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OPINIONES DE PRENSA LATINA

Latinoamérica y Caribe: Desigualdad y hambre golpean a millones

Haití, ayuda internacional con resultados insatisfactorios

Mercado mundial de alimentos: La presión de los elevados precios

Presupuesto común revela grietas europeas

Crecimiento sostenido en entorno de crisis

Oro negro para la integración

Europa se mira en el espejo de Latinoamérica

Bandera no oficial de Latinoamérica

 

Indígenas americanos y mentalidad colonial

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.

Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.

¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.

Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.

En última instancia, lo que se buscaba era tener una fuerza de trabajo con habilidades para impulsar el capitalismo y sus formas de vida.

Donde no se pudo “educar” se les marginó o eliminó. Campañas estudiadas hoy en día en las escuelas y colegios como gestas heroicas constructoras de nuestras naciones no fueron otra cosa que campañas destinadas a eliminar a las poblaciones indígenas.

La construcción de los Estados-nación latinoamericanos implicó la creación de “teorías” que justificaban esa marginación o eliminación de los indígenas. En Guatemala, por ejemplo, se inventaron la teoría de la degeneración del indio. Consistía en lo siguiente: los indígenas del presente, a quienes los sectores dominantes catalogaban de ignorantes, borrachos, sucios e indolentes, ¿cómo pudieron construir una civilización como la maya, que despertaba tanta admiración y que ellos mismos querían poner como fundamento de la nación? La respuesta fue “porque se habían degenerado”; es decir, en algún momento de su historia, posiblemente antes de la llegada de los colonizadores españoles, se habían transformado en otra cosa, quién sabe por qué, pero así había sido.

En el presente, esa mentalidad colonial no ha desaparecido. Ser indio es un estigma del que hay que tratar de lavarse. Una de las estrategias para alejarse de él es “mejorando la raza” mediante el mestizaje, o abandonando los rasgos culturales que los identifican, que es otra forma de “mejorarse”, solo que culturalmente. Han sido estrategias usadas para tratar de escapar de la discriminación y, muchas veces, de la violencia a la que son sometidos.

Pero esa situación está cambiando. Aunque la resistencia ha sido una constante a través de la historia, es posible que hoy sea más consciente, más visible y más reconocida. Tiene ante sí una ardua tarea, porque si algo es difícil de cambiar en las sociedades humanas es la forma de pensar, sobre todo cuando, como en este caso, sirve para justificar la dominación de unos sobre otros y, por ende, privilegios y prebendas.

Ya lo vimos en Bolivia, cuando los cambas santacruceños estallaron en ira y no vacilaron en intimidar y humillar con afán de hacer prevalecer su supuesta predominancia racial. Ya lo vimos en Guatemala, en donde en los años 80 aplicaron la política de tierra arrasada que despareció de la faz de la Tierra cientos de aldeas y asesinó a miles de indígenas.

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Tal vez el calendario maya tenía razón y estemos en el inicio de una nueva era.

Otramérica


Rafael Cuevas Molina. Escritor y pintor guatemalteco es, además, especialista en identidad y cultura en América Latina. Es catedrático investigador del Instituto de Estudios Latinoamericano de la Universidad de Costa Rica y es el presidente de la Asociación para la Unidad de Nuestra AméricaLatinoamericana (AUNA).

Fuente: http://otramerica.com/opinion/indigenas-americanos-y-mentalidad-colonial/2256

JUAN BOSCH:ESTUDIO, REFLEXION Y GIRO IDEOLOGICO

Español: Amanecer tras la bandera dominicana y...
Español: Amanecer tras la bandera dominicana y el puente Juan Bosch, en Santo Domingo, República Dominicana (Photo credit: Wikipedia)

Pasadas las elecciones de junio de 1966, impuestas por los norteamericanos y la OEA, las cuales Bosch las calificó de fraude colosal, salió  del país el 28 de noviembre de ese año, rumbo a España, donde se autoexilió. Su estadía le permitió trabajar sobre temas de gran valor para el proceso político nacional. La intervención militar provoco la necesidad de estudiar el proceso político del momento y las raíces históricas que daban lugar a ese momento. Especialmente realizar un trabajo de investigación sobre las características y naturaleza del país y Latinoamérica.

El golpe de estado de 1963 y luego la invasión militar norteamericana produjeron en el profesor Juan Bosch reacciones tempranas dejadas por escrito. La primera muestra de la cual dispongo es la carta, fechada el 20 de junio de 1965 (7) en plena invasión militar, enviada a Sacha Volman, en la cual dice:

“La situación dominicana ha llegado a un punto en que nosotros, los que hemos estado toda una vida hablando de la democracia, no tenemos ningún papel que jugar ni contamos con ninguna fuerza que pueda ayudarnos. En el mismo momento en que fuerzas norteamericanas comenzaron a llegar a santo Domingo, dije que mi vida política había terminado…”  (8)

“Creo, como tú, que el poder norteamericano en el Caribe durara muchos anos, y eso es precisamente lo que hace tan negro el porvenir de la República Dominica (…) a mi me despertaron los norteamericanos a la realidad en una forma brutal. Yo era un perfecto tonto. Yo creía en la democracia en la buena fe yanqui, en su inteligencia. Yo viví, hasta el 25 de septiembre de 1963, con ideas parecidas a las tuyas, con la idea de que los Estados Unidos era un país de gente que era capaz de comprender la realidad latinoamericana y ayudarnos a buscar nuestro camino hacia el porvenir, comencé a dudar el 25 de septiembre, porque aunque no lo he dicho nunca, yo sabía que por lo menos Luther Long estaba conspirando contra el gobierno. Pero realmente vine a despertar a la verdad, el 28 de abril de 1965, y ahora no voy a volver a soñar.

El mes anterior, 8 de enero de 1968 (9) en otra dirigida al mismo Sacha Volma dice:

“… me he quedado sin país, puesto que mi país  se halla a merced de lo que quiere  hacer de el, el poder norteamericano, y al quedarme sin país, me quedo  también sin partido. En vista de que por mucho que lo pienso, mas me convenzo de que ideológicamente no tengo salida en el PRD ni en ninguna otra organización de su tipo”.

Las cartas dirigidas a Sacha Volman que he ido citando son inéditas, me las entrego personalmente el mismo Sacha Volman un día que se presento en mi hogar, treinta años después de recibidas por él. Leídas ahora, guardando el tiempo transcurrido que las reflexiones del profesor Juan Bosch sobre la situación creada por la intervención militar norteamericana y sus efectos sobre la característica y la naturaleza democrática-populista del PRD-, creaban un acorralamiento político casi insalvable.

Sacha Volman era conocedor de la política interna de los Estados Unidos, de origen Rumano y naturalizado norteamericano, y como amigo de Norman Thomas dirigente socialista de los Estados Unidos, y lo era también del sector liberal dentro del sistema político de ese país, sus observaciones y colaboración eran apreciadas, y ahí que los comentarios del profesor Juan Bosch a Sacha Volman eran mensajes claros a un sector dentro del poder político norteamericano sobre el grave error cometido por ese país, si de verdad defendiera el sistema democrático, o quizás peor, una reflexión crítica de la errática política internacional la cual se valoraba en forma diferente, puesto que se creía legitimo el liderazgo por la democracia y el desarrollo del capitalismo del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y estos hechos demostraban todo lo contrario.

En el mismo sentido que copiamos arriba, en carta posterior del 17 de noviembre de ese mismo año de 1968, desde Benidorm, España, le hace a Sacha Volman el siguiente comentario (10):

“… El PRD fue acusado por el presidente de los EE.UU, no por un periodista, de haber desatado una revolución comunista. Nunca antes, en toda la historia, había llegado una autoridad tan elevada a hacer una acusación de ese tipo. Ahora bien después de eso, ¿cómo crees tú que el PRD puede seguir siendo un partido  democrático, vaya a elecciones?

¿Crees tú que las fuerzas de la extrema derecha de Santo Domingo y de los Estados Unidos van a permitir que pueda ir al poder un partido que fue oficialmente acusado, por la primera autoridad del mundo en asunto de anticomunismo, de ser un partido comunista?…”

Finalizando esa carta le interroga:

“Tú te preguntaras: “¿y qué vas hacer entonces del PRD? Y yo contestaría: morir más tarde o  temprano, o bien luchando-cosa inútil- por convencer a sus enemigos de que es democrático o bien dejando de ser democrático o bien disolviéndose. El PRD no tiene ningún papel que jugar ya en la vida política dominicana, por lo menos como partido democrático. Pero aun si aceptamos que el partido lo tiene, no lo tengo yo”.

El profesor Bosch, evidentemente, buscaba persuadir a sacha volman por las razones explicadas y por lo que podía influir sobre el Dr. José Francisco Peña Gómez, debido a la gran amistad que los relaciono hasta su muerte. Por demás, los dirigentes más cercanos a ambos líderes, estábamos enterados de los vínculos creados con Sacha Volman.

Desde que se formo en Costa Rica el centro de formación política, en el participamos varios dirigentes, algunos como el mismo Dr. José Francisco Peña Gómez, Dr. Rafael Alburquerque, Emmanuel Espinal, Dra. Milagros Ortiz Bosch y otros, como en mi caso que participe en 1964 junto al Dr. Rafael Subervi Bonilla y otro compañeros. Es conocido el rol de Sacha Volman para gestionar las condiciones para que la comisión del PRD pudiera venir al país, inmediatamente muerto Trujillo.

Fue en la residencia de Sacha Volman, uno de los lugares, en donde el doctor Peña Gómez y yo nos reunimos en diferentes momentos, para sostener conversaciones autorizadas por el profesor Juan Bosch, especialmente en el 1989 para tratar temas de mutuo interés, sobre las elecciones del 1990. Después de la muerte de Pena Gómez, ocurrida en el 1998, Sacha me entrego copias de una parte de las correspondencias enviadas a el por el profesor Juan Bosch. Sacha era una figura interesante, sobre el se especulaba por sus relaciones con el mundo político liberal norteamericano.

Antes de la intervención militar norteamericana podía justificarse cualquier acercamiento con los liberales norteamericanos, pero con posterioridad a ella todo parecía innecesario y una impertinencia. Así se lo hacía saber el profesor Juan Bosch en formas reiteradas al mismo sacha Volman, por ejemplo, en carta de fecha 9 de junio de 1968, a propósito de que el doctor Peña Gómez iba encabezando una comisión al entierro del asesinado Bobbie Kennedy, le decía: (11)

“… José Francisco cree todavía en la posibilidad de que los Estados Unidos cambien su política sobre la América Latina, y yo creo que la muerte de Bobbie (Kennedy) demuestra que los norteamericanos no pueden cambiar nada, al contrario, irán cada vez más hacia la locura internacional aunque se reiteren de Vietnam”.

A seguidas el profesor Bosch dice que el Dr. Peña Gómez le comunico su viaje a Estados Unidos, la noche antes de su salida y expresa: “… yo le dije que estaba bien porque no podía hacer otra cosa. Pero no lo apruebo. No apruebo nada que signifique el menor esfuerzo para llegar a un entendimiento con los norteamericanos, porque ellos buscan sirvientes, no aliados…”

Y como quien busca brecha para salvar diferencias con el Dr. Peña Gómez, termina diciendo: “… Pero comprendo que José Francisco  mantenga su esperanza porque habiendo sido un demócrata convencido le cuesta mucho trabajo y mucho dolor aceptar que la democracia norteamericana es una mentira monumental y ya no puede volver a ser lo que fue.”

Las diferencias de enfoque ideológicos entre el profesor Juan Bosch y el doctor José Francisco Peña Gómez estaban aflorando y esta carta de 1968 las pone en texto escrito. Esas diferencias pasaron a ser insalvables cinco años más tarde, porque definían, en uno y el otro, cuál era el camino a transitar.

El doctor Peña Gómez no se atrevía a contrariar al profesor Juan Bosch, a quien consideraba como un padre, pero, en su momento, el sector del PRD que buscaba lucros e interés personales llevando al PRD a una elecciones, presionaba al doctor Peña Gómez con halagos y haciendo creer que se acogían a su liderato, realmente para ello no importaba la ausencia total de transparencia de esos comicios y sus consecuencias para el país y el mismo PPRD.

Previamente, en esa carta citada, dirigida a Sacha Volman, del 9 de junio de 1968, el profesor Bosch enfatiza:

“… le duele a José Francisco que lo acusen –y nos acusen- de comunista. Y yo me pregunto si hay manera de cambiar esa situación. Nada puede cambiarla. Fue Johnson, el presidente de los Estados Unidos quien nos acuso de comunista, y nadie podrá quitarnos esa acusación de encima. Pero no tiene ningún sentido querer demostrar que no somos comunista si resulta que nuestro enemigos están convencidos de que lo somos. Lo que tienen que hacer todos los dominicanos que quieren transformar su país en otra cosa precisamente romper sus nexos con esa llamada democracia norteamericana y luchar en otro campo. Todo lo demás es perder el tiempo y energías”.

Esos argumentos no eran compartidos por el destinatario de esas cartas, el amigo Sacha Volman, mucho menos por el doctor José Francisco Peña Gómez, quien creyó posible lograr el poder y transformar la sociedad dominicana por la vía electoral.

El tiempo que transcurría era para acentuar las diferencias entre ambos. Se deba un trance histórico que terminaría creando mucha confusión en el doctor Peña Gómez, quien realmente creyó posible ganar unas elecciones y producir reformas. Las diferencias fueron acentuadas iniciando el año 1970 y en un momento el profesor Juan Bosch se refirió al liderazgo del doctor Peña Gómez y al de él en formas públicas, lo cual hizo de sus alocuciones, el 20 de mayo de 1970, con estas palabras:

“ ¿ Cual otro partido, no solo aquí sino en toda América Latina, puede presentar más de un líder nacional?, Que significa eso? .

Se respondió: “Pues significa mucho de lo que puede creer cualquiera que no vea los fenómenos políticos con profundidad, significa que las masas del PRD, representantes verdaderas de lo que es este pueblo, tienen vigor suficiente para producir y mantener más de un líder, y para quererlos, respetarlos y defenderlos, y significa además que entre esos líderes no hay envidias, no hay luchas, no hay esa competencia de mala ley que se dan a menudo en las agrupaciones políticas”.El profesor Juan Bosch hablaba así al mes y unos días de haber regresado al país, en una alocución radial del 20 de mayo de 1970, como hemos dicho, y venia con un plan muy definido de transformar al PRD en un partido organizado, disciplinado y con una idolología bien definida. En cambio había dentro del PRD un sector que solo quería que este participara en los procesos electorales

Pasadas las elecciones de junio de 1966, impuestas por los norteamericanos y la OEA, las cuales Bosch las calificó de fraude colosal, salió  del país el 28 de noviembre de ese año, rumbo a España, donde se autoexilió. Su estadía le permitió trabajar sobre temas de gran valor para el proceso político nacional. La intervención militar provoco la necesidad de estudiar el proceso político del momento y las raíces históricas que daban lugar a ese momento. Especialmente realizar un trabajo de investigación sobre las características y naturaleza del país y Latinoamérica.

El golpe de estado de 1963 y luego la invasión militar norteamericana produjeron en el profesor Juan Bosch reacciones tempranas dejadas por escrito. La primera muestra de la cual dispongo es la carta, fechada el 20 de junio de 1965 (7) en plena invasión militar, enviada a Sacha Volman, en la cual dice:

“La situación dominicana ha llegado a un punto en que nosotros, los que hemos estado toda una vida hablando de la democracia, no tenemos ningún papel que jugar ni contamos con ninguna fuerza que pueda ayudarnos. En el mismo momento en que fuerzas norteamericanas comenzaron a llegar a santo Domingo, dije que mi vida política había terminado…”  (8)

“Creo, como tú, que el poder norteamericano en el Caribe durara muchos anos, y eso es precisamente lo que hace tan negro el porvenir de la República Dominica (…) a mi me despertaron los norteamericanos a la realidad en una forma brutal. Yo era un perfecto tonto. Yo creía en la democracia en la buena fe yanqui, en su inteligencia. Yo viví, hasta el 25 de septiembre de 1963, con ideas parecidas a las tuyas, con la idea de que los Estados Unidos era un país de gente que era capaz de comprender la realidad latinoamericana y ayudarnos a buscar nuestro camino hacia el porvenir, comencé a dudar el 25 de septiembre, porque aunque no lo he dicho nunca, yo sabía que por lo menos Luther Long estaba conspirando contra el gobierno. Pero realmente vine a despertar a la verdad, el 28 de abril de 1965, y ahora no voy a volver a soñar.

El mes anterior, 8 de enero de 1968 (9) en otra dirigida al mismo Sacha Volma dice:

“… me he quedado sin país, puesto que mi país  se halla a merced de lo que quiere  hacer de el, el poder norteamericano, y al quedarme sin país, me quedo  también sin partido. En vista de que por mucho que lo pienso, mas me convenzo de que ideológicamente no tengo salida en el PRD ni en ninguna otra organización de su tipo”.

Las cartas dirigidas a Sacha Volman que he ido citando son inéditas, me las entrego personalmente el mismo Sacha Volman un día que se presento en mi hogar, treinta años después de recibidas por él. Leídas ahora, guardando el tiempo transcurrido que las reflexiones del profesor Juan Bosch sobre la situación creada por la intervención militar norteamericana y sus efectos sobre la característica y la naturaleza democrática-populista del PRD-, creaban un acorralamiento político casi insalvable.

Sacha Volman era conocedor de la política interna de los Estados Unidos, de origen Rumano y naturalizado norteamericano, y como amigo de Norman Thomas dirigente socialista de los Estados Unidos, y lo era también del sector liberal dentro del sistema político de ese país, sus observaciones y colaboración eran apreciadas, y ahí que los comentarios del profesor Juan Bosch a Sacha Volman eran mensajes claros a un sector dentro del poder político norteamericano sobre el grave error cometido por ese país, si de verdad defendiera el sistema democrático, o quizás peor, una reflexión crítica de la errática política internacional la cual se valoraba en forma diferente, puesto que se creía legitimo el liderazgo por la democracia y el desarrollo del capitalismo del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y estos hechos demostraban todo lo contrario.

En el mismo sentido que copiamos arriba, en carta posterior del 17 de noviembre de ese mismo año de 1968, desde Benidorm, España, le hace a Sacha Volman el siguiente comentario (10):

“… El PRD fue acusado por el presidente de los EE.UU, no por un periodista, de haber desatado una revolución comunista. Nunca antes, en toda la historia, había llegado una autoridad tan elevada a hacer una acusación de ese tipo. Ahora bien después de eso, ¿cómo crees tú que el PRD puede seguir siendo un partido  democrático, vaya a elecciones?

¿Crees tú que las fuerzas de la extrema derecha de Santo Domingo y de los Estados Unidos van a permitir que pueda ir al poder un partido que fue oficialmente acusado, por la primera autoridad del mundo en asunto de anticomunismo, de ser un partido comunista?…”

Finalizando esa carta le interroga:

“Tú te preguntaras: “¿y qué vas hacer entonces del PRD? Y yo contestaría: morir más tarde o  temprano, o bien luchando-cosa inútil- por convencer a sus enemigos de que es democrático o bien dejando de ser democrático o bien disolviéndose. El PRD no tiene ningún papel que jugar ya en la vida política dominicana, por lo menos como partido democrático. Pero aun si aceptamos que el partido lo tiene, no lo tengo yo”.

El profesor Bosch, evidentemente, buscaba persuadir a sacha volman por las razones explicadas y por lo que podía influir sobre el Dr. José Francisco Peña Gómez, debido a la gran amistad que los relaciono hasta su muerte. Por demás, los dirigentes más cercanos a ambos líderes, estábamos enterados de los vínculos creados con Sacha Volman.

Desde que se formo en Costa Rica el centro de formación política, en el participamos varios dirigentes, algunos como el mismo Dr. José Francisco Peña Gómez, Dr. Rafael Alburquerque, Emmanuel Espinal, Dra. Milagros Ortiz Bosch y otros, como en mi caso que participe en 1964 junto al Dr. Rafael Subervi Bonilla y otro compañeros. Es conocido el rol de Sacha Volman para gestionar las condiciones para que la comisión del PRD pudiera venir al país, inmediatamente muerto Trujillo.

Fue en la residencia de Sacha Volman, uno de los lugares, en donde el doctor Peña Gómez y yo nos reunimos en diferentes momentos, para sostener conversaciones autorizadas por el profesor Juan Bosch, especialmente en el 1989 para tratar temas de mutuo interés, sobre las elecciones del 1990. Después de la muerte de Pena Gómez, ocurrida en el 1998, Sacha me entrego copias de una parte de las correspondencias enviadas a el por el profesor Juan Bosch. Sacha era una figura interesante, sobre el se especulaba por sus relaciones con el mundo político liberal norteamericano.

Antes de la intervención militar norteamericana podía justificarse cualquier acercamiento con los liberales norteamericanos, pero con posterioridad a ella todo parecía innecesario y una impertinencia. Así se lo hacía saber el profesor Juan Bosch en formas reiteradas al mismo sacha Volman, por ejemplo, en carta de fecha 9 de junio de 1968, a propósito de que el doctor Peña Gómez iba encabezando una comisión al entierro del asesinado Bobbie Kennedy, le decía: (11)

“… José Francisco cree todavía en la posibilidad de que los Estados Unidos cambien su política sobre la América Latina, y yo creo que la muerte de Bobbie (Kennedy) demuestra que los norteamericanos no pueden cambiar nada, al contrario, irán cada vez más hacia la locura internacional aunque se reiteren de Vietnam”.

A seguidas el profesor Bosch dice que el Dr. Peña Gómez le comunico su viaje a Estados Unidos, la noche antes de su salida y expresa: “… yo le dije que estaba bien porque no podía hacer otra cosa. Pero no lo apruebo. No apruebo nada que signifique el menor esfuerzo para llegar a un entendimiento con los norteamericanos, porque ellos buscan sirvientes, no aliados…”

Y como quien busca brecha para salvar diferencias con el Dr. Peña Gómez, termina diciendo: “… Pero comprendo que José Francisco  mantenga su esperanza porque habiendo sido un demócrata convencido le cuesta mucho trabajo y mucho dolor aceptar que la democracia norteamericana es una mentira monumental y ya no puede volver a ser lo que fue.”

Las diferencias de enfoque ideológicos entre el profesor Juan Bosch y el doctor José Francisco Peña Gómez estaban aflorando y esta carta de 1968 las pone en texto escrito. Esas diferencias pasaron a ser insalvables cinco años más tarde, porque definían, en uno y el otro, cuál era el camino a transitar.

El doctor Peña Gómez no se atrevía a contrariar al profesor Juan Bosch, a quien consideraba como un padre, pero, en su momento, el sector del PRD que buscaba lucros e interés personales llevando al PRD a una elecciones, presionaba al doctor Peña Gómez con halagos y haciendo creer que se acogían a su liderato, realmente para ello no importaba la ausencia total de transparencia de esos comicios y sus consecuencias para el país y el mismo PPRD.

Previamente, en esa carta citada, dirigida a Sacha Volman, del 9 de junio de 1968, el profesor Bosch enfatiza:

“… le duele a José Francisco que lo acusen –y nos acusen- de comunista. Y yo me pregunto si hay manera de cambiar esa situación. Nada puede cambiarla. Fue Johnson, el presidente de los Estados Unidos quien nos acuso de comunista, y nadie podrá quitarnos esa acusación de encima. Pero no tiene ningún sentido querer demostrar que no somos comunista si resulta que nuestro enemigos están convencidos de que lo somos. Lo que tienen que hacer todos los dominicanos que quieren transformar su país en otra cosa precisamente romper sus nexos con esa llamada democracia norteamericana y luchar en otro campo. Todo lo demás es perder el tiempo y energías”.

Esos argumentos no eran compartidos por el destinatario de esas cartas, el amigo Sacha Volman, mucho menos por el doctor José Francisco Peña Gómez, quien creyó posible lograr el poder y transformar la sociedad dominicana por la vía electoral.

El tiempo que transcurría era para acentuar las diferencias entre ambos. Se deba un trance histórico que terminaría creando mucha confusión en el doctor Peña Gómez, quien realmente creyó posible ganar unas elecciones y producir reformas. Las diferencias fueron acentuadas iniciando el año 1970 y en un momento el profesor Juan Bosch se refirió al liderazgo del doctor Peña Gómez y al de él en formas públicas, lo cual hizo de sus alocuciones, el 20 de mayo de 1970, con estas palabras:

“ ¿ Cual otro partido, no solo aquí sino en toda América Latina, puede presentar más de un líder nacional?, Que significa eso? .

Se respondió: “Pues significa mucho de lo que puede creer cualquiera que no vea los fenómenos políticos con profundidad, significa que las masas del PRD, representantes verdaderas de lo que es este pueblo, tienen vigor suficiente para producir y mantener más de un líder, y para quererlos, respetarlos y defenderlos, y significa además que entre esos líderes no hay envidias, no hay luchas, no hay esa competencia de mala ley que se dan a menudo en las agrupaciones políticas”.El profesor Juan Bosch hablaba así al mes y unos días de haber regresado al país, en una alocución radial del 20 de mayo de 1970, como hemos dicho, y venia con un plan muy definido de transformar al PRD en un partido organizado, disciplinado y con una idolología bien definida. En cambio había dentro del PRD un sector que solo quería que este participara en los procesos electorales para ellos pasar a ser electos a posiciones al congreso o a los municipios, o en el peor de los casos sector conservador temeroso de que el PRD iniciara pasos de distanciamiento mayor con los norteamericanos y defendiera al frente oligárquico.

para ellos pasar a ser electos a posiciones al congreso o a los municipios, o en el peor de los casos sector

conservador temeroso de que el PRD iniciara pasos de distanciamiento mayor con los norteamericanos y defendiera al frente oligárquico.

ALGO DE HISTORIA DE LA LUCHA CONTRA TIRANOS DE AMÉRICA Y EL CARIBE

.- La Legión Caribe en el Ojo de la Tormenta/José del Castillo Pichardo

El tercer nicaragüense enrolado en la expedición de Luperón fue José Félix Córdoba Boniche. Con 25 años de edad, de oficio mecánico práctico, corrió mejor suerte que sus compatriotas Alberto Ramírez y Alejandro Selva, al sobrevivir como parte del grupo que Trujillo preservó para fines de investigación y como medio de prueba de la intervención de Guatemala, Costa Rica y Cuba en los asuntos domésticos de la República Dominicana. Justo en momentos en que el país apelaba a la vigencia de los instrumentos jurídicos del sistema interamericano, bajo la recién creada OEA, en consonancia con la posición de línea dura adoptada por los Estados Unidos contra la inestabilidad en el Caribe.

Córdoba Boniche era un luchador antisomocista que llevaba dos años exiliado en Guatemala impedido de entrar a Nicaragua. Ante el tribunal dominicano que lo sentenció a 30 años de trabajos públicos, declaró que tras el triunfo de José Figueres en la guerra civil costarricense -con el aporte decisivo en hombres y armas de la Legión Caribe ensamblada en Guatemala- permaneció por tres meses en Limón, Costa Rica, a la espera de invadir su país para derrocar a Somoza. Al frustrarse ese intento, regresó a Guatemala, donde luego sería reclutado por un ex oficial de la Guardia Nacional nicaragüense bajo la creencia de que la invasión se dirigía a Nicaragua. Utilizó este argumento como medio de defensa, señalando que sólo supo que venía a Santo Domingo 24 horas antes de embarcarse.

Amnistiado por ley del 20 de febrero de 1950, Córdoba Boniche fue deportado hacia Nicaragua, donde seguro le esperaban cárcel o muerte. Aprovechando una escala del avión en Panamá, logró escurrírsele a sus custodios y pedir asilo en ese país, desde donde se trasladó a La Habana. En abril de 1954 se le vinculó a un complot develado para liquidar a Somoza, fraguado en Guatemala con la participación de ex oficiales de la Guardia Nacional y antiguos combatientes de la Legión Caribe, que costó la vida al dominicano José Amado Soler y, dos años después, al ex oficial de la guardia presidencial hondureña, Jorge Rivas Montes, comandante de Cayo Confites en Cuba y de la revolución figuerista en Costa Rica, quien guardaba prisión condenado por esos hechos y era uno de los que venía en junio de 1949 en la expedición de Juancito Rodríguez.

Emigrado a México, Córdoba Boniche falleció en 1972, según refiere Tulio Arvelo. El general retirado Humberto Ortega narra en su obra “La epopeya de la insurrección”, que tanto él como el líder sandinista Carlos Fonseca Amador -tras ser liberados de la cárcel en Costa Rica en octubre de 1970 por la acción de un comando sandinista y antes de viajar a Cuba- celebraron en Ciudad México un encuentro de “análisis político” con Tomás Borge y Edén Pastora, en el cual participó “el doctor José Córdoba Boniche”. Lo cual revela que el mecánico práctico que sobrevivió a la dura manopla de Trujillo y a otras tantas aventuras revolucionarias en Centroamérica, aprovechó académicamente su estancia mexicana. Y que permanecía vinculado a las actividades antisomocistas.

El aporte costarricense a esta expedición de Luperón lo puso Alfonso Leyton, veterano de la toma de Puerto Limón durante la revolución de Costa Rica, quien estuvo bajo las órdenes del comandante de la Legión Caribe, Horacio Ornes. Herido en el poblado de Luperón por el raso del Ejército Leopoldo Puente Rodríguez, Leyton murió carbonizado en el Catalina, preservado su cadáver por el formol humanitario del Dr. Alejandro Capellán.

Muchos otros legionarios centroamericanos, mexicanos, españoles y cubanos -transportados por pilotos norteamericanos- estaban supuestos a arribar a tierra dominicana, conforme a los planes del general Juancito Rodríguez y sus asesores militares, esbozados desde su plataforma guatemalteca. Desde la firma en Guatemala del Pacto del Caribe en diciembre de 1947, la revolución figuerista -tras dos meses de combates y con un saldo de 2 mil muertos de ambos bandos- se había impuesto en Costa Rica a finales de abril de 1948, con el decisivo respaldo de los legionarios y las armas de Cayo Confites.

No en balde en la estructura de mando del Ejército de Liberación Nacional comandado por José Figueres, figuraba como jefe de Estado Mayor el coronel Miguel Ángel Ramírez Alcántara, dominicano, y el teniente coronel Jorge Rivas Montes, hondureño, jefe de Planes, Operaciones e Inteligencia de dicho EM (Estado Mayor, nh). (También, nh) el mayor Horacio Ornes, comandante del Batallón Legión Caribe, así como el mayor Francisco Morazán, hondureño, oficial ejecutivo del Batallón San Isidro; todos, considerados héroes de esas jornadas.

En el arsenal facilitado por Juancito Rodríguez a Figueres -“Yo puse en manos de la revolución de Costa Rica el siguiente equipo, que le dio el triunfo final y definitivo a las armas bajo su mando, equipo que logré como producto de mis sacrificios personales y de gestiones con poderosos amigos”- se contaban 800 fusiles cal. 30 (con 223 mil cartuchos), 200 fusiles “R” cal. 7 mm, 16 ametralladoras cal. 45, 10 “M” 7 mm, 8 Lewis cal. 7-65, 6 “H” cal 7 mm, con sus cargadores y municiones. También 450 granadas de mano y otras 400 cal. 42 mm “H”, bombas de aviación, explosivos y detonadores.

Con este material bélico, reforzado, los internacionalistas de la Legión Caribe se proponían invadir Nicaragua para derrocar a Somoza, para lo cual se constituyó en Costa Rica el Ejército de Liberación Nacional de Nicaragua, bajo el mando de Rosendo Argüello. Como asesores de esta empresa fueron contratados los veteranos de la República Española, Fernando Sousa, Esteban Rovira, Daniel Lado y Alberto Bayo Giroud, quien laboraba entonces en la Escuela de Aviación Militar de Guadalajara.

Figueres facilitó una hacienda cafetalera y dinero para la operación de un campo de entrenamiento. En septiembre de 1948, el presidente electo Carlos Prío, quien asumiría en octubre de ese año, viajó a Costa Rica y comprometió ayuda cubana en armamento. Sin embargo, las disputas entre los exiliados nicaragüenses dieron oportunidad a Somoza para tomar la iniciativa y “darle su propia medicina” a Costa Rica. El 10 de diciembre una fuerza expedicionaria de exiliados costarricenses encabezada por el ex presidente Calderón Guardia invadió su patria desde Nicaragua, con el apoyo logístico de la Guardia Nacional.

Figueres no permitió que la Legión Caribe interviniera en el conflicto y llamó a la formación de milicias populares para defender su gobierno, invocando asimismo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la intervención de la OEA. Fruto de esta mediación, Nicaragua y Costa Rica acordaron cesar las hostilidades y desmantelar las operaciones bélicas de exiliados fraguadas en sus respectivos territorios, firmando en febrero de 1949 un Pacto de Amistad. Tras años de colaboración, Figueres y Argüello tomaron rumbos distintos cuando los exilados nicaragüenses debieron salir hacia Guatemala.

Por eso, al trocarse el Pacto del Caribe por este Pacto de Amistad, el tenaz y vertical Juancito Rodríguez, con su acentuado hablar cibaeño, solía decir al referirse a don Pepe Figueres: “el mie’dita ése nos cogió las armas y nos traicionó a todos”.