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Estallan las movilizaciones populares y sociales en Colombia.

SI  LOS  POCOS  QUE TIENEN MUCHO  NO TOMAN CONCIENCIA DE LA SITUACIÓN  DE LOS MUCHOS QUE TIENEN POCO,  AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE SERÁN UN VOLCÁN EN EBULLICIÓN.

LA LUCHA POR  LA DEMOCRACIA, JUSTICIA SOCIAL Y SOLIDARIDAD YA ESTA EN PIE

En la semana que finalizó los indígenas protesta en la llamada Minga Social y Popular, exigiéndole al estado colombiano cumplir los acuerdos firmados, mientras tanto continua la movilización de los estudiantes universitarios con marchas simbólicas y asambleas permanentes en la mayoría de las universidades públicas del país exigiendo más recursos a la educación superior, “la educación es un derecho y no una mercancía”
El gobierno colombiano en cabeza del Presidente Juan Manuel Santos, se hace de los oídos sordos, no escucha al movimiento estudiantil representado en La MANE y manda a reprimir las movilizaciones indígenas o Mingas sociales.
Recordemos que en febrero-marzo del 2013, se desarrolló el paro cafetero, en agosto-septiembre el paro nacional agrario con dinámicas sectoriales y regionales.
Esto quiere decir que el pueblo colombiano esta despertando…
Ojala…., pero hay la necesidad de avanzar más allá de la protesta, hay que proponer y construir un movimiento político social y popular amplio que represente las necesidades de los colombianos y acabar con el bipartidismo histórico con sus mutaciones fascistas como el uribismo, centro burocrático… que mantiene al pueblo en la miseria, pobreza, donde el país es uno de los más desiguales del continente, donde los ricos son más ricos y pobres son más miserables.
Pero muchos sectores sociales y alternativos, afirman que no hay garantías para participar “democráticamente” en las próximas elecciones 2013, comparto esta afirmación, al ver que la Corte Constitucional le negó a la ex- senadora Piedad Córdoba una tutela en contra del Procurador Monseñor Ordoñez, que exigía restablecer los derechos políticos a la ex -senadora, con este hecho se puedo decir que Colombia vive una “Democracia FALLIDA” .
Colombianos cambiamos nuestra clase política o ellos nos cambia hacia la miseria y desesperanza.
Es hora de despertar y soñar un país con Paz y justicia social .
Edison E. Burbano ( El payanés)
Voz del pueblo Latinoamericano
Prensa

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Un debate necesario: Los paros agrarios y la lectura de su impacto político

Horacio Duque Giraldo y José Antonio Gutiérrez D.

Colombia ha sido conmovida en los meses recientes por grandes movilizaciones campesinas y populares. Desde la huelga del Catatumbo hasta los paros agrarios en distintos lugares del territorio nacional, las masas han hecho una presencia multitudinaria en la esfera pública, saliendo de las profundidades y el subsuelo social. Para nadie es una duda que el telúrico paro agrario y popular que comenzó el 19 de agosto, es un punto de inflexión innegable en las luchas sociales colombianas que requiere repensar estrategias y muchas categorías por parte de la izquierda.

Un campo de conflicto se configuró y los sujetos que emergieron, desde la vida campesina, plantearon duros retos al sistema político nacional que controla la oligarquía. Los “no lugares” de la política, los no institucionales, los actores ubicados en los márgenes de la democracia liberal representativa (burguesa, oligárquica), ganaron preponderancia en el curso de la sociedad y marcan el desarrollo de la nación.

Un paradigma nuevo ante una bisagra histórica

Amainada la furia con el repliegue natural de la movilización social, la que seguro regresará y muy pronto, han surgido los análisis e interpretaciones sobre lo sucedido y sus alcances. Muchas de las opiniones se inscriben en el marco de una epistemología atrapada por la rutina y los lugares comunes, incapaz de romper con los esquemas restrictivos del democratismo demo-burgués. Repiten tesis de manual que les impide captar la esencia de lo ocurrido. Parecen vivir en un enclaustramiento perpetuo omitiendo que la crisis desafía al pensamiento convencional y sugiere otros paradigmas epistemológicos para ver lo que no es evidente, para captar lo emergente y para descubrir lo emancipatorio. No se percatan que probablemente las teorías que tenemos y los conceptos que utilizamos no son los más adecuados y eficaces para enfrentar los desafíos y para buscar soluciones hacia el futuro.

Necesitamos de un pensamiento alternativo para pensar alternativas, para poder captar toda la riqueza de las experiencias emancipatorias que ocurren en la actual coyuntura nacional. Un pensamiento que además pueda aprehender dialécticamente los vasos comunicantes entre los distintos procesos políticos que se están dando, en lugar de distinguir artificialmente, conflicto social por una lado, y conflicto armado por otro, proceso de paz en La Habana por un lado y movilización campesina y popular por otro.

Un análisis del actual proceso debe considerar el nuevo ciclo político colocado por la apertura de la Mesa de La Habana como un elemento central de la actual coyuntura que vive el país. Esto, de la mano de la espiral de movilizaciones sociales que el país viene viviendo claramente desde mediados del 2008, nos sitúa en una bisagra histórica. Vivimos una transición que no necesariamente parte de y hacia una revolución socioeconómica. Estamos delante de un potencial acto fundacional que es preciso delimitar. Un acto fundacional de la res-pública y de la democracia en términos que se plantean tanto en el debate de la Mesa de La Habana como en las movilizaciones por los campos y ciudades de Colombia. Las categorías político-ideológicas utilizadas por los diferentes sujetos en este proceso pueden servir para imponer camisas de fuerza al proceso, o bien para explorar su potencial transformador y ayudar, consecuentemente, a su desarrollo.

Entre el universo de interpretaciones publicadas, creemos particularmente interesantes las del académico Medófilo Medina, reconocido profesor de historia de las universidades bogotanas, autor de varios textos sobre los partidos de izquierda y los movimientos sociales, quien ha ofrecido su visión de lo ocurrido en los últimos días en una entrevista para el portal La Silla Vacía (verhttp://lasillavacia.com/historia/pensar-que-lo-que-ensayaron-los-campesinos-fue-una-revolucion-seria-muy-equivocado-medofilo ). Esta entrevista ha sido publicada con el provocador título de “Pensar que lo que ensayaron los campesinos fue una revolución sería muy equivocado”. Medófilo Medina es uno de los pocos representantes honestos de una vertiente de pensamiento que podríamos llamar, en estricto rigor, socialdemócrata en Colombia. Hombre de larga trayectoria, conocedor como pocos de la realidad colombiana y de la trayectoria del conflicto, da en el clavo con su evaluación de la lectura que se hace del paro desde el establecimiento en términos represivos y contrainsurgentes. Su lectura del gabinete para la “paz” de Santos (que más bien parece un gabinete para prolongar la guerra), así como su indignación ante la perversa utilización, por parte del gobierno, de categorías inadecuadas como las de la infiltración también nos parecen aportes importantes al actual momento. Esto no significa, en absoluto, que tengamos que estar de acuerdo con él en todo, aún cuando sus opiniones siempre dan material para re-pensar los problemas de Colombia. Valgan estas notas como una contribución a debates necesarios, para los cuales no disponemos de respuestas mágicas ni certezas absolutas, sino apenas de algunas reflexiones que esperamos sean de utilidad.

Medina, revolución o no-revolución, esa es la cuestión

Medina compara la magnitud del actual Paro Agrario Nacional con el Paro Cívico de 1977, algo que muchos analistas han hecho, con respectivos matices por el carácter fundamentalmente agrario de las recientes protestas, aunque la movilización en ambos casos encontró ecos en amplios sectores sociales y se convirtió en una coyuntura que fuerza replanteamientos estratégicos y políticos al movimiento popular. El recurso heurístico utilizado, remite al de la analogía histórica para indicar que las lecturas que se hacen por parte de la izquierda y el pensamiento crítico podrían ser similares a las hechas a raíz del paro cívico de 1977, cuando según él se infirió la necesidad de la lucha armada como vía exclusiva para la conquista del poder y la realización de la revolución socialista. Aproximación débil que ignora el nuevo mundo de la movilización popular del siglo XXI en Colombia y el mundo, y la re-significación que se ha hecho de conceptos tan manoseados como revolución. Lo que nos enfrenta a problemas de paradigma. Según él:

En la izquierda, en el movimiento guerrillero, el paro cívico se leyó en clave de insurrección (…) La izquierda no armada, vale aclarar, no toda, participó de alguna manera de este delirio insurreccional. (…) No creo que se hubiera producido en 1977 una situación revolucionaria. El Paro, (…) fue una respuesta contra unas políticas económicas y sociales (…) El paro fue una coincidencia de sectores socialmente abigarrados y políticamente diversos. Valorar eso como una revolución frustrada fue producto de una distorsión del juicio (…) El movimiento de los trabajadores rurales y también urbanos tiene exigencias de modernización de la vida política, de mayores condiciones de participación pero pensar que lo que se ensayó allí por parte de los campesinos fue una revolución sería muy equivocado (…) Porque las demandas tienen unos horizontes inmediatos, son muy concretas”.

Más allá de si en 1977 el campo revolucionario elaboró conclusiones respecto de los acumulados políticos para plantear nuevos escenarios de lucha (cosa que, en principio, no nos parece una equivocación, hipótesis latente en la reflexión de Medina) de manera apresurada [1] , nos parece temerario el salto a sugerir que, respecto de la actual ola de movimientos campesinos, no podemos avizorar posibilidades de cambios profundos, porque eso sería alimentar un delirio extremista en la izquierda. En nuestra opinión nadie tiene derecho a imponer riendas a la voluntad de un pueblo en movilización, a decirle “hasta aquí es aceptable”. Tal cosa equivale a seguir tratando al pueblo llano como rebaño y no como agente activo.

Preocupa el hecho de que en el manejo conceptual quienes apostamos por una transformación social profunda (y no nos cabe duda que, pese a ciertas diferencias, estamos en el mismo bando con el profesor Medina) nos vemos rezagados y a la defensiva, o manejamos los conceptos de manera poco dialéctica, rígida, de manera analítica. Tal cosa ocurre con el manejo, en nuestra opinión inadecuado, que el profesor Medina hace del concepto de “revolución”. Las revoluciones rara vez son obra exclusiva del “partido único” y siempre presentan contradicciones importantes en el seno de las masas que las hacen. Ni siquiera la Revolución de Octubre, prototipo de la “revolución por excelencia” respondió a ese esquema, pese a su posterior mistificación. Medina dice, para demostrar que no existe potencial revolucionario en el presente, que José Antonio Ocampo critica a los TLCs pero que no propone una alternativa socialista. ¿Acaso las masas en San Petersburgo y Moscú en 1917 pedían socialismo? ¿Se deriva mecánicamente de la consigna “Pan, Tierra y Paz” el socialismo? Y esa consigna fue la que impulsó a la formación de la república soviética. No queremos decir con esto que la “amenaza comunista” esté a la vuelta de la esquina, como dirían los alucinados del uribismo.

Algo nuevo crece, sin embargo, en Colombia, algo que se ha escapado todos estos años a los sabihondos que desde la violentología o las teorías importadas sobre “construcción de paz” (empacadas en el mismo formato macdonalizado por las grandes instituciones de la “gobernanza” internacional, para consumo lo mismo en África o los Balcanes que en Colombia). Algo que se le ha escapado a la socialbacanería que defiende estridentemente las instituciones podridas y que no imagina otros modelos políticos que aquellos actualmente existentes. Entender la naturaleza de este nuevo fenómeno requiere una mirada fresca y sacudir presupuestos fáciles, nociones manoseadas y categorías de análisis anquilosadas. Desafortunadamente, las categorías con que Medófilo Medina sigue mirando al mundo están ancladas ideológicamente en el dogmatismo y las mistificaciones de un cierto sector que aún no se desprende de una lectura mecanicista y eurocéntrica de las revoluciones. Y no se trata, con esta crítica, tampoco, de estirar el concepto de revolución hasta el punto de que pierda todo valor explicativo, sino de entender la naturaleza sui generis que tiene en cada momento histórico y en cada espacio concreto, la irrupción de las masas en la arena política para efectuar transformaciones sociales y económicas de fondo.

Lo que es revolucionario en un contexto puede no serlo en otro [2] . Lo fundamental en un proceso revolucionario es que las masas se convierten en el actor protagónico en la arena política. Cosa que Medina reconoce y en lo cual insiste cuando afirma que “el verdadero valor de lo que ha pasado es esa participación con decisión de los trabajadores de manera sostenida”. Sin embargo, no valora este hecho en toda su dimensión y lo que significa, no en cualquier contexto universal, sino en las condiciones específicas de Colombia a inicios del siglo XXI. No ha sido una exageración, en nuestra opinión, hablar de la “revolución de las ruanas”, aún cuando este proceso aún esté lejos de concretizar todo su potencial. Desde luego no estamos ante un proceso revolucionario abierto en Colombia en el sentido clásico (dogmático-eurocéntrico) de la palabra, pero sí estamos ante un período de transformaciones sociales profundas que tienen que darse –y que pueden darse- para superar la actual crisis de hegemonía que aqueja a la formación social colombiana, el cual, si es llevado a sus lógicas consecuencias, tiene alcances revolucionarios. ¿Podemos, acaso, entender “la modernización de la vida política del país” al margen de los equilibrios de poder entre las clases y fracciones de clases, así como de la constante lucha entre ellas? ¿Podemos seguir hablando de modernidad y progreso como categorías objetivas, positivas y sin contenido político, de clase, sin referencia incluso a cosmovisiones más profundas que nos sitúan en paradigmas diferentes al eurocentrismo? Si estas transformaciones reclamadas por las muchedumbres asumen o no un carácter revolucionario, dependerá de las apuestas que desde hoy haga el movimiento popular. Pero para Medina la revolución, como deja en claro más adelante en la entrevista, se reduce a una “aventura armada”.

¿Aventureros o transformadores?

Entender la naturaleza del conflicto armado que sacude a Colombia desde hace décadas en clave de “aventura armada” es un craso error del cual no pueden salir sino conclusiones erróneas. Aún cuando el conflicto armado tenga una dinámica particular, no puede aislarse ni divorciarse artificialmente del conflicto social, en el cual tiene sus raíces profundamente clavadas y desde el cual se nutre. Tampoco el conflicto social es indiferente a la dinámica política del conflicto armado. Tal cosa es evidente al hacer una rápida lectura a los temas claves del proceso de paz en La Habana y los reclamos de los millones de colombianos movilizados durante el paro agrario y popular. Desde luego que ninguno es reflejo mecánico del otro, pero las superposiciones entre ambas visiones de Colombia, son evidentes a cualquier lector desinteresado. Tanto como el abismo que ambas comparten con el proyecto de Colombia del bloque en el poder.

La visión de Medina de la revolución según esquemas preconcebidos o como una mera “aventura armada” llevan a que establezca distinciones artificiales que no aportan a una lectura más fina del actual momento político, como se desprende de una sorprendente afirmación que hace en la entrevista:

Las Farc tienen todo el derecho de sentirse fortalecidas pero en su propuesta de paz y no para creer que están allí perdiendo el tiempo porque el pueblo está protagonizando una revolución”.

¿Acaso las FARC-EP han hablado, alguna vez, de paz a secas? Cuando la insurgencia y muchísimos sectores del movimiento popular hablan de paz, se dice “paz con justicia social”, eso Medina bien lo sabe. Como hemos explicado en ocasiones anteriores [3] , tal cosa no es un capricho sino que obedece a la realidad de que la paz, sin tocar las estructuras sociales y económicas que alimentan el conflicto, no es sino una quimera. En ese sentido, la distinción que adivina Medina entre la “propuesta de paz”, y la “propuesta política”, de cambio social, profundo, radical, nunca ha existido, ni en la insurgencia ni en las principales expresiones del movimiento popular. Cuando las FARC-EP llegaron a La Habana lo hicieron para discutir una agenda de cambio político para el país, y eso es lo que se ha expuesto y demostrado en todos sus comunicados y propuestas. Esa distinción entre la propuesta de paz y la de cambio es totalmente artificial y solamente contribuye –aunque sea inadvertidamente- a la causa de quienes, a veces agazapados en la izquierda, buscan una desmovilización exprés y la mera conversión de las insurgencias en partidos dentro del actual sistema democrático-burgués de pelambre mafioso y paramilitarizado. Esto es exactamente lo que espera Santos de estas negociaciones, aunque de cuando en vez se deje llevar por arranques retóricos insustanciales que no merecen ser tomados muy en serio. A los pocos minutos una declaración del intocable ministro de defensa nos devuelve la sana dosis de realismo político que necesitamos para afrontar la actual coyuntura.

La irrupción del pueblo en el escenario político no puede leerse por parte de la insurgencia como si las negociaciones de paz fueran lo mismo que perder el tiempo porque precisamente ella ha sido enfática que la agenda de cambios que el país necesita debe ser amplia, construida desde la lucha, desde abajo, al calor de la movilización popular. Poner pueblo a las negociaciones, una frase que han repetido hasta el cansancio, significa algo más que mandar recomendaciones por foros o a través de internet. Significa que el pueblo, en todas sus expresiones necesariamente contradictorias, asuma el debate y se movilice para avanzar en el camino de los cambios que el país necesita. La unidad entonces se ve como un proceso dialéctico, contradictorio, fruto de la movilización concreta y no como la imposición de categorías homogéneas ni de verdades únicas. Lo cual implica superar visiones vanguardistas-iluministas que no se ajustan a la realidad nacional, por una parte, y buscar la confluencia amplia al interior de la izquierda en lucha y los sectores populares, por otro. El escenario al que más teme la oligarquía colombiana se está materializando, y es la confluencia entre las demandas del pueblo movilizado con la agenda política de La Habana, la cual no es diferente a la agenda de paz. Un escenario que nada tiene de maquiavélico sino que muestra los vasos comunicantes propios del bloque popular y la identidad de intereses objetivos a largo plazo. Si algo ha demostrado este paro, es que la agenda política de la insurgencia, con todos los peros que pueda haber, se ajusta muchísimo más a la realidad nacional y a las aspiraciones de las amplias masas, que la agenda impresentable del santismo. Eso es lo que más le duele a una oligarquía que parece haber perdido todo impulso histórico. Y eso también es a lo que se refiere el mismo Medina cuando dice acertadamente (sin sacar las conclusiones necesarias de su reflexión) que “el ambiente general es de demanda de un reformismo social y de una modernización política de un país, es decir de una democratización efectiva. Y eso está también en el discurso de la FARC.

¿Esa agenda de cambio político, de alcances revolucionarios, entonces, no es parte de la propuesta de paz? Son dos caras de la misma moneda, desde luego. La distinción artificial entre “paz” y “propuesta transformadora” en Medina, lo inhabilita para comprender la posibilidad de la emergencia de un poder genuinamente popular, del pueblo como un soberano en ciernes, que es lo que se está empezando a ensayar con instancias como la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular. Al margen del ejercicio del poder popular como una apuesta inmediata, que no se relega hasta la calendas, uno no puede sino limitarse a las propuestas de apertura política, coincidentes con las del santismo, a ver si quizás en las próximas elecciones… ya conocemos ese cuento.

Pensar la novedad en lo político desde una matriz crítica y alternativa

Desde nuestra mirada, las acciones sociales que están ocurriendo hoy aquí – que, pese a sus particularidades y originalidades, no están al margen del contexto caracterizado por rebeliones multicolores que han sacudido a todo el continente americano- son protagonizadas por grupos sociales (campesinos, indígenas, mujeres, afro descendientes, desempleados, estudiantes) cuya presencia en la historia no fue prevista por la teoría crítica eurocéntrica. Se organizan muchas veces según formas (movimientos sociales, autogobierno, organizaciones económicas populares) muy distintas de las privilegiadas por la teoría clásica: el partido y el sindicato. No habitan los centros urbanos industriales sino lugares apartados en las alturas de las cordilleras o en llanuras de la selva amazónica. Hablan desde la periferia urbana y rural. Expresan sus luchas a veces en sus lenguas y dialectos particulares y no en ninguna de las lenguas coloniales en que fue redactada la teoría crítica que sustenta el bagaje intelectual de Medina y el nuestro. Y cuando sus demandas y aspiraciones son traducidas en las lenguas coloniales dominantes de las clases blancas o en las plataformas reivindicativas invariablemente desarrolladas desde los centros políticos, no emergen los términos conocidos de democracia o desarrollo, sino dignidad, respeto, territorio, autogobierno, autonomía, el buen vivir (sumak kawsay), la Madre Tierra. Aún cuando creamos que estamos todos hablando la misma lengua, incluso, hay diferencias lugares desde los cuales se habla que implican formas de entender el mundo y la realidad totalmente diferentes. Problema que no es único de la actual coyuntura colombiana sino que es propio de una modernidad plagada de quiebres y contradicciones internas. Mientras en la revolución haitiana (1791-1804) los líderes revolucionarios entendían la libertad (liberté) en los términos ilustrados planteados por la revolución francesa, para los bozales y esclavos sublevados, la libertad era indisociable de su conuco y su pedacito de tierra. Condiciones fundamentales para “ser” y no meramente “existir”.

Los movimientos sociales recientes, más allá de los contextos, construyen sus luchas sobre la base de conocimientos ancestrales, populares y espirituales que siempre fueron ajenos al cientificismo propio de teorías críticas eurocéntricas [4] . Por otro lado, sus concepciones ontológicas sobre el ser y la vida son muy distintas del inmediatismo y de los individualismos occidentales. Los seres son comunidades de seres antes que individuos, y en esas comunidades están presentes y vivos los antepasados así como los animales y la Madre Tierra. Estamos ante cosmovisiones no-occidentales que obligan a un trabajo de traducción intercultural para poder ser entendidas y valoradas. La movilización social que hemos visto no sólo recomienda tomar alguna distancia con relación a ciertas categorías del pensamiento; más que eso, exigen pensar lo impensado, o sea, asumir la sorpresa como acto constitutivo de la labor teórica.

Si algo caracteriza a estos nuevos movimientos sociales es su complejidad, su diversidad, su permeabilidad y su interés por implicarse en la acción, en la práctica, de un concepto re-significado deciudadanía. Lo que les sitúa en una predisposición para buscar una múltiple articulación temática, sectorial, entre escalas y entre agencias. El conocido eslogan de “pensar globalmente y actuar localmente” se ve complementado con el “pensar localmente y actuar globalmente” -permitiendo el reconocimiento de las identidades particulares, de las diferentes subjetividades (diferencias étnicas, territoriales de género, orientación sexual, edad, etc.), identidades sectoriales (trabajo, medio ambiente, educación, sanidad, vivienda, etc.) y territoriales, conjugándose a la vez con la defensa y conquista de principios universalistas como los derechos humanos, o los mismos valores democráticos, que se re-significan incorporando otras voces y otras contribuciones aparte de aquellas que vienen desde los centros del desarrollo capitalista. De tal modo que el objetivo de estos nuevos movimientos sociales, articulado como una ciudadanía democrática e inclusiva, tiene un doble sentido: particularizar los valores universales y universalizar las identidades particulares. En definitiva, tienen el reto de articular las distintas posiciones subjetivas en un sujeto unitario y pluridiverso, en una nueva identidad de identidades que sea mucho más que la suma mecánica de sus partes.

Hubo “pitonisos” que anunciaron que con la globalización todo se iba a desterritorializar, que todo iba a ser global, predicciones empañadas por la repentina importancia que cobran el territorio y la tierra como aspectos centrales para la emergencia de una nueva protesta social, aspectos que muchos teóricos entendían como “residuales” o “atávicos”. Demandas que adoptan diferentes formas, rurales pero también urbanas. Los bloqueos de todo orden son modos de apropiación de lo rural y lo urbano, son otras formas de territorialidad que no figuraban en los esquemas convencionales, que han cobrado una desmesurada importancia en las luchas en curso, que interrumpen la circulación “libre” del capital en el mundo globalizado. El desafío del momento es tratar de comprender la trayectoria sui generis del movimiento popular y campesino colombiano, que con todas sus particularidades, es un crisol en el cual se sobreponen rebeliones y resistencias que comparten objetivos y territorios, aunque no siempre métodos. Está naciendo algo nuevo que no responde a la visión de las elites sobre el país, ni a los mecanismos rígidos de las diversas sectas ideológicas, ni a quienes mecánicamente tratan de replicar experiencias de otras latitudes. Algo nuevo que busca consolidarse como un nuevo poder (contra)hegemónico, nacido del seno de un pueblo multifacético.

Se requiere un trabajo teórico que acompañe la labor transformadora de los movimientos agrarios, cuestionándola, comparándola sincrónica y diacrónicamente, ampliando simbólicamente su dimensión mediante articulaciones, traducciones, alianzas con otros movimientos. Es más un trabajo de artesanía y menos un trabajo de arquitectura. Más un trabajo de testigo implicado y menos de liderazgo clarividente. Un trabajo que implica una autocrítica profunda no sólo a los métodos con los que hemos trabajado sino hasta el mismo prisma con el que hemos mirado al mundo, que implica una renovación no sólo de la sociedad como realidad externa, sino también de todo lo que de ella hemos internalizado.

NOTAS:

[1] La discusión sobre la analogía con el paro cívico de 1977 requiere una reflexión extensa en derecho propio, reflexión que por cuestiones de tiempo y espacio no nos es posible abordar en este artículo pero que esperamos retomar a futuro.

[2] Jaime Bateman, comandante del M-19, decía que lograr la democracia en Colombia era de por sí una tarea revolucionaria. Resulta paradójico que en los actuales diálogos de La Habana, las exigencias, supuestamente “desproporcionadas y extravagantes” de los guerrilleros de las FARC-EP tengan que ver con el cumplimiento de una ley sobre reservas campesinas… ¡una ley hecha por el gobierno de Ernesto Samper!

[3] http://www.anarkismo.net/article/25891

[4] Nuestra crítica al eurocentrismo no significa rechazar el aporte específico realizado desde Europa y desde las luchas populares europeas a los movimientos emancipatorios, aportes valiosos y profundos. Tampoco nos interesa la exaltación postmoderna de un “pensamiento alternativo” que sigue definiéndose en función del pensamiento europeo, aún cuando sea por oposición. Tal aproximación pecaría de la misma falta de pensamiento crítico y dialéctico que hemos venido criticando. Significa sencillamente ser capaces de leer los movimientos sociales desde más allá de los conocimientos desarrollados en Europa, valorar sus aportes específicos y no tomar al conocimiento europeo como el único centro de gravedad del pensamiento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Bosch para 1969 hablaba de “los dólares y el desarrollo”

        ¿Qué importancia tiene para la América Latina esa pérdida constante de dólares?

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 Tiene mucha importancia, pues el dólar, una moneda que recibimos en pago de lo que vendemos en Estados Unidos, Canadá y Europa, nos sirve para pagar lo que compramos en esos mismos países. Debe aclararse que cualquier país de la América Latina recibe dólares y paga en dólares aunque no comercie con Estados Unidos; lo que pasa es que el dólar es la moneda con la cual se hace el comercio internacional de la América Latina. Algunos países, como Jamaica, Trinidad, Barbados y Guayana, hacen su comercio a base de la libra

esterlina, que es la moneda inglesa. Los latinoamericanos necesitamos dólares para comprar maquinarias y otros productos industriales y también para adquirir capacidad técnica, pues aquéllos y ésta son indispensables para el desarrollo de nuestra riqueza; y resulta que en vez de acumular dólares lo que acumulamos son deudas en dólares, lo que hace que cada vez sea más difícil para nosotros conseguir lo que necesitamos

para progresar.

 

En cuanto a capacidad técnica, la situación de la América Latina es penosa. Está probado que no puede haber desarrollo de las riquezas de ningún país si no se forman técnicos que

dirijan y lleven a cabo el desarrollo, y para formar un técnico en la América Latina hay que gastar el equivalente de diez a veinticinco mil dólares. Pues bien, en el año 1965 salieron

hacia Estados Unidos 7 mil 804 técnicos latinoamericanos, de los cuales 973 eran argentinos. (Ver cable de Buenos Aires publicado en El Nacional de Santo Domingo, 10 de noviembre, 1968, p.9). En el mismo diario, día 3 de noviembre, 1968, pp.20-21, se publicó un estudio de Ernesto Saúl titulado “América Latina: universidad y fuga”, en el cual se

afirma que en 1970 Chile tendrá un déficit de 5 mil 481 profesionales sólo en las ramas de medicina, ingeniería, agronomía, odontología y arquitectura. El autor dice: “Entre 1961

y 1965 emigraron a Estados Unidos 2 mil 515 médicos latinoamericanos, lo que representa un promedio de 500 médicos anuales. Se calcula que esta cantidad equivale a la producción de tres facultades de medicina, que costarían a Estados Unidos 60 millones de dólares por concepto de edificación y 15 millones de dólares anuales para su funcionamiento. Estas sumas son superiores al total del aporte de Estados Unidos a Latinoamérica por concepto de salubridad. La emigración de ingenieros con el mismo destino alcanza también una cifra cercana a los 500 anuales”.

¿Qué quiere decir eso?

Quiere decir que además de tener cada año un déficit en dólares, los latinoamericanos tenemos un déficit en técnicos. Necesitamos técnicos y resulta que los que tenemos se van

hacia Estados Unidos, y sin técnicos no podremos desarrollar nuestros países, aumentar nuestra riqueza y con ello mejorar el nivel de vida de nuestros pueblos, garantizar su salud y ampliar su cultura. Para comprender la importancia de la técnica en el aumento

de la producción vamos a copiar lo que dice el profesor francés M. Lewin en Introducción a los problemas de la cooperación y el desarrollo, publicado por el Instituto Internacional

de Administración Pública (París, Francia), para el uso de sus estudiantes. En la página 20 del trabajo del profesor Lewin puede leerse que según un estudio hecho por Gosplán, que es el departamento encargado de hacer planes de desarrollo en la Unión Soviética “un año de aprendizaje suplementario en una fábrica aumenta la productividad de un obrero analfabeto de 12 a 66 por ciento, pero un año de estudios primarios provoca un aumento de la productividad en 30 por ciento, cuatro años de estudios provocan una mejoría de 79 por ciento y siete años de asistencia escolar provocan 235 por ciento de progreso en la productividad económica de ese trabajador y los estudios superiores, es decir, diez o quince años de estudios, se reflejan en un 320 por ciento de aumento en la productividad”.

Si la productividad de un trabajador, o lo que es lo mismo, su capacidad para producir, aumenta de acuerdo con sus estudios, la situación de la América Latina es mala. Según las

apreciaciones de la UNESCO, en 1965 el 29 por ciento de la población que tenía más de 15 años no sabía leer ni escribir; pero eso no significa que supieran hacerlo los que tenían menos de 15 años y más de 7, pues todos los años se quedan millones de niños latinoamericanos sin escuelas. El padre Guzmán C. (op. cit., p.48) dice que en 1969, de 1 millón 886 mil niños campesinos de Colombia, 1 millón 806 mil 732 se quedaron sin escuela, y que en 1965 no hubo lugar en las escuelas del país para la mitad de la población escolar ni la hubo para el 86 por ciento de la educación secundaria ni para

el 97 por ciento de la educación superior. Y Colombia no es el único país de la América Latina donde sucede eso o algo parecido.

 

¿Cómo se explica semejante situación? ¿Por qué hay en la América Latina dinero para fabricar casas lujosas, edificios de apartamentos, hoteles caros, para comprar automóviles que parecen palacios que ruedan, yates y whisky, y no hay dinero para educar a los niños campesinos? ¿Qué pasa con los dólares de la Alianza para el Progreso, que no alcanzan ni siquiera para dar escuelas a los niños que las necesitan?

 

Los dólares de la Alianza para el Progreso no son dólares, aunque a la hora de pagarlos tenemos que hacerlo en dólares; en su mayor parte lo que recibimos a través de la Alianza son productos, y con frecuencia el precio de esos productos es más caro que si hubieran sido comprados con dinero en otros países, y por cierto una parte apreciable no nos llega ni siquiera en productos sino en ayuda técnica, en estudios de obras y en proyectos. Esa ayuda técnica resulta muy cara porque se nos cobra por ella al precio que se paga en los Estados Unidos, un país donde todo cuesta mucho más que en la América Latina;

y se da la contradicción de que pagamos el trabajo de técnicos norteamericanos y al mismo tiempo nuestros técnicos han estado yendo a darles a Estados Unidos los conocimientos que adquirieron en nuestros países con dinero y esfuerzo producidos

por nuestros pueblos.

 

Victoriano Lorenzo: General de cholos libres y guerrillero invencible

1867-1903
“Fue la tierra tu bandera; tu grito, la libertad; tu esperanza, la igualdad para la cholada entera”.
Carlos Francisco Changmarín

 El 15 de mayo de 2013 se cumplieron 110 años del asesinato por parte del Estado colombiano, en estrecha alianza con la oligarquía colombo-panameña, liberal y conservadora, del líder popular y guerrillero cholo Victoriano Lorenzo. Este hecho fue uno de los eventos culminantes de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que se sellaría meses después con la separación del Istmo de Panamá, mediante una conspiración organizada directamente por los Estados Unidos y en la que participaron en forma activa algunos de los mismos que asesinaron a Lorenzo.

Infancia y juventud del León Coclesano
Victoriano Lorenzo nace en 1867 en la jurisdicción de El Cacao, distrito de Penonomé, provincia de Coclé, actual Panamá. Su padre es el gobernador indígena Rosa Lorenzo y su madre María Pascuala Troya; ambos pertenecen a la etnia Ngawbé, también conocida como Ngobe, que habita en bosques y en faldas montañosas del Istmo. Vive con su familia hasta la edad de nueve años, cuando es entregado por su padre al sacerdote jesuita Antonio Jiménez, para que sea instruido en la fe religiosa y con éste aprende a leer, escribir y contar, “privilegios” a los que sólo pueden acceder unos cuantos indígenas o cholos, como se les llama en Panamá. Al mismo tiempo oficia como acolito, cocinero y criado del cura. Cuando su protector religioso se traslada al Perú, Victoriano se va a vivir a la capital del entonces departamento de Panamá y para ganarse la vida se desempeña como barbero, carpintero, sastre y zapatero.
Años después, regresa a El Cacao, su región natal, en donde contrae nupcias en julio de 1890, con María Lorenzo Morán. En 1891 es designado regidor municipal, cargo que desempeña durante pocos meses, puesto que Pedro Hoyos —un regidor mestizo— lo agrede en varias ocasiones, e intenta encarcelarlo. Esta no es una animadversión personal solamente, sino una expresión del odio y el racismo que se prodiga contra los indígenas por parte de grupos de mestizos, lo cuales no pueden tolerar que Victoriano Lorenzo cuestione la imposición de contribuciones extraordinarias a los cholos. En una de esas agresiones, Victoriano reacciona en defensa propia y mata a Pedro Hoyos. Luego de este hecho, se entrega en forma voluntaria a las autoridades y es condenado a nueve años de prisión en el penal de Las Bóvedas, en Panamá. Como ha sido frecuente en la vida de importantes luchadores sociales, la cárcel se convierte en una escuela en donde aquél se dedica a leer y aprender diversos oficios.
La rebelión de los “montañeros”
En octubre de 1899 estalla otra guerra civil en Colombia, que repercute de inmediato en Panamá, por entonces un departamento de este desvertebrado país. Un grupo de liberales se insurrecciona, con la esperanza de derrotar al ejército conservador y poner fin a la Regeneración. Aunque en un principio se pensaba que iba a ser una guerra corta, termina siendo el conflicto más prolongado y sangriento de todos los que se vivieron en Colombia durante el siglo XIX, y dura más de mil días.
Cuando comienzan las hostilidades militares, Victoriano Lorenzo —que acaba de regresar de la cárcel a su tierra natal— se involucra en la guerra de manera casi accidental, cuando accede a una misión que le encomienda el dirigente liberal Belisario Porras, amigo de su padre y a quien había conocido años atrás en la ciudad de Panamá. El 14 de mayo de 1900 Porras le solicita ayuda para desembarcar un cargamento de armas en el puerto de Chame. Un grupo de veinticinco indígenas cumple con esmero el encargo y de esta forma el líder indígena se vincula al bando liberal, que sufre una estrepitosa derrota en el Puente de Calidonia, a las puertas de la capital, el 25 de julio de 1900… Seguir leyendo

 

Una crítica desde la izquierda Papamanía y Francisco I

Ratzinger the Younger

Barómetro Internacional
El viaje de Francisco I al Brasil para acompañar y tomar parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud, evento que ya estaba marcado desde el reinado de Benito XVI (Joseph Ratzinger), eleva a las alturas la “papamanía”. Tal es el término acuñado en su tierra natal que designa la ultra-popularidad del papa argentino. Comienzo este debate desde un análisis que hice cuando la presencia de Ratzinger (el ideólogo de Juan Pablo II) en Brasil, así como desde otro texto que escribí inmediatamente después de su renuncia. Termino evaluando la postura humilde de Jorge Mario Bergoglio, sin entrar en la polémica de su postura durante la última dictadura argentina (1976-1983).

Antes de comenzar, quiero hacer un comentario. Llama la atención la proximidad discursiva entre Francisco I y algunas posiciones básicas de la Teología de la Liberación. No es casualidad que el propio Bergoglio pidiera al teólogo expulsado (en la práctica) de la Iglesia Católica, Leonardo Boff, que le enviara un libro de su autoría. Bergoglio se aproxima al mismo discurso, y podría darse, tal como ocurrió con Samuel Ruiz, arzobispo de Chiapas (México), que reorientó su prelado en la medida en que tomaba contacto con las comunidades de los pueblos originarios. Pero el problema es de otro orden. La pauta del papa se orienta hacia lo interno de la Iglesia Católica y en especial a los cardenales de la Curia Romana, a los abusos y desmanes del IOR (Banco de Vaticano) y al uso (y abuso) de mecanismos del capital financiero por gente del propio Vaticano.

Aún estando lejos de ser creyente en el catolicismo o en cualquier otra religión constituida, entiendo el papel que los curas tercermundistas y los teólogos de la liberación tuvieron –y aún tienen, de forma residual– en América Latina. Es sobre este papel y la disputa en lo interno de la Iglesia de Roma que centramos el análisis.

Revisando el sencillo reinado de Ratzinger – Reflexiones sobre la visita de Benito XVI al Brasil en mayo de 2007

El pasaje del teólogo alemán Joseph Ratzinger, proclamado Papa Benito XVI, nos obliga a algunas reflexiones. Múltiples significados salen de la visita del heredero de Pedro. Una de ellas, a la cual me gustaría dedicarme, es respecto a la lucha en lo interno de la Iglesia Católica en América Latina. Atacada por el aumento de los adeptos de las iglesias neopentecostales, la Iglesia termina volviéndose hacia dentro, aislando la posición de la Teología de la Liberación y lavando su discurso. De paso, confronta contra la laicidad del Estado, o al menos propone la pretensión de haya una regulación social además de la división entre credos.

El cardenal Ratzinger, consejero teológico de Juan Pablo II, fue su fiel escudero, mentor de la profusión de beatificaciones sin fin. Karol Wojtyla, incansable peregrino de su Iglesia, viajó por el mundo y beatificó más santos que cualquier otro papa antecesor. En vez de actualizar su discurso, lo mantuvo conservador, modernizando sus medios de propagación y difusión. Ratzinger está yendo por el mismo camino.

En lo que concierne a América Latina, la meta de la visita papal tuvo como blanco el eterno problema de la Teología de la Liberación. Iniciada formalmente en la Conferencia de Medellín, Colombia (1968), ratificada en la Conferencia de Puebla, México (1979), la misma es la fuente de nuevos y fieles adeptos y a la vez la fuente perene de problemas para Roma. El trabajo de base de la Iglesia con la Teología, aún con sólo un 4% de religiosos todavía involucrados en la lucha social, genera constricción a los reguladores del derecho canónico del Vaticano.

En su venida al Brasil, el Papa actual volvió sus baterías hacia la disputa directa con los neopentecostales. Afirmando la visión de que la Iglesia debe ser un faro de la vida moral y espiritual, que entra en ruta de colisión simultáneamente con dos posturas y formas de estar en el mundo. Una de ellas es la propia existencia de religiones nuevas, mediáticas al extremo, trabajando con la transcendencia, la presencia del Espíritu Santo, llegando en la mayoría de las veces al límite de la inmaterialidad. De parte de los católicos, lo marca el retorno a la presencia de ritos nuevos, de la Renovación Carismática, trayendo confort espiritual, certeza moral y casi ninguna incomodidad a las autoridades constituidas.

Como todo escenario complejo de la política, aún la política eclesial, está marcado por rondas simultáneas de cambios de posiciones. Veamos una secuencia simplificada. El antecesor Juan Pablo II, auxiliado por Ratzinger, combatió de todas las formas posibles a la llamada Teología de la Liberación. Su proyecto político más contundente era el régimen sandinista en Nicaragua. No por casualidad el cardenal de Managua era adepto al régimen de Somoza. En 1983, en la visita del Papa polaco al país de Augusto César Sandino y Carlos Fonseca Amador, se dio la ruptura simbólica y formal. A la vez, el otro proyecto político muy conectado a las pastorales sociales era el crecimiento de las luchas populares en el Brasil y su canalización a través del Partido de los Trabajadores.

En términos de referencias, Brasil jamás produjo religiosos contundentes como el domínico Jorge Camilo Torres Restrepo. Natural de Bogotá, Colombia, un hijo del patriciado local comenzó con las campañas pacificas y terminó en el martirio de la guerrilla. Recuerdo que, cuando aún estaba en mi graduación como investigador del Consejo Nacional de Investigación Científica, realizaba entrevistas con curas vinculados a la Teología de la Liberación y la simple evocación del nombre del padre colombiano causaba incomodidad. En líneas generales, podemos afirmar que las opciones de Don Hélder Cámara fueron la punta distinguida del mismo campo de Camilo Torres. Próximo al medio término estaba Don Paulo Evaristo Arns.

El martirio no es exclusividad de los religiosos de la América de habla castellana, sino que lo digan el Padre Josimo Morales y más recientemente la hermana Dorothy Stang. Pero la actuación de la Teología de la Liberación en Brasil no tuvo el mismo efecto que en los países andinos y centro-americanos, eso es innegable. Por más dedicado que sea, el clero progresista brasileño es más tímido y cauteloso que sus pares del Continente.

Presionada por Roma, el ala a la izquierda de la Iglesia Católica brasileña lava su discurso y apunta hacia metas más genéricas. Por su parte, el rito carismático y sus aliados conservadores, retoman una postura medieval, disputando con los neopentecostales en su mismo terreno. Buscando legitimidad en su pasado no muy distante, Benito XVI predica la división entre el reino de los cielos y el de la Tierra. En principio, desea la vuelta de la misa en latín.

Hablando esencialmente, la historia se confunde con la memoria histórica y la narrativa política. No me resisto a una leve ironía. Si se tuviera que volver “a las más profundas raíces”, con certeza el rito debería ser en el arameo de la Palestina antigua y no en el latín del Imperio Romano. Más de 2.000 años después, aún sigue el choque entre las catacumbas y las pilastras de mármol.

Revisando la renuncia de Joseph Ratzinger, ocurrida en febrero de 2013, y apuntando hacia la paradoja del conservadurismo

  Por más paradojal que pueda parecer, debatimos la renuncia del Papa Benito XVI ya pasada la euforia del carnaval, la mayor fiesta del país y para peor, profana. Como siempre, analizo lo ocurrido bajo el prisma de la base de la pirámide. En este caso, a partir de dos décadas de convivencia con agentes de pastorales laicos, padres y frailes vinculados a la casi moribunda Teología de la Liberación, versión popular del cristianismo que el ex-secretario del polaco Karol Wotjyla tanto combatió.

Joseph Ratzinger, posiblemente deja el cargo por estar exhausto en lo físico y por desgaste mental, al percibir la incompatibilidad entre la producción intelectual de alto nivel y la gestión ejecutiva de un Estado supranacional, con burocracia autónoma y formas de financiación poca o nada justificables. Si analizáramos las relaciones de fuerza dentro de la Curia Romana y de las congregaciones hoy hegemónicas, verificaremos que alas conservadoras como Opus Dei, Comunión y Liberación y Legionarios, pelean entre sí como facciones rivales sin distinción de un proyecto teológico. En lo alto de la pirámide del apostolado romano, las relaciones entre fe y dinero son como mínimo promiscuas. Esta afirmación se comprueba con el imperio inmobiliario denunciado por The Guardian y antes la suspensión de pagos fraudulenta del Banco Ambrosiano. En su base, el conservadurismo católico se aleja del día a día de las personas comunes, reforzando la predilección por el rito y disputando el rebaño con otras instituciones religiosas de conversión masiva.

En el Brasil, podemos hacer una comparación nada rara. ¿Cuál sería la diferencia sustantiva entre un pastor neopentecostal haciendo difusión de la doctrina conservadora en un horario pagado de TV y un padre u obispo, realizando los mismos proselitismos en un canal propio? Tal vez, la única distinción sea de responsabilidad, pues para ser ordenado cura es preciso como mínimo ocho años de estudio, equivalente a dos cursos de nivel superior. Vivimos en la plenitud de la hipocresía. Se condena un pastor por su grotesca difusión de doctrina de homofobia, pero callamos delante de intelectuales en sotana, en su mayoría filósofos y teólogos, hablando exactamente la misma cosa. Después de servir lealmente al avance conservador en el papado de Juan Pablo II, Ratzinger ha perdido sus fuerzas por cosechar lo que sembró.

La paradoja de la tristeza es ver en la América Latina, las obras de personas como Camilo Torres, Óscar Romero, Samuel Ruiz, Pedro Casáldaliga, Ignacio Ellacuría, Hélder Cámara, Paulo Cerioli, entre miles de otros religiosos, sometidos a ese tipo de jerarquía eclesial.

Apuntando conclusiones: Francisco I y la humildad conservadora

Jorge Mario Bergoglio viene del seno de la clase trabajadora en la esplendorosa y beligerante Buenos Aires de los años ’30. Es hijo de una pareja de inmigrantes italianos piamonteses, siendo su padre ferroviario y su madre ama de casa. Al contrario de buena parte de sus conterráneos, compartió sólo la cultura popular, pero no los valores de los obreros organizado de la época. Ni de lejos tuvo su formación atravesada por ideas de izquierda y tampoco del peronismo. De ahí que en la Argentina, aún ahora en el auge de la “papamanía”, el más famoso “hincha” (fanático, torcedor) de San Lorenzo de Almagro es visto como un conservador y también como un hombre del pueblo.

Asumido como papa, Francisco I ejecuta la maniobra que Norberto Bobbio denomina de “renovación para conservación”. Forma parte del manual de cualquier analista o estudioso de la política y trata de reclutar cuadros para inyectar sangre nueva en una institución milenaria y así mantenerla viva. Nada demás si la misma no estuviera enferma, según palabras de Bergoglio, publicadas en la tapa de Noticias –revista semanal argentina de oposición– en texto firmado por uno de sus biógrafos. La edición de 20 de julio no deja margen a dudas. El sumo pontífice va a intentar reforzar la identidad de la Iglesia devota a los humildes, pero pasará lejos de la Teología de la Liberación y del ecumenismo.

El discurso del papa puede parecer transformador, pero refleja las disputas internas en la Curia Romana. El Estado del Vaticano puede, como cualquier institución quedar aislado, transformándose en un fin en sí mismo, enriqueciendo a su jerarquía y no atendiendo a objetivos trascendentes. Por eso Francisco I afirma no traer oro y sí el mensaje de Cristo. Es común que los gobiernos de turno tomen cuenta del Estado para atender a los intereses del agente económico y de los mandatarios de ocasión. En el caso del Vaticano, élite dirigente y clase dominante son sinónimas y es contra esta cúpula y sus prácticas poco elogiables que Bergoglio está luchando.

En la década de ’80, las visitas de Karol Wojtyla a la América Latina combatían la Teología de la Liberación y sus prácticas ecuménicas y socializantes. En 2013, el primer papa latinoamericano atiende a una agenda interna, combatiendo la opulencia en el interior de la Iglesia y reclutando a los jóvenes para su fe. Los defensores del catolicismo deberían estar debatiendo los temas tabúes para su Iglesia en vez de sólo contentarse con un papa mínimamente correcto, aunque conservador. Las sociedades de esta parte del mundo avanzaron en todos los sentidos. La iglesia de Francisco I, no.

Bruno Lima Rocha es politólogo, profesor de relaciones internacionales y periodista

www.estrategiaeanalise.com.br / blimarocha@gmail.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Los descuidos del chavismo

English: Hugo Chávez in Porto Alegre, Brazil. ...

Al ver la imparable campaña política y mediática contra Nicolás Maduro, que se libra de norte a sur, no dejo de recordar los primeros tiempos de Hugo Chávez -fines de los 90- cuando pocos daban un real por su talante político proyectivo. Una vez desaparecido surgió una frase que quiso delinear, a modo de sentencia, la idea de que él era irreemplazable: Maduro no es Chávez. Sugestiva reflexión que resume lo que el antagonista anhela al excluir la dialéctica de los procesos sociales y políticos.

Por supuesto, las comparaciones son odiosas, pero sirven para graficar hechos. Ciertamente Maduro no es Chávez, y, muchos dijimos, en su momento, que lo peor que le podría ocurrir al actual presidente venezolano es querer imitar a rajatabla el estilo de Chávez. Pero de ahí a creer que su formación y origen social eran -o son- obstáculos para gobernar es una bobería.

Es innegable que los resultados de las elecciones de abril dejaron un mal sabor. (Sin contar todos los extraños ataques informáticos que sufrió el Consejo Electoral venezolano el mismo día de los comicios.) Quizás por eso los errores de campaña del chavismo lucían crasos a la hora de evaluar su real penetración política. No obstante, ese evento mostró cómo la oposición expresa el enfermizo amor que tiene por aquello que dizque alimenta el chavismo: el odio de clase. ¿Dónde hay más odio de clase: en la burla al chofer que quiso ser y hoy es presidente, o en la confirmación de que Chávez fue el hombre que por fisionomía o “silueta racial” encarnaba al venezolano promedio?

Pero como la vergüenza del otro -en la estética elitista- no parece ser ya la opción para “concienciar” contra el chavismo, hoy se apuesta a la deslegitimación. Primero fabrican una matriz informativa que echó dudas sobre los votos y, luego, menosprecian la constitución y viabilidad del gobierno. El propósito de Henrique Capriles no es que le “devuelvan” la presidencia que perdió por un hipotético fraude, sino propagar la idea de que “algo huele mal en Dinamarca”. De ahí que en su visita a Colombia, por ejemplo, no intentó siquiera revivir la demanda de una auditoría a los comicios de abril; más bien insinuó que Maduro no debe dormir tranquilo porque su búnker político mantiene despierto al monstruo de la inestabilidad. Y es que Capriles no está solo; tiene a varios congresistas opositores visitando países vecinos y a unos cuantos mercaderes venezolanos protestando en inglés y en Miami

Además, la cruzada mediática que reporta la “escasez” de artículos básicos solo presenta a unos malísimos administradores de la crisis; pero nada dice de los sabotajes externos a la economía venezolana ni del acaparamiento y la especulación por parte del sector privado interno, que no acepta los controles de precios y que prefiere no producir y/o facilitar el contrabando.

Hoy es imperativo que Nicolás Maduro reconsidere el sustrato de su estilo y los métodos aplicados en la comunicación política de su gobierno. Este es otro momento del proceso bolivariano que implica renovación y reajuste. No asumirlo de esta manera supondría que el chavismo se confía demasiado y que los adversarios tienen ocasión de aprovechar su descuido.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Divide y vencerás, juego táctico contra integración en Latinoamérica

1981 Adhesiu fora OTAN

Toda esta estratagema de Washington tiene como componente fundamental el “acoso, la deslegitimación y la desestabilización de los gobiernos bolivarianos y progresistas de la región”, advierte Borón.

De inadmisible, traición o amenaza fue calificado por gobernantes y personalidades de Latinoamérica el anuncio del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, de sellar un acuerdo de cooperación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para luego iniciar un proceso de acercamiento con miras a ingresar en el bloque.

La criticada propuesta forma parte de una obvia ofensiva para desconfigurar, a través de la vieja táctica de “divide y vencerás”, el nuevo mapa geopolítico latinoamericano, rediseñado a partir de procesos transformadores e integracionistas.

La Alianza del Pacífico, con su última cumbre en Cali, Colombia; la gira por la región del vicepresidente norteamericano, Joseph Biden; la visita del presidente chileno, Sebastián Piñera, a Estados Unidos; la de Barack Obama a México, y las perspectivas de Colombia de ser parte de la OTAN, no son casos aislados.

A todo esto se suma la impugnación de la oposición por supuesto fraude de las elecciones en Venezuela, donde ganó Nicolás Maduro, acompañada por la violencia con saldo de nueve muertos y denuncias de presunta división dentro de la fuerza socialista.

Para enrarecer más la atmósfera, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió a Henrique Capriles, perdedor de los comicios venezolanos, lo que generó el rechazo del gobierno de Maduro.

El politólogo argentino Atilio Borón asegura que Santos al recibirlo “le confirió legitimidad a sus escandalosas denuncias (…) y se alineó irresponsablemente con el líder del ala fascista y más radical y golpista de la derecha venezolana”.

Borón recalca en su artículo titulado Santos, la conjura contra Venezuela y la Alianza del Pacífico que “el sueño imposible del imperio es restablecer en Latinoamérica una situación anterior a la Revolución Cubana, cuando las órdenes de la Casa Blanca eran obedecidas sin chistar por los gobiernos de la región”.

Opina que ese es el sentido fundamental de la Alianza del Pacífico, integrada por México, Colombia, Perú y Chile.

Para el también académico, detrás de todo esto está “el meticuloso cumplimiento del proyecto de reversión de la correlación internacional de fuerzas en el hemisferio, que en el 2005 provocara el naufragio del ALCA en Mar del Plata (Argentina)”.

Toda esta estratagema de Washington tiene como componente fundamental el “acoso, la deslegitimación y la desestabilización de los gobiernos bolivarianos y progresistas de la región”, advierte Borón.

El mandatario de Bolivia, Evo Morales, también alerta constantemente de los afanes de la oligarquía y asegura que para este propósito divisionista y desestabilizador existe asesoría extranjera.

Juicio político, polémicas huelgas sindicales, el secuestro y el viejo recurso del uso de la fuerza militar en golpes de Estado se han empleado en estos años de cambio en el continente para revertir los cambios.

Desde el exterior, ahora, como un cubo de hielo a los logros integracionistas fue el anuncio de Santos de un posible acercamiento para ingresar a la OTAN.

Sin embargo, tal “iniciativa” no debe sorprender cuando el 30 de octubre de 2010, el gobierno de Colombia suscribió con Estados Unidos un convenio de cooperación militar que señalaba siete bases de la nación suramericana para que fueran usadas por tropas norteamericanas.

De acuerdo con el Tratado Naval de Washington, todas las bases militares pertenecientes a un Estado miembro de la OTAN pueden ser utilizadas en el marco de sus misiones, a pesar de que oficialmente no exhiban su insignia.

Morales calificó de amenaza para la región la decisión de Colombia de unirse al obsoleto pacto militar, creado con el objetivo de organizar a Europa ante la supuesta amenaza de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial y que, no obstante, es parte hoy de los principales conflictos bélicos del mundo.

“No podemos permitir que la OTAN intervenga Latinoamérica. Tener a la OTAN es una amenaza a nuestro continente, a Latinoamérica y el Caribe”, advirtió Morales.

La presencia de esa organización de potencias militares busca desestabilizar y atentar contra los gobiernos de izquierda de Latinoamérica, principalmente Venezuela, Ecuador, Nicaragua y la propia Bolivia, enfatizó.

De igual forma, Maduro recalcó que “nosotros (América Latina) “no tenemos nada que buscar en pactos de dominación y de guerra”.

Nuestra América, dijo, tiene que ser un territorio de paz, libre de armas nucleares, pues sería una locura abrirles nuestros territorios a ejércitos y a fuerzas armadas de otros continentes, y una traición a Simón Bolívar, a los libertadores y a nuestros pueblos.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, calificó de inadmisible las pretensiones de Colombia de ser parte de ese grupo militar.

El líder sandinista exhortó a conquistar la paz, pero a partir del desarrollo económico y de mejoras en servicios esenciales como educación y salud de los pueblos.

El Premio Nobel de la Paz 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, en declaraciones a Prensa Latina dijo que Santos no puede convertir a Colombia en un país agresor e invasor, asociándolo con la OTAN.

Mientras la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) son iniciativas de paz y de unión regional frente a las potencias, la OTAN representa todo lo opuesto, recalcó Pérez Esquivel.

La Alianza atlántica “es un organismo que fomenta las armas nucleares, el intervencionismo y la violación de los derechos humanos y de los pueblos”, puntualizó.

Latinoamérica parecía olvidada. Medio Oriente se convirtió en el centro de operaciones militares de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN: recursos energéticos y reposición geopolítica son el trasfondo de intervenciones militares so pretexto de luchas contra el terrorismo y supuesta tenencia de armas químicas, entre otros.

Mientras Irak y Afganistán eran expoliados por las fuerzas militares de la coalición, Latinoamérica construía el viejo sueño de la Patria Grande de los libertadores.

En medio de ese contexto de guerra liderado por Estados Unidos y la OTAN, en este hemisferio los países se organizaban para alcanzar el desarrollo armónico de sus pueblos en organismos como la Alianza para los Pueblos de Nuestra América, la Unasur y la Celac, con el liderazgo de Hugo Chávez.

Para la Casa Blanca -alerta Atilio Borón-, “hoy nada es más importante que aprovechar el momentáneo desconcierto provocado por la muerte de Chávez para reordenar lo que el Secretario de Estado John Kerry denominara -en una expresión que por su carácter despectivo había caído en desuso- al â��patio traseroâ�Ö de Washington.”

 Por Odalys Troya Flores *

La Habana (PL)

*Jefa de la redacción América del Sur de Prensa Latina.

arb/otf

Control de la América Latina

060502-N-2779T-002

Desde el siglo XIX, Estados Unidos considera Latinoamérica como su zona de influencia (Doctrina Monroe), pero no fue hasta 1903 que creó el SouthCom o “Comando Sur”, como se le denomina en ese continente. El objetivo, en aquel entonces, era apropiarse de la zona del ferrocarril que conectaba el Atlántico con el Pacífico para abrir allí un canal interoceánico. En detrimento de Colombia, Washington suscitó entonces un movimiento secesionista que dio lugar a la aparición de Panamá como país y envió sus tropas para «garantizar la seguridad del nuevo Estado».

Durante la guerra fría, el Comando Sur o SouthCom respaldó abiertamente las dictaduras militares de derecha y, más discretamente, dirigió incluso la represión contra las guerrillas marxistas, bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico. Esta evolución dio lugar a una reforma estructural paulatina del SouthCom, que ahora trabaja en estrecha coordinación con numerosas agencias estadounidenses en vez de hacerlo únicamente bajo las órdenes del Departamento de Defensa.

Hoy se prevé un fortalecimiento del SouthCom, a medida que Estados Unidos vaya retirándose del Gran Medio Oriente, para concentrar sus esfuerzos en las zonas petrolíferas del Caribe. Para mostrar músculo ante Venezuela y Cuba, Washington reactivó la IV Flota en 2008, derrocó en 2009 el gobierno de Honduras que quiso cerrar la base estadounidense de escucha de Soto Cano y abrió 7 nuevas bases militares en Colombia, también en 2009.

TOMADO DE VOLTAIRE

Una rosa roja para Rosa Luxemburgo

“Sin la participación de las mujeres no se puede hacer la revolución”

 

English: Rosa Luxemburg, socialist revolutiona...
English: Rosa Luxemburg, socialist revolutionary leader. Español: Rosa Luxemburgo, dirigente socialista revolucionaria. (Photo credit: Wikipedia)

 

Si algo grafica fielmente la ferocidad del capitalismo y de la derecha en general, fue ese culatazo salvaje con el que un soldado al servicio de la socialdemocracia alemana le destrozó la cabeza a esa inmensa, noble y amorosa mujer, la gran teórica y activista de la revolución mundial Rosa Luxemburgo. Su cuerpo fue arrojado a un río de donde se rescató cinco meses después. Esto, en plena efervescencia de la revolución alemana de noviembre de 1918 que ella había impulsado a través de su liga Espartaco y había depuesto al káiser. La acompañaron en el martirio el amor de su vida y camarada León Jogiches y su gran compañero de lucha Carlos Liebknecht. Esto ocurrió el 15 de enero de 1919 cuando Rosa contaba apenas 48 años, y el importante aniversario me parece, se nos pasó desapercibido a los militantes de la libertad y el socialismo.

Rosa Luxemburgo es a nivel mundial, el gran norte hacia donde deben mirar las mujeres revolucionarias. Militancia, abnegación, estudio y producción teórica –además de cárcel-, fueron desde su más temprana juventud la causa y oficio de esta infatigable mujer, quien enseñó y pregonó a las mujeres y a los hombres del mundo que el enemigo es el capitalismo, y que la revolución se hace con organización y movilización, pero también con análisis e ideología por parte de los obreros. ¡Ah! Y que ha de ser internacional, porque tal es la naturaleza del proletariado, como es la del capitalismo. Y lanzó una recia frase provocadora: “La revolución es magnífica…..Todo lo demás es un disparate”

Gran polemista, no se diga con sus ex socios de la social democracia alemana y polaca sino con sus propios compañeros revolucionarios y aún con Lenin y Trosky, Rosa tuvo el genio visionario de apenas despuntando el régimen nacido de la gran revolución de octubre, ya en 1918 escribía – y desde la cárcel-, páginas críticas del manejo político que se estaba haciendo del nuevo poder. Demasiado prematuras en verdad esas críticas, ella misma al parecer no se decidió a publicarlas. Sin embargo, sorprende que una vez caído el campo socialista y la Unión Soviética sesenta años después, los analistas del insólito suceso apuntan como responsables a aquellos vicios y falencias que ya Rosa desde prisión temía en el naciente régimen: el peligro de que la burocracia autoritaria cooptara a la democracia.

Rosa aunque en su temprana vida política porfió bastante en su relación y asociación con los socialdemócratas para combatir el régimen imperialista alemán, pronto desdeñó las ilusiones de sus socios de reformar el capitalismo hasta hacerlo bueno, vio que esto era una entelequia, y que lo que era malo no se tornaría bueno y menos por voluntad propia. Entonces, su actividad política y teórica la dedicó con gran empeño en denunciar la farsa del oportunismo y el reformismo en sus numerosas vertientes. Y acuñó su legendaria consigna: Socialismo o barbarie. Cruel, pero sapiente, la maestra Historia quiso que su muerte fuera la más firme validación de su proclama.

El espíritu atrevido, el corazón ardiente y la firme voluntad de la “pequeña” Rosa eran el motor de la rebelión” así la describe su gran amiga, la revolucionaria y feminista Clara Zetkin, en los días en que parecía que los obreros habían dado al traste definitivo con el régimen monárquico alemán. Y es que Rosa tuvo la osadía de impugnar todas las relaciones de poder, sometiéndolas a la critica de si estaban basadas en la democracia y la libertad, y por esa vía en el bienestar del sujeto más débil de esa relación. Consecuente y coherente, se opuso también a la Primera Guerra Mundial que concitaba la pasión nacionalista del pueblo alemán, y criticó duramente a los parlamentarios socialistas de la II Internacional que aprobaban créditos para sostenerla.

Rosa Luxemburgo, polaca del mundo que pasa por alemana y bien pudiera ser boliviana o argentina, estaría hoy celebrando pero más que todo trabajando en construcción teórica, organización y formación de los equipos de cuadros políticos y de nuevos sujetos colectivos de la revolución que insurge en América Latina. Realidad que ha creado un panorama impensable hace apenas veinticinco años. Y con su Liga Espartaco estaría en primera fila en las tomas de predios de Los Sin Tierra en el Brasil, dirigiendo alguna Misión en Barquisimeto, sustentando las nacionalizaciones de Evo en Bolivia, demostrando por milésima vez la justeza del régimen cubano, animando a Pepe Mojica, y demoliendo las falacias ínsitas en el discurso neoliberal que cubre de miseria ya no sólo estas tierras, sino que igual amenaza al llamado primer mundo.

Gracias querida Rosa por el testimonio que nos diste y el camino que trazaste. Sin alcanzar tu talla ni aún tu ideología, ya hemos tenido y tenemos mujeres dirigentes y gobernantes –Guatemala, Colombia, Brasil, Chile, Argentina– que de alguna manera han sido inspiradas en esa hermosa senda que fue tu vida. Por eso, nos cuenta tu biógrafo Néstor Kohan, que en el puente donde los asesinos arrojaron tu cuerpo, siguen apareciendo periódicamente rosas rojas.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

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 TodosAguilar Montero, Luis ÁngelAlba Rico, SantiagoAller, JesúsAmin, SamirAmorós, MarioAndrade Bone, EduardoAvnery, UriBeinstein, JorgeBorón, AtilioBuen Abad Domínguez, FernandoCasasús, Mario Chomsky, NoamCollon, MichelColussi, MarceloCompany, Juan MiguelDieterich, HeinzElizalde, Rosa MiriamEngler, MarkFierro, José DanielFisk, RobertFrabetti, CarloGaudichaud, FranckGelman, JuanGil de San Vicente, IñakiGopegui, BelénGuerra, ÁngelGustavo Duch GuillotHarnecker, MartaJamail, DahrKlein, NaomiKohan, NéstorKoldoLamrani, SalimLandau, SaulLópez Arnal, SalvadorLópez Blanch, HedelbertoLópez-Angulo, BlasLucía Sepúlveda RuizMaira, AntonioMalimeMartín Seco, Juan FranciscoMartínez, CarlosMiras, JoaquínMoore, MichaelNavarro, VicençOrtiz, JavierOtero, LisandroParís, CarlosPaye, Jean-ClaudePetras, JamesPiris, AlbertoPitarch, José LuisPolo, HiginioRamonet, IgnacioRauber, IsabelReig, RamónRoca Jusmet, LuisRoitman, MarcosRomano, VicenteRoy, ArundhatiRoyo, SimónSader, EmirSerrano, PascualShiva, VandanaSubcomandante MarcosTaibo, CarlosTalens, ManuelToledano, MaríaTorres López, JuanUmpiérrez Sánchez, FranciscoVarea, CarlosWoods, AlanZamora R., Augusto

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Robert García

 

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Trastornos globales en el mediano plazo

Immanuel Wallerstein

Opinión
Apuntes para una discusión sobre El orden de El Capital

Luis Alegre, Carlos Fernández Liria, Eduardo Maura y Jacobo Muñoz

Venezuela
América o Las Indias: el día que Miss Mundo levantó el puño

Thierry Deronne y Neirlay Andrade

Cultura
Descubriendo a John Cage: Sobre ruidos, panes y perros

David Antona González

Europa
Reflexiones desde “El norte de Irlanda” ante la ola de violencia lealista

Rafa

México

16 posdatas del Subcomandante Marcos

Apagando el fuego con gasolina (posdatas a la carta gráfica)

Subcomandante Marcos

Chile
Al sur se caen las máscaras

Raúl H. Contreras Román

América Latina y Caribe

A 3 años del terremoto entrevistamos a Henry Boisrolin del Comité Democrático Haitiano

“Tenemos que repetir lo que hicieron los esclavos en 1804”

Mario Hernandez
Conocimiento Libre

-Creador de RSS y activista político por los derechos de los usuarios en internet
 Se suicidó Aaron Swartz
Pablo Gutiérrez

Cultura

Novedad editorial: El traje del emperador: 13 propuestas para desnudar el poder
Concepción Cruz, Cristina Ibáñez y Susana Moreno

África

América Latina y Caribe

-Perú
-Honduras: Ya son 80 campesinos asesinados durante el régimen de Lobo
-Haití

Argentina

La economía en año electoral
Julio C. Gambina
-Reseña de teatro “Patria Perra” – Grupo La Cuarta Pared

Bolivia

-Una victoria cultural

Chile

Los mapuches y el fantasma terrorista
Luís García Huidobro
-Guillermo Teillier inaugura la Fiesta de los Abrazos 2013

Colombia

-Entrevista a la combatiente y delegada de paz de las FARC-EP en La Habana

Cuba

-Deseos de justicia y libertad en 2013 y la segunda oportunidad de Obama
 Obama give me five
Wilki Delgado Correa

EE.UU.

-Escuadrones de la muerte en Irak y Siria. Las raíces históricas de la guerra encubierta de EE.UU./OTAN en Siria
España

-Una movilización histórica
-El proyecto para requisar y rehabilitar casas en mal estado cuyos titulares desatienden arrancará con 48 inmuebles de l’Alquerieta
-Escándalo en la sanidad madrileña
-Entrevista con Alfonso Fernández, “Alfon”, el único detenido del 14N que ha permanecido 56 días detenido
-La refutación de una explicación Real
-Un brigadista de nombre desconocido

Europa

México

Mundo

-Invasiones británicas

Palestina y Oriente Próximo

Venezuela

Tragicómix

Tornapunta
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