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El tan esperado apocalipsis en Venezuela es poco probable

Mark Weisbrot, The Guardian
Desde hace más de una década, aquellos que se oponen al gobierno de Venezuela –lo que incluye la mayoría de los grandes medios occidentales– han insistido en que la economía venezolana implosionaría. Como los comunistas de los años 30 que apostaban por la crisis final del capitalismo, generalmente se imaginaron que el colapso económico de Venezuela se encontraba apenas doblando la esquina. Cuan frustrante habrá sido para ellos presenciar apenas dos recesiones: una causada directamente por el paro petrolero que protagonizó la oposición (diciembre 2002 – mayo 2003) y la otra, producto de la crisis mundial (2009 y la primera mitad del 2010). A pesar de estas recesiones, el rendimiento económico de la década entera, tomando en cuenta que el gobierno solamente logró el control de la compañía nacional de petróleos en el 2003, resultó ser bastante satisfactorio, con un incremento promedio anual en el ingreso real per cápita del 2,7 por ciento, una pobreza rebajada a más de la mitad y avances significativos para la mayoría en cuanto a empleo, acceso a servicios de salud, pensiones y educación.

Ahora Venezuela se enfrenta a problemas económicos que alientan los ánimos de esos corazones que odian. Vemos la mala noticia cada día: los precios de los bienes de consumo han subido 49 por ciento con respecto al año pasado; un mercado negro donde el dólar se cotiza siete veces por encima de la tasa oficial; la escasez de productos básicos, desde la leche hasta el papel higiénico; la desaceleración económica, la caída en las reservas del Banco Central ¿Será que aquellos que gritaban “¡Lobo!” verán por fin concretarse sus sueños?

Es poco probable. En los análisis de la oposición y de los medios internacionales, Venezuela está entrampada en un espiral de inflación y devaluación. La hiperinflación, una deuda externa en aumento y una crisis en la balanza de pagos marcarían el final de este experimento económico.

Pero en el año 2012, Venezuela alcanzó los 93.600 millones de dólares en ingresos petroleros, frente a importaciones totales en la economía –a unos niveles históricamente altos– de 59.300 millones de dólares. La cuenta corriente en la balanza de pagos registraba un superávit de 11.000 millones de dólares. Los pagos de intereses sobre la deuda pública externa sumaban apenas 3.700 millones de dólares. A este gobierno no se le van a agotar los dólares. Actualmente, el Banco Central cuenta con23.000 millones de dólares en reservas, y los propios economistas de la oposición estiman que existen otros 15.000 millones de dólares en manos de otras instancias del gobierno, sumando así un total de 36.400 millones de dólares. Normalmente, las reservas que puedan cubrir tres meses de importaciones son consideradas suficientes; Venezuela cuenta con las reservas necesarias para cubrir por lo menos ocho meses, y posiblemente más. También tiene la capacidad de solicitar créditos a nivel internacional.

Un problema es que la mayor parte de las reservas del Banco Central se encuentran en oro. Pero el oro se puede vender, aunque se trate de un activo mucho menos líquido que otros ahorros, como lo son los bonos del tesoro de EEUU. Parece algo descabellado pensar que el gobierno corra el riesgo de pasar por una crisis en la balanza de pagos en vez de vender su oro.

La hiperinflación también es una posibilidad muy remota. Durante los primeros dos años de la recuperación económica, que comenzó en junio del 2012, la inflación venía cayendo aun cuando el crecimiento económico se aceleró al 5,7 por ciento para el 2012. En el primer trimestre del 2012 alcanzó un punto bajo de apenas 2,9 por ciento, equivalente a una tasa anual del 12,1 por ciento. Todo ello demuestra que Venezuela, a pesar de sus problemas, es muy capaz de generar un crecimiento saludable, incluso mientras se lleva la inflación a la baja.

Lo que verdaderamente disparó la inflación, ya hace un año, fue un recorte en el suministro de dólares al mercado de cambio de divisas, los cuales se redujeron a la mitad en octubre del 2012 y prácticamente fueron eliminados en febrero. Esto hizo que más importadores tuvieran que comprar dólares cada vez más caros en el mercado negro. La devaluación de febrero también contribuyó en algo a la inflación, aunque probablemente no tanto.

Pero desde entonces el gobierno ha aumentado sus subastas de dólares, anunciando también un plan para aumentar las importaciones de alimentos y otros bienes, lo cual seguramente ejercerá cierta presión hacia la baja en los precios.

Ciertamente, Venezuela se enfrenta a algunos problemas económicos serios. Pero éstos no son del tipo que sufren por ejemplo Grecia (ya en su sexto año de recesión) o España, que se ven atrapadas en un arreglo donde la política macroeconómica es fijada por factores cuyos objetivos entran en conflicto con su recuperación económica. En cambio, Venezuela cuenta con suficientes reservas e ingresos en divisa extranjera para hacer lo que quiera, incluyendo empujar hacia abajo el valor del dólar en el mercado negro y eliminar buena parte del desabastecimiento. Estos son problemas que pueden ser resueltos de manera relativamente rápida mediante cambios en las políticas. Venezuela –al igual que la mayor parte de las economías del mundo– también sufre problemas estructurales de largo plazo, como lo son una sobredependencia respecto del petróleo, una infraestructura deficiente y una capacidad administrativa limitada. Pero no son éstas las causas de sus dificultades actuales.

Mientras tanto, la tasa de pobreza cayó en un 20 por ciento en Venezuela el año pasado. Esto representa sin duda alguna la reducción más significativa de la pobreza en todo el continente americano para el año 2012, y una de las más importantes –tal vez la más importante– en el mundo. Las cifras están disponibles en la página web del Banco Mundial, pero prácticamente ningún periodista ha emprendido el muy peliagudo viaje por el ciberespacio para encontrarlas y difundirlas. Toca preguntarse, ¿por qué será que se les pasó el dato?

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Entrevista al sociólogo Zygmunt Bauman: ¿Qué futuro estamos construyendo?

La austeridad es ‘pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos’. El sociólogo admite que hoy no hay alternativa viable al capitalismo. ‘La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial’.

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 Todo se diluye a nuestro alrededor. Cualquiera diría que la “modernidad líquida” que vislumbró Zygmunt Bauman se ha convertido en un torrente que todo lo arrastra. No va quedando nada sólido a lo que agarrarse. Y lo que es peor: cualquiera diría que hemos pasado de la fase “ultralíquida” a la gaseosa. Todo se está haciendo cada vez más etéreo.

“Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos“, certifica el sociólogo y pensador polaco, que sigue trotando infatigablemente por el mundo a sus 87 años. “Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global… En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad”.

Acudimos al reclamo del maestro en su terruño adoptivo de Leeds, donde lleva media vida afincado y desde donde observa el mundo con sus ojillos ávidos, entregado al ritual diario de la escritura y del tabaco en pipa. Aspira Bauman el humo por la boquilla, y ya pueden fluir sus largos y ponderados pensamientos sobre la vida líquida.

“La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión”.

“Cuando usé la metáfora de la “modernidad líquida”, me refería en concreto al período que arrancó hace algo más de tres décadas. Líquido significa, literalmente, “aquello que no puede mantener su forma”. Y en esa etapa seguimos: todas las instituciones de la etapa “sólida” anterior están haciendo aguas, de los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, las empresas, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana. Es cierto, hay una sensación de liquidez total. Pero esto no es nuevo, en todo caso se ha acelerado”.

Sostiene Bauman que el mundo sólido surgido de los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial ya no es viable. Admite que a él nunca le gustó el término de “estado del bienestar”, que se ha acabado convirtiendo en un caballo de batalla ideológico.

“Yo siempre he preferido hablar del “estado social”. Se trataba de crear una especie de “seguro colectivo” a la población tras la devastación causada por la guerra, y en esto estaban de acuerdo la derecha y la izquierda. Lo que ocurre es que el “estado social” fue creado para un mundo sólido como el que teníamos y es muy difícil hacerlo viable en este mundo líquido, en el que cualquier institución que creemos tiene seguramente los días contados”.

La esperanza es inmortal, sostiene Bauman, que nos invita a defender la sanidad pública, la educación pública o las pensiones mientras podamos. Pero poco a poco habrá que hacerse a la idea de que el “estado social” se irá disolviendo y acabará dejando paso a otra cosa.

Un planeta social

“En este ‘espacio de los flujos’ del que habla Manuel Castells, tal vez tiene más sentido hablar de un “estado en red” o de “un planeta social”, con organizaciones no gubernamentales que cubran los huecos que va dejando el estado. Yo creo sobre todo en la posibilidad de crear una realidad distinta dentro de nuestro radio de alcance. De hecho, los grupos locales que están creando lazos globales como Slow Food, son para mí la mayor esperanza de cambio”.

“El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”

Eso sí, el maestro quiere dejar claro que hay una diferencia entre “lo inevitable” en este mundo líquido y lo que está ocurriendo en la vieja Europa desde que arrancó la crisis: “La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión, por eso ha habido manifestaciones en las calles. Se ha roto el pacto social, no es extraño que la gente mire cada vez con más recelo a los políticos”.

Una cosa es la dosis necesaria de austeridad tras “la orgía consumista” de las tres últimas décadas, y otra muy distinta es “la austeridad de doble rasero” que están imponiendo los Gobiernos en Europa. El autor de ‘Tiempos líquidos’ le ha dedicado al tema uno de sus últimos libros: ‘Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global’.

“La austeridad que están haciendo lo Gobiernos puede resumirse así: pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos (los banqueros, los accionistas y los inversores). O lo que es lo mismo: austeridad para España, Grecia, Portugal e Italia, mientras Alemania hace y deshace a sus anchas. Como dice mi colega, el sociólogo alemán Ulrich Beck, Madame Merkiavelo (resultante de la fusión de Merkel y Maquiavelo) consulta todas las mañanas el oráculo de los mercados y luego decide”.

Al albur de los mercados

¿Qué hacemos pues con los políticos? “Ése es el gran problema. La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial. Y la razón de fondo es que los políticos no tienen ningún poder, el estado no tiene poder. En el mundo globalizado en el que vivimos, las decisiones las toman los poderes económicos que no entienden de fronteras. El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”.

Pese a todos sus envites contra el sistema, Bauman reconoce que hoy por hoy no hay alternativa viable al capitalismo, que ha demostrado la capacidad de las anguilas para adaptarse a los tiempos líquidos.

“La naturaleza del capitalismo es la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro”.

“El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización”.

La generación de la incertidumbre

“Recordemos el famoso ‘corralito’ en Argentina”, advierte Bauman. “Luego vino el colapso de Malasia, y la crisis del rublo, y finalmente la burbuja que estalló en Irlanda, luego en Islandia, y en Grecia, y ahora en España. Hasta que no revuelvan el país y lo dejen en una situación límite no dejarán de dar la lata. Mire lo que ha ocurrido en Chipre. El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas”.

La última gran preocupación de Bauman es en todo caso la juventud. A la generación de la incertidumbre le dedica su último libro (‘Sobre la educación en un mundo líquido’), con especial hincapié en el desfase del sistema educativo y la precariedad económica en estos tiempos ultralíquidos.

“Soy muy consciente del tremendo problema del paro juvenil, que es algo ya común a todos los países occidentales, pero que se manifiesta muy cruelmente en España. Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo, cuando a muchos de ellos no les queda más salida que salir al extranjero o ganarse la vida en trabajos ‘basura’, después de haber sacado títulos que no les sirven para nada, la gran pregunta es: “¿Qué futuro estamos construyendo?”.

Artículo de Carlos Fresneda, vista en elmundo.es

Las hijas de Zeus: las musas de las artes.

En la mitología griega las musas eran, según los escritores más antiguos, las diosas inspiradoras de la música y, según las nociones posteriores, divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias. Originalmente fueron consideradas ninfas inspiradoras de las fuentes, cerca de las cuales eran adoradas; y llevaron nombres diferentes en distintos lugares, hasta que la adoración tracio-beocia de las nueve Musas se extendió desde Beocia al resto de las regiones de Grecia y al final quedaría generalmente establecida.
Aunque en la mitología romana terminaron siendo identificadas con las camenas, ninfas inspiradoras de las fuentes, en realidad poco tenían que ver con ellas.
 Cada una de las hijas de Zeus era la protectora de un arte diferente.

Además de inspirar a los artistas, las musas eran el harén de Apolo, quien gozaba con ellas y con quien bailan en esta pintura renacentista de Baldassare Peruzzi.

1.- Urania: La protectora de la astronomía. Algunos artistas la representaban sosteniendo un planeta.

2.- Terpsícore:
 La ninfa de la danza. También tuvo un hijo de sus escarceos con Apolo: el poeta Lino.

3.- Calíope: Es la mayor de las hermanas, e inspira la poesía heroica. De su relación con Apolo nació Orfeo.

4.- Polimnia: La más seria de todas las hermanas. Tal vez porque era la protectora de la geometría.

5.- Clío: Musa de los historiadores. Se la representaba leyendo un pergamino o con un cofre de libros.

6.- Melpómene
: Reina de la tragedia. Cuando se aparecía a los artistas, usaba la máscara de un rostro apenado.

7.- Erato: Inspiradora del romanticismo y de la poesía amorosa. Su atributo distintivo era una lira.

8.- Talía:
 La diosa del humor y la comedia. Su atributo era una máscara humana con una sonrisa.

9.- Euterpe: La protectora de la poesía lírica y de la música. Los artistas la representan con una flauta.

LA ESENCIA CLASISTA DE LA AUSTERIDAD

Español: La curva de gestión del cambio y el p...
Español: La curva de gestión del cambio y el paralelismo con la evolución del IBEX en la Crisis de la Burbuja tecnológica y en la actual Crisis financiera de 2008. (Photo credit: Wikipedia)

 

La palabra “austeridad” se ha convertido en la consigna del año. Según la Wikipedia, la austeridad es “un régimen económico de recorte de gastos en épocas de crisis“. Pero el lenguaje popular lo equipara a “estrechar el cinturón“. Ahora, por ejemplo, se nos dice que “del mismo modo que las pequeñas empresas y las familias se estrechan el cinturón, el gobierno también debe hacerlo“.

De esta forma, la austeridad se está presentando como una respuesta legítima a una crisis y como una solución adecuada a un problema presupuestario de las familias, las empresas y los estados. La justificación de fondo es que “hemos  gastando demasiado y no estamos trabajando lo suficiente cómo para poder mantener los derechos sociales que de una manera exagerada e irresponsable nos otorgaron antaño“.

Pero, ¿estamos consumiendo demasiado? Parece que este no es el caso. Detrás de la fachada de la crisis financiera se esconde una crisis capitalista de sobreproducción, sobre todo de sobreproducción de viviendas y otros productos que a pesar de ser necesarios, ahora la gente ya no está en condiciones de comprar.
Los episodios periódicos de nuestros barrios no reflejan precisamente exceso de consumo, sino privaciones e hileras de parados que tienen capacidad para producir bienes y servicios necesarios pero que no pueden hacerlo al ser expulsados del sistema productivo. Una de las imágenes habituales es la de las personas de todas las edades removiendo en los contenedores de basura en busca de alimentos o haciendo cola en los comedores sociales.
Sin embargo, casi todo el mundo acepta que algunos elementos de las actuales políticas de austeridad son necesarios. Los informativos, e incluso la mayor parte de los programas humorísticos, se refieren en los países europeos más afectados por la crisis como “derrochadores” y “vagos“, cuando los hechos demuestran lo contrario. Esta caracterización inexacta del discurso político de la derecha, por desgracia, también ha calado en una parte de la izquierda socialdemócrata.
Hay, sin embargo, una versión más edulcorada de la austeridad que nos la presenta como una cuestión moral, como un intento de superación de todas las derivadas del consumismo desenfrenado y como una opción para recuperar las conductas de nuestros abuelos que les  bastaba con un botijo de agua, un vaso de vino, un trozo de pan y un arengue. El problema de estas disquisiciones es que suelen venir de personas más o menos acomodadas y ya se sabe que la renovación moral es siempre más divertida cuando está pensada para los demás.
En el siglo pasado, los periodos posteriores a la explosión de las burbujas ya estuvieron acompañados de una cierta auto-flagelación  y fueron precisamente los momentos donde más prosperaron las teorías sobre la austeridad. ¿Recuerdan ustedes las propuestas de austeridad que en los años setenta teorizaron algunos partidos europeos de izquierdas? ¿No hubiera sido más inteligente  organizar entonces a la gente para empezar a parar los pies a las políticas neoliberales que la derecha ya insinuaba?
Paradójicamente, los mensajes sobre la austeridad estuvieron ausentes durante los periodos pos-burbuja de la década de 1990 y principios de 2000. Ahora, precisamente, estamos sufriendo los abusos que entonces cometieron los empresarios y los bancos más poderosos y por la forma como históricamente se  comporta el sistema capitalista. Lo que ocurre  es que, al  igual que en las anteriores crisis, los planes de austeridad castigan a las personas que menos se beneficiaron de la burbuja. Precisamente, muchas de las víctimas actuales ya fueron víctimas entonces al verse condenadas a pagar unos precios abusivos para poder acceder a una vivienda.
Sabemos que los costes humanos de la austeridad son altos. Sin embargo, nos dicen que este es un dolor que tenemos que soportar para que la economía se vuelva a animar. Pero, ante esta afirmación, debemos preguntarnos: ¿cómo y hacia donde la quieren animar?
Los países que han aplicado la austeridad más severa – Grecia, España, Portugal, Irlanda, Italia – también son los que han experimentado la contracción más devastadora y el mayor aumento del paro. A su vez, en estos mismos países, el déficit presupuestario, en lugar de bajar aumenta. Estos enormes déficits, mayoritariamente, son causados por la crisis económica y la recesión resultante de una economía deprimida. En Europa, la mayor parte de los países más afectados, entre ellos España, tenían superávit presupuestario antes de la crisis. Pero la crisis provocó una fuerte caída de los ingresos del gobierno, y un aumento de los gastos (por la prestación de desempelo y para rescatar a los bancos, entre otros).
La austeridad recorta gastos mediante la eliminación de unos derechos que quienes más los necesitan son precisamente las víctimas de esta crisis. A su vez, la austeridad no consigue aumentar los ingresos del gobierno, que dependen de una economía próspera. El resultado es una espiral descendente, donde la economía todavía se deprime más.
Si la austeridad es un desastre, entonces, ¿por qué no se abandona?
La austeridad es en última instancia una política que favorece descaradamente a la clase dominante en su pulso con la clase obrera, y que también perjudica a los pequeños empresarios, sobre todo los más débiles. La austeridad permite arrinconar a los sindicatos al hacer inviable la negociación colectiva laboral. La austeridad pone las bases para la privatización de los servicios públicos y para suplantar la seguridad social pública por un sistema privado de pensiones. La austeridad extenúa a los empleados públicos contra los cuales ya se ha puesto en marcha una extraordinaria campaña de terror económico y desprestigio social. La austeridad incrementa las bolsas de paro y crea unas condiciones más favorables para imponer una rebaja de salarios y una mayor precaritzación de las condiciones laborales. ¡Por eso no se abandona la austeridad!
No se pueden evaluar íntegramente las razones que se esconden detrás de la austeridad sin recurrir a las reflexiones que hace más de cien años hizo Marx sobre lo que él denominó el capital ficticio, unas reflexiones que encajan a la perfección con la conducta actual del capitalismo.
Antes de la crisis, una gran parte del capital se desplazó atraído por los suculentos beneficios que se sustentaban en la ficción que hinchaba la burbuja. Pero los beneficios ficticios que la burbuja generó, eran beneficios reales para los que se los apropiaban. Me explicaré:
A principios de siglo, el endeudamiento generalmente se canalizaba con contratos hipotecario que involucraban al prestamista (mayoritariamente cajas de ahorro) y al prestatario (generalmente un particular o una pequeña empresa). Los créditos permitieron pagar al contado – es decir, con dinero contante y sonante- a los vendedores de inmuebles, automóviles y otros productos que entonces se compraban con dinero prestado. Así, los grandes impulsores de la burbuja y de la sobreproducción, además de obtener cuantiosos beneficios, los cobraron con dinero fresco. Pero la fiesta se acabó. Entonces los que habían accedido a la propiedad de los inmuebles y otros activos quedaron sepultados por la ficción de la burbuja. Ahora, desgraciadamente, el problema está en el tejado de los particulares, de las pequeñas empresas y de las entidades financieras.
Por esta razón, con la austeridad también se pretende salvar a bancos y cajas y enterrar así una parte del estrago ocasionado. Se hace a expensas de las privaciones de las clases populares. No se salva, en cambio, ni a particulares ni a pequeños empresarios.
Ahora bien, la forma cómo  todo esto se está haciendo, genera de nuevo capital ficticio. Una parte de los viejos beneficios obtenidos (y cobrados) por los capitalistas durante la burbuja y del dinero barato que ahora se entrega a los bancos, se utiliza para comprar deuda pública. Esta deuda genera suculentos beneficios que ahogan todavía más a los Estados. Pero no se trata de beneficios derivados de la actividad productiva. Responden, o bien a una futura e hipotética recaudación tributaria o bien a un futuro rescate que en caso de producirse se tendrá que pagar de nuevo con dinero público. De este modo se están generando nuevos beneficios ficticios. Pero como ya ocurría en la época de la burbuja, estos beneficios son reales para los que se los apropian.
La superación de la crisis, de momento, es muy difícil. Los problemas no son sencillos, y la clase dominante, como acabamos de ver, tiene otros intereses y otras intenciones. Por eso, hay que pensar en la manera de sacar a la luz la esencia clasista de la austeridad.
Con la austeridad, las clases dominantes crean  las condiciones para mercantilizar los servicios públicos. Quieren convertirlos en un nuevo paraíso donde depositar los capitales acumulados y extraer más y más plusvalía exprimiendo a los trabajadores y expoliar a las personas adultas  y a los jóvenes. Por este motivo es tan importante aclarar que los que luchamos contra la austeridad, no estamos perjudicando a nuestros nietos: estamos luchando por un país digno para nosotros y para ellos.

PUBLICAT PER ANTONI PUIG SOLÉ

DIJOUS, DE NOVEMBRE 01, 2012

Redes sociales solidarizan con indignados y llaman a cambiar el mundo

Por Jorge Luna

Montevideo, 23 jun (PL) Nos enredamos para crear, producir y soñar lo nuevo, afirmaron hoy activistas experimentados en el uso de redes sociales para sus movilizaciones en varios países, luego de reunirse aquí durante tres días.Organizado por las Redes Frenteamplistas, vinculadas al gobernante Frente Amplio (FA), el evento, denominado “Enredarte Internacional“, convocó a movimientos y personalidades de España, Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y México, entre otros.
Somos parte de las redes de la esperanza que han enredado al mundo en los últimos años y de los “indignados” de todas partes del mundo, aseguraron en una declaración final, titulada “Manifiesto enredado”.
Nos identificamos, agregaron, con la gente que salió a la calle en Túnez e Islandia, en Egipto y España, en Grecia, Estados Unidos, México y Chile, en Turquía y Brasil.
Nos organizamos directamente, a nuestra medida, sin intermediaciones innecesarias, sin estructuras jerárquicas, sin más que la voluntad de participar activamente en la vida política, social, económica y cultural de nuestros países y del mundo, subrayaron.
Tras aclarar que no pretenden sustituir partidos, instituciones o iglesias, aseveraron que a través del uso de las nuevas y viejas tecnologías buscan generar “una comunicación alternativa y transformar poderes excluyentes e injustos en formas de convivencia verdaderamente democrática y participativa”.
Es hora de cambiar el mundo, sentenciaron: “vamos por más en cada localidad, en cada país, en cada continente. Vamos por un mundo mejor donde el centro sea el ser humano y la vida. Todo debe ser en función de la gente, por la gente y con la gente. Todo a favor de un planeta vivo que es nuestro hogar común”.
Asimismo, los participantes definieron Internet como “parte fundamental del espacio público global que debemos preservar y desarrollar, asegurando la soberanía tecnológica, el derecho a la cultura y conocimiento libre y la privacidad de cada persona”.
Durante los intercambios, políticos de varios países latinoamericanos reivindicaron el uso de las redes sociales en sus procesos políticos, como el diputado venezolano Carlos Sierra, quien sintetizó así su uso: “espacio abandonado es espacio tomado”.
Por su parte, la ecuatoriana Silvia Vitieri, del Movimiento Alianza País, afirmó que “el activismo digital es un plus, pero las lealtades se construyen cara a cara”.
La presidenta del FA del Uruguay, Mónica Xavier, a su vez, recordó el trabajo realizado por las Redes Frenteamplistas y aclaró que las tecnologías en sí mismas no son buenas ni malas, y que hay que tener destreza para utilizarlas y lograr un impacto.
El periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, moderador del “Enredo Internacional”, denunció que los grandes medios ya tienen una red establecida y que las redes son una oportunidad para democratizar el hasta ahora absoluto dominio de los medios liberales.
lac/jl

 

“Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva”

English: Niki Terpstra (197/NED) and Martin Mü...

Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con laUniversidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 ¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: “En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así”, y enseguida nos respondemos: “Ésos son países menos desarrollados”.

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.

No hay propósito de la enmienda…

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

Como en España…

Aquí también, aquí también… Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

Ahí se acabó.

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque… ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,… ¿Por qué?

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones’), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

“En Europa, ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital”De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,… que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,…) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,…

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,… Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;… O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad…

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/457290/el-euro-fue-una-de-las-formas-por-las-que-el-neoliberalismo-entro-en-europa

¿Hay que pagar la deuda? ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla?

Por Esther Vivas

La deuda es hoy una cuestión central en la agenda social y política. En su nombre se llevan a cabo privatizaciones, recortes, ajustes y, en definitiva, se transfiere el coste de la crisis a la mayor parte de la población. Pero, ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla? A estas preguntas buscan respuesta aquellos que en el seno del movimiento indignado plantean una auditoria ciudadana de la misma.

En la década de los años 80, 90, 2000, vimos el impacto de la deuda externaen los pueblos del Sur, mediante la aplicación sistemática de programas de ajuste estructural y de recortes sociales, que se decían necesarios para hacer frente a su pago. Desde el 2010, con el estallido de la crisis de la deuda soberana, ésta se ha convertido en un tema clave en los países de la Unión Europea, y en especial en los de su periferia donde se condensan las contradicciones de la crisis contemporánea.
La deuda externa ha sido un instrumento de control y dominación de las elites políticas y económicas del Norte respecto al Sur, y un potente mecanismo de transferencia de recursos financieros en sentido inverso. Ahora, la misma lógica centro-periferia de sometimiento vuelve a darse aunque, en este caso, en el seno de Europa y se repite el mantra de que es necesario pagar la deuda y de que para hacerlo es imprescindible aplicar dichas medidas de ajuste.
Pero el repudio de la deuda ha sido una constante a lo largo de la historia. La doctrina de la deuda odiosa, que en derecho internacional se utiliza para repudiar una deuda tomada por un gobierno y utilizada en contra de su pueblo, se ha esgrimido y aplicado para no pagar deudas contraídas a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Desde hace años, organizaciones sociales en los países del Sur impulsan campañas para denunciar la ilegitimidad de la deuda y en consecuencia su no pago. Y las auditorías han sido uno de los principales instrumentos utilizados con este fin. La experiencia más relevante fue la llevada a cabo en Ecuador donde, en 2007, se puso en marcha la Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa, formada por representantes de la administración y de organizaciones sociales ecuatorianas y de otros países, y que culminó, en el 2008, rechazando pagar parte de la deuda al declararla ilegítima.

El proceso de auditoría posibilita investigar porqué las deudas fueron contraídas, para qué sirvieron, a quiénes beneficiaron y sacar a la luz las irregularidades presentes en su contratación, revelar la complicidad de sus acreedores y obtener los fundamentos legales para surepudio. Se trata de un instrumento profundamente pedagógico que permite discutir sobre el funcionamiento del Estado, de la economía de mercado, de las relaciones institucionales e inyectar un rayo de luz en los oscuros pasillos de las bambalinas del poder.
Con la llegada de la crisis de la deuda a Europa, organizaciones y movimientos que en décadas anteriores trabajaron en campañas derepudio de la deuda externa de los países del Sur ahora, y junto al movimiento indignado y occupier, han empezado a promover acciones de denuncia sobre el pago de la deuda y a explicar las implicaciones que ésta tiene en los recortes, las privatizaciones y el aumento de la precariedad.
Con el objetivo de promover un debate público y la participación popular en la toma de decisiones sobre la deuda y romper con el discurso hegemónico de la “inevitabilidad” de su pago, los procesos de auditoría se han convertido en una de sus principales herramientas. Su celebración debería permitir, junto a una gran movilización social, anular la parte ilegítima de la deuda y reducir significativamente el resto. En países como Grecia, Portugal, Francia, Bélgica, Irlanda, Italia y el Estado español están en marcha campañas ciudadanas para auditarla.
De este modo, frente al discurso hegemónico de “salvar a los bancos”, “rescatar a las finanzas”, “pagar la deuda”, empieza emerger otro discurso: el de “salvar a las familias”, “rescatar a los pobres”, “no pagar la deuda”. ¿Cuál es el sentido de inyectar masivamente dinero público a entidades financieras como Bankia sino mantener los privilegios de unos pocos a costa de los derechos y las necesidades de la gran mayoría?. Como bien señala Occupy Wall Street, se sacrifica al 99% para salvar al 1%.
Las verdades absolutas para hacer frente a la crisis empiezan a resquebrajarse. Otra conciencia colectiva emerge desde abajo y empieza por preguntarse: ¿Hay que pagar la deuda? La respuesta es clara. www.ecoportal.net
Esther Vivas, coautora de ‘Planeta Indignado. Ocupando el futuro’. Artículo publicado en El Huffington Post, 14/07/2012. Blog de Esther Vivas en El Huffington Post.