Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

Economistas Notables: Adam Smith

Adam Smith

Adam Smith, es quizá el más famoso economista del mundo, de hecho, es considerado el padre de la economía moderna al ser el autor intelectual de una teoría que combina la historia, la naturaleza humana, la ética y el desarrollo económico de manera ejemplar. Este autor nació en 1723 en la pequeña ciudad escocesa de Kirkcaldy, justo al norte de Edimburgo, y fue el hijo único de un padre que murió pocos meses antes y de una madre que vivió hasta los noventa años.

A los 14 años, Adam Smith obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Glasgow y más tarde otra para la Universidad de Oxford. Fue uno de los filósofos más importantes de su época y pronunció conferencias sobre ética, teología natural, jurisprudencia y economía política. Fue discípulo de Frances Hutcheson, amigo de David Hume y Francois Quesnay, y consta que sus discípulos viajaban de varios países europeos a escuchar sus ideas progresistas sobre la filosofía moral que fue la base de la ética kantiana. Adam Smith es elEconomista Notable de esta semana. 

La teoría de los sentimientos morales

Aunque Adam Smith era tímido y retraído, fue un excelente profesor y conferencista, querido por colegas y discípulos. En 1759, a los 36 años, publicó el primero de sus dos libros,La Teoría de los sentimientos moralesconsiderada una obra cumbre y excepcional en la historia intelectual del mundo, que fue aplaudida por David Hume, pese a tensionar su Treatise of Human Nature (1739). Se trata de una obra pionera en la ética y la filosofía moral, que precede a la obra monumental de Immanuel Kant. Por ello no es extraño que Kant dedique siempre palabras generosas a Adam Smith.

 

La importancia de esta obra es el cuestionamiento que hace Smith a la tesis de Thomas Hobbes planteadas en El Leviatán (1651) que considera al hombre un depredador del hombre homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. Smith se opone a la idea de un hombre inseguro y precario que ve en otro hombre a un competidor con el cual tendrá una guerra a muerte. Para Hobbes, es esta precariedad humana la que obliga la creación del Leviatán, el Estado Político al cual el hombre transfiere su libertad y, por tanto, su capacidad de asesinar. Casi 90 años más tarde, Hume fue muy débil en su Tratado de la Naturaleza Humana. El cambio radical lo hace Smith, quien demuestra que el hombre tiene la facultad de la empatía, lo que permite a un sujeto ponerse en el lugar de otro sujeto. Con esto ofrece una concepción dinámica e histórica de la naturaleza humana, criticando la concepción utilitarista planteada por David Hume, su maestro y amigo.

En 1764, Smith dejó la enseñanza para aceptar un puesto como tutor para el hijo de un duque y pasó varios años en el continente, en particular Francia, tomando contacto con muchos pensadores franceses como Francois Quesney, la figura principal del movimiento conocido como Los Fisiócratas considerada la primera escuela de pensamiento económico. Quesnay es el autor del Tableau economique y el constructor de los esquemas del flujo circular de la renta y el gasto, que ejerció una gran influencia en Smith. A su regreso a Escocia, se retiró a Kirkcaldy y pasó 10 años en el estudio y la escritura, repensando las ideas de los fisiócratas que pensaban que cualquier política que produjera el efecto de ampliar el flujo circular era coherente con el crecimiento económico.

La riqueza de las naciones

Este análisis del proceso de crecimiento económico, se encuentra desarrollado en su obra más famosa: Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, publicada en 1776, año de la independencia de Estados Unidos, y de la muerte de David Hume. En esta obra Smith continúa su linea antihobbsiana demostrando que el hombre es un ser social que colabora y participa con otros hombres. Temas como la división del trabajo y su clásico ejemplo de la fabricación de alfileres, el origen y uso del dinero, los precios de los bienes, los salarios de los trabajadores, los beneficios de los accionistas, la renta de la tierra y la fluctuación de los valores de la plata y el oro, son analizados en el primero de los cinco libros que componen La riqueza de las naciones.

 

En el Libro II, Smith se aventura en una tesis sobre el Capital y una distinción sobre el trabajo productivo y el trabajo improductivo, tema que retoma Karl Marx en El Capital. En el Libro III traza un relato del desarrollo de Europa desde la caída del Imperio Romano, mientras el Libro IV analiza y critica las políticas comerciales de los países europeos y traza los argumentos en favor del libre comercio. Toda la extensión del Libro V la deja para la recaudación de los tributos, con gran detalle histórico sobre los diferentes métodos de defensa, administración de la justicia, el poder de la Iglesia, el origen y el crecimiento de los ejércitos, y el manejo de la deuda pública en las naciones modernas. Como vemos, Smith aborda una gran variedad de temas económicos, todos de gran relevancia.

El éxito que tuvo esta obra monumental opacó el éxito alcanzado por La teoría de los sentimientos morales, en una brecha que se fue acrecentando con el tiempo. Incluso, en muchos casos, se toma La riqueza de las naciones como la obra central del pensamiento de Smith sin hacer referencia al marco ya existente en La teoría de los sentimientos morales. Este abandono se hace más evidente en las relaciones entre ética y economía que plantea Smith en su primera obra, así como en la necesidad de reconocer la pluralidad de las motivaciones humanas, y las exigencias que pone a la racionalidad.

Un elemento a tomar en cuenta en el análisis de la obra de Smith es la influencia que tuvo el poema alegórico de Bernard de Mandeville La fábula de las abejas, texto que argumentaba que los vicios individuales hacen la prosperidad pública. Este elemento se convierte en uno de los temas centrales de la obra de Smith, quien señala que la motivación para el cambio económico en el mercado no tiene que valerse de ningún otro objetivo que la búsqueda del interés propio. En el pasaje más citado de La riqueza de las naciones, Smith escribe:

“No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestra cena, sino de su relación con su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad sino a su amor propio”

En la tradición de la interpretación de Smith como el gurú del egoísmo (como a menudo se le llama), la lectura de sus escritos no parece ir más allá de esas pocas líneas, a pesar de que esta frase da cuenta de un tema concreto como es el intercambio, y nada dice sobre la distribución o la producción. Smith discute el funcionamiento del sistema económico en general, y del mercado en particular, en relación a que los seres humanos no se guían solo por el beneficio propio, pues sostiene que la humanidad, la justicia, la generosidad y el espíritu público, son cualidades centrales para el funcionamiento de la sociedad. 

La mano invisible

La “mano invisible” es una de las ideas centrales de Smith, aunque en su origen no hay una confianza ciega en el mercado:

Pero es sólo por su propio provecho que un hombre emplea su capital en apoyo de la industria; por tanto, siempre se esforzará en usarlo en la industria cuyo producto tienda a ser de mayor valor o en intercambiarlo por la mayor cantidad posible de dinero u otros bienes… En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Y tampoco es lo peor para la sociedad que esto haya sido así. Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo.

 

En los tiempos de Adam Smith una de las obras cumbres de la ciencia era los Principios Matemáticos de Isaac Newton (1667). Es Newton el que introduce la idea de mano invisible cuando, al referirse a los astros en el Universo, señala que estos parecen estar ordenados“por la mano invisible de Dios”. A Smith le gusta esta idea de una “mano invisible” que ordena las actividades en el mercado, pero asegura que nadie puede estar guiado por motivos de rentabilidad pura. Smith está convencido de que para el correcto funcionamiento de una economía de mercado se deben regular sus falencias. Por eso defiende las ideas de la Economía Política que buscan asegurar al Estado los ingresos suficientes para proveer los servicios públicos como la educación gratuita y el alivio a la pobreza.

El tema de la desigualdad y la pobreza es clave para Smith y por eso las políticas económicas deben enmendar esta falla. Smith es plenamente conciente de que una ampliación de la desigualdad puede arrastrar al colapso a la economía de mercado, y por eso que para su correcto funcionamiento el Estado debe garantizar el acceso de todos los agentes económicos a los mecanismos de mercado, sea por la vía de la regulación y por la intervención. Al contrario de las ideas que se han masificado, Smith fue un claro defensor de la estructura institucional y de los valores sociales que trascienden el afán de lucro. Con las introducción de las ideas de una economía de mercado abierta a todos los hombres, Smith logra superar el doloroso conflicto existente entre Estado e individuo. Hace 234 años y en las puertas de la revolución industrial, Smith vislumbró un futuro promisorio para la humanidad donde los temas de la ética y el desarrollo eran indisolubles.

 

Más información | Adam Smith’s Lost Legacy
Imagen | Wikipedia (CC)

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Para las grandes mayorías:La “austeridad” económica se está administrando de forma parecida a una tortura.

Sunset -  Las Vegas
Sunset – Las Vegas (Photo credit: Marionzetta)

 

                                        Las raíces intelectuales de la austeridad

Iván H. Ayala, EconoNuestra

Hypolitus de Marsiliis fue un estudioso del derecho del siglo XVI reputado entre otras cosas por inventar algunos métodos conocidos de tortura. Uno de ellos consistía en dejar caer pequeñas gotas de agua en la frente de la víctima durante un periodo que podía durar varios días. Este método era inofensivo físicamente, pero insoportable psicológicamente, pues el goteo continuo impedía dormir. Además a los torturados se les privaba de comida y bebida de forma que, aunque instintivamente trataban de alcanzar la siguiente gota con su boca, indefectiblemente fracasaban, lo que les hacía perder la cabeza en pocos días y posteriormente morir de paro cardiaco.

La “austeridad” económica se está administrando de forma parecida a esta tortura. Las gotas en este caso son los continuos discursos que van cayendo uno tras otro, siempre con el mismo mensaje, en un murmullo de letanías incesante. “No hay alternativas, esta es la única opción, hay que apretarse el cinturón…” Las clases dirigentes, los gobiernos, los “expertos” y los rehenes financieros que son hoy los medios de comunicación, hacen que tengamos una opinión pública secuestrada.

La austeridad tiene unas raíces intelectuales que se remontan al nacimiento del liberalismo económico, en el siglo XVII, cien años después de que los reyes franceses adoptaran la tortura de Hypolitus de Marsilis para luchar contra brujas y herejes. El liberalismo económico surge en defensa de los mercaderes y contra el estado de ese momento, es decir contra el poder encarnado en la monarquía. No es de extrañar por tanto que el liberalismo sacralice el mercado, caracterice al estado únicamente como defensor del mismo y además se niegue de manera radical a financiarlo. No obstante, merece la pena recordar a Polanyi cuando dice que el mercado no tiene nada de natural. Transformar a las personas en trabajadores asalariados, asegurar la propiedad privada de la tierra o inventar el capital y preservar su forma monetaria son proyectos políticos que necesitan de una justicia, regulación, implementación, burocracia… Es un extenso proyecto político de los mercaderes para controlar el aparato estatal.

Uno de los primeros teóricos del liberalismo fue John Locke, cuyos escritos fueron propaganda para la nueva clase social emergente a la que pertenecía, los mercaderes, en detrimento de una decadente aristocracia. Aparece con él la tensión entre, por un lado, la necesidad de tener un estado que reprima los estallidos sociales que se derivaban de la desigualdad inherente a la propiedad privada y por otro, el rechazo a financiar esa estructura estatal mediante impuestos. Fundamentó el concepto del derecho a la propiedad privada individual, sin el que hoy no conoceríamos el liberalismo económico. Para Locke la propiedad residía en cada uno de nosotros, concretamente, en la capacidad de trabajo. Modificar el estado natural de las cosas, por ejemplo trabajando la tierra, hace que esos frutos sean de nuestra propiedad. Igualmente, dado que los criados eran propiedad del amo, los frutos de su trabajo también les pertenecía. Hay que tener en cuenta que cuando John Locke imagina el aparato del estado, lo hace imaginando los detentores del poder en ese momento, la monarquía, en contraposición a los mercaderes. De esta forma defiende el derecho a la rebelión de lo que él considera pueblo (mercaderes) contra los gobernantes (reyes) cuando éstos imponen gravámenes injustos y excesivos. Esta dicotomía dura hasta nuestros días, mientras que el estado debe únicamente mantener una estructura para proteger la propiedad privada de aquellos que no la tienen, éste no puede extraer excesivamente recursos de sus súbditos. La austeridad como principio acababa de nacer.

Posteriormente a Locke, otro de los intelectuales que apuntalaron esta concepción fue David Hume. Este prolífico autor generó ideas en diversos campos del pensamiento, entre los que se encuentra la economía política. Su influencia hoy llega hasta el punto de que su teoría del dinero es la que se utiliza en los más modernos modelos económicos de equilibrio general. Hume era enormemente receloso respecto a la deuda pública. Para él, su emisión no tenía límites (hasta ciertos niveles de interés) y además los costes estaban en cierta medida escondidos al repartirse en varias generaciones. Según Hume estas características hacían que todos los gobiernos fuesen proclives a abusar de la deuda pública, de forma que tendrían que ofrecer unos tipos de interés superiores a los vigentes en el mercado, detrayendo recursos de la economía productiva. Este es el famoso crowding-out, un efecto muy conocido en la macroeconomía moderna. Por si esto fuera poco, Hume razonaba que cuando la emisión de deuda fuera demasiado elevada, se tendría también que vender en el extranjero haciendo que otros países poseyeran una parte creciente de los fondos nacionales. Todo esto nos resulta inquietantemente familiar porque los discursos de los recortes, que ellos mal llaman “austeridad”, con los que se tortura a los pueblos europeos periféricos hoy en día, son pobres réplicas del pensamiento de Hume, pero réplicas al fin y al cabo.

Mark Blyth, autor del libro “Austerity. The history of a dangerous idea”, propone como tercer fundamento de la austeridad a Adam Smith, un filósofo escocés (como Hume) considerado como el fundador de la Economía (Política). Para Smith, la parsimonia o frugalidad natural de los escoceses era la clave del crecimiento económico. De los beneficios de los mercaderes, se ahorraba una parte, y esos ahorros eran los que se prestaban revirtiéndolos otra vez a la economía productiva a través de la inversión alentando el crecimiento. Cuanto más se ahorre, más se invierte y por tanto más austeridad implica más crecimiento. Son las raíces psicológicas de aquellos que ahorran frente a los más pródigos las que permiten a las naciones incrementar su riqueza. Como el ahorro es automáticamente igual a la inversión, la deuda no juega un papel importante en este proceso. El fundador de la economía, Adam Smith, en el libro que es considerado como el primero de la ciencia económica y del capitalismo, “La riqueza de las naciones”, que “Allí donde hay gran propiedad, hay gran desigualdad. Por cada hombre rico, tienen que existir por lo menos quinientos pobres, y la opulencia de unos pocos supone la indigencia de muchos” (p. 580 , “Whenever…”), de forma que el estado en la medida en que se constituye para “asegurar la propiedad, en realidad, se constituye para la defensa de los ricos contra los pobres, o para defender a aquellos que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna” (p. 584 , “Civil government…”). Esta honestidad intelectual se echa en falta en los voceros de los recortes, ya que hoy en día de manera mentirosa e interesada se proponen en aras de la “mayoría” de la población, algo intelectualmente aberrante y socialmente cobarde.

Los discursos de estos tres pensadores fundadores del capitalismo, son los que hoy fundamentan las curas de parsimonia y ahorro a las que se somete a la periferia europea. ¿No son estos argumentos los que santifican el superávit alemán y demonizan el déficit de la periferia? ¿Acaso no tiene el mismo sustrato ideológico decir que los países del sur han “vivido por encima de sus posibilidades”? Lo que no se dice es que esta concepción política y económica de la sociedad, defendía a una clase social concreta en contra de las demás y que, por otro lado, para esa defensa se necesita generar desigualdad y pobreza. Smith defendía el estado mínimo para evitar la quiebra y el default, un estado que se ocupase de infraestructuras, defensa y justicia nada más. Pero sabía qué implicaban sus afirmaciones y cuáles eran las consecuencias sociales que se asumían.

Hace dos años, en 2010, dos de los economistas más influyentes publicaron un trabajo académico donde investigaban la relación entre crecimiento y endeudamiento. El trabajo sostenía que una relación deuda pública/pib por encima del 90% implicaba un crecimiento negativo, es decir, era necesaria la austeridad para contener el crecimiento de la deuda, una conclusión asombrosamente parecida a las de Locke, Hume y Smith. En otras palabras, las conclusiones de dicha publicación académica no eran de dicha publicación académica, sino que eran las premisas de las que intelectualmente parte la clase social dominante: son necesarias curas de recortes masivas. Como es de imaginar este trabajo tuvo un impacto institucional importante, tal y como apuntan sus autores en su propio blog, pues ha sido utilizado política e intelectualmente para apoyar las tesis conservadoras de la “austeridad”. “Austeridad” que por otro lado poco tiene que ver con la defendida por los clásicos mencionados, pues hay una excesiva abundancia cuando de salvar a los bancos se trata.

Rogoff y Reinhart son profesores en una de las más reconocidas universidades privadas de EEUU, Harvard. Pero he aquí que otra universidad estadounidense, pública y conocida por tener uno de los departamentos de economía heterodoxa más importantes de los últimos 40 años, publica un trabajo de un alumno, Thomas Herndon, junto con dos profesores donde se mostraba que los dos influyentes economistas, habían cometido flagrantes errores de aritmética básica. Los errores, curiosa o interesadamente, permitían sostener la tesis de la “austeridad”, mientras que los resultados con esos errores corregidos publicados por Herndon, concluían exactamente lo contrario. Sin embargo, a pesar de haber recibido incluso mayor atención mediática que el trabajo de los dos eminentes economistas conservadores, apenas ha tenido y va a tener una repercusión institucional. Esta asimetría es paradigmática de la relación de fuerzas que sostienen a una y otra corriente, y refleja que los mercaderes todavía detentan el poder aunque no quieran decir que son mercaderes y que detentan el poder.

“Legitima si puedes, ejerce la coerción si es necesario, y acomódate si no tienes opción”, esta frase atribuida a Jurgen Habermas parece ser un código no escrito de las oligarquías. Por ahora vamos por la segunda opción, es decir, nos están aplicando la tortura de Hypolitus de Marsiliis en una lenta agonía que conjuga recortes a escala masiva e inyecciones de liquidez a la banca llamados rescates. La calle tiene la clave de que se pueda revertir la situación.
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Ver: ¿Cuánto desempleo provocaron Reinhart y Rogoff por su manipulación matemática?

 

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Metafísica contra maquinaria: Marx, Keynes, Minsky y la crisis

Una versión muy popular sobre los orígenes de la crisis sostiene que la avaricia condujo a los operadores del sector financiero al exceso que generó la debacle. Es una interpretación de la crisis que encuentra muchos adeptos porque permite encontrar la falla en las debilidades y vicios de unas cuantas personas. El sistema está bien, sólo que siempre hay unas cuantas manzanas podridas que todo lo echan a perder.
De entrada esta representación de la crisis tiene un problema. Se supone que el mercado es un dispositivo que se nutre del egoísmo y de la ambición individual. Como dice Adam Smith, es precisamente porque los individuos son egoístas y persiguen su interés personal que se logra una situación de armonía social en y por el mercado. De ahí su metáfora: es como si cada uno fuera guiado por una “mano invisible” y por su egoísmo terminara haciendo el bien para todos los demás. ¿Cómo es que ahora la ambición desmedida provoca las crisis?
Bueno, también se dice que la desregulación del sector bancario hizo posible la debacle. La ambición habría sido el motor, pero la eliminación de controles sobre el sector bancario y financiero abrió el camino para el despliegue de esas pasiones, trayendo consigo graves implicaciones macroeconómicas.
Pero aquí hay algo interesante. Resulta que si son las pasiones desmedidas las que engendran la crisis, entonces lo que se necesita para prevenirla es establecer los límites adecuados a tal frenesí. En el caso actual, la crisis se hubiera evitado si se hubieran puesto límites a la ambición desmedida. En síntesis, el sistema económico está bien, pero a veces algunos seres humanos lo descarrilan por su conducta malévola o torcida.
Claro, la retórica que utiliza la teoría económica busca expurgar cualquier referencia a la moral y se prefiere usar la palabra “expectativas” en lugar de “pasiones”: los agentes económicos tienen expectativas que se forman de manera más o menos racional. Y así, desde Keynes hasta Lucas, pasando por Minsky, los planes de inversión y consumo de los agentes que integran una economía se forjan a través de los esfuerzos para enfrentar la incertidumbre (Keynes) o para frustrar las intervenciones del gobierno (Lucas).
El análisis de Minsky es más sofisticado, pero descansa en la misma idea. Al igual que otros autores post-Keynesianos, Minsky ofrece un modelo más serio sobre el funcionamiento de una economía monetaria capitalista que lo que propone la teoría convencional. En su explicación sobre la dinámica de una economía capitalista, el endeudamiento y los bancos tienen un papel importante. (Aunque los lectores se sorprenderán, en los modelos de la teoría convencional, la que es utilizada para hacer la apología del neoliberalismo, los bancos no aparecen por ningún lado. Sí, así como lo leyeron: en los modelos de los economistas del sistema, ni los bancos, ni el endeudamiento tienen el lugar que merecen. Pero me estoy desviando del tema).
Aquí lo importante es destacar que en el modelo de Minsky sobre las crisis financieras el papel de las expectativas es crucial. En las fases de tranquilidad en una economía capitalista, los agentes económicos, empresarios en la economía real o prestamistas en el sector financiero encuentran que sus expectativas sobre la evolución favorable de la economía se están confirmando. Proceden a corregirlas al alza y eso conduce a la apreciación de sus activos, lo que les permite mayor apalancamiento y endeudamiento. Y eso conduce nuevamente a nuevas correcciones en su conducta como tomadores de riesgo y así sucesivamente. Pero poco a poco el proceso se agota y arranca un proceso de deflación. Es la crisis y en su desarrollo, el componente subjetivo (la formación de expectativas) desempeña un papel fundamental.
Existe otra visión sobre los descalabros que sufren las economías capitalistas. En ella el sistema económico conduce a la crisis independientemente de la formación de expectativas o de las motivaciones de la conducta de los agentes. En esta percepción el sistema económico es como una maquinaria cuyas contradicciones internas imprimen el dinamismo que conduce a las crisis. No se trata aquí de saber qué pasa cuando los agentes abrazan pronósticos más o menos optimistas sobre el futuro de la economía, o cuando se equivocan en sus anticipaciones. La economía funciona de tal manera que la crisis es inevitable, cualquiera que sea el proceso y el resultado de la formación de expectativas.
Es a lo que conduce el análisis de Marx. Las contradicciones del capitalismo, y en especial la lucha de clases, son la incubadora de la(s) crisis, independientemente de las motivaciones y expectativas de los agentes. Ni el sub-consumo, ni la sobre producción son suficientes para detener permanentemente el proceso de acumulación capitalista. En cambio, la ley tendencial sobre la caída de la tasa de ganancia erige una barrera para la expansión del capital que solamente puede resolverse en y a través de la crisis. Esa ley se manifiesta sin implicar una referencia a las anticipaciones de los agentes.
Es cierto que hay paralelismos entre el análisis de Keynes-Minsky y de Marx. Sin duda sus análisis son complementarios y desembocan claramente en la misma conclusión: una economía capitalista es inherentemente inestable. Keynes diría que, además, es capaz de mantener niveles socialmente inaceptables de desempleo durante mucho tiempo. Por eso es necesaria la acción del gobierno y se abre el debate sobre los diferentes méritos de la política fiscal versus la monetaria, etc. Pero la diferencia profunda entre Marx y Keynes-Minsky es que en el primero no hay manera de evitar la crisis. El capitalismo no es sólo ‘inherentemente inestable’, sino que es sinónimo de desigualdad y crisis. La salida no es una regulación adecuada o una intervención eficaz, sino la transición a un sistema socialmente deseable.

Alejandro Nadal
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Metafísica contra maquinaria: Marx, Keynes, Minsky y la crisis

Una versión muy popular sobre los orígenes de la crisis sostiene que la avaricia condujo a los operadores del sector financiero al exceso que generó la debacle. Es una interpretación de la crisis que encuentra muchos adeptos porque permite encontrar la falla en las debilidades y vicios de unas cuantas personas. El sistema está bien, sólo que siempre hay unas cuantas manzanas podridas que todo lo echan a perder.
De entrada esta representación de la crisis tiene un problema. Se supone que el mercado es un dispositivo que se nutre del egoísmo y de la ambición individual. Como dice Adam Smith, es precisamente porque los individuos son egoístas y persiguen su interés personal que se logra una situación de armonía social en y por el mercado. De ahí su metáfora: es como si cada uno fuera guiado por una “mano invisible” y por su egoísmo terminara haciendo el bien para todos los demás. ¿Cómo es que ahora la ambición desmedida provoca las crisis?
Bueno, también se dice que la desregulación del sector bancario hizo posible la debacle. La ambición habría sido el motor, pero la eliminación de controles sobre el sector bancario y financiero abrió el camino para el despliegue de esas pasiones, trayendo consigo graves implicaciones macroeconómicas.
Pero aquí hay algo interesante. Resulta que si son las pasiones desmedidas las que engendran la crisis, entonces lo que se necesita para prevenirla es establecer los límites adecuados a tal frenesí. En el caso actual, la crisis se hubiera evitado si se hubieran puesto límites a la ambición desmedida. En síntesis, el sistema económico está bien, pero a veces algunos seres humanos lo descarrilan por su conducta malévola o torcida.
Claro, la retórica que utiliza la teoría económica busca expurgar cualquier referencia a la moral y se prefiere usar la palabra “expectativas” en lugar de “pasiones”: los agentes económicos tienen expectativas que se forman de manera más o menos racional. Y así, desde Keynes hasta Lucas, pasando por Minsky, los planes de inversión y consumo de los agentes que integran una economía se forjan a través de los esfuerzos para enfrentar la incertidumbre (Keynes) o para frustrar las intervenciones del gobierno (Lucas).
El análisis de Minsky es más sofisticado, pero descansa en la misma idea. Al igual que otros autores post-Keynesianos, Minsky ofrece un modelo más serio sobre el funcionamiento de una economía monetaria capitalista que lo que propone la teoría convencional. En su explicación sobre la dinámica de una economía capitalista, el endeudamiento y los bancos tienen un papel importante. (Aunque los lectores se sorprenderán, en los modelos de la teoría convencional, la que es utilizada para hacer la apología del neoliberalismo, los bancos no aparecen por ningún lado. Sí, así como lo leyeron: en los modelos de los economistas del sistema, ni los bancos, ni el endeudamiento tienen el lugar que merecen. Pero me estoy desviando del tema).
Aquí lo importante es destacar que en el modelo de Minsky sobre las crisis financieras el papel de las expectativas es crucial. En las fases de tranquilidad en una economía capitalista, los agentes económicos, empresarios en la economía real o prestamistas en el sector financiero encuentran que sus expectativas sobre la evolución favorable de la economía se están confirmando. Proceden a corregirlas al alza y eso conduce a la apreciación de sus activos, lo que les permite mayor apalancamiento y endeudamiento. Y eso conduce nuevamente a nuevas correcciones en su conducta como tomadores de riesgo y así sucesivamente. Pero poco a poco el proceso se agota y arranca un proceso de deflación. Es la crisis y en su desarrollo, el componente subjetivo (la formación de expectativas) desempeña un papel fundamental.
Existe otra visión sobre los descalabros que sufren las economías capitalistas. En ella el sistema económico conduce a la crisis independientemente de la formación de expectativas o de las motivaciones de la conducta de los agentes. En esta percepción el sistema económico es como una maquinaria cuyas contradicciones internas imprimen el dinamismo que conduce a las crisis. No se trata aquí de saber qué pasa cuando los agentes abrazan pronósticos más o menos optimistas sobre el futuro de la economía, o cuando se equivocan en sus anticipaciones. La economía funciona de tal manera que la crisis es inevitable, cualquiera que sea el proceso y el resultado de la formación de expectativas.
Es a lo que conduce el análisis de Marx. Las contradicciones del capitalismo, y en especial la lucha de clases, son la incubadora de la(s) crisis, independientemente de las motivaciones y expectativas de los agentes. Ni el sub-consumo, ni la sobre producción son suficientes para detener permanentemente el proceso de acumulación capitalista. En cambio, la ley tendencial sobre la caída de la tasa de ganancia erige una barrera para la expansión del capital que solamente puede resolverse en y a través de la crisis. Esa ley se manifiesta sin implicar una referencia a las anticipaciones de los agentes.
Es cierto que hay paralelismos entre el análisis de Keynes-Minsky y de Marx. Sin duda sus análisis son complementarios y desembocan claramente en la misma conclusión: una economía capitalista es inherentemente inestable. Keynes diría que, además, es capaz de mantener niveles socialmente inaceptables de desempleo durante mucho tiempo. Por eso es necesaria la acción del gobierno y se abre el debate sobre los diferentes méritos de la política fiscal versus la monetaria, etc. Pero la diferencia profunda entre Marx y Keynes-Minsky es que en el primero no hay manera de evitar la crisis. El capitalismo no es sólo ‘inherentemente inestable’, sino que es sinónimo de desigualdad y crisis. La salida no es una regulación adecuada o una intervención eficaz, sino la transición a un sistema socialmente deseable.

Alejandro Nadal
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Los magos de la mentira

manipulacionmediosPor Umberto Mazzei

Desde el siglo XX, controlar la información sin usar constricción formal, para limitar el alcance de la mente y del espíritu, obsesiona a los ambiciosos del lucro desmedido, como lo llamó Adam Smith. Es en Estados Unidos donde se elaboró el modelo. Allí se redujo al mínimo en la educación media -la de la masa- la enseñanza de temas humanísticos, como la historia, la geografía o la filosofía, que son la referencia del pensamiento crítico.

La idea es impartir sólo el conocimiento necesario para que el trabajador sea útil, pero ignorante en lo político. Eso permite forjar en la mente de las mayorías una visión del mundo alejada de la verdad, pero que la orienta según convenga a la ambición de los dirigentes. El truco sirve también a gobiernos que sin alharaca electoral tienen una clase dirigente visible, pero es en las democracias donde es más útil, porque allí los que de verdad mandan se ven poco, pero usan la propaganda engañosa para promover sus títeres en los carnavales electorales.

Hasta el siglo XX, los medios de información eran de propiedad difusa, cobertura regional, y diferente percepción de la realidad. Durante el siglo XX, la propiedad de los medios de información se concentró, la cobertura se amplió al nivel nacional e internacional, las versiones de la noticia se fueron haciendo más coincidentes y se instalaron los medios audiovisuales, que estimulan la pereza intelectual.

El siglo XXI comienza con la propiedad de los medios muy concentrada y la difusión de noticias muy orquestada. Hay un cartel internacional cuyas miras políticas van más allá de las definidas por el Consenso de Washington o la OTAN. Su técnica básica es mentir por omisión. Se amputan partes esenciales de la verdad o de la realidad histórica y política, mientras se inventa o exagera lo que se quiere revelar. El fin es demonizar personas o países, creencias o ideologías, que molesten la ambición vagabunda.

La novedad típica del siglo es el uso de Internet para difundir noticias fuera del cartel mediático. Esa información la aprovecha la creciente clase que usa la informática. Es un grupo aún minoritario pero influyente, porque es el estrato más instruido de la clase trabajadora. En sitios virtuales de Internet se encuentran versiones más completas de la realidad, pero el cartel mediático y agentes de los gobiernos títeres también manipulan información allí, sobre todo en las llamadas redes sociales.

Debates sobre normas para el medio informativo

La concentración de la propiedad y el anonimato de los accionistas dificulta la identificación específica de los intereses económicos, políticos o confesionales que orientan la manipulación de la información, pero el modo como los grandes grupos informativos coinciden en calificar los intentos de democratizar la información como atentados contra la libertad de expresión, indica temor a la transparencia.

Datos europeos recientes muestran que la concentración aumenta, porque la crisis afecta más a los medios de información pequeños e independientes. Según El País (14/12/2012) desde el 2008, en España desaparecieron 132 revistas y 22 diarios y se sumaron 6300 periodistas al paro. La inversión en prensa, radio y televisión cayó un 45%, pero en cambio la inversión en Internet subió un 171%.

En estos momentos, en el mundo hay varios casos públicos relacionados con la concentración de la distribución de la información, los métodos de hacer noticias y la veracidad de su contenido. Los que más acaparan la atención suceden en Argentina, Gran Bretaña y Estados Unidos. En Argentina la iniciativa se origina en el poder ejecutivo y el poder legislativo, con tropiezos ante el poder judicial. En Gran Bretaña es más bien a la inversa. En Estados Unidos el juicio contra el soldado Bradley Manning arroja luz sobre el riesgo de violar el monopolio de la información.

En Argentina el gobierno introdujo una ley para democratizar el suministro de información que fue aprobada por una amplia mayoría del congreso. La nueva ley permite que una persona o empresa posean hasta 24 sistemas de televisión por cable, 10 licencias de radiodifusión -sean de radio FM, AM o televisión abierta- y una señal de contenidos. La ley fue apelada como inconstitucional por el Grupo Clarín, que con 250 licencias predomina entre los medios argentinos, tanto que, sin ser oficialmente un partido, ejerce el rol de oposición política al gobierno.

Clarín alegó que era una ley que violaba la constitución ante un tribunal de lo Civil y Mercantil. La Corte Suprema otorgó entonces a Clarín un beneficio cautelar que vencía el 7 de diciembre, pero la Cámara de lo Civil y Comercial se lo renovó hasta que se dicte sentencia, con lo que atrasó la aplicación de la ley sólo para Clarín. Los otros propietarios de medios ya se adecuaron a la ley. El gobierno apeló ante la Corte Suprema que ordenó al tribunal de la causa que acelerase los trámites. El tribunal obedeció y falló el 15 de diciembre que la ley no es contraria a la constitución.

En Gran Bretaña hubo escándalos por la conducta de los medios durante todo el siglo XX. A pesar de eso, se aplica como virtud el principio de la “autorregulación”, desde 1953. Los resultados son indicio de que eso no funciona y la Comisión que preside el Juez Leveson recomendó la elaboración de una ley que regule su conducta. La lista de los delitos cometidos por la prensa amarillista incluye la interferencia de los mensajes electrónicos, el envilecimiento de acusados inocentes, la persecución de celebridades.

Pero hay cosas de más profundidad. La investigación descubrió complicidades entre la prensa y la clase política, entre el Grupo Murdoch y los dos partidos principales, entre la policía y los diarios. El Juez Leveson ya se pronunció sobre los vínculos entre barones de los medios y los políticos británicos, con un clásico “understatement” británico: “Durante los últimos 35 años hubo en esa relación una insalubre proximidad”.

Por esa proximidad es que el primer ministro David Cameron rechazó la elaboración de una ley porque “pondría en peligro la libertad de prensa” y conversa, justo con los barones de los medios y los jefes de partidos políticos, buscando un acuerdo que evite normar la propiedad y a la conducta de los medios. Cameron sirve bien al grupo Murdoch, que tiene la mitad de la prensa y de la cadena televisiva Sky. El modelo británico de Clarín.

Ed Miliband, el líder laborista, apoyó las recomendaciones del Juez Leveson y propuso volver a la ley sobre propiedad de los medios anterior a la desregulación de la Thatcher. Ojala sea coherente con lo que dice.

En Estados Unidos, el caso Manning muestra dos hechos: el control casi total de la noticia y el trato cruel a quien dé información sobre crímenes cometidos por agentes del gobierno. Los medios allí, como los políticos, siguen órdenes. Si quiere saber lo dicho por Manning o su defensa en las audiencias del pre-juicio, debe buscar medios extranjeros; como sobre la crisis económica norteamericana, los asesinatos tele-comandados u otros crímenes oficiales.

Verdades y mentiras en Internet

Internet crece como fuente de información, porque se puede escribir con libertad. Un indicio es que en Estados Unidos, el país donde la información está más concentrada, es donde la información por Internet crece más y donde se leen analistas muy lúcidos. Hay varios sitios gratuitos importantes con noticias y análisis de esos que esquiva la gran prensa, como la Information Clearing House o Counterpunch, para citar un par conocido.

Todo diario o revista de alguna importancia tiene ahora una edición digital en Internet. Los programas televisivos siguen también esa tendencia. En español hay distribuidores de opiniones alternativas muy eficaces, con variedad de temas, proyección internacional, a veces plurilingües, como ALAI, Argenpress o Rebelión, para citar sólo algunos.

Las redes sociales, como Facebook o Twitter, no son solo para conversar con amigos, se usan también para expresar opiniones, pero allí comienzan las complicaciones. En ellas es posible asumir identidades falsas que se usan para difundir falsos rumores y mentiras. Hay perfiles falsos que aparecen por centenares simultáneamente -creados por robots- que difunden unos “me gusta” o comentarios en apoyo de una causa o persona política. Hubo casos durante la campaña electoral de Estados Unidos, con sitios a favor de algo y luego se comprobó que su apoyo venía de sitios improbables como Bangkok o Vilnius. Ese mismo truco se usó en las revoluciones de color contra gobiernos en Europa del Este, también en crear apoyo falso a revueltas en Irán o en la llamada “Primavera Árabe” para justificar las guerras contra Libia y Siria.

En América Latina destaca la actividad de Daniel Gabriel, experto de la CIA en el uso subversivo de redes sociales en Afganistán e Irak, que fue contratado por BBG(1) para dirigir un grupo de periodistas en Cuba, que entregase cinco historias a la semana. La líder del grupo es Yoani Sanchez, que ya trabajaba para Applied Memetics, la empresa de Gabriel. Yoani Sanchez es cubana y emigró a Suiza en 2002. Regresó a Cuba y en 2007 abrió el blog “Generación Y” que en breve tiempo tuvo gran reconocimiento internacional. Sólo en 2008, tuvo el Premio de Periodismo Ortega y Gasset; TIME la puso entre las 100 personas más influyentes del mundo; CNN puso su blog entre los 25 mejores; Foreign Policy la puso entre los 10 intelectuales del año y la revista mejicana Gatopardo hizo igual. Siguieron más galardones y en 2012, la SIP(2) la nombró Vicepresidente de su Comisión de Libertad de Prensa, para vigilar la libertad de prensa en Cuba. Ahora es la corresponsal de El País en Cuba, un diario que en España recortó su plantilla a la mitad.

La Señora Sánchez es llamativa también por otras razones. La calidad de sus ideas la muestra cuando dijo que a Gabriel García Márquez nunca debió dársele el Premio Nobel de Literatura, por ser amigo de Fidel Castro. En Le Monde Diplomatique se interrogan sobre como puede tener desde La Habana un blog en 18 idiomas. Se preguntan también como en su cuenta Twitter revindica 214 mil seguidores -pero sólo 32 en Cuba- y dice comunicarse con más de 80 mil “por sms, sin acceso a la Web”. Eso es inscribir 200 cuentas por día, una actividad posible sólo con robots y fuera de Cuba, por la dificultad de conexión que hay allí. En efecto, muchos perfiles en la cuenta @yoanisanchez no tienen foto ni actividad en la red.

He señalado el caso de Yoani Sanchez por ser de una manipulación evidente, pero hay otros muchos en el mundo y Latinoamérica. Por eso hay que leer con cautela las noticias que circulan en blogs y redes sociales. La informática global da la posibilidad de exponer verdades, pero también allí hay nuevos trucos inventados por los magos de la mentira.

(Tomado de Rebelión)

Publicado en ARTICULO Y OPINIONES

Ricos, pobres, izquierdas, impuestos.

 

Aristófanes Urbáez 

Ricos, pobres, izquierdas, impuestos.    

“En la campaña presidencial abordan la patana del candidato tanto los militantes comos los aliados. Los grupos periféricos a veces son más atractivos y también tienen una mayor cantidad de esperanza. En política hay que ganar dos veces: tu candidato y el nombre de tu líder inmediato”.
…Alfredo Freites….

Para los fisiócratas y clásicos Adam Smith, Karl Marx y David Ricardo, son imprescindibles tres categorías fundamentales para producir riquezas, y por tanto, la “base” de la economía capitalista: tierra, trabajo y capital. Tierra produciendo (minas, fincas, canteras, metales, frijoles, maíz: elementos orgánicos e inorgánicos, pero no baldía, sino produciendo); trabajo asalariado empleado y pagado para producir mercancías comestibles; en la actividad “fundacional del hombre” (Sófocles); produciendo ganancias y plusvalía, a través de las mercancías y los servicios (no trabajo vago o lectura para la satisfacción personal; libros sí, pero para venderlos con “ganancias”; y capital, para comprar instrumentos de producción, fábricas, piezas, comercios, espaguetis, arroz, salsa de tomates, cervezas, camisas, arroz, revólveres, panties, cañones, cuchillos, relojes, y pagarles a los trabajadores ¡He ahí el milagro de capitalismo! (El dinero, papeletas o metálico, metido un hoyo bajo la tierra, no es “capital” porque no compra sudor asalariado, ni produce mercancías. Aquí hay muchos que se roban el dinero y lo meten en bóvedas secretas por sécula seculorum. Ese dinero, como las casas repletas de dólares que les decomisan a los narcos, no es capital si no se emplea en la producción de bienes y “servicios”, que hoy son mercancías también aunque no sean materiales: canjear, moteles, viajes en barcos, buenas piscinas, etc. Ni se producen solos, ni por generación espontánea y hay que meter capital para producirlos. ¿O no, Cabarete, Punta Cana; farmacéuticos y taxistas?

2.- Capital e impuestos.-
Altagracia Paulino, que tiene más autoridad que cualquiera en este país para hablar de los “pobres”, porque tiene más de 30 años defendiendo al consumidor, dijo que los “ricos no pagan impuestos; que son agentes de retención”, y esta tesis es bueno analizarla a la luz de cualquier teoría e ideología para los ofuscados. Si tú inicias un negocio de panadería es bueno para el barrio porque le suplirás el pan; si montas una compra-venta (que es un 3% al mes y te cobran un 30%, la mayoría); si tú fundas un banco, el banquero, el panadero, el compraventero, el dueño de la tienda; de la freiduría, del restaurante, de la farmacia, de la fábrica, tienen que buscar un dinero o capital; él o sus socios y si es una compañía por acciones. ¿O no es así? Ahora bien: el banco, la súper tienda, etc., con 10 millones de capital suscrito y pagado, no es un “centro de beneficencia” que llama a diario a los vecinos para que vayan a buscar servicios y mercancías gratis. No, tú tienes que pagar por ellos, y pagar la mayoría de las veces por encima de su precio y el margen de ganancias (porque la teoría de David Ricardo afirma que el valor de la mercancía lo determina la cantidad de trabajo/hora que le dedica el trabajador para hacerla o terminarla aunque sea en una máquina). En países como éste, que según Juan Bosch, están organizados “como toda una pirámide de explotación”, los que no quieren pagar impuesto dizque porque los pobres serán perjudicados (en su mayoría, los que venden mercancías y servicios) no actúan como capitalistas, sino como oligarcas plutocráticos, porque sus capitales se formaron por una ley especial, un subsidio, una tasa cero o un préstamo del gobierno (todo lo cual perjudica a la gran mayoría, que no la reciben, pero hay que hacerlo para crear fuentes de trabajo); que es que hace Danilo con la Junta Agro-empresarial, JAC, Agricultura; los 10 mil millones para las Pymes; todas las leyes especiales de Balaguer, Hipólito y Leonel para el turismo; los préstamos  zonas francas, etc. Pero cuando tú  subvalúas, monopolizas, metes contrabandos, te burlas de los pobres y del propio Estado. Y como el capitalista, comerciante y empresario criollos, todo se le carga al consumidor final,  concluimos con la Dra. Paulino: “Los ricos no pagan impuestos, sino que son agentes de retención”, y muchas veces se los roban los tributos como Itbis. ¡Negocio redondo!

3.- ¿Por qué se oponen?
Aquí la mayoría de las empresas no tapan un hoyo en las calles y carreteras que pasan sus instalaciones. Otras, las burguesas, sí que pagan la deuda social con la comunidad con obras y fundaciones ¿Por qué coinciden partidos populistas, terroristas urbanos, empresarios y la “izquierda burra” (que cada vez son menos), en que los impuestos dañan a los pobres? Lo que daña a los pobres es que los que venden paguen 13% de cada peso ganado; que se birlen el Itbis, los monopolios, los contrabandos, que los políticos roben el dinero del erario y que todos los beneficios los tengan los ricos para uso personal. Los partidos díscolos lo hacen por impotencia (odio, envidia y populismo: para ellos es “personal”). ¡Los ricos no pagan impuestos, como dice Altagracia, se los cargan a los pobres; y los países  donde empresas y ricos pagan más impuestos, los pobres viven mejor! ¡Cuántos cerebros muertos, Jesús! Para comunicarse con el autor