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Firma Fidel Castro manifiesto En Defensa de Palestina

Fidel-Castro

El líder de la Revolución cubana Fidel Castro sumó su firma al grupo de intelectuales y políticos que se han sumado al Manifiesto “En Defensa de Palestina”, promovido por la Red En Defensa de la Humanidad.

El pasado 5 de agosto, Fidel escribió un artículo titulado “Holocausto palestino en Gaza”, donde afirmó que

“El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a este macabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino? ¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre?”

Entre las personalidades que han manifestado su adhesión al documento “En Defensa de Palestina” se encuentran el presidente de Bolivia, Evo Morales; el escritorEduardo Galeano; el Premio Nobel, Adolfo Pérez Esquivel; el poeta y Presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar; la prima ballerina assoluta Alicia Alonso; la escritora norteamericana Alice Walker; el cantautor cubano Silvio Rodríguez, los obispos Raúl Vera y Pedro Casaldáliga, y el líder brasileño Joao Pedro Stedile, entre muchos otros.

El Manifiesto “En Defensa de Palestina” demanda a los gobiernos del mundo que exijan a Israel el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, que lo obligan a retirarse de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, en cumplimiento de la resolución de 1967.

Hasta el momento se han recibido más de 342 000 adhesiones de artistas, académicos, científicos, abogados, periodistas, profesores, diputados, religiosos, médicos, estudiantes, campesinos, obreros, dirigentes sindicales, líderes y activistas sociales, entre otros, y de organizaciones e instituciones de más 50 países.

Para firmar el documento visite la página Cuba en Defensa de la Humanidad o escriba directamente a Para adherirse: endefensadepalestina@gmail.com

7 frases de Mandela que probablemente no encontrará en los medios de EE.UU.

AFP / Walter Dhladhla

El portal BuzzFeed eligió algunas de las frases críticas contra la política de EE.UU. y sus aliados hechas por el emblemático líder mundial Nelson Mandela, que falleció este jueves 5 de diciembre

“EE.UU. no ha superado la segregación que combatió Mandela”

Lo que quizá no sabía de Nelson Mandela

EE.UU. consideró a Mandela “terrorista” hasta 2008

Sobre la guerra de EE.UU. en Irak:
“Si hay un país que ha cometido atrocidades inexpresables en el mundo es Estados Unidos. Ellos no se preocupan por los seres humanos”.

En Israel:
“Israel debería retirarse de todos los territorios que quitaron de los árabes en 1967 y, en particular, Israel debe retirarse completamente de los Altos del Golán, del sur del Líbano y de la Ribera Occidental”.

Sobre la guerra de EE.UU. en Irak:
“Todo lo que él (Bush) quiere es el petróleo iraquí“.

Sobre Fidel Castro y la revolución cubana:
“Desde sus primeros días, la revolución cubana ha sido una fuente de inspiración para todas las personas que valoran la libertad. Admiramos los sacrificios del pueblo cubano en el mantenimiento de su independencia y soberanía ante la cara de la viciosa y orquestada campaña imperialista para destruir la impresionante fuerza de la revolución cubana. ¡Viva la revolución cubana! ¡Viva el camarada Fidel Castro!”.

Sobre el exlíder libio Muammar Gaddafi:
“Es nuestro deber apoyar al hermano líder… especialmente en lo que se refiere a las sanciones que están dirigidas no solo contra él, sino contra la gente común y corriente… a nuestros hermanos y hermanas africanos“.

2. En vísperas de la guerra de EE.UU. en Irak:
“Si nos fijamos en estos asuntos, llegaremos a la conclusión de que la actitud de EE.UU. es una amenaza para la paz mundial”.

Sobre Palestina:
“La ONU adoptó una postura firme contra el ‘apartheid’ y en los últimos años se estableció un consenso internacional que ayudó a poner fin a este sistema inicuo. Pero sabemos muy bien que nuestra libertad no es completa sin la libertad de los palestinos“.

Noam Chomsky analiza la izquierda, habla de la nueva América Latina y del movimiento Occupy

Chomsky at the World Social Forum (Porto Alegr...

“El desarrollo comunitario y la creación de empresas cooperativas gestionadas por sus trabajadores son avances revolucionarios”

Tiempo Argentino

Noam Chomsky sabe incomodar. Nació en Estados Unidos y es un persistente crítico de su gobierno y su sociedad. Fue criado en el seno de una familia judía exiliada de Ucrania pero eso no le impide cuestionar ciertas políticas del Estado de Israel. Precisamente por su espíritu insurrecto y sus agudos comentarios es considerado uno de los intelectuales más influyentes en el mundo contemporáneo.

Su apellido resonó por primera vez con fuerza hace 55 años cuando en su curriculum sólo se destacaban sus estudios en Lingüística. Su libro Estructuras sintácticas marcó un hito en la materia y sus contribuciones incluso inspiraron aplicaciones en la Informática y la Medicina. Desde entonces, su fama se fue incrementando a la par que su curiosidad lo llevó a incursionar en otras disciplinas. Hoy, con 83 años, más conocido como filósofo y cientista político, Chomsky sigue rebelándose hasta a la jubilación y prodiga una incansable hospitalidad a los periodistas que hacen cola para conocer sus opiniones.

En una pequeña mesa redonda donde se apilan libros, fotocopias y cuadernos, Chomsky recibe a Tiempo Argentino con una amigable sonrisa y un té en la mano. Entre los papeles de su oficina ubicada en el octavo piso del Massachusetts Institute of Technology, más conocido en la jerga académica por sus siglas MIT, sobresale un anillado con el título “What then must we do?” (¿Qué debemos hacer entonces?), escrito por Gar Alperovitz. Su presencia cobrará sentido a lo largo de la conversación cuando recomiende su lectura para entender uno de los hechos “revolucionarios” más importantes que están pasando en EE UU: el movimiento de empresas recuperadas. A propósito de ello, Chomsky recordará que “algo de esa iniciativa, de hecho, vino de la Argentina post colapso”.

Las primeras palabras de la conversación pasan inevitablemente por Gaza, ciudad de donde volvió justo antes de que Israel lanzara la última ofensiva. Allí recorrió los hospitales que todavía hoy aparecen en todos los noticieros y comprobó los problemas que tienen los médicos para conseguir medicamentos. Chomsky aún recuerda que uno de los que conoció en su viaje es el que se popularizó en las portadas de los diarios alrededor del mundo, sosteniendo entre brazos a un niño muerto. A 9000 kilómetros de allí, el filósofo ahora sigue atento las discusiones en la arena diplomática.

Aunque la situación en Medio Oriente tenga hoy el primer lugar en la agenda informativa, Chomsky también ha estudiado con profundidad la historia de América Latina y ha escrito recurrentemente sobre la región en los últimos tiempos. Es que desde principios del siglo XXI sus países se han levantado “por primera vez en 500 años ante la dominación occidental y de EE UU”, explica. “También han estado moviéndose despacio pero significativamente hacia la unificación y muy lentamente se han ocupado de algunos asuntos internos muy extremos”, agrega antes de analizar lo que puede esperarse de las relaciones entre Latinoamérica y EE UU en el segundo gobierno de Barack Obama.

“Todos estos desarrollos muy positivos para América Latina a EE UU no le gustaron. Además, prácticamente lo empujaron de las bases militares que le quedaban en la región. Luego, en las reuniones hemisféricas quedó bastante aislado, como sucedió en Cartagena hace unos meses, cuando EE UU y Canadá quedaron contra el resto del hemisferio en los asuntos más importantes. Y, de hecho, si hay otra reunión continental no me sorprendería que EE UU y Canadá queden excluidos. Ante esto, lo que EE UU ha estado intentando hacer con Obama es reconstruir la posición de influencia y control. En Honduras, por ejemplo, Obama ha logrado llevar adelante un golpe de Estado. En Paraguay, no conocemos los detalles, pero supongo que Estados Unidos está detrás de la destitución de Lugo también. En Chile, EE UU está trabajando por debajo del radar, desarrollando relaciones militares para poder restablecer bases y esencialmente, si no restablecer el viejo sistema, al menos volverse más fuerte. Aunque no creo que funcione.”

–¿Hasta qué punto el desarrollo de los países de América Latina tiene que ver con que Estados Unidos ha estado concentrado en otros temas?

–Cuanta menor atención preste EE UU al continente, mejor para este último. Pero no se debe dar por sentado que eso haya ocurrido. De hecho, creo que ha estado prestando bastante atención. Cuando algo pasa en América Latina, EE UU está allí. En los ’80 estuvo muy activo en Centroamérica. En los primeros años de las dictaduras sudamericanas, EE UU apoyaba a todas. En Argentina, por ejemplo. En los ’90, América Latina estaba bastante bajo control con la estructura de los programas de ajustes, por lo que EE UU no tuvo que hacer mucho. Pero en la última década, EE UU ha sido empujado afuera y ha tratado con mucho ahínco de reconstruir su posición. Creo, en definitiva, que trata de aplicar más o menos la misma política que antes, pero tiene menos capacidad para implementarla.

–Varios de los gobiernos de América Latina que han sentado una posición más dura en su relación con Estados Unidos también se han enfrentado a las corporaciones mediáticas y han promovido nuevas medidas para regular el poder de los medios. ¿Cómo analiza eso?

–La situación de los medios en América Latina es prácticamente un escándalo. Están enormemente centralizados, en control privado, son muy reaccionarios y muy dañinos para los países. Dan una imagen muy distorsionada del mundo. Sin embargo, no creo que la respuesta correcta sea que los gobiernos los constriñan, sino que ayuden al surgimiento de alternativas comunitarias. En cierto punto eso ha comenzado a hacerse en Venezuela. Por otro lado, cuando ocurrió allí lo del canal RCTV, que no fue cerrado pero sí empujado al cable, escribí que acordaba con las protestas occidentales y también con el hecho de que algo así no podía suceder en EE UU. Pero agregué algo que lo hizo impublicable aquí. No puede pasar en este país por una buena razón: si algo así pasara acá, si la CBS, por ejemplo, apoyara un golpe de Estado contra el gobierno y después de unos días ese golpe hubiera sido revertido, no habría ningún juicio a los directivos y la cadena no seguiría transmitiendo. Simplemente, los dueños y directivos de esa estación serían asesinados por una escuadra especial sin juicio previo.

–¿Cree que el enfrentamiento abierto entre los gobiernos y los medios concentrados ayuda a concientizar a la gente acerca de los intereses detrás de los medios?

–En la mayor cantidad de países, los gobiernos apoyan a los medios concentrados. Y en las ocasiones en que eso no es así, creo que la mejor forma de responder no es poniendo presión, sino desarrollando alternativas, que es algo que el gobierno puede hacer. Algo así se está queriendo desarrollar acá en una pequeña medida. Por ejemplo, cuando el sistema de cable apareció en EE UU a inicios de los ’70, el Congreso aprobó una ley que impedía a las compañías de cable tener monopolios en algunas áreas particulares. Por ejemplo en la zona donde estamos, Cambridge. Cualquier red de cable que quisiera operar aquí debía incluir una señal comunitaria. Es una gran falla de la izquierda de EE UU que no aprovechen esta oportunidad. Acá hay una estación de la comunidad y si vas ahí te sorprendería ver que el equipo es bastante bueno. No es CBS, pero es mejor que otros en poder de movimientos políticos. Y muchas veces están dirigidos por lunáticos porque la izquierda no los usa. Llegan a mucha gente y podría ser usado como una base de medios alternativa.

–¿Qué es lo que les falta a los grupos de izquierda para sacar partido de esa posibilidad?

–Eso es lo que he estado discutiendo durante 40 años. Tienen muchas críticas sobre los medios que están justificadas, pero hay muy poco trabajo en tratar de crear alternativas. Y puede ser hecho, como pasó con Democracy Now, que funciona. Pero si los grupos de izquierda usaran esas posibilidades que están a mano, podrían hacer más cosas. Hay mucho para hacer.

–Y no sería importante sólo el contenido, sino también la forma en que se lleva a cabo…

–Estuve una vez en Brasil, antes de que Lula fuera elegido presidente, y una tarde él me llevó a los suburbios de Río, donde vi algo muy interesante de los medios populares que no sé si todavía funciona. Lo que pasaba era que un grupo de profesionales de los medios de Río iba a una plaza en el medio de una ciudad a las nueve de la noche, prime-time, y ponían un camión con una pantalla. Allí pasaban programas que eran sólo para la gente que estaba sentada en la plaza o en los bares de alrededor. Los contenidos habían sido escritos por gente de la zona, actuados por ellos y eran interesantes. No podía entender todo lo que decían, pero sí me daba cuenta de que algunos eran comedia, otros eran más serios y hablaban sobre la crisis de la deuda o sobre el HIV, por ejemplo. Después de los programas, una de las actrices iba con el micrófono y una cámara a pedirle un comentario a la gente que los había visto. Esas opiniones eran pasadas en la pantalla gigante y otra gente se sumaba. Generaba interacción comunitaria y esa gente no miraba la televisión prime-time, sino que prefería mirar eso. Todo estaba hecho por la comunidad salvo el equipo, que venía de la ciudad. Cosas como esas pueden ser hechas.

–Procesos políticos como la Primavera Árabe, el movimiento Occupy o el de indignados han conmovido sociedades con sus planteos. ¿Cree que estos grupos tienen potencial revolucionario?

–Creo que son importantes, pero hay muchas otras cosas también revolucionarias que están sucediendo. Por ejemplo, los desarrollos comunitarios y el trabajo en empresas. Algo de esa iniciativa, de hecho, vino de la Argentina post colapso. Gar Alperovitz trabaja sobre ello y cuenta de lugares como en Cleveland, donde hay una red de empresas cuyos propietarios son sus propios trabajadores. Cooperativas que empiezan a establecer vínculos a nivel internacional con otras empresas en España. Hoy eso está en varios lugares del país y es revolucionario. No sé si se alcanzará una escala como para cambiar la sociedad, pero es una de las cosas más importantes que están pasando.

–Una joven española que participó del movimiento de indignados en España decía que admiraba la experiencia de Occupy Wall Street porque en su país reclamaban por derechos que habían perdido y en EE UU por derechos que nunca tuvieron…

–Es que aquí se pelea por los derechos de otras personas. Ninguno de los que está en el movimiento Occupy y pasa el tiempo en el parque Zuccotti es pobre. Todos tienen, al menos, un plato de comida en la mesa y no vienen de los barrios más desventajados. Esa gente no tiene tiempo para estas cosas. Sin embargo, creo que están logrando llamar la atención de los medios en muchos aspectos. Los hechos que Occupy trajo se pusieron en el centro de la agenda nacional. Antes, se hablaba muy poco de la desigualdad, del fraude bancario, de la compra de las elecciones. Estas cosas ahora están siendo discutidas. De hecho, el slogan de “somos el 99% vs el 1%” se puede leer en la prensa de negocios y todos hablan de ello. Además, están haciendo cosas. Por ejemplo, con el huracán Sandy de hace un par de semanas, los primeros en salir a ayudar fueron los chicos de Occupy. También están ayudando a la gente que está siendo desalojada de sus hogares por los bancos: los apoyan para resistir el desalojo o van a la Corte a protestar. Por eso, puede transformarse en algo muy constructivo. De hecho, creo que lo más importante que hicieron, que la mayoría de la prensa no lo reconoce y nadie habla de ello, es que rompieron la atomización de la sociedad. Esta es una sociedad en la que la gente esta sola. Es casi sociopático. La gente no se junta para hablar, quedan atrapados en la televisión, en el consumo de bienes. Pero Occupy reunió a la gente, los puso a hacer algo cooperativamente. Abrió un espacio de discusión, interacción. La gente está aprendiendo a hacer cosas juntos y eso es muy importante y, en especial, en una sociedad como esta. Si dura, puede ser importante para inspirar a más grupos.

–¿Piensa que de este movimiento puede derivarse un cambio más profundo en la sociedad?

–Es uno de los tantos lugares. Hay muchas cosas que pasan en el país. Esto fue una especie de chispa y se puede ver. Se pudo ver en el hecho de que el día después de Zuccoti había movimientos Occupy en todo el país y, de hecho, en otras partes del mundo. Y ha pasado sólo un año, no se puede decir más, pero ha sido muy exitoso. Y si se pueden asociar a otros movimientos, como el de empresas recuperadas, puede ser muy interesante.

Una mirada a las redes sociales

La oficina de Noam Chomsky está repleta de libros. Entre dos escritorios en forma de letra L que ocupan dos de los laterales de la habitación, apenas hay un espacio libre para algunos portarretratos familiares. No sorprende que Chomsky admita no mirar mucha televisión y que se informa a partir de “toneladas de lectura”. “Leo la prensa nacional, la prensa de negocios, la internacional. Un sinfín de periódicos con un amplio espectro de perspectivas, incluso conservadoras”, describe. El cronista confiesa entonces que antes de la cita revisó sus datos biográficos en Wikipedia.

“Yo uso Wikipedia para algunas cosas. Si querés saber sobre matemática o historia medieval, está bien. Pero si es algún tema contemporáneo y controversial, entonces hay que ser muy cauteloso.”

–¿Y las redes sociales?

–No tengo una opinión porque estoy fuera de moda. La gente me dice que tengo una cuenta de Facebook, pero no la abrí yo.

–Le atribuyen un rol importante en la Primavera Árabe.

–Acá también tienen un rol importante. Cualquier grupo activista anuncia lo que hace en las redes sociales para sumar gente a sus actividades. Eso está bien, no tengo ninguna objeción contra ello. Pero lo más que hago es leer blogs ocasionalmente. Creo que es una gran cosa que cualquiera pueda decir lo que quiera en Internet, pero significa que el 99% son cosas sin importancia.

–Se suele criticar que afecta al periodismo acelerando los procesos y contribuyendo a la pérdida de análisis y chequeo de datos…

–Por eso leo los diarios y no las redes sociales. Pero algo interesante sucedió en la Primavera Árabe. En un punto (el presidente de Egipto Hosni) Mubarak cerró Internet. La interacción creció porque en vez de twitear la gente hablaba entre sí y la organización iba más rápido. Es decir, acelera las cosas pero tampoco tanto.

Fuente: http://tiempo.infonews.com/2012/12/02/editorial-92024-chomsky-y-el-papel-de–las-empresas-recuperadas.php

Paso a paso: ¿Qué nos espera si se produce el ataque contra Siria?

Publicado 1 minute ago por 

 

JUAN BOSCH APROPÓSITO DE SIRIA Y LA GUERRA LIMITADA

                                        ASIA Y EL SUDESTE ASIÁTICO

La ilusión de las guerras limitadas*
Juan Bosch
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Este artículo fue escrito para la revista The Christian Century, que se editaba en Chicago, EE.UU. El título le fue puesto por los editores de la revista, que publicó el artículo en su edición del 17 de abril de 1968, páginas 480-2.

Evidentemente, la segunda guerra mundial hizo pasar a la humanidad, en términos históricos, del siglo XX al siglo XXI; de la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear; de la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee. Y ese salto, asombrosamente violento si lo vemos desde el punto de vista del corto tiempo en que se produjo, debía reflejarse en grandes cambios sociales y políticos en todo el mundo. La incapacidad de los Estados Unidos para aceptar esos cambios y ajustarse a ellos se ha traducido en una actitud de violencia internacional muy peligrosa. En lo que se refiere a la América Latina, ese estado de violencia deberá desembocar, me parece que de manera inevitable, en una revolución social de grandes vuelos. No hay que hacerse ilusiones: esa revolución comenzó ya en Cuba, y hágase lo que se haga o dígase lo que se diga, podrá ser demorada pero no podrá ser evitada. Es probable que la decisión de evitarla lleve a los Estados Unidos a guerrear en la América Latina como los ha llevado a guerrear en el Sudeste Asiático, y está dentro de lo posible que la guerra en Asia produzca el estallido de la revolución en América Latina. ¿Qué tiene que ver la América Latina con la guerra de Vietnam, y qué tiene que ver la guerra de Vietnam con la incapacidad norteamericana para aceptar los cambios introducidos en el mundo por el paso de la industria de los técnicos autodidactas a la industria sobredesarrollada de los científicos? ¿Cuál es la razón de que un país tan excepcionalmente desarrollado en el campo científico, como son los Estados Unidos, no pueda ajustarse a los cambios políticos y sociales impuestos en el mundo a consecuencia de la segunda guerra mundial? Todas esas preguntas se relacionan entre sí porque todas ellas surgen de un mismo hecho: el estado de violencia que prevalece en el ámbito internacional. Hasta el momento, lo que está sucediendo en Vietnam se mantiene dentro de lo que en estrategia militar se llama “guerra limitada”. Sin embargo, debemos notar que esa “guerra limitada” ha traspasado varias veces los límites que se le habían fijado; por tanto, no hay razón para que no traspase también los actuales y llegue a convertirse en una guerra general asiática. Inicialmente, el plan norteamericano fue organizar un gobierno y unas fuerzas armadas anticomunistas en Vietnam del Sur, y darles apoyo político, económico y militar a ese gobierno y a esas fuerzas armadas, para lo cual se enviaron a Vietnam del Sur unos cuantos cientos de consejeros militares y de técnicos civiles y unos cientos de millones de dólares en dinero, armas y equipos; pero después hubo que traspasar esos límites, hubo que aumentar los envíos de consejeros militares y civiles, los de dinero y armamentos y equipos, de manera que los gastos subieron a un billón de dólares al año; más tarde se ampliaron otra vez los límites y se procedió a construir grandes bases aéreas, navales y de infantería para soldados norteamericanos, lo que significó el aumento de los gastos en Vietnam por encima del billón de dólares al año; y por fin hubo que mandar al combate a las fuerzas norteamericanas, primero para defender esas bases y después para guerrear en todo el Vietnam del Sur, lo que se tradujo en gastos superiores a los veinte billones de dólares al año y en una guerra abierta contra Vietnam del Norte. En términos militares, pues, los planes limitados de los Estados Unidos fueron implacable y sucesivamente sobrepasados por la fuerza de los acontecimientos, y al comenzar el año de 1968 la guerra era “limitada” sólo en un aspecto: el de que se mantenía dentro del territorio de los dos Vietnam. Pero ya a esa fecha amenazaba con desbordarse a Cambodia, Laos y Tailandia, cosa que puede ocurrir en cualquier momento. Ahora bien, en términos políticos la guerra de Vietnam dejó hace tiempo de ser “limitada”. La presencia de tropas australianas, neozelandesas, surcoreanas, tailandesas, es una demostración concluyente de que en el orden internacional estamos en presencia de una guerra que ya no es “limitada”; que salió de las fronteras de Vietnam y está afectando a países lejanos, cuyos hijos están muriendo en Vietnam bajo sus propias banderas. Por último, la creciente y pública ayuda rusa y china a Vietnam del Norte y al Vietcong en armas confirma lo que decimos: políticamente, la guerra de Vietnam se ha convertido en un conflicto internacional, y por tanto no sigue teniendo las características de las “guerras limitadas”. Esta verdad se ha mantenido oculta a los ojos del pueblo norteamericano y de otros pueblos del mundo mediante la creación de una falsa ilusión. A los norteamericanos se les ha hecho creer que la guerra de Vietnam es “limitada” porque ni China ni la Unión Soviética han enviado tropas al combate. Pero es el caso que varios otros países han enviado tropas, y el propio presidente Johnson, cada vez que habla sobre los acontecimientos de Vietnam, se refiere a esos ejércitos extranjeros llamándolos “nuestros aliados”. Luego, resulta evidente que desde el lado de los Estados Unidos se trata de una guerra que hace tiempo dejó de ser “limitada” y pasó a ser internacional. La experiencia que se saca de la lucha en el Sudeste Asiático es que no resulta fácil mantener “guerras limitadas” cuando éstas se tiñen con matices ideológicos. Al intervenir en una guerra el aspecto ideológico, es difícil contenerla en determinados límites geográficos. La de Israel y Egipto en junio de 1967 no tuvo caracteres ideológicos, aunque por detrás de Egipto estuviera Rusia y por detrás de Israel estuvieran los Estados Unidos; y esa ausencia del factor ideológico la dejó en los límites de una guerra internacional convencional. El vocablo convencional debe aplicarse a una guerra tomando en cuenta no sólo los tipos de armas que se usen sino además cuál es la motivación que la provoca. Desde su costado ideológico, la guerra de Vietnam no es convencional y no puede ser limitada, puesto que necesariamente quedan arrastrados hacia ella todos los que en el mundo entero simpatizan con el régimen comunista y todos los que aspiran a la destrucción de ese régimen. En la guerra de Vietnam, como en la intervención armada en la República Dominicana, la razón esgrimida por los Estados Unidos, a lo menos en público, es la del anticomunismo: están peleando en el Sudeste de Asia y enviaron sus “marines” a la isla antillana porque ellos tienen una misión planetaria, la de destruir el comunismo dondequiera que éste asome la cabeza o dondequiera que a los Estados Unidos les parezca que hay comunistas. Desde luego, el derecho que se atribuyen los norteamericanos de aniquilar a los comunistas genera el derecho de los comunistas a aniquilar a los norteamericanos. El resultado lógico de esos derechos en pugna es un estado de violencia internacional muy adecuado para que una llamada “guerra limitada” resulte desbordada más allá de los límites previstos; y eso es lo que ha sucedido en Vietnam. ¿Hasta qué momento podrá mantenerse la ilusión de que la guerra de Vietnam está en el número de las “limitadas”? ¿En qué momento comenzarán a entrar en acción los “voluntarios” chinos, soviéticos y de otros países comunistas? Eso no lo sabemos, pero lo que parece hallarse al borde de que se produzca cualquier día es la extensión de la guerra a países vecinos de Vietnam, como Laos y Cambodia, y no en forma de guerrillas comunistas laosianas o cambodianas ni en la de guerrillas infiltradas desde Vietnam del Norte bajo la dirección de jefes vietnamitas. Como puede leerlo quien quiera en la prensa de los Estados Unidos, algo de eso está sucediendo desde hace meses, o se da la noticia de que ha sucedido. A lo que quiero referirme es a la entrada en acción, sobre suelo laosiano y cambodiano, de tropas norteamericanas enfrentadas a tropas de Vietnam del Norte. Lógicamente, si los Estados Unidos deciden invadir Vietnam del Norte con su infantería —y no hay a la vista otra salida para la guerra que la conquista física del territorio de Vietnam del Norte—, lo harán después que hayan llevado sus fuerzas a Laos y Cambodia; por lo menos, a Laos. Ese paso puede provocar la llegada a Vietnam de “voluntarios” chinos y rusos, con lo cual quedaría muerta la ilusión de que la guerra de Vietnam es “limitada”. Pero el fin de esa ilusión significaría la entrada en escena de otros factores. Y ésa puede ser la oportunidad histórica para que se provoque el estallido de la revolución en la América Latina. En mi último libro, El pentagonismo, sustituto del imperialismo*, hay un párrafo que parece adecuado para esta ocasión. Dice así: “Los actos de los pueblos, como los actos de los hombres, son reflejos de sus actitudes. Pero sucede que la naturaleza social es dinámica, no estática, de donde resulta que todo acto provoca una respuesta o provoca otros actos que lo refuercen. Ningún acto, pues, puede mantenerse aislado. Así, la cadena de actos que van derivándose del acto principal acaba modificando la actitud del que ejerció el primero y del que ejecuta los actos-respuestas. Esa modificación puede llevar a muchos puntos, según sea el carácter personal, social o nacional— del que actúa y según sean sus circunstancias íntimas o externas en el momento de actuar”. La actitud de los Estados Unidos, religiosamente anticomunista, los ha llevado a una guerra ideológica de exterminio de los comunistas en Vietnam; al mismo tiempo, sus circunstancias nacionales —las íntimas, desde el punto de vista de su política doméstica — les obliga a una contradicción insoluble, que consiste en mantener la ilusión de que están haciendo una “guerra limitada” a la vez que solicitan la ayuda de otros gobiernos, es decir, la presencia de “aliados”; y sucede que dada la naturaleza ideológica de la guerra, esos “aliados” tienen necesariamente que ser también anticomunistas; y como es lógico, si la guerra se extiende, los Estados Unidos llevarán a ella más países, y lo que es peor, necesitarán más aliados, y todos deberán ser, desde luego, ideológicamente afines. Ahora bien, ¿cuáles podrán ser esos aliados? Visto que los países europeos han abandonado su actitud de anticomunismo religioso, será difícil hallar un país de Europa que mande tropas a Vietnam para combatir del lado norteamericano. En África no hay ejércitos capaces de hacer la guerra moderna. Las únicas reservas militares que los Estados Unidos pueden conducir a esa guerra son las de la América Latina. Y a nadie debe caberle duda de que la intervención de ejércitos latinoamericanos en una guerra asiática provocará el estallido de la revolución en la América Latina. ¿Por qué se hace esta afirmación tan categórica? Porque según nos enseña la historia no hay guerra internacional que no estimule y provoque cambios en las estructuras sociales y políticas de los países que toman parte en ella, y en la América Latina, dada la petrificación económica y social existente, todo cambio requerirá, de manera inevitable, el ejercicio de la violencia, esto es, una acción revolucionaria; y la necesidad de cambios en la América Latina se hizo evidente con el paso de Cuba hacia el campo socialista a pesar de que en la revolución cubana no participaron ni un ruso ni un chino ni un yugoeslavo, y, al contrario, participaron norteamericanos anticomunistas. ¿Cuál es la fuerza ciega que incapacita a los Estados Unidos para aceptar los cambios que se han producido ya en el mundo y que necesariamente llegarán a imponerse en Asia y en América Latina? Esa fuerza es la misma que los mueve a hacer la guerra de Vietnam. En apariencia, es el anticomunismo, pero el anticomunismo es sólo el aspecto negativo —o anti— del afán de lucro. El afán de lucro de los norteamericanos es la fuerza ciega que ha convertido a los Estados Unidos en el campeón mundial del statu-quo. Un país que a esta altura del mundo considera lógico y moral que alguien gane dinero fabricando armas que tienen un poder espantoso de muerte y destrucción, no ha alcanzado todavía a darse cuenta de que la segunda guerra mundial llevó a la humanidad del siglo XX al siglo XXI, y que en este siglo XXI en que históricamente nos hallamos los valores del siglo XX han sido superados y deben ser llevados al desván donde se guardan los objetos que ya no tienen uso. Es inconcebible que el poder de matar y de destruir, al grado a que ha sido llevado por los científicos que trabajan para la industria sobredesarrollada, siga siendo un negocio para el beneficio de unas cuantas empresas. Si la guerra no puede ser excluida del planeta en que habitamos, y si la organización de la sociedad norteamericana no puede ser transformada para eliminar de ella el afán de lucro, por lo menos debería establecerse de manera terminante un principio: Que la fabricación de armamentos y de todos los equipos que se usan en la guerra sea una responsabilidad exclusiva de la Nación; que se convierta en una actividad pública y deje de ser un negocio privado. Dada la naturaleza social norteamericana, sería una tontería aspirar a más; pero tampoco debemos aspirar a menos, porque es demasiado expuesto para el género humano que su existencia dependa de la voluntad y la capacidad de ganar dinero que tengan algunas personas o algunos grupos de personas.

Juan Bosch
Benidorm, 5 de febrero de 1968.

* Editado en noviembre de 1967 por Publicaciones Ahora, Santo Domingo, República Dominicana.

Historia del asesinato de un niño palestino

Isabel PérezMohamed Al Durrah

Comenzaba la Segunda Intifada palestina en la Franja de Gaza, cuando un padre y su hijo se vieron atrapados por el fuego israelí. La imagen de Yamal Al Durrah y su hijo Mohamed, agazapados e intentando protegerse de las balas dio la vuelta al mundo. El momento quedó grabado por un periodista de la televisión France 2 que, además, informó vía telefónica cómo padre e hijo habían sido objetivo del fuego desde las posiciones militares israelíes.

Tras recibir la noticia de que Israel continúa negando la autoría de este asesinato y afirma que el niño sigue vivo, su padre Yamal explica: “El día en el que el Ejército israelí asesinó a mi hijo y yo salí gravemente herido estaba haciendo señales a los militares israelíes con mi mano, pidiéndoles que pararan de disparar. Las balas llegaban hacia nosotros.”

Desde que esto ocurriera, el 30 de septiembre de 2000, Israel ha intentado crear su propia versión tergiversando la información e incluso manipulando las imágenes. “Al principio, Israel condenó a los dirigentes de su Ejército porque dispararon sobre nosotros –continúa explicando Yamal–. Luego, las imágenes de Mohamed Al Durrah muriendo se difundieron en las cadenas internacionales, en todas las televisiones del mundo y, cuando Israel vio esto, quiso evitar la historia. Creó otro escenario donde mostraban las imágenes con una keppa sobre mi cabeza y la de mi hijo, mostrando al mundo lo contrario: que nosotros éramos israelíes y eran los palestinos los que nos disparaban”, dice Yamal.

Cambiar los hechos

Varias organizaciones de derechos humanos palestinas han llevado a cabo investigaciones y han recopilado información más que suficiente para refutar la teoría israelí. “Israel siempre intenta defenderse a través de la emisión de mentirasy pretensiones que no tienen que ver con la realidad –nos cuenta Samir Zakut del Centro de derechos humanos Al Mizan en Gaza–. El asesinato de Mohamed Al Durrah fue tan cruel que conmovió la conciencia humanitaria, no sólo la de palestinos y árabes”.

Mohamed Al Durrah se convirtió desde entonces en el símbolo de la Segunda Intifada, tanto es así que un hospital de la Franja de Gaza porta hoy su nombre.Israel rechazó cooperar con todos los comités de investigación internacionales que fueron enviados a Palestina tras el suceso. “Lo raro es que este estado de ocupación formó un comité de investigación para hacer la investigación ellos mismos. Es incomprensible que el asesino haga una investigación así mismo”, recalca Samir Zakut.

El pequeño Mohamed murió como consecuencia de heridas mortales en su abdomen, de disparos que provocaron que sus intestinos salieran al exterior, según informó en su momento el médico forense Abed El Razeq El Masri, quien además envió fotografías del cadáver a los medios de comunicación. Su padre Yamal recibió varias balas en la pelvis, el brazo y la arteria femoral. “Netanyahu sabe que la imagen de Israel fue manchada con la sangre del mártir Mohamed Al Durrah y ahora los israelíes intentan demostrar al mundo que son la víctima y que el pueblo palestino es el criminal”, añade Yamal Al Durrah.

“Nadie puede cubrir el sol, no se puede ocultar la realidad –nos cuenta Samir desde el centro Al Mizan–. Las fuerzas de la ocupación mataron a Al Durrah a sangre fría. Mataron a un niño sin piedad. Si la comunidad internacional quiere la verdad, si realmente está a favor de los derechos humanos y los defiende, debe formar un comité de investigación. La tumba de Al Durrah existe, sus restos también. No hablamos de graves violaciones, hablamos de crímenes de guerra porque Israel los comete de manera sistemática”.

Trece años después del asesinato de Mohamed, su madre Amal sigue esperando que se haga justicia. “Mataron a mi hijo –dice Amal– y como madre pido que el asesino sea llevado a juicio. La comunidad internacional es responsable si no interviene, si no defiende al pueblo palestino ellos son responsables. Los israelíes son famosos por sus mentiras, ellos lo niegan para que no se les lleve a la justicia. No quieren tener las manos manchadas delante del mundo.”

Publicado por Diagonal/Rebelión

 

Juan Bosch: De la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear

la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee.

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La ilusión de las guerras limitadas*
Juan Bosch

Este artículo fue escrito para la revista The Christian Century, que se editaba en Chicago, EE.UU. El título le fue puesto por los editores de la revista, que publicó el artículo en su edición del 17 de abril de 1968, páginas 480-2.

Evidentemente, la segunda guerra mundial hizo pasar a la humanidad, en términos históricos, del siglo XX al siglo XXI; de la edad de la dinamita a la edad atómica y nuclear; de la edad del motor de pistón a la del jet; del avión terrestre al satélite espacial; de la máquina calculadora que se manejaba a mano al computador electrónico; de la industria desarrollada por técnicos autodidactas como Thomas Alva Edison y Henry Ford a la industria sobredesarrollada a base de estudios de científicos de primera categoría como Enrico Fermi y la pareja china de Yang y Lee. Y ese salto, asombrosamente violento si lo vemos desde el punto de vista del corto tiempo en que se produjo, debía reflejarse en grandes cambios sociales y políticos en todo el mundo. La incapacidad de los Estados Unidos para aceptar esos cambios y ajustarse a ellos se ha traducido en una actitud de violencia internacional muy peligrosa. En lo que se refiere a la América Latina, ese estado de violencia deberá desembocar, me parece que de manera inevitable, en una revolución social de grandes vuelos. No hay que hacerse ilusiones: esa revolución comenzó ya en Cuba, y hágase lo que se haga o dígase lo que se diga, podrá ser demorada pero no podrá ser evitada. Es probable que la decisión de evitarla lleve a los Estados Unidos a guerrear en la América Latina como los ha llevado a guerrear en el Sudeste Asiático, y está dentro de lo posible que la guerra en Asia produzca el estallido de la revolución en América Latina. ¿Qué tiene que ver la América Latina con la guerra de Vietnam, y qué tiene que ver la guerra de Vietnam con la incapacidad norteamericana para aceptar los cambios introducidos en el mundo por el paso de la industria de los técnicos autodidactas a la industria sobredesarrollada de los científicos? ¿Cuál es la razón de que un país tan excepcionalmente desarrollado en el campo científico, como son los Estados Unidos, no pueda ajustarse a los cambios políticos y sociales impuestos en el mundo a consecuencia de la segunda guerra mundial? Todas esas preguntas se relacionan entre sí porque todas ellas surgen de un mismo hecho: el estado de violencia que prevalece en el ámbito internacional. Hasta el momento, lo que está sucediendo en Vietnam se mantiene dentro de lo que en estrategia militar se llama “guerra limitada”. Sin embargo, debemos notar que esa “guerra limitada” ha traspasado varias veces los límites que se le habían fijado; por tanto, no hay razón para que no traspase también los actuales y llegue a convertirse en una guerra general asiática. Inicialmente, el plan norteamericano fue organizar un gobierno y unas fuerzas armadas anticomunistas en Vietnam del Sur, y darles apoyo político, económico y militar a ese gobierno y a esas fuerzas armadas, para lo cual se enviaron a Vietnam del Sur unos cuantos cientos de consejeros militares y de técnicos civiles y unos cientos de millones de dólares en dinero, armas y equipos; pero después hubo que traspasar esos límites, hubo que aumentar los envíos de consejeros militares y civiles, los de dinero y armamentos y equipos, de manera que los gastos subieron a un billón de dólares al año; más tarde se ampliaron otra vez los límites y se procedió a construir grandes bases aéreas, navales y de infantería para soldados norteamericanos, lo que significó el aumento de los gastos en Vietnam por encima del billón de dólares al año; y por fin hubo que mandar al combate a las fuerzas norteamericanas, primero para defender esas bases y después para guerrear en todo el Vietnam del Sur, lo que se tradujo en gastos superiores a los veinte billones de dólares al año y en una guerra abierta contra Vietnam del Norte. En términos militares, pues, los planes limitados de los Estados Unidos fueron implacable y sucesivamente sobrepasados por la fuerza de los acontecimientos, y al comenzar el año de 1968 la guerra era “limitada” sólo en un aspecto: el de que se mantenía dentro del territorio de los dos Vietnam. Pero ya a esa fecha amenazaba con desbordarse a Cambodia, Laos y Tailandia, cosa que puede ocurrir en cualquier momento. Ahora bien, en términos políticos la guerra de Vietnam dejó hace tiempo de ser “limitada”. La presencia de tropas australianas, neozelandesas, surcoreanas, tailandesas, es una demostración concluyente de que en el orden internacional estamos en presencia de una guerra que ya no es “limitada”; que salió de las fronteras de Vietnam y está afectando a países lejanos, cuyos hijos están muriendo en Vietnam bajo sus propias banderas. Por último, la creciente y pública ayuda rusa y china a Vietnam del Norte y al Vietcong en armas confirma lo que decimos: políticamente, la guerra de Vietnam se ha convertido en un conflicto internacional, y por tanto no sigue teniendo las características de las “guerras limitadas”. Esta verdad se ha mantenido oculta a los ojos del pueblo norteamericano y de otros pueblos del mundo mediante la creación de una falsa ilusión. A los norteamericanos se les ha hecho creer que la guerra de Vietnam es “limitada” porque ni China ni la Unión Soviética han enviado tropas al combate. Pero es el caso que varios otros países han enviado tropas, y el propio presidente Johnson, cada vez que habla sobre los acontecimientos de Vietnam, se refiere a esos ejércitos extranjeros llamándolos “nuestros aliados”. Luego, resulta evidente que desde el lado de los Estados Unidos se trata de una guerra que hace tiempo dejó de ser “limitada” y pasó a ser internacional. La experiencia que se saca de la lucha en el Sudeste Asiático es que no resulta fácil mantener “guerras limitadas” cuando éstas se tiñen con matices ideológicos. Al intervenir en una guerra el aspecto ideológico, es difícil contenerla en determinados límites geográficos. La de Israel y Egipto en junio de 1967 no tuvo caracteres ideológicos, aunque por detrás de Egipto estuviera Rusia y por detrás de Israel estuvieran los Estados Unidos; y esa ausencia del factor ideológico la dejó en los límites de una guerra internacional convencional. El vocablo convencional debe aplicarse a una guerra tomando en cuenta no sólo los tipos de armas que se usen sino además cuál es la motivación que la provoca. Desde su costado ideológico, la guerra de Vietnam no es convencional y no puede ser limitada, puesto que necesariamente quedan arrastrados hacia ella todos los que en el mundo entero simpatizan con el régimen comunista y todos los que aspiran a la destrucción de ese régimen. En la guerra de Vietnam, como en la intervención armada en la República Dominicana, la razón esgrimida por los Estados Unidos, a lo menos en público, es la del anticomunismo: están peleando en el Sudeste de Asia y enviaron sus “marines” a la isla antillana porque ellos tienen una misión planetaria, la de destruir el comunismo dondequiera que éste asome la cabeza o dondequiera que a los Estados Unidos les parezca que hay comunistas. Desde luego, el derecho que se atribuyen los norteamericanos de aniquilar a los comunistas genera el derecho de los comunistas a aniquilar a los norteamericanos. El resultado lógico de esos derechos en pugna es un estado de violencia internacional muy adecuado para que una llamada “guerra limitada” resulte desbordada más allá de los límites previstos; y eso es lo que ha sucedido en Vietnam. ¿Hasta qué momento podrá mantenerse la ilusión de que la guerra de Vietnam está en el número de las “limitadas”? ¿En qué momento comenzarán a entrar en acción los “voluntarios” chinos, soviéticos y de otros países comunistas? Eso no lo sabemos, pero lo que parece hallarse al borde de que se produzca cualquier día es la extensión de la guerra a países vecinos de Vietnam, como Laos y Cambodia, y no en forma de guerrillas comunistas laosianas o cambodianas ni en la de guerrillas infiltradas desde Vietnam del Norte bajo la dirección de jefes vietnamitas. Como puede leerlo quien quiera en la prensa de los Estados Unidos, algo de eso está sucediendo desde hace meses, o se da la noticia de que ha sucedido. A lo que quiero referirme es a la entrada en acción, sobre suelo laosiano y cambodiano, de tropas norteamericanas enfrentadas a tropas de Vietnam del Norte. Lógicamente, si los Estados Unidos deciden invadir Vietnam del Norte con su infantería —y no hay a la vista otra salida para la guerra que la conquista física del territorio de Vietnam del Norte—, lo harán después que hayan llevado sus fuerzas a Laos y Cambodia; por lo menos, a Laos. Ese paso puede provocar la llegada a Vietnam de “voluntarios” chinos y rusos, con lo cual quedaría muerta la ilusión de que la guerra de Vietnam es “limitada”. Pero el fin de esa ilusión significaría la entrada en escena de otros factores. Y ésa puede ser la oportunidad histórica para que se provoque el estallido de la revolución en la América Latina. En mi último libro, El pentagonismo, sustituto del imperialismo*, hay un párrafo que parece adecuado para esta ocasión. Dice así: “Los actos de los pueblos, como los actos de los hombres, son reflejos de sus actitudes. Pero sucede que la naturaleza social es dinámica, no estática, de donde resulta que todo acto provoca una respuesta o provoca otros actos que lo refuercen. Ningún acto, pues, puede mantenerse aislado. Así, la cadena de actos que van derivándose del acto principal acaba modificando la actitud del que ejerció el primero y del que ejecuta los actos-respuestas. Esa modificación puede llevar a muchos puntos, según sea el carácter personal, social o nacional— del que actúa y según sean sus circunstancias íntimas o externas en el momento de actuar”. La actitud de los Estados Unidos, religiosamente anticomunista, los ha llevado a una guerra ideológica de exterminio de los comunistas en Vietnam; al mismo tiempo, sus circunstancias nacionales —las íntimas, desde el punto de vista de su política doméstica — les obliga a una contradicción insoluble, que consiste en mantener la ilusión de que están haciendo una “guerra limitada” a la vez que solicitan la ayuda de otros gobiernos, es decir, la presencia de “aliados”; y sucede que dada la naturaleza ideológica de la guerra, esos “aliados” tienen necesariamente que ser también anticomunistas; y como es lógico, si la guerra se extiende, los Estados Unidos llevarán a ella más países, y lo que es peor, necesitarán más aliados, y todos deberán ser, desde luego, ideológicamente afines. Ahora bien, ¿cuáles podrán ser esos aliados? Visto que los países europeos han abandonado su actitud de anticomunismo religioso, será difícil hallar un país de Europa que mande tropas a Vietnam para combatir del lado norteamericano. En África no hay ejércitos capaces de hacer la guerra moderna. Las únicas reservas militares que los Estados Unidos pueden conducir a esa guerra son las de la América Latina. Y a nadie debe caberle duda de que la intervención de ejércitos latinoamericanos en una guerra asiática provocará el estallido de la revolución en la América Latina. ¿Por qué se hace esta afirmación tan categórica? Porque según nos enseña la historia no hay guerra internacional que no estimule y provoque cambios en las estructuras sociales y políticas de los países que toman parte en ella, y en la América Latina, dada la petrificación económica y social existente, todo cambio requerirá, de manera inevitable, el ejercicio de la violencia, esto es, una acción revolucionaria; y la necesidad de cambios en la América Latina se hizo evidente con el paso de Cuba hacia el campo socialista a pesar de que en la revolución cubana no participaron ni un ruso ni un chino ni un yugoeslavo, y, al contrario, participaron norteamericanos anticomunistas. ¿Cuál es la fuerza ciega que incapacita a los Estados Unidos para aceptar los cambios que se han producido ya en el mundo y que necesariamente llegarán a imponerse en Asia y en América Latina? Esa fuerza es la misma que los mueve a hacer la guerra de Vietnam. En apariencia, es el anticomunismo, pero el anticomunismo es sólo el aspecto negativo —o anti— del afán de lucro. El afán de lucro de los norteamericanos es la fuerza ciega que ha convertido a los Estados Unidos en el campeón mundial del statu-quo. Un país que a esta altura del mundo considera lógico y moral que alguien gane dinero fabricando armas que tienen un poder espantoso de muerte y destrucción, no ha alcanzado todavía a darse cuenta de que la segunda guerra mundial llevó a la humanidad del siglo XX al siglo XXI, y que en este siglo XXI en que históricamente nos hallamos los valores del siglo XX han sido superados y deben ser llevados al desván donde se guardan los objetos que ya no tienen uso. Es inconcebible que el poder de matar y de destruir, al grado a que ha sido llevado por los científicos que trabajan para la industria sobredesarrollada, siga siendo un negocio para el beneficio de unas cuantas empresas. Si la guerra no puede ser excluida del planeta en que habitamos, y si la organización de la sociedad norteamericana no puede ser transformada para eliminar de ella el afán de lucro, por lo menos debería establecerse de manera terminante un principio: Que la fabricación de armamentos y de todos los equipos que se usan en la guerra sea una responsabilidad exclusiva de la Nación; que se convierta en una actividad pública y deje de ser un negocio privado. Dada la naturaleza social norteamericana, sería una tontería aspirar a más; pero tampoco debemos aspirar a menos, porque es demasiado expuesto para el género humano que su existencia dependa de la voluntad y la capacidad de ganar dinero que tengan algunas personas o algunos grupos de personas.

Juan Bosch
Benidorm, 5 de febrero de 1968.

* Editado en noviembre de 1967 por Publicaciones Ahora, Santo Domingo, República Dominicana.

 

¿Qué es el capital semilla?

Capital semilla

Continuamos con nuestro diccionario del emprendedor. En anteriores ocasiones os hablamos de qué es una startup y de una de las formas de financiación más habituales, el Venture Capital. Hoy presentaremos un término también asociado con la inversión en startups, el decapital semilla.

Capital semilla está relacionado con las inversiones tempranas en startups, cuando éstas se encuentran en su fase de creación y no tienen un claro modelo de negocio o éste todavía no es capaz de generar sus propios flujos de caja.

Origen de los fondos y cantidades habituales

El capital semilla puede tener varias fuentes, siendo los business angels la más habitual. Éstos son personas que deciden invertir parte de su patrimonio en otras iniciativas emprendedoras con el objetivo de obtener una rentabilidad en el corto o medio plazo.

Además de business angels también es posible ver aportaciones de capital semilla procedentes de los propios fundadores de las empresas, familiares y amigos e incluso fondos de capital riesgo (VCs). En los últimos años también estamos asistiendo a una creciente actividad de incubadoras y aceleradoras en este sentido.

Las cantidades que suelen ser aportadas por los inversores varían de una forma muy importante de unos mercados a otros y también dependen del proyecto; mientras que en mercados maduros como el de Estados Unidos o Israel podemos encontrarnos con aportaciones de capital semilla que alcanzan el millón de dólares, en España éstas suelen encontrarse en un rango de entre 50.000 y 200.000 euros.

Startup funding

Riesgo asociado

Las inversiones medias de capital semilla son muy inferiores a las que realizan los VCs por dos motivos. El primero de ellos es la capacidad de financiación y disponibilidad de fondos y la segunda es el riesgo asociado a la inversión.

Como hemos mencionado anteriormente las startups que reciben capital semilla suelen hacerlo en sus primeros meses de vida, cuando la empresa es todavía muy joven y no existe (en la mayoría de los casos) un claro modelo de negocio o éste no genera flujos de caja importantes. Es por ello que el riesgo asociado a este tipo de inversiones es elevado.

La decisión de invertir no se basa por lo tanto en unas altas probabilidades de generar flujos de caja si no en la confianza en la idea, en el proyecto y en el equipo que lo llevará a cabo.

En El Blog Salmón | ¿Qué es una startup? y ¿Qué es el Venture Capital?

La decisión de la ONU sobre Palestina es obstáculo a la guerra imperialista

Presidents and other members of UNASUR at the ...
Presidents and other members of UNASUR at the First Brasília Summit on 29 September 2005. (Photo credit: Wikipedia)La historia de los pueblos va en sentido contrario a la lógica de los imperialistas, este día han salido publicadas, en distintos medios de comunicación, las declaraciones de la Secretaria de Estado estadounidense Hilary Clinton en donde sostiene que la decisión de la ONU sobre Palestina supondría obstáculos para “la paz” y calificó la resolución como desafortunada y contraproducente.
Nada mas paradojal se le ocurre decir a la vocera imperialista cuando hay una decisión de 138 votos a favor, 41 abstenciones y 9 en contra y de cual paz está hablando esa señora, si en la historia contemporánea quienes han usado la guerra para saquear y dominar a los pueblos han sido los estadounidenses y sus aliados. Si quien ha convertido a Israel en un campamento militar de avanzada sobre los países orientales ha sido Estados Unidos, si quien disparó dos bombas atómicas sobre Iroshima y Nagasaki fueron los norteamericanos, si quien destruyó a fuerza de bombardeos y asesinatos la Yamahiriya Libia fueron los norteamericanos y sus aliados, si quienes financian y proveen armamento especializado a los terroristas que agreden Siria y realizan masacres y destrucción de ciudades son los norteamericanos y sus aliados, si quienes mantienen subsumidos en la crueldad de los drones asesinos al pueblo afgano son los norteamericanos y sus aliados, etc

¿A QUE PAZ alude la Secretaria de Estado estadounidense?

¿No será que el mito de la omnipotencia imperialista se derrumba y que otros países y pueblos como los no alineados, Rusia, China y los países de UNASUR están desplazando a los norteamericanos y sus aliados y lacayos del escenario de las decisiones políticas internacionales?

Lo que se ve a ciencia cierta es que los pueblos van en la historia en sentido contrario a la lógica de los imperialistas y ese proceso ya no se detiene.

Por: Julián Bravo

juliabra54@yahoo.com

La tragedia de Gaza: tener yacimientos de gas

 

 

VICKY PELÁEZ 

La guerra es justa para aquellos a quienes es necesaria y, es sagrada para aquellos a quienes no queda otra esperanza (Tito Livio, 59 a.C. – 17 d.C.)
Después de ocho días de muerte y destrucción en la Franja de Gaza y también de temor constante en Israel, el sonido de las explosiones de misiles ha enmudecido y solamente el persistente zumbido de los drones sobre territorio palestino sirve para advertir que el conflicto entre Israel y el movimiento Hamas no ha terminado y que las sirenas de ambulancias podrían interrumpir nuevamente la precaria paz en la región.
Por supuesto que la tragedia de los palestinos no comenzó el pasado 14 de noviembre, sino el 14 de mayo de 1948 cuando el Estado hebreo, que fue creado por una resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), contra la voluntad del presidente estadounidense Harry Truman y con el auspicio de la ex Unión Soviética, ocupó el 57 por ciento del territorio no asignado, dejando el 42 por ciento a los palestinos y uno por ciento para Jerusalén.
Lo interesante fue que el plan inicial de crear un Estado judío fue diseñado en 1895 por Teodoro Herzl, periodista y escritor austrohúngaro de origen judío. Este diseño fue presentado al Barón Hirsch y a la familia Rotschild para su aprobación y financiamiento. Posteriormente el proyecto fue ampliado en el libro, “El Estado Judío” publicado en 1896.
De acuerdo a Herzl, existían dos alternativas: Palestina o Argentina. Pasados 53 años el destino con atributos de la ONU le designó al futuro Estado una parte de Palestina que los judíos consideraban, según Herzl, “nuestra inolvidable patria histórica”.
En los siguientes siete años, los grupos terroristas Stern y Haganah destruyeron 418 pueblos palestinos y tomaron el control del 78 por ciento del territorio desplazando a los palestinos a la Franja de Gaza y a Cisjordania. En Jerusalén los treinta barrios árabes fueron reducidos a cuatro. Por eso los argentinos dicen que de haber entrado en Patagonia, los israelíes ya estarían gobernando el país.
En los años sucesivos Israel se apoderó del 91 por ciento del territorio asignado a los palestinos convirtiéndose, la Franja de Gaza y parte de Cisjordania en los enclaves palestinos bajo su dominio después de invadirlos en 1967. Recién en 2005 los militares israelíes salieron de estos territorios manteniendo Israel un absoluto control sobre el espacio aéreo, marítimo y terrestre de Gaza y también sobre sus telecomunicaciones, recursos naturales y los sistemas de abastecimiento de agua y electricidad.
Nadie ni nada puede salir o entrar al territorio sin permiso de las autoridades israelíes. Ya se puede imaginar las condiciones de vida en esta franja habitada por 1,6 millones de habitantes, la mayoría de los cuales son refugiados, que viven en una superficie de 360 kilómetros cuadrados. El índice de desocupación es superior al 40 por ciento y el 30 por ciento del PIB proviene del trabajo en Israel. Se calcula que un 37 por ciento de la población vive en la pobreza extrema.
Oficialmente la Franja de Gaza y una parte de Cisjordania están bajo la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que se formó en 1994 conforme a los acuerdos de Oslo entre la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y el gobierno de Israel. Sin embargo, la autoridad de la ANP se limita a la administración en las áreas urbanas palestinas y sólo al control civil en las áreas rurales.
Desde 1994 hasta su muerte sospechosa en 2004, el líder de la OLP Yasir Arafat era el presidente de Palestina que dedicó toda su vida a la lucha por la independencia de su pueblo bajo el permanente asedio y atentados de los gobiernos de turno israelíes que tenían otros planes sobre el futuro de los palestinos.
Ya en 1948 Albert Einstein y 28 destacados hombres judíos mandaron una carta al New York Times advirtiendo a la humanidad que “entre los fenómenos inquietantes de nuestra época tenemos, en el Estado de nueva creación, Israel, la aparición del Partido de la Libertad, un partido político con un enorme parecido, en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales, a los partidos nazi y fascista”. Los 64 años siguientes confirmaron aquella advertencia de Einstein y sus seguidores.
El Partido de la Libertad (Thuat Haherteur) se convirtió en el precursor del partido Likud, cuyo líder Benjamin Netanyahu es actualmente el primer ministro del país siguiendo la política persistente de genocidio contra el pueblo palestino. Y esto lo confirma una reciente encuesta cuyos resultados fueron anunciados el 21 de noviembre por el periódico israelí Haaretz que reveló que “el 58 por ciento de israelíes creen que su país está aplicando la política de apartheid contra los palestinos”.
Un prominente intelectual israelí Dr. Avner Fainquelernt declaró al periódico Yedioth Ahronoth que “ya se convirtió en tradición de nuestro democrático e iluminado país asesinar a cualquier hombre fuerte palestino capaz de enrumbar a su pueblo y a la sociedad israelí hacia un acuerdo de coexistencia pacífica en esta dividida y despedazada región”.
La reciente muerte por un misil de alta precisión del líder militar de Hamas Ahmed Jaabari, quien estaba negociando el fin del bloqueo en la Franja de Gaza y la firma de paz con Israel, muestra hacia donde está orientada la actual política del gobierno de Israel. Este país no anhela la paz sino la continuación de la expansión del Estado de Israel. Y precisamente este asesinato prendió la chispa de indignación del partido Hamas que está gobernando en la Franja de Gaza después de las elecciones democráticas mientras que en Cisjordania está a cargo de su gobierno el partido Fatah.
En respuesta al asesinato de Jaabari, los militantes de Hamas lanzaron cohetes hacia Israel y comenzó lo que los dirigentes actuales de Likud llaman “el periódico recorte de césped” –el diluvio de misiles lanzados cada diez minutos por las tropas israelíes de aire, mar y tierra sobre la sufrida Franja de Gaza y sus habitantes.
Después de ocho días de terror hay 162 muertos palestinos, la mayoría niños, mujeres y ancianos, y 1,300 heridos. En Israel también lamentan la muerte de cinco de sus ciudadanos inocentes y de un soldado y de unos 80 heridos, resultado de la ambición desenfrenada del actual gobierno de extrema derecha de Israel.
Quieren sacar a los palestinos de la Franja de Gaza como sea sin darse cuenta que la violencia que aplican contra los palestinos está fortaleciendo a Hamas y a los grupos yihadistas en la región como lo sucedió después de la Operación “Plomo Fundido” que tuvo lugar en 2008 – 2009 durante la cual 1.400 palestinos perdieron la vida.
La persistencia de Israel de hacer limpieza étnica en la Franja de Gaza no se explica simplemente por razones geopolíticas sino más bien por los económicos. Resulta que frente a las costas de Gaza hay dos bolsas de gas natural submarino estimados en 4.000 millones de dólares que el Estado de Israel no quiere compartir con los palestinos.
La historia se remonta a 1999 cuando reinaba una relativa paz en la región después de la firma del Tratado de Paz en Oslo. Precisamente aquel año el primer ministro Ehud Barak, líder del Partido Laborista, otorgo el derecho a este yacimiento a la Autoridad Nacional Palestina que firmó el tratado de exploración y extracción de gas con la compañía British Gas (BG) y con la Consolidated Contractors (CCC) libanesa. Según el acuerdo, la BG obtendrá el 60 por ciento de la ganancia, la CCC, el 30 por ciento y la Autoridad Palestina, el 10 por ciento y además tendrá el 25 por ciento de la tributación corporativa. También la ANP recibió el derecho de construir un gaseoducto.
El problema fue que la ANP no podía otorgar las garantías jurídicas a la BG e Israel bajo el pretexto de la llegada al poder de Hamas en la Franja de Gaza en 2007 y un posible peligro de la intensificación de la intifada palestina decidió no otorgar esta garantía y empezó a hacer todo lo posible para debilitar y sacar Hamas del gobierno aplicando tenazmente su política de limpieza étnica.
Mientras tanto ha estado tratando de convertirse en el poseedor único de un millón y medio de millones de metros cúbicos de gas natural empujando por el medio de miedo, hambre y marginalización a los habitantes de la Franja de Gaza abandonar su territorio.
Lo que no está tomando en cuenta Israel son los cambios geopolíticos que se han producido en la región que debido a la política de “revoluciones” y “caos controlado” que ha estado promoviendo en el Medio Oriente su mentor y socio, en este momento incondicional, Estados Unidos.
Por primera vez en la historia de la región Egipto, Turquía y Qatar han obtenido un poder político que les facilitó la firma bastante rápida de un acuerdo del Alto el Fuego en la Franja de Gaza entre Hamas y el gobierno de Israel. Podría ser una tregua frágil pero el apoyo a Hamas por la organización Hermanos Musulmanes está fortaleciendo a los palestinos. Esta vez los militares israelíes se abstuvieron a utilizar los helicópteros Apache por el miedo a los misiles tierra aire FIM 92 Stinger que supuestamente tienen militantes de Hamas. Tampoco todos los cohetes Fajr 5 de diseño iraní fueron interceptados por un sofisticado sistema antimisiles norteamericano Domo de Acero instalado en Israel. En términos generales este conflicto ha hecho elevar la posición de Hamas en el mundo árabe.
La situación en la región es diferente a la que era hace 64 años y por supuesto es mucho más complicada. Han surgido dos corrientes geopolíticas en el Medio Oriente. La primera es sunita y está formada por Turquía, Arabia Saudita, Qatar apoyados por los Estados Unidos y la Unión Europea y la segunda es chiita en la que participan Irán, Hezbolá libanés y el actual gobierno iraquí que tienen un apoyo implícito de China y Rusia.
Egipto se inclina a ser parte de la primera corriente pero fácilmente podría apoyar ciertas iniciativas de la segunda. A la vez dentro de estos bloques hay divergencias respecto al régimen de Bashar al-Assad de Siria.
Nadie sabe cómo va a desarrollarse la situación en la región. Sin embargo, está bien claro que Israel tendría que revisar su política de apartheid hacia los territorios palestinos, como lo exige una nueva distribución de las fuerzas geopolíticas en la región y analizar sabias palabras del ex procurador del país, Micael Ben-Yair: “la seguridad de Israel no puede basarse únicamente en la espada; más bien debe ser guiada por nuestros principios de justicia moral hacia la paz con nuestros vecinos. Un régimen de ocupación socava estos principios de justicia moral e impide el logro de la paz. Pone así en peligro la existencia de Israel” (Haaretz, 3 de marzo de 2002).
Publicado por Unidad y Resistencia el miércoles, noviembre 28, 2012