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Pedro Miguel: Periodismo y Tecnología (Parte I)

Julian Assange, from Wikileaks, at the SKUP co...
Julian Assange, from Wikileaks, at the SKUP conference for
Rosa Miriam Elizalde e Iroel Sánchez
Pedro Miguel es editorialista del diario mexicano La Jornada. Recientemente estuvo en La Habana y volverá a fines de este mes para un intercambio en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Esta es la primera parte de un diálogo que sostuvimos con él en distintos momentos de su visita a Cuba que incluyó un intercambio con blogueros y usuarios de las redes sociales en nuestro país al que Pedro Miguel accedió amablemente.
Diversos temas como las transformaciones provocadas por Internet y la informática en el periodismo, su relación con Wikileaks y Julian Assange y  la formación de un nuevo profesional para la información son abordadas por el experimentado periodista en estas conversaciones que publicaremos en tres partes en La pupila insomne
P: Háblanos un poco de ti. ¿quién eres?, ¿de dónde vienes, ¿cómo te hiciste periodista? ¿Cómo has llegado acá?
R: Vengo de México, y como esas señoras que trabajan lavando ropas de otras familias, algo que en esa tierra llaman “lavar ajeno”, yo también vivía de escribir ajeno, ese era mi oficio.
Nací en Guatemala. En 1967, a la edad de 9 años, llegué a México, y me quedé allí como guatemalteco, siendo y sintiéndome guatemalteco hasta los 20, 21 años. Después perdí todo interés y todo vínculo con Guatemala y me consagré a México.
No tengo una formación universitaria. Básicamente mi educación transcurrió en México donde llegué a hacer cuarto de primaria y luego un año de secundaria en Guatemala. De formación académica superior solo dos semestres de lengua francesa, uno de arquitectura, tres de antropología y ya.
Sin embargo tenía un oficio: escribir, y me ganaba la vida escribiendo, ajeno. Guiones, tesis, discursos, cartas de amor, por supuesto, ¿no?
P: ¿Confundías los programas?
R: No, no llegué a tanto. Me pasaron cosas muy graciosas a ese respecto, pero no llegué a tanto. Por ejemplo, responderme a mí mismo; eso sí fue muy divertido.
P: ¿Cómo fue eso?
R: Una amiga quería seducir a un tipo y me dijo: “Oye, escribe algo, que yo lo firmo”. Le dije que sí. Como a las dos semanas llegó el tipo, que era otro amigo y me dice: “Recibí algo, pero no estoy a la altura. Por favor, ayúdame.” También le dije que sí, que le redactaría una respuesta. Fue un error. Se casaron y fueron una pareja horrible… VER MAS

Centenario de un patriota

President of Guatemala
President of Guatemala (Photo credit: Wikipedia)

Aniversario del nacimiento de Jacobo Arbenz Guzmán, presidente de Guatemala

El 14 de septiembre último se cumplieron 100 años del nacimiento de Jacobo Arbenz Guzmán, presidente de Guatemala del 15 de marzo de 1951 al 30 de junio de 1954 cuando fue derrocado por un golpe de Estado fraguado por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, que contó además con la participación activa de miembros del Alto Mando del Ejército, sectores antipatriotas, el embajador de los Estados Unidos de América en Guatemala John Peurifoy y la alta jerarquía del clero católico.

En 1944, año en que fue derrocada la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador, en Guatemala se derrotó la dictadura de 14 años de Jorge Ubico por una huelga general, punto culminante de una ola creciente de descontento popular. Ubico pretendió junto a elementos de la Fuerza Armada, dejar en su lugar al General Ponce Vaides un incondicional que capeara la tempestad pero su esfuerzo resultó infructuoso ante el empuje de las masas y el 20 de octubre de ese año se inauguró un periodo de remanso democrático en Guatemala que duraría apenas 10 años.

Arbenz quien había sido alumno sobresaliente de la Escuela Politécnica (militar) y ya en ese entonces contaba con el grado de Capitán, tuvo participación destacada en esos hechos. Posteriormente integró junto al Mayor Francisco Javier Arana y el civil Jorge Toriello Garrido una Junta Revolucionaria de Gobierno que aseguró en pocos meses la realización de elecciones libres y la promulgación de una nueva Constitución.

De ese proceso resultó electo democráticamente por vez primera en Guatemala, el Dr. Juan José Arévalo, iniciándose un periodo de reformas en beneficio de los sectores más desprotegidos de la sociedad guatemalteca. Arbenz fue nombrado Ministro de Defensa por Arévalo. Entre los logros más importantes de ese primer gobierno estuvieron la promulgación del Código del Trabajo que regulara las relaciones obrero patronales, la creación del Instituto Guatemalteco del Seguro Social y del Banco Nacional, el surgimiento del Instituto de Desarrollo de la Producción y el crecimiento y ampliación de los servicios educativos.

Jacobo Arbenz se había casado en 1939 con María Vilanova Castro, perteneciente a una acaudalada familia de terratenientes salvadoreños, cuyo padre participó en masacres de campesinos indígenas durante la insurrección de 1932 en El Salvador.

Arbenz experimentó por esos años junto a su esposa un desarrollo de su conciencia social y revolucionaria, influido por lecturas de autores marxistas, el conocimiento del papel jugado por el Ejército Rojo durante la derrota de nazismo en la recién finalizada Segunda Guerra Mundial y su cercanía y amistad con dirigentes del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).

Arbenz impulsó y logró aprobar durante su periodo presidencial una reforma agraria, la cual se había convertido en el propósito fundamental de su gobierno, conocedor de la profunda desigualdad y miseria que imperaba en el campo guatemalteco. Con ello se distribuyeron tierras provenientes de expropiaciones a particulares (apenas el 8.9 % del total de tierras censadas en 1950), tierras municipales inscritas y tierras provenientes de fincas nacionales. A la United Fruit Company conocida como la frutera, empresa norteamericana se le expropiaron cerca de 90 mil hectáreas de tierras ociosas.

Ese fue el pecado principal cometido por Arbenz y su gobierno a ojos norteamericanos, particularmente porque los hermanos John Fuster y Allan Dulles, eran a la vez de accionistas de la frutera, Jefe uno del Departamento de Estado y el otro Director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), se estaban tocando directamente sus intereses.

Con la intervención norteamericana de 1954 y la complicidad de los terratenientes, se detuvo el proceso de repartición de tierras, se despojó a los campesinos que ya habían recibido, se les reprimió brutalmente y retornó al estado de servidumbre en que vivían, en un país con una economía semi feudal.

Arbenz a diferencia de Arévalo, era revolucionario y así actuó. El segundo a pesar de sus méritos indiscutibles no pasó de reformista y después de encendidos discursos en contra de la intervención norteamericana de 1954, fue colaborador del gobierno militar, asesino y represivo de Carlos Manuel Arana a principios de la década de los 70s, fungiendo como embajador en Israel y Venezuela.

Arbenz y sus colaboradores advirtieron el peligro que se cernía sobre su gobierno, trataron de conseguir armas para armar al pueblo pero los Estados Unidos de América y sus gobiernos serviles se negaron a venderles; realizaron una compra en Checoslovaquia que nunca llegó a su destino; en el momento directo de la agresión las órdenes de Arbenz de entregar armas al pueblo fueron incumplidas por los militares que eran ya parte de la conspiración.

La revolución guatemalteca de 1944-1954 surgió en momento histórico desfavorable en América Latina y el mundo, en plena guerra fría donde proliferaban y se exacerbaban las manifestaciones anticomunistas de los gobiernos y las sociedades profundamente conservadoras, acicaladas por la propaganda norteamericana y aquella defensora de los intereses de las oligarquías criollas. La Unión Soviética y sus aliados estaban muy distantes y aún no surgía la revolución cubana para poder recibir apoyos solidarios.

La derrota del gobierno de Arbenz causó una profunda herida en aquellos que lucharon por sacar del atraso, la dependencia económica, cultural y política a Guatemala. Lo que vino después fue una auténtica tragedia, guerra civil, décadas de represión, miles de asesinatos y arrasamiento de comunidades indígenas enteras. Centenares de líderes sindicales, estudiantiles e intelectuales fueron torturados y masacrados. Se desarrolló la dictadura más sanguinaria de la región. Los militares guatemaltecos se ufanaban que no tenían presos políticos, todos estaban bajo tierra.

La figura de Jacobo Arbenz se agiganta con el tiempo, para juzgarlo y valorarlo hay que conocer y entender el momento histórico que le tocó vivir. Se propuso una gran empresa en un contexto sumamente adverso, su actuar fue congruente con sus ideales y aspiraciones. Fue traicionado por sus compañeros de armas en los que confiaba. Se caracterizó por su sencillez, compromiso con los humildes y firmeza de lucha por una sociedad más justa y solidaria. Fue un auténtico patriota, soldado del pueblo como le han calificado algunos. Honremos su memoria en este centenario de su nacimiento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Vivir en Martí

El mejor homenaje al Apóstol nuestro que está, es dedicar unos minutos del día a verificar si nuestros actos cotidianos son dignos de alguien que vive en Martí.

Imagen activaLa Habana (PL) Vivir en Martí es el mayor desafío que tiene un ser humano en vísperas del 160 aniversario del natalicio de aquel que supo convertir sus palabras en actos.

Gana más cada individuo al aplicar las enseñanzas del Apóstol que si cita frases de memoria de su obra. Hay que leerlo mucho, y ejercitarlo más.

Innumerables son los caminos que conducen a la savia del Maestro, pero lo más importante es la transformación que ocurra en uno tras devorar miles de sus cuartillas, incluidas sus epístolas, imprescindibles para entenderlo de carne y hueso.

Alguien contó a Prensa Latina que en un taller martiano se leyó a los niños varios textos del escritor paradigmático, como el primero de sus Versos Sencillos: “yo soy un hombre sincero”.

La testigo comentó que los pequeños aquel día confesaron a sus padres varias de sus mentiras piadosas. Los progenitores, asombrados, llamaron a la escuela para saber qué le habían dicho a sus hijos. Todos, al saber lo ocurrido, quedaron sorprendidos con el efecto mágico de Martí. Si cambios como esos lo experimentaron “los que saben querer” y quienes son “la esperanza del mundo”, como definió el Maestro a los infantes, entonces todo su tiempo invertido en vivir y morir con luz en la frente habría tenido sentido.

¿Cuánto no tendríamos que aprender los mortales de él cuando se nos sube el ego a la cabeza? ¿Acaso olvidamos que aquel comunicador de altos quilates decidió echar su suerte con los pobres de la tierra? ¿Obviamos por instante a quien escuchó atento a los veteranos de la guerra de los Diez Años (1868-1878)? ¿O borramos de la memoria al que tomó nota en su Diario de Campaña sobre la sabiduría de los guajiros cubanos?

Sería bueno que cada persona se propusiera descubrir “en vivo y en directo” al guía de tantas generaciones. Debemos aprender de su virtud para sumar voluntades y multiplicar afectos.

Martí es inabarcable y todo futuro, como sostuvo el estudioso Cintio Vitier, fallecido en 2009 a los 88 años, después de tantos años bebiendo de la savia del inmortal.

En tantos artículos y crónicas memorables que esparció por periódicos decimonónicos se revela un mismo propósito: contribuir a la redención personal de los humanos y al equilibrio de la Patria Grande (la América desde México hasta Argentina y Chile), y el mundo.

Su prédica constante fue convocar a los seres a crecer hasta la estatura de los buenos como su Meñique de La Edad de Oro, revista siempre joven y nacida en julio de 1889 en Nueva York.

“Sin defender no sé vivir”, confesó a su queridísimo amigo mexicano Manuel Mercado. Él, perfecto enamorado de la vida, murió en combate “de cara al sol”, como poetizó en sus Versos Sencillos y “en el campo de batalla”, según la profecía en su poema dramático “Abdala”, escrito cuando iba a cumplir 16 años.

El mejor homenaje al Apóstol nuestro que está, es dedicar unos minutos del día a verificar si nuestros actos cotidianos son dignos de alguien que vive en Martí.

Por Randy Saborit Mora *

*Corresponsal de Prensa Latina en Guatemala.

arb/rsm

 

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Indígenas americanos y mentalidad colonial

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.

Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.

¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.

Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.

En última instancia, lo que se buscaba era tener una fuerza de trabajo con habilidades para impulsar el capitalismo y sus formas de vida.

Donde no se pudo “educar” se les marginó o eliminó. Campañas estudiadas hoy en día en las escuelas y colegios como gestas heroicas constructoras de nuestras naciones no fueron otra cosa que campañas destinadas a eliminar a las poblaciones indígenas.

La construcción de los Estados-nación latinoamericanos implicó la creación de “teorías” que justificaban esa marginación o eliminación de los indígenas. En Guatemala, por ejemplo, se inventaron la teoría de la degeneración del indio. Consistía en lo siguiente: los indígenas del presente, a quienes los sectores dominantes catalogaban de ignorantes, borrachos, sucios e indolentes, ¿cómo pudieron construir una civilización como la maya, que despertaba tanta admiración y que ellos mismos querían poner como fundamento de la nación? La respuesta fue “porque se habían degenerado”; es decir, en algún momento de su historia, posiblemente antes de la llegada de los colonizadores españoles, se habían transformado en otra cosa, quién sabe por qué, pero así había sido.

En el presente, esa mentalidad colonial no ha desaparecido. Ser indio es un estigma del que hay que tratar de lavarse. Una de las estrategias para alejarse de él es “mejorando la raza” mediante el mestizaje, o abandonando los rasgos culturales que los identifican, que es otra forma de “mejorarse”, solo que culturalmente. Han sido estrategias usadas para tratar de escapar de la discriminación y, muchas veces, de la violencia a la que son sometidos.

Pero esa situación está cambiando. Aunque la resistencia ha sido una constante a través de la historia, es posible que hoy sea más consciente, más visible y más reconocida. Tiene ante sí una ardua tarea, porque si algo es difícil de cambiar en las sociedades humanas es la forma de pensar, sobre todo cuando, como en este caso, sirve para justificar la dominación de unos sobre otros y, por ende, privilegios y prebendas.

Ya lo vimos en Bolivia, cuando los cambas santacruceños estallaron en ira y no vacilaron en intimidar y humillar con afán de hacer prevalecer su supuesta predominancia racial. Ya lo vimos en Guatemala, en donde en los años 80 aplicaron la política de tierra arrasada que despareció de la faz de la Tierra cientos de aldeas y asesinó a miles de indígenas.

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Tal vez el calendario maya tenía razón y estemos en el inicio de una nueva era.

Otramérica


Rafael Cuevas Molina. Escritor y pintor guatemalteco es, además, especialista en identidad y cultura en América Latina. Es catedrático investigador del Instituto de Estudios Latinoamericano de la Universidad de Costa Rica y es el presidente de la Asociación para la Unidad de Nuestra AméricaLatinoamericana (AUNA).

Fuente: http://otramerica.com/opinion/indigenas-americanos-y-mentalidad-colonial/2256

Sobre la necesidad, para los revolucionarios, de hacer trabajo político en las filas del ejército

Rapto de Europa
Rapto de Europa (Photo credit: Becante)

 

Roberto Mérida (Hrod)

Para convertirse en revolución, una revuelta social tiene que plantearse la conquista del poder político, la subversión del orden establecido y un cambio de régimen político que dé participación al pueblo; este cambio de sistema, sólo será posible sostenerlo mediante la fuerza de las armas. En ese sentido, tiene que ser apoyado por las bases de soldados rasos del ejército. Hay que exportar la propia subversión a las filas del ejército, ya que si no logramos que los soldados se rebelen contra sus propios oficiales el ejército, la fuerza militar, siempre estará controlada por este sistema corrupto y oligárquico que la usará como punta de lanza para aplastar, por la vía violenta, cualquier intento de cambio. No hay término medio. Es revolución, o retroceso y barbarie.

 

Un buen ejemplo de esto es Egipto. La caída de Mubârak y el cambio de constitución, aunque totalmente insuficiente, fue posible sólo porque las bases del ejército, los soldados rasos, se manifestaron a favor de la revuelta de las capas populares, la clase media empobrecida y los obreros. El régimen, no se atrevió a dar la orden al ejército de disparar contra la población por temor a una revuelta o insurrección generalizada en las propias filas del ejército.

 

Mubârak, cayó, pero la revolución sigue secuestrada por la Junta Militar continuista, y por un nuevo gobierno reaccionario, el de los Hnos. Musulmanes, colaboracionista yanqui y de impronta saudí, elegido en unos procesos electorales-farsa totalmente demagógicos y manipulados, en que se llama a las masas a elegir entre uno u otro guardián del viejo orden existente; donde las alternativas que sí apuesta por el cambio social quedan completamente relegadas a la marginalidad en los grandes medios de comunicación y de difusión, quedando completamente aisladas del proceso. Ambos agentes políticos, Junta Militar pro-yanqui, y gobierno islamista pro-Saudí, son valedores de los intereses de la clase capitalista y terrateniente egipcia, y de las multinacionales europeas y yanquis. Su apoyo a los cambios, fue sólo formal, en la medida en que las protestas limitaban sus consignas a la caída de la cabeza visible del régimen. Han comenzado a mostrar hostilidad y apostar, una vez más, por la vía de la represión policial como única respuesta en cuanto las consignas del movimiento de masas han comenzado a rebasar los límites legales y constitucionales del sistema “representativo” establecido, ahondando en el contenido social.

 

El cambio de régimen, tiene que seguir; tienen que cambiarse las reglas de juego, creándose organizaciones que den participación a las masas, en sustitución del demagógico parlamento, monopolizado en su inmensa mayoría por políticos de fuerzas pro-capitalistas y oligárquicas. La vieja economía capitalista, incapaz de velar más que por los intereses de un puñado parasitario de ricachos, debe ser sustituida por nuevas formas de economía social y redistributiva, basada en la expropiación y nacionalización de la banca y grandes monopolios de multinacionales, la reforma agraria, el control obrero de la producción, el control y democratización de los medios de prensa por el pueblo, y la redistribución de la riqueza mediante subida drástica de salarios, el fin del desempleo: la reinversión masiva pública en servicios sociales y tejido público productivo, con un reparto, a su vez, del trabajo, rebajando la jornada laboral para crear nuevos puestos de empleo. Finalmente, el nuevo régimen económico, debe basarse en la planificación democrática de la economía.

 

Un cambio así, tan sólo será posible si la mayor parte de las bases de soldados rasos del ejército se posicionan a favor de dicha revolución, apoyando el nuevo régimen, y contradiciendo las consignas de la vieja oficialidad reaccionaria y golpista. Una rebelión de los propios soldados del ejército contra la oficialidad reaccionaria, en apoyo de una insurrección espontánea, u organizada, del pueblo, sería un paso decisivo para preparar un cambio de sistema de gobierno victorioso, que es a su vez el primer paso para llevar a cabo un cambio de sistema económico.

 

Algo está cambiando también en el estado de conciencia de las bases y determinados mandos medios progresistas del ejército, un buen síntoma de ello es el mensaje recientemente publicado por el coronel Amadeo Martínez Inglés en los diarios digitales Insurgente y Canarias-Semanal.com, “Un coronel del ejército español se pregunta a qué esperamos los españoles para sublevarnos” (Canarias-Semanal.com, de Insurgente, Martes, 13 de Marzo de 2012 [http://canarias-semanal.com/not/1643/un_coronel_del_ejercito_espanol_se_pregunta_a_que_esperamos_los__espanoles_para_sublevarnos/ ]). Este hecho, no debe ser interpretado como algo aislado, y anecdótico. A menudo ocurre que lo que se expresa en cuerpos medios o incluso de la oficialidad del ejército en lo que concierne a cambios drásticos en el nivel de toma de conciencia, con manifestaciones de este tipo, es sólo un limitado reflejo de un proceso de radicalización y proliferación de la conciencia política creciente que comienza a manifestarse a nivel de las bases de soldados rasos a las que el oficial de turno representa. Existen ya, por otra parte, precedentes de esto en la famosa declaración de la Asociación de Sargentos del Ejército Portugués, manifestándose contra los recortes sociales, en un tono de denuncia a los organismos gubernamentales y amenazando con apoyar a la población en caso de producirse un estallido social, en lugar de permitir que se les movilizase para reprimir la protesta del pueblo. Un ejemplo todavía más candente es el de las bases progresistas del Ejército de Venezuela, que no sólo dieron origen al movimiento bolivariano, encarnado en la figura de Chávez, sino que se movilizaron junto con amplias capas de la población pobre de Caracas para defender al gobierno legítimamente electo frente al intento de golpe organizado por los reaccionarios en 2002.

 

Puede que una revolución social y política no esté tan lejos como esperamos. Pero para que surta efecto, las organizaciones de vanguardia (revolucionarias) deberán plantearse de lleno la cuestión del trabajo político dentro de las filas del ejército, en situaciones de total clandestinidad e ilegalidad ya que, como sabemos, difundir propaganda política en el ejército, y más aún si es revolucionaria y cuestiona el orden capitalista establecido, es delito. La tarea histórica que se nos impone, como podemos apreciar, es grandiosa. No es para tomársela a broma, desde luego. O pasamos a la acción y empezamos a actuar, o sucumbimos.

 

ALGO DE HISTORIA DE LA LUCHA CONTRA TIRANOS DE AMÉRICA Y EL CARIBE

.- La Legión Caribe en el Ojo de la Tormenta/José del Castillo Pichardo

El tercer nicaragüense enrolado en la expedición de Luperón fue José Félix Córdoba Boniche. Con 25 años de edad, de oficio mecánico práctico, corrió mejor suerte que sus compatriotas Alberto Ramírez y Alejandro Selva, al sobrevivir como parte del grupo que Trujillo preservó para fines de investigación y como medio de prueba de la intervención de Guatemala, Costa Rica y Cuba en los asuntos domésticos de la República Dominicana. Justo en momentos en que el país apelaba a la vigencia de los instrumentos jurídicos del sistema interamericano, bajo la recién creada OEA, en consonancia con la posición de línea dura adoptada por los Estados Unidos contra la inestabilidad en el Caribe.

Córdoba Boniche era un luchador antisomocista que llevaba dos años exiliado en Guatemala impedido de entrar a Nicaragua. Ante el tribunal dominicano que lo sentenció a 30 años de trabajos públicos, declaró que tras el triunfo de José Figueres en la guerra civil costarricense -con el aporte decisivo en hombres y armas de la Legión Caribe ensamblada en Guatemala- permaneció por tres meses en Limón, Costa Rica, a la espera de invadir su país para derrocar a Somoza. Al frustrarse ese intento, regresó a Guatemala, donde luego sería reclutado por un ex oficial de la Guardia Nacional nicaragüense bajo la creencia de que la invasión se dirigía a Nicaragua. Utilizó este argumento como medio de defensa, señalando que sólo supo que venía a Santo Domingo 24 horas antes de embarcarse.

Amnistiado por ley del 20 de febrero de 1950, Córdoba Boniche fue deportado hacia Nicaragua, donde seguro le esperaban cárcel o muerte. Aprovechando una escala del avión en Panamá, logró escurrírsele a sus custodios y pedir asilo en ese país, desde donde se trasladó a La Habana. En abril de 1954 se le vinculó a un complot develado para liquidar a Somoza, fraguado en Guatemala con la participación de ex oficiales de la Guardia Nacional y antiguos combatientes de la Legión Caribe, que costó la vida al dominicano José Amado Soler y, dos años después, al ex oficial de la guardia presidencial hondureña, Jorge Rivas Montes, comandante de Cayo Confites en Cuba y de la revolución figuerista en Costa Rica, quien guardaba prisión condenado por esos hechos y era uno de los que venía en junio de 1949 en la expedición de Juancito Rodríguez.

Emigrado a México, Córdoba Boniche falleció en 1972, según refiere Tulio Arvelo. El general retirado Humberto Ortega narra en su obra “La epopeya de la insurrección”, que tanto él como el líder sandinista Carlos Fonseca Amador -tras ser liberados de la cárcel en Costa Rica en octubre de 1970 por la acción de un comando sandinista y antes de viajar a Cuba- celebraron en Ciudad México un encuentro de “análisis político” con Tomás Borge y Edén Pastora, en el cual participó “el doctor José Córdoba Boniche”. Lo cual revela que el mecánico práctico que sobrevivió a la dura manopla de Trujillo y a otras tantas aventuras revolucionarias en Centroamérica, aprovechó académicamente su estancia mexicana. Y que permanecía vinculado a las actividades antisomocistas.

El aporte costarricense a esta expedición de Luperón lo puso Alfonso Leyton, veterano de la toma de Puerto Limón durante la revolución de Costa Rica, quien estuvo bajo las órdenes del comandante de la Legión Caribe, Horacio Ornes. Herido en el poblado de Luperón por el raso del Ejército Leopoldo Puente Rodríguez, Leyton murió carbonizado en el Catalina, preservado su cadáver por el formol humanitario del Dr. Alejandro Capellán.

Muchos otros legionarios centroamericanos, mexicanos, españoles y cubanos -transportados por pilotos norteamericanos- estaban supuestos a arribar a tierra dominicana, conforme a los planes del general Juancito Rodríguez y sus asesores militares, esbozados desde su plataforma guatemalteca. Desde la firma en Guatemala del Pacto del Caribe en diciembre de 1947, la revolución figuerista -tras dos meses de combates y con un saldo de 2 mil muertos de ambos bandos- se había impuesto en Costa Rica a finales de abril de 1948, con el decisivo respaldo de los legionarios y las armas de Cayo Confites.

No en balde en la estructura de mando del Ejército de Liberación Nacional comandado por José Figueres, figuraba como jefe de Estado Mayor el coronel Miguel Ángel Ramírez Alcántara, dominicano, y el teniente coronel Jorge Rivas Montes, hondureño, jefe de Planes, Operaciones e Inteligencia de dicho EM (Estado Mayor, nh). (También, nh) el mayor Horacio Ornes, comandante del Batallón Legión Caribe, así como el mayor Francisco Morazán, hondureño, oficial ejecutivo del Batallón San Isidro; todos, considerados héroes de esas jornadas.

En el arsenal facilitado por Juancito Rodríguez a Figueres -“Yo puse en manos de la revolución de Costa Rica el siguiente equipo, que le dio el triunfo final y definitivo a las armas bajo su mando, equipo que logré como producto de mis sacrificios personales y de gestiones con poderosos amigos”- se contaban 800 fusiles cal. 30 (con 223 mil cartuchos), 200 fusiles “R” cal. 7 mm, 16 ametralladoras cal. 45, 10 “M” 7 mm, 8 Lewis cal. 7-65, 6 “H” cal 7 mm, con sus cargadores y municiones. También 450 granadas de mano y otras 400 cal. 42 mm “H”, bombas de aviación, explosivos y detonadores.

Con este material bélico, reforzado, los internacionalistas de la Legión Caribe se proponían invadir Nicaragua para derrocar a Somoza, para lo cual se constituyó en Costa Rica el Ejército de Liberación Nacional de Nicaragua, bajo el mando de Rosendo Argüello. Como asesores de esta empresa fueron contratados los veteranos de la República Española, Fernando Sousa, Esteban Rovira, Daniel Lado y Alberto Bayo Giroud, quien laboraba entonces en la Escuela de Aviación Militar de Guadalajara.

Figueres facilitó una hacienda cafetalera y dinero para la operación de un campo de entrenamiento. En septiembre de 1948, el presidente electo Carlos Prío, quien asumiría en octubre de ese año, viajó a Costa Rica y comprometió ayuda cubana en armamento. Sin embargo, las disputas entre los exiliados nicaragüenses dieron oportunidad a Somoza para tomar la iniciativa y “darle su propia medicina” a Costa Rica. El 10 de diciembre una fuerza expedicionaria de exiliados costarricenses encabezada por el ex presidente Calderón Guardia invadió su patria desde Nicaragua, con el apoyo logístico de la Guardia Nacional.

Figueres no permitió que la Legión Caribe interviniera en el conflicto y llamó a la formación de milicias populares para defender su gobierno, invocando asimismo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la intervención de la OEA. Fruto de esta mediación, Nicaragua y Costa Rica acordaron cesar las hostilidades y desmantelar las operaciones bélicas de exiliados fraguadas en sus respectivos territorios, firmando en febrero de 1949 un Pacto de Amistad. Tras años de colaboración, Figueres y Argüello tomaron rumbos distintos cuando los exilados nicaragüenses debieron salir hacia Guatemala.

Por eso, al trocarse el Pacto del Caribe por este Pacto de Amistad, el tenaz y vertical Juancito Rodríguez, con su acentuado hablar cibaeño, solía decir al referirse a don Pepe Figueres: “el mie’dita ése nos cogió las armas y nos traicionó a todos”.

 

Juan Ducoudray y La Cafetera

Español: cafetera

LO CONOCÍ EN PLENA GUERRA DE ABRIL DE 1965 EN UNA OFICINA DE ABOGADOS UBICADA ENCIMA DEL JAI ALAI, AL LADO DE LA CÉLEBRE CAFETERA DE FRANQUITO. YO ERA PORTADOR DE UN SOBRE QUE ME ENTREGARON EN CASA DE LOS MEJÍA RICART, EN LA JOSÉ REYES. ALLÍ SE REUNÍA UN GRUPO CONSULTIVO DEL EQUIPO CONSTITUCIONALISTA QUE NEGOCIABA UNA SALIDA POLÍTICA AL CONFLICTO BÉLICO CON LA COMISIÓN DE LA OEA, CUYA VOZ CANTANTE ERA EL EMBAJADOR BUNKER. DEBÍA PREGUNTAR POR X NOMBRE (EL QUE EMPLEABA ESTE DIRIGENTE CLANDESTINO DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR, FUNDADOR EN 1946 DE JUVENTUD DEMOCRÁTICA, ENCARCELADO POR LA DICTADURA Y EXILIADO EN COLOMBIA, GUATEMALA, MÉXICO Y CUBA) Y ENTREGARLE EL SOBRE SÓLO A ÉL.

Al ingresar a la oficina y anunciar el propósito de la visita, fui invitado a esperar en una salita, desde la cual se divisaba el pasillo que daba acceso a los despachos. Mi desconocido destinatario salió de uno de ellos caminando pausadamente, con una cierta inclinación que ladeaba su cuerpo, como si fuera un lanzador de beisbol tomando lentamente impulso. Al presentarnos -hechas las verificaciones de rigor- hice entrega del sobre y procedí a retirarme. Pero el destinatario me convidó a sentarme para charlar, siempre conservando su identidad clandestina. Fue así como conocí a Juan Ducoudray Monsfield, uno de los “peligrosos comunistas” que participaban en el bando constitucionalista.
Cuando regresé de Chile en 1971 reanudamos nuestra relación, originalmente en una peña que mantuvo Hugo Tolentino en su apartamento del Edificio Buenaventura, con la presencia de Pedro Mir, Félix Servio Ducoudray, Joaquín Basanta, José Aníbal Sánchez Fernández, José Luis Parra. Luego en múltiples peñas en las que nos dábamos cita diaria en los Capri, el Bar América, la Cafetera, la Farmacia Carmina, los Imperiales, el Palacio de la Esquizofrenia. En incursiones tras los helados Rex de la Duarte, los exquisitos sándwiches de Mario Autore, la pasta del Sorrento o la gastronomía del Mario, un clásico capitalino. Junto a Kasse Acta, Chito Henríquez, Dato Pagán y Emilio Cordero formamos brigada de cinéfilos, integrada también por Freddy Agüero y el inolvidable Guillermo Vallenilla.
Aunque Juan ingresaría junto a miembros del viejo PSP a las filas del PLD capitaneado por Bosch, ocupando una curul en el Congreso por ese partido, en los últimos años de su vida mantuvo un vínculo con la APD de Max Puig, menguando con la edad su protagonismo político. Todos los domingos nos veíamos en casa de Rafael Kasse Acta, en la peña abierta y pluralista que éste mantuvo hasta su deceso en el 2004 o en la semana en la tertulia de la Esquizofrenia que nucleaba Chito Henríquez. Siempre en los actos del 14 de Junio y del 30 de mayo.
Tras el fallecimiento de Hellen -su querida compañera guatemalteca con la que procreó dos hijas- pasó a residir en casa de una de ellas. Desde allí me llamaba para conversar por teléfono o para que lo buscara -como lo hacía antes con Tonito Abreu, entonces en París– y compartiéramos un almuerzo a su elección. Era grata y entrañable compañía, inteligente, documentado, analista sofisticado. Honradez conventual que gustaba de la buena mesa. En marzo del 2009 -año de su muerte- Juan Ducoudray publicó en Hoy “La magia de la vieja Cafetera”, un retrato espléndido de ese centro de la vida capitalina que deseo compartir con los lectores.
“A pesar de la censura y el terror de la Era de Trujillo, todo lo que acontecía en el país encontraba la manera de llegar al mundo mágico de La Cafetera. Era diferente, muy diferente de la que ahora lleva el mismo nombre de La Cafetera y su local era una casa vecina que ya no existe; o a lo mejor es que la casa ha sido tan modificada que parece otra. Aquella estaba llena de luz, con los pisos de mosaicos claros y pintada en su interior de blanco o arena. Tenía dos puertas de entrada: una muy ancha y otra estrecha que utilizaban los que solo iban a comprar café recién molido. La larga barra estaba en el lado Este -al contrario de cómo es ahora- y enfrente la fila de mesas, todo muy limpio y reluciente.
Un reciente artículo de José del Castillo acerca de las peñas literarias y políticas me hizo evocar la época de oro de La Cafetera (1940-1945), cuando allí en cierto sentido se cocía el caldo nacional por encima de las amarguras y los peligros que representaba la dictadura. El poeta Vigíl Díaz gustaba decir que así como París era el centro del mundo, La Cafetera era el centro del país.
Había varias peñas en La Cafetera. En la primera mesa, que estaba muy cerca de la acera, se reunía un grupo de empleados del gobierno de distinto nivel, incluidos secretarios de Estado, escritores y periodistas. La tercera era la de “los refugiados”, como se les decía a los españoles que vinieron como exiliados políticos a fines de 1939 y principios de 1940. No conocía a todos los que allí se reunían, pero entre los mismos figuraban Baltasar Miró, Alberto de Paz y Mateos, el profesor Alaminos, el pintor Vela Zanetti, uno de los hermanos Antuña (que me parece habían llegado antes que los refugiados y tenían una tienda de camisas al lado de La Cafetera).
Vela Zanetti andaba casi siempre con una mujer muy atractiva que usaba boina y pantalones, de nacionalidad húngara o polaca según me informan ahora. Debe haber sido la primera mujer que se paseó por El Conde con esa prenda de vestir que era entonces exclusivamente para hombres, lo cual como es de suponer despertaba la curiosidad de los jóvenes y el asombro de las mujeres que la veían pasar desde sus casas.
La de nuestra peña era la cuarta con una “tanda” en la tarde y otra más larga en la noche. Entre los que asistían estaban Alfredo Lebrón, Luís Manuel Baquero, Rafael Pérez Henríquez (Pitó), Salvador Reyes Valdez, Joaquín Santana, Gay Vega, mi hermano Félix Servio y yo. También participaban a veces en la tarde Chito Henríquez, Carlos Curiel, Pedro Mir y otros que escapan a mi memoria. Una tarde (creo que era noviembre de 1944) llegó Diego Bordas con una caja de zapatos envuelta en papel de La Favorita (que era la principal tienda de zapatos de la ciudad) y Félix Servio le dijo que le mostrara los zapatos que había comprado. Diego sonrió y respondió en voz muy baja que no eran zapatos sino “pura dinamita”: los primeros ejemplares de los estatutos de Juventud Revolucionaria, impresos en una pequeña prensa que tenía Julio César Martínez en La Atarazana. Por razones de seguridad, esa inocente caja de zapatos pasó la noche dentro de un saco de café en grano en La Cafetera.
A pesar de la censura y el terror que acechaban en cada esquina, todo lo que acontecía dentro o fuera del país encontraba la manera de llegar al mundo mágico de La Cafetera. Cuando en marzo de 1945 Juan José Arévalo tomó posesión de la presidencia de Guatemala, ganada en las primeras elecciones libres después del derrocamiento de la dictadura de Ubico, un resumen de su discurso tomado taquigráficamente por un radioaficionado circuló de mano en mano en La Cafetera.
Y a veces las noticias iban acompañadas de algarabía y festejos como sucedió el 30 de abril de 1945, el día que Berlín cayó bajo el empuje del ejército soviético y Hitler se suicidó en su bunker. Era el fin de la guerra en Europa y todos pensaban que el mundo de paz y libertad prometido estaba a punto de presentar credenciales; los republicanos españoles recibieron la buena nueva con júbilo pues pensaban -¡todos éramos tan ilusos!- que Franco no duraría mucho tiempo. Puestos de pie brindaron con su refresco de café (la tacita de café con agua, hielo y azúcar) y uno de ellos cantó la Marsellesa en francés con aplausos, gritos de alegría y un estruendoso ¡viva la República!
En la mesa de los funcionarios hubo gestos de sorpresa y miradas inquietas. No sabían qué hacer, si pararse e irse o mandar a callar a los enardecidos españoles antifranquistas, que ya habían provocado que dos parroquianos que tomaban café de pie en la barra se marcharan rápidamente asustados por el pequeño mitin que se estaba escenificando. Antes de que la cosa pasara a mayores uno de los eufóricos republicanos dijo en voz alta que el triunfo era también del gobierno dominicano, miembro de la alianza antifascista. Esta oportuna aclaración tranquilizó la mesa de los funcionarios y restableció la normalidad del recinto que se había visto momentáneamente alterada. Pero no todo quedó ahí. Hubo algo más: al día siguiente la policía fue a averiguar detalles del singular incidente y Julián, el encargado del negocio, relató lo sucedido y le echó al vino toda el agua que pudo.
Las de La Cafetera eran peñas paralelas y no se mezclaban entre sí. No sé lo sucedido con la peña de la tercera mesa, aunque muchos de sus integrantes se marcharon del país en busca de trabajo y un ambiente de libertad. La peña nuestra fue víctima a partir de julio de 1945 de las persecuciones y los asilamientos y desconozco si alguna vez, durante mi largo exilio, la misma se repitió en otras circunstancias y con otros participantes.
Ha corrido desde entonces mucha agua bajo el puente. Pero el aroma de la vieja Cafetera, de su discreto encanto conspirativo, me persigue tercamente y me hace recordar los momentos de fraterna solidaridad que transcurrieron en ese recinto de maravillas cuando uno, tontamente, creía que el mundo de la libertad y la justicia estaba al alcance de la mano. A estas alturas confieso sin rubor que sigo siendo un poco tonto. Aún aliento la esperanza de que los sueños urdidos en la cuarta mesa de La Cafetera se puedan convertir en realidad: un país con derechos políticos e igualdad social, con educación y cultura, sin irritante sujeción al poder extranjero.
No dudo que la actual Cafetera tenga sus virtudes aunque le falta la magia de lo que Salvador Reyes Valdez -el inefable Niño Reyes- llamaba el ambiente ‘carey’, un adjetivo de su creación que aplicaba a las cosas que consideraba de calidad superior. Aquella, la otra Cafetera, era ciertamente un oasis de libertad en medio del árido desierto de la dictadura.”
Jose del Castillo

Transición a nuevos modelos

 

Está cayendo el sistema económico y social que hemos conocido. Están cada vez mas cuestionadas por la sociedad las prácticas irresponsables de las empresas que ignoran las consecuencias sociales y ecológicas de su actividad.

Imagen de Movimiento de Ciudades en Transiciónhttp://bit.ly/Auuz03
Los ciudadanos exigen se oiga su voz ante la pasividad, el conservadurismo de los mercados, las acciones que pretenden mantener el modelo muriente que muy pocos ya defienden.
Se vislumbra la necesidad del cambio, los problemas de la crisis son oportunidades para cambiar de modelo.  En las redes se ha creado un estado de critica constructiva permanente en el que se aprende sin las limitaciones que imponen las instituciones, los centros de formación o las organizaciones económicas. Algunas definiciones nuevas intentan transformar las organizaciones para aprovechar los cambios estructurales y funcionales que permiten las TIC, Empresa 3.0 es una de estas respuestas. Podemos encontrar mas, Decrecimiento, Coworking, Crowdfunding, … una larga lista.
Necesitamos una visión global por encima del nivel de las organizaciones, una visión social, integradora de todos los elementos en su proceso de cambio. Aprovechemos los avances de inteligencia colectiva que se están produciendo en el conocimiento y uso de estas soluciones para conseguir unavisión global. El objetivo de un texto así no sería “resolver los problemas”, el sitio para hacerlo es la realidad, pero nos ayudaría mucho verlos juntos y explicar algunos fenómenos que ya están sucediendo en la sociedad, en la economía, en la experiencia ciudadana, y por supuesto en las instituciones políticas y sociales
El grupo Transición de Facebook se ha propuesto abordar esta redacción como Creación de Inteligencia Colectiva en las redes.
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