Después de Alepo: Mundo Multipolar¡¡

Mesa de Análisis y Desarrollo

La destrucción de Siria para la construcción de un mundo multipolar.
Cesar Erik Castellanos Martínez
Rebelión
 Tras la caída de la Unión Soviética ninguna potencia parecía poder hacer frente a EUA. No obstante, la correlación de fuerzas a nivel internacional cambió rápidamente con el (re)surgimiento de nuevos actores (principalmente Rusia y China), los cuales están buscando, hoy en día, una reconfiguración del orden mundial que tome en cuenta sus intereses.
En 2014, en respuesta al golpe de Estado patrocinado por EUA en Ucrania, el cual llevó al poder a los grupos pro-occidentales y nacionalistas, Rusia intervino: se apropió la península de Crimea y brindó apoyo a los rebeldes pro-rusos del este del país. En 2015, en respuesta a los intentos de EUA de derrocar al régimen sirio apoyando a los grupos rebeldes y opositores e incluso terroristas, Rusia intervino: emprendió una operación militar en auxilio del gobierno de Bashar al…

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Bosch: La nochebuena de Encarnación Mendoza

Cuento de Juan Bosch: La nochebuena de Encarnación Mendoza

 Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos, razón por la cual pensó que la noche iba a decaer. Anduvo acertado en su cálculo; donde empezó a equivocarse fue al sacar conclusiones de esa observación. Pues como el día se acercaba era de rigor buscar escondite, y él se preguntaba si debía internarse en los cerros que tenía a su derecha o en el cañaveral que le quedaba a la izquierda. Para su desgracia, escogió el cañaveral. Hora y media más tarde el sol del día 24 alumbraba los campos y calentaba ligeramente a Encarnación Mendoza, que yacía bocarriba tendido sobre hojas de caña.
A las siete de la mañana los hechos parecían estar sucediéndose tal como había pensado el fugitivo; nadie había pasado por las trochas cercanas. Por otra parte la brisa era fresca y tal vez llovería, como casi todos los años en Nochebuena. Y aunque no lloviera los hombres no saldrían de la bodega, donde estarían desde temprano consumiendo ron, hablando a gritos y tratando de alegrarse como lo mandaba la costumbre. En cambio, de haber tirado hacia los cerros no podría sentirse tan seguro. Él conocía bien el lugar; las familias que vivían en las hondonadas producían leña, yuca y algún maíz. Si cualquiera de los hombres que habitaban los bohíos de por allí bajaba aquel día para vender bastimentos en la bodega del batey y acertaba a verlo, estaba perdido. En leguas a la redonda no había quién se atreviera a silenciar el encuentro. Jamás sería perdonado el que encubriera a Encarnación Mendoza: y aunque no se hablaba del asunto todos los vecinos de la comarca sabían que aquel que le viera debía dar cuenta inmediata al puesto de guardia más cercano.
Empezaba a sentirse tranquilo Encarnación Mendoza, porque tenía la seguridad de que había escogido el mejor lugar para esconderse durante el día, cuando comenzó el destino a jugar en su contra.
Pues a esa hora la madre de Mundito pensaba igual que el prófugo: nadie pasaría por las trochas en la mañana, y si Mundito apuraba el paso haría el viaje a la bodega antes de que comenzaran a transitar los caminos los habituales borrachos del día de Nochebuena. La madre de Mundito tenía unos cuantos centavos que había ido guardando de lo poco que cobraba lavando ropa y revendiendo gallinas en el cruce de la carretera, que le quedaba al poniente, a casi medio día de marcha. Con esos centavos podía mandar a Mundito a la bodega para que comprara harina, bacalao y algo de manteca. Aunque lo hiciera pobremente, quería celebrar la Nochebuena con sus seis pequeños hijos, siquiera fuera comiendo frituras de bacalao.
El caserío donde ellos vivían -del lado de los cerros, en el camino que dividía los cañaverales de las tierras incultas- tendría catorce o quince malas viviendas, la mayor parte techadas de yaguas. Al salir de la suya, con el encargo de ir a la bodega, Mundito se detuvo un momento en medio del barro seco por donde en los días de zafra transitaban las carretas cargadas de caña. Era largo el trayecto hasta la bodega. El cielo se veía claro, radiante de luz que se esparcía sobre el horizonte de cogollos de caña; era grata la brisa y dulcemente triste el silencio. ¿Por qué ir solo, aburriéndose de caminar por trochas siempre iguales? Durante diez segundos Mundito pensó entrar al bohío vecino, donde seis semanas antes una perra negra había parido seis cachorros. Los dueños del animal habían regalado cinco, pero quedaba uno “para amamantar a madre”, y en él había puesto Mundito todo el interés que la falta de ternura había acumulado en su pequeña alma. Con sus nueve años cargados de precoz sabiduría, el niño era consciente de que si llevaba al cachorrillo tendría que cargarlo casi todo el tiempo, porque no podría hacer tanta distancia por sí solo. Mundito sentía que esa idea casi le autorizaba a disponer del perrito. De súbito, sin pensarlo más, corrió hacia la casucha gritando:
-¡Doña Ofelia, emprésteme a Azabache, que lo voy a llevar allí!
Oyénranle o no, ya él había pedido autorización, y eso bastaba. Entró como un torbellino, tomó el animalejo en brazos y salió corriendo, a toda marcha, hasta que se perdió a lo lejos. Y así empezó el destino a jugar en los planes de Encarnación Mendoza.
Porque ocurrió que cuando, poco antes de las nueve, el niño Mundito pasaba frente al tablón de caña donde estaba escondido el fugitivo, cansado, o simplemente movido por esa especie de indiferencia por lo actual y curiosidad por lo inmediato que es privilegio de los animales pequeños, Azabache se metió en el cañaveral. Encarnación Mendoza oyó la voz del niño ordenando al perrito que se detuviera. Durante un segundo temió que el muchacho fuera la avanzada de algún grupo. Estaba clara la mañana. Con su agudo ojo de prófugo él podía ver hasta dónde se lo permitía el barullo de tallos y hojas. Allí, al alcance de su mirada, estaba el niño. Encarnación Mendoza no tenía pelo de tonto. Rápidamente calculó que si lo hallaban atisbando era hombre perdido; lo mejor sería hacerse el dormido, dando la espalda al lado por dónde sentía el ruido. Para mayor seguridad, se cubrió la cara con el sombrero.
El negro cachorrillo correteó; jugando con las hojas de caña, pretendiendo saltar, torpe de movimientos, y cuando vio al fugitivo echado empezó a soltar diminutos y graciosos ladridos. Llamándolo a voces y gateando para avanzar, Mundito iba acercándose cuando de pronto quedó paralizado: había visto al hombre. Pero para él no era simplemente un hombre sino algo imponente y terrible; era un cadáver. De otra manera no sé explicaba su presencia allí y mucho menos su postura. El terror le dejó frío. En el primer momento pensó huir, y hacerlo en silencio para que el cadáver no se diera cuenta. Pero le parecía un crimen dejar a Azabache abandonado, expuesto al peligro de que el muerto se molestara con sus ladridos y lo reventara apretándolo con las manos. Incapaz de irse sin el animalito e incapaz de quedarse allí, el niño sentía que desfallecía. Sin intervención de su voluntad levantó una mano, fijó la mirada en el difunto, temblando mientras el perrillo reculaba y lanzaba sus pequeños ladridos. Mundito estaba seguro de que el cadáver iba a levantarse de momento. En su miedo, pretendió adelantarse al muerto: pegó un saltó sobre el cachorrillo, al cual agarró con nerviosa violencia por el pescuezo, y a seguidas, cabeceando contra las cañas, cortándose el rostro y las manos, impulsado por el terror, ahogándose, echó a correr hacia la bodega. Al llegar allí, a punto de desfallecer por el esfuerzo y el pavor, gritó señalando hacia el lejano lugar de su aventura:
-¡En la Colonia Adela hay un hombre muerto!
A lo que un vozarrón áspero respondió gritando:
-¿Qué tá diciendo ese muchacho?
Y como era la voz del sargento Rey, jefe de puesto del Central, obtuvo el mayor interés de parte de los presentes así como los datos que solicitó del muchacho.
El día de Nochebuena no podía contarse con el juez de La Romana para hacer el levantamiento del cadáver, pues debía andar por la Capital disfrutando sus vacaciones de fin de año. Pero el sargento era expeditivo; quince minutos después de haber oído a Mundito el sargento Rey iba con dos números y diez o doce curiosos hacia el sitio donde yacía el presunto cadáver. Eso no había entrado en los planes de Encarnación Mendoza.
El propósito de Encarnación Mendoza era pasar la Nochebuena con su mujer y sus hijos. Escondiéndose de día y caminando de noche había recorrido leguas y leguas, desde las primeras estribaciones de la Cordillera, en la provincia del Seybo, rehuyendo todo encuentro y esquivando bohíos, corrales y cortes de árboles o quemas de tierras. En toda la región se sabía que él había dado muerte al cabo Pomares, y nadie ignoraba que era hombre condenado donde se le encontrara. No debía dejarse ver de persona alguna, excepto de Nina y de sus hijos. Y los vería sólo una hora o dos, durante la Nochebuena. Tenía ya seis meses huyendo, pues fue el día de San Juan cuando ocurrieron los hechos que le costaron la vida al cabo Pomares.
Necesariamente debía ver a su mujer y a sus hijos. Era un impulso bestial el que le empujaba a ir, una fuerza ciega a la cual no podía resistir. Con todo y ser tan limpio de sentimientos, Encarnación Mendoza comprendía que con el deseos de abrazar a su mujer y de contarles un cuento a los niños iba confundida una sombra de celos. Pero además necesitaba ver la casucha, la luz de lámpara iluminando la habitación donde se reunían cuando él volvía del trabajo y los muchachos le rodeaban para que él los hiciera reír con sus ocurrencias. El cuerpo le pedía ver hasta el sucio camino, que se hacía lodazal en los tiempos de lluvia. Tenía que ir o se moriría de una pena tremenda.
Encarnación Mendoza estaba acostumbrado a hacer lo que deseaba; nunca deseaba nada malo, y se respetaba a sí mismo. Por respeto a sí mismo sucedió lo del día de San Juan, cuando el cabo Pomares le faltó pegándole en la cara, a él, que por no ofender no bebía y que no tenía más afán que su familia. Sucediera lo que sucediera, y aunque el mismo Diablo hiciera oposición, Encarnación Mendoza pasaría la Nochebuena en su bohío. Solo imaginar que Nina y los muchachos estarían tristes, sin un peso para celebrar la fiesta, tal vez llorando por él, le partía el alma y le hacía maldecir de dolor.
Pero el plan se había enredado algo. Era cosa de ponerse a pensar si el muchacho hablaría o se quedaría callado. Se había ido corriendo, a lo que pudo colegir Encarnación por la rapidez de los pasos, y tal vez pensó que se trataba de un peón dormido. Acaso hubiera sido prudente alejarse de allí, meterse en otro tablón de caña. Sin embargo, valía la pena pensarlo dos veces, porque si tenía la fatalidad de que alguien pasara por la trocha de ida o de vuelta, y le veía cruzando camino y le reconocía, era hombre perdido. No debía precipitarse; ahí, por de pronto, estaba seguro. A las nueve de la noche podría salir; caminar con cautela orillando los cerros, y estaría en su casa a las once, tal vez a las once y un cuarto. Sabía lo que iba a hacer; llamaría por la ventana de la habitación en voz baja y le diría a Nina que abriera, que era él, su marido. Ya le parecía estar viendo a Nina con su negro pelo caído sobre las mejillas, los ojos oscuros y brillantes, la boca carnosa, la barbilla saliente. Ese momento de la llegada era la razón de ser de su vida; no podía arriesgarse a ser cogido antes. Cambiar de tablón en pleno día era correr riesgo. Lo mejor sería descansar, dormir…
Despertó al tropel de pasos y a la voz del niño que decía:
-Taba ahí, sargento.
-¿Pero en cuál tablón; en ése o en el de allá?
-En ése -aseguró el niño.
“En ése” podía significar que el muchacho estaba señalando hacia el que ocupaba Encarnación, hacia uno vecino o hacia el de enfrente. Porque a juzgar por las voces el niño y el sargento se hallaban en la trocha, tal vez en un punto intermedio entre varios tablones de caña. Dependía de hacia dónde estaba señalando el niño cuando decía “ése”. La situación era realmente grave, porque de lo que no había duda era de que ya había gente localizando al fugitivo. El momento, pues, no era de dudar, sino de actuar. Rápido en la decisión, Encarnación Mendoza comenzó a gatear con suma cautela, cuidándose de que el ruido que pudiera hacer se confundiera con el de las hojas del cañaveral batidas por la brisa. Había que salir de allí pronto, sin perder un minuto. Oyó la áspera voz del sargento:
-¡Métase por ahí, Nemesio, que yo voy por aquí! ¡Usté, Solito, quédese por aquí!
Se oían murmullos y comentarios. Mientras se alejaba, agachado, con paso felino, Encarnación podía colegir que había varios hombres en el grupo que le buscaba. Sin duda las cosas estaban poniéndose feas.
Feas para él y feas para el muchacho, quienquiera que fuese. Porque cuando el sargento Rey y el número Nemesio Arroyo recorrieron el tablón de caña en que se habían metido, maltratando los tallos más tiernos y cortándose las manos y los brazos, y no vieron cadáver alguno, empezaron a creer que era broma lo del hombre muerto en la Colonia Adela.
-¿Tú ta seguro que fue aquí, muchacho? -preguntó el sargento.
-Sí, aquí era -afirmó Mundito, bastante asustado ya.
-Son cosa de muchacho, sargento; ahí no hay nadie -terció el número Arroyo.
El sargento clavó en el niño una mirada fija, escalofriante, que lo llenó de pavor.
-Mire, yo venía por aquí con Azabache -empezó a explicar Mundito- y lo diba corriendo asina -lo cual dijo al tiempo que ponía el perrito en el suelo-, y él cogió y se metió ahí.
Pero el número Solito Ruiz interrumpió la escenificación de Mundito preguntando:
-¿Cómo era el muerto?
-Yo no le vide la cara -dijo el niño, temblando de miedo-; solamente le vide la ropa. Tenía un sombrero en la cara. Taba asina, de lao…
-¿De qué color era el pantalón? -inquirió el sargento.
-Azul, y la camisa como amarilla, y tenía un sombrero negro encima de la cara…
Pero el pobre Mundito apenas podía hablar; se hallaba aterrorizado, con ganas de llorar. A su infantil idea de las cosas, el muerto se había ido de allí sólo para vengarse de su denuncia y hacerlo quedar como un mentiroso. Seguramente en la noche le saldría en la casa y lo perseguiría toda a vida.
De todas maneras, supiéralo o no Mundito en ese tablón de cañas no darían con el cadáver. Encarnación Mendoza había cruzado con sorprendente celeridad hacia otro tablón, y después hacia otro más; y ya iba atravesando la trocha para meterse en un tercero cuando el niño, despachado por el sargento, pasaba corriendo con el perrillo bajo el brazo. Su miedo lo paró en seco al ver el torso y una pierna del difunto que entraban en el cañaveral. No podía ser otro, dado que la ropa era la que había visto por la mañana.
-¡Ta aquí, sargento; ta aquí! -gritó señalando hacia el punto por donde se había perdido el fugitivo-. ¡Dentró ahí!
Y como tenía mucho miedo siguió su carrera hacia su casa, ahogándose, lleno de lástima consigo mismo por el lío en qué sé había metido. El sargento, y con él los soldados y curiosos que le acompañaban, se había vuelto al oír la voz del chiquillo.
-Cosa de muchacho -dijo calmosamente Nemesio Arroyo.
Pero el sargento, viejo en su oficio, era suspicaz:
-Vea, algo hay. ¡Rodiemo ese tablón di una ve! -gritó.
Y así empezó la cacería, sin qué los cazadores supieran qué pieza perseguían.
Era poco más de media mañana. Repartidos en grupos, cada militar iba seguido de tres o cuatro peones, buscando aquí y allá, corriendo por las trochas, todos un poco bebidos y todos excitados. Lentamente, las pequeñas nubes azul oscuro que descansaban al ras del horizonte empezaron a crecer y a ascender cielo arriba. Encarnación Mendoza sabía ya que estaba más o menos cercado. Sólo que a diferencia de sus perseguidores -que ignoraban a quién buscaban-, él pensaba que el registro del cañaveral obedecía al propósito de echarle mano y cobrarle lo ocurrido el día de San Juan.
Sin saber a ciencia cierta dónde estaban los soldados, el fugitivo se atenía a su instinto y a su voluntad de escapar; y se corría de un tablón a otro, esquivando el encuentro con los soldados. Estaba ya a tanta distancia de ellos que si se hubiera quedado tranquilo hubiese podido esperar hasta el oscurecer sin peligro de ser localizado. Pero no se hallaba seguro y seguía pasando de tablón a tablón. Al cruzar una trocha fue visto de lejos, y una voz proclamó a todo pulmón:
-¡Allá va, sargento, allá va; y se parece a Encarnación Mendoza!
¡Encarnación Mendoza! De golpe todo el mundo quedó paralizado. ¡Encarnación Mendoza!
-¡Vengan! -demandó el sargento a gritos; y a seguidas echó a correr, el revólver en la mano, hacia donde señalaba el peón que había visto el prófugo.
Era ya cerca de mediodía, y aunque los crecientes nubarrones convertían en sofocante y caluroso el ambiente, los cazadores del hombre apenas lo notaban; corrían y corrían, pegando voces, zigzagueando, disparando sobre las cañas. Encarnación se dejó ver sobre una trocha distante, sólo un momento, huyendo con la velocidad de una sombra fugaz, y no dio tiempo al número Solito Ruiz para apuntarle su fusil.
-¡Que vaya uno al batey y diga de mi parte que me manden do número! -ordenó a gritos el sargento.
Nerviosos, excitados, respirando sonoramente y tratando de mirar hacia todos los ángulos a un tiempo, los perseguidores corrían de un lacia a otro dándose voces entre sí, recomendándose prudencia cuando alguno amagaba meterse entre las cañas.
Pasó el mediodía. Llegaron no dos, sino tres números y como nueve o diez peones más; se dispersaron en grupos y la cacería se extendió a varios tablones. A la distancia se veían pasar de pronto un soldado y cuatro o cinco peones, lo cual entorpecía los movimientos, pues era arriesgado tirar si gente amiga estaba al otro extremo. Del batey iban saliendo hombres y hasta alguna mujer; y en la bodega no quedó sino el dependiente, preguntando a todo hijo de Dios que cruzaba si “ya lo habían cogido”.
Encarnación Mendoza no era hombre fácil. Pero a eso de las tres, en el camino que dividía el cañaveral de los cerros, esto es, a más de dos horas del batey, un tiro certero le rompió la columna vertebral al tiempo que cruzaba para internarse en la realeza. Se revolcaba en la tierra, manando sangre, cuando recibió catorce tiros más, pues los soldados iban disparándole a medida que se acercaban. Y justamente entonces empezaban a caer las primeras gotas de la lluvia que había comenzado a insinuarse a media mañana.
Estaba muerto Encarnación Mendoza. Conservaba las líneas del rostro, aunque tenía los dientes destrozados por un balazo de máuser. Era día de Nochebuena y él había salido de la Cordillera a pasar la Nochebuena en su casa, no en el batey, vivo o muerto. Comenzaba a llover, y el sargento estaba pensando algo. Si él sacaba el cadáver a la carretera, que estaba hacia el poniente, podía llevarlo ese mismo día a Macorís y entregarle ese regalo de Pascuas al capitán; si lo llevaba al batey tendría que coger allí un tren del ingenio para ir a la Romana, y como el tren podría tardar mucho en salir llegaría a la ciudad tarde en la noche, tal vez demasiado tarde para trasladarse a Macorís. En la carretera las cosas son distintas; pasan con frecuencia vehículos, él podría detener un automóvil, hacer bajar la gente y meter el cadáver o subirlo sobre la carga de un camión.
-¡Búsquese un caballo ya memo que vamo a sacar ese vagabundo a la carretera -dijo dirigiéndose al que tenía más cerca.
No apareció caballo sino burro; y eso, pasadas ya las cuatro, cuando el aguacero pesado hacía sonar sin descanso los sembrados de caña. El sargento no quería perder tiempo. Varios peones, estorbándose los unos a los otros, colocaron el cadáver atravesado sobre el asno y lo amarraron cómo pudieron. Seguido por dos soldados y tres curiosos a los que escogió para que arrearan el burro, el sargento ordenó la marcha bajo la lluvia.
No resultó fácil el camino. Tres veces, antes de llegar al primer caserío, el muerto resbaló y quedó colgado bajo el vientre del asno. Éste resoplaba y hacía esfuerzos para trotar entre el barro, que ya empezaba a formarse. Cubiertos sólo con sus sombreros de reglamento al principio, los soldados echaron mano a pedazos de yaguas, a hojas grandes arrancadas a los árboles, o se guarecían en el cañaveral de rato en rato, cuando la lluvia arreciaba más. La lúgubre comitiva anduvo sin cesar la mayor parte del tiempo; en silencio, la voz de un soldado comentaba:
-Vea ese sinvergüenza.
O simplemente aludía al cabo Pomares, cuya sangre había sido al fin vengada.
Oscureció del todo, sin duda más temprano que de costumbre por efectos de la lluvia; y con la oscuridad el camino se hizo más difícil, razón por la cual la marcha se tornó lenta. Serían más de las siete, y apenas llovía entonces, cuando uno de los peones dijo:
-Allá se ve una lucecita.
-Sí, del caserío -explicó el sargento; y al instante urdió un plan del que se sintió enormemente satisfecho. Pues al sargento no le bastaba la muerte de Encarnación Mendoza. El sargento quería algo más. Así, cuando un cuarto de hora después se vio frente a la primera casucha del lugar, ordenó con su áspera voz:
-Desamarren ese muerto y tírenlo ahí adentro, que no podemo seguir mojándono.
Decía esto cuando la lluvia era tan escasa que parecía a punto de cesar; y al hablar observaba a los hombres que se afanaban en la tarea de librar el cadáver de cuerdas. Cuando el cuerpo estuvo suelto llamó a la puerta de la casucha justo a tiempo para que la mujer que salió a abrir recibiera sobre los pies, tirado como el de un perro, el cuerpo de Encarnación Mendoza. El muerto estaba empapado en agua, sangre y lodo, y tenía los dientes destrozados por un tiro, lo que le daba a su rostro antes sereno y bondadoso la apariencia de estar haciendo una mueca horrible.
La mujer miró aquella masa inerte; sus ojos cobraron de golpe la inexpresiva fijeza de la locura; y llevándose una mano a la boca comenzó a retroceder lentamente, hasta que a tres pasos paró y corrió desolada sobre el cadáver al tiempo que gritaba:
-¡Hay m’shijo, se han quedao güérfano… han matao a Encarnación!
Espantados, atropellándose, los niños salieron de la habitación, lanzándose a las faldas de la madre.
-Entonces se oyó una voz infantil en la que se confundían llanto y horror:
-¡Mamá, mi mamá!… ¡Ese fue el muerto que yo vide hoy en el cañaveral!

Nueva doctrina exterior de Rusia

Mesa de Análisis y Desarrollo

1065244387Nueva doctrina exterior de Rusia prioriza problemas globales y lazos con otros países

MOSCÚ (Sputnik) — Fue publicada la nueva Doctrina de Política Exterior de Rusia, promulgada por el presidente Vladímir Putin.

El documento, que sustituye la anterior doctrina aprobada en 2013, entra en vigor desde el día de su firma, el 30 de noviembre de 2016. La nueva doctrina apuesta por resolver los problemas globales y fomentar las relaciones de Rusia con otros países en distintas regiones. El derecho internacional y el rol de la ONU El texto afirma que Moscú “aboga consecuentemente por fomentar las bases legislativas de las relaciones internacionales y cumple estrictamente sus obligaciones internacionales en la esfera del derecho”. © SPUTNIK/ ALEXEY DRUZHININ Todos los detalles de la nueva doctrina de política exterior de Rusia “El fomento y desarrollo de la ley internacional es una de las vertientes principales de su actividad a nivel internacional”…

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De Crimea a la Nueva Crisis de los Misiles

  • Misiles Calibre: Lucha en Siria y advertencia a Obama

    Misiles Calibre: Lucha en Siria y advertencia a Obama           

    Rusia ha desplegado un grupo naval en el mar Mediterráneo que es capaz de efectuar ataques aéreos y con misiles crucero contra blancos terroristas en Siria.

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  • El internacionalista Fidel Castro

    El internacionalista Fidel Castro

    Fidel Castro ingresó a la Historia como uno de los grandes personajes latinoamericanos de todos los tiempos.

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  • Jueces israelíes acusados de crímenes de guerra en Chile

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    En Chile fue presentada en 28 de noviembre de 2016 en el 5° Juzgado de Garantía una querella criminal contra los jueces de la Corte Suprema de Israel Asher Gronis, Uzi Vogelman y Neal Hemdel por los delitos de “Crímenes de Guerra y Lesa Humanidad y de los demás que aparezcan en el transcurso de la investigación.

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    Desde años las corporaciones farmacéuticas se encuentran entre los más grandes financistas políticos, según datos del Centro para la Política Responsable (CRP).

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    Las recientes elecciones en Estados Unidos, con el triunfo de Donald Trump, han abierto una serie interminable de especulaciones.

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    China, la segunda potencia económica mundial, se ha lanzado de lleno a lo que analistas y medios de comunicación han denominado: La Conquista de Latinoamérica.

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  • Fidel Castro, eterno héroe de los desheredados

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    Personaje controvertido en Occidente, donde es fuertemente criticado, Fidel Castro es ‎admirado en cambio por los pueblos de América Latina y del Tercer Mundo.‎

    lunes, 28 de noviembre de 2016 10:38

Fidel mostró a que era posible resistir el imperialismo

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Domingo Nuñez Polanco administrador de este blog

Fidel Castro mostró a Latinoamérica que era posible resistir el imperialismo estadounidense
TEMAS

TRANSCRIPCIÓN
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el Informativo de Guerra y Paz. Soy Amy Goodman. Estamos presentando un debate sobre Fidel Castro, que murió el viernes a los 90 años de edad. Nuestros invitados son Bill Fletcher, fundador del Congreso Radical Negro; Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentación Cubana y el profesor Lou Pérez Jr., autor del libro “Cuba in the American Imagination: Metaphor and the Imperial Ethos” (Cuba en el imaginario estadounidense: metáfora y ethos imperial).

Profesor Lou Pérez Jr., háblenos sobre el impacto que tuvo Fidel Castro en Latinoamérica. Recién hablábamos sobre el Che Guevara y su muerte. Cuéntenos qué estaba haciendo allí el Che Guevara, qué estaba haciendo por Fidel, y sobre todo, qué estaba haciendo Fidel en América Latina, más allá de Cuba.

LOUIS A. PÉREZ JR.: El poder de Fidel Castro y de la revolución cubana se expresa en la resistencia a las represalias de Estados Unidos contra dicha revolución. Y eso, en una región que había tenido… una región con intervenciones militares continuas, en México y Centroamérica; con intromisión política e intervención económica en Sudamérica. Cuba se convirtió en un ejemplo a seguir, en particular luego de la fallida invasión a Bahía de Cochinos. Ese hecho contribuyó poderosamente a la consolidación y luego a la centralización del poder y los cubanos lo celebraron como la primera derrota al imperialismo en las Américas. Y aquella victoria y sus proyecciones, y su orgullo, resonó en América Latina, tal vez sobre todas las cosas, como una forma de decir que realmente podía ser posible que un pueblo resuelto, con un líder resuelto, fuera capaz de resistir la intervención. Y cuando los cubanos exhortaron a Latinoamérica a convertir los Andes en la Sierra Maestra del Nuevo Mundo, esa idea, la idea de poder lograr la autonomía, el agenciamiento, la autodeterminación y la soberanía nacional resonó en todo el hemisferio, en toda Latinoamérica. El Che Guevara luego retoma ese modelo de guerrilla cubana, la teoría del foquismo, basada en la idea de que un puñado de personas internándose en el interior de un país latinoamericano podían crear lo que se denomina condiciones subjetivas de la revolución; y que de ese foco guerrillero se generaría un movimiento revolucionario que lograría afirmarse y proclamar la victoria. El modelo de revolución del Che Guevara es, básicamente, la réplica de la guerra de guerrillas durante 1957 y 58.

AMY GOODMAN: Y cuéntenos qué sucedió con el Che Guevara en Bolivia y qué significó para Fidel Castro y para la revolución cubana.

LOUIS A. PÉREZ JR.: Bueno, la derrota del foco guerrillero en Bolivia, la captura y ejecución del Che Guevara fueron realmente un golpe mortal para todo lo que representaba la lucha armada en América Latina. Recién con la victoria sandinista en 1979 se pudo ver, de hecho, el triunfo de un movimiento guerrillero en la región. Pero después de eso… de la derrota del foco guerrillero y la muerte del Che Guevara, los cubanos se concentraron más en cuestiones internas. Fueron los años del gran impulso a la economía. Ese fue el año de la desastroza zafra de las 10 millones de toneladas. Y esos años entre la muerte del Che Guevara y la zafra de los 10 millones en 1970, pueden ser considerados como momentos verdaderamente decisivos, que tuvieron la fuerza de alterar la trayectoria de la revolución cubana.


Traducido por Vanessa Londoño. Editado por Verónica Gelman, Linda Artola y Democracy Now! en Español

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Del cambio climático a la guerra nuclear

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Noam Chomsky advierte sobre las amenazas reales a nuestra supervivencia.

El lunes a la noche Democracy Now! celebró su 20 aniversario en la histórica iglesia de Riverside de la ciudad de Nueva York. Entre los que hablaron ante los más de dos mil asistentes estaba el reconocido disidente político, lingüista y escritor Noam Chomsky. Chomsky se refirió a las dos amenazas más peligrosas que la especie humana enfrenta en la actualidad, la posibilidad de una guerra nuclear y la destrucción acelerada provocada por el cambio climático que generamos los seres humanos.
Para saber más de este tema, puede ver el discurso de Noam Chomsky.


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Vladimir Putin sobre Fidel

Este hombre fuerte y sabio siempre miraba con confianza al futuro. Encarnó los ideales más altos del político, el ciudadano y el patriota, y estaba sinceramente convencido de la rectitud de la causa a la que dedicó toda su vida.
Vladimir Putin
Presidente de Rusia
Bajo su dirección, su pequeño país pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana.
Ignacio Ramonet
Politólogo francés
El pueblo de la India apreciará la memoria que lega este revolucionario mundial, que inspiró a la gente no sólo de América Latina sino de todo el mundo.
Pranab Mukherjee
Presidente de la India
Se va un referente de la dignidad latinoamericana y de la resistencia soberana. Adiós Fidel.
Pablo Iglesias
Líder del Partido Podemos de España
Nuestra admiración y respeto por Fidel, el líder que nos enseñó a luchar por la soberanía del Estado y la dignidad de los pueblos del mundo.
Evo Morales
Presidente de Bolivia
Fidel y Chávez construyeron el ALBA, PetroCaribe y dejaron abonado el camino de la liberación de nuestros pueblos… La Historia los Absolvió.
Nicolás Maduro
Presidente de Venezuela
Se fue un grande. Murió Fidel. ¡Viva Cuba! ¡Viva América Latina!
Rafael Correa
Presidente de Ecuador
Mis condolencias al Presidente Raúl Castro por la muerte de Fidel, un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina.
Michelle Bachelet
Presidenta de Chile
Con Fidel desaparece el último gran líder político del siglo 20, y el único que logró sobrevivir más de 50 años a su propia obra: la Revolución Cubana. Gracias a ella la pequeña isla dejó de ser el prostíbulo del Caribe, explotado por la mafia, para convertirse en una nación respetada, soberana y solidaria, que mantiene profesionales de la salud y de la educación en más de cien países, incluyendo el Brasil.
Frei Betto
Teólogo brasileño
Dirigió la lucha de su pueblo y de su país contra el imperialismo y la hegemonía durante décadas. Su resistencia se hizo legendaria e inspiró a líderes y pueblos del mundo.
Bashar al Asad
Presidente de Siria
El pueblo chino perdió a un camarada bueno y sincero. El camarada Castro vivirá eternamente.
Xi Jinping
Presidente de China
Hay Fidel para buen rato. La mafia imperialista trató de que no llegara ni a los 50 años de edad, pero siendo Fidel, Fidel, su cuerpo decidió la fecha de su partida.
Rafael Cancel Miranda
Independentista puertorriqueño
Fidel Castro fue una inspiración en la lucha contra el Apartheid.
Jacob Zuma
Presidente de Sudáfrica
Nunca te hacía sentir que estabas hablando con una leyenda universal y viviente.
Cristina Fernández de KirchnerEx-presidente de Argentina

Como un águila que vuela alto y ve lejos advirtió veinte años antes que los demás la gravedad de un problema que hoy está en la boca de cualquiera. Fidel ha muerto, pero su legado –como el del Che y el de Chávez- vivirá para siempre.

Atilio Borón
Politólogo argentino

Fidel encarnó a la Revolución en América Latina, pero también para todo el mundo, porque Cuba levantaba de nuevo la idea del socialismo, cuando este se había vuelto algo aparentemente petrificado, postergado.

Emir Sader
Politólogo brasileño

Los cubanos no olvidaremos jamás, su talento, genio y originalidad, porque fue Fidel quien llevó al terreno de los hechos, los métodos y principios capaces de relacionar y articular dialécticamente las ideas del Socialismo con la tradición ética de la nación cubana, para hacerla triunfar.

Armando Hart DávalosRevolucionario cubano

No hacía falta un terremoto, como el sucedido en Managua en 1972, para que viniesen las brigadas cubanas, sino que donde la responsabilidad y compromiso de los gobernantes con sus pueblos demandaba de la solidaridad cubana, ahí estaba Cuba con sus brigadas médicas.
Daniel Ortega
Presidente de Nicaragua
Hoy lloro la pérdida de un amigo, el fallecido líder cubano. En el transcurso de su larga vida superó incontables adversidades y casi nunca eligió el camino fácil y cómodo. Pude ver a Fidel Castro muchas veces a lo largo de los años y llegué a apreciar su intelecto extraordinario, su mente aguda y su habilidad para entablar un diálogo constructivo. Adiós Fidel.
Kofi Annan
Ex Secretario General de la ONU
Fidel fue un hombre dedicado a la defensa de su tierra y su gente, la verdad y la justicia.
Mahmoud Abbas
Presidente de Palestina
José Eduardo Dos Santos
Presidente de Angola
Figura histórica y trascendente que contribuyó a la defensa y mantenimiento de la soberanía y la integridad territorial de Angola.
Fidel Castro fue un guerrero infatigable cuya desaparición física causó gran pena y tristeza en Irán.
Hasan Rohani
Presidente de Irán
Fidel siempre fue un luchador por los valores que no mueren, por ideas que marcaron su norte, por eso no puede morir
Fernando Lugo
Ex-Presidente de Paraguay
Comandante de la dignidad, de la solidaridad y de la esperanza. Fidel aquí estamos y aquí vamos adelante siempre, siempre más allá. Gracias Fidel, gracias Cuba por habernos dado a Fidel que vive en los pueblos libres de Nuestramérica.
Rosario Murillo
Vicepresidenta electa de Nicaragua
El líder Fidel Castro vivió como un gigante y permanecerá como una leyenda y un valioso legado para las nuevas generaciones
Abdelkader Bensalah
Presidente del Consejo de la Nación de Argelia
Despedimos al Fidel de los pobres, de los humildes, de los oprimidos y de los que jamás se rinden, nuestro Fidel, el de ustedes, el que pertenece a todos los pobres del planeta, el Fidel de la Historia.
Alexis Tsipras
Primer Ministro de Grecia