Revelan fórmula de Coca-Cola

Confirman existencia de cocaína en la fórmula de Coca-Cola

¿Por qué será que la fórmula de la Coca-Cola, inventada en 1886 por el químico John Pemberton, es uno de los secretos comerciales más celosamente guardados del mundo?. Se dice que su fórmula se encuentra en una bóveda acorazada en la sede central de Coca-Cola en Atlanta, Georgia, y custodiada las 24 horas del día. Quizá ahora comience a aclararse el por qué de tanto misterio.

Originalmente, Coca Cola fue promovida como una bebida que “ofrecía las virtudes de la coca sin los vicios del alcohol” (ver www.cocaine.org). Desde sus orígenes, su consumo fue altamente estimulante y junto a la cafeína creó adicción a su consumo, como señala el sitio NaturalNews. Hasta 1903, una porción típica contenía 60 mg de cocaína. Hoy en día los extractos de coca los obtiene de la hoja de coca, por ello The Coca Cola Company importa cada año más de ocho toneladas de hojas de coca de América del Sur.

Las hojas de coca son uno de los principales ingredientes de la bebida, y así lo confirma la receta de Coca-Cola publicada por www.thisamericanlife.org, que asegura que esta es la receta original y que fue publicada por un diario estadounidense hace más de 30 años. El sitio detalla que el Atlanta Journal-Constitution, en un número de febrero de 1979, mostró una fotografía en la que se ve a una persona enseñando la que parece ser la famosa fórmula de la Coca-Cola. Los ingredientes y las cantidades exactas que se requieren para fabricar dicha bebida son:

  • 3 chorros de extracto de coca
  • 3 onzas de ácido cítrico
  • 1 onza de cafeína
  • 30 “#” de azúcar (no está clara la cantidad que se necesita)
  • 2.5 galones de agua
  • 2 pintas de zumo de limón
  • 1 onza de vainilla
  • 1.5 onzas de caramelo
  • 8 onzas de alcohol
  • 20 gotas de aceite de naranja
  • 30 gotas del aceite de limón
  • 10 gotas de aceite de nuez moscada
  • 5 gotas de aceite de cilantro
  • 10 gotas de aceite de “neroli”
  • 10 gotas de aceite de canela

Lo interesante del caso es que mientras cada año mueren miles de personas por el tráfico de esta droga, una gran transnacional tiene acceso a los recursos de manera totalmente legal. Hasta hace poco más de cien años (fines del siglo 19, comienzos del siglo 20), el consumo de cocaína era bastante habitual y se vendia en farmacias. Sigmund Freud basaba muchos de sus tratamientos en el consumo de esta droga, y para Robert-Louis Stevenson y Arthur Conan Doyle animaban su talento narrativo. Curiosamente cuando apareció la Coca-Cola, su consumo comenzó a ser prohibido.
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Más información: ThisAmericanLife, Natural News

Análisis crítico de la ingobernabilidad

Análisis crítico:La era de la ingobernabilidad en América Latina
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La desarticulación geopolítica global se traduce en nuestro continente latinoamericano en una creciente ingobernabilidad que afecta a los gobiernos de todas las corrientes políticas. No existen fuerzas capaces de poner orden en cada país, ni a escala regional ni global, algo que afecta desde las Naciones Unidas hasta los gobiernos de los países más estables.

Uno de los problemas que se observan sobre todo en los medios, es que cuando fallan los análisis al uso se apela a simplificaciones del estilo: Trump está loco, o conjeturas similares, o se lo tacha de fascista (que no es una simple conjetura). Apenas adjetivos que eluden análisis de fondo. Bien sabemos que la locura de Hitler nunca existió y que representaba los intereses de las grandes corporaciones alemanas, ultra racionales en su afán de dominar los mercados globales.

Del lado del pensamiento crítico sucede algo similar. Todos los problemas que afrontan los gobiernos progresistas son culpa del imperialismo, las derechas, la OEA y los medios. No hay voluntad para asumir los problemas creados por ellos mismos, ni la menor mención a la corrupción que ha alcanzado niveles escandalosos.

Pero el dato central del periodo es la ingobernabilidad. Lo que viene sucediendo en Argentina (la resistencia tozuda de los sectores populares a las políticas de robo y despojo del gobierno de Mauricio Macri) es una muestra de que las derechas no consiguen paz social, ni la tendrán por lo menos en el corto/mediano plazos.

Los trabajadores argentinos tienen una larga y rica experiencia de más de un siglo de resistencia a los poderosos, de modo que saben cómo desgastarlos, hasta derribarlos por las más diversas vías: desde insurrecciones como la del 17 de octubre de 1945 y la del 19 y 20 de diciembre de 2001, hasta levantamientos armados como el Cordobazo y varias decenas de motines populares.

En Brasil la derecha pilotada por Michel Temer tiene enormes dificultades para imponer las reformas del sistema de pensiones y laboral, no sólo por la resistencia sindical y popular sino por el quiebre interno que sufre el sistema político. La deslegitimación de las instituciones es quizá la más alta que se recuerda en la historia.

El economista Carlos Lessa, presidente del BNDES con el primer gobierno de Lula, señala que Brasil ya no puede mirarse al espejo y reconocerse como lo que es, perdido el horizonte en el marasmo de la globalización (goo.gl/owd24y). El aserto de este destacado pensador brasileño puede aplicarse a los demás países de le región, que no pueden sino naufragar cuando las tormentas sistémicas acechan. En los hechos, Brasil atraviesa una fase de descomposición de la clase política tradicional, algo que pocos parecen estar comprendiendo. Lava Jato es un tsunami que no dejará nada en su sitio.

El panorama que ofrece Venezuela es idéntico, aunque los actores ensayen discursos opuestos. De paso, decir que atender a los discursos en plena descomposición sistémica tiene escasa utilidad, ya que sólo buscan eludir responsabilidades.

Decir que la ingobernabilidad venezolana se debe sólo a la desestabilización de la derecha y el imperio, es olvidarse que en la prolongada erosión del proceso bolivariano participan también los sectores populares, mediante prácticas a escala micro que desorganizan la producción y la vida cotidiana. ¿O acaso alguien puede ignorar que el bachaqueo (contrabando hormiga) es una práctica extendida entre los sectores populares, incluso entre los que se dicen chavistas?

El sociólogo Emiliano Terán Mantovani lo dice sin vueltas: caos, corrupción, desgarro del tejido social y fragmentación del pueblo, potenciados por la crisis terminal del rentismo petrolero (goo.gl/DW8wkQ). Cuando predomina la cultura política del individualismo más feroz, es imposible conducir ningún proceso de cambios hacia algún destino medianamente positivo.

En suma, el panorama que presenta la región –aunque menciono tres países el análisis puede, con matices, extenderse al resto– es de creciente ingobernabilidad, más allá del signo de los gobiernos, con fuertes tendencias hacia el caos, expansión de la corrupción y dificultades extremas para encontrar salidas.

Tres razones de fondo están en la base de esta situación crítica.

La primera es la creciente potencia, organización y movilización de los de abajo, de los pueblos indios y negros, de los sectores populares urbanos y los campesinos, de los jóvenes y las mujeres. Ni el genocidio mexicano contra los de abajo ha conseguido paralizar al campo popular, aunque es innegable que afronta serias dificultades para seguir organizando y creando mundos nuevos.

La segunda es la aceleración de la crisis sistémica global y la desarticulación geopolítica, que pegó un salto adelante con el Brexit, la elección de Donald Trump, la persistencia de la alianza Rusia-China para frenar a Estados Unidos y la evaporación de la Unión Europea que deambula sin rumbo. Los conflictos se expanden sin cesar hasta bordear la guerra nuclear, sin que nadie pueda imponer cierto orden (aún injusto como el orden de posguerra desde 1945).

La tercera consiste en la incapacidad de las élites regionales de encontrar alguna salida de largo aliento, como fue el proceso de sustitución de importaciones, la edificación de un mínimo estado del bienestar capaz de integrar a algunos sectores de los trabajadores y cierta soberanía nacional. Sobre este trípode se estableció la alianza entre empresarios, trabajadores y Estado que pudo proyectar, durante algunas décadas, un proyecto nacional creíble aunque poco consistente.

La combinación de estos tres aspectos representa la tormenta perfecta en el sistema-mundo y en cada rincón de nuestro continente. Los de arriba, como dijo días atrás el subcomandante insurgente Moisés, quieren convertir el mundo en una finca amurallada. Probablemente, porque nos hemos vuelto ingobernables. Tenemos que organizarnos en esas difíciles condiciones. No para cambiar de finquero, por cierto.

Raúl Zibechi, La Jornada