Centroamérica en la mira de Estados Unidos

El destino manifiesto

ALAI, América Latina en Movimiento
El imperio posa sus ojos sobre Centroamérica y esto debería llevarnos, despojados de toda ingenuidad, a comprender los peligros que históricamente ha entrañado su presencia activa en el devenir de nuestros pueblos y de nuestras repúblicas, y que ahora, de nuevo, nos emplaza para pensar nuestro lugar en el continente y en el mundo.
Five or none, las cinco o ninguna: tal era el lema que ondeaba en las banderas de los batallones de filibusteros que, al servicio del proyecto esclavista de los oligarcas del sur de los Estados Unidos y de la expansión del incipiente imperio, se lanzaron sobre Centroamérica a mediados del siglo XIX. El tiempo ha pasado –más de un siglo y medio-, y mucho ha cambiado el mundo desde entonces; pero aquella funesta expresión: las cinco o ninguna, sigue vigente como proclama de una voracidad insatisfecha en las entrañas del norte revuelto y brutal –al decir de José Martí-. Y también podría ser útil para comprender, en perspectiva histórica, el nuevo giro de la política exterior estadounidense para la región centroamericana, ahora encubierto bajo la retórica de la prosperidad y el desarrollo económico, pero con el mismo afán de apuntalar la dominación del istmo.

Como expusimos en un artículo anterior (Centroamérica y las fronteras “flexibles” del imperio), está en marcha una reconfiguración de la política exterior estadounidense que, súbitamente, perfila a nuestra región como prioridad, al mismo nivel de China, Rusia o los vectores de conflicto en el Medio Oriente. Para encontrar un antecedente similar de protagonismo de Centroamérica en el diseño de las políticas imperiales, sería necesario remontarnos a las décadas de 1970 y 1980, cuando el contexto de las guerras civiles centroamericanas sirvió de escenario –y acaso también de excusa- para el intervencionismo y la colisión de los intereses de los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Las preguntas son inevitables: ¿por qué un espacio geográfico y humano marginal –desde la perspectiva de los poderes globales dominantes-, prácticamente invisibilizado en los informes y estudios de prospectiva estratégica que realizan las principales agencias de inteligencia estadounidenses (salvo por la preocupación ante el avance del crimen organizado y el narcotráfico), y relegada de los debates y discusiones en los principales foros mundiales, en cuestión de meses ha visto subir sus acciones geopolíticas? ¿Por qué el Departamento de Estado despliega una intensa campaña diplomática para posicionar la idea –expresada por el consejero Thomas Shannon en Madrid- de que es preciso “construir un nuevo tipo de Centroamérica”, y que la responsabilidad de esa tarea, el deber ineludible por obra y gracia del destino manifiesto, recae en los Estados Unidos?

Washington parece actualizar sus lecturas geopolíticas y reconoce, con una alta dosis de realismo, la confluencia de otros competidores en el territorio ístmico, e incluso en el Caribe. El proyecto del Gran Canal de Nicaragua, que concita el interés de China y Rusia en la eventual nueva ruta transoceánica; la continuidad de las relaciones China-Costa Rica y la profundización de la diplomacia asiática de inversión en infraestructura; la construcción de foros de integración latinoamericana y caribeña como la CELAC, desde los que se articulan posiciones como bloque ante otros actores globales (Unión Europea, África, los BRICS); e incluso la llegada tardía de los Estados Unidos al proceso de normalización de las relaciones con Cuba, cuando ya América Latina, China y Rusia han avanzado en acuerdos de inversión y cooperación con la isla, han obligado a los funcionarios del Departamento de Estado a replantear sus movimientos en el ajedrez del poder en el sistema internacional. Si a esto se suma la posibilidad de que en los próximos 15 años Estados Unidos pierda su hegemonía frente a China, un escenario que proyecta el informe Global Trends 2030, elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia, resulta lógica la preocupación de la Casa Blanca por revertir estas tendencia y asumir el desafío estratégico que supone la presencia de otras potencias en su tradicional zona de influencia.

El imperio posa sus ojos sobre Centroamérica y esto debería llevarnos, despojados de toda ingenuidad, a comprender los peligros que históricamente ha entrañado su presencia activa en el devenir de nuestros pueblos y de nuestras repúblicas, y que ahora, de nuevo, nos emplaza para pensar  lugar en el continente y en el mundo; el futuro que queremos y necesitamos; y los caminos que nos permitirán llegar a ello sin comprometer patria, soberanía y autodeterminación. Construir un nuevo tipo de Centroamérica definitivamente es indispensable, y lo sabemos bien. ¿Pero esa tarea la emprenderán ellos, los imperialistas, o de una vez por todas la asumiremos nosotros, los centroamericanos y las centroamericanas? He ahí la cuestión de fondo.

– Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/171474

EDITORIAL, REVISTA IDEAL No. 1

iDeAL: Avances, tensiones y desafíos en la construcción del proyecto político de la izquierda latinoamericana y caribeña

Vivimos tiempos confusos. Por un lado, la peor crisis del capitalismo nunca antes conocida, que nos deja la incógnita de si estamos asistiendo a la agonía del mismo, una peligrosa fase terminal que se manifiesta en una crisis económica, financiera, energética, alimentaria o ecológica. Pero también vivimos el declive de la hegemonía estadounidense y la entrada en una fase de dominación violenta, fase en la que surgen otros referentes geopolíticos que van conformando un nuevo mundo multipolar. América Latina y el Caribe es parte de esa multipolaridad, una región que va construyendo, con diferentes ritmos e intensidades, escenarios posneoliberales que permiten pensar salidas a la crisis, a la vez que se convierte en importante foco geopolítico en la medida en que posee las principales reservas de petróleo, gas, minerales, biodiversidad o agua del mundo.
En este momento histórico, la coyuntura política en Nuestra America no da tregua y en pocos meses asistiremos a elecciones determinantes para el proyecto político de las izquierdas latinoamericanas y caribeñas, las presidenciales en Argentina en octubre y las legislativas en Venezuela en diciembre, que junto con la arremetida de la derecha contra el gobierno legítimo y democrático de Brasil, conforman los tres principales focos de atención continental para los próximos meses. Los tres procesos mencionados se convierten en claves para que el reflujo en el que el cambio de época en la región no se profundice.
La continuidad del proceso nacional-popular kirchnerista en la Argentina y de la revolución bolivariana en Venezuela, permanentemente asediada por el imperialismo, junto con el apoyo a los gobiernos de izquierda de Brasil o Ecuador frente a la contraofensiva de las nuevas derechas continentales, se convierten en tareas inmediatas y urgentes para continuar la construcción de un horizonte posneoliberal para toda América Latina y el Caribe. Desde México, país donde se cristaliza una fase superior del capitalismo de siglo XXI que mediante la doctrina del shock impone una nueva etapa del neoliberalismo, asistimos con expectación a los avances, tensiones y desafíos que enfrenta la construcción de un proyecto político continental de integracion política, económica, tecnológica o cultural, que reformule y profundice el concepto de democracia y el horizonte de la justicia social. Las grietas están ahí, las luchas sociales a nivel territorial tienen más intensidad que nunca, de ahí también la brutal represión contra las mismas. Es momento de tejer alianzas y complicidades para sumarnos al cambio de época que vive Nuestra América.
 La Fundación IDEAL, Izquierda Democrática en Amé- rica Latina, trata de sistematizar otras experiencias y realidad nacionales, que sirvan para la construcción de un proyecto propio; ni calco ni copia, pero sí hermanado desde la solidaridad internacionalista con otras luchas de la Patria Grande. La construcción de un proyecto de socialismo adaptado a la realidad mexicana, que recoja también esa visión del mundo, de critica a la modernidad y el capitalismo que nos dejan los procesos andinos, cristalizada en el concepto de Buen Vivir, Vivir Bien, Suma Qamaña o Sumaj Kawsay, es nuestro objetivo inmediato. Queremos pensar, junto con otras fuerzas de izquierda latinoamericanas y caribeñas, una nueva forma de entender la sociedad, el Estado, la economía o la democracia.
La revista IDEAL dedica este su primer número a tratar de hacer una radiografía de la situación actual del proyecto de izquierda nuestro americano, sus avances, tensiones y desafíos, mediante los valiosos aportes de cuadros políticos de los principales partidos de la izquierda continental. En los próximos números esperamos dar cabida a voces que provengan de los movimientos sociales, sindicatos, pueblos indígenas o el ámbito intelectual, todas ellas necesarias para pensar, y construir, un proyecto que solo puede ser colectivo. Esperamos que sirva como aporte a la formación política de los cuadros más jóvenes, al debate y la reflexión tan necesarios para la construcción colectiva de un proyecto político posneoliberal que nos ayude, por qué no, a pensar también un escenario poscapitalista.