Archivo de la etiqueta: Estados Unidos

Un movimiento genuino por el cambio social

Por: Noam Chomsky
noam-chomskyEs un lingüista, filósofo, activista, autor y analista político estadounidense. Intelectual emblemático de la izquierda mundial.

La guerra es la salud del Estado, escribió el crítico social Randolph Bourne en un ensayo clásico cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial:

Automáticamente pone en movimiento en toda la sociedad esas fuerzas irresistibles de uniformidad, de cooperación apasionada con el gobierno para forzar a la obediencia a grupos minoritarios e individuos que carecen del sentimiento de rebaño… Otros valores, como la creación artística, el conocimiento, la razón, la belleza, la mejoría de vida, son sacrificados de inmediato y casi en forma unánime, y las clases significativas que se han constituido en agentes aficionadas del Estado se dedican no sólo a sacrificar esos valores para sí mismas, sino a obligar a otras personas a sacrificarlos.

Y al servicio de las clases significativas de la sociedad estaban los intelectuales, adiestrados en la dispensa pragmática (exención del deber religioso de no matar), inmensamente listos para la ordenación ejecutiva de los acontecimientos, dolorosamente impreparados para la interpretación intelectual o el enfoque idealista de los fines.

Están alineados al servicio de la técnica de guerra. Parece haber una particular afinidad entre la guerra y esos hombres. Es como si hubieran estado esperándose mutuamente.

El papel de los intelectuales tecnocráticos en la toma de decisiones es predominante en aquellas partes de la economía que están al servicio de la técnica de guerra y vinculadas de cerca con el gobierno, que apuntala su seguridad y crecimiento.

Poco es de extrañar, pues, que los intelectuales tecnócratas estén típicamente comprometidos con lo que el sociólogo Barrington Moore llamó en 1968 la solución depredadora de la reforma simbólica en el interior y el imperialismo contrarrevolucionario en el exterior.

Moore ofrece el siguiente resumen de la voz predominante de Estados Unidos en el interior y el exterior, una ideología que expresa las necesidades de la élite socioeconómica del país, que es postulada con diversos grados de sutileza por muchos intelectuales estadunidenses y que gana adhesión sustancial de la mayoría que ha obtenido alguna participación en la sociedad acaudalada:

“Uno puede protestar con palabras todo lo que quiera. Sólo hay una condición inherente a la libertad que nos gustaría mucho alentar: las protestas pueden ser tan estentóreas como sea posible, siempre y cuando permanezcan inefectivas… A quien recurra a la fuerza, de ser necesario, lo borraremos de la faz de la tierra mediante la respuesta mesurada que hace llover fuego de los cielos.”

Una sociedad en la que esta es la voz predominante sólo puede mantenerse mediante alguna forma de movilización nacional, la cual puede variar en extensión desde, como mínimo, una asignación de recursos sustanciales hasta una amenaza creíble de fuerza y violencia.

Dadas las realidades de la política internacional, este compromiso sólo puede mantenerse en Estados Unidos mediante alguna forma de sicosis nacional: una guerra contra un enemigo que aparece con muchos disfraces: burócrata del Kremlin, campesino asiático, estudiante latinoamericano y, sin duda, guerrilla urbana dentro del país.

Tradicionalmente, el intelectual ha quedado atrapado entre las demandas en conflicto de la verdad y el poder. Le gustaría verse como el hombre que busca discernir la verdad, decir la verdad como la ve, actuar –colectivamente donde pueda, individualmente donde deba– para oponerse a la injusticia y la opresión, para contribuir a dar forma a un mejor orden social.

Si elige este camino, puede esperar ser una criatura solitaria, despreciada o injuriada. Si, por el contrario, pone sus talentos al servicio del poder, puede lograr prestigio y riqueza.

También puede tener éxito en persuadirse –tal vez con justicia, en un momento dado– de que puede humanizar el ejercicio del poder de las clases significativas. Quizás espere unirse a ellas o incluso remplazarlas en la función de manejo social, en interés final de la eficiencia y la libertad.

El intelectual que aspira a este papel puede valerse de la retórica del socialismo revolucionario o de la ingeniería social del Estado de bienestar al perseguir su visión de una meritocracia en la que el conocimiento y la capacidad técnica confieran poder.

Puede representarse a sí mismo como parte de una vanguardia revolucionaria que abre el camino hacia una nueva sociedad, o como un técnico experto que aplica tecnología gradual al manejo de una sociedad que puede atender sus problemas sin cambios fundamentales.

Para algunos, la elección puede depender de poco más que una evaluación de la capacidad relativa de las fuerzas sociales en competencia. No resulta sorprendente, pues, que con mucha frecuencia los papeles cambien: el estudiante radical se vuelve el experto en contrainsurgencia.

En cualquier caso, es necesario ver sus afirmaciones con recelo: propone la ideología convenenciera de una élite meritocrática que, según la frase de Karl Marx (aplicada en este caso a la burguesía), define las condiciones especiales de su emancipación (como) las únicas condiciones generales por las que la sociedad moderna puede ser salvada.

El papel de los intelectuales y los activistas radicales, pues, debe ser sopesar y evaluar, intentar persuadir, organizar, pero no capturar el poder y gobernar. En 1904, Rosa Luxemburgo escribió: Históricamente, los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son infinitamente más fructíferos que la infalibilidad del comité central más brillante.

Estas observaciones son una guía útil para el intelectual radical. También brindan un refrescante antídoto al dogmatismo tan típico del discurso de la izquierda, con sus áridas certidumbres y su fervor religioso con respecto a asuntos que apenas si se entienden: el autodestructivo equivalente en la izquierda a la petulante superficialidad de los defensores del statu quo, incapaces de percibir sus propios compromisos ideológicos más de lo que un pez percibe que nada en el mar.

Siempre se ha dado por sentado entre los pensadores radicales, y con justa razón, que la acción política efectiva que amenaza intereses sociales arraigados conducirá a la confrontación y la represión. Es, por consiguiente, un signo de bancarrota intelectual para la izquierda buscar construir confrontaciones; es una clara indicación de que los esfuerzos por organizar una acción social significativa han fallado.

Particularmente objetable es la idea de diseñar confrontaciones con el fin de manipular a los participantes inconscientes para que acepten un punto de vista que no surge de una experiencia significativa, de un entendimiento real. No es sólo un testimonio de irrelevancia política, sino también, precisamente porque es manipulador y coercitivo, una táctica propia sólo de un movimiento que apunta a mantener una forma elitista y autoritaria de organización.

Las oportunidades de los intelectuales de tomar parte en un movimiento genuino de cambio social son muchas y variadas, y creo que ciertos principios generales son claros. Los intelectuales deben estar dispuestos a encarar los hechos y abstenerse de erigir fantasías convenientes.

Deben estar dispuestos a emprender el arduo y serio trabajo intelectual requerido para hacer una aportación real al entendimiento. Deben evitar la tentación de unirse a una élite represiva, y deben ayudar a crear las políticas de masas que contrarresten –y en última instancia controlen y remplacen– las fuertes tendencias a la centralización y al autoritarismo que están profundamente arraigadas, pero no son inescapables.

Deben estar preparados a enfrentar la represión y a actuar en defensa de los valores que postulan. En una sociedad industrial avanzada existen muchas posibilidades para la participación popular activa en el control de las grandes instituciones y la reconstrucción de la vida social.

Hasta cierto punto, podemos crear el futuro en vez de limitarnos a observar el flujo de los acontecimientos. Dado lo que está en juego, sería criminal dejar que las verdaderas oportunidades pasen inexploradas.

* Este artículo está adaptado del ensayo Conocimiento y poder: los intelectuales y el Estado de bienestar-guerra, que apareció en el libro de 1970 La nueva izquierda, editado por Priscilla Long. El ensayo está reimpreso en Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013, por Noam Chomsky.

** El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos mundiales y los nuevos desafíos al imperio de EU: entrevistas con David Barsamian. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.

© 2014 Noam Chomsky

Distributed by The New York Times Syndicate

(Traducción para La Jornada de Jorge Anaya)

El Foro de Sao Paulo y la actual arremetida yanqui contra nuestra América (II)

10456030_746038562109525_797235272955033638_n
 
Por: Angel Guerra Cabrera

El arrasamiento de la Venezuela bolivariana y chavista constituye el objetivo central de la contraofensiva yanqui contra los gobiernos antineoliberales latino-caribeños. El derrocamiento del presidente Maduro exigiría el desencadenamiento de un gigantesco baño de sangre contra el pueblo que no se va a dejar arrebatar las conquistas sociales, económicas, educacionales y culturales logradas en los últimos 15 años.

De allí que en Venezuela se esté aplicando cabalmente la llamada guerra de cuarta generación desarrollada por el Pentágono en los últimos años. Ella incluye una feroz campaña antivenezolana del conglomerado imperial mediático -sin precedente por su intensidad- una guerra económica sin tregua y el uso de tácticas de terrorismo urbano a través de las llamadas guarimbas cada vez que las condiciones lo permiten.

La capacidad de contragolpe del chavismo, unida a la enérgica acción del gobierno y sus instituciones en la aplicación de la ley, así como el patriotismo, disciplina y lealtad a la Constitución de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana derrotaron la intentona golpista, cuyos activistas se reducían a una parte exigua de la población y de los estudiantes en menos de una decena de municipios.

En contraste, la imagen que ofrecían los medios imperialistas era el de una guerra civil en la totalidad del país. Por otra parte, pese al desabastecimiento y la inflación es muy remota la posibilidad de una victoria contrarrevolucionaria en elecciones presidenciales dado el desprestigio de la oposición y sus interminables guerras internas, aunque ello dependerá también del éxito del chavismo en la derrota de la guerra económica.

Pero es tanta la importancia política del bastión revolucionario bolivariano para la unidad, la integración y la trasformación social latino-caribeña, así como la codicia del imperialismo yanqui sobre sus gigantescas reservas de petróleo, que por ello no cejará –junto a la contrarrevolución- en su intento de derrocarlo por la fuerza. Insisto, eso es lo que hace tan importante una sistemática solidaridad con Venezuela.

En los últimos 15 años las fuerzas populares integradas en el Foro de Sao Paulo no han podido ser desalojadas del poder por vía electoral en ningún país de América Latina. Solo en Honduras y Paraguay pudieron lograrlo acudiendo al golpe de Estado.

Recientemente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador ganó de nuevo la presidencia con su abanderado, el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén. En Costa Rica y Honduras las fuerzas antineoliberales consiguieron una inédita representación parlamentaria. En el caso de Honduras pese a los constantes asesinatos de opositores y periodistas. En Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional ha consolidado notoriamente el apoyo popular con sus políticas sociales.

En octubre habrá elecciones presidenciales en Bolivia, Uruguay y Brasil. Sin embargo, mientras la clara y contundente victoria de Evo Morales en el primer país está fuera de duda, no ocurre lo mismo en Uruguay, donde las encuestas no permiten augurar una victoria segura del Frente Amplio en segunda vuelta.

Pero mucho más preocupante es el escenario creado con la inesperada candidatura de Marina da Silva en Brasil, pues según los sondeos si las elecciones se celebraran hoy impediría que Dilma Rousseff se impusiera en primera vuelta y en la segunda le ganaría a la actual presidenta por entre 10 y 15 puntos. No obstante, en mi opinión la candidatura de da Silva muy probablemente se hunda bajo el peso de su escandalosa demagogia y oportunismo, así como de la acción concertada del dúo Dilma-Lula, considerando la enorme autoridad política de este y su condición de político más popular de Brasil.

El hecho de que la vigésima reunión del Foro de Sao Paulo se haya celebrado en Bolivia, cuyos avances sociales y la fortaleza de su movimiento popular son tan relevantes contribuyó seguramente a la calidad de sus debates y a los vigorosos pronunciamientos de su Declaración Final. En ella se condena en términos muy enérgicos el bloqueo a Cuba, se confirma el derecho de Argentina a recuperar las Malvinas y a actuar como lo viene haciendo ante los fondos buitres, se apoya el derecho de Puerto Rico a la independencia de Estados Unidos y se condena la reciente agresión de Israel contra el pueblo palestino, entre otros temas de gran importancia.

Twitter: @aguerraguerra

“La economía de EE.UU. pronto colapsará y generará una revolución en Occidente”

El lamentable estado de la economía estadounidense, que acabará estallando como una burbuja, llevará a una confrontación inevitable entre los ciudadanos de a pie y la élite no solo en EE.UU., sino en todo Occidente, opina el analista Harry Dent.

Las manipulaciones de los bancos y los esfuerzos por aplazar una crisis financiera de una manera artificial han distorsionado el ciclo natural económico, lo que desembocará en la ruina del mundo occidental, asevera el analista en su artículo publicado en el portal The Market Oracle.
 
La burbuja extendida de la economía de EE.UU. ya se ha hinchado tanto como podía y está a punto de estallar, lo que evidencia la vuelta de la desigualdad extrema en los ingresos de la llamada clase media y la élite norteamericana. “Nos estamos acercando rápidamente al punto en que, a menos que algo cambie, las personas corrientes iniciarán una revuelta”, asegura el autor.
 
Con ello, Dent supone que debido al descontento de la mayoría de la población por las ganancias extremas de la clase alta, EE.UU. no será el único país en vivir “la rebelión de las masas”, sino que “la gente común empezará a rebelarse en todos los países desarrollados”. “Sin duda, la próxima revolución occidental no será agradable, pero va a marcar el comienzo del próximo gran resurgimiento de la clase media en los países desarrollados y acelerará la nueva oleada de clase media en los países emergentes”, concluye el analista.

“EE.UU. debe prepararse para su ruina financiera”

El propio representante de la élite estadounidense, el multimillonario Donald Trump, coincide con Harry Dent en que la economía de EE.UU. está a punto de alcanzar la ruina financiera. Esta primavera en el marco de una entrevista con Fox News, citada por ‘Money News‘, Trump aseguró que los inmensos niveles de deuda, la alta tasa de desempleo y la inevitable reducción de la calificación crediticia son todos los ingredientes necesarios para una pronta ruina financiera del país.

Según el multimillonario, EE.UU. ya no es un país rico. “Cuando no eres rico, tienes que salir a pedir dinero prestado. Estamos pidiéndoles prestado a los chinos y a otros. Muy pronto nuestra deuda será de  más de 16 billones”, afirmó.

Por otra parte, Trump sostuvo que la tasa de desempleo real es más del doble de lo que se informa en este momento, y señaló que la cifra de desempleo de 8,2% “no es un número real”. La tasa verdadera ha ascendido a 16%, e incluso algunos creen que la tasa de desempleo es tan alta como un 21%, mencionó el empresario.

Para describir el “mal” estado de la economía de EE.UU., durante la entrevista Trump eligió una “buena palabra, que es ‘recesión'”. En otras palabras, “EE.UU. pronto podría llegar a ser como Grecia o España, pero en una escala mucho más grande, concluyó el multimillonario. 

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/economia/view/137926-proximo-colapso-economia-eeuu-revolucion-occidente

Hace 61 años, EEUU ejecutaba a los esposos Rosenberg

rosenberg

Por Gabriel Molina

Los esposos Ethel y Julius Rosenberg, neoyorkinos de ascendencia judía, fueron ejecutados en la silla eléctrica el 19 de junio de 1953 en la prisión de Sing Sing, acusados de entregar información que supuestamente posibilitó a la Unión Soviéticaacceder al secreto de la bomba atómica.

El proceso judicial fue muy cuestionado en el mundo. El intelectual Jean Paul Sartrelo llamó un linchamiento legal, pues se inspiraba en crueles persecuciones a las ideas socialistas de las que fueron víctimas militantes y simpatizantes en Estados Unidos. Muchos tuvieron que cumplir largas penas de prisión solo por admitir que las sustentaban.

El proceso de los Rosenberg dio trigo a las pesquisas del FBI, enrumbadas desde el Congreso por el Comité de Investigación de Actividades Anti-norteamericanas del Senado, presidido por Joseph Mc Carthy, mientras en la Cámara de Repre­sen­tantes lo hacíaRichard Nixon.

Documentos desclasificados y testimonios hacen comprender que la ejecución de los Rosenberg fue un producto de la distorsión de la opinión pública allí, soliviantada por las campañas dirigidas a crear un fantasma del comunismo que justificase medidas represivas en el orden interno y contiendas bélicas en el exterior, todo para mantener altos los gastos militares y crear un nuevo poderío basado en la terrible arma atómica.

El origen del suceso hay que buscarlo en los años cuarenta, cuando se rompió la coalición anti-fascista que había unido a los países aliados contra el eje nazi-fascista y se dio paso a la llamada Guerra Fría. El comienzo de esta peligrosa etapa de la historia se ubica a partir de la muerte del presidente Franklin Delano Roosevelt.

El primer ministro británico Winston Churchill había perdido por amplio margen los comicios de 1945 ante su rival Clemente Attlee. Pero había acordado con el recién electo presidente estadounidense Harry Truman discutir entre ellos an­tes de sostener una reunión tripartita con el líder soviético Joseph Stalin. La cita, que tenía por objetivo afinar el futuro del mundo tras la victoria frente a Alemania, finalmente se dio en Postdam entre julio y agosto de 1945.

Churchill quería comunicarle, sobre todo, su inquietud con los soviéticos, a partir de “su falsa interpretación de las decisiones de Yalta (febrero 1945), su actitud hacia Polonia, su abrumadora influencia en los Balcanes, con excepción de Grecia, las dificultades que crean sobre Viena, la combinación del poderío ruso y los territorios bajo su control u ocupados”…(1).

Truman no era difícil de convencer. El 27 de julio de 1941 había declarado al New York Times: “Si vemos que Alemania va a ganar la guerra, debemos ayudar a Rusia. Si vemos que Rusia va a ganarla, debemos ayudar a Alemania y dejar lo más posible que se maten entre sí”.

Churchill transitó un camino trillado. El futuro director de la CIAAllen Dulles, ya uno de los jefes de la naciente inteligencia y el general Karl Wolff, jefe de las SS en Italia, se reunieron en Zurich el 12 y el 15 de marzo de 1945, bajo protesta de los soviéticos que tenían el derecho de participar. Dulles planeaba aprovechar la inteligencia alemana sobre Rusia, como preludio de acuerdos para que jefes militares y de inteligencia del III Reich se rindieran a EE.UU. y Gran Bretaña, salvasen el pellejo y sirvieran a los planes de dominio mundial de ambas potencias.

Cuando Truman confirmó a Churchill que los ensayos para explotar la bomba el 17 de julio habían sido positivos, decidieron que ya no necesitaban de los rusos para que ellos invadiesen a Japón por Manchuria y completar así el fin de la Segunda Guerra MundialYa Estados Unidos no debía jugar un papel de contrapeso entre la Unión Soviética y el Reino Unido como pensaba Roosevelt.

Rusia había ganado prestigio al comenzar la invasión de Alemania antes que nadie, pero en ese momento el poseedor de la bomba atómica se convertía en el verdadero poder militar y político del mundo. EE.UU. y la URSS se mantuvieron aliados hasta el final de la guerra, pero Washington nunca informó a Moscú sobre la búsqueda del arma atómica ni del Proyecto Manhattan. La sorpresa de su detonación fue tremenda.

Menos de un año después de la cita de Postdam, Truman invitó a Churchill a visitar Estados Unidos. Ya sin la investidura de primer ministro, mas con la aureola de haber sido el conductor del Reino Unido en los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, Churchill viajó a Cuba (donde había estado en 1895 durante la guerra de Independencia) antes de ir a Norteamérica. Comprobó mientras disfrutaba de los habanos Romeo y Julieta que “su prestigio internacional no había sufrido por su fracaso electoral” (2).

El gran viraje de ambas potencias se hizo público a partir del famoso discurso del ex primer ministro británico en Fulton, Missouri, cuando pronunció por primera vez ante los medios su famosa frase sobre la “cortina de hierro”. Algunos señalan ese momento como el principio de la Guerra Fría.

Truman abiertamente abandonó las posiciones conciliatorias de Roosevelt y adoptó las agresivas de Churchill, que tanto habían molestado ya a Stalin por la demora, hasta 1944, en abrir el frente de guerra del oeste.

Como una curiosidad histórica, la celebración a comienzos de junio de este año del aniversario 70 del desembarco en Nor­mandía, es decir, la apertura del segundo frente por parte de los aliados, se celebró en medio de un nuevo diferendo con Rusia, esta vez sobre Ucrania. Una evidencia más de que la historia tiende a repetirse.

Aunque Henry Wallace y Henry Stimson, secretarios de Co­mercio y Defensa respectivamente, habían defendido la posición del difunto Roosevelt de sostener relaciones normales con los soviéticos; Stettinius, Vinson y Forrestal, secretarios de Es­tado, del Tesoro y Marina respectivamente, apoyaron cambiarla. Los dos últimos se distinguieron más tarde “cazando brujas” con McCarthy.

El viraje trajo como consecuencia el rompimiento de los aliados contra el fascismo. Las campañas contra los comunistas se reiniciaron a la sombra del Plan Marshall y tuvieron su momento culminante en las campañas maccartistas, en especial el proceso y ejecución de los Rosenberg.

Sus condenas los convirtieron en los dos únicos civiles norteamericanos ejecutados en la silla eléctrica durante la llamada Guerra Fría. Para lograrlo, se les acusó también por los miles de muertos en la Guerra de Corea, tratando de hacer esa contienda más aceptable. Sartre fue certero. Era lo más cercano a los linchamientos.

(1) André Fountain. Histoire de la Guerre Froide. Fayard 1965 Paris, p. 324.
(2) Winston S Churchill. Memorias de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Peuser. 1961 Buenos Aires, p. 1014.

(Tomado de Contrainjerencia)

7 frases de Mandela que probablemente no encontrará en los medios de EE.UU.

AFP / Walter Dhladhla

El portal BuzzFeed eligió algunas de las frases críticas contra la política de EE.UU. y sus aliados hechas por el emblemático líder mundial Nelson Mandela, que falleció este jueves 5 de diciembre

“EE.UU. no ha superado la segregación que combatió Mandela”

Lo que quizá no sabía de Nelson Mandela

EE.UU. consideró a Mandela “terrorista” hasta 2008

Sobre la guerra de EE.UU. en Irak:
“Si hay un país que ha cometido atrocidades inexpresables en el mundo es Estados Unidos. Ellos no se preocupan por los seres humanos”.

En Israel:
“Israel debería retirarse de todos los territorios que quitaron de los árabes en 1967 y, en particular, Israel debe retirarse completamente de los Altos del Golán, del sur del Líbano y de la Ribera Occidental”.

Sobre la guerra de EE.UU. en Irak:
“Todo lo que él (Bush) quiere es el petróleo iraquí“.

Sobre Fidel Castro y la revolución cubana:
“Desde sus primeros días, la revolución cubana ha sido una fuente de inspiración para todas las personas que valoran la libertad. Admiramos los sacrificios del pueblo cubano en el mantenimiento de su independencia y soberanía ante la cara de la viciosa y orquestada campaña imperialista para destruir la impresionante fuerza de la revolución cubana. ¡Viva la revolución cubana! ¡Viva el camarada Fidel Castro!”.

Sobre el exlíder libio Muammar Gaddafi:
“Es nuestro deber apoyar al hermano líder… especialmente en lo que se refiere a las sanciones que están dirigidas no solo contra él, sino contra la gente común y corriente… a nuestros hermanos y hermanas africanos“.

2. En vísperas de la guerra de EE.UU. en Irak:
“Si nos fijamos en estos asuntos, llegaremos a la conclusión de que la actitud de EE.UU. es una amenaza para la paz mundial”.

Sobre Palestina:
“La ONU adoptó una postura firme contra el ‘apartheid’ y en los últimos años se estableció un consenso internacional que ayudó a poner fin a este sistema inicuo. Pero sabemos muy bien que nuestra libertad no es completa sin la libertad de los palestinos“.

Notas para otro sistema económico y social

 

Umberto Mazzei, ArgenPress
El mundo atraviesa un momento de grandes cambios. Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial polarizaron el mundo entre la receta marxista-leninista y la receta liberal ricardiana. Ese dualismo se presentó como si no hubiese otras opciones, una especie de bipartidismo global. Ambos sistemas fracasaron. Es hora de estudiar otras escuelas del pensamiento económico y político, para dar un nuevo rumbo.

La versión socialista de la Unión Soviética comenzó a ir mal cuando el gobierno de Leonid Brezhnev (1968-1982) aumentó el presupuesto de las industrias militares a expensas del resto de la economía y del bienestar social. Luego asumió una guerra de Afganistán que no podía ganar. El adversario estaba equipado, entrenado y financiado por Estados Unidos, que estaba fuera de alcance, a menos de incurrir en una guerra atómica. Muerto Brezhev, vino Mihail Gorvachev, un iluso, sino otra cosa, que entregó a sus aliados sin garantías, se abrió al neo-liberalismo y Rusia vendió a precio vil las empresas del Estado a testaferros de Wall Street.

En Inglaterra y Estados Unidos, la política la dirigen los intereses financieros desde fines del siglo XVIII y la función de Banco Central las ejercen bancos privados. En Gran Bretaña el Bank of England la ejerce desde 1844 (Bank Charter Act). En Washington un grupo de grandes bancos privados, llamado Reserva Federal, usurpó esa función a la Secretaría del Tesoro, en 1913. En ambos la política económica la dictan los llamados “Lobbies” y descuella la industria de armamento, que la orienta hacía el aumento incesante del gasto militar. Ambos sectores quitan recursos al resto de la economía real para mantener dos mundos fantásticos: el de fabulosas fortunas virtuales y el de amenazas imaginarias.

En la post-guerra, la presencia del marxismo-leninismo como ideología en el poder hizo elevar los salarios e institucionalizar la protección social de los trabajadores, principalmente en Europa, donde la Unión Soviética estaba cerca y había poderosos partidos comunistas. Esa amenaza potencial orientó la política del Estado hacia la conciliación de intereses laborales y empresariales. La desaparición del bloque soviético desencadeno la codicia. En Gran Bretaña y Estados Unidos eso produjo alucinaciones que llevaron al despeñadero socio económico. El cuento de que la libertad total a la codicia personal lleva a la prosperidad colectiva, es falso.

La economía real se erosionó y está en vida artificial desde 2008. Es un caso de esquizofrenia: la gente de bienes y servicios reales (99%) vive una recesión, pero los dueños (1%) de las empresas en finanzas y defensa reciben jugosos bonos y dividendos. Sucede que con deuda pública se dio dinero a los bancos (“quantitative easing”) para re-inflar las bolsas de valores y el pago se cargó a los contribuyentes. Eso pudo haber sido un nuevo comienzo si las prácticas y políticas hubiesen cambiado, pero siguen igual y conducen inexorables a la crisis terminal.

Aún no hay conciencia pública de que vivimos un fallo masivo del sistema económico y político impuesto por Wall Street y la City de Londres, con su victoria de 1945. Los síntomas del colapso sin embargo son claros y el más grave es el laboral, porque los salarios mantienen el consumo. En Estados Unidos el desempleo oficial es un 8%, pero sus estadísticas esconden muchos datos (1) y el desempleo real anda en 18%, y creciendo. En Gran Bretaña la cifra oficial es 8,4%, pero excluye a 3 millones sub-empleados, con pocas horas semanales y a 4 millones del llamado “precariat”: gente en auto empleo casual, que pudiera definirse auto-desempleada. (2)

Desde 2008, el rescate de los bancos costó a Estados Unidos más de 19 billones (3) – cifra superior en un tercio de su PIB – que se usaron en nuevas apuestas del sector financiero y no para movilizar la economía. Los hogares perdieron $1,1 billón de su valor, más otros billones perdidos en inversiones y fondos de pensión. Ahora, familias que fueron de la clase media toman sopas en las cocinas de caridad. Estos inocentes pagan los riesgos absurdos en que incurrió la codicia de los banqueros y del complejo militar-industrial.

La ética socio-económica

La responsabilidad social de la economía es un asunto ético que ya separaba a Adam Smith de David Ricardo. Smith habla de un “lucro excesivo”, contrario al interés social y parasitario; Ricardo lo ve como meta económica y es el enfoque del neo-liberalismo de Milton Friedman; es lo que enseñan en los Business Schools como Economía. Es un asunto ético. Gregory Bateson ( Mind and Nature) ya dijo que “ La ética de lo optimo y la ética de lo máximo son dos éticas totalmente distintas”. La ética de lo óptimo enfatiza la calidad y se expresa con la satisfacción. La ética de lo máximo es adictiva y tiene una sola regla: más es mejor.

Los excesos son siempre tóxicos y es lo que mata la economía norteamericana y el sistema económico vigente. “La maximización de una sola variable -nos dice Bateson- típicamente termina en patología”. Una economía sana mantiene equilibrio en la prosperidad de los distintos sectores; cuando se favorece el crecimiento sólo de un par de ellos, hay una situación parasitaria. Es el caso del sector financiero y de la industria de armamento que piden por un lado austeridad económico-social y por otro crean dispendiosas guerras innecesarias.

En su agonía el sistema desmantela la economía del Estado de bienestar europeo. La banca europea pide más fondos para mantener el valor de sus malas apuestas e impone su gente en los gobiernos. Se eliminan puestos de trabajo, se precarizan el empleo y se privatiza servicios públicos. Como dice Boaventura de Sousa en su Historia de la Austeridad: “El objetivo es volver a la política de clase pura y dura, o sea, al siglo XIX”, a la del liberalismo ricardiano, a la Inglaterra descrita por Charles Dickens.

Hay otras doctrinas

En el siglo XIX prevaleció un enfoque de la economía como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido… y aún, sólo el de algunos. Pero también hubo quienes pensaron en las ganancias de los trabajadores y esas ideas fueron aplicadas -tímidamente- en la Europa anterior al colapso de la Unión Soviética. Ahora se les trata de ignorar y hoy sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Su falta es que miran la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; un criterio objetable para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a las ganancias trimestrales.

El primero fue el ginebrino Jean Charles de Sismondi, que publicó “Nuevos Principios de Economía Política” en 1818. Allí acuño el término proletario – que luego usó Marx- para designar a quien con su prole garantiza la mano de obra. Criticó a Ricardo y señaló que las ganancias a expensas de salarios es una política miope, porque se necesitan buenos salarios para que se consume la producción; fue también el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los abusos capitalistas y en hablar de lucha de clases. (4)

Sismondi predijo la crisis que aqueja hoy a Estados Unidos y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Habló de la sobreproducción que lleva al imperialismo y a exprimir el consumo con deuda sobre salarios futuros. Ahora se llama “Economía de la Oferta” y es Economía de la Deuda. Sismondi culpó la sobreproducción del distanciamiento entre valor útil del bien y su valor de cambio, que impulsa el consumo a crédito que crea una deuda esclavizante. Algo que sucedía en Inglaterra y Estados Unidos desde la primera mitad del siglo XIX. En esa época era deuda en la tienda del empleador, ahora son tarjetas de crédito. Esa tragedia se describe en la novela futurista “The Iron Heel”(1906), de Jack London.

Desde entonces los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado propuestas concretas, que se puede clasificar en dos tesis básicas.

El grupo de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción violenta. Lo remplaza una sociedad sin propiedad individual.

Creo que Marx y sus seguidores son utópicos cuando basan su tesis violenta en la solidaridad proletaria. La solidad es precaria entre gente que lucha por sobrevivir y más si se les niega la aspiración a la seguridad de tener hogar propio. La solidaridad de clase existe, pero entre los muy ricos. A pesar de eso, el marxismo es válido como método de estudio socio-económico y tiene aportes básicos para una propuesta que remplace al ricardismo puro o neoliberalismo.

El otro grupo piensa que el capitalismo es utilizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; además de Sismondi, descuellan Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y en reversa Deng Xiaoping, en China.

Creemos que este segundo grupo es más realista y coincide con un postulado de la ciencia política, mencionado antes por Sismondi, Iturbide, Sarmiento y otros: En cosas de Estado los saltos son efímeros. Se progresa por evolución, como en la naturaleza, y las instituciones que perduran reflejan las circunstancias, la cultura y las ideas de sus ciudadanos.

Este grupo de autores también fue influyente. List, impulsó la industrialización de Alemania; John Maynard Keynes desarrollo la función económica del salario; Weber y Pareto orientan aún la economía social. Sombart (5) acuñó el término capitalismo (Marx no lo usa) y el concepto de la destrucción creativa, que usó su alumno Joseph Schumpeter. Su trabajo más célebre no existe en inglés porque la Universidad de Princeton, tiene el derecho exclusivo (6) y no lo hace.

Hay otros autores importantes que podemos estudiar: Vasili Leontief, Nicolai Kondratieff, Joseph Schumpeter, Jon Elster, John Roemer y la venezolana Carlota Pérez cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” (7) cubre 250 años de historia y muestra que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político. Vivimos uno de esos momentos.

Notas:
1) No se cuentan los desempleados que dejan recibir su seguro de deséemelo aunque sigan sin trabajo. Se cuentan como empleados a los desocupados que trabajan algunas pocas horas semanales a destajo. Hay unos 50 millones en Estados Unidos que viven bajo el nivel calificado de pobreza. Morris Berman, Why America Failed.
2) The Guardian, John Philipott: We need employment statistics that confront political spin. 16 January 2013.
3) Es el término internacional y español; los anglosajones les dicen trillions.
4) Economie politique (1815), Nouveaux principes d’économie politique (1819).

Leonid Brezhnev and Nicolae Ceauşescu.
Leonid Brezhnev and Nicolae Ceauşescu. (Photo credit: Wikipedia)

5) El Capitalismo Moderno (Der Moderne Kapitalismus, 1902 y su última versión en 1927.
6) Fuente: fr.wikipedia.org/wiki/Werner Sombart

Quizás también le interese:

La oligarquía financiera contra la democracia social europea

La compleja triple crisis: una elaboración

Josep Fontana: Más allá de la crisis

La lucha de clases en Europa y las raíces de la crisis …

 

– See more at: http://mamvas.blogspot.com/2013/02/notas-para-otro-sistema-economico-y.html#sthash.7gDhJH2s.dpuf

 

Profesor Juan Bosch: ¿Cuál es la diferencia entre la energía atómica y la nuclear?

Español: mapa de silos nucleares en Estados Unidos
Español: mapa de silos nucleares en Estados Unidos (Photo credit: Wikipedia)

Que la segunda, la energía nuclear,  se manifiesta con mayor poder que la atómica porque es el resultado de la integración de un núcleo atómico creado por la unión de dos núcleos de masa más ligera, que se dividen mediante la llamada fisión nuclear. La energía nuclear no deja residuos radioactivos como los deja la atómica, pero además no se agota. La tecnología de la fusión y de la fisión nuclear fue descubierta años después de haberse fabricado la primera bomba atómica, y con ella los norteamericanos hicieron en 1952 la primera bomba termonuclear, cuya capacidad de destrucción era mil veces mayor que la que se lanzó sobre Hiroshima; pero los soviéticos habían avanzado en la física atómica tan de prisa que fabricaron su bomba termonuclear un año después, es decir, en 1953, y se adelantaron a Estados Unidos en la fabricación del primer cohete balístico intercontinental, es decir, que podía salir de territorio soviético y llegar en corto tiempo a cualquier lugar de América del Norte llevando una bomba nuclear.

Ese cohete balístico fue terminado en 1957, año en el que la Unión Soviética produjo también el primer satélite espacial tripulado por hombres, que fue el conocido con el nombre de Sputnik, y así como la humanidad había entrado el 16 de julio de 1945 en la Era Atómica con la explosión en Álamo Gordo de la primera bomba hecha a base del poder explosivo de los átomos (que en ese caso fueron isótopos de átomos de plutonio), el 4 de octubre de 1957 se inició la Era Espacial con el lanzamiento en la Unión Soviética del Sputnik, y lo decimos para que el lector se dé cuenta de que para esa fecha, exactamente cuarenta años después de haber comenzado la Revolución Rusa, la sociedad que la inició cuando era una de las más atrasadas de los países de Occidente se había convertido en la competidora de la más desarrollada del mundo capitalista.
Pero para el 1957 la Doctrina Truman de la Guerra Fría tenía cinco años de lanzada y el gobierno de Eisenhower, sucesor de Truman, no iba a tolerar que esa doctrina quedara hundida en un mar de incapacidad norteamericana para mantener la supremacía nuclear sobre la Unión Soviética, de manera que Estados Unidos apareció construyendo en 1958 un cohete balístico intercontinental y un satélite tripulado por hombres y en 1960 navegaban por las aguas del Atlántico submarinos portacohetes. Fue ocho años después cuando la Unión Soviética construyó submarinos del mismo tipo y en el mismo año (1968) fabricó cohetes de cabezas nucleares múltiples que llegaban con un retraso de dos años comparados con los que Estados Unidos había fabricado en 1966.
En el camino de la competencia se había ido muy lejos. La bomba de Hiroshima fue llevada a bordo de un avión que volaba a 360 millas por hora y en 1985 un cohete MX de cabezas nucleares múltiples viaja a razón de 15 mil millas por hora, pero además, mientras la bomba de Hiroshima mató e hirió a más de 200 mil personas la que lleva un MX puede matar, herir o inutilizar de por vida a varios millones porque la bomba de 1945 tenía un poder destructor equivalente a 15 mil toneladas de dinamita y un cohete nuclear actual lleva en su seno la capacidad aniquiladora de 5 millones de toneladas de ese explosivo.
 El hecho de que la Unión Soviética diera muestras de que podía sobrepasar a Estados Unidos en la carrera de los armamentos nucleares como lo hizo al producir en 1957 el primer cohete balístico intercontinental, facilitó la apertura entre los dos grandes poderes de negociaciones para ponerles límite a la producción y el uso del armamento nuclear. Esas negociaciones condujeron a una cadena de acuerdos iniciada con el Tratado de la Antártida del año 1959 firmado por 26 gobiernos; el de 1963 mediante el cual se estableció una conexión telefónica directa entre Moscú y Washington para que los jefes de los gobiernos norteamericano y soviético pudieran entrar en contacto directo si se presentaba una situación de crisis que pusiera en peligro la paz mundial, y ese mismo año 111 gobiernos firmaron un Tratado que prohibía el uso de la atmósfera, el Espacio exterior y las aguas profundas para hacer en ellos pruebas de armamentos nucleares; en 1967 83 Estados se adhirieron a un Tratado que prohibía colocar armas nucleares en órbita terrestre y su estacionamiento en el espacio exterior y 22 gobiernos latinoamericanos declararon sus territorios libres de posesión, almacenamiento o pruebas de armas nucleares; en el 1968 119 Estados firmaron un Tratado en el que se prohibía la transferencia a países que no tuvieran armamento nuclear de armas o de tecnología de ese tipo y además se comprometían a negociar para detener la carrera armamentista; en 1971 71 gobiernos acordaron prohibir pruebas submarinas de armamentos nucleares dentro de los límites de 12 millas fuera de sus costas.
Todos esos tratados indicaban que la posesión por parte de la Unión Soviética y de Estados Unidos de enormes arsenales nucleares preocupaba a gran parte de la humanidad, incluidas en ella las poblaciones de los dos poderosos países, y a partir de 1971, incluido ese año, los gobiernos norteamericano y soviético llevaron a cabo varios acuerdos; el de 1971 de medidas para evitar accidentes o uso no autorizado de armamento nuclear; el llamado SALT I, de 1972, que limitaba las áreas de estacionamiento a sólo dos en cada uno de los dos países para sistemas de cohetes antibalísticos y en una segunda etapa congelaba el número de submarinos lanzadores de cohetes balísticos intercontinentales; el Acuerdo 1973 para consulta de los dos gobiernos cuando hubiera peligro de una guerra nuclear; los dos Tratados de 1974 que prohibían las explosiones de prueba bajo tierra de bombas de más de 150 kilotones (equivalentes a 150 mil toneladas de dinamita) y las explosiones en grupos que sumaban más de mil 500 kilotones; y por último el Acuerdo SALT II de 1979 por el cual se limitaba el número de vehículos portadores de materiales nucleares estratégicos, lanzadores de cohetes de múltiples cabezas o de bombarderos con cohetes de múltiples cabezas o de bombarderos con cohetes crucero de largo alcance y prohibición de estacionar nuevos cohetes balísticos intercontinentales.
De esos Tratados y Acuerdos, Estados Unidos no ratificó los dos de 1974 ni el llamado SALT II; lo que hizo fue dedicarse a fabricar cohetes destinados a cercar desde países europeos a la Unión Soviética con la bomba de neutrones, destinada a matar soldados y población civil, pero sin causar daño alguno a los edificios o construcciones de otro tipo, y con los cohetes Pershing que pueden atravesar toda Europa y caer en Moscú siete minutos después de haber sido disparados.
Con la llegada al poder en Estados Unidos de los líderes del Partido Republicano encabezados por Ronald Reagan, hecho que se produjo al empezar el año 1981, pasó a ser eje ejecutado un programa de gobierno cuya política exterior estaría vinculada a la producción de armas nucleares pero que en la campaña electoral de 1980 se expresaba en consignas que ocultaban esa vinculación. Lo que ofrecía el candidato presidencial republicano era la restauración del poderío de su país con lo cual aludía, sin mencionarlo, al poder militar, porque referirse directamente al poder militar era una manera de referirse a la producción de nuevas armas nucleares.
“Estados Unidos debe negociar desde una posición de fuerza”, afirmaba Ronald Reagan después de haber asumido la presidencia del país; pero esa posición privilegiada sólo podía alcanzarse negociando con los gobiernos de Europa Occidental, miembros de la OTAN, es decir, aliados de América del Norte, para lo cual se requería hallarse en posesión del aparato del Estado; y tan pronto llegó a la Casa Blanca, Reagan y sus hombres de confianza pusieron en práctica el plan de sus consejeros habían elaborado antes aún de que comenzara la campaña electoral, que consistía en instalar en Europa la nueva cohetería norteamericana y sobre todo la bomba de neutrones con lo cual quedaban sin valor los Tratados de 1974 y el llamado SALT II celebrados con la Unión Soviética y pasaba a adquirir su papel de propaganda política la locución Guerra de las Galaxias.
El significado de esa locución era, y sigue siendo, guerra llevada a cabo en el Espacio, fuera de la Tierra, en las regiones del Universo por donde vuelan día y noche sin ser advertidos por los pueblos del mundo unos aparatos portentosos, y a la vez poderosos, que desde las alturas de muchos kilómetros en que transitan pueden grabar conversaciones telefónicas y retratar un automóvil que rueda a lo largo de una carretera; que pueden acumular en computadoras los datos de todo lo que sus mecanismos de observación captan a la distancia en cualquier país, gracias a los cuales el gobierno que los usa tiene informaciones detalladas de cuanto pasa en un territorio dado.
Estados Unidos tiene el poderío que le confiere la posesión de aparatos nucleares de todo tipo y con ellos de los que le corresponden a una gran potencia espacial, pero la propiedad de tanta maquinaria portentosa no parece estar acompañada por una noción clara de los peligros que conlleva el uso de esos aparatos. Si los hombres que dirigen el Estado norteamericano tuvieran esa noción no alentarían el uso de una propaganda política como la que se hace estimulando la llamada Guerra de las Galaxias, porque una guerra hecha con armamento nuclear en el Espacio terrestre destruirá la atmósfera que nos rodea, y sin esa atmósfera no podría haber vida en la Tierra.
No lo habría para los soviéticos, pero tampoco para los norteamericanos y mucho menos para los miles de millones de seres que forman la población de Tercer Mundo, entre los cuales estamos los dominicanos.
Santo Domingo,
18 de enero de 1985.
Un poco de historia
Antes del año 1945 un número muy corto de personas sabían que en la naturaleza había una fuente de energía llamada átomo y que el átomo consistía en cada uno de los pequeñísimos cuerpos eléctricos de que está constituida la materia, pero mucho menos se sabía, con la excepción de algunos grandes conocedores de las Ciencias Físicas, que de los átomos podía obtenerse una fuerza explosiva millones de veces más poderosa que la dinamita, que hasta entonces era el explosivo más potente que el hombre podía producir y controlar a su conveniencia; y sucedió que a mediados de julio de ese año 1945 un grupo de científicos que habían estado trabajando secretamente en un plan destinado a fabricar una bomba atómica, hizo estallar una de prueba en Álamo Gordo, un lugar de Nuevo México, Estados Unidos, y con esa prueba comenzó la Era Atómica es decir, una época nueva de la historia porque la explosión de Álamo Gordo demostró que a partir de ese momento la humanidad disponía de un poder energético cuya existencia había sido insospechada hasta entonces. Ese poder podía usarse en la guerra para aniquilar militarmente al enemigo, pero también en la paz para ejecutar grandes proyectos de planes beneficiosos para la humanidad, y se usó en la guerra que se llevaba a cabo entre Estados Unidos y su aliada la Unión Soviética contra Japón. Esa era la parte final de la llamada Segunda Guerra Mundial, que había terminado en Europa con la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945 pero seguía en el Pacífico entre norteamericanos y soviéticos de una parte y japoneses de la otra. La bomba atómica fue usada por primera vez el 6 de agosto de ese año 1945, apenas tres semanas después de ser probada en Álamo Gordo; se lanzó sobre la ciudad de Hiroshima, donde además de matar por achicharramiento y por asfixia y de inutilizar por quemaduras profundas a más de 200 mil personas destruyó el centro de la ciudad, todo ello con una sola explosión de corta duración.
 La posesión de la bomba atómica convirtió a Estados Unidos en la mayor potencia militar del mundo, pero no por mucho tiempo porque en 1949 la Unión Soviética anunció que había terminado el monopolio norteamericano del poder ató¬mico, lo que significaba que los soviéticos habían fabricado también una bomba atómica y a partir de ese momento empe¬zaría una carrera de competencia entre los dos países que acabaría colocando a la Unión Soviética en el mismo nivel de poderío militar que los Estados Unidos, y no sólo por su dominio de la energía atómica sino además el de la energía nuclear.
Juan Bosch

Mindfulness: La nueva herramienta para eliminar el stress

“Una serena revolución se está produciendo en Estados Unidos”, aseguró hace unas semanas el senador Tim Ryan. Podría afectar favorablemente al sistema estadounidense de salud, educación y bienestar social. Y por si fuera poco, Ryan no lo dijo en un corrillo, sotto voce, sino en la Asamblea de las Naciones Unidas del pasado 2 de abril. La revolución a la que se refiere Ryan se llama mindfulness (su traducción más acertada sería “atención plena”).

Esta disciplina tiene sus orígenes en las prácticas de meditación orientales, pero fue en la década de 1970 cuando Jon Kabat Zinn, doctor emérito en medicina por la Universidad de Massachusetts, lo adaptó a nuestros tiempos y puso en práctica sistemas de reducción de estrés mediante este tipo de meditación en la Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad en la que se graduó. Fue en ese momento cuando comenzó a circular de boca en boca la práctica, los libros se vendieron por millones y famosos de todos los talantes se sumergieron en su práctica embebidos de una gran virtud propia de esta disciplina: su facilidad de comprensión.

Vicente Simón, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Valencia y autor del libro Aprender a practicar mindfulness, explica en qué consiste de modo accesible: “Es algo muy simple y que todos experimentamos alguna vez: cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo o sintiendo, estamos practicando mindfulness”.

Un curso de esta disciplina suele durar ocho semanas y comprende prácticas en grupo y ejercicios individuales que pueden realizarse en el tiempo libre.
No es necesaria ropa especial, ni tener experiencia previa en meditación. No es necesario acreditar una flexibilidad mínima. “Cualquiera lo puede hacer, en cualquier momento”.

Pero, qué es mindfulness?: ¿atención plena, conciencia plena, concentración total? “La conciencia no es un fenómeno voluntario, no eres consciente de que respiras, en cambio, la atención sí es un fenómeno voluntario. En este sentido, mindfulness es atención plena. Al practicarla es posible evitar la respuesta automática que surge de experiencias previas y nos lleva a reaccionar de modo desproporcionado”. O lo que es lo mismo: contar hasta diez antes de hacer algo determinado.
Manos a la obra
Busca un espacio y una postura cómoda. Reserva al menos 30 minutos para la actividad. Puedes seguir los ejercicios propuestos y, si te relajas tanto que ves venir el sueño, no te preocupes, ríndete a él y luego continúa con la tarea. El principal objetivo es aprender a concentrarte en el presente, para evitar respuestas condicionadas.

El primer ejercicio consiste en prestar atención a la respiración. Con los ojos cerrados, hay que notar el ritmo de inspiración y exhalación, pero sin influir en él. A medida que pasa el tiempo nuestro cerebro actúa como un mono: va de rama en rama, de pensamiento en pensamiento. “Encontrar un foco de atención, como la respiración, permite que nos concentremos en el presente, sin comparar con el pasado ni especular respecto al futuro”. Cuando esto ocurre, cuerpo y mente responden de un modo sorprendente. El cerebro consta de dos hemisferios que tienen a su cargo tareas casi opuestas. El hemisferio izquierdo, por ejemplo, se asocia con el procesamiento lógico, las habilidades matemáticas y el análisis racional. El lado derecho, mientras tanto, lleva nuestra ubicación en el espacio, la expresión emocional, la imaginación y la creatividad.
La neurocientífica Shanida Nataraja, del University College de Londres señala que los occidentales utilizamos mucho más nuestro hemisferio izquierdo, y la práctica de mindfulness persigue en terminos neurológicos una mayor activación del derecho. ¿Y qué ocurre cuando esto se consigue? De todo, pero para muestra basta un botón: al activarse el lado derecho, se acciona el sistema parasimpático y se “apaga” el simpático, que es el encargado de liberar adrenalina. Gracias a ello, se reduce el nivel de estrés.
El segundo ejercicio se puede llevar a cabo sentado en una esterilla, en una silla o de pie; es muy simple: consiste en cerrar un puño y luego abrirlo lo más lentamente posible. Todo el proceso puede llevar hasta 5 minutos. El objetivo, nuevamente, es enfocar la atención en una sola cosa: el presente. Si en algún momento nos sentimos incómodos en la postura elegida, aprovechemos al menos un momento para identificar individualmente las zonas que nos molestan. Y luego podemos cambiarla sin problema y continuar con el ejercicio.
Relacionarnos con el presente, tendrá un efecto subversivo en la gestión de nuestras emociones. Ante ella, nuestro cerebro responde mediante un circuito ya reconocido: percibimos un estímulo, este viaja directamente parte a la amígdala y parte al neocórtex (el área racional). Si la amígdala detecta una coincidencia con otro estímulo anterior, entonces toma el control sobre el cerebro racional y actúa de modo instintivo. Sin importar si la situación es diferente o el entorno distinto, es una respuesta programada de la que no somos conscientes.
Pelea o corre
Si bien esta actitud nos permitió huir de cualquier peligro y estar alerta ante amenazas en nuestros primeros tiempos evolutivos, en el mundo actual genera reacciones violentas o desproporcionadas de modo automático.
Los estudios de neurociencia relacionados con la meditación han demostrado su eficacia en la neuroplasticidad, la capacidad de nuestro cerebro de transformar ciertas regiones según los estímulos que recibe. Esto confirma la opinión del psicólogo Donald Hebb, quien acuñó la frase: “Las neuronas que se activan juntas se conectan juntas”; lo que quiere decir, en este caso, que cuanto más se practica mindfulness, más rutas neuronales se construyen para reaccionar de modo adecuado a cada situación. Y este, finalmente, es el gran objetivo.

Fuente

 

Leonel Fernandez: Siria los desafíos de Obama

  • Centenares de personas que se oponen al llamado del presidente Barack Obama a un ataque de Estados Unidos contra Siria han salido a las calles de varias ciudades estadounidenses para expresar su indignación contra sus planes de guerra.

Como reacción al alegado uso de armas químicas por parte del gobierno de Siria en la guerra civil en la que se encuentra enfrascado, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha solicitado al Congreso de su país el que se le autorice atacar militarmente al país árabe, en represalia por lo que se considera una violación al Protocolo de Ginebra de 1925, que prohíbe el uso de gases y tóxicos venenosos en los conflictos bélicos, así como por el quebrantamiento a valores éticos universales y abuso de los derechos humanos.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano ya aprobó la semana pasada un borrador de la referida autorización, y la Casa Blanca realiza ingentes esfuerzos por lograr, lo más pronto posible, un respaldo por parte de los legisladores de los partidos republicano y demócrata.

Esto ocurre luego de varios intentos fallidos de obtener en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una resolución condenando al régimen de Bashar al-Asad de hacer uso de la fuerza contra la población civil. Pero, así mismo, tiene lugar después de la negación del Parlamento Británico de conceder potestad al primer ministro, David Cameron, de incursionar en el conflicto sirio.

En la reciente reunión del G-20, celebrada en San Petersburgo, Rusia, sólo once países de los veinte que integran el club exclusivo de la élite económica mundial, manifestaron su respaldo a una “fuerte respuesta internacional” contra Siria, lo cual evidencia el débil apoyo que esta propuesta recibe de la comunidad internacional.

En la casi generalidad de los países, la opinión pública también se ha volcado a expresar su desacuerdo con la adopción de medidas militares para contrarrestar la alegada acción de barbarie incurrida por el gobierno sirio en su conflicto doméstico.

Rechazo a la guerra
En los propios Estados Unidos, el gobierno se enfrenta a una situación difícil al tratar de convencer a los congresistas de que otorguen su respaldo a la referida acción punitiva.

Por un lado, hay demócratas liberales, como es el caso de Nancy Pelosi, antigua Presidenta de la Cámara de Representantes, quienes han expresado que sus electores están en total desacuerdo con la acción; y por el otro, hay republicanos de ultra-derecha, como resultan ser los senadores Rand Paul, de Kentucky; y Ted Cruz, de Texas, ambos destacados miembros del Tea Party, quienes enfatizan que en el caso de la guerra civil de Siria, el interés nacional de los Estados Unidos no ha sido afectado, y, por consiguiente, no hay razón alguna para intervenir.

A esta última corriente de pensamiento, la cual,  paradójicamente, viene del sector más conservador del espectro político norteamericano, se le identifica como de neo-aislacionismo, ya que volviendo a los orígenes de la formación del Estado norteamericano, procura que la gran nación del Norte desarrolle una política introspectiva y disminuya su rol internacional.

Pero, en el fondo de todo este debate se encuentra el hecho incontrovertible de la amarga experiencia vivida por los Estados Unidos en las recientes guerras de Afganistán e Iraq, que no quisiera volver a repetir con una nueva aventura belicista.

Como consecuencia de las pérdidas humanas en ambos conflictos armados, de la prolongación en el tiempo de los mismos, de los inmensos gastos ocasionados, de la incapacidad para imponer el orden y evitar la ocurrencia de continuos actos de terror, en la opinión pública norteamericana, así como en determinados círculos de poder, se ha desatado un comprensible rechazo a todo lo que signifique la presencia norteamericana en nuevas acciones militares.

Por supuesto, hay grupos tradicionales de poder que no piensan de esa manera. Por el contrario, estiman que el error cometido por el presidente Obama, en el caso del conflicto armado en Siria, es no haber actuado con anticipación. Es haber permitido al gobierno sirio hacer uso de la fuerza contra la población civil, de manera continua, sin ningún tipo de constreñimiento o restricción.

Esos grupos, naturalmente, no explican de donde surgen la legalidad y la legitimidad requeridas, fuera del marco multilateral de las Naciones Unidas, para poder realizar incursiones militares más allá de sus propias fronteras. Sin embargo, consideran estar imbuidos de la autoridad necesaria, y, más aún, en base a la doctrina del Destino Manifiesto,  estiman que es obligación moral de los Estados Unidos  defender lo que consignan como “principios éticos de la humanidad”.

Democracia, islam y terrorismo
Ahora bien, la búsqueda de apoyo por parte del gobierno de los Estados Unidos para emprender acciones militares en Siria, ha tenido lugar en un momento en que el propio gobierno norteamericano, a través del secretario de Estado, John Kerry, ha intentado reactivar el diálogo de paz entre Israel y Palestina. Los acontecimientos de Siria, sin embargo, le quitan visibilidad a ese diálogo, lo relegan a un segundo plano, le restan importancia y credibilidad, y podrían eventualmente hasta hacerlo abortar y tornarlo imposible de realizarse durante la actual administración del presidente Barrack Obama, la cual tantas esperanzas suscitó, desde los  inicios de su primer mandato,  en ser el vehículo idóneo para tan noble como necesario objetivo.

La incapacidad para resolver el conflicto árabe-israelí deja intacto el problema de incertidumbre y potencial ingobernabilidad de la casi generalidad de los países del Medio Oriente, ya que el tema de los refugiados palestinos, la devolución de los territorios ocupados, la delimitación de fronteras, el acceso al agua potable y la garantía de seguridad, quedan al mismo nivel que sesenta años atrás.

Pero, de igual manera, la inminente incursión armada en Siria tiene lugar cuando hace pocas semanas se produjo, aunque no haya querido llamarse así, un golpe de Estado en Egipto, que sacó del poder al presidente Mohammed Morsi y a las fuerzas islamistas que le servían de apoyo, organizadas a través de los Hermanos Musulmanes.

Ese acontecimiento generó una gran convulsión en el país de las pirámides. Provocó una seria confrontación entre las fuerzas islámicas y diversos sectores de la sociedad. Desató masivas protestas, paros y huelgas por todo el territorio nacional, y sólo pudo ser sofocada cuando las tropas militares dispararon sobre los manifestantes, produciendo un baño de sangre que dejó centenares de muertos y decenas de miles de heridos.

Al igual que en Egipto, la situación en Túnez y Libia continúa siendo inestable e incierta. Esos dos países, luego de ser arrastrados por la ola  de la Primavera Árabe, suscitando inmenso regocijo y grandes expectativas, en lugar de organizarse como naciones democráticas, han pasado a ser controladas por organizaciones musulmanas, y no han podido alcanzar la estabilidad política  esperada, la reactivación del crecimiento económico, la generación de empleos, la disminución de los conflictos sociales y la unidad nacional.

Por consiguiente, es en un ambiente de creciente dominio e influencia de las fuerzas islámicas,  de inestabilidad política crónica, de fragmentación, de inseguridad y de desconfianza, en toda la región de Medio Oriente, que tendrá lugar el ataque militar a Siria, auspiciado por los Estados Unidos, como retaliación por el alegado uso de armas químicas en su conflicto interno.

En el caso de Siria la situación pudiese ser más delicada, pues se sabe que entre los sectores que combaten al gobierno de Bashar al-Asad, integrados dentro de la Coalición Nacional Siria, no sólo hay una mayoría de islamistas sunitas, sino también grupos terroristas, entre los que sobresale al-Qaeda, el más peligroso para el interés nacional de los Estados Unidos.

Así, de esa manera, podría suscitarse el contrasentido de que Estados Unidos, en aras de cumplir un ideal de principios morales, defendiendo la dignidad humana donde ha sido ultrajada por el uso de armas químicas, al atacar militarmente al gobierno de Asad, esté, de manera involuntaria, fortaleciendo al grupo terrorista de al-Quaeda, el responsable de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre.

No cabe dudas que frente a los acontecimientos de Siria, se está en presencia de hechos sumamente complejos, los cuales tienen repercusión de carácter regional y global. Es tal vez  por eso que el presidente Obama, sometido a tantos dilemas y desafíos, haya decidido no asumir él solo, como representante del Poder Ejecutivo, la decisión de atacar militarmente a Siria, sino contar con el respaldo, la responsabilidad y el compromiso del Congreso norteamericano.

Lucha y ejemplo en Frederick Douglass

Frederick Douglass portrait

 

A propósito del libro de Frederick Douglass,“Vida de un esclavo americano, escrita por él mismo” (Capitán Swing, 2010; presentación de Angela Y. Davis)

Los dos iconos afroamericanos más importantes del siglo XX, Malcolm X y Martin Luther King Jr., son figuras bastante conocidas fuera de su país. El siglo XIX estadounidense, en cambio, tan rico en fascinantes ejemplos de esclavos fugitivos que acaban convirtiéndose en agitadores abolicionistas, aún no ha sido integrado en nuestra memoria popular. La aparición de una nueva traducción de Vida de un esclavo americano (1845) de Frederick Douglass, gracias a la encomiable apuesta de la editorial Capitán Swing y al excelente trabajo de los traductores Carlos García Simón e Íñigo Jáuregui Eguía, representa una meritoria contribución a la popularización del personaje más relevante de la historia afroamericana del siglo XIX. La obra abarca la vida de Douglass como esclavo en el estado meridional de Maryland, su fuga al Norte y los primeros tiempos como esclavo fugitivo en Massachusetts. También incluye uno de sus discursos más célebres, con motivo de la fiesta nacional del 4 de julio, donde reflexiona sobre las contradicciones de una nación fundada en los ideales emancipadores de la Ilustración y penosamente enriquecida por la negación radical y sistemática de estos mismos ideales a una parte considerable de su población.

En Vida de un esclavo americano queda fuera, pues, la mayor parte de la vida de Douglass, ya en libertad, cuando se convirtió en un famoso e influyente líder abolicionista, destacado militante del sufragio femenino –del que hizo una vehemente defensa en la histórica Convención de Seneca Falls de 1848–, fiel amigo de la libertad irlandesa, infatigable defensor de los derechos del mundo del trabajo y, durante un breve periodo de tiempo, máxima autoridad diplomática de Estados Unidos en la República de Haití.

La obra de Frederick Douglass es el ejemplo más destacado de la narrativa de la esclavitud afroamericana. A pesar de todo, el autor es relativamente poco conocido entre nosotros. Probablemente, buena parte de esta ignorancia se explica por el injusto olvido del que ha sido víctima en Hollywood. En efecto, salvo una brevísima aparición en Tiempos de Gloria (1989) de Edward Zwick, Douglass es el gran ausente en los dramas históricos del cine norteamericano. La ausencia de Douglass tiene sentido. Hollywood tiene un largo historial, culminado con la vergonzante chapuza del Lincoln de Spielberg, de invisibilizar a los afroamericanos de su propia historia, al retratar la Guerra de Secesión y el consiguiente fin de la esclavitud como episodios históricos protagonizados casi exclusivamente por blancos.

Otro factor que juega en contra del conocimiento de Douglass es la incomprensión general sobre el lugar que ocupa la esclavitud en la historia del capitalismo. Hay que reconocer que los apologetas del capitalismo, ayudados paradójicamente por los tóxicos restos de las versiones más vulgarizadas y deterministas del marxismo, han logrado imponer la percepción ahistórica según la cual el capitalismo y la esclavitud son realidades institucionalmente incompatibles . Según este relato, el principal responsable del fin de la esclavitud en los Estados Unidos fue el empuje incontenible del desarrollo del capitalismo industrial en el norte del país. Se trata de una visión tan conveniente para la actual clase dominante como alejada del más mínimo respeto a la verdad.

Lo cierto es que el final de la esclavitud tal como existía en el Sur de los Estados Unidos representa uno de los golpes más duros de la historia del capitalismo. [1] Con la liberación de los esclavos, se esfumaron millones de dólares en propiedad privada, se atenuó la hiperexplotación de millones de trabajadores negros y se cuestionó la lógica capitalista de expropiación y mercantilización de las relaciones humanas. Evidentemente, esta medida no fue impulsada de manera suicida por los grandes capitalistas del momento ni tampoco vino determinada por ninguna exigencia interna en su sistema económico. El destino final de la esclavitud en los Estados Unidos no estaba escrito en ningún manual de economía o historia. La abolición fue el resultado victorioso de un amplio movimiento democrático e internacional que incluía radicales de clase media, obreros británicos que preferían sufrir el paro a tener que colaborar económicamente con el gobierno rebelde de la Confederación y, obviamente, los mismos afroamericanos, que tuvieron un papel muy relevante en la muerte de la esclavitud, ya fuera participando en las revueltas de esclavos, huyendo hacia las posiciones del ejército federal durante la Guerra, combatiendo en las filas del mismo ejército en peores condiciones que sus compañeros blancos o, como el mismo Douglass, escapando de la esclavitud para luego llevar una vida de agitación y organización en pro de la abolición en todo el país.

En toda esta historia es francamente difícil exagerar la importancia de Vida de un esclavo americano. La obra de Douglass representa un saludable y emotivo recordatorio sobre el papel de los esclavos en su liberación y, al mismo tiempo, una fuente inagotable de lecciones y enseñanzas para los que hacen de la lucha cotidiana contra la injusticia la brújula moral de su propia existencia. Se trata, sin duda, de uno de los grandes clásicos de la tradición del pensamiento emancipador universal, una lectura obligada para cualquier persona interesada en la historia estadounidense y en el potencial liberador del activismo político-cultural.

El libro está lleno de descripciones y reflexiones memorables sobre la vida cotidiana bajo la esclavitud. En uno de los fragmentos más famosos, el niño Douglass cata, casi por accidente, los rudimentos del lenguaje escrito. La escena tiene lugar en Baltimore. Sophia Auld, la señora de la casa donde Douglass sirve, no está acostumbrada a tratar con negros y, desconocedora de las leyes que penalizaban la alfabetización de los esclavos, cae en la temeridad de enseñarle las primeras letras. Cuando el señor Auld lo descubre, le prohíbe que continúe, alegando el carácter ilegal del gesto y explicándole las devastadoras consecuencias que podría tener en el correcto funcionamiento de la relación entre amo y esclavo: «(…) Un negro no tiene que saber nada más que obedecer a su amo, que para eso está. (…) Si enseñas a leer a este negro (…) no podrás después conservarlo. Quedará para siempre incapacitado como esclavo. Se volverá incontrolable al momento y dejará de tener ningún valor para su amo. En cuanto a él mismo, no le hará ningún bien, sino muchísimo daño. Le convertirá en alguien descontento e infeliz».

La actitud del amo hace comprender a Douglass la necesidad de completar su aprendizaje por su cuenta. Y es que, en efecto, el pronóstico del señor Auld se acaba cumpliendo en gran parte. Douglass aprende el significado de la palabra abolición y, desde entonces, se obsesiona con la idea de huir hacia el Norte. Mientras, sin embargo, el destino de Douglass todavía cambiará de manos en diversas ocasiones. La variedad de amos le hará sufrir múltiples grados de explotación. No sólo por las diferencias de personalidad en crueldad y avaricia, sino también por las condiciones específicas de la esclavitud en el campo y en la ciudad. En este sentido, son de gran interés las reflexiones de Douglass sobre los momentos en los que deseaba la libertad con más vehemencia: «Mi experiencia como esclavo me ha llevado a darme cuenta de lo siguiente: siempre que mis condiciones mejoraban, en vez de aumentar mi satisfacción, aumentaba mi deseo de ser libre y me ponía a idear planes para conseguir la libertad. Me he dado cuenta de que para tener un esclavo contento es necesario impedir que piense».

El hilo que recorre la obra es la creciente consciencia de un esclavo sobre la propia humanidad y sobre la adquisición de los instrumentos necesarios para alcanzar la libertad. El tortuoso proceso de alfabetización tiene un papel fundamental en la ampliación de sus horizontes y en la consolidación del sentimiento de injusticia (significativamente, esta edición se cierra con un recuerdo sobre la sorprendente tenacidad con la que, ya como trabajador libre en una fundición, Douglass conseguía arañar momentos para la lectura, a pesar de la inercia alienante en la que vivían sus nuevos compañeros). La disposición a luchar por todos los medios –violencia incluida– contra amos y capataces es la otra gran herramienta que irá afilando hasta que asume el valor de arriesgar la vida en la peligrosísima aventura de romper sus cadenas de manera definitiva.

Uno de los grandes valores de Frederick Douglass es justamente su capacidad para razonar políticamente a partir de sus experiencias vitales, prepolíticas, consciente del poder del ejemplo para motivar la elevación moral y activista de la mayoría. En un discurso pronunciado el 3 de agosto de 1857, Douglass resumía así una de las grandes lecciones de su obra: «Si no hay lucha, no hay progreso. Aquellos que dicen estar a favor de la libertad pero desprecian la agitación política, son hombres que quieren cosechar sin haber sembrado; quieren la lluvia sin el rayo y el trueno; el océano sin el horrible estruendo de sus caudalosas aguas. La lucha puede ser moral, física, o de ambos tipos, pero debe ser lucha. El poder no concede nada si no se le exige. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Averiguad lo que un pueblo acatará sin protestar y habréis descubierto la medida exacta de la injusticia y el oprobio que caerá sobre él. Y esa situación continuará hasta que el pueblo se resista con el puño o con la palabra, o con ambos. Los límites de los poderosos los marca la resistencia de aquellos a quienes oprimen».

Nota:

[1] Como se sabe, la esclavitud nunca ha dejado de existir y, de hecho, hoy en día se encuentra en un momento de gran expansión. Actualmente hay: «más esclavos que en ningún otro momento de la historia, en una nueva servidumbre que no se basa tanto en la propiedad como en el endeudamiento, y que se distingue por ello de la antigua por el hecho de que un esclavo cuesta hoy mucho menos que en el pasado». Josep FONTANA, Por el bien del imperio, Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona, 2011, p. 968. Véase también a modo de ejemplo: “La crisis aumenta la esclavitud”, El País, 7 de septiembre de 2009.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.