Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

GENERAL ANTONIO DUVERGÉ UNA ESTIRPE EN EXTINCIÓN

Mesa de Análisis y Desarrollo

Raifi Genao  te trae esta impactante y casi desconocida petición de éste héroe independentista, no dejes de leerla, de seguro te asombrarás  !!

En la mañana del 11 de abril de 1855, un penoso cortejo de condenados a muerte, escoltado celosamente por un batallón de soldados regulares y observados a discreción desde la retaguardia por una abigarrada multitud de curiosos, llegaba en silencio al cementerio municipal de El Seibo.

Aquel había sido el lugar escogido por las autoridades para darle cumplimiento a la sentencia emitida tres días antes contra ellos por un tribunal militar, encabezado por el general Juan Rosa Herrera y el coronel Eugenio Miches, a instancias del entonces presidente, general Pedro Santana. El grupo era apenas una parte del amplio contingente de dominicanos que, imputados de conspiración contra el régimen de terror impuesto por Santana, habían sido detenidos entre…

Ver la entrada original 1.207 palabras más

Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

BOSCH: VIAJE A LOS ANTÍPODAS

BOSCH: Fui al Asia y Sudeste Asiático a buscar la Verdad (1969).

 “Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso” “vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta  los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA”

 “he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días”

“a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo”

Los países del Asia están geográficamente en el lado del mundo opuesto a la República Dominicana, y además, tres de los cuatro que visité en los meses de octubre y noviembre de 1969 son, en el orden político, el polo opuesto de Santo Domingo; así, para nosotros los dominicanos Corea del Norte, China y Vietnam del Norte representan con toda propiedad nuestros antípodas, porque la palabra antípoda quiere decir eso: lo que se halla en el lado de la Tierra opuesto a nosotros, y además lo que representa algo totalmente distinto de lo que somos.

¿Por qué he viajado a los antípodas geográficos y políticos de nuestro país?

Aunque la respuesta a esa pregunta podría ser larga y complicada, voy a tratar de hacerla corta y clara: Fui al Asia y al Sudeste Asiático a buscar la Verdad.

Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso. Yo oí al presidente de los Estados Unidos, país líder  de la tal democracia representativa, mentir como sólo mienten los seres más abyectos; oí a él y a senadores, diputados, altos personajes y a la radio oficial de los Estados Unidos acusar a la revolución democrática del pueblo dominicano de criminal y salvaje; vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA; la vi atropellada por soldados latinoamericanos, enviados a nuestro país para justificar el crimen de los Estados Unidos, que habían violado tratados hemisféricos y no querían ni podían quedarse solos ante la conciencia del mundo como autores de esa violación; he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días.

 Si alguien en quien tuvimos fe nos sorprende mostrándonos de manera inesperada lo que es en verdad y no lo que había simulado ser, empezamos a poner en duda todo lo que habíamos estado creyendo de él hasta entonces; y eso me sucedió a mí. Así, a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo; ha hallado la forma de atropellar de la manera más brutal a los pueblos débiles y presentar esos atropellos como si fueran grandes y costosos esfuerzos para liberarlos de males infernales y para defender la libertad humana. Cuando los libros de historia me convencieron de que los Estados Unidos no son lo que sus propagandistas dicen que son, sino todo lo contrario, me dije a mí mismo que esos libros podían ser en fin de cuentas obras de fanáticos antiyanquis y que mi deber era comprobar los hechos sobre el terreno; y visto que la prensa, la televisión, la radio y la mayor parte de los medios de comunicación norteamericanos tienen años y años presentando al mundo socialista como el espejo de la esclavitud, el atraso y la miseria, fui a visitar Yugoeslavia y Rumanía. Allí, en Yugoeslavia y Rumanía comprobé que de cada mil palabras sobre los países socialistas que se escriben en los Estados Unidos, novecientas noveintinueve son mentiras, y llegué a la conclusión de que el empeño que ponen los yanquis en hacer que los gobiernos sirvientes de América Latina persigan como a un criminal al que viaja a los países socialistas tiene un fin, el de evitar por medio de la violencia que los pueblos de América Latina se enteren de que la propaganda norteamericana contra esos países se basa en la mentira y sepan que cualquiera de ellos tiene un grado de desarrollo y bienestar, y sobre todo de justicia social, incomparablemente más alto que el de los latinoamericanos. Yo, que no soy comunista y por eso mismo no estoy obligado en ningún sentido ni por ninguna razón a defenderlos, lo afirmo categóricamente ante el pueblo dominicano, y digo a conciencia, con la mano puesta en el corazón, que de cada diez verdades sobre los países comunistas que dice un yanqui, dice al mismo tiempo, y con la mayor tranquilidad, noventa y nueve mil novecientas noventa mentiras.

d7d6b-logo2bmovimiento2b302bde2bjunio2bfinal

La mentira es una parte tan importante en la vida norteamericana que sus historiadores, escritores, ensayistas, periodistas y funcionarios mienten hasta sin darse cuenta. Unas veces mienten directamente y otras de manera indirecta; unas veces dicen lo que no es verdad y otras veces se callan la verdad. Y esto lo hacen no sólo cuando hablan de otros países sino también cuando hablan del suyo; no sólo cuando se refieren a hechos actuales sino también cuando se refieren a hechos históricos. Por ejemplo, hace algo así como año y medio el ex embajador Crimmins respondió a una carta del PRD y en esa carta afirmó que los Estados Unidos son un país que se ha desarrollado pacíficamente, mediante la sola aplicación de las leyes; y recientemente el sucesor del Sr. Crimmins ha repetido lo que éste había dicho.

Pues bien, ni el señor Crimmins ni su sucesor dijeron la verdad, y yo me permito poner en duda que los embajadores norteamericanos ignoren la historia de su país. Claro que la conocen, pero la deforman para presentar a su país ante el pueblo dominicano como no es y como nunca ha sido. Al contrario de lo que han dicho los dos embajadores, los Estados Unidos han tenido revoluciones sangrientas, de las más sangrientas que ha conocido la Humanidad; en una de ellas murieron miles y miles y miles de hombres y mujeres, desde civiles y soldados hasta el presidente de la república; ciudades enteras fueron destruidas a cañonazos y se combatió ferozmente durante cuatro años. ¿Cómo es posible que el señor Crimmins y su sucesor pretendan hacernos creer que la fabulosa matanza de 1861-1865 no existió? ¿Y saben los dominicanos por qué no mencionan los señores embajadores esa hecatombe? Pues porque los norteamericanos le cambiaron el nombre; en vez de revolución pasaron a llamarle “guerra de secesión”. Pero fue una revolución provocada por los dueños de esclavos del Sur, que se levantaron en armas cuando creyeron que el gobierno de Lincoln  iba a decretar la libertad de los esclavos. Lincoln no pensaba hacer eso, pero él representaba a los industriales del Norte, que para poder vender sus máquinas necesitaban que desapareciera la esclavitud en el Sur, puesto que los esclavos no estaban capacitados para manejar maquinarias y esto tenían que hacerlo obreros asalariados; y como Lincoln representaba a esos industriales, los esclavistas creyeron que iba a poner en peligro su “sagrado derecho” a ser propietarios de hombres.

Además de la revolución de la independencia y de la llamada “guerra de secesión”, los Estados Unidos han conocido y sufrido revoluciones larvadas que han producido millares y millares de víctimas, entre ellas varios presidentes de la república asesinados. Y ahora mismo, ¿qué está sucediendo con los negros de los llamados “ghettos” y con los “panteras negras”, a quienes cazan a balazos todos los días? Por último, los Estados Unidos han evitado más revoluciones dentro de sus fronteras mediante el método de proyectar sus crisis y su violencia hacia el mundo exterior, pues se trata de un país que ha vivido agrediendo a otros pueblos desde antes de nacer como república. Cuando todavía no eran independientes, los yanquis hacían matanzas memorables de indios americanos para quedarse con sus tierras, y siguieron haciéndolas hasta fines del siglo pasado(IX); después de independientes, arrebataron las Floridas a España y le quitaron a México más territorio del que ocupa hoy esa nación; se quedaron a cañonazos con Puerto Rico; se quedaron con Hawai y la Zona del Canal de Panamá; partieron en dos a Colombia y hoy tienen sus tropas establecidas en Corea del Sur y en Vietnam del Sur, dos países inventados por ellos a costa de la unidad de los viejos pueblos de Corea y de Vietnam, así como inventaron en Formosa una China nacionalista sustraída de la China continental e inventaron en Santo Domingo el llamado gobierno de reconstrucción nacional para mantener dividido al pueblo dominicano.

 Pero el embajador norteamericano no se atiene a decir lo que no es verdad en el caso de su país; va más allá y afirma que Inglaterra se ha desarrollado también sin violencias. ¿Sí? ¿Y qué cuenta la historia inglesa? ¿O son invenciones de novelistas las sangrientas revoluciones de 1648 y 1688, para mencionar sólo las del siglo XVII? Quien le cortó la cabeza a Carlos I en 1649 no fue un cirujano que quería devolverle la salud; fue el verdugo que le aplicó la pena de muerte votada por el Parlamento; y las ruinas de las iglesias que se ven en algunos lugares de Inglaterra no se deben a los maltratos del tiempo, sino a los hombres de Oliverio Cromwell, que las saquearon y las quemaron en los días de la revolución de 1648.

Esa necesidad de ocultar la verdad, ¿es acaso una deformación sicológica que se ha propagado, como una epidemia, entre los norteamericanos?

Pues no señor; no se trata de una deformación sicológica. Hubo una época en que los yanquis estaban orgullosos de sus revoluciones y hablaban de ellas con entusiasmo, pero ahora necesitan hacerles creer a los pueblos pobres como el dominicano y los de la América Latina que las revoluciones son un gran pecado, algo muy malo, algo que no debe hacerse nunca, y para decir eso tienen que arrancar de la historia de su país, de Inglaterra y de otros lugares, todas las páginas que se refieran a sus revoluciones; necesitan presentarse como libres del pecado revolucionario para poder reclamar de otros que no lo cometan.

¿Y cuál es la causa de esa actitud? ¿Por qué los norteamericanos, que hicieron revoluciones sangrientas, sin las cuales no habrían podido desarrollarse ni económica ni política ni socialmente, fueron entonces partidarios de revoluciones y ahora son enemigos de ellas?

Porque aquellas revoluciones inglesas y norteamericanas de los siglos XVII, XVIII y XIX fueron hechas por las masas de los pueblos de Inglaterra y los Estados Unidos para entregarles  el poder a las minorías capitalistas de sus respectivos países, y las revoluciones que se hacen ahora en el mundo tienen la finalidad de establecer en el poder a las masas, no a las minorías capitalistas. En el caso concreto de la República Dominicana, la revolución se hará para desmantelar el Frente Oligárquico, que es el instrumento de que se valen los Estados Unidos para gobernar nuestro país a su antojo, y los señores embajadores norteamericanos pretenden hacerle creer al pueblo de Santo Domingo que la revolución es innecesaria, que en Norteamérica y en Inglaterra jamás hubo revoluciones, que los que tienen hambre deben esperar su oportunidad para comer, aunque haya que ir a servirles la comida al cementerio. Al tomar el poder, lo primero que harán las masas dominicanas y las de todos los países pobres del mundo —con los de la América Latina a la cabeza, desde luego— será tomar posesión de lo que es legítimamente suyo, de lo que se halla en su tierra y de lo que ha sido creado con el trabajo de sus hijos; es decir, procederán a nacionalizar las empresas norteamericanas. Y como eso significa que los millonarios norteamericanos dejarán de seguir recibiendo los dólares que sacan de nuestros países, hay que evitar por todos los medios que hagamos revoluciones. Esa es la razón de esas mentiras. Hay que engañar a nuestros pueblos haciéndoles creer que las revoluciones son pecados mortales, obra del demonio comunista, crímenes horrendos contra la libertad, y si los pueblos creen eso y se mueren de hambre, allá ellos con sus miserias; que se los lleve quien los trajo, porque eso no le quita el sueño a ningún ricacho norteamericano.

Pero sucede que el mentiroso y el cojo no llegan lejos. La red de mentiras con que los Estados Unidos tienen envuelto al mundo está destruyéndose rápidamente. En la América Latina la destruyó la invasión militar de Santo Domingo; en el resto del mundo la ha destruido la incalificable guerra de agresión a Vietnam. Por otra parte, el ser humano busca instintivamente la verdad, y cuando da con ella siente la necesidad de transmitírsela a otros. Como a cualquiera persona, a mí me sucede eso; pero ocurre además que tengo una responsabilidad ante el pueblo dominicano, la de ayudarle a disipar las sombras de la mentira en que quieren sumirlo a fin de que vea claramente por dónde va el camino hacia la libertad, la justicia social y el bienestar. Si al visitar Yugoeslavia y Rumanía comprobé que las mentiras que se dijeron sobre la Revolución de Abril eran iguales a las que se decían de esos dos países, ¿no era natural que me dijera a mí mismo que igual debía suceder en el caso de Corea del Norte, de China y de Vietnam? ¿Y no era lógico, en consecuencia, que aceptara las invitaciones que se me hicieron para visitar esos países?

Aquí digo lo que vi, sin la menor deformación. Lo que digo es el resultado de mis observaciones; no es propaganda de partidos ni de gobiernos. Y lo escribo para servir al pueblo dominicano; para que éste conozca la verdad y juzgue por sí mismo, no a base de las mentiras que le sirven los que tienen interés —y ganan dinero al hacerlo— en mantenerlo confundido.

Este breve resumen de un viaje a los antípodas comienza por:

La República Democrática de Corea

La historia escrita de Corea tiene miles de años, de manera que la lengua de sus pobladores es vieja. En esa lengua, que ya se hablaba cuando todavía no se había formado Roma, Corea se llama “el país de los amaneceres luminosos”. Hubiera podido llamarse también “el país de la gente que sonríe”, porque el coreano reacciona ante cualquier estímulo con una sonrisa franca; pero yo recordaré siempre a Corea como “el país de los niños alegres”. Kim Il Sung, el padre….  de la patria, dijo una frase que es a la vez profunda y conmovedora; dijo: “En Corea, el niño es ley”. Tómese esa frase por dondequiera y como quiera, y el resultado será siempre uno: El pueblo coreano está dedicado a sus niños; vive y muere, trabaja, lucha y crea por sus niños. De alguna manera, con esa extraña sensibilidad que tienen los niños en todas partes, los de Corea se dan cuenta de eso, porque donde ellos están —sea en la escuela, en las calles, en los parques—, sus risas y sus gritos de júbilo dan la impresión de una enorme pajarera colmada de cantos. En mis años, que no son pocos, jamás había visto nada igual.

Kim Il Sung sabía lo que decía al afirmar que en Corea el niño es ley, pues los países perduran en la medida en que sus ciudadanos los amen y los defiendan, y los niños de hoy serán los ciudadanos de mañana. El mismo Kim Il Sung era apenas algo más que un niño cuando a los trece años de edad comenzó a cumplir misiones de los grupos de patriotas que estaban luchando contra los japoneses —que habían ocupado el país en 1910—, y se hallaba en la flor de la vida cuando hacia 1932, acabando de cumplir los veinte años, inició la guerra de guerrillas por la liberación de Corea.

“¿Cuántos eran sus hombres en ese momento?”, le pregunté, entre cucharada y cucharada de una sabrosa sopa coreana que él mismo me servía con la naturalidad conque se comporta alguien con un hermano.

Kim Il Sung sonrió. Como todos sus compatriotas, es de sonrisa fácil y expresiva. Pero en esa ocasión la sonrisa del líder de Corea quería decir muchas cosas; quería decir, según me pareció: “Usted no va a creerlo”.

“Dieciocho”, dijo.

¿Y por qué no debía yo creerlo? ¿No se había quedado Fidel Castro con sólo doce seguidores poco después de haber desembarcado al pie de la Sierra Maestra? Fidel Castro había  bajado de la Sierra, convertido en vencedor, a los dos años de haber subido a ella, y Kim Il Sung estuvo guerrilleando trece años, y los dos tomaron el poder al cumplir los treintidos. ¡Extraña similitud de destinos entre el líder de un viejo pueblo  oriental y el de un pueblo nuevo del Caribe!  Pero si el destino de Kim Il Sung y el de Fidel Castro se parecen, en cambio el de Corea y el de Cuba son distintos, porque a Corea le ha tocado ser uno de esos países a los que Norteamérica les ha aplicado la fórmula que ensayó con Colombia en Panamá, la de dividir las naciones y de cada una hacer dos: dos Coreas, dos Chinas, dos Vietnam. A lo mejor, en esa historia de país dedicado a dividir pueblos hallaron los negros norteamericanos la idea de dividir ellos a su vez a los Estados Unidos en una nación para los blancos y otra para los negros.

Corea quedó liberada en agosto de 1945 y el día 15 de ese mes fue proclamada república bajo un gobierno encabezado por el joven que había estado trece años dirigiendo las guerrillas antijaponesas, esto es, por el mismo Kim Il Sung de quien vengo hablando. Unas semanas después de establecida la república, los norteamericanos desembarcaban en el sur al mando de Douglas MacArthur, y éste proclamaba, con su conocida arrogancia: “… Todos los poderes del gobierno sobre el territorio de Corea, al sur del paralelo 38 de latitud Norte, y sobre el pueblo que lo habita, serán… ejercidos bajo mi autoridad”; y fue así como Corea, un país con más de tres mil años de historia escrita, quedó cercenado como un cuerpo al que le cortan la mitad.

Cinco años después de eso comenzó el ataque norteamericano contra Corea del Norte. Al cabo de tres años de guerra, todas las ciudades coreanas habían sido destruidas, o dicho con más propiedad, habían sido demolidas por los bombardeos yanquis. Dieciséis años después, ningún extranjero que visite el país verá las huellas de esa destrucción masiva, pues una por una, todas las ciudades han sido levantadas otra vez, y aun-que cualquiera se da cuenta de que son nuevas porque sus avenidas están trazadas y sus edificios concebidos según los conceptos característicos de la arquitectura más moderna, parece que tienen siglos de habitadas, porque a primera vista se nota que entre sus habitantes y ellas hay esa coherencia y esa intimidad que son propias de las ciudades antiguas.

Debido a que en los años de la vida de Kim Il Sung su país pasó de colonia a república, y en la lucha para hacer ese cambio él fue durante trece años el líder de la resistencia patriótica; debido a que a causa de su papel como líder de la resistencia él pasó automáticamente a ser el jefe del primer gobierno libre de Corea; y dado que debido al ataque norteamericano las ciudades del país quedaron demolidas y fueron reconstruidas bajo ese gobierno del antiguo guerrillero, la historia de la república de Corea y su renacimiento se ha confundido con la de Kim Il Sung. Decir Corea del Norte es, pues, decir Kim Il Sung; o si se prefiere expresado al revés, Kim Il Sung es Corea del Norte. Mi impresión es que para los coreanos no hay diferencia alguna entre el país y su líder, y que ellos se imaginan a Kim Il Sung como una parte esencial de Corea y a Corea como una obra de Kim Il Sung.

Esa identidad entre líder y país es un fenómeno poco común en la historia humana, y gracias a ella el poder de Kim Il Sung va más allá del campo político y alcanza una calidad que no puede ser apreciada fácilmente; no es un poder que descansa en la autoridad, en el terror, en el carisma del líder, en los bienes que éste distribuye. Nada de eso. Es algo más profundo. Para el pueblo coreano, Corea y Kim Il Sung son una sola y misma cosa.

Ese hombre que es a la vez su pueblo se presenta de improviso en una escuela de párvulos, se sienta en un pupitre y  comienza a hacer preguntas como otro escolar; o se va al campo y se pone a vivir en una cooperativa para ayudar a los campesinos en su trabajo. Héctor Aristy y yo estábamos alojados en una residencia que tiene el gobierno para sus huéspedes y se suponía que antes de irnos de Corea visitaríamos a Kim Il Sung, y sucedió lo contrario: una mañana Kim Il Sung se presentó en la residencia, comenzó a hablar conmigo y se quedó a comer con nosotros. Como yo estaba a su derecha en la mesa, él mismo me servía la comida. Iba vestido con la sencillez característica de los líderes socialistas de Asia: un traje simple, pantalón y chamarra negros, y una gorra de tela, de ésas que en Santo Domingo no usaría un campesino porque le parecería pobre. Lo que hablamos en más de tres horas de conversación fue mucho, variado y bueno, y me sorprendió lo bien informado que está acerca de América Latina y sus problemas. Pero también tiene a flor de labios las estadísticas de su país.

“En comparación con 1948, hasta 1967 la producción industrial de Corea había aumentado 22 veces, y la fabricación de maquinarias, 100 veces, a pesar de la guerra; en 1946, la proporción de la industria en el Producto Nacional Bruto era de 28 por ciento y en 1964 era de 75 por ciento; en 1965, la producción de tejidos había aumentado 195 veces en comparación con la de 1944; en ese año de 1944, la producción de tejidos per cápita era de 14 centímetros y en 1965, de 25 metros”.

Todo eso lo dijo de un tirón, a pesar de que las comparaciones son tan dispares en lo que se refiere a los años que es difícil retenerlas en la memoria. De todos modos, no era necesario que lo dijera, pues el que visita Corea del Norte se da cuenta inmediatamente de que es un país con un desarrollo económico vertiginoso. Los que conocen Alemania del Este dicen que es el país cuya economía crece más de prisa en el campo socialista. Yo no he estado en Alemania del Este, pero me asombraría que su ritmo de crecimiento superara al de Corea. Corea produce el 98 por ciento de lo que consume, desde maquinaria pesada hasta fósforos, y lo que consume es mucho a juzgar por el nivel en que vive el pueblo.

La totalidad de las familias usa electricidad. Por la vivienda se paga sólo 57 centavos por cada 100 pesos de salario, de manera que la persona que gane, digamos, 200 pesos, paga 1 peso y 14 centavos. Actualmente está construyéndose una casa para cada familia campesina, y ya hay 600 mil familias campesinas con casas nuevas. Todo lo que se refiere a medicinas, médico, hospital, operaciones y tratamiento es gratuito y según pude ver visitando hospitales, el servicio es como para tutumpotes de nuestro país. La cuarta parte de la población está estudiando en 9,260 establecimientos escolares y no hay un solo analfabeto; el teatro, el ballet y el circo —que es muy popular en el país— son de primera categoría; su cine y su televisión, excelentes.

Corea tiene que destinar una suma enorme al mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo que se explica porque vive esperando de un día a otro el ataque norteamericano. A eso se debe que la parte más importante de su industria pesada —y según algunos, toda su industria de guerra— se halle bajo tierra, dotada además de hospitales, escuelas, viviendas, almacenes de provisiones y agua, luz eléctrica y hasta vías de comunicación subterráneas. Ya es un esfuerzo grande mantener un ejército en pie de guerra, pero estar preparado para la guerra nuclear es un esfuerzo extraordinario para cualquier país, cuanto más para uno pequeño que en quince años ha rehecho todas sus ciudades y todas sus industrias, y las ha multiplicado. Si Corea pudiera dedicar a su desarrollo todos los recursos que tiene que destinar a defenderse, sería el asombro del mundo. Para los partidarios del régimen socialista, ese poder de progreso será fruto del socialismo; para mí, al socialismo hay que sumar las condiciones naturales del pueblo coreano y la circunstancia de que cuenta con un líder —desde luego, socialista— que es a la vez resuelto y prudente; de una prudencia exquisita, al grado que en Corea no se ha impuesto a la fuerza ninguna medida socialista: todas han sido llevadas a la práctica después que han sido clara y metódicamente explicadas al pueblo y después que éste ha decidido aceptarlas. En cuanto al pueblo, es sobrio, disciplinado, trabajador, ardientemente patriota, y muy inteligente, y muy fino. De lo último da prendas abundantes su actitud ante la obra artística. El coreano es un artista nato.

Volviendo de Pammunjong —el punto donde se celebran desde hace años las conversaciones de paz— llegamos a media tarde a Kessong, y allí, en el Palacio de los Pioneros, se improvisó una fiesta de teatro infantil. Toda la vida recordaré aquellos diminutos artistas de 6 y 7 años; sus cantos, sus danzas, sus pequeñas piezas de teatro, y sobre todo el final del acto. Los niños coreanos no me dejaban salir. Me abrazaban, me besaban; cada uno de ellos era un surtidor de alegría. Yo tenía los ojos puestos en ellos, pero a quienes veía era a los niños de mi país.

JUAN BOSCH

(Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)

Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN

Libro

Portada de una traducción francesa de1970, impresa en la República Popular China.

El Estado y la revolución es un libro escrito por Lenin entre agosto y septiembre de 1917, mientras se encontraba en la clandestinidad enFinlandia. Es un texto fundamental, en la medida en que fue redactado entre la primera etapa (febrero) y la segunda etapa (octubre) de larevolución rusa de 1917. Por eso se ha considerado que esta obra, junto con otras del mismo período, proporciona claves para comprender la idea que tenía Lenin de lo que iba a ser y de lo que debía ser dicha revolución.

Se trata de un texto plagado de citas textuales, de lecturas y comentarios a los clásicos del marxismo en relación con la cuestión delEstado, respecto de la cual consideraba que teóricos posteriores (comoPlejánov o Kautsky) no habían hecho más que tergiversar el marxismo.

Resumen[editar]

La sociedad de clases y el Estado[editar]

Lenin comienza explicando el modo en que el Estado surge de las contradicciones de clase, es decir de las luchas de clases, para someterlas en torno a los intereses de la clase dominante. Como vemos en el siguiente fragmento:

El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.

Sin embargo, los autores liberales, argumentan que “el Estado es precisamente el que concilia las clases”. Ahora bien, el hecho de querer conciliar las clases cuando objetivamente hay, en toda formación social bajo el modo de producción capitalista, un conflicto de intereses entre ellas, supone en sí mismo una toma de partido por la clase dominante y una consiguiente opresión de una clase por otra. Esta conciliación de las clases es la tarea fundamental del Estado: conciliación de las clases, con la condición de su subordinación a los intereses de la clase dominante.

En su libro Reforma o revolución, Rosa Luxemburgo ha intentado profundizar esta tesis teórica de la siguiente manera:

Hoy es ya lugar común la opinión de que el Estado actual es un Estado de clase. En nuestra opinión, esta proposición, como todo lo relativo a la sociedad capitalista, no debe entenderse de una manera rígida, absoluta, sino dinámica, dialéctica (…). El Estado actual es, ante todo, una organización de la clase dominante, y si ejerce diversas funciones de interés general en beneficio del desarrollo social es únicamente en la medida en que dicho desarrollo coincide en general con los intereses de la clase dominante. La legislación laboral, por ejemplo, se promulga tanto en beneficio inmediato de la clase capitalista como de la sociedad en general. Pero esta armonía solamente dura hasta un cierto momento del desarrollo capitalista.

Como explica este texto, el dominio de una clase sobre otra no tiene que entenderse necesariamente como el ejercicio de una violencia manifiesta, ni siquiera intencionada. Los intereses de la clase dominante pueden ser solidarios, en determinadas circunstancias, de los intereses de la clase dominada. Esto no es lo importante: lo importante es que la clase dominante busca esta conciliación, precisamente para seguir ejerciendo su dominio de clase. En las circunstancias en que los intereses de las clases son manifiestamente conflictivos, se rompe con esa armonía.

Según expone Lenin, el Estado surge de la sociedad, pero separado de ella, ejerciendo la fuerza sobre ella. Esa fuerza consiste principalmente en “destacamentos especiales de hombres armados, que disponen de cárceles y otros elementos”. Los instrumentos principales por los que se ejerce esta fuerza son la policía y el ejército permanente. Por eso Lenin presenta aquí una primera alternativa comunista: la organización armada espontánea de la población. Ello no es posible para el Estado burgués “porque la sociedad civilizada está dividida en clases enemigas y, además, irreconciliables, cuyo armamento ‘espontáneo’ conduciría a la lucha armada entre ellas”. Esta realidad oculta sale a la luz cuando los acontecimientos revolucionarios revelan los enfrentamientos de clase, y vemos cómo cada clase se sirve de sus propios “destacamentos de hombres armados” para el servicio de sus intereses de clase.

Lenin subraya que el Estado constituye el instrumento para la dominación de una clase sobre otra. La extinción del Estado o comunismo es un proceso en dos pasos. En primer lugar la toma, previsiblemente por la violencia (no por otra cosa sino porque se prevé que será contestada violentamente), por parte del proletariado de la maquinaria del Estado. Ello conduce a la dictadura del proletariado o socialismo, un Estado que como tal ejerce una dominación de clase, sólo que en este caso una dominación en la que los que mandan son la masa del pueblo: por tanto, una “dictadura”, pero paradójicamente, más democrática y además transitoria.

La democracia burguesa se ejerce como una dictadura de la burguesía sobre el proletariado:

Somos partidarios de la república democrática como la mejor forma de Estado para el proletariado en el capitalismo; pero no tenemos derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso en la república burguesa más democrática.

Por el contrario, la dictadura del proletariado, siendo dictadura de una clase, es no obstante la dictadura de la clase más numerosa sobre la menos numerosa. Y es la dictadura de una clase que no busca sostener su situación de dominio sino hacer desaparecer los antagonismos de clase. Esa es su democracia.

Y es una “dictadura” transitoria porque pretendiendo la abolición de todas las clases, con ello el Estado, existente como fuerza coercitiva de una clase sobre otra, sencillamente se irá disolviendo. Ello es así por cuanto que una vez que el Estado se convierte en representante fiel de la propia sociedad (cuando sencillamente la reproduce, en vez de ser su ortopedia, de deformarla por la fuerza) es sencillamente superfluo.

En resumen, dos fases para la desaparición del Estado y la implantación del comunismo:

La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible mediante un proceso de “extinción”.

El Estado socialista y la Comuna de París según el análisis de Marx[editar]

Barricada. Comuna de París, 1871.

Ahora bien, ¿por qué tipo de organización hay que sustituir alEstado burgués en la primera fase del comunismo? En este sentido, Lenin recurre al análisis marxista de la experiencia de la Comuna de París.

  1. En primer lugar, según extrae Lenin de los textos deMarx, sustituir esos “destacamentos de hombres armados” por el pueblo armado: “¡Y por cuanto la mayoría del pueblo es la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una ‘fuerza especial’ de represión! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse”. En definitiva, el ejército popular sirve para evitar la existencia de un ejército del Estado por encima de la sociedad. Esto contribuye a la extinción del Estado en el sentido de que al identificarse el ejército con la sociedad sencillamente lo que hay es la sociedad armada y no el instrumento del Estado llamado ejército.
  2. En segundo lugar,

    …la supresión de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios públicos al nivel del “salario de un obrero”.

    en tanto que tales tareas

    pueden (y deben) ser despojadas de toda sombra de algo privilegiado y “jerárquico”.

  3. En tercer lugar, la desaparición del parlamentarismo:

    Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, tanto en las monarquías constitucionales parlamentarias como en las repúblicas más democráticas.

    Ahora bien,

    La salida del parlamentarismo no está, como es natural, en abolir las instituciones representativas y la elegibilidad, sino en transformar dichas instituciones de jaulas de cotorras en corporaciones “de trabajo”. “La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo”,

    dice Lenin citando a Marx. Esencialmente, de lo que se trata es de que no puede haber profesionalización de la política: el parlamentarismo desaparece en cuanto es el proletariado el que se organiza autónomamente para hacerse cargo de la política.

  4. En cuarto lugar, acerca de la unidad de la nación,

    Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (…). El federalismo dimana por principio del anarquismo. Marx es burocrata-centralista.

    Pero explica a continuación:

    …si el proletariado y los campesinos pobres toman el poder del Estado, se organizan con plena libertad en comunas y unen la acción de todas las comunas para dirigir los golpes contra el capital, para aplastar las resistencias de los capitalistas, para entregar la propiedad privada de los ferrocarriles, las fábricas, la tierra, etc., a toda la nación, a toda la sociedad, ¿Acaso no será eso centralismo? ¿no será el más consecuente centralismo democrático y, por añadidura, centralismo proletario?

    Centralismo proletario que se opone al centralismo burgués, militar y burocrático. Más adelante vuelve Lenin sobre el tema:

    Pero Engels no concibe el centralismo democrático, ni mucho menos, en el sentido burocrático con que emplean este concepto los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses, incluyendo entre estos últimos a los anarquistas. Para Engels el centralismo no excluye en lo más mínimo esa amplia administración autónoma local que, con la defensa voluntaria de la unidad del Estado por las “comunas” y las regiones, elimina en absoluto todo burocratismo y todo “mando” desde arriba.

    Esta teoría es precisamente la que fundamenta su texto sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. Ello no significa la ruptura, significa deshacer las relaciones de dominación, lo que conduciría a la posibilidad de renegociar nuevas relaciones igualitarias y de cooperación.

  5. En quinto lugar, dar una solución, como propone Engels, del problema de la vivienda, fundamentalmente expropiando los edificios desaprovechados, que abundan en las ciudades. En un periodo de transición, no es probable que esas viviendas sean gratuitas, pero ello resultará natural al cabo, con la extinción del Estado.

Dos fases del comunismo[editar]

Se ha hablado de dos fases del comunismo: Lenin las detalla como “primera fase de la sociedad comunista” (lo comúnmente llamado socialismo), y como “fase superior de la sociedad comunista” (lo comúnmente llamado, sin más, comunismo).

  • La primera fase del comunismo es el Estado socialista como dictadura del proletariado. En esta fase, el Estado es propietario de los medios de producción, cada trabajador realiza su cantidad proporcional del trabajo social, y recibe en productos el mismo valor que entrega. Cuando los hombres no son iguales, el igualitarismo es la mayor injusticia que se puede cometer. Este igualitarismo excluye las circunstancias individuales de los hombres: unos son más fuertes y resistentes y otros menos, unos tienen familias que mantener y otros no. En este Estado la explotación la ejerce el Estado “proletario” donde persisten diferencias injustas de riqueza:

    Marx señala el curso del desarrollo de la sociedad comunista, la cual se verá obligada a destruir primero solamente la “injusticia” que representa la usurpación de los medios de producción por individuos aislados, pero no estará en condiciones de suprimir de golpe también la otra injusticia, consistente en distribuir los artículos de consumo “según el trabajo” (y no según las necesidades).

    Y

    “El que no trabaja, no come”: este principio socialista es ya una realidad; “a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos”: también este principio socialista es ya una realidad. Pero eso no es todavía el comunismo, no suprime aún “el derecho burgués”, que por una cantidad desigual (desigual en la práctica) de trabajo da una cantidad igual de productos a hombres que no son iguales.

  • La fase superior del comunismo es la extinción del Estado. El Estado ha de extinguirse necesariamente, pero también progresivamente, tras la dictadura del proletariado. El Estado constituye como ya hemos visto un aparato represivo, de dominio de una clase sobre otra. Hasta ahora, de la burguesía sobre el proletariado; tras la revolución proletaria, del proletariado sobre la burguesía. Es algo así como una ortopedia de la sociedad: en la sociedad hay lucha de clases, entre una clase propietaria de los medios de producción, poco numerosa, y una gran mayoría propietaria tan sólo de su fuerza de trabajo, que ha de arrendar a dichos propietarios. Entre esas clases hay una lucha, latente a veces, otras oculta, y ocasionalmente expresa. La función del Estado es poner un velo sobre esta realidad social, amortiguar las contradicciones de clase, cuya exacerbación destruiría el modo de producción capitalista y con él al Estado. Pero una vez que, tras la dictadura del proletariado, las diferencias de clase sean abolidas (una vez que no exista la propiedad privada de los medios de producción y por tanto la burguesía desaparezca como tal), el Estado dejará de llevar a cabo esta función ortopédica, no tendrá ya que seguir equilibrando la balanza a favor de una clase determinada y poco a poco dejará de tener sentido su existencia, al no haber distinción alguna entre el Estado y la sociedad.

Esta etapa superior del comunismo se caracteriza especialmente por la desaparición de la separación entre trabajo intelectual y trabajo manual. Es previsible que con la educación de los trabajadores, así como con la simplificación de la organización (pareja al desarrollo tecnológico) las labores de contabilidad, y en general el “trabajo intelectual” puedan ser llevadas a cabo por cualquier obrero. Así pues, no hay obreros especializados en este tipo de trabajo —de hecho, pueden rotar en su desempeño— y desaparecen estas jerarquías, al tiempo que queda establecido un salario igual para toda la población. Igualmente, postula Lenin que este comunismo convertirá el trabajo, de una obligación, en una necesidad vital, de modo que los hombres trabajarán voluntariamente. A esto se suma la provisión de artículos de consumo según las necesidades individuales. “Toda la sociedad será una sola oficina y una sola fábrica, con trabajo igual y salario igual”.

Lenin, 1920.

Sobre este comunismo, Lenin escribe:

Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación con los medios de producción sociales), sólo entonces “desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”. Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, verdaderamente sin ninguna restricción. Y sólo entonces comenzará a extinguirse la democracia, por la sencilla razón de que los hombres, libres de la esclavitud capitalista y comunista estatista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación estatal, se habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia (…) sin esa máquina especial de coerción que se llama Estado.

Ahora bien, dos observaciones finales. Por un lado, que según Lenin esta segunda fase aun siendo un proyecto para el futuro, no correspondía estudiarla por el momento: eso sería caer en el utopismo y olvidar la situación concreta, algo enteramente ridículo, pues no se puede trazar la línea hacia una nueva sociedad sin ningún teórico marxista ha pensado en ella, al contrario de los pensadores anarquistas, que partiendo del principio de que “los medios justifican el fin”, para los que no existen etapas mas que los periodos de antes de la revolución, el momento de esta y después de aquella , no temen proyectarse hacia el futuro, aunque tampoco entregando un modelo determinado de sociedad sin Estado, pero que si , respondiendo a una época determinada, Proudhon propone el Mutualismo, Bakunin el colectivismo y Kropotkin, aunque no el único, el comunismo anarquista, —la lucha de clase del proletariado por establecer el Estado socialista. Por otro, que esta segunda fase, que no es ni siquiera un esbozo, es precisamente lo que más interesa a los ideólogos burgueses, que insisten en la imposibilidad y el absurdo de este comunismo:

La defensa interesada del capitalismo por los ideólogos burgueses (…) consiste, principalmente, en suplantarcon discusiones y parloteos sobre un remoto porvenir el problema más vital y más urgente de la política de hoy: expropiar a los capitalistas, transformar a todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un “consorcio” único, a saber, de todo el Estado, y subordinar por completo el trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático: al Estado de los Soviets de diputados obreros y soldados.

Por eso es preciso dejar al margen los debates abstractos sobre ese comunismo e insistir en la situación presente, que es la única que podemos imaginar de un modo concreto.

Un libro inacabado (cita)[editar]

Escribí este folleto en los meses de agosto y septiembre de 1917. Tenía ya trazado el plan del capítulo siguiente, del VII: La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. Pero, a excepción del título, no tuve tiempo de escribir ni una sola línea de dicho capítulo: vino a “estorbarme” la crisis política, la víspera de la Revolución de Octubre de 1917. “Estorbos” como éste sólo pueden causar alegría. Pero la segunda parte del folleto (dedicada a La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917) habrá que aplazarla, quizá, por mucho tiempo; es más agradable y provechoso vivir “la experiencia de la revolución” que escribir acerca de ella.

La polémica con los “oportunistas”[editar]

Ante todo, El Estado y la revolución va dirigido contra el olvido intencionado de estos temas por parte de los teóricos de la II Internacional. En particular, Lenin dirige sus ataques contra Kautsky y Plejánov.

Polémica con la polémica de Plejánov y los anarquistas[editar]

Lenin centra su polémica con Plejánov en el tratamiento que éste da del anarquismo. Lo que Lenin encuentra inconcebible, es el modo en que Plejánov puede entrar en esa polémica ignorando por completo que la oposición entre marxismo y anarquismo se centra en la problemática de la revolución frente al Estado. Según Lenin, Plejánov encara la cuestión de un modo oportunista, por cuanto elude esta problemática.

Polémica con la polémica de Kautsky y los oportunistas[editar]

Kautsky es bien conocido por su polémica con Bernstein y los oportunistas. Sin embargo, es preciso recordar, según apunta Lenin, las vacilaciones de Kautsky en esta polémica, y que explicarían más tarde su posición “socialchovinista” —es decir, su apoyo nacionalista a la guerra imperialista— entre los años 1914 y 1915.

Y la razón de estas vacilaciones, Lenin la encuentra una vez más en una posición oportunista respecto del Estado. En su polémica con Bernstein, Kautsky “escamoteó la diferencia más esencial entre el marxismo y el oportunismo en cuanto a las tareas de la revolución proletaria”. Al dejar la cuestión de la revolución como un asunto para el porvenir, Kautsky estaba haciendo una concesión vital al oportunismo, y estaba de hecho pasándose a las posiciones políticas de los oportunistas.

Polémica con la polémica de Kautsky y Pannekoek[editar]

Anton Pannekoek formaba parte de la línea de izquierda del SPD, junto con Rosa Luxemburgo y Karl Radek. Pannekoek acusaba a Kautsky por su pasividad respecto de la problemática de la revolución y de su relación con el Estado. Pannekoek habla precisamente de la necesidad de luchar no solamente contra la burguesía, porhacerse con el poder del Estado, sino también de luchar contra el propio Estado.

Lo que le interesa a Lenin es el modo en que Kautsky responde a estas críticas —independientemente de la idoneidad del planteamiento que de Pannekoek, con quien Lenin no está del todo de acuerdo. Kautsky sitúa la cuestión como una oposición entre socialdemócratas y anarquistas: los socialdemócratas pretenden conquistar el Estado, los anarquistas pretenden destruirlo. Desde este punto de vista, Pannekoek sería inconsecuente al pretender ambas cosas al mismo tiempo. Sin embargo, Lenin considera que la posición de Kautsky es oportunista en tanto que ignora la necesidad de que una revolución vaya a transformar la naturaleza misma del Estado. Kautsky reduce el problema a la gestión del poder del Estado por parte de una élite burocrática, que gobierna en nombre de la clase obrera. Al hacerlo así, no soluciona la cuestión de la transformación del Estado en una máquina verdaderamente democrática, bajo el control directo de órganos democráticos y participativos —como los soviets.

Importancia e influencias[editar]

En las “Tesis de abril“, Lenin se refirió ya a una serie de tareas fundamentales en el seno de su Partido:

  1. Celebración de un nuevo Congreso
  2. Modificación del programa en relación con la posición ante el imperialismo y ante el Estado, y reforma del programa mínimo.
  3. Cambio de denominación del Partido, que pasará de denominarse Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a Partido Comunista de Rusia (bolchevique).

El Estado y la revolución, escrito tan sólo cuatro meses después de la lectura pública de las “Tesis”, estaba relacionado justamente con estos dos últimos puntos.

  • En primer lugar, el libro debía ofrecer una exposición sistemática, clara y coherente de la teoría marxista respecto de la cuestión del Estado, a la vez que vislumbraba en un plano teórico lo que habrían de ser las tareas de una revolución proletaria. No era, por tanto, un tema casual: entraba en los planes de un programa práctico, tal y como se vislumbra en las “Tesis”, en un momento en que la revolución era una posibilidad tangible.
  • En segundo lugar, el libro tomaba posiciones frente a la línea política sostenida en la II Internacional. Ésta había desarrollado una línea “oportunista” en relación con los temas aquí expuestos. Esta línea oportunista es la que condujo a casi la totalidad de partidos de izquierda a mantener una posición nacionalista durante el desastre de la primera guerra mundial.

Marcando las distancias con la II Internacional, Lenin inauguraba una ruptura dentro del movimiento obrero que se concretaría después en la formación de la III Internacional o Internacional Comunista. Esta escisión en el movimiento obrero internacional marcaría posteriormente todo el siglo XX, con la oposición entre partidos “socialdemócratas” y partidos “comunistas” de inspiración leninista, a veces (aunque no siempre) alineados con la URSS y sometidos a sus directrices políticas.

Más allá de la coyuntura en la que fue escrito, El Estado y la revolución ha ejercido una influencia constante en el pensamiento político radical de todo el siglo XX. Ha sido libro de cabecera para distintas corrientes comunistas, que van desde el estalinismo al trotskismo o al maoísmo. Su influencia indirecta puede rastrearse desde el Mayo francés a los nuevos movimientos globales. Su propuesta de un Estado sometido al control de asambleas verdaderamente democráticas, por alternativa al parlamentarismo burgués, ha sobrevivido más allá del socialismo estalinista. El libro sigue editándose.

Referencias[editar]

  1. V. I. Lenin (2001), El Estado y la revolución, Barcelona: DeBarris, p. 16
  2. V. I. Lenin, Op. Cit., p. 17
  3. Rosa Luxemburgo (2002), Reforma o revolución, Madrid: Fundación Federico Engels, p. 48
  4. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 20
  5. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 21
  6. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 36
  7. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 40
  8. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 74
  9. V. I. Lenin, Op. Cit.
  10. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 76
  11. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 79
  12. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 80
  13. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 91
  14. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 92
  15. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 121
  16. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 156
  17. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 157
  18. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 170
  19. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 149
  20. V. I. Lenin, Op. Cit. pp. 162-163
  21. V. I. Lenin, Op. Cit. pp. 205-206
  22. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 173
  23. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 180
  24. V. I. Lenin, Op. Cit. p. 189

Bibliografía[editar]

  • Lenin, V. I. (2001). El Estado y la revolución. Barcelona: DeBarris. ISBN 84-931319-1-1.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

De Wikipedia, la enciclopedia libre · Editar en la Wikipedia

Información sobre El Estado y la revolución

Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

ALGO DE LITERATURA CON POESIA

ESTE TIEMPO NOS QUEDA EXACTAMENTE BIEN

Claudia María Jovel.

Por Luis Manuel Pérez Boitel*

La verdadera historia de los pueblos, el diálogo entre ellos, la escriben sus propios hombres y no sus gobernantes, por ello tendríamos que decir como el poeta salvadoreño Arquímides Cruz, que “este tiempo nos queda exactamente bien” para toda ceremonia donde intentemos tomar la palabra. Una vez más lo confirmo cuando me encuentro en El Salvador para participar en el Festival hispanoamericano Claudia María Jovel, invitado por unos amigos que siembran con su dedicación memorables paisajes; a personas como estas y a Dios debo agradecer mi presencia en estos escenarios en medio de un país donde resido que me ignora. Pero la suerte está echada, como diría Cesar, y estoy por esta tierra de Centroamérica que me llama poderosamente la atención pues cada ciudad tiene un nombre de un santo: San Salvador, Santa Tecla, San Sebastián, San Vicente, para citar algunos nombres.

Años atrás había conocido a muchos poetas, gracias a Otoniel Guevara, que cada año se empeña en abrir las puertas de su país por El turno del ofendido, una especie de encuentro en homenaje a Roque Dalton. En esta ocasión, gracias al extraordinario amigo y poeta Eric Henríquez y a la Cooperativa Acodjar. R.L, me sumo a Kary Cerda, Javier Alvarado, Armando Maldonado, José Luis Quesada, Ely Rosa Zamora, y otros poetas de la Fundación Metáfora a esta cita, para llevar la poesía a múltiples escuelas y centros de trabajo con la complicidad de otros amigos.

La alegría de Eric Henríquez contagia para vivir y para escuchar poesía. Él es como un niño grande que ha descubierto que Dios está muy cerca de todo y le ha abierto los ojos para que confirme el tiempo mágico e inequívoco que nos ha tocado. La carita de felicidad de Argelia Marxelly nos ofrece una gran pasión para habla de Amada Libertad. Así me regala una antología de poetas salvadoreños y cubanos, un proyecto acabadito de sacar del horno de las imprentas, cuyo título no puede ser más evidente: Las puertas de la madrugada. La edición tiene como pórtico unos versos de Amada: “Cuando me muera / no me iré del todo / quedaré en tus anhelos e ideales / quedaré en las letras que un día / escribí en el odio / estallaré en mil y más auroras / y seguiré amaneciendo / en la conciencia afilada de todos”. Tanta entrega nos evoca el poeta cubano Rigoberto Rodríguez Entenza cuando precisa: “Si ya afirmamos que se escribe solo una versión, en este caso de la poesía de José Martí o Roque Dalton, es porque vemos en una misma lengua la punzada del que evoca y llama, dígase arde”. Así arde la propia Amada Libertad, o las banderas de la lluvia de Arquímides Cruz, y de otros poetas asesinados del Taller Literario Xibalbá, cuyos restos todavía no han aparecido aun cuando mucho se empeñaron los amigos, familiares, poetas y editores del suplemento cultural Tres Mil del Diario Co Latino. Hoy ellos representan para todos una gran promesa para el país, como lo es la imagen, recién beatificada de Monseñor Romero, en una nación desbastada por la guerra, pero llena de gente hermosa y cándida que quiere escribir ese preciso tiempo del que habló Arquímides.

Memorable fue llegar a las escuelas de San Sebastián y reencontrarme con Beto y Gloria, y otros amigos. Ellos tienen el júbilo de la gente que vive en centroamericana. Las preguntas de los niños y adolescentes me confirmaron que hay cosas que no se perdieron en la guerra. Nada desaparece del todo. Nunca. El aliento de sus miradas, la lectura de poesía escrita por estos alumnos, me recordaron a Roque mucho y también a Claudia María Jovel, para quien fue el homenaje verdadero; dejándonos a nosotros mismo la sed por compartir tan extraordinario espacio, para que el tiempo sea justo y enriquecedor. En ocasiones no teníamos palabra para agradecer a los poetas de este país tanta emoción y entrega.

La poeta venezolana Ely Rosa Zamora me regala uno de sus libros, se trata de La nitidez del embudo, y en ocasiones pensaba escuchando sus poemas, cuánto nos desconocemos nosotros mismos. Su propuesta tiene como telón de boca la dramaturgia de sus historias. Así nos hace recordar el terremoto de Haití y el drama de esos días, o nos replantea la carga visual de la poesía. El poeta Javier Alvarado me dedica su Carta natal al país de los locos, con alguna viñeta en la primera página y el aliento de un escritor que conoce demasiado los derroteros de la poesía americana. Un escritor, exponente diría yo por estos tiempos, de la manera de pensar desde este magnífico continente americano.

Armando Maldonado nos acompañó también con su guitarra, y nos hizo acercarnos a Honduras, junto a José Luis Quesada, escritores estos que ya conocía. La bitácora del Mayor Tom y otros poemas, fue el regalo de Maldonado, y en esa supuesta alegría no quiere hablarnos de la pérdida de su esposa, de cómo se acercó en una ocasión a una tienda para comprarle un vestido, cuando la realidad era otra. José Luis Quesada, reconoce lo mucho que le queda por vivir, su poesía de trotamundos nos cautiva como su luz. Su obra debe ya ser mucho más conocida de lo que es, un hombre este iluminado.

La poeta mexicana Kary Cerda nos regala su ola de fe y amor, su Usumacintamente, libro que nos da fuerza para seguir adelante, que nos motiva cuando recorremos sus geografías posibles, sus mundos florecidos y llenos de un agua viva y transparente, sus canciones que acompañan en un CD, esta bella edición, así lo dibujan. Ella es como un juglar con su cámara fotográfica en mano y sus poemas, por todos los lugares posibles. Días estos para brindar con Egdar Alfaro Chaverri, Otoniel Guevara, Josué Andrés Moz, y Alberto López Serrano, para mencionar algunos poetas salvadoreños.

Por esa travesía, visité La joya de Cerén y La puerta del diablo, lugares estos de una geografía tan intensa y mágica como los días que habían quedado –supuestamente- atrás. El calor me recordaba mi isla, aunque más me preocupaba el destino de esta gente en medio de la paralización de los servicios del transporte y la inseguridad ciudadana.

“Tus ojos te salvan compañera / con ellos subo por las madrugadas el tren de la historia / que agita alegremente / su fumarola roja”. Versos estos de Arquímides que dedicara a Claudia María Jovel, sin reconocer que compartirían el mismo final, a mediados de 1989, en el Frente Gerardo Barrios de la zona de La libertad, acusados por traición. Tus ojos te salvan poeta, también a ti, que has dejado abiertos los míos para reconocerte y bendecirte en esta ciudad, en la que también voy saliendo, como si fuera tan fácil escaparme de ese amanecer en El Salvador que llevaré siempre conmigo a cuestas.

*Texto enviado por el autor

**Claudia María Jovel fue una joven poeta combatiente y desaparecida en el año de 1989 en el frente de guerra Gerardo Barrios, poeta y soñadora, ejemplo para muchas generaciones, destacándose no sólo en la poesía sino también en el deporte y la música, así como su ardua lucha por la liberación y los derechos humanos en El Salvador.

EL PROFESOR

EDUCAR PARA LIBERAR

Doctora y Especialista en Psicología Clínica y Médica

Desde la comodidad y privacidad del hogar y a través de Videoconferencia, la psicología on line acerca al terapeuta a quien lo necesita, eliminando distancias geográficas para ofrecer sus servicios profesionales, adecuándose a las necesidades horarias del cliente. Contacte conmigo en el correo: psicoonline.es@gmail.com

Un pedacito de Mar

un espacio para echar a navegar ideas...

franciscojaviertostado.com

Historia, medicina y otras artes

Letra joven

Para reflexionar, reír, debatir y publicar.

Cuba profunda

Un espacio para las catarsis cotidianas...

⚡️La Audacia de Aquiles⚡️

"El Mundo Visible es Sólo un Pretexto" / "The Visible World is Just a Pretext".-

@pmarca Says

Marc Andreessen's Tweets in Blog Form

SISAGRO

POR LOS CAMINOS DE LA PATRIA APOSTANDO A UN MEJOR PORVENIR DEL PUEBLO DOMINICANO

EL PROFESOR

Educar para liberar

jllopart

la poesía es libertad

Mesa de Análisis y Desarrollo

Espacio para el debate de las ideas, la reflexión y propuestas que apuestan al desarrollo

Rumbos, utopías y esperanza

Espacio para compartir experiencias, conocimientos y ayudar a difundir la verdad de Cuba.

MundoDelSur

Un blog que mira al mundo en desarrollo

Rey Cuba Photography

Cuba vista desde la sed que me anima a recorrer tus calles........

paquitoeldecuba.wordpress.com/

Just another WordPress.com weblog

A %d blogueros les gusta esto: