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LA URGENCIA DE RELOCALIZAR LA POLÍTICA

El Pueblo Unido Jamás Será Vencido (album)
El Pueblo Unido Jamás Será Vencido (album) (Photo credit: Wikipedia)

 Jose Luís Manchón – El Faro Crítico

 Vivimos momentos inquietantes en Europa. La tan denunciada puerta giratoria entre lo público y lo privado que comunicaba dos espacios separados, ha sido intercambiada por una cama redonda donde la orgía es permanente. El fruto de esa fusión coincide con el último grado de descomposición en un régimen democrático, la Cleptocracia; institucionalización de la corrupción y sus declinaciones como el nepotismo, el clientelismo político y la malversación sistemática de caudales públicos. Un sistema político trufado de ladrones disfrazados de servidores públicos que ha erosionado radicalmente las bases sobre las que se asienta la DemocraciaRepresentativa y Los Estados del Bienestar.  El sueño de esa izquierda que creyó poder compatibilizar  capitalismo y socialismo se está desmoronando aceleradamente. La sensación general para la mayoría de la población afectada es de absoluto vértigo y desorientación, también miedo. Movimientos como el 15M y otros, nacidos como expresión de la indignación ante estas transformaciones, han hecho un análisis certero sobre cuales son las causas de la actual crisis-estafa y quienes son sus responsables. Lo han denunciado públicamente, sostenidamente en el tiempo y de las más diversas formas, pero ni las manifestaciones masivas, ni los actos de desobediencia civil de la ciudadanía, ni los escándalos de corrupción ya en el interior de los propios órganos del poder han logrado afectar lo más mínimo al guión corruptor y privatizador que representa la agenda neoliberal. Esta lamentable situación ha llevado a la sociedad civil a un estado de shock que roza en muchos casos la desesperación. No encontramos el discurso para sobreponernos a esta sensación generalizada de impotencia y menos, para construir un horizonte de expectativa considerado como viable por la mayoría y que pudiera servirnos como imaginario para empezar a plantear alternativas sólidas que vinculen en la acción política activa a amplios sectores de la población. Ante este aparente fin de la historiaque nos impide articular nuevas racionalidades, vuelve a tomar relevancia la lucha contra el individualismo, contra la atomización y el aislamiento de las personas como primer paso para la necesaria recomposición de estructuras colectivas que fueron quebradas y que son imprescindibles para configurar mundos.

Redes sociales
La Globalización, como esa forma de colonización y homogeneización del pensamiento, ha sido un proceso que se ha expresado como un gran diluidor de cultura.  Ha robado el alma a los pueblos, cuando no los ha aniquilado como formas de vida y lo que ha quedado, el individuo aislado y despotenciado, en soledad, sin referentes comunes y con frágiles bases construidas desde si mismo, se retuerce en el malestar ante la indiferencia de sus contemporáneos. El proceso ideológico de despliegue global del neoliberalismo nos ha llevado a la Nada, y un helador vacío inunda al ciudadano de a pie que huérfano y desvalido, se esfuerza por añadir consumo social a su cesta de la compra. Encontrar enlaces y herramientas en Internet que permitan conectar con los caladeros de relaciones virtuales se ha convertido en una obsesión para muchos. En general, el objetivo que se persigue no es tanto entrar en una colaboración recíproca con los contactados, sino más bien que todo fluya en un único sentido desde una asimetría interesada. Todos dispuestos a recibir, pocos dispuestos a dar. Muchos deseosos de encontrar colectivos que resistan con nosotros ante la injusticia que nos toca, casi nadie queriendo formar parte de esos mismos colectivos cuando ya no se trata de nosotros mismos y nuestras demandas. Redes de asistencia, pero no de apoyo mutuo. Siempre añorando el calor de la comunidad, pero sin disposición a asumir las obligaciones y compromisos que implica la pertenencia real al grupo. Acercándose desde lejos y siempre a punto de irse. Las redes sociales representan claramente este escenario sumamente fluido donde a golpe de click salimos y entramos, apoyamos o rechazamos, nos vinculamos o desvinculamos. Aceleración y vaporosidad.
No todo es negativo. La malla social, casi inexistente en los últimos años, se ha recompuesto de una forma amplia, aunque difusa, a través de las llamadas redes sociales digitales. Hemos vivido recientemente estallidos que han tenido que ver directamente con estas nuevas formas de relación y comunicación. Acontecimientos que han inaugurado nuevas formas de protesta, de convocatoria,  de organización; en definitiva, de hacer política. Ahora tenemos constancia casi a diario de protestas y concentraciones convocadas de forma espontánea, que se materializan súbitamente y con la misma inmediatez, se diluyen. Estructuras organizativas horizontales y rizomáticas, sin dirigentes, sin líderes y deslocalizadas que emergen, crean conexiones, se articulan y posteriormente se debilitan, hibernan o desaparecen con la misma rapidez con las que se crearon.  Un juego del gato y el ratón, que en determinado momento puso muy nervioso y preocupó en extremo al poder, pero que hoy asume con relativa tranquilidad. Representan al fin y al cabo un mal menor, minúsculos cortes a la circulación  capitalista, interrupciones brevísimas en el proceso de privatización del mundo, pequeñas piedras en el camino que son apartadas con la ayuda del silencio cómplice de los grandes medios de comunicación. El momento pide un cambio en la estrategia.
El pueblo en Ruinas
Es habitual escuchar en la protesta callejera lo de “El pueblo unido jamás será vencido”, pero en verdad, el individuo moderno cuando sale a la calle y participa en un acto masivo de protesta, lo que está haciendo en la mayoría de los casos es reivindicar determinadas demandas individuales apoyándose en la multitud. Las manifestaciones y concentraciones son mayoritariamente simulacros que aparentan representar una lucha comunitaria apoyada por miles de personas que se configuran como unidad. Realmente es todo lo contrario, más bien en estos actos concurren miles de demandas individuales aglutinadas en el mismo espacio y tiempo bajo el paraguas de un slogan común. La comprobación exacta sobre este hecho se da casi siempre al final del acto masivo. A cualquier amago de carga policial, cientos e incluso miles de manifestantes protagonizan la estampida y se dispersan con rapidez. La acción política consistente en la permanencia en el espacio ocupado como forma de visibilización de la protesta, en unos instantes se diluye y las calles o la plaza quedan vacías. Ya no existe razón alguna por la cual correr el riesgo de permanecer. Cuando el manifestante moderno corre, todo lo que hay que salvar lo lleva consigo.  Entonces ¿Dónde está el pueblo? Y si no existe ¿Dónde está la unidad de la Clase trabajadora? Y si tampoco existe….
            Reconociendo la precisión del análisis que hizo Marx respecto al  capitalismocomo sistema de explotación, creo que es pertinente poner en cuestión la estrategia adoptada por los actores sociales que han pretendido representar al 99% desde que se enunció el paradigma de Lucha de Clases como motor de la historia. Al identificar alProletariado [1] como sujeto revolucionario internacional, es decir, transversal a las naciones, y a la Humanidad como objeto del cambio, se ha despotenciado desde el abstracto  y de una forma absoluta la capacidad de interponerse al avance de la lógica  capitalista a niveles de menor escala al que planteaba el movimiento obrero. Se hizo una apuesta de máximos y se perdió. Es evidente que el sujeto revolucionario internacional que representa el proletariado para el análisis Marxista, nunca se ha organizado efectivamente como tal y la posibilidad de que lo hiciera  quizás siempre fue escasa. Mientras el esfuerzo de los movimientos sociales más poderosos se ha centrado históricamente en la internacionalización del conflicto y en la búsqueda de soluciones globales aplicables a la Humanidad en su conjunto, el  capital aplicando una lógica relativamente simple, se ha ocupado mientras tanto de hacer desaparecer el suelo desde el cual se intentaban construir las bases de la revolución. Su formidable capacidad corrosiva ha actuado al más bajo nivel, mediando las relaciones y transformando las diversas formas de vida en una única y homogénea existencia zombi. Un proceso que no ha dejado de potenciarse paralelamente a la extensión geográfica del dominio  capitalista y la intensificación de su modo de explotación en cada lugar. Hoy comprobamos que el éxito del neoliberalismo es aplastante y nos emplaza a todos. Quedan muy pocos afueras en un mundo ya casi privatizado en su totalidad. Tampoco es posible la indiferencia ante el insoportable orden actual, ya que la mayoría formamos parte de este particular banquete caníbal.
Repueblar
Pueblo es una palabra polémica y con muchos significados diferentes. Cargada de connotaciones cuando comprobamos en la historia que ha sido un término instrumentalizado en demasiadas ocasiones por el poder para en su nombre legitimar la barbarie. Aún así, no podemos renunciar a su uso cuando lo que estamos persiguiendo es un empoderamiento popular suficiente que permita el resurgir de la democracia en su sentido más original. Aquel que reivindica precisamente el gobierno desde el pueblo ypara el pueblo.
Pueblar significa la ocupación colectiva de un espacio-tiempo no de cualquier manera, sino estableciendo relaciones fuertes y no mediadas entre las personas. Estas relaciones tienen la capacidad  de transformar el ámbito en que se dan y convertirlo en unlugar histórico y relacional. Conjuntos de relaciones que por si mismas tienden a crear nuevas formas de vida colectivas por consenso. Es el momento ontológico anterior necesario para que pueda articularse una comunidad; una unión vital y orgánica que está destinada a  configurarse como ente político.
Despueblar es abandonar el pueblo. Si pueblar es el establecimiento no mediado del sentimiento de pertenencia al grupo, definimos la acción de despueblar como la desafección respecto a lo que significa esa misma pertenencia. Para que esta acción se realice no es necesario dejar atrás el espacio. El  capitalismo ha conseguido despueblarsin movimiento físico los pueblos y como consecuencia hemos asistido a un proceso silencioso pero extremadamente violento, en el que hemos pasado de pueblos apoblaciones. Es muy importante entender esta diferencia. Si el pueblo tiende siempre a configurarse como comunidad política organizada, la población es radicalmente lo contrario. Una colección de individuos que se encuentran en un determinado ámbito de proximidad, pero a la vez, en la lejanía del desconocimiento mutuo. Están separados, no existe unidad. La desconfianza es la forma general de relación, las puertas de las casas se cierran con doble llave y la guerra civil permanente entre todos sus miembros, condenados a la competencia mercantil, los aísla. La figura del  francotirador simboliza exactamente la aptitud. Siempre escondiéndose, pero siempre al acecho. Es el fenómeno de la insociable sociabilidad del individuo capitalista, que considera acto hostil cualquier contacto o intromisión no programado por él mismo sobre su vida espectral. Siempre ocupado en la continúa rectificación de su propio clinamen. Es la soledad máximamente acompañada que se da en los centros y las periferias de las grandes ciudades. Este proceso de desafección, al que incita constantemente la publicidad de masas, ha conseguido disolver casi todos los escenarios culturales-comunitarios del planeta. Se han secuestrado los deseos colectivos, vaciado de contenidos las formas de vida anteriores y las que han sobrevivido, han sido declaradas  obsoletas o exóticas. Alguien quedespuebla se desintegra y se convierte instantáneamente en un Poblador, en un átomo asocial. Como no puede ser de otra manera, en su horizonte mental de futuro a corto plazo lo único que aparece es un proyecto individual de consumo. Los pobladoresfuncionan como individuos aislados que intentan hacer valer sus deseos. En último extremo, los habitantes de las poblaciones no se relacionan, ni se saludan cuando se cruzan por las escaleras, las calles o comparten ascensor, como pasa en las macro-urbes y sus periferias. Simulacro de vida en común, hostilidad encubierta por pacto de no agresión. La población es el germen perfecto para la deslocalización. A la mínima, hacen las maletas y se van sin dejar nada atrás.  La población desde un punto de vista social esla Nada.
Repueblar es un acto revolucionario y quizás el reto político más importante al que se enfrenta los movimientos sociales actualmente, ya que consiste en volver a integrar al poblador aislado en el pueblo. Las asambleas de los barrios y pueblos, las asociaciones de vecinos, las plataformas ciudadanas, las mareas y otras muchas organizaciones sociales con espíritu crítico y transformador saben que la solución política a los problemas no pasa por abandonar el lugar, sino por agrandarlo y enriquecerlo incorporando a más personas concienciadas en la lucha por el bien común. La fuga no es una opción aceptable porque implica la negación a implicarse en la solución del problema. También el exilio, la desintegración y la exposición máxima a la rapiña de los que se van y de los que se quedan. No es momento de buscar soluciones individuales. Es momento de meter codos entre todos para evitar la asfixia a la que nos pretende someter el actual régimen y que toma su forma pura en su dimensión económica. Un régimen transversal a los estados y cuyo nombre no es otro que  capital.
Reducir la actividad de explotación capitalista a los márgenes, a los intersticios para posteriormente promover su desaparición, es el objetivo. Paradójicamente, para conseguirlo, la lucha anticapitalista tiene que salir del tablero de juego clásico. La recomposición de una clase obrera internacional como sujeto político revolucionario es casi imposible. El trabajador asalariado, ese “privilegiado” que aún tiene fuerza de trabajo atractiva para el mercado; desclasado, aislado y temeroso, está atrapado. En general es estéril políticamente por dos razones principalmente; por su impotencia para enfrentarse en su soledad a la explotación a la que está sometido en su centro de trabajo en un momento donde los aparatos de protección de los derechos laborales viven sus horas más bajas. También por el miedo paralizante ante una situación donde la pérdida del empleo implica intercambiar la autonomía económica por la dependencia precaria, y en último extremo, por la indigencia. Ha interiorizado la lógica del esclavo y asume la explotación como fatalidad. Reemplazar el sujeto político que centra la actividad de resistencia ante este sistema injusto desde la supuesta “Clase Internacional de trabajadores” a la localidad de cada uno de los pueblos es primordial. Nos convoca a todos a resolver la ecuación desde lo cotidiano, desde lo local donde la acción política y la presión se pueden ejercer en todo momento. Implica un giro estratégico que registra la impotencia del proletariado como sujeto político revolucionario y la emergencia delprecariado como reemplazo.  Un sector cada vez más amplio que se nutre en su origen de distintas clases sociales. El desahuciado, el timado por el sistema financiero, el parado de larga duración, el pequeño comerciante quebrado, el enfermo no rentable, el trabajador no remunerado, el joven sin futuro, el inmigrante marginado, el dependiente abandonado, el estudiante que no tiene dinero para seguir estudiando, el campesino sin tierras, el jubilado sin recursos. Todos aquellos que están sometidos a algún tipo de muerte civil, todos aquellos a los que el sistema les propone una existencia marchita, son los llamados ahora a cambiar las reglas del juego. Son revolucionarios en si mismos porque les va la vida en ello. Es el momento, en consecuencia, del desposeído que tiene todo por ganar porque le han quitado todo y ya no tiene nada que perder. Necesitan organizarse y cada vez son más. Tejer redes alternativas de apoyo mutuo es para ellos una necesidad vital. Espacios donde haya una inversión total de los valores que les rescate a ellos, y no a los bancos. Configurarse como pueblos es abrir la posibilidad colectiva para construir y proponer directamente nuevas y diversas formas de vida. También para dar sentido a cualquier acción política más allá del ombligo de cada uno.  Redes de colectivos autónomos, diferentes, solidarios y articulados entre si, que se conformen como alternativa al mundo capitalista y sean impermeables a su actividad corrosiva.  Unidos por la diferencia en un continuo donde cada diferencia no es individual, sino colectiva.
Aunque lentamente, ya se están tejiendo estas redes y serán el fermento de un mundo nuevo. También de nuevas formas de lucha mucho menos líquidas. La explicación es relativamente fácil de entender. El  capitalismo está en un momento donde su propia lógica y desarrollo le ha llevado a generar un ejército de reserva en forma de desempleados, formidable y quizás muy por encima de lo deseable para los propios intereses del sistema, que ha hecho coincidir además con el desmantelamiento en Europa de los “Estados del Bienestar” creando un desequilibrio tan brutal, tan acelerado y en tan poco tiempo que ante las grandes cifras de desempleo y la certeza de la falta de perspectivas, son amplios sectores del citado ejército los que van abandonando subjetivamente sus filas de una forma negativa, al perder la esperanza de volver a insertarse en el mundo laboral convencional, y también de una forma positiva de tipo propositivo, ya que al retirar su confianza de las soluciones laborales convencionales, casi sin darse cuenta empiezan a depositar sus esperanzas en alternativas que les obligan a cambiar la mirada y les transforman. Por primera vez salen del individualismo que les permitía su anterior modo de vida asociado al consumo y miran a su alrededor buscando la complicidad.  Comienzan a reconocerse como parte de la solución y señalan certeramente donde está el problema. La participación directa en procesos de lucha legítimos por el derecho a su propia existencia, les moviliza y les aglutina, les hacepueblo.
Volver a convertir las poblaciones en pueblo es imprescindible y el reconocimiento mutuo en la proximidad es el primer paso. Es preciso desvirtualizar en la medida de lo posible las relaciones tejidas en las redes sociales, para que tengan su reflejo real en los barrios y ciudades a través de relaciones de vecindad, que comprometan y sean tendenciosas en su constitución como poder político que de lugar a comunidades vivas y conscientes. Comunidad es un concepto colectivo que evoca goce, amistad, solidaridad, trato directo, cohesión interna entre los integrantes, política en el ágora, disfrute de bienes comunes, trabajo colectivo, apoyo mutuo y auto-organización. También protección y defensa de lo común en la medida en que la comunidad se articula como unidad indivisible, como Bloque. Es deseable esto último en momentos donde lo común, lo público, se encuentra amenazado. La posibilidad de construir verdaderos espacios no estorbados de experimentación de nuevas formas de vida es crucial en un momento claro de fin de ciclo histórico.
La ciudadanía está rompiendo legítimamente el Contrato Social que mantenía con este Estado y busca consensos en la comuna para abrir una nueva etapa. A las élites que se benefician del actual sistema político, cada vez les cuesta más que la pose del Estado como ente paternal donde bajo su dominación se da la división equitativa de la riqueza y la justicia se adecue con la realidad que viven millones de personas al borde de la miseria y la exclusión social. Protector de la propiedad que ellos no poseen, garante de la sistematización de la explotación laboral, colaborador diligente con las élites financieras responsables de la crisis,  expoliador de los recursos comunes, la acción delEstado en su conjunto sacrifica y perjudica al pueblo y el pueblo empieza a verse borroso en el espejo del Estado.
El sur de Europa se ha convertido en un formidable laboratorio social. ¡Toma parte!


 

[1] Proletario es el que está obligado a vender su propia fuerza de trabajo y la sus hijos (prole) para sobrevivir.
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Si piensas mucho, rindes menos.

¿Por qué, en determinadas circunstancias, el exceso de concentración mental o prestar demasiada atención a algo, puede impedir el buen rendimiento? Un reciente estudio de la Universidad de California de Santa Bárbara (UCSB), reveló parte de la respuesta.

Hay dos tipos de memoria: la implícita, una forma de memoria a largo plazo que no requiere pensamiento consciente y se expresa por medios distintos a las palabras; y la explícita, otro tipo de memoria a largo plazo formada conscientemente y que se puede describir con palabras. Los científicos consideran que estas áreas tienen distintas funciones, tanto conductuales como cerebrales.

La memoria a largo plazo trabaja con el apoyo de diversas regiones de la corteza prefrontal, la parte más nueva del cerebro en términos de evolución y la parte del cerebro responsable de la planificación, la función ejecutiva y la memoria de trabajo.

Mucha gente piensa que la razón por la que somos humanos es porque tenemos la corteza prefrontal más avanzada”, dijo el autor principal del estudio, Taraz Lee, investigador postdoctoral en el laboratorio de la UCSB.

Dos estudios cerebrales previos han demostrado que trabajar la memoria explícita mejora la memoria de reconocimiento, y es un acto inconsciente. Los resultados sugieren que la memoria implícita perceptual puede ayudar al rendimiento en las pruebas de reconocimiento. Lee y sus colegas decidieron probar si los efectos de los procesos de control de atención, asociados con la memoria explícita, podrían interferir directamente en la memoria implícita.

Lee utilizó estimulación magnética transcraneal es un grupo de participantes para interrumpir temporalmente las funciones de su corteza prefrontal, específicamente del dorsolateral y ventrolateral. Las regiones dorsal y ventral están cerca una de la otra pero tienen funciones ligeramente diferentes.

La interrupción de la función en dos áreas afecta el procesamiento de memoria explícita, que controla los recursos sensoriales (en este caso, el procesamiento de la información visual) y al hacerlo, perjudica indirectamente los procesos de la memoria implícita.

A los participantes se les mostró una serie de imágenes caleidoscópicas durante un minuto, luego se les dio una pausa y posteriormente se les aplicaron pruebas de memoria que contenían dos imágenes caleidoscópicas diferentes. Luego se les pidió que distinguieran las imágenes que habían visto previamente.

Después de que nos dieron la respuesta, le preguntamos si recordaban los detalles, si tenían una vaga impresión, o si estaban adivinando a ciegas. Y los participantes sólo tuvieron mejores resultados cuando dijeron que estaban adivinando”, señaló Lee.

Estos resultados arrojan una posible explicación sobre por qué prestar atención puede ser una distracción y afecta los resultados en el rendimiento.

Los próximos estudios en el Laboratorio de Acción de la UCSB se centrarán en el rendimiento bajo presión. El trabajo de Lee usará escáneres cerebrales para examinar por qué las personas sucumben cuando están bajo mucha presión; así como la forma en la que la corteza prefrontal y los procesos de atención interfieren con el rendimiento.

Creo que la mayoría de los investigadores que estudian la función de la corteza prefrontal están tratando de averiguar cómo funciona el cerebro y así ayudarnos a entender nuestro comportamiento. Yo creo que si averiguamos la forma en la que esta parte del cerebro nos afecta, entonces conoceremos mejor cómo funciona el cerebro y esto nos puede dar algunas pistas sobre lo que realmente está pasando”, concluyó Lee.

 

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Para las grandes mayorías:La “austeridad” económica se está administrando de forma parecida a una tortura.

Sunset -  Las Vegas
Sunset – Las Vegas (Photo credit: Marionzetta)

 

                                        Las raíces intelectuales de la austeridad

Iván H. Ayala, EconoNuestra

Hypolitus de Marsiliis fue un estudioso del derecho del siglo XVI reputado entre otras cosas por inventar algunos métodos conocidos de tortura. Uno de ellos consistía en dejar caer pequeñas gotas de agua en la frente de la víctima durante un periodo que podía durar varios días. Este método era inofensivo físicamente, pero insoportable psicológicamente, pues el goteo continuo impedía dormir. Además a los torturados se les privaba de comida y bebida de forma que, aunque instintivamente trataban de alcanzar la siguiente gota con su boca, indefectiblemente fracasaban, lo que les hacía perder la cabeza en pocos días y posteriormente morir de paro cardiaco.

La “austeridad” económica se está administrando de forma parecida a esta tortura. Las gotas en este caso son los continuos discursos que van cayendo uno tras otro, siempre con el mismo mensaje, en un murmullo de letanías incesante. “No hay alternativas, esta es la única opción, hay que apretarse el cinturón…” Las clases dirigentes, los gobiernos, los “expertos” y los rehenes financieros que son hoy los medios de comunicación, hacen que tengamos una opinión pública secuestrada.

La austeridad tiene unas raíces intelectuales que se remontan al nacimiento del liberalismo económico, en el siglo XVII, cien años después de que los reyes franceses adoptaran la tortura de Hypolitus de Marsilis para luchar contra brujas y herejes. El liberalismo económico surge en defensa de los mercaderes y contra el estado de ese momento, es decir contra el poder encarnado en la monarquía. No es de extrañar por tanto que el liberalismo sacralice el mercado, caracterice al estado únicamente como defensor del mismo y además se niegue de manera radical a financiarlo. No obstante, merece la pena recordar a Polanyi cuando dice que el mercado no tiene nada de natural. Transformar a las personas en trabajadores asalariados, asegurar la propiedad privada de la tierra o inventar el capital y preservar su forma monetaria son proyectos políticos que necesitan de una justicia, regulación, implementación, burocracia… Es un extenso proyecto político de los mercaderes para controlar el aparato estatal.

Uno de los primeros teóricos del liberalismo fue John Locke, cuyos escritos fueron propaganda para la nueva clase social emergente a la que pertenecía, los mercaderes, en detrimento de una decadente aristocracia. Aparece con él la tensión entre, por un lado, la necesidad de tener un estado que reprima los estallidos sociales que se derivaban de la desigualdad inherente a la propiedad privada y por otro, el rechazo a financiar esa estructura estatal mediante impuestos. Fundamentó el concepto del derecho a la propiedad privada individual, sin el que hoy no conoceríamos el liberalismo económico. Para Locke la propiedad residía en cada uno de nosotros, concretamente, en la capacidad de trabajo. Modificar el estado natural de las cosas, por ejemplo trabajando la tierra, hace que esos frutos sean de nuestra propiedad. Igualmente, dado que los criados eran propiedad del amo, los frutos de su trabajo también les pertenecía. Hay que tener en cuenta que cuando John Locke imagina el aparato del estado, lo hace imaginando los detentores del poder en ese momento, la monarquía, en contraposición a los mercaderes. De esta forma defiende el derecho a la rebelión de lo que él considera pueblo (mercaderes) contra los gobernantes (reyes) cuando éstos imponen gravámenes injustos y excesivos. Esta dicotomía dura hasta nuestros días, mientras que el estado debe únicamente mantener una estructura para proteger la propiedad privada de aquellos que no la tienen, éste no puede extraer excesivamente recursos de sus súbditos. La austeridad como principio acababa de nacer.

Posteriormente a Locke, otro de los intelectuales que apuntalaron esta concepción fue David Hume. Este prolífico autor generó ideas en diversos campos del pensamiento, entre los que se encuentra la economía política. Su influencia hoy llega hasta el punto de que su teoría del dinero es la que se utiliza en los más modernos modelos económicos de equilibrio general. Hume era enormemente receloso respecto a la deuda pública. Para él, su emisión no tenía límites (hasta ciertos niveles de interés) y además los costes estaban en cierta medida escondidos al repartirse en varias generaciones. Según Hume estas características hacían que todos los gobiernos fuesen proclives a abusar de la deuda pública, de forma que tendrían que ofrecer unos tipos de interés superiores a los vigentes en el mercado, detrayendo recursos de la economía productiva. Este es el famoso crowding-out, un efecto muy conocido en la macroeconomía moderna. Por si esto fuera poco, Hume razonaba que cuando la emisión de deuda fuera demasiado elevada, se tendría también que vender en el extranjero haciendo que otros países poseyeran una parte creciente de los fondos nacionales. Todo esto nos resulta inquietantemente familiar porque los discursos de los recortes, que ellos mal llaman “austeridad”, con los que se tortura a los pueblos europeos periféricos hoy en día, son pobres réplicas del pensamiento de Hume, pero réplicas al fin y al cabo.

Mark Blyth, autor del libro “Austerity. The history of a dangerous idea”, propone como tercer fundamento de la austeridad a Adam Smith, un filósofo escocés (como Hume) considerado como el fundador de la Economía (Política). Para Smith, la parsimonia o frugalidad natural de los escoceses era la clave del crecimiento económico. De los beneficios de los mercaderes, se ahorraba una parte, y esos ahorros eran los que se prestaban revirtiéndolos otra vez a la economía productiva a través de la inversión alentando el crecimiento. Cuanto más se ahorre, más se invierte y por tanto más austeridad implica más crecimiento. Son las raíces psicológicas de aquellos que ahorran frente a los más pródigos las que permiten a las naciones incrementar su riqueza. Como el ahorro es automáticamente igual a la inversión, la deuda no juega un papel importante en este proceso. El fundador de la economía, Adam Smith, en el libro que es considerado como el primero de la ciencia económica y del capitalismo, “La riqueza de las naciones”, que “Allí donde hay gran propiedad, hay gran desigualdad. Por cada hombre rico, tienen que existir por lo menos quinientos pobres, y la opulencia de unos pocos supone la indigencia de muchos” (p. 580 , “Whenever…”), de forma que el estado en la medida en que se constituye para “asegurar la propiedad, en realidad, se constituye para la defensa de los ricos contra los pobres, o para defender a aquellos que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna” (p. 584 , “Civil government…”). Esta honestidad intelectual se echa en falta en los voceros de los recortes, ya que hoy en día de manera mentirosa e interesada se proponen en aras de la “mayoría” de la población, algo intelectualmente aberrante y socialmente cobarde.

Los discursos de estos tres pensadores fundadores del capitalismo, son los que hoy fundamentan las curas de parsimonia y ahorro a las que se somete a la periferia europea. ¿No son estos argumentos los que santifican el superávit alemán y demonizan el déficit de la periferia? ¿Acaso no tiene el mismo sustrato ideológico decir que los países del sur han “vivido por encima de sus posibilidades”? Lo que no se dice es que esta concepción política y económica de la sociedad, defendía a una clase social concreta en contra de las demás y que, por otro lado, para esa defensa se necesita generar desigualdad y pobreza. Smith defendía el estado mínimo para evitar la quiebra y el default, un estado que se ocupase de infraestructuras, defensa y justicia nada más. Pero sabía qué implicaban sus afirmaciones y cuáles eran las consecuencias sociales que se asumían.

Hace dos años, en 2010, dos de los economistas más influyentes publicaron un trabajo académico donde investigaban la relación entre crecimiento y endeudamiento. El trabajo sostenía que una relación deuda pública/pib por encima del 90% implicaba un crecimiento negativo, es decir, era necesaria la austeridad para contener el crecimiento de la deuda, una conclusión asombrosamente parecida a las de Locke, Hume y Smith. En otras palabras, las conclusiones de dicha publicación académica no eran de dicha publicación académica, sino que eran las premisas de las que intelectualmente parte la clase social dominante: son necesarias curas de recortes masivas. Como es de imaginar este trabajo tuvo un impacto institucional importante, tal y como apuntan sus autores en su propio blog, pues ha sido utilizado política e intelectualmente para apoyar las tesis conservadoras de la “austeridad”. “Austeridad” que por otro lado poco tiene que ver con la defendida por los clásicos mencionados, pues hay una excesiva abundancia cuando de salvar a los bancos se trata.

Rogoff y Reinhart son profesores en una de las más reconocidas universidades privadas de EEUU, Harvard. Pero he aquí que otra universidad estadounidense, pública y conocida por tener uno de los departamentos de economía heterodoxa más importantes de los últimos 40 años, publica un trabajo de un alumno, Thomas Herndon, junto con dos profesores donde se mostraba que los dos influyentes economistas, habían cometido flagrantes errores de aritmética básica. Los errores, curiosa o interesadamente, permitían sostener la tesis de la “austeridad”, mientras que los resultados con esos errores corregidos publicados por Herndon, concluían exactamente lo contrario. Sin embargo, a pesar de haber recibido incluso mayor atención mediática que el trabajo de los dos eminentes economistas conservadores, apenas ha tenido y va a tener una repercusión institucional. Esta asimetría es paradigmática de la relación de fuerzas que sostienen a una y otra corriente, y refleja que los mercaderes todavía detentan el poder aunque no quieran decir que son mercaderes y que detentan el poder.

“Legitima si puedes, ejerce la coerción si es necesario, y acomódate si no tienes opción”, esta frase atribuida a Jurgen Habermas parece ser un código no escrito de las oligarquías. Por ahora vamos por la segunda opción, es decir, nos están aplicando la tortura de Hypolitus de Marsiliis en una lenta agonía que conjuga recortes a escala masiva e inyecciones de liquidez a la banca llamados rescates. La calle tiene la clave de que se pueda revertir la situación.
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Ver: ¿Cuánto desempleo provocaron Reinhart y Rogoff por su manipulación matemática?