PLD: preservemos ese legado (2 de 3)

Por DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO
diomedesnp[@]gmail.com

Si en la entrevista que le hizo Víctor Grimaldi a Juan Bosch, en diciembre de 1973, para el vespertino La Noticia, antecedente de la conceptualización sobre el tema que se expuso en la Conferencia Salvador Allende, citada en nuestro artículo anterior, se infiere que el fundador y líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana aspiraba desarrollar una entidad de cuadros y masas, no debe perderse de vista que siempre entendió que la formación política era un factor imprescindible para la organización.
De ahí que tuviera tan clara su noción del Círculo de Estudio como medio de instrucción y concienciación política y doctrinaria. “(…) se requería -explica Bosch- estudiar a fondo la historia nacional, no como un relato de lo que había sucedido en nuestro país (…), sino para saber cómo ha estado constituida la sociedad que vive en la porción de la sociedad que lleva el nombre de República Dominicana, y naturalmente, cómo está constituida ahora; cuáles han sido las fuerzas generadas por las diferentes clases y capas sociales que forman nuestro pueblo…”.
Luego observa que “Un partido político es el producto de la sociedad en que se halla, pero al mismo tiempo no puede dedicarse solo a las tareas de cada día sino que entre sus obligaciones está la de contribuir al desarrollo de la sociedad en la que actúa, y tiene que preservarse (subrayado mío, dnp) para ver con claridad no solo lo que sucede en torno suyo sino además prever lo que sucederá para evitarlo si está llamado a ser dañino, o acelerarlo si está llamado serle útil al pueblo”.
Así, en el Círculo de Estudio o el Comité de Base se prefijaba un Estado o Gobierno en miniatura, una especie de bonsái político. Originalmente, tenía un secretario general, y otras secretarías: organización, finanzas, educación o formación política, actas y correspondencia, línea de masas; en ocasiones, se inducía a la rotación de esos cargos, para que todos se apropiaran de las experiencias. Porque su misión no era solo estudiar; tenía diversas tareas prácticas en su programa de trabajo.
Esos planes eran anuales y se detallaban, calendarizados y presupuestados, como se si tratara de la elaboración de un presupuesto de ingresos y gastos de la nación. Había, entonces. que programar la manera de obtener esos recursos, para lo cual los compañeros desarrollaban una extraordinaria creatividad e innovación. La misión era forjar un militante con las habilidades y competencias para conducir el Estado y el Gobierno.
Aunque no figura el Círculo de Estudio como requisito para la membresía, se mantiene todo el corpus doctrinario en los Estatutos. El PLD tiene un gran desafío en este tema: la formación es garantía del sustento de la calidad política de la organización.
Ya el 2 de abril de 1974, en la tercera reunión del Comité Central, cuyo resumen se publicó con el título “Posición del PLD ante la situación política nacional”, don Juan advertía que la organización “…tiene que ser un partido que haga cosas, no que se conforme con oír opiniones. Necesitamos que el PLD sea una fuerza viva; una fuerza que al mismo tiempo actúe sobre el pueblo y se apoye en el pueblo, y de esa manera le llevará al pueblo nuestros planes y nos traerá a nosotros las inquietudes del pueblo”.
Eso fue lo que convirtió al PLD en “un partido nuevo en América”, como lleva por título uno de sus libros. Tanto así, que cuando se presentó la coyuntura esperada y precisa, en 1996, tenía allanado el camino hacia la toma del gobierno; no solo ocurrió, sino que, consecutivos, y se prepara, con el favor popular una vez más, a una cuarta administración. Etapa caracterizada por grandes y significativas ejecutorias, y la proeza de llegar al 2015 con un PIB por encima de los 60 mil millones de dólares, pese a haberlo encontrarlo en 18 mil millones, en 1996.
Para continuar aportando al desarrollo y a la transformación de la República Dominicana, no son suficientes los altos logros gubernamentales; las razones que llevaron a la población a endosar su confianza en la organización rectora del proceso que vivimos, deben mantenerse, recuperarse y ampliarse, de más en más.
Diomedes Nuñez Polanco
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