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JOSE TOMAS PEREZ: ¿Fábrica de presidentes?

El autor es exsenador del Distrito Nacional y miembro del Comité Político del PLD.

 José Tomás Pérez

La Constitución de los Estados Unidos se elaboró no solo para que fuera un instrumento de garantía de los derechos y deberes de sus ciudadanos, sino también para que sirviera de guardián vigilante de los principios democráticos que desde temprano establecieron sus líderes y padres fundadores.

La alternabilidad en el poder ha sido un factor clave para que esa gran nación se haya convertido en una auténtica fábrica de presidentes, fundamentada en el mandato constitucional que obliga a que los mismos solo pueden reelegirse una sola vez y nada más. Los padres fundadores nunca estuvieron ajenos al conocimiento de las debilidades y flaquezas que conlleva el ejercicio continuo del poder, y el apego que genera el mismo en hombres cuya naturaleza son la ambición desmedida o el afán de gloria.

Cuando se ejerce el poder una, dos, tres veces o más, la red de relaciones que se crean, los favores económicos que se dispensan, las dependencias políticas que se generan, los comunicadores remunerados que se ponen al servicio de la causa, los empresarios que se favorecen con las grandes contratas y las privilegiadas exoneraciones de impuestos, tejen entre todos un entramado de obstáculos que hacen casi imposible el surgimiento de nuevos liderazgos, especialmente dentro de  sociedades subdesarrolladas y con grandes debilidades institucionales como las que existen en la mayoría de los países del tercer mundo. La simbiosis de estos factores se constituye en los determinantes para la conformación de liderazgos absolutistas y apabullantes.

No queda espacio para más nadie  y solo el blindaje legal que provee una Constitución puede neutralizar semejante fenómeno. No es que no existan líderes que puedan levantar vuelo, es simplemente que no se le permite que levanten vuelo.

La historia, como siempre, es rica en ejemplo y lecciones. El PRI de México, con 71 años en el poder y 13 jefes de estado ha sido una auténtica fábrica de presidentes, no porque no le sobraba deseos a algunos de sus líderes de permanecer eternamente en el poder, sino porque la Constitución de la República solo le permitía un mandato de 6 años y nada más. Lo mismo puede decirse del El Salvador,  Panamá, Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica, países cuyos esquemas constitucionales han hecho posible el surgimiento de numerosos líderes que luego se convirtieron en presidentes.

En el caso de la República Dominicana, cuando se asumió el esquema de reelección norteamericana, se estaba sembrando las bases para la renovación del liderazgo político de los partidos. Pero, lastimosamente, la última modificación constitucional volvió a establecer de nuevo un régimen que, en la práctica, estará dirigido a favorecer el regreso de los que ya fueron presidentes, no de los que aspiran a serlo, a menos que no se imponga una verdadera política de renovación interna dentro de los partidos.

Es posible que el expresidente Leonel Fernández esté siendo sincero en su planteamiento para que el PLD se convierta en una fábrica de presidentes. Particularmente, no tengo porque dudarlo. Pero ¿podrá resistirse a la tentación que provocan aquellos factores, que encadenados, propician el absolutismo y el caudillismo dentro los partidos políticos? Se necesitaría mucha voluntad y una gran dosis de desapego para liberarse de estos condicionantes.

No importa que las tendencias ideológicas de los partidos sean de derecha o de izquierda, en estos países tercermundistas la historia del liderazgo ha sido la de permanecer, y si las circunstancias lo permiten, eternizarse. En el ala de la izquierda podemos citar muchísimos nombres, pero para no hacer la lista muy larga cabe  destacar en China a Mao Tse Tung, en Corea del Norte a Kim Il Sung  y su hijo, en Cuba a Fidel Castro, en la URSS a Joseph Stalin, en la antigua Yugoeslavia a Tito. En la derecha la lista es interminable, Hitler, Mussolini, Trujillo, Pinochet, Kadhafi, Duvalier, Francisco Franco, Sadham Hussein, y muchísimas especies más representantes de esta sanguinaria fauna de dictadores.

Los casos de Mandela o Benedicto XVI son raros en la historia. Ambos renunciaron a permanecer en el poder, cuando nadie se lo pedía. Sin embargo, renunciar desde el poder y convertirse en mentor de nuevas generaciones de líderes y gobernantes parece que no está en el esquema de la mayoría de los políticos tradicionales.

El expresidente Fernández tiene condiciones políticas y personales excepcionales para convertirse en un eficiente promotor del liderazgo dentro de su partido. No hay nada, sin embargo que lo obligue a hacerlo, como tampoco tiene obstáculos en su camino que le impida no hacerlo. Cada quien es dueño de su propio destino y el tiene el derecho de escoger el que encuentre más conveniente. Parafraseando al papa Francisco, diría que yo no soy nadie para recomendarle que se jubile.

Lo que si está claro es que El PLD será una fábrica de presidentes, solo cuando la Constitución de la República lo propicie o cuando el desapego de sus líderes se lo permitan. En 40 años de fundado, nuestro partido ha demostrado ser una fábrica muy poco eficiente en lo que a producción de presidentes se refiere.

Hasta hoy la producción solo ha alcanzado para dos.

 

Franklin Franco, desde Fragua, durante décadas

  • Raúl Pérez Peña (Bacho)

Desde que adquirió carácter de torrente de masa la lucha contra los “remanentes del trujillato”, sostuve fructíferas relaciones con Franklin Franco, regresado del exilio.

EL grupo estudiantil Fragua aglutinaba simpatizantes de los tres partidos de izquierda: Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Movimiento Popular Dominicano, MPD y Partido Socialista Popular, PSP.

Durante esas convulsas jornadas quien escribe vivía en el “Barrio Chino”, último piso del edificio Baquero, Conde esquina Hostos.

En el quinto piso alquilamos una oficina donde operó la sede de Fragua. Este fenómeno unitario levantó el “slogan”: Pensamiento y acción fundidos en arma contra la injusticia.

Franklin Franco militó en Fragua, desde la acera del PSP: Partido Socialista Popular, PSP.

Promotor editorial, Franklin José Franco Pichardo, fundó en la segunda mitad de los años 60 la Librería Nacional, en la Arzobispo Nouel esquina Espaillat, Ciudad Nueva.

Con la venta de libros marxistas, La Nacional cobró auge y marcó distancia con su competencia, la librería América (Perucho Bisonó) y la Dominicana de don Julio Postigo.

La madre de Fanklin,  doña Ana Antonia Pichardo, le acompañó siempre en la librería, sumándose Josefina Morillo y Elena Sabeta, adquirientes de ricas experiencias en el quehacer editorial.

Dos excelentes empleados fueron Juan Brito Medina y Daniel Liberato, quien fundó Librería aparte: La Filantrópica, Mercedes esquina Hostos, especializada en Derecho.

Posteriormente a la librería La Nacional, Franklin José Franco fundó Econolibros, zona universitaria; Correa y Cidrón esquina la que hoy es Amín Abel.

Un gran logro editorial de Franklin fue la Enciclopedia Dominicana.

Franklin se dedicó durante largos años a la investigación social profundizando sus conocimientos sobre sociología, historia y otras disciplinas.

De ahí la publicación de copiosas obras como “República Dominicana, clases, crisis y comandos”, que le hizo ganar el premio Casa de las Américas, Cuba:

Franklin Franco cultivó su carrera docente en las aulas las escuelas de Historia y de Sociología de la UASD.

Colaboró con Prensa Latina, la agencia de prensa cubana, cultivando estrechos vínculos con su corresponsal enviado, Manuel Guerrero.

Franco había sido de los fundadores de la Unión Patriótica Antiimperialista, UPA.

Hasta horas antes del fulminante infarto, Franklin Franco estuvo muy activo.

Durante décadas Franklin fue consistente integrante de la Tertulia de Virtudes Uribe,  la afable anfitriona de la Librería La Trinitaria, bastión editorial de los autores dominicanos.

 

Principios de la crisis de la dictadura Trujillista

Trujillo y colaboradores reciben representante del Vaticano
A pesar que desde 1951 todo aparato de la dictadura, había iniciado la acostumbrada campaña propagandística a fin de proclamar una vez más en 1952 la “necesidad de la reelección de Trujillo”, ese último año el déspota decidió recomendar a la asamblea de su partido al general Héctor Bienvenido Trujillo Molina como candidato a la Presidencia de la República para las elecciones de mayo, las cuales transcurrieron en medio de la “paz y la tranquilidad” habituales.
El acto de juramentación celebrado el 16 de agosto de 1952, fue una ceremonia gris. El nuevo presidente no pronunció discurso alguno. Asistió al evento como invitado el dictador de Nicaragua Anastasio Somosa.
El mismo día de su juramentación, mediante decreto, el nuevo Presidente de la República designó a Trujillo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Para entonces la dictadura se encontraba férreamente consolidada pues la oposición había sido totalmente liquidada y al amparo de la “guerra fría”, Washington estrechó aún más sus vínculos con el régimen dominicano. Había contribuido a ello la extraordinaria red de cabilderos que Trujillo tenía contratados en los altos círculos del poder de los Estados Unidos, para cuyo mantenimiento el país erogaba sumas fabulosas.
Esta red envolvía a altos militares, relacionadores públicos, abogados, senadores, miembros de la Cámara de Representantes, diplomáticos y hasta funcionarios del Departamento de Estado.
Entre los más activos cabilderos se encontraban Joseph E. Davis, quien desplegó grandes esfuerzos para hacer más fructífero el viaje que a finales de 1952 realizó el dictador dominicano a Estados Unidos. Otro cabildero de importancia lo era Franklin D. Roosevelt, hijo.
Durante ese viaje, Trujillo fue elogiado por el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Fred N. Vinson, quien comparó al dictador dominicano con Washington, usando las siguientes palabras:”El generalísimo Trujillo es uno de los pocos hombres que tienen el privilegio en el mundo de haber encendido la antorcha de la civilización, lo mismo que hizo Washington a los Estados Unidos, para procurar el bien, el progreso y la prosperidad de su pueblo”. (E. Rodríguez Demorizi. Cronología de Trujillo. Pág.227. Impresora Dominicana. 1955).
El déspota además fue recibido y agasajado por David Bruce, Secretario de Estado en funciones, por el contralmirante Franc C. Nash; fue objeto de atenciones de John Foster dulles, Secretario de Estado; fue recibido también en enero de 1953, por el Presidente Truman, próximo a cumplir su mandato presidencial, y el 6 de marzo, por Dwight D. Eisenhower, en ese momento Presidente de Estados Unidos. Trujillo en calidad de Canciller del gobierno dominicano, cargo para el que fue nombrado semanas antes, firmó en nombre de la República con el gobierno norteamericano un Tratado de Defensa Mutua.
El déspota dominicano realizó varios viajes a Estados Unidos, y otro a España, Italia y el Vaticano, entre junio y agosto de 1954. en suelo Ibérico, el tirano dominicano, quien desde hacía muchos años había realizado esfuerzos por el ingreso de ese país a las Naciones Unidas, y a favor de un acuerdo entre España y los Estados Unidos, fue recibido por el dictador Francisco Franco con todos los honores.
En el vaticano, el 15 de junio de 1954, en su calidad de Ministro Plenipotenciario, firmó un Concordato con la Santa Sede en representación del gobierno dominicano. Ese mismo día fue recibido por el Papa Pio XII, con “celestiales bendiciones”. Ya antes, el Secretario de de Estado del Vaticano, monseñor Tardini, le había condecorado con la gran Cruz de la Orden Piana.
En 1930 la sociedad dominicana se encontraba organizada sobre la base de una institución estatal débil, apenas en vías de consolidación, pero que actuaba como elemento regulador de los conflictos sociales mediante la puesta en práctica de mecanismos democráticos.
La burocracia civil y militar de ese Estado era muy reducida y particularmente el ejército apenas tenía 2,000 miembros. De acuerdo con los lineamientos constitucionales, el poder civil prevalecía sobre el militar.
El estado dominicano de 1955 era totalmente distinto del existente en 1930, pues ante todo había dejado de ser el elemento regulador de los conflictos sociales, pasando a ser instrumento político y represivo de un pequeño grupo burocrático civil y militar, utilizado casi exclusivamente para la acumulación y concentración de capitales.
Puesto que en este nuevo papel el Estado dominicano tenía necesariamente que abandonar los mecanismos democráticos existentes en 1930, se hizo imperativo el desarrollo máximo de los instrumentos represivos. Ello explica el paso de un ejército compuesto de lago menos de 2,000 soldados en 1930, a una fuerza armada en 1955 integrada por 25,000 miembros.
En 1930 el orden público era controlado en todo el país por policías municipales y su número no llegaba a los 800 miembros. El nuevo Estado que Trujilo fue conformando, paso a paso, convirtió a la Policía Nacional en otro ejército de cerca de 10,000 miembros al servicio de la dictadura, es decir, con una orientación y práctica marcadamente políticas.
El Estado Dominicano de 1955 poseía otros aparatos militares, inexistentes en 1930, como la Marina de Guerra, con cerca de 4,000 miembros y unos 15 buques; la Fuerza Aérea Dominicana, con cerca de 100 aviones y unos 5,000 miembros, incluyendo su infantería; por último debemos de citar el Servicio de Inteligencia Militar, un cuerpo absolutamente dedicado al espionaje, al crimen y la represión.
Es importante notar que el SIM, como popularmente le denominó el pueblo, tenía una sección dedicada al espionaje y el crimen en el extranjero. Esa sección fue la que se encargó y el crimen en el extranjero.
Esa sección fue la que se encargó de los asesinatos de Sergio Bencosme en 1935 en New York; de Pipí Hernández en La Habana en 1950; de la desaparición del dirigente obrero Mauricio Báez, ocurrida también en La Habana en 1950; de la muerte del desaparecido periodista y novelista Andrés Requema, en 1952 en New York; de la captura y posterior muerte del escritor español Jesús de Galíndez, en 1956, y de otros que harían muy larga lista.
Otros instrumentos políticos y represivos menores merecen ser mencionados, pues aunque de vida efímera, también jugaron un papel dentro del Estado dictatorial creado por Trujillo. Eran estos, La Guardia Universitaria, organización paramilitar para el control del estudiantado universitario; los Jinetes del Este, los Cocuyos de la Cordillera, estos últimos, organizados para el mantenimiento del orden político en los campos, bajo la supervisión de los Alcaldes Pedáneos.
El crimen de Galidez y Murphy contribuyó a que se operara un cambio en la conducta del gobierno norteamericano con respecto a la dictadura.
Para este cambio de enfoque en los altos círculos del poder de Estados unidos, jugó un papel de primer orden la prensa de ese país, pues prácticamente todo los principales periódicos mostraron signos de preocupación por el mantenimiento en el poder en el Caribe de un dictador que se permitía la libertad de matar y secuestrar impunemente en el propio territorio de los Estados Unidos. Merece mención aparte el papel jugado por The New York Times y el Washington Post. Estos dos diarios, a partir del caso Galíndez, ofrecieron especial cobertura a la situación dominicana.
Pero también Trujillo mismo contribuyó a este cambio de la prensa de Estados Unidos, no sólo con sus crímenes, sino también por convertir a la República Dominicana en refugio de los dictadores derrocados de América Latina. El primero en arribar al país fue el antinorteamericano general Juan Domingo Perón, ex presidente de Argentina, a finales de 1955. A éste le siguió el dictador colombiano general Rojas Pinilla derrocado en 1957 luego lo hizo el tirano venezolano Pérez Jiménez, al año siguiente.
Justamente en el mes de diciembre de ese 1958, perfectamente enterado del desarrollo de la lucha armada en Cuba contra el régimen de Fulgencio Batista, el “Benefactor” firmó con el dictador haitiano Duvalier un acuerdo de ayuda mutua para resistir cualquier amenaza a sus gobiernos.
El último tirano en ser recibido en Santo Domingo fue el sanguinario general cubano Fulgencio Batista, quién arribó la madrugada del 1ero de enero de 1959, tras ser expulsado del poder por el movimiento guerrillero “26 de Julio”, que encabezó el Dr. Fidel Castro Ruz.
La llegada al poder de Fidel Castro y sus revolucionarios “barbudos”, como fueron conocidos en todo el mundo, ocurría en un momento en que se desarrollaba en todo el continente una profunda corriente democrática antidictatorial, y fue en este espacio cuando por primera vez un pequeño ejército rebelde mal armado, vencía a un ejército profesional.
Este precedente abrió nuevas perspectivas a los luchadores antitrujillistas que vivían en el exilio y que sumaban ya varios miles. A esta situación favorable se le agregó el compromiso público asumido por el joven gobernante cubano de contribuir con la liberación del pueblo dominicano. Además, algunos dominicanos antitrujillista lucharon en las filas del ejército rebelde junto a Fidel , donde habían alcanzado posiciones de importancia.
A finales de enero, fue constituída, con sede en La Habana y delegaciones en New York, Caracas y San Juan, Puerto Rico, el Movimiento de Liberación Dominicana, entidad que tuvo a cargo el enrolamiento de los miembros del ejército guerrillero que serían entrenados en los campamentos Mil Cumbres y Madrugá, y el segundo, el primero situado en Pinar de Río, el segundo, a unos 70 kilómetros de La Habana.
Trujillo inició un arduo programa de fortalecimiento de sus fuerzas militares mediante la urgente compra de armas, municiones y aumentando sus filas en varios miles más. Para ese fin fueron usados 50 millones de dólares, además de 38 millones presupuestados ese año para la rama militar. Esta abrumadora suma destinada al programa de reforzamiento de la defensa del régimen de Trujillo, equivalía a casi el 50% del total del presupuesto nacional.
Ese programa envolvía también la organización de una legión extranjera, integrada por mercenarios contratados en Europa y los Estados Unidos. A cada oficial de este ejército se le ofrecían salarios de entre mil y mil quinientos dólares. En la legión extranjera fueron integrados muchos ex soldados batistianos y europeos que habían pertenecido a los ejércitos de Hitler y Musolini. Al frente de esta legión fue situado como jefe el general Fausto Caamaño, compañero de armas de Trujillo desde la ocupación militar norteamericana de 1916 – 1924.
Para reunir la suma requerida para fortalecer sus fuerzas armadas, el gobierno dispuso la promulgación de nuevos impuestos que afectaron a las exportaciones, la industria y el comercio. Así mismo la ley No.5144 del 6 de junio de 1959, dirigida a afectar con un nuevo impuesto a casi todos los artículos de gran consumo como la leche, el pan, el arroz, las pastas alimenticias, el vestido, el calzado, los aceites lubricantes, y el cemento. Tales medidas impositivas ahondaron más el ya evidente deterioro de la economía nacional, profundizando a su vez la miseria en el seno del pueblo trabajador.
Para agravar más la situación económica del país, pese a que el 21 de enero fue promulgada la ley No. 5071 que prohibió toda exhortación o transferencia de divisas depositadas en los bancos nacionales, tanto Trujillo como sus familiares, y el pequeño grupo que componía la burguesía burocrática que le acompañaban en el disfrute sin límites del poder, dieron inicio a un desenfrenado proceso de depósitos de divisas en bancos de Estados Unidos y Europa debido a que sintieron el peso de la amenaza que veían venir sobre el régimen.
Se desconoce el monto total de las divisas sacadas del país por el “Benefactor” y su grupo durante ese año de 1959,pero expertos financieros lo estiman en superior a los 50 millones de dólares. Esa fuga de divisas, más las fuertes sumas invertidas en armamentos y pertrechos militares, dieron origen a un serio desequilibrio en la balanza de pagos y una carencia de dólares que afectó seriamente las importaciones, hecho que atizó el descontento entre los comerciantes.
TOMADO MUSEO MOMORIAL DEL LA RESISTENCIA

Santiago Carrillo, un político de izquierdas

Español: Santiago Carrillo, politico español d...
Español: Santiago Carrillo, politico español del PCE, y Rafael Alberti, poeta español (Photo credit: Wikipedia)

Escrito por: CARLOS BÁEZ EVERTSZ

Santiago Carrillo fue un político que se inició en esas lides desde muy joven, hijo del militante socialista Wenceslao Carrillo, fue desde sus años mozos dirigente de las Juventudes Socialistas. Durante la guerra civil contribuyó a unificar a estas con las juventudes comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas. Desempeñó un papel importante en el gobierno republicano en Madrid contribuyendo a la puesta a punto de la defensa de Madrid de los ataques por aire y tierra de las tropas insurrectas del general Franco.  Posteriormente, como miles de republicanos, se refugió en Francia. En el Congreso del PCE celebrado en 1960 fue elegido secretario general y Dolores Ibarruri presidenta del partido.

Desde esa fecha hasta su renuncia a la secretaría general en el año 1982 jugó un papel protagónico en la marcha y desarrollo del PCE. Fue expulsado del mismo en 1986. Su vida se desarrolló en tiempos convulsos, y como dice un refrán chino, “qué Dios te libre de vivir en tiempos interesantes”. Guerra Civil española, exilio, Segunda Guerra Mundial, caída de Francia, invasión de la URSS, Victoria de los aliados, caída de los fascismos y del nazismo, frustrada esperanza de que ello conllevaría la derrota del fascismo español encarnado en la figura del general Franco y su régimen, Guerra Fría  y asunción por Occidente -EE.UU. y sus aliados- de que el enemigo principal era el comunismo.

Ello implicó que los comunistas y otros grupos llevaran a cabo una larguísima lucha clandestina tanto en el interior de España como en el exilio, incluyendo la formación de guerrillas, apelaciones a la caída del régimen a través de la Huelga General, organización de sindicatos de clase dentro del espacio ganado a los franquistas, apelación a la política de Reconciliación Nacional, muerte de Franco, política de pactos con los remanentes del franquismo y los partidos democráticos, ejecución de la transición española hacia la democracia, previa legalización del Partido Comunista, elecciones democráticas, y posterior declive de la fuerza política y electoral del PCE.

En todos esos acontecimientos Santiago Carrillo estuvo siempre desempeñando un papel importante. Hay un amplio consenso sobre el papel de Santiago Carrillo en la transición española, es decir, el reconocimiento más o menos generalizado –aunque nunca total-, de que sin su lucidez, su pactismo, su capacidad a lo Mazarino,  para los acuerdos y las combinaciones, la transición española hubiera sido diferente.

Carrillo respondía a los críticos sobre la pesada carga que asumió el PCE en la transición de la manera siguiente: Sí, hemos tenido que ceder, pero logramos algo esencial, el reconocimiento constitucional de  que la fuente del poder y lo que lo legitima es la soberanía popular, que quien tiene la soberanía es el pueblo,  que la misma no viene  de Dios, ni del espadón de un general, ni de un grupo de notables o aristócratas. Sea, así es sin duda.

Pasados 35 años desde las primeras elecciones democráticas de 1977 en España, hoy se levantan cada vez voces más críticas sobre la extendida idea de la ejemplaridad de la transición española. Sobre esa especie de amnistía  y sordera que se dio sobre los crímenes del franquismo, sobre la lentitud del reconocimiento del papel jugado por tantos demócratas que sufrieron no sólo la cárcel, sino la marginación.

Carrillo es acusado con saña por la derecha y por los franquistas descubiertos y encubiertos de ser el  estratega que llevó al fusilamiento de, según algún historiador, unas 2,400 personas en la matanza ocurrida en la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama.  Matilde Vázquez y Javier Valero,  politólogos, en los inicios de la transición estaban investigando para la publicación de un libro sobre la guerra civil en Madrid. Con las fuentes consultadas disponibles en ese momento ellos aseguran que no se puede demostrar la participación directa o indirecta de Santiago Carrillo en la ejecución de esas personas. Ni dando la orden de la misma, ni insinuándola, ni promoviéndola.

Nunca se podrá justificar los  fusilamientos colectivos sin juicio previo, pero más que buscar un culpable en quien permitió el traslado de esos detenidos (Carrillo), lo que hay es que buscar la causa eficiente de los mismos en cómo los hombres se vuelven lobos para otros hombres en una guerra fratricida, por motivos políticos-ideológicos, y por tipos diferentes de construcción de sociedades.

Otras críticas vienen de la izquierda, de los disidentes en algún momento con la línea política que trazaba o encarnaba o defendía Santiago Carrillo como secretario general del PCE. Cuando se envían hombres a luchar con las armas en el interior y se fracasa, siempre se producirá la  búsqueda de traidores, soplones, errores tácticos, de información recopilada, etc. etc. Siempre habrá suspicacias de por qué se envió a tal o cual, de si había discrepancias en los que murieron en combate con alguien de la Dirección y que por eso se le envió a la muerte.

Hay también el choque de personalidades, de grandes personalidades o de temperamentos, como el de Líster y Carrillo. El de interpretaciones diferentes sobre las vías a seguir en función de un uso más refinado y más burdo de la información y de los hechos sociales, como el enfrentamiento entre Semprún y Claudín con Carrillo y con la mayoría de la dirección del PCE.

Y hay la fabricación por enemistad política, por mezquindad, por la simple sospecha, o vaya usted a saber por qué otros motivos, de interpretaciones conspirativas y hasta criminales, de ciertos fracasos del PCE en la lucha en el interior, como el caso del apresamiento, tortura y muerte del dirigente comunista Julián Grimau, cuya muerte algunos acusan que se debió a que la dirección del PCE lo entregó a la policía franquista, por haber enviado una persona tan conocida al interior desde Francia.

Ya se verá si la decadencia del PCE se debió a líderes como Santiago Carrillo, o a que el periodo histórico de la transición española hasta nuestros días estaba llamando a cambios sustanciales en la manera de organizarse y de plantearse la lucha y los objetivos políticos, que ponían a los Partidos Comunistas fuera de la Agenda Política.

Por mi parte, fui un leal admirador y seguí con interés el desarrollo de las ideas eurocomunistas que en España trasladó Carrillo. Creo que había en ellas el  germen de una evolución política positiva hacia la formación de un Gran Partido Socialista o de Izquierda Democrática  en España y en Europa.  Todo eso se encontraba ya en esas ideas difundidas por Carrillo en los finales de los años 70.

Hasta casi ayer uno podía escuchar con interés la lucidez y certeza –de los análisis de la realidad española y mundial que nos brindaba Carrillo desde las ondas de radio de la Cadena SER. A sus 97 años don Santiago, con su  voz de fumador impenitente, daba casi siempre en el clavo, y era una de las pocas voces que nunca decepcionaban,  ya que tenía una gran coherencia en todo lo que decía, y una modernidad que ya para sí quisieran tanto jóvenes y no tan jóvenes, saltimbanquis políticos, que pueblan el desolado y estéril campo de la izquierda actual.