“Si observamos el mapa Haití se encuentra exactamente en la ruta entre Cuba y Venezuela”

Mesa de Análisis y Desarrollo

Conferencia de Camille Chalmers en el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) de Buenos Aires

“Si observamos el mapa Haití se encuentra exactamente en la ruta entre Cuba y Venezuela”

Conferencia de Camille Chalmers [1] en el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) de Buenos Aires 

Camile Chalmers (CCH): La UNASUR instaló hace un tiempo una oficina en Haití, dirigida por Rodolfo Mattarollo, donde se hicieron trabajos interesantes sobre derechos humanos, entre otros. Sin embargo, se cerró hace un año y medio, antes de la muerte de Mattarollo.
Para analizar la Minustah es importante entender la situación geopolítica complicada para Estados Unidos, sobre todo ante estos proyectos contestatarios de Cuba y la Revolución Bolivariana. Eso indica que hay una ofensiva para la construcción de nuevas bases militares, como las que se instalaron en Honduras, en Colombia, en el Caribe, en Aruba. Es una respuesta militar a los proyectos…

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Soneto: De la reflexión y la empatía

De la reflexión y la empatía

Responde el corazón y el alma calla,
responde la ilusión con alegría,
se ensancha la pasión y el cielo estalla,
no busques más allá de la sequía,

no has de hallar nada más en la morralla
aquello que en la mano no cabía;
aquello que hace el hombre cuando encalla,
reflejos de dolor y cobardía.

Buscar reflexionar sobre los hechos…
no ver y no escuchar pedantería,
perderse sin sembrar entre barbechos,

es cosa de la humana tontería,
ya que en la reflexión van los provechos,
y no en la pretensión va la empatía.

30/7/15 j.ll.folch
Licencia Creative Commons
De la reflexión y la empatía por jll.folch se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://jllopart.wordpress.com/2015/07/30/de-la-reflexion-y-la-empatia/.

China y su primera crisis capitalista

8010_3Alejandro Nadal, La Jornada

Las tasas de crecimiento de la economía en China han sido objeto de admiración en todo el mundo. Parecía que el capitalismo había llegado a China para mostrar todas sus virtudes y cuando se señalaban los defectos, la mayoría de la gente prefería ignorarlos. Hoy la economía china camina por el sendero de la crisis, su primera crisis capitalista de índole macroeconómica.

Datos oficiales en China revelan que la tasa de crecimiento promedio para el periodo 1991-2014 fue de 10 por ciento. Aunque se sabe que las estadísticas del gobierno chino son objeto de manipulaciones significativas, aún las cifras corregidas arrojan lo que se antoja como un desempeño espectacular. Pero desde 2010 la economía china ha sufrido una desaceleración de 35 por ciento y en 2014 se registró la tasa de crecimiento más baja desde 1991.

Cuando una economía crece a tasas de dos dígitos no es extraño observar el surgimiento de severas distorsiones. No me refiero aquí a las distorsiones que los economistas neoclásicos quieren ver en el sistema de precios debido a la intervención del gobierno en la vida económica. Esos economistas han querido ver una mayor liberalización del mercado porque argumentan que la economía socialista en China acarrea una seria deformación de precios e incentivos. De esta manera los problemas de la economía china se cargan a la cuenta de la intervención del gobierno, no a la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Olvidan que el Partido comunista chino es hoy el administrador de una de las economías capitalistas más salvajes de la historia.

Nos referimos a las distorsiones estructurales que hoy marcan a la economía china. En especial, destacan las distorsiones sobre los sectores de bienes raíces y financiero.

El sector de bienes raíces ha sido clave en el proceso de acumulación capitalista y en las transformaciones estructurales en China. Uno de estos cambios ha sido la transición urbana: desde 1949 cuando se consolidó la victoria del Partido comunista chino han surgido más de 600 nuevas ciudades.

En 2004 se introdujo una reforma constitucional sobre propiedad privada residencial y se aceleró la inversión en bienes raíces. Las expectativas sobre la evolución del mercado impulsaron la demanda y el aumento de precios de casas y departamentos hasta el año pasado. Pero entre enero y diciembre de 2014 el mercado se contrajo y los precios de casas se desplomaron.

Algunos datos indican que la burbuja en los precios de bienes raíces se está desinflando en lugar de reventar. Pero nada garantiza que lo peor haya pasado y otros indicadores son menos optimistas. El exceso de espacio residencial y de oficinas sin vender es enorme (hay más de 60 millones de departamentos que no se han podido vender) y con la desaceleración no será fácil identificar compradores.

El freno en la expansión del sector bienes raíces es un poderoso lastre sobre la economía china: tomando en cuenta los eslabonamientos hacia atrás con las industrias de acero, cemento, vidrio, muebles y aparatos eléctricos el sector bienes raíces representa 30 por ciento del PIB. Sin la recuperación del sector bienes raíces la economía china seguirá mostrando menores tasas de crecimiento y se agravará la difícil situación por la que atraviesan esas industrias que ya acusan altísimos niveles de sobre-inversión.

Sin nuevas inyecciones de crédito el sector de bienes raíces no podrá crecer. Pero una buena parte de la abultada cartera vencida de los bancos chinos está vinculada al sector de bienes raíces. La única manera de enderezar el sector de la construcción es mediante una corrección mayor en los precios de casas y departamentos para atraer un número creciente de compradores. Pero ese ajuste de precios afectará la posición de los agentes de bienes raíces que se han sobre-endeudado y no podrán pagar sus créditos.

El gobierno chino ha hecho hasta lo imposible para mantener a flote su sistema financiero. Pero una de las características del mercado accionario y de las operaciones financieras en China es el excesivo apalancamiento. Como se sabe, eso no ayuda nada cuando el pánico se apodera del rebaño de inversionistas y especuladores.

El colapso en el mercado de valores en China ha sido espectacular: del 15 de junio a la fecha el valor de mercado sufrió una caída de 30 por ciento, con más de 4 billones (castellanos) de dólares de pérdidas en capitalización.

Para apoyar el mercado el gobierno ha tratado todo: desde iniciar un programa de compra de títulos y reducir las tasas de interés, hasta suspender las transacciones del 54 por ciento de las acciones que se cotizan en China.

Y cuando por fin nada parecía detener el colapso el gobierno tuvo que interrumpir las transacciones. Pero el apalancamiento ha sido desorbitado y la caída apenas ha comenzado.

Si alguien pensó alguna vez que el capitalismo en China no mostraría su verdadera cara, debe pensarlo dos veces y revisar los números e indicadores sobre el sector financiero y la economía real. Es posible que la crisis en China apenas esté arrancando

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Madre, la dulce madre

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En el umbral sentado
de niño discurría:

En un caballo negro,
una tarde me iría.
Mi madre por la casa
¡cómo me llamaría!
Por la ciudad mi padre
¡cómo me buscaría!

Andando en mi caballo
con mucha gallardía,
a no sé qué comarca
sin nombre llegaría.
Una princesa rubia,
rubia me esperaría.
Proezas del camino
sin fin le contaría.
Y como bien se
que la enamoraría,
con ella en una iglesia
blanca me casaría.
Mi madre, por seguro
que nos perdonaría,
y a todos los amigos
mi historia contaría:

¡Bandido de muchacho!
¡Quién nunca lo diría!

Y la ciudad entera
se maravillaría.

Con esto abro los ojos
ebrios de fantasía.

Pero del propio sueño
corriendo, ya corría.

Corría por la casa:
─Ven, madre─, repetía-
Madre, la dulce madre,
jamás la dejaría.interior-with-a-mother-delousing-her-child-1660
Me le colgaba al cuello…
Nadie por qué sabía…

* Arturo Capdevila (Córdoba 1889-Buenos Aires 1967) . Poeta, dramaturgo, narrador, ensayista, abogado, juez, profesor de filosofía y sociología e historiador argentino.

POEMA DE ARTURO CAPDEVILA

Amor de tarde

La librería de Chelo

Con este poema del gran

MARIO BENEDETTI

me despido de vosotros
con el deseo de que tengais
unas felices vacaciones.

 

AMOR DE TARDE

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con…

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¡Es la lucha de clases, estúpidos!

Pues bien, parece que en los últimos tiempos algunos están a jugar a la “ingenuidad”; o, más bien, están a comportarse cómo “ingenuos”; y eso, como ya apuntaba Niccolò, sólo lleva a la ruina a aquellos que dependen de esas decisiones políticas. No sólo estamos a referirnos, como parece obvio, a Alexis Tsipras, que, daba la impresión, creía, ingenuamente, que estaba “negociando” con “caballeros” y no, como era de hecho, con “mafiosos terroristas”; también estamos pensando en cierto político español, del que se confía en que tenga un prominente futuro, debido a cómo respondió a la pregunta de una periodista acerca de qué le diría a Merkel si ésta no aceptaba sus ideas sobre como actuar ante la crisis en España. El político español manifestaba que le explicaría a la canciller alemana que las medidas austeritarias estaban dando lugar a penosos situaciones sociales, a una gran pobreza y empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población española. Ante la insistencia de la periodista, que le reclamaba una opción ante el previsible rechazo de esta argumentación, o la consideración de irrelevancia de la misma, el político insistía en que haría ver los perjuicios ocasionados a familias, niños, etc, y la necesidad de modificar esa situación con otra clase de políticas. O sea, pensaba que podía convencer con “buenos” argumentos.
 
Piero Soderini era el gonfaloniero de Florencia en la época en que Machiavelli era secretario de la misma República. Algo así como primer ministro el primero y un alto cargo “técnico” (un alto diplomático) el segundo.

Decía Machiavelli que Piero Soderini actuaba con ingenuidad en la política, que sus decisiones carecían del realismo exigible al cargo político que desempeñaba. Por eso precisamente, a la hora de juzgarlo (por la “derrota” de la República) no se le condenaría al infierno, pero tampoco al cielo: su lugar propio sería el limbo, con los niños.

Lo que no significaba un juicio favorable o “neutral” del secretario respeto de su superior, sino más bien lo contrario. Un cargo político tenía que saber muy bien con quien se “juega las cartas” y qué se está a jugar, pues hay mucho en juego; y eso que está en juego no le afecta exclusivamente a ese dirigente, sino que afecta a los que viven en la comunidad gobernada por esa persona. Esto es, la “ingenuidad” en política es culpable.

Pues bien, parece que en los últimos tiempos algunos están a jugar a la “ingenuidad”; o, más bien, están a comportarse cómo “ingenuos”; y eso, como ya apuntaba Niccolò, sólo lleva a la ruina a aquellos que dependen de esas decisiones políticas.

No sólo estamos a referirnos, como parece obvio, a Alexis Tsipras, que, daba la impresión, creía, ingenuamente, que estaba “negociando” con “caballeros” y no, como era de hecho, con “mafiosos terroristas”; también estamos pensando en cierto político español, del que se confía en que tenga un prominente futuro, debido a cómo respondió a la pregunta de una periodista acerca de qué le diría a Merkel si ésta no aceptaba sus ideas sobre como actuar ante la crisis en España. El político español manifestaba que le explicaría a la canciller alemana que las medidas austeritarias estaban dando lugar a penosos situaciones sociales, a una gran pobreza y empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población española. Ante la insistencia de la periodista, que le reclamaba una opción ante el previsible rechazo de esta argumentación, o la consideración de irrelevancia de la misma, el político insistía en que haría ver los perjuicios ocasionados a familias, niños, etc, y la necesidad de modificar esa situación con otra clase de políticas. O sea, pensaba que podía convencer con “buenos” argumentos.

Esto es, en poco tiempo el limbo va a tener que poner el cartel de “completo”. Y ya sabemos cuales están siendo las consecuencias de tales “ingenuidades” para el pueblo griego; y no hay ninguna duda de lo que significaría para la mayoría del pueblo español si el político mencionado actúa con esa “contundencia” en la defensa de los intereses de los trabajadores.

Si no con estas palabras, pero sí con el mismo sentido, lo que les diría Machiavelli a estos candidatos al limbo sería: “es la lucha de clases, estúpidos”.

Hay una expresión conocida que dice: “En el amor como en la guerra todo vale”. Pues bien, si de la guerra de la que se trata es de la guerra de clases, esta afirmación tiene aún más sentido que nunca. Es obvio, lo estamos viendo, que para los que están a imponer estas medidas austeritarias todo vale. No hay ningún tipo de límite para conseguir sus objetivos: la aplicación de políticas que acaben con todas las conquistas sociales y lleven al aumento del beneficio de los de arriba, de la oligarquía, de los poderes financieros, de la burguesía. No se “cortan”: no hay ningún prejuicio ético, ni político, ni legal.

No hay “universalismo kantiano” que valga: estamos en el “primer nivel de desarrollo moral”, que es la búsqueda del beneficio como único criterio; tanto dan las consecuencias de sufrimientos para los demás; tanto dan las consecuencias de pobreza, hambre, enfermedades, pérdida de hogares ... En fin, que todos sabemos que esos suicidios ocurridos a causa de la crisis (por quedarse sin hogar, por no saber cómo se va a alimentar la familia mañana, por ...) son asesinatos; y todos sabemos quienes son los asesinos. Todos sabemos que los recortes sanitarios matan. Y todos sabemos quienes son los que matan. Que más da¡¡ ¿Eso mejora la cuenta de beneficios? Pues ese es el criterio. Los muertos que se dejen por el camino no cuentan; el único problema es que resulte “antiestético”; o que se les ocurra protestar a los perjudicados: para eso tenemos las leyes y la policía.

Tampoco hay principios políticos que se deban respetar. Y eso con todo el descaro. Si hay que sustituir a políticos elegidos por “tecnócratas”, pues se hace. Todos sabemos que “tecnócrata” no es otra cosa que un político que es “la voz de su amo” y todos sabemos quién son los amos. Si hay que impedir que el pueblo (el pueblo que sea) exprese su opinión, pues se hace; o, por lo menos, se intenta (y luego se le hace pagar si no se consiguió evitarlo). Ya lo dijo muy claro una ministra (que en un país verdaderamente democrático, con un presidente de gobierno verdaderamente democrático, sería cesada fulminantemente por esas palabras): es peligroso preguntarle al pueblo; es peligroso que el pueblo vote. Para ellos la democracia no es un principio político que se deba seguir; no es una guía política. Es sólo un recurso retórico, un hablar, a ver si nos creemos “la ilusión democrática” y, por lo mismo, aceptamos como “voluntad popular” las políticas llevadas a cabo por gobiernos traidores (traidores porque juraron, o prometieron, tener al pueblo como norte de sus decisiones). Simplemente se considera y se dice, con toda la arrogancia del mundo, que nadie ve positivo preguntarle al pueblo (confiando en que a nadie se le ocurra que eso tenga algo que ver con la mencionada democracia). Pero si la pregunta la hacen ellos (para así pretender legitimarse según la antedicha “ilusión democrática”) y resulta que la respuesta no gusta, pues no pasa nada: no se le hace caso. Y punto. 

Si la falsamente denominada “Constitución europea” no resulta aprobada, pues simplemente se busca “otra cosa” que pueda ser aprobada por los que están dispuestos a hacerlo (y que diga, básicamente, lo mismo que esa pseudoconstitución). Si no la aprueban los pueblos, ya la aprobarán los gobiernos y/o los parlamentos. De pasada, habría que ver la representatividad y los valores democráticos de unos gobiernos y parlamentos que aprueban algo que el pueblo acababa de rechazar en referéndum. Pero es igual. ¿Eso ayuda a aumentar la cuenta de beneficios? Pues eso es lo importante. “Democracia”, en realidad, dirían, no es más que una “palabra bonita”. Pero lo primero, lo que cuenta de verdad, son los intereses económicos.

Tampoco la ley, que esos mismos dirigentes se dieron, se respeta. Es que esos dirigentes sí que no son nada ingenuos. Saben el valor de las leyes. Se aplican cuando benefician (y se elaboraron con ese objetivo); pero cuando es posible utilizarlas en su contra, entonces se obvian. No se cumplen, simplemente. O se “inventan” organismos o instituciones que carecen de legislación o soporte legal que determine los marcos, límites y criterios de actuación. Como por ejemplo, habría que preguntarse de qué institución forma parte la famosa “troika” (o también llamada “las instituciones”, o “pandilla de mafiosos terroristas”); qué ley regula su cometido, a que normas responde. O también habría que cuestionarse que “reuniones informales” de cargos políticos y/o económicos toman decisiones relevantes para los pueblos; cómo es eso posible sin que haya que responder a un ordenamiento jurídico que regule todo el proceso. O también si los estatutos del BCE permiten a su gobernador tomar de modo discrecional las decisiones que le dé la gana; o si, por el contrario, tales estatutos determinan el margen de actuación y si él actuó al margen de ellos. En suma, oímos hablar de numerosos grupos de discutible encaje, en cuanto a su funcionamiento, en los tratados aprobados; de numerosos grupos de los que se desconoce la normativa que regula todo su proceder. ¿Es eso posible, que no exista una legislación a la que responder? ¿Para que? Es la pregunta. Ni siquiera hay que “hacer la trampa”; simplemente “se pasa” de la ley.

Cuando el gobierno de Alexis Tsipras comenzó sus primeros pasos, ya se habían tomado decisiones por parte de la mafia terrorista. Todos pensábamos que habría un “plan B” con que responder a esa infamia. Y así estuvimos un tiempo. El pobre ministro de economía griego parecía que tentaba argumentar económicamente; pero eso poco importaba al “consejo de administración” de la oligarquía europea; estos exigían rendición incondicional: había que dar un escarmiento a un pueblo que pretendía que la democracia era algo y que valía para algo. Había que dejar muy claro quien mandaba. Y, como muy bien dijo Carl Schmitt, manda quien tiene la capacidad “de pasar de todo” (de imponer la excepción, “su” excepción, cuando le dé la gana). Pero llegó la convocatoria de referéndum. Y, de nuevo optimistas, tras el pesimismo anterior, en esa absurda negociación que no era tal, pensábamos que volvía a haber partida, que efectivamente existía un “plan B”. Nueva lección de democracia contra el fascismo financiero y contra sus portavoces: resulta muy significativo que no llegue con tener la capacidad de “opinar” en todos los medios: sólo “ellos” tienen real libertad de expresión; además se ven en el deber de mentir de modo contumaz; muy poca confianza en su capacidad de convencimiento: normal¡¡ Y la libertad de expresión no se ve acompañada de la responsabilidad por lo que se expresa. Todo lo contrario; puedes falsear la realidad todo lo que quieras. Y si le “afeas” la conducta a esos pseudoperiodistas, entonces estás atacando la libertad de expresión; si demuestras que mienten, manipulan, tergiversan, eres tu quien no es demócrata: el mundo al revés.

La noche de la gran victoria de la democracia tuvo su final amargo. Todos sabemos por qué dimitió el ministro de economía. De nuevo, la “ingenuidad” de la negociación. No había plan B. Otro Piero Soderini de la vida.

Y una vez más, se impuso a barbarie.

Por lo menos, hay una enseñanza que sacar: como en una partida de ajedrez, hay que tener “plan B” y “plan C” y “plan D”. Hay que prever las jugadas, y más sabiendo la catadura moral, la indecencia política de los que están enfrente; sabemos como juegan; y sabemos que, además, juegan “con malas artes”, que si nos despistamos nos tiran una torre de la mesa con un golpe de la mano, o mueven un peón como si fuera la reina: hacen “trampas”, no respetan ninguna regla: es la lucha de clases, estúpidos¡¡¡

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Las banderas y otros símbolos: ¿importan acaso?

 La respuesta corta es: muchísimo. Estados Unidos, como un todo –en particular los estados del sur que fueron parte del intento de secesión en 1861, algo que se conocía como la Confederación–, se ha embrollado en un apasionado debate que dura ya semanas. El 17 de junio, un hombre joven, llamado Dylaan Roof, autoproclamado supremacista blanco, mató a ocho personas e hirió a muchas otras en la iglesia Emanuel AMF, templo cristiano histórico de los negros de Charleston, Carolina del Sur. Uno de los muertos fue la reverenda Clementa C. Pinckney, quien pertenecía al Senado estatal de Carolina del Sur. La violencia contra las personas negras no es inusual en todos estas entidades. De hecho, sigue siendo frecuente y rara vez se le castiga seriamente. Lo que también es cierto en los estados de la antigua Confederación es el persistente uso de símbolos legales, como la bandera de la Confederación. Se ha utilizado como parte de las banderas de los estados y como parte de las placas automovilísticas. Han existido muchas estatuas en terrenos estatales de personas que fueron prominentes durante la secesión.
Muchas personas, en especial la población negra, han argumentado que estos símbolos son racistas y que en realidad alientan la frecuente violencia. Han hecho un llamado a que se retiren estos símbolos. Sin embargo, por más de un siglo, tales llamados no sólo no fueron escuchados, sino que fueron activamente denunciados. La voz conductora en pos de mantener estos símbolos ha sido una organización conocida como Sons of Confederate Veterans (SCV, por sus siglas en inglés) (Hijos de los Veteranos Confederados).
SCV ha aseverado que estos símbolos meramente honraban los sacrificios de los individuos que lucharon en la guerra. Este grupo ha levantado gran revuelo en aquellos estados en que todo el asunto se considera el tercer carril de la política estatal. Cualquier legislador blanco que llamara a retirar estos símbolos con toda seguridad habría sido derrotado en la subsecuente elección.
Ahora ocurrió algo sorprendente. La matanza fue tan egregia y tan obviamente motivada por el racismo, que los líderes políticos de Carolina del Sur y los estados circunvecinos pasaron por alto eltercer carril y llamaron a la remoción de los símbolos. Y, con bastante prontitud, esto ocurrió en todas estas entidades.
La situación cundió a la legislatura nacional, donde muchos llamaron a que removieran todos los símbolos que honraran a figuras de la Confederación de todas las estructuras controladas por el gobierno federal. Esto sigue deliberándose.
A menos que uno piense que un debate así, acerca de los símbolos, es solamente un fenómeno estadunidense, recordemos el gran número de debates de esta índole, bastante recientes, que ocurren por todas partes. En Ucrania, el gobierno de Kyiv ha tenido un debate importante en torno a la inclusión de los símbolos que hacen referencia al gobierno fascista de Stepan Bandera. La misma defensa de tales símbolos se ofreció en este caso, alegando que los símbolos antecedían a Bandera y que de hecho se referían a una bandera tradicional ucraniana de hace mucho tiempo.
En Rusia, hay un debate acerca de reabrir al público la tumba de Lenin. En Venezuela, la oposición se queja de que el gobierno tiene muchos usos para los símbolos que se refieren a Hugo Chávez. En Francia, la prenda que las mujeres pueden usar en la cabeza públicamente ha sido un debate de por lo menos 20 años. Este debate francés se expandió ahora a otros países del norte de Europa. En España, existe un debate en torno a los símbolos que se mantienen en referencia a la era de Franco. En India, el primer ministro, Narendra Modi, ha llamado a practicar el yoga, lo que muchos consideran un modo de promover los valores hindúes y la preeminencia. Y podríamos proseguir.
Es muy claro que las banderas y otros símbolos nunca son terreno neutral. Importan, y la gente sabe que importan. Pero, ¿por qué importan? Es porque los símbolos crean actitudes tanto como lo que las actitudes crean o se ven reflejadas en los símbolos (o quizá más).
Las banderas y otros símbolos son un instrumento importante para la socialización de los niños. Éstos aprenden lo que se supone deben creer a partir de estos símbolos. A los adultos estos símbolos les recuerdan lo que supuestamente deben creer. Los grupos se sienten justificados para excluir (e incluso asesinar) a miembros que no se conforman al reconocimiento de tales símbolos.
Así que sí. Los símbolos importan. La siguiente cuestión es si importa el cambio de símbolos. Ahora que la bandera de la Confederación ya no ondea en Carolina del Sur, ¿hay menos racismo? ¿Habrá menos racismo contra la población negra? Es bastante posible que no, en el corto plazo. El racismo tal vez esté más encubierto, pero no será menos real. Entonces, ¿para qué molestarnos con cambiar esos símbolos? Porque puede importar en un plazo mayor de tiempo. Es parte de una lucha continua acerca del mundo en que vivimos y que esperamos construir. Es sólo parte de la lucha. Pero necesitamos continuar con esto porque es una parte indispensable de la lucha.
Eso nos lleva al último peligro. Es demasiado fácil que en la lucha contra una serie nociva de símbolos instalemos en nuestro sistema colectivo de valores otra serie nociva de símbolos. No hay una formula mágica en el mundo real, donde muchos grupos luchan por su lugar bajo el sol, y donde somos todos miembros de múltiples grupos que se traslapan. Necesitamos encontrar el espacio para hacer un compromiso común en torno a los símbolos.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/07/25/opinion/018a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

Immanuel WallersteinLa Jornada