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¿Está Edward Snowden a bordo de este avión?

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English: Welcome event to Evo Morales, Coyoacán, Mexico City. Español: Evento de bienvenida a Evo Morales en Coyoacán, Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Noam Chomsky

El 9 de julio, la Organización de Estados Americanos (OEA) realizó una sesión especial para discutir la escandalosa conducta de los estados europeos que se negaron a permitir que el avión gubernamental del presidente boliviano Evo Morales entrara en su espacio aéreo.

Morales volaba a su país después de asistir a una reunión cumbre en Moscú el 3 de julio. En una entrevista allá, comentó que estaba abierto a ofrecer asilo político a Edward J. Snowden, ex contratista de la agencia estadunidense de espionaje, a quien Washington busca por cargos de espionaje y quien se encontraba en el aeropuerto de Moscú.

La OEA expresó solidaridad con Morales, condenó los actos que violan las reglas y principios del derecho internacional, tales como la inviolabilidad de los jefes de Estado, e hizo un firme llamado a los gobiernos europeos –Francia, Italia, Portugal y España– a explicar sus acciones y disculparse por ellas.

Una reunión de emergencia de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) denunció la flagrante violación de los tratados internacionales por las potencias europeas.

También jefes de Estado latinoamericanos se sumaron. La presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, expresó indignación y condena a la situación impuesta al presidente Evo Morales por algunos países europeos y advirtió que esta grave falta de respeto a la ley compromete el diálogo entre los dos continentes y las posibles negociaciones entre ellos.

Los comentaristas fueron menos reservados. El politólogo argentino Atilio Borón llamó a Europa la puta de Babilonia, que se inclina ante el poder.

Con virtualmente idénticas reservas, dos estados rehusaron firmar la resolución de la OEA: Estados Unidos y Canadá. Su creciente aislamiento en el hemisferio, a medida que América Latina se libera del yugo imperial luego de 500 años, tiene significación histórica.

El avión de Morales, que acusaba problemas técnicos, recibió autorización de aterrizar en Austria. Bolivia afirma que registraron la nave para descubrir si Snowden iba a bordo. Austria responde queno hubo una inspección formal. Cualquier cosa que haya ocurrido, se hizo atendiendo advertencias de Washington. Más allá, la historia es borrosa.

Washington ha dejado en claro que cualquier país que se niegue a extraditar a Snowden enfrentará duro castigo. Estados Unidos lo perseguirá hasta el confín de la Tierra, advirtió el senador Lindsey Graham.

Sin embargo, voceros del gobierno estadunidense aseguraron al mundo que Snowden recibirá plena protección de las leyes estadunidenses. Se refieren a esas mismas leyes que han mantenido al soldado Bradley Manning (quien entregó un vasto archivo de documentos militares y diplomáticos a Wikileaks) en prisión durante tres años, gran parte de ellos en confinamiento solitario bajo condiciones humillantes. Hace mucho tiempo que se perdió la noción arcaica de un proceso expedito ante un jurado de iguales: el 30 de julio, un consejo de guerra encontró a Manning culpable de cargos que podrían conducir a una sentencia máxima de 136 años en prisión.

Al igual que Snowden, Manning cometió el crimen de revelar a los estadundiense –y a otros– lo que hace su gobierno. Es una grave ruptura de la seguridad en el sentido operativo del término, familiar a quien haya estudiado alguna vez documentos desclasificados. Típicamente, seguridad significa proteger a los funcionarios gubernamentales de la mirada del pueblo ante el cual son responsables… en teoría.

Los gobiernos siempre han argüido la seguridad como excusa: en el caso de Snowden, seguridad ante un ataque terrorista. Este pretexto viene de un gobierno que realiza una gran campaña terrorista internacional, con drones y fuerzas de operaciones especiales, que produce terroristas potenciales a cada paso.

Su indignación no conoce fronteras ante la idea de que alguien perseguido por Estados Unidos reciba asilo en Bolivia, que tiene un tratado de extradición con Washington. Algo que extrañamente falta en el tumulto es el hecho de que la extradición funciona en los dos sentidos… en teoría, una vez más.

En septiembre pasado Estados Unidos rechazó una petición formulada por Bolivia en 2008 para extraditar al ex presidente Gonzalo Sánchez de LozadaGoni, con el fin de que enfrentara cargos de genocidio y crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, sería un error comparar la solicitud boliviana con la de Washington, aun en el supuesto de que ambos casos tuvieran mérito comparable.

Edward Snowden, ex contratista de la NSA. La imagen pertenece al certificado de asilo temporal que le dio el gobierno ruso Foto Reuters

La razón fue proporcionada por San Agustín en su cuento acerca del pirata a quien Alejandro Magno preguntó: ¿Cómo te atreves a molestar al mar? El pirata respondió: ¿Cómo te atreves tú a molestar al mundo entero? A mí, que lo hago con un pequeño barco, me llaman ladrón; a ti, que lo haces con una gran armada, te llaman emperador.

San Agustín considera elegante y excelente la respuesta del pirata. Pero ese antiguo filósofo, obispo en el África romana, es sólo una voz del sur global, que se puede fácilmente hacer a un lado. Las mentes refinadas modernas comprenden que el emperador tiene derechos a los que personas pequeñas como los bolivianos no pueden aspirar.

Goni es sólo uno de muchos a los que el emperador prefiere no extraditar. Otro caso es el de Luis Posada Carriles, descrito por Peter Kornbluh, analista del terrorismo en América Latina, como uno de los terroristas más peligrosos de la historia reciente.

Posada es buscado en Venezuela y Cuba por su responsabilidad en el ataque con bomba a un avión comercial de Cubana de Aviación, en el que perecieron 73 personas. La CIA y la FBI lo identificaron como sospechoso. Pero cubanos y venezolanos carecen también de las prerrogativas del emperador, quien organizó y respaldó el reino de terror al que los cubanos han estado sujetos desde su liberación.

El fallecido Orlando Bosch, socio de Posada en el terrorismo, también se benefició de la benevolencia del emperador. El Departamento de Justicia y la FBI solicitaron su deportación por ser una amenaza a la seguridad estadunidense, acusándolo de docenas de actos terroristas. En 1990 el entonces presidente George H.W. Bush anuló la orden de deportación, y Bosch pasó felizmente el resto de su vida en Miami, sin que lo inquietaran las peticiones de extradición formuladas por Cuba y Costa Rica, dos simples piratas.

Otro pirata insignificante es Italia, que ahora busca la extradición de 23 operativos de la CIA convictos por el secuestro de Hassán Mustafá Osama Nasr, clérigo egipcio en Milán, a quien remitieron a Egipto para responder a cargos por tortura (más tarde se le halló inocente). Buena suerte, Italia.

Hay otros casos, pero el crimen de remisión a otro Estado nos devuelve al asunto de la independencia latinoamericana. El Instituto Sociedad Abierta publicó en fecha reciente un estudio tituladoGlobalización de la tortura: detención secreta y remisión extraordinaria por la CIA. En él se hace un recuento de la participación global en este delito, que es muy amplia, incluso entre países europeos.

El académico latinoamericano Greg Grandin señaló que una región está ausente de esa lista de vergüenza: América Latina. Esto es doblemente notable. América Latina ha sido durante mucho tiempo el confiable patio trasero de Estados Unidos. Si cualquiera de los locales hubiera asomado la cabeza, habría sido decapitado por el terrorismo o por un golpe militar. Mientras estuvo en control de Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo pasado, América Latina fue una de las capitales mundiales de la tortura.

Ya no es así. Estados Unidos y Canadá están siendo virtualmente expulsados del hemisferio.

Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachussetts en Cambridge, Massachusets. Su libro más reciente es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Conversations with David Barsamian.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/08/03/index.php?section=opinion&article=022a1mun

© 2013, Noam Chomsky. Distributed by New York Times Syndicate.

Traducción: Jorge Anaya

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks

Manifestaciones en Brasil: para mal… o para bien

Português do Brasil: O presidente Lula partici...
Português do Brasil: O presidente Lula participa da convenção nacional do PT, que confirmou a candidatura da ex-ministra Dilma Rousseff à Presidência da República e Michel Temer (PMDB) como vice na chapa. (Photo credit: Wikipedia)

Hedelberto López Blanc

Para muchos resulta inconcebible que en Brasil ocurran manifestaciones masivas de reclamos populares en un país donde desde hace 10 años se ha reducido la inmensa asimetría entre ricos y pobres, se han puesto en marcha numerosos programas sociales y más de 32 millones de personas salieron de la escala de pobreza en la que se mantuvieron durante décadas,.

Por primera vez en muchas décadas ocurre esa situación en América Latina, es decir, casi un millones de personas, sin ser convocadas por partidos políticos, salen a las calles a exigir mejoras y rebajas en las tarifas del transporte público, en la atención a la salud y la educación de la población, y lo principal, son aceptadas sus demandas por las autoridades.

En la mayoría de los casos las manifestaciones en Latinoamérica, han sido reprimidas con violencia por las autoridades de turno como ha ocurrido recientemente en Chile con los reclamos de estudiantes por una educación gratuita y las de campesinos colombianos que exigen la devolución de sus tierras arrebatadas para beneficio de compañías transnacionales.

El detonante fue el aumento de 10 centavos de dólar en el transporte público que lo llevó a 1,50 dólar, (cancelado tras las demandas) por los gastos en la Copa Confederación de fútbol y los que se realizan para el Mundial 2014.

Grupos de la derecha tradicional que no aceptan los cambios para bien de la población ocurridos en Brasil desde el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva y continuados por el de Dilma Rousseff, se infiltraron en las demostraciones encabezadas por el Movimiento Pase Libre, para crear violencia y tratar de que fueran reprimidas para que el gobierno sufriera un alto costo popular.

Pero los organizadores se dieron cuenta de la maniobra, (impulsada por los medios de comunicación entre los que se sobresale la cadena informativa Globo) e inmediatamente declararon que sus demandas se realizaban solo por vía pacífica y que en ningún momento solicitarían la democión de Rousseff cuya aceptación popular del 75 % resulta un récord nacional.

Dilma, tras las grandes manifestaciones iniciadas el 17 de junio y que fueron citadas a través de las redes sociales, hizo gala de sus condiciones de estadista y ofreció rápidas declaraciones en las que adelantó tres medidas urgentes.

La primera, elaboración de un Plan Nacional de Movilidad Urbana, que priorice el transporte colectivo; segunda, asignar el ciento por ciento de las regalías que se obtienen por la explotación de petróleo para la educación, propuesta que estará sujeta a debate en el Congreso, y tercera, la contratación de médicos extranjeros para ampliar el servicio del Sistema Único de Salud (SUS).

Cuando el gobierno federal planteó esta última medida hace dos meses, fue bloqueada por el Colegio Médico y por las fuerzas de derecha dentro del Parlamento.

El 24 de junio, la presidente se reunió con alcaldes y gobernadores brasileños y anunció que convocará a un plebiscito para buscar una reforma política en Brasil “que tanto se necesita”, y combatirá la corrupción.

Dijo que la población debe decidir, a través de un plebiscito, la creación de una Asamblea Constituyente para que sea esta la que se encargue de una reforma política, cuya necesidad se evidenciada por las protestas masivas.

Reveló una nueva inversión para mejorar el transporte público en las grandes ciudades por alrededor de 25 000 millones de dólares.

Tras reunirse ese mismo día con líderes del Movimiento Pase Libre, significó que “Brasil está maduro para avanzar y ya dejó claro que no se quiere quedar parado donde está”. Los movilizados advirtieron que, pese a reconocer los avances tras la reunión con Rousseff, no abandonarán las calles. Es decir, mantendrán el apoyo al gobierno y a la par mantendrán la vigilancia para que se cumplan sus pedidos.

Rousseff también aseguró que se debe dar prioridad especial a combatir la corrupción y propuso establecer penas más severas para los delitos relacionados con la malversación de fondos públicos.

El crecimiento de Brasil ha sido constante en los últimos 10 años, y si en 2007 ocupaba el décimo lugar por el total de su Producto Interno Bruto (PIB), en 2008 superó a Canadá, en 2009 a España para alcanzar la octava posición; en 2010 a Italia y a finales de 2012 esta a solo pocos puntos de Gran Bretaña que ocupa la sexta posición.

La administración de Lula, desde su comienzo en 2002, se ocupó de emprender varios proyectos sociales como Hambre Cero, Bolsa Familia (brindan asistencia a núcleos pobres) y Primer Empleo que facilita a los jóvenes el acceso al mercado laboral, además de los subsidios distribuidos y el aumento del 53 % del salario mínimo desde 2003.

Esos programas han permitido que las capas más desfavorecidas de la sociedad hayan aumentado sus ingresos y tengan más poder adquisitivo lo que impulsa, a la vez, el desarrollo de la economía.

Como complemento directo se suma la financiación de la escolaridad infantil y la elevación del número de los puestos de trabajo, para sacar de la miseria extrema a más de 32 millones de brasileños e ir disminuyendo los altos niveles de criminalidad que existían en esa sociedad.

Los índices de pobreza se redujeron desde el 42 % en 2002 a 20 % en 2011, o sea más de la mitad en nueve años; la tasa de desempleo se fijó a finales de 2011 en 5,2 % (la más baja en toda la historia); mientras diferentes instituciones señalan que se continúa reduciendo la desigualdad y disminuyen las migraciones desde las regiones pobres del campo hacia los centros urbanos.

Pero como afirmó el ministro de Hacienda, Guido Mantega, “aun queda mucho camino por andar pues pese a los avances, Brasil requiere aumentar sus inversiones en el área social, mejorar las infraestructuras en muchos territorios y continuar disminuyendo las asimetrías actuales”.

No parece desacertado afirmar que las actuales manifestaciones en Brasil ayudarán al gobierno a continuar el camino emprendido desde la administración de Lula, en aras de mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Los pliegues de las movilizaciones en Brasil

English: Official photo of President Rousseff,...

¿Había un fondo fascista por detrás de los jóvenes movilizados? ¿o el horizonte sigue siendo el de nuevas luchas en una calle ganada, a pesar de voces minoritarias desprestigiadas? Lo que para algunos es fascismo y amenaza de golpe sobredeterminando las movilizaciones, especialmente después de que los distintos gobiernos locales dieran marcha atrás en los aumentos del transporte, para otros es esperanza en cambios profundos con una población que salió de la inercia consumista… ¿es un movimiento de izquierda contra un gobierno autista y conservador o hay que salir a apoyar el gobierno?

Quizás reversibilidad de una historia sin dirección pre-definida, con fantasmas del pasado que se chocan los hombros con deseos de cambiar el país, y que afloran en un país que empieza a hablar desde las calles después de cambios subterráneos profundos. En estas voces difíciles de codificar, se escucha mucho que ya no hay izquierda y derecha pero al mismo tiempo nunca parecieron estar tan marcadas las posiciones en el debate. Una masiva movilización generada por lo que se entendía como abuso, y expresiones violentas que las mayorías denuncian pero que no es difícil entenderlas también como continuidad más radicalizada de tendencias que recorrieron la política de estos días.

Después de dos semanas desde que empezaron las protestas y cuatro días de que el reclamo se volviera masivo, algunos descubrieron que pueden hacer un país más justo desde la movilización. Pero con el gobierno fuera del centro de atención, la continuidad de las movilizaciones se encontró en Rio de Janeiro y otros lugares con la vocación violenta y descontrolada de la policía militar, protegida por la TV Globo, que trabajaba codo a codo con la policía para cubrir con su relato el accionar represivo, mientras buscaba direccionar el sentido de las calles a una crítica que vendría de fuera de la política, del televidente indignado, contra la corrupción. Al mismo tiempo, en São Paulo y otros lugares, un nacionalismo de extrema derecha instigó repudios violentos contra bandera rojas de partidos, apoyados por vecinos que llevaban carteles contra las “limosnas” (el Programa social Bolsa Familia) o insultaban a Dilma, provocando la retirada inmediata de muchos de los que se movilizaron los primeros días, y dejando un gusto amargo que varios interpretan como intento de golpe de Estado.

Una semana que comenzó con movilizaciones inesperadas que sorprendieron recolocando la política en las calles del Brasil, terminó así despertando una serie de monstruos que hasta entonces no salían mucho de las pequeñas cajas de comentarios en Internet. Distintas camadas superpuestas nos fueron llevando del tema de la decisión de escritorio de administradores de ciudad, a los límites constitucionales y morales de una república que está en crisis y se reencuentra con los grandes perfiles de su historia, sus excluidos, sus miedos y deseos de transformación.

Cuánto más crecía y se expandía más Imposible era indicar sus causas y composición con precisión. La protesta alcanzó decenas de ciudades, salió de grupos de jóvenes recién llegados a la política en universidades en expansión, pero por la mitad de la semana incluyó protestas en las periferias. Después del triunfo de la movilización –con la revocación del aumento en los precios del transporte– continuó en las calles con millones de motivos acumulados y arrojados contra las puertas de un poder público que las mantenía cerradas y que no pudo general aún una respuesta a la altura de las circunstancias, confundida y mandando la policía.

No eran sectores emergentes pidiendo derechos de establecidos, tampoco excluidos que en el Brasil potencia buscan incluirse con demandas. No es tampoco un Brasil que sale en tiempos de crisis, como se apresuran los que siguen datos macroeconómicos que ven un freno en la curva progresiva. Era política desordenada, sin líder, sin nombre, sin un único sentido. No era un intento desestabilizador contra el PT y se vieron en las marchas, más bien, grupos del PT que buscaron sumarse, el jueves especialmente, cuando el gobierno expresó simpatía con las movilizaciones. Tampoco era manipulación de la prensa, que más bien se perdió enredada en la cuestión del “vandalismo”, aunque sin duda plantó consignas –como la de la lucha contra la corrupción, fácil herramienta del rating televisivo– y llevó manifestantes a la calle, enrareciendo, complejizando y dando letra a los impulsos iniciales. Había carteles anti Dilma, pero no era golpista la intención de los millones movilizados y más bien esa interpretación parece hablar de la sordera de arriba que esta semana mostró un Brasil en las calles.

El precio del transporte, no debe ser olvidado en cualquier intento de caracterización. No eran sólo 20 centavos, quedó claro en estos días, cuando su valor representa un tercio del salario mínimo y no se condice con las pésimas condiciones de viaje en ciudades colapsadas. Este primer catalizador que se mostró convocante y legítimo, es interesante porque no es ajeno al tipo de demandas que están en la conciencia y formación histórica del PT. Mientras los gobiernos de las ciudades más grandes iban reaccionando ante la fuerza de la calle, se empezó a saber algo de un mundo con costos del transporte maquillado por las empresas, financiamiento del servicio que recaen sobre las espaldas del usuario en mayor porcentaje que en otros lugares del mundo (sólo el 10% es de la empresa) y un tema central en las ciudades de hoy que se estructura de manera muy injusta, y además resulta familiar con como todos los temas estatales se organizan. En este sentido la respuesta gubernamental inicial de silencio o represión policial, sea cual fuera el partido del poder, no podía sino reforzar la lectura de un vacío, donde en el pasado podía estar el PT proponiendo otra política.

En la calle, las críticas a la magnitud de dinero transferido de cofres públicos a un pequeño grupo de empresas, en el transporte, se conectó inmediatamente con el caso del financiamiento público al mundial de fútbol, justo cuando la FIFA organiza un ensayo para el mundial con la Copa de las Confederaciones, que fue blanco de protestas. Del transporte, se pasaba al fútbol, permitiendo aflorar algo de lo que expulsión de habitantes en zonas turísticas, faraonismo megalomaníaco y contratos demasiado grandes con demasiado poco control habían venido alimentando. Algo de esto también se encuentra con el ciudadano que está harto de la corrupción, pero más bien se conecta con conflictos locales que no alcanzaron tanta difusión, como algunos que acompañaron obras del metro en São Paulo, o la demolición de un histórico museo indígena en Río de Janeiro para la ampliación del estadio Maracaná. Ciudad que recibirá la final de la copa del mundo y antes al papa Francisco –en una visita cuyos gastos también son criticados- ponen un alerta que hasta ahora sólo tiene desde el gobierno un plan de contingencia militar.

Otra de las discusiones que recorrieron la semana tuvo que ver con las formas de participación política. Un movimiento horizontal surgido en el Foro Social Mundial de 2005 y que propone anular las tarifas del transporte, dejó nerviosos a negociadores políticos, inteligencia del Estado, la policía y periodistas que buscaban individualizar y entender formas políticas que con fuerza se muestran como la contra cara de un poder político autista, que siguió mandando la policía y sólo atinó a cancelar inversiones para suspender el aumento como medida de emergencia que buscaba restablecer el orden, sin realmente sentarse a discutir una respuesta relacionada con la problemática que se discutía. El Movimiento Passe Livre además abría discusiones sobre lo colectivo, no sólo para pensar políticas de Estado sino desde la propia forma de organización y manifestación política.

El jueves, ya con la medida anulada, se manifestaron más de un millón de personas en varias ciudades, según los datos de la prensa que hasta entonces se caracterizó más bien por minimizar los números de movilizados. Ahí cobró sentido una idea que recorría las manifestaciones desde el principio: “no son sólo 20 centavos”, “queremos más”. Era cuando los partidos de izquierda y jóvenes que habían iniciado la protesta con pocas personas a principio de mes, se encontraban ahora con grupos embanderados de verde y amarillo gritando contra la corrupción, grupos fascistas que agredían y quemaban banderas de partidos, además de mucha gente suelta que pedía más u otra cosa, con carteles hechos en casa o en el patio de la facultad, contra la homofobia que el congreso había expresado en la misma semana (con la propuesta de la “cura” gay), por salud y educación, o simplemente por encontrarse y tomar las calles.

El contenido fascista afloraba de un movimiento que era fuerte por su capacidad para discutir un tema sensible de un sistema injusto. Mientras entusiasmaba la posibilidad de un nuevo Brasil que en los últimos años no había salido a las calles, la izquierda se encontraba con una reacción que no quedaba claro si se trataba de una coincidencia incómoda o si era en sí misma una respuesta intolerante contra fuerzas de cambio que se habían liberado. Emir Sader, un conocido operador petista de las redes sociales, mostraba el desconcierto. A la mañana del jueves manifestó que ese día iría a las manifestaciones con su camiseta roja, como parte del movimiento de algunas bases del PT, y de las propias declaraciones de Dilma y Lula que saludaron las protestas del lunes. A la vuelta, escribía para sus contactos que “a partir de hoy, los que participen de estas manifestaciones estarán apoyando las hordas fascistas que quieren terminar con la democracia en Brasil”.

¿Pero por qué el PT? Preguntará el lector que no estuvo leyendo sobre las alianzas de Dilma con el viejo poder, con los ruralistas en la invasión de territorios indígenas y destrucción de la Amazonia, con las demandas religiosas de derecha y homofóbicas, con el poder financiero y las grandes constructoras que generaron no pocas reacciones y protestas de menor visibilidad. ¿No es que el Brasil crece y le va bien, con millones de personas recién llegadas a la clase media, desarrollo con inclusión social, exportaciones en expansión, protagonismo en el mundo y éxito en la organización de eventos deportivos internacionales? Vemos en las revistas que los brasileros son compradores de departamentos caros en Manhattan y tienen en San Pablo representantes de las tiendas y marcas más exclusivas del mundo. Dilma, además, hasta la semana pasada al menos contaba con 80% de aprobación según esas encuestas que forman parte de los modos de existencia de un poder encerrado en sí.

Evidentemente hay más que un Brasil, y eso es lo que quedó claro esta semana con las movilizaciones y en las propias movilizaciones, para muchos. No hace falta recurrir a estadísticas para retratarlo. Si te tocó estar en el lado más difícil en la ciudad, no tendrás buena escuela y hospital, viajarás varias horas hasta el trabajo por día y posiblemente sufras de violencia policial. Si no sos de los reducidos grupos económicos con ganancias extraordinarias, sin duda tendrás mucho para acercarte con simpatía al nuevo Brasil de la movilización. Un Brasil que se encontró con sus monstruos en la calle pero también con su yo de la política en sus manos, que hasta ahora parecía nomás ser su otro.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

El final de la revolución pasiva en Brasil

Enfrentamientos. Un policía lanza al parecer una bomba lacrimógena a un grupo de manifestantes en la ciudad de Salvador, cerca del estadio de fútbol de esa ciudad brasileña.

Se trata del mayor movimiento de protestas en Brasil desde 1992, cuando el pueblo salió a las calles a pedir la destitución del presidente Fernando Collor bajo denuncias de corrupción

Las protestas de los últimos días son entonces algo que inevitablemente estaba por surgir en las fisuras o en el agotamiento del proceso de revolución pasiva. Las fisuras son los desfases que generan las desigualdades que siguen marcando la sociedad brasileña, las brechas que separan las clases sociales en un contexto de modernización capitalista en el cual aumenta el tamaño del pastel, se reparten rebanadas crecientes pero proporcionalmente se acumulan riquezas y se generan poderes políticos y sociales que se adueñan de los circuitos productivos, de las instituciones públicas y de los aparatos ideológicos. La paradoja de los gobiernos del Partido de los Trabajadores es que generaron procesos de oligarquización en lugar de democratizar la riqueza y de abrir espacios de participación, espacios que en el pasado habían servido para que este partido surgiera y llegara a ganar elecciones. El agotamiento tiene que ver con un desgaste fisiológico después de diez años de gobierno pero sobre todo con la pérdida de impulsos progresistas y el aumento significativos de rasgos conservadores en la coalición social y política encabezada por Lula y que sostiene el gobierno de Dilma.

La experiencia brasileña de los últimos diez años de gobiernos progresistas (dos de Lula y el actual de Dilma) ha sido caracterizada por lo que Gramsci llamaba revolución pasiva: un proceso de modernización impulsado desde arriba que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio más que su complicidad.
 
 
A partir de esta fórmula aparentemente contradictoria podemos entender cómo se edificó en Brasil un equilibrio precario pero sorprendentemente eficaz y duradero que además, siempre siguiendo las intuiciones de Gramsci, se apoyó en un cesarismo progresivo (la presencia de una figura carismática que catalizó y canalizó las tensiones y encarnó el paternalismo asistencialista) y el transformismo(el desplazamiento de grupos dirigentes progresistas del movimiento popular hacia posiciones conservadoras en puestos en las instituciones estatales).
 
Entonces lo que sorprende de la historia reciente de este país no es la irrupción repentina de la protesta sino su ausencia en los años anteriores. De hecho, detrás de los grandes elogios que recibían los gobernantes brasileños por el alto crecimiento económico, el carácter incluyente de las políticas sociales y el surgimiento de una impresionante clase media consumidora en Brasil; estaba la envidia y la admiración por un modelo de gobernabilidad, de control social y político basado en el asistencialismo y la mediación de un partido –el PT- y un sindicato –la CUT- con arraigo de masa, que garantizaban costos mínimos en términos de represión y de criminalización de la protesta. Los frentes de resistencia a la construcción de la hegemonía lulista existieron y existen tanto desde la derecha como desde la izquierda pero fueron contenidos y quedaron relativamente marginados, incluido el MST que mantuvo una prudente actitud de repliegue y con la excepción de algunos conflictos importantes pero aislados (como las huelgas universitarias y las luchas indígenas en defensa del territorio).
 
Las protestas de los últimos días son entonces algo que inevitablemente estaba por surgir en las fisuras o en el agotamiento del proceso de revolución pasiva. Las fisuras son los desfases que generan las desigualdades que siguen marcando la sociedad brasileña, las brechas que separan las clases sociales en un contexto de modernización capitalista en el cual aumenta el tamaño del pastel, se reparten rebanadas crecientes pero proporcionalmente se acumulan riquezas y se generan poderes políticos y sociales que se adueñan de los circuitos productivos, de las instituciones públicas y de los aparatos ideológicos. La paradoja de los gobiernos del Partido de los Trabajadores es que generaron procesos de oligarquización en lugar de democratizar la riqueza y de abrir espacios de participación, espacios que en el pasado habían servido para que este partido surgiera y llegara a ganar elecciones. El agotamiento tiene que ver con un desgaste fisiológico después de diez años de gobierno pero sobre todo con la pérdida de impulsos progresistas y el aumento significativos de rasgos conservadores en la coalición social y política encabezada por Lula y que sostiene el gobierno de Dilma.
 
No sorprende tampoco que la protesta tome formas difusas y sea protagonizada fundamentalmente por jóvenes etiquetados como de clase media. La conformación de las clases populares en el Brasil actual incluye a este sector juvenil que emerge, en medio de la relativa movilidad social de la última década, de las condiciones de pobreza hacia niveles de consumo y de educación mayores pero sin desprender de su colocación en el campo de las clases trabajadores –manuales y no manuales- de las cuales estos jóvenes son hijos y hacia las cuales tienden inevitablemente por las modalidades del crecimiento dependiente brasileño. Las formas difusas corresponden tanto al rechazo hacia partidos y sindicatos como a la construcción incipiente de nuevas culturas políticas, en particular aquella de los llamados indignados que reúne una serie de identidades, reivindicaciones y formas de luchas diversas que no acaban de articularse pero siguen manifestándose a lo largo del mundo de manera dispersa, pero recurrente y contundente.
 
Con estas manifestaciones inicia el fin de la revolución pasiva brasileña. La movilización levanta el velo y muestra la realidad contradictoria y las miserias ocultas detrás del mito del milagro brasileño, que ya había funcionado décadas atrás y que volvió a aparecer en los últimos años. Por otra parte la pasividad sobre la cual se erigía la hegemonía lulista se disuelve en las calles. Podrán regresar a sus casas, podrá volver la calma en las calles y los sondeos a mostrar el consenso en torno al modelo petista pero la visibilidad que se alcanza una vez disipados los gases lacrimógenos es siempre muy reveladora y permanece grabada en la memoria de una generación.massimomodonesi.com 
 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Mujer latinoamericana: mucho por hacer, mucho por ganar

Por Odalys Troya Flores*

La Habana (PL) Desde el costurero, el sembradío con el hijo a la espalda, la colada de café, o la mansedumbre anquilosada, la mujer latinoamericana ha comenzado a seguir los nuevos derroteros en el contexto de transformaciones sociales, políticas y económicas de Latinoamérica.En los últimos 10 años, en cuanto a equidad política de género las latinoamericanas han logrado importantes niveles de participación como nunca antes, resultado de las largas luchas por sus derechos, reivindicadas por los múltiples gobiernos progresistas en la región.
En estos momentos, el 40 por ciento de la población latinoamericana está gobernada por mujeres: Dilma Rousseff, en Brasil; Cristina Fernández, en Argentina, y Laura Chinchilla, en Costa Rica.
Otras ocupan importantes puestos a nivel de Gobierno o de organismos internacionales y en ellos han demostrado capacidad y ganado reconocimiento.
También se ha incrementado su participación en las esferas científicas y académicas resultado del afianzamiento de la democracia, mayor desarrollo social y un crecimiento económico más sostenible y equitativo.
Cifras del Banco Mundial muestran que en el año 2010, el porcentaje de mujeres con responsabilidades políticas en Latinoamérica era del 24 por ciento, la cifra más alta del mundo, incluso mayor que en Europa, donde era del 15 por ciento.
De acuerdo con encuestas realizados por la Comisión Económica para América Latina de la ONU (Cepal), existe en el continente una opinión favorable hacia el liderazgo femenino, que los grandes partidos tradicionales lo intentan frenar.
Incluso, se han llegado a establecer cuotas de género en el entorno político -de entre el 25 y 30 por ciento- en muchos países del área.
Pero estos logros, aún ínfimos, van más allá del actual contexto socio-político, pues tienen su base en los significativos aportes que en los últimos siglos hicieron muchas mujeres en el ámbito de los derechos humanos, la cultura, las luchas independentistas y el desarrollo de la sociedad en su conjunto.
La brillantez de Juana Azurduy, patriota del Alto Perú, sobresale más por sus importantes victorias militares contra los realistas, luego de asumir la comandancia de las tropas a raíz de la muerte de su esposo Manuel Ascencio Padilla en las luchas por la emancipación en el Virreinato del Río de la Plata, que por haberlo acompañado a la guerra.
Manuela Sáenz nos dejó un importante legado no solo por su relación con El Libertador Simón Bolívar, a quien le salvó la vida en dos ocasiones, sino por su valentía y calidad de liderazgo en las luchas independentistas.
Eva Duarte de Perón, esposa Juan Domingo Perón (presidente de Argentina en tres ocasiones) y Primera Dama durante su primer gobierno, tuvo una participación determinante para la aprobación del voto femenino en 1947 en su país.
La pintora mexicana Frida Khalo, la poetisa chilena Gabriela Mistral, la cantautora chilena Violeta Parra y la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, también figuran en la larga lista que desde los más diversos espacios encumbran a la mujer latinoamericana.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, de las luchas reivindicatorias, de los logros alcanzados no solo en la arena de la participación política, las latinoamericanas tienen muchos desafíos, todos vinculados al tipo de sociedad construida desde hace siglos.
Sin dudas, el patriarcado que tuvo algunos antecedentes en los pueblos originarios se acentuó con la llegada de los europeos, quienes también a través de la religión impusieron concepciones sobre el lugar de la mujer, que todavía son un lastre.
El acceso a la vivienda, el empleo, la salud pública, la educación, la conservación ecológica, la superación dela violencia, la plena participación democrática y los derechos humanos forman parte de sus principalesproblemas, aun en los países que experimentan notables transformaciones como Venezuela, Bolivia o Ecuador.
En América Latina históricamente han sido notorias las desigualdades de género en el acceso y permanencia en el sistema educativo, no obstante que los mayores progresos en materia de igualdad de género se han observado en este campo.
De hecho en el año 2005, según la Cepal, ya se había logrado la paridad educativa en la región, pero con algunas brechas en áreas poblacionales.
La participación económica de las mujeres también ha registrado un crecimiento elevado debido principalmente al incremento del nivel educacional de la población femenina. Sin embargo, siguen siendo las menos favorecidas, sobre todo en cuestión salarial, porque ganan en promedio un 17 por ciento menos que los varones, señala un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo denominado “Nuevo Siglo, Viejas Disparidades”.
Refiere la investigación que las latinoamericanas sólo ocupan el 33 por ciento de las profesiones mejor pagadas en la región, como la arquitectura, la abogacía o la ingeniería. No obstante, la brecha salarial entre hombres y mujeres es mucho más pronunciada, pues alcanza en promedio un 58 por ciento.
El mejoramiento de las condiciones de trabajo y las discriminaciones en el mercado laboral, son otras de las falencias que persisten.
Siguen siendo las damas quienes, además de llevar en gran medida el peso de la familia, las que más sufren los graves problemas socioeconómicos.
El aumento del índice de feminización de la pobreza y la indigencia, la dificultad para implementar las legislaciones que favorecen y protegen sus derechos y los altos niveles de violencia contra ellas constituyen los principales desafíos que enfrentan los gobiernos de América Latina y el Caribe.
Datos del Observatorio de Igualdad de Género de la Cepal revelan que muchas mujeres mueren a manos de su pareja íntima o expareja, resultado de una estructura de familia con un arraigado machismo como base.
También advierte que cada año unas cuatro mil féminas pierden la vida a causa de los cuatro millones de abortos ilegales que se practican, pues escasos parlamentos permiten esta práctica como un derecho, e incluso como un asunto de salud.
En Argentina se ha permitido el matrimonio entre personas del mismo género. Sin embargo los legisladores no aprueban el aborto, y muchas mujeres acuden a la opción clandestina, sin las garantías suficientes.
Para la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, a realizarse en República Dominicana este año, sin dudas estarán en debate muchas de las metas por conquistar, pese a los logros. Lo importantes es que el reto está planteado y busca empinarse.
*Periodista de la Redacción Sur de Prensa Latina
jhb/otf

 

Qué se juega con la vida de Hugo Chávez


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Guillermo Almeyra
Por fortuna, la operación salió bien, pero no quisiera estar en lugar de los médicos cubanos que han asumido la responsabilidad histórica de combatir con su ciencia y su voluntad para tratar de salvar la vida de Hugo Chávez. Porque de ellos no sólo depende un hombre que, a su manera y con sus límites, lucha valiente e incansablemente junto a su pueblo y por su pueblo para asegurar la independencia de Venezuela y la unidad latinoamericana frente al imperialismo; por la eliminación de la pobreza y de la injusticia en su país y en el continente y por la autorganización de los oprimidos. Pero también porque de esos médicos depende indirectamente el curso próximo de la economía cubana, de la construcción del Mercosur y de la Unasur, de la lucha entre las clases en Venezuela, así como las pujas entre los sectores y fuerzas que, en ese país, retardan y traban el proceso de construcción de poder popular y los que, por el contrario, tratan de impulsarlo combatiendo el burocratismo y el paternalismo.
Si Chávez, con su fortaleza y su amor a la vida, recomenzase su recuperación, de todos modos difícilmente podría asumir el 10 de enero, como marca la Constitución que otorga un plazo de 90 días, renovables, o sea seis meses, para su sustitución por el vicepresidente. Este domingo, además, se realizarán las elecciones legislativas regionales que determinarán la composición de los poderes Legislativo y los poderes locales. Incluso en el caso favorable de que en ellas triunfase el chavismo y pudiese lograr una cómoda mayoría parlamentaria, con el control de las principales regiones, si una gran mayoría vota como es de esperar por los candidatos de Chávez para asegurar la estabilidad política y económica, aumentaría de todos modos la presión de la derecha y del imperialismo en favor de nuevas elecciones presidenciales. Y aumentarían también las tensiones internas e interinstitucionales en el mismo gobierno y en el chavismo en cuanto a cuál política seguir, si una conciliadora con la oposición y con Washington u otra de frontal oposición.
Venezuela, por tanto, entrará en un periodo complicado, pues Maduro no tiene el carisma del presidente, y además enfrentará todo tipo de sabotaje económico, de presión mediática, de golpismo, abierto o escondido, tanto si Chávez en plazo de seis meses ocupase nuevamente su cargo como si no pudiese hacerlo o, peor aún, no superase las consecuencias posoperatorias.
Chávez y el chavismo se explican por el repudio del pueblo venezolano a los viejos partidos ligados a la oligarquía y el imperialismo. Fue el caracazo el que abrió el camino al golpe de los militares nacionalistas y los hizo populares y fue el levantamiento del pueblo el que defendió a Chávez contra el golpe de Estado que lo destituyó y detuvo, reinstalándolo en el gobierno. Chávez es una hechura directa del proceso que llamó revolución bolivariana, no su creador; cuando mucho, es su impulsor y, a veces, incluso su freno. Es igualmente un mediador y un árbitro irremplazable entre las diferentes fuerzas que actúan en dicho proceso, las cuales van desde la boliburguesía y la burocracia, por la derecha, hasta los intentos de autorganización de los campesinos, vecinos y trabajadores, por la izquierda, con las fuerzas armadas, cuyos mandos declaran su lealtad al presidente, entre ambos sectores. Su debilitamiento o su desaparición crearán, pues, un vacío que las diversas fuerzas tenderán a ocupar.
Chávez es también, indiscutiblemente, el más decidido y radical de los gobernantes latinoamericanos. Tanto Dilma Rousseff como Cristina Fernández buscan, en efecto, la cuadratura del círculo, o sea, desarrollar el capitalismo en sus respectivos países, con los instrumentos del neoliberalismo apenas modificados por el asistencialismo estatal para que no aumenten mucho la pobreza y la desocupación y no tienen planes para el futuro inmediato ni mucho menos aún, planes de transformación. Además, los principales socios del Mercosur son competidores en rubros importantes y eso impide que dicha asociación avance, ya que Bolivia y Uruguay son muy débiles y Ecuador tiene aún una economía dolarizada. Venezuela, por tanto, en parte venciendo la resistencia de la burguesía brasileña y, en menor medida, de la argentina, es el motor de la integración sudamericana y, en buena medida, su financiador. Sin Chávez el proceso integrador, por tanto, podría ser mucho más complejo y dificultoso.
Cuba, Nicaragua y varios países del Caribe dependen, por otra parte, del petróleo subsidiado que les otorga la Venezuela bolivariana, que Cuba paga con la participación de sus médicos en el servicio sanitario venezolano, cosa que la derecha venezolana quiere eliminar. Bolivia recibe también apoyos económicos e inversiones, al igual que Argentina, que tiene con Caracas negocios que no podría obtener en otros países. Todo eso correría peligro si Chávez dejase de gobernar Venezuela o, incluso, desaparecería abruptamente en caso de que, por medios legales o ilegales, la derecha y sus aliados internos en el campo chavista pudiesen imponer un viraje político.
Chávez, es cierto, es presidente de un país capitalista, como lo son todos los países del mundo y su voluntad socialista es sobre todo declarativa y se expresa con muchas contradicciones y confusión. Pero es un revolucionario que dirige un proceso de revolución democrática y antimperialista que, en lo inmediato, está amenazado por la derecha. El más elemental sentido común obliga ahora a todos aquellos que luchan por la liberación nacional y social de sus países a rechazar el estéril ultraizquierdismo y unir filas con los trabajadores y el pueblo venezolanos y a esperar que los excelentes médicos cubanos que lo atienden vuelvan a ponerlo en condiciones de ocupar su lugar en el progreso de Venezuela. ¡Hasta la vida siempre! ¡Viva la revolución bolivariana!
TOMADO DE LA JORNADA

 

Mercosur: integración, inclusión social y desarrollo

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The flag of Mercosur (Photo credit: Wikipedia)

 


Imagen activaBrasilia, 7 dic (PL) La incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercado Común del Sur (Mercosur) y el beneplácito para que Bolivia se sume a este bloque fortalece a esta agrupación regional, creada en 1991 y consolida el proceso de integración latinoamericano.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, corroboró que la entrada de Venezuela transformó al Mercosur, pues sus fronteras ahora se extienden desde la Patagonia hasta el Caribe, lo cual representa un mercado de 275 millones de personas en un territorio de 12,8 millones de kilómetros cuadrados, el 72 por ciento de Sudamérica.

El bloque se erige como la quinta economía del mundo con las dos terceras parte de la reserva de agua dulce del planeta y con el 20 por ciento de las provisiones mundiales de petróleo, según estadísticas brasileñas.

Estos codiciados recursos vigorizan al Mercosur, cuyos objetivos y propósito parecen retomar un nuevo rumbo, que sin despegarse de lo comercial, se inclinan por tornar la cooperación entre sus socios en un instrumento de la integración regional.

La presidencia pro tempore brasileña y la suspensión de Paraguay en junio pasado, luego de la amañada destitución del presidente Fernando Lugo, favorecieron que los venezolanos ingresaran a este bloque, tras cuatro años de intentos, precisamente paralizados por el Congreso instalado en Asunción.

Medios políticos de Brasil llaman la atención de que después de la sanción impuesta a Paraguay se traslucieran con fuerzas voces que hablan de inclusión y de libre circulación de personas y movilidad académica dentro del Mercosur.

Rousseff confirmó que avanzan en la creación de un sistema integral de movilidad escolástica y una red de pesquisas, demandas estas complicadas por el Foro Social del bloque, promovido por Brasil.

Por ello, la cumbre del Mercosur en Brasilia registra signos de la inclusión, pues amén del ingreso de Venezuela, que participó por primera vez como miembro pleno, Bolivia rubricó el protocolo de adhesión al grupo y Ecuador confirmó que evalúa los pro y contras que representaría para su economía la incorporación a esa asociación.

Surinam solicitó asimismo su entrada al grupo como asociado, lo cual evidencia que el Mercosur se convierte en un ente ideal para la unión sudamericana.

Para Brasil, estos pasos denotan que América Latina hace la diferencia, con el fortalecimiento del Mercosur y el afianzamiento político de la Unión de Naciones Suramericanas, en medio de una crisis económica mundial que mantiene en jaque a Europa.

Los propósitos anunciados por el bloque en su declaración final se enfocan en aplicar medidas que reduzcan la pobreza y garanticen una mejor distribución de las riquezas.

No se trata de una ficción, pues el gobierno de Rousseff, contra viento y marea, garantiza empleo e invierte en las familias de menos recursos, ofrece capacitación y educación para sacar a millones de sus ciudadanos de la miseria y mejorar las condiciones de vida .

Además de la administración brasileña, la presidenta argentina, Cristina Fernández, abogó por la necesidad de no perder la voluntad política, imprescindible para transformar la realidad.

La cumbre del Mercosur denotó por ello un viraje en la concepción de avanzar hacia un mundo mejor, más equitativo y menos cruel, pero se precisa escuchar los reclamos de la sociedad civil y que estos se incluyan entre las metas y parámetros para medir el desarrollo de una nación o un bloque.

ls/lgo