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¿Nación o clase?: Las respuestas del marxismo a la cuestión nacional

 

 

Durante más de un siglo las y los marxistas más destacados han debatido la manera de reaccionar a las opresiones y luchas nacionales, a veces protagonizando fuertes controversias entre ellos (como, por ejemplo, entre Luxemburg y Lenin). Guillem Boix, miembro de En lluita y de la CUP, enmarca estos debates en su contexto histórico y los examina para ayudar a posicionarnos ante las oportunidades y los desafíos del actual choque de nacionalismos en el Estado. Este artículo forma parte de una serie de análisis que se han publicado y se publicarán en La Hiedra. [També en català: Nació o classe? Les respostes del marxisme a la qüestió nacional]
estado de caos
estado de caos (Photo credit: emmanuel orezzo)

El actual contexto de crisis va más allá de la crisis económica. Se trata de una crisis sistémica de escala internacional que además de la esfera económica se traslada también a la esfera política e institucional. En el Estado español, con el elemento central de la crisis de la deuda soberana, se está traduciendo en una profunda crisis de legitimidad del régimen forjado durante la transición. Un régimen basado en el neoliberalismo en la esfera económica y social y en la negación del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas dentro del Estado en la esfera política y democrática.

El auge del Movimiento Independentista (MI) en Catalunya, ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la cuestión nacional.

CiU intenta surfear la ola independentista para esconder su proyecto neoliberal y aun así esto no significa que el MI sea un movimiento instigado y motivado por la burguesía. De hecho, se trata de un movimiento popular transversal: “El MI no es un movimiento conservador ni puramente nacionalista. Es cierto que estas dos dimensiones existen dentro del MI, pero por el hecho de actuar en un marco tan amplio como es el movimiento de emancipación nacional quedan en constante colisión y pulsión con diferentes intereses de clase y procesos sociales”1

Nos encontramos ante la redefinición del bloque social progresista en Catalunya que por primera vez se posiciona de forma mayoritaria claramente a favor de la independencia.

Nación: Entre el mito y la realidad

El concepto de nación un concepto relativamente moderno y que va ligado al desarrollo del capitalismo. Aunque los diferentes nacionalismos intentan siempre construir un relato nacional arraigado en una lectura mitificadora de un pasado ancestral, los nacionalismos parten de una cultura e identidad previas a las que dan forma. No obstante, la realidad cultural y lingüística de las sociedades pre-capitalistas dista mucho de las realidades nacionales unificadas (con estado o sin él) que se desarrollarían con el triunfo de las revoluciones burguesas.

Esto es así porque el surgimiento del nacionalismo, como cualquier otra ideología, se basa en unas condiciones históricas y materiales concretas que permiten su nacimiento. En palabras de Marx, “no es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”2 La nación moderna responde a unas necesidades concretas en el plano económico y en el proceso concreto del desarrollo del capitalismo.

Estado nación: Superestructura del capitalismo

El continente europeo había salido de la primera crisis del feudalismo a finales del siglo XV con la formación de estados dominados aún por el modo de producción feudal. Estos estados, con el auge del absolutismo se centralizan y aun así no encontramos entre su población un sentimiento de pertenencia a una comunidad lingüística o a una entidad territorial fijada de la que la población se sienta parte.

Los estados feudales van adaptándose a ciertos elementos de un capitalismo incipiente. Como apunta Davidson, “la importancia del desarrollo capitalista estaba menos en el campo de la producción y más en el de la circulación”3, así con el avance del mercado se crean de forma espontánea redes de comercio que se van convirtiendo en redes lingüísticas. Los primeros mercados internos y primeras sociedades de consumo facilitaron un proceso de unificación política y territorial en donde las personas y las mercancías pudieran circular libremente.

El éxito en trasladar a la esfera política la nueva conciencia nacional naciente, especialmente en las zonas donde primero se desarrolla el capitalismo y estallan, en el siglo XVII, las primeras revoluciones burguesas (Holanda e Inglaterra), ofrece un modelo que será seguido (o impuesto) a lo largo del planeta, asentando el Estado-nación moderno como “el modelo” y el nacionalismo como ideología política que permite una identificación con el proyecto estatal, no sólo por las clases dominantes, sino también para el conjunto de la población.

La perspectiva marxista sobre la cuestión nacional

Marx y Engels formaron parte de la ola revolucionaria de la década de los años 40 del siglo XIX, en un contexto marcado por la lucha por la construcción de los grandes estados capitalistas europeos, que representaban un progreso respecto a los viejos estados feudales. Este contexto es el que inicialmente les lleva a “menospreciar las aspiraciones de las nacionalidades […] que se encuentran dentro de los estados”4.

Tomaron de la filosofía hegeliana la idea de unas “naciones con historia” y otras “naciones sin historia” estas últimas condenadas a ser absorbidas por las primeras. En el Manifiesto Comunista escribieron: “Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales”.5 Pronto quedaría patente que en lugar de ser cosas opuestas, el capitalismo y la identidad nacional iban juntas. Y que poco tenían que ver los movimientos nacionales que ellos condenaban con los modernos movimientos nacionales.

A partir de 1860, empieza un viraje en la posición sobre la cuestión nacional. La libertad de separación de Irlanda que para Marx había sido siempre imposible pasaba ahora a ser inevitable. Porque mientras la clase obrera inglesa se alinease con su burguesía contra el pueblo irlandés seguiría atada a ella e incapaz de hacerle frente. De las lecciones sobre la cuestión irlandesa se desprende en Marx y Engels la distinción entre el papel del nacionalismo de la nación opresora y de la nación oprimida, como apunta Chris Harman “el nacionalismo de los trabajadores y trabajadoras pertenecientes a una nación opresora les une a sus gobernantes y sólo les hace daño a sí mismos, mientras que el nacionalismo de una nación oprimida puede llevar a luchar contra esos gobernantes”6.

El auge del imperialismo volvió a poner en el centro del debate la cuestión nacional a finales del siglo XIX. La escuela austro-marxista con Karl Renner y Otto Bauer como máximos exponentes tiene un impacto destacado. Especialmente después de la publicación de “La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia (1907)” de Bauer. En la obra, Bauer construye un nuevo enfoque sobre el nacionalismo y el mismo origen de las naciones. En su propuesta nación es la “comunidad de carácter” nacida de la “comunidad de destino”.

En el contexto del imperio austrohúngaro, de carácter multinacional, Bauer ataca con firmeza al internacionalismo “cosmopolita” que consideraba las naciones como un episodio anecdótico destinada a desparecer con el desarrollo del capitalismo. Según Bauer, el socialismo no solo no acabaría con las naciones, sino que sería precisamente en la nueva sociedad sin clases dónde las naciones podrían florecer con su máximo esplendor. Para Bauer, los socialistas debían abrazar el nacionalismo cultural, para evitar que las tensiones nacionales rompieran los grandes estados en formación porque estos eran necesarios, desde su punto de vista, para el desarrollo económico del capitalismo, hecho que permitiría el desarrollo de la clase trabajadora, única capaz de acabar con la sociedad de clases.

La visión de la nación de Bauer, que descarta la territorialidad en su concepción, llevará al socialismo austriaco a defender la “autonomía cultural” de las naciones que formaban el imperio. De acuerdo con el programa de la socialdemocracia, el respeto a los derechos nacionales del conjunto de pueblos sería garantizado por el propio estado una vez reformado y convertido en un estado plurinacional.

El problema con el planteamiento de Bauer es que no tiene en cuenta el vínculo del surgimiento de las naciones en el marco general de la lucha de clases. La defensa de los derechos de las minorías nacionales no depende de un programa o una constitución que los incluya sino sobre todo de la correlación de fuerzas que se da. Relegar al Estado central la defensa de los derechos nacionales no es ninguna garantía.

Por otro lado, la apuesta por la autonomía cultural acrecentó las tensiones nacionales dentro de las organizaciones obreras en el imperio austrohúngaro, esto llevó a la escisión, primero, del partido y, luego, de los sindicatos. La fórmula de la autonomía cultural significó la separación entre las filas obreras. Como denunció el revolucionario catalán Andreu Nin, “[e]n oponerse a la disgregación del imperio austrohúngaro […] defendían objetivamente los intereses de la burguesía austro-alemana”7

Este enfoque sobre el surgimiento de las naciones no encontrará en el marxismo una explicación alternativa comparable. Lo que se ofreció en oposición directa a Bauer no fue una contra-explicación sino una contra-definición, la escrita por Stalin y que desafortunadamente sigue siendo referencia para parte de la izquierda. En 1913 Stalin definió la nación cómo “una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura”8. Stalin añade que si falta alguno de esos rasgos ya no podemos hablar de nación, esta definición tan rígida chocaba evidentemente con la realidad nacional de Estados Unidos (por poner un ejemplo) que según la definición no sería una nación.

Aun así la primera crítica a los planteamientos de Bauer la desarrolló el socialista checo Karl Kautsky. El planteamiento de Kautsky, fue adjetivada por Lenin como “histórica-economicista”9. A pesar de hacer un esfuerzo para entender el surgimiento de los antagonismos nacionales desde una perspectiva del desarrollo económico del capitalismo Kautsky consideraba también que el propio desarrollo del capitalismo llevaría a la desaparición de las naciones menos dinámicas. Kautsky que formalmente defendía el derecho de las naciones a la autodeterminación lo hacía con la convicción de que la independencia era un extremo exagerado.

Antes de la primera guerra mundial, el único partido de la socialdemocracia10 de Europa que rechazó frontalmente el derecho de las naciones a la autodeterminación fue el Partido Socialdemócrata de Polonia. La principal teórica y dirigente del partido, Rosa Luxemburg, desarrolló su análisis en el contexto polaco marcado por una escisión en los años ‘90 del siglo XIX dentro de las filas del movimiento socialista entre quienes paulatinamente iban girando hacia posiciones nacionalistas y quienes se mantenían firmes en una posición internacionalista.

El aborrecimiento del movimiento nacional polaco (dominado por posiciones reaccionarias) empujó a Luxemburg a oponerse al derecho de autodeterminación. Luxemburg toma de Kautsky la idea economicista del surgimiento de las naciones y de Bauer el concepto de autonomía cultural. Luxemburg critica la concepción de Kautsky que el desarrollo del capitalismo acabaría con el conflicto nacional. Según la revolucionaria esto sería justamente al contrario, en la fase imperialista del desarrollo capitalista las tensiones nacionales aumentarían al ser las pequeñas naciones anexionadas a los grandes estados contra su voluntad. Pero al mismo tiempo la revolucionaria considera que abogar por el derecho de la autodeterminación de esas naciones es ilusorio por su falta de capacidad política: “la fórmula del «derecho de las naciones a la autodeterminación» no es, en el fondo, una directiva política y programática para abordar la cuestión nacional, sino solamente una forma de esquivar el problema.”11 Como apunta Harman “se mueve de un brillante análisis dialéctico de las tendencias económicas y militares del capitalismo hacia una visión completamente mecánica de las consecuencias políticas.”12

Pero la posición de Luxemburg no es solamente una oposición al nacionalismo. Ella misma reconoce “la causa del nacionalismo en Polonia no es ajena a la clase trabajadora, ni lo puede ser, la clase trabajadora no puede ser indiferente a la opresión más bárbara e intolerable” y añade “el proletariado puede y ha de luchar por la defensa de la identidad nacional, como legado cultural […], pero la identidad nacional no se pude defender con el separatismo nacional”13. Luxemburg encontró una gran oposición a su visión, en el marco de los debates del movimiento socialista internacional, especialmente por parte de Lenin quien desarrolla su análisis en el contexto ruso, un imperio aún más multinacional que el austrohúngaro. La revolución de 1905 había sido tanto una revolución obrera como de las minorías nacionales oprimidas dentro del imperio zarista.

Ante la separación noruega de Suecia (que se dio con el apoyo de las organizaciones obreras suecas y la oposición de la clase dirigente sueca), Luxemburg reaccionó tachándola de reaccionaria porque se trataba de cambiar una monarquía por otra. En cambio, Lenin, que tampoco veía que fuera un gran avance para la clase trabajadora, entendía que como mínimo no suponía un retroceso y añadía: “La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas.”14

Esta es la primera aportación de Lenin, la idea central que la fórmula “derecho de las naciones a la autodeterminación” era la única manera de mantener los lazos entre la clases trabajadora de diferentes naciones, debilitando las ideas reaccionarias entre la clase trabajadora de la nación opresora (el caso de Suecia). Además para el caso de los nacionalismos de la nación oprimida, Lenin reconocía el potencial de esos movimientos para debilitar el poder no solo de los grandes estados sino del imperialismo en general.

Para Lenin la diferencia del nacionalismo de la nación oprimida y el de la nación opresora era una cuestión central. Por eso denunció a los bolcheviques que veían en el levantamiento irlandés de 1916 un golpe de estado de la pequeña burguesía. A partir de este momento Lenin rompe con la idea kautskiana de que la revolución democrática burguesa y la lucha por el capitalismo nacional solo podía ser liderada por la burguesía. Aun así, viendo las posibles alianzas que se habían de fraguar entre el movimiento obrero y los movimientos de emancipación nacional, Lenin insistió en la necesidad práctica que los y las marxistas se organizasen de forma separada. Fue así por la base de clase diferente que cada movimiento tenía y la necesidad de no renunciar, mientras se luchaba por reformas democráticas concretas junto a elementos burgueses y pequeño burgueses, a la perspectiva general de la clase trabajadora y los intereses de la revolución socialista.

El desarrollo del imperialismo después de la primera guerra mundial dejó claro que las luchas venideras no tendrían un carácter puro de confrontación capital-trabajo (aunque este fuera y siga siendo el elemento central) porque otras fuerzas (entre ellas las naciones oprimidas) se rebelarían contra el orden existente. De ahí la importancia de esclarecer una posición propia e independiente sobre la cuestión nacional por parte de la clase trabajadora.

En defender el derecho de las naciones a la autodeterminación –incluyendo el de separación-, Lenin no hacía ninguna concesión al nacionalismo. De hecho, aun defendiendo los derechos (culturales, lingüísticos, etc.) de las minorías nacionales Lenin se oponía frontalmente al concepto de autonomía cultural del austromarxismo que sí consideraba una concesión nacionalista. La capacidad para entender más allá de la cuestión económica o la cuestión cultural o psicológica para ofrecer un análisis que destila el aspecto político de cada problema, cada contradicción, es lo que confiere un especial valor a la aportación de Lenin.

El desarrollo del capitalismo en el Estado español se dio de forma desigual, concentrándose en Catalunya y una parte de Euskadi especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX15, e impidió el desarrollo de un proyecto nacional unificador en el Estado español. Esto, junto con la imposibilidad de reformar un estado cuya configuración territorial fue heredada del absolutismo para adaptarlo a los intereses de la nueva clase dominante surgida en estos territorios, lleva al surgimiento de un movimiento nacional, la primera expresión política del cual en Catalunya es el federalismo, corriente dominante de la izquierda en el siglo XIX, aunque pronto seria La Lliga (el partido de la burguesía catalana) el principal referente político del primer nacionalismo catalán. Las propuestas federalizantes o no centralistas chocan una y otra vez a lo largo de la historia con las instituciones políticas del Estado central.

En este contexto, desarrollan un esfuerzo de análisis comunistas disidentes de la línea marcada por Moscú entre los que destacan Andreu Nin y Joaquim Maurín. Nin considera que: “los movimientos de emancipación nacional son un aspecto de la revolución democrática” y añade “de la misma forma que la victoria del socialismo no es posible si no se realiza la democracia completa, el proletariado que no lance una lucha tenaz y revolucionaria por la democracia en todas las cuestiones no se puede preparar para la victoria sobre la burguesía”16. Nin consideraba que en el caso del Estado español la burguesía había perdido el impulso revolucionario de las primeras revoluciones burguesas, en un estado formado previamente a esas revoluciones y con una clase trabajadora más numérica con una conciencia ya desarrollada que entendía las reivindicaciones democráticas (compartidas con la burguesía) dentro del programa más amplio de la revolución.

De hecho Nin, entiende que a pesar de un movimiento nacional catalán dominado por las organizaciones de la pequeña burguesía (ERC) la incapacidad de esa clase para ofrecer soluciones (no solamente en el caso de los derechos nacionales sino también en la reforma agraria y otros aspectos pendientes de la revolución democrático-burguesa en el Estado) facilitaría la hegemonía del proletariado y las organizaciones revolucionarias. El estallido revolucionario de 1936 vendría a confirmar esas tesis.

El advenimiento de la segunda república, que a pesar de las promesas federalistas, se acaba definiendo como “república integral” (forma ambigua de decir estado unitario) lleva a Maurín, que consideraba los movimientos de emancipación nacional como un factor revolucionario de primer orden a escribir:

Somos separatistas. Pero no separatistas de España, sino del Estado español. En España hay una pugna entre el estado y las nacionalidades oprimidas. Hay que desarticular el estado, romperlo, quebrantarlo. Sólo cuando el estado semifeudal esté destrozado podrá formarse la verdadera unidad ibérica, con Gibraltar y Portugal incluso17.

Maurín, siguiendo la concepción acuñada por el republicano federal Gabriel Alomar18 distingue tres etapas de la evolución del movimiento nacional catalán. Una primera fase hegemonizada por la alta burguesía catalana que utiliza la cuestión nacional para arrancar concesiones al gobierno central al mismo tiempo que evita la erosión política por sus planteamientos antisociales. Una segunda fase dónde la dirección del movimiento, pasa a manos de la pequeña burguesía y una tercera fase que se alza sobre el fracaso de las negociaciones entre los representantes de la pequeña burguesía catalana con la gran burguesía española (que no está dispuesta a hacer concesiones) y que pone al proletariado como única clase capaz de resolver el problema de la única manera que pude hacerlo, la revolucionaria. Maurín considera que la implicación de la clase trabajadora en la resolución democrática de la cuestión nacional ayudará a constituir un “centro de convergencia entre la Catalunya obrera y campesina y la Catalunya democrática”19.

Crisis y nacionalismo

El Estado nación es la forma típica de administración política asociada al capitalismo. Desde este punto de vista, no es extraño que la ideología nacionalista siga formando parte de la conciencia de las personas, por cómo responde a la experiencia diaria de las vidas bajo el capitalismo. Además el nacionalismo no es algo que “pasa” en momentos de auge de los movimientos independentistas, el sistema capitalista refuerza el nacionalismo como condición necesaria para su propia supervivencia.

El contexto de crisis actual refuerza el auge de los nacionalismos. En el caso del Estado español la crisis está siendo utilizada por parte del gobierno del PP, con el apoyo de sectores del PSOE para emprender una recentralización estatal que responde a la lógica centralizadora de la austeridad. Esto vestido con un refuerzo del nacionalismo español como justificación ideológica. Al mismo tiempo, las comunidades autónomas, especialmente allí dónde más competencias se han traspasado, ven amenazadas su propia capacidad de gestión. La crisis económica tensiona las relaciones entre las elites económicas. Las burguesías “periféricas” utilizan el conflicto nacional para esconder sus políticas neoliberales. La aproximación a las tres fases del movimiento en Catalunya, definida por Alomar (20), no debe ser vista como una categorización aplicable exclusivamente al contexto histórico del primer tercio del siglo XX. Hay elementos de esa visión que caracterizan la situación actual (por ejemplo el crecimiento de ERC en detrimento de CiU(21)). Por eso en el actual contexto es importante que desde la izquierda anticapitalista se ponga en el centro de la política la defensa de la autodeterminación y la independencia. El miedo a la confrontación con el Estado puede llevar al replegamiento de los sectores más moderados del MI, esto pude abrir nuevas vías en las que la defensa de la independencia desde posiciones democráticas y sociales vaya ganando hegemonía, abriendo las posibilidades de desarrollo de proyectos de ruptura no ya solamente con el Estado español sino con el capitalismo.

El crecimiento del independentismo en Catalunya forma parte de la respuesta social a la crisis. Para construir una política de clase y anticapitalista que ponga sobre la mesa elementos clave de la salida anticapitalista de la crisis como el no pago de la deuda, la colectivización de las empresas estratégicas, etc. hace falta plantear esas demandas no como contrapuestas a las demandas “nacionales” sino como confluyentes con el proyecto democrático-emancipador.

Guillem Boix es militante de En lluita / En lucha

Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra

http://enlucha.wordpress.com/2013/09/08/nacion-o-clase-las-respuestas-del-marxismo-a-la-cuestion-nacional/

Notas:

1 En lucha, 2012: La cuestión nacional catalana. Disponible en:  http://goo.gl/VL42S7
2 Marx, Karl, 1859: Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Disponible en:  http://goo.gl/vuNX2Z
3 Davidson, Neil, 2007: ‘“Reimagined Communities’, International Socialism, nº117, diciembre 2007 ”  http://goo.gl/cQv5rQ
4 Citado en Pastor, Jaime, 2012: Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda. Madrid, Viento Sur-La Oveja Roja. pp. 42-69.
5 Marx, K. y Engels, F., 1848: Manifiesto del Partido Comunista. Disponible en:  http://goo.gl/aYlWJ
6 Harman, Chris, 1992: ‘The return of the national question’, International Socialism, nº 56, otoño 1992 Disponible en:  http://goo.gl/V2mzIv
7 Nin, Andreu, 1935: Els moviments d’emancipació nacional, Barcelona, Base. pp. 93-94
8 Stalin, José, 1913: El Marxismo y la cuestión nacional. Disponible en:  http://goo.gl/yx8K8J
9 En el sentido en que la definición se basaba básicamente en los aspectos económicos (desarrollo del capitalismo).
10 En este periodo los revolucionarios se autodenominaban socialdemócratas.
11 Luxemburg, Rosa, 1908: La cuestión nacional y la autonomía.
12 Harman, C., 1992: op cit.
13 Luxemburg, R., 1909: The National Question. Disponible en:  http://goo.gl/HbUcwr
14 Lenin, Vladimir I., 1914, El derecho de las naciones a la autodeterminación. Disponible en:  http://goo.gl/IlG6HX
15 Este desarrollo desigual no se dió solo por la dinámica económica: factores políticos intervinieron forzando, por ejemplo, el subdesarrollo en Andalucía. Ver: En Lucha Sevilla, 2010: La cuestión nacional andaluza (2011). Disponible en:  http://goo.gl/PvSMpC
16 Nin, Andreu, 1935: op cit.
17 Maurín, Joaquim, 1931: “En torno a la cuestión nacional”, La Batalla. Citado en: Riottot, Yveline, 2004: Joaquim Maurín o la utopia desarmada. Gobierno de Aragón. p. 178
18 Martín Ramos, J.L., 2005: “Marxisme i qüestió nacional a Catalunya, de les formulacions doctrinals fins a la Guerra Civil” a Albareda, J., et al: Catalunya en la Configuració política d’Espanya. Reus: Centre de lectura de Reus. p. 192.
19 Maurín, J., 1934: “Pel restabliment íntegre de l’Estatut, Avant!” Citado en: Riottot, Y., 2004: op cit. p 187.
20 Martín Ramos, J.L., 2005: op cit.
21 CiU no sólo ha perdido apoyo en la pasadas elecciones del 25 de noviembre de 2011 por su política social (aunque sea un factor importante), también por su ambiguo discurso nacional, evitando hablar de independencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

Héroe nacional coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez

Maximo Augusto Mancebo Matos

English: Coat of arms of the Dominican Republi...
 Un  19 de mayo, en 1965 , murió acribillado por las balas de los franco tiradores de las tropas invasoras YANKIS, el héroe nacional coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez, real organizador del movimiento militar que derroco el gobierno ilegito de el triunvirato encabezado por Robert Reed Cabral. Dicho movimiento tenia como objetivo restablecer el gobierno constitucional encabezado por el profesor juan Bosch,que había sido derrocado el 25 de septiembre de 1963, por un golpe militar encabezado por el general Elias wessin y wessin, cumpliendo ordenes de la misión militar de la embajada norteamericana. El coronel Rafael Tomas Fernandez Dominiguez, que estaba enterado de la trama contra el el gobierno constitucional y democratico, le planteo al presidente Bosch, resistir la trama del golpe de estado, el profesor Bosch lo convenció de que no había condiciones para impedir que se ejecutara dicha traición a la patria en esos momentos, Desde esos momentos del acontecimiento funesto del derrocamiento del gobierno constitucional y democrático, el coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez, comienza a conspirar para restablecer el gobierno del profesor Juan Bosch. Este ilustre coronel de nuestro ejercito nacional, fue el militar que involucro a todos los militares constitucionalistas, incluido el coronel camaño, que fue su amigo entrañable, y que posteriormente asumió el liderazgo y enfrento la grosera e intrusa intervención de 42 mil marines, del país mas poderoso del mundo. Paz y Gloria al coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez y al coronel Francisco Alberto Camaño de Deño, Héroes de la patria.

 

DOS PREGUNTAS AL PLD

 

Dos preguntas a los dirigentes del PLD a propósito de algo que decía el Profesor Juan Bosch allá por los años 80s.
1)      Perdió el PLD el carisma del que hablaba el profesor Juan Bosch?
2)      Se convirtió el PLD en un Partido Populista,  tal como lo  advertía  el profesor Bosch, de no llevar al partido a un comportamiento o actitud populista por sus perniciosas consecuencias, la corrupción por ejemplo?
 Decía el profesor Juan Bosch allá por los años 80s.
“El PLD tiene un crédito acumulado en el alma de las masas populares, y el fruto de ese crédito es eso que llama carisma. El PLD tiene carisma propio, que no es el de su líder. El líder puede tener o no tener carisma, pero el Partido lo tiene por sí mismo como podemos verlo en los actos masivos en que no interviene el líder, a los cuales acude tanto el pueblo como el que va a los actos en que participa el líder. Hay que preservar ese carisma, esa atracción que tiene sobre el pueblo el PLD, y debemos conservarlo evitando, cueste lo que cueste, caer en el populismo”.
“El Partido debe mantenerse alerta contra el contagio que una actitud populista puede introducir en sus filas, y debe luchar a brazo partido para asegurarle al pueblo que lo que haremos desde el gobierno si ganamos las elecciones se hará con fines de beneficios sociales, no personales. Por el camino de los beneficios personales se llega, y por cierto rápidamente, al establecimiento de una situación generalizada de privilegios, y de ese estado de privilegios se cae en la corrupción, que es la meta que persiguen los partidarios del populismo. Los peledeístas debemos tener cuidado con el contagio del populismo; debemos evitarlo a cualquier costo, y debemos vigilarnos los unos a los otros para impedir que ese mal nos coma el alma”.  Juan Bosch

 

Centenario de un patriota

President of Guatemala
President of Guatemala (Photo credit: Wikipedia)

Aniversario del nacimiento de Jacobo Arbenz Guzmán, presidente de Guatemala

El 14 de septiembre último se cumplieron 100 años del nacimiento de Jacobo Arbenz Guzmán, presidente de Guatemala del 15 de marzo de 1951 al 30 de junio de 1954 cuando fue derrocado por un golpe de Estado fraguado por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, que contó además con la participación activa de miembros del Alto Mando del Ejército, sectores antipatriotas, el embajador de los Estados Unidos de América en Guatemala John Peurifoy y la alta jerarquía del clero católico.

En 1944, año en que fue derrocada la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador, en Guatemala se derrotó la dictadura de 14 años de Jorge Ubico por una huelga general, punto culminante de una ola creciente de descontento popular. Ubico pretendió junto a elementos de la Fuerza Armada, dejar en su lugar al General Ponce Vaides un incondicional que capeara la tempestad pero su esfuerzo resultó infructuoso ante el empuje de las masas y el 20 de octubre de ese año se inauguró un periodo de remanso democrático en Guatemala que duraría apenas 10 años.

Arbenz quien había sido alumno sobresaliente de la Escuela Politécnica (militar) y ya en ese entonces contaba con el grado de Capitán, tuvo participación destacada en esos hechos. Posteriormente integró junto al Mayor Francisco Javier Arana y el civil Jorge Toriello Garrido una Junta Revolucionaria de Gobierno que aseguró en pocos meses la realización de elecciones libres y la promulgación de una nueva Constitución.

De ese proceso resultó electo democráticamente por vez primera en Guatemala, el Dr. Juan José Arévalo, iniciándose un periodo de reformas en beneficio de los sectores más desprotegidos de la sociedad guatemalteca. Arbenz fue nombrado Ministro de Defensa por Arévalo. Entre los logros más importantes de ese primer gobierno estuvieron la promulgación del Código del Trabajo que regulara las relaciones obrero patronales, la creación del Instituto Guatemalteco del Seguro Social y del Banco Nacional, el surgimiento del Instituto de Desarrollo de la Producción y el crecimiento y ampliación de los servicios educativos.

Jacobo Arbenz se había casado en 1939 con María Vilanova Castro, perteneciente a una acaudalada familia de terratenientes salvadoreños, cuyo padre participó en masacres de campesinos indígenas durante la insurrección de 1932 en El Salvador.

Arbenz experimentó por esos años junto a su esposa un desarrollo de su conciencia social y revolucionaria, influido por lecturas de autores marxistas, el conocimiento del papel jugado por el Ejército Rojo durante la derrota de nazismo en la recién finalizada Segunda Guerra Mundial y su cercanía y amistad con dirigentes del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).

Arbenz impulsó y logró aprobar durante su periodo presidencial una reforma agraria, la cual se había convertido en el propósito fundamental de su gobierno, conocedor de la profunda desigualdad y miseria que imperaba en el campo guatemalteco. Con ello se distribuyeron tierras provenientes de expropiaciones a particulares (apenas el 8.9 % del total de tierras censadas en 1950), tierras municipales inscritas y tierras provenientes de fincas nacionales. A la United Fruit Company conocida como la frutera, empresa norteamericana se le expropiaron cerca de 90 mil hectáreas de tierras ociosas.

Ese fue el pecado principal cometido por Arbenz y su gobierno a ojos norteamericanos, particularmente porque los hermanos John Fuster y Allan Dulles, eran a la vez de accionistas de la frutera, Jefe uno del Departamento de Estado y el otro Director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), se estaban tocando directamente sus intereses.

Con la intervención norteamericana de 1954 y la complicidad de los terratenientes, se detuvo el proceso de repartición de tierras, se despojó a los campesinos que ya habían recibido, se les reprimió brutalmente y retornó al estado de servidumbre en que vivían, en un país con una economía semi feudal.

Arbenz a diferencia de Arévalo, era revolucionario y así actuó. El segundo a pesar de sus méritos indiscutibles no pasó de reformista y después de encendidos discursos en contra de la intervención norteamericana de 1954, fue colaborador del gobierno militar, asesino y represivo de Carlos Manuel Arana a principios de la década de los 70s, fungiendo como embajador en Israel y Venezuela.

Arbenz y sus colaboradores advirtieron el peligro que se cernía sobre su gobierno, trataron de conseguir armas para armar al pueblo pero los Estados Unidos de América y sus gobiernos serviles se negaron a venderles; realizaron una compra en Checoslovaquia que nunca llegó a su destino; en el momento directo de la agresión las órdenes de Arbenz de entregar armas al pueblo fueron incumplidas por los militares que eran ya parte de la conspiración.

La revolución guatemalteca de 1944-1954 surgió en momento histórico desfavorable en América Latina y el mundo, en plena guerra fría donde proliferaban y se exacerbaban las manifestaciones anticomunistas de los gobiernos y las sociedades profundamente conservadoras, acicaladas por la propaganda norteamericana y aquella defensora de los intereses de las oligarquías criollas. La Unión Soviética y sus aliados estaban muy distantes y aún no surgía la revolución cubana para poder recibir apoyos solidarios.

La derrota del gobierno de Arbenz causó una profunda herida en aquellos que lucharon por sacar del atraso, la dependencia económica, cultural y política a Guatemala. Lo que vino después fue una auténtica tragedia, guerra civil, décadas de represión, miles de asesinatos y arrasamiento de comunidades indígenas enteras. Centenares de líderes sindicales, estudiantiles e intelectuales fueron torturados y masacrados. Se desarrolló la dictadura más sanguinaria de la región. Los militares guatemaltecos se ufanaban que no tenían presos políticos, todos estaban bajo tierra.

La figura de Jacobo Arbenz se agiganta con el tiempo, para juzgarlo y valorarlo hay que conocer y entender el momento histórico que le tocó vivir. Se propuso una gran empresa en un contexto sumamente adverso, su actuar fue congruente con sus ideales y aspiraciones. Fue traicionado por sus compañeros de armas en los que confiaba. Se caracterizó por su sencillez, compromiso con los humildes y firmeza de lucha por una sociedad más justa y solidaria. Fue un auténtico patriota, soldado del pueblo como le han calificado algunos. Honremos su memoria en este centenario de su nacimiento.

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El Papa Francisco arremete contra el dios Dinero

EL ACTUAL SISTEMA ECONÓMICO NOS ESTÁ LLEVANDO A UNA TRAGEDIA. VIVIMOS LAS CONSECUENCIAS DE UNA DECISIÓN MUNDIAL, DE UN SISTEMA ECONÓMICO QUE IDOLATRA A UN DIOS LLAMADO DINERO”, ASEGURÓ JORGE MARIO BERGOGLIO.

PapaEl papa Francisco arremetió contra el sistema económico mundial el domingo diciendo que éste ya no puede basarse en un “dios llamado dinero”. Asimismo animó a los desempleados a luchar por el trabajo y a “defender su dignidad”.
Tras llegar este domingo a Cagliari, capital de la isla italiana de Cerdeña, y escuchar a tres víctimas de la crisis (un parado, un pastor y una empresaria) que se quejaban de que la falta de trabajo les está robando la esperanza, el papa Francisco decidió saltarse el discurso oficial que tenía preparado, informó Reuters.
“Perdonad si estas palabras son un poco fuertes, pero digo la verdad: la falta de trabajo te lleva a sentirte sin dignidad. ¡Donde no hay trabajo no hay dignidad! Y esta tragedia es la consecuencia de un sistema que idolatra a un dios llamado Dinero“, declaró el pontífice.
Durante una misa celebrada ante más de 300.000 personas fuera de la catedral de Cagliari, el papa atacó al capitalismo por ser el causante de un gran sufrimiento y afirmó que “hombres y mujeres tienen que estar en el centro” del sistema económico.
El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que idolatra a un dios llamado Dinero”, aseguró Jorge Mario Bergoglio.
Asimismo, el papa afirmó que la globalización ha traído consigo una cultura en la que los más débiles de la sociedad son quienes más sufren: los marginados, los colectivos en riesgo de exclusión y los ancianos, quienes, en su opinión, “están siendo víctimas de una eutanasia encubierta”, condenados al abandono por ser considerados “improductivos”.
“Para defender la cultura económica, se ha instalado una cultura de usar y tirar. Nos deshacemos de los ancianos y de los jóvenes. Tenemos que decir ‘no’ a esta cultura de usar y tirar. Lo que queremos es un sistema justo que ayude a todos”, manifestó
(Tomado de Russia Today)

 

Mindfulness: La nueva herramienta para eliminar el stress

“Una serena revolución se está produciendo en Estados Unidos”, aseguró hace unas semanas el senador Tim Ryan. Podría afectar favorablemente al sistema estadounidense de salud, educación y bienestar social. Y por si fuera poco, Ryan no lo dijo en un corrillo, sotto voce, sino en la Asamblea de las Naciones Unidas del pasado 2 de abril. La revolución a la que se refiere Ryan se llama mindfulness (su traducción más acertada sería “atención plena”).

Esta disciplina tiene sus orígenes en las prácticas de meditación orientales, pero fue en la década de 1970 cuando Jon Kabat Zinn, doctor emérito en medicina por la Universidad de Massachusetts, lo adaptó a nuestros tiempos y puso en práctica sistemas de reducción de estrés mediante este tipo de meditación en la Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad en la que se graduó. Fue en ese momento cuando comenzó a circular de boca en boca la práctica, los libros se vendieron por millones y famosos de todos los talantes se sumergieron en su práctica embebidos de una gran virtud propia de esta disciplina: su facilidad de comprensión.

Vicente Simón, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Valencia y autor del libro Aprender a practicar mindfulness, explica en qué consiste de modo accesible: “Es algo muy simple y que todos experimentamos alguna vez: cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo o sintiendo, estamos practicando mindfulness”.

Un curso de esta disciplina suele durar ocho semanas y comprende prácticas en grupo y ejercicios individuales que pueden realizarse en el tiempo libre.
No es necesaria ropa especial, ni tener experiencia previa en meditación. No es necesario acreditar una flexibilidad mínima. “Cualquiera lo puede hacer, en cualquier momento”.

Pero, qué es mindfulness?: ¿atención plena, conciencia plena, concentración total? “La conciencia no es un fenómeno voluntario, no eres consciente de que respiras, en cambio, la atención sí es un fenómeno voluntario. En este sentido, mindfulness es atención plena. Al practicarla es posible evitar la respuesta automática que surge de experiencias previas y nos lleva a reaccionar de modo desproporcionado”. O lo que es lo mismo: contar hasta diez antes de hacer algo determinado.
Manos a la obra
Busca un espacio y una postura cómoda. Reserva al menos 30 minutos para la actividad. Puedes seguir los ejercicios propuestos y, si te relajas tanto que ves venir el sueño, no te preocupes, ríndete a él y luego continúa con la tarea. El principal objetivo es aprender a concentrarte en el presente, para evitar respuestas condicionadas.

El primer ejercicio consiste en prestar atención a la respiración. Con los ojos cerrados, hay que notar el ritmo de inspiración y exhalación, pero sin influir en él. A medida que pasa el tiempo nuestro cerebro actúa como un mono: va de rama en rama, de pensamiento en pensamiento. “Encontrar un foco de atención, como la respiración, permite que nos concentremos en el presente, sin comparar con el pasado ni especular respecto al futuro”. Cuando esto ocurre, cuerpo y mente responden de un modo sorprendente. El cerebro consta de dos hemisferios que tienen a su cargo tareas casi opuestas. El hemisferio izquierdo, por ejemplo, se asocia con el procesamiento lógico, las habilidades matemáticas y el análisis racional. El lado derecho, mientras tanto, lleva nuestra ubicación en el espacio, la expresión emocional, la imaginación y la creatividad.
La neurocientífica Shanida Nataraja, del University College de Londres señala que los occidentales utilizamos mucho más nuestro hemisferio izquierdo, y la práctica de mindfulness persigue en terminos neurológicos una mayor activación del derecho. ¿Y qué ocurre cuando esto se consigue? De todo, pero para muestra basta un botón: al activarse el lado derecho, se acciona el sistema parasimpático y se “apaga” el simpático, que es el encargado de liberar adrenalina. Gracias a ello, se reduce el nivel de estrés.
El segundo ejercicio se puede llevar a cabo sentado en una esterilla, en una silla o de pie; es muy simple: consiste en cerrar un puño y luego abrirlo lo más lentamente posible. Todo el proceso puede llevar hasta 5 minutos. El objetivo, nuevamente, es enfocar la atención en una sola cosa: el presente. Si en algún momento nos sentimos incómodos en la postura elegida, aprovechemos al menos un momento para identificar individualmente las zonas que nos molestan. Y luego podemos cambiarla sin problema y continuar con el ejercicio.
Relacionarnos con el presente, tendrá un efecto subversivo en la gestión de nuestras emociones. Ante ella, nuestro cerebro responde mediante un circuito ya reconocido: percibimos un estímulo, este viaja directamente parte a la amígdala y parte al neocórtex (el área racional). Si la amígdala detecta una coincidencia con otro estímulo anterior, entonces toma el control sobre el cerebro racional y actúa de modo instintivo. Sin importar si la situación es diferente o el entorno distinto, es una respuesta programada de la que no somos conscientes.
Pelea o corre
Si bien esta actitud nos permitió huir de cualquier peligro y estar alerta ante amenazas en nuestros primeros tiempos evolutivos, en el mundo actual genera reacciones violentas o desproporcionadas de modo automático.
Los estudios de neurociencia relacionados con la meditación han demostrado su eficacia en la neuroplasticidad, la capacidad de nuestro cerebro de transformar ciertas regiones según los estímulos que recibe. Esto confirma la opinión del psicólogo Donald Hebb, quien acuñó la frase: “Las neuronas que se activan juntas se conectan juntas”; lo que quiere decir, en este caso, que cuanto más se practica mindfulness, más rutas neuronales se construyen para reaccionar de modo adecuado a cada situación. Y este, finalmente, es el gran objetivo.

Fuente

 

Un propósito

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                                                    Domingo Nuñez Polanco junto al oleo de Duarte pintado por Miguel  Nuñez, pintor de la Patria
La experiencia ha comprobado que toda persona, todo conglomerado humano, todo país, para poder progresar necesita un propósito.

En 1844, nuestro propósito era la independencia, y contra todas las adversidades, fuimos a la guerra y salimos airosos.

En 1961, nuestro propósito era volver a respirar aires de libertad para en ella construir nuestro futuro, y lo logramos.

Pero en el ínterin nos hemos aburguesado, y nos importa poco lo colectivo, sino hacer lo que nos resulta beneficioso sin pensar en los demás.

Hemos perdido el propósito.

Las élites criollas, sean económicas, políticas o sociales, no conducen a esta sociedad, porque están muy ocupadas en atender sus asuntos. Les importa poco que el país esté siendo vendido a extranjeros, con tal de ellos sacar su tajada. No les interesa crear un orden social armónico, porque siempre se pueden ir a un país desarrollado a respirar el ordenado aire que no produce el Trópico.

Si aquí hubiese una élite gobernante, el desorden del tránsito se hubiese resuelto, y con él muchos otros problemas de orden social que requieren respeto por los demás y disciplina.

Si hubiese una burguesía nacional, la falta de energía eléctrica fuera cosa del pasado, porque energía eléctrica y orden social son dos prerrequisitos sine qua non del desarrollo.

Necesitamos un propósito común para salvar al país del desorden y la mediocridad en que está envuelto.

Propongan uno.

atejada@diariolibre.com