La ética en el liderazgo político dominicano  

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Max Weber plantea en su texto El político y el científico (p.II) que existen dos formas de hacer política. La primera ocurre cuando las personas viven de la política como profesión y hacen de ella una fuente duradera de ingresos. Por oposición, en la segunda, están las personas que viven para la política, se alimentan de ella, le da un sentido a su vida, poniéndola al servicio de algo. Quiero presentar diez ideas para el debate en torno a la necesidad de un liderazgo ético. Tomo como punto análisis las dos primeras publicaciones en el Listín Diario del expresidente Leonel Fernández, Liderazgo y poder…

En sus artículos, el expresidente Fernández Reyna menciona a Robert Green, autor del libro las 48 Leyes del Poder, quien reescribe desde un sentido pragmático la obra del Príncipe de Maquiavelo sobre la conquista y permanencia del poder. Luego, fundamenta su argumentación utilizando como base empírica casos de clientelismo político. Aunque es una tremenda verdad, dado la experiencia acumulada de la historia política en que la ética y la política van por camino distinto. Sin embargo, como sostiene el propio Weber, esto no permite prescindir del servicio a una causa, si se quiere que la acción tenga consistencia interna…

Además, no se pueden validar prácticas políticas de conquista y permanencia del poder no éticas como verdad absoluta. Hay mucha gente que quiere el bien para los demás. Se ha querido convertir, por siglos, el libro del Príncipe como una guía, igualmente como funge la Biblia para los cristianos. Yerran los que se inscriben en esa visión y desconocen las experiencias éticas de la acción política. Están atrapados en una falacia que los lógicos llaman accidental y de un alto grado de generalidad que hiperuniversalizan lo factual como una verdad absoluta por el uso frecuente.

Es posible conquistar y mantener el poder de forma distinta a la propuesta de los autores citados anteriormente. Se trata de realizar acciones sin instrumentalizar a las personas, con políticas claras, coherentes con un marco ético, de la mano de la propuesta aristotélica, de una praxis, de una virtud y sustentadas en una buena voluntad. Esto es una deuda en el liderazgo político, que ha sido tímido para realizar los cambios estructurales que requiere la sociedad dominicana para romper con el paradigma del clientelismo y la corrupción. ¿Por qué no ha ocurrido? ¿Por qué hemos sido tan tolerantes y cómplices con las formas de hacer política no ética?

Hay un error ético y también moral: los gobiernos administran el dinero que le cuesta casi la vida a millones de trabajadores que tenemos que fajarnos desde muy temprano hasta muy tarde de la noche para tener un mínimo de vida y de otros tantos que no pueden llegar ahí.

En el libro de Liderazgo Ético se plantea la necesidad de este liderazgo sentida en nuestro país. Es lo que nos va a salvar del abismo. Algunas acciones de liderazgo del presidente Medina, que le ha ganado la simpatía de amplios segmentos de la ciudadanía, tienen que ver un ejercicio ético. Veremos si esto trasciende más y genera estructuras más duraderas para que puedan continuarse y mejorarse esos cambios. Le queda pendiente tomar decisiones de problemas urgentes para que el país pueda vivir más en paz.

Me hubiese gustado que el Dr. Fernández retomara la tradición ética del fundador del PLD, que fue un líder ético, que marcó una generación de líderes jóvenes, y del Dr. Peña Gómez, que valoró la gente en su propuesta política.

Existen líderes impiradores: el presidente Pepe Mujica, Nelson Mandela y otros tantos líderes éticos. Cita a la Madre Teresa de Calcuta y a Jesús de Nazaret. Pero es importante destacar que sus liderazgos se acrecentaron por trabajo desinteresado a favor de los demás sin importar la persona y sin recibir nada a cambio.

En el caso del liderazgo de Jesús de Nazaret, se relacionó con la gente que controlaba el poder, pero se mantuvo firme en sus principios éticos y fue consecuente con ellos hasta el final. En lugar de convertirse en uno más de ellos, al contrario, fueron ellos los que se sintieron desafiados y reconocieron en él la fuerza de su poder.

El mandato de la Constitución del 2010 es ético respecto a las funciones del Estado, especialmente en los artículos 8 y 38. Este último dice: El Estado se fundamenta en el respeto a la dignidad de la persona y se organiza para la protección real y efectiva de los derechos fundamentales que le son inherentes. La dignidad del ser humano es sagrada, innata e inviolable; su respeto y protección constituyen una responsabilidad esencial de los poderes públicos.

Ahora bien, no es suficiente, pues la lucha por el poder político es una guerra permanente de intereses opuestos y de grupos oligárquicos en todas las épocas. Quien aspire a él debe contar con el arsenal estratégico para lograrlo. Si el liderazgo es ético va en ventaja, pues ya tiene un escudo poderoso y un contexto dominicano que pide a gritos su renacer.

Un liderazgo, por muy ético que sea, necesita estrategias comunicativas persuasivas, una gran causa de cambio con una acción comunicativa política en una lógica de horizontalidad en el marco de la democracia.

El desafío del liderazgo ético es contribuir con la formación de un gran partido, orientado hacia una ética de mínimos como plantea Adela Cortina en Ética de la sociedad civil, la cual consiste en el respeto a unos derechos, el aprecio a unos valores y la estima de una actitud dialógica compartida en una democracia (p. 103). Descubrirlos como aconseja el viejo Sócrates, pues ya están en los seres humanos que procuran el bien y los que no lo procuran que se contagien con el bien.

Hay voces, y son muchas, que claman por la ética en el liderazgo político dominicano, que cumpla con las funciones de representación política de la ciudadanía y sea un instrumento que permita el ejercicio de la democracia. Dos estudios cualitativos entre jóvenes de universidades dominicanas (2013) plantean la necesidad de que los líderes políticos garanticen mejores oportunidades para los jóvenes y que escuchen sus reclamos. Tienen la percepción de que la democracia es deficiente y que no les garantiza calidad de vida y de superación personal.

En opinión de los jóvenes de las organizaciones populares, de acuerdo a un estudio cualitativo sobre percepción de la democracia en Santo Domingo (Centro Bonó, inédito: 2013), el único interés de los partidos es servir a su membresía. Las encuestas sobre cultura política realizadas en el país desde el 1994 subrayan, de igual modo, el incumplimiento de la función de los partidos políticos. Eso explica la falta de confianza y la percepción negativa que tiene en la dirigencia política. Es un peligro, pues puede preparar el escenario para el brote de liderazgo autocrático que pueda conducir el país a la dictadura.

En suma, necesitamos convertir, no sólo en moda, el retorno de la ética al liderazgo político, sino también en los nuevos liderazgos que surjan. Pero también requerimos de una ciudadanía más exigente y crítica. Empecemos por adecentar a las instituciones, que sean verdaderos modelos de gestión ética

Por FABIO ABREU

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