Obama: última chance

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Atilio A. Boron
Rebelión
Mírate al espejo y pregúntate que has hecho desde ese cargo que has detentado los últimos ocho años, el más poderoso del mundo. Se entiende que hayas encanecido rápidamente, porque la verdad es que has sido la gran decepción de los últimos tiempos. Siempre pensé que la “Obamamanía” que se desató con tu elección era una soberana estupidez, producto del colonialismo mental que afecta a intelectuales, académicos, comunicadores sociales y políticos de casi todo el mundo. Pero nunca llegué a pensar que en la Casa Blanca te iría tan mal.
Tus reformas (la financiera, de la salud, la migratoria, para hablar de las principales) fueron una tras otra un fracaso. No sólo por culpa de los homínidos que pueblan el Congreso de Estados Unidos sino porque, como gobernante, careciste de las agallas para pelear por lo que creías era justo. Tal vez estuvieras amenazado por la mafia derechosa de tu país, es posible; pero igual deberías haber librado combate, y no lo hiciste. Y en materia de política exterior, siendo un inmerecido Premio Nobel de la Paz no dejaste de librar guerras un solo día de tu mandato, y cada martes, rutinariamente, marcabas con un tilde el nombre de alguien que tus cobardes muchachos desde un refugio en Utah o Nevada, mataban con sus drones sobrevolando Paquistán, Afganistán o cualquier otro país del mundo en donde se ocultaron los que los imbéciles que te rodean e informan califican como “terroristas”. Asesinaban impunemente, con los consabidos “daños colaterales”, por supuesto. Tus generales de opereta, inútiles que -como decía Jorge Luis Borges- jamás habían sentido silbar una bala muy cerca de su cabeza, te metieron a fondo en cuanta guerra se librase en el planeta. Te limitaste a deplorar que en los últimos tiempos policías racistas se ensañaran con tus hermanos de raza, cuando deberías haberles proporcionado un escarmiento ejemplar a esos canallas que siguen pensando que todos los afroamericanos y los hispanos son criminales, como luego lo diría, sin tantas vueltas, Donald Trump.
Con la ayuda de Hillary Clinton diste vida al monstruoso Estado Islámico, causante de una crisis humanitaria de proporciones desconocidas desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Tu ex Secretaria de Estado se limitó a decir que “nos equivocamos al elegir a nuestros amigos”, cuando merecerían, tanto ella como tú, ser enviados a la Corte Penal Internacional por tan criminal elección de amistades políticas. Destruiste Libia, mentiste por años al acusar a Irán de tener un programa nuclear destinado a producir armas de destrucción masiva cuando tu bien sabías que el único país que tiene ese tipo de armamento en la región es Israel, y que lo tiene porque tus predecesores se lo otorgaron y tú no hiciste nada para revertir esa situación. No sólo eso: toleraste que el fascista de Netanyahu fuera a hablar en contra de tu decisión de restablecer el diálogo con Irán nada menos que ante el Congreso de tu país, cuando podrías haber hecho que las autoridades migratorias impidieran el ingreso de ese energúmeno a Estados Unidos. No contento con destruir Libia e incendiar Siria, Irak y casi todo el Medio Oriente, para debilitar los apoyos de Irán en la región, no dudaste en orquestar un golpe de estado en Ucrania, elevando al rango de combatientes por la libertad a una execrable banda de neonazis a los cuales tus funcionarios del Departamento de Estado alimentaban con panecillos en frente a la casa de gobierno en Kiev.
Ni hablar de lo que has hecho en América Latina: amparaste los golpes de estado en Honduras (2009) y Paraguay (2012), e intentaste tumbar a Correa en el 2010. Hostigaste sin cesar a Venezuela con una guerra económica, diplomática y mediática muchísimo peor que la que el bandido de Richard Nixon (que por serlo tuvo que renunciar a su cargo) decretara en contra del Chile de Salvador Allende. Y fomentaste con tus lugartenientes locales una brutal ofensiva destituyente en contra de Cristina Fernández en la Argentina y el “golpe blando”, otra de tus aportaciones a la política contemporánea, en contra de Dilma Rousseff. Lejos de colaborar con la paz en Colombia has continuado apoyando al paramilitarismo de Álvaro Uribe, y apoyando a gobiernos que criminalizan la protesta social y matan a líderes como Berta Cáceres en Honduras. También, tienes el record en materia de deportación de hispanos (¡dos millones y medio nada menos!) y la masacre de los 43 jóvenes de Ayotzinapa no te ha movido un pelo.
No sigo porque el listado de tus tropelías y crímenes, aquí y en el resto del mundo, sería interminable. Tuviste un gesto de estadista al poner fin al horrible cautiverio sufrido, injustamente, por los cinco héroes cubanos. Pero pese a tu visita a Cuba y a la reanudación de las relaciones diplomáticas con ese país el bloqueo sigue su curso, con toda su ferocidad. Y no puedes culpar de ello a los desvergonzados millonarios que ocupan sus curules en la Cámara de Representantes y en el Senado de tu país. Tu bien sabes que mientras los millonarios constituyen el 1 por ciento de la población de Estados Unidos son el 52 por ciento en el Senado y el 44 por ciento en la Cámara de Representantes. Sabes que eso de la “democracia” norteamericana es una burla sangrienta y que tanto los representantes como los senadores no toleran la existencia de una Cuba socialista a 100 millas de la Florida. Pero hay muchas cosas que tú podrías hacer si no para derogar las leyes del bloqueo al menos para atenuar algunas de sus más graves consecuencias. Y eso está en las atribuciones presidenciales, que no has ejercido sino por cuenta gotas y en asuntos marginales.
Por eso, ya al final de tu mandato y antes de que pases a la historia, ¡y no entrando por la puerta grande precisamente!, podrías tener un gesto de grandeza y desmontar gran parte de la infame telaraña del bloqueo cubano, que ha sometido a este pueblo a más de medio siglo de privaciones y castigos por el sólo hecho de rechazar vivir de rodillas frente a tu país. Y jamás lograrás, ni tú ni tu sucesor, que tal cosa vaya a ocurrir. Porque si hay un pueblo digno y valiente en el mundo ese es el cubano. De modo que, hazte un favor a ti mismo y acaba ya con todo lo que esté a tu alcance para poner fin a una política que ha dejado a tu país como un paria internacional, como un “estado canalla”, objeto de la repulsa universal en Naciones Unidas. Y, de paso, indultar al combatiente colombiano Simón Trinidad, sometido a condiciones absolutamente inhumanas de detención, y al patriota puertorriqueño Oscar López Rivera, prisionero político de tu país por luchar por las mismas causas por las que lucharon Washington, Jefferson y los padres fundadores de los Estados Unidos. Oscar es el preso político que Estados Unidos ha mantenido por más años tras las rejas, en condiciones inhumanas. Tu inacción frente al bloqueo y el ensañamiento contra estos prisioneros sólo ha servido para consolidar aún más el repudio al imperialismo en América Latina y el Caribe.
Demuestra que aún tienes agallas y acaba ya con tanta infamia. Es tu última oportunidad. No la dejes pasar. Tus hijas, de las cuales estás tan orgulloso, te lo agradecerán.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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El último grande

Hace unos cuantos años tuve el honor de conocer a Fidel Castro. Hoy soy uno más de esos millones que en todo el mundo sienten que han quedado un poco huérfanos. Se ha ido el último grande.

Afloran los recuerdos, las anécdotas.

Quedan las convicciones, la ética, la determinación, la generosidad, el coraje, la honestidad, la perseverancia.

Queda la admiración por un hombre que conocía el mundo mucho mejor que yo, que cualquiera.

Queda, por qué no, la envidia por su oratoria, por sus palabras que tenían la belleza de decir lo obvio sobre el capitalismo y el imperialismo.

Queda lo que dijo y que guardo para siempre en mi recuerdo: “Cometimos errores, por supuesto, y cometeremos otros, pero nunca renunciaremos a la lucha por un mundo mejor; todo lo que hicimos no fue sólo por Cuba, sino por América Latina, por África, por Asia, por las generaciones futuras. Hicimos lo que pudimos, a veces más, y sin pedir nada a cambio“.

Soy europeo y he oído a quienes hoy son wahabíes seculares (antes llamados “progres” y supuestos izquierdistas) decir de todo sobre Cuba -aún recuerdo a uno de sus más prominentes dirigentes afirmar con desparpajo, el día que se deshizo la URSS, que Cuba caería en seis meses- y cuando lo comentaba con mis amigos y amigas de Cuba me decían, con toda lógica, “¿qué han hecho ellos más allá de hablar? ¿han hecho alguna revolución? Nosotros sí la hicimos. Por eso pueden decir tal vez que erramos, pero la hicimos”.

Recuerdo que Nelson Mandela, tras ser excarcelado, lo primero que dijo fue “saludo a Fidel Castro“. Quienes tanto le ponen de ejemplo deberían tomar nota de sus palabras.

El Lince

Vietnam y Cuba

Vietnam y Cuba, siempre cercanos por Fidel

El poder militar de EEUU está disminuyendo

La “sombra” de la antigua potencia: ¿cómo se ha debilitado el Ejército de EEUU?
Michal Cizek

El poder militar de EEUU está disminuyendo, asegura el vicepresidente del Instituto Lexington, Dan Goure, en su artículo para The National Interest.

© FLICKR/ STUART SEEGER Revelan por qué la superioridad de EEUU está llegando a su fin
El Ejército estadounidense cuenta actualmente con 479.000 soldados (lo que es menos que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial); y 30 brigadas, un tercio menos que hace 3 años, según el autor. Además, Goure señala que la Armada de EEUU dispone de 273 buques. En 1917, EEUU participó con una flota del mismo tamaño en la Primera Guerra Mundial. La Fuerza Aérea del país tiene alrededor de 5.000 aviones, menos que en 1947. En general, las tropas terrestres, la Armada y la Fuerza Aérea han disminuido su tamaño en un 40% en comparación con el final de la Guerra Fría, según el experto.
Lea también: ¿Por qué EEUU ya no puede dictar sus condiciones al resto del mundo?
Uno de los ejemplos más curiosos dados por Goure es que en 1972, en Vietnam, EEUU perdió unos 20 bombarderos B-52, pero si en aquel entonces las aeronaves derribadas representaron un “porcentaje insignificante de la Fuerza Aérea de EEUU”, actualmente el derribo del mismo número de bombarderos significaría una pérdida del 10% del total. En este caso, “nuestra aviación de bombardeo sería literalmente desangrada”, advierte.
“La demanda de una fuerza militar estadounidense está creciendo, pero sus capacidades militares van disminuyendo”, observa el experto. © AFP 2016/ GREG BAKER “Conflicto entre EEUU y China es más probable que entre EEUU y Rusia” El Departamento de Defensa de EEUU publicó la lista de amenazas estratégicas del país e incluía a “Rusia, China, Corea del Norte, Irán y el terrorismo islámico en sus diversas formas”. Es poco probable que cualquier conflicto potencial con uno de los países de la lista sea un conflicto “regional”, añade el experto. Además, durante mucho tiempo, EEUU ha confiado en su superioridad tecnológica, pero ahora es igualada en gran medida por los esfuerzos de Rusia y China de desarrollar una “respuesta asimétrica” a las armas de alta tecnología estadounidenses, reconoce el especialista. Incluso Corea del Norte —que se ha convertido en una potencia nuclear— tiene la capacidad de emprender un fuerte ataque contra las bases militares de EEUU en Asia, y el radio de destrucción de los misiles iraníes cubre casi todo el Oriente Próximo. “Ahora es probable que incluso en el caso de un gran conflicto regional con uno de los enemigos, las fuerzas de EEUU puedan sufrir pérdidas catastróficamente altas”. De hecho, el Ejército estadounidense carece de superioridad cuantitativa y cualitativa apropiada sobre las fuerzas de muchos de sus posibles adversarios, concluye el autor del artículo.

Más: https://mundo.sputniknews.com/america_del_norte/201611241065085694-ejercito-eeuu-debilitamiento/

Revelan “secreto” escondido ‘La última cena’ Da Vinci

Revelan “el verdadero secreto” escondido por Da Vinci en ‘La última cena’

El investigador italiano Mario Taddei ha compartido su visión sobre lo que el famoso pintor quería transmitir en una de sus obras más conocidas.

'La última cena', de Leonardo da Vinci, después de la restauración

‘La última cena’, de Leonardo da Vinci, después de la restauración Stefano RellandiniReuters
‘La última cena’ de Leonardo da Vinci es una de las interpretaciones más reconocidas de la cena de Jesús con sus 12 discípulos, pero no es la única de este tipo, comentó Mario Taddei, quien lleva 15 años analizando las obras del famoso pintor, a Smithsonian Channel.

Taddei indica que todas las versiones anteriores de esa escena seguían la misma tradición y tenían algo en común ―aureolas―, ausentes en la obra de Da Vinci. El experto sostiene que el pintor ignoró la fórmula que representaba a Jesús y los apóstoles como santos para transmitir el mensaje de que todos ellos y, en particular Jesús, eran personas comunes y mortales.

“Creo que Leonardo nunca añadió las aureolas porque pensaba que aquellas eran personas comunes, y ese es el verdadero secreto de Leonardo”, explica Taddei mencionando que en la pintura mural del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán no hay nada sobrenatural.

El experto también ha comentado acerca de la figura cuyo papel se convirtió en el centro del debate tras la publicación de la novela ‘El código Da Vinci’ de Dan Brown hace más de 10 años. Se trata del discípulo a la derecha de Jesús (o a la izquierda, según se mira), quien, según la novela, es una figura femenina ―María Magdalena― y no el apóstol Juan. Según Taddei, ‘El código Da Vinci’ es una novela “muy bonita”, pero es solo una obra de ficción.

El experto afirma que Da Vinci copió las cosas principales que tenían que estar presentes en el cuadro y no duda de que la figura en ‘La última cena’ de Da Vinci es el apóstol Juan, quien en las versiones anteriores siempre era representado como un joven con aspecto algo femenino.

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Tesla, el cientifico engañado por Tomas Edison

Descubren el invento más “destructivo” de Nikola Tesla
El científico de origen serbio se adelantó a su tiempo e imaginó drones inalámbricos, cuya misión sería intimidar a los humanos con su poder destructivo.
Créase o no, los drones ―en el sentido moderno del término― ya habían sido imaginados hace más de un siglo por el inventor Nikola Tesla. Su empleo fue pensado con fines militares por el científico de origen serbio, y tenía como propósito coaccionar a los seres humanos a abandonar toda intención de llevar adelante conflictos bélicos, ya que se verían intimidados por el poder destructivo de los robots.
La idea del visionario fue patentada el 9 de noviembre de 1898 y se detallan posibles servicios que podrían llegar a prestar los autómatas en caso de ser fabricados e implementados: desde servicios de mensajería hasta soldados pacificadores, algo similar a fuerzas de paz, según informa la revista ‘Popular Science‘.
Respecto a la utilización de los drones para acciones militares, Tesla menciona los objetivos bélicos de su idea: “[…] Mi invento permitirá establecer y mantener la paz entre todos los pueblos gracias al alcance destructivo garantizado e ilimitado”, manifestó.
La patente fue descubierta por el ingeniero Matthew Schroyer y en la misma se describe la idea de Tesla respecto al funcionamiento de las máquinas, que no dependería ni de cables ni de ningún tipo de conductor eléctrico. Serían ondas emitidas por aire, tierra o agua las encargadas de transmitir las órdenes a los autómatas.
Nikola Tesla (1856-1943) fue un físico e ingeniero de origen serbio, nacido en el Imperio Austro húngaro. Se destacó por sus inventos y por su visión adelantada a su tiempo. Entre sus descubrimientos sobresale la corriente alterna. Asimismo, habría predicho la aparición de los ‘smartphones’, entre otros. Etiquetas:

Debate organizacional en la izquierda

Para un debate organizacional en la izquierda
La organización como “complejo”
Mauricio Rifo Melo
Rebelión
Las estructuras y las formas que adopta una determinada organización están condicionadas por las circunstancias históricas que le competen, sin embargo, este hecho no es un todo determinante de la condición misma de una organización, ya que su pensar estará definido por la voluntad de sus componentes.

Es por eso que tenemos organizaciones que son representativas del “momento pasado-presente y futuro” (legitimadas) y otras que son vistas como estructuras monolíticas vinculadas solo al momento pasado o futuro (deslegitimadas). La condición de una organización, más allá de su posición normativa, está directamente vinculada a la necesidad de representar el momento histórico y proyectarlo, en una relación dialéctica de auto conformación de resistencia-cambio, subjetiva-objetiva, fenoménica-esencial, progresiva-regresiva, etc.

Esta condición histórica auto constitutiva, guiada por la necesidad de representar “el momento”, es una carrera permanente impulsada por fuerzas internas y externas a la asociación. Por lo tanto, una organización, en primer lugar, estará conflictuada históricamente desde los sujetos sociales y, en segundo lugar, tiene como deber hacerse de su tiempo y proyectarlo.

  Si bien al pensar lo “asociativo”, desde una visión dinamista, nos entrega luces sobre cómo entender la organización, no nos permite aún entender sus variables específicas de constitución. En consecuencia, discreparé con los manuales contemporáneos sobre lo organizacional, ya que definen su relación dentro de la constitución de normatividad, que, si bien es una base constitutiva de la misma, es muy limitado definirla solo desde esa vereda.

Sumado a esto también discreparé de quienes asocian organización simplemente con estructuración de tareas, la llamada “orgánica”, ya que está solo hace mención a los “repertorios de acción interna” a la organización.

En esta dirección, se plantea que la organización no se define por sus normas ni por sus tareas-estructurantes, sino más bien por su política. Entonces bien, ¿Qué es la política para una organización?

La organización seria la forma que adopta la política de un grupo de personas que se expresa es sus estructuras, normativas, división de tareas o intervención con la realidad en un escenario general de “lo político”.

La política constituye entonces, para la organización, “la forma de hacer” y ésta forma de hacer construye organización, siendo, por lo tanto, como definición apresurada de la política, una forma específica de organización individual y colectiva históricamente situada.

En este marco, el actual momento somete al militante y a su despliegue político, una serie de tareas y planos de acción muy complejos de poder determinar de manera anticipada. Esta cuestión es fundamental a la hora de pensar y realizar los marcos de acción en que la política, la revuelta, el sujeto molesto, el militante y la crítica se articulen en un campo coherente de lo que llamamos: organización.

Esta situación de incertidumbre debe ser guiada por el principio de que “la organización es la sustancia misma de la política”, es su cuerpo, otra cosa es el carácter de ese afianzamiento organizativo, o sea como se ordena o se comprende para sí. En este sentido, la organización se entenderá como el elemento fundamental para dotar de permanencia una cierta política de transformación. Es así que, en tiempos de revuelta e incertidumbre, la cuestión organizativa cobra nuevos horizontes de construcción y obliga al militante a interrogarse por sus posibles nuevas formas y realizarlas.

En consecuencia, el plano organizativo aún nos somete a una suerte de transición en la ampliación de las esferas de la misma, tanto <> como <<políticas>>, mientras se juega el despliegue de una situación política de apertura (crisis de legitimidad aparente). En este escenario las organizaciones políticas y sociales aún no definen de manera clara el nuevo diseño de operaciones al momento de enfrentar los conflictos. Por consiguiente, el debate organizacional es fundamental a la par del debate sobre las posibles alternativas ante el escenario social crítico.

Para esto es preciso dar una pequeña revisión, esquemática y no histórica, de la trayectoria reciente de las construcciones organizativas, fuera del marco de recomposición partidaria del proceso de transición chilena.

El Colectivo

Los colectivos fueron y son formas de organización atomizada y nucleada en centros específicos de la sociedad. Estas asociaciones se organizaron, principalmente, para responder a la ausencia de interés en la participación colectiva. De ahí su nombre.

Así, la búsqueda de un vuelco a las respuestas individuales se dio a través de pequeñas asociaciones de diverso carácter. Su espectro abarcó desde organizaciones muy ideologizadas hasta expresiones artístico culturales. No obstante, su proliferación, con un promedio de no más de 20 militantes por agrupación, permitió sustentar y crear una serie de vínculos que conformarían las actuales organizaciones que conocemos. Su mayor proliferación se dio en espacios compuestos por personas cuya ocupación era de tipo estudiantil.

Sus principales funciones o actividades políticas eran:

1.- Converger voluntades al momento de actuar públicamente

2.- Realizar actividades de educación, memoria histórica, artísticas o culturales en los diversos espacios en los que se encontraban.

3.- Y promover y dar sentido a una determinada cosmovisión o visión ideológica del mundo.

Estas se realizaban, a su vez, con la participación de sus militantes en:

1.- División especifica de tareas o de resolución conjunta

2.- Método de discusión asambleario

3.- Y ausencia de estructura de jerarquización explícita

  Su condición estructural estaba asentada en lo reducido de sus militantes, lo que permitía la apropiación identitaria y la mayor afinidad y participación de sus miembros. Por esta misma razón muchas de estas agrupaciones se desarticulaban rápidamente tras el abandono de lazos afectivos o de pertenencia al lugar, como era el caso de los estudiantes que terminaban sus respectivos estudios.

El debate político que cruzaba la conformación de colectivos estaba centrado en una contradicción central de universalizar los postulados de la agrupación y a la vez preservar la “pureza” de la propuesta. Esta situación situó el debate organizacional entorno a la fijación en el despliegue organizacional fragmentado permanente, bajo el diagnóstico de la construcción político social de sujeto de cambio, o en la conformación de instancias de mayor amplitud organizacional que aglutinarán los esfuerzos constructores, cuestión que dio origen a la gestación de <> o intentos de convergencia de distinto orden.

En resumen, los colectivos se conformaron como unidades pedagógicas de memoria y resistencia frente a la individualización de una sociedad masivamente incorporada al consumo y a la despolitización.

La Red

La explosión de niveles de crítica masivos, en el último tiempo, son también producto de la transformación del escenario organizacional nacional. La serie de colectivos sociales o políticos fueron, durante casi dos décadas, tejiendo “redes” de articulación social crítica y anti-capitalista. Estas redes de articulación se orquestaron en diversas áreas sociales, pero principalmente en Universidades-colegios y centros laborales vinculados a militantes o ex militantes.

En consecuencia, los fenómenos asociativos en centros educativos y laborales durante los noventa y la primera década del siglo han parido las expresiones políticas con mayor relevancia de la izquierda actual.

Así, este escenario organizativo múltiple y diverso no se ha desarrollado de manera desconectada o autonómica, ya que ha estado cimentado por la reunión de instancias “colectiveras” tanto como de esfuerzos individuales. Este desarrollo ha tejido un entramado de relaciones que se ven tensadas de manera positiva como negativa, en el plano de la unidad, por la aparición, generación o promoción de un conflicto determinando. Es por tanto el “conflicto” el eje central que ordena, posiciona o desmonta los campos de articulación tanto de la “izquierda” como de las fuerzas sociales. Esta situación organizativa, situada por el conflicto, es una organización, que podemos llamar, “en red”.

Para comprender la particularidad de esta “forma de organización” se puede hacer el símil diferencial con: (1) una coordinación o (2) con un frente político amplio.

Una situación de coordinación presenta un carácter previamente determinado por componentes políticos que deben ponerse de acuerdo para actuar, cuyo objetivo es aunar voluntades para una situación actual o futura. Existe, por tanto, una planificación de lo que se acciona, y no se busca necesariamente un impacto masivo.

Por otro lado, el frente amplio es una articulación consciente para disputar el poder político que determina representantes, estructuras de tareas de carácter permanente y es regulado por un equilibrio de poder entre las voluntades políticas.

En cambio, la organización en red es una articulación irregular, regida por una espontaneidad y re-estructuración permanente. Esto quiere decir que la articulación en red es un raro fenómeno en que aparentemente no hay centralidad o un eje lo suficientemente representativo de todas las voluntades, pero aun así se conforma un ideario común que aglutina los esfuerzos mancomunados. Se produce una unidad de funcionamiento desacoplada o descentralizada a través de:

1.- Organizaciones afines ya relacionadas entre sí.

2.- Militantes-puente que vinculan organizaciones más allá de las alianzas.

3.- Individuos-enlace que vinculan un espectro más amplio que las organizaciones porque no pertenecen a ninguna.

La red permite articular esfuerzos colectivos durante un tiempo determinando y este tiempo determinado es la duración del conflicto, una vez superado el conflicto la red se descompone en coordinación o en la desaparición.

Por lo tanto, este ejercicio de interconexión situada por un conflicto ha permitido interactuar de manera coherente a las fuerzas políticas organizadas como izquierda y como centros vitales o espacios territoriales.

Tal situación, configura una flexibilidad organizativa que ha re-posicionado e innovado las formas de organización de la política democrática, como es el caso de los voceros, asambleas, mesas territoriales, plataformas, sindicatos politizados, juntas de vecinos politizadas, etc.

La asociación en red operaría como un despliegue articulado de acuerdo al “conflicto” que se enfrenta, por lo tanto, existirá una izquierda o fuerza crítica más o menos amplia, de acuerdo a la situación. Por ejemplo, un conflicto ambiental incorporará componentes sociales más amplios y diversos que una movilización de trabajadores/as.

Entonces la unidad de la izquierda, en este momento, es “situada” en el conflicto con la perspectiva de articularse de una manera distinta.

En resumen, la organización en Red es un espacio generado por un conflicto determinado que aglutina una diversidad de voluntades bajo un ideario común que opera de manera aleatoria y simultánea.

La propuesta del “Complejo organizacional”

El actual debate organizacional de la izquierda chilena es bastante pobre, por lo menos en términos de los documentos públicamente conocidos, ya que las apuestas se reducen a estructuras de corte partidario tradicional, jerarquías internas y la más reciente de conformación de un frente de masas amplio anticapitalista. Todas estas apuestas si bien son legítimas, son de un carácter cortoplacista y envueltas en una coyuntura bastante difusa y volátil.

La preocupación por un análisis organizacional y su correspondiente diseño tiene una ineludible relación entre transformación objetiva y subjetiva del capitalismo. Por su carácter objetivo podemos reconocer la transformación productiva de su matriz como de su diseño empresarial de acumulación, o sea la creación de los Holding empresariales que han desmantelado la antigua industria y han externalizado servicios concentrados la producción en su gestión comercial o en un área de producción especifica. Esta situación disolvió la producción en rama y las viejas capas obreras desarrollistas, generando nuevos sectores sociales tras la recomposición del capital.

Estas “nuevas clases sociales” son portadoras de nuevas subjetividades que tienen un impacto directo en las formas de lucha que pueden adoptar como en los elementos que son utilizados para la organización. Los sectores sociales más dinámicos de la población son, no por casualidad, aquellos que han logrado mantener formas de organización del patrón de acumulación anterior o han estallado como respuesta <<periférica>> a centros laborales con condiciones tradicionales, como el caso de los subcontratistas del cobre. A su vez la expansión y modificación de la matriz productiva ha instalado una nueva subjetividad ambiental en localidades que se ven <> por el avance del capital.

Todas estas condiciones objetivas y subjetivas pueden ser leídas como prolongaciones del viejo dilema por la disputa de hegemonía y ocupar el pensamiento Gramsciano como un tobogán teórico atingente a la conformación de un Estado y sociedad profundamente enlazada. Si bien los aportes desde esa vereda permiten entender el Estado como un complejo relacional que es posible de desmontar <<atrincherándose>> y <<moviéndose>> de acuerdo a una estrategia clara y un movimiento de masas en constante robustez, no es de igual manera atingente a la conformación de un pensamiento organizacional que permita enfrentar los actuales dilemas.

La actual conformación difusa y carente de vínculo asociativo parece estar siendo revertida desde ciertas lógicas de encuentro:

1.- Organizaciones territoriales

2.- Mesas intersectoriales

3.- Asociaciones sindicales de hecho

4.- Confederaciones, etc.

Estos puntos de asociación presentan un extraño vínculo entre universalización y localización de su organización y propuestas. Operarían por tanto tres formas de articulación de movilización:

1.- Por sectores

2.- Por territorio

3.- Por área

Cada una de estas formas pueden ser entendidas a su vez en tres direcciones:

1.- desde lo social a lo político: Frentes amplios electorales

2.- desde lo político a lo social: Modelamiento Estatal

3.- desde la politización de lo social: Movimentismo y precarios esfuerzos de control social,

En consecuencia, el problema organizacional se debatirá en una serie niveles de desarrollo desigual tensado por la necesidad de extender la influencia desde una <<universalización>> o una <<universalización>>.

Como este apartado es hipotético y a su vez un eje programático, el diseño específico de una organización como complejo solo puede ser enunciado en puntos aún generales.

Cabe agregar que la propuesta que aquí se ensaya no es una “novedad histórica”, sino más bien la conjugación entre la revisión histórica de la organización socialista pre-bolchevique y la destrucción autoritaria del tejido socio-político histórico del movimiento popular democrático del país.

En este marco, y como se ha dicho, la cuestión organizacional es una cuestión política. Por lo tanto, la configuración de una forma asociativa actual estará “conjurada” entre la situación histórica de las fuerzas populares, el desarrollo de sus esfuerzos de auto-representación y la específica forma de organización del capital respecto al trabajo.

En este sentido, la organización como “complejo” apuesta por la reunificación histórica del movimiento obrero y el fortalecimiento del movimiento popular, por la convivencia fraterna y programática de diversas tradiciones intelectuales en el movimiento popular democrático y en sus organizaciones, y por la construcción de un proyecto histórico que libere al trabajo, al mercado y a la República de las formas des poseedoras, acumulativas y antidemocráticas del modo de producir capitalista.

Por ende, el desarrollo de formas organizativas cerradas, clandestinas y ultra vanguardistas, por lo demás ajenas y nunca aceptadas por el movimiento popular democrático chileno, serán la antítesis de una forma organizativa como complejo que apuesta a la construcción de un tejido asociativo que de curso a la gestación de una robusta economía política popular que conozca de centros de educación populares, avances tecnológicos y científicos, uso productivo común de la tierra, arte y ocio, etc.

La centralidad, por tanto, recae en la capacidad auto-organizativa del pueblo y será solo está quien dará vitalidad revolucionaria a las formas políticas de auto-representación (organizaciones políticas), a los procesos electorales o las diversas formas de lucha social que se libren en el curso del siglo que cabalgamos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Pensamientos latinoamericanos

Para Armando Hart Dávalos, maestro de martianos

En lo más usual, la historia del pensamiento latinoamericano ha sido pensada y difundida entre nosotros de manera lineal, como el producto de una serie de influencias provenientes del exterior que han venido a animar nuestra vida interior, como si ella careciera de vida y creatividad propias.
Esas influencias van desde el cristianismo medieval en lucha con el laicismo capitalista emergente entre los siglos XVI y XVIII, pasando por los conflictos entre el liberalismo y el pensamiento conservador en el XIX, y las afinidades y contradicciones de ese liberalismo con el marxismo soviético en el XX, hasta el triunfo del neoliberalismo como doctrina de Estado hacia la década de 1990 y su confrontación en el XXI con movimientos populares que se expresan a través de un amplio abanico de ismos.
Hay algún grado de verdad en esa visión, sin duda, aunque resulte falsa en cuanto se sustenta en la exageración unilateral de uno de los aspectos de la verdad del proceso al que alude. Porque, en efecto, el pensar de los latinoamericanos se forma y se transforma en un diálogo constante con todas las corrientes de pensamiento que expresan los avatares del desarrollo del capitalismo a escala mundial, pero lo hace concurriendo a ese diálogo con voces a la vez propias y diversas.
En lo contemporáneo,  el punto de partida de ese pensar está en José Martí. Su acta de nacimiento es el ensayo Nuestra América, publicado en México, en el periódico El Partido Liberal, el 30 de enero de 1891. Y en ese ensayo, la tesis fundamental en lo aquí atañe es la que señala que no hay entre nosotros batalla “entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.”
Son muchas las raíces que conducen a esa tesis, desde el pensar indígena anterior a la Conquista -y la radical ampliación de lo humano que resultó de la defensa de los pueblos originarios por Bartolomé de Las Casas-, hasta la lucha por establecer nuestra identidad en el marco de los juicios y prejuicios de la Ilustración, y la definición del liberalismo como proyecto inicial de la constitución de nuestros Estados nacionales, a partir de la obra de intelectuales como Domingo Faustino Sarmiento. Pero esa tesis abre un período enteramente nuevo en la historia de nuestro pensar.
Parafraseando lo dicho por V.I. Lenin en su  artículo sobre las tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, y siguiendo una idea planteada y persistida por Armando Hart, la tesis martiana sobre el combate entre la falsa erudición y la naturaleza  -y su comprensión de ésta a partir de la fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en el amor triunfante- abre el camino que llevará, del socialismo indoamericano del peruano José Carlos Mariátegui a la comprensión de la revolución, como medio para abrir paso a la formación de seres humanos nuevos, en el argentino Ernesto Guevara. Lo desplegado a partir de allí en el siglo XX asombra si se le considera en su detalle.
José Carlos Mariátegui
De 1950 en adelante, en efecto  -culminado el ciclo revolucionario que liquidó al Estado Liberal Oligárquico entre las décadas de 1910 y 1940-  nuestra América dio de sí, en las ciencias sociales, una teoría del desarrollo como desafío ante un mercado mundial organizado en torno al desarrollo desigual y combinado; la apertura, en 1980, del debate sobre la dimensión ambiental de ese desarrollo y la crítica a esa teoría por parte de los teóricos de la dependencia.
En el campo de las humanidades, la vieja pedagogía liberal positivista encontró el desafío de la teoría educativa, elaborada por el brasileño Paulo Freire, como el clericalismo conservador  desde dentro de la propia Iglesia católica encontró su bancarrota moral y política (en el mejor y más rico sentido del término) ante el desarrollo de la teología de la liberación, a partir de la obra del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez.
Para bloquear ese impulso creador hizo falta toda la capacidad represiva de las dictaduras militares que, a lo largo de la década de 1970, crearon las condiciones para la captura de nuestros Estados por el neoliberalismo, en lo que sus ejecutores vieron como un triunfo de la civilización capitalista.
Ese bloqueo ocurrió por diversas vías. Una fue, por supuesto, la persecución y desarraigo de los intelectuales comprometidos con la naturaleza en lucha contra la falsa erudición; otra, la dispersión de las comunidades de conocimiento, desde las cuales se llevaba a cabo esa lucha, y otra más la implantación de modalidades de gestión cultural y académica que garantizaban la separación y el extrañamiento entre los trabajadores manuales e intelectuales, en el campo y en las ciudades.
A lo largo del siglo XXI, los logros obtenidos por esa política reaccionaria han devenido contradicciones y revesas de escala y profundidad cada vez mayores. La expansión del capital sobre las fronteras de recursos mineros, agrarios y energéticos, en el mundo rural, y el deterioro sostenido de las condiciones de vida de grandes segmentos de población en las ciudades de una región cada vez más urbanizada han generado conflictos socioambientales de un tipo nuevo, al calor de los cuales se generó un nuevo ambientalismo latinoamericano que nutre campos del saber como la ecología política, la historia ambiental y la economía ecológica.
Ese mismo proceso, por otra parte, alienta un resurgimiento cultural y político de minorías  -a menudo mayoritarias- indo y afroamericanas que traen a propuesta y debate visiones como la del buen vivir, de fuerte acento comunitario y solidario, que se oponen al vivir mejor del consumo individual que estimula y legitima el crecimiento sostenido con inequidad social y deterioro ambiental que  está en la raíz del neoliberalismo.
En ese resurgir aflora también el legado de la religiosidad popular  -ni clerical ni conservadora- que, de Bartolomé de Las Casas acá, resurge en el carácter fecundante que adquiere otra vez la teología de la liberación, expresado, por ejemplo, en el desarrollo de una ecología moral, y en su acompañamiento de las luchas populares por sociedades verdaderamente solidarias.
Este ciclo de renovación apenas empieza. Sus tiempos son distintos a los de las luchas políticas en el seno de formaciones estatales en crisis, y de un mundo en transición hacia un futuro aún incierto, en el que nuestro pensar renovado desempeñará  -desempeña ya- un papel de creciente importancia. Ese ciclo culminará con el cumplimiento del programa subyacente en Nuestra América. Desde allí, la América nuestra estará en plena capacidad para contribuir al equilibrio del mundo y confirmar que, para cada uno y para todos, Patria es realmente Humanidad.
 ag/gc

Por Guillermo Castro H.*

*Investigador, ambientalista y ensayista panameño.

Bosch: La Nochebuena de Encarnación Mendoza

Cortometraje para la televisión basado en el cuento “La Nochebuena de Encarnación Mendoza”, del profesor Juan Bosch.
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Juan Bosch
(La Vega, 1909 – Santo Domingo, 2001) Político y escritor dominicano. Cuando Trujillo alcanzó la presidencia del país en 1930, Bosch fue acusado de conspiración contra el nuevo régimen y pasó algún tiempo encarcelado. Recuperada la libertad, ingresó como empleado en la Oficina Nacional de Estadística, pero en 1937 renunció a su puesto y abandonó la República Dominicana para instalarse en Puerto Rico.
Allí se unió a la lucha antitrujillista y junto a otros exiliados fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939. Viajó a Cuba y en la isla desarrolló una actividad política de gran relevancia que le llevó a ocupar el cargo de secretario particular del presidente Prío Socarrás. Cuando en 1959 la revolución castrista llegó a La Habana, Bosch abandonó Cuba y se instaló en Costa Rica.
Confirmado el asesinato del dictador Trujillo en una emboscada, Bosch regresó a su país en octubre de 1961 y dedicó sus esfuerzos a impulsar el desarrollo del Partido Revolucionario Dominicano, con el que acudió a la cita electoral de 1962 y consiguió proclamarse presidente de la República. Tomó posesión de la más alta magistratura del país el 27 de febrero de 1963 y abrazó un ambicioso programa de reformas. La Iglesia y la embajada de Estados Unidos encabezaron entonces una dura campaña de oposición a su programa que, siete meses después, provocó la caída de Bosch y la asunción del poder por parte de un triunvirato militar.
Deportado a Puerto Rico, mantuvo contacto permanente con las fuerzas políticas de su partido y buscó apoyo militar en los sectores jóvenes del ejército para orquestar un movimiento armado contra el gobierno golpista dirigido por Reid Cabral. El levantamiento en los cuarteles se transformó el 24 de abril de 1965 en una revuelta popular que provocó la inmediata intervención militar de los Estados Unidos. La contienda, en la que perdieron la vida más de cinco mil dominicanos, terminó con un acuerdo negociado que instauró en el Palacio Nacional al gobierno provisional de García Godoy en septiembre de aquel mismo año.
En 1966, Bosch volvió a presentarse a las elecciones presidenciales, pero cayó derrotado ante Joaquín Balaguer. Al iniciarse la década de 1970, retomó la iniciativa política con la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), formación de inspiración marxista con la que acudió a las citas electorales de 1978, en las que apenas consiguió respaldo popular, y de 1982, año en el que obtuvo seis diputados en el parlamento dominicano y el control municipal en más de veinte ayuntamientos del país. Los comicios de 1986 significaron un nuevo espaldarazo para Bosch y su partido contabilizó 16 escaños, aunque la victoria cayó nuevamente del lado de su viejo enemigo político y líder del Partido Reformista, Joaquín Balaguer.
Cuatro años más tarde, ambos adversarios volvieron a competir en las urnas para ocupar el Palacio Nacional y, una vez más, Bosch quedó apartado de la presidencia en un proceso marcado por las irregularidades. Su último intento de tomar el poder llegó en 1994 y fracasó de nuevo en unos comicios que los observadores internacionales denunciaron como fraudulentos. La crisis política desatada tras las elecciones provocó una reforma constitucional que limitaba a dos años el nuevo mandato de Balaguer y prohibía expresamente la reelección presidencial.
Juan Bosch fue un apasionado de las letras desde su juventud y cultivó la disciplina literaria en forma de cuentos y relatos breves para introducirse, después, en el género de la novela. Su abundante obra, escrita dentro y fuera del país, recoge entre otros asuntos la realidad sociocultural de los campos dominicanos, sus conflictos y sus luchas.
Bosch es autor de la novela criolla La mañosa (1936), de ambientación rural, pero se destaca especialmente como autor de los relatos breves Camino real (1933), Indios (1935), Dos pesos de agua (1941), Ocho cuentos (1947), La muchacha de la Guaira (1955), Cuentos escritos en el exilio y Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1962) y Más cuentos escritos en exilio (1966). Entre sus obras históricas y políticas destacan títulos como Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo (1961), Composición social dominicana (1978) y La guerra de la Restauración (1982), entre otros.
(tomado de biografíasyvidas.com)