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Edgar Borges: “Yo imagino, luego me rebelo”

Monument to Franz Kafka by the sculptor Jarosl...

 

 

 

 

La literatura de Edgar Borges no deja de ser una literatura que habla de sí misma para dar cuenta de una “realidad” más allá de la que se nos muestra. Las voces se confunden pero no lo esencial: lo que nos quiere decir se va multiplicando de distintas formas en ecos infinitos.

Mi encuentro con la literatura de Edgar Borges sucedió cuando llegó a mis manos uno de sus libros (¿Quién mató a mi madre? —Ediciones Irreverentes, 2008) cuyo título de inmediato me hizo pensar en las novelas detectivescas que alguna vez leí en mi infancia. Sin embargo, si bien el título del libro me remontó a aquella época, su lectura me desnudó sin contemplaciones. Mientras lo leía me iba despojando del lastre cotidiano para sumergirme en la vida sin velos ni empañamientos, una extraña vida vuelta ficción, pero tan cercana al humano acontecer que no salgo aún del enamoramiento inicial. Así comenzó mi inquietud por la obra de este autor con quien comparto nacionalidad y entusiasmo por la “palabra”.

Su último libro El hombre no mediático que leía a Peter Handke (Ediciones En Huida, 2012), “investigación novelada en clave de diario” como el mismo autor la denomina, rebasa las nociones de “novela” manejadas por ciertas teorías. El tratamiento del personaje donde el “yo” se diluye en “otros” deja el umbral abierto entre ficción y realidad; no obstante, esa “realidad” no es tal, es una ficción creada por otro u otros, porque la literatura de Edgar Borges no deja de ser una literatura que habla de sí misma para dar cuenta de una “realidad” más allá de la que se nos muestra. Las voces se confunden pero no lo esencial: lo que nos quiere decir se va multiplicando de distintas formas en ecos infinitos. Nunca cede los espacios concebidos para la imaginación porque la idea es reinventarnos constantemente, herencia del argentino, Cronopio al fin, de quien Edgar se declara lector. Este libro rebasa a su vez el concepto de “investigación”, nada de aburrimientos teóricos ni letra muerta, está lleno de sangre, de fibra y tensión bien llevadas. Sus “novelas” fundan “realidades” muchas veces más próximas a la “verdad” —tan manoseada y saturada por malas e “interesadas” interpretaciones— que aquella que pensándose única vela la posibilidad de hallarla.

¿Por qué Peter Handke?

—Peter Handke es un escritor distinto, me interesan muchos de los planteamientos de su obra. Handke utiliza la palabra con precisión, sin adornos innecesarios, para dibujar un espacio cerrado pero también para derribar muros y mostrar el espacio abierto. Sus historias son una crónica que refleja el terrible silencio que padece el ser humano actual. Se trata de un silencio ensordecedor, un silencio en medio del ruido propio y ajeno. Es como si el ser humano de hoy en el fondo estuviese callado resistiendo un terrible grito que aumenta y aumenta obstaculizando, cada vez más, toda posibilidad de movimiento. La obra de Peter Handke habla de la incomunicación, de la soledad pero también de la necesidad de movimiento, de descubrimiento personal. En cuanto a forma Handke desafía el sentido clásico de la narración cíclica de comienzo, desarrollo y final. Y eso, en estos tiempos de estupidez, se agradece, sobre todo si tomamos en cuenta que el mayor sentido cíclico que nos narra el poder es la imposición de su realidad.

¿Cuáles inquietudes u obsesiones literarias comparte con Handke?

—Son dos literaturas distintas unidas por muchas inquietudes compartidas. Es posible que el principal interés que nos una sea la necesidad de conseguir formas de narración abiertas. Además de Handke, son varios los escritores e intereses que alimentan mi necesidad literaria: Franz Kafka, Robert Walser, Georges Perec, Juan Rulfo, Julio Cortázar; la música, el teatro, el cine, el comic, la pintura, la fotografía, la calle.

Usted afirma en su libro que Europa lo que ha perdido es la belleza, no sólo la razón como declara Peter Handke. ¿Qué entiende usted por belleza?

—No se trata de entender, sino de sentir, por ello no puedo explicar un concepto de belleza. Explicar la belleza sería pretender encerrarla en palabras, entonces dejaría de ser belleza. Ocurre que las palabras deberían no parecer palabras para poder dibujar situaciones. He ahí cuando en una historia el lenguaje fluye abierto, como un compendio de imágenes. En literatura la gramática no debe colocar estorbos sino posibilidades. La belleza puede estar en cualquier situación de la vida pero no es posible atraparla, ella fluye, siempre fluye. Sólo desde la sensación logramos llenar de belleza algunos hechos cotidianos. Quizá este vínculo entre belleza y Ser fuese más continuo si no hubiese tanto ruido.

Edgar ¿si en la cotidianidad belleza y Ser anda escindidos, si no se reconocen por el ruido que nos habita, para usted, la literatura se vuelve el lugar de su posible conciliación?

—La literatura es ese espacio que reconcilia al ser con la existencia. Todo lo que está fuera de los bordes de la belleza es miseria. La literatura es ese universo paralelo que andamos buscando.

¿Se puede escapar de la “trampa mediática”?

—En medio de la confusión actual y del caos dirigido está la necesidad de una nueva conciencia. Es como si nos estuvieran cerrando las puertas de todas las posibilidades. ¿Qué vamos a hacer? ¿Nos quedaremos de brazos cruzados mientras el poder nos aplasta con su doctrina de la realidad uniforme? Creo que poco a poco el ser humano asumirá el reto de comprender que la única respuesta posible a todos los grandes chantajes sociales se encuentra dentro de cada uno de nosotros. El otro lenguaje, ese que circula en nuestra esencia, ese que sabe por donde va la corriente del río, o los imperceptibles movimientos del universo, está ahí. No hay trampa sin engañados. El discurso mediático ha pasado a ser una mala caricatura de la realidad social, está en nosotros la aceptación o la transformación de las realidades. ¿El espejo proyecta de mí lo que dice el poder o el espejo proyecta de mí lo que yo pretendo ser?

Usted critica la noción de destino (fe – sentir) en relación con la pobreza como una forma de dominación que el poder de turno inventa, idea que comparto, pero ¿puede construirse una vida a partir de preceptos únicamente “racionales”?

—En lo que nos hacen entender por razón y sentir también hay grandes chantajes. Se nos hace creer que la razón es un asunto frío y áspero que nada tiene que ver con el sentir. El sentimiento es de los buenos y la razón de los malos. Resulta que toda esa cultura de los sentimientos encierra una profunda manipulación que tiene como fin último que las víctimas sean víctimas y no luchen por más. Es con la razón y el sentir, cohesionadas como un todo, que debemos plantarle cara a las injusticias. Claro, el poder nos deja hundidos en un mar de lágrimas y nos niega el debate de las ideas. ¿Quién dijo que nuestras emociones no tienen nada que ver con la razón?  Cada ser humano tiene en sí mismo un caudal de diversidad, hay ocasiones para los sentimientos y otras para la razón. A la política, por ejemplo, me niego a responderle solamente con los sentimientos. A la política le lanzo preguntas con las ideas. El ser humano es una fuerza integral. Razonar y sentir no son dos caminos ajenos al mismo ser. No conozco otra forma de vivir que no se asuma parte de un todo.

“Siempre he creído que un mundo es una réplica de todos los mundos” (idea que aparece también en «Crónicas de Bar») Lo universal en lo individual y lo individual en lo universallo idéntico a lo diverso… principios filosóficos… ¿Del “orquestar” esos “mundos” surgen los movimientos internos de su literatura?

—En efecto, a la hora de escribir necesito conectar el uno con el todo. Intento que cada historia o situación de un personaje sea una réplica de la experiencia de cualquier otro ser. Desde la literatura intento observar la vida como la articulación de muchas partes, todas distintas pero necesariamente entrelazadas. Necesito que el lector se perciba como un punto de la novela pero también como un punto del espacio exterior a la obra. Me gusta creer que dentro de cada uno de nosotros habitan minúsculas partes de todo cuanto existe en el afuera. Tanto de lo bello como de lo terrible.

En estos momentos y tomando una expresión suya: “…el mundo vive una tétrica dictadura global…”, “…el mayor de los totalitarismo: la realidad absoluta…” ¿Cuáles serían las opciones para transformar esto?

—La primera opción es individual, sin duda. Ya no bastan las salvaciones colectivas si no pasan por la responsabilidad individual. El problema de todo extremo es que conduce a otro extremo. La actual versión del capitalismo se basa en la pretensión de resultados absolutos. En esa carrera por los resultados se están saltando todas las éticas, todas las culturas, todos los procedimientos. He ahí cuando se levanta la “realidad absoluta”. Ante este creciente método de adoctrinamiento legalizado por las leyes imagino que tendrá que venir la respuesta de los individuos. Sin embargo, no la observo como una respuesta pensada, no hablo de respuestas sociales coordinadas por liderazgo alguno. Se trata de la reacción de sobrevivencia que asumirá el ser humano como respuesta al actual extremo. El principal adversario del capitalismo será el individuo rebelado. Después del caos protagonizado por millones de individuos rebelados ya veremos que vendrá.

¿Cuál es el papel del escritor que en estos días de mercado y banalidad renuncia a hacer parte de esa estupidez generalizada? ¿Cómo negarse al mercado y sobrevivir? Por aquello de Hotel de Vampiros…

—El escritor siempre ha sido un relegado del orden social. El poder lo toma como modelo sólo cuando le interesa colgarlo en la pared, como un cuadro de feria barata. La diferencia hoy con respecto a otras épocas es que el mercado de consumo ha fabricado la figura del escritor simpático. La industria ha abandonado su interés en la literatura de toda la vida para dedicarse a fabricar esta clase de héroes de historias banales. ¿Qué hacer ante esto? Creo que, aparte de las alternativas económicas que siempre han tenido que buscar los escritores, la actual realidad nos está pidiendo una participación creativa. El escritor, como cualquier sujeto que no esté dispuesto a rendirse, debe participar en la rebelión de las voluntades.

Usted ha hablado y escrito sobre la “saturación de las palabras”, “las palabras ya no significan”. ¿Qué podríamos decir que existe hoy entre las palabras y las cosas?

—Entre las palabras y las cosas hay comprensión o distancia. Hoy las cosas se nos alejan y toman vida propia porque cada vez lo que vale menos es el significado que sentimos por los contenidos. Si nos vaciamos, nosotros mismos pasamos a ser cosas ambulantes. Andamos por ahí, cierto, caminamos, pero no sentimos. Algo de eso está ocurriendo con el vacío de las palabras. Hemos vaciado las palabras para decirlas como si ellas en sí mismas fuesen algo. Y resulta que las palabras, como las cosas, necesitan de contenido para existir. Ese contenido, por lo demás mágico, se lo damos nosotros. Las palabras llenas de sentido siempre producen luz, las palabras vacías producen un sonido similar al que nos sigue retumbando en los oídos mucho después que ha dejado de sonar una alarma.

¿Qué es la imagen para Edgar Borges?

—Es un espacio común a todos al cual se llega desde la sensación. Creo que existimos para descubrir ese espacio.

 “La subjetividad del individuo ha sido trastocada”; es decir que ¿nuestra “subjetividad” tampoco nos perteneces?

—Mientras el sujeto no descubra su potencial creativo será un agente de la realidad de otros. Y  hoy, justamente hoy cuando estamos atravesando un período histórico donde se pretende rentabilizar todo, la realidad ha pasado a ser una condena grotesca manejada estrictamente por unos pocos. La subjetividad te permite tener una perspectiva de todo cuanto te rodea, o incluso de lo que tienes dentro de ti. No obstante, no existe vía subjetiva si no hay fuerza imaginada. La imaginación es una fuerza abstracta que hace posible lo concreto. Con esto te quiero decir que la imaginación, la abstracción, la ficción, el arte y todo aquello que a veces damos por sentado como inútil, no lo es tanto, pues sólo desde esos puntos de luz se fabrican realidades. De ahí que tenemos una educación diseñada para castrar creatividades. El sistema de dominio sabe muy bien que la creatividad es la única vía de liberación del ser humano. Todas las otras formas de liberación son maquillaje que le permite al poder seguir administrando la inercia de los subordinados.

¿El escribir es un viaje para usted como lo es para Peter Handke?

—Sospecho que para todo lector la literatura es el más libre de todos los viajes.

¿La ficción funda realidades?, pero si es así ¿de qué ficciones se trata?

—Una ficción podría ser el paso previo a una realidad o a una utopía. Dependerá de las intenciones de quien la construya o de quienes la asuman. Pasaría a ser una realidad si se convierte en un acuerdo para una mayoría; pasaría a ser una utopía si a través del tiempo vuela en forma de arte, de quimera. Ambas opciones son necesarias e importantes. Eso demuestra que toda realidad como todo sueño parte de una ficción. La sociedad necesita saber que toda realidad es una ficción que se sostiene sólo si existe un acuerdo entre la mayoría. Sostener esta ficción será importante sólo si es justa y equitativa, pero también sí avanza acorde con la necesidad de evolución del ser humano. Una vez que se rompe el vínculo colectivo se hace vital cambiar de realidad. La realidad no es el destino inquebrantable que nos enseñan los dogmas, la realidad es un bien transformable. Ocurre que la costumbre, a través de la educación para la resignación, nos hace creer que no podemos ser parte activa de la realidad compartida.

En «Carta de renuncia  de una puta» ¿no es la cotidianidad la que funda una ficción?

—Carta de renuncia de una puta es la historia de una persona que se rebela a la realidad que le aplasta para asumir el riesgo de crear su propia ficción. En la cotidianidad se pueden fundar ficciones sólo si antes te le rebelas a la costumbre. Sin embargo, asumo la ficción como un espacio lleno de puntos. Cada vez que una ficción funda realidad hay que estar preparado para dar el salto a otro punto, eso es evolución. Ya quisiera yo ser esa puta rebelada.

En su libro hay varias nociones de “realidad” entre ellas la realidad cotidiana, la realidad mediática, la realidad ficcional. ¿Dónde queda lo que pudiéramos llamar “concreto” en todo esto?, ¿hay “algo” fuera de los diferentes tipos de realidades producidas por diferentes tipos de ficciones?

—Lo concreto sería aquello que carece de cualquier indicio de fuerza intangible. Un mueble es algo concreto. Por lo tanto el ser humano no es algo estrictamente concreto. Y si nos vamos a las paradojas, el mueble, antes de ser un bien tangible fue parte de la ficción de alguien. Es decir, las cosas y los hechos concretos que determina el ser humano primero fueron una ficción. De ahí que no es serio desestimar la imaginación humana como si fuera una abstracción imposible de hallar asidero. Es importante para la trascendencia humana que la imaginación siga volando sin pretender lo concreto, pero también es importante reconocer que otra parte de la imaginación necesita encontrar piso firme para plasmar hechos puntuales.

 “Escribir significa ocultarse y mostrarse, una y otra vez, hasta que uno es”. Peter Handke…  ¿Hasta que “uno es” esa contradicción?

—Es una contradicción porque, entre “el ocultarse y mostrarse para ser” nunca serás mientras sigas escribiendo. El ocultarse y el mostrarse es un juego de nunca acabar. Por ello siempre escribes para llegar a ser.

 “Yo veo la situación de la siguiente manera: imagina que el mundo es un edificio de cuatro plantas. En la primera se encuentra la derecha; en la segunda la izquierda; en la tercera la anarquía; y en la cuarta, lista para dar el gran salto, está la ficción”. («El hombre no mediático que leía a Peter Handke»). ¿Qué más habría que derribar para que ese “gran salto” no se dé en el vacío?

—Lo que está en juego es derribar la noción poder-masa. Son muchas las nociones que hay que derribar, otra es la noción imaginación-inutilidad. El ser necesita reivindicar su imaginación como vía posible para construir nuevas realidades. Yo imagino y luego me rebelo. Eso siempre fue así, sólo que ahora nos han hecho creer sólo en lo que vemos. Nos hemos convertido en agentes de lo palpable. Y lo que nos muestran es la negación de las posibilidades. Nos están levantando un siglo XXI entre muros invisibles. Casi sin darnos cuenta estamos comprando una versión absoluta de la realidad. De los relativismos baratos hemos pasado al totalitarismo de la realidad financiera. Ellos nos dictaron las diferencias por las cuales teníamos que enfrentarnos mientras a nuestras espaldas nos fabricaban la más férrea y fundamentalista de todas las realidades: la económica. Me niego a creer que el ser humano no tiene derecho a rebelarse sin temerle al vacío. Un vacío siempre será un salto más digno que mantenerse en una línea recta. Tampoco acepto que la abstracción o los sueños hayan dejado de ser parte esencial de la evolución de los seres humanos. Otra cosa es que tenemos que cambiar la táctica y la estrategia para que el poder  no  nos secuestre nuestro derecho a diseñar una mejor sociedad.

¿Entonces, para usted, al contrario de lo que pensaba la “modernidad”, no es la “razón” el fundamento de todo hecho “real”, sino la imaginación?

—Es un poco de cada posibilidad. Una no niega a la otra porque todo existe entrelazado. Cada estallido provoca otro, lo que no significa que exista un estallido protagónico de todo el proceso. La razón también puede ser un hecho imaginado.

 “La verdad la tiene quien la busca…” y quien la busca no se queda en un sólo lugar ni en un solo tiempo… Finalmente: “Que en el camino cuando alguien me vea no se haga una historia de mí…”

—Confío en que algún día andaremos sintiendo el tiempo de la vida, abiertos al sentir; libres, sin interpretar a los otros.

mediaisla.net

Fuente: http://mediaisla.net/revista/2012/10/edgar-borges-yo-imagino-luego-me-rebelo/