Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

Octubre de 1492, sangre, lodo y capitalismo

Español: Ilustración de la Brevísima de De las...
Español: Ilustración de la Brevísima de De las Casas, realizada por De Bry (Photo credit: Wikipedia)

 

José Pablo Feinmann

 

Página 12
El presente texto busca ser una guía para el estudio histórico, religioso y filosófico del despegue del capitalismo. Cuando los conquistadores y los historiadores de este inclaudicable sistema lo interpretan como la civilización, como la pesada carga del hombre blanco que rescata a los pueblos subalternos de su barbarie para dirigirlos hacia el progreso que ellos encarnan, hablan de la invasión a las tierras de América en términos de “descubrimiento”. Para ellos –para el Occidente capitalista– lo fue. Lo que Europa miraba era “descubierto”. Se “descubría” a los pueblos salvajes para conducirlos a la civilización. Escribe Hegel: “El Nuevo Mundo quizá haya estado unido antaño a Europa y Africa (…) La conquista del país señaló la ruina de su cultura, de la cual conservamos noticias; pero se reducen a hacernos saber que se trataba de una cultura natural, que había de perecer tan pronto como el espíritu se acercara a ella (…) Los indígenas, desde el desembarco de los europeos, han ido pereciendo al soplo de la actividad europea (…) mucho tiempo ha de transcurrir todavía antes de que los europeos enciendan en el alma de los indígenas un sentimiento de propia estimación” (Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Introducción especial: El Nuevo Mundo). Señalemos la sinonimia que se establece entre el capitalismo occidental en busca de riquezas y “el espíritu”. Cuando Colón “descubre” América, ésta es descubierta por el espíritu. ¿Qué podrá decir Hegel de los africanos? Cito: “El negro representa el hombre natural en toda su barbarie y violencia; para comprenderlo debemos olvidar todas las representaciones europeas. Debemos olvidar a Dios y a la ley moral. Para comprenderlo exactamente, debemos hacer abstracción de todo respeto y moralidad, de todo sentimiento. Todo esto está de más en el hombre inmediato, en cuyo carácter nada se encuentra que suene a humano (…) Si pues en Africa el hombre no vale nada, se explica que la esclavitud sea la relación jurídica fundamental” (idem).

En su diario, Colón escribe sobre los arawaks de las Antillas: “No llevan armas, ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. No tienen hierro. Sus lanzas son de caña (…) Serían unos criados magníficos (…) Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos” (citado por Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, Siglo XXI). Al mismo tiempo, España había expulsado de su santo territorio a los judíos y a los musulmanes. La reina Isabel ya había aceptado los castos proyectos de Torquemada y lo autorizó a castigar a los pecadores y herejes. El Santo Oficio empezaba su tarea: limpiar a las almas impuras de Europa en tanto Colón llevaba el espíritu a los nuevos territorios. Aunque más que eso se dedicó a la búsqueda de oro, pues había asegurado a su reina que regresaría con las naves cargadas de ese metal codiciado. “Como otros estados del mundo moderno, España buscaba oro, material que se estaba convirtiendo en la nueva medida de la riqueza, con más utilidad que la tierra pues todo lo podía comprar” (Howard Zinn, ob. cit.). En el poderoso capítulo de Marx sobre el carácter fetichista de la mercancía y su misterio, se explica cómo todas las mercancías terminan refiriéndose a una: el dinero. De lo contrario, no se habría superado la etapa del trueque. Pero añade que, a su vez, el dinero se refiere a una forma superior de representación: el oro. Así, los metales preciosos desempeñan “la función social de equivalente general” (El Capital, tomo I, vol. I, Siglo XXI).

En Hegel vemos que la criaturas ajenas al espíritu europeo carecen del espíritu de la civilización. Los conquistadores habían anticipado –desde el catolicismo– esta condición. Los indios carecían de alma. Se los trató de evangelizar pero, se dijo, no lo aceptaron. Así, fueron torturados, quemados, masacrados. ¿Qué es el alma? En el Cap. 5, artículo 3 del quinto tomo de la Summa Theologica, Santo Tomás se enfrenta al siguiente problema. En la Biblia se dice que El Verbo se hizo carne. ¿Significa esto que carecía de alma? No. “El Verbo es fuente de la vida como causa eficiente de la vida. Pero el alma es principio de la vida para el cuerpo en cuanto forma del mismo”. Los indígenas no tenían alma. Carecían del “principio de la vida para el cuerpo”. Eran, así, sólo cuerpo. Sólo carne. ¿Podían recibir el sacramento? Los sacerdotes que acompañaban a los héroes de la conquista lo ofrecían. Porque “es necesario para salvarse que los hombres se unan bajo el nombre de la única religión verdadera. Luego los sacramentos son necesarios para la salvación del hombre” (Santo Tomás, Ibid., Necesidad de los sacramentos, artículo primero). Por consiguiente, los buenos pastores informaban que los salvajes rechazaban los sacramentos. No tenían salvación posible. Son conocidos los horrores de las matanzas a que los conquistadores de la católica sometieron a los pueblos originarios de América. Escribe Marx: “El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria” (El Capital, ob. cit., p. 939). Bartolomé de las Casas: “La causa porque han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días” (Opúsculos, Cartas y Memoriales, Ver: Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Ed. Edaf). Pero el capitalismo no habría de de- sarrollarse en España. Había otra nación más pujante, más consciente de su destino histórico: Inglaterra. Para quedarse con el oro que los españoles extraían de sus colonias decidieron atacar los galeones que lo transportaban. Así, podría decirse que los piratas fueron el engranaje fundamental (entre algunos otros) que permitieron el desarrollo del capital en la Gran Bretaña. Escribe Enrique Silberstein: “Todas las campañas de los piratas y filibusteros (o en su gran mayoría) se dirigían a robar a los barcos españoles que de América, cargados de oro o de mercaderías, se dirigían a España (…) Los filibusteros (y los piratas) fueron la cuña que introdujo Inglaterra (o mejor dicho sus empresarios) para ser los beneficiarios directos de los descubrimientos de los españoles y los portugueses. Pero, no sólo eso, sino que fueron ellos, los transportadores de la mano de obra, arrancada de Africa primero, comprada en Africa después, que era reclamada insistentemente por quienes trabajaban afanosamente para apoderarse de los metales preciosos que se encerraban en la tierra americana (…) Robar a los barcos españoles y transportar esclavos negros era la finalidad de los piratas y los filibusteros” (Los constructores del capitalismo, libro agotado por completo y absurdamente no reeditado aún). Así nace el capitalismo. Con los frutos extraídos al suelo suramericano y la matanza de sus pueblos originarios. Incapaz España de completar su empresa colonizadora con un sistema nuevo de producción, es Inglaterra la que, por medio de sus filibusteros, accede al desarrollo del capital comercial primero y del capital industrial después. Sabrá premiarlos: Henry Morgan será gobernador de Maracaibo. Y los lineamientos jurídico-filosóficos de su gobierno se los escribirá John Locke, uno de los grandes mentores económico-ideológicos del capitalismo. (Un necesario desarrollo de las lecturas aquí indicadas debiera ser el capítulo Colonias de Adam Smith en su dilatado y fundamental ensayo sobre la riqueza de las naciones y el bastante conocido cap. XXIV del primer tomo de El Capital sobre la acumulación originaria del capital.) Todo este desarrollo de la barbarie de los civilizadores lo resume Marx en una frase célebre: “Si el dinero, como dice Augier, viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (ob. cit., p. 950). En Irak (y vaya a saber muy pronto en qué otro lugar hasta la hecatombe) lo sigue haciendo.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-231144-2013-10-13.html

 

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Conocer el pasado para cambiar el presente

Español: El libro y su Historia

Reseña de” Historia mundial del pueblo”

 Se acaba de publicar el libro Historia mundial del pueblo. Con una visión desde abajo, el autor, Chris Harman, hace una lectura crítica del pasado que estimula la reflexión sobre el presente y el cambio social.

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado. Esta célebre frase de Orwell de su libro 1984 es una gran advertencia sobre el poder de la historia. No en vano los gobernantes de todas las épocas han procurado borrar los signos del pasado que no les interesaban y construir una visión de la historia que reforzara su poder.

Este libro de Chris Harman se propone un enorme reto: una historia mundial de la gente, desde la prehistoria hasta las puertas del siglo XXI. A pesar de la ingente labor de documentación que hay detrás, este libro es una alternativa a la historia ‘Trivial Pursuit’ que se basa en fechas y grandes personajes y no ayuda a entender el pasado ni el presente. El autor define así la historia y el sentido que tiene estudiarla: “La historia nos habla de la secuencia de acontecimientos que nos han llevado a la manera de vivir de hoy. Nos cuenta como nos hemos convertido en quienes somos. Entenderla es la clave para descubrir si podemos continuar cambiando el mundo en que vivimos y de qué manera”.

Se trata, por tanto, de una historia que reivindica el compromiso, que huye de la falsa neutralidad. Y es que, como decía el historiador estadounidense Howard Zinn: “Toda la historia es partidaria aunque la mayoría no lo es de forma abierta”.

Chris Harman (1942-2009) ha sido un destacado escritor marxista inglés. Ha publicado multitud de obras sobre economía, política e historia, entre ellos Zombie Capitalism o libros sobre el Mayo del 68 o la Revolución Alemana de 1918-1923. Con la publicación de Historia mundial del pueblo llega, por fin, uno de sus libros a los lectores en castellano.

Cabe destacar la capacidad del autor de expresar con claridad ideas complejas. El texto se lee con fluidez, sin que ello le quite profundidad. Otro de los valores de la obra es que cuenta con una perspectiva mundial. El libro pone énfasis en los desarrollos de tecnología y conocimiento que se han producido fuera de Europa y que luego han pasado de un punto a otro del planeta.

Clases sociales

El punto de vista de Harman parte de la comprensión de la historia que proporcionó Marx. La vida de las personas no se puede entender sin situarla en su contexto material y ver la necesidad que hay de cooperar para lograr unos medios de subsistencia. El trabajo sobre la naturaleza que nos rodea establece una serie de relaciones sociales, que van transformándose en la medida que también lo hace la forma de producir. Desde la emergencia de las clases sociales, la lucha de clases ha sido uno de los factores más importantes que han guiado los cambios sociales y políticos.

El libro no pretende hacer un relato completo de la historia de la humanidad, pero sí de entender sus dinámicas más generales. En este sentido muestra los puntos fundamentales del cambio histórico. La división de la sociedad en clases al final de la prehistoria, el ascenso y caída de los imperios antiguos. El devenir de las sociedades feudales y el desarrollo del comercio en el seno de estas últimas tanto en China como en Europa. Y finalmente la emergencia del capitalismo en Europa, desde donde se proyecta a todo el mundo imponiéndose con la colonización y el imperialismo.

El libro combina explicaciones más generales de los procesos históricos con episodios concretos de revueltas y revoluciones. Destacan los relatos sobre las revueltas de esclavos durante el Imperio Romano, las revueltas campesinas en Europa o la China feudal, la Revolución Francesa de 1789, el inicio del movimiento obrero en la Inglaterra del s. XIX, la Revolución Rusa de 1917 o la revolución en Irán de 1979, entre muchos otros.

Historia reciente

Cuando el libro se acerca a la historia más reciente, la de los últimos dos siglos, nos explica el cambio que supone el capitalismo. Se trata del primer sistema en el que un exceso de producción puede provocar crisis, paro y más miseria, donde aun habiendo comida en exceso una parte significativa de la población mundial pasa hambre diariamente. Pero, por otra parte, también bajo el capitalismo se forma una nueva clase social oprimida –la clase trabajadora– que tiene más capacidad que nunca en la historia para resistir: está agrupada colectivamente, vive en grandes concentraciones urbanas y tiene mayor conocimiento del mundo que la rodea que en ningún otro momento. Por primera vez se crean organizaciones estables de una clase explotada, como son los partidos y sindicatos.

La narración sobre el siglo XX nos lleva a un sentimiento ambivalente. Ha sido el siglo en que la barbarie ha llegado a mayores cuotas, con dos guerras mundiales, el holocausto y genocidios étnicos. Pero también, como dice Harman: “Ha sido la historia de generaciones sucesivas de gente, cada vez mayores en número, que han resistido la lógica del sometimiento a un mundo de competencia y acumulación de capital”.

El libro cuestiona la visión complaciente de que el capitalismo siempre durará. No sólo para tomar la perspectiva de que el capitalismo como sistema global lleva solo un siglo y medio, que contrasta con los 100.000 años de historia humana, sino, más importante, porque ayuda a entender los procesos de cambio que han llevado de un sistema social a otro y las contradicciones que se originan en su seno.

El autor evita tanto la visión triunfalista del progreso histórico, como la visión pesimista de que la historia siempre estará dominada por unos pocos. En definitiva, muestra que el rumbo de la historia viene marcado por lo que heredamos del pasado, pero también por la voluntad y la actuación de la gente en su presente.

Historia mundial del pueblo

Chris Harman Editorial Akal, 2013 624 páginas


La izquierda y la historia: una batalla por el pasado

Reproducimos un fragmento de una entrevista a Chris Harman realizada por el periódico Socialist Worker, donde el autor explica por qué escribió este libro.

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La historia es importante porque muestra como se ha formado el mundo en que vivimos hoy. Si miramos el mundo que nos rodea, encontramos racismo, crisis económica, una mentalidad de carrera de ratas, multimillonarios y grandes espacios de pobreza.

Si no se entiende la historia es fácil caer en la trampa de creer que estas cosas siempre han existido, que son una parte fija de la naturaleza humana que no puede ser desafiada o cambiada.

Es también innegable que la gente tiene un enorme interés en la historia. Pero, aún así, adquirir una amplia comprensión de la historia no es tan fácil.

Nuestros gobernantes siempre intentan presentar la historia solo como un recuerdo de las supuestamente heroicas proezas que realizaron ellos y sus predecesores. Así, las primeras historias escritas, hace unos 5.000 años, eran listas de faraones que gobernaban Egipto –como si hubieran sido ellos los que construyeron las pirámides, y no miles de obreros reclutados.

La misma actitud se mantiene hasta la actualidad, con educadores y políticos de derechas que creen que la historia debería centrarse en las proezas de los reyes y reinas. Y nuestros dirigentes han intentado siempre, de una forma u otra, suprimir las versiones históricas que no convenían a sus propios propósitos.

Ha habido una sana reacción contra la historia de los “grandes hombres”, mirando hacia lo que la gente corriente hacía con sus vidas. Pero el resultado puede ser a menudo una comprensión completamente fragmentaria de la historia. Los estudiantes pueden conseguir saber en gran detalle sobre, por ejemplo, la resistencia a los nazis en Alemania, pero no se explica como estos episodios encajan en un marco más general de la historia del siglo XX.


Joel Sans Molas (@JoelSansM) es militante de En lluita / En lucha

Artículo publicado en el Periódico En lucha Diari En lluita

http://www.enlucha.org/site/?q=node/18771