación.
Las vacilaciones de la dirección política del proletariado sembraron frustración en la clase media la cual, si bien en un inicio simpatizaba con la revolución socialista fue luego acercándose a la demagogia fascista que combinaba la represión violenta de las organizaciones del movimiento obrero con una fraseología anti burguesa. Era la demagogia del orden opuesto al caos, provocado no por la revolución sino por su vacilación a la hora de lanzarse a la conquista del poder. En 1921 tras un acuerdo, que nunca fue aplicado, sobre el tema salarial y del control obrero que sirvió a la dirección reformista del PS para desmovilizar la revolución, el propio PS sufrió una escisión en la que las corrientes filo soviéticas encabezadas por Gramsci y Bordiga, abandonaron el Congreso de Livorno para fundar el Partido Comunista de Italia.
Mariátegui vivió en primera persona todos estos acontecimientos, relatándolos para los lectores peruanos del diario El Tiempo de Lima. En sus artículos, recopilados y publicados con el titulo Cartas de Italia, Mariátegui se muestra todavía neutral respecto a los hechos que vive y narra sin expresar sus convicciones, aun manifestando una profunda admiración para Gramsci y un gran interés por todos los temas que acompañaron la escisión de Livorno y el ascenso del fascismo. La experiencia italiana será fundamental en el aprendizaje de Mariátegui, lo familiarizará con cuestiones centrales para el marxismo como la imposible colaboración de clases, la táctica del frente único, la conquista del poder, la amenaza del fascismo. En Italia conoce también a la mujer que será su esposa, la genovesa Anna Chiappa. El periodo italiano completa un proceso de maduración y acercamiento al marxismo que el propio Mariátegui describió con estas palabras: “desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo[1]”.
Todavía en Italia funda la primera Célula Comunista Peruana, junto a otros exiliados como Falcón. Regresado a Perú empieza su febril labor de publicista y organizador político, primeramente como director de Claridad, el periódico cofundado por Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre – exiliado en México – para luego ser el principal impulsor y teórico de la constitución del Partido Socialista Peruano en 1928 y de la Confederación General de los Trabajadores de Perú el año siguiente. Es precisamente en la cúspide de su actividad política cuando empiezan las fricciones con la Internacional Comunista, en pleno proceso de degeneración. Una recaída de la enfermedad que lo había privado de una pierna y las maniobras burocráticas del Buró Político de la Internacional en Sudamérica, impiden a Mariátegui afrontar personalmente esta batalla política y por su supervivencia… LEER MAS

 

La revolución es un hermoso monstruo de mil cabezas

Entrevista a Michel Löwy
IHU
Todavía hoy encontramos en la izquierda esa visión idealista, neo-hegeliana que hace del filósofo, de la vanguardia o del partido, la «cabeza» de la revolución, afirma el sociólogo.Interrogado sobre los principales límites del pensamiento marxista y sobre el hecho de que el marxismo sea visto por muchos sectores académicos como retrógrado, Michel Löwy, en la entrevista que le concediera por e-mail al IHU On Line, subraya que el marxismo es un pensamiento en movimiento, que trata de superar los límites que se hallan presentes en la propia obra de Marx y de Engels «por ejemplo un tratamiento bastante deficiente del tema ecológico».
Para Löwy algunos sectores académicos confunden el marxismo con su retrógrada caricatura, el llamado «socialismo real» Y continúa : «otros identificados con la ideología dominante pretenden que el desarrollo capitalista es equivalente a “progreso”, y que el marxismo es “arcaico” por oponerse al crecimiento de los mercados y a la acumulación de capital».
Según el sociólogo marxista, Jena Paul Sartre tenía razón cuando decía que el marxismo es el horizonte intelectual de nuestro tiempo. Para él las tentativas de “superarlo” – postmodernidad, postmarxismo, etc – terminan siendo regresiones políticas y culturales “Como ya decían Rosa de Luxemburgo, Lukas y Gramsci cuando la humanidad termine con el capitalismo el marxismo podrá ser reemplazado por otras formas de pensamiento.
He aquí la entrevista.
- IHU On line : ¿Cuales son las características de la revolución en la obra del joven Marx ? ¿En que aspectos se modifica su teoría en sus escritos posteriores ?
- M.L. : En sus tesis sobre Feuerbach (1845) – el germen genial de una nueva concepción del mundo, según Engels – y en la ideología alemana (1846).
Marx inventa una nueva teoría que se podría definir como teoría de la praxis (el término es de Gramsci). Superando dialécticamente el idealismo neo-hegeliano – para quién los cambios en la sociedad comienzan por el cambio de las conciencias – y del materialismo vulgar – para lo que es necesario primero cambiar las « circunstancias » materiales -, afirma Marx en la Tesis n° III sobre Feuerbach ; en la praxis revolucionaria coinciden el cambio de las circunstancias y la automodificación de los individuos.
Como explica poco después en la ideología alemana ; una conciencia comunista de masas solo puede surgir de la acción, de la experiencia, de la lucha revolucionaria de las masas ; la revolución no solo se necesita para derribar a las clases dominantes sino también para que la clase subversiva se libere de la ideología dominante.
En otras palabras la única emancipación verdadera es la auto emancipación revolucionaria. Esa tesis constituirá un hilo rojo a través de toda su obra, aun cuando las formulaciones sean más directamente políticas y menos filosóficas. Por ejemplo en el célebre preámbulo de los Estatutos de la Primera Internacional : “La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores” Pero eso también vale para el Manifiesto comunista, para los escritos sobre la Comuna de París, etc.
¿Cómo se puede comprender la « dictadura del proletariado » frente a la democracia que emana de la teoría de la revolución comunista ?
La expresión «dictadura del proletariado» fue poco feliz. Pero como lo descostró el socialista usamericano Hal Draper lo que Marx y Engels querían referirse es al poder democrático de los trabajadores, tal como sucedió en la Comuna de París, en que hubo elecciones democráticas, pluripartidismo, libertad de expresión, etc. En el siglo XX esa expresión sirvió para justificar políticas autoritarias en nombre del comunismo que no se corresponden con el pensamiento de Marx.
¿Qué cambió en la izquierda desde el lanzamiento de la primera edición de « La revolución comunista en la obra del joven Marx » ?
El título de la primera edición (no la de la tesis del doctorado) era «La Teoría de la Revolución en el joven Marx», publicado por Ediciones Máspero en 1971 Desde entonces mucha agua corrió por el Sena y la versión estalinista de la izquierda que predominó en buena parte del siglo XX entró en crisis y prácticamente se desmoronó en todo el mundo. Quedó entonces confirmada, la tesis de Marx acerca de que la única revolución verdadera es la emancipación de los oprimidos.
En términos generales usted considera que la izquierda según las diferentes experiencias ; Unión Soviética, Este de Europa, América Latina, Europa, Brasil) entendió a Marx equivocadamente. ¿Por qué?
En la URSS en los primeros años, existió tal vez una comprensión equivocada del marxismo, una lectura del autoritarismo en ciertos textos. Pero a partir del estalinismo. A mediados de los años 20, ya no se trata de equivocación sino de una ideología de estado , pretendidamente marxista-leninista tendiente a justificar el poder totalitario de la burocracia y de sus políticas oportunistas. Infelizmente los partidos comunistas de Europa, América Latina y Brasil siguieron durante muchos años la orientación estalinista. Pero ya a partir de 1968 y sobre todo desde 1968 (la invasión a Checoslovaquia) muchos comunistas comenzaron a cuestionar esa ideología. En América Latina fue la Revolución Cubana la que provocó una profunda crisis en el movimiento comunista.
La revolución permanente de Trotsky ¿resulta una categoría adecuada para pensar en la izquierda actual? ¿Por qué?
La teoría de la revolución permanente de Trotsky, formulada en el contexto latinoamericano por José Carlos Mariátegui, en 1928 – es la única que plantea la dinámica de las revoluciones del siglo XX, la rusa de 1917, La china, yugoslava, vietnamita, cubana. En todos esos países una revolución democrática agraria y/o anticolonial se transforma en un proceso ininterrumpido – permanente – en revolución socialista. Lamentablemente todos esos procesos – con la parcial excepción de Cuba – terminaron en una degeneración burocrática.. No se trata de una fatalidad sino el producto de las circunstancias históricas. Lo que aún hoy tiene validez es la visión estratégica : las revoluciones en la periferia del sistema serán revoluciones socialistas, democráticas, agrarias y anti imperialistas al mismo tiempo : sino serán «caricaturas de revolución» como decía el Che Guevara. Dicho esto, no se puede aceptar la teoría de Trotsky como un dogma infalible : el preveía un papel dirigente de la clase obrera en estas revoluciones como sucedió en el caso de Rusia en 1917.
¿Cómo concilia la militancia socialista y la surrealista? ¿Cómo es que para el Trotskismo esas corrientes confluyen y se complementan?
El surrealismo es un movimiento romántico revolucionario, de reencantamiento del mundo con una vocación eminentemente subversiva y por lo tanto perfectamente compatible con la militancia socialista. Muchos poetas surrealistas, como por ejemplo Benjamin Paret que vivió muchos años en Brasil – no dejó nunca de militar y luchó en 1936/37 en las filas antifascistas en la guerra civil española.
En 1938, André Breton , el fundador del surrealismo, viajó a México para encontrarse con León Trotsky, que se hallaba exiliado en Coyoacán. Ambos redactaron junto un documento titulado Por un arte revolucionario independiente contra cualquier control del partido o del estado sobre la actividad poética artística independiente. Poco después se fundo la Federación Internacional de Arte Revolucionario Independiente – FIARI – en la que participaban surrealistas, trotskista y otros. Pero el surrealismo no se relacionó solo con el trotskismo también tuvo vínculos con el anarquismo especialmente en los años 50 y llegó a acercarse a la Cuba revolucionaria en los años 60. Sus simpatías se dirigían hacia todo movimiento auténticamente revolucionario.
¿Cuáles son los desafíos para una auto emancipación del proletariado en una sociedad «hechizada» por el consumo y por lo tanto por un trabajo que alimenta a esa maquinaria capitalista?
El hechizo del consumo y el fetichismo de la mercadería ejercen una considerable influencia en la población, pero en algunos momentos decisivos, el hechizo se rompe y la magia negra del capitalismo deja de funcionar y los proletarios, las juventudes, los oprimidos reaccionaran contra el sistema. La historia de América Latina en estas últimas décadas es una buena demostración.
El filósofo como cabeza y el proletariado como corazón de la revolución. ¿Hasta qué punto esa idea de Marx inspira a la izquierda de nuestro tiempo?
Esa idea de tipo netamente neo-hegeliano fue defendida por Marx a comienzos de 1844. Pero poco después impactado por el levantamiento de los tejedores de Silesia (al norte de Alemania) en junio de 1844, descubrió que también el proletariado es «filosófico» no necesita esperar a los neo-hegelianos para sublevarse. Todavía hoy en día encontramos en la izquierda esa visión idealista, neo-hegeliana, que hace del filosofo o del vanguardista o del partido la «cabeza» de la revolución. La revolución es un hermoso monstruo de mil cabezas.
¿Qué significan el movimiento de los indignados y de la primavera árabe? ¿Serían soplos de una nueva política?
La primavera árabe ha sido un magnífico levantamiento de la juventud árabe contra anacrónicas y sanguinarias dictaduras, Lamentablemente la victoria de los revolucionarios fue confiscada – provisoriamente esperamos – por las fuerzas islámicas conservadoras.
En cuanto al Movimiento de los indignados, se trata de otro contexto: la crisis del capitalismo en Europa y en los EE.UU. con dramáticas consecuencias para la población: desempleo, reducción de salarios y de las pensiones, pérdida de las viviendas, etc. La juventud plantea con este movimiento reivindicaciones, antineoliberales, democráticas, igualitarias y muchas veces anticapitalistas. Su denominador común es la indignación, un sentimiento esencial como necesario punto de partida de toda lucha y de toda transformación social. Sin indignación nada grande ni radical puede hacerse.
¿Cuáles son las principales limitaciones del pensamiento marxista? ¡Porqué muchos sectores académicos lo consideran retrógrado!
El marxismo es un pensamiento en movimiento que trata de superar los límites presentes en la misma obra de Marx y Engels: por ejemplo, el insuficiente tratamiento del tema ecológico. Algunos sectores académicos confunden el marxismo con su caricatura retrógrada, la ideología llamada «socialismo real» . Otros identificados con la ideología dominante pretenden que el desarrollo capitalista represente el «progreso», por ser el marxismo arcaico al oponerse a la expansión del mercado y a la acumulación de capital.
Pienso que Jean Paul Sartre tenía razón cuando decía que el marxismo es el horizonte intelectual de nuestra época y que las tentativas de «superarlo» post-modernidad, post-marxismo, etc. Terminan siendo regresiones políticas y culturales. Como decía ya Rosa de Luxemburgo, Luckas y Gramsci cuando la humanidad suprima el capitalismo el marxismo podría ser reemplazado por nuevas formas de pensamiento.
Traducción del portugués para El Correo de: Susana MerinoOriginal :«A revolução é um belo monstro com mil cabeças»
http://www.elcorreo.eu.org/Entrevista-a-Michel-LowyLa-revolucion-es-un-hermoso-monstruo-de-mil-cabezas?lang=fr

 

La salvación integral de América Latina está en marcha gracias a Chavez

 
La salvación integral de América Latina está en marcha
Por: Israel Sotillo
Fecha de publicación: 23/06/10
“Nuestra división y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud”.

Simón Bolívar

¡Qué celebramos el 22 de junio? Celebramos el día de la unidad latinoamericana, exactamente a 184 años de la realización del Congreso Anfictiónico de Panamá, la gran idea de unidad del genio de América: lo que hoy llamamos la patria grande de Simón Bolívar, el gracias a la vida de Violeta Parra, el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui, por donde nos movemos en la materialización del continente de la esperanza del que nos habla Pablo Neruda en su Canto General.

¿Qué nos hace falta para saldar la deuda histórica que tenemos las generaciones presentes con Simón Bolívar, San Marín, Artígas, Miranda, Sucre, Morazán, José Martí, Sandino, el Ché? ¡Unión! Sin duda…

“Seguramente la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración”, decía el General Bolívar. Unir naciones libres fueron siempre los deseos del Padre de la patria. Por eso se esmeró en la unificación de la Nueva Granada y Venezuela, ese era el objeto magnífico que se había propuesto el Libertador Bolívar desde las incipientes armas. De allí pasó a la liberación del Ecuador, nación que se integró igualmente a la Gran Colombia.

El 22 de junio y los siguientes días de ese mes sexto del año 1826, nos convoca a permanecer atentos en los lugares sagrados de la patria, para seguir labrando la unidad de nuestros pueblos. Ese día se reunió en la Ciudad de Panamá el Congreso Anfictiónico tan dispendioso al Libertador.

Un año y medio, no seis meses, son los que habían pasado desde la expedición de la circular y de los laureles de la gran Batalla de Ayacucho. Todos los lectores conocen que en el Congreso de Panamá participaron representaciones de México, Provincias Unidas de Centro América, Perú, y claro, lógicamente…, la Gran Colombia que era la promotora. Bolivia, que ya había sido fundada por Sucre, no estaría presente por razones de tiempo. Se negaron asistir Chile y la expectante República de Argentina a partir de una cadena de desconfianzas.

Los Estados Unidos, también fueron invitados, pese a la opinión contraria que tenía Bolívar, los estadounidenses mandaron dos observadores, quienes llevaban instrucciones de no aceptar ningún compromiso; aunque sí la forma de evitar la creación de una confederación que podría afectar sus ya crecientes intereses.

Del mismo modo tenían instrucciones de oponerse a cualquier legislación que limitase su futura acción. Se enfrentarán también a cualquier proyecto que perturbase el estatus colonial de España en Cuba y Puerto Rico y así como el reconocimiento de Haití, que se había liberado hacía rato.

No está demás refrescarles a Ustedes estimados Compatriotas que el Caribe era ya considerado por la divina providencia una presa segura de los gringos y que como tal debía caer bajo la hegemonía estadounidense.

De otro lado, el gobierno de los Estados Unidos había hecho expresa su admiración al ideal bolivariano de libertad; pero procedería políticamente en su contra, porque tal ideal, de hacerse realidad, perjudicaría el futuro de lo que ya se perfilaba como un nuevo imperio.

En cambio, se reivindicaría la Doctrina Monroe, en ese cometido imperial para que ningún extraño, salvo los propios estadounidenses pudiesen intervenir en esta región. Sin embargo, uno de los observadores se quedó en el camino, puesto que murió; el otro, llegó bastante tarde a la cita de Panamá. La reunión una vez celebrada poco o nada iba a hacer por materializar las quimeras de la integración del anfitrión.

Las ausencias y presencias de la que debió ser la gran Asamblea de pueblos libres en Panamá, tenían sus expresiones. El primer gran ausente fue el propio Simón Bolívar. Se han dado distintos esclarecimientos a este alejamiento y ausencia del Libertador. Pero todas ellas resultan contrarias a la lógica propia de la acción del organizador de esa reunión. El hombre que preparaba con extremado cuidado las batallas para alcanzar sus triunfos no se había cuidado, especialmente, en esta ocasión de la que debió ser la batalla final, la decisiva.

¿Había abandonado sus viejos sueños? ¿Los consideraba ya imposibles de realización? En efecto, Bolívar tenía ya clara conciencia del resultado de esa reunión; mucho antes de la realización de la misma sabía lo que podía esperar del encuentro de Panamá. La unidad que había hecho posibles las victorias militares finales en Junín y Ayacucho había dejado de existir. Hombres y pueblos que, hasta las vísperas de esas batallas habían estado integrados por la dependencia que combatían, no sabían cómo componerse en la libertad por cuyo triunfo habían luchado.

Bolívar sigue así cabalgando a lo largo de la historia y pueblos de esta América. Como diría José Martí, aún calza las botas de campaña, porque aún tiene mucho que hacer en esta América, su América, nuestra América.

Hoy es día de la unidad latinoamericana… Cantemos con alegría, como decía el maestro Billo Frómeta, que tanto le cantó a Caracas.

Estimados compatriotas… América Latina es una familia de pueblos, es hechura de la profecía libertaria de Simón Bolívar contenida en la célebre Carta de Jamaica, es la predicción que hoy discurre con ánimos renovados por las grandes corrientes de agua del Paraná, del Orinoco, del Amazonas y del Río de la Plata.

“¡Alerta! ¡Alerta! que camina la espada de Bolívar por América Latina”, empiezan a entonar las masas movilizadas del conteniente indoamericano; tal cual lo plasmó Simón Rodríguez en su obra Sociedades Americanas: “la fuerza está en la masa y la fuerza moral está en el movimiento”.

Venezuela ya decidió, al igual que Cuba… No queremos ser una colonia de los Estados Unidos de Norteamérica… Sí. Queremos ser una integración de pueblos. Nos asiste la moral política y militar de haber derrotado a los imperios de Francia en Haití, donde la revolución de los negros levantó a más de 150.000 esclavos para echar a los galos; y al de España en la Batalla de Ayacucho, donde los realistas fueron derrotados por la insurgencia que llevaba en sus filas soldados venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, chilenos y argentinos.

Hay un legado indómito circulando por nuestras venas, que continúan abiertas y que mantiene hipertensa la sangre rebelde de la raza caribeña, taína, charrúa, araucana, tahona, wayú, quechua, aymara, kuna, quiché, maya y azteca, pues, esas mismas que mezcladas con la europea y la africana han dado origen al ser latinoamericano y caribeño, el que siempre estará comprometido con la solidaridad y la libertad.

Solidaridad sin codicia, que significa para nosotros la unidad sagrada y la integración entre hombres y pueblos. Unificación sin la cual la aspirada libertad no pasará de simple buena intención.

¿Que nuestros pueblos anden opuestos a la recolonización emprendida por los Estados Unidos de Norteamérica? Eso no es dólar blando que circula devaluado por las tierras americanas, no es una moda pasajera. No. Sucede que la masa, por fortuna, sigue a la inteligencia; de allí esa insaciable prisa por encontrarnos y conocernos cada día más y más, de conjugar el verbo en tercera persona: ¡Nosotros los latinoamericanos!

La lucha de ayer por independizarnos de España sigue siendo la misma lucha de hoy, pero esta vez contra un imperio superlativamente poderoso que impone la división entre nosotros los latinoamericanos con amenazas de terror y muerte. El propósito es idéntico; las metas, igualmente, como ayer, son la libertad, la justicia social, la democracia pura de la que hablaba Mariátegui.

Hoy le decimos al gobierno de los Estados Unidos que nos acosa permanentemente, que invierte colosales sumas de dinero para derrotar a la Revolución Bolivariana… le decimos que la palabra de Simón Bolívar era más eficaz que su propia espada. Que su pensamiento político, estampado en discursos, cartas, y arengas nos fortalecen contra sus estrategias imperiales. Les recordamos a los gringos, además, que Bolívar sigue así… cabalgando a lo largo de la historia y pueblos de esta América morena. Como diría José Martí, aún calza las botas de campaña, porque aún tiene mucho que hacer en esta América, su América, nuestra América.

La salvación integral de América Latina está en marcha. Creer que se realizará sola, sería hacerla imposible; será la obra de nuestra perseverancia, de nuestro desinterés o no será. Vamos con los legendarios mágicos del pueblo quiché, del pueblo maya, por la segunda independencia con Bolívar, con el Ché, con Zumbí, con Tupac katari, con Manuela Saenz, con Cesar Vallejo, con Micaela Bastidas, con Tupac Amaru, con Bartolina Sisa, con Simón Rodríguez, con Micaela Bastidas, con Miguel Ángel Asturias: Acompáñanos Brujo del Envoltorio, Acompáñanos Brujo Nocturno, Acompáñanos Brujo Lunar, Acompáñanos Guarda-Botín… ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedra lumbre, sobre la podredumbre, Luzbel de piedralumbre! ¡Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre…, alumbra…, alumbra, lumbre de alumbre…, alumbra, alumbre…!

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