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A LA DERECHA VENEZOLANA SE LE PELO EL BILLETE

Señaló Ignacio Ramonet

Con la guerra económica la derecha venezolana buscaba crear la atmósfera para un golpe de Estado

El periodista francés explicó que la burguesía implementó en el país el mismo manual de la CIA que acabó con gobiernos progresistas en Latinoamérica, como sucedió en Chile con el derrocamiento de Salvador Allende

A través de la guerra económica, la derecha buscaba crear las condiciones necesarias para impulsar un golpe de Estado contra el Gobierno constitucional del presidente venezolano Nicolás Maduro, así lo señaló el periodista de origen español Ignacio Ramonet.
“Esto se parece mucho al golpe de Estado, de manual de la CIA, que se llevó a cabo en varios país y el país que más recordamos, el más semejante a lo que se estaba haciendo aquí es lo que pasó en Chile, en los meses, semanas que precedieron al golpe de Estado del 11 de setiembre del 73”, dijo.
Explicó que la burguesía intentó generar una atmósfera para que los medios privados tuvieran elementos para desacreditar la gestión de Maduro y acusarlo de ser el causante de los problemas económicos generados por ellos mismos.
“Yo creo que el presidente Maduro ha entendido rápidamente, ha hecho una lectura muy inteligente de lo que estaba pasando y ha tomado iniciativas y estas iniciativas pues precisamente están empezando a dar resultados en todo”, precisó durante una entrevista en el programa Contragolpe, que transmite Venezolana de Televisión.
Indicó que el objetivo inmediato de la derecha era provocar una situación que la llevara a ganar las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre, posteriormente relanzar la campaña de ilegitimidad contra el Gobierno Revolucionario y seguidamente lanzar un referéndum revocatorio contra el Presidente.
“Esta posibilidad de derrocar al Presidente, yo pienso que era la operación que estaba montada y yo creo que el presidente Maduro la ha desmontado y la está desmontando”, subrayó el director de Le Monde Diplomatique.
El escritor expresó que la oposición subestimó al jefe de Estado, pues este sector no se imaginaba que tomaría el conjunto de decisiones económicas que ordenó para proteger al pueblo contra delitos como la especulación, el acaparamiento y la usura.
Ramonet destacó que al mandatario nacional se le ha visto en las últimas semanas “dirigiendo un verdadero Estado Mayor, con una actitud de mariscal de campo, presente en todas las batallas (…) un hombre que está en todos los frentes y que está muy presente con una voluntad muy ofensiva”.
Aplaudió las políticas económicas ejecutadas en el país, pues consideró que es necesario que se establezca un control de ganancias para los empresarios, tal como sucede en otras naciones, incluyendo las más desarrolladas del mundo.
T / Yorcellys Bastidas

 

“Considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI

Entrevista a Marta Harnecker

“Considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI cuyo gran promotor fue el presidente Chávez”

Entrevista a Marta Harnecker realizada por Isabel Rauber, en el Programa “Visión Nacional”, en AM 870, Radio Nacional Argentina, el domingo 16 de septiembre de 2013
‑Tu eres una militante chilena que tuviste que exiliarte producto del Golpe, ¿cómo viviste aquellos sucesos? –

Primero quiero agradecerte la posibilidad de conversar contigo y llevar este diálogo a todas y todos aquellos compañeros interesados en estudiar el pasado para construir el futuro, así titulé un artículo sobre el tema de la Unidad Popular que publiqué hace 10 años atrás.

Yo era como tú dices una militante del Partido Socialista chileno y en el momento del golpe mi primera militancia era dirigir la revista política Chile hoy, una revista con un valor informativo especial, porque siendo un órgano de la Unidad Popular, el frente político que apoyaba a Allende, estaba abierto a toda la izquierda y de hecho el MIR chileno fue el que nos proporcionaba los datos de inteligencia que nos advertían que se estaba preparando un golpe.

El golpe en Chile, fue un golpe anunciado. Desde el primer intento de golpe ocurrido en el 29 junio 1973 conducido por el general Viaux, vivimos en constante zozobra.

La amenaza de golpe estaba diariamente presente. Al comienzo toda la izquierda tomaba medidas para enfrentarlo, pero ocurrió como el cuento de Pedrito y el lobo, de tanto anunciar que venía el lobo, y no llegaba, cuando el lobo llegó no estaba preparado para enfrentar. Eso ocurrió con los dirigentes de la izquierda. Muchos de ellos, en ese momento estaban durmiendo en sus casas.

Habíamos empezado a coordinar con el MIR chileno el paso a la clandestinidad de la revista. Este era el partido más preparado para darnos dicha asesoría. La instrucción que habíamos recibido del dirigente nacional encargado de estas actividades era que estuviésemos atentos al levantamiento que se daría en los cuarteles en contra de los militares golpistas.

Este levantamiento nunca se dio. Los mandos golpistas dieron un golpe dentro de las propias fuerzas armadas apresando a los generales más cercanos al presidente Allende, entre ellos al general Bachelet, padre de Michelle, la ex presidenta y actual candidata a la elección presidencial en Chile.

El día 11 el golpe nos pilló por sorpresa. No recuerdo quién me llamó en la madrugada avisándome y rápidamente decidimos irnos todo el equipo que producía la revista al departamento de uno de nuestros periodistas que quedaba a unas 10 cuadras de la moneda.

Allí nos enteramos por la radio del bombardeo de la Moneda y de que el departamento en que estábamos quedaba y que la zona que fue declarada zona de toque de queda durante tres días.

Estando en el departamento recibimos la visita una patrulla militar que en revisó todos nuestros enseres pero felizmente no reconoció a ninguno. ¡Pasamos un gran susto!

Muy pronto yo aparecí en la lista de las personas buscadas. Había una lista de políticos y otra de periodistas, yo figuraba en esta última lista. Poco antes del golpe había recibido en la sede de la revista una visita de generales de la Fuerza Aérea amenazándonos por el tipo de información que estábamos dando acerca de los preparativos del golpe. Terminado el toque de queda, traté de volver a mi departamento pero no pude hacerlo. Una junta fascista se había instalado en los bajos del edificio y controlaba a todo el que entraba o salía.

Pasé algunos días en casas de seguridad. Desde allí hice contacto con el MIR. Se descarto la posibilidad de sacar clandestinamente la revista. Decidí entonces salir del país. Me refugié en la embajada de Venezuela y cuatro meses me dieron salvoconducto para partir a Cuba.

La gran tristeza y frustración que me provocó el golpe militar fue compensada por el encuentro con el que luego fue mi compañero y padre de mi única hija, el comandante Manuel Piñeiro, más conocido como Barbarroja. Cuba fue mi segunda patria. El cariño y la solidaridad de su pueblo me hicieron sentir siempre como que estuviese en mi casa. 

‑¿Cuál consideras tú que sería el mensaje fundamental para el quehacer actual de los gobiernos populares en el continente, en lo que hace a la relación con sus pueblos y a la relación con el poder?

‑Sabes Isabel que yo considero que el proyecto socialista de Allende fue precursor del socialismo del siglo XXI cuyo gran promotor fue el presidente Chávez. Allende no sólo fue el primer presidente socialista electo democráticamente en el mundo, sino que fue el primero en pretender avanzar al socialismo por la vía institucional y el primero en entender que para hacer esto debía distanciarse del modelo soviético.

Ese socialismo no podía ser impuesto desde arriba, tenía que contar con un apoyo muy mayoritario de la población, y tenía que estar inserto en las tradiciones nacionales, un socialismo con vino tinto y empanadas como él lo catalogaba, es decir, una sociedad socialista democrática enraizada en las tradiciones nacional‑populares. Por desgracia, el proyecto de Allende fue demasiado heterodoxo para izquierda chilena de entonces que era demasiado ortodoxa cuyos planteamientos no se correspondían con los nuevos desafíos que el país estaba viviendo. Te pongo algunos ejemplos de esa ortodoxia:

Cuando Allende hablaba del tránsito democrático al socialismo, sectores de la izquierda pintaban en los muros: ¡Viva la dictadura del proletariado!;Cuando Allende —tomando en cuenta que el electorado chileno estaba dividido en forma muy gruesa en tres tercios: los conservadores, los demócrata cristianos y la izquierda, con una leve preponderancia de la izquierda‑, planteaba la necesidad de contar con el apoyo de los demócrata cristianos, con el cual se podría lograr un apoyo mayoritario de la población al proyecto, nuestra izquierda actuaba muy sectariamente enfrentando a los militantes de ese partido; nunca entendió la necesidad de aliarse con fuerzas que catalogaba como burguesas;Cuando Allende hablaba de ganar a sectores de la burguesía para su proyecto, una parte importante de la izquierda reafirmaba que nuestro enemigo era toda la burguesía;

Mientras Allende quería consolidar lo avanzado en el plano económico: la estatización de las grandes empresas estratégicas, teniendo muy claro los límites del poder con que contaba, sectores de la izquierda se tomaban pequeñas empresas y pedían su nacionalización, exigiendo más radicalidad a Allende. Cuando Allende luchaba por conseguir una conducción única del proceso, los partidos más fuertes: el socialista y el comunista, hacían públicas sus divergencias.

Una de las grandes limitaciones que tuvo el gobierno de Allende fue el marco institucional heredado. Aunque el Presidente y la Unidad Popular tenían clara la necesidad de elaborar una nueva constitución para cambiar las reglas del juego institucional y facilitar el tránsito pacífico socialismo, y de hecho el presidente Allende entregó a los partidos que componían la unidad popular una propuesta de nueva constitución en septiembre de 1972; nunca se hizo una convocatoria para llevar adelante este proyecto. Creo importante estudiarla porque allí están plasmadas las ideas de Allende sobre cómo debería ser el tránsito social a partir de la realidad chilena.

¿Y por qué entonces no se llevó nunca adelante una convocatoria?, porque se estimó que la Unidad Popular todavía no tenía el apoyo electoral mayoritario que era indispensable para llevar adelante un proceso constituyente con éxito. La UP nunca logró llegar al 50% más de los votos. La gran pregunta que la historia no puede responder es qué hubiera pasado si dicha coalición política hubiese decidido tensionar sus fuerzas y hacer un trabajo casa por casa para ganar a la población para su proyecto. Quizás aquí faltó audacia, esa audacia que tuvo el Presidente Chávez cuando la oposición llama a un referéndum para derrocarlo y él acepta ir al combate aunque en ese momento las encuestas le daban una aceptación muy baja. Él acepta a pesar de estar en ese momento en condiciones de inferioridad, pero inmediatamente planifica cómo lograr las fuerzas para triunfar en esa contienda y crea la idea de las patrullas, es decir grupos de 10 personas a las que podía integrarse gente sin militancia en partidos pero que simpatizaba con Chávez, cada una de ellas debía lograr el apoyo de otras 10 con un trabajo casa por casa.

Otra lección es que yo creo fundamental del proceso chileno es la importancia de la organización popular en la base. Una de las grandes debilidades nuestras fue no entender esto. Fue delegar la acción política en los políticos, o más bien, el hecho de que los políticos se apropiaron de la política, y con ello los Comités de Unidad Popular —que fueron básicos para el triunfo electoral de Allende— comenzaron a debilitarse y a desaparecer. 

‑¿Cuáles serían los desafíos y las tareas principales para los movimientos populares y la izquierda latinoamericana?

‑Pienso que nuestra izquierda y nuestros movimientos populares deben tener muy presente lo ocurrido en la experiencia chilena para no repetir los mismos errores.

Tenemos que entender que para construir una sociedad alternativa al capitalismo esencialmente democrática tenemos que ser capaces de ganarlos el corazón y la cabeza de la mayoría de la gente. Que la crisis actual del capitalismo hace que cada vez mayores sectores se sientan afectados. Ya no sólo existen condiciones objetivas sino también condiciones subjetivas para que cada vez más personas entiendan que el capitalismo no es la solución para sus problemas cotidianos.

Necesitamos elaborar un proyecto alternativo y a ello pueden contribuir especialmente las experiencias de los gobiernos y movimientos populares en los países más avanzados de nuestra región. Se requiere una militancia nueva en que su forma de vivir y trabajar políticamente prefiguren la nueva sociedad Militantes que encarnen en su vida cotidiana los valores que dicen defender. Deben ser democráticos, solidarios, dispuestos a cooperar con los demás, a practicar la camaradería, la honestidad a toda prueba, la sobriedad. Deben proyectar vitalidad y alegría de vivir.

Si luchamos por la liberación social de la mujer, debemos empezar desde ya por transformar las relaciones hombre‑mujer en el seno de la familia;

Nuestros militantes deben capaces de aprender de los nuevos actores sociales del siglo XXI. Estos son particularmente sensibles al tema de la democracia. Sus luchas han tenido generalmente como punto de partida la lucha contra la opresión y la discriminación. De ahí que rechacen ser manipulados y exijan que se respete su autonomía y que puedan participar democráticamente en la toma de decisiones. Pienso que nuestros militantes deben ser también disciplinados. Se que este no es un tema muy simpático para muchos. A mí me gusta citar a uno de los coordinadores nacionales del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, Joao Pedro Stédile, quien dice: “Si no hay un mínimo de disciplina, que haga que las personas respeten las decisiones de las instancias no se construye una organización. “La disciplina consiste en aceptar las reglas del juego. Hemos aprendido [esto] hasta del fútbol y la Iglesia Católica, que es una de las organizaciones más antiguas del mundo. […] Si alguien está en la organización por su libre voluntad, tiene que ayudar a construir las reglas y a respetarlas, tiene que tener disciplina, tiene que respetar al colectivo. Si no, la organización no crece.” Pero esto no debe significar que nuestros cuadros deban tener una mentalidad de ordeno y mando, deben ser pedagogos populares , respetuosos de la iniciativa creadora de la gente. Por otra parte, se requiere de una nueva cultura política: una cultura pluralista y tolerante, que ponga por encima lo que une y deje en segundo plano lo que divide; que promueva la unidad en torno a valores como: la solidaridad, el humanismo, el respeto a las diferencias, la defensa de la naturaleza, rechazando el afán de lucro y las leyes del mercado como principios rectores de la actividad humana. Necesitamos una izquierda que comienza a darse cuenta que la radicalidad no está en levantar las consignas más radicales ni en realizar las acciones más radicales —que sólo unos pocos siguen porque asustan a la mayoría—, sino en ser capaces de crear espacios de encuentro y de lucha para amplios sectores; porque constatar que somos muchos los que estamos en la misma lucha es lo que nos hace fuertes, es lo que nos radicaliza. Una izquierda que entienda que hay que ganar hegemonía, es decir, que hay que convencer en lugar de imponer. Una izquierda que entienda que más importante que lo que hayamos hecho en el pasado, es lo hagamos juntos en el futuro por conquistar nuestra soberanía y construir una sociedad que permita el pleno desarrollo del ser humano: la sociedad socialista del siglo XXI.

Mensaje final 

-Por último, quiero decirles que si bien el capitalismo está en crisis, este no desaparecerá por sí sólo. Si nuestros pueblos no se unen, organizan y luchan con inteligencia, creatividad y coraje, el capitalismo buscará la forma de recomponerse. Nuestros pueblos han dicho basta y echado a andar, ahora no deben detenerse, ¡la lucha es larga pero el futuro es nuestro

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
 
 

 

NERUDA, 40 AÑOS DE LA MUERTE DE UN POETA APASIONADO

Pablo-NerudaPoeta apasionado, Pablo Neruda degustó los placeres de la vida, amó a las mujeres y se comprometió con el socialismo en Chile, donde falleció a días del deceso de su amigo Salvador Allende.
Murió 12 días después del golpe militar, un 23 de septiembre, y hoy la justicia investiga si fue envenenado por los esbirros de su régimen.
Tras el suicidio de Allende en el palacio de La Moneda, Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971 y comunista, era quizás la figura más emblemática de la vía chilena al socialismo, que tantas esperanzas había despertado.
La asonada militar fue un mazazo para el poeta y lo sorprendió en su casa de Isla Negra, un poblado a orillas del Pacífico, enfermo de un cáncer de próstata que lo alejó de la vida pública.
Los días siguientes, las fuerzas golpistas asediaron a Neruda e incluso requisaron su casa.
“Miren por todas partes; solo encontrarán una cosa peligrosa para ustedes: Poesía”, dijo Neruda a sus represores.
Mientras sus amigos eran detenidos, algunos asesinados, el poeta decidió exiliarse en México. Pero el 19 de septiembre, debido a su enfermedad y a un fuerte deterioro emocional, fue trasladado a la clínica Santa María en Santiago, donde murió cuatro días después.
Si bien el informe de defunción indicó que Neruda murió por complicaciones del cáncer, las dudas sobre su fallecimiento surgieron luego de que su ex chofer y asistente, Manuel Araya, denunciara su posible asesinato.
Araya contó que Neruda, la tarde del 23 de septiembre de 1973, les dijo a él y a su esposa, Matilde Urrutia, que un médico le había inoculado una inyección que había empeorado su estado.
El chofer fue enviado a comprar un remedio, pero en el camino fue detenido y torturado. Pocas horas después, el poeta falleció.
Los restos de Neruda fueron exhumados en abril pasado en el marco de una investigación judicial, y enviados a España y Estados Unidos para analizar la causa de su deceso.
El poeta
Neftalí Reyes Basualto nació el 12 de julio de 1904 en la localidad de Parral, en el sur de nuestro país, pero adoptó a sus 17 años el nombre de Pablo Neruda en un intento por ocultar a su padre el oficio que lo apasionaba, sin que hasta hoy haya certeza sobre qué inspiró el seudónimo.
Mostró desde joven sus dotes literarias que lo catapultaron al concierto mundial de la poesía y obtuvo el premio Nobel en octubre de 1971.
La pluma de Neruda se caracterizó por su universalidad plasmada en obras como “Residencia en la Tierra”, “Canto General”, “Odas Elementales” y “Confieso que he Vivido”, o también en los versos que dedicó al caldillo de congrio, la alegría, el libro, el mar, el tiempo, la tristeza o el vino, o a través de “Canto General” o poemas como “Alturas de Machu Picchu”, con las que se introdujo a la historia sudamericana.
La literatura nerudiana trascendió fronteras gracias a sus obrás más románticas: “20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada” y los “Versos del Capitán”.
El amante
Aunque se consideraba un hombre sin atractivo físico, tímido e inseguro, Neruda se casó tres veces y tuvo al menos media decena de furtivas amantes, de las que se inspiró para crear sus mundialmente famosos versos de amor.
“Un poeta tiene que estar siempre enamorado, hasta el último minuto de su vida”, le confesó a la periodista uruguaya María Esther Gillio, en una entrevista en 1970.
En 1930 se casó en Batavia (hoy Yakarta) con la holandesa María Antonieta Hagenaar, su primera esposa, con quien tuvo una hija: Malva Marina, quien murió a los ocho años a causa de una hidrocefalia.
Aún casado, se enamoró de la refinada artista plástica argentina, Delia del Carril, 20 años mayor, y quien habría tenido la mayor influencia sobre el poeta, transformándose en una especie de ‘madre intelectual’ durante los 20 años en los que estuvieron juntos.
Casado con Delia, apodada ‘la hormiguita’, vivió en México, donde inicia un secreto romance con la soprano chilena Matilde Urrutia, luego su tercera esposa, con quien vivió sus últimos días en su casa de Isla Negra, donde se encuentran las tumbas de ambos.
Al final, su vida fue atormentada por una relación que mantuvo con la sobrina de Matilde, Alicia Urrutia.
El político
Pablo Neruda tuvo una activa militancia en el Partido Comunista y en 1945 se convirtió en senador por las provincias norteñas de Tarapacá y Antofagasta, situación en la que habría conocido al socialista Salvador Allende.
En 1948 Neruda es exiliado por el entonces presidente Gabriel González Videla, quien le acusó de graves injurias y también proscribió al Partido Comunista. El poeta debió salir clandestinamente a Argentina montado en un caballo, y luego a Europa.
En 1970, ya de regreso en Chile, Neruda es proclamado precandidato presidencial por los comunistas, pero decide declinar su postulación para apoyar la de Allende, quien se convertiría en presidente y que en 1971 lo nombró embajador en Francia.
Neruda, quien retornó a Chile en 1972, fue un defensor a ultranza del gobierno socialista y un férreo opositor al golpe de estado de Agusto Pinochet.
El poeta también tuvo un vasta carrera diplomática y fue cónsul en Rangún (Birmania), Singapur, México y España.
(Tomado de biobiochile.cl)
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Las armas químicas de la dictadura de Pinochet

ReportajesEscrito por Mónica González   

 
 

La revelación de la ex directora del ISP Ingrid Heitmann respecto de que las armas químicas de la dictadura fueron destruidas recién en 2008 y sin informar a nadie, causó estupor. ¿De dónde salieron? En el marco del proyecto Los Casos de Los Archivos del Cardenal, de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales, la directora de CIPER, Mónica González, relató en detalle la escabrosa historia de las armas químicas de la dictadura.

Esa noche de septiembre de 1976, el avión Lan despegó desde Santiago sin contratiempos. Su destino: Washington. Entre sus pasajeros, un hombre alto y con pinta de gringo. En su bolso de mano, cuidadosamente envuelto, un frasco de perfume Chanel Nº 5. Ninguno de los pasajeros supo que si una fuerte turbulencia los hubiera atrapado en la travesía, el contenido de ese glamoroso frasco les habría provocado la muerte. Porque el “gringo” era Michael Townley y su frasco no contenía perfume sino gas sarín con el que se pretendía asesinar al ex canciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, quien vivía en la capital de Estados Unidos y había sido identificado como enemigo a eliminar por Augusto Pinochet y la DINA, su principal servicio secreto, del cual Townley era uno de los agentes más importantes.

Nunca se pudo establecer por qué el plan original de matar a Letelier arrojándole gas sarín en su almohada fue desechado. Se optó finalmente por la bomba que hizo estallar su auto en pleno corazón del barrio de las embajadas de Washington, el 26 de ese mismo septiembre. Y si bien muy pronto la justicia estadounidense puso en la mira al régimen militar chileno como principal sospechoso, pasarían años antes de que se supiera que en Chile la DINA y el Ejército habían fabricado armas químicas para eliminar a opositores y testigos molestos, y también como armas de destrucción masiva.

El primer cerrojo de la seguridad del laboratorio secreto de la DINA se rompió en marzo de 1978, ante la presión de Estados Unidos y del fiscal de ese país Eugene Propper, quien llegó a Santiago el 17 de marzo para agilizar personalmente la respuesta al exhorto enviado por el crimen de Letelier. Sin que los ciudadanos se enteraran, en esos días los cimientos de la dictadura se remecieron. La suerte de Michael Townley y del general Manuel Contreras se jugó entre dos bandos que se enfrentaron duramente. Finalmente, se decidió negociar la entrega de Townley. Fue entonces que su esposa, Mariana Callejas, se jugó un último recurso. Y le envió una carta manuscrita al general Gustavo Leigh, comdandante en jefe de la Fuerza Aérea, y en ese momento el principal detractor interno de Pinochet.

“Lo he pensado mucho. La Patria no es el Gobierno. Este Gobierno puede caer, la Patria continuará. Yo puedo morir, pero mis hijos sabrán, junto con todo el mundo, por qué está su padre en prisión. Nada puede detener ya lo que podría ser revelado, solamente yo puedo impedirlo, pero mi marido fue lanzado a los leones, estoy a la espera de nuevos acontecimientos. Mi última carta si mi marido recibe una condena larga y veo que mi hogar queda totalmente destruido, es la fórmula y una muestra de Andrea, producto químico desarrollado aquí, de increíble precisión y altura científica, un producto letal que en caso de guerra sería un arma absolutamente eficaz, pero que aquí ha sido usado para eliminar a personajes molestos porque los resultados son aparentemente un ataque al corazón” (1).

Townley fue expulsado a Estados Unidos en abril de 1978. En Chile los enfrentamientos al interior del régimen continuarían por largos meses y Callejas se desquitaría entregándole más tarde al FBI las confesiones que le dejó su marido horas antes de abandonar el país, donde relataba con detalles cómo se decidió la construcción del laboratorio de las armas químicas y los nombres de algunas de sus víctimas. En Chile nada se supo y nuevas víctimas se agregaron a la lista de Andrea.

Mariana Callejas conservó en su poder el frasco con sarín.

Millones para Lo Curro

La decisión de fabricar armas químicas en Chile se adoptó recién iniciado el año 1975. Fue el propio Manuel Contreras, jefe de la DINA, quien se la comunicó a Michael Townley. La cita se realizó en el cuartel general del organismo secreto, en calle Belgrado, cuando Contreras le entregó las instrucciones específicas y US$ 25 mil para una nueva misión que debía cumplir en México. Entonces se planificó el asesinaro del ex ministro de Economía de Allende, Pedro Vuskovic, entre otros dirigentes de la Unidad Popular que se reunirían en la capital mexicana.

En la confesión que hizo de su puño y letra el 14 de marzo de 1978 y que le dejó a Mariana Callejas, Townley resume esa reunión. Allí Contreras le informó que se daría inicio a la operación química y electrónica, para lo cual se compraría una casa que reuniera las características indispensables para asegurar el secreto de lo que en ese laboratorio se fabricaría. Townley debía encontrar el inmueble.

El fracaso del plan en México no fue obstáculo para el inicio de la operación. Una gran casa en el entonces aislado sector de Lo Curro, en Vía Naranja N° 4925, concitó el entusiasmo de Townley y Callejas, quienes de inmediato dejaron su vivienda en Pio X y se mudaron junto a sus hijos a la nueva residencia el 24 de enero de 1975, tras el pago de los US$ 25 mil desembolsados por Contreras.

Cinco meses después se firmó la escritura en la Notaría de Gustavo Bopp Blu. El documento lleva la firma de Miguel Ángel Vidaurre Folch, publicista, como el vendedor; y de Diego Castro Castañeda, “comerciante, domiciliado en calle Nevería N° 1.418” y Rodolfo Schmidt Menz, “comerciante, domiciliado en Providencia Nº 2.318”, en calidad de compradores. En las investigaciones judiciales posteriores ha quedado establecido que Diego Castro era la identidad falsa del entonces coronel Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, mientras la de Schmidt correspondía al mayor Rolando Acuña, quien actuaba como abogado para las operaciones secretas de la DINA. Ambos firman en representación de la sociedad Prosin Limitada, una sociedad pantalla de la DINA que se usó para múltiples compras en el exterior (2).

Desde el Cuartel General de la DINA se proveyó al nuevo cuartel Quetropillán, en Lo Curro, de una custodia armada permanente que resguardara el laboratorio químico que rápidamente se empezó a habilitar, además de los sofisticados equipos electrónicos para captar señales distantes y emitir mensajes al exterior que Townley instaló en el lugar. El jefe de Quetropillan tuvo derecho también a dos chóferes militares: Carlos Sáez Sanhueza y Ricardo Muñoz Cerda.

El maestro carpintero Martín Melian fue el encargado de las ampliaciones y refacciones que requirió la que fuera una vivienda de cuidadores, la que se convirtió en el laboratorio químico que quedó con puertas metálicas y ventanas selladas con ladrillos. Años más tarde, su relato y el de la secretaria Alejandra Damiani ante el ministro Adolfo Bañados aportarían valiosos datos para reconstituir tanto los flujos de pagos desde el Cuartel General de la DINA, así como respecto de la rutina y las visitas de Contreras y otros oficiales a uno de los cuarteles más secretos del organismo de seguridad.

1975 fue un año muy intenso para Townley y el nuevo Centro de Investigación y Desarrollo Técnico de la DINA (Quetropillán). Los viajes al exterior se multiplicaron para traer equipo y materiales. Las principales compras las hizo Townley en Gallenkamp y Co, en Londres; y en Estados Unidos, en Fisher Scientific, donde José Santos en New Jersey y en PRC de Orlando, Florida. Para todas esas adquisiciones uso el nombre de Kenneth Enyard, la misma identidad falsa con que viajó a Argentina para asesinar al general Carlos Prats y su esposa en septiembre de 1974. Un gran aporte para la instalación del laboratorio fueron los equipos y materiales que le enviaba desde Alemania y otros países europeos Wolff Von Arnswaldt, quien también haría el mismo trabajo para la Colonia Dignidad (3).

La llegada a Lo Curro del químico Eugenio Berríos fue clave para agilizar el desarrollo de las sustancias letales. Townley conocía a Berríos desde los tiempos de la Unidad Popular, cuando ambos coincidieron en Patria y Libertad. Poco después se incorporaría el bioquímico Francisco Oyarzún Sjöberg, a quien Townley también había conocido a inicios de los ’70 en los grupos de ultraderecha y quien había huido a Bélgica tras un atentado, pues era hijo del embajador de Chile en ese país. En 1975, Oyarzún trabajaba en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y fue enviado en comisión de servicio a la Junta Militar de Gobierno, según dice el oficio firmado por el rector delegado Julio Tapia Falk. Pero su destinación fue la DINA.

Berríos y Oyarzún le imprimieron un nuevo ritmo al proyecto Andrea, cuyo producto estrella era el gas sarín. Las primeras pruebas comenzaron a fines de 1975, después del atentado a Bernardo Leighton y su esposa, en Roma, cuando Townley se dedicó en forma exclusiva a su desarrollo. El primer producto estable se obtuvo en minúsculas cantidades a principios de 1976. Fue entonces que comenzó la planificación de sustancias similares como Soman y Tabun, además de otros de extrema toxicidad: clostridium botulínica, saxitoxin y tetrodotoxina.

Un cambio en la línea de mando se produjo en ese momento. “A principios de 1976 se formó una nueva brigada –Mulchén– de la cual mi grupo formó parte como Agrupación Avispa. La Brigada Mulchén fue formada para cumplir misiones secretas de eliminación y otras de exclusivo resorte del director, Manuel Contreras”, confesó Townley, lo que fue ratificado en tribunales años después por otros agentes.

El mando de la Brigada Mulchén pasó por Raúl Eduardo Iturriaga y el capitán Guillermo Salinas. Con las obras terminadas y el gas letal casi a punto, Townley fue apoyado con más dinero y una secretaria: Alejandra Damiani, soldado 1° del Ejército y quien trabajaba en la subsecretaría de Guerra del ministerio de Defensa cuando fue destinada a Lo Curro.

“Mi cargo en la DINA era ser secretaria de Townley, quien recibía su sueldo a nombre de Andrés Wilson Silva. Townley era el jefe de la Brigada Quetropillán, que a su vez formaba parte de otra brigada denominada Mulchén. Yo concurría personalmente a retirar los sobres para la Brigada Mulchén al cuartel general de la DINA, en calle Belgrado”, diría más tarde Damiani ante el juez Adolfo Bañados.

Damiani también describió el laboratorio: “En la casa de Lo Curro, pero separada del cuerpo principal, había una casa anexa muy bien equipada, constituida por un solo recinto que servía de laboratorio químico. El laboratorio estaba a cargo de Townley en calidad de jefe, pero el especialista era Eugenio Berríos, empleado civil. Se hacía llamar ‘Hermes’. También trabajó allí por un tiempo Francisco Oyarzún. Entre los que iban más seguido a Lo Curro recuerdo al comandante Raúl Eduardo Iturriaga, el capitán Guillermo Salinas, Pablo Belmar, Armando Fernández Larios y el conductor de la Brigada Mulchén que se hacía llamar “Ricardo” (4).

A principios de 1976 faltaba sólo saber si el gas sarín era aplicable para los fines que se perseguían. “El proyecto Andrea dio resultados óptimos durante la semana santa de 1976”, diría Townley más tarde.

Sería el ministro Víctor Montiglio, en una investigación realizada en los últimos años, quien descubriría el cuartel secreto de la DINA en Simón Bolívar y, con ello, también uno de los episodios más estremecedores del experimento con sarín que en ese cuartel se llevó a cabo.

Un miembro de la DINA le relató:

“En esa oportunidad llegó al cuartel Michael Townley a comprobar la eficacia del famoso gas sarín. Tal demostración fue a presenciarla Manuel Contreras. Una vez todos reunidos en el cuartel –entre ellos Juan Morales Salgado, Ricardo Lawrence, Germán Barriga, Armando Fernández Larios, la teniente Gladys Calderón y prácticamente todo el personal de la unidad–, Morales da la orden a Ferrán, Díaz Radulovich, al Chancho Daza y al Negro Escalona para que trajeran al patio de la unidad a dos detenidos peruanos. Cuando todos estuvieron en el patio, los dos peruanos, esposados y vendados, fueron apoyados en la muralla del pabellón de solteros y afirmados por Díaz Radulovich y Troncoso Vivallos. Townley se colocó una máscara y unas antiparras, saca de su bolsillo un tubo de spray, se acerca sigilosamente a los detenidos, les palpa la respiración y al momento en que éstos inhalan les aplica una dosis del gas spray. El primero de los detenidos cae instantáneamente, tiene convulsiones muy fuertes y en cuatro segundos aproximadamente estaba muerto. Luego hace lo mismo con el otro peruano quien cae muerto en la misma cantidad de tiempo. La dosis dispersa en el aire afectó a Díaz Radulovich y a Troncoso Vivallos, los que estuvieron a punto de caer al suelo. Al darse cuenta de esto, Morales solicita a los otros agentes que los lleven de inmediato a la oficina y le pide a Townley que los vaya a chequear. Después de algunos minutos éste dice que están fuera de peligro. Luego, la teniente Calderón procedió a inyectarles cianuro a la vena a los peruanos”.

Hasta hoy no se conoce la identidad de los dos ciudadanos peruanos asesinados en el cuartel de Simón Bolívar al probarse en sus organismos que el gas sarín estaba listo para ser utilizado como arma letal.
Muerte en Lo Curro

El 16 de julio de 1976 se agregaría una nueva victima del gas sarín. Y esta vez la ejecución fue en el propio cuartel Quetropillán de Lo Curro. Hasta allí llevaron al diplomático español de CEPAL, Carmelo Soria Espinoza, en calidad de prisionero. Los autores de su asesinato fueron integrantes de la Brigada Mulchén, que en ese momento encabezaba el capitán Guillermo Salinas.

En la ejecución de ese crimen fueron individualizados por la justicia el oficial Pablo Belmar, Juan Delmás (asesinado en Arica después del asalto al Banco del Estado ejecutado por dos de sus subordinados que fueron condenados a la pena capital), Patricio Quillot Palma, el teniente Manuel Pérez Santillán, el suboficial José Arcadio Aqueveque Pérez, el suboficial Jorge Hernán Vial Collao, el suboficial Bernardino del Carmen Ferrada Moreno, José Remigio San Martín y Jaime Lepe, el oficial soltero que un mes después de la muerte de Carmelo Soria fue destinado como jefe de escolta de Lucía Hiriart y que llegaría a ser secretario general del Ejército en 1991. Desde ese cargo, Lepe ejerció todo tipo de presiones hacia la justicia y sobre sus ex subordinados para impedir su juicio. Pero Pinochet no se jugó con fuerza por él y Lepe debió irse a retiro cuando la justicia ratificó su participación en el crimen de Soria, a pesar de que fue amnistiado junto a todo el grupo.

Mariana Callejas también entregó a la justicia su versión sobre la muerte de Soria: “El día que ocurrió el hecho puede que yo haya estado en la Quinta Región en Rocas de Santo Domingo, pues nos prestaba una casa un notario de San Antonio de apellido Bustos. Michael me manifestó que habían muerto a Carmelo Soria, que lo habían hecho los muchachos de la Brigada Mulchén…”.

“Le pregunté por el ruido que se escuchaba en esa oportunidad y era respecto del whisky que le habían hecho ingerir o vaciado a la víctima. Le pregunté por qué lo hacían y me dijo que era por motivos sentimentales en relación a un alto oficial de Ejército, pero no le creí. No creí, porque una respuesta similar me dieron en el caso del homicidio de Renato León, conservador de Bienes Raíces, en que también me dieron la explicación de que éste había violado a un niño de 5 años, hijo de un capitán de Ejército. Lo que sé es que la Brigada Mulchén llevó a Soria a nuestra casa, que en la propiedad había un auto nuestro Austin Mini azul, una camioneta Morris verde mía y un automóvil Fiat 125 Special color guinda del edificio Diego Portales, además de un Citroen Yagan, no recuerdo el color (era color amarillo verdoso dijo Martín Melian)”.

Callejas apuntó directo a otra de las personas que en ese mismo año 1976 fue eliminada por agentes de la Dina con gas sarín: Renato León Zenteno, conservador de bienes raíces de Santiago, hallado muerto el 30 de noviembre de 1976 en su departamento de calle Holanda N° 34, en Providencia.

Los peritajes indican que su cadáver fue encontrado vestido y tendido de espaldas en la cama de su dormitorio. Se dijo que el mayordomo del edificio había sorprendido a cuatro jóvenes bien vestidos intentando ingresar al edificio durante la madrugada. Cuando 30 años más tarde la justicia decidió investigar su muerte y se tuvieron las primeras confesiones, se supo que Eugenio Berríos formó parte del grupo que lo asesinó, pero no los motivos. Y en una de las confesiones, uno de los autores recordó que cuando ya lo habían asesinado, y estando en la calle, Berríos recordó que había dejado el frasco de perfume con sarín en el velador de León. Y quiso regresar. Pero decidieron que no era prudente y abandonaron el sector.

La sorpresa sería mayúscula cuando al revisar las fotos que la Policía de Investigaciones guardaba en el expediente respectivo, se comprobó que en el velador aparecía el frasquito de perfume olvidado. Este juicio aun continúa abierto.
Sarín para los que hablan

A fines de 1976 nada hizo presagiar al grupo de la Brigada Mulchén que el año que se les venía encima dejaría huellas profundas. Todo indicaba que la impunidad era inamovible.

En la madrugada del viernes 24 de marzo de 1977 casi nadie en Santiago se enteró que la guerra estuvo a punto de estallar con incalculables consecuencias. Y, menos, que en el medio de la trama que puso en dos trincheras opuestas a un pelotón de la DINA fuertemente armado y a la dotación de una comisaría de Carabineros, estaban dos renoletas robadas: una de ellas de propiedad de Daniel Palma Robledo, arrestado con su vehículo y de quien nada se sabía desde el 4 de agosto de 1976, y la otra del ciudadano francés Marcel Duhalde, quien denunció el robo.

Todo habría salido a la perfección de no mediar la acción de dos carabineros que investigaron el robo del vehículo del francés y descubrieron a los culpables justo cuando desarmaban dos renoletas robadas en una casa en el sector del Cajón del Maipo, de propiedad del cabo Manuel Jesús Leyton. Este cabo de Ejército fue detenido junto al carabinero Heriberto Acevedo, a pesar de identificarse como miembros de sus respectivas instituciones y de la DINA.

El sargento Grimaldo Sánchez Herrera, de la dotación de Encargo y Búsqueda de Vehículos, no se amedrentó. Más aún, grabó el interrogatorio al que los sometió con el apoyo de su jefe, el teniente Alfonso Denecken. Finalmente Leyton confesó que una renoleta era del detenido desaparecido Daniel Palma Robledo y la otra le había sido robada al francés, para armar con las piezas de ambas una sola que les sirviera en sus desplazamientos. Y también confesó que las numerosas cédulas de identidad que le encontraron en una caja, pertenecían a detenidos que ya no estaban.

El teniente coronel Vianel Valdivieso fue enviado por Manuel Contreras a rescatar a sus dos hombres. A las 2 de la madrugada del 24 de marzo de 1977, el cuartel de carabineros donde se hallaban detenidos Leyton y Acevedo fue rodeado por un contingente DINA armado para la guerra. Una hora duró el cerco que se estrechaba minuto a minuto. Hasta que Contreras, vía telefónica, logró que se los entregaran.

Acevedo le informó a Valdivieso que Leyton había hablado y que les habían incautado las cédulas de identidad y otras especies robadas a detenidos ya asesinados, además de las renoletas. Valdivieso se preocupó de llevarse todo. Pero el teniente Denecken dejó registro de las especies incautadas: 3 fusiles AKA y su correspondiente numeración, dos revólveres Llama, un revólver Smith & Wesson calibre 38, un revólver Famae, un revólver Rossi, un corvo del Ejército, 190 cartuchos de AKA, seis cargadores AKA, trece tarjetas con ficha “Confidencial” con fotos de personas, un estuche de madera con fotos de personas y licencias de conducir a nombre de distintas personas.

Un juicio por robo con violencia se inició a instancias del teniente Denecken. Leyton fue enviado a su casa y tres días más tarde llevado a la Clínica London, de la DINA. Más de treinta años más tarde, con las fichas médicas de Leyton ante sus ojos, el doctor Osvaldo Leyton Bahamondes fue obligado por el ministro Alejandro Madrid a recordar: “A las 10:30 de la mañana del 28 de marzo de 1977 me correspondió realizar una visita domiciliaria en un cuartel cuya identificación no recuerdo para examinar al paciente Manuel Leyton Robles. Se indicó hospitalizar… A las 24 horas del mismo día se describe que el paciente, mientras dormía, presentó cuadro convulsivo y cianosis (piel morada) y taquicardia de más o menos 30 latidos por minuto, lo que significa que su corazón latía muy lento. Se administró un miligramo de atropina para estimular el corazón. Se observa que aumentó la cianosis (escasez de oxígeno), razón por la cual se entubó y se aspiraron secreciones (es decir, el paciente ya había aspirado vómito) de la traquea. Momentos más tarde se constata paro cardíaco iniciándose maniobras de resucitación; el electrocardiograma mostró asistolia (el corazón se detiene), luego se describe fibrilación ventricular (el corazón está latiendo muy rápido), lo que se trata mediante desfibrilación ventricular (7 a 8 aplicaciones). A las 1:25 se suspenden maniobras de resucitación constatándose su fallecimiento”.

Esta descripción es exactamente lo que le ocurre a una persona a la que se le aplica sarín. Así, el ministro Madrid y su equipo de investigadores obtuvieron las confesiones de cómo y por qué el cabo Leyton debió ser asesinado.

En la ficha médica se lee que Leyton Robles fue ingresado a la clínica por el doctor Luis Hernán Santibáñez Santelices y que los médicos Leyton y Pedro Valdivia participaron en la reanimación. Su protocolo de autopsia acredita que la causa de su muerte fue “estado asfíctico consecutivo a aspiración de contenido gástrico regurgitado”. Y lleva la firma de los doctores Pedro Valdivia Soto y Osvaldo Leyton Bahamondes. Sobre su firma en el certificado de defunción, Leyton afirmó: “Con posterioridad a mi retiro de la clínica, fui visitado por un funcionario de la DINA, posiblemente el suboficial enfermero de apellido Toro, quien me solicitó algún tipo de certificado médico que acreditase la muerte del señor Leyton para que su esposa pudiese obtener beneficios provisionales”.

Leyton Robles murió a sólo horas de declarar ante un juez sobre el origen de la renoleta de Daniel Palma Robledo –abuelo de la actriz Leonor Varela–, un detenido desaparecido de cuya muerte sí sabía Leyton, porque era uno de los agentes del cuartel Simón Bolívar donde Palma fue asesinado.

Casa de Piedra

El procedimiento fue descrito así ante Montiglio por varios agentes: “Estuviera el detenido con o sin ropa, el cuerpo era introducido en bolsas de polietileno gruesas, una se introducía por la cabeza y la otra por los pies, luego le amarraban un trozo de riel de aproximadamente 70 centímetros y que tenían hoyos redondos (para poder fijarlos a los durmientes) por donde pasaban los alambres que los sujetaban al cuerpo de los detenidos. El alambre era común y corriente, del tipo de fardo. Los rieles, los alambres, los sacos y las bolsas eran guardados en el gimnasio a la vista de todos. Yo pude ver doce a quince trozos de rieles amontonados. Después los cuerpos eran metidos con dos sacos paperos que eran de plástico o cáñamo, por la cabeza y por los pies. Ambos sacos se unían con una hebra de alambre, luego se volvía a amarrar a la altura de los brazos y de las piernas”.

Lo que venía después de todo aquello era tirarlos al mar. Al mar también habían sido lanzados los prisioneros que torturaron y asesinaron en la Casa de Piedra, la residencia de Darío Saint Marie (Volpone), el dueño del diario Clarín, ubicada en el sector Lagunillas del Cajón del  Maipo. Así lo terminó confesando el agente de la DINA y oficial de Carabineros Ricardo Lawrence, sorprendiendo incluso al juez Montiglio:

“El grupo de dirigentes del PC detenido en calle Conferencia (entre los que se encontraba su dirigente, Víctor Díaz) fue ejecutado en el cuartel de la Casa de Piedra. En esa oportunidad me ordenaron prestar colaboración en el procedimiento empleado para eliminar los cuerpos, para lo cual tuve como misión custodiar dos camionetas que provenían de ese cuartel, ya con los prisioneros muertos y ensacados. Recuerdo que en un automóvil presté resguardo a dos camionetas del grupo de Barriga con quienes nos juntamos en un puente camino a San José de Maipo. Luego emprendimos rumbo en dirección al norte hasta llegar a la zona de Peldehue, ingresando por un camino secundario. Al llegar ya se encontraba un helicóptero en el lugar. Los vehículos se detuvieron y desde las camionetas se comenzaron a sacar los cuerpos ensacados subiéndolos al helicóptero. Germán Barriga dirigió este procedimiento. Abordaron el helicóptero y se dirigieron a arrojar estos cuerpos al mar”.

El cabo Manuel Jesús Leyton participó en las operaciones de la Casa de Piedra y en los equipos que arrojaron cuerpos de prisioneros del cuartel Simón Bolívar al mar. Y había más, porque la investigación de los ministros Madrid y Montiglio descubrió que Leyton era el encargado de quemar los rostros y dedos de los prisioneros con el soplete, para que no fueran identificados si es que emergían desde el fondo de las aguas.

Uno de los oficiales de la Dina describió así ante Montiglio lo que hacían Leyton y otros con los prisioneros: “Después de asesinarlos, se les borraban las huellas dactilares con un soplete a parafina, y se borraba cualquier cicatriz  característica del cuerpo, a la vez que le sacaban todas sus especies personales tales como anillos, relojes y sus tapaduras de oro de sus dentaduras”.

Las prácticas que en esos días utilizaban los agentes de la DINA en sus cuarteles secretos, los asesinatos de prisioneros con gas sarín y los cuerpos de los ya muertos lanzados al mar, eran secretos que no podían ser revelados. Mucho menos en tribunales, donde cada día se respondía que los detenidos desaparecidos no existían. Por eso Manuel Contreras ordenó asesinar al cabo Manuel Jesús Leyton en marzo de 1977, cuando ya se anunciaba en el horizonte que el asesinato de Orlando Letelier en Washington traería complicaciones.

El asesinato de Leyton reforzaría aún más el pacto de silencio entre los integrantes de la Brigada Mulchén. Casi todos siguieron haciendo el mismo trabajo en la CNI o en la DINE. Dos de ellos se ligaron estrechamente a Eugenio Berríos: José Remigio San Martín (quien utilizaba la chapa Alberto Arroyo Quezada y fue durante los ’80 el custodio de Berríos) y Pablo Belmar, quien participó en la muerte de Carmelo Soria, del conservador de Bienes Raíces Renato León Zenteno y coordinó los pasos del asesinato del cabo Manuel Jesús Leyton.

No es de extrañar entonces que a fines de los ’80 y principios de los ’90 se lo encuentre en la operación comandada por el brigadier Jaime Lepe para acallar a todos los testigos que podían empañar la figura de Pinochet. Porque el otro cordón que los une hasta ahora es que la misión principal de los hombres que integraban la Brigada Mulchén era “otorgar seguridad al Presidente de la República y ocasionalmente proporcionar protección a otras autoridades del gobierno”, según declararon en tribunales tanto Lepe como Belmar.

La orden: eliminar a Odlanier Mena

En 1977 la investigación del crimen de Orlando Letelier en Estados Unidos fue conduciendo una y otra vez al corazón de la DINA y a su jefe, y de ahí a Pinochet. La presión que se ejerció desde el norte para que Pinochet entregara a los culpables surtió efecto al interior del régimen y la crisis se instaló. Para darse un respiro, la DINA fue reemplazada en junio por la CNI. El rumor que se instaló fue que Manuel Contreras debería ceder su puesto al general Odlanier Mena, uno de sus enemigos internos. La Brigada Mulchén se puso nuevamente en acción.

Alejandra Damiani, la secretaria de Townley, relató a la justicia esos días:

“Cuando empezó a aparecer en la prensa lo de Orlando Letelier yo me encontraba en Arica. Fui llamada por Michael Townley a través de la Brigada de la DINA de Arica, ordenándome regresar. Una vez en Santiago, Townley me informó de los cambios que sobrevenían, que la DINA iba a cambiar de nombre, que llegaría el general Mena para reemplazar al general Manuel Contreras y que era necesario revisar los papeles que había en Lo Curro para hacer desaparecer documentación secreta, papeles vinculados a algunas operaciones que había llevado a cabo la DINA, como por ejemplo, la Operación Andrea”.

La orden fue que ni un solo papel que comprometiera las operaciones secretas debía caer en manos de Mena y su gente. Cuando el ministro Bañados le preguntó a la secretaria de Townley qué se entendía por Operación Andrea, su respuesta fue: “La referida Operación Andrea consistió en poner a prueba un producto químico que aplicándolo en el rostro podía causar lesiones mortales al ser respirado. Entiendo que causaba convulsiones y provocaba finalmente la muerte. Supe o escuché que también se había eliminado a un notario de quien decían que era homosexual; y de la operación con desaparecidos: de 15 a 20 en Peldehue. Otras operaciones se llevaron a cabo en la Villa Grimaldi”.

Pero la resistencia de los hombres de Contreras, de su “ejercito en las sombras” como le gustaba llamar a sus agentes, fue más allá. A Berríos se le encargó buscar la forma de eliminar a Mena.

El Instituto Bacteriológico, al cual tenía fácil acceso por su trabajo anterior con el doctor Osvaldo Cori en la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile, fue el lugar que escogió Berríos para seleccionar ciertas bacterias letales. A través del grupo de secretarias del régimen que controlaba Vianel Valdivieso, llegaron hasta el grupo más cercano a Mena en la CNI y se interiorizaron de sus costumbres. Muy pronto se decidió que la mejor forma de asesinar a Mena era introducir el veneno en el café que rigurosamente cada tarde, cerca de las 16 horas, se tomaba en su despacho. Lo que garantizaba el éxito era que uno de los colaboradores más cercanos del nuevo director de la CNI, aceptó ser parte de la operación.

El día señalado todo se hizo tal cual lo dispuso Berríos. Sólo que Mena, excusándose en una súbita indigestión, a último minuto pidió cambiar el café por una agüita de hierbas. El reemplazante de Contreras fue advertido de la amenaza: en los últimos años se ha dicho que quien lo previno fue Mariana Callejas. Como sea, el general Mena no sucumbió y se mantuvo al frente de la CNI. Pero debió aceptar que no había un solo documento ni registro ni archivo que le sirvieran. Su venganza fue la disolución de cada uno de los nudos que mantenían férrea lealtad con Contreras. No duraría mucho en el puesto. Sus enemigos se encargaron de hacerlo caer para que fuera reemplazado por el general Humberto Gordón. No fue tarea difícil. Lo que venía necesitaba de un hombre que no tuviera reparos morales.

Los hombres se Contreras se preocuparon de mantener el resguardo de los secretos. Una forma fue manteniendo a los agentes en lugares donde estuvieran controlados o contentos a la distancia. La suerte de Eugenio Berríos quedaría ligada al destino del laboratorio que Michael Townley había instalado en su casa en Lo Curro. Cuando finalmente el 7 de abril de 1978 Townley fue expulsado a Estados Unidos, la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) reclamó el laboratorio secreto. Los encargados de desmantelarlo y de transportar las sustancias letales, serían miembros del Ejército a cargo del coronel Gerardo Huber, ex oficial de la DINA y en ese momento jefe del Complejo Químico e Industrial del Ejército.

Uno de los mejores amigos de Berríos de sus tiempos de Patria y Libertad, el ex oficial David Morales Lazo, relató más tarde: “Berríos fue interrogado por el general Héctor Orozco y en esa oportunidad me confidenció que la fórmula del sarín la había entregado al Alto Mando, al Complejo Químico Lo Aguirre”. Pero en 1977 Berríos trabajaba en el Complejo Químico e Industrial del Ejército en Talagante, como funcionario civil del Ejército. Su misión fue perfeccionar un arma química: el gas sarín. Sin embargo, ya no era el mismo. Su afición al alcohol, a las juergas, a la droga y a la vida licenciosa, unida a todos los secretos que llevaba consigo sobre la acción oculta de la DINA, lo habían convertido en un ser inestable y peligroso. No podía andar solo. Cautelando que los secretos se mantuvieran resguardados, lo seguía como su sombra Remigio Ríos San Martín, ex integrante de la Brigada Mulchén, quien usaba la identidad de “Alberto Arroyo”.

Berríos estaba casado con una ex vedette a la que le cambió la identidad para intentar sepultar su pasado, convirtiéndola legalmente –con la ayuda de sus contactos– en Viviana Egaña Bonnefoy. En su poder él llevaba también una cédula de identidad falsa, con su foto, pero con el nombre de Hermes Bravo. Lo que Viviana no pudo olvidar fueron sus arrebatos de violencia.

“Un día peleamos con Eugenio y éste, muy enojado, sacó de un mueble un frasco muy pequeño de perfume y me amenazó. Mostrándome el frasco me dijo: sabe ‘Pellito’ (el sobrenombre que le puso), si usted se porta mal yo la mato con esto”.

En 1986, la relación de Eugenio Berríos y Viviana Egaña llegó a su fin. Ella declaró ante los tribunales que lo sorprendió en la cama con otro hombre. Su nueva pareja, el abogado Aldo Duque, a quien Berríos conoció cuando Duque trabajaba en la Tercera Fiscalía Militar y quien se convirtió en su amigo, lo vio un día tomar en su departamento una ampolla y decirle: “Esto es sarín, y con él puedo matar a cualquier persona”.
Las cepas asesinas

Las investigaciones judiciales en Chile y en Estados Unidos indican que a partir de 1978, en un recinto secreto del Ejército, se continuó desarrollando el cultivo de cepas de micro organismos patógenos. Un proyecto que adquirió nuevos bríos cuando en 1981 se inició la construcción de un nuevo laboratorio químico en la Escuela de Inteligencia del Ejército en Nos. Adicionalmente, una unidad bacteriológica se instaló en el Complejo Químico-Industrial de la misma rama castrense, en Talagante.

Uno de los jefes del nuevo Departamento Bacteriológico fue el doctor Eduardo Arriagada Rerhen, quien después de dirigir la Clínica London y luego la dirección de Sanidad del Ejército llegó a trabajar en 1990 al subterráneo de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE), ubicada en calle García Reyes. Desde ese lugar, en 1981 se cerraba el cerco sobre dos figuras clave del mundo opositor: el ex presidente Eduardo Frei Montalva y Tucapel Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).

Eduardo Frei Montalva se había convertido en el líder indiscutido de la oposición al régimen. Algo que quedó claro en 1980, cuando fue el único orador del acto realizado en el Teatro Caupolicán en rechazo al plebiscito de 1980 que Pinochet organizó sin registros electorales y bajo una gran represión para validar su nueva Constitución, y al que asistieron, entre otros, el actual presidente Sebastián Piñera. En 1981, además, Frei Montalva entraba en conversaciones con líderes sindicales que organizaban el primer paro nacional en rechazo al régimen. El más importante de esos dirigentes era Tucapel Jiménez.

Si Frei se plegaba a la organización del paro nacional, el peligro para Pinochet y su régimen serían inminentes. Eran los días en que se fraguaba por primera vez desde el Golpe de 1973 la unidad sindical de los viejos dirigentes que habían apoyado el Golpe y los jóvenes líderes, entre los que destacaba Manuel Bustos, quien ya había organizado otro referente con dirigentes de izquierda. Y el hombre que podía aglutinar a toda la oposición era sólo Frei. Por eso se convirtió en el más peligroso para los servicios secretos. Así consta en un oficio que fue recuperado de la brigada C1-2 de la CNI, cuyos efectivos se encargaban de seguir cada paso del ex Presidente.

Era el momento de pasar a otra fase de la operación armas químicas. La llegada de un misterioso paquete a La Moneda en julio de 1981 marcó el inicio de nuevos movimientos. Marcos Poduje Frugone, químico del Instituto de Salud Pública (ISP) –dirigido entonces por el coronel de caballería Joaquín Larraín y cuyo jefe de Seguridad y Finanzas era el teniente coronel Jaime Fuenzalida–, recibió la orden de ir a la Cancillería a retirar un paquete que venía de Brasil. Según dijo más tarde, su sorpresa fue mayúscula al descubrir el contenido: “toxina botulínica”, una sustancia altamente peligrosa cuyo uso no era habitual. Las investigaciones posteriores establecieron que fue tal la alerta que encendió la existencia del paquete, que el coronel Larraín estalló en una crisis de ira por el periplo que había recorrido el “encargo” que quedó en sus manos.

No fue el único hecho extraordinario que se vivió por esos días en el ISP. El coronel Larraín le ordenó al mismo Poduje reparar un liofilizador, aparato que se usaba en la Planta de Liofilización del Cepario Nacional (colección de cepas de bacterias y virus), y luego instruyó a un funcionario para que lo depositara detrás del altar de una iglesia ubicada en la segunda cuadra de calle San Isidro, donde funcionaba una vicaría castrense. Hubo otro traspaso extraño que Poduje recordó años más tarde en tribunales:

“En el Instituto Bacteriológico existió una Planta de Éter la que fue traspasada al Complejo Químico del Ejército, ubicada en Talagante. Recuerdo también que el doctor Fabrega junto al doctor Salvador Ballard, jefe del Departamento de Producción, ambos de confianza del coronel Larraín, realizaron un curso en el Ejército, en una repartición de calle Eliodoro Yáñez (donde funcionaba un cuartel secreto de la BIE) y que viajaban mucho a través del país, desconociendo qué fueron a cursar ya que eran muy reservados y nunca lo comentaron en el Instituto”.

Otro profesional del ISP, Hernán Lobos Romero, recordó también ante la justicia que en esos mismos años llegaba hasta allí un médico de Parral a quien más tarde identificó como Helmut Hopp, de la Colonia Dignidad. Como ya se ha dicho, hasta el ISP también llegaba Eugenio Berríos. Puede que la información que aún falta en este puzzle esté en la ficha que el ex jerarca de Colonia Dignidad, Paul Schäfer, tenía de Berríos, quien también trabajó en ese enclave alemán y compartió sus conocimientos de armas químicas con Schäfer, Hopp y otros.

Uno de los más recientes fallos del ministro Jorge Zepeda establece cómo fue asesinado el ex agente de la DINA asentado en Colonia Dignidad, Miguel Ángel Becerra Hidaldo, al intentar escapar. Una prueba de la similitud de venenos que usaron la DINA y los hombres de Schäfer para eliminar a los que se cruzaban en el camino.

Eduardo Frei Montalva se aprestaba a viajar a Europa para participar en la importante comisión Norte-Sur que integraba como único latinoamericano y que encabezaba el ex canciller alemán Willy Brandt. Pero un reflujo cada vez más molesto y doloroso lo impulsó a tomar la decisión de operarse en la Clínica Santa María, en noviembre de 1981. Quien sabía cada uno de sus pasos y de sus decisiones era su antiguo chofer y hombre de mayor confianza, Luis Becerra. Lo que Frei ignoraba era que Becerra trabajaba para la CNI en directa relación con la BIE (5).

Cuando Frei ingresó a la clínica, el grupo de inteligencia de la CNI y la BIE que lo tenía en la mira, ya había cercado el establecimiento hospitalario con sus agentes. Uno de ellos era el doctor Pedro Valdivia, quien tuvo una participación en el asesinato con sarín del cabo Manuel Jesús Leyton y que en esos precisos días se desempeñaba simultáneamente en la Clínica London, de la CNI, y en la clínica Santa María. La sencilla operación al hiato se realizó el 18 de noviembre. Pero una súbita y sorpresiva complicación obligó a hospitalizarlo nuevamente.

Muchos años más tarde, el doctor Valdivia reconoció ante el ministro Madrid: “Me enteré que Eduardo Frei Montalva había sido operado en la clínica por el doctor Augusto Larraín. También recuerdo claramente que en una oportunidad, estando de turno al mediodía, fui ubicado por una de las enfermeras, doña María Victoria Larraechea (hermana de la esposa del hijo de Frei Montalva), quien me señaló que don Eduardo Frei estaba complicado de salud solicitándome que fuera a examinarlo a su habitación, lo que efectivamente realicé. No recuerdo los detalles de los síntomas que tenía el paciente, sí recuerdo que tenía fiebre por lo que supuse que había infección. Le indiqué a la enfermera que era necesario ubicar al médico que lo había intervenido, el doctor Larraín, enterándome que no lo habían podido ubicar. Por este motivo se llamó al doctor Patricio Silva. Una vez fuera de la habitación divisé al doctor Larraín, y luego en el primer piso de la clínica me encontré con el doctor Patricio Silva, indicándole que había llegado el doctor Augusto Larraín a lo que él me respondió que a partir de ese momento él estaba a cargo del paciente”.

El 6 de diciembre de 1981, Frei fue operado por segunda vez. Nadie se explicaba por qué el cuadro infeccioso se extendía. El 8 de diciembre fue sometido a una nueva intervención quirúrgica. El cirujano Patricio Silva, del escalafón del Ejército y quien ocupaba un alto cargo en el Hospital Militar, dio el vamos a las 19:30 exactas. Eran horas críticas. En la sala de operaciones, junto al cuerpo del ex Presidente, estaba otro de los médicos de la clínica de la CNI Rodrigo Vélez Fuenzalida. Desde fuera llegaba el ritmo tranquilo de la ciudad en un día festivo. Pero en la clínica Santa María se respiraba angustia.

En esas mismas horas, un clima dramático se había apoderado de los presos en la Cárcel de Santiago y de sus familias. Dos delincuentes comunes y cuatro integrantes del MIR, del total de ocho reos que compartían la Galería N° 2 de alta seguridad, también se debatían entre la vida y la muerte: Ricardo y Elizardo Aguilera; Adalberto Jara y Guillermo Rodríguez Morales, jefe de las milicias de resistencia del MIR, condenado a muerte por un Consejo de Guerra; más los reos comunes Víctor Hugo Corvalán Castillo y Héctor Pacheco Díaz.

Pero en ese momento en que los Frei Montalva depositaban la vida del jefe de familia en las manos de un equipo médico con estrechos lazos con el poder militar imperante y con sus servicios de seguridad más secretos, nadie ligó ambos hechos.

El 9 de diciembre de 1981, falleció el reo Víctor Hugo Corvalán Castillo en las dependencias de la enfermería de la ex Cárcel Pública. Once días después, murió en la Posta Central el reo Héctor Waldo Pacheco Díaz. La causa de muerte oficial para ambos fue una “intoxicación aguda inespecífica”. Nunca se hicieron análisis de sus restos. Más tarde se probaría que fue una “intoxicación por toxina botulínica”. Las mismas sustancias letales que habían llegado en un paquete desde Brasil al ISP y que el químico Eugenio Berríos preparaba en el laboratorio de la DINA y luego de la DINE.

Sólo en los últimos años se tendrán las pruebas de que la comida de los presos fue contaminada de forma deliberada. Los reos que sobrevivieron lo hicieron gracias a la ayuda médica de diferentes centros asistenciales, incluso del exterior. La Vicaría de la Solidaridad , de hecho, hizo una serie de gestiones por intermedio de la Oficina Panamericana dependiente del ministerio de Salud, que consiguió rápidamente la antitoxina en Atlanta, Estados Unidos, y en Argentina.

La investigación policial de Nelson Jofré y Palmira Mella determinó que los cuatro militantes del MIR encarcelados se cocinaban su propia comida todos los días, para lo cual eran proveídos de víveres por sus familiares, meriendas que compartían con los cuatro reos comunes de su misma galería. Eso fue lo que sucedió ese 8 de diciembre, cuando sus comidas fueron contaminadas con toxinas botulínicas que llevó hasta la cárcel José Roa, un ex integrante de la Brigada Mulchén de la DINA y en ese momento miembro de su sucesora: la Unidad Antiterrorista (UAT), dependiente de la DINE. En este hecho se basó el capítulo 7 de la serie “Los archivos del cardenal”, que TVN transmitió el pasado jueves 1 de septiembre.

Un juicio por las extrañas muertes de Corvalán y Pacheco (Proceso N° 136.311) se abrió en el Tercer Juzgado del Crimen de Santiago. Pero nada se avanzó. El 13 de octubre de 1983 la Corte de Apelaciones ratificó el sobreseimiento temporal de la causa y el caso quedó archivado. Hubo, además, manos interesadas en que no quedara huella. Un incendio convirtió en cenizas esos expedientes.

El ex Presidente Eduardo Frei Montalva falleció de un shock séptico sin explicación el 22 de enero de 1982. El fallo del juez Alejando Madrid establece que fue asesinado por la policía secreta de Augusto Pinochet “destruyendo su sistema inmunológico”, en un proceso similar al que ocurre con los enfermos de sida. Las huellas de talio y mostaza nitrogenada que registran sus restos exhumados en diciembre de 2004, ayudaron a destruir su sistema inmunológico, pero el arma química letal fue el Tranfer-Factor, producto que no contaba con certificación internacional, traído desde Estados Unidos, y que le fue inoculado por vía subcutánea en la clínica Santa María, donde se operó.

El destino de Frei había quedado atado al de Tucapel Jiménez. Una semana después de que el ex Presidente ingresara por primera vez a la clínica Santa María, el agente de la DINE Carlos Herrera Jiménez recibió la orden de asesinar a Tucapel Jiménez. Algo que sólo sabía el reducidísimo círculo alrededor de Pinochet.

Así, un mes más tarde, en febrero de 1982, Tucapel Jiménez Alfaro fue asesinado. Un largo y obstaculizado juicio identificó a sus asesinos y también a quiénes impartieron las órdenes. Todos ellos formaban parte de un comando CNI-DINE.

El contenido de la resolución del juez Madrid abrió nuevas aristas sobre episodios pasados determinantes en la política chilena. Porque el doctor Patricio Silva Garín, quien fue procesado por su responsabilidad en el crimen de Frei, también atendió al general René Schneider poco antes de que muriera, víctima de un atentado que buscó impedir que Allende asumiera en 1970; y fue también el médico que examinó a José Tohá, ex ministro del Interior y de Defensa de Allende, cuyo supuesto suicidio en el Hospital Militar hoy es investigado por la justicia; y operó al general Augusto Lutz, quien falleció en 1974 de una septicemia similar a la de Frei luego de enfrentarse a Pinochet por la represión de la DINA. Ese día, Pinochet, en medio de todos sus generales, cerró la discusión así: “Señores generales, la DINA soy yo, ¿alguien más tiene alguna pregunta?”.
Los muertos de la democracia

Poco después de iniciada la transición, el 8 de noviembre de 1991, el juez Adolfo Bañados, quien investigaba el crimen de Orlando Letelier en Estados Unidos, ordenó detener al químico de la DINA, Eugenio Berríos. El hecho no causó revuelo ni titulares. Y en ciertas dependencias de la DINE hubo más de una sonrisa socarrona. Para entonces, “Hermes” –como lo conocieron en la Dina–, ya se encontraba fuera del alcance del juez.

Difícil resulta describir la decepción que invadió al equipo que secundaba al ministro Bañados cuando supieron que uno de sus testigos había escapado. Era la primera prueba de fuego para la frágil nueva democracia chilena y Bañados –inteligente y agudo, impenetrable y enemigo acérrimo de la figuración–, desplegaba los hilos de la mayor investigación judicial sobre la acción de la DINA que se haya hecho en Chile.

En esa trama, la figura del químico Eugenio Berríos fue poco a poco apareciendo como clave.

Lo que el equipo de Bañados no sospechaba era que, en esos momentos, un actuario, plenamente identificado, fotocopiaba y registraba cada testimonio, cada prueba, cada movimiento de los investigadores para informarlo de inmediato a una central que comandaba el general Fernando Torres Silva, en la Auditoría General del Ejército. La BIE era, a su vez, la encargada de ubicar a la gente involucrada y ya citada por los tribunales, para adelantarse a los testimonios que debían prestar ante los jueces.

Fue así como ubicaron a Eugenio Berríos y lo mantuvieron secuestrado durante casi 30 días en el cuartel de la BIE, ubicado en Alameda Nº 2577, y que ocupaba una gran extensión entre las calles García Reyes, Sotomayor y Romero. Justo cruzando la Alameda, por la vereda sur, en toda la esquina con Avenida España, estaba el Sexto Juzgado del Crimen donde Berríos debía declarar en el proceso Nº 7.981, por la muerte de Orlando Letelier.

El 8 de noviembre, vía Pluna, salió de Chile con destino a Uruguay el coronel Francisco Maximiliano Ferrer Lima, jefe del Servicio Secreto de la BIE, adiestrado en el M-5 en Inglaterra. Su misión: comprobar el grado de seguridad del “paquete” que el Ejército de Chile, a través de la DINE, le envió a sus colegas uruguayos para eludir a la justicia chilena.

Ferrer, quien integró el alto mando de la DINA y fue condenado años más tarde por su participación en el crimen de Tucapel Jiménez y también ordenó el cerco a Frei Montalva, sabía muy bien la importancia de la misión que se le había encomendado. No sólo por su condición de jefe del servicio secreto de la DINE, sino porque conocía en detalle los secretos que guardaba Berríos. El más importante: la fabricación de armas químicas.

Uno de los agentes estrella del Servicio Secreto de la BIE, Arturo Silva Valdés, fue el responsable de la operación escape de Berríos hasta el último detalle. Así, cuando Berríos cruzó la frontera por el sur en dirección a Río Gallego el 26 de octubre de 1991, en compañía del agente Raúl Lillo, Silva hacía lo propio hacia Argentina pero por vía aérea. Para ello, Berríos estrenó una nueva identidad: Manuel Antonio Morales Jara (6).

Muchos hombres del entorno de Pinochet respiraron aliviados cuando supieron que Berríos ya estaba en territorio uruguayo. Entre ellos, Gerardo Huber, otra de las piezas clave en la fabricación de armas químicas quien para entonces era el responsable de exportaciones e importaciones de Famae. No pasó lo mismo con el general Álvarez Kladt, quien ya no podía hablar ni de Huber ni de Berríos. Menos de armas. Meses antes, en una extraña circunstancia que hasta hoy despierta sospechas, el general se había suicidado siendo precisamente director del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército, una de las instituciones que se formaron al alero de Famae para exportar armas, y que sorpresivamente fueron desmanteladas. Ya en ese momento, desde Estados Unidos, surgían rumores sobre la venta de sarín al exterior por parte del régimen militar.

Cuando el 9 de diciembre de 1991 estalló el escándalo del tráfico ilegal de 11 toneladas de armas de Famae destinadas a Croacia –detectado en un aeropuerto de Budapest con un empaque que simulaba ser cargamento sanitario–, el jefe de Famae, general Guillermo Letelier, entendió que esta vez sí estaba en problemas. Y tenía razón. El escándalo provocado por el tráfico de armas a Croacia, vulnerando la prohibición de la ONU para esa zona en guerra, provocó remezones políticos y militares. El general Letelier debió abandonar la dirección de Famae.

Menos de dos meses después, el 29 de enero de 1992, Gerardo Huber desaparecería desde las riberas del Maipo. Su cuerpo fue encontrado cuatro semanas más tarde en las aguas del río. En 1997, una nueva autopsia a sus restos revelaría que le dispararon y cayó con vida al río.

En noviembre de 1992, Eugenio Berríos escapó de sus captores en Uruguay y denunció que lo mantenían secuestrado “por orden de Pinochet”. El escándalo provocó un remezón institucional en Uruguay y múltiples repercusiones en Chile. El 13 de abril de 1995, Berríos fue encontrado muerto con dos impactos de bala en el cráneo, en un balneario del sector de Pinamar, en Uruguay. En agosto de ese mismo año, el ex chofer del coronel Gerardo Huber, el sargento Blas Merino Castillo, apareció muerto en el interior del automóvil fiscal que estaba asignado al director del Complejo Químico e Industrial del Ejército. Tenía un balazo en el pecho y portaba una cédula de identidad a nombre de otra persona. “Suicidio”, se dijo en el Ejército. Los procesos por la muerte del coronel Huber, por el tráfico de armas a Croacia y por el asesinato del químico Eugenio Berríos, donde están procesados tres oficiales uruguayos y cinco chilenos, están abiertos y a la espera de resoluciones. La historia de ese capítulo de muertes no se ha cerrado.

Y no sólo en Chile. Porque otra investigación sobre las armas químicas fabricadas por el régimen de Pinochet se hizo en Estados Unidos y se mantiene secreta. Podría ser explosiva. La inició Mariana Callejas, quien sólo en los últimos años confesó ante el prefecto de Investigaciones, Nelson Jofré, que había hecho entrega de documentos escritos de puño y letra por Michael Townley al FBI. Muchos otros colaborarían en el transcurso de los años venideros con esa investigación estadounidense.

Saul Landau, historiador, cineasta, analista e investigador estadounidense, quien escribió junto al periodista John Dinges el libro Asesinato en Washington, afirmó que “la investigación la hizo el FBI para una subcomisión de la Cámara Baja de Estados Unidos. Está condensada en un informe donde el FBI vertió gran parte de lo que logró averiguar sobre el gas sarín. Y lo hizo porque a Estados Unidos –y mucho más a la CIA– le preocupó ya que el sarín constituye una amenaza internacional porque no se puede botar. Esa investigación arrojó que se fabricó gas sarín en una cantidad suficiente para matar dos veces al Ejército peruano”.

“¿Quién lo tiene ahora? Esa es la pregunta. Hay rumores de que el régimen militar lo vendió a Irak en los años 80, que los israelitas tenían interés en comprarlo y que al menos se preocuparon de saber dónde estaba, así como de saber dónde estaba Eugenio Berríos. No deja de ser una coincidencia que el otro hombre que sabía del gas sarín, el coronel Gerardo Huber, haya desaparecido en extrañas circunstancias”, fue su acotación. (7)

Otra de las informaciones que han surgido en los últimos diez años es que antes de morir Eugenio Berríos tomó contacto con el régimen de Muhamar Gadafi en Libia para ofrecerles sarín.

De este capítulo ultra secreto de la dictadura faltan muchas piezas. La más importante es saber qué pasó con toda la fabricación de armas químicas y bajo qué resguardo se guardan, ya que no se pueden botar. Y quedan otras víctimas no identificadas aún, pero con pistas a seguir. Una nómina que estremece. Hay otra investigación jamás realizada: sobre los millones de dólares que se utilizaron para su fabricación y que salieron de las platas del Estado sin control. Una tarea que no termina porque un frasquito de perfume amenazante acecha en algún lugar.

El que quedó en manos de Mariana Callejas también desapareció con destino desconocido. Ella misma lo confesó a los policías hace pocos años: “Con respecto al atomizador de laca que contenía sarín, debo señalar que efectivamente lo mantuve por muchos años en mi poder ya que no sabía cómo deshacerme de él, hasta que se lo entregué a una persona de confianza quien me manifestó que después de tanto tiempo, el sarín ya no era capaz de producir ningún efecto. En cuanto al nombre de esta persona de confianza prefiero no mencionarlo…”.

(1) La fotocopia de la carta fue entregada a la autora de este reportaje por el propio general Gustavo Leigh en 1984, quien pensaba incluirla en sus memorias, las que estaba escribiendo y nunca han sido publicadas.

(2) El mayor Rolando Acuña, quien fue pieza clave de todas las sociedades que Manuel Contreras formó en Panamá para el financiamiento de las operaciones de la DINA en el exterior, murió en extrañas circunstancias nunca investigadas a pesar de existir confesiones que acreditan que fue asesinado.

(3) Wolff Von Arnswaldt declaró en tribunales que un oficial de la DINA, Christopher Willeke, le encargó una misión y le presentó a Alfred Schaack, ex soldado de Hitler que había combatido en el frente ruso y era representante de la Sociedad Benefactora Dignidad (Private Sociale Misión) en Alemania. “Schaack me contactaba en el aeropuerto, me entregaba unas maletas, y confieso que cometí una ilegalidad, porque durante tres años yo las enviaba a Chile como maletas de pasajeros por Lan. Me lo pedían Schaack y Willeke, y yo que conocía a la Colonia desde niño y me siento orgulloso de haber estado en repetidas oportunidades siendo huésped de Colonia Dignidad, lo hice. En Chile las maletas eran recibidas por Joe Blanc o Alfred Matus, estrechamente ligado a Paul Schäfer, y quien impartía las órdenes en las casas de Dignidad en Santiago: Campos de Deportes y Bilbao”, declaró. Y agregó que su sorpresa fue constatar que en el aeropuerto de Santiago “las maletas se retiraban con rapidez y sin revisión”.

(4) Parte de su declaración ante el ministro Adolfo Bañados, el 30 de septiembre de 1991.

(5) En los años 2000, la autora descubrió este nexo al entrevistar a Luis Becerra en una investigación que reconstituyó los últimos días de Frei Montalva. Becerra en ese momento era chofer del presidente del Senado, Andrés Zaldívar. La entrevista fue publicada en la revista Siete+7. Becerra debió confesar ante el ministro Alejandro Madrid y está procesado en el juicio por el crimen de Frei Montalva.

(6) Como dato anecdótico se dirá que el verdadero Manuel Morales fue interrogado y recordó que perdió su cédula de identidad cuando vivía al lado del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE), en García Reyes y Alameda.

(7) Entrevista realizada por la autora y publicada en el diario La Nación del 17 de octubre de 1993.

Fuente: CIPER Chile

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Bosch para 1969 hablaba de “los dólares y el desarrollo”

        ¿Qué importancia tiene para la América Latina esa pérdida constante de dólares?

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 Tiene mucha importancia, pues el dólar, una moneda que recibimos en pago de lo que vendemos en Estados Unidos, Canadá y Europa, nos sirve para pagar lo que compramos en esos mismos países. Debe aclararse que cualquier país de la América Latina recibe dólares y paga en dólares aunque no comercie con Estados Unidos; lo que pasa es que el dólar es la moneda con la cual se hace el comercio internacional de la América Latina. Algunos países, como Jamaica, Trinidad, Barbados y Guayana, hacen su comercio a base de la libra

esterlina, que es la moneda inglesa. Los latinoamericanos necesitamos dólares para comprar maquinarias y otros productos industriales y también para adquirir capacidad técnica, pues aquéllos y ésta son indispensables para el desarrollo de nuestra riqueza; y resulta que en vez de acumular dólares lo que acumulamos son deudas en dólares, lo que hace que cada vez sea más difícil para nosotros conseguir lo que necesitamos

para progresar.

 

En cuanto a capacidad técnica, la situación de la América Latina es penosa. Está probado que no puede haber desarrollo de las riquezas de ningún país si no se forman técnicos que

dirijan y lleven a cabo el desarrollo, y para formar un técnico en la América Latina hay que gastar el equivalente de diez a veinticinco mil dólares. Pues bien, en el año 1965 salieron

hacia Estados Unidos 7 mil 804 técnicos latinoamericanos, de los cuales 973 eran argentinos. (Ver cable de Buenos Aires publicado en El Nacional de Santo Domingo, 10 de noviembre, 1968, p.9). En el mismo diario, día 3 de noviembre, 1968, pp.20-21, se publicó un estudio de Ernesto Saúl titulado “América Latina: universidad y fuga”, en el cual se

afirma que en 1970 Chile tendrá un déficit de 5 mil 481 profesionales sólo en las ramas de medicina, ingeniería, agronomía, odontología y arquitectura. El autor dice: “Entre 1961

y 1965 emigraron a Estados Unidos 2 mil 515 médicos latinoamericanos, lo que representa un promedio de 500 médicos anuales. Se calcula que esta cantidad equivale a la producción de tres facultades de medicina, que costarían a Estados Unidos 60 millones de dólares por concepto de edificación y 15 millones de dólares anuales para su funcionamiento. Estas sumas son superiores al total del aporte de Estados Unidos a Latinoamérica por concepto de salubridad. La emigración de ingenieros con el mismo destino alcanza también una cifra cercana a los 500 anuales”.

¿Qué quiere decir eso?

Quiere decir que además de tener cada año un déficit en dólares, los latinoamericanos tenemos un déficit en técnicos. Necesitamos técnicos y resulta que los que tenemos se van

hacia Estados Unidos, y sin técnicos no podremos desarrollar nuestros países, aumentar nuestra riqueza y con ello mejorar el nivel de vida de nuestros pueblos, garantizar su salud y ampliar su cultura. Para comprender la importancia de la técnica en el aumento

de la producción vamos a copiar lo que dice el profesor francés M. Lewin en Introducción a los problemas de la cooperación y el desarrollo, publicado por el Instituto Internacional

de Administración Pública (París, Francia), para el uso de sus estudiantes. En la página 20 del trabajo del profesor Lewin puede leerse que según un estudio hecho por Gosplán, que es el departamento encargado de hacer planes de desarrollo en la Unión Soviética “un año de aprendizaje suplementario en una fábrica aumenta la productividad de un obrero analfabeto de 12 a 66 por ciento, pero un año de estudios primarios provoca un aumento de la productividad en 30 por ciento, cuatro años de estudios provocan una mejoría de 79 por ciento y siete años de asistencia escolar provocan 235 por ciento de progreso en la productividad económica de ese trabajador y los estudios superiores, es decir, diez o quince años de estudios, se reflejan en un 320 por ciento de aumento en la productividad”.

Si la productividad de un trabajador, o lo que es lo mismo, su capacidad para producir, aumenta de acuerdo con sus estudios, la situación de la América Latina es mala. Según las

apreciaciones de la UNESCO, en 1965 el 29 por ciento de la población que tenía más de 15 años no sabía leer ni escribir; pero eso no significa que supieran hacerlo los que tenían menos de 15 años y más de 7, pues todos los años se quedan millones de niños latinoamericanos sin escuelas. El padre Guzmán C. (op. cit., p.48) dice que en 1969, de 1 millón 886 mil niños campesinos de Colombia, 1 millón 806 mil 732 se quedaron sin escuela, y que en 1965 no hubo lugar en las escuelas del país para la mitad de la población escolar ni la hubo para el 86 por ciento de la educación secundaria ni para

el 97 por ciento de la educación superior. Y Colombia no es el único país de la América Latina donde sucede eso o algo parecido.

 

¿Cómo se explica semejante situación? ¿Por qué hay en la América Latina dinero para fabricar casas lujosas, edificios de apartamentos, hoteles caros, para comprar automóviles que parecen palacios que ruedan, yates y whisky, y no hay dinero para educar a los niños campesinos? ¿Qué pasa con los dólares de la Alianza para el Progreso, que no alcanzan ni siquiera para dar escuelas a los niños que las necesitan?

 

Los dólares de la Alianza para el Progreso no son dólares, aunque a la hora de pagarlos tenemos que hacerlo en dólares; en su mayor parte lo que recibimos a través de la Alianza son productos, y con frecuencia el precio de esos productos es más caro que si hubieran sido comprados con dinero en otros países, y por cierto una parte apreciable no nos llega ni siquiera en productos sino en ayuda técnica, en estudios de obras y en proyectos. Esa ayuda técnica resulta muy cara porque se nos cobra por ella al precio que se paga en los Estados Unidos, un país donde todo cuesta mucho más que en la América Latina;

y se da la contradicción de que pagamos el trabajo de técnicos norteamericanos y al mismo tiempo nuestros técnicos han estado yendo a darles a Estados Unidos los conocimientos que adquirieron en nuestros países con dinero y esfuerzo producidos

por nuestros pueblos.

 

ALLENDE: Las grandes alamedas

An East German stamp commemorating Allende
An East German stamp commemorating Allende (Photo credit: Wikipedia)
Página 12
Ni que se haya convertido en la fecha de la caída de las Torres Gemelas evitará que –para nosotros, para los hombres y mujeres de América latina– el 11 de septiembre sea la fecha del golpe de Estado más detestable de los tantos que padecimos. Se trataba de un gobierno elegido democráticamente. Se trataba de un país con un ejército que –a diferencia de los de nuestro continente– había sido guardián del orden constitucional. Se trataba de un presidente que era un hombre noble, con ideas e ideales, un hombre honesto y un hombre valiente. Había tenido un gran apoyo de las masas obreras. Y una queja constante, un repudio sin tregua, del MIR, el principal grupo armado de Chile. Finalmente, todos los sectores de la sociedad –menos los obreros– se unificaron para voltearlo: el ejército, los medios de comunicación, los gremios, las clases altas, las clases medias y –con un empeño criminal, furibundo– los Estados Unidos de Nixon y Kissinger. Las clases medias inauguraron la modalidad de salir a la calle con cacerolas y atronar el país pidiendo la renuncia de Allende.
Allende fue el más original, el más creativo de los líderes socialistas del siglo XX. Descreyó de la célebre dictadura del proletariado y eligió el camino democrático, pacífico al socialismo. Si ese camino fracasó, no menos fracasaron los otros. Con una enorme diferencia. Allende no dejó decenas o decenas de miles o millones de cadáveres tras de sí. Ni presos políticos tuvo. Confiaba en solucionar la antinomia entre socialismo y democracia, que el mandato de la dictadura del proletariado (que viene de las páginas de Marx y que éste asume como su mayor aporte a la teoría política) obliteraba. La derecha –beneficiada por los errores y por las muertes de los socialismos triunfantes y luego derrotados– no tiene rédito alguno para sacar de la experiencia de la Unidad Popular. Salvo que digan que nacionalizar el cobre equivale a fusilar enemigos políticos, o peor aún.

En su último mensaje, don Salvador Allende dijo a su pueblo y a todos los pueblos de América:
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

El criminal de guerra Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, peor criminal de guerra aún, odiaban a Allende con una pasión enfermiza. En octubre de 1970, Nixon dijo sobre él palabras injuriosas: “That son of a bitch, that bastard…”

Pero esa imagen de este hombre sereno –aunque capaz de encarnar la fuerza de un tornado–, que lo único que nos dejó, como pertenencia, fue el pedazo ensangrentado de uno de los vidrios de sus anteojos, este hombre maduro, con canas, que sale de La Moneda con casco de guerra y metralleta, para morir peleando, tal vez insensatamente, pero como él lo sentía, es, para mí, el símbolo más puro de la rebeldía, porque trató de cambiar el mundo por los caminos de la democracia y de la paz, y porque no pudo, porque los asesinos del poder internacional no lo dejaron, agarró una metralleta, se puso un casco de guerra y decidió (como esos bravos, legendarios marinos con sus barcos) hundirse con su causa. ¡Ah, don Salvador Allende, ojalá hubiera yo tenido alguna vez en mi patria un líder como usted! Simple, duro, pero sensible, amigo y compañero de la gente de su pueblo, sin sinuosidades, con una sola palabra, la misma de siempre, la que marcó la coherencia de sus días y, por si fuera poco, con ese coraje, don Salvador, que le hizo decir:

De aquí no me voy, que sigan otros, no van a faltar, y van a llevarme en sus corazones como a un hombre puro, como a un guerrero y como a un demócrata que les va a henchir el pecho de orgullo y de exigencias perentorias. Porque, de ahora en más, todo chileno que sepa que tiene detrás la figura de Salvador Allende, sabe que no se viene a la vida a jugar, a gozar de las liviandades y las tentaciones, sino a meterle el alma y el cuerpo a las causas duras, las de la injusticia, las del hambre, las de la tortura y la muerte. Es mi legado.

Lo es. Tenía la cara de un hombre bueno. Vestía de civil. No andaba ostentando armas ni uniformes bélicos. Se metía entre los obreros. Hablaba en sus asambleas. Les pidió, al final, que se cuidaran. Que no se dejaran sacrificar fácilmente por los carniceros que se cernían sobre Chile. Cuando Castro lo visitó le dijo que tenía que recurrir a la violencia si quería sostenerse. Allende no lo hizo. De la violencia se ocupaban los guerrilleros del MIR que, desde luego, lo acusaban de burgués conciliador. ¿Por qué se habrán preocupado tanto los de la CIA y Nixon y Kissinger por un burgués conciliador? ¿Por qué el ejército habrá bombardeado La Moneda? ¿Por qué el diario El Mercurio (al que Nixon le dio dos millones de dólares para desestabilizar su gobierno) lo atacó sin piedad ni vergüenza? ¿Por qué las conchetas chilenas, que son terribles, salieron con sus cacerolas para injuriarlo? ¿Sólo porque era un burgués conciliador? Los del MIR fueron funcionales a los golpistas que, salvo los que se fugaron, murieron todos, en el Estadio Nacional o en las más siniestras mazmorras, tan cruelmente como los líderes de la Unidad Popular. No, Allende no era un burgués conciliador. Era un socialista temible. Porque había elegido la democracia (el arma ideológica que la derecha cree suya) para ir hacia el socialismo. Pero, luego, hizo algo peor. Murió con su causa. Dejó, para el socialismo, un ejemplo moral incuestionable. Y murió sin perder sus esperanzas. El hombre libre volverá. Las altas alamedas lo esperan. Bajo ellas se fue Allende de este mundo.

Derrocamiento de Allende, contado por Washington

 

Desde 1961, apenas posesionado, el presidente John F. Kennedy nombró un comité encargado de las elecciones que se desarrollarían en Chile tres años después. Según la investigación de la Comisión Church del Senado estadounidense[1], estuvo compuesto de altos responsable del Departamento de Estado, la Casa Blanca y la CIA. Este Comité fue reproducido en la embajada estadounidense en Santiago, capital chilena. El objetivo era impedir que el candidato socialista, Salvador Allende, ganara los comicios [2].Allende era un marxista convencido de que por la vía pacífica se podía llegar al gobierno, y, desde ahí, darle un vuelco a las estructuras del Estado en beneficio de las mayorías empobrecidas. Expresaba que para lograr tal objetivo se debía nacionalizar las grandes industrias, priorizando las que estaban en manos estadounidenses, al ser éstas las que explotaban los recursos estratégicos. Estos, y otros ideales sociales, lo convirtieron en un indeseable para Washington: podría servir de ejemplo para los pueblos de otras naciones latinoamericanas.
Para hacerle oposición, varios millones de dólares fueron distribuidos entre los partidos políticos de centro y de la derecha para que realizaran su propaganda. Al momento de elegir el candidato a la presidencia, Washington decidió apoyar a Eduardo Frei, del partido Demócrata Cristiano, un personaje que impuso a sus otros financiados.
En total, la operación costó unos veinte millones de dólares, una suma inmensa para la época, al punto de sólo poderse comparar con lo gastado en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es que Washington no tanto invirtió en el candidato Frey, sino que realizó toda una campaña de propaganda anticomunista a largo plazo.
La Comisión del Senado dijo: “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales.” La Comisión reconoció que la CIA realizó, por intermedio de sus partidos comprados y varias organizaciones sociales, una “campaña alarmista” donde el objetivo principal fueron las mujeres, a las cuales se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende. Afiches distribuidos masivamente mostraban a niños llevando en la frente un tatuaje con la hoz y el martillo. La tradición religiosa también fue manipulada al máximo para que se temiera al “comunismo ateo e impío.”
La operación psicológica funcionó por encima de las expectativas: Frei logró el 56% de votos, mientras que Allende el 39%. La CIA, según la Comisión del Senado, aseguró que “la campaña de inculcar miedo anticomunista había sido la más eficaz de todas las actividades adelantadas.”
Fue una operación psicológica, con carácter de guerra, cuya base eran los planes aplicados en Guatemala que terminaron derrocando al presidente Jacobo Arbenz, en junio de 1954 [3]. Una operación que en Chile no se desmanteló con el triunfo de Frei, porque, a pesar de todo, la cantidad de votos logrados por Allende fue alta. Y el vencido tenía todas las intenciones de presentarse a las futuras elecciones.
En sus Memorias William “Bill” Colby, jefe de la CIA entre 1973 y1976, cuenta que durante las elecciones presidenciales de 1970, “la CIA debió dirigir todos los esfuerzos contra el marxista Allende. Ella se encargó de organizar una vasta campaña de propaganda contra su candidatura.” [4] La operación se llamó “Segunda Vía”. Todo por orden directa del presidente Richard Nixon.
Henry Kissinger, el consejero para la Seguridad Nacional del presidente, expresaría durante una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, el 27 de junio de 1970: “Yo no veo por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” [5] O sea, la soberana decisión de los ciudadanos no podía ser válida si no estaba en concordancia con los intereses estadounidenses. Durante esta reunión se decidió sumar trescientos mil dólares a la operación de propaganda que ya se adelantaba.
Según la Comisión Church del senado, Richard Helms, jefe de la CIA desde 1966, envió a dos oficiales de la CIA, a los que conocía desde los primeros preparativos de invasión a Cuba, como responsables; ambos especialistas de la guerra psicológica y la desinformación; con importante participación en el golpe de Estado en Guatemala, y acababan de desembarcar de la guerra en Indochina: David Atlee Phillips y David Sánchez Morales. La Comisión del Senado dijo que una de las consignas que englobaba la campaña era: “La victoria de Allende significa la violencia y la represión estalinista.”
Pero el 4 de septiembre de 1970 Allende ganó las elecciones. Escribe Colby que “Nixon entró en cólera. Él estaba convencido de que la victoria de Allende haría pasar a Chile al campo de la revolución castrista y anti-americana, y que el resto de América Latina no tardaría en seguirle los pasos.” Prosigue el ex patrón de la CIA: Nixon convocó a Helms “y le impuso muy claramente la responsabilidad de evitar que Allende asumiera sus funciones.” En la misma reunión Nixon encargó a Kissinger darle un seguimiento estricto al complot.
Es que quedaba una posibilidad para evitar que Allende asumiera la presidencia: había triunfado pero con una mayoría relativa, debido a que las fuerzas de izquierda se habían dividido, carcomidas por la campaña mediática y/o el dinero que la CIA logró inyectar a ciertos grupos. Por tanto el Congreso chileno se debía reunir el 24 de octubre para decidir entre Allende y Jorge Alessandri, candidato del partido conservador y quien obtuviera la segunda votación. El plan de Washington era, entonces, comprar el voto de congresistas para que no confirmaran el triunfo del socialista. Helms envió a un “grupo de trabajo” que mantuvo una “actividad frenética” durante seis semanas”, según relata Colby. Esto tampoco funcionó y Allende sería declarado ganador de las elecciones.
Los operarios especiales de la CIA tomaron contacto con responsables políticos y militares para seleccionar aquellos que podrían estar listos para actuar contra Allende, “y determinar con ellos la ayuda financiera, las armas y el material que fuera necesario para barrerlo de la ruta hacia la presidencia”, según Colby.
La mayor esperanza se centró en las Fuerzas Armadas, pero todo dependía de su comandante, el general René Schneider. El problema que encontró la CIA es que este militar había expresado claramente que su institución respetaría la Constitución. Y Colby, en sus Memorias, reconoce con una naturalidad espeluznante: “Entonces era un hombre a matar. Se organiza contra él una tentativa de secuestro que termina mal: fue herido al oponer resistencia y muere poco después debido a las heridas.”
Según la Comisión Church el 22 de octubre, muy temprano en la mañana, la CIA entregó a conspiradores chilenos metralletas y municiones “esterilizadas”, denominadas así porque en caso de investigación no es posible determinar su origen. Horas después se produjo el atentado. Tres días después moriría Schneider, “el hombre a matar”. Inmediatamente el presidente Nixon envió un cínico mensaje a su homólogo chileno: “Yo quisiera hacerle parte de mi dolor ante este repugnante acto.” El sucesor de Schneider sería un tal general Pinochet.
El 3 de noviembre de 1970 Allende se posesionó como presidente: Nixon no le envió el regular mensaje de felicitación que exige el protocolo diplomático, ni el embajador estadounidense asistió a la investidura.
Ahora correspondía preparar la desestabilización del nuevo gobierno, lo cual se encargaría a la Dirección del Hemisferio Occidental de la Agencia. Una dependencia que desde 1972 tuvo como director a un oficial con gran experiencia en operaciones clandestinas: Ted Shackley. Y éste nombró a su hombre-sombra, Tom Clines, para que se concentrara en el “caso Allende”, teniendo bajo su responsabilidad a los viejos colegas Sánchez Morales y Atlee Phillips.
En marzo del siguiente año Bill Colby vuelve a ser el superior de Shackley y Clines como subdirector de Operaciones Especiales. Este trío regresaba de estar al frente de la guerra sucia en Indochina, muy particularmente en Vietnam.
Desde 1972 este equipo de la CIA, en Washington y Chile, fue desarrollando la operación más perfeccionada de desinformación y sabotaje económico que hasta ese momento se conociera en el mundo. Colby confesó que fue una “experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera para desacreditar y derrocar a un gobierno.” [6]
No fue todo. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria para un eventual golpe de Estado. “Listas de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno si se diera un levantamiento militar.” [7]
Según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, esta información sensible de Estado fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y de dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, La Unidad Popular [8] . Mientras que en Washington los empleados de la embajada chilena se quejaban de la desaparición de documentos, no sólo de la sede diplomática sino de sus propios domicilios. Sus comunicaciones fueron sometidas a escucha. Un trabajo realizado por el mismo equipo que muy poco después se involucraría en el Watergate. [9]
La acción contra Allende necesitó de una campaña internacional de difamación e intrigas. Buena parte de ella fue encargada a un inexperto en política exterior y casi desconocido político, aunque viejo conocido del presidente Nixon y de los hombres que adelantaban la operación: George H.W. Bush. Esa tarea la realizó como embajador en la ONU, función que ocupaba desde febrero de 1971. Cuando fue nombrado para el cargo nadie quiso recordar que pocos meses antes había logrado, como representante a la Cámara de Texas, que se restableciera en ese Estado la pena de muerte para los “homosexuales reincidentes”.
El 11 de septiembre de 1973 se da el sangriento golpe de Estado contra el gobierno de Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, y se desata una terrible represión. Aunque Shackley había dejado su cargo poco antes de aquel fatídico día, fue la figura clave en el operativo. Su biógrafo afirma: “Salvador Allende murió durante el golpe. Cuando el humo se disipó, el General Augusto Pinochet, dirigente de la Junta Militar, estaba en el poder dictatorial, debido en parte al arduo trabajo de Shackley […]” [10]
Casi un mes después, el 16 de octubre, Henry Kissinger recibiría el Premio Nobel de la Paz… Al año siguiente del golpe, mientras la dictadura seguía ensangrentando a la nación, el presidente Gerald Ford declaraba que los estadounidenses habían actuado “por los mejores intereses de los chilenos y, obviamente, para los de Estados Unidos.” [11]
Mientras que en 1980 el ex presidente Nixon escribiría: “Los detractores se preocupan únicamente por la represión política en Chile, e ignoran las libertades fruto de una economía libre […] Más que reclamar la perfección inmediata en Chile, deberíamos apoyar los progresos realizados.” [12]
(* Con algunos pocos cambios, este es un capitulo tomado del libro “El Equipo de Choque de la CIA”. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.)
Notas:
1- Comisión especial presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” November, 1975. U.S. Government printing office 61-985, Washington, 1975.
2- Cover Action in Chile, 1963-1973. The Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, US Senate. Washington, 18 décembre 1975.
3- El presidente estadounidense Dwight David Eisenhower autorizó a la CIA el derrocamiento de Arbenz, aplicando un plan integral, inédito hasta ese momento en el continente, que contenía acciones de guerra sicológica, mercenaria y paramilitar, cuyo nombre en clave fue PBSUCCESS. Ver: Cullather, Nick. “Secret History: the CIA Classified Accounts of its Operations in Guatemala, 1952-1954”. Stanford University. 1999.
4- Colby, William. “30 ans de C.I.A.” Presses de la Renaissance. París, 1978.
5- Newsweek. Washington, 23 septembre 1974.
6- New York Times. 8 septembre 1974.
7- Cover Action in Chile, 1963-1973. Ob. Cit.
8- Blum, William. “Les guerres scélérates”. Parangon, París 2004.
9- Watergate se llamaba el edificio donde ese encontraban las oficinas del Partido Demócrata. Ilegalmente, en 1972 el presidente Nixon ordenó que fueran puestas bajo escucha. Ante las pruebas y el escándalo el presidente debió renunciar en agosto de 1974. Ver: Marchetti, Victor y Marks, John. “La CIA et le culte du renseignement”. Ed. Robert Laffont. París, 1975.
10- Corn, David. Blond Ghost, “Ted Shackley and the CIA’s Crusades”. Simon & Schuster. New York, 1994.
11- New York Times. 17 septembre 1974.
12- Nixon, Richard. “La vraie guerre”. Albin Michel. París, 1980.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

El Pentagonismo y su amenaza real en Latinoamérica

por José Suarez Danós

                              PROFESOR JUAN BOSCH ANTILLANO Y ANTI IMPERIALISTA
El 15 del presente se realizó en Caracas la entrega del “Premio Libertador al Pensamiento Crítico” en un acto cultural que es parte del legado humanístico dejado por el ex presidente venezolano Hugo Chávez.
La premiación instituida en el año 2005 a través del Ministerio del Poder Popular Para la Cultura, tiene como propósito “reconocer la labor reflexiva de autores que han desarrollado una visión distinta a la mirada monolítica del pensamiento único”.
La octava edición presidida por el mandatario venezolano Nicolás Maduro hizo entrega del “Premio Libertador” y cinco “Menciones Honoríficas” a obras e intelectuales que un jurado internacional determinó como merecedores para ello.
El máximo galardón del evento fue otorgado en esta oportunidad al sociólogo e investigador argentino Atilio Borón por su obra “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo”. Borón es Licenciado en Sociología de la Universidad Católica de Argentina, Magister en Ciencias Políticas de la FLACSO en Chile y Ph. D. en Ciencias Políticas de la Universidad Harvard en EE.UU…  Seguir leyendo

¿El Presidencialismo un impedimento para la Democracia?

Español: Feministas marcharon del Monumento a ...

Es muy cierto que el sistema político presidencialista en América Latina sea uno de los mayores problemas para alcanzar una Democracia plena en los países latinoamericanos, pero no es tanto su sistema de partidos o el sistema electoral, sino más bien en su sistema cultural que tienen estas regiones. Esto es lo que ha hecho que el sistema Presidencialista sea puesto en tela de juicio, criticado por múltiples autores y hasta se ha visto la opción de pasar a un parlamentarismo o un semi presidencialismo, el caso es que, lo que en verdad preocupa es la importancia de los sistemas políticos en América Latina, la importancia que tienen en los individuos, su interés social y político. Los individuos presenta un completo desinterés en la política, no respetan instituciones, desconocen sus derechos y sobre todo sus obligaciones, esta forma de actuar de los individuos y gobernantes se ha compenetrado, se ha asimilado como “nuestra forma de ser”, estas características han empoderado al individuo, hasta llegar al grado de un comportamiento colectivo de desinterés y repudio a la política y a los políticos. Es muy cierto que el sistema cultura nos pesa y sobre todo nuestro valor histórico, pero es también muy cierto que los individuos, se rehúsan al cambio, por ejemplo cuando se habla sobre un cambio de régimen político, una de las primeras excusas son que ese sistema no es el adecuado para nosotros, que no se va a poder cambiar de sistema nunca y vemos al sistema presidencial como  una especie de gen que se encuentra en nosotros y que es imposible removerlo. Esta asimilación de impedimento o rechazo al cambio, es lo que genera en el individuo una especie de barrera a un nuevo sistema y a modificar el que ya se tiene.

El Presidencialismo es la causa de la falta de Democracia, pero no por el mismo sistema, sino por los individuos y su forma de aplicar dicho sistema, es cierto que el sistema presidencialista se consta del poder en un solo hombre (Presidente) y que este gobierna de forma unipersonal, pero es también claro la división de los poderes , la elección de candidatos por regiones o distritos uninominales y/o plurinominales, la representación y la participación son características de un sistema democrático-republicano y en muchos de los países latinoamericanos federal. En muchos países existe un sistema presidencial fuerte  y centralista (real) pero en muchos otros este poder es otorgado imaginariamente y se le otorgan facultades infrahumanas al Presidente, centralizando el poder y olvidando las otras partes políticas y organizacionales existentes para el funcionamiento del sistema.
La falta de valorización y de conocimiento acerca de las instituciones aleja cada vez mas a los individuos de sus partidos, del sistema electoral, de la forma de ciudadanía, y es por ello que los individuos en vez de exigir, reclamar y/o denunciar, muchos a falta de su conocimiento, otros de forma contraria aprovechan de que muchos desconocen sus derechos y obligaciones y usan estas actividades para su propio beneficio y esto ha provocado la incertidumbre y la total desconfianza en las instituciones. Pero debemos recordar que estos errores, el mal uso del sistema político presidencialista, es modificado a total conveniencia por los individuos, no es simplemente el sistema, el sistema esta bien, la ideología y el concepto de Democracia no es el problema, el problema real es el uso que le den de ella, es por ello que la cultura política y social de un país es demasiado importante, de ella parte que se cumplan las leyes y normas establecidas en la constitución y las forma ética y de valores de los seres humanos. Los sistemas fueron sistemas ideológicos y en muchos casos utópicos, pero por esta misma razón es que no pueden llegar a funcionar en su totalidad, pero esto es lo que nos lleva a pensar que el sistema no es el verdadero problema, pues la ideología en muchos casos es perfecta, pues es retomada de algún tipo ideal, el problema es cuando este ideal se materializa en un contexto social determinado.
El sistema cultural se remonta desde las primeras implantaciones de una Monarquía limitada, centralista, en el cual lo que ahora es el Presidente, era el Rey o monarca, empezaron a surgir asambleas parlamentarias con las cuales se comparte la competencia legislativa. Todo este marco histórico desde las encomiendas en los pueblos indígenas, por parte del pueblo español, la subordinación, el destierro de lo que les pertenecía a los habitantes, es lo que crea una sico-historia, una forma de ser del mestizo, un desprecio por la autoridad, la desconfianza y el miedo hacia la autoridad. Es por ello que en su mayoría los gobiernos de América Latina presentan un exceso de corrupción, de clientelismo de interés más particulares que el de un bien común, porque la idea de valorar al otro (la otredad) se ha borrado del pensamiento latinoamericano, y este es un tema de suma importancia. Es muy cierto que en países europeos ( y en muchos países latinoamericanos en donde la migración europea fue relevante) el desarrollo de la Democracia, del sistema político , está muy bien desarrollado debido a que estos países pasaron por circunstancias, las cuales los llevaron a estos sistemas, pasaron dictaduras, catástrofes naturales, es mas el pensamiento de las primeras civilizaciones avanzadas como la griega y la romana, fueron objeto de estudio de los intelectuales, es así como ellos capaces de crear un sistema acorde a sus interese y contexto lograron unificarse para un mismo objetivo: crear un sistema político que garantizara, Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Estos países desarrollados explican su forma de ser, su pensamiento, su interés por la política, la representatividad y participación, porque el sistema cultural se fue implantando conforme a sus interese sociales. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Por qué es que en América Latina, en específico México, no puede adecuarse a su contexto social e implantar un sistema que se adecue a las necesidades sociales e individuales? Países como Brasil, Chile, (por mencionar algunos) estas avanzando en nuevas formas de implementar su política, su crecimiento económico, los ciudadanos empiezan a participar en conjunto con su gobierno y tal vez se pueda decir que porque son herederos y descendientes de culturas europeas mayor desarrolladas que lo fue la española, pero estos países están logrando avanzar y una de sus razones es porque están viendo al futuro, no al pasado como muchos países latinoamericanos(entre ellos ,México), valoran su cultura, su historia, pero no viven en ella, no se justifican por medio de la historia. Estos países viven y se adecuan a una forma de gobierno actual, es por ello que muchos países de América Latina, han ido adoptando formas de sistema parlamentario, siendo presidenciales, (la segunda vuelta, un sistema Legislativo más fuerte). Estos países han aprendido de sus errores y lo que buscan es no volver a caer en ellos (el autoritarismo, guerra civiles, militarismos), muy diferente al pensamiento mexicano, el cual no aprende de sus errores, sino que más bien parece no tener memoria, es por ello que se argumenta que en México no ha habido un autoritarismo como los otros países latinoamericanos, pues la sociedad mexicana jamás se ha visto en una situación tal, para que haya un cambio que implique la organización y la integración de todos los sectores sociales, sino mas bien son problemas sectoriales, en los cuales la sociedad en su conjunto no se integra, sino es hasta que el problema afecta al individuo o colectividad.
Este argumento es contra atacado (o ¿justificado?) por el sistema Neoliberal, el cual consiste en que todo se vende, en el hiper individualismo y el hiper consumo, lo que para muchos justifica la falta de integración social y por una parte es válido este argumento, valido hasta la forma de análisis cultural que se tiene tanto de México como de muchos países latinoamericanos, pero no como una forma de excusarse  de todas nuestras acciones en el sistema económico y político. Son muchos los países que están inmersos en este (ya no tan nuevo) sistema y que tienen una gran organización social, son individualistas sí, pero también saben cómo y cuándo trabajar en conjunto.
El robo, la corrupción, el engaño, son acciones difíciles de justificar pero que aquí en México y en la mayoría de la América Latina se han hecho justificables y hasta necesarias, es por ello que culpar al sistema político y económico como causante de nuestra falta de honestidad y trabajo en equipo es un error más bien lo que se debería de empezar a analizar es a los individuos y su relación con cada sistema, el problema no es el presidencialismo, sino la forma en que los individuos gobiernan y se dejan gobernar, si se llegara a un parlamentarismo con estos mimos niveles de corrupción volveríamos a caer en lo mismo debemos re-pensar a la ciudadanía, al político y a la política, y no hacer una alusión al sistema, analizar a las partes y dejar de culpar siempre al sistema opresor de todo y empezar a cambiar nosotros mismos que somos los que reproducimos cada día ese sistema y dejar de justificarnos en el.

MARGARITA: Una ingeniería política para un mejor PLD

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Con la apertura de su VIII Congreso Ordinario, el Partido de la Liberación Dominicana entra en un período deintrospección profunda, bajo el esquema ideado por su fundador, el profesor Juan Bosch, quien diseñó “los métodos de trabajo más avanzados” para que el Partido se mantuviese a la vanguardia en el sistema político nacional.  El mismo profesor Bosch decía que los partidos debían evaluarse internamente y “prepararse para ver con claridad no sólo lo que sucede en torno suyo, sino además prever lo que sucederá […] detenerlo si está llamado a ser dañino, o acelerarlo si está llamado a serle útil al pueblo”. Es por ello que el Partido está volcando todos sus esfuerzos para el éxito de este evento y para la ejecución de las medidas que resulten del mismo.

Lo que se ha iniciado el pasado domingo en el Partido de la Liberación Dominicana es el método de trabajo más importante para el fortalecimiento institucional de sus estructuras, un nuevo acercamiento a los distintos sectores de la sociedad y una actualización de las doctrinas y líneas de pensamiento del PLD.

Y no es casual que se haya dedicado a uno de los hombres que más luchó, desde todos los escenarios, para que el PLD se abriera el camino hacia el ejercicio responsable del poder. El Comandante Norge Botello estuvo en la primera línea de defensa de los valores de la Patria y en el primer batallón que luchó para que este Partido sea hoy lo que es: la principal fuerza política de nuestro país.

Las expectativas hacia el resultado de este proceso de autoevaluación son altas y el proceso previo que se ha llevado a cabo ha asegurado una amplia participación de la militancia del partido en los 15 temas que fueron aprobados por el Comité Político, lo que constituye un ejercicio de democracia ejemplar a lo interno de esta organización.

Esta tarea de ingeniería política que hemos emprendido, se inicia en un momento particular para las democracias de nuestra región. Alrededor del mundo se plantean serios cuestionamientos a la representatividad política, a los sistemas electorales, al sistema de partidos, al modo de sufragio, a los árbitros electorales, a las campañas políticas y al ejercicio gubernamental. Se trata de un serio debate sobre los cimientos del contrato social que planteó Jean-Jacques Rousseau en el siglo XVIII.

Las recientes protestas en Chile, Brasil y Egipto, que han sido una secuela de la ola de protestas sucedidas en Medio Oriente que se conoció como la “Primavera Árabe”, han puesto en entredicho varios aspectos de la forma en que se relacionan los Partidos, el Gobierno y la Sociedad.

El proceso en el que se ha embarcado el Partido, resultará en una adecuación de sus estructuras partidarias a la realidad de un partido de masas, con el objetivo de continuar siendo un faro ideológico para los militantes, a la vez que una maquinaria electoral eficiente y eficaz.

Además, se replanteará la relación del Partido con la sociedad, de forma que promovamos un mínimo común denominador entre las múltiples aspiraciones y reclamos de los distintos sectores de la sociedad.

En ese tenor, el PLD trabajará arduamente con los jóvenes, quienes en las pasadas elecciones constituyeron el 32% de los votantes (18 a 30 años) y con las mujeres, quienes fueron el 50.8% del total de votos. Estos dos sectores son quienes impulsarán las políticas públicas que marcarán la diferencia en este siglo XXI.

Por otro lado, trabajaremos en el fortalecimiento de la capacidad del Partido de jugar su rol en el sistema político, dotando a sus estructuras de una mayor capacidad operativa. De esta manera, la tarea de gobernar no absorberá en tiempo los esfuerzos que puedan realizarse desde el Partido para una mejor sociedad.

No hay duda de que la hora de los cambios es difícil. El PLD está en un momento idóneo para analizarse y promover las transformaciones que sean necesarias, para mantenerse siendo el fiel representante de las aspiraciones de la sociedad dominicana. El PLD es y debe continuar siendo el partido que construye el país que la sociedad anhela.

El resultado del VIII Congreso Ordinario nos mantendrá como la principal fuerza política de la nación, para continuar con nuestra contribución a la democracia, misma que sirve al objetivo común de alcanzar el desarrollo integral de nuestra nación.

Margarita Cedeño De Fernández