Laos: "entre los más pobres del mundo"

                                                 Asean: S.O.S. por la agricultura

Hanoi (PL) Ningún mejor país en el sudeste asiático que Laos para haber albergado la reciente conferencia regional sobre agro-selvicultura.(RadioPL)
Sin salida al mar y entre los más pobres del mundo, tipifica el apremio de potenciar los recursos de la tierra, obviando la tentación de proyectos de desarrollo a sus expensas.

Hace poco el ministerio laosiano de agricultura alertó sobre el uso indebido de suelos adecuados para garantizar la seguridad alimentaria, inclusive donde se siembra arroz, que hace el plato de cada día allí y en casi toda Asia.
Laos dispone de dos millones de hectáreas agrícolas, cuya mitad se destina a la infaltable gramínea, de la que es además exportador, y 400 mil para vegetales y frutos.
Y aunque la política gubernamental prioriza esos rubros, y las autoridades se empeñan en modernizar los sistemas de producción, lastrado por atrasadas tradiciones de cultivos de bajos rendimientos, el fenómeno de adquisiciones de tierras para otros fines golpea y amenaza el futuro.
Peor es aún que se trata de una peligrosa tendencia bastante común en la región, y que ha llevado a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) a encararlo con énfasis en los últimos tiempos en diversas conferencias y foros.
Los ministros del ramo reunidos en Vientiane lo enfocaron como un desafío toda vez que se vincula con la seguridad alimentaria, ya sometida a las angustiosas alteraciones del clima, y llamaron a una cooperación regional efectiva para preservar los recursos naturales y el desarrollo económico sostenible en el conjunto del bloque.
Si bien la perspectiva de la comunidad prevista para 2015 incentiva la aceleración de planes de crecimiento en la industria, el turismo y el comercio, la Asean parece apercibida de preservar la agrosilvicultura como un componente fundamental para la vida misma y la propia estabilidad sociopolítica.
Es más, que analizaron medidas para impulsar el programa de prácticas agrícolas y coincidieron en fomentar la cooperación sectorial, incluida la prevención de la contaminante niebla transfronteriza.
Con larga visión una conferencia previa celebrada en Hanoi clamó por una agricultura inteligente, la cual garantice la seguridad alimentaria a nueve mil millones de personas que habitarán el planeta en 2050.
El ministro vietnamita, Cao Duc Phat, apuntó entonces los desafíos sin precedentes a enfrentar en un contexto de sobre explotación de recursos naturales, los negativos impactos de sequías, inundaciones, salinidad de los suelos, elevación del nivel del mar y otras consecuencias ambientales.
Ninguna de las intervenciones fue tan contundente como la de la representante del Banco Mundial, Victoria Kwakwa, quien subrayó que la inversión en el campo resulta tres veces más beneficiosa que en otros sectores, recalcando que “necesitamos que la agricultura sea parte de la solución y no parte del problema porque no tenemos otra opción para alimentar a nueve mil millones de personas en 2050, sin destruir nuestro planeta”.
Sin embargo, Vietnam, tan vulnerable a los fenómenos naturales, ha colocado los recursos de la tierra en un lugar de primera importancia en la estrategia del desarrollo nacional, para lo que promueve el estudio y la aplicación de la ciencia y la tecnología en cultivo, producción y cosecha.
Hoy día es el segundo productor mundial de arroz y el primer exportador de café, y otros muchos rubros agrícolas llegan, disfrutando de gran demanda, a numerosos mercados externos.
Aún así no permanece exenta de especulaciones con la tierra, o concesiones para inversores que privilegian la industria y el negocio inmobiliario, lo que las autoridades enfrentan en el contexto de una declarada batida a prácticas corruptas. Lo mismo ocurre en Cambodia e Indonesia, por sólo citar otros dos escenarios peculiares.
Al seno del bloque surasiático llegan las vibraciones de un S.O.S. mundial por la agricultura, urgido por sombríos pronósticos como el de la agencia especializada de Naciones Unidas, FAO, según el cual el año que viene habrá una hambruna en todo el planeta porque “hemos producido menos de lo que estamos consumiendo”, lo que presupone en opinión de Abdolreza Abbassian, economista primero de la entidad, que “no habrá lugar para eventos inesperados”.
Mientras hace un decenio los países disponían como promedio de 107 días de reservas de consumo, hoy se ha reducido a 74, cuando la propia FAO registra 870 millones de personas malnutridas al tiempo que los precios de los alimentos se han acercado en 2012 a niveles récord.
El último informe del Índice Global del Hambre (GHI) revela que al menos una veintena de países han alcanzado niveles de hambre “alarmantes” o “extremadamente alarmantes”.
Dos de los tres países con unas cifras que asustan son Burundi y Eritrea, seguidos de Haití, y la lista se completa con Etiopía, Chad, Timor Oriental, República Centroafricana, Comores, Sierra Leona, República de Yemen, Angola, Bangladesh, Zambia, Mozambique, India, Madagascar, Níger, Yibuti, Sudán y Nepal.
Expertos que analizan causas y remedios para esta colosal tragedia generalmente coinciden en la necesidad de producir más comida con menos recursos y eliminar prácticas y políticas de despilfarro, incluido el desaprovechamiento irracional de tierras cultivables, con la brújula apuntando hacia un entorno sostenible, en el cual se detenga la degradación del ecosistema y todos los seres humanos tengan acceso a alimentos, agua limpia y energía a fin de utilizarlos para su propio beneficio.
El S.0.S. vale también para la venidera comunidad de la Asean, donde por fuerza de la realidad global los oídos se hacen cada vez más receptivos.
*Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.
arb/hr

 

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