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Un debate necesario: Los paros agrarios y la lectura de su impacto político

Horacio Duque Giraldo y José Antonio Gutiérrez D.

Colombia ha sido conmovida en los meses recientes por grandes movilizaciones campesinas y populares. Desde la huelga del Catatumbo hasta los paros agrarios en distintos lugares del territorio nacional, las masas han hecho una presencia multitudinaria en la esfera pública, saliendo de las profundidades y el subsuelo social. Para nadie es una duda que el telúrico paro agrario y popular que comenzó el 19 de agosto, es un punto de inflexión innegable en las luchas sociales colombianas que requiere repensar estrategias y muchas categorías por parte de la izquierda.

Un campo de conflicto se configuró y los sujetos que emergieron, desde la vida campesina, plantearon duros retos al sistema político nacional que controla la oligarquía. Los “no lugares” de la política, los no institucionales, los actores ubicados en los márgenes de la democracia liberal representativa (burguesa, oligárquica), ganaron preponderancia en el curso de la sociedad y marcan el desarrollo de la nación.

Un paradigma nuevo ante una bisagra histórica

Amainada la furia con el repliegue natural de la movilización social, la que seguro regresará y muy pronto, han surgido los análisis e interpretaciones sobre lo sucedido y sus alcances. Muchas de las opiniones se inscriben en el marco de una epistemología atrapada por la rutina y los lugares comunes, incapaz de romper con los esquemas restrictivos del democratismo demo-burgués. Repiten tesis de manual que les impide captar la esencia de lo ocurrido. Parecen vivir en un enclaustramiento perpetuo omitiendo que la crisis desafía al pensamiento convencional y sugiere otros paradigmas epistemológicos para ver lo que no es evidente, para captar lo emergente y para descubrir lo emancipatorio. No se percatan que probablemente las teorías que tenemos y los conceptos que utilizamos no son los más adecuados y eficaces para enfrentar los desafíos y para buscar soluciones hacia el futuro.

Necesitamos de un pensamiento alternativo para pensar alternativas, para poder captar toda la riqueza de las experiencias emancipatorias que ocurren en la actual coyuntura nacional. Un pensamiento que además pueda aprehender dialécticamente los vasos comunicantes entre los distintos procesos políticos que se están dando, en lugar de distinguir artificialmente, conflicto social por una lado, y conflicto armado por otro, proceso de paz en La Habana por un lado y movilización campesina y popular por otro.

Un análisis del actual proceso debe considerar el nuevo ciclo político colocado por la apertura de la Mesa de La Habana como un elemento central de la actual coyuntura que vive el país. Esto, de la mano de la espiral de movilizaciones sociales que el país viene viviendo claramente desde mediados del 2008, nos sitúa en una bisagra histórica. Vivimos una transición que no necesariamente parte de y hacia una revolución socioeconómica. Estamos delante de un potencial acto fundacional que es preciso delimitar. Un acto fundacional de la res-pública y de la democracia en términos que se plantean tanto en el debate de la Mesa de La Habana como en las movilizaciones por los campos y ciudades de Colombia. Las categorías político-ideológicas utilizadas por los diferentes sujetos en este proceso pueden servir para imponer camisas de fuerza al proceso, o bien para explorar su potencial transformador y ayudar, consecuentemente, a su desarrollo.

Entre el universo de interpretaciones publicadas, creemos particularmente interesantes las del académico Medófilo Medina, reconocido profesor de historia de las universidades bogotanas, autor de varios textos sobre los partidos de izquierda y los movimientos sociales, quien ha ofrecido su visión de lo ocurrido en los últimos días en una entrevista para el portal La Silla Vacía (verhttp://lasillavacia.com/historia/pensar-que-lo-que-ensayaron-los-campesinos-fue-una-revolucion-seria-muy-equivocado-medofilo ). Esta entrevista ha sido publicada con el provocador título de “Pensar que lo que ensayaron los campesinos fue una revolución sería muy equivocado”. Medófilo Medina es uno de los pocos representantes honestos de una vertiente de pensamiento que podríamos llamar, en estricto rigor, socialdemócrata en Colombia. Hombre de larga trayectoria, conocedor como pocos de la realidad colombiana y de la trayectoria del conflicto, da en el clavo con su evaluación de la lectura que se hace del paro desde el establecimiento en términos represivos y contrainsurgentes. Su lectura del gabinete para la “paz” de Santos (que más bien parece un gabinete para prolongar la guerra), así como su indignación ante la perversa utilización, por parte del gobierno, de categorías inadecuadas como las de la infiltración también nos parecen aportes importantes al actual momento. Esto no significa, en absoluto, que tengamos que estar de acuerdo con él en todo, aún cuando sus opiniones siempre dan material para re-pensar los problemas de Colombia. Valgan estas notas como una contribución a debates necesarios, para los cuales no disponemos de respuestas mágicas ni certezas absolutas, sino apenas de algunas reflexiones que esperamos sean de utilidad.

Medina, revolución o no-revolución, esa es la cuestión

Medina compara la magnitud del actual Paro Agrario Nacional con el Paro Cívico de 1977, algo que muchos analistas han hecho, con respectivos matices por el carácter fundamentalmente agrario de las recientes protestas, aunque la movilización en ambos casos encontró ecos en amplios sectores sociales y se convirtió en una coyuntura que fuerza replanteamientos estratégicos y políticos al movimiento popular. El recurso heurístico utilizado, remite al de la analogía histórica para indicar que las lecturas que se hacen por parte de la izquierda y el pensamiento crítico podrían ser similares a las hechas a raíz del paro cívico de 1977, cuando según él se infirió la necesidad de la lucha armada como vía exclusiva para la conquista del poder y la realización de la revolución socialista. Aproximación débil que ignora el nuevo mundo de la movilización popular del siglo XXI en Colombia y el mundo, y la re-significación que se ha hecho de conceptos tan manoseados como revolución. Lo que nos enfrenta a problemas de paradigma. Según él:

En la izquierda, en el movimiento guerrillero, el paro cívico se leyó en clave de insurrección (…) La izquierda no armada, vale aclarar, no toda, participó de alguna manera de este delirio insurreccional. (…) No creo que se hubiera producido en 1977 una situación revolucionaria. El Paro, (…) fue una respuesta contra unas políticas económicas y sociales (…) El paro fue una coincidencia de sectores socialmente abigarrados y políticamente diversos. Valorar eso como una revolución frustrada fue producto de una distorsión del juicio (…) El movimiento de los trabajadores rurales y también urbanos tiene exigencias de modernización de la vida política, de mayores condiciones de participación pero pensar que lo que se ensayó allí por parte de los campesinos fue una revolución sería muy equivocado (…) Porque las demandas tienen unos horizontes inmediatos, son muy concretas”.

Más allá de si en 1977 el campo revolucionario elaboró conclusiones respecto de los acumulados políticos para plantear nuevos escenarios de lucha (cosa que, en principio, no nos parece una equivocación, hipótesis latente en la reflexión de Medina) de manera apresurada [1] , nos parece temerario el salto a sugerir que, respecto de la actual ola de movimientos campesinos, no podemos avizorar posibilidades de cambios profundos, porque eso sería alimentar un delirio extremista en la izquierda. En nuestra opinión nadie tiene derecho a imponer riendas a la voluntad de un pueblo en movilización, a decirle “hasta aquí es aceptable”. Tal cosa equivale a seguir tratando al pueblo llano como rebaño y no como agente activo.

Preocupa el hecho de que en el manejo conceptual quienes apostamos por una transformación social profunda (y no nos cabe duda que, pese a ciertas diferencias, estamos en el mismo bando con el profesor Medina) nos vemos rezagados y a la defensiva, o manejamos los conceptos de manera poco dialéctica, rígida, de manera analítica. Tal cosa ocurre con el manejo, en nuestra opinión inadecuado, que el profesor Medina hace del concepto de “revolución”. Las revoluciones rara vez son obra exclusiva del “partido único” y siempre presentan contradicciones importantes en el seno de las masas que las hacen. Ni siquiera la Revolución de Octubre, prototipo de la “revolución por excelencia” respondió a ese esquema, pese a su posterior mistificación. Medina dice, para demostrar que no existe potencial revolucionario en el presente, que José Antonio Ocampo critica a los TLCs pero que no propone una alternativa socialista. ¿Acaso las masas en San Petersburgo y Moscú en 1917 pedían socialismo? ¿Se deriva mecánicamente de la consigna “Pan, Tierra y Paz” el socialismo? Y esa consigna fue la que impulsó a la formación de la república soviética. No queremos decir con esto que la “amenaza comunista” esté a la vuelta de la esquina, como dirían los alucinados del uribismo.

Algo nuevo crece, sin embargo, en Colombia, algo que se ha escapado todos estos años a los sabihondos que desde la violentología o las teorías importadas sobre “construcción de paz” (empacadas en el mismo formato macdonalizado por las grandes instituciones de la “gobernanza” internacional, para consumo lo mismo en África o los Balcanes que en Colombia). Algo que se le ha escapado a la socialbacanería que defiende estridentemente las instituciones podridas y que no imagina otros modelos políticos que aquellos actualmente existentes. Entender la naturaleza de este nuevo fenómeno requiere una mirada fresca y sacudir presupuestos fáciles, nociones manoseadas y categorías de análisis anquilosadas. Desafortunadamente, las categorías con que Medófilo Medina sigue mirando al mundo están ancladas ideológicamente en el dogmatismo y las mistificaciones de un cierto sector que aún no se desprende de una lectura mecanicista y eurocéntrica de las revoluciones. Y no se trata, con esta crítica, tampoco, de estirar el concepto de revolución hasta el punto de que pierda todo valor explicativo, sino de entender la naturaleza sui generis que tiene en cada momento histórico y en cada espacio concreto, la irrupción de las masas en la arena política para efectuar transformaciones sociales y económicas de fondo.

Lo que es revolucionario en un contexto puede no serlo en otro [2] . Lo fundamental en un proceso revolucionario es que las masas se convierten en el actor protagónico en la arena política. Cosa que Medina reconoce y en lo cual insiste cuando afirma que “el verdadero valor de lo que ha pasado es esa participación con decisión de los trabajadores de manera sostenida”. Sin embargo, no valora este hecho en toda su dimensión y lo que significa, no en cualquier contexto universal, sino en las condiciones específicas de Colombia a inicios del siglo XXI. No ha sido una exageración, en nuestra opinión, hablar de la “revolución de las ruanas”, aún cuando este proceso aún esté lejos de concretizar todo su potencial. Desde luego no estamos ante un proceso revolucionario abierto en Colombia en el sentido clásico (dogmático-eurocéntrico) de la palabra, pero sí estamos ante un período de transformaciones sociales profundas que tienen que darse –y que pueden darse- para superar la actual crisis de hegemonía que aqueja a la formación social colombiana, el cual, si es llevado a sus lógicas consecuencias, tiene alcances revolucionarios. ¿Podemos, acaso, entender “la modernización de la vida política del país” al margen de los equilibrios de poder entre las clases y fracciones de clases, así como de la constante lucha entre ellas? ¿Podemos seguir hablando de modernidad y progreso como categorías objetivas, positivas y sin contenido político, de clase, sin referencia incluso a cosmovisiones más profundas que nos sitúan en paradigmas diferentes al eurocentrismo? Si estas transformaciones reclamadas por las muchedumbres asumen o no un carácter revolucionario, dependerá de las apuestas que desde hoy haga el movimiento popular. Pero para Medina la revolución, como deja en claro más adelante en la entrevista, se reduce a una “aventura armada”.

¿Aventureros o transformadores?

Entender la naturaleza del conflicto armado que sacude a Colombia desde hace décadas en clave de “aventura armada” es un craso error del cual no pueden salir sino conclusiones erróneas. Aún cuando el conflicto armado tenga una dinámica particular, no puede aislarse ni divorciarse artificialmente del conflicto social, en el cual tiene sus raíces profundamente clavadas y desde el cual se nutre. Tampoco el conflicto social es indiferente a la dinámica política del conflicto armado. Tal cosa es evidente al hacer una rápida lectura a los temas claves del proceso de paz en La Habana y los reclamos de los millones de colombianos movilizados durante el paro agrario y popular. Desde luego que ninguno es reflejo mecánico del otro, pero las superposiciones entre ambas visiones de Colombia, son evidentes a cualquier lector desinteresado. Tanto como el abismo que ambas comparten con el proyecto de Colombia del bloque en el poder.

La visión de Medina de la revolución según esquemas preconcebidos o como una mera “aventura armada” llevan a que establezca distinciones artificiales que no aportan a una lectura más fina del actual momento político, como se desprende de una sorprendente afirmación que hace en la entrevista:

Las Farc tienen todo el derecho de sentirse fortalecidas pero en su propuesta de paz y no para creer que están allí perdiendo el tiempo porque el pueblo está protagonizando una revolución”.

¿Acaso las FARC-EP han hablado, alguna vez, de paz a secas? Cuando la insurgencia y muchísimos sectores del movimiento popular hablan de paz, se dice “paz con justicia social”, eso Medina bien lo sabe. Como hemos explicado en ocasiones anteriores [3] , tal cosa no es un capricho sino que obedece a la realidad de que la paz, sin tocar las estructuras sociales y económicas que alimentan el conflicto, no es sino una quimera. En ese sentido, la distinción que adivina Medina entre la “propuesta de paz”, y la “propuesta política”, de cambio social, profundo, radical, nunca ha existido, ni en la insurgencia ni en las principales expresiones del movimiento popular. Cuando las FARC-EP llegaron a La Habana lo hicieron para discutir una agenda de cambio político para el país, y eso es lo que se ha expuesto y demostrado en todos sus comunicados y propuestas. Esa distinción entre la propuesta de paz y la de cambio es totalmente artificial y solamente contribuye –aunque sea inadvertidamente- a la causa de quienes, a veces agazapados en la izquierda, buscan una desmovilización exprés y la mera conversión de las insurgencias en partidos dentro del actual sistema democrático-burgués de pelambre mafioso y paramilitarizado. Esto es exactamente lo que espera Santos de estas negociaciones, aunque de cuando en vez se deje llevar por arranques retóricos insustanciales que no merecen ser tomados muy en serio. A los pocos minutos una declaración del intocable ministro de defensa nos devuelve la sana dosis de realismo político que necesitamos para afrontar la actual coyuntura.

La irrupción del pueblo en el escenario político no puede leerse por parte de la insurgencia como si las negociaciones de paz fueran lo mismo que perder el tiempo porque precisamente ella ha sido enfática que la agenda de cambios que el país necesita debe ser amplia, construida desde la lucha, desde abajo, al calor de la movilización popular. Poner pueblo a las negociaciones, una frase que han repetido hasta el cansancio, significa algo más que mandar recomendaciones por foros o a través de internet. Significa que el pueblo, en todas sus expresiones necesariamente contradictorias, asuma el debate y se movilice para avanzar en el camino de los cambios que el país necesita. La unidad entonces se ve como un proceso dialéctico, contradictorio, fruto de la movilización concreta y no como la imposición de categorías homogéneas ni de verdades únicas. Lo cual implica superar visiones vanguardistas-iluministas que no se ajustan a la realidad nacional, por una parte, y buscar la confluencia amplia al interior de la izquierda en lucha y los sectores populares, por otro. El escenario al que más teme la oligarquía colombiana se está materializando, y es la confluencia entre las demandas del pueblo movilizado con la agenda política de La Habana, la cual no es diferente a la agenda de paz. Un escenario que nada tiene de maquiavélico sino que muestra los vasos comunicantes propios del bloque popular y la identidad de intereses objetivos a largo plazo. Si algo ha demostrado este paro, es que la agenda política de la insurgencia, con todos los peros que pueda haber, se ajusta muchísimo más a la realidad nacional y a las aspiraciones de las amplias masas, que la agenda impresentable del santismo. Eso es lo que más le duele a una oligarquía que parece haber perdido todo impulso histórico. Y eso también es a lo que se refiere el mismo Medina cuando dice acertadamente (sin sacar las conclusiones necesarias de su reflexión) que “el ambiente general es de demanda de un reformismo social y de una modernización política de un país, es decir de una democratización efectiva. Y eso está también en el discurso de la FARC.

¿Esa agenda de cambio político, de alcances revolucionarios, entonces, no es parte de la propuesta de paz? Son dos caras de la misma moneda, desde luego. La distinción artificial entre “paz” y “propuesta transformadora” en Medina, lo inhabilita para comprender la posibilidad de la emergencia de un poder genuinamente popular, del pueblo como un soberano en ciernes, que es lo que se está empezando a ensayar con instancias como la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular. Al margen del ejercicio del poder popular como una apuesta inmediata, que no se relega hasta la calendas, uno no puede sino limitarse a las propuestas de apertura política, coincidentes con las del santismo, a ver si quizás en las próximas elecciones… ya conocemos ese cuento.

Pensar la novedad en lo político desde una matriz crítica y alternativa

Desde nuestra mirada, las acciones sociales que están ocurriendo hoy aquí – que, pese a sus particularidades y originalidades, no están al margen del contexto caracterizado por rebeliones multicolores que han sacudido a todo el continente americano- son protagonizadas por grupos sociales (campesinos, indígenas, mujeres, afro descendientes, desempleados, estudiantes) cuya presencia en la historia no fue prevista por la teoría crítica eurocéntrica. Se organizan muchas veces según formas (movimientos sociales, autogobierno, organizaciones económicas populares) muy distintas de las privilegiadas por la teoría clásica: el partido y el sindicato. No habitan los centros urbanos industriales sino lugares apartados en las alturas de las cordilleras o en llanuras de la selva amazónica. Hablan desde la periferia urbana y rural. Expresan sus luchas a veces en sus lenguas y dialectos particulares y no en ninguna de las lenguas coloniales en que fue redactada la teoría crítica que sustenta el bagaje intelectual de Medina y el nuestro. Y cuando sus demandas y aspiraciones son traducidas en las lenguas coloniales dominantes de las clases blancas o en las plataformas reivindicativas invariablemente desarrolladas desde los centros políticos, no emergen los términos conocidos de democracia o desarrollo, sino dignidad, respeto, territorio, autogobierno, autonomía, el buen vivir (sumak kawsay), la Madre Tierra. Aún cuando creamos que estamos todos hablando la misma lengua, incluso, hay diferencias lugares desde los cuales se habla que implican formas de entender el mundo y la realidad totalmente diferentes. Problema que no es único de la actual coyuntura colombiana sino que es propio de una modernidad plagada de quiebres y contradicciones internas. Mientras en la revolución haitiana (1791-1804) los líderes revolucionarios entendían la libertad (liberté) en los términos ilustrados planteados por la revolución francesa, para los bozales y esclavos sublevados, la libertad era indisociable de su conuco y su pedacito de tierra. Condiciones fundamentales para “ser” y no meramente “existir”.

Los movimientos sociales recientes, más allá de los contextos, construyen sus luchas sobre la base de conocimientos ancestrales, populares y espirituales que siempre fueron ajenos al cientificismo propio de teorías críticas eurocéntricas [4] . Por otro lado, sus concepciones ontológicas sobre el ser y la vida son muy distintas del inmediatismo y de los individualismos occidentales. Los seres son comunidades de seres antes que individuos, y en esas comunidades están presentes y vivos los antepasados así como los animales y la Madre Tierra. Estamos ante cosmovisiones no-occidentales que obligan a un trabajo de traducción intercultural para poder ser entendidas y valoradas. La movilización social que hemos visto no sólo recomienda tomar alguna distancia con relación a ciertas categorías del pensamiento; más que eso, exigen pensar lo impensado, o sea, asumir la sorpresa como acto constitutivo de la labor teórica.

Si algo caracteriza a estos nuevos movimientos sociales es su complejidad, su diversidad, su permeabilidad y su interés por implicarse en la acción, en la práctica, de un concepto re-significado deciudadanía. Lo que les sitúa en una predisposición para buscar una múltiple articulación temática, sectorial, entre escalas y entre agencias. El conocido eslogan de “pensar globalmente y actuar localmente” se ve complementado con el “pensar localmente y actuar globalmente” -permitiendo el reconocimiento de las identidades particulares, de las diferentes subjetividades (diferencias étnicas, territoriales de género, orientación sexual, edad, etc.), identidades sectoriales (trabajo, medio ambiente, educación, sanidad, vivienda, etc.) y territoriales, conjugándose a la vez con la defensa y conquista de principios universalistas como los derechos humanos, o los mismos valores democráticos, que se re-significan incorporando otras voces y otras contribuciones aparte de aquellas que vienen desde los centros del desarrollo capitalista. De tal modo que el objetivo de estos nuevos movimientos sociales, articulado como una ciudadanía democrática e inclusiva, tiene un doble sentido: particularizar los valores universales y universalizar las identidades particulares. En definitiva, tienen el reto de articular las distintas posiciones subjetivas en un sujeto unitario y pluridiverso, en una nueva identidad de identidades que sea mucho más que la suma mecánica de sus partes.

Hubo “pitonisos” que anunciaron que con la globalización todo se iba a desterritorializar, que todo iba a ser global, predicciones empañadas por la repentina importancia que cobran el territorio y la tierra como aspectos centrales para la emergencia de una nueva protesta social, aspectos que muchos teóricos entendían como “residuales” o “atávicos”. Demandas que adoptan diferentes formas, rurales pero también urbanas. Los bloqueos de todo orden son modos de apropiación de lo rural y lo urbano, son otras formas de territorialidad que no figuraban en los esquemas convencionales, que han cobrado una desmesurada importancia en las luchas en curso, que interrumpen la circulación “libre” del capital en el mundo globalizado. El desafío del momento es tratar de comprender la trayectoria sui generis del movimiento popular y campesino colombiano, que con todas sus particularidades, es un crisol en el cual se sobreponen rebeliones y resistencias que comparten objetivos y territorios, aunque no siempre métodos. Está naciendo algo nuevo que no responde a la visión de las elites sobre el país, ni a los mecanismos rígidos de las diversas sectas ideológicas, ni a quienes mecánicamente tratan de replicar experiencias de otras latitudes. Algo nuevo que busca consolidarse como un nuevo poder (contra)hegemónico, nacido del seno de un pueblo multifacético.

Se requiere un trabajo teórico que acompañe la labor transformadora de los movimientos agrarios, cuestionándola, comparándola sincrónica y diacrónicamente, ampliando simbólicamente su dimensión mediante articulaciones, traducciones, alianzas con otros movimientos. Es más un trabajo de artesanía y menos un trabajo de arquitectura. Más un trabajo de testigo implicado y menos de liderazgo clarividente. Un trabajo que implica una autocrítica profunda no sólo a los métodos con los que hemos trabajado sino hasta el mismo prisma con el que hemos mirado al mundo, que implica una renovación no sólo de la sociedad como realidad externa, sino también de todo lo que de ella hemos internalizado.

NOTAS:

[1] La discusión sobre la analogía con el paro cívico de 1977 requiere una reflexión extensa en derecho propio, reflexión que por cuestiones de tiempo y espacio no nos es posible abordar en este artículo pero que esperamos retomar a futuro.

[2] Jaime Bateman, comandante del M-19, decía que lograr la democracia en Colombia era de por sí una tarea revolucionaria. Resulta paradójico que en los actuales diálogos de La Habana, las exigencias, supuestamente “desproporcionadas y extravagantes” de los guerrilleros de las FARC-EP tengan que ver con el cumplimiento de una ley sobre reservas campesinas… ¡una ley hecha por el gobierno de Ernesto Samper!

[3] http://www.anarkismo.net/article/25891

[4] Nuestra crítica al eurocentrismo no significa rechazar el aporte específico realizado desde Europa y desde las luchas populares europeas a los movimientos emancipatorios, aportes valiosos y profundos. Tampoco nos interesa la exaltación postmoderna de un “pensamiento alternativo” que sigue definiéndose en función del pensamiento europeo, aún cuando sea por oposición. Tal aproximación pecaría de la misma falta de pensamiento crítico y dialéctico que hemos venido criticando. Significa sencillamente ser capaces de leer los movimientos sociales desde más allá de los conocimientos desarrollados en Europa, valorar sus aportes específicos y no tomar al conocimiento europeo como el único centro de gravedad del pensamiento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Que Dios nos guarde confesao: La próxima crisis financiera internacional

Esta es una Plaza - XLVIII

 

Que Dios nos guarde confesao: La próxima crisis financiera internacional
Sistema Digital
No existe plena conciencia a nivel de calle d el enorme poder que el capital financiero (es decir, la banca, los hedge funds, las aseguradoras y otras instituciones e instrumentos financieros) tiene sobre el mal llamado orden internacional. Esta situación, que aparece con toda claridad en España, donde el gobierno español actual es un mero instrumento de la banca, se reproduce a nivel internacional. De ahí que, a no ser que se cambie el sistema financiero internacional y su control y/o regulación, estamos yendo hacia una expansión de la crisis financiera a nivel mundial.

Veamos los datos. Creo que (excepto los talibanes neoliberales que todavía dominan los fórums mediáticos del país) hay una creciente percepción de que la crisis financiera la creó el comportamiento especulativo de la banca, consecuencia de su desregulación. Pues bien, debido a la enorme influencia de la banca en los gobiernos de mayor poder a los dos lados del Atlántico Norte, así como en sus establishments políticos y mediáticos, no se ha hecho nada (repito, nada) para regular y controlar tal capital financiero. En realidad, los bancos centrales más importantes, tanto el Federal Reserve Board (FRB) como el Banco Central Europeo (BCE), han estado imprimiendo miles de millones de dólares y euros para ayudar a los bancos. Es lo que se llama en inglés quantitative easing (QE) .

Hay una diferencia importante , sin embargo, entre lo que ha hecho el FRB en EEUU y lo que no ha hecho el BCE en Europa. Mientras que el primero ha ido comprando, con el dinero impreso, bonos públicos del Estado, garantizando unos intereses bajos para tales bonos (protegiendo a EEUU de la especulación de los mercados financieros), el BCE no lo ha hecho, desprotegiendo a los Estados miembros de la Eurozona, a los cuales, en el caso de los países periféricos de tal zona monetaria, se les ha estado exigiendo unos intereses en sus bonos públicos que alcanzaron niveles abusivos e impagables. Esta diferencia, en la que el BCE en la Eurozona se comporta como la ultraderecha estadounidense, el Tea Party, desearía que se comportara el FRB en EEUU, es de gran importancia, y señala que la banca es incluso más poderosa en la Unión Europea que en EEUU. Ahora bien, un elemento común es que ambos bancos centrales ofrecen dinero a los bancos en condiciones muy favorables (es decir, a unos intereses muy bajos).

Y, ¿qué es lo que hacen los bancos con este dinero? La retórica oficial, que intenta ofuscar la realidad, dice que dan crédito a la familias y a las empresas, ayudando a que se invierta en actividades de la economía productiva, creando riqueza y puestos de trabajo. Si usted se cree esto, ello indica que su nivel de ingenuidad ha llegado a un nivel peligroso para usted, y también para su comunidad. Esto no es lo que ocurre en la vida real. El crédito ni está ni se le espera.

La b anca continúa especulando

¿Qué hace , pues, la banca con su dinero? La respuesta es sumamente fácil de entender. Intenta optimizar sus beneficios lo más pronto posible, invirtiendo en las actividades especulativas, que son las más rentables. Y ahí es donde estaban antes de que se iniciara la crisis de ahora, y es ahí donde están ahora, no en el mismo sitio, sino en los países llamados Emergentes. Durante estos dos últimos años ha habido una explosión de inversiones financieras en estos países. Pero no en infraestructura física y social, donde hay necesidades enormes, sino en actividades especulativas. Estas instituciones financieras, una vez que destruyeron las economías europeas y estadounidense, ahora están invirtiendo en aquellos países (con la ayuda de los Bancos Centrales, que, en definitiva, quiere decir fondos públicos), creando burbujas y más burbujas (en actividades inmobiliarias, en comercio, en alimentos, y un largo etcétera), tal como ocurrió en los países llamados económicamente avanzados. Este flujo de dinero de estos países a los países emergentes creó, como una de las consecuencias, una inflación del valor de su moneda, sobrevalorándola, creándoles problemas graves en su comercio internacional.

De todo esto se puede deducir que dicho flujo de capitales a los países emergentes (que producen beneficios a muy corto plazo) está creando las bases para la nueva crisis que se expandirá de los países de economía avanzada a los países emergentes, y ello como resultado de la explosión de las burbujas. Está ya ocurriendo en la India y en China, y afectará a Brasil, entre otros, y creará un problema incluso peor para aquellos países y para nosotros (ver “Another Financial Crisis Looms if Rich Countries Can’t Kick Their Addiction to Cash Injection”, de Ha-Joon Chang, en The Guardian , 30.08.13). Esto es lo que Juan Torres y yo alertamos que pasaría, en el libro Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero . Los primeros síntomas ya están apareciendo. El capital financiero está comenzando a huir de esos países, pues ven la explosión de las burbujas muy próxima. Y esta huida de capitales reproducirá, incluso con mayor intensidad, lo ocurrido en los países periféricos de la Eurozona.

Otras políticas eran y son posibles

Lo que está ocurriendo no es inevitable. Pero para ello se requiere un cambio de 180 grados en las políticas estatales hacia el capital financiero. El flujo financiero internacional está empobreciendo a los países, creando una impresión fugaz y falsa (por estar basada en la especulación) de bienestar económico, que pronto colapsará cuando se vea que las bases de ese crecimiento, que crea la euforia cuando se presenta, son de barro, tal como ocurrió en España durante la época exuberante de que “España va bien”, a lo cual se añadía en Catalunya que “Catalunya va incluso mejor”. Y ello a pesar de que los datos mostraban –como algunos pocos señalamos- que ni España iba bien ni tampoco Catalunya iba mejor. En realidad, iba peor. Y, por desgracia, los hechos confirmaron que llevábamos razón.

La solución pasa por un intervencionismo público que controle y regule la banca, con amplios cambios en los sistemas de propiedad, con mayor protagonismo de la banca pública, sometida a los intereses generales, con la eliminación de los paraísos fiscales y previniendo la actividad especulativa, regulando los flujos internacionales, que dificulte, e incluso imposibilite, las actividades especulativas. Pero esto, dudo que pase, debido al enorme poder del capital financiero que nos está llevando al desastre a nivel mundial.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

LA URGENCIA DE RELOCALIZAR LA POLÍTICA

El Pueblo Unido Jamás Será Vencido (album)
El Pueblo Unido Jamás Será Vencido (album) (Photo credit: Wikipedia)

 Jose Luís Manchón – El Faro Crítico

 Vivimos momentos inquietantes en Europa. La tan denunciada puerta giratoria entre lo público y lo privado que comunicaba dos espacios separados, ha sido intercambiada por una cama redonda donde la orgía es permanente. El fruto de esa fusión coincide con el último grado de descomposición en un régimen democrático, la Cleptocracia; institucionalización de la corrupción y sus declinaciones como el nepotismo, el clientelismo político y la malversación sistemática de caudales públicos. Un sistema político trufado de ladrones disfrazados de servidores públicos que ha erosionado radicalmente las bases sobre las que se asienta la DemocraciaRepresentativa y Los Estados del Bienestar.  El sueño de esa izquierda que creyó poder compatibilizar  capitalismo y socialismo se está desmoronando aceleradamente. La sensación general para la mayoría de la población afectada es de absoluto vértigo y desorientación, también miedo. Movimientos como el 15M y otros, nacidos como expresión de la indignación ante estas transformaciones, han hecho un análisis certero sobre cuales son las causas de la actual crisis-estafa y quienes son sus responsables. Lo han denunciado públicamente, sostenidamente en el tiempo y de las más diversas formas, pero ni las manifestaciones masivas, ni los actos de desobediencia civil de la ciudadanía, ni los escándalos de corrupción ya en el interior de los propios órganos del poder han logrado afectar lo más mínimo al guión corruptor y privatizador que representa la agenda neoliberal. Esta lamentable situación ha llevado a la sociedad civil a un estado de shock que roza en muchos casos la desesperación. No encontramos el discurso para sobreponernos a esta sensación generalizada de impotencia y menos, para construir un horizonte de expectativa considerado como viable por la mayoría y que pudiera servirnos como imaginario para empezar a plantear alternativas sólidas que vinculen en la acción política activa a amplios sectores de la población. Ante este aparente fin de la historiaque nos impide articular nuevas racionalidades, vuelve a tomar relevancia la lucha contra el individualismo, contra la atomización y el aislamiento de las personas como primer paso para la necesaria recomposición de estructuras colectivas que fueron quebradas y que son imprescindibles para configurar mundos.

Redes sociales
La Globalización, como esa forma de colonización y homogeneización del pensamiento, ha sido un proceso que se ha expresado como un gran diluidor de cultura.  Ha robado el alma a los pueblos, cuando no los ha aniquilado como formas de vida y lo que ha quedado, el individuo aislado y despotenciado, en soledad, sin referentes comunes y con frágiles bases construidas desde si mismo, se retuerce en el malestar ante la indiferencia de sus contemporáneos. El proceso ideológico de despliegue global del neoliberalismo nos ha llevado a la Nada, y un helador vacío inunda al ciudadano de a pie que huérfano y desvalido, se esfuerza por añadir consumo social a su cesta de la compra. Encontrar enlaces y herramientas en Internet que permitan conectar con los caladeros de relaciones virtuales se ha convertido en una obsesión para muchos. En general, el objetivo que se persigue no es tanto entrar en una colaboración recíproca con los contactados, sino más bien que todo fluya en un único sentido desde una asimetría interesada. Todos dispuestos a recibir, pocos dispuestos a dar. Muchos deseosos de encontrar colectivos que resistan con nosotros ante la injusticia que nos toca, casi nadie queriendo formar parte de esos mismos colectivos cuando ya no se trata de nosotros mismos y nuestras demandas. Redes de asistencia, pero no de apoyo mutuo. Siempre añorando el calor de la comunidad, pero sin disposición a asumir las obligaciones y compromisos que implica la pertenencia real al grupo. Acercándose desde lejos y siempre a punto de irse. Las redes sociales representan claramente este escenario sumamente fluido donde a golpe de click salimos y entramos, apoyamos o rechazamos, nos vinculamos o desvinculamos. Aceleración y vaporosidad.
No todo es negativo. La malla social, casi inexistente en los últimos años, se ha recompuesto de una forma amplia, aunque difusa, a través de las llamadas redes sociales digitales. Hemos vivido recientemente estallidos que han tenido que ver directamente con estas nuevas formas de relación y comunicación. Acontecimientos que han inaugurado nuevas formas de protesta, de convocatoria,  de organización; en definitiva, de hacer política. Ahora tenemos constancia casi a diario de protestas y concentraciones convocadas de forma espontánea, que se materializan súbitamente y con la misma inmediatez, se diluyen. Estructuras organizativas horizontales y rizomáticas, sin dirigentes, sin líderes y deslocalizadas que emergen, crean conexiones, se articulan y posteriormente se debilitan, hibernan o desaparecen con la misma rapidez con las que se crearon.  Un juego del gato y el ratón, que en determinado momento puso muy nervioso y preocupó en extremo al poder, pero que hoy asume con relativa tranquilidad. Representan al fin y al cabo un mal menor, minúsculos cortes a la circulación  capitalista, interrupciones brevísimas en el proceso de privatización del mundo, pequeñas piedras en el camino que son apartadas con la ayuda del silencio cómplice de los grandes medios de comunicación. El momento pide un cambio en la estrategia.
El pueblo en Ruinas
Es habitual escuchar en la protesta callejera lo de “El pueblo unido jamás será vencido”, pero en verdad, el individuo moderno cuando sale a la calle y participa en un acto masivo de protesta, lo que está haciendo en la mayoría de los casos es reivindicar determinadas demandas individuales apoyándose en la multitud. Las manifestaciones y concentraciones son mayoritariamente simulacros que aparentan representar una lucha comunitaria apoyada por miles de personas que se configuran como unidad. Realmente es todo lo contrario, más bien en estos actos concurren miles de demandas individuales aglutinadas en el mismo espacio y tiempo bajo el paraguas de un slogan común. La comprobación exacta sobre este hecho se da casi siempre al final del acto masivo. A cualquier amago de carga policial, cientos e incluso miles de manifestantes protagonizan la estampida y se dispersan con rapidez. La acción política consistente en la permanencia en el espacio ocupado como forma de visibilización de la protesta, en unos instantes se diluye y las calles o la plaza quedan vacías. Ya no existe razón alguna por la cual correr el riesgo de permanecer. Cuando el manifestante moderno corre, todo lo que hay que salvar lo lleva consigo.  Entonces ¿Dónde está el pueblo? Y si no existe ¿Dónde está la unidad de la Clase trabajadora? Y si tampoco existe….
            Reconociendo la precisión del análisis que hizo Marx respecto al  capitalismocomo sistema de explotación, creo que es pertinente poner en cuestión la estrategia adoptada por los actores sociales que han pretendido representar al 99% desde que se enunció el paradigma de Lucha de Clases como motor de la historia. Al identificar alProletariado [1] como sujeto revolucionario internacional, es decir, transversal a las naciones, y a la Humanidad como objeto del cambio, se ha despotenciado desde el abstracto  y de una forma absoluta la capacidad de interponerse al avance de la lógica  capitalista a niveles de menor escala al que planteaba el movimiento obrero. Se hizo una apuesta de máximos y se perdió. Es evidente que el sujeto revolucionario internacional que representa el proletariado para el análisis Marxista, nunca se ha organizado efectivamente como tal y la posibilidad de que lo hiciera  quizás siempre fue escasa. Mientras el esfuerzo de los movimientos sociales más poderosos se ha centrado históricamente en la internacionalización del conflicto y en la búsqueda de soluciones globales aplicables a la Humanidad en su conjunto, el  capital aplicando una lógica relativamente simple, se ha ocupado mientras tanto de hacer desaparecer el suelo desde el cual se intentaban construir las bases de la revolución. Su formidable capacidad corrosiva ha actuado al más bajo nivel, mediando las relaciones y transformando las diversas formas de vida en una única y homogénea existencia zombi. Un proceso que no ha dejado de potenciarse paralelamente a la extensión geográfica del dominio  capitalista y la intensificación de su modo de explotación en cada lugar. Hoy comprobamos que el éxito del neoliberalismo es aplastante y nos emplaza a todos. Quedan muy pocos afueras en un mundo ya casi privatizado en su totalidad. Tampoco es posible la indiferencia ante el insoportable orden actual, ya que la mayoría formamos parte de este particular banquete caníbal.
Repueblar
Pueblo es una palabra polémica y con muchos significados diferentes. Cargada de connotaciones cuando comprobamos en la historia que ha sido un término instrumentalizado en demasiadas ocasiones por el poder para en su nombre legitimar la barbarie. Aún así, no podemos renunciar a su uso cuando lo que estamos persiguiendo es un empoderamiento popular suficiente que permita el resurgir de la democracia en su sentido más original. Aquel que reivindica precisamente el gobierno desde el pueblo ypara el pueblo.
Pueblar significa la ocupación colectiva de un espacio-tiempo no de cualquier manera, sino estableciendo relaciones fuertes y no mediadas entre las personas. Estas relaciones tienen la capacidad  de transformar el ámbito en que se dan y convertirlo en unlugar histórico y relacional. Conjuntos de relaciones que por si mismas tienden a crear nuevas formas de vida colectivas por consenso. Es el momento ontológico anterior necesario para que pueda articularse una comunidad; una unión vital y orgánica que está destinada a  configurarse como ente político.
Despueblar es abandonar el pueblo. Si pueblar es el establecimiento no mediado del sentimiento de pertenencia al grupo, definimos la acción de despueblar como la desafección respecto a lo que significa esa misma pertenencia. Para que esta acción se realice no es necesario dejar atrás el espacio. El  capitalismo ha conseguido despueblarsin movimiento físico los pueblos y como consecuencia hemos asistido a un proceso silencioso pero extremadamente violento, en el que hemos pasado de pueblos apoblaciones. Es muy importante entender esta diferencia. Si el pueblo tiende siempre a configurarse como comunidad política organizada, la población es radicalmente lo contrario. Una colección de individuos que se encuentran en un determinado ámbito de proximidad, pero a la vez, en la lejanía del desconocimiento mutuo. Están separados, no existe unidad. La desconfianza es la forma general de relación, las puertas de las casas se cierran con doble llave y la guerra civil permanente entre todos sus miembros, condenados a la competencia mercantil, los aísla. La figura del  francotirador simboliza exactamente la aptitud. Siempre escondiéndose, pero siempre al acecho. Es el fenómeno de la insociable sociabilidad del individuo capitalista, que considera acto hostil cualquier contacto o intromisión no programado por él mismo sobre su vida espectral. Siempre ocupado en la continúa rectificación de su propio clinamen. Es la soledad máximamente acompañada que se da en los centros y las periferias de las grandes ciudades. Este proceso de desafección, al que incita constantemente la publicidad de masas, ha conseguido disolver casi todos los escenarios culturales-comunitarios del planeta. Se han secuestrado los deseos colectivos, vaciado de contenidos las formas de vida anteriores y las que han sobrevivido, han sido declaradas  obsoletas o exóticas. Alguien quedespuebla se desintegra y se convierte instantáneamente en un Poblador, en un átomo asocial. Como no puede ser de otra manera, en su horizonte mental de futuro a corto plazo lo único que aparece es un proyecto individual de consumo. Los pobladoresfuncionan como individuos aislados que intentan hacer valer sus deseos. En último extremo, los habitantes de las poblaciones no se relacionan, ni se saludan cuando se cruzan por las escaleras, las calles o comparten ascensor, como pasa en las macro-urbes y sus periferias. Simulacro de vida en común, hostilidad encubierta por pacto de no agresión. La población es el germen perfecto para la deslocalización. A la mínima, hacen las maletas y se van sin dejar nada atrás.  La población desde un punto de vista social esla Nada.
Repueblar es un acto revolucionario y quizás el reto político más importante al que se enfrenta los movimientos sociales actualmente, ya que consiste en volver a integrar al poblador aislado en el pueblo. Las asambleas de los barrios y pueblos, las asociaciones de vecinos, las plataformas ciudadanas, las mareas y otras muchas organizaciones sociales con espíritu crítico y transformador saben que la solución política a los problemas no pasa por abandonar el lugar, sino por agrandarlo y enriquecerlo incorporando a más personas concienciadas en la lucha por el bien común. La fuga no es una opción aceptable porque implica la negación a implicarse en la solución del problema. También el exilio, la desintegración y la exposición máxima a la rapiña de los que se van y de los que se quedan. No es momento de buscar soluciones individuales. Es momento de meter codos entre todos para evitar la asfixia a la que nos pretende someter el actual régimen y que toma su forma pura en su dimensión económica. Un régimen transversal a los estados y cuyo nombre no es otro que  capital.
Reducir la actividad de explotación capitalista a los márgenes, a los intersticios para posteriormente promover su desaparición, es el objetivo. Paradójicamente, para conseguirlo, la lucha anticapitalista tiene que salir del tablero de juego clásico. La recomposición de una clase obrera internacional como sujeto político revolucionario es casi imposible. El trabajador asalariado, ese “privilegiado” que aún tiene fuerza de trabajo atractiva para el mercado; desclasado, aislado y temeroso, está atrapado. En general es estéril políticamente por dos razones principalmente; por su impotencia para enfrentarse en su soledad a la explotación a la que está sometido en su centro de trabajo en un momento donde los aparatos de protección de los derechos laborales viven sus horas más bajas. También por el miedo paralizante ante una situación donde la pérdida del empleo implica intercambiar la autonomía económica por la dependencia precaria, y en último extremo, por la indigencia. Ha interiorizado la lógica del esclavo y asume la explotación como fatalidad. Reemplazar el sujeto político que centra la actividad de resistencia ante este sistema injusto desde la supuesta “Clase Internacional de trabajadores” a la localidad de cada uno de los pueblos es primordial. Nos convoca a todos a resolver la ecuación desde lo cotidiano, desde lo local donde la acción política y la presión se pueden ejercer en todo momento. Implica un giro estratégico que registra la impotencia del proletariado como sujeto político revolucionario y la emergencia delprecariado como reemplazo.  Un sector cada vez más amplio que se nutre en su origen de distintas clases sociales. El desahuciado, el timado por el sistema financiero, el parado de larga duración, el pequeño comerciante quebrado, el enfermo no rentable, el trabajador no remunerado, el joven sin futuro, el inmigrante marginado, el dependiente abandonado, el estudiante que no tiene dinero para seguir estudiando, el campesino sin tierras, el jubilado sin recursos. Todos aquellos que están sometidos a algún tipo de muerte civil, todos aquellos a los que el sistema les propone una existencia marchita, son los llamados ahora a cambiar las reglas del juego. Son revolucionarios en si mismos porque les va la vida en ello. Es el momento, en consecuencia, del desposeído que tiene todo por ganar porque le han quitado todo y ya no tiene nada que perder. Necesitan organizarse y cada vez son más. Tejer redes alternativas de apoyo mutuo es para ellos una necesidad vital. Espacios donde haya una inversión total de los valores que les rescate a ellos, y no a los bancos. Configurarse como pueblos es abrir la posibilidad colectiva para construir y proponer directamente nuevas y diversas formas de vida. También para dar sentido a cualquier acción política más allá del ombligo de cada uno.  Redes de colectivos autónomos, diferentes, solidarios y articulados entre si, que se conformen como alternativa al mundo capitalista y sean impermeables a su actividad corrosiva.  Unidos por la diferencia en un continuo donde cada diferencia no es individual, sino colectiva.
Aunque lentamente, ya se están tejiendo estas redes y serán el fermento de un mundo nuevo. También de nuevas formas de lucha mucho menos líquidas. La explicación es relativamente fácil de entender. El  capitalismo está en un momento donde su propia lógica y desarrollo le ha llevado a generar un ejército de reserva en forma de desempleados, formidable y quizás muy por encima de lo deseable para los propios intereses del sistema, que ha hecho coincidir además con el desmantelamiento en Europa de los “Estados del Bienestar” creando un desequilibrio tan brutal, tan acelerado y en tan poco tiempo que ante las grandes cifras de desempleo y la certeza de la falta de perspectivas, son amplios sectores del citado ejército los que van abandonando subjetivamente sus filas de una forma negativa, al perder la esperanza de volver a insertarse en el mundo laboral convencional, y también de una forma positiva de tipo propositivo, ya que al retirar su confianza de las soluciones laborales convencionales, casi sin darse cuenta empiezan a depositar sus esperanzas en alternativas que les obligan a cambiar la mirada y les transforman. Por primera vez salen del individualismo que les permitía su anterior modo de vida asociado al consumo y miran a su alrededor buscando la complicidad.  Comienzan a reconocerse como parte de la solución y señalan certeramente donde está el problema. La participación directa en procesos de lucha legítimos por el derecho a su propia existencia, les moviliza y les aglutina, les hacepueblo.
Volver a convertir las poblaciones en pueblo es imprescindible y el reconocimiento mutuo en la proximidad es el primer paso. Es preciso desvirtualizar en la medida de lo posible las relaciones tejidas en las redes sociales, para que tengan su reflejo real en los barrios y ciudades a través de relaciones de vecindad, que comprometan y sean tendenciosas en su constitución como poder político que de lugar a comunidades vivas y conscientes. Comunidad es un concepto colectivo que evoca goce, amistad, solidaridad, trato directo, cohesión interna entre los integrantes, política en el ágora, disfrute de bienes comunes, trabajo colectivo, apoyo mutuo y auto-organización. También protección y defensa de lo común en la medida en que la comunidad se articula como unidad indivisible, como Bloque. Es deseable esto último en momentos donde lo común, lo público, se encuentra amenazado. La posibilidad de construir verdaderos espacios no estorbados de experimentación de nuevas formas de vida es crucial en un momento claro de fin de ciclo histórico.
La ciudadanía está rompiendo legítimamente el Contrato Social que mantenía con este Estado y busca consensos en la comuna para abrir una nueva etapa. A las élites que se benefician del actual sistema político, cada vez les cuesta más que la pose del Estado como ente paternal donde bajo su dominación se da la división equitativa de la riqueza y la justicia se adecue con la realidad que viven millones de personas al borde de la miseria y la exclusión social. Protector de la propiedad que ellos no poseen, garante de la sistematización de la explotación laboral, colaborador diligente con las élites financieras responsables de la crisis,  expoliador de los recursos comunes, la acción delEstado en su conjunto sacrifica y perjudica al pueblo y el pueblo empieza a verse borroso en el espejo del Estado.
El sur de Europa se ha convertido en un formidable laboratorio social. ¡Toma parte!


 

[1] Proletario es el que está obligado a vender su propia fuerza de trabajo y la sus hijos (prole) para sobrevivir.

LOS ARRIBISTAS: Los seres humanos más insípidos hicieron posibles los mayores crímenes de la historia humana.

Los seres humanos más insípidos hicieron posibles los mayores crímenes de la historia humana. Son los arribistas. Los burócratas. Los cínicos. Realizan las pequeñas tareas que hacen que vastos, complicados sistemas de explotación y muerte se conviertan en realidad. Recolectan y leen los datos personales reunidos sobre docenas de millones de nosotros por el Estado de seguridad y vigilancia. Llevan las cuentas de ExxonMobil, BP y Goldman Sachs. Construyen o pilotan drones aéreos. Trabajan en la publicidad y en las relaciones públicas corporativas. Emiten los formularios.

Procesan los papeles. Niegan cupones alimentarios a algunos y prestaciones de desempleo o cobertura médica a otros. Imponen las leyes y las regulaciones. Y no hacen preguntas.

Bueno. Malo. Esas palabras no significan nada para ellos. Están más allá de la moralidad.

Existen para que funcionen los sistemas corporativos. Si las compañías de seguros abandonan a decenas de millones de enfermos para que sufran y mueran, que así sea. Si los bancos y los departamentos de alguaciles expulsan a familias de sus casas, que así sea. Si las empresas financieras roban los ahorros de los ciudadanos, que así sea. Si el gobierno cierra escuelas y bibliotecas, que así sea. Si militares asesinan niños en Pakistán o Afganistán, que así sea. Si unos especuladores de productos básicos aumentan el coste del arroz, del maíz y del trigo hasta que sean inasequibles para cientos de millones de pobres en todo el planeta, que así sea. Sirven al sistema. Al dios del beneficio y la explotación. La fuerza más peligrosa en el mundo industrializado no proviene de los que albergan credos radicales, sea radicalismo islámico o fundamentalismo cristiano, sino de legiones de burócratas anónimos que trepan por la maquinarias corporativas y gubernamentales. Sirven cualquier sistema que satisfaga su patética cuota de necesidades.

Esos administradores de sistemas no creen en nada. No conocen la lealtad. No tienen raíces. No piensan más allá de sus ínfimos e insignificantes roles. Son ciegos y sorgos. Son terriblemente analfabetos, al menos respecto a las grandes ideas y modelos de civilización e historia humanas. Y los producimos en universidades. Abogados, tecnócratas, especialistas empresariales. Gerentes de finanzas. Especialistas en tecnología de la información. Consultores. Ingenieros petroleros. “Psicólogos positivos”. Especialistas en comunicaciones. Cadetes. Vendedores. Programadores. Hombres y mujeres que no saben de historia, que no saben de ideas. Viven y piensan en un vacío intelectual, un mundo de menudencias embrutecedoras. Son “los hombres huecos” de T.S. Eliot, “los hombres rellenos”, “figuras sin forma, sombras sin color”, escribió el poeta. “Fuerza paralizada, ademán sin movimiento”.
Fueron los arribistas los que hicieron posibles los genocidios, desde la exterminación de los americanos nativos a la matanza de armenios por parte de los turcos, del Holocausto nazi a las liquidaciones de Stalin. Fueron los que mantuvieron en funcionamiento los trenes. Rellenaron los formularios y dirigieron las confiscaciones de propiedades. Racionaron los alimentos mientras los niños morían de hambre. Fabricaron las armas. Dirigieron las prisiones. Impusieron restricciones de viajes, confiscaron pasaportes y cuentas bancarias e impusieron la segregación. Hicieron cumplir la ley. Hicieron su trabajo.
Arribistas políticos y militares, respaldados por especuladores con la guerra, nos han llevado a guerras inútiles, incluida la Primera Guerra Mundial, Vietnam, Iraq y Afganistán. Y millones los siguieron. Deber. Honor. Patria. Carnavales de la muerte. Nos sacrifican a todos. En las fútiles batallas de Verdún y la Somme en la Primera Guerra Mundial, 1,8 millones resultaron muertos heridos o jamás encontrados en ambos lados, A pesar de los mares de muertos, en julio de 1917 el mariscal de campo británico Douglas Haig  condenó a aún más personas en el fango de Passchendaele. En noviembre, cuando era obvio que su prometida ofensiva de penetración en Passchendaele había fracasado, se deshizo del objetivo inicial –como lo hicimos en Iraq cuando resultó que no había armas de destrucción masiva y en Afganistán cuando al Qaida abandonó el país– y optó por una simple guerra de desgaste. Haig “vencería” si morían más alemanes que tropas aliadas. La muerte como tarjeta de puntuación. Passchendaele costó 600.000 vidas a ambos lados del frente antes de terminar. No es una historia nueva. Los generales son casi siempre bufones. Los soldados siguieron a Juan el Ciego, que había perdido la vista una década antes, hacia una resonante derrota en la Batalla de Crécy en 1337 durante la Guerra de Cien Años. Solo descubrimos que los líderes son mediocres cuando es demasiado tarde.
David Lloyd George,  primer ministro británico durante la campaña de Passchendaele, escribió en sus memorias “[Antes de la batalla de Passchendaele] el Estado Mayor del Cuerpo de Tanques preparó mapas para mostrar cómo un mapa que aniquilara el alcantarillado conduciría inevitablemente a una serie de estanques y ubicaron los sitios exactos en los que se reunirían las aguas. La única respuesta fue una orden perentoria de que ‘no envíen más de esos mapas ridículos’. Los mapas deben ajustarse a los planes y no los planes a los mapas. Los hechos que interferían con los planes fueron calificados de impertinentes.”
Esta es la explicación del motivo por el cual nuestras elites gobernantes no hacen nada respecto al cambio climático, se niegan a responder racionalmente a la crisis económica y son incapaces de encarar el colapso de la globalización y del imperio. Estas son las circunstancias que interfieren con la propia viabilidad y sustentabilidad del sistema. Y los burócratas solo saben cómo servir al sistema. Conocen solo las habilidades administrativas que ingirieron en West Point o en la Escuela de Negocios de Harvard. No pueden pensar por su propia cuenta. No pueden desafiar suposiciones o estructuras. No pueden reconocer intelectual o emocionalmente que el sistema puede hacer implosión. Y por lo tanto, hacen lo que Napoleón advirtió que era el peor error que un general puede cometer:  pintar un cuadro imaginario de una situación y aceptarlo cómo real. Pero ignoramos despreocupadamente la realidad junto con ellos. La manía por un fin feliz nos ciega. No queremos creer lo que vemos. Es demasiado deprimente. Por lo tanto, nos retiramos hacia el auto-engaño colectivo.
En la monumental cinta documental de Claude Lanzmann, Shoah, sobre el Holocausto, entrevista a Filip Müller, un judío checo que sobrevivió las liquidaciones en Auschwitz como miembro del “equipo especial”. Müller relata esta historia:
Un día en 1943 cuando ya estaba en el Crematorio 5, llegó un tren de Bialystok. Un prisionero en el ‘equipo especial’ vio a una mujer en la ‘sala de desvestirse’ quien era la esposa de un amigo suyo. Salió inmediatamente y le dijo: ‘Vais a ser exterminados. En tres horas seréis cenizas.’ La mujer le creyó porque lo conocía. Corrió por todo el lugar y advirtió a las otras mujeres. ‘Nos van a matar. Vamos a ser gaseados’. Las madres que llevaban sus hijos sobre sus hombros no querían oír algo semejante. Decidieron que la mujer estaba loca. La ahuyentaron. Fue donde los hombres. No sirvió para nada. No es que no le hayan creído. Habían oído rumores en el gueto de Bialystok, o en Grodno, y otros sitios. ¿Pero quién quería creer algo semejante? Cuando vio que nadie escuchaba, rasguñó toda su cara. Por desesperación. En choque. Y comenzó a gritar.
Blaise Pascal escribió en Pensamientos “Corremos descuidados hacia el precipicio, después que hemos puesto delante de nosotros alguna cosa para impedirnos verlo”.
Hannah Arendt, al escribir “Eichmann en Jerusalén” señaló que lo que motivaba primordialmente a Adolf Eichmann era  “una extraordinaria diligencia en la busca de su progreso personal”. Se unió al Partido Nazi porque era un buen paso para su carrera. “El problema con Eichmann”, escribió, “era ser precisamente lo que muchos eran al igual él y que estos muchos no eran ni pervertidos ni sádicos sino que eran, y siguen siendo, terrible y horriblemente normales.”
“Cuanto más se le escuchaba, más obvio se hacía que su incapacidad de hablar estaba estrechamente relacionada con su incapacidad de pensar, es decir, de pensar desde el punto de vista de los demás”, escribió Arendt. “Ninguna comunicación con él era posible, no porque mintiera sino porque estaba rodeado por la más fiable de todas las salvaguardas contra palabras y la presencia de otros, y por ello contra la realidad como tal”.
Gitta Sereny plantea lo mismo en su libro En aquellas tinieblas sobre Franz Stangl, el comandante de Treblinka. Su misión en la SS representó una promoción para el policía austríaco. Stangl no era un sádico. Era de voz suave y cortés. Quería mucho a su esposa y a sus hijos. A diferencia de la mayoría de los oficiales nazis en los campos, no convertía a mujeres judías en concubinas. Era eficiente y muy organizado. Se enorgullecía por haber recibido un elogio oficial como “mejor comandante de campo en Polonia”. Los prisioneros eran simples objetos. Bienes. “Era mi profesión” dijo. “Me gustaba. Me satisfacía. Y sí, era ambicioso al respecto, no lo niego”. Cuando Sereny preguntó a Stangl cómo siendo padre podía matar niños, respondió que “pocas veces los veía como individuos. Siempre se trataba de una inmensa masa… Estaban desnudos, apiñados, corrían, eran impulsados con látigos…”. Después dijo a Sereny que cuando leía sobre ratas campestres le recordaban Treblinka.
La colección de ensayos de Christopher Browning El camino al genocidio señala que los que posibilitaron el Holocausto eran burócratas “moderados”, “normales”. Germaine Tillion señaló “la trágica holgura [durante el Holocausto] con la cual personas ‘decentes’ se podían convertir en los más crueles verdugos sin parecer darse cuenta de lo que les estaba sucediendo”. El novelista ruso Vasily Grossman en su libro Todo fluye observó que “el nuevo Estado no requería santos apóstoles, constructores fanáticos, inspirados, discípulos fieles, devotos. El nuevo Estado ni siquiera requería sirvientes, solo oficinistas.”
La doctora Ella Lingens-Reiner escribió en Prisioneros del miedo, su abrasador recuerdo de Auschwitz, que “para mí los tipos más repugnantes de la SS eran los cínicos que ya no creían auténticamente en su causa, pero que seguían acumulando su culpabilidad sangrienta por sí misma”. “Esos cínicos no eran siempre brutales con los prisioneros, su conducta cambiaba según su humor. No tomaban nada en serio – ni a sí mismos ni a su causa, ni a nosotros, ni nuestra situación. Uno de los peores era el doctor Mengele, el Doctor del Campo que he mencionado anteriormente. Cuando un grupo de judíos recién llegados eran clasificado entre los adecuados para el trabajo y los adecuados para la muerte, silbaba una melodía y movía rítmicamente su dedo pulgar hacia su hombro derecho o izquierdo – con lo que quería decir ‘gas’ o ‘trabajo’. Pensaba que las condiciones en el campo eran pésimas, e incluso hizo algunas cosas para mejorarlas, pero al mismo tiempo cometía crueles asesinatos, sin ningún escrúpulo”.
Esos ejércitos de burócratas sirven un sistema corporativo que terminará por matarnos literalmente. Son tan fríos y desconectados como Mengele. Realizan tareas minuciosas. Son dóciles. Conformistas. Obedecen. Encuentran su valor propio en el prestigio y el poder de la corporación, en el estatus de sus posiciones y en las promociones en sus carreras. Se reconfortan en su propia bondad mediante sus actos privados como esposos, esposas, madres y padres. Participan en consejos escolares. Van al Rotary Club. Asisten a la iglesia. Es esquizofrenia moral. Erigen muros para crear una consciencia aislada. Posibilitan los objetivos letales de ExxonMobil o Goldman Sachs o Raytheon o las compañías de seguros. Destruyen el ecosistema, la economía y la política y convierten a trabajadores y trabajadoras en siervos empobrecidos. No sienten nada. La candidez metafísica termina en el asesinato. Fragmenta el mundo. Pequeños actos de bondad y caridad disimulan el monstruoso mal que instigan. Y el sistema sigue adelante. Los casquetes polares se funden. Las sequías destruyen los cultivos. Los drones matan desde el cielo. El Estado se mueve inexorablemente para encadenarnos. Los enfermos mueren. Los pobres mueren de hambre. Las prisiones se repletan. Y el arribista, sigue adelante, haciendo su trabajo.
Chris Hedges, cuya columna se publica los lunes en Truthdig, pasó casi dos décadas como corresponsal extranjero en Centroamérica, Medio Oriente, África y los Balcanes. Ha informado desde más de 50 países y trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, en el cual fue corresponsal extranjero durante 15 años.
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Acerca del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”

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Una-c (Photo credit: Wikipedia)

 de un proceso de reflexión colectiva alrededor del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”. Esta reflexión ha sido realizada por el Grupo de Trabajo de Economía y Política Social del 15M del Barrio del Pilar y el Grupo de Trabajo Reflexión y Acción para la Autoorganización durante los meses de abril y mayo de 2013.

El trabajo se inició con la difusión del artículo en el blog de la Asamblea del Barrio del Pilar. Su publicación resultó especialmente interesante en una coyuntura en la que están surgiendo propuestas y debates sobre la unidad de acción que implican a los movimientos sociales. Se redactó un primer borrador sobre el que se hicieron once aportaciones escritas que fueron a su vez difundidas y debatidas. Este texto es una síntesis de esas aportaciones y no tiene intención de ser una contestación ni una réplica, sino más bien un motivo para avanzar en la construcción de lo común.

Juan Torres se pregunta por qué no avanzamos en nuestra lucha contra la “agresión neoliberal”, analizando una serie de motivos: la renuncia de las personas a defenderse, la falta de unión de los movimientos sociales y la insuficiencia de la lucha en la calle, para terminar haciendo una propuesta que pasa por la autodisolución de los movimientos sociales para alcanzar una unidad de acción que permita conseguir una mayoría parlamentaria.

En las primeras lecturas todas fuimos cautivadas por el carácter seductor del texto, por el tipo de lenguaje empleado, por los conceptos y reivindicaciones que ofrece y por una propuesta que nos resulta cercana a la mayoría de las personas que participamos en movimientos sociales. Fue al comentarlo y profundizar en él cuando aparecieron aspectos que se alejaban de los criterios que llevamos construyendo durante 2 años. La urgencia de articular una respuesta social antes de que la “opción política actual” acabe con todo, es quizás, lo que hace que lo propuesto en el artículo sea fácilmente asumible y aceptado por todas nosotras. Es además una propuesta dentro de los límites de lo que existe y se mueve dentro de lo que consideramos sentido común, apelando a cosas simples y sencillas como puede ser la idea de que “el poder ha de volver a buenas manos”.

En el texto hay cuestiones fundamentales que compartimos: Es una propuesta concreta que responde al deseo colectivo de unirse, una voluntad de desdibujar las líneas rojas que nos separan de las demás y nos impiden establecer un diálogo y, sobre todo, la idea de intervenir desde abajo para conquistar el derecho al bienestar de todas las personas mediante una unidad de acción organizada desde la base, articulando una fuerza social capaz de convertir las voluntades sociales en decisiones políticas.

Sin embargo, hay también otros aspectos de su análisis que no compartimos. Nos referimos a su concepto de que la raíz de los problemas actuales se encuentra en la agresión neoliberal. Nosotros consideramos que la crisis económica se nos ha mostrado recientemente pero que la crisis social, política e institucional viene de décadas atrás, y comparten la misma causa. Nuestra sociedad está organizada para perpetuar la dominación de grupos minoritarios, las élites, que cuentan con la alianza de una parte considerable de la población. Estos grupos se enriquecen en cualquier situación y para ello han construido una forma de relación social basada esencialmente en la dominación. Es más , hemos de entender que la acumulación económica es también acumulación de poder y de las relaciones necesarias para preservarlo. En las actuales circunstancias es fácil entender que acumulación y dominación son incompatibles con la sociedad a la que aspiramos.

Este no es un problema de hoy ni es la consecuencia de la denominada crisis económica, al contrario, esta crisis se ha generado por la necesidad de perpetuar los mecanismos de dominación y de enriquecimiento. Cuando décadas atrás el neoliberalismo azotaba otras regiones del mundo provocando hambre, miseria y violencia nosotros vivíamos en una inusitada bonanza económica que nos cegaba impidiéndonos ver el sufrimiento ajeno y sin comprender que nosotros iríamos después.

Lo que ocurre, quizás, es que se hacen evidentes aspectos que permanecían ocultos por la ficción y la banalidad de la bonanza económica. Ahora se muestra de una forma despiadada y cruel la desigualdad, la explotación, el saqueo, poniéndonos delante de los ojos que el sufrimiento ajeno no les importa mientras puedan obtener beneficios.

¿Es posible someter a los mercados al tiempo que estamos sometidos y dominados por ellos? Quienes consideran que el neoliberalismo es el problema, dan por supuesto que mediante la obtención del suficiente respaldo político, que anule las medidas neoliberales y restablezca el estado del bienestar, se conseguiría alcanzar dicha meta. Quienes no consideramos que sea posible anular el poder de esos mercados mientras estemos sometidos y dominados por ellos pensamos que es necesaria una transformación más profunda, una sociedad en base a las relaciones de equidad donde el centro no sea la economía sino el pleno desarrollo humano. No se trata de derribar gobiernos sino sistemas de vida.

Una idea muy extendida es que la crisis afecta a la inmensa mayoría de la población y que si tenemos en cuenta más lo que nos une que lo que nos separa la unidad es la construcción lógica. Sin embargo, la realidad es que la crisis está generando cada vez más desigualdad, afectándonos de manera diferente e incluso contradictoria ; quienes están consiguiendo cuantiosos beneficios de las privatizaciones , o simplemente un empleo , no quieren compartir su suerte con las víctimas. Pero además, para dar más valor a lo que nos une que a lo que nos separa se hace necesario conocerlo y comprenderlo para actuar responsablemente. La unidad construida sólo por deseos, por muy buenos que estos sean, es inconsistente y fácilmente manipulable. Este fue el alimento con el que se construyeron las mayorías de la Transición y del “cambio” de principios de los ochenta.

Si bien es cierto que en los últimos dos años se ha multiplicado la presencia de la población en las calles, eso no significa que haya más unidad de acción que nunca, como asegura Juan Torres. Las individualidades que participamos tenemos intereses, ideas y soluciones distintas, igual que los movimientos sociales y las distintas organizaciones. Sería posible abordar esas diferencias si todas las partes asumiésemos como requisito indispensable la relación entre iguales independientemente del tamaño, importancia o poderosa que cada parte se considere. El centro de atención, de este modo, se situaría en qué puede hacer cada una en su ámbito, a la vez que se plantea qué puede hacer en el ámbito del otro.

En nuestra opinión, más allá de la discusión sobre tiempos y mecánicas, lo verdaderamente importante es cómo conseguir formar una identidad común con prioridades globales, tanto para las personas que participan activamente comprometidas con este proceso como para capas más amplias de la población. Centrar los esfuerzos en conseguir generar procesos que den lugar a nuevas generaciones de personas con conciencia crítica, capaces de construir otro modelo de participación política y de relaciones en todos los ámbitos. Este es un camino difícil de seguir desde nuestra actual perspectiva donde el debate ha estado secuestrado por la representación que deja en manos del dinero y los medios de comunicación la construcción de las mayorías. Por tanto tenemos que descubrirlo, imaginarlo, inventarlo y crearlo desde lo colectivo.

Esta democracia no es débil como señala Juan Torres, no es el menos malo de los sistemas, ni es imperfecta, como justifican las élites, simplemente no lo es. Democracia, al igual que otras muchas palabras (justicia, libertad, igualdad…), ha ido perdiendo su significado para convertirse en una consigna ideológica que ayuda a perpetuar el poder de quienes la manipulan. Aun cuando etimológicamente anuncia “reconocer y anunciar derechos”, en la sociedad contemporánea (desarrollada, occidental, capitalista) es más bien una técnica, una forma especial de sometimiento consentido, una herramienta que consigue que las mayorías acepten las decisiones de las minorías. Al confundirse la democracia con la forma de gobierno la participación política se centra en la captación de votos y voluntades, y quienes tienen más poder para captar esos votos y voluntades son las mismas élites que controlan los medios de comunicación y los aparatos del estado. Esto hace prácticamente imposible que las clases populares conformen mayorías capaces de controlar el poder y transformar la sociedad.

No parece razonable excluir un ámbito tan importante como el institucional en un proceso transformador, pero sí entender que es un ámbito más y que comporta importantes riesgos, al menos mientras seamos colectiva y organizativamente frágiles, e individualmente sigamos contaminados de una forma de ver y actuar inoculadas desde el sistema.

Se hace necesario asumir que la construcción de lo común es en algún modo un proceso auto-constituyente de los movimientos que aborde los retos más inmediatos orientados en una dirección y bajo un nexo común. Esta unión debe sustentarse en elementos básicos compartidos por todas y no sólo en sus principios objetivos. No sólo se trata de compartir unos objetivos comunes sino de compartir el proceso de construcción de la conciencia crítica del individuo, de su sentido social, de la construcción de una voluntad y un bienestar común, para que el pleno desarrollo humano fundamente y articule las decisiones políticas.

Debemos aceptar que, hoy por hoy, entendemos cosas diferentes sobre conceptos que todas consideramos básicos: democracia, justicia, igualdad, economía social…Tenemos que aceptar no sólo la existencia de estas diferencias sino de que además no tenemos un diseño acabado del lugar de llegada, que en un horizonte previsible siempre estaremos en el camino, y de lo que se trata es de que nadie tire de nosotras ni que nos empuje sino de que caminemos juntas probablemente hacia una institucionalidad diferente generada desde la equidad y que permita a las personas el acceso al análisis crítico, conformando sus criterios en función de sus necesidades y del bien común, tomando decisiones en base a esos criterios.

El control desde las bases sociales es insustituible y ese control para asegurar una participación real y eficaz debe ser colectivo, organizado, con poder de decisión y con posibilidad de asumir tareas propias. Quizás no sea suficiente organizar respuestas fuera de las instituciones pero estas respuestas son imprescindibles en el camino de transformación de nuestra sociedad.

Hemos de convertirnos en activistas de nuestras propias vidas, de las nuestras y de las de todas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

NUESTRO CHAVEZ

SÁBADO, 9 DE MARZO DE 2013

Aunque el final era esperado siempre quedaba una esperanza. Muchas voces pedían “que aguantara porque lo necesitamos”. No ocurrió y la tristeza embarga a millones frente a lo irreparable. Se ha ido un indispensable y ningún homenaje compensará la pérdida. Cada conmemoración elige un perfil: el líder, el comunicador, el tribuno, el volcán de energías, el osado. Pero algunos homenajes disuelven su revulsivo legado del socialismo y el ALBA.
Chávez cuestionó a viva voz al capitalismo y recuperó un proyecto de emancipación que parecía sepultado. Retomó conceptos censurados, recordó a los marxistas olvidados, denunció a la burguesía y declaró su admiración por Cuba. Transmitió ideas de igualdad social y democracia real que provocaron un terremoto en la conciencia de oprimidos. No defendió vagamente la dignidad y los derechos de los humildes. Convocó a imaginar una sociedad sin explotación, competencia, ni lucro.
Esta dimensión no sólo incomoda a los partidarios del “capitalismo serio”. También molesta a los sectarios, irritados con cualquier planteo desviado de su receta. Objetan la distancia entre el proyecto y su concreción, como si ellos hubieran probado alguna capacidad para acortar esa brecha. Chávez rescató al socialismo de los libros de historia, para situarlo nuevamente entre las posibilidades del futuro.
Volvió a demostrar que ese horizonte es compatible en América Latina con el patriotismo revolucionario. Repitió la trayectoria de los militares antiimperialistas que se radicalizaron convergiendo con las luchas sociales. Y logró una sintonía con su pueblo y un impacto continental, que nunca consiguieron Torrijos o Velazco Alvarado.
Con más cuidado hay que tomar las analogías con el peronismo. Es cierto que lideró la misma irrupción de mayorías silenciadas y la misma obtención de conquistas sociales. Pero Chávez seguía un camino de Cuba totalmente contrapuesto al orden conservador. Por eso nunca avaló la gestación aparatos tan regresivos como el justicialismo. En lugar de confrontar con la juventud movilizada propiciaba la Patria Socialista.
Chávez impulsó la integración regional, pero no idealizaba los negocios y las ganancias empresarias. Los aceptaba como un dato del escenario actual y los concebía como instrumentos de recuperación de soberanía. Su proyecto era el ALBA: la unidad por medio de la cooperación. Comenzó propiciando el intercambio de petróleo por educadores con Cuba y terminó auspiciando incontables campañas de solidaridad con los desamparados de Haití, los desposeídos de Centroamérica y los necesitados de Bolivia. Estas iniciativas fueron interpretadas como “maniobras de petro-diplomacia” por quiénes sólo conciben acciones guiadas por la codicia.
El ALBA ensaya otra construcción latinoamericana, con menos funcionarios y más movimientos sociales. Chávez lo concibió retomando la experiencia de Bolívar. Si la guerra de la Independencia se expandió liberando esclavos y eliminando servidumbres, la batalla actual contra el imperio exige mayor intervención de los sujetos populares. En la preparación de esa confrontación, no ahorró denuncias de la prepotencia estadounidense.
América Latina ha perdido la voz de radicalidad que sobresalía en todos los foros, para pavimentar una estrategia antiimperialista. Se ha creado un gran vacío regional que no tiene sustituto (por el momento). Cuando se discute si Cristina o Dilma cuentan con el carisma suficiente para reemplazarlo se olvida el contenido del liderazgo vacante. El comandante decía la cruda verdad porque no temía desafiar a los poderosos. Por eso se burlaba de los diplomáticos yanquis y de los reyezuelos europeos que intentaron acallarlo.
Chávez supo combinar consecuencia con inteligencia en la evaluación de las relaciones de fuerza. Esa capacidad fue muy visible en el último período, cuando delegó el gobierno, forjó un equipo, posicionó a Maduro y debilitó a Capriles. Así conjuró el vacío de poder que tanto añora la derecha. Pero aceleró su propio final, con las energías desplegadas en la campaña electoral.
El resultado de esos comicios ha sido indigerible para los custodios del orden republicano que digitan los poderosos. Cuestionan al terrible autoritario, que arrasó en 13 elecciones cristalinas y al espantoso censor, que siempre pudieron insultar desde los medios de comunicación. La sobriedad profesional en el manejo posterior de la enfermedad presidencial debería servir de modelo, a todos los negociantes del periodismo, que lucran con la tragedia de un paciente terminal.
La disputa entre profundizar o congelar el proceso venezolano se ha tornado más incierta. Hay una tensión cotidiana con los burócratas que utilizan el disfraz bolivariano para enriquecerse, recreando el rentismo exportador y el consumo improductivo. Bloquean la construcción de una economía industrial, eficiente y auto-abastecida en alimentos. Acumulan fortunas con la intermediación de las divisas del fondo petrolero, agigantan el déficit fiscal y preservan el ciclo de las devaluaciones.
Por su parte muchos los opositores reconocen, ahora, el gran cambio perpetrado en la distribución de la renta petrolera. Aceptan que esos recursos fueron provechosamente canalizados hacia la alimentación, la educación, la salud y la vivienda popular. Nunca explican por qué razón, ningún presidente anterior concretó esa transformación.
Las conquistas logradas están a la vista y son muy significativas. Pero no alcanzan y podrían perderse si se pospone la radicalización del proceso económico. Ya no hay un conductor y llegó el momento para conformar direcciones más colectivas y electas por la base. Esta evolución es posible por el carácter inesperado de los procesos históricos. Nadie imaginaba, por ejemplo, hace diez años el giro que introduciría el movimiento bolivariano.
Chávez ingresa en la historia por la puerta grande para ocupar un lugar junto al Che. Guevara fue el símbolo de una revolución ascendente que despertó grandes expectativas en la expansión inmediata del socialismo. Chávez apareció en otro contexto. Expresó las rebeliones que conmovieron a Sudamérica al comienzo del siglo XXI y encarnó los triunfos contra el neoliberalismo. Dos figuras excepcionales para dos momentos de un mismo recorrido hacia la igualdad, la justicia y la emancipación.

 

Control de la América Latina

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Desde el siglo XIX, Estados Unidos considera Latinoamérica como su zona de influencia (Doctrina Monroe), pero no fue hasta 1903 que creó el SouthCom o “Comando Sur”, como se le denomina en ese continente. El objetivo, en aquel entonces, era apropiarse de la zona del ferrocarril que conectaba el Atlántico con el Pacífico para abrir allí un canal interoceánico. En detrimento de Colombia, Washington suscitó entonces un movimiento secesionista que dio lugar a la aparición de Panamá como país y envió sus tropas para «garantizar la seguridad del nuevo Estado».

Durante la guerra fría, el Comando Sur o SouthCom respaldó abiertamente las dictaduras militares de derecha y, más discretamente, dirigió incluso la represión contra las guerrillas marxistas, bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico. Esta evolución dio lugar a una reforma estructural paulatina del SouthCom, que ahora trabaja en estrecha coordinación con numerosas agencias estadounidenses en vez de hacerlo únicamente bajo las órdenes del Departamento de Defensa.

Hoy se prevé un fortalecimiento del SouthCom, a medida que Estados Unidos vaya retirándose del Gran Medio Oriente, para concentrar sus esfuerzos en las zonas petrolíferas del Caribe. Para mostrar músculo ante Venezuela y Cuba, Washington reactivó la IV Flota en 2008, derrocó en 2009 el gobierno de Honduras que quiso cerrar la base estadounidense de escucha de Soto Cano y abrió 7 nuevas bases militares en Colombia, también en 2009.

TOMADO DE VOLTAIRE

ASI HABLA Y PIENSA EL GENERAL ZORRILLA OZUNA

Inespre abrirá mega-mercados y supermercados

 INTRODUCCION

Un grupo de amigos perteneciente a diversos partidos políticos, pero con algo en común, comprometidos con un mejor destino para la patria, han abierto un espacio, han dado en llamarle “mesa de análisis y desarrollo” para la reflexión y el debate de las  ideas a la luz de nuestra realidad económica, social y política. En los debates, reflexiones y conclusiones en lo concerniente a nuestra clase política se manifiestan  un conjunto de críticas. Después de valorar estas críticas se pasa a buscar sus causas, que se ubican tanto en el posicionamiento y perspectivas del movimiento progresista latinoamericano como en la situación actual nacional y la historia política dominicana.

 

 

Las discusiones, aquí en la “mesa de análisis y desarrollo”, son dinámicas, los hechos y  fenómenos se ven en desarrollo, con una visión de conjunto e integradora de la realidad. En esa línea de inferencia surgen ideas y propuestas. Propuestas que no pretenden resolver, automáticamente, la situación del país, sino ayudar a que el Estado y sus Instituciones encaucen sus reflexiones en torno a un conjunto de asuntos que no han sido tomados en cuenta.

 

 

Recientemente, los amigos  de la “MESA DE ANALISIS  Y DESARROLLO”, tuvimos un encuentro con el General  Jorge Zorrilla Ozuna.  Hablamos de todo un poco. La situciacion actual y el tema político ocupo la mayor parte del tiempo del fructífero encuentro.

 

 

Escuchando al General Zorrilla Ozuna  exponer su enfoque y visión política, su  sentido de la historia y el amplio y dominio conocimiento del proceso liberador y progresista que se apertura en la patria grande como la llamo José Martí  parodiando a Bolívar, la verdad y la verdad sin tapujos, el General nos dejo a todos impresionados.

 

En la “MESA DE ANALISIS Y DESARROLLO” hay un consenso sobre el General: hemos descubierto a un hombre, un político, a un gran humanista y patriota excepcional en todo el sentido amplio de la palabra.

 

Veamos y escuchemos al General de su propia voz hablar de su posición y visión política que por cierto lo hace con mucha pasión e integridad.

 

Veamos:

 

En el Partido Cívico Renovador  nos proponemos  como proceso de toma de decisiones el centralismo democrático y rechaza cualquier forma de dirección autoritaria o despótica. Objeta el paternalismo y el clientelismo como respuesta a los males que afectan a nuestro país”

“El PCR se constituye en un instrumento de Organización  que recoge las aspiraciones, intereses y demandas de la ciudadanía.  Se compromete con las mejores causas del pueblo, la Nación Dominicana. 

Es propósito del PCR  contribuir a la creación de la dimensión ética e igualitaria de la política, sustentada en el humanismo, los derechos humanos, en los valores del pensamiento   crítico, el compromiso democrático y la vocación social”

“La participación política debe entenderse como una tarea de servicio público y representación de los diversos intereses y aspiraciones de la sociedad.

Las políticas del Partido se norman en la ética, los principios democráticos, la crítica y autocrítica constructivas; y la acción libre, honesta y responsable de sus dirigentes   y miembros”.

“No hay duda y es evidente  que la clase  política, en su mayoría, en nuestro país se ha separado del ciudadano común.

Este divorcio se da de varias maneras: por un lado, de la manera más elemental, al dejar de tomar en cuenta los intereses de la sociedad y darle prioridad a los del grupo o los personales”. 

“Los partidos políticos tradicionales ya no escuchan lo que la gente dice, quiere o necesita. No hay un diálogo real entre ellos y la sociedad.

Un reflejo de estos problemas es el abandono de las demandas sociales y ciudadanas en las actividades diarias de los partidos.

En el mejor de los casos, las agendas de los partidos tradicionales se limitan a planear las actividades electorales, pero cotidianamente las discusiones versan sobre los conflictos internos, las ofensas y cuentas pendientes de un grupo con otro”.

“La mayor parte de nuestros políticos  se la dan de pragmático; una cierta dosis de pragmatismo es necesaria en la actividad política; pero cuando éste se lleva más allá de ciertos límites, el problema es que se fomentan ideas contrarias a los principios  y valores”.

 

 

El Partido Cívico Renovador   se propone la construcción de una nueva cultura política fundada en  valores, y espacios  para el  debate de las ideas, la autogestión ciudadana y la solidaridad  como alternativa   a las formas de hacer política clientelar y populista del liderazgo político tradicional.  

 

 

Esta forma de hacer política debe ser compromiso de cada uno de las y los miembros  del Partido   no sólo de cara a la sociedad sino también en nuestra actividad  al  interior del propio Partido, donde debemos actuar con responsabilidad y discreción para resolver  nuestras diferencias.”  

 

 

El Partido Cívico Renovador postula la formación de un Estado democrático y social en el que todos los órdenes de gobierno rindan cuentas a la ciudadanía, y  que exista transparencia en la administración de los recursos y eficiencia en sus programas y acciones de gobierno. Se debe erradicar en forma definitiva la corrupción, la arbitrariedad y el autoritarismo.(postulados, todos sintetizados en la constitución más  progresista de la historia política Dominicana, la constitución de 1963)

Domingo Nuñez Polanco

 

 

El chavismo

En el caso venezolano se ha conformado una fuerza social, el chavismo, dotada de un fundamento ideológico que expresa la síntesis del bolivarianismo y el socialismo científico

A raíz de la enfermedad del Comandante Chávez, se ha especulado sobre la continuidad histórica de la Revolución. Nuestros enemigos aseguran que naufragaremos en ausencia de nuestro Líder.
Chávez es una figura extraordinaria en la historia de nuestro país e, incluso, de la región latinoamericana. Nuestros avances y conquistas en 3 lustros, así como los de la lucha antiimperialista en el continente, serían impensables sin su presencia.
A lo largo del siglo XX, figuras descollantes determinaron con su talento y capacidad el devenir histórico de las principales revoluciones. Resaltan, en ese sentido, Lenin, Ho Chi Minh, Fidel Castro, entre otros.
Sin embargo, en cada uno de esos casos la vitalidad de las transformaciones sociales fue determinada por la presencia de fuerzas sociales, capaces de garantizar la viabilidad histórica de esos procesos, en el entendido que son las masas populares las grandes propulsoras de las revoluciones sociales.
En el caso venezolano se ha conformado una fuerza social, el chavismo, dotada de un fundamento ideológico que expresa la síntesis del bolivarianismo y el socialismo científico.
Esta fuerza cuenta con un programa de gobierno, que nos indica el camino para transitar al socialismo y labrar la meta de la liberación nacional.
Asimismo, el chavismo descansa sobre estructuras organizativas sólidas, en lo social y especialmente en lo político, donde destaca el PSUV.
El chavismo es el resultado histórico de un conjunto de complejos factores, pero especialmente registra la influencia inconfundible de nuestro Líder.
Chávez es una raíz profunda e inquebrantable, siempre estará con nosotros.
Texto/Jesús Faría