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¿De dónde te sale ese orgullo de pequeño burgués?

Santo Domingo at night

POR MANUEL MORA SERRANO

La sinceridad a veces se castiga. He recibido muchas felicitaciones y abrazos por mi artículo del cinco de este mes en este diario sobre mis ochenta años. Pero lo que más ronchas ha despertado ha sido mi confesión de que: “pertenecíamos a la mejor clase social del mundo, a la pequeño burguesía, de la que me siento orgulloso y lamento que no exista una ideología que nos catapulte como tales, con nuestras virtudes y nuestros defectos al poder político, por estar “vendidos” ideológicamente a la burguesía o al proletariado, estando como estamos mejor preparados para no depender de una ni del otro, sino para que todos seamos ese término medio ideal de todas las cosas, ni demasiado ricos ni demasiado pobres, como las gentes de Bután.”

Sin duda alguna me había metido en territorio ideológico tabú.

Hace más de veinte años que vengo meditando sobre la ausencia de una ideología coherente con nuestra realidad social.

¿Quiénes somos los tan vilipendiados por nuestros propios miembros que nos acusan (y se acusan) de ser la peor clase social y la que tiene los vicios más peligrosos?

Jamás hubo ceguera ideológica más grande que los que siguiendo a Marx, que no era de la burguesía ni del proletariado, como la gran mayoría de los pensadores y los ideólogos del siglo diez y nueve, no advirtieron tres detalles: a) que esos proletarios, por los cuales se abogaba, hartos de su condición de parias sociales, estaban locos por que sus hijos ascendieran en la sociedad formándose intelectualmente y luego que se graduaran en las universidades e institutos al servicio de las masas, como ha ocurrido aún en países como el nuestro que no han tenido regímenes socialistas formales, no solo vivieran mejor, sino que ellos también pudieran hacerlo; b) los ejemplos harto elocuentes de Rusia, Alemania del Este y China en la actualidad, señalan que esa masa preparada intelectualmente ya no era pasiva sino el nuevo motor para una nueva revolución. Angela Merkel es suficiente y claro ejemplo, y c) lo que está pasando en Cuba con ese excedente extraordinario de profesionales calificados que no soportan carecer de lo que otros ciudadanos disfrutan con sus conocimientos en otros países, hasta en algunos subdesarrollados, ejemplos de ellos son los que desertan, que al día siguiente están exigiendo todo lo que no podían tener en la supuesta dictadura del proletariado, que fue organizada y dirigida por pequeño burgueses, como en todas partes, porque éramos los más preparados y los más sensibles.

¿Quiénes somos los pequeño burgueses en estas sociedades seudo capitalistas o en las realmente tales? Hasta hoy hemos sido servidores, bufones y tontos útiles.

Todas las empresas, sin importar el rango, que tienen personal calificado o pagan salarios decentes, están integradas por pequeño burgueses sin conciencia de clase.

Nadie quiere tocar la trompeta que despierte esos “monstruos”. De ahí que sea útil que se entretengan soñando con el poder que indefectiblemente dirigirán si logran una revolución socialista siguiendo la saga consabida, porque en el proletariado no hay material suficiente ni capacitado para dirigir eficazmente la cosa pública. Y cuando ha ocurrido, no deseo mencionar a Stalin comparándolo con Trotsky o con Lenin.

Los pequeño burgueses en las otras sociedades, que son la mayoría (apenas existimos en las muy primitivas aunque formamos parte de las estructuras gubernamentales); en Haití, que es un ejemplo preciso, la revolución de los esclavos contra los burgueses amos de las plantaciones, no hubiera sido posible sin los mulatos hijos bastardos que sabían leer y escribir y muchos se habían educado en Francia o en el propio país sin rangos burgueses, sino de nuestra clase, que fueron absolutamente necesarios. Ahí fuimos los tontos útiles.

En Santo Domingo, tierra de hateros, los que poseían cultura en una comunidad mulata de gentes pobres, eran de nuestras filas y algunos fueron los bufones necesarios en toda corte. Y nada tenemos que decir de los que ya formábamos parte de una clase en crecimiento bajo la dictadura de Trujillo o los gobiernos que le sucedieron, donde parte de los nuestros de Balaguer a los últimos, salvo don Antonio, eran de nuestras filas.

¿Quiénes acompañaron a los libertadores? ¿Quiénes fueron la mayoría de los opositores a Rafael L. Trujillo o a Lilís? ¿Hemos revisado con ojos críticos clasistas a los que cayeron por ideales nada más, por nuestra libertad, antes y después?

Nuestra inteligencia y nuestra resistencia a la opresión hablan muy alto y muy claro de quiénes somos los pequeño burgueses a la hora del sacrificio mayor. Que muchos solo hemos sido actores en las gradas, es verdad, pero desde ahí hemos aplaudido o vitoreado siendo bufones o tontos útiles, a los que nos han manejado a su antojo, y si hemos sido la hez, ha sido por falta de una ideología que nos defina y nos unifique, aquí y en todo el resto del mundo civilizado.

Cuando caen las Torres Gemelas la mayoría de las víctimas son de los nuestros, porque siempre somos los que cumplimos, los que hacemos los horarios y llegamos primero. En todas las oficinas, en todas las empresas bastaría que distribuyéramos nuestro catecismo para tomar el poder. La mayoría de oficiales militares vienen de nuestras canteras.

No haríamos la dictadura del secretariado o del doctorado, inauguraríamos, sin duda alguna, la democracia de la pequeño burguesía, la democracia de la clase media. Dignidad para todos sería nuestro lema: ni demasiado ricos ni demasiado pobres. Estableceríamos algo que no existe ahora: barreras para las ambiciones desmedidas.

Hace veintidós años que en el más capitalista de todos los países, en un albergue para gentes de clase media en Los Póconos, Pennsylvania, en una antigua zona indígena, comencé a escribir sobre la ideología pequeño burguesa, y cuando se la ofrecí a un viejo amigo que se postulaba a la presidencia, me dijo textualmente: “Gracias, Manolito, pero nadie cree ahora en ideologías” y por ahí deben estar amarillentas o llenas de polillas aquellas páginas inflamadas de ese orgullo zoquete de ser de clase media y de aspirar al poder para nuestra gente.

O por lo menos así dirían los traidores a nuestra clase, los que nos niegan y vituperan, aunque vivan como burgueses, capaces de sacrificarse por los que no pueden gobernarse, por los que solo anhelan alcanzar nuestro precario status, y así disfrutar de los dones del siglo y de nuestro tiempo con un poco de decoro y dignidad.

Con un poquitín de conciencia crítica despertarían esos monstruos dormidos que somos, y haríamos temblar al planeta, como aquellas ‘madres terribles’ de García Lorca que levantaban sus cabezas en las praderas cada vez que un torero mataba un hijo en la fiesta brava.

Un día despertaremos, y entonces preguntaremos ¿por qué esperamos tanto? Y responderemos llorando: por la ceguera de nuestra gente; solo por la ceguera de nosotros mismos; con palabras parecidas dijo en Andalucía con rabia que ha llegado nítidamente cuatro siglos ha, otra ‘madre terrible,’ la de Boabdil, aquel árabe que volteó el rostro derramando lágrimas para mirar la Alhambra perdida sin volverse estatua de piedra: “No llores como mujer lo que no pudiste defender como hombre”. Por temor a esa frase, de ahí me sale el orgullo de ser pequeño burgués y ver la indiferencia y la ceguera de los miembros de mi propia clase, que sin duda, es la mejor del mundo: sin abundancia que sobre y sin carencias precisas.

EE.UU. quiere atacar a Rusia por la vía Siria-Irán

 

"Lo que quiere Estados Unidos es llegar a Irán, pero a través de Damasco. Primero, tienen que hacer caer a Damasco para concentrar luego todo el fuego contra Irán", opina Salbuchi.

“Lo que quiere Estados Unidos es llegar a Irán, pero a través de Damasco. Primero, tiene que hacer caer a Damasco para concentrar luego todo el fuego contra Irán”, opina Salbuchi.
Según el analista argentino Adrian Salbuchi, poder atacar Irán, promover intereses propios en Oriente Próximo, lanzar una destrucción generalizada de la región y lanzar “un enorme desafío a Rusia” son los objetivos de la intervención internacional en Siria.
Salbuchi es un investigador, ensayista y conferencista; consultor internacional; asesor de empresas internacionales; especialista en el análisis de las estructuras de poder políticas, económicas y financieras de la globalización, y fundador Movimiento por la Segunda República Argentina.
“Lo que quiere Estados Unidos es llegar a Irán, pero a través de Damasco. Primero, tienen que hacer caer a Damasco para concentrar luego todo el fuego contra Irán”, insiste Salbuchi. Las acusaciones contra elGobierno de Al Assad sobre el uso de gas mortal son absurdas, opina.
“En EE.UU. hay una actitud de tolerancia cero hacia los estados auténticamente soberanos que no se alinean a EE.UU. No hay puntos intermedios: o se está con EE.UU. o se está en contra de ellos”, comenta el analista.
Al mismo tiempo, advierte de que una acción militar en Siria podría desembocar en unas consecuencias totalmente imprevisibles. “Siria es un aliado tradicional de Rusia. Si cae Siria, luego cae Irán y luego el ataque va directamente contra Rusia, con lo cual estamos viviendo momentos muy, muy peligrosos. Se está jugando con fuego y el descontrol de esta situación incluso podría derivar en una confrontación entre las potencias occidentales y Rusia y sus aliados de consecuencias absolutamente imprevisibles”, argumenta.
La retórica bélica de países como EE.UU., Reino UnidoFranciaTurquía y Alemania hacia Siria se incrementó en los últimos días. A pesar de que los investigadores de la ONU todavía no han confirmado los ataques químicos durante el conflicto sirio, dan por hecho el uso de gases mortales por parte de las tropas gubernamentales e insisten en la necesidad de emprender una acción militar en Siria sin la autorización de la ONU, ya que la iniciativa requeriría la aprobación por parte de Rusia y China en el Consejo de Seguridad, y ambos estados se oponen a la intervención internacional en el país árabe.
(Con información del blog de Adrian Salbuci)
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EL ROEDOR: Ni es revolución; ni tiene cabeza

Es una culebra que se mueve más en los países que han gozado de ciertos períodos de desarrollo económico; pero que los ricos y los administradores de la llamada democracia representativa (los gobiernos y los partidos del sistema), han manejado mal, que frente a cada crisis económica, los susodichos optan por el “recorte”, la “austeridad” y los “impuestos” que reducen lo conquistado. Es una culebra de “clase media”, como prefieren llamarla los sociólogos y politólogos actuales, pero que en la jerga marxista se llama “pequeña burguesía”. Los países que han alcanzado largos períodos de crecimiento (y entre ellos está la República Dominicana), la culebra, que no es una revolución, sino que marcha y se mueve bajo el signo de la “indignación”, y sus lugares preferidos para manifestarse son aquellos sitios que representan los signos del poder, es temida por ricos, los partidos gobernantes y también los de oposición y casi todos los del sistema (o los que viven disimuladamente del sistema, como las izquierdas falsas).

Ascendieron a “clase media”, pero se han encontrado con el valladar de la corrupción, la negligencia; el ahogamiento con los servicios elementales de electricidad, transporte, complejos, tediosos y mañosos servicios bancarios. Son movimientos contra el robo, las inconductas, la corrupción, la burocracia, la impunidad, la mordida, las coimas, el picoteo. Por tanto, son un movimiento contra “la democracia representativa”, para que se convierta en “participativa”. Es un verdadero movimiento apartidista, sin ideología y sin “líderes” con quienes negociar, y eso es que lo hace elusivo. Quien se presente como “dirigente” es inhabilitado con tal, como farsante, por las voces de todos: “¡No queremos jefes!”. “Yo llegué ahora, ¿quién se robó lo mío?”. “No quiero sexo; el gobierno me jode las 24 horas”, dicen las consignas del hormiguero humano que se moviliza contra los que los oprimen, los joden, les hacen la vida cada día más precaria con soluciones a medias, con el ‘reunionisno cretino’, contra las mancuernas de las cúpulas mandantes.

2.- Parlamentos
Los Parlamentos, formados por “todos los demócratas” están asustados: buscan soluciones, recortes, parches, discursos temblorosos en favor del pueblo. Gobiernos y oposición saben que los movimientos sin cabezas que claman por mantener su nivel de vida o que no lo pueden seguir elevando por todas las trampas y fugas del sistema, quieren sus cabezas, sin importar quiénes la representen en los Congresos (sea a la derecha, al centro, a los comunistas, que abundan en Grecia, Italia, Portugal, Francia). Temen: están asustados. Pero no estamos frente a una revolución social; los “indignados” no tienen fuerzas para cambiar el sistema. Por eso, en Argentina hubo 5 presidentes en tres días, pero el sistema “democrático” permaneció. Y así en Italia, en Túnez, en Egipto, en Wall Street. El movimiento crece y disminuye, pero se enciende por cualquier cosa: por una pela a infeliz en Túnez, por un exceso policial en Francia, por un aumento de pasaje en Brasil o desproporcionado de cualquier alimento. En Haití los movimientos son conspirativos, cuando los hay, porque no hay democracia que perfeccionar, ni clase media. La culebra que se mueve no acepta “cabeza”, pues quien se coloca usurpando la cabeza, evidencia la ideología, el partido, y las masas no les creen a partidos organizados, a encerronas, no quieren “arrear para que otro enlace”.

3.- Movimientos espontáneos 
Son movimientos espontáneos cuyo origen, aparte de la reducción de su nivel de vida y el agobio de la vida cotidiana y el miedo a la “inamovilidad”, ha sido el Internet, las redes sociales, y en ellos participan de todos los partidos, movimientos sociales, que dentro de la chorrera de masas, “anulan” o “apartan” a los radicalismos. En Egipto, no quieren ni gobiernos comunistas, ni fundamentalistas religiosos, quieren que Morsi se vaya y que llame a elecciones (cayó en el gancho, EEUU, Francia y Qatar no le han reducido la ayuda y la vida se deteriora cada día más). Ellos no quieren un nuevo nasserismo, ni la destrucción del Ejército. En todas partes se alzan contra los recortes sociales, como en Inglaterra, España, Alemania, Bélgica, Portugal, Irlanda; en Argentina “por el corralito” de Menem que mandó a todos a la miseria. En Brasil, contra el aumento del pasaje, la corrupción, el aumento de los capitales de los ricos y los miles de millones metidos en los estadios para el mundial del fútbol y las Olimpiadas. Revolución no hay; hay una lucha de la clase media para evitar empobrecer, ni les maten sus sueños; sí es una lucha anticapitalista, antirricos, y antisistema democrático fatuo, que nada resuelve.

 

25 verdades sobre el caso Evo Morales/Edward Snowden

English: Bolivian president Evo Morales, weari...
 Bolivian president Evo Morales
Opera Mundi

El caso Edward Snowden estuvo en el origen de un grave incidente diplomático entre Bolivia y varios países europeos. Tras una orden de Washington, Francia, Italia, España y Portugal prohibieron al avión presidencial de Evo Morales sobrevolar su territorio.

1. Tras un viaje oficial a Rusia para asistir a una cumbre de países productores de gas, el Presidente Evo Morales tomó su avión para regresar a Bolivia.

2. Estados Unidos, pensando que Edward Snowden, exagente de la CIA y de la NSA y autor de las revelaciones sobre las operaciones de espionaje de su país se encontraba en el avión presidencial, ordenó a cuatro países europeos, Francia, Italia, España y Portugal, que prohibieran sobrevolar su espacio aéreo a Evo Morales.

3. París cumplió inmediatamente la orden procedente de Washington y canceló la autorización de sobrevuelo de su territorio que había otorgado a Bolivia el 27 de julio de 2013, mientras el avión presidencial se encontraba apenas a unos kilómetros de las fronteras francesas.

4. Así, París puso en peligro la vida del Presidente boliviano, el cual tuvo que aterrizar de emergencia en Austria, por falta de combustible.

5. Desde 1945, ninguna nación del mundo ha impedido a un avión presidencial sobrevolar su territorio.

6. París, además de desatar una crisis de extrema gravedad, violó el derecho internacional y la inmunidad diplomática absoluta del cual goza todo Jefe de Estado.

7. El gobierno socialista de François Hollande atentó gravemente contra el prestigio de la nación. Francia aparece ante los ojos del mundo como un país servil y dócil que no vacila un solo instante en obedecer a las órdenes de Washington, contra sus propios intereses.

8. Al tomar semejante decisión, Hollande desprestigió la voz de Francia en la escena internacional.

9. París también se ha convertido en objeto de risa en el mundo entero. Las revelaciones de Edward Snowden permitieron descubrir que Estados Unidos espiaba a varios países de la Unión Europea, entre ellos Francia. Tras esas revelaciones, François Hollande pidió pública y firmemente a Washington que detuviera esos actos hostiles. No obstante, entre bambalinas, el Palacio del Elíseo siguió fielmente las órdenes de la Casa Blanca.

10. Tras descubrir que se trataba de una información falsa y que Snowden no se encontraba en el avión, París decidió anular la prohibición.

11. Italia, España y Portugal también siguieron las órdenes de Washington y prohibieron a Evo Morales sobrevolar su territorio antes de cambiar de opinión tras enterarse de que la información no era verídica y permitir al Presidente boliviano seguir su ruta.

12. Antes de ello, España incluso exigió revisar el avión presidencial en violación de todas las normas legales internacionales. “Esto es un chantaje, no lo vamos a permitir por una cuestión de dignidad. Vamos a esperar todo el tiempo necesario”, replicó la Presidencia boliviana. “No soy un criminal”, declaró Evo Morales.

13. Bolivia denunció un atentado contra su soberanía y contra la inmunidad de su presidente. “Se trata de una instrucción del gobierno de Estados Unidos”, según La Paz.

14. América Latina condenó unánimemente la actitud de Francia, España, Italia y Portugal.

15. La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) convocó una reaunión extraordinaria urgente tras este escándalo internacional y expresó su “indignación” a través de su Secretario General Ali Rodríguez.

16. Venezuela y Ecuador condenaron “la ofensa” y “el atentado” al Presidente Evo Morales.

17. El Presidente Nicolás Maduro de Venezuela condenó “una agresión grosera, brutal, inadecuada y no civilizada”.

18. El Presidente ecuatoriano Rafael Correa expresó su indignación: “¡Nuestra América no puede tolerar tanto abuso!”

19. Nicaragua denunció una “acción criminal y bárbara”.

20. La Habana fustigó “acto inadmisible, infundado y arbitrario que ofende a toda la América Latina y el Caribe”.

21. La Presidenta argentina Cristina Fernández expresó su consternación: “Definitivamente están todos locos. El Jefe de Estado y su avión tienen inmunidad total. No puede ser este grado de impunidad”.

22. A través de su Secretario General José Miguel Insulza, la Organización de Estados Americanos (OEA) condenó la decisión de los países europeos: “No existe circunstancia alguna para cometer tales acciones en detrimento del presidente de Bolivia. Los países involucrados deben dar una explicación de las razones por las cuales tomaron esta decisión, particularmente porque ello puso en riesgo la vida del primer mandatario de un País Miembro de la OEA”.

23. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) denunció “una flagrante discriminación y amenaza a la inmunidad diplomática de un Jefe de Estado”.

24. En vez de otorgar asilo político a la persona que le permitió descubrir que era víctima de espionaje hostil, Europa, particularmente Francia, no vacila en crear una grave crisis diplomática con el objetivo de entregar a Edward Snowden a Estados Unidos.

25. Este caso ilustra que si la Unión Europea es una potencia económica, es un enano político y diplomático incapaz de adoptar una postura independiente con respecto a Estados Unidos.

Salim Lamrani. Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula The Economic War Against Cuba. A Historical and Legal Perspective on the U.S. Blockade, New York, Monthly Review Press, 2013, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade. http://monthlyreview.org/press/books/pb3409/Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

“Si en la izquierda no somos capaces de salvar nuestras discrepancias, no hay alternativa”

Partido Socialista
Partido Socialista (Photo credit: Ojota)
Martine Billard (Boulogne-Billancourt, 1952) comenzó su andadura política en mayo del 68, sumándose al movimiento estudiantil en el Comité d’action licéen. Graduada en Económicas, ha formado parte de movimientos feministas, ha luchado contra la energía nuclear y se ha implicado en la defensa del pueblo palestino. En los 90 se unió al partido de los Verdes francés, que abandonó en el 2009 para integrarse en el Parti de Gauche (Partido de Izquierda), de la que actualmente es copresidenta junto a Jean-Luc Mélenchon.

Esta semana ha visitado Barcelona para difundir la experiencia del Frente de Izquierdas, la unión de hasta nueve grupos políticos que transitan desde el socialismo hasta el comunismo. La coalición obtuvo el mayo éxito electoral de partidos a la izquierda del Partido Socialista francés desde hacía más de 20 años, en las elecciones presidenciales del 2012, con el 11% de los votos. En la capital catalana, se ha reunido con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con sindicatos y con Esquerra Unida i Alternativa. La unión de la izquierda para configurar una alternativa fuerte a las políticas de austeridad dominantes es posible, asegura.

Billard defiende un reparto más equitativo de la riqueza, la participación directa de los trabajadores en la gestión de las empresas, y un “proteccionismo solidario” en el que cada país desarrolle su producción y establezca intercambios económicos con otros países basados en la cooperación y la solidaridad, no en la competencia. De trato afable, con una sonrisa permanente cuando atiende a las preguntas, alza la vista a la hora de responder tratando de encontrar las palabras adecuadas en castellano. Domina el idioma, si bien con alguna dificultad, que salva apoyándose en el compañero de partido que la acompaña durante la entrevista.

El Frente de Izquierda agrupa a fuerzas políticas muy diversas, ¿cuáles fueron las principales dificultades para alcanzar un acuerdo?

Tenemos una historia muy diferente entre las fuerzas del Frente. Al principio éramos tres grupos: El Partido Comunista; el Partido de Izquierdas, una mezcla de gente que venía del Partido Socialista, del movimiento republicanista y de los Verdes, que es mi caso; e Izquierda Unitaria, que viene del trotskismo. Lo que fue importante es que habíamos tenido momentos de lucha común. Por ejemplo en 2005, contra el Tratado Constitucional europeo. Hicimos la campaña juntos, pero después no supimos quedarnos unidos. Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 2007, que fueron un fracaso para todos los grupos a la izquierda del Partido Socialista, sacamos la conclusión de que no podíamos seguir así, porque si seguíamos con tanta división íbamos al fracaso total.

¿Ello propició la unión?

Decidimos ser responsables y juntarnos, para de nuevo poder tener un movimiento fuerte a la altura de la necesidad del momento político. Empezamos con la campaña electoral de las elecciones europeas de 2009. En esa época las alianzas eran electorales: En 2010 en las elecciones cantonales, en 2011 en las elecciones regionales, hasta el 2012 en las elecciones presidenciales. En esas elecciones presidenciales, por segunda vez desde la liberación de Francia, el Partido Comunista aceptó no tener un candidato que viniese de sus filas, sino que fuese Jean-Luc Mélanchon, del Partido de Izquierda. Hay que subrayarlo porque de parte de los compañeros comunistas fue una decisión valiosa, y que permitió una campaña muy larga con movimiento popular real.

Sumasteis además la movilización popular…

Hicimos concentraciones en plazas públicas, lo que no es tradición en Francia. Ustedes en España lo hacen, pero en Francia nunca. Hubo concentraciones, por ejemplo en París, con 80.000 personas. Se hicieron en Toulouse, en Marsella… También se construyeron frentes temáticos: frente de la salud, frente de la agricultura, de las mujeres… muchos frentes juntaron no solamente  a organizaciones políticas del Frente sino también militantes sindicalistas, de asociaciones, ciudadanos. Ello realmente dio un nivel de masa a esa campaña muy importante, y logramos sacar un 11% de los votos en las elecciones.

La unión de la izquierda ha sido tradicionalmente complicada en España… ¿qué consejos le daría a los partidos de izquierda para que sumen fuerzas?

Primer consejo: no hay imposibles. Es una cuestión de voluntad política. Ahora en el Frente de Izquierda somos 9 grupos políticos, que vienen del socialismo, del comunismo, de la ecología, del republicanismo, del trotskismo y del maoísmo. Pero todos decidimos que había que hacerlo no para nosotros, ni para nuestro grupo político, sino para el pueblo francés. Porque si no somos capaces de ir adelante y salvar nuestras discrepancias significa que no hay alternativa política en nuestro país.

¿Y cómo salváis esas discrepancias?

Tenemos un principio de funcionamiento en el cual no hay voto. Es decir, funcionamos por consenso. O todos estamos de acuerdo, o unos no están de acuerdo pero piensan que a pesar de ello no vale la pena impedir la acción, y si hay uno que de verdad está claramente en desacuerdo no lo hacemos en nombre del Frente. Pero nunca decidimos por un voto entre nosotros, porque eso significaría división. ¡Y funciona! La coordinación del Frente se reúne todos los lunes, realmente somos capaces de estar en todas las movilizaciones y tiene una capacidad de movilización que ninguna otra opción política tiene. Incluso los sindicatos no tienen esa capacidad de movilización que tiene el Frente.

En España la movilización ciudadana comienza a desbordar a la de los sindicatos… ¿Qué papel puede jugar la sociedad civil en la construcción de un frente de izquierda?

El problema es que en Francia no tenemos el mismo nivel de movilización, hay movilizaciones respecto a la vivienda, a la salud, pero no al nivel de marea que tienen ustedes, en eso estamos muy celosos del nivel que tienen en España. Por eso, el objetivo del Frente no es sólo que sea un frente político, sino que sea capaz de pasar a un frente del pueblo para poder construir una movilización para cambiar la correlación de fuerzas en el país.

¿Los partidos tradicionalmente considerados de izquierdas como PSOE, PSF o PASOK… han dejado de serlo?

La realidad es que se volcaron al social liberalismo total. Cuando el presidente francés, François Hollande, va a la reunión del Partido Socialista de Alemania y dice que está totalmente de acuerdo con la política que hizo en su momento el canciller Schröder, que era una política antisocial, al final muestra que ya no está en una línea de izquierdas. Toda la política que hoy día desarrolla en Francia el Gobierno no tiene nada que ver con una política de izquierdas, es la misma política económica y social que hizo el Gobierno de derechas. Incluso respecto a la inmigración no hay diferencia. Hay diferencia respecto al derecho a casarse para todos o a nivel de discurso, no hay un discurso de odio que tenía Sarkozy. La diferencia es a ese nivel, no a nivel de proyecto político.

Ustedes pidieron el voto para Hollande en la segunda vuelta…

Nosotros llamamos a votar por él sabiendo que no se podía esperar mucho. Pero teníamos que sacar a Sarkozy justamente por todo el discurso de odio que hacía. Sabíamos que, porque él lo había anunciado, iba a hacer políticas de austeridad y que íbamos a estar en desacuerdo. Por eso decidimos no entrar en el Gobierno, algo que al principio no era tan evidente para todas las fuerzas del Frente.

¿Y presionar al Gobierno desde fuera?

Los primeros meses había compañeros que decían que debíamos presionar al Gobierno para que hiciese una política de izquierdas. Hoy en día ya nadie dice eso, porque está claro que no es cuestión de presionar, hay que cambiar totalmente las políticas. A nivel del pueblo hay mucha gente decepcionada. Y eso es terrible, porque la gente decepcionada piensa ya que izquierda y derecha es todo lo mismo. Nuestro papel es el de mostrar que los que están en el Gobierno no son izquierda, que nosotros somos la izquierda. Pero para eso hace falta mucho trabajo…

¿Por qué deben combatirse las políticas de austeridad?

La política de austeridad es una obligación impuesta por la Troika a nivel de toda Europa. Ya se ha visto qué ha pasado en Grecia o en España: más austeridad hace aumentar la deuda pública, genera más pobreza… En Francia no estamos al mismo nivel pero vamos directos a la misma celda. Por ejemplo, es la primera vez desde 1949 que bajó el consumo. ¡Nunca había pasado! Estamos siguiendo el mismo camino. Hay que romper con ese tipo de política.

¿Qué alternativa proponen?

Tanto en Grecia como en Francia hubo la misma política de bajar los impuestos a los ricos, a las grandes empresas… Entre el nivel de impuestos a las grandes empresas y grandes fortunas y el nivel real que acaban pagando la diferencia es enorme. Hace falta una lucha por otra repartición de riqueza. Porque en esta crisis, entre comillas, lo que pasa es que los ricos se vuelven cada día más ricos y los pobres más pobres. Hay que romper con eso y hacer una política que sea una política para todo el pueblo. Por ejemplo, en la campaña propusimos que por encima de 360.000 euros de ingresos anuales se le quitase todo. Que el impuesto esté hecho de tal manera que todo lo que se cobre por encima de los 360.000 euros tenga un 100% de impuesto. No puede ser que esta gente gane tanto, después van a especular con ese dinero o tener gastos que son malos para el planeta.

¿Es posible todavía cambiar la relación de fuerzas entre política y economía?

¡Claro! Si hay voluntad política… lo que sucede es que el liberalismo fuerza que sea la economía la que decida, pero en realidad lo que quieren con eso, cuando tratan de convencer al pueblo que no hay otra solución, que es así, que no se puede hacer de otra manera, es esconderse detrás de una supuesta obligación económica para imponer una política claramente liberal y en favor de los ricos.

Habéis hablado de un nuevo proceso constituyente hacia una sexta república. ¿Es posible hacerlo en los países o debe ser a nivel global?

Se puede hacer en cada país. Hay situaciones constitucionales diferentes. Ustedes no tienen República, nosotros tenemos una República poco democrática, cada año menos. No va a ser la misma reforma, por supuesto, pero hay elementos comunes: la laicidad, los derechos de los trabajadores, no solamente derechos sociales sino derechos sobre la empresa, que los trabajadores puedan tener derecho a decidir para qué producir, qué tipo de productos, cómo se producen… Es importante terminar con la producción de productos que no sirven para nada y que perjudican al planeta.

¿Esto encaja en la globalización que impera hoy?

Como Partido de Izquierda tenemos un proyecto ecosocialista, y queremos una Constitución que permita romper con la globalización que hoy día se nos impone en todos los países, y que se desarrolle un proteccionismo solidario. Ello significa que cada país pueda desarrollar su producción y tener relaciones de cooperación con los otros países, y tener intercambios económicos en base a la cooperación y la solidaridad, en lugar de en base a la competencia total como existe hoy en día.

¿Qué papel debería jugar en ese proceso la actualización y profundización de la democracia?

Pues, por ejemplo, nosotros proponemos que en la asamblea constituyente solamente puedan ir aquellos que no sean parlamentarios. El problema es que hoy en día la mayoría del Parlamento son hombres, de más de 50 años, blancos, de categoría socioeconómica superior, y eso no representa al pueblo. Proponemos cambiar totalmente, que los que salgan elegidos no tengan derecho a presentarse de nuevo, y acabar con una cosa muy típica en Francia, ser al mismo tiempo diputado, alcalde… Un mandato único, y acabar con la posibilidad de ser parlamentario y tener ocupaciones y lazos con las empresas privadas y los lobbies. Mucho más control. Hay todo un saneamiento que hacer, porque muchos parlamentarios están demasiado ligados al gran capital. Esa es la realidad.

La Marea

Fuente: http://www.lamarea.com/2013/06/15/si-en-la-izquierda-no-somos-capaces-de-salvar-nuestras-discrepancias-no-hay-alternativa/

¿Hay que pagar la deuda? ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla?

Por Esther Vivas

La deuda es hoy una cuestión central en la agenda social y política. En su nombre se llevan a cabo privatizaciones, recortes, ajustes y, en definitiva, se transfiere el coste de la crisis a la mayor parte de la población. Pero, ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla? A estas preguntas buscan respuesta aquellos que en el seno del movimiento indignado plantean una auditoria ciudadana de la misma.

En la década de los años 80, 90, 2000, vimos el impacto de la deuda externaen los pueblos del Sur, mediante la aplicación sistemática de programas de ajuste estructural y de recortes sociales, que se decían necesarios para hacer frente a su pago. Desde el 2010, con el estallido de la crisis de la deuda soberana, ésta se ha convertido en un tema clave en los países de la Unión Europea, y en especial en los de su periferia donde se condensan las contradicciones de la crisis contemporánea.
La deuda externa ha sido un instrumento de control y dominación de las elites políticas y económicas del Norte respecto al Sur, y un potente mecanismo de transferencia de recursos financieros en sentido inverso. Ahora, la misma lógica centro-periferia de sometimiento vuelve a darse aunque, en este caso, en el seno de Europa y se repite el mantra de que es necesario pagar la deuda y de que para hacerlo es imprescindible aplicar dichas medidas de ajuste.
Pero el repudio de la deuda ha sido una constante a lo largo de la historia. La doctrina de la deuda odiosa, que en derecho internacional se utiliza para repudiar una deuda tomada por un gobierno y utilizada en contra de su pueblo, se ha esgrimido y aplicado para no pagar deudas contraídas a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Desde hace años, organizaciones sociales en los países del Sur impulsan campañas para denunciar la ilegitimidad de la deuda y en consecuencia su no pago. Y las auditorías han sido uno de los principales instrumentos utilizados con este fin. La experiencia más relevante fue la llevada a cabo en Ecuador donde, en 2007, se puso en marcha la Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa, formada por representantes de la administración y de organizaciones sociales ecuatorianas y de otros países, y que culminó, en el 2008, rechazando pagar parte de la deuda al declararla ilegítima.

El proceso de auditoría posibilita investigar porqué las deudas fueron contraídas, para qué sirvieron, a quiénes beneficiaron y sacar a la luz las irregularidades presentes en su contratación, revelar la complicidad de sus acreedores y obtener los fundamentos legales para surepudio. Se trata de un instrumento profundamente pedagógico que permite discutir sobre el funcionamiento del Estado, de la economía de mercado, de las relaciones institucionales e inyectar un rayo de luz en los oscuros pasillos de las bambalinas del poder.
Con la llegada de la crisis de la deuda a Europa, organizaciones y movimientos que en décadas anteriores trabajaron en campañas derepudio de la deuda externa de los países del Sur ahora, y junto al movimiento indignado y occupier, han empezado a promover acciones de denuncia sobre el pago de la deuda y a explicar las implicaciones que ésta tiene en los recortes, las privatizaciones y el aumento de la precariedad.
Con el objetivo de promover un debate público y la participación popular en la toma de decisiones sobre la deuda y romper con el discurso hegemónico de la “inevitabilidad” de su pago, los procesos de auditoría se han convertido en una de sus principales herramientas. Su celebración debería permitir, junto a una gran movilización social, anular la parte ilegítima de la deuda y reducir significativamente el resto. En países como Grecia, Portugal, Francia, Bélgica, Irlanda, Italia y el Estado español están en marcha campañas ciudadanas para auditarla.
De este modo, frente al discurso hegemónico de “salvar a los bancos”, “rescatar a las finanzas”, “pagar la deuda”, empieza emerger otro discurso: el de “salvar a las familias”, “rescatar a los pobres”, “no pagar la deuda”. ¿Cuál es el sentido de inyectar masivamente dinero público a entidades financieras como Bankia sino mantener los privilegios de unos pocos a costa de los derechos y las necesidades de la gran mayoría?. Como bien señala Occupy Wall Street, se sacrifica al 99% para salvar al 1%.
Las verdades absolutas para hacer frente a la crisis empiezan a resquebrajarse. Otra conciencia colectiva emerge desde abajo y empieza por preguntarse: ¿Hay que pagar la deuda? La respuesta es clara. www.ecoportal.net
Esther Vivas, coautora de ‘Planeta Indignado. Ocupando el futuro’. Artículo publicado en El Huffington Post, 14/07/2012. Blog de Esther Vivas en El Huffington Post.

 

Descolonizar la democracia

Social Democracy (Mexico)

 

A pesar del cambio de estatus legal y político que los procesos de descolonización supusieron para las antiguas colonias occidentales, la hegemonía de las formas ideológicas y culturales occidentales no ha sido alterada de manera significativa. Como afirma Ashis Nandy [1]: “Occidente está ahora en todas partes, dentro y fuera de Occidente: en estructuras y mentes”.

En este punto confluyen las corrientes de pensamiento que denuncian la presencia de una ideología neocolonial y occidentecéntrica fundada, en palabras de Boaventura Santos, en una racionalidad “perezosa, que se considera única, exclusiva, y que no se ejercita lo suficiente como para poder mirar la riqueza inagotable del mundo” [2]. Esta razón colonial es concebida esencialmente como una forma de negación, subordinación o eliminación de la diversidad humana, pues equipara diferencia con deficiencia y confunde diversidad con desigualdad. El resultado es una actitud arrogante caracterizada por la falta de reciprocidad en las relaciones humanas. El colonialismo, desde este enfoque, consiste en “todos los trueques, los intercambios, las relaciones, donde una parte más débil es expropiada de su humanidad” [3], corriendo el riesgo de ser tratada como una propiedad u objeto manipulable. Así, donde la razón colonial penetra, se llevan a cabo dinámicas de deshumanización, incluso sin la presencia de administraciones coloniales.

Estas corrientes comparten el reto de contribuir a descolonizar el pensamiento dando voz a las víctimas del colonialismo y otras formas de dominación. Descolonizar el pensamiento significa luchar contra los diferentes sistemas de opresión y dominación que pretenden imponer una sola forma de pensar, de ser y vivir. Es hacer frente al colonialismo (como negación sistemática de la humanidad) y a sus instrumentos de legitimación (económicos, políticos, mediáticos, académicos, etc.) para construir nuevas relaciones de respeto mutuo, igualdad y solidaridad. Es, en síntesis, dignificar la condición humana en sus más diversas expresiones.

La democracia representativa liberal ha sido y es una de las instituciones al servicio del colonialismo occidental. Más allá de su afán universalista, se trata de una forma particular e histórica de democracia que despunta en la Europa que proclama el ideario liberal-burgués del progreso, la razón y la emancipación. Fue la modernidad capitalista y liberal la que, tras siglos de desprestigio, recuperó la democracia en su forma representativa para limitar el poder de la monarquía absoluta, combatir los privilegios de las élites nobiliarias y extender el poder político a la burguesía emergente.

Sin embargo, la democracia representativa no fue concebida originariamente como un instrumento para canalizar las aspiraciones populares de orden económico, social y político. El liberalismo se apropió de la representación política como “estrategia de los ricos para asegurar y mantener su propia posición de dominación socioeconómica por medios políticos” [4]. Desde sus orígenes modernos, la democracia representativa estuvo regida por una matriz cultural occidental, individualista, clasista, racista, patriarcal, homófoba, excluyente, competitiva, consumista, explotadora en el empleo y depredadora del medio ambiente. La democracia representativa formaba parte de un modelo civilizatorio que impuso alrededor del mundo el señorío del moderno sujeto blanco, varón, adulto, heterosexual, propietario de bienes, cristiano y padre de familia. Entre los destinatarios de la democracia no figuraban los asalariados, las mujeres, las personas con discapacidad, los pobres, las personas no blancas ni las minorías étnicas y sexuales, grupos considerados inferiores y, en razón de ello, susceptibles de ser cosificados, explotados y silenciados. Este hecho evidencia el carácter colonial de la democracia liberal y del tipo de relaciones que estableció con una multiplicidad de sujetos a los que despolitizó y deshumanizó.

La dimensión colonial de la democracia liberal permanece todavía en sus conceptos, valores y usos históricos. He aquí algunos ejemplos: 1) la hegemonía política, social y académica de modelos de democracia representativa, elitista y formal creados en Europa y Estados Unidos y presentados al mundo como espejos de democracia en los que mirarse. La autopercepción de Occidente como espejo de democracia oculta la naturalización y globalización de un canon democrático que toma como base la experiencia política de cuatro países occidentales: Francia, Inglaterra, Holanda y Estados Unidos. 2) El descrédito de concepciones y prácticas de democracia que no hablan el lenguaje de la democracia representativa: formas participativas, deliberativas y comunitarias que interpelan directamente a la monocultura de la representación. 3) Las estrategias eufemísticamente llamadas de “promoción internacional” de la democracia liberal (guerras preventivas, misiones de “paz”, etc.), que supeditan los anhelos populares de transformación económica, política y social de los países intervenidos a un modelo de democracia considerado innato y universal y que responde, en la práctica, a los imperativos e intereses de la globalización neoliberal. 4) La presencia renovada en Europa de una Herrenvolk Demokratie (la democracia del pueblo de los señores)Aunque este concepto se introdujo en referencia a determinados regímenes segregacionistas, como el de la Sudáfrica del apartheid, donde minorías blancas se proclamaron señoras de la mayoría negra, permite describir la actual apropiación neoliberal de la democracia representativa. Vivimos en democracias electorales que, a pesar de reconocer formalmente la igualdad jurídica y política de sus ciudadanos, son compatibles con reglas salvajes que aseguran el dominio de élites políticas y económicas neocoloniales. Es la “democracia” de los señores de la globalización y del dinero, cada vez más agresiva, arrogante y excluyente. La democracia se ha convertido en su instrumento de ataque, en un espejo de las antiguas sociedades coloniales reproducidas hoy en el sur de Europa, donde es utilizada para establecer grados de inhumanidad que abarcan más y más gente: parados, pensionistas, funcionarios, familias desahuciadas, enfermos sin urgencias, estudiantes, inmigrantes, estafados por las preferentes, etc.

Nuestra concepción de la democracia y sus prácticas tiene que descolonizarse. Descolonizar la democracia significa desaprender su matriz eurocéntrica centrada en la perspectiva del sujeto masculino, blanco, heterosexual, burgués, alfabetizado y cristiano; denunciar una democracia falsamente representativa que iguala a opresores y oprimidos en las urnas, y cuyos rituales fingen una normalidad que para muchas personas es sinónimo de abandono e injusticia; rechazar la falsa universalidad de una democracia de siervos y señores que camufla las ideas e intereses de la clase, grupo o cultura dominante. También significa romper el espejo colonial en el que la democracia liberal se ve como forma superior de organización política para reivindicar que la democracia no debe construirse únicamente sobre la base de procesos electorales, sino a partir de prácticas que no pueden quedar subsumidas en la democracia representativa, blanca, clasista, elitista, racista y machista globalizada. Las asambleas deliberativas, la rotación de cargos, el mandato imperativo, los referéndums, la iniciativa legislativa popular, el presupuesto participativo y la democracia electrónica, entre otras prácticas, forman parte de la vida secreta de la democracia.

La descolonización de la democracia sólo puede resultar de dos aprendizajes: 1) la humanidad de unos no puede construirse a costa de la inhumanidad de otros. No hay una forma de ser humano más plena y legítima, pues, como afirma Montaigne [5], “cada hombre encierra la forma entera de la condición humana”. La democracia tiene que ser un espejo poliédrico cuyas imágenes reflejen las variadas formas de humanidad vigentes. 2) Hay que promover el diálogo y la complementariedad entre las diversas formas de democracia, reconociendo, con Martha Nussbaum, que “las ideas primigenias de la igualdad, la democracia y los derechos humanos existieron en muchas culturas”, aunque bajo diferentes formas y lenguajes. Sin diálogo entre democracias, la democracia se vuelve un discurso monocorde y su diversidad se pierde.

 

Notas

[1] Nandy, A. (1982), The Intimate Enemy: Loss and Recovery of Self Under Colonialism, Oxford Univesity Press, Delhi, pág. 11.

[2] Santos, B. S. (2006), Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires), CLACSO, Buenos Aires, pág. 20.

[3] Ibid., pág. 50.

[4] Pateman, C. (1985), The Problem of Political Obligation. A Critique of Liberal Theory , University of California Press, Berkeley, pág. 148.

[5] Montaigne, M. (1998), Ensayos III, Cátedra, Madrid, pág. 27.

Antoni Jesús Aguiló es filósofo político e investigador del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coímbra (Portugal).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.