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Pérez Esquivel dice al Secretario General de la OEA

Los caminos de emancipación de los pueblos a través del tiempo, han costado mucho dolor y sufrimiento. Sobre todo en nuestro continente donde hermanos y hermanas dieron su vida para dar vida, con la esperanza de construir sociedades más justas y libres.Português do Brasil: 3º Fórum Social Mundial -...La resistencia de los pueblos contra las sucesivas dominaciones y las dictaduras militares en todo el continente continúa siendo un derecho inclaudicable. Es necesario recordar además, el rol que siempre juega los EE.UU., como por ejemplo con la imposición de las Doctrinas de Seguridad Nacional, de Libre Comercio y de Endeudamiento, con un alto costo en vidas y pérdidas de los recursos y bienes de los pueblos.

Basta recordar el bloqueo al pueblo cubano durante más de 50 años, a pesar de las sucesivas votaciones en las Naciones Unidas contra la decisión de los EE.UU. de continuar su agresión, como la prisión injusta de los cinco cubanos en las cárceles del país del norte.
Las luchas populares lograron recuperar los gobiernos constitucionales y avanzar en la construcción democrática, que no se limita al acto electoral. Pero este camino aún necesita consolidarse en el continente, donde pesan dificultades y obstáculos por aquellos que pretenden imponer la dominación económica, política y cultural y mantener sometido a los pueblos. Basta pensar en los esfuerzos para destruir el proceso revolucionario de Venezuela, o los intentos de golpe de Estado en Bolivia y el Ecuador. No es posible ignorar los golpes de Estado de este siglo en Haití, Honduras y Paraguay, así como el terror impuesto por los EE.UU. que continúa ampliando su presencia y bases militares en el continente para el control hemisférico de sus intereses.
En Honduras intentaron disfrazar al lobo de cordero, como a través de las elecciones ilegítimas del 2009 que buscaron legitimar al gobierno y al sistema que ha profundizado la entrega del país y la represión de su pueblo, provocando muertes, exilios y cárceles a militantes defensores y defensoras de los derechos humanos.
La OEA cometió el error de reconocer a este gobierno de facto hondureño, sabiendo de las graves violaciones de los derechos humanos contra el pueblo. Las elecciones realizadas en Honduras el día domingo 24 de noviembre, fueron marcadas por la manipulación y el fraude en un contexto de fuerte militarización y amedrentamiento de la población. El Partido Libre que lidera como candidata Xiomara Castro, reclama el recuento de los escrutinios y denuncia el fraude electoral.
Los observadores y observadoras internacionales dan cuenta de las graves irregularidades cometidas por el gobierno de facto y observando actos de violencia contra testigos y votantes de LIBRE. No se puede afirmar que las elecciones se realizaron en condiciones normales, como lo han señalado las misiones de observación de la OEA. la UE y otras.
El país está frente a graves peligros ante el fraude montado y la complicidad del TSE. La respuesta del gobierno de facto es la represión contra los estudiantes y organizaciones sociales; imponiendo su candidato utilizando todo tipo de irregularidades y la violencia. Reclamamos a la OEA, a la comunidad internacional, a la CELAC, a los gobiernos democráticos latinoamericanos y caribeños, garantizar el recuento de votos, la vida y seguridad del pueblo hondureño.
Espero Señor Secretario General que escuche las voces que surgen de todo el continente y el mundo reclamando transparencia y respeto para el pueblo hondureño y el derecho a elegir libremente a sus gobernantes.
Fraternalmente con el saludo de Paz y Bien
Buenos Aires, 28 de noviembre del 2013
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nóbel de la Paz
Ecoportal.net
Alainet

A LA DERECHA VENEZOLANA SE LE PELO EL BILLETE

Señaló Ignacio Ramonet

Con la guerra económica la derecha venezolana buscaba crear la atmósfera para un golpe de Estado

El periodista francés explicó que la burguesía implementó en el país el mismo manual de la CIA que acabó con gobiernos progresistas en Latinoamérica, como sucedió en Chile con el derrocamiento de Salvador Allende

A través de la guerra económica, la derecha buscaba crear las condiciones necesarias para impulsar un golpe de Estado contra el Gobierno constitucional del presidente venezolano Nicolás Maduro, así lo señaló el periodista de origen español Ignacio Ramonet.
“Esto se parece mucho al golpe de Estado, de manual de la CIA, que se llevó a cabo en varios país y el país que más recordamos, el más semejante a lo que se estaba haciendo aquí es lo que pasó en Chile, en los meses, semanas que precedieron al golpe de Estado del 11 de setiembre del 73”, dijo.
Explicó que la burguesía intentó generar una atmósfera para que los medios privados tuvieran elementos para desacreditar la gestión de Maduro y acusarlo de ser el causante de los problemas económicos generados por ellos mismos.
“Yo creo que el presidente Maduro ha entendido rápidamente, ha hecho una lectura muy inteligente de lo que estaba pasando y ha tomado iniciativas y estas iniciativas pues precisamente están empezando a dar resultados en todo”, precisó durante una entrevista en el programa Contragolpe, que transmite Venezolana de Televisión.
Indicó que el objetivo inmediato de la derecha era provocar una situación que la llevara a ganar las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre, posteriormente relanzar la campaña de ilegitimidad contra el Gobierno Revolucionario y seguidamente lanzar un referéndum revocatorio contra el Presidente.
“Esta posibilidad de derrocar al Presidente, yo pienso que era la operación que estaba montada y yo creo que el presidente Maduro la ha desmontado y la está desmontando”, subrayó el director de Le Monde Diplomatique.
El escritor expresó que la oposición subestimó al jefe de Estado, pues este sector no se imaginaba que tomaría el conjunto de decisiones económicas que ordenó para proteger al pueblo contra delitos como la especulación, el acaparamiento y la usura.
Ramonet destacó que al mandatario nacional se le ha visto en las últimas semanas “dirigiendo un verdadero Estado Mayor, con una actitud de mariscal de campo, presente en todas las batallas (…) un hombre que está en todos los frentes y que está muy presente con una voluntad muy ofensiva”.
Aplaudió las políticas económicas ejecutadas en el país, pues consideró que es necesario que se establezca un control de ganancias para los empresarios, tal como sucede en otras naciones, incluyendo las más desarrolladas del mundo.
T / Yorcellys Bastidas

 

Notas para otro sistema económico y social

 

Umberto Mazzei, ArgenPress
El mundo atraviesa un momento de grandes cambios. Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial polarizaron el mundo entre la receta marxista-leninista y la receta liberal ricardiana. Ese dualismo se presentó como si no hubiese otras opciones, una especie de bipartidismo global. Ambos sistemas fracasaron. Es hora de estudiar otras escuelas del pensamiento económico y político, para dar un nuevo rumbo.

La versión socialista de la Unión Soviética comenzó a ir mal cuando el gobierno de Leonid Brezhnev (1968-1982) aumentó el presupuesto de las industrias militares a expensas del resto de la economía y del bienestar social. Luego asumió una guerra de Afganistán que no podía ganar. El adversario estaba equipado, entrenado y financiado por Estados Unidos, que estaba fuera de alcance, a menos de incurrir en una guerra atómica. Muerto Brezhev, vino Mihail Gorvachev, un iluso, sino otra cosa, que entregó a sus aliados sin garantías, se abrió al neo-liberalismo y Rusia vendió a precio vil las empresas del Estado a testaferros de Wall Street.

En Inglaterra y Estados Unidos, la política la dirigen los intereses financieros desde fines del siglo XVIII y la función de Banco Central las ejercen bancos privados. En Gran Bretaña el Bank of England la ejerce desde 1844 (Bank Charter Act). En Washington un grupo de grandes bancos privados, llamado Reserva Federal, usurpó esa función a la Secretaría del Tesoro, en 1913. En ambos la política económica la dictan los llamados “Lobbies” y descuella la industria de armamento, que la orienta hacía el aumento incesante del gasto militar. Ambos sectores quitan recursos al resto de la economía real para mantener dos mundos fantásticos: el de fabulosas fortunas virtuales y el de amenazas imaginarias.

En la post-guerra, la presencia del marxismo-leninismo como ideología en el poder hizo elevar los salarios e institucionalizar la protección social de los trabajadores, principalmente en Europa, donde la Unión Soviética estaba cerca y había poderosos partidos comunistas. Esa amenaza potencial orientó la política del Estado hacia la conciliación de intereses laborales y empresariales. La desaparición del bloque soviético desencadeno la codicia. En Gran Bretaña y Estados Unidos eso produjo alucinaciones que llevaron al despeñadero socio económico. El cuento de que la libertad total a la codicia personal lleva a la prosperidad colectiva, es falso.

La economía real se erosionó y está en vida artificial desde 2008. Es un caso de esquizofrenia: la gente de bienes y servicios reales (99%) vive una recesión, pero los dueños (1%) de las empresas en finanzas y defensa reciben jugosos bonos y dividendos. Sucede que con deuda pública se dio dinero a los bancos (“quantitative easing”) para re-inflar las bolsas de valores y el pago se cargó a los contribuyentes. Eso pudo haber sido un nuevo comienzo si las prácticas y políticas hubiesen cambiado, pero siguen igual y conducen inexorables a la crisis terminal.

Aún no hay conciencia pública de que vivimos un fallo masivo del sistema económico y político impuesto por Wall Street y la City de Londres, con su victoria de 1945. Los síntomas del colapso sin embargo son claros y el más grave es el laboral, porque los salarios mantienen el consumo. En Estados Unidos el desempleo oficial es un 8%, pero sus estadísticas esconden muchos datos (1) y el desempleo real anda en 18%, y creciendo. En Gran Bretaña la cifra oficial es 8,4%, pero excluye a 3 millones sub-empleados, con pocas horas semanales y a 4 millones del llamado “precariat”: gente en auto empleo casual, que pudiera definirse auto-desempleada. (2)

Desde 2008, el rescate de los bancos costó a Estados Unidos más de 19 billones (3) – cifra superior en un tercio de su PIB – que se usaron en nuevas apuestas del sector financiero y no para movilizar la economía. Los hogares perdieron $1,1 billón de su valor, más otros billones perdidos en inversiones y fondos de pensión. Ahora, familias que fueron de la clase media toman sopas en las cocinas de caridad. Estos inocentes pagan los riesgos absurdos en que incurrió la codicia de los banqueros y del complejo militar-industrial.

La ética socio-económica

La responsabilidad social de la economía es un asunto ético que ya separaba a Adam Smith de David Ricardo. Smith habla de un “lucro excesivo”, contrario al interés social y parasitario; Ricardo lo ve como meta económica y es el enfoque del neo-liberalismo de Milton Friedman; es lo que enseñan en los Business Schools como Economía. Es un asunto ético. Gregory Bateson ( Mind and Nature) ya dijo que “ La ética de lo optimo y la ética de lo máximo son dos éticas totalmente distintas”. La ética de lo óptimo enfatiza la calidad y se expresa con la satisfacción. La ética de lo máximo es adictiva y tiene una sola regla: más es mejor.

Los excesos son siempre tóxicos y es lo que mata la economía norteamericana y el sistema económico vigente. “La maximización de una sola variable -nos dice Bateson- típicamente termina en patología”. Una economía sana mantiene equilibrio en la prosperidad de los distintos sectores; cuando se favorece el crecimiento sólo de un par de ellos, hay una situación parasitaria. Es el caso del sector financiero y de la industria de armamento que piden por un lado austeridad económico-social y por otro crean dispendiosas guerras innecesarias.

En su agonía el sistema desmantela la economía del Estado de bienestar europeo. La banca europea pide más fondos para mantener el valor de sus malas apuestas e impone su gente en los gobiernos. Se eliminan puestos de trabajo, se precarizan el empleo y se privatiza servicios públicos. Como dice Boaventura de Sousa en su Historia de la Austeridad: “El objetivo es volver a la política de clase pura y dura, o sea, al siglo XIX”, a la del liberalismo ricardiano, a la Inglaterra descrita por Charles Dickens.

Hay otras doctrinas

En el siglo XIX prevaleció un enfoque de la economía como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido… y aún, sólo el de algunos. Pero también hubo quienes pensaron en las ganancias de los trabajadores y esas ideas fueron aplicadas -tímidamente- en la Europa anterior al colapso de la Unión Soviética. Ahora se les trata de ignorar y hoy sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Su falta es que miran la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; un criterio objetable para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a las ganancias trimestrales.

El primero fue el ginebrino Jean Charles de Sismondi, que publicó “Nuevos Principios de Economía Política” en 1818. Allí acuño el término proletario – que luego usó Marx- para designar a quien con su prole garantiza la mano de obra. Criticó a Ricardo y señaló que las ganancias a expensas de salarios es una política miope, porque se necesitan buenos salarios para que se consume la producción; fue también el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los abusos capitalistas y en hablar de lucha de clases. (4)

Sismondi predijo la crisis que aqueja hoy a Estados Unidos y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Habló de la sobreproducción que lleva al imperialismo y a exprimir el consumo con deuda sobre salarios futuros. Ahora se llama “Economía de la Oferta” y es Economía de la Deuda. Sismondi culpó la sobreproducción del distanciamiento entre valor útil del bien y su valor de cambio, que impulsa el consumo a crédito que crea una deuda esclavizante. Algo que sucedía en Inglaterra y Estados Unidos desde la primera mitad del siglo XIX. En esa época era deuda en la tienda del empleador, ahora son tarjetas de crédito. Esa tragedia se describe en la novela futurista “The Iron Heel”(1906), de Jack London.

Desde entonces los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado propuestas concretas, que se puede clasificar en dos tesis básicas.

El grupo de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción violenta. Lo remplaza una sociedad sin propiedad individual.

Creo que Marx y sus seguidores son utópicos cuando basan su tesis violenta en la solidaridad proletaria. La solidad es precaria entre gente que lucha por sobrevivir y más si se les niega la aspiración a la seguridad de tener hogar propio. La solidaridad de clase existe, pero entre los muy ricos. A pesar de eso, el marxismo es válido como método de estudio socio-económico y tiene aportes básicos para una propuesta que remplace al ricardismo puro o neoliberalismo.

El otro grupo piensa que el capitalismo es utilizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; además de Sismondi, descuellan Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y en reversa Deng Xiaoping, en China.

Creemos que este segundo grupo es más realista y coincide con un postulado de la ciencia política, mencionado antes por Sismondi, Iturbide, Sarmiento y otros: En cosas de Estado los saltos son efímeros. Se progresa por evolución, como en la naturaleza, y las instituciones que perduran reflejan las circunstancias, la cultura y las ideas de sus ciudadanos.

Este grupo de autores también fue influyente. List, impulsó la industrialización de Alemania; John Maynard Keynes desarrollo la función económica del salario; Weber y Pareto orientan aún la economía social. Sombart (5) acuñó el término capitalismo (Marx no lo usa) y el concepto de la destrucción creativa, que usó su alumno Joseph Schumpeter. Su trabajo más célebre no existe en inglés porque la Universidad de Princeton, tiene el derecho exclusivo (6) y no lo hace.

Hay otros autores importantes que podemos estudiar: Vasili Leontief, Nicolai Kondratieff, Joseph Schumpeter, Jon Elster, John Roemer y la venezolana Carlota Pérez cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” (7) cubre 250 años de historia y muestra que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político. Vivimos uno de esos momentos.

Notas:
1) No se cuentan los desempleados que dejan recibir su seguro de deséemelo aunque sigan sin trabajo. Se cuentan como empleados a los desocupados que trabajan algunas pocas horas semanales a destajo. Hay unos 50 millones en Estados Unidos que viven bajo el nivel calificado de pobreza. Morris Berman, Why America Failed.
2) The Guardian, John Philipott: We need employment statistics that confront political spin. 16 January 2013.
3) Es el término internacional y español; los anglosajones les dicen trillions.
4) Economie politique (1815), Nouveaux principes d’économie politique (1819).

Leonid Brezhnev and Nicolae Ceauşescu.
Leonid Brezhnev and Nicolae Ceauşescu. (Photo credit: Wikipedia)

5) El Capitalismo Moderno (Der Moderne Kapitalismus, 1902 y su última versión en 1927.
6) Fuente: fr.wikipedia.org/wiki/Werner Sombart

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¿Nación o clase?: Las respuestas del marxismo a la cuestión nacional

 

 

Durante más de un siglo las y los marxistas más destacados han debatido la manera de reaccionar a las opresiones y luchas nacionales, a veces protagonizando fuertes controversias entre ellos (como, por ejemplo, entre Luxemburg y Lenin). Guillem Boix, miembro de En lluita y de la CUP, enmarca estos debates en su contexto histórico y los examina para ayudar a posicionarnos ante las oportunidades y los desafíos del actual choque de nacionalismos en el Estado. Este artículo forma parte de una serie de análisis que se han publicado y se publicarán en La Hiedra. [També en català: Nació o classe? Les respostes del marxisme a la qüestió nacional]
estado de caos
estado de caos (Photo credit: emmanuel orezzo)

El actual contexto de crisis va más allá de la crisis económica. Se trata de una crisis sistémica de escala internacional que además de la esfera económica se traslada también a la esfera política e institucional. En el Estado español, con el elemento central de la crisis de la deuda soberana, se está traduciendo en una profunda crisis de legitimidad del régimen forjado durante la transición. Un régimen basado en el neoliberalismo en la esfera económica y social y en la negación del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas dentro del Estado en la esfera política y democrática.

El auge del Movimiento Independentista (MI) en Catalunya, ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la cuestión nacional.

CiU intenta surfear la ola independentista para esconder su proyecto neoliberal y aun así esto no significa que el MI sea un movimiento instigado y motivado por la burguesía. De hecho, se trata de un movimiento popular transversal: “El MI no es un movimiento conservador ni puramente nacionalista. Es cierto que estas dos dimensiones existen dentro del MI, pero por el hecho de actuar en un marco tan amplio como es el movimiento de emancipación nacional quedan en constante colisión y pulsión con diferentes intereses de clase y procesos sociales”1

Nos encontramos ante la redefinición del bloque social progresista en Catalunya que por primera vez se posiciona de forma mayoritaria claramente a favor de la independencia.

Nación: Entre el mito y la realidad

El concepto de nación un concepto relativamente moderno y que va ligado al desarrollo del capitalismo. Aunque los diferentes nacionalismos intentan siempre construir un relato nacional arraigado en una lectura mitificadora de un pasado ancestral, los nacionalismos parten de una cultura e identidad previas a las que dan forma. No obstante, la realidad cultural y lingüística de las sociedades pre-capitalistas dista mucho de las realidades nacionales unificadas (con estado o sin él) que se desarrollarían con el triunfo de las revoluciones burguesas.

Esto es así porque el surgimiento del nacionalismo, como cualquier otra ideología, se basa en unas condiciones históricas y materiales concretas que permiten su nacimiento. En palabras de Marx, “no es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”2 La nación moderna responde a unas necesidades concretas en el plano económico y en el proceso concreto del desarrollo del capitalismo.

Estado nación: Superestructura del capitalismo

El continente europeo había salido de la primera crisis del feudalismo a finales del siglo XV con la formación de estados dominados aún por el modo de producción feudal. Estos estados, con el auge del absolutismo se centralizan y aun así no encontramos entre su población un sentimiento de pertenencia a una comunidad lingüística o a una entidad territorial fijada de la que la población se sienta parte.

Los estados feudales van adaptándose a ciertos elementos de un capitalismo incipiente. Como apunta Davidson, “la importancia del desarrollo capitalista estaba menos en el campo de la producción y más en el de la circulación”3, así con el avance del mercado se crean de forma espontánea redes de comercio que se van convirtiendo en redes lingüísticas. Los primeros mercados internos y primeras sociedades de consumo facilitaron un proceso de unificación política y territorial en donde las personas y las mercancías pudieran circular libremente.

El éxito en trasladar a la esfera política la nueva conciencia nacional naciente, especialmente en las zonas donde primero se desarrolla el capitalismo y estallan, en el siglo XVII, las primeras revoluciones burguesas (Holanda e Inglaterra), ofrece un modelo que será seguido (o impuesto) a lo largo del planeta, asentando el Estado-nación moderno como “el modelo” y el nacionalismo como ideología política que permite una identificación con el proyecto estatal, no sólo por las clases dominantes, sino también para el conjunto de la población.

La perspectiva marxista sobre la cuestión nacional

Marx y Engels formaron parte de la ola revolucionaria de la década de los años 40 del siglo XIX, en un contexto marcado por la lucha por la construcción de los grandes estados capitalistas europeos, que representaban un progreso respecto a los viejos estados feudales. Este contexto es el que inicialmente les lleva a “menospreciar las aspiraciones de las nacionalidades […] que se encuentran dentro de los estados”4.

Tomaron de la filosofía hegeliana la idea de unas “naciones con historia” y otras “naciones sin historia” estas últimas condenadas a ser absorbidas por las primeras. En el Manifiesto Comunista escribieron: “Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales”.5 Pronto quedaría patente que en lugar de ser cosas opuestas, el capitalismo y la identidad nacional iban juntas. Y que poco tenían que ver los movimientos nacionales que ellos condenaban con los modernos movimientos nacionales.

A partir de 1860, empieza un viraje en la posición sobre la cuestión nacional. La libertad de separación de Irlanda que para Marx había sido siempre imposible pasaba ahora a ser inevitable. Porque mientras la clase obrera inglesa se alinease con su burguesía contra el pueblo irlandés seguiría atada a ella e incapaz de hacerle frente. De las lecciones sobre la cuestión irlandesa se desprende en Marx y Engels la distinción entre el papel del nacionalismo de la nación opresora y de la nación oprimida, como apunta Chris Harman “el nacionalismo de los trabajadores y trabajadoras pertenecientes a una nación opresora les une a sus gobernantes y sólo les hace daño a sí mismos, mientras que el nacionalismo de una nación oprimida puede llevar a luchar contra esos gobernantes”6.

El auge del imperialismo volvió a poner en el centro del debate la cuestión nacional a finales del siglo XIX. La escuela austro-marxista con Karl Renner y Otto Bauer como máximos exponentes tiene un impacto destacado. Especialmente después de la publicación de “La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia (1907)” de Bauer. En la obra, Bauer construye un nuevo enfoque sobre el nacionalismo y el mismo origen de las naciones. En su propuesta nación es la “comunidad de carácter” nacida de la “comunidad de destino”.

En el contexto del imperio austrohúngaro, de carácter multinacional, Bauer ataca con firmeza al internacionalismo “cosmopolita” que consideraba las naciones como un episodio anecdótico destinada a desparecer con el desarrollo del capitalismo. Según Bauer, el socialismo no solo no acabaría con las naciones, sino que sería precisamente en la nueva sociedad sin clases dónde las naciones podrían florecer con su máximo esplendor. Para Bauer, los socialistas debían abrazar el nacionalismo cultural, para evitar que las tensiones nacionales rompieran los grandes estados en formación porque estos eran necesarios, desde su punto de vista, para el desarrollo económico del capitalismo, hecho que permitiría el desarrollo de la clase trabajadora, única capaz de acabar con la sociedad de clases.

La visión de la nación de Bauer, que descarta la territorialidad en su concepción, llevará al socialismo austriaco a defender la “autonomía cultural” de las naciones que formaban el imperio. De acuerdo con el programa de la socialdemocracia, el respeto a los derechos nacionales del conjunto de pueblos sería garantizado por el propio estado una vez reformado y convertido en un estado plurinacional.

El problema con el planteamiento de Bauer es que no tiene en cuenta el vínculo del surgimiento de las naciones en el marco general de la lucha de clases. La defensa de los derechos de las minorías nacionales no depende de un programa o una constitución que los incluya sino sobre todo de la correlación de fuerzas que se da. Relegar al Estado central la defensa de los derechos nacionales no es ninguna garantía.

Por otro lado, la apuesta por la autonomía cultural acrecentó las tensiones nacionales dentro de las organizaciones obreras en el imperio austrohúngaro, esto llevó a la escisión, primero, del partido y, luego, de los sindicatos. La fórmula de la autonomía cultural significó la separación entre las filas obreras. Como denunció el revolucionario catalán Andreu Nin, “[e]n oponerse a la disgregación del imperio austrohúngaro […] defendían objetivamente los intereses de la burguesía austro-alemana”7

Este enfoque sobre el surgimiento de las naciones no encontrará en el marxismo una explicación alternativa comparable. Lo que se ofreció en oposición directa a Bauer no fue una contra-explicación sino una contra-definición, la escrita por Stalin y que desafortunadamente sigue siendo referencia para parte de la izquierda. En 1913 Stalin definió la nación cómo “una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura”8. Stalin añade que si falta alguno de esos rasgos ya no podemos hablar de nación, esta definición tan rígida chocaba evidentemente con la realidad nacional de Estados Unidos (por poner un ejemplo) que según la definición no sería una nación.

Aun así la primera crítica a los planteamientos de Bauer la desarrolló el socialista checo Karl Kautsky. El planteamiento de Kautsky, fue adjetivada por Lenin como “histórica-economicista”9. A pesar de hacer un esfuerzo para entender el surgimiento de los antagonismos nacionales desde una perspectiva del desarrollo económico del capitalismo Kautsky consideraba también que el propio desarrollo del capitalismo llevaría a la desaparición de las naciones menos dinámicas. Kautsky que formalmente defendía el derecho de las naciones a la autodeterminación lo hacía con la convicción de que la independencia era un extremo exagerado.

Antes de la primera guerra mundial, el único partido de la socialdemocracia10 de Europa que rechazó frontalmente el derecho de las naciones a la autodeterminación fue el Partido Socialdemócrata de Polonia. La principal teórica y dirigente del partido, Rosa Luxemburg, desarrolló su análisis en el contexto polaco marcado por una escisión en los años ‘90 del siglo XIX dentro de las filas del movimiento socialista entre quienes paulatinamente iban girando hacia posiciones nacionalistas y quienes se mantenían firmes en una posición internacionalista.

El aborrecimiento del movimiento nacional polaco (dominado por posiciones reaccionarias) empujó a Luxemburg a oponerse al derecho de autodeterminación. Luxemburg toma de Kautsky la idea economicista del surgimiento de las naciones y de Bauer el concepto de autonomía cultural. Luxemburg critica la concepción de Kautsky que el desarrollo del capitalismo acabaría con el conflicto nacional. Según la revolucionaria esto sería justamente al contrario, en la fase imperialista del desarrollo capitalista las tensiones nacionales aumentarían al ser las pequeñas naciones anexionadas a los grandes estados contra su voluntad. Pero al mismo tiempo la revolucionaria considera que abogar por el derecho de la autodeterminación de esas naciones es ilusorio por su falta de capacidad política: “la fórmula del «derecho de las naciones a la autodeterminación» no es, en el fondo, una directiva política y programática para abordar la cuestión nacional, sino solamente una forma de esquivar el problema.”11 Como apunta Harman “se mueve de un brillante análisis dialéctico de las tendencias económicas y militares del capitalismo hacia una visión completamente mecánica de las consecuencias políticas.”12

Pero la posición de Luxemburg no es solamente una oposición al nacionalismo. Ella misma reconoce “la causa del nacionalismo en Polonia no es ajena a la clase trabajadora, ni lo puede ser, la clase trabajadora no puede ser indiferente a la opresión más bárbara e intolerable” y añade “el proletariado puede y ha de luchar por la defensa de la identidad nacional, como legado cultural […], pero la identidad nacional no se pude defender con el separatismo nacional”13. Luxemburg encontró una gran oposición a su visión, en el marco de los debates del movimiento socialista internacional, especialmente por parte de Lenin quien desarrolla su análisis en el contexto ruso, un imperio aún más multinacional que el austrohúngaro. La revolución de 1905 había sido tanto una revolución obrera como de las minorías nacionales oprimidas dentro del imperio zarista.

Ante la separación noruega de Suecia (que se dio con el apoyo de las organizaciones obreras suecas y la oposición de la clase dirigente sueca), Luxemburg reaccionó tachándola de reaccionaria porque se trataba de cambiar una monarquía por otra. En cambio, Lenin, que tampoco veía que fuera un gran avance para la clase trabajadora, entendía que como mínimo no suponía un retroceso y añadía: “La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas.”14

Esta es la primera aportación de Lenin, la idea central que la fórmula “derecho de las naciones a la autodeterminación” era la única manera de mantener los lazos entre la clases trabajadora de diferentes naciones, debilitando las ideas reaccionarias entre la clase trabajadora de la nación opresora (el caso de Suecia). Además para el caso de los nacionalismos de la nación oprimida, Lenin reconocía el potencial de esos movimientos para debilitar el poder no solo de los grandes estados sino del imperialismo en general.

Para Lenin la diferencia del nacionalismo de la nación oprimida y el de la nación opresora era una cuestión central. Por eso denunció a los bolcheviques que veían en el levantamiento irlandés de 1916 un golpe de estado de la pequeña burguesía. A partir de este momento Lenin rompe con la idea kautskiana de que la revolución democrática burguesa y la lucha por el capitalismo nacional solo podía ser liderada por la burguesía. Aun así, viendo las posibles alianzas que se habían de fraguar entre el movimiento obrero y los movimientos de emancipación nacional, Lenin insistió en la necesidad práctica que los y las marxistas se organizasen de forma separada. Fue así por la base de clase diferente que cada movimiento tenía y la necesidad de no renunciar, mientras se luchaba por reformas democráticas concretas junto a elementos burgueses y pequeño burgueses, a la perspectiva general de la clase trabajadora y los intereses de la revolución socialista.

El desarrollo del imperialismo después de la primera guerra mundial dejó claro que las luchas venideras no tendrían un carácter puro de confrontación capital-trabajo (aunque este fuera y siga siendo el elemento central) porque otras fuerzas (entre ellas las naciones oprimidas) se rebelarían contra el orden existente. De ahí la importancia de esclarecer una posición propia e independiente sobre la cuestión nacional por parte de la clase trabajadora.

En defender el derecho de las naciones a la autodeterminación –incluyendo el de separación-, Lenin no hacía ninguna concesión al nacionalismo. De hecho, aun defendiendo los derechos (culturales, lingüísticos, etc.) de las minorías nacionales Lenin se oponía frontalmente al concepto de autonomía cultural del austromarxismo que sí consideraba una concesión nacionalista. La capacidad para entender más allá de la cuestión económica o la cuestión cultural o psicológica para ofrecer un análisis que destila el aspecto político de cada problema, cada contradicción, es lo que confiere un especial valor a la aportación de Lenin.

El desarrollo del capitalismo en el Estado español se dio de forma desigual, concentrándose en Catalunya y una parte de Euskadi especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX15, e impidió el desarrollo de un proyecto nacional unificador en el Estado español. Esto, junto con la imposibilidad de reformar un estado cuya configuración territorial fue heredada del absolutismo para adaptarlo a los intereses de la nueva clase dominante surgida en estos territorios, lleva al surgimiento de un movimiento nacional, la primera expresión política del cual en Catalunya es el federalismo, corriente dominante de la izquierda en el siglo XIX, aunque pronto seria La Lliga (el partido de la burguesía catalana) el principal referente político del primer nacionalismo catalán. Las propuestas federalizantes o no centralistas chocan una y otra vez a lo largo de la historia con las instituciones políticas del Estado central.

En este contexto, desarrollan un esfuerzo de análisis comunistas disidentes de la línea marcada por Moscú entre los que destacan Andreu Nin y Joaquim Maurín. Nin considera que: “los movimientos de emancipación nacional son un aspecto de la revolución democrática” y añade “de la misma forma que la victoria del socialismo no es posible si no se realiza la democracia completa, el proletariado que no lance una lucha tenaz y revolucionaria por la democracia en todas las cuestiones no se puede preparar para la victoria sobre la burguesía”16. Nin consideraba que en el caso del Estado español la burguesía había perdido el impulso revolucionario de las primeras revoluciones burguesas, en un estado formado previamente a esas revoluciones y con una clase trabajadora más numérica con una conciencia ya desarrollada que entendía las reivindicaciones democráticas (compartidas con la burguesía) dentro del programa más amplio de la revolución.

De hecho Nin, entiende que a pesar de un movimiento nacional catalán dominado por las organizaciones de la pequeña burguesía (ERC) la incapacidad de esa clase para ofrecer soluciones (no solamente en el caso de los derechos nacionales sino también en la reforma agraria y otros aspectos pendientes de la revolución democrático-burguesa en el Estado) facilitaría la hegemonía del proletariado y las organizaciones revolucionarias. El estallido revolucionario de 1936 vendría a confirmar esas tesis.

El advenimiento de la segunda república, que a pesar de las promesas federalistas, se acaba definiendo como “república integral” (forma ambigua de decir estado unitario) lleva a Maurín, que consideraba los movimientos de emancipación nacional como un factor revolucionario de primer orden a escribir:

Somos separatistas. Pero no separatistas de España, sino del Estado español. En España hay una pugna entre el estado y las nacionalidades oprimidas. Hay que desarticular el estado, romperlo, quebrantarlo. Sólo cuando el estado semifeudal esté destrozado podrá formarse la verdadera unidad ibérica, con Gibraltar y Portugal incluso17.

Maurín, siguiendo la concepción acuñada por el republicano federal Gabriel Alomar18 distingue tres etapas de la evolución del movimiento nacional catalán. Una primera fase hegemonizada por la alta burguesía catalana que utiliza la cuestión nacional para arrancar concesiones al gobierno central al mismo tiempo que evita la erosión política por sus planteamientos antisociales. Una segunda fase dónde la dirección del movimiento, pasa a manos de la pequeña burguesía y una tercera fase que se alza sobre el fracaso de las negociaciones entre los representantes de la pequeña burguesía catalana con la gran burguesía española (que no está dispuesta a hacer concesiones) y que pone al proletariado como única clase capaz de resolver el problema de la única manera que pude hacerlo, la revolucionaria. Maurín considera que la implicación de la clase trabajadora en la resolución democrática de la cuestión nacional ayudará a constituir un “centro de convergencia entre la Catalunya obrera y campesina y la Catalunya democrática”19.

Crisis y nacionalismo

El Estado nación es la forma típica de administración política asociada al capitalismo. Desde este punto de vista, no es extraño que la ideología nacionalista siga formando parte de la conciencia de las personas, por cómo responde a la experiencia diaria de las vidas bajo el capitalismo. Además el nacionalismo no es algo que “pasa” en momentos de auge de los movimientos independentistas, el sistema capitalista refuerza el nacionalismo como condición necesaria para su propia supervivencia.

El contexto de crisis actual refuerza el auge de los nacionalismos. En el caso del Estado español la crisis está siendo utilizada por parte del gobierno del PP, con el apoyo de sectores del PSOE para emprender una recentralización estatal que responde a la lógica centralizadora de la austeridad. Esto vestido con un refuerzo del nacionalismo español como justificación ideológica. Al mismo tiempo, las comunidades autónomas, especialmente allí dónde más competencias se han traspasado, ven amenazadas su propia capacidad de gestión. La crisis económica tensiona las relaciones entre las elites económicas. Las burguesías “periféricas” utilizan el conflicto nacional para esconder sus políticas neoliberales. La aproximación a las tres fases del movimiento en Catalunya, definida por Alomar (20), no debe ser vista como una categorización aplicable exclusivamente al contexto histórico del primer tercio del siglo XX. Hay elementos de esa visión que caracterizan la situación actual (por ejemplo el crecimiento de ERC en detrimento de CiU(21)). Por eso en el actual contexto es importante que desde la izquierda anticapitalista se ponga en el centro de la política la defensa de la autodeterminación y la independencia. El miedo a la confrontación con el Estado puede llevar al replegamiento de los sectores más moderados del MI, esto pude abrir nuevas vías en las que la defensa de la independencia desde posiciones democráticas y sociales vaya ganando hegemonía, abriendo las posibilidades de desarrollo de proyectos de ruptura no ya solamente con el Estado español sino con el capitalismo.

El crecimiento del independentismo en Catalunya forma parte de la respuesta social a la crisis. Para construir una política de clase y anticapitalista que ponga sobre la mesa elementos clave de la salida anticapitalista de la crisis como el no pago de la deuda, la colectivización de las empresas estratégicas, etc. hace falta plantear esas demandas no como contrapuestas a las demandas “nacionales” sino como confluyentes con el proyecto democrático-emancipador.

Guillem Boix es militante de En lluita / En lucha

Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra

http://enlucha.wordpress.com/2013/09/08/nacion-o-clase-las-respuestas-del-marxismo-a-la-cuestion-nacional/

Notas:

1 En lucha, 2012: La cuestión nacional catalana. Disponible en:  http://goo.gl/VL42S7
2 Marx, Karl, 1859: Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Disponible en:  http://goo.gl/vuNX2Z
3 Davidson, Neil, 2007: ‘“Reimagined Communities’, International Socialism, nº117, diciembre 2007 ”  http://goo.gl/cQv5rQ
4 Citado en Pastor, Jaime, 2012: Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda. Madrid, Viento Sur-La Oveja Roja. pp. 42-69.
5 Marx, K. y Engels, F., 1848: Manifiesto del Partido Comunista. Disponible en:  http://goo.gl/aYlWJ
6 Harman, Chris, 1992: ‘The return of the national question’, International Socialism, nº 56, otoño 1992 Disponible en:  http://goo.gl/V2mzIv
7 Nin, Andreu, 1935: Els moviments d’emancipació nacional, Barcelona, Base. pp. 93-94
8 Stalin, José, 1913: El Marxismo y la cuestión nacional. Disponible en:  http://goo.gl/yx8K8J
9 En el sentido en que la definición se basaba básicamente en los aspectos económicos (desarrollo del capitalismo).
10 En este periodo los revolucionarios se autodenominaban socialdemócratas.
11 Luxemburg, Rosa, 1908: La cuestión nacional y la autonomía.
12 Harman, C., 1992: op cit.
13 Luxemburg, R., 1909: The National Question. Disponible en:  http://goo.gl/HbUcwr
14 Lenin, Vladimir I., 1914, El derecho de las naciones a la autodeterminación. Disponible en:  http://goo.gl/IlG6HX
15 Este desarrollo desigual no se dió solo por la dinámica económica: factores políticos intervinieron forzando, por ejemplo, el subdesarrollo en Andalucía. Ver: En Lucha Sevilla, 2010: La cuestión nacional andaluza (2011). Disponible en:  http://goo.gl/PvSMpC
16 Nin, Andreu, 1935: op cit.
17 Maurín, Joaquim, 1931: “En torno a la cuestión nacional”, La Batalla. Citado en: Riottot, Yveline, 2004: Joaquim Maurín o la utopia desarmada. Gobierno de Aragón. p. 178
18 Martín Ramos, J.L., 2005: “Marxisme i qüestió nacional a Catalunya, de les formulacions doctrinals fins a la Guerra Civil” a Albareda, J., et al: Catalunya en la Configuració política d’Espanya. Reus: Centre de lectura de Reus. p. 192.
19 Maurín, J., 1934: “Pel restabliment íntegre de l’Estatut, Avant!” Citado en: Riottot, Y., 2004: op cit. p 187.
20 Martín Ramos, J.L., 2005: op cit.
21 CiU no sólo ha perdido apoyo en la pasadas elecciones del 25 de noviembre de 2011 por su política social (aunque sea un factor importante), también por su ambiguo discurso nacional, evitando hablar de independencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

El blindaje de la economía y el modelo nacional Boliviano

 

Como seguramente se recordará, hace algunos años y en medio de los traumas sufridos y provocados por la crisis económica de la llamada burbuja financiera e inmobiliaria que se desató el 2008 (y que aún se arrastran); en Bolivia se produjo un intenso debate acerca de la capacidad nacional para soportar los embates de la misma, en vista de los graves efectos que estaba provocando en diversas economías del mundo.
En ese contexto se enfrentaron criterios en torno a la idea de si la economía estaba o no blindada. Ahora, a la distancia y el tiempo transcurrido y más allá de que dicho debate tenga ya una respuesta perfilada por los hechos; también se puede apreciar que dicha coyuntura sirvió para distraer y postergar un asunto más importante. Me refiero a la tarea de definir y construir (social y participativamente) el modelo económico nacional, porque (en medio del temor ciudadano y el riesgo de caer en la crisis), se optó por debatir la forma y algunas acciones orientadas a evitar aquello que la memoria colectiva de la sociedad guarda como uno de sus fantasmas más indeseables, por lo sufrido en épocas como la hiperinflación en los años 80 o la aguda situación de escasez de los años 50 a 60.
Los innegables indicadores del manejo económico y, sobre todo, la elevada cantidad de reservas internacionales acumuladas como resultado de la venta y exportación de los recursos hidrocarburíferos nacionalizados, evidentemente hacen ocioso, hoy, continuar debatiendo sobre el blindaje de la economía y caer en aquella tentación razonable que surgió aquellos años cuando la crisis de la burbuja financiera e inmobiliaria arrastraba a la quiebra de grandes consorcios banqueros y bursátiles que afectaron la economía mundial.
A cambio de ello, lo que este trabajo buscará explorar es si el modelo económico, social, comunitario y productivo (como se denomina al aplicado actualmente), efectivamente constituye un modelo de transición hacia el socialismo. Es decir, si efectivamente está orientado a sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista o, si por el contrario, en realidad encubre y proporciona un verdadero “blindaje” a una economía procapitalista de base extractivista, que se conforma con una redistribución rentista de los excedentes económicos y la construcción de una base económica sustentada en la industrialización (enajenada tecnológica y financieramente).
El sofisma [1] de la fase intermedia de transición
Para dilucidar la inquietud planteada en este artículo, en principio nos remitiremos a los argumentos sostenidos oficialmente. El primer número de la revista Economía Plural del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de septiembre de 2013, cuyo contenido está referido precisamente al Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo, es muy elocuente y permite explorar los alcances del modelo. Allí se sostiene que “no es pretensión del nuevo modelo económico (…) ingresar directamente al cambio del modo de producción capitalista, sino, sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista”.
Al respecto y para demostrar el carácter procapitalista del modelo económico nacional (inclusive más allá del reconocimiento de que no existe ninguna pretensión de cambiar el modo de producción capitalista, como textualmente acabamos de citar), no hace falta realizar grandes elucubraciones o efectuar profundas investigaciones; basta con observar lo que sucede con el mercado, la economía y la producción.
Desde el año 2006, hace más de 7 años cuando se inició el proceso de cambio (y consiguientemente el llamado periodo de transición), no solo se ha dado continuidad y se ha reproducido el mismo tipo de relaciones económicas y de producción capitalista que el neoliberalismo impulsaba, sino que inclusive se han exacerbado las mismas, como consecuencia del extractivismo, la explotación y exportación de los recursos naturales (mineros e hidrocarburíferos principalmente), el enorme incentivo a la construcción de grandes obras de infraestructura (de transporte, telecomunicaciones, energía y servicios), así como las grandes concesiones para la ampliación de la frontera agrícola y el establecimiento de grandes extensiones de monocultivo transgénico agroindustrial, que al margen de contribuir en conjunto a la conformación de una nueva élite económica que en el pasado era despreciada y discriminada social y culturalmente, ha permitido restituir las relaciones políticas con la antigua clase señorial terrateniente y comercial que constituye la derecha reaccionaria y conservadora que había intentado dividir el país.
Para mayor abundamiento argumentativo sobre el carácter procapitalista del modelo económico, volvamos a la publicación oficial mencionada. Textualmente se afirma que “todas las nuevas atribuciones del Estado están orientadas a convertir a Bolivia en un país industrializado”; que “hay que cambiar la matriz productiva de ese viejo modelo primario exportador por otro que priorice la producción e incremente el valor de los productos”, porque “en el nuevo modelo económico (…) el énfasis está en la producción y la redistribución del ingreso”. Como se puede apreciar, el propósito central del modelo coincide plenamente con los fines del sistema capitalista; es decir, el incremento de la producción, la ganancia y la explotación.
En buenas cuentas, ello significa mantener (sin transformar) las relaciones de producción y explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza. Es decir, reproducir el sistema capitalista de explotación, donde a lo sumo se intentará sustituir el fallido y agotado modelo neoliberal a través de medidas de política económica “que irán resolviendo muchos problemas sociales y se consolidará la base económica para una adecuada distribución de los excedentes económicos”.
Ahora bien, teniendo como telón de fondo los hechos descritos y los argumentos oficiales sostenidos, que indudablemente se niegan a cambiar y mantienen el sistema capitalista que el proceso de cambio y transformación y los sectores populares han planteado como mandato; llama la atención que al mismo tiempo se sostenga que el modelo está orientado a “sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista”.
Al respecto, tanto a nivel internacional como nacional (principalmente cuando se produjeron coyunturas pre y revolucionarias de transformación) como en la antigua Unión Soviética, China, México, Cuba y en Bolivia el 52 y los años de las guerrillas y la Asamblea Popular a inicios de los 70; ya se produjeron muy intensos debates en torno a la necesidad de plantear la revolución por etapas, establecer si existía la madurez de condiciones materiales y subjetivas para transitar al socialismo, o la pertinencia de una revolución permanente, etc., que no solo constituyen testimonios acerca de la certeza y cabalidad de las discusiones que casi siempre terminaban en escisiones políticas, sino lecciones que hoy deberían tener el enorme valor para evitar y prever los problemas y equivocaciones que se cometieron en coyunturas y contextos similares. Una de ellas referida precisamente a la impertinencia y falacia de plantear etapas o periodos de transición, como si la historia y los acontecimientos tuvieran un comportamiento lineal, programable y ordenado mecánicamente.
Es más, es una lógica capciosa plantear que se van a sentar las bases para la transición al socialismo, cuando en la práctica lo que se hace es reforzar (blindar resulta en este caso más apropiado para caracterizar el propósito), y exacerbar las relaciones y el sistema de producción y explotación capitalista. El sofisma del planteamiento radica pues en que a título de “sentar las bases”, se anulan las tareas y todo indicio para cambiar las relaciones de producción y explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza, se reconoce y refuerza el sistema capitalista de explotación y ni siquiera se plantea el tiempo que demandará sentar las supuestas dichas bases para construir el socialismo. No es una redundancia reafirmar en estas circunstancias aquella certeza material y lingüística de que no se puede hablar siquiera de socialismo, si previamente no se cambian las relaciones de producción y explotación capitalistas imperantes. Todo lo que se diga en contrario es una falacia, un sofisma.
Vacíos y ausencias para construir el socialismo
Explorando otros ámbitos del modelo económico en marcha y otorgando el beneficio de la duda sobre aquella supuesta predisposición de “sentar las bases para la transición al socialismo”, nos remitimos a la Constitución Política del Estado. Allí resaltan al menos dos aspectos que vale la pena mencionar.
El primero tiene que ver con los principios, valores y fines del Estado (ver: Art. 8 inc. II), en donde claramente podemos advertir que los mismos son diametralmente opuestos al consumismo, el individualismo y la competencia que rigen y representan al sistema capitalista imperante. Es decir, corresponden a una visión NO capitalista. Ello no solo marca una visión y un enfoque paradigmático diferente y opuesto al capitalismo y la sociedad occidental, sino también a la obligación y responsabilidad de que el Estado y la sociedad los cumplan y practiquen en el proceso de construcción de una nueva sociedad.
Se trata de un asunto fundamental que el modelo económico debería haber contemplado, porque al margen de no existir en todo el documento ninguna referencia sobre el Vivir Bien, que debería constituir el norte del modelo, tampoco parece que se haya tomado en cuenta principios y valores como la solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía y equilibrio que junto a otros, no deberían ser obviados a la hora de sentar las bases para la transición al socialismo, puesto que cumplen el rol estratégico de articular las diferentes formas de organización económica de la economía plural, según se puede establecer en el Art. 306, inc. III, de la Cuarta Parte que corresponde a La Estructura y Organización Económica del Estado de la Constitución Política.
En vista de ello y siendo que más bien se sostiene que “no es la pretensión del nuevo modelo económico (…) ingresar directamente al cambio del modo de producción capitalista”, podría afirmarse que esa pretensión no concuerda con lo estipulado en la Constitución, puesto que no busca el cambio del modo de producción capitalista, y tampoco contempla aquel conjunto de valores y principios articuladores de las diversas formas de organización económica que están orientados a la construcción del socialismo comunitario para Vivir Bien en armonía con la naturaleza, que a su turno es la base del paradigma alternativo al capitalismo.
El segundo aspecto está referido a la organización económica comunitaria. Si se tratase de sentar las bases hacia el socialismo, como plantea el modelo económico formulado en la publicación del Ministerio de Finanzas, entonces esta forma de organización económica adquiere una trascendencia gravitante (no por criterio de quién escribe), sino porque a diferencia de las otras 3 formas de organización económica que componen la economía plural, en la propia Constitución Política (ver: Art. 307), el Estado no solo la reconoce, respeta y protege (como sucede con las otras 3), sino que adicionalmente debe fomentarla y promocionarla (otorgándole así una categoría preferente), en vista de sus atributos (también propios y diferentes de las otras formas de organización económica), que efectivamente contribuyen tanto a la construcción del nuevo paradigma alternativo al capitalismo del Vivir Bien en armonía con la naturaliza, como de un socialismo comunitario, que además respondería a las condiciones materiales e históricas de la realidad y su economía.
El vacío y la ausencia de estos aspectos son notorios en la exposición del modelo económico planteado, y tampoco se encuentra mención a la necesidad de promover y fomentar iniciativas y formas de organización económica comunitaria, que ciertamente implicarían la construcción de nuevas relaciones de producción y el establecimiento de las bases del socialismo comunitario.
Los bonos soberanos
Otro asunto que ha llamado la atención en la implementación del nuevo modelo económico, es la decisión de incrementar el endeudamiento del país y comprometerse a pagar intereses muy atractivos en el mercado financiero internacional, para las empresas o países que decidan adquirir los bonos emitidos por Bolivia.
Se trata de un endeudamiento de 1.000 millones de dólares que en las dos series de bonos emitidos hasta ahora, se ha decidido incrementar los intereses de la obligación contraída por el país, para hacer más atractiva la compra de los mismos en el mercado internacional.
Muy en contrario de lo que aconseja un elemental razonamiento económico (salvo que prevalezca la codicia y una muy alta predisposición consumista), resulta poco razonable adquirir y/o incrementar el endeudamiento económico, cuando existen elevadas reservas internacionales que muy bien podrían cubrir los requerimientos de inversión y gasto de la economía nacional, o la posibilidad efectiva de acceder a créditos de la banca internacional de fomento a tasas más reducidas, que los intereses comprometidos a pagar por la adquisición de los bonos denominados soberanos.
Los argumentos que se han esgrimido para efectuar este endeudamiento nacional, es que hace muchas décadas que el país había dejado de figurar y tener reconocimiento en el mercado financiero internacional, y que se necesitaba recuperar esa imagen perdida. Más allá de lo costosamente veleidoso de la decisión que reinserta a Bolivia en la máxima expresión del sistema capitalista imperante, como es el mercado financiero internacional; el problema es por demás interpelante, porque genera una obligación que embarga la economía nacional por varios años a intereses de empresas transnacionales que forman parte del mercado financiero, e incrementa el endeudamiento que debemos pagar todos los bolivianos, siendo que paralelamente la propia riqueza nacional traducida en las reservas internacionales, están depositados nada menos que en la reserva federal de Estados Unidos y otras fuentes menores, pero con el agravante de que a diferencia nuestra, nos pagan intereses risibles y mínimos. Es claro que mal se pueden sentar las bases de transición al socialismo, si una de las medidas económicas de mayor trascendencia nos vuelve a anclar y hacer dependientes de la máxima expresión capitalista que constituye el mercado financiero internacional.
Se ha afirmado también que dichos recursos del endeudamiento de los bonos contraídos por Bolivia, han sido destinados principalmente a la construcción de obras prioritarias. La pregunta que surge nuevamente al respecto, es por qué se decide endeudar al país en esos términos, cuando muy bien podían utilizarse los ingentes recursos acumulados en las reservas internacionales (más de 14 mil millones de dólares) o, cuando menos y demostrada la imperiosa necesidad de invertir, haber optado por la captación de créditos que podrían tener más bajos intereses de pago, que los comprometidos a cubrir por los bonos(¿). Acaso la credibilidad, solvencia y seriedad económica del país no sirven para eso?.
Al respecto y buscando alternativas menos perniciosas y más acordes al mandato de construir un nuevo modelo económico alternativo al capitalismo, es claro que ni siquiera se ha pensado en transformar las relaciones comerciales y de intercambio entre las naciones, para plantear como base de cooperación mutua y horizontal, la solidaridad, la complementariedad y la reciprocidad, de tal modo que podamos llevar adelante las obras que necesitamos, a cambio de aportar con los medios o recursos que disponemos una vez satisfechas nuestras necesidades internas.
La confiabilidad de la palabra de los organismos internacionales
Para concluir estas reflexiones en torno al modelo económico nacional, quisiera referirme a lo que puede denominarse como el retorno o recuperación de la mentalidad colonial.
El asunto es simple pero de elevada significación económica y política. Desde hace algún tiempo se ha venido hablando e informando acerca de los importantes y renovados logros de la economía nacional y los indicadores macroeconómicos, que entre entras cosas se ha traducido en la emergencia de una nueva clase económicamente poderosa y que en el pasado había sufrido discriminación étnica y cultural. Junto a ello, también se ha resaltado con mucha fuerza el tránsito de una economía débil, pobre y subdesarrollada, a una situación de mediano crecimiento que la alejaba de su condición de sujeto crítico y preferente para la atención de la cooperación internacional, de tal modo que ahora, por ejemplo, ya no se cuenta con condiciones preferenciales para acceder a créditos blandos como en el pasado.
Al mismo tiempo, esta situación económica se ha traducido en el tránsito y conformación de capas empobrecidas que se constituyen y pasan a engrosar las clases medias, con el añadido de que lo hacen en una proporcionalidad demográfica muy significativa.
Ahora bien, como si estas noticias no tuvieran el peso y la credibilidad que corresponde cuando son transmitidas por las propias autoridades nacionales, o lo que es peor, solo adquiriesen la relevancia y confiabilidad necesarias cuando son ratificadas por otros; se ha podido apreciar en una actitud típicamente dependiente y colonial (que solo considera válido aquello que es reafirmado y certificado por terceras personas como si la palabra propia no tuviese valor y consistencia), las propias autoridades nacionales se han dado a la tarea de remarcar esos avances, porque el informe y los representantes de los organismos internacionales (en este caso el Banco Mundial), así lo confirmaba.
Por si fuera poco a esa actitud colonial que hace depender los avances económicas alcanzados, a la certificación y la palabra de los organismos internacionales, no se repara en el hecho de que ese mismo hecho da cuenta también del engrosamiento de una clase media que en la medida en que no pase a conformar nuevas relaciones de producción y trabajo (diferentes a las de explotación capitalista), mayores serán las nuevas condiciones y los nuevos intereses de clase que defenderá, pero no precisamente para luchar (como antes), por su liberación, sino para blindar y reforzar el sistema capitalista que los ampara y promueve.
Como resultado de este razonamiento, podría inferirse que se está en contra y se repudia el mejoramiento de las condiciones económicas y la ampliación de las clases medias en el país; cuando en realidad lo que se observa es que se hace flaco favor al establecimiento de condiciones para construir el socialismo, si lo que importa es mejorar el estatus y las condiciones de subsistencia, sin haber emprendido la transformación de las relaciones de producción que indudablemente permitirán resolver (no mejorar) las causas de la pobreza.
A pesar de que discursivamente se sostenga que ahora los organismos internacionales de cooperación contribuyen y apoyan a la construcción del socialismo; en realidad el beneplácito y la complacencia que ellos manifiestan públicamente al confirmar el mejoramiento de la economía y la ampliación de las clases medias, dice todo lo contrario. Mal se puede esperar que ellos sean los artífices de su propia destrucción y muy ingenuo (por decir lo menos), quien piense que ha logrado convertirlos o engañarlos.
Nota:
[1] Para precisar, sofisma define el diccionario Larousse como un razonamiento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero.
Arturo D. Villanueva Imaña. Sociólogo, boliviano. Cochabamba.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Evo pide al Ejército preparación para enfrentar al imperio

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El presidente boliviano, Evo Morales, aprovechó hoy el aniversario de la Escuela Militar de Sargentos Maximiliano Paredes para exhortar al Ejército a estar preparado para enfrentar al imperio y al capitalismo norteamericano El jefe de Estado llamó a los integrantes del cuerpo castrense a “prepararnos sobre nuevas ofensivas del imperio, del capitalismo, de algunos instrumentos militares que tiene el imperialismo norteamericano por ahora”.

Durante su discurso en el municipio de Tarata, en el departamento de Cochabamba, el mandatario recordó que es preciso contar con sargentos, suboficiales y oficiales de las Fuerzas Armadas con principios y valores, conocimiento del territorio nacional, en la parte táctica y estratégica, y la defensa de la patria.

También recordó que la historia latinoamericana y la de Bolivia, en particular, estuvo marcada siempre por enfrentar en distintas etapas a los imperios, una historia que se repite en el presente.

Morales resaltó la importancia de los principios y los valores y recordó que con ellos y nuevas políticas y programas novedosos se puede conseguir la liberación militar, política y económica.

“La otra responsabilidad es cómo planificar a mediano y largo plazo para liberarnos tecnológicamente. Todavía eso requiere tiempo”, insistió.

El Presidente persistió en el homenaje a la heroína indígena Bartolina Sisa, cuyo natalicio 263 se celebra hoy, y recordó su lucha contra el colonialismo.

 

Las guerras de Vincho

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MANUEL FERMÍN

Hace algunas semanas se le dio riendas sueltas a la campaña difamatoria y perversa contra la persona y familia del doctor Marino Vinicio Castillo. Imputación: “ocultar patrimonio”, “ser un mal aliado del Estado en la lucha contra las drogas”, e, incluso, intelectual del sicariato. ¡Qué sandez! Todo un monumento a la temeridad y la mala fe. Pero el verdadero y único “pecado” de él, cuál es?: que ha enhestado bandera de lucha contra sectores agrarios atrasados, contra el caciquismo rural, por un lado; y por el otro, enfrentar con firmísima convicción a sectores políticos y económicos del país y del exterior ligados a actos criminales, negocios corruptos y lavado de dinero. Contra esos poderosos intereses han sido libradas las batallas más duras de “las guerras de Vincho”, jurista que ha tenido verdaderos combates gladiatorios sindicando a personajes políticos de haber ordenado asesinatos de ciudadanos que han capturado la atención de la comunidad nacional. Exigiendo justicia se le han lanzado todo tipo de calumnias “que todavía no cesan”, que salen de un conglomerado político y de sus adheridos que con vehemencia le acosan, pero cargados de crímenes y corrupción contra el Estado, y que se esfuerzan con denodado interés de anclar su propia impunidad.

Así que en esta interminable “historia de guerra” del doctor Castillo, más inquietante que sus planteamientos de orden político, son sus constantes señalamientos de evidencias de vínculos existentes de estos adversarios con estructuras mafiosas que han infiltrado el poder político y el Estado. He aquí donde las guerras del doctor Castillo han tomado los matices más intensos, pues sus constantes denuncias sobre el establecimiento de relaciones íntimas, entre algunas formas, a través de la financiación de campañas electorales por sectores del crimen organizado a favor del partido en el cual las evidencias rodean con más precisión sus acusaciones, son irrefutables. Salta  a la vista que el país se ha convertido de puente a un centro de operaciones y distribución, y esta transformación ha incidido en la escalada de violencia que arropa la nación”.

Su fortaleza moral es tal que si quisiera “que no lo hace” vanagloriarse de nunca haber sido sometido a la dimisión moral a la que sí sus enemigos han sido obligados a recurrir, el doctor Castillo no hace gala de ello aunque sí nunca ha renegado de su estirpe política. ¿Haz visto usted, amigo lector, alguna acusación por asociación ilícita en su contra? Lo que no es ocultable es como estos personajes vienen transmutándose de buey manso a buitres, poniendo al desnudo la insolvencia y la nula integridad moral, y con culpas graves en los problemas nacionales, y sin embargo, solo han recibido el reproche de él para todavía seguir tratando de encandilar a jóvenes que desconocen su pasado que indigna a toda persona decente. Esa es la razón de que sean guerras sin fin, hasta la rendición. Son como las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago: hasta la destrucción total de la República Africana.

Los grandes debates nacionales de los últimos 50 años llevan sus huellas dactilares y de paso han afianzado su imagen de abogado de la República como él prefiere llamarse; con su espíritu querellante alzando su voz contra el cinismo y la falta de escrúpulos erigidos como sistema de gobierno. Él neutraliza al adversario sin tener que cambiar pruebas por ruido, degradando la megalomanía y el afán de grandeza, por el efecto de la fuerza indomable de sus argumentos. En esta nueva guerra, no menos agresiva que las anteriores, donde tenía que soportar la obscena casta de privilegiados que le atacaban desde sus trincheras, ahora él lucha  acompañado de un contrapoder mediático de aguerridos comunicadores que rápidamente han zarandeado y sacado de combate a sus agresores.

No se puede ignorar la dimensión trascendente que tiene “y seguirá teniendo” el excelso jurista.

 

La sociedad dominicana se construyó sobre la base del miedo…

La sociedad dominicana se construyó sobre la base del miedo, el odio y el resentimiento. Los españoles se impusieron a sangre y fuego, exterminaron la raza indígena, y desde entonces quedó sembrada en estas hermosas tierras las semillas del miedo, del odio y del resentimiento. Cuando tras siglos de dominio, sometimientos y pobreza, conquistamos la independencia, lo que vino fueron gobiernos anarquícos y avasalladores, que acrecentaron el miedo y el consecuente odio. Luego vinieron los dictadores: Lilís y Trujillo, y con ellos, más muertes, más miedo, más odio y más resentimiento. Trujillo llevó el miedo, el resentimiento y el odio a toda la sociedad. Los elevó, como el chisme, al Estado y desde el Estado los esparció a la sociedad entera. A su muerte, la nuestra era una sociedad infectada de miedo, de odio y de resentimiento. Juan Bosch, al regresar del exilio, en su primer discurso, dijo que había que matar el miedo, y lo dijo porque la democracia no se edifica sobre el miedo ni del odio. Pero el profesor fue derrocado y lo que vino en 1966 fue el balaguerismo con su represión, reforzando el miedo y el odio. Desgraciadamente, esa ha sido nuestra historia, una historia de crímenes, de saqueos, de dictaduras, de anarquías, de miedo, de odio y de resentimiento. Sin embargo, en la medida que hemos ido construyendo la democracia, la gente ha ido poco a poco perdiendo el miedo. La democracia es participación y elección. Es decisión. La gente decide y no debe decidir con miedo, sino en libertad. Con miedo nadie sueña ni avanza. El miedo encalla, paraliza. El miedo, junto con el odio, es enemigo del progreso del individuo y de la nación. El miedo se anula con la participación y el odio se combate con amor. El miedo, el odio y el resentimiento no son herramientas de la democracia; lo son de la dictadura. Construyamos una sociedad sin odio y sin miedo si queremos que el mundo sepa de nosotros. Estos no son tiempos de miedo ni de odio. Son tiempos de participación, de decisión, de libertad y de amor. Sólo así podemos sentirnos libres y avanzar.

 

Para comprender la lectura de la economía y la crisis

Quito, Ecuador, Good Friday 2010: Street proce...
Quito, Ecuador, Good Friday 2010: Street procession entitled Procesión del Jesús del Gran Poder (Jesus with the Great Power). Français : Quito, Équateur, Vendredi saint 2010 : procession appelée Procesión del Jesús del Gran Poder (Jésus au grand pouvoir). (Photo credit: Wikipedia)
                                                                              A propósito de Foucault y la ilustración
Doscientos años después que terminara la verdad revelada, en la Edad de la Razón, la humanidad se enfrenta nuevamente a una nueva verdad revelada: el mercado. Si Dios antes era el portador de la verdad y el conocimiento era un obstáculo fácilmente salvable para garantizar que dicha verdad se mantuviera, hoy día es el mercado el portador de la verdad. El mercado es omnipresente y perfecto: todo lo sabe y todo lo puede, habla y escucha, en todo el orbe. El conocimiento, en cambio, no impide que dicha verdad continúe extendiéndose como un dogma. Esa es la función de las teorías neoliberales en lo económico y neo conservadores en lo político que conforman la post modernidad que domina el modo de entender de inicios del siglo XXI. En este campo, la filosofía política va por delante de la experiencia y propone un ordenamiento social inexistente a partir de las relaciones individuales únicamente. No hay intereses de clase, ni nacionales. Solo individuales que deben de ser atendidos de inmediato. La inmediatez es un elemento de esta post modernidad individualista llevada al extremo: la del agente económico aislado y urgido.

Foucault en Sujeto y Poder advierte que el sujeto humano está inmerso en relaciones de producción y de significación y por lo tanto está inmerso en relaciones de poder muy complejas. La interrogante que se plantea es ¿Qué legitima el poder? ¿Cómo se construye el significante del poder? Una vez con una teoría del poder ya se puede aproximar al análisis de la realidad. La búsqueda de Foucault no es la de Weber. No busca la parte institucional del poder sino el cómo opera en las conciencias. Busca el proceso de sometimiento, como se define la norma y lo que está fuera de la norma. Sin ir muy lejos, cómo invade el sentido común y lo transforma. Lo transforma con las ideas que quiere utilizar para someter, dentro de un contexto histórico muy definido: económico y político.

El fascismo y el estalinismo son dos formas patológicas de poder dentro de contextos muy precisos. El poder puede por lo tanto transformarse para someter del modo que encuentra más posible. Toda la discusión es sobre el espacio que se abre para el poder y de qué manera invade y somete al sujeto humano. A pesar de su locura interna, ambas formas usaron las ideas y los procedimientos de nuestra racionalidad política. De esa misma manera, hoy día el mercado ha sometido la razón y la política con el soporte político neoconservador, más próximo al fascismo que al estalinismo, pero lejos de los espacios democráticos en construcción a partir del siglo XVIII. Esto es cierto para Estados Unidos y Gran Bretaña pero también lo es para gran parte de Europa y América latina. La interacción Sociedad-Estado está intermediada por el Mercado, le guste a quien le guste. Todo lo que se aleja de esta interacción es anatema, se aleja del dogma y debe de ser excomulgado: por ejemplo Venezuela, Ecuador, Bolivia, la mala izquierda en palabras de un político neoconservador mexicano que antes fuera del Partido Comunista Mexicano.

Dice Foucault que la palabra racionalidad es peligrosa. No hay que invocar el proceso de la racionalización en general, dice. Y del otro lado, en la teoría económica contemporáneo dominante, en el dogma, la racionalidad es la esencia. Los sujetos son siempre “racionales” y deciden permanentemente sobre lo que optimiza su función de utilidad. El problema con esta aproximación teórica es que niega lo razonable y también lo poco razonable: los impulsos. “Lo quiero y me lo llevo” no es racional, es humano. “Yo regalo” tiene que ver con formas de enlace y no con una función de utilidad- El “Nosotros” en el colectivo más amplio no tiene un lugar en la sociedad actual.

Empero cuando se aprecia el modo como con la progresión del neoliberalismo primero, y la crisis del milenio después, los autoritarismos y las intolerancias van avanzando y se van constituyendo como nuevos sentidos comunes. El torturar en vez de detener; matar en lugar de hacer justicia; deportar en vez de ver mejores condiciones de trabajo; vamos viendo una regresión social sustentada en la división absoluta de la sociedad después del colapso del socialismo real. Sindicatos destrozados en el nombre de la generación de empleo (que no ocurre); universidades publicas devastadas en el nombre de la libre empresa en la era del conocimiento (sin evidencia de éxito); el sujeto político ha dejado de ser ciudadano y ha sido transformado en consumidor. Con salarios deprimidos y la necesidad del consumo inyectada al sentido común, el consumidor se convierte en un deudor inmenso que debe los ingresos del resto de su vida por haber logrado vivir algo más allá de su capacidad. Y esa es la crisis. En medio de economías maduras estancadas, con tasas de crecimiento de la productividad mediocre y altísimo consumo; los consumidores, ex ciudadanos, le deben a la banca, al fisco y al prójimo y se van quedando sin empleo. Ya no siendo ciudadano, no tiene derechos más allá de los de los consumidores. Por esta razón la protesta social se reprime en todo el mundo usando el argumento de “terrorismo” y por lo tanto pueden acabar los líderes de la protesta en la cárcel sin acusación, o como vemos con Assange, sin ni siquiera derecho al asilo diplomático. Para algunos neoconservadores, el derecho de asilo es una perversión legal de los países atrasados.

Los ciudadanos antes tenían derechos que se habían venido construyendo desde la revolución francesa, es decir desde el inicio de la modernidad. Lo que le hace a la modernidad es la igualdad ante la ley y eso tiene que ver con franquicia política y ciudadanía. Por eso progresivamente se incorporaron al voto ciudadano los indios, los analfabetas, los negros y las mujeres en el mundo occidental. En cambio, los consumidores no tienen sino derechos sobre lo que consumen. Los derechos políticos se han ido desvaneciendo al mismo tiempo que se habla de la “democracia” como valor supremo. La democracia es un bien de consumo que se expresa a través de encuestas de opinión de mercado. La arbitrariedad del trato en el paso por los aeropuertos es el mejor ejemplo de esto. El pasaporte errado puede llevar al sujeto a la revisión por drogas y a la deportación, sin ninguna razón; o sencillamente a quedarse parado en la manga del avión esperando alguna decisión arbitraria sobre si tiene o no derecho de paso en ese aeropuerto “internacional”. La apariencia también puede llevar a la muerte, como en el caso de Jean Charles de Menezes, asesinado por las fuerzas de seguridad británicas tras el atentado de Londres del año 2005. Su asesinato, impensable, se transformó en una razón de Estado. “Mato por las dudas”. No hay justicia, no hay detención, no hay reconocimiento de su status de ciudadano de algún país con algún status en el Reino Unido, en este ejemplo. Es un consumidor de color subalterno, fuera de sitio, seguramente desempleado, en un barrio de pocos recursos: un terrorista. Es un excluido duro que no merece ningún respeto como ciudadano, o como ser humano.

Vamos regresando a etapas creídas superadas e imposibles de retorno: de muertes arbitrarias desde el Estado, colocado por encima de la ley. Los musulmanes de hoy en Europa son los judíos de los años 30. Subordinados, maltratados y discriminados son el blanco de la responsabilidad de los efectos de la crisis. Los 150 inmigrantes musulmanes muertos en Alemania, cuyos casos han sido ocultados por la policía y luego ocultada la responsabilidad de la propia policía en los casos es una repetición de nuevo cuño de procesos anteriores de entreguerras. Fenómenos análogos se han visto en Noruega, donde un supremacista mató a decenas de estudiantes porque serán tolerantes en el futuro, en Francia y en España, por nombrar los casos más vistos. Los retrocesos dentro de la política de Estados Unidos; la situación del Vaticano; la política migratoria europea; y la persistencia de una teoría económica que lanzó una trayectoria critica que no puede detener, hace pensar que el poder mutó a un conjunto de actores que tiene que ver con la riqueza de un sector pequeño antes que con el desplazamiento del poder entre un país y otro, entre un hegemón y otro; o entre un conjunto de ideas y otro. El retroceso social, aunado al retroceso político y la persistencia de una crisis de gran magnitud en las economías líderes abren interrogantes sobre los fundamentos filosóficos del poder. ¿La razón?

El papel de la filosofía es impedir que la razón vaya más allá de los límites dados por la experiencia, dice Foucault a propósito de Kant. Kant, de su lado, dice en Qué es la Ilustración:

“La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude!(1)”

El papel del maestro, dice Kant, es restringir el espacio del pupilo y advertirle los peligros de caminar solo en un su búsqueda de la verdad y la razón. Es decir el objeto de la escuela, para Kant, es limitar el conocimiento y canalizar el dogma. No busca más aunque si es un buen maestro, tendrá un espacio donde repite el dogma y otro donde discute sus propias ideas. Eso hace un buen maestro. La mayor parte sin embargo enclavan prejuicios y terminan victimas de esos mismos prejuicios.

La libertad es lo esencial para la búsqueda. Foucault en su ensayo breve titulado igual que el de Kant ¿Qué es la ilustración? desmenuza las posturas del filosofo aleman y plantea el problema del conocimiento y la libertad de conciencia:

“Cabría pensar que no hay en ello nada muy diferente de lo que se entiende, desde el siglo XVI, por la libertad de conciencia: el derecho a pensar como se quiera con tal que se obedezca como se debe. Ahora bien es aquí donde Kant hace intervenir otra distinción y de una manera bastante sorprendente. Se trata de la distinción entre uso privado y uso público de la razón; Pero a continuación añade que la razón debe ser libre en su uso púbico y sumisa en su uso privado, Lo que es, palabra por palabra, lo contrario de lo que se lIama de ordinario la libertad de conciencia”.

La dificultad e interrogante para Foucault es cuánto espacio tiene el docto para distanciarse del dogma antes de ser anatemizado. Lo que es cierto es que en cuanto docto, el sujeto tiene gravitación sobre la verdad y el dogma. En esa medida además no puede ser frenado. De otro lado, si el cuestionamiento del dogma es lo suficientemente fuerte, ¿Pertenece aún a la congregación de los creyentes?

En los tiempos que corren, donde el dogma económico corre libremente y se advierte sobre los peligros de la enseñanza de ninguna otra cosa que el dogma y se estigmatiza lo que no es dogma, cerrándose escuelas heterodoxas y castigando la enseñanza de marxismo, quizás sea el momento de abrir las puertas a la razón y dejar que fluya en pos de una comprensión de lo que ocurre.

Este pequeño trabajo está dividido en tres partes. El primer capítulo tiene que ver con la naturaleza compleja de la crisis y los aspectos más complejos del lado financiero de esta, terminando con los retos que nos deja. Esto es fruto de una serie de conferencias en Quito, una el año 2008 organizada por la UNESCO dentro del proyecto MOST y la otra en el año 2009 en el Congreso de la República de Ecuador y una tercera vez en la inauguración del año lectivo 2009 en la Escuela Preparatoria 1 de la UNAM en México. El segundo capítulo tiene que ver con la existencia y pervivencia del sistema financiero o si algo cambió esencialmente. Nuestra hipótesis es que hay un cambio y que el sistema dejó de serlo y se transformó en complejo financiero bancario. Esta conferencia fue presentada en las IX Jornadas Monetarias del Banco Central de la República Argentina en Buenos Aires, octubre 1 y 2 del 2012. El capítulo 3 tiene que ver con la concentración del ingreso como el objeto de la política económica en los últimos treinta años y se adelanta sin las discusiones previas correspondientes.

En abstracto el planteo es que la crisis es múltiple, que el complejo financiero ha tomado el control de la marcha económica y del Estado en los Estados Unidos y Gran Bretaña desde los años 80 de manera creciente y que ellos han planteado tanto un sentido común académico como una política macroeconómica cuya finalidad es concentrar el ingreso. El objeto de la política macroeconómica no es estabilizar la macroeconomía, sino concentrar el ingreso, por la evidencia que de manera contundente se presenta desde África hasta Europa en las últimas décadas.

El marco foucaultiano sirve para abrir caminos de comprensión que a su vez den espacio para proponer nuevas lecturas tanto de la crisis como de las razones para la comprensión más amplia de la misma. También sirve para la acción: Conocer es poder.

ALAI AMLATINA

1) ¡Ten audacia de saber!

– Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) http://www.obela.org
(Texto de Introducción al libro La Gran Mutación. El capitalismo real del siglo XXI. Serie Breviarios, IIEC UNAM, agosto 2013.)

 http://alainet.org/active/66461

LO DE DANILO Y LEONEL: ¡… Es cuestión de estilo!

  • César Medina 

Cuando aquel Leonel bisoño llegó al poder por primera vez en 1996, nunca había desempeñado una función pública.

Su ejercicio profesional se había limitado a la academia y al paso ocasional por los tribunales.

Y al sentarse por primera vez en el sillón presidencial una vez terminado el protocolo de cambio de mando y haber juramentado el gabinete, se encogió de hombros y dijo: ¡Anja… ¿Y ahora?! Danilo Medina estaba a su lado y le respondió: ¡Oh, ahora vamos a gobernar…! Tomarle el pulso al país desde la primera posición del Estado es tarea muy difícil, y cada gobierno se muestra desde el principio de acuerdo al temperamento del Presidente.

En esos primeros cuatro años Danilo Medina fue una especie de primer ministro en el gobierno… Aunque su titularidad era la de Secretario de la Presidencia.

Era quien manejaba la carpintería política del partido que llevó a Leonel al poder, fue quien escogió a los principales funcionarios, incluyendo a algunos jefes militares… Pero la última palabra, obviamente, siempre la tenía el Presidente…

Poco a poco Leonel fue tomando control del poder, y cuando la gente vino a darse cuenta ya tenía dominio completo del Estado y le impuso al gobierno su impronta personal…

Como abeja al panal…
Cuando comenzó a poner en marcha sus planes de transformar la infraestructura física del país, Leonel tuvo que cortejar la parte del sector tradicional de la industria de la construcción a través de su amigo y colaborador Diandino Peña, y en cuestión de meses se convirtió en su líder.

A esa asociación fueron entrando luego los principales grupos empresariales que llegaron a través de Luis Manuel Bonetti para hacer negocios con el Estado y que, como siempre, se enquistaron en el poder porque daban respuestas rápidas y efectivas a las exigencias del gobierno.

Mientras tanto, Danilo Medina se concentraba en la tarea de armador político del gobierno y se desvinculó totalmente de todo lo que tuviera que ver con negocios, obras físicas, comisiones, importaciones o exportaciones, contratos de suplidores…

En esos cuatro años Leonel y Danilo se ocuparon de la política, pero el dinero lo manejaron otros…

Por eso su candidatura del año 2000, que perdió de Hipólito Mejía, tuvo que llevarla a cabo con recursos muy limitados, y cuando junto a Leonel pasó a la oposición en ese gobierno perredeísta, Danilo era más pobre que cuatro años atrás.

…Y ahora en el gobierno
Danilo asumió el poder hace hoy justamente once meses… Aunque dijo en varias ocasiones que llegaba con su propio librito, no todos le creyeron pensando que sería simplemente una continuación de su predecesor Leonel Fernández.

Lo primero es que los grupos económicos que anduvieron cerca de Leonel en sus ocho años continuados de poder —entre 2004 y 2012–, no han encontrado espacio en el gobierno de Danilo.

Su decisión resuelta a modificar el contrato con la Barrick dejó en evidencia que Danilo no se detendrá ante nada en defensa de los intereses del país .

La intervención del gobierno en el negocio eléctrico y su iniciativa para cambiar la matriz de generación, lo mismo que modificar la estructura completa del sistema de seguridad social y enfrentar a los grupos que siempre se han creído dueños de la República Dominicana, probablemente no hará cambiar la infraestructura física del país…

¡…Pero modificará la estructura de poder que ha obligado a los gobiernos y a los presidentes a manejar a la sociedad dominicana con tanta inequidad por más de medio siglo!

 

TOMADO DEL LISTIN DIARIO