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Bosch: el significado de Dialectica

JUAN BOSCH

EL PUÑO DE LA DIGNIDAD Y EL DECORO

Todo problema político, científico o artístico, debe ser visto en desarrollo; es decir, debemos verlo como es y cómo va a ser en el futuro inmediato y también como va a ser más tarde e incluso como serán sus partes cuando se descomponga. Si un problema político no se ve así, en su proyección hacia el futuro, no sabremos nunca adónde nos conducirá lo que vamos a hacer, lo que estamos haciendo o lo que hacen otros, incluyendo en estos a nuestros amigos y a nuestros enemigos.

Ver el problema en sus distintas fases es ejercer el análisis desde el punto de vista estratégico. El que ve así los hechos políticos lleva mucha ventaja sobre los que ven los hechos como si fueran estáticos, es decir, como si se conservaran siempre igual, lo cual es antidialéctico.

SIGNIFICADO DE LA DIALÉCTICA

(…) estuve hablando de la política nacional y de sus pequeñeces dije lo siguiente: “Frente a este panorama quiero llamar la atención de ustedes hacia un hecho que a mí me parece muy importante, porque tal como ocurre en todos los fenómenos de la vida las leyes de la dialéctica operan también en la actividad política. (…) la lucha que se genera y se mantiene en el seno de una sociedad que  al decir que la sociedad dominicana estaba en un proceso de desarrollo no estaba refiriéndome al desarrollismo de que hablan el Dr. Balaguer, el embajador Hurwicht y los partidarios del sistema; hablo del desarrollo que se da en el seno de un conglomerado humano como producto de las luchas de fuerzas opuestas. El concepto revolucionario de desarrollo no es igual al que tienen Balaguer y sus seguidores o el presidente Ford y el liberal McGovern. Para ellos desarrollo es el fortalecimiento económico, militar y político de las clases y los grupos dominantes en los Estados Unidos y en los países satélites de los Estados Unidos, aunque todos los días se mueran de hambre millones de personas en el mundo entero. Si esas minorías dominantes, que aumentan hora por hora la riqueza norteamericana, amplían su poderío económico, militar y político (el de ellas y el de los Estados Unidos), eso es desarrollo.

El concepto de desarrollo que estoy usando en esta conversación contigo es el mismo a que me referí en el mensaje al Comité Central del PLD: hablé entonces y hablo ahora de desarrollo como proceso de transformación; hablo de desarrollo como una marcha de miles de siglos que nos ha traído a los seres humanos desde la animalidad en que vivíamos antes aún de vivir en las cuevas o cavernas, hasta el nivel en que nos hallamos hoy y el nivel en que estaremos dentro de 200 ó 300 años.

Compañero Juan, usted ha dicho varias veces que todos los procesos tienen que ser vistos en desarrollo; es más, ha explicado algunas veces, por lo menos en conversaciones privadas, que el que no ve un proceso social o económico o político en desarrollo no puede ser líder; y naturalmente nosotros entendemos que eso quiere decir que en un desarrollo de cualquier aspecto hay varios procesos. ¿Usted podría explicarnos eso?

Sí, claro. Como acabas de decir, en todo desarrollo hay una suma y hasta una suma de sumas de procesos, y esas sumas pueden ser tan variadas y tan complejas que una vida entera podría ser corta para estudiar todos los procesos de un desarrollo determinado. ¿Qué dirías tú si esta tarde al llegar a tu casa te encontraras en el patio con una mata de mangos parida, a pesar de que estás viviendo en esa casa hace 20 años y nunca viste en el patio ni siquiera una semilla de mango, mucho menos una mata, y menos aun parida? Lo lógico es que le preguntes a alguien si llevaron esa mata y la sembraron ahí después que saliste de tu casa, digamos, después de medio día, porque lo único que podría explicarte a ti la existencia de una mata de mangos parida en el patio de tu casa sería un trasplante hecho por medios mecánicos en dos o tres horas. Y si tu papá y tu mamá te responden que nadie llevó la mata de ninguna parte; que esa mata salió de la tierra a las tres de la tarde y empezó a crecer y a las cuatro y media ya tenía más de diez metros y a las cinco comenzó a echar flores y a las cinco y media las flores empezaron a convertirse en mangos, la reacción tuya será pensar que tu papá y tu mamá creen que tú eres un nenito o que los dos están locos o que tú estás dormido y soñando con que en el patio de tu casa hay una mata de mangos parida.

¿Y por qué creerás esas cosas, o todas juntas o una de ellas?

Porque aunque tú no tuvieras la menor idea de lo que es el desarrollo como resultado de la lucha de los contrarios, aunque jamás hubieras pensado que el desarrollo de algo (sea material, intelectual, moral, social, político) es el producto de la suma de muchos procesos, la vida (no ningún libro, no ningún maestro sino la vida misma) te enseñó que cada mango tiene adentro una semilla, y que una semilla de mango sufre un proceso que la convierte en una matita muy pequeñita, y que esa matita, que durante un tiempo está dentro de la semilla en la cual ha nacido, crece alimentándose de lo que la semilla tiene adentro, y para que siga creciendo hay que enterrarla y pasa a sufrir otro proceso que le permite echar raíces debajo de la tierra y ramitas y hojas fuera de la tierra, porque sin eso no podría crecer, es decir no podría pasar a cumplir el proceso que sigue, que es el del crecimiento para los lados y hacia arriba; y ese crecimiento, esto es, ese nuevo proceso, lo hace tomando alimentos de la tierra, del agua y del aire, así como cuando estaba en la semilla se alimentaba de lo que tenía la semilla adentro; y cuando ha pasado el tiempo (algunos años), y la mata está gruesa y alta, empieza a echar flores. Del corazón de esas flores van a salir unos botoncitos que a su vez van a crecer alimentándose de las flores, de manera que éstas acabarán desapareciendo para darles vida a los botones, y eso es otro proceso. De esos botones, unos fueron tumbados por la brisa y otros crecieron hasta convertirse en mangos chiquitos; es decir, ahí se produjo otro proceso, el del paso de botones a manguitos, pero todavía faltaba el proceso de que los manguitos crecieran y maduraran, y de verdes y lechosos pasaran a tener colores y a ser dulces. ¿Cuántos mangos dio esa mata en esa cosecha? Tal vez 400, tal vez 500, pero observa que todos salieron de un solo mango, del mango que alguien se comió y en vez de botar la semilla la usó para sembrarla; y ahí tienes tú en todo el desarrollo de ese mango, que pasó a ser semilla, y de ahí pasó a ser una matita, y de ahí a ser una mata, y de ahí a florecer y echar botones y tener mangos; ahí tienes tú un desarrollo en el que se cumplieron varios procesos; es decir, una suma de procesos dio un desarrollo natural que se reproduce millones y millones de veces, donde quiera que hay mangos. Los mangos a que acabo de referirme pueden pasar por otros procesos, pero no ya dentro del desarrollo natural que le corresponde a la fruta que llamamos mango sino en otra esfera, en otro terreno; en el terreno de los hechos sociales, pues o se los come la familia dueña de la mata o lo tumban los tigueritos del barrio a palos o se venden en el mercado o hacen dulces con ellos.

¿Crees que he explicado lo que quise decir cuando afirmé hace un rato que en un desarrollo dado, cualquiera que sea, hay una suma de procesos?

¿Sí? Pues bien, repito lo que tú mismo has recordado que he dicho más de una vez: el que no es capaz de ver intelectualmente, en su cerebro, que todos los procesos son partes de determinados desarrollos; o lo que es lo mismo, el que no ve el desarrollo como un fenómeno que se cumple a través de varios procesos sucesivos, es decir, que van siguiendo uno al otro; ése no puede dirigir políticamente a nadie. Ahora bien, los procesos que se van sumando para dar un desarrollo determinado se cumplen, se realizan, se llevan a cabo a base de la lucha de los contrarios, y en el terreno concreto de la actividad política nacional, el desarrollo del PLD es la respuesta dialéctica, la de lo nuevo que representa al porvenir a lo viejo que representa el pasado, al estado de miseria moral e intelectual en que se ahoga la gente que (…)gobierna este país y a la penosa incapacidad de los partidos, especialmente a una mayoría de los partiditos de izquierda.

DIALECTICA

Compañero presidente, usted ha mencionado hoy varias veces la palabra dialéctica. Ahora mismo acaba de pronunciarla, y a nosotros nos parece que en los círculos revolucionarios dominicanos hay  confusión en lo que se refiere a ella. ¿Usted podría explicar para los lectores de Vanguardia del Pueblo qué significado tiene la palabra  dialéctica?

Bueno, trataré de hacerlo, pero con la salvedad de que se trata de un tema bastante complicado. En primer lugar, debe entenderse que cada vez que hablo de dialéctica me refiero a la dialéctica materialista, a la que Federico Engels describió como la ciencia que estudia la evolución o las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento.

Ahora bien, una cosa es la Dialéctica como ciencia, tal como la describió Engels, y otra cosa es la dialéctica como método para investigar lo mismo los fenómenos naturales que la sociedad humana que el pensamiento del hombre. Según entiendo yo (y si estoy equivocado pido que se me rectifique), como método de investigación la dialéctica es lo que nos permite identificar o descubrir a los contrarios que luchan en cada proceso, o mejor dicho, en el caso concreto de cada proceso (y lo digo así porque los contrarios en un proceso pueden no ser los contrarios en el proceso que le seguirá dentro de una misma línea de acontecimientos). La dialéctica como método de investigación es lo que nos permite saber cómo llevan los contrarios su lucha hacia adelante, o cómo la llevaron en un pasado histórico determinado. La dialéctica como método de investigación les permitió a Marx y a Engels darse cuenta de que los contrarios en la lucha social y política de su tiempo y del porvenir eran y serían los obreros y los capitalistas, pero también les permitió ver que en el siglo XIII los contrarios en lucha habían sido los señores feudales y los burgueses.

Creo que lo más importante en el uso (correcto, desde luego) de la dialéctica como método de investigación es que nos permite hacer un análisis de la lucha de los contrarios en los momentos diferentes que forman en conjunto, por un lado, la totalidad del proceso, y por el otro, la suma de los procesos que a su vez darán forma a un hecho histórico. En pocas palabras, el método dialéctico de investigación, si es usado correctamente, nos permite comprender los acontecimientos históricos en toda su riquísima complejidad y a la vez nos permite comprender, también en toda su complejidad, un proceso limitado que sea parte de un acontecimiento histórico; nos permite ver a un tiempo lo grande y lo pequeño que se relacionan entre sí, que son los dos a la vez cada uno parte del otro; nos permite, en fin, ver lo que se ve y ver lo que no se ve, y como muy a menudo lo que no se ve es más importante que  lo que se ve, el método dialéctico de investigación nos orienta con precisión hacia la verdad.

Si te basta con lo que he dicho, me sentiré satisfecho de haber respondido a tu pregunta; pero si no te basta tendré que pedirte que no sigamos con ese tema que es demasiado abstracto (o elevado, para decirlo con las palabras del pueblo) y puede cansar a los lectores.

 (…) me veo en el caso de ampliar esas palabras con otras que no dije en el mensaje, y esa ampliación consiste en explicar que cuando hablaba de calidad estaba refiriéndome a una cualidad, a la cualidad de lo nuevo; porque lo que nosotros estuvimos representando durante un tiempo en el PRD era algo nuevo en el PRD, algo distinto a lo que era el PRD; representábamos una posición nueva ante la vida y por tanto ante la política, mientras que la generalidad de los que dirigían al PRD representaban lo viejo, lo antiguo; representaban ideas atrasadas. Algunos de ellos hablaban de cosas nuevas pero actuaban siguiendo ideas viejas. En la generalidad de esos dirigentes no había la menor inquietud por las ideas nuevas y ni siquiera por los hechos viejos. Peña Gómez, por ejemplo, dijo que él había hecho que una convención del PRD (no recuerdo cuál) aprobara provisionalmente como tesis del Partido de la Dictadura con Respaldo Popular, pero jamás leyó el libro donde expuse esa tesis; hablaba de su antiimperialismo, pero creía que los liberales de Washington eran luchadores contra el imperialismo.

En varios mensajes al Comité Ejecutivo Nacional del PRD hablé de la lucha entre lo nuevo y lo viejo que estaba llevándose a cabo dentro del partido, y esos dirigentes, encabezados por Peña Gómez, no entendieron ni jota. Era como hablarles en árabe.

Y naturalmente llegó el momento en que sucedió lo que tenía que suceder: que lo nuevo se separó de lo viejo y formó el PLD. Llegó un momento en que dentro del PRD no podíamos convivir los partidarios de lo nuevo y los partidarios de lo viejo porque dentro del partido había una lucha de clases y los partidarios de lo viejo eran los jefes ideológicos y los representantes en el PRD de los sectores de la derecha nacional no Balaguerista, o no wessinista, pero derecha al fin, y como derecha tenía una cosa en común con el balaguerismo o el wessinismo: su estrecho nexo con los que gobiernan en los Estados Unidos.

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JUAN BOSCH : EL FRACASO DEL SITEMA

JUAN BOSCH EN 1969  DECÍA :”NO ES EL PUEBLO DOMINICANO QUE HA FRACASADO, ES EL SISTEMA EN QUE HA VIVIDO EL QUE HA FRACASADO”

No nos hagamos ilusiones. No es con ayuda norteamericana como nosotros podemos solucionar nuestros problemas. Nuestros pueblos han llegado a la situación que dicen los números copiados en este trabajo en los años que más grande ha sido la expansión del bienestar en otros países del mundo, especialmente en los Estados Unidos.

Lo que tenemos que prever es lo que sucederá cuando en esos países se presente una crisis económica. No hay soluciones extranjeras. Esas soluciones han fracasado completamente. Este fracaso fue reconocido por el presidente Nixon cuando al hablar en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington, el 15 de abril, en ocasión de la celebración del Día de las Américas, dijo que el crecimiento de la economía latinoamericana no era más grande que cuando se inició ocho años atrás el programa de la Alianza para el Progreso. “La proporción de crecimiento [económico de la América Latina] es menor que la de los países no comunistas del Asia”, declaró Nixon en esa oportunidad (ver “Nixon Cast Doubt on Future of the Alliance for Progress”, en International Herald-Tribune, Paris, April 16, 1969, p.1). Pero antes de que el presidente de los Estados Unidos admitiera el fracaso de la Alianza para el Progreso había sido admitido en los centros directores de aquel país el fracaso total de toda la política elaborada para el desarrollo de la América Latina. Durante años y años los expertos en el asunto estuvieron hablando de que había que cambiar las estructuras, pero de pronto comenzaron a hablar de otra cosa; empezaron a decir que la causa del atraso latinoamericano era el aumento de la población, y luego empezó a decirse que si no se contenía ese aumento no podría haber desarrollo.

En 1968 se había generalizado en los Estados Unidos y en los círculos sociales y económicos más altos de nuestros países la idea de que para que la América Latina progresara era necesario evitar que siguieran naciendo tantos latinoamericanos. Esa era la manera más falsa de decir que los planes habían fracasado, que las perspectivas hacia el porvenir indican que éste será peor que el pasado. Nada es más absurdo que la idea de confiar la solución de los problemas latinoamericanos al control de la natalidad, pues si es verdad que el ser humano que va a nacer consumirá más comida, más ropa, más electricidad, más vehículos, más medicinas y más libros, también es verdad que sólo el ser humano produce esas cosas, y en consecuencia lo que hay que hacer no es evitar que el ser humano se multiplique; lo que debe hacerse es poner al ser humano en condiciones de que multiplique los bienes que necesita para producir los artículos que él consume. Ahora bien, ¿por qué se cree que debe suprimirse el nacimiento de más latinoamericanos? Porque se cree que el latinoamericano es un hombre que no tiene condiciones para enfrentar las tareas del desarrollo, y ésa es una idea racista y discriminatoria, que los latinoamericanos tenemos que rechazar con energía.

 No somos nosotros los que hemos fracasado; ha sido el sistema social, económico y político en que hemos vivido. En vez de suprimir la vida de los latinoamericanos que van a nacer debemos dedicarnos a crear para nosotros y para ellos una sociedad más libre, más rica y más justa, en la que con el esfuerzo de todos aseguremos la libertad, la riqueza y la justicia para todos, no para una minoría. Pues el sistema ha fracasado para los pueblos, no para las minorías privilegiadas, y mientras ese sistema no sea destruido y pongamos otro en su lugar, las minorías seguirán gozando de privilegios y las mayorías seguirán siendo esclavas, seguirán padeciendo miseria y seguirán sufriendo injusticias. El sistema en que hemos vivido hasta ahora ha sido el mismo que establecieron en nuestras tierras los españoles, los portugueses, los ingleses, los franceses, los holandeses; ese sistema evolucionó en otras partes de América y del mundo pero no en nuestros países, y dados los cambios que se han hecho en la Humanidad, ya no podrá evolucionar en la América Latina tal como evolucionó en otras partes. Nuestra organización social se quedó en una etapa atrasada debido precisamente a que el progreso en otras regiones de América produjo fuerzas que ahogaron en la América Latina el desarrollo capitalista e impidieron que nuestras estructuras sociales se formaran según el modelo de la sociedad capitalista. Las estructuras sociales dependen de la forma en que se relacionan los hombres y los medios de producción.

 En los países donde toda la sociedad, a través de sus organismos superiores gobiernos y otras instituciones—, es la dueña de todos los medios de producción, el sistema económico y social se llama socialista; aquellos donde la dueña de los medios de producción es una clase llamada burguesía, el sistema económico se llama capitalista y el sistema político es la democracia representativa, organizada generalmente en repúblicas, federales o unitarias, y algunas veces monarquías de las llamadas constitucionales, en las que los reyes representan al país, pero no lo gobiernan. En el caso de la América Latina hay repúblicas que se llaman a sí mismas democracias representativas, pero no lo son, pues aunque vivimos dentro del sistema capitalista los medios de producción no pertenecen en su totalidad a las burguesías nacionales. ¿Quiénes, pues, dominan los medios de producción en la América Latina? Los dominan las oligarquías, y éstas son frentes formados por clases y sectores de clases, que resultan económicos, sociales y políticamente más fuertes que los grupos burgueses debido a que en esos frentes oligárquicos figuran los intereses norte-americanos, cuyo poder es más grande que el de todos los demás componentes de las oligarquías juntos. Los grupos burgueses latinoamericanos son arrastrados por esos frentes oligárquicos y conviven con ellos, especialmente con el componente norteamericano de esos frentes, situación a que los obliga su debilidad; pero no forman parte de ellos, y desde luego no los dirigen.

Las oligarquías latinoamericanas están dirigidas por el antiguo imperialismo, que ha sido sustituido ahora por el Pentagonismo. Es éste el que en todos los casos de crisis decide en última instancia qué debe hacerse en cada uno de nuestros países. Cuando no ha llegado la hora de la crisis, la vida de los pueblos latinoamericanos es dirigida por los sectores nacionales de las oligarquías, y dado que estos tienen métodos e ideas precapitalistas, aunque viven en países capitalistas, no están capacitados para llevar a cabo el desarrollo latinoamericano. Hemos oído durante años y años decir que la burguesía de la América Latina es una aliada del imperialismo norteamericano y que ésa es la causa de nuestro atraso. Eso puede ser verdad en aquellos países donde la oligarquía fue destruida y su lugar en la composición social pasó a ser ocupado por una burguesía nacional, como ocurrió en México; en los que disponen de dinero suficiente para impulsar la formación de una burguesía con fondos del Estado, como Venezuela.

Pero en la mayoría de nuestros países la situación es otra; los grupos burgueses no se hallan aliados al imperio-pentagonismo; son arrastrados por los frentes oligárquicos, y estos a su vez son dirigidos por el imperio-pentagonismo. Análisis de las sociedades de la América Latina Lo primero que nota cualquier observador de los fenómenos sociales es que la América Latina se halla organizada según las leyes del sistema capitalista y sin embargo no ha podido desarrollarse ni siquiera lo indispensable para mantener el grado de estabilidad política que ese sistema necesita. ¿Cómo se explica eso? ¿Dónde están las causas del atraso y de la consecuente inestabilidad política de la América Latina? En el sistema capitalista el desarrollo es dirigido y realizado por la burguesía, y en países donde la burguesía no tiene el mando político, social y económico total no puede haber desarrollo capitalista.

 El espectáculo de la falta de desarrollo en la América Latina debió llevar a los entendidos en la materia a la conclusión de que faltaba la clase que dirige al desarrollo capitalista o si esa clase existía no se hallaba al frente de la sociedad; y esa conclusión debió haber conducido también a los expertos a preguntarse tres cosas; primera, por qué esa clase faltaba o por qué no se hallaba al frente de la sociedad; segunda, quién ocupaba su lugar; y tercera, cómo estaban organizadas nuestras sociedades, en vista de que siendo capitalistas no lo estaban según el modelo europeo o norteamericano. Responder a esas preguntas requiere hacer un poco de historia, aunque sea de manera rápida. En la mayoría de los países de la América Latina las fuerzas sociales determinantes a principios de este siglo eran las oligarquías terratenientes, comerciales y bancarias; en los más retrasados eran el comercio exportador e importador, que se hallaba en muchos casos en manos extranjeras, y a él se aliaban la alta y la mediana pequeña burguesía y los grupos latifundistas. Desde las guerras de la independencia, iniciadas hacia el 1810, las luchas de los sectores oligárquicos entre sí, o las de las pequeñas burguesías en los países más retrasados, mantuvieron a América Latina en constante desorden; fue la época de las llamadas “revoluciones” y de los generales-presidentes y dictadores, y sólo había paz cuando un sector oligárquico se le imponía a otro mediante una dictadura —por ejemplo el sector comercial al latifundista, o viceversa— o cuando de la baja o la mediana pequeña burguesía surgía un hombre fuerte que se proponía establecer en su país las reglas de las sociedades burguesas. En el último caso, la dictadura se veía obligada a asociarse a un sector oligárquico, o bien al comercial o bien al latifundista, y acababa siempre destruida para dar paso a un gobierno de la oligarquía o a situaciones de luchas armadas que hacían retroceder al país a sus niveles anteriores.

 Ejemplos de este caso fueron las dictaduras de Ulises Heureaux en la República Dominicana y la de Santos Zelaya en Nicaragua. A principios de este siglo la burguesía no había podido desarrollarse más allá de la etapa del comercio exportador e importador, y éste no tenía capacidad para salirse del frente oligárquico porque se hallaba estrechamente unido por un lado a los grandes propietarios, pues vendía en el extranjero lo que ellos producían —café, cacao, algodón—, y por el otro lado al capital industrial extranjero, puesto que también vivía de importar los artículos industriales extranjeros. Esa doble alianza convertía a la llamada burguesía comercial en un dependiente de latifundistas y productores extranjeros, y un dependiente no dirige nunca; a él lo dirigen. Cuando comenzó la penetración de los capitales imperialistas norteamericanos en la América Latina movimiento que en algunas partes del Caribe y de México se inició antes de 1890—, el imperialismo halló que no tenía en nuestros países burguesías competidoras y que le era fácil y beneficioso aliarse a los frentes oligárquicos, puesto que estos dominaban generalmente los gobiernos, de manera que a través de ellos el imperialismo podía obtener las concesiones gubernamentales que necesitaba. Esa alianza resultaba lógica porque al penetrar en la América Latina el imperialismo lo hizo también como latifundista, en el sentido de que necesitaba grandes extensiones de tierra para producir bananos en América Central, azúcar en Cuba y Santo Domingo, o para explotar minas en México. Los grandes propietarios de nuestros países tenían necesariamente que entenderse con los grandes propietarios norteamericanos, y como estos llegaban a establecer explotaciones capitalistas en sus latifundios, mientras nuestros latifundistas seguían explotando sus tierras con mentalidad pre-capitalista, los últimos caerían rápidamente, como cayeron, al nivel de servidores políticos, sociales y económicos de los primeros, y tras ellos cayeron también sus aliados, los comerciantes exportadores-importadores. Desde el primer momento, pues, se inició un proceso casi natural de colonización, mediante el cual los sectores dominantes de las sociedades latinoamericanas reconocieron como su jefe al imperialismo norteamericano. Esto llegó a tales extremos que en algunos países —Cuba en 1908, Nicaragua en 1909— los componentes nacionales de las oligarquías llamaron a los norteamericanos a intervenir militarmente en sus países. El proceso no se desarrolló al mismo tiempo en toda la América Latina.

En algunos lugares se dieron condiciones especiales que permitieron cierto grado de capitalización y con él la ampliación comercial y la aparición de algunos débiles grupos burgueses, e incluso hasta la formación de bancos. Por ejemplo, Chile fue en el siglo pasado un fuerte exportador de nitratos para Europa; Argentina y Uruguay vendían también desde el siglo pasado carnes y lanas a Europa. En otros países, la capitalización que más influyó en la composición social fue la que produjo la Primera Guerra Mundial. La acumulación de capitales provocada por la Primera Guerra Mundial dio lugar a la formación de grupos burgueses, pero casi siempre asociados al sector comercial exportador-importador, y como éste se encontraba ya dentro del frente oligárquico y el imperialismo era quien tenía el mando de ese frente, esos grupos burgueses nacieron sometidos al imperialismo. En ciertas regiones de América Latina los capitales imperialistas eran europeos, y especialmente ingleses; en otras eran norteamericanos, pero en líneas generales actuaban en forma igual o parecida. En algunos países, sin embargo, se había formado burguesía en el siglo XIX, y ésta se alió a las oligarquías antes de la penetración imperialista, y así se vio el caso de Chile, por ejemplo, donde esa alianza produjo un régimen de democracia formal, con gobiernos estables, o el de Uruguay, con una democracia urbana bastante avanzada.

En otros la lucha entre la burguesía y la oligarquía se planteó en forma sangrienta, como sucedió en México en 1910. En otros los débiles sectores burgueses fueron representados en el terreno político por partidos cuyos líderes pro-cedían de la pequeña burguesía. La época de los golpes de Estado militares, que vino a sustituir la de las revoluciones, fue una etapa de luchas entre las oligarquías que no aceptaban su derrota política, y los débiles grupos burgueses, que pretendían conquistar el poder político. Esa etapa de luchas se inició hacia el 1930 y no había terminado todavía en 1968, año en que se dieron golpes de Estado en el Perú, Panamá y Brasil; en este último país, el golpe de 1968 fue dado dentro de las fuerzas que habían dado el de 1964, de manera que fue un golpe militar dentro de otro golpe militar. En lo que podríamos llamar su forma más clara, el mecanismo de los golpes ha sido el siguiente: La burguesía ha conquistado el poder mediante elecciones a través de un partido dirigido por pequeños burgueses y la oligarquía la ha derrocado mediante un golpe de Estado militar. A partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya el imperialismo se había convertido en el integrante más poderoso de las oligarquías latinoamericanas, o por lo menos de la mayoría de ellas, los golpes de Estado militares contra los regímenes que pretendían desarrollar burguesías fueron decididos por los agentes imperialistas en favor de las oligarquías. ¿Qué llevaba al imperialismo a actuar así? Su decisión de impedir que en la América Latina se formaran grupos, sectores o clases que pudieran competir con él, que pudieran arrebatarle un territorio donde las empresas imperialistas ganan dinero con más seguridad, más facilidad, más rapidez y menos limitaciones que en su propio país. Para impedir la formación de esos grupos, sectores o clases, el imperialismo necesitaba aliados en la América Latina, gente que actuara bajo sus órdenes, y esos aliados eran los frentes oligárquicos. Un estudio de la gente que ha organizado los golpes de Estado en la América Latina arrojaría mucha luz en el terreno social y económico. Los golpes de Estado han sido organizados por las oligarquías, con muy pocas excepciones; en cambio, las revoluciones fueron organizadas o por burgueses —Francisco Madero, en México; José Figueres, en Costa Rica— o por pequeños burgueses —Acción Democrática de Venezuela en 1945, Fidel Castro en Cuba—, y el proceso electoral era encabezado en todos los casos por partidos pequeños burgueses de ideología democrática. Los bancos centrales, instituciones típicamente burguesas, comenzaron a organizarse después que empezaron a formarse burguesías. Por eso no había ninguno antes de 1923. Ese año se fundó el de Colombia; los de Chile y México se fundaron en 1925; el de Ecuador en 1927, el de Bolivia en 1929, el de Perú en 1931, el de El Salvador en 1934, el de Argentina en 1935, el de Venezuela en 1939. En la mayoría de esos bancos centrales tenían representantes los bancos privados de las oligarquías, que se habían desarrollado financiando el comercio exportador-importador. Los restantes bancos centrales se fundaron a partir de 1945, cuando terminaba la Segunda Guerra Mundial, y ese sólo hecho da idea de que nuestros países no eran sociedades en cuya cúspide estaban las burguesías nacionales, como se ha venido asegurando durante años. El Banco Central de Guatemala se fundó en 1945, el de la República Dominicana en 1947, el de Cuba en 1949, el de Costa Rica en 1950, el de Honduras en 1951, el de Paraguay en 1952, el de Nicaragua en 1960, el de Brasil en 1965, el de Uruguay en 1967. Costa Rica había nacionalizado la banca, que era toda costarricense, a raíz de la revolución de 1948. Un análisis de las sociedades latinoamericanas demuestra que nuestros países han estado dominados por frentes oligárquicos, no por burguesías, y que en esos frentes oligárquicos figura el imperialismo, ahora sustituido por el gran capital pentagonista, y por tanto las luchas de los pueblos debieron ser llevadas a cabo contra los frentes oligárquicos, no contra burguesías que por su estado de debilidad frente a las oligarquías no eran fuerzas enemigas determinantes.

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JUAN BOSCH: LA HISTORIA DEL CONFLICTO HISTÓRICO RD. Y HAITI.

EN SU 106 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO.

¡JUAN BOSCH UN HOMBRE DE SIEMPRE!

A continuación presentaremos la historia de un conflicto entre la República Dominicana y la República de Haití, precisamente en el gobierno del Profesor Juan Bosch,en el año 1963. El conflicto pudo devenir en una guerra entre los dos Estados. Dejemos al propio Profesor Juan Bosch que nos narre los pormenores de esa historia.

TOMADO DEL CAPITULO XVII  DEL LIBRO: “CRISIS DE LA DEMOCRACIA DE AMÉRICA EN LA REPÚBLICA DOMINICA”

  XVII– EL CONFLICTO CON HAITÍ

Hoy se le llama a Cuba la “Perla de las Antillas”; ese sobrenombre, sin embargo, había sido originalmente dado a la isla Española, antigua Santo Domingo o Saint-Domínguez.

En realidad, la altura de sus montañas, la densidad y la riqueza de sus bosques, la abundancia de aguas, la extensión, el número y la asombrosa fertilidad de sus valles justificaba que se le llamara así. Fue un hecho político lo que la degradó a los ojos de los viajeros y los estudiosos; y ese hecho político consistió en la división de la isla en dos países de historia, lengua y origen diferentes: Haití y la República Dominicana. Cuando la isla quedó dividida, dejó de llamarse la “Perla de las Antillas”.

La presencia de Haití en la parte occidental de la isla Española equivalió a una amputación del porvenir dominicano. Lo que era el porvenir visto desde mediados del siglo XVI es, en la segunda mitad del siglo XX, un pasado de más de trescientos años. Así, los dominicanos no podemos escribir nuestra historia ignorando ese pasado, pues todo el curso de la vida de nuestro pueblo en las tres últimas centurias ha sido configurado por ese hecho: la existencia de Haití al lado nuestro, en una isla relativamente pequeña.

La existencia del Pueblo dominicano fue el resultado de la expansión española hacia el oeste; la de Haití, el resultado de las luchas de Francia, Inglaterra y Holanda contra el imperio español. De manera que al cabo de los siglos, los dominicanos somos un pueblo amputado a causa de las rivalidades europeas. Nuestra amputación no se refiere al punto concreto de que una parte de la tierra que fue nuestra sea ahora el solar de otro pueblo; es algo más sutil y más profundo, que afecta de manera consciente o inconsciente toda la vida nacional dominicana. Los dominicanos sabemos que a causa de que Haití está ahí, en la misma isla, no podremos desarrollar nunca nuestras facultades a plena capacidad; sabemos que un día u otro, de manera inevitable, Haití irá a dar a un nivel al cual viene arrastrándonos desde que hizo su revolución. En aquellos años finales del siglo XVIII y los primeros del siglo XIX, nadie quiso invertir un peso en desarrollar, por ejemplo, la industria azucarera dominicana, por miedo a las invasiones de Haití. El azúcar y el café de Haití habían dejado de fluir a los mercados de Europa y de los Estados Unidos, y aunque ninguna tierra era más apropiada para producirlos que la de Santo Domingo, los capitales para suplir la producción haitiana prefirieron ir a Cuba. El desarrollo de Cuba comenzó entonces; en cambio, el de nuestro país se estancó, primero, y descendió luego, pues la gente más capaz y más acomodada económicamente abandonó la parte española de la isla por miedo a la revolución haitiana.

La isla Española tenía frente a su costa noroccidental una pequeña isla adyacente, La Tortuga; el Gobierno colonial español abandonó La Tortuga porque le era costoso en hombres y en dinero defenderla de incursiones inglesas y francesas, y así fue como La Tortuga pasó a manos de piratas franceses y más tarde a manos del Gobierno francés. Desde La Tortuga, poco a poco, los blancos franceses fueron acomodándose en los pequeños valles fértiles de la parte norte del oeste de la Española; fueron llevando esclavos y organizando plantaciones de caña y de índigo, de manera que cuando España vino a darse cuenta, ya había en su colonia una población de franceses que se consideraban por derecho de conquista colonos franceses, parte del imperio colonial de Francia, sin deber de obediencia al Gobierno español. Al principio, esa colonia francesa de facto se llamaba Saint-Domínguez; después pasó a llamarse Haití. Al principio, España la dejó estabilizarse por indolencia; después, tuvo que reconocer su existencia, y al cabo, en el siglo XVIII, debilitada por su continuo guerrear en Europa, España admitió que Haití era de derecho colonia de un poder extranjero.

He contado con ciertos detalles lo que pasó en la colonia de Haití cuando los esclavos se rebelaron contra sus amos a consecuencia de la agitación que produjo en la colonia la Revolución Francesa; lo hice en mi libro Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo. No voy, pues, a repetirme; pero sucintamente explicaré que de esa rebelión surgió, al comenzar el siglo XIX, la República de Haití, y que ésta tenía ya dieciocho años de vida cuando los dominicanos se declararon independientes de España y protegidos de Colombia.

Menos de dos meses después de esa acción política dominicana, los ejércitos de Haití cruzaron la frontera y extendieron su gobierno a toda la isla. Así se explica por qué la República Dominicana, establecida en 1844, surgió en guerra contra Haití y no contra España, que había sido su metrópoli original.

Esa guerra, que en la historia dominicana se conoce con el nombre de “guerra de independencia” —aunque en los días en que se llevaba a cabo se llamaba, con mayor propiedad, “de separación”— fue la culminación de una lucha larga, que se había iniciado desde el siglo XVII, que se mantuvo prácticamente todo el siglo XVIII, y que tuvo a principios del siglo XIX páginas sombrías con las invasiones de Toussaint, de Dessalines y de Cristóbal. Los dominicanos, pues, formaron su sentimiento nacional peleando, primero contra los franceses de la región occidental, y después contra sus herederos, los haitianos.

Me veo en el caso de repetir ahora lo que dije en mi libro sobre Trujillo acerca de la revolución haitiana: ha sido la única revolución en la historia moderna que fue a la vez guerra de independencia —de colonia contra metrópoli—, guerra social —de esclavos contra amos— y guerra racial —de negros contra blancos—. La violencia de esas tres guerras en una resultó devastadora; en términos absolutos, no relativos, los antiguos esclavos destruyeron toda la riqueza acumulada en Haití durante la colonia, y esa riqueza era mucha. Sin embargo —y esto no lo dije en aquel libro porque estaba haciendo el análisis de un problema dominicano, no haitiano— sucede que en cierta medida, el aspecto destructor de la revolución haitiana ha sido continuo; de hecho, Haití ha seguido, a lo largo de su vida independiente, en guerra constante contra todo núcleo humano y social que pudiera convertirse, por cualquier vía, en sustituto de los colonos franceses.

Esa especie de guerra social perpetua, que en su origen fue de negros contra blancos —debido a que los negros eran los esclavos y los blancos los amos—, derivó después hacia la matanza de los mulatos y se ha conservado como lucha sin cuartel de los negros contra los mulatos. Las carnicerías de los tiempos de Soulouque, en que los mulatos eran las víctimas, encogen el ánimo del que estudia la historia de Haití. Ahora bien, sucede que los mulatos eran los que —tal vez por ser hijos de blancos, y por tanto disponían de más medios— se preparaban para ser burócratas, comerciantes, profesionales; formaban élites que al principio no tenían sustancia económica pero que al final adquirían bienes, con lo cual amenazaban convertirse en minorías con poder económico. Al mismo tiempo que esas matanzas, con sus naturales consecuencias de inestabilidad política, retardaban el desarrollo del país, los gobernantes usaban el poder para hacer negocios, para enriquecerse y sacar dinero hacia Europa o —más recientemente— hacia Estados Unidos; de donde resultaba que se expoliaba a un pueblo pobre, se le robaba a la miseria. Y al tiempo que eso iba sucediendo década tras década, la población haitiana crecía, su tierra se erosionaba, los medios del Estado eran cada vez menos de los que se necesitaban para darle al Pueblo educación y salud. Fue así como de manera natural, como rueda una bola por un plano inclinado, Haití vino a caer bajo la tiranía de François Duvalier, quien tenía ya años gobernando cuando se estableció en la República Dominicana el régimen democrático que me tocó presidir.

Duvalier corresponde a un tipo psicológico que se halla en las sociedades primitivas; el hombre que a medida que va adquiriendo poder de cualquier clase va llenándose por dentro de una soberbia que lo transforma día a día físicamente, lo envara, le da insensiblemente la apariencia de un muñeco que se yergue y se yergue hasta que parece que va a caerse de espaldas o que va a volar; al mismo tiempo, los párpados bajan, la mirada se torna fría y adquiere un brillo como de hechicería, el rostro se inmoviliza gradualmente y la voz va haciéndose cada vez más imperativa y sin embargo más baja y escalofriante. En esos seres, la conciencia del poder se traduce en transformaciones físicas; crean en torno suyo una atmósfera que es como una emanación de brujos, y como sucede que a esos cambios van correspondiendo otros en el seno de su alma, mediante los cuales se hacen gradualmente insensibles a todo sentimiento humano hasta llegar a ser puros receptáculos de pasiones sin control, esos hombres acaban siendo peligrosos porque se niegan a aceptar que son simples seres humanos, mortales y falibles, y no delegados vivos de las oscuras fuerzas que gobiernan los mundos.

El que desee comprobar la verdad de lo que acabo de decir no tiene sino que tomar una fotografía  de François Duvalier hecha en 1955, por ejemplo, y otra hecha en 1964. Son dos hombres diferentes, versión haitiana de los dos Dorian Gray de Oscar Wilde.

En el lado sur de la frontera que divide a la República Dominicana de Haití se ven de tarde en tarde tipos a lo Duvalier; labriegos que eran gente corriente y moliente hasta la hora en que se sintieron poseídos por un poder que ellos llaman “religioso”, y empezaron a dictar recetas, a recomendar curaciones, a crear ritos propios, y con ello comenzaron a cambiar de aspecto hasta convertirse en estampas de caudillos de pueblos de la selva. Son locos con poderío, como en un nivel más alto lo fue Hitler.

Ignoro debido a qué, tan pronto resulté electo Presidente,  Duvalier resolvió matarme. Tal vez soñó conmigo e interpretó el sueño como una orden de quitarme la vida; quizá en un acceso de hechicería vudú uno de sus espíritus protectores le dijo que yo sería su enemigo. Es el caso que escogió un antiguo agente del espionaje de Trujillo, que había sido Cónsul de Haití en Camagüey —Cuba— y le encargó mi muerte. Durante toda la campaña política, yo no me había referido ni una sola vez a Duvalier. La Unión Cívica hizo varias declaraciones acerca de su tiranía, y si no recuerdo mal el doctor Fiallo se refirió también a él. Pero yo no lo hice porque no me parecía prudente meter en Santo Domingo problemas ajenos y además, porque si yo resultaba elegido Presidente de la República, no era cuerdo que llegara a esa posición comprometido en el orden internacional por declaraciones hechas al calor de la campaña política. Yo no me había ganado, pues, enemistad de Duvalier; era gratuita, aunque debe presumirse que de origen extrahumano. Por todo lo que he dicho acerca de la actitud del Pueblo dominicano en relación con la existencia de Haití, y por lo que he relatado brevemente sobre las largas hostilidades entre dominicanos y haitianos, debe presumirse cuál fue la reacción de los dominicanos cuando de buenas a primeras llegó a Santo Domingo, dada a través de una estación de radio, la noticia de que fuerzas policíacas de Duvalier habían asaltado el local de nuestra embajada en Puerto Príncipe, capital de Haití. En una hora, el Pueblo estaba agitado, los partidos políticos se reunían, las estaciones de radio lanzaban boletines al aire y al Palacio Nacional llegaban montones de telegramas denunciando la agresión.

Hacía algunas semanas que en Haití se producían actos de terrorismo contra el Gobierno de Duvalier; éste había solicitado el retiro de la misión militar norteamericana; altos jefes militares eran depuestos y encarcelados; un señor Barbot, que había sido el fundador de la milicia armada de Duvalier —los tonton macutes, asesinos tenebrosos— daba asaltos aquí y allá, en los alrededores de Puerto Príncipe; civiles y militares perseguidos se asilaban en las representaciones diplomáticas de la América Latina, y la dominicana tenía varios asilados.

Un día llegó a la embajada de nuestro país un teniente haitiano de apellido Benoit y pidió asilo, que se le concedió, desde luego; al día siguiente, los hombres de Barbot dispararon contra el automóvil de Duvalier, que llevaba a los hijos del dictador a la escuela. La respuesta de Duvalier fue instantánea: mandó asaltar la Embajada dominicana y al mismo tiempo sus matones entraron en la casa de la familia de Benoit, dieron muerte a todos los que había allí —incluyendo la madre de Benoit y una niña— y quemaron la vivienda. Duvalier, pues, había agredido a la República Dominicana en su representación diplomática.

Ese día era domingo, y si no recuerdo mal, estábamos a principios de mayo. De súbito comenzaron a llegar noticias que daban indicios de que Duvalier tenía un plan: familiares de Trujillo estaban arribando a Haití, guardias haitianos armados rodeaban la Embajada dominicana, los correos diplomáticos dominicanos habían sido detenidos antes de llegar a la frontera, el Cónsul nuestro en la villa fronteriza de Belladere, estaba preso.

En la noche hablé por radio y televisión y denuncié ante el Pueblo todos esos actos de locura que estaba realizando Duvalier, y mientras en la Cancillería se trabajaba redactando cables a Puerto Príncipe y a la OEA y notas para la prensa, yo elaboraba, después de haber hablado, un plan de acción que podía librar a haitianos y a dominicanos de los peligros que podía desatar sobre ambos países un gobernante que no estaba en sus cabales. El plan era simple y no costaría una gota de sangre: la República Dominicana movilizaría tropas y las concentraría en la frontera del sur, en el punto más cercano a la capital de Haití, y la movilización se haría en tal forma que diera la impresión indudable de que esas fuerzas iban a avanzar por Haití; una vez creado el clima adecuado, la aviación militar dominicana volaría sobre Puerto Príncipe y dejaría caer hojas sueltas en francés pidiendo al Pueblo de la capital vecina que evacuara los alrededores del Palacio Presidencial, porque los aviones dominicanos iban a bombardear en un plazo de horas. Yo estaba seguro de que, dado el estado de agitación que había en Haití y la preparación del ambiente que estábamos haciendo en Santo Domingo, Duvalier huiría sin que hubiera necesidad de disparar un tiro.

Pero este plan tenía un punto débil: yo no podía confiárselo a nadie, ni siquiera a los jefes militares que iban a participar en él. Si le decía a alguien que todos los movimientos dominicanos serían aparentes, que no íbamos a llegar a la guerra, no tardaría en saberse, y había que contar con la irresponsabilidad de la mayoría de los líderes de la llamada oposición; uno de ellos, tal vez dos, quizás tres, se plantarían, con toda seguridad, frente a un micrófono y me acusarían de comediante y denunciarían el plan. De hecho, en medio de la crisis, uno de esos líderes dijo que todo aquello lo había inventado yo porque quería figurar en la historia como el conquistador de Haití, valiente majadería, pues el día que los dominicanos hagan la conquista de Haití —si ello fuere posible alguna vez— lo que harían sería comprar a precio alto los problemas de Haití para sumarlos a los problemas dominicanos.

Los campesinos dominicanos dicen, cuando algo no está completamente terminado, que “falta el rabo por desollar”, con lo cual aluden al rabo del cerdo muerto, y en el caso de mi plan había un rabo por desollar: ¿qué podía suceder si el dictador haitiano no emprendía la fuga? No había sino una respuesta: las tropas dominicanas debían avanzar sobre Haití; pero avanzar poco, unos kilómetros, lo suficiente para dar la sensación de que iban a atacar de veras. Yo estaba seguro de que la población haitiana de la región fronteriza no haría resistencia; si se hacía indispensable, la aviación dispararía dos o tres bombas en sitios donde no causaran bajas.

En ese punto, ocurrió un misterio: los generales dominicanos llegaron a decirme que los camiones del ejército no tenían repuestos de llantas, que no estaban en condiciones de transportar las tropas. ¿Quién les había aconsejado que usaran esa coartada? Hasta la noche antes habían estado muy entusiasmados con la movilización, y de pronto, “los camiones militares no servían”.

El embajador Martin fue a verme, alarmado, y era la primera vez que le veía alarmado. La posibilidad de una guerra domínico-haitiana lo había inquietado, sin duda porque había inquietado al Departamento de Estado. En esos mismos momentos, Moscú, Pekín, La Habana y el MPD en Santo Domingo me acusaban de ser un muñeco en manos del  “imperialismo yanqui” para agredir a Haití. La situación era tristemente cómica, pues era precisamente el llamado “imperialismo yanqui” el que obstaculizaba la decisión dominicana de resolver el problema haitiano.

De pronto, unos días después, el embajador Martin me visitó en mi casa para decirme que su Gobierno esperaba en pocas horas la salida de Duvalier de Haití; me dijo que ya estaba en el aeropuerto de Puerto Príncipe un avión de la KLM en el cual Duvalier viajaría hasta Idlewild, de ahí a Amsterdam y de Ámsterdam a Argelia, donde Ben Bella le había ofrecido asilo. Le expresé mis dudas al embajador Martin.

“Duvalier no se va”, le dije; él me aseguró que sí. Durante el día me visitó otra vez, en la noche me telefoneó dos veces para mantenerme informado de lo que estaba sucediendo en Haití; por la mañana fue a verme a las cinco, convencido de que Duvalier se iría. En todos los casos le respondí lo mismo: “No se va”. Y no se fue.

Pocos días después, por un cubano exiliado me enteré de que en una zona militar, en el interior del país, oficiales dominicanos estaban entrenando haitianos. ¿Cómo era posible que estuviera haciéndose tal cosa sin mi conocimiento? Llamé al Ministro de las Fuerzas Armadas, lo interrogué, me dijo que era verdad y le ordené disolver el campamento.

Una cosa era librarse de Duvalier en una coyuntura favorable, a la luz del sol, como debe operar siempre una democracia, y otra cosa era preparar fuerzas de haitianos para lanzarlos a una invasión; esto último era violar el principio de no intervención, lo cual podía quitarnos autoridad si en esa hora convulsa del Caribe algún Gobierno decidía hacer lo mismo con nosotros. A partir de ese momento, decidí esperar una oportunidad propicia para buscarle solución al problema que planteaba la presencia de Duvalier en el Gobierno de Haití.

Sin embargo, he aquí que un buen día, al leer la prensa en las primeras horas de la mañana me enteré de que el general León Cantave había invadido Haití por la costa norte.

El general Cantave había estado a verme para pedirme ayuda y yo le había respondido que el Gobierno dominicano no podía hacerlo. ¿De dónde salió la expedición de Cantave; quién la armó, quién la respaldó? Eso era un misterio que debía aclararse. Hice una reunión de jefes militares, les interrogué sobre todas las posibilidades que se me ocurrían; pedí detalles acerca de los tipos de armas que usó Cantave. Nadie sabía nada. De acuerdo con sus informes, Cantave no había salido de territorio dominicano, no había recibido la menor ayuda de las fuerzas armadas dominicanas, y en los depósitos dominicanos no había armas similares a las que había llevado Cantave a Haití.

Algo andaba mal. Si el general Cantave no había salido de Santo Domingo, había salido de alguna de las islas vecinas —Las Bahamas, de bandera inglesa—, y si había salido de esas islas, ¿quién lo ayudaba? Le hice la pregunta, de manera abierta, al embajador Martin. Me respondió que él no sabía, que su Gobierno no sabía, pero que algunos de sus ayudantes presumían que Cantave había contado con la ayuda de Venezuela. Eso me pareció imposible; primero, porque el presidente Betancourt tenía encima las guerrillas comunistas y no iba a autorizar, con esa acción, un acto parecido al de Fidel Castro contra su Gobierno; segundo, porque si Betancourt hubiera tenido que ver en la invasión de Cantave, me lo hubiera hecho saber. “¿Hay en la Florida algún lugar que se llame Venezuela?”, le pregunté riendo al embajador Martin. “No, no lo hay”, respondió él, riendo también.

Pocos días antes del golpe de Estado, quizá tres días antes, me hallaba en mi despacho del Palacio Presidencial cuando a eso de las seis de la mañana me dijo el jefe de los ayudantes militares que los haitianos estaban atacando Dajabón, villa dominicana en la frontera del norte. Efectivamente, en las calles de Dajabón caían balas que procedían del lado haitiano, de la Villa de Juana Méndez —Ouanaminthe, en el patois de Haití—, que queda frente a Dajabón, a menos, tal vez, de dos kilómetros. Cuando la situación se aclaró, unas horas después, se supo la verdad: el general Cantave había entrado en Haití de nuevo y había atacado la guarnición de Juana Méndez.

El combate fue bastante largo, con abundante fuego de fusilería y de ametralladoras. ¿De dónde había sacado Cantave, otra vez, armas y municiones?  Al día siguiente, con asombro de mi parte, vi en la prensa una foto de Cantave en un cuartel de Dajabón. Había cruzado la frontera, como la habían cruzado otros haitianos, algunos de ellos heridos; pero Cantave estaba vestido como quien iba a un baile de gala, no como quien llegaba de un combate; y eso indicaba que el general haitiano tenía ropa en Dajabón o en algún lugar cercano. Por primera vez, mis sospechas hallaban un hilo que podía seguirse hasta dar con el ovillo. Hice llamar al Ministro de Relaciones Exteriores y al de las Fuerzas Armadas. “Tenga la bondad de solicitar de la OEA que envíe una comisión para que pruebe sobre el terreno que la agresión a Haití no partió de la República Dominicana”, le dije al primero.

¿Tuvo esa decisión alguna parte en el golpe de Estado?

A menudo pienso que sí; pues si la OEA investigaba —y mi plan era que investigara a fondo— yo llegaría a saber qué mano oculta manejaba los hilos de una intriga que nos ponía en ridículo como Gobierno, que restaba autoridad al Presidente de la República, el responsable ante el país y ante los organismos internacionales de la política exterior dominicana, y que nos exponía a los dislates de un tirano que era capaz de todo.

Espero que algún día se aclare el misterio en que están envueltos los repetidos y extraños incidentes domínico haitianos de 1963.

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Dicen algunos científicos “A la vida en la tierra le quedan sólo 100 años”

En 2010, el biólogo australiano Frank Fenner predijo que los humanos nos extinguiremos en 100 años, porque el planeta será inhabitable. Ahora, el ingeniero David Auerbach ha resucitado la teoría volviendo a advertir que no le queda mucho tiempo a nuestro planeta. 

El ingeniero y escritor estadounidense David Auerbach ha rescatado recientemente la teoría del año 2010, ideada por el reconocido microbiólogo australiano Frank Fenner. El científico había sostenido 5 años atrás que el planeta colapsaría en el año 2100 por culpa de la superpoblación, la devastación de los recursos y el cambio climático.

“La predicción de Fenner no es una apuesta segura, pero es cierto que no hay manera de que la reducción de emisiones sea suficiente para salvarnos de la tendencia hacia nuestra condena”, escribe Auerbach en un artículo en Reuters. El escritor plantea que la reducción de las emisiones “es sólo la mitad de la historia”, y la mitad más fácil. Lo más duro será un esfuerzo para encontrar las tecnologías necesarias para revertir el apocalipsis climático que ya ha comenzado.

El objetivo general, argumenta el columnista, es evitar que la temperatura del planeta aumente más de 2 grados Celsius. Aumentos más altos (5 grados) podrían provocar inundaciones, hambrunas, sequías, aumento del nivel del mar, extinción masiva y el posible traspaso al punto de inflexión (establecido en un aumento de 6 grados) que “podría volver inhabitable a gran parte del planeta y acabar con la mayoría de las especies”.

Auerbach indica que todavía no existen soluciones contundentes y seguras para reducir las concentraciones de CO2 en la atmósfera: todavía tenemos que descubrirlas y regularlas. “Lograr una sociedad de carbono neutral es una meta necesaria a largo plazo, independientemente de otras soluciones tecnológicas”, afirma.

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Una historia del el campo de exterminio nazi de Mauthausen

  1. La historia detrás de una biblioteca clandestina española en el campo de exterminio nazi de Mauthausen
  2. Muchos de los sobrevivientes del campo encontraron sosiego en las páginas de los libros ocultos.

    En medio del infierno de Mauthausen, unos libros robados se convirtieron en el único flotador al que agarrarse para los miles de deportados del nazismo.

    En este centro de detención austríaco, donde murieron más de 100.000 personas de 26 nacionalidades, los internos organizaron grupos de resistencia para poder sobrevivir. Y los españoles fueron de los más activos.

    La biblioteca clandestina fue idea de uno de ellos.

    Pensó que leyendo podrían evadirse un poco del horror de las celdas de castigo, de los latigazos, de las duchas heladas y de los 186 escalones que tenían que subir 10 o 12 veces al día cargados con rocas de 20 kilos hasta lo alto de una cantera desde donde los oficiales de las SS nazi lanzaban a los reclusos al vacío.

    “Mi padre siempre decía que leer te hace libre”, le cuenta a BBC Mundo Llibert Tarragó, hijo del promotor de la biblioteca. Lleva años indagando sobre la historia de su padre Joan, un militante del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), de ideología comunista, que luchó en el bando republicano durante la guerra civil española.

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    Joan Tarragó fue uno de los más de medio millón de personas que cruzaron la frontera francesa tras la caída de Cataluña, en 1939, y, una vez en territorio galo, los internaron en campos de refugiados.

    Estrategas del almacén y la cocina

    Cuando comenzó la segunda Guerra Mundial, Tarragó se alistó en el ejército francés y lo enviaron al frente con otros miles de españoles exiliados.

    “Fueron los primeros en ser capturados por los alemanes cuando los nazis invadieron Francia”, señala Tarragó, al teléfono desde Barcelona.

    El gobierno de Berlín, aliado de Francisco Franco en España, llamó a Madrid -cuenta Tarragó- para preguntar qué debían hacer con los reclusos. Y Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores, contestó con un simple: “Ya no son españoles”. Los trasladaron a Mauthausen y les pusieron un triángulo azul, el color de los apátridas.

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    Joan Tarragó junto a su mujer, Rosa, dos décadas después de haber sobrevivido a Mauthausen.

    Joan Tarragó llegó al campo en enero de 1940. Y en febrero del año siguiente fundó, junto a otros deportados, la red de resistencia española.

    “Todos tenían claro que la única solución para resistir era la solidaridad”, asegura su hijo. “Decían que eran compañeros de lucha y compañeros en el infierno”.

    En 1943, cuando trasladaron a los SS más duros al frente del este, la organización española encontró más “huecos”. Por aquel entonces ya eran expertos estrategas en la lucha por la supervivencia. Controlaban el almacén, la enfermería y la cocina. Sustraían medicinas y alimentos que luego distribuían entre los presos.

    “Trabajaban en cadena. Mi padre, que hacía de ‘pinche’ en la cocina de los oficiales, escondía los alimentos en el contenedor. Encima ponía papel y la basura de verdad. Luego, otro compañero los recogía”, relata Llibert Tarragó.

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    La extenuante labor en la mina y las vejaciones y torturas marcaban la vida cotidiana de los presos en Mauthausen (aquí, un grupo de rusos).

    Llegan los libros

    A comienzos de 1943, empezaron a llegar franceses, italianos y rusos deportados de la resistencia a la ocupación nazi en sus países, narra Tarragó. Nada más llegar al campo, les quitaban todas sus pertenencias. Lo que era de valor se lo quedaban y lo que no les interesaba, lo incineraban.

    Cuando los españoles que trabajaban en el almacén le dijeron a Joan Tarragó que había libros entre los enseres que acaban en la hoguera, le propuso a la cúpula de la resistencia rescatarlos y formar una pequeña biblioteca.

    Así, Tarragó junto a un compañero, de apellido Picot y capaz de arreglar los libros que llegaban en mal estado, comenzó a reunir volúmenes y a esconderlos en un armario del barracón número 13.

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    Las llamadas “escaleras de la muerte”: 186 escalones que los presos tenían que subir 10 o 12 veces al día. Algunos eran lanzados al vacío por oficiales de las SS.

    La pequeña biblioteca clandestina fue creciendo. Recopilaron alrededor de 200 obras de autores como Émile Zola, Víctor Hugo o Fiódor Dostoievski.

    Pero la que más éxito cosechó entre los presos, cuenta Tarragó, fue “La madre”, de Maksim Gorki.

    Un sobreviviente francés, de Córcega, le confesó a Llibert Tarragó que leer “La Cartuja de Parma” de Stendhal en Mauthausen había sido “un salvavidas”.

    “Me explicó con mucha emoción que cuando leía sentía que escapaba del campo. Le recordaba a su infancia”, recuerda Tarragó, fundador de la asociación Triángulo Azul, que desde 2003 reúne documentos sobre la deportación española.

    “Si los hubieran descubierto, les habrían dado una buena paliza”, opina Tarragó.

    Hace una pausa y luego añade: “O los habrían matado directamente. Convivían con ese miedo todos los días. Imagina lo que debía ser oler a carne humana quemada las 24 horas del día durante cuatro años y tres meses”.

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    Hoy Mauthausen es un centro de la memoria. Todavía están los cuartos que se usaron como cámaras de exterminio.

    El olor en la memoria

    Ese fue el tiempo que estuvo retenido su padre. Y ese hedor fue una de las cosas que describió con más nitidez en los documentos que le legó a su hijo.

    Llibert no pudo entender del todo a qué se refería hasta que visitó el campo en el año 2000.

    “Las chimeneas de los crematorios estaban a 50 metros de las barracasdonde dormían los presos”, recuerda, aún impactado.

    Cuando el ejército estadounidense entró en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, las banderas republicanas españolas habían sustituido a las insignias nazis y el portón de entrada a la fortaleza estaba cubierto por una gran pancarta en la que se leía: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras”.

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    El campo fue liberado entre el 5 y el 6 de mayo de 1945.

    De los 7.189 españoles que entraron en el campo, solo 2.374 vivieron aquel momento. La mayoría estaba fichada como enemigos de la dictadura franquista y no pudieron volver a España hasta que murió Franco en 1976.

    Ahora, a 70 años de su liberación, solo quedan 25.

    Una vez libre, Joan Tarragó escribió a su mujer, que seguía viviendo en Cataluña. Después de que ella pasara clandestinamente la frontera, se reunieron en Andorra en 1946, tras ocho años de separación.

    “Nueve meses más tarde nací yo”, ríe Llibert Tarragó, a quien le pusieron el nombre por la palabra catalana Llibertat: en español, libertad.

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    En Septfonds, Francia, el 1 de octubre de 1978 se inauguró el monumento a los refugiados republicanos españoles presos. Allí estuvo Joan Tarragó: en medio del grupo con gafas, bastón y sombrero. Su mujer Rosa, la madre de Llibert, está en el extremo izquierdo de la foto.
    María Lillo

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ENTÉRESE DE QUE HACÍAN CON LOS DIENTES DE LOS MUERTOS DE WATERLOO

Los médicos que implantaban a los ricos los dientes de los muertos en Waterloo

Estos dientes estuvieron una vez en la boca de varios soldados.

En 1815 la odontología era una especialidad médica incipiente y los ricos tenían la boca en muy mal estado, con dientes picados y muelas podridas.

Pero en Reino Unido encontraron una solución al problema: reparar las dentaduras con las piezas extraídas a los soldados muertos en la batalla de Waterloo.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX “todo el mundo estaba incursionando en la odontología”, dice Rachel Bairsto, curadora del museo de la Asociación Dental Británica, situado en el centro de Londres.

Y con todo el mundo se refiere a joyeros, químicos, peluqueros, incluso a herreros.

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Y los dientes terminaron en dentaduras postizas como ésta.

Era un tiempo en el que el consumo de azúcar había aumentado entre la población más pudiente y se empezaban a probar los primeros tratamientos de blanqueamiento dental, con soluciones ácidas que terminaban dañando el esmalte.

Los dientes se arrancaban a diestra y siniestra, y la demanda de piezas paradentaduras postizas crecía sin parar.

El negocio, pues, estaba en auge.

Además, Bairsto asegura que existen evidencias de implantes de dientes humanos antes de la batalla de Waterloo, un combate librado entre el ejército francés comandado por el emperador Napoleón Bonaparte y las tropas británicas, holandesas y alemanas dirigidas por el duque de Wellington, el 18 de junio de 1815, cerca de la localidad de Waterloo (Bélgica).

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Se compran dientes extranjeros, dice este anuncio de 1792.

Con el anuncio en inglés de la imagen superior, publicado en 1792, se pedían dientes del extranjero -del “continente”, en alusión a Europa continental-, para después insertarlos en dentaduras postizas destinadas a ricos con bocas poco saludables.

Y las caricaturas de la época, como las de la imagen inferior, de 1787, ironizaban sobre los dientes arrancados a los estratos más pobres de la sociedad para beneficio de los más pudientes.

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Esta caricatura de 1787 ironizaba sobre el tema.

Eran donantes vivos.

En aquel tiempo la base de las dentaduras protésicas era de marfil y se le insertaban dientes humanos. Otra opción era fabricar los dientes también con ese material.

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La opción más barata eran las prótesis hechas totalmente de marfil, incluidos los dientes.

Una pieza así podía costar en 1780 más de US$150, dice Bairsto. Si no tenían dientes humanos eran más baratas, pero aun así inacesibles para la mayoría de la población.

Y a pesar del alto precio, lo más probable es que no duraran mucho, ya que se colocaban en bocas poco saludables.

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Lo más probable es que no duraran mucho, por la mala salud de las bocas.

En las imágenes de abajo se pueden ver dos ejemplos, con la pieza superior e inferior sujetas por muelles.

Eran ingeniosos para la época, pero probablemente incómodas para usarlas y comer con ellas, así como propensas a caerse con facilidad.

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Las dentaduras eran ingeniosas para la época, pero no parecen muy cómodas.

Los modelos más deseables era los que tenían dientes humanos, pero los donantes vivos eran limitados y los ladrones de tumbas podían ofrecer un suministro restringido.

Así que la perspectiva de usar miles de dientes británicos, franceses y prusianos encajados en las bocas de los recién fallecidos soldados que yacían en el campo de batalla de Waterloo se volvió sumamente atractiva para los saqueadores.

Había miles de cuerpos en un único lugar, dice Bairsto. Y los dientes los habrían arrancado con pinzas, provistas no solo por las tropas sobrevivientes y los lugareños sino por oportunistas llegados del resto del país para revolver la basura y buscar oportunidades de hacer dinero.

Bairsto cree que habría menos muelas, porque eran más difíciles de extraer.

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Las piezas con dientes humanos eran las más cotizadas.

Al día de hoy no hay duda de que estas piezas son “dientes de Waterloo”, pero Bairsto dice que fue una lucha hallar las pruebas que respaldaran el concepto.

Y es que cree que posiblemente los portadores de los dientes en esa época no sabían de la procedencia de las piezas con que se completaban sus dentaduras postizas.

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Según esta lista de precios, los dentistas seguían comprando piezas en 1851.

Para mediados del siglo XIX el uso de dientes humanos en dentaduras protésicas había disminuído.

En parte debido a la Ley de Anatomía de 1832, que otorgaban los permisos para mover cuerpos humanos, y en parte porque aparecieron en el mercado nuevos productos alternativos.

Pero en la lista de precios de 1851 de la imagen de arriba se ve que los dentistas aún compraban dientes humanos y piezas de marfil.

Y los técnicos andaban experimentando con distintos sistemas para fijar los dientes en las prótesis, como los pasadores metálicos.

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Los técnicos experimentaron con las fijaciones.

Fue en ese tiempo cuando llegó al mercado el diente de porcelana.

El joyero Claudius Ash hizo significativos avances en el área durante la década de 1830, cuando desarrolló sus “dientes tubo”.

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Estos son los “dientes tubo” de Claudius Ash.

El siguiente gran progreso fue el reemplazo del marfil por la vulcanita a la hora fabricar las bases de las dentaduras. El material, un compuesto hecho de goma india, fue desarrollado por los hermanos estadounidenses Charles y Nelson Goodyear en 1840.

Era relativamente barato, y muy rosado.

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El siguiente gran progreso fue el reemplazo del marfil por la vulcanita a la hora fabricar las bases de las dentaduras.

Además, por entonces incluso se podía acudir al joyero para que te ajustara la dentadura, señala Bairsto.

Tuvieron que pasar 45 años más para que Reino Unido introdujera la primera formación para odontólogos.

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Incluso los joyeros ajustaban dentaduras.

Y otros 20 más para que se aprobara la primera legislación relacionada con esta práctica (1878) y para que se creara el primer registro de dentistas (1879).

Pero no sería hasta bien entrado el siglo XX cuando los materiales acrílicos sustituyeron a la vulcanita y cuando se añadió fluoruro al dentífrico.

Fue entonces cuando la salud bucal comenzó a mejorar.

Paul Kerley

Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

Las jóvenes británicas que ofrecen sexo a cambio de que les paguen la universidad

Buscan un hombre rico que costee sus estudios o les proporcione ciertos lujos.

Cada vez más mujeres buscan activamente un “sugar daddy”: un hombre maduro y económicamente solvente que les ofrezca dinero a cambio de una relación. Una tendencia en alza en Reino Unido.

Son conocidas generalmente como “relaciones mutuamente beneficiosas” o “transaccionales”.

Pero, ¿es la búsqueda del “papá adinerado” una forma socialmente aceptada de referirse al trabajo sexual?

Prostitución “azucarada”

Freya tiene 22 y lleva pantalones de deporte y una camiseta raída.

Se expresa muy naturalmente y de forma confiada.

Decidió comenzar a acostarse con hombres mayores para conseguir dinero durante su época universitaria.

“Me encanta el sexo”, dice Freya a BBC. “Y se me da bastante bien. Así que conseguir un ‘amante ricachón’, o incluso dos, era una elección lógica.”

Freya es una de las muchas estudiantes en Reino Unido que, abrumadas por la deuda, han decidido convertirse en “sugar babies”: mujeres jóvenes que aceptan citas con hombres maduros y ricos, a cambio de dinero y regalos.

“Mi sugar daddy casado me dio 1.000 libras (US$1.600 aproximadamente) por una noche. El sólo estaba interesado en el sexo. Pero mi sugar daddy divorciado me daba entre 1.000 y 2.000 libras, a modo de subsidio”.

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Muchas estudiantes recurren a este sistema para poder pagar sus estudios.

Freya trabajó duro para llegar a final de mes mientras estudiaba en la universdad.

“Tuve dos trabajos durante mi primer año”, explica. “Era horrible, ganaba 5 libras (menos de US$8) la hora trabajando en un bar y, además, eso estaba afectando a mis estudios.”

“Pero de esta manera, con mis sugar daddies, podía concentrarme al cien por cien y al final hasta logré sacar una distinción en mis estudios”.

“Sí, en realidad se trata de prostitución, pero creo que hay un estigma ridículo asociado con esa palabra”, afirma Freya.

A pesar de reconocer que lo que hacía era un trabajo sexual, Freya considera que siempre mantuvo cierto grado de control.

“Eran hombres muy atractivos, los seleccionaba muy cuidadosamente”, explica.

Consentimiento materno

Mary, la madre de Freya, también accedió a ser entrevistada por la BBC.

No parecía desconcertada por las elecciones de su hija. “De hecho, estoy muy orgullosa de ella”, dijo Mary.

“Creo que hizo algo muy valiente y estoy contenta de que me lo consultara. Por supuesto, mis amigos se disgustaron bastante. Pero el dinero era escaso en nuestra familia”, declaró la madre de la joven.

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El “sugar dating” tiene como objetivo que las jóvenes lleguen a la universidad.

Mary estaba divorciada y tuvo otros hijos, que también estudiaban en la universidad.

“Tan pronto como me di cuenta que Freya era feliz y disfrutaba lo que hacía, no vi ningún problema en ello y me pareció una buena solución”, dijo Mary.

“Todos los niños nacen con talentos. Por lo visto, mi hija nació con belleza y atractivo sexual“.

Una solución para pagar la universidad

Las páginas web de “sugar dating” no definen su actividad como un servicio de venta sexual, ya que eso los pondría en riesgo a nivel legal, pero hay que ser ingenuo para no darse cuenta del fino límite por el que transitan.

“Inscríbete en Sugar Baby University, consigue que un patrocinador generoso pague tu universidad“, recita una dulce voz femenina en un anuncio online.

Angela Jacob Bermudo es la directora de prensa de esta página web.

“No creo que el sexo sea algo esperado, sino, más bien, algo a lo que se aspira“, dijo a la BBC.

“Una sugar baby logra estabilidad financiera a través de una prestación mensual, además de mentoría y de oportunidades de networking“, insistió la especialista. “En Reino Unido, los estudiantes son quienes más demandan este tipo de servicios”.

Lujo asegurado

“¡Somos las mujeres jóvenes quienes realmente tenemos el poder!” exclama Alana, sugar baby de 28 años.

Alana considera este tipo de actividad como un parque de atracciones para adultos.

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“He perdido la cuenta del número de (bolsos) Louis Vuitton y de vacaciones en Nueva York y en las Bahamas”.

“He perdido la cuenta del número de (bolsos) Louis Vuittony de las vacaciones, en Nueva York y las Bahamas-“.

Alana afirma que, al día de hoy, cuenta con 13 sugar daddiespero que ha llegado a tener al menos 40 durante todos estos años.

Casi todos ellos cuentan con capital privado o un fondo de inversión.

Asegura, no obstante, que sólo se acostó con tres de ellos.

“Siempre termino logrando lo que me propongo. Y de eso se trata todo esto.Tienes que saber jugar a este juego“, dice Alana.

Ahora tiene 28 años, sin novio a la vista. “A veces te sientes sola. Es de noche y estás viendo una película y te gustaría tener algo de compañía. No simplemente un hombre, sino una pareja, un novio”.

“¿Pero sería eso suficientemente bueno para mí ahora mismo? ¿Sería satisfactorio?”

Relaciones monógamas

Mike tiene 38 y trabaja en tecnología digital. Dice que no tiene tiempo para encontrar pareja.

Así que, durante los últimos tres años, ha elegido otras opciones: las citas sugar.

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¿Hasta dónde llegarías con tal de estudiar en la universidad?

Paga unos US$3.100 al mes a su sugar baby, además de hasta US$1.600 en concepto de compras.

Ya no cree en las relaciones tradicionales. “Lo intenté, lo probé y no salió bien” explica. Se define a sí mismo como soltero.

“Yo le doy dinero a una persona que decide tener un cierto tipo de relación; hay expectativas por ambas partes“, afirma.

Mike espera tener relaciones sexuales con la chica a la que paga, pero le gustan los vínculos monógamos y estables. Habla de forma cariñosa sobre la chica con la que está saliendo ahora.

“Lo máximo que me he gastado en citas es US$63.000 en un fin de semana“, asegura.

Mike admite que se sitió decepcionado en el pasado, donde algunas chicas fueron “desagradecidas”, pero dice que nunca se sintió usado.

“Mis padres tienen 70 y han estado casados durante más de 50 años. Hasta hoy, mi padre todavía ingresa dinero en la cuenta de mi madre cada semana. ¿Cuál es la diferencia?”

“Dinero fácil”

Catherine es una estudiante de Derecho de 21 años de una buena universidad de Reino Unido.

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Cada vez hay más demanda de este tipo de servicios en distintos países.

Una vez que comience sus exámenes finales, pretende dejar el mundo sugar.

Habla de su sugar daddy -Mark- como “el hombre más amable de la tierra”.

“Literalmente, respeta cada una de mis decisiones”.

Ha estado pagando su alquiler y sus tasas universitarias durante el año pasado.

Catherine fue clara desde el principio: no estaba dispuesta a aceptar una relación sexual con Mark. “Pero me sentía tan mal aceptando su dinero sin ofrecerle nada a cambio”.

Poco más tarde, aceptó tener relaciones con él, y la paga se incrementó de US$1.000 a US$1.900 al mes.

“Quiere que me comporte de cierta forma y que haga muchas cosas por él, tanto a nivel físico como mental. Pero es muy generoso conmigo. Bueno, se trata de dinero fácil”.

Por otro lado, Raquel, de 21 años, sí ve la situación como peligrosa.

Ella es una tímida estudiante de idiomas en una de las mejores universidades del país.

Se inscribió en una web sugar mientras estaba todavía en el colegio, cuando escuchó discutir a sus padres sobre temas económicos.

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Algunas mujeres dicen que es “una forma fácil de conseguir dinero”. La meta es pagarse la universidad.

Lo vio como “una forma fácil de conseguir dinero”.

Su primera cita terminó de forma muy violenta, cuando el sugar daddy con el que quedó la llevó en su coche a un estacionamiento e intentó violarla.

Sin embargo, debido a la necesidad urgente de dinero, decidió intentarlo de nuevo.

Durante 18 meses, Raquel estuvo saliendo con un hombre de más de 50 años. Nunca se acostó con él.

“Estaba soltero, era bastante mayor y no tenía amigos”, dice. “Sólo quería algo de compañía porque se sentía muy solo. Me dio 100 libras (US$160) cuando quedamos a cenar y me ayudó a comprar algunos libros de texto”.

Rachel rompió el acuerdo. No sólo porque él le pedía muchas cosas, sino porque sintió que ella lo estaba explotando.

Le cuesta contener las lágrimas cuando habla de ello. “Realmente me gustaba como persona y sentí que me estaba aprovechando de él”, dice.

“Estoy segura de que muchas chicas son más cínicas y pueden utilizar a la gente, pero yo soy una persona muy sensible. Nunca utilicé la página web de esa forma, y ya me siento bastante mal por haber llegado tan lejos”.

TOMADO DE LA BBC DE LONDRE