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Memoria e información

Cada día se hace más difícil esconder acciones pasadas
Escrito por: SERGIO SARITA VALDEZ

A final de la década de los setenta del pasado siglo, en una de nuestras periódicas visitas a la casa del profesor Juan Bosch, ubicada en un edificio de la calle César Nicolás Penson, en la zona de Gazcue, escuchamos al presidente del Partido de la Liberación Dominicana  expresar con cierto dejo de tristeza: “el pueblo dominicano tiene muy poca memoria”.  Ese gran maestro de la política criolla se refería a la rapidez con que mucha gente olvidaba escándalos, agravios y engaños, llevados a cabo en perjuicio de la mayoría, sin que nadie reclamara o recordara a mediano y largo plazos.

Desde entonces me habitué a recortar declaraciones de figuras importantes de la nación, para darle seguimiento a lo que decían versus lo que hacían transcurrido cierto tiempo. Con frecuencia notaba la falta de correspondencia entre lo que se anunciaba y lo que terminaba realizándose. Por supuesto, muy pocos reclamaban entonces el cumplimiento de lo ofertado.

El jefe de Estado manifestaba sin sonrojo alguno que su conducta era guiada por la ley de la necesidad. En resumidas cuentas, de poco valía la palabra empeñada cuando las circunstancias demandaban otra cosa. Desde luego, no contábamos con Internet, ni con una extensa gama de canales de televisión. Ahora se puede fácilmente obtener con rapidez y eficiencia toda la información vertida en los medios de comunicación. Ya no se vale lo de “donde dije digo, digo Diego”.

Hay mucha ayuda con capacidad para almacenar trillones de datos en megabancos  y posibilidad de llamarlos en fracciones de segundo.  Cada día se hace más difícil esconder acciones pasadas y jugar al olvido.  De igual manera resulta casi imposible mantener en secreto por mucho tiempo aconteceres de relevancia social, económica o política.

Hoy cobra más vigencia aquel viejo adagio que dice: El que no quiere que una cosa se sepa que no la haga. Tampoco es factible embaucar al público con aquello de “tú me malentendiste, porque lo que quise decir fue tal o cual cosa”.

Estoy convencido de que muchos dominicanos manejamos y procesamos hoy día una mayor cantidad de información que en el pasado. Cobra vigencia la expresión del folclor nacional que reza: “Cualquier bejuquito amarra, cualquier soguita hace un ñú, y cualquier sastre del campo, al pueblano le hace un flú”. El problema de ahora consiste en saber filtrar, amén de poder separar el contenido sano y  edificante de lo perverso y destructivo.

Siento que desde algún lugar del espacio sideral don Juan está observando, y con su pícara mirada dice con sonriente satisfacción: Ya la pava no pone donde ponía; ya el pueblo dominicano tiene mucha memoria.