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Corazones ‘rojos’: La mayoría de los ciudadanos exsoviéticos añora la URSS

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AFP / Sergei Supinsky

Transcurridas dos décadas del derrumbe de la Unión Soviética, la mayoría de los ciudadanos de las ex repúblicas de la antigua URSS consideran que este cambio geopolítico fue negativo para sus países.

Una encuesta realizada por Gallup en 11 repúblicas postsoviéticas planteó a 1.000 participantes la pregunta de si consideran que la desintegración de la URSS, ocurrida hace 22 años, ha dañado o benificiado a la población de los nuevos países independientes surgidos de aquel colapso.

Aproximadamente un 51% de los encuestados, sobre todo en Armenia, Rusia y Ucrania, considera que la desintegración del bloque comunista no ha resultado beneficiosa, desencadenando violencia y conflictos étnicos en el espacio postsoviético, mientras que un 24% valora la desintegración de la Unión Soviética como algo positivo. En lo que se refiere a Rusia, un 55% cree que este cambio geopolítico dañó a su país y sólo un 19% de los rusos cree que el colapso de la URSS mejoró su estilo de vida.

El estudio revela que las personas mayores de 30 años son más propensas a sentir nostalgia por el pasado soviético y a creer que el derrumbe de la URSS perjudicó a sus países, mientras que los jóvenes sin recuerdos del pasado soviético suelen percibir su situación actual con más optimismo.

Según la información estadística, un 33% de los jóvenes encuestados califican la desintegración del bloque de ”dañina”, mientras que aproximadamente un 30% de las personas menores de 30 años ven ciertas ventajas. A su vez, un 20% de participantes en el sondeo no hacen estimación alguna o se niegan a contestar.

El resultado de la encuesta sugiere que “la libertad que pensaron que podrían obtener después de la caída de la Unión Soviética no se ha materializado”, afirma el estudio. En este contexto, es muy notorio el caso de la república de Tayikistán, donde un 61% de los encuestados teme dar una opinión política.

Asimismo, el sondeo de opinión pública demuestra que una parte significativa de los ciudadanos de las exrepúblicas soviéticas no vislumbran ninguna mejora a corto plazo, dando por hecho que tras la desintegración de la URSS las generaciones posteriores tendrán menos oportunidades, mientras que un 18% tienen confianza en el futuro.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/114970-urss-ciudadanos-anorar-tiempos-sovieticos

Elementos para la independencia tecnológica

educación

Muchas veces se habla de independencia tecnológica y de soberanía nacional, sobre todo en estos tiempos en que día tras día van surgiendo nuevos elementos (gracias al gran Edward Snowden [0]) del espionaje masivo al que estamos expuestos a manos de la CIA y la NSA yanquis.

Pero, ¿cómo llegar a tan glorioso (y beneficioso para el país) estadio? En otros artículos ya expresamos que el uso masivo de Software Libre[1] en el Estado es una de las condiciones necesarias, más no suficientes, para ello. Enfoquémonos pues en otras cosas que serían necesarias, al menos para quien esto escribe.

Se me ocurren varias cosas para la emancipación tecnológica. Pero la gran mayoría no tienen que ver con el presente, sino más bien con el futuro. O sea, creo que es mejor apuntar las baterías para asegurar el futuro que usarlas para tratar de modificar el presente. En ese sentido me vienen a la cabeza las palabras del compañero presidente a la hora de asumir: “Educación, Educación, Educación”.

Porque el espíritu crítico y libertario no se puede inducir mágicamente en nuestros técnicos, científicos y ciudadanos en general. Hay que establecer un plan para garantizarlo en un futuro, esperemos no muy lejano. Se me ocurren varias acciones en ese sentido, desde lo curricular y desde lo extra-curricular, desde la educación primaria hasta la terciaria.

A nivel de educación primaria se podría aprovechar el parque informático que ya está en manos de los niños (gracias al Plan Ceibal) y empezar a formarlos en programación. A la altura de 9 o 10 años ya se pueden entender algoritmos básicos y hay lenguajes de programación y software para aprender a programar a esa edad. No se pretende que todos los niños salgan programadores, como tampoco se pretende que todos los niños sean músicos cuando se les brinda educación musical a dicha edad ni se pretende que sean todos atletas cuando se les brinda educación física. La programación es una herramienta importantísima hoy en día. Aprender algunas cosas básicas los ayudará en varios sentidos a lo largo de toda su vida. Métodos para ordenar cosas, búsqueda de distintas soluciones para un problema, mejorar las soluciones que ideamos a primera vista (optimización), planificación, etc.

Creo firmemente que las computadoras del Plan Ceibal están siendo sub-utilizadas. Se ha hecho mucha promoción de que un muchacho “generación Ceibal” de 13 años ganó un concurso de Google pero si rascamos un poco encontramos que hay sólo 2 gurises de esa edad que participan en la creación de software para las ceibalitas (y llegaron a eso por el apoyo de su entorno familiar, no por el apoyo desde el Plan Ceibal). El porcentaje es pésimo pues si consideramos que hay más de medio millón de gurises entre 5 y 14 años llegamos a que sólo un 0,000004 % de los usuarios de ceibalitas tienen habilidades como para aportar para mejorar el software que usan.

También se podrían generalizar iniciativas como el Proyecto Butiá [2] que busca incentivar la programación de robots usando plataformas simples y económicas. Está pensado para secundaria, pero en este video podrán apreciar cómo en una escuela han podido crear un grupo que hizo un robot tomando como base una ceibalita (Escuela Nº 65 de la ciudad de Treinta y Tres) así como también apreciarán lo altamente motivados que están los niños para seguir aprendiendo sobre esos temas.[3]

A nivel de educación secundaria se debería continuar con herramientas de programación y estudios de algoritmos, así como también con iniciativas como el Plan Butiá recientemente mencionado.

Otra cosa que se podría incentivar es la creación de “Clubes de Hackers”. No se asusten, no estoy planteando que se les enseñe a robar contraseñas de cuentas bancarias, estoy hablando del verdadero significado de la palabra “hacker”. En esta página [4] sobre ética hacker se dice que “… la ética del trabajo para el hacker se funda en el valor de la creatividad, y consiste en combinar la pasión con la libertad. El dinero deja de ser un valor en sí mismo y el beneficio se cifra en metas como el valor social y el libre acceso, la transparencia y la franqueza”.

En estos clubes de hackers se pueden plantear problemas ya de escala media y explorar distintas soluciones integrando distintas disciplinas. Sería todo un desafío altamente beneficioso para toda la comunidad educativa del centro de estudios y también para el futuro de todo el país si esta iniciativa se masificara.

Hay experiencias de laboratorios hackers [5] y encuentros de hackers [6] en todo el mundo. Se crean y fomentan espacios donde la ciencia, la investigación por nuevas tecnologías y el arte se mixturan maravillosamente.

A nivel terciario también hay cosas para hacer. En particular referidas al tratamiento de temas que suelen ser áridos y cuestionadores como por ejemplo el estudio de aspectos referidos a lo que se ha dado en llamar “Sistema de Propiedad Intelectual” y también a temas éticos en la vida de los profesionales. Cuando hablamos de “sistema de propiedad intelectual” nos referimos a un conjunto de elementos como las patentes, las licencias, las marcas, los derechos de autor, denominaciones de origen, etc.

Hoy en día, y cada vez más, estamos regidos por reglamentaciones y tratados donde el tema de “propiedad intelectual” se insinúa pero no se muestra claramente hasta que ya es demasiado tarde. Todos escuchamos hablar de los tratados de libre comercio (TLC), pero pocos saben que uno de los temas más importantes (sino el más) es el referido precisamente a que se reconozcan derechos de los países centrales en el tema licencias sobre patentes y derechos de autor. De esta manera se aseguran un futuro próspero (los países centrales) pues no hay casi nada que podamos hacer sin pagarles por dichos conceptos. No es un dato menor que en toda Latinoamérica el 93% de las patentes otorgadas lo son a manos de “no residentes”, o sea de personas y empresas extranjeras. Es literalmente dinero que se va de nuestros países a las casas centrales de las multinacionales. Ya he expresado en otros artículos que el actual sistema de propiedad intelectual es el colonialismo del siglo XXI, y estoy cada día más convencido de ello.

Como es un tema difícil de estudiar y entender se suele dejar este tema en manos de unos pocos abogados que no siempre tienen como objetivo el interés general. Creemos fundamental discutir estos temas lo más ampliamente posible, motivando a que más personas se empapen en esta temática para poder entenderla (para luego tomar acciones) en su justa dimensión.

Otro tema que debería discutirse ampliamente a nivel terciario es el del ejercicio profesional y académico. ¿Qué tipo de profesionales queremos? ¿Qué profesionales tenemos? ¿Cómo hacemos para ir de lo que tenemos hasta lo que queremos?.

¿Es válido que el país invierta dinero de TODOS los uruguayos en la formación de un profesional que luego se va a hacer carrera en otro país? ¿Cómo hacer para que los profesionales que emigraron vuelvan a nuestro país? ¿Qué es mejor para el país? ¿Apostar por profesionales que hagan libre ejercicio de la profesión o por profesionales que desarrollen su vida laboral en organismos públicos?.

A nivel académico: ¿Se está apoyando con becas para estudios de post-grado a quienes más lo necesitan o a cierta elite académica? ¿Cómo hacemos para apoyar a los profesionales que van a otros países a continuar con estudios de post-grado? Muchas veces estos profesionales pasan largas estadías en ambientes muy absorbentes (y hasta hostiles) y alejados de sus familias y seres queridos, lo cual puede derivar en problemas de todo tipo. ¿Tiene sentido invertir 25 años en la formación de una persona si luego no se puede aprovechar todo su potencial?.

Estas son algunas interrogantes que (junto a otras) creemos deberían ser discutidas y resueltas a nivel de educación terciaria.

mateamargo.org.uy

 

[0] http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Snowden
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Software_libre
[2] http://www.fing.edu.uy/inco/proyectos/butia/
[3] http://www.youtube.com/watch?v=atbKInwJEeE
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Ética_hacker
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Hackerspace
[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Hackmeeting

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Fuente: http://www.mateamargo.org.uy/index.php?pagina=notas&seccion=el_fogon¬a=417&edicion=17

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Democratizar es desmercantilizar

Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el trasporte, la habitación, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancia.

Emir Sader, Página12

La fragilidad de las democracias liberales quedó confirmada conforme pudieron convivir con el neoliberalismo y, más que eso, ser funcionales a ese modelo de exclusión social. La brutal penetración del dinero en todos los poros de la sociedad llegó de lleno a la política, con el financiamiento de campañas electorales, con los lobbies en los parlamentos, todo absorbido por las democracias liberales, revelando su inmensa elasticidad. Así como, a la vez, convivieron y lo siguen haciendo con modelos económicos neoliberales, de concentración de renta, exclusión social, expropiación de derechos fundamentales, aumento exponencial de la pobreza y la miseria.

Lo destacaba bien Marx, al decir que cuando las constituciones liberales enuncian que “todos son iguales frente a la ley”, ahí empieza la desigualdad. Pero mientras sea desigualdad económica, social, cultural, el liberalismo las soporta, con tal de que sus cánones para calificar a un país como democrático sigan vigentes: separación de los poderes, elecciones periódicas, multiplicidad de partidos, prensa libre (“libre” quiere decir “privada” en el vocabulario liberal).

La era neoliberal representa el máximo de realización del capitalismo en su afán de transformar todo en mercancía, en mercantilizar todo. Libre de las trabas de las reglamentaciones estatales, el capital fluye sin limitaciones, realizando la utopía de que sea un mundo en que todo se compra, todo se vende, todo tiene precio.

En nuestros países, esos procesos han trasformado profundamente a nuestras sociedades, destruyendo la escasa red de protección de nuestros Estados, transfiriendo hacia el mercado lo que eran derechos: a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte, a la vivienda.

Gobiernos posneoliberales tratan de revertir ese brutal proceso de mercantilización, reponiendo en la esfera pública lo que fue llevado a la esfera mercantil. Frenando los procesos de privatización, revirtiendo en algunos casos empresas privatizadas a la esfera estatal. Pero, en lo fundamental, reconociendo y ampliando derechos de la gran mayoría de la población, víctima de la expropiación de derechos de parte del neoliberalismo.

La polarización fundamental en la era neoliberal se da entre la esfera mercantil y la esfera pública. Aquella, la esfera del mercado, del consumidor, de la selección social por medio del dinero. La esfera pública, a su vez, es la esfera de los derechos, de los ciudadanos, de la inclusión social.

El Estado es un espacio de lucha hegemónica entre la esfera pública y la esfera mercantil, pudiendo ser tanto un Estado financiarizado, cuanto un Estado refundado alrededor de la esfera pública. En el Estado, decía Pierre Bourdieu, siempre hay una mano derecha y una mano izquierda.

El neoliberalismo destroza al Estado e intenta imponernos la opción entre estatal y privado. Es decir, entre un Estado desarticulado por ellos o el mercado, que es lo se esconde detrás de lo que ellos llaman espacio privado.

Mientras que la disyuntiva es distinta: donde el neoliberalismo habla de esfera privada, lo que hay es la esfera mercantil. Y la esfera contrapuesta no es la esfera estatal, sino la esfera pública. La polarización que articula el campo teórico en la era neoliberal es la que se da entre esfera pública y esfera mercantil.

Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el trasporte, la habitación, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancia.

Esa es la mayor batalla de la era neoliberal: la afirmación hegemónica de la esfera pública en contra de la esfera mercantil. Una sociedad justa es una sociedad centrada en la esfera pública, en la universalización de los derechos, en los ciudadanos, como sujetos de derecho; objetivos de los gobiernos posneoliberales

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COSAS DE LA ERA DE TRUJILLO

POR ELÍADES ACOSTA MATOS

El informe remitido al Jefe hoy, 27 de mayo de 1955, decía textualmente:
“El pasado miércoles 25 del corriente, a las diez y media de la mañana, fui a la penitenciaría La Victoria y allí conversé con el señor Anselmo Paulino Álvarez y le ofrecí mis servicios de abogado para defenderlo en la Corte de Apelación. Él aceptó y me dio una carta para el Presidente de la Corte, informándole que yo lo defendería en dicha jurisdicción. Me dijo que se siente un fuerte dolor en una pierna y que ha empeorado en su quebranto de una hernia. Me dijo también que su único amparo y esperanza en el mundo es Vuestra Excelencia…”
Había algo de cierto en esta última parte, la de los quebrantos, pero no todo: la verdad es que el hombre que tuve sentado frente a mí en La Victoria, no era el mismo semi-dios potente y tronante que había visto al lado del Jefe en tantos actos y tantas ocasiones, siempre guardando una astuta distancia y aparentando un afectado aire de modestia y eficiencia, perennemente enfundado en alguno de los 500 trajes que colmaban su ropero. Pero de todas formas, tampoco era el aplastado reo que esperaba hallar, abandonado y traicionado por todos, condenado y olvidado, destinado a un eterno no ser vegetativo, mendigando del Jefe alguna sonrisa, una mueca amistosa, una señal, al menos una migaja, desde el fango adonde el simple chasquear de los Altos Dedos lo había lanzado. Y eso para mí, joven e inexperto abogado, recién salido del cascarón a la vida, era lo más sorprendente de aquella, más que sorprendente tarea asignada.
No dije toda la verdad en mi informe, lo reconozco. Haciendo uso de una audacia inusual en mí, que soy más bien un hombre apocado, estudioso, callado y observador, no le conté al Jefe de ese aire como de jugador empedernido que observé en el prisionero, presagio de quien tiene una buena mano de reserva y se dispone a jugarla, para alzarse con el botín acumulado en la mesa de juego. Algo en mi interior me aconsejó no tomar nota de ella, a pesar de ser más que visible, porque, a fin de cuentas, podía ser una impresión inexacta, convirtiéndome, por el solo hecho de haberla captado, en actor de primera fila de un drama, de tan alto vuelo, que escapaba no solo a mi saber profesional, sino a mi comprensión natural de la vida y las personas.
Allí estaba ante mí, como vulgar reo de La Victoria, igual de gordo, pelado al rape y embutido en una muda presidiaria tosca, aunque limpia, el otrora “Glorioso Paulino”, el “Ojo Mágico de Trujillo”, el predestinado -se decía- a sucederle; uno de los pocos seres humanos sobre la Tierra capaces de dormir dos o tres horas cada día, levantarse antes que el Jefe, presentarle los informes nacionales e internacionales que este requería, y que debían contener, en hojas de mecanografía perfecta y una textura determinada, desde la ubicación exacta, en el día anterior, de Juan Bosch y el general Juancito Rodríguez, hasta la cotización del azúcar en la Bolsa de New York, sin olvidar quiénes se alojaban en cada uno de los hoteles de la República y qué cargaban los camiones procedentes de Haití.
Frente a mis lápices, idénticamente afilados; mis hojas de papel esmeradamente alineadas, mi ejemplar del Código Penal escrupulosamente conservado y encuadernado, me observaba burlonamente, con su único ojo semi-oculto tras las Ray Bahn, el mismo dignatario legendario que había negociado las indemnizaciones tras la masacre de 1937, el encuentro de los dos Generalísimos, “…por la Gracia de Dios”, la construcción del coloso azucarero sobre el río Haina y hasta el Concordato con la Santa Sede.
Y, claro está, ¿cómo iba a sentirse, ante aquella mirada socarrona y altanera, apenas disimulada, un pichón de abogado, caído del cielo, sin experiencia previa, recién graduado, a quien, vaya usted a saber por qué, le habían designado para esta tarea?
No se defendió de las acusaciones que lo habían llevado a este calvario. No tuvo una sola palabra de arrepentimiento. Ni siquiera intentó negar que había estafado tres mil pesos a Prin González, ni recibido un cuarto de millón de pesos, como agradecimiento, de los ingenieros Caro y Trueba por haber influido para que se les concediera la obra del hospital “Angelita” y que, en los interrogatorios, estos declararon, seráficamente, creían destinados a nutrir los fondos del Partido Dominicano. Tampoco mostró pena alguna por la estafa a que sometió a Perín González Tejada, tras la venta de su finca en Las Cabullas; ni por el montaje realizado con su hermano, el capitán Cristóbal, del Ejército Nacional, El Niño, mediante el cual robaron la mitad de los diez mil pesos que el Jefe regaló al Licenciado Luis Manuel Cáceres y que este nunca solicitó, cuando le informaron que “atravesaba una difícil situación económica y que, en consecuencia, solicitaba ayuda”.
Lejos de interesarse por mis preguntas, de cuyas respuestas, supuestamente, dependía su libertad, el prisionero Anselmo Paulino, otrora Mayor General; otrora Secretario de Estado sin Cartera, otrora Cónsul en Cabo Haitiano; otrora Supervisor de la Policía Nacional y de la Policía Especial de Carreteras; otrora Diputado y Gobernador por la provincia Libertador; otrora Comisionado Especial en la Frontera; otrora Inspector General de las Órdenes del Poder Ejecutivo; otrora canchanchán y cúmbila del Jefe, me miraba divertido, desde una altura arrogante, un tanto fastidiado por su tiempo, como quien espera que una formalidad aburrida, pero imprescindible, termine lo antes posible.
Varias veces bostezó mientras le leía las acusaciones y denuncias en su contra formuladas por el señor David Henríquez, a quien robó una finca en Moca y por el ingeniero americano Antonio T. Molini, por el tumbe en la construcción de los puentes en la carretera de San Juan de la Maguana a Elías Piña. Parecía indiferente o inmune a las consecuencias de sus actos, o más bien, sabedor experto de que nada de aquello le afectaría en lo más mínimo, como si por alguna Suprema Decisión, resbalasen sobre su curtida piel de cortesano maquiavélico, acostumbrado a jugadas rocambolescas que escapaban a la comprensión de los simples mortales, yo incluido.
Pedí un vasito de cartón con agua, cuando terminé de leerle el rosario de delitos cometidos y fehacientemente probados. Me miraba con sorna, mientras lo tomaba a pequeños intervalos, como quien se ve obligado a presenciar una ópera bufa, mal actuada.
“Mi nombre es Anselmo Paulino Álvarez -contestó con timbre marcial en la voz, ante una de mis preguntas- dominicano, 44 años de edad, soltero, propietario de la cédula personal de identidad No. 37288, serie 1ra, con sello R.I, año 1955, No 94”.
Debo admitirlo, aunque peque de ingenuidad: me sentí honrado cuando me comunicaron que, por decisión del Jefe, se me había asignado Defensor de Oficio del reo más importante que albergaban las cárceles de la República; alguien que lindaba con la leyenda por su anterior estrecha amistad con el Benefactor; un personaje, aún caído en desgracia. Y digo aunque peque de ingenuidad, porque la verdad de esta extraña e inesperada designación, que recayó en un abogado inexperto y anodino como yo, se fue abriendo paso en mi mente en la misma medida que el ojo huérfano de Anselmo Paulino me iba taladrando con su burla y se me hacía evidente que, lo que se necesitaba de mí, era la simple apariencia de una farsa.
Pensando en el informe que debía presentar al mismo Jefe, tras esta entrevista, acomodé en mi cartera los lápices, libros y papeles, buscando un zafacón para el vasito. Ya me disponía a partir, sin tener nada en claro sobre el caso de un evidente criminal que no se defendía y que para poderlo encerrar, las autoridades habían tenido que inventar una trama inconcebible de violaciones al uso de la cédula de identidad y de placas falsas en su auto. Fue entonces que sentí su voz a mis espaldas, la misma voz firme y segura de los buenos tiempos; la del otrora Mayor General, Cónsul, Secretario de Estado, etc:
-“¿No te has preguntado, abogadito- masculló, a media voz, aunque con don de mando- por qué el Jefe no me ha mandado a matar, si yo robé, como dicen, su dinero? ¿Te parece natural que el Benefactor perdone la vida de quien haya burlado su confianza y traicionado, como dicen, su amistad?”
Quedé en una pieza y solo atiné a voltearme, temblándome el vasito entre las manos.
-“¿Algo no te dice, abogadito, que se trata de algo de mucha más altura y alcance; y que en ello, como siempre, hasta el fin de los tiempos, estamos unidos el Jefe y yo?”
Salí de la celda de los interrogatorios como pude. Palpitante y extraviado, aún sostenía el vasito de cartón en mis manos, horas después.
“Él está harto de malagradecidos, esposas gordas, hijos inútiles y gente cobarde y gris a su alrededor- murmuró con chispas en su ojo menguante- Harto de adulones vulgares. Harto de ser Dios. Mi supuesta prisión, posterior liberación y enfermedad, son los primeros pasos para sacar del país los millones que nos permitan correr una farra olímpica en París, Madrid, Montecarlo y Mónaco, y que nos dure lo que nos resta de vida… Yo saldré primero… Para algo tiene que servir el dinero, ¿verdad abogadito? Para la libertad …”
Parecía indiferente o inmune a las consecuencias de sus actos, o más bien, sabedor experto de que nada de aquello le afectaría en lo más mínimo, como si por alguna Suprema Decisión, resbalasen sobre su curtida piel de cortesano maquiavélico, acostumbrado a jugadas rocambolescas que escapaban a la comprensión de los simples mortales, yo incluido.

 

El tan esperado apocalipsis en Venezuela es poco probable

Mark Weisbrot, The Guardian
Desde hace más de una década, aquellos que se oponen al gobierno de Venezuela –lo que incluye la mayoría de los grandes medios occidentales– han insistido en que la economía venezolana implosionaría. Como los comunistas de los años 30 que apostaban por la crisis final del capitalismo, generalmente se imaginaron que el colapso económico de Venezuela se encontraba apenas doblando la esquina. Cuan frustrante habrá sido para ellos presenciar apenas dos recesiones: una causada directamente por el paro petrolero que protagonizó la oposición (diciembre 2002 – mayo 2003) y la otra, producto de la crisis mundial (2009 y la primera mitad del 2010). A pesar de estas recesiones, el rendimiento económico de la década entera, tomando en cuenta que el gobierno solamente logró el control de la compañía nacional de petróleos en el 2003, resultó ser bastante satisfactorio, con un incremento promedio anual en el ingreso real per cápita del 2,7 por ciento, una pobreza rebajada a más de la mitad y avances significativos para la mayoría en cuanto a empleo, acceso a servicios de salud, pensiones y educación.

Ahora Venezuela se enfrenta a problemas económicos que alientan los ánimos de esos corazones que odian. Vemos la mala noticia cada día: los precios de los bienes de consumo han subido 49 por ciento con respecto al año pasado; un mercado negro donde el dólar se cotiza siete veces por encima de la tasa oficial; la escasez de productos básicos, desde la leche hasta el papel higiénico; la desaceleración económica, la caída en las reservas del Banco Central ¿Será que aquellos que gritaban “¡Lobo!” verán por fin concretarse sus sueños?

Es poco probable. En los análisis de la oposición y de los medios internacionales, Venezuela está entrampada en un espiral de inflación y devaluación. La hiperinflación, una deuda externa en aumento y una crisis en la balanza de pagos marcarían el final de este experimento económico.

Pero en el año 2012, Venezuela alcanzó los 93.600 millones de dólares en ingresos petroleros, frente a importaciones totales en la economía –a unos niveles históricamente altos– de 59.300 millones de dólares. La cuenta corriente en la balanza de pagos registraba un superávit de 11.000 millones de dólares. Los pagos de intereses sobre la deuda pública externa sumaban apenas 3.700 millones de dólares. A este gobierno no se le van a agotar los dólares. Actualmente, el Banco Central cuenta con23.000 millones de dólares en reservas, y los propios economistas de la oposición estiman que existen otros 15.000 millones de dólares en manos de otras instancias del gobierno, sumando así un total de 36.400 millones de dólares. Normalmente, las reservas que puedan cubrir tres meses de importaciones son consideradas suficientes; Venezuela cuenta con las reservas necesarias para cubrir por lo menos ocho meses, y posiblemente más. También tiene la capacidad de solicitar créditos a nivel internacional.

Un problema es que la mayor parte de las reservas del Banco Central se encuentran en oro. Pero el oro se puede vender, aunque se trate de un activo mucho menos líquido que otros ahorros, como lo son los bonos del tesoro de EEUU. Parece algo descabellado pensar que el gobierno corra el riesgo de pasar por una crisis en la balanza de pagos en vez de vender su oro.

La hiperinflación también es una posibilidad muy remota. Durante los primeros dos años de la recuperación económica, que comenzó en junio del 2012, la inflación venía cayendo aun cuando el crecimiento económico se aceleró al 5,7 por ciento para el 2012. En el primer trimestre del 2012 alcanzó un punto bajo de apenas 2,9 por ciento, equivalente a una tasa anual del 12,1 por ciento. Todo ello demuestra que Venezuela, a pesar de sus problemas, es muy capaz de generar un crecimiento saludable, incluso mientras se lleva la inflación a la baja.

Lo que verdaderamente disparó la inflación, ya hace un año, fue un recorte en el suministro de dólares al mercado de cambio de divisas, los cuales se redujeron a la mitad en octubre del 2012 y prácticamente fueron eliminados en febrero. Esto hizo que más importadores tuvieran que comprar dólares cada vez más caros en el mercado negro. La devaluación de febrero también contribuyó en algo a la inflación, aunque probablemente no tanto.

Pero desde entonces el gobierno ha aumentado sus subastas de dólares, anunciando también un plan para aumentar las importaciones de alimentos y otros bienes, lo cual seguramente ejercerá cierta presión hacia la baja en los precios.

Ciertamente, Venezuela se enfrenta a algunos problemas económicos serios. Pero éstos no son del tipo que sufren por ejemplo Grecia (ya en su sexto año de recesión) o España, que se ven atrapadas en un arreglo donde la política macroeconómica es fijada por factores cuyos objetivos entran en conflicto con su recuperación económica. En cambio, Venezuela cuenta con suficientes reservas e ingresos en divisa extranjera para hacer lo que quiera, incluyendo empujar hacia abajo el valor del dólar en el mercado negro y eliminar buena parte del desabastecimiento. Estos son problemas que pueden ser resueltos de manera relativamente rápida mediante cambios en las políticas. Venezuela –al igual que la mayor parte de las economías del mundo– también sufre problemas estructurales de largo plazo, como lo son una sobredependencia respecto del petróleo, una infraestructura deficiente y una capacidad administrativa limitada. Pero no son éstas las causas de sus dificultades actuales.

Mientras tanto, la tasa de pobreza cayó en un 20 por ciento en Venezuela el año pasado. Esto representa sin duda alguna la reducción más significativa de la pobreza en todo el continente americano para el año 2012, y una de las más importantes –tal vez la más importante– en el mundo. Las cifras están disponibles en la página web del Banco Mundial, pero prácticamente ningún periodista ha emprendido el muy peliagudo viaje por el ciberespacio para encontrarlas y difundirlas. Toca preguntarse, ¿por qué será que se les pasó el dato?

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El Testamento de Lenin

Verdad y manipulaciónLeón Trotsky, Vladimir Lenin y Lev Kámenev (Mo...

Luciano Canfora

Froterad

Entonces Focio, tras haber plagado el escrito de innumerables mentiras

con las que sabía hacer feliz al que las escuchase, lo transcribió en hojas
decrépitas y en caracteres alejandrinos, imitando una escritura ya desusada.
Lo recubrió entonces con una encuadernación antiquísima y lo volvió a colocar en la Biblioteca de Palacio
Nicetas, Vida de Ignacio, 568A.

Los testamentos de los grandes protagonistas son, por así decirlo, una carta a la posteridad, además de a los coetáneos. Para los continuadores tanto como para los adversarios. Esto explica el cuidado que algunos grandes constructores de nuevos regímenes han tenido a la hora de protegerse contra intrusiones póstumas en su voluntad.
Tal es por ejemplo, el objeto de la meticulosa puesta en escena prevista por Augusto (14 d. C.) con el fin de regular todo lo que por deseo suyo debía ocurrir y leerse ante el Senado, convocado en sesión esencialmente conmemorativa para escuchar sus últimas Palabras [18]. Por ello, la custodia de éstas, y en especial de ese sorprendente texto que resultó ser el Index rerum a se gestarum, le fue confiada a la clarividente consorte, Livia, pero también al colegio de las Vestales [19].
Obviamente, un “testamento” es de por sí un hecho histórico. Y lo es también cuando ha sido manipulado (o también creado ex nihilo).
A finales de enero de 1976 la agencia japonesa Sankei Shimbun publicó un Testamento de Zhou Enlai, primer ministro chino desaparecido algunos días antes, el 8 de enero de 1976. La sospecha de que se trataba de una falsificación comenzó a circular de inmediato. Los temas tratados eran, en el mismo orden y a menudo con impresionantes coincidencias verbales, los desarrollados por Zhou en la última entrevista que concedió a Edgar Snow. Además, reflejaban de manera precisa el esquema de la intervención de Deng Xiaoping en la sesión especial de las Naciones Unidas sobre materias primas, en 1974. Encajada en el conjunto, brillaba también una frase sobre el “papel del Partido” que se encuentra, idéntica, en el informe leído por Zhou en la tribuna del X Congreso del Partido Comunista Chino. Una sola inserción resultaba completamente nueva en el plano conceptual: la necesaria prioridad de la industria pesada en el nuevo plan quinquenal chino. ¿Para qué este montaje y en beneficio de quién? Una ausencia proporcionaba, quizá, la clave: la ausencia de cualquier referencia a las relaciones ruso-chinas, tema en los años previos y en el periodo tardo-maoísta, lleno de durísimas polémicas. Una explicación plausible del nada refinado pastiche era que se pudiese leer como mensaje de la facción de Deng (muy leal a Zhou), entonces en trayectoria ascendente dentro del Partido Comunista Chino, dirigido al interior y al exterior y también a la URSS. De hecho, pocos días antes (24 de enero) el elogio de Zhou Enlai en la televisión soviética había sorprendido a todos, después de años de ataques. El falso testamento funcionó como un auténtico acontecimiento, a todos los efectos.
Veinte años más tarde, el 26 de febrero de 1997, los periódicos de Hong Kong, en especial el Ta Kung Pao (órgano oficioso chino de la entonces colonia británica) [20] publicaron un “testamento” de Deng Xiaoping, desaparecido pocos días antes (19 de febrero). Se leía, entre otras cosas: “Hay una sola cosa en toda mi vida que me entristece. Son los hechos de (junio) de 1989 [21]. He meditado mucho sobre ellos y he llegado a una decisión. Pido que tras mi muerte se haga público mi disgusto, y se le hagan llegar mis disculpas a las víctimas y a todo el pueblo”.
El documento contenía también otras informaciones, como por ejemplo aquella según la cual Deng había “editado personalmente” el volumen de sus discursos correspondiente al periodo más difícil, el posterior a su retorno al gobierno [22]. Después del desmentido oficial chino, que negó la autenticidad del documento, muchos se han preguntado qué podía significar y de dónde podía salir. La hipótesis más a menudo sugerida, y que quizá dé en el clavo es que, al margen de la autenticidad (cuestión insoluble), la operación hubiera podido surgir del ala innovadora del Partido Comunista Chino, de los hombres nuevos [23] que no habían llegado aún al poder (junio de 1989). Si es así, la operación resultó perfecta. La eliminación de los efectos negativos y de la fractura provocada por Tiananmen se conseguía adjudicándosela al difunto líder, cuya íntima perplejidad frente a aquella terrible decisión entraba –en todo caso– dentro de lo posible. Era una manera hábil de “pasar página”, soltando la carga sobre el líder desaparecido y universalmente apreciado y colocando en el pasado inmediato un gesto político actual. Si es cierto que la capacidad de salvaguardar la continuidad es uno de los secretos para la conservación del poder (la Iglesia católica es un insigne e instructivo ejemplo) puede decirse que la China moderna ha hecho de tal concepto un tesoro. Ha conseguido no renegar de Mao, pese a haber instaurado una política antitética respecto a la del “timonel” de la catastrófica Revolución Cultural. Ha conseguido mantener unidos el mito cada vez más desteñido y olvidado de Mao y el mito bastante más significativo, eficaz y actual de Deng. Con aquel “testamento” se le adjudicaba póstumamente también el mérito de lo que en realidad iba a ocurrir después: el intento de reconciliación del país a casi diez años de 1989.
Las dos historias paralelas de la URSS y de China popular se convierten así en un ejemplo de manual de cómo se pierde o se conserva el poder. En la URSS han sido necesarios dos traumas, dos claras rupturas (el XX Congreso en 1956 y la perestroika en 1986-1989) para destruir el Estado formado tras la Revolución de 1917 y gracias a ella. En China la ruptura deseada por Mao (1966, la Revolución Cultural) corría el riesgo de obtener un resultado similar. Pero los grandes tutores de la continuidad, Zhou y Deng, pese a ser arrinconados, aunque nunca del todo inmersos en la locura maoísta (y ésta es una peculiaridad de la historia china que no debe perderse de vista), tuvieron éxito en el milagro del cambio total sin retractaciones, rupturas o eliminaciones irreparables. El testamento de Deng fue en ese marco un último acto de sabiduría, dentro de una tradición que es la antítesis de la occidental y dramática del bolchevismo ruso. Es sabido que a la larga, en los grandes procesos históricos, cuentan las raíces culturales más profundas y la tradición, no las ideologías.
La primera “ruptura” la había intentado el mismo Lenin con el denominado Testamento o mejor dicho la Carta al Congreso, dictada por partes, entre el 23 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923. El Congreso del Partido Comunista Ruso a la que estaba destinada habría tenido que ser el inminente XIIº congreso (17-25 de abril de 1923). La esencia de la cuestión está en la propuesta, que Lenin expresa en el documento, de destituir a Stalin de la secretaría general del partido y aceptar, al menos en parte, las propuestas de Trotski sobre el GOSPLAN [24] .
Lenin está ya en condiciones de salud precarias, por no decir desesperadas. No está en absoluto seguro de poder participar en el Congreso; por ello piensa dirigir un mensaje “operativo” además de políticamente argumentado. Dicta poco a poco fragmentos. Comenzó el 23 de diciembre. Esto lo atestigua una de las secretarias, Volodícheva: aquel día, al convocarla, Lenin empezó diciéndole: “Le quiero dictar una carta para el Congreso. Escriba, por favor” [25].
El primer texto, fechado el 23 de diciembre de 1922 y escrito al dictado por Volodícheva, tiene que ver con el GOSPLAN y sugiere “ir contra” las propuestas de Trotski. Además sugiere ampliar en gran medida el número de miembros del Comité Central (C. C.), con el evidente propósito de “diluir” los conflictos personales.
El segundo texto, dictado a la misma Volodícheva en los dos días siguientes, 24 y 25 de diciembre, afronta directamente la cuestión del enfrentamiento Trotski-Stalin, pero sin llegar a una propuesta. También se examina a otros líderes –se pueden leer los nombres de Zinoviev, Kamenev, Bujarin y Piatákov–, pero la atención se concentra sobre estos dos, que de hecho vuelven a aparecer en la frase final del breve añadido del 25 de diciembre, donde Lenin precisa, casi como queriendo frenar (sus propias) decisiones precipitadas, que estas observaciones “están hechas sólo para el momento actual, en la eventualidad de que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren ocasión de completar sus conocimientos y corregir su unilateral formación” [26]. Los había definido ya como “los dos jefes más destacados del actual Comité Central [27] en la primera parte de las notas (fechadas el 24 de diciembre) al esbozar su perfil. En lo que respecta a Stalin sin embargo, lanza una voz de alarma: “Convertido en secretario general, ha concentrado en sus manos un inmenso poder, y yo –escribe– no estoy seguro de que sepa servirse siempre de él con la suficiente prudencia”. De Trotski reconoce que “es quizás el más capaz de los miembros del actual C.C.” pero le reprocha: “Tiene también una excesiva seguridad en sí mismo” además de “una tendencia excesiva a considerar el lado puramente administrativo de los problemas”. Algunos días después, el 4 de enero de 1923, la decisión está tomada.
Lenin dicta un breve añadido a la Carta, consistente en un único párrafo, enteramente dedicado a Stalin y lo remata –tras haber trazado un perfil mucho más severo– con la propuesta, evidentemente destinada al inminente Congreso, “de pensar en la manera de quitar a Stalin del cargo de secretario general” del Partido, con la esperanza de encontrar a uno “más tolerante, más leal, más cortés y más atento con los compañeros, menos caprichoso”.
La historia de la transmisión, difusión y conservación de este texto no ha sido todavía completamente aclarada [28]. Nadiezhda Krupskaia, mujer de Lenin, cumple en esta historia textual un papel solamente en parte similar al que tuvo Livia respecto a las disposiciones póstumas que Augusto destinó al Senado. La diferencia, que no es pequeña, consiste en la menor fuerza de Krupskaia respecto al C. C. del Partido y su secretario. En todo caso, es Krupskaia quien se encarga de la tarea de hacer llegar la Carta de Lenin al Partido.
Y ya aquí aparece un punto oscuro. Una leyenda destinada a amortiguar las asperezas del caso y a explicar la larga latencia del documento, sostiene que Lenin habría dispuesto que la Carta al Congreso (¿o quizá solamente el añadido?) se entregara sólo después de su muerte [29]. Sin embargo, él no podía prever la fecha de su muerte, ni tampoco postergar sine die una decisión que, según sus mismas palabras del addendum, parece urgente. Por lo demás el título mismo que se ha vulgarizado (Testamento de Lenin) contribuye a reforzar la engañosa tesis según la cual el mismo Lenin habría dado a esta Carta al Congreso el sentido y el alcance de una comunicación póstuma. Otra tradición sostiene que “inicialmente” Lenin habría escondido aquel addendum incluso a Krupskaia.
El auténtico problema, que sólo en parte encuentra explicación en el agravamiento de la salud de Lenin, es el intervalo, la laguna de casi año y medio, entre el 4 de enero de 1923 y mayo de 1924, hasta que finalmente, en el XIII Congreso (23-31 de mayo de 1924) algo se filtra. Que en el XII no se haya hecho nada queda en todo caso pendiente de explicación, en vista de que otro escrito de Lenin (Propuesta al XII Congreso: cómo reorganizar la inspección obrera y campesina), dictado el 23 de enero de 1923 y publicado dos días después en Pravda [30], llega regularmente al XII Congreso y se aprovecha para las Tesis congresuales (17 de abril de 1923).
En previsión del resultado que se proponía obtener en el XII Congreso (la sustitución de Stalin en la secretaría debido a la rudeza, la deslealtad, etc. de su comportamiento) Lenin dio también otro paso: envió una dura carta a Stalin, el 5 de marzo de 1923, en la que le amenazaba con la ruptura de relaciones de no recibir sus excusas por escrito, tras la violencia verbal con la que había tratado a Krupskaia durante una llamada telefónica. Sorprendentemente Stalin cumplió inmediatamente con la petición. Pero cuando comienza el Congreso a mediados de abril –ésta es la explicación habitual– Lenin está de nuevo paralizado físicamente (no se conoce nada más suyo hasta su muerte, el 21 de enero de 1924). “Estaba inhabilitado físicamente y los documentos en los que recomendaba la revocación de Stalin de su cargo quedaron bajo llave hasta algún tiempo después de su muerte, ocurrida en enero de 1924” [31].
Según la versión recepta, Krupskaia habría presentado al C. C. y hecho llegar directamente a Stalin la Carta al Congreso no antes del 18 de mayo de 1924, precisando en una nota agregada al texto que “Vladimir Ilich había expresado el firme deseo de que después de su muerte estas notas fueran mostradas en el próximo Congreso del Partido”. La nota existe: se encuentra en el volumen XLV de la quinta edición (1964) de las Obras completas de Lenin (p. 594).
Si lo que escribe Krupskaia fuese exacto, debería deducirse que el mismo Lenin dudó, tras la rápida carta de “excusas” de Stalin del 5 de marzo de 1923, en llevar hasta el final, en el XII Congreso, la operación de cambio de secretario general. ¿Prefirió esperar? Lo cierto es que al poco tiempo, entrará en la oscuridad de una severa enfermedad, tan dura que el 17 de marzo le pide precisamente a Stalin el veneno para suicidarse, entre dolores cada vez más insoportables. Petición que el grupo dirigente del Partido rechaza.
Pero la nota de Krupskaia no significa en absoluto que hasta aquel momento la cúspide del Partido desconociera la existencia de la Carta al Congreso. Ahora sabemos con certeza que no es así. En julio de 1991 un joven historiador, Yuri Buranov, encontró en el archivo del PCUS el acuse de recibo que acompañaba a todo el material, incluido el addendum del 4 de enero: está fechado en “Moscú, 7 de junio de 1923” [32]. El recibo viene de Kuibishev, un hombre de toda confianza de Stalin además de secretario del C. C. y está dirigido a Kamenev, en aquel momento aliado de Stalin.
Llegados a este punto es justo preguntarse, antes de continuar esta reconstrucción, en qué consistía ese autógrafo. Tratándose de textos dictados, hay copias dactilografiadas, corregidas por el autor y efectuadas por varias secretarias cuyos nombres y tareas se conocen: Volodícheva dactilografió el texto más amplio de la Carta al Congreso (23-25 de diciembre de 1922) y Fótieva el addendum (4 de enero) sobre la destitución de Stalin. Los testimonios de estas secretarias están incluidos en la parte final (pp. 474, 593-594) del vol. XLV de las Obras completas de Lenin (quinta edición, 1964) [33]. Pero sus testimonios más interesantes se reservaron para una larga entrevista realizada por Alexander Bek, que publicamos aquí en apéndice al tercer capítulo. Según estos testimonios alguien (en ausencia de indicaciones por parte de Lenin) sugirió a Volodícheva al acabar el dictado –Lenin disponía sólo de breves periodos de lucidez para trabajar– que remitiera a Stalin el texto del 23 de diciembre. Con ello podemos reconstruir al menos el recorrido de aquel texto que, recordemos, concede mucho a las peticiones de Trotski sobre el GOSPLAN. La transcripción enviada a Stalin le llega mientras están con él Bujarin, Ordzhonikidze, y Alilúyeva (mujer de Stalin y trabajadora también de la secretaría de Lenin). Stalin manda quemar el “original” después de haber conseguido para él una copia a mano (realizada por Alilúyeva) aparte de las habituales cinco copias a máquina para Lenin.
Buranov descubrió la copia manuscrita de Alilúyeva y vio que allí, en el párrafo sobre el GOSPLAN, faltaba una frase. Se creía que Lenin había escrito: “Pienso proponer a la atención del Congreso que se dé, en ciertas condiciones, un carácter legislativo a las decisiones del GOSPLAN, encontrándome a este respecto junto al camarada Trotski hasta cierto punto y en ciertas condiciones”. Sin embargo, en el ejemplar transcrito por Alilúyeva y rescatado por Buranov, faltan estas últimas palabras, muy restrictivas. La hipótesis de una interpolación por orden de Stalin con el fin de atenuar la sugerencia de Lenin de “ir junto a” Trotski parece la más probable [34]. Para ser eficaz, la manipulación tenía que realizarse inmediatamente, antes de que se realizaran las cinco copias, ya que una de éstas debía depositarse en el archivo personal de Lenin y hubiera podido crear incomodidades en el futuro.
Un fenómeno similar debe de haberse producido también con la nota dictada por Lenin al día siguiente (24 de diciembre). La prueba que permite la comparación textual (es decir, la copia de Alilúyeva) ha sobrevivido, por lo que parece, sólo para el texto del 23. Pero gracias a las entrevistas realizadas por Bek sabemos que los dictados de los días inmediatamente posteriores también fueron entregados rápidamente a Stalin.
Naturalmente, la escena descrita (Volodícheva, sin órdenes precisas, se dirige a Stalin) está preñada de implicaciones. No es poco razonable pensar que Stalin intentara controlar el trabajo de Lenin (entre los dos existía un creciente desentendimiento respecto a puntos cruciales, como la cuestión georgiana) y que Volodícheva fuese un eslabón de tal red de “control”.
Sea como fuere, las sospechas se concentran en el párrafo en el que son mencionados Zinoviev y Kamenev. Así es como aparece en su primera publicación soviética “oficial”, en la versión difundida por Komunist (número 9, 30 de junio de 1956) en el contexto de la “desestalinización” promovida por el XX Congreso del PCUS (febrero de 1956):
No seguiré caracterizando a los demás miembros del C. C. por sus cualidades personales. Recordaré solamente que el episodio de Zinoviev y Kamenev en octubre no es, naturalmente, una casualidad y que de esto se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de su no bolchevismo.
La ambigüedad es casi perfecta: la frase final puede (y quizá debe) ser entendida en el sentido de que “les imputamos aquellas culpas menos de lo que sin embargo deberíamos”, o puede significar que “se les imputan tan poco como el no bolchevismo a Trotski”, queriendo decir que efectivamente no merecen serles imputadas. De hecho, como veremos, se dieron inmediatamente ambas interpretaciones.
Pero la pregunta principal es: ¿qué hace ahí, en ese punto, ese párrafo tan puntillosamente retrospectivo, en el que sobre todo se vuelve a Trotski cuyo “perfil” había sido analizado ya dos párrafos antes? Es la pregunta que se hacía ya Moshe Lewin en su ensayo de 1967 Le dernier combat de Lénine [35]. ¡Un párrafo expresado, además, tan ambiguamente como para dar pábulo, en el enfrentamiento que enseguida se abrió, a dos interpretaciones opuestas! (Y Stalin no era inexperto en lingüística.)
De aquel texto hubo enseguida numerosas traducciones y publicaciones, oficiosas y semioficiales.
Pese a que la lectura de la Carta al Congreso se realizó a puerta cerrada y en sesiones restringidas del XIII Congreso (21 de mayo de 1924), ya el 24 de julio el periódico menchevique Socialisticesky Vestnik, que se imprimía en Berlín, era capaz de publicar amplios extractos [36]. Evidentemente no todos los delegados implicados mantuvieron el secreto al que se habían comprometido. El texto fue rápidamente publicado por el escritor Max Eastman, en la época admirador de Trotski, en un librito titulado Since Lenin died (Nueva York, 1925) [37], inmediatamente traducido al francés por Gallimard (Depuis la mort de Lénine). Mientras, desde la oposición, o posiblemente fuera el propio Trotski [38], se le hizo llegar a Eastman el texto completo del que se disponía. Éste lo publicó en el New York Times del 18 de octubre de 1926 [39]. Pero puesto que el compromiso adquirido a puerta cerrada era que el texto no fuera hecho público, Trotski se encontró en la poco envidiable situación de tener que desautorizar, en el periódico del partido, Bolshevik, a su amigo Eastman y proclamar que era “una calumnia contra el C. C. del partido” afirmar que hubiesen sido “escondidos por el Partido documentos excepcionalmente importantes escritos por Lenin” y que en todo caso “todos los rumores sobre la ocultación o la violación de un testamento (de Lenin) son invenciones m alintencionadas”.
El texto que la oposición pasó a Eastman se presentaba, en la versión inglesa que éste ofreció, conforme a la segunda interpretación, la menos desfavorable a Trotski: I will not further characterize the other members of the Central Committee as to their personal qualities. I will only remind you that the October episode of Zinoviev and Kamenev was not, of course, accidental, but that it ought as little to be used against them personally as the non-Bolshevism of Trotsky.
Alrededor de un año más tarde, en vista ya del XV Congreso del PCUS (2-9 de diciembre de 1927), la Carta al Congreso volvió con fuerza en el enfrentamiento entre la mayoría estalinista y las facciones de la oposición. La prensa alemana fue de las primeras en posicionarse, tanto los periódicos conservadores (Vossische Zeitung, Deutsche Allgemeine Zeitung) como el Rote Fahne. Este último, ya a primeros de noviembre, entra en la discusión aprovechando las celebraciones del décimo aniversario de la Revolución y el 9 publica un fascículo especial con todo el debate del 23 de octubre y entre otras cosas, ofrece una puntual traducción alemana del párrafo en el que se menciona el “no bolchevismo” de Trotski: Ich erinnere nur daran, daß die Oktober-Episode Sinowjews und Kamenews keine Zufälligkeit war, aber daß sie, ebensowenig wie Trotzki der Nichtbolschewismus, als persönliche Schuld umgerechnet werden kann.
El 4 de noviembre, el Frankfurter Zeitung, bajo el título Partei und Opposition in Rußland. Ein wenig Diskussionsfreiheit, había publicado las durísimas cartas de Lenin de 1917 contra Kamenev y Zinoviev. El 8 de noviembre, el Vossische Zeitung había destacado el párrafo del Testamento donde se estigmatiza la “tosquedad y deslealtad” de Stalin y ese final sobre el “no bolchevismo” de Trotski, y sobre la “traición” de Zinoviev y Kamenev en vísperas de la Revolución. El periódico parisino Le Temps del 19 de noviembre publica en primera página un gran editorial, La crise du Bolchévisme en Russie (fechado el 18), en el que se lee que en la batalla, no exenta de golpes bajos, entre mayoría y oposición [40] M. Trotsky se réclame tout autant que M. Staline du fameux testament de Lénine (“Tanto Trotski como Stalin invocan el famoso testamento de Lenin”).
También en las crónicas de los días anteriores se mencionaba el Testamento. Por ejemplo, en la vívida crónica de la sesión del C. C. en la que Trotski se opuso dramáticamente a su propia expulsión, recordando entre otras cosas, el consejo de Lenin al Partido: Écartez Staline, qui peut mener le parti à la scission et à la perte! (Le Temps, 14 de noviembre de 1927, p. 1, La crise du parti bolchéviste). Profecía que también había hecho, por otra parte, la Westminster Gazette en su crónica de los desórdenes del 7 de noviembre.
El 20 de noviembre se publica en París el número 1 de un nuevo periódico, Contre le Courant, que se presenta como “l’organe de l’Opposition communiste”. Está redactado por una docena de disertantes, todos vinculados a Trotski y por lo tanto en conflicto desde hace años con el PCF. El número 1 se inaugura precisamente con la cuestión del Testamento de Lenin y sobre todo de la interpretación exacta de la frase crucial sobre el “no bolchevismo” de Trotski. Tras el editorial (La Révolution en danger) y la crónica taquigráfica de las intervenciones de Trotski y Zinoviev en el plenum bolchevique del 23 de octubre, hay un durísimo inciso (p. 15) titulado Métodos estalinistas, donde se afronta el problema directamente, en un intento de facilitar la verdadera interpretación de la frase. Pocas páginas más allá se da la traducción íntegra del documento. El Contre le Courant reacciona también contra el Correspondance Internationale (nº 114) del 12 de noviembre de 1927, que se abría desde la primera página con la interpretación “estalinista” de aquella frase. Allí se reproducía toda la intervención de Stalin el 23 de octubre, en la que la frase en cuestión se entendía así: Je rappelle simplement que l’épisode d’Octobre de Kaméniev et de Zinoviev n’est pas dû au pur hasard, pas plus que le non bolchévisme de Trotsky, (p. 1.640, segunda columna). Pero es una simplificación. Stalin había citado más correctamente: “Naturalmente no se debe a la casualidad, pero se puede atribuir a su culpa personal tan poco como a Trotski su no bolchevismo”. Obviamente apoyándose en la distinción entre “culpa personal” y “ culpa política”, el sentido era que ese “no bolchevismo” no era simplemente una “culpa privada”: es decir, verdaderamente “no se debía a la casualidad”. La Correspondance lo sintetiza, pero ése es el sentido de lo que Stalin entiende y lee en las palabras del Testamento. Los redactores del Contre le Courant oponen su interpretación y fuerzan el texto introduciendo el concepto de “no más”: ese error “ya no puede imputársele a Trotski”. Stalin –escribe el periódico trotskista– ha falsificado de la manera más burda el pensamiento de Lenin y le hace decir lo contrario de lo que allí está escrito:
En effet, dans le texte de Lénine, il est dit que l’épisode d’octobre
de Kamenev et Zinoviev n’est pas dû au pur hasard, et Lénine ajoute
aussitôt: “… Mais il ne peut guère plus leur être personnellement reproché
que le non-bolchevisme au camarade Trotsky.
On voit que Staline a oublié volontairement les mots les plus
importants de sa “citation”, ceux qui donnent son sens à la pensée
de Lénine.
Staline est obligé de falsifier Lénine pour faire croire au Parti
qu’il est d’accord avec Lénine [41].
Está claro que Stalin se apoya en el Testamento precisamente por ese párrafo que en todo caso reprocha a Trotski su “no bolchevismo”, al igual que Trotski se apoya en el addendum que solicitaba el alejamiento de Stalin de la secretaría.
La oposición hizo llegar el Testamento a los 1.669 delegados del Congreso. Pero parece que la tirada fue mucho más amplia; se habla de más de 13.000 copias destinadas, en la mayor medida posible, a la prensa exterior [42]. También el redactor del Corriere della Sera tuvo su copia y desde el 15 de noviembre, en un amplio espacio titulado Las disputas entre los comunistas rusos mientras el bolchevismo decae en China (con el subtítulo Del testamento de Lenin) ofreció la traducción, no sin recordar el caso Eastman y el incómodo desmentido al que se había visto obligado Trotski: un “regalo” a la mayoría estalinista, pese a su tono oficialmente hostil. Y de hecho la traducción que publica el corresponsal del Corriere, Salvatore Aponte, es la favorable a Stalin en la frase crucial: “El episodio de Zinoviev y Kamenev en octubre (cuando en un periódico menchevique éstos se declararon contrarios a la insurrección armada y a la conquista violenta del poder) no fue desde luego casual y les culpamos demasiado poco, como demasiado poco culpamos a Trotski de su no bolchevismo”.
No satisfecho con esta primera publicación, Aponte, transmitiendo desde Riga el 30 de noviembre, realizó pocos días después otra, completa, que la dirección del Corriere della Sera sacó en portada el 4 de diciembre bajo el titular Lenin preconizó la escisión. Aquí la frase se reproduce idéntica, tal como aparecía en la correspondencia del 15. El texto va precedido por una breve nota informativa de carácter oficial: “El C. C. del Partido Bolchevique ruso solicitará mañana al XV Congreso de Moscú que decida si debe ser publicada íntegramente la carta-testamento de Lenin, cuya existencia fue revelada hace dos años por un comunista estadounidense que por tales revelaciones fue expulsado de la Komintern. En las recientes y ásperas discusiones entre Stalin y los opositores, el secretario general del Partido procedió a la lectura de algunas frases de aquella carta ya famosa”. Aquí ya se observa un elemento favorable a Stalin: es el mismo Stalin el que hace una lectura (parcial) del documento. Y en efecto, como sabemos, apoyándose precisamente en la frase relativa a la traición de Kamenev y Zinoviev en octubre y al no bolchevismo de Trotski, Stalin blandió aquel documento en el plenum previo al Congreso, como un arma aplastante contra la oposición. Tras la nota introductoria, Aponte menciona la actividad “ilegal” y clandestina que la oposición lleva a cabo utilizando imprentas secretas y declara haber conseguido por aquella vía el texto completo de la Carta al Congreso, que a continuación publica.
Pero la traducción que da (¡por segunda vez!) revela que la fuente de la que depende es en realidad aquella que, en una carta privada al director del Corriere (12 de noviembre), él definía como “el servicio Stefani-Tass”. Con la precisión de que “Stefani se limita a difundir, sin controlarlas, las noticias que Tass le transmite, vale decir las noticias cuya difusión tiene cierto interés para el gobierno soviético [43]”. La fuente de Aponte es por lo tanto esencialmente oficial, y esto explica por qué obstinadamente publica y vuelve a publicar el párrafo crucial en la versión que (legítimamente, respecto al original) hace decir a Lenin: “Le reprochamos demasiado poco a Trotski su no bolchevismo y a Zinoviev y Kamenev su traición [44]”.
Esto puede explicarse a la luz del descubrimiento de Buranov y de las reveladoras declaraciones de Volodícheva a Alexander Bek [45]: una manipulación efectuada por Stalin cuando le llegó el texto dictado por Lenin el 24 de diciembre. Intervino con un mínimo retoque invirtiendo el sentido. De la forma en que lo leemos, el párrafo desacredita no solamente a Zinoviev y Kamenev (en aquel momento aliados a Stalin contra Trotski) sino también a Trotski. No olvidemos que, desde el punto de vista textual, la situación se presentaba especialmente favorable [46].
Alguna sospecha podría surgir también respecto a la frase conciliadora y autorrestrictiva de la tercera y brevísima nota (25 de diciembre) donde Lenin, después de perfilar las virtudes y los defectos de Piatákov, vuelve a hablar de los dos “ilustres”, precisa que sus observaciones valen solo para el presente y añade: en la eventualidad de que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren ocasión de completar sus conocimientos y corregir su unilateral formación. No parece del todo claro que Lenin dijera de Trotski que debía “ampliar sus conocimientos” [47]. Pero la cuestión queda, en este caso, sin decidir.
La nota mucho más dura y operativa del 4 de enero es dictada no a Volodícheva, sino a Fótieva y es inmediatamente guardada en secreto. ¿Había surgido alguna sospecha? ¿Después de que las notas hubieran hecho el trayecto de ida y vuelta a la oficina de Stalin, pareció que algo faltaba? De hecho el copista es sustituido y el addendum escondido. Posteriormente se produce el intercambio de cartas, muy duro, del 5 de marzo de 1923. Luego, la petición del veneno; tras lo cual la niebla que cubre las acciones de los protagonistas hasta enero de 1924 se espesa. Lo que está claro es que al XII Congreso (abril de 1923) no llega ninguna Carta al Congreso .
Desaparecido Lenin, aproximándose ya el XIII Congreso, nos encontramos en plena lucha por la “sucesión”. Augusto y Livia lo habían dispuesto todo para dejar claro que el sucesor era Tiberio, el hijo de Livia (no muy querido por Augusto). Entonces, la escena preparada por los dos viejos cónyuges fue perfecta, y se representó a la perfección: fue el mismo Tiberio el que leyó frente al Senado las últimas y detalladas (y amenazadoras, a buen entendedor) voluntades del padre. No fue así con Lenin y Krupskaia. En esencia, Lenin ha “designado”, aunque no abiertamente, a Trotski. Pero cuando esta dubitativa elección suya se hace pública, las relaciones de fuerza ya no son favorables. El funeral de Lenin, solemne y cargado de ritualidad, fue un triunfo para Stalin. Trotski estaba ausente, en pleno viaje para pasar una temporada de descanso en el Cáucaso. Siempre sostuvo haber sido engañado por Stalin sobre la fecha del funeral.
Cuando sea finalmente leída la Carta al Congreso, en una sesión restringida y a puerta cerrada, los retoques aportados por Stalin han dado sus frutos, pese al mazazo representado por el addendum del 4 de enero [48]. Entre los presentes, obviamente, están también Trotski y Radek (entonces muy vinculado a Trotski). De lo que ocurrió en aquella sesión, Radek habló años después con Emil Ludwig. Y en su biografía de Stalin [49], Ludwig relató todo lo que Radek le había narrado de aquella dramática escena: las “antenas” de Trotski se irguieron frente a aquella extraña frase, pero ya no tenía remedio. “Cuatro meses después de la muerte de Lenin”, así resume Ludwig a Radek, “diecinueve hombres se reunieron en una sala del Kremlin y Stalin les leyó el documento que en parte le acusaba”. Aquí la cita es literal y es Radek el que habla:
“Nadie dijo una sola palabra. Sólo cuando Stalin llegó a la frase el pasado no bolchevique de Trotski no se le atribuye casualmente, Trotski le interrumpió y preguntó: ¿cómo está escrito? La frase se repitió. Estas fueron las únicas palabras pronunciadas en aquella hora solemne” [50]. Ludwig comenta: “pero Trotski no solamente desmintió el relato de Radek, sino también la frase crítica de Lenin contra él. (Esta es una noticia de gran relieve)”. “ No existiendo ya el documento”, continúa Ludwig, “ su tenor depende de las simpatías. Se puede escribir hoy la historia de los Soviets con menor seguridad que la de César”.
En su autobiografía, Trotski recuerda, lo hemos dicho ya, el párrafo sobre Zinoviev y Kamenev y se encuentra con que algo no cuadra cuando comenta: “No era necesario sin embargo reprocharles el pasado”, pero de la mención a su antiguo “no bolchevismo” no dice nada. Es más, considera que en la Carta al Congreso se encontraba –así de vanidosamente se expresa– “mi clara designación para el primer puesto” [51].
Todo hace pensar que para Trotski aquella frase era sospechosa. Pero no podía demostrarlo y la trampa había sido, a su manera, perfecta. Después del XIII Congreso, Trotski había querido difundir aquel texto personalmente porque, en todo caso, el concepto central era la petición de Lenin de alejar a Stalin de la secretaría del Partido. Pero dándole difusión acabó inevitablemente difundiendo un texto que al mismo tiempo mostraba a un Lenin que continuaba describiendo a Trotski como un no bolchevique. Y cuando más tarde, ante el inminente XV Congreso, la oposición decidió divulgar el Testamento (pese a la dura crítica que parecía contener precisamente contra aquellos que eran ya los tres líderes de la oposición) y Trotski pidió a voz en grito que se cumpliese la petición de Lenin de alejar a Stalin de la secretaría, Stalin lo tuvo fácil. En el plenum del C. C. del 23 de octubre su contraataque, gracias al texto manipulado y ya en manos de todos, fue perfecto. Es cierto –vino a decir–, soy rudo y violento contra aquellos que mediante engaños y violencia quieren dividir al Partido. Contra estos yo solo sé ser rudo y violento. Pero el testamento de Lenin os acusa sobre todo a vosotros, y de culpas bastante más graves: a Zinoviev y a Kamenev de haber dado un paso atrás en el momento de la revolución y a Trotski de no ser todavía un bolchevique.
Dado que tenía bien claro su texto en mente, pudo zarandear a los asistentes en sus asientos con la lectura antológica de artículos e intervenciones anti-leninistas de Trotski de los años 1910-1913: lectura que llevó a la derrota de la oposición y a la condena pública de Trotski por parte del Congreso. Para Stalin, fue un triunfo. Gracias a un texto falseado.
¿Cómo pudo la oposición utilizar tan torpemente el arma que le cayó en las manos? (Aunque debe reconocerse que una petición de alejar a Stalin por razones y defectos únicamente de carácter no era de las más fuertes, circunstancia agravada por el postulado de que unos rasgos de carácter tan negativos serían en todo caso “perfectamente tolerables entre nosotros los comunistas”.) Las relaciones de fuerza dentro de la cúpula dirigente determinaron que la lectura fuera a puerta cerrada. Sólo en el XV Congreso (diciembre de 1927) después del fracaso de las contra-manifestaciones trotskistas del 7 de noviembre [52] y cuando la partida está ya sumamente comprometida si no perdida del todo, Trotski lleva la batalla a campo abierto y sucumbe por las razones recién citadas. Al final de aquel Congreso que llevó a la expulsión de Trotski, se decide adjuntar el texto completo de la Carta al Congreso a la transcripción taquigráfica de las actas congresuales y reenviar la publicación a una “miscelánea” de escritos de Lenin, que sin embargo no apareció nunca. Fue la prensa extranjera, en Italia el Corriere della Sera, la que ofreció el texto “completo” tal y como lo estaban difundiendo los representantes de las facciones de la oposición, ya derrotadas.
Manipulando y manteniendo tanto tiempo en secreto el “testamento de Lenin”, Stalin en realidad ocultó, en la medida de lo posible, la ruptura que se había producido de hecho entre Lenin y él. Su “obra maestra” (como la de Deng respecto a Mao) fue de hecho, fundar su poder precisamente sobre la base de la continuidad: él era ya (y se proponía ya como) el heredero, el ejecutor testamentario, el discípulo de Lenin. Por detrás de esta operación, no del todo arbitraria, no sólo está su habilidad subjetiva (asistida por la fragmentación e ineptitud de la oposición) sino también el peso y el modelo de la cultura eclesiástica e imperial bizantina, el peso de la historia [53].
Si la expresión “la fuerza de las palabras” tiene un sentido, el caso de la Carta al Congreso resulta ejemplar. Ésta resurgirá en cada una de las rupturas que han llevado poco a poco a la disolución de la URSS. Trabajosamente archivada en 1927, vuelve a la vida treinta años después, en febrero de 1956, en el XX Congreso del PCUS, el primero después de la muerte de Stalin. Ampliamente citada desde las primeras páginas del Informe secreto [54], la Carta al Congreso vuelve a circular, publicada en el oficialísimo Komunist en junio. Y vuelve aún más llamativamente en el XXIIº Congreso (17-31 de octubre de 1961) en el que se completa reciamente la “desestalinización” (atacando así al llamado “grupo antipartido”) culminando ésta con la expulsión de los restos de Stalin del mausoleo de Lenin. Esta vez las amplias citas de la Carta al Congreso, y en especial del addendum del 4 de enero, no están ya en un “informe secreto” sino en el Informe Oficial que Jruschov pronuncia frente al Congreso en nombre del C. C. [55]. Se da vida entonces a la nueva edición, la quinta de las Obras completas de Lenin, en la que la Carta al Congreso entra triunfalmente (vol. XLV, 1964). Y este tipo de decisiones radicales engendrarán la caída de Jruschov en octubre de 1964.
Para la edición en lengua rusa no había problemas respecto al texto que debía adoptarse. Sin embargo, había que elegir la interpretación para las ediciones en lenguas extranjeras. La aceptada oficialmente fue, como era previsible en aquel momento, la menos desfavorable para las fracciones de la oposición. Puede verse la transcripción en una publicación semioficial de la RDA (Lenins Ausgewählte Werke in sechs Bänden, Dietz Verlag, 1971) donde dice: Ich erinnere nur daran, daß die Episode mit Sinowjew und Kamenew im Oktober natürlich kein Zufall war, daß man sie ihnen aber ebensowenig als persönliche Schuld anrechnen kann wie Trotzki den Nichtbolschewismus (VI, p. 641).
Pero la larga sombra de la mancha de “no bolchevismo”, presentada como “sentencia” lapidaria de Lenin respecto a Trotski en su Testamento, siguió alargándose. Fue incluida en una autorizada herramienta como la Gran Enciclopedia Soviética, en su tercera edición (1977) que en cierto sentido resume, en un dosificado mélange, desestalinización y recuperación post-jruschoviana. Aquí la cuestión de la Carta al Congreso queda relegada al artículo Decimotercer Congreso del PCR [56]. Así se expresan los dos autores del artículo: “En su carta, Lenin hacía referencia al no bolchevismo de Trotski. De este modo pretendía poner en guardia al Partido frente a posibles recaídas mencheviques por obra de los secuaces de Trotski”. A continuación se da una precisa lista de las expresiones críticas presentes en la Carta relativas a otros dirigentes. El efecto es curioso: casi parece que esos juicios sirven para justificar la eliminación sucesiva de todos ellos. Después de lo cual pasan a Stalin y a las palabras de la Carta que le conciernen. “Algunas observaciones críticas”, se lee, “se dirigían también a Stalin. Lenin dudaba de que Stalin pudiera hacer un uso apropiado de su poder, esto es, de la gran autoridad que se hubiera concentrado en sus manos una vez que se hubiese convertido en secretario general del Comité Central. Lenin propuso que algún otro fuese tomado en consideración para el puesto de secretario general”. Pero –y ésta es la conclusión del hábil informe– “considerando las circunstancias, en especial el recrudecimiento de la lucha contra el trotskismo y los grandes méritos de Stalin en este sentido, los delegados del Congreso decidieron mantener a Stalin en el papel de secretario general, con la esperanza de que tuviese en cuenta las indicaciones críticas de Lenin”. Una reconstrucción realmente extraordinaria, por la sabiduría “continuista” con la que está realizada.
Stalin había ganado en su momento la difícil partida política también gracias a aquella minúscula inserción hábilmente colocada en la Carta al Congreso: “Así como el no bolchevismo de Trotski”. Pero también ganó en su país la partida historiográfica. Superó brillantemente incluso los escollos de los XX y XXII congresos. Venció haciendo “hablar” a Lenin de manera no del todo incongruente pero sí anacrónica tras el paso de Trotski al bando bolchevique bastante antes de la revolución.
La partida se reanuda después de otros veinte años. En enero de 1987, cuando despega o parece despegar la perestroika, la Carta al Congreso reaparece, esta vez en el semanario Moskovskye Novosti, como si se tratase de una novedad. El semanario habla de “excepcional documento”. En parte lo era, porque un texto relegado al volumen XLV de las Obras completas del “padre de la patria” sólo hasta cierto punto puede considerarse ampliamente difundido [57]. En resumen, acabada la “era Bréznev” con el surreal apéndice Andrópov-Chernenko, la nueva “ruptura” –en la que el voluntarismo probablemente prevaleció claramente sobre los contenidos– se inauguraba una vez más en nombre de Lenin y con las palabras de la Carta al Congreso. La cual era de nuevo reproducida y comentada a partir de cero. A Lenin se le reconocían dotes proféticas por haber previsto los defectos de Stalin (“Tenía razón”, señalaba el semanal, “tenía trágicamente razón”).
Y sin embargo, el párrafo relativo al “no bolchevismo” de Trotski y a la reprobable conducta de Zinoviev y Kamenev en el momento de la insurrección continuó funcionando al contrario de como Lenin lo entendía, pese a que el texto restaurado de 1956 fuese el correcto. Así aparece en el Informe secreto de Jruschov, que no es solo un ataque sino también una defensa de la obra de Stalin. Se dispara a quemarropa sobre el “culto a la personalidad” pero se salva la lucha contra todos los “desviacionistas”, Trotski, Zinoviev y Kamenev in primis. De Trotski ni siquiera se habla, pero contra Zinoviev y Kamenev se formula la acusación de siempre: “El 18 de octubre (de 1917) publicaron”, dice Jruschov en el Informe, “en el órgano menchevique Novaya Zhizn una declaración en la que se afirmaba que los bolcheviques estaban preparando una sublevación y que ellos consideraban tal empresa aventurada. Revelaban así al enemigo, etc.”. No obstante –prosigue– a continuación se les dieron dos importantes cargos directivos. Pero atención: “En su testamento Lenin advirtió de que el episodio Zinoviev-Kamenev acaecido en octubre no representaba ciertamente un caso accidental”[58] .
Sin embargo, es la referencia simultánea al “no bolchevismo” de Trotski la que se agiganta con el tiempo y se transforma en otro texto. Esto ocurre en la reedición de la Carta al Congreso difundida, como se ha dicho, por Moscovskye Novosti en enero de 1987. Allí la frase, de la que hemos visto ya dos variantes, se dilata hasta convertirse en: “En la base de su concepción del mundo y en lo mas profundo de su corazón, Trotski nunca ha sido un bolchevique”.
Al mismo tiempo el semanario se esfuerza por presentar lo que Lenin escribía en 1922-1923 sobre el riesgo de “burocratización” como una anticipación clarividente de la perestroika [59].
Pero el ensañamiento con Trotski no es inexplicable aunque a la altura de 1987 pueda parecer paradójico. Su visión de la imposibilidad de un “campo socialista” (variante ampliada del “socialismo en un solo país”) minaba la propia razón de ser de la URSS. Que, de hecho, se disolvió poco después.
Notas

[18] Suetonio, Vida de Augusto, 101.
[19] Poderoso e investido de gran autoridad. Augusto era también pontifex maximus.
[20] Pasaría bajo control chino el 30 de junio.
[21] La represión de las manifestaciones en la plaza de Tiananmen.
[22] Como hombre de Zhou Enlai y tras su larga ausencia a causa de la persecución sufrida durante la llamada Revolución Cultural.
[23] En posible referencia a los homines novi de la antigua Roma: “Algunos hombres de familias que nunca habían obtenido cargos tuvieron éxito en alcanzar al menos magistraturas menores; estos individuos fueron denominados ‘hombres nuevos’ (homines novi). Si sus descendientes conservaban y mejoraban su éxito, podían llegar a convertirse en nuevos miembros de la nobleza (…) Para un novus homo alcanzar el consulado era especialmente difícil”. The Romans. From Village to Empire, M.T. Boatwright et al., Oxford University Press, pp. 98 y 486. (N. del T.)
[24] Comisión estatal de planificación. El GOSPLAN era uno de los mayores puntos de enfrentamiento entre Stalin y Trotski.
[25] Lenin 1964, p. 474. Cf. Tucker, 1977, p. 203.
[26] V.I. Lenin, Obras escogidas, París, 1972. (N. del T.)
[27] La definición contrasta con el insistente juicio expresado por Trotski, que define a Stalin como “mediocre” o “nulidad”. Un ejemplo entre muchos: Trotski, 1962, p. 428; pero véase también el perfil que traza en la Historia de la revolución rusa, 1930, Milán 1964, pp. 316-317 (trad. cast. de Andreu Nin en ed. Veintisiete Letras, Madrid, 2007).
[28] Un ejemplo entre muchos: V.I. Lenin, Ausgewählte Werke, vol. VI, Dietz, Verlag, Berlín, 1977, p. 731, nota 149.
[29] Cf. Tucker 1977, p. 201.
[30] Es el artículo que contiene la famosa frase, después censurada en la publicación incluida en las Obras completas, “sin respeto ni siquiera por el secretario general”.
[31] Así se expresa, bastante sumariamente, Tucker, 1977, p. 206.
[32] En Italia el anuncio del descubrimiento lo hizo Giulietto Chiesa, La Stampa (Turín), 12 de julio de 1991, p. 13. Buranov recogió y desarrolló después los resultados de su investigación en un libro aparecido en 1994 con el título Lenin’s Will, Prometheus Books, Nueva York.
[33] Es decir, la edición posterior al XXII Congreso del PCUS.
[34] Las dudas que expresé anteriormente (Pensare la rivoluzione russa, Teti, Milán, 1995, p. 25) no parecen legítimas. Su oposición a la insurrección de octubre de 1917, expresada incluso públicamente en un periódico menchevique a mediados de octubre. V. I. Lenin, Obras, vol. XLV, Moscú, 1964, p. 345.
[35] Cf. M. Lewin, ‘Les derniers mois de la vie de Lénine d’après le journal de ses secrétaires’, en Cahiers du monde russe et soviétique nº 8, 1967, pp. 285-286. Hay trad. cast. El último combate de Lenin, ed. Lumen, Barcelona, 1970, pp. 102-105. Lewin escribe que el párrafo sobre Zinoviev, Kamenev y Trotski “plantea algunas dificultades” y se pregunta: “¿Por qué esta alusión al pasado? ¿Significa una advertencia? ¿Una disculpa? ¿Ambas cosas a la vez?”. Lewin intenta evitar a toda costa mencionar que el párrafo alude también a Trotski. Probablemente porque le parece que contradice el párrafo anterior, en el que Trotski es descrito como “el más capaz”.
[36] Primera publicación.
[37] Segunda publicación.
[38] Wolfe, 1957, p. 288, e Tucker, 1977, p. 217.
[39] Tercera publicación, ésta desde luego con amplia difusión mundial: Destituid a Stalin, que puede llevar al partido a la escisión y a la ruina. (N. del T.)
[40] Pocos días antes se habían producido los incidentes de la Plaza Roja con ocasión del 7 de noviembre, que habían intensificado las peticiones “de las bases” de expulsar a Trotski.
[41] En efecto, en el texto de Lenin, se dice que el episodio de octubre de Kamenev y Zinoviev no es en absoluto casual, pero Lenin añade enseguida: “Pero no se les puede reprochar personalmente más a ellos que al camarada Trotski su no bolchevismo”.
Podemos ver que Stalin ha olvidado voluntariamente las palabras más importantes de su “cita”, las que le dan todo su sentido al pensamiento de Lenin.
Stalin se ve obligado a falsificar a Lenin para hacer creer al Partido que él está de acuerdo con Lenin. (N. del T.)
[42] Cuarta publicación.
[43] Archivo del Corriere della Sera, al que expreso mi agradecimiento.
[44] Alguien muy al tanto de los sucesos “entre bastidores” de la corresponsalía del Corriere della Sera en Moscú es el autor de la “extraña carta” enviada a Terracini, además de a Gramsci y a Scocimarro, en San Vittore, en febrero de 1928. “Conocerás las conclusiones del XV Congreso del PCR. Si has leído el Corriere della Sera habrás podido entender algo. De hecho el corresponsal del C. S. utiliza abundantemente el material oficial que aparece en Pravda”, etc. Otro hecho extraño. Pero sobre esto véase la segunda parte de este libro, sobre la “extraña carta”.
[45] Cf. infra, apéndice al tercer capítulo.
[46] Sobre el modo en que se añadieron las palabras “así como el no bolchevismo a Trotski”, cf. infra, capítulo siguiente.
[47] Sin embargo en la edición de Librairies du Globe, París, 1972, esa frase de Lenin no parece referirse a Trotski sino a Bujarin y a Piatákov. (N. del T.)
[48] Para Stalin fue un duro golpe, a juzgar también por el testimonio de testigos de la reunión a puerta cerrada del 21 de mayo de 1924.
[49] Aparecida por partes en Estados Unidos en 1941-1942 y publicada en Roma en 1944 (ed. Vega) y en Mondadori en 1946. Me remito a esta edición.
[50] Ludwig, 1946, p. 98.
[51] Ludwig, 1946, p. 98.
[52] Lo que Malaparte y otros han llamado, en su momento, el fallido golpe de estado de Trotski.
[53] Los acontecimientos de estos años en los que Stalin se enfrenta al ataque de un Lenin moribundo –pero está ya maniobrando eodem tempore para crear el “culto” a Lenin– están bien reconstruidos por Tucker, 1977, en los caps. VII-IX.
[54] Obviamente, hablar del Informe secreto significa aventurarse desde el punto de vista textual, en un terreno minado. «El informe de Jruschov al XX Congreso del PCUS, difundido en 1956 por la agencia de noticias italiana Ansa, había sido manipulado por la CIA y contenía 34 párrafos fabricados por especialistas de la central de espionaje estadounidense, en el cuartel general de Langley, en Virginia”. Así es como Rodolfo Brancoli resumía en La Repubblica del 28 de diciembre de 1977 (p. 20) algunos de los resultados a los que había llegado una investigación desarrollada durante tres meses por un “equipo” de periodistas del New York Times. “La CIA”, prosigue Brancoli, “había conseguido hacerse con un texto del que habían sido eliminados precisamente 34 párrafos referentes a la política exterior soviética y puso en circulación una versión propia, acreditándola como auténtica”. Brancoli se refería a que en 34 puntos el texto debía considerarse sospechoso. Una operación tal era de gran eficacia si se llevaba a cabo con un texto –el llamado Informe secreto– del que no era previsible difusión alguna por parte soviética o de los otros partidos participantes en aquellas reuniones. (De hecho los soviéticos negaron durante bastante tiempo la existencia de aquel informe, y una publicación parcial fue realizada solamente 33 años después, el 5 de abril de 1989, por la revista Izvestia, órgano del Comité Central.)
Si se considera la importancia capital del Informe secreto en la historia del movimiento comunista mundial, y más en general en nuestra historia, se entiende fácilmente la turbación que suscita en el historiador el resultado de aquella investigación de los periodistas del New York Times.
[55] Cf. N. Jruschov, Rapporti e discorso conclusivo al XXII Congresso del PCUS,
Editori Riuniti, Roma, 1962, pp. 98-99. (trad. cast. Informe al XXII Congreso del
PCUS, 19 de octubre de 1961, “Suplemento de la revista Novedades de la Unión Soviética”, nº 24, 1961.)
[56] Ed. inglesa, Macmillan y Collier, vol. XXVI, p. 154.
[57] Y después, según una técnica utilizada por ejemplo con las obras de Dostoievski, una obra o volumen pueden ser “saqueados” hasta tal punto que quedan agotados durante mucho tiempo.
[58] Citamos la ed. comentada del Informe, proporcionada por Wolfe, 1957, p. 134. [59] Véase la reseña puntual del semanario moscovita en L’Unità del 19 de enero de 1987, p. 5. Este texto es un fragmento del libro La historia falsa y otros escritos, que acaba de publicar la editorial Capitán Swing, con traducción de Inés Campillo Poza, Antonio Antón y Regina López Muñoz. Luciano Canfora es catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Bari, y forma parte del comité científico de la Society of Classical Tradition de Boston y de la Fundación Instituto Gramsci de Roma. Además dirige la revista Quaderni di Storia y la colección de textos ‘La città antica’, y forma parte del consejo directivo de las revistas Historia y crítica, Journal of Classical Tradition, y Limes. Es considerado unos de los mayores clasicistas europeos vivos, ha estudiado problemáticas de historia antigua, literatura griega y romana, historia de la tradición, estudios clásicos, política y cultura del siglo XX. Entre sus últimos trabajos publicados cabe destacar La biblioteca desaparecida (1998), Julio César, un dictador democrático (2000), Storia della letteratura greca (2000), El misterio Tucídides (2002) y Una profesión peligrosa: la vida cotidiana de los filósofos griegos (2002). Fuente: http://www.fronterad.com/?q=testamento-lenin-verdad-y-manipulacion

 

La Revolución Rusa, un nuevo aniversario

Postal Revolución Rusa
Se cumplen 96 años del triunfo de la Revolución Rusa. En 1871 la clase obrera y el pueblo de París había “tomado el cielo por asalto”, dando nacimiento a la Comuna, precoz ensayo de construcción de una nueva sociedad y un nuevo estado. Por su osadía los comuneros fueron reprimidos con una crueldad sin límite por los representantes de las “democracias” y la “civilización occidental y cristiana”. Pero la semilla de la Comuna, regada con la sangre de miles de víctimas, habría de germinar en el otro confín de Europa. En 1917, en un día como este jueves, los obreros, soldados y campesinos rusos retomaron el camino pero no ya en una ciudad sino en el país más extenso del planeta, Rusia. Habiendo asimilado las enseñanzas de la Comuna aquellos no se limitaron a tomar el cielo por asalto; hicieron lo propio con el Palacio de Invierno de los zares y en una jornada extraordinaria pusieron fin a siglos de cruel absolutismo monárquico, despotismo aristocrático e imperio de la ignorancia y la superstición.

Con la Revolución Rusa se abrieron las puertas de una nueva etapa en la historia de la humanidad por donde luego transitarían las revoluciones china, vietnamita y cubana, modificando drásticamente la correlación mundial de fuerzas y abriendo un espacio sin el cual ni los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo, ni los procesos de descolonización en África y Asia, ni las arriba mencionadas revoluciones habrían sido posibles. Sin el apoyo soviético difícilmente podría la revolución china haber sobrevivido a las acechanzas y ataques del imperialismo en sus primeros años; o el heroico pueblo vietnamita haber derrotado y humillado a los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam; o haber Cuba resistido la agresión yankee sin la colaboración que le brindara la Revolución Rusa. El balance histórico sobre lo que ésta ha significado es una tarea aún pendiente. Para los teóricos y publicistas de la derecha, y para algunos izquierdistas ofuscados por su dogmatismo, la historia de esa gran revolución se reduce a los horrores del estalinismo. Caprichosamente dejan de lado algunas cosas más que también ocurrieron y que no fueron para nada triviales: la contribución de la Unión Soviética a la derrota del nazismo fue decisiva e insustituible, pagando con casi veinte millones de muertos el precio de una hazaña que sólo violentando los hechos históricos se podría subestimar. El mundo no sería lo que es hoy si las fuerzas de Hitler hubieran triunfado en la Segunda Guerra Mundial. Transformó además a la sociedad más atrasada de Europa en una potencia industrial, tecnológica y militar, capaz de en el breve –históricamente hablando- plazo de cuarenta años tomar la delantera en la conquista del espacio al lanzar el primer satélite artificial y el primero tripulado por un hombre, Yuri Gagarin. La Revolución Rusa acabó con el analfabetismo, sentó las bases de una sociedad igualitaria como nunca antes había existido en país alguno e incorporó a la mujer a la vida social, otorgándole derechos que en los países capitalistas avanzados sólo serían en parte conquistados medio siglo después.

Desgraciadamente esta experiencia terminó muy mal: implosionó y se derrumbó sin que nadie saliera a la calle a defender una conquista histórica como la Revolución Rusa. Esto, por múltiples razones de orden interno –debilitamiento en el vínculo democrático entre masas, partido y estado y su sofocante burocratización; rigidez y deficiente manejo de la economía; incapacidad de responder ante los desafíos de la tercera revolución industrial, entre otros- y también de orden externo, entre los cuales sobresale la permanente hostilidad de las potencias imperialistas desde los mismos albores de la república soviética, la Guerra Fría y, en los años ochenta, los exorbitantes gastos militares que la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan obligó a incurrir en la Unión Soviética (y que también sembraron las semillas de la actual crisis financiera del estado norteamericano). Rindamos homenaje a esa empresa heroica, a la figura de Lenin, su genial conductor, y a los bolcheviques que tuvieron la audacia de acompañarlo y a los ex mencheviques, como Trotsky, que en Agosto de 1917 se unieron al partido de Lenin para consumar la más grande revolución social de toda la historia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Después de Snowden: Un esbozo de cómo quedará el mundo

Las revelaciones de Edward Snowden han puesto en marcha una reacción en cadena que acabará por cambiar el mundo. Ya nada será lo mismo, porque los cambios se han iniciado ya. ¿Para bien o para mal?
Snowden encuentra trabajo en una de las principales páginas web de Rusia

EFE

Lo que estamos viendo a cámara lenta tras las sucesivas publicaciones de los materiales recopilados por Edward Snowden (y aún hay más) es el fracaso de un sueño geekLo que quiso hacer la NSA bajo el general Alexander fue automatizar el espionaje, reemplazando las complejidades y dudas del mundo real por las puras matemáticas.

Con un sistema de recogida tan eficiente como Internet, con los matemáticos y técnicos informáticos de mayor calidad del planeta, con cantidades ingentes de dinero y sin limitación moral o legal apreciable, la NSA podría acumular el mayor pajar de información del planeta. Y luego ya verían cómo encontrar y sacar las agujas; era cuestión de echarle ordenadores y programas hasta resolver el problema.

El elemento humano quedaba, nunca mejor dicho, fuera de la ecuación. Y el error que ha acabado con todo, lo que ha iniciado la cadena que acabará por destruir el programa ha sido, como siempre, humano: la conciencia de un hombre. Porque Snowden ha puesto en marcha un proceso imparable que tiene ya consecuencias, y tendrá muchas más en diferentes ámbitos e interactuando unas sobre otras. Para comprenderlas, lo más eficiente es ir enumerando cada una de las partes ofendidas y cuáles pueden ser las consecuencias que surjan de cada una.

El público en general (fuera de EEUU):

Desde luego que afecta, y desde luego que se siente afectado. Pero mucha sorpresa no es que muestre la gente, dado que al menos las partes más interesadas en este tipo de temas sospechaban algo así desde hace décadas. La mano terriblemente dura que siempre han mostrado los poderes con los hackers, incluso con los que no tenían intenciones aviesas y apenas eran capaces de algo más grave que travesuras, y los numerosos indicios de la querencia del aparato militar gubernamental de espionaje estadounidense por acaparar enormes cantidades de información eran hechos probados.

Y existía el temor de que algo de este tipo se materializara; ya lo habían intentado alguna vez. De hecho, en la reacción a las revelaciones de Snowden se puede detectar un cierto ‘cansinismo’ en los sectores más implicados, un inevitable aire de ‘ya lo sabíamos, y os lo dijimos’. Habrá quejas, y presiones, sobre los Gobiernos locales. Obviamente, el aparato de seguridad (estadounidense y local) alegará razones de seguridad, pero, dados los abusos ya conocidos y la flagrante intromisión que representan las últimas revelaciones, y que fuera de los EEUU la gente se siente mucho más violada que protegida, la indignación es real. Y también está el tema de las leyes locales ignoradas, que siempre escuece.

Consecuencias: habrá presión política sobre los dirigentes locales para que ‘se haga algo’, como veremos más adelante. También aumentará la conciencia de que es necesario protegerse y, con ella, crecerán la demanda y el uso de programas y sistemas de protección online. A más demanda, mayor oferta. El mercado de este tipo de protecciones aumentará y, si bien es dudoso que se llegue a generalizar un nivel de protección que pueda garantizar seguridad al cien por cien contra un atacante decidido y sofisticado como la NSA, la extensión de sistemas de protección acabará por dificultar hasta la ineficacia; es el tipo de masiva recolección de datos que ahora se practica.

Las empresas (fuera de EEUU):

Muchas de ellas, las más grandes y dependientes de los datos, ya eran conscientes del problema. Los bancos, por ejemplo, no pueden estar felices sabiendo que los datos del sistema de transferencias internacional SWIFT han sido espiados por la NSA y, de hecho, han hecho tan patente su infelicidad que hasta el Parlamento Europeo ha protestado seriamente. Pero después de Snowden, la cosa es pública y notoria: los EEUU espían a discreción, y nunca ha habido una muralla china entre los secretos de índole estratégica y los comerciales. Mucho menos, en el confuso mundo del espionaje estadounidense, donde se entremezclan organismos oficiales y contratistas privados que tienen negocios a su vez con otros sectores económicos.  

Las empresas dependientes de datos, o sea, cada vez más todas, ya no pueden negar que se encuentran en inferioridad de condiciones comerciales al competir con sus contrapartes de EEUU si éstas cuentan con información secreta. Por tanto, las empresas no estadounidenses habrán comenzado ya a reforzar sus defensas en el ciberespacio. Y a no usar productos provenientes de EEUU, que han de darse todos ellos por comprometidos. Esto implica la aparición de nuevos mercados de productos tecnológicos en los que se pueda garantizar que no están preparados para aceptar el espionaje estadounidense.

La simple oferta de cumplir de verdad con la legislación de la Unión Europea, mucho más protectora con la privacidad y los datos, representará una ventaja competitiva para las empresas de Internet de fuera de EEUU. Además, habrá presión sobre los dirigentes políticos para que los mecanismos del Estado trabajen para proteger las ventajas comerciales frente a la competencia desleal.

Consecuencias: cabe prever una fuerte tendencia hacia el nacionalismo digital –redes propias, almacenes de nube nacionales y, en general, protección con estándares locales de la información local–. En los casos más extremos, se crearán redes nacionales (aunque no sin polémica) pero, como mínimo, habrá una reorientación estratégica hacia leyes, protocolos y sistemas de protección de datos nacionales, en la que empresas y Estados irán necesariamente de la mano. Esto tendrá consecuencias políticas, pero también económicas, como veremos después.

Los servicios secretos (fuera de EEUU):

 

Las cloacas de todos los Estados aliados de EEUU deben de estar ahora mismo que fuman en pipa. No sólo la NSA ha desarrollado un topo que ha hecho públicas todas las componendas y enjuagues subterráneos del espionaje sin que hayan podido pararlo, sino que, para justificarse, el director de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU ha dejado en bolas a todos sus aliados y en público. Al comunicar que en realidad han sido los servicios secretos de sus aliados (franceses, españoles, etc.) quienes les han servido los datos, los espías estadounidenses han cometido un pecado imperdonable en el mundo del espionaje: dejar en ridículo a un servicio hermano.

Pasarán años antes de que se recuperen las relaciones de confianza viales para el tipo de intercambio de información que se llevaban a cabo anteriormente. Además, los servicios aliados recibirán órdenes por parte de sus autoridades políticas para que tomen un papel mucho más proactivo en la defensa de las redes nacionales y, en especial, de los activos estratégicos y gubernamentales, con singular hincapié en sus antiguos aliados.

Así que las agencias secretas no anglosajonas se verán obligadas a desarrollar sus propios sistemas de análisis, una actividad que antes subcontrataban a la NSA, y a proteger a sus administraciones, empresas y ciudadanos de cualquier intrusión, incluidas las intrusiones de su querido aliado. La presión política desde abajo y desde arriba será fuerte; tendrán que actuar.

Consecuencias: esperen contrataciones de matemáticos, físicos e informáticos por parte del CNI y servicios de este tipo en Europa. También el estrechamiento de lazos y el refuerzo de infraestructuras comunes entre los servicios secretos españoles, franceses, alemanes, italianos y, en general, no anglosajones. Habrá cambios estratégicos en las relaciones entre servicios secretos y empresas tecnológicas y de telecomunicaciones. Tenderá a haber menor cooperación con los espías anglos. La época de cederle el control del ciberespacio a los estadounidenses porque sí se habrá terminado.

Los dirigentes (fuera de EEUU):

Aquí vemos un genuino cabreo que acabará por generar acción, con nuevas leyes, protecciones o garantías. Porque se juntan tres fuerzas que animan a los afectados a actuar. Por un lado, está la indignación popular y la de los poderes económicos, que ya hemos comentado; real e innegable. Por el otro, hay una cierta sensación de violación personal, dado que a algunos dirigentes de los países aliados se les ha nombrado personalmente como receptores de las atenciones de la NSA.

Y por mucho que un presidente sea consciente de que le pueden espiar, y por muy dentro de las reglas del juego que esté el asunto, no hace gracia. Sobre todo cuando no sólo te han violado las comunicaciones, sino que lo sabe todo el planeta: la humillación pública es poderosa en política. Incluso si el espionaje a sus ciudadanos se ha hecho con la connivencia del aparato local de poder, el hecho de que se conozca les deja en una posición muy desairada. De modo que, por muy cómplices que hayan podido ser (cuanto más cómplices hayan sido), tendrán que tomar medidas visibles. El bochorno les impulsará a ello. De hecho, ya está sucediendo; se están despertando las muy populistas fuerzas del nacionalismo ofendido.

Consecuencias: pueden esperarse endurecimientos de la legislación de protección de datos en aquellos países que hayan resultado afectados. Además, los poderes del Estado reforzarán sus defensas y en la estrategia nacional se incluirá una mayor capacidad de supervivencia y protección contra este tipo de ataques. En combinación con las empresas nacionales afectadas, nacerá una poderosa tendencia a la nacionalización estratégica de activos digitales. Si hasta ahora el coste era el factor clave para tomar decisiones, a partir de ahora habrá que tener en cuenta el riesgo de escuchas irregulares y la protección de datos.

Algunos países, como Brasil, están considerando la posibilidad de crear redes nacionales cerradas a otros países, fragmentando así la Internet mundial o, al menos, ofreciendo espacios nacionales protegidos. Otros, como Venezuela, abogan por crear sus propias redes sociales, como ya ha hecho China. Los intereses comerciales, la estrategia nacional y el orgullo herido se alían. Tal vez los días de una Internet única de libre y abierta navegación para todos se estén terminando.

El público en general (en EEUU):

El público estadounidense se indigna poco por la violación de las libertades ajenas; quizá algo más ahora que es patente que también se violan las suyasPero no cabe esperar una fuerte reacción: el 11S aún ejerce una fuerte influencia en el pensamiento del estadounidense medio, justificando casi cualquier cosa que se diga que se hace por su seguridad. Ahora bien, al público acabarán llegando las quejas de las empresas, que veremos después.

Y no faltará quien destaque que a los daños económicos que ha provocado todo esto y al destrozo de las relaciones de confianza con los aliados se une una notable falta de eficiencia desde el punto de vista económico. El presupuesto anual de la NSA supera los 10.000 millones de dólares, a cambio de lo cual tienen muy poco que mostrar (aparte de alianzas dañinas y desastres económicos).

Ellos afirman haber detenido unas decenas de ataques terroristas, pero no pueden (ay) dar detalles. En realidad, da la impresión de que aparte de detener crackers de poca monta con ansias de atención, como Laurie Love, el efecto de semejante dineral es más bien escaso. Si, los dioses no lo quieran, se produjera otro atentado en suelo de EEUU, eso demostraría la falta de eficacia de todos estos programas, a pesar de su elevado coste y de los daños colaterales a la industria y a las relaciones internacionales del país. Quizás en ese caso podría acabar generándose una verdadera presión política para cambiar algo, que alineada con la presión empresarial…

Consecuencias: en el mejor de los casos, un lavado de cara a gran escala con despidos selectivos de algunos responsables (que ya están en marcha; Alexander está de salida) y algunas modificaciones legislativas para incrementar la supervisión de este tipo de programas.

Las empresas (en EEUU):

En general, las compañías estadounidenses también están molestas. Algunas de ellas se han visto obligadas a cooperar con las agencias de inteligencia, quisieran o no, a través de leyes que hasta les impiden reconocer si es el caso, algo que no le gusta a nadie. Pero es que las revelaciones de Snowden les dejan en una posición muy comprometida de cara a sus clientes, y van a terminar impactando en sus cuentas de resultados. Donde ya no hablamos de moral, si no de dinero, y hasta ahí podíamos llegar.

Las empresas del Silicon Valley especializadas en servicios de Internet, como el almacenamiento en nube, van a tener ahora una dificultad añadida para vender sus servicios: convencer a sus potenciales clientes de que sus datos están a salvo de depredadores subterráneos. Lo mismo ocurrirá con las empresas que vendan equipos o programas, porque automáticamente todo el mundo va a sospechar que vienen precomprometidos y que no son fiables para su uso con datos sensibles.

Por el mero hecho de venir de donde vienen, los productos de la industria de EEUU serán sospechosos. El viraje estratégico del resto del mundo hacia un nuevo proteccionismo digital acabará por pasarles factura: las empresas estadounidenses ganan con la globalización y perderán con el retorno al nacionalismo de datos. De hecho, ésta puede ser una de las peores consecuencias a largo plazo del asunto Snowden: una pérdida global de confianza en la tecnología ‘Made in USA’, al menos para aplicaciones delicadas, y todo lo que eso conlleva.

Consecuencias: pérdidas para las empresas de los EEUU, en términos estratégicos y de confianza. En igualdad de condiciones, las compañías estadounidenses tendrán un hándicap de desconfianza añadido. Su peso en la determinación de estándares tecnológicos quedará también muy reducido; cualquier cosa que quieran incluir dará lugar a la sospecha de que es un caballo de Troya de la NSA.

A la larga, esto puede dañar algo mucho más precioso que las cuentas de resultados: la hegemonía tecnológica estadounidense en el ámbito digital. Queda claro que los intereses tecnológicos e incluso estratégicos del país se han puesto en riesgo a cambio de una escasa ventaja a corto plazo. Muchas industrias de EEUU perderán dinero e influencia en sus mercados, lo que generará presión sobre los políticos por parte de la comunidad empresarial. Y cuando la pasta habla, los políticos (allí y aquí) escuchan.

Los servicios secretos (en EEUU):

A estas alturas deben estar esperando recibir mayor supervisión y nuevas reglas. El escándalo puede acabar provocando una investigación como la del Comité Church en 1975 sobre las actividades de la CIA, que estableció límites y controles a sus actividades. Por supuesto que lo habitual es que los espías acaben encontrando formas de saltarse los controles y doblar, si no quebrar, las normas; no es éste el mayor problema que sufrirá la NSA en el futuro.  

Su verdadero quebradero de cabeza es que la amenaza Snowden no ha terminado; todavía hay miles de sysadmins en la estructura tecnológica de la agencia, muchos de ellos recientemente contratados y, como ha explicado Charles Stross, cada uno de ellos es un potencial problema de seguridad. Se trata de un problema de mentalidad: no se puede confiar en que los jóvenes actuales tengan los estándares de lealtad y patriotismo con los que opera una agencia de espionaje. De ahí, los Snowden y los Manning y, de ahí, que cualquier miembro de la NSA sociológicamente cercano a este tipo de persona sea una amenaza en potencia.

La agencia estadounidense tendrá que remodelar las redes internas, añadiendo controles de seguridad para limitar el acceso e impedir que un único contratista o analista pueda arramblar con camiones de datos; y esto a su vez conlleva menor eficacia, mayor coste y mayor complejidad, lo que conduce a la aparición de problemas técnicos (en una organización queya los ha tenido, graves y recientes).

Pero, además, tendrá que implementar un control más estricto sobre el personal, lo que significa más gente dedicada a control interno, aumentando costes y reduciendo aún más la eficacia; y lo que es peor, un sustancial deterioro del ambiente de trabajo. Ésta es quizá la amenaza más grave en este ámbito porque dañará la capacidad de la NSA de fichar a los mejores técnicos y ofrecerles buenas perspectivas profesionales: un ambiente de paranoia no es el más agradable para trabajar (habiendo alternativas), y el patriotismo tiene un límite como motivador.

Consecuencias: nuevas normas de control interno, incluido un mayor control sobre el personal, peores condiciones de trabajo, reducción de la efectividad, aumento del coste de operación, probables complicaciones tecnológicas, pérdida de atractivo como opción profesional para matemáticos e informáticos de alto nivel.

Los políticos (en EEUU):

Tendrán que hacer algo, quieran o no quieran (y no quieren), porque el escándalo es demasiado ruidoso. Y porque demasiada gente está quejándose: los Gobiernos aliados, las empresas de dentro y fuera del país, parte del público local, incluso el público de países aliados. Poco importan, la verdad, la mayor parte de esas voces, pero la del dinero se escucha; y son conscientes (por muy patrioteros que sean) de que el disgusto de los aliados tiene consecuencias, también económicas. Casi todo lo que se hace en el nombre de la seguridad cuela en el grupo dirigente estadounidense, pero hay límites.

Y a no ser que la NSA pueda demostrar (en petit comité) que el dineral y los daños a la imagen y a la industria nacionales han merecido la pena en términos de protección real del territorio nacional, sus enemigos (que los tienen) actuarán. El resto de los servicios, desde la misteriosa y casi desconocida NRO a la CIA, las fuerzas amadas y el departamento de seguridad nacional estarán encantados de bajarle los humos a los chicos de las computadoras.

Las revelaciones de que los propios ciudadanos estadounidenses han resultado espiados, vía uso de servicios en nube como los de Yahoo! o Google, dañarán la defensa de la agencia, porque son (aquí, sin paliativos) técnicamente ilegales. Habrá comités de investigación mirando las cuentas y las prácticas de la NSA, y algunos dirigentes serán castigados. Y sus sucesores intentarán hacer lo mismo, pero se encontrarán con un panorama sensiblemente cambiado y más complejo.

Consecuencias: se puede esperar un comité de investigación y, tal vez, la implantación de nuevas leyes que limiten las acciones más descaradas de la NSA y las sometan a mayor control. Además,el escándalo ha, como mínimo, acelerado la marcha de su principal responsable, el director de la NSA, el general Alexander, quien puso a la agencia en el camino de conseguir el sueño tecnológico de la transparencia mundial, pero fue incapaz de evitar que un contratista veinteañero se convirtiera en un obstáculo insalvable. Podrían incluso rodar más cabezas, porque alguien debe pagar por el bochornito, por los platos rotos y por el desaguisado en general.

La comunidad ‘techie’ (fuera y dentro de EEUU):

Especialmente sensibilizada con este tipo de temas, y especialmente preocupada por las consecuencias que puede tener un Estado-espía imperial sin límites, la reacción de la comunidad tecnológica será intensa y radical. Probablemente, la que a la larga tenga mayor peso. Ya se está viendo una parte de esta reacción: los organismos rectores de Internet ya han mostrado su intención de cortar los últimos lazos que unen la gestión técnica de la Red con el pasado, cuando esta gestión dependía del Gobierno de EEUU: las voces que siempre han apoyado la independencia de Internet ganarán mucho peso.

No sería extraño que en breve la sede de ICANN pase a estar en Ginebra o Reikiavik. Pero la otra parte tardará más en llegar, y será un cambio mucho más profundo: perdida la inocencia, los techiesempezarán a desarrollar sistemas tecnológicos de protección y a instalarlos masivamente, como ya está haciendo la iniciativa Dark Mail para desarrollar un protocolo de correo que encripte no sólo el contenido de los mensajes, sino también los metadatos.

Como ya se pudo ver en el caso de Napster, este tipo de reacciones de la comunidad tecnológica son devastadoras a medio plazo: cuando la industria de la música acabó con el sistema de intercambio P2P centralizado, la respuesta fue una explosión de sistemas P2P descentralizados e imposibles de bloquear. La próxima generación de herramientas ‘Open Source’ es probable que incluyan de serie sofisticados sistemas de protección de la seguridad en las comunicaciones. Y será esto, más que ninguna otra cosa, lo que a la larga haga imposible el tipo de vigilancia masiva que ha estado llevando a cabo la NSA, dificultando de paso el trabajo legal y necesario de las fuerzas de orden público.

Consecuencias: cabe esperar a medio plazo el desarrollo de toda una caja de herramientas de protección de la privacidad y de la seguridad en las comunicaciones, muchas de ellas incorporadas a programas de uso cotidiano. La comunidad tecnológica dará una respuesta tecnológica y distribuida, que es lo mejor que sabe hacer. Y esa respuesta es la que, en el fondo, más cambiará el mundo.

José Cervera

Fuente: http://www.eldiario.es/turing/vigilancia-y-privacidad/Despues-Snowden-esbozo-quedara-mundo_0_193881500.html

 

Héroe nacional coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez

Maximo Augusto Mancebo Matos

English: Coat of arms of the Dominican Republi...
 Un  19 de mayo, en 1965 , murió acribillado por las balas de los franco tiradores de las tropas invasoras YANKIS, el héroe nacional coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez, real organizador del movimiento militar que derroco el gobierno ilegito de el triunvirato encabezado por Robert Reed Cabral. Dicho movimiento tenia como objetivo restablecer el gobierno constitucional encabezado por el profesor juan Bosch,que había sido derrocado el 25 de septiembre de 1963, por un golpe militar encabezado por el general Elias wessin y wessin, cumpliendo ordenes de la misión militar de la embajada norteamericana. El coronel Rafael Tomas Fernandez Dominiguez, que estaba enterado de la trama contra el el gobierno constitucional y democratico, le planteo al presidente Bosch, resistir la trama del golpe de estado, el profesor Bosch lo convenció de que no había condiciones para impedir que se ejecutara dicha traición a la patria en esos momentos, Desde esos momentos del acontecimiento funesto del derrocamiento del gobierno constitucional y democrático, el coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez, comienza a conspirar para restablecer el gobierno del profesor Juan Bosch. Este ilustre coronel de nuestro ejercito nacional, fue el militar que involucro a todos los militares constitucionalistas, incluido el coronel camaño, que fue su amigo entrañable, y que posteriormente asumió el liderazgo y enfrento la grosera e intrusa intervención de 42 mil marines, del país mas poderoso del mundo. Paz y Gloria al coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez y al coronel Francisco Alberto Camaño de Deño, Héroes de la patria.

 

El blindaje de la economía y el modelo nacional Boliviano

 

Como seguramente se recordará, hace algunos años y en medio de los traumas sufridos y provocados por la crisis económica de la llamada burbuja financiera e inmobiliaria que se desató el 2008 (y que aún se arrastran); en Bolivia se produjo un intenso debate acerca de la capacidad nacional para soportar los embates de la misma, en vista de los graves efectos que estaba provocando en diversas economías del mundo.
En ese contexto se enfrentaron criterios en torno a la idea de si la economía estaba o no blindada. Ahora, a la distancia y el tiempo transcurrido y más allá de que dicho debate tenga ya una respuesta perfilada por los hechos; también se puede apreciar que dicha coyuntura sirvió para distraer y postergar un asunto más importante. Me refiero a la tarea de definir y construir (social y participativamente) el modelo económico nacional, porque (en medio del temor ciudadano y el riesgo de caer en la crisis), se optó por debatir la forma y algunas acciones orientadas a evitar aquello que la memoria colectiva de la sociedad guarda como uno de sus fantasmas más indeseables, por lo sufrido en épocas como la hiperinflación en los años 80 o la aguda situación de escasez de los años 50 a 60.
Los innegables indicadores del manejo económico y, sobre todo, la elevada cantidad de reservas internacionales acumuladas como resultado de la venta y exportación de los recursos hidrocarburíferos nacionalizados, evidentemente hacen ocioso, hoy, continuar debatiendo sobre el blindaje de la economía y caer en aquella tentación razonable que surgió aquellos años cuando la crisis de la burbuja financiera e inmobiliaria arrastraba a la quiebra de grandes consorcios banqueros y bursátiles que afectaron la economía mundial.
A cambio de ello, lo que este trabajo buscará explorar es si el modelo económico, social, comunitario y productivo (como se denomina al aplicado actualmente), efectivamente constituye un modelo de transición hacia el socialismo. Es decir, si efectivamente está orientado a sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista o, si por el contrario, en realidad encubre y proporciona un verdadero “blindaje” a una economía procapitalista de base extractivista, que se conforma con una redistribución rentista de los excedentes económicos y la construcción de una base económica sustentada en la industrialización (enajenada tecnológica y financieramente).
El sofisma [1] de la fase intermedia de transición
Para dilucidar la inquietud planteada en este artículo, en principio nos remitiremos a los argumentos sostenidos oficialmente. El primer número de la revista Economía Plural del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de septiembre de 2013, cuyo contenido está referido precisamente al Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo, es muy elocuente y permite explorar los alcances del modelo. Allí se sostiene que “no es pretensión del nuevo modelo económico (…) ingresar directamente al cambio del modo de producción capitalista, sino, sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista”.
Al respecto y para demostrar el carácter procapitalista del modelo económico nacional (inclusive más allá del reconocimiento de que no existe ninguna pretensión de cambiar el modo de producción capitalista, como textualmente acabamos de citar), no hace falta realizar grandes elucubraciones o efectuar profundas investigaciones; basta con observar lo que sucede con el mercado, la economía y la producción.
Desde el año 2006, hace más de 7 años cuando se inició el proceso de cambio (y consiguientemente el llamado periodo de transición), no solo se ha dado continuidad y se ha reproducido el mismo tipo de relaciones económicas y de producción capitalista que el neoliberalismo impulsaba, sino que inclusive se han exacerbado las mismas, como consecuencia del extractivismo, la explotación y exportación de los recursos naturales (mineros e hidrocarburíferos principalmente), el enorme incentivo a la construcción de grandes obras de infraestructura (de transporte, telecomunicaciones, energía y servicios), así como las grandes concesiones para la ampliación de la frontera agrícola y el establecimiento de grandes extensiones de monocultivo transgénico agroindustrial, que al margen de contribuir en conjunto a la conformación de una nueva élite económica que en el pasado era despreciada y discriminada social y culturalmente, ha permitido restituir las relaciones políticas con la antigua clase señorial terrateniente y comercial que constituye la derecha reaccionaria y conservadora que había intentado dividir el país.
Para mayor abundamiento argumentativo sobre el carácter procapitalista del modelo económico, volvamos a la publicación oficial mencionada. Textualmente se afirma que “todas las nuevas atribuciones del Estado están orientadas a convertir a Bolivia en un país industrializado”; que “hay que cambiar la matriz productiva de ese viejo modelo primario exportador por otro que priorice la producción e incremente el valor de los productos”, porque “en el nuevo modelo económico (…) el énfasis está en la producción y la redistribución del ingreso”. Como se puede apreciar, el propósito central del modelo coincide plenamente con los fines del sistema capitalista; es decir, el incremento de la producción, la ganancia y la explotación.
En buenas cuentas, ello significa mantener (sin transformar) las relaciones de producción y explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza. Es decir, reproducir el sistema capitalista de explotación, donde a lo sumo se intentará sustituir el fallido y agotado modelo neoliberal a través de medidas de política económica “que irán resolviendo muchos problemas sociales y se consolidará la base económica para una adecuada distribución de los excedentes económicos”.
Ahora bien, teniendo como telón de fondo los hechos descritos y los argumentos oficiales sostenidos, que indudablemente se niegan a cambiar y mantienen el sistema capitalista que el proceso de cambio y transformación y los sectores populares han planteado como mandato; llama la atención que al mismo tiempo se sostenga que el modelo está orientado a “sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista”.
Al respecto, tanto a nivel internacional como nacional (principalmente cuando se produjeron coyunturas pre y revolucionarias de transformación) como en la antigua Unión Soviética, China, México, Cuba y en Bolivia el 52 y los años de las guerrillas y la Asamblea Popular a inicios de los 70; ya se produjeron muy intensos debates en torno a la necesidad de plantear la revolución por etapas, establecer si existía la madurez de condiciones materiales y subjetivas para transitar al socialismo, o la pertinencia de una revolución permanente, etc., que no solo constituyen testimonios acerca de la certeza y cabalidad de las discusiones que casi siempre terminaban en escisiones políticas, sino lecciones que hoy deberían tener el enorme valor para evitar y prever los problemas y equivocaciones que se cometieron en coyunturas y contextos similares. Una de ellas referida precisamente a la impertinencia y falacia de plantear etapas o periodos de transición, como si la historia y los acontecimientos tuvieran un comportamiento lineal, programable y ordenado mecánicamente.
Es más, es una lógica capciosa plantear que se van a sentar las bases para la transición al socialismo, cuando en la práctica lo que se hace es reforzar (blindar resulta en este caso más apropiado para caracterizar el propósito), y exacerbar las relaciones y el sistema de producción y explotación capitalista. El sofisma del planteamiento radica pues en que a título de “sentar las bases”, se anulan las tareas y todo indicio para cambiar las relaciones de producción y explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza, se reconoce y refuerza el sistema capitalista de explotación y ni siquiera se plantea el tiempo que demandará sentar las supuestas dichas bases para construir el socialismo. No es una redundancia reafirmar en estas circunstancias aquella certeza material y lingüística de que no se puede hablar siquiera de socialismo, si previamente no se cambian las relaciones de producción y explotación capitalistas imperantes. Todo lo que se diga en contrario es una falacia, un sofisma.
Vacíos y ausencias para construir el socialismo
Explorando otros ámbitos del modelo económico en marcha y otorgando el beneficio de la duda sobre aquella supuesta predisposición de “sentar las bases para la transición al socialismo”, nos remitimos a la Constitución Política del Estado. Allí resaltan al menos dos aspectos que vale la pena mencionar.
El primero tiene que ver con los principios, valores y fines del Estado (ver: Art. 8 inc. II), en donde claramente podemos advertir que los mismos son diametralmente opuestos al consumismo, el individualismo y la competencia que rigen y representan al sistema capitalista imperante. Es decir, corresponden a una visión NO capitalista. Ello no solo marca una visión y un enfoque paradigmático diferente y opuesto al capitalismo y la sociedad occidental, sino también a la obligación y responsabilidad de que el Estado y la sociedad los cumplan y practiquen en el proceso de construcción de una nueva sociedad.
Se trata de un asunto fundamental que el modelo económico debería haber contemplado, porque al margen de no existir en todo el documento ninguna referencia sobre el Vivir Bien, que debería constituir el norte del modelo, tampoco parece que se haya tomado en cuenta principios y valores como la solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía y equilibrio que junto a otros, no deberían ser obviados a la hora de sentar las bases para la transición al socialismo, puesto que cumplen el rol estratégico de articular las diferentes formas de organización económica de la economía plural, según se puede establecer en el Art. 306, inc. III, de la Cuarta Parte que corresponde a La Estructura y Organización Económica del Estado de la Constitución Política.
En vista de ello y siendo que más bien se sostiene que “no es la pretensión del nuevo modelo económico (…) ingresar directamente al cambio del modo de producción capitalista”, podría afirmarse que esa pretensión no concuerda con lo estipulado en la Constitución, puesto que no busca el cambio del modo de producción capitalista, y tampoco contempla aquel conjunto de valores y principios articuladores de las diversas formas de organización económica que están orientados a la construcción del socialismo comunitario para Vivir Bien en armonía con la naturaleza, que a su turno es la base del paradigma alternativo al capitalismo.
El segundo aspecto está referido a la organización económica comunitaria. Si se tratase de sentar las bases hacia el socialismo, como plantea el modelo económico formulado en la publicación del Ministerio de Finanzas, entonces esta forma de organización económica adquiere una trascendencia gravitante (no por criterio de quién escribe), sino porque a diferencia de las otras 3 formas de organización económica que componen la economía plural, en la propia Constitución Política (ver: Art. 307), el Estado no solo la reconoce, respeta y protege (como sucede con las otras 3), sino que adicionalmente debe fomentarla y promocionarla (otorgándole así una categoría preferente), en vista de sus atributos (también propios y diferentes de las otras formas de organización económica), que efectivamente contribuyen tanto a la construcción del nuevo paradigma alternativo al capitalismo del Vivir Bien en armonía con la naturaliza, como de un socialismo comunitario, que además respondería a las condiciones materiales e históricas de la realidad y su economía.
El vacío y la ausencia de estos aspectos son notorios en la exposición del modelo económico planteado, y tampoco se encuentra mención a la necesidad de promover y fomentar iniciativas y formas de organización económica comunitaria, que ciertamente implicarían la construcción de nuevas relaciones de producción y el establecimiento de las bases del socialismo comunitario.
Los bonos soberanos
Otro asunto que ha llamado la atención en la implementación del nuevo modelo económico, es la decisión de incrementar el endeudamiento del país y comprometerse a pagar intereses muy atractivos en el mercado financiero internacional, para las empresas o países que decidan adquirir los bonos emitidos por Bolivia.
Se trata de un endeudamiento de 1.000 millones de dólares que en las dos series de bonos emitidos hasta ahora, se ha decidido incrementar los intereses de la obligación contraída por el país, para hacer más atractiva la compra de los mismos en el mercado internacional.
Muy en contrario de lo que aconseja un elemental razonamiento económico (salvo que prevalezca la codicia y una muy alta predisposición consumista), resulta poco razonable adquirir y/o incrementar el endeudamiento económico, cuando existen elevadas reservas internacionales que muy bien podrían cubrir los requerimientos de inversión y gasto de la economía nacional, o la posibilidad efectiva de acceder a créditos de la banca internacional de fomento a tasas más reducidas, que los intereses comprometidos a pagar por la adquisición de los bonos denominados soberanos.
Los argumentos que se han esgrimido para efectuar este endeudamiento nacional, es que hace muchas décadas que el país había dejado de figurar y tener reconocimiento en el mercado financiero internacional, y que se necesitaba recuperar esa imagen perdida. Más allá de lo costosamente veleidoso de la decisión que reinserta a Bolivia en la máxima expresión del sistema capitalista imperante, como es el mercado financiero internacional; el problema es por demás interpelante, porque genera una obligación que embarga la economía nacional por varios años a intereses de empresas transnacionales que forman parte del mercado financiero, e incrementa el endeudamiento que debemos pagar todos los bolivianos, siendo que paralelamente la propia riqueza nacional traducida en las reservas internacionales, están depositados nada menos que en la reserva federal de Estados Unidos y otras fuentes menores, pero con el agravante de que a diferencia nuestra, nos pagan intereses risibles y mínimos. Es claro que mal se pueden sentar las bases de transición al socialismo, si una de las medidas económicas de mayor trascendencia nos vuelve a anclar y hacer dependientes de la máxima expresión capitalista que constituye el mercado financiero internacional.
Se ha afirmado también que dichos recursos del endeudamiento de los bonos contraídos por Bolivia, han sido destinados principalmente a la construcción de obras prioritarias. La pregunta que surge nuevamente al respecto, es por qué se decide endeudar al país en esos términos, cuando muy bien podían utilizarse los ingentes recursos acumulados en las reservas internacionales (más de 14 mil millones de dólares) o, cuando menos y demostrada la imperiosa necesidad de invertir, haber optado por la captación de créditos que podrían tener más bajos intereses de pago, que los comprometidos a cubrir por los bonos(¿). Acaso la credibilidad, solvencia y seriedad económica del país no sirven para eso?.
Al respecto y buscando alternativas menos perniciosas y más acordes al mandato de construir un nuevo modelo económico alternativo al capitalismo, es claro que ni siquiera se ha pensado en transformar las relaciones comerciales y de intercambio entre las naciones, para plantear como base de cooperación mutua y horizontal, la solidaridad, la complementariedad y la reciprocidad, de tal modo que podamos llevar adelante las obras que necesitamos, a cambio de aportar con los medios o recursos que disponemos una vez satisfechas nuestras necesidades internas.
La confiabilidad de la palabra de los organismos internacionales
Para concluir estas reflexiones en torno al modelo económico nacional, quisiera referirme a lo que puede denominarse como el retorno o recuperación de la mentalidad colonial.
El asunto es simple pero de elevada significación económica y política. Desde hace algún tiempo se ha venido hablando e informando acerca de los importantes y renovados logros de la economía nacional y los indicadores macroeconómicos, que entre entras cosas se ha traducido en la emergencia de una nueva clase económicamente poderosa y que en el pasado había sufrido discriminación étnica y cultural. Junto a ello, también se ha resaltado con mucha fuerza el tránsito de una economía débil, pobre y subdesarrollada, a una situación de mediano crecimiento que la alejaba de su condición de sujeto crítico y preferente para la atención de la cooperación internacional, de tal modo que ahora, por ejemplo, ya no se cuenta con condiciones preferenciales para acceder a créditos blandos como en el pasado.
Al mismo tiempo, esta situación económica se ha traducido en el tránsito y conformación de capas empobrecidas que se constituyen y pasan a engrosar las clases medias, con el añadido de que lo hacen en una proporcionalidad demográfica muy significativa.
Ahora bien, como si estas noticias no tuvieran el peso y la credibilidad que corresponde cuando son transmitidas por las propias autoridades nacionales, o lo que es peor, solo adquiriesen la relevancia y confiabilidad necesarias cuando son ratificadas por otros; se ha podido apreciar en una actitud típicamente dependiente y colonial (que solo considera válido aquello que es reafirmado y certificado por terceras personas como si la palabra propia no tuviese valor y consistencia), las propias autoridades nacionales se han dado a la tarea de remarcar esos avances, porque el informe y los representantes de los organismos internacionales (en este caso el Banco Mundial), así lo confirmaba.
Por si fuera poco a esa actitud colonial que hace depender los avances económicas alcanzados, a la certificación y la palabra de los organismos internacionales, no se repara en el hecho de que ese mismo hecho da cuenta también del engrosamiento de una clase media que en la medida en que no pase a conformar nuevas relaciones de producción y trabajo (diferentes a las de explotación capitalista), mayores serán las nuevas condiciones y los nuevos intereses de clase que defenderá, pero no precisamente para luchar (como antes), por su liberación, sino para blindar y reforzar el sistema capitalista que los ampara y promueve.
Como resultado de este razonamiento, podría inferirse que se está en contra y se repudia el mejoramiento de las condiciones económicas y la ampliación de las clases medias en el país; cuando en realidad lo que se observa es que se hace flaco favor al establecimiento de condiciones para construir el socialismo, si lo que importa es mejorar el estatus y las condiciones de subsistencia, sin haber emprendido la transformación de las relaciones de producción que indudablemente permitirán resolver (no mejorar) las causas de la pobreza.
A pesar de que discursivamente se sostenga que ahora los organismos internacionales de cooperación contribuyen y apoyan a la construcción del socialismo; en realidad el beneplácito y la complacencia que ellos manifiestan públicamente al confirmar el mejoramiento de la economía y la ampliación de las clases medias, dice todo lo contrario. Mal se puede esperar que ellos sean los artífices de su propia destrucción y muy ingenuo (por decir lo menos), quien piense que ha logrado convertirlos o engañarlos.
Nota:
[1] Para precisar, sofisma define el diccionario Larousse como un razonamiento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero.
Arturo D. Villanueva Imaña. Sociólogo, boliviano. Cochabamba.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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