El Profesor

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Dilma o Marina

CaptureEl proceso electoral brasileno se acerca a su final, confirmando que la gran polarizacion en el continente se da entre proyetos neoliberales y posneoliberales. Cambió la forma de la disputa presidencial en Brasil a lo largo de la campaña, con la sustitucion de Aécio Neves como principal candidato de la oposicion, pero Marina Silva asume los mismos planteamientos neoliberales que su antecesor. A su vez, Dilma Rousseff representa la continuidad y la profundizacon de la construccion de alternativas al neoliberalismo.

La polarizacion entre una candidata que representa el proyecto inciado por Lula en 2003 y uno que expresa el gobierno de Cardoso, caminaba para la cuarta derrota seguida de la oopsicion, sepultando definitivamente el PSDB como fuerza politica nacional. El muy sospechoso accidente de aviación del 13 de agosto renovó los términos de la disputa electoral, pero confirmó que la oposición a los gobiernos progresistas latino-americanos viene de proyectos neoliberales.

Marina no tardó en anunciar sus propuestas de independencia para el Banco Central, de reacercamiento con EU y elogio de la Alianza para el Pacífico, en detrimento del Mercosur y de los Brics, de búsqueda de inversiones extranjeras para la exploracion del petróleo del Pre-sal y un gran plan de ajuste de las cuentas publicas, entre otros. El contraste con los gobiernos del PT no podría ser mas grande: prioridad de las políticas sociales, de los proyectos de integración regional, del intercambio Sur-Sur y papel activo del Estado.

Como se da tambien en los otros países del continente con gobiernos posneoliberales, la alternativa viene de la derecha. La extrema izquierda no ha logrado cuajar una propuesta y candidaturas con un mínimo de apoyo popular, quedando como fuerzas sin ningun peso en el campo politico nacional.

Así, dos mujeres, con buenas trayectorias, que se han encontrado como ministras del gobierno de Lula, las que disputan con oportunidades reales la presidencia de Brasil. Una, Marina, del área del caucho, junto con Chico Mendes, originalmente identificada con temas ambientales, ahora reciclada para el neoliberalismo puro y duro. La otra, Dilma, militante de la lucha clandestina contra la dictadura, presa y salvajemente torturada, representante escogida por Lula para dar continuidad a su gobierno.

Despues del efecto tsunami del lanzamiento de la candidatura de Marina, su nombre empezó a acumular rechazos, conforme las contradicciones y debilidades de su candidatura han empezado a aparecer. A pocos días de la primera vuelta de las elecciones, las encuestas convergen para una victoria amplia de Dilma en la primera vuelta y para una victoria mas estrecha en la segunda, pero con una clara tendencia de caída de Marina, que ya había alcanzado a tener mas de 10 puntos de ventaja en la segunda vuelta y de subida de Dilma, que vuelve a ser favorita para ganar.

Las dos –Dilma y Marina– tienen significados radicalmente opuestos. Dilma, la continuidad y profundizacion de las trasformaciones realizadas por el gobierno Lula y por su propio gobierno. La consolidación y extensión de los acuerdos de integración regional que Brasil impulsa, del Mercosur a los Brics, pasando por Unasur, Celac, Banco del Sur y Consejo Suramericano de Defensa.

Marina representa la ruptura con el modelo de desarrollo económico con distribución de renta, favoreciendo un duro ajusteee533a10-932d-11e3-90fd-e39798ed6431_0010673122

fiscal, favorable a los bancos privados. En el plano externo, significaría la ruptura de todos los grandes acuerdos actuales de Brasil, privilegiando relaciones bilaterales con EU y con la Alianza para el Pacífico.

Son caminos radicalmente distintos representados por las mujeres que disputan la presidencia de Brasil: Dilma y Marina.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/09/28/index.php?section=opinion&article=026a1mun

At the Porter’s Room — Vladimir Makovsky

TESTIMONIO DE BOSCH: HABLA DEL GOLPE DE ESTADO DEL 63 y DEL CORONEL TOMAS FERNDANDEZ DOMINGUEZ

Juan Bosch y el Coronel Tomas Fernandez Dominguez

Yo conocí al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez en el ensanche Ozama, una noche de fines de octubre o principios de noviembre de 1962. Nos reunimos él, llevado por Martín Fernández, hermano de su esposa Arlette, un hermano del coronel y el Lic. Silvestre Alba de moya. En esos días Fernández Domínguez no tenía aún el grado de coronel, y debo repetir esta noche que inmediatamente después de esa reunión les dije a varios miembros de la dirección del Partido Revolucionario Dominicano, entre los cuales algunos deben recordarlo: que Rafael Tomás Fernández era el dominicano que más me había impresionado después de mi vuelta al país. Me impresionó su integridad, su firmeza, que se veía a simple vista como si aquel joven militar llevara por dentro un manantial de luz.

Fernández  Domínguez  se  comportó  esa  noche  muy  discretamente;  apenas  habló.  Por  lo  demás,  según  pude  apreciar  después,  él  no  era  parlanchín,  sino  más  bien  dado  a  oír  cuidadosamente  lo  que  se  le  decía  y  analizar  lo  que  oía,  Esa  noche  me  preguntó  qué  pensaba  yo  de  lo  que  debería  ser  un  ejército.  Observen  que  no  me  preguntó  cuál  era  mi  concepto  de  las  Fuerzas  Armadas  Dominicanas,  sino  de  lo  que  deberían  ser  las  Fuerzas  Armadas  de un  país  como  la  República  Dominicana,  y  le  di  mi  opinión.

Aquella  noche  tanto  él  como  yo  estábamos  seguros  de  que  a  mí  iba  a  tocarme  la  pesada  responsabilidad  de  iniciar  la  etapa  democrático  constitucional  de  la  vida  dominicana.  Así  sucedió,  y  cuando  volvimos  a  vernos  yo  era  Presidente  de  la  República.  En  esa  segunda  ocasión  me  pidió  una  entrevista  que  celebramos  en  mi  casa,  y  en  esa  oportunidad  me  preguntó  cuándo  pensaba  yo  poner  en  práctica  las  ideas  de  que  habíamos  hablado  acerca  del  tipo  de  ejército  que  debía  tener  nuestro  país.

En  este  momento  no  puedo  recordar  con  precisión  si  la  próxima  vez  que  nos  vimos  fue  estando  el  coronel  Fernández  Domínguez  en  Constanza,  donde  daba  un  curso  de  antiguerrilla,  o  si  nos  vimos  en  el  despacho  que  yo  ocupaba  en  el  Palacio  Nacional;  lo  que  sí  puedo  asegurar  es  que  la  tercera  o  cuarta  de  las  entrevistas  se  llevó  a  cabo  en  el  despacho  presidencial  y  en  horas  de  la  noche.  En  esa  ocasión  él  insistió  de  nuevo  en  la  necesidad  de  hacer  un  plan  para  organizar  el  ejército  dominicano  como  él  creía  que  debía  organizarse  y  como  yo  le  había  dicho  que  debía  hacerse.

En  esa  entrevista  le  pregunté  su  opinión  acerca  de  la  oficialidad  joven;  le  pedí  que  me  dijera  si  creía  que  sobre  esa  oficialidad  joven  podría  edificarse  un  ejército  de  tipo  moderno,  respetuoso  de  la  Constitución,  cuyos  hombres  no  tuvieran  intenciones  de  dedicarse,  mientras  llevaran  el  uniforme,  a  actividades  que  no  tenían  nada  de  militares.  Al  responderme,  Fernández  Domínguez  mencionó  nombres  de  unos  cuantos  oficiales  y  me  dijo  que  el  país  podía  contar  con  ellos;  además,  me  dio  el  de  un  oficial  que  se  hallaba  fuera  del  país,  a  quien  consideraba  como  el  líder  natural  de  esos  jóvenes  oficiales  que  me  había  mencionado  y  como  la  persona  que  debía  encabezar  la  tarea  de  renovación  de  las  Fuerzas  Armadas.

Algunas  de  las  personas  con  quienes  él  habló  de  esas  entrevistas  conmigo  debió  cometer  una  indiscreción,  y  lo  creo  porque  pasado  cosa  de  un  mes  no  volví  a  ver  a  Fernández  Domínguez,  y  como  quería  saber  de  él  pregunté  dónde  se  hallaba,  a  lo  que  se  me  respondió  que  estaba  viajando  por  Argentina,  lugar  adonde  lo  habían  enviado  sus  jefes  militares  sin  informárselo  al  comandante  en  jefe,  que  era  el  Presidente  de  la  República.  Así  pues,  lo  habían  mandado  bien  lejos  a  cumplir  una  misión  que  yo  desconocía,  y  en  esa  misión  debió  tardar  por  lo  menos  dos  meses,  si  no  más;  y  digo  que  dos  meses,  sino  más,  porque  me  parece  recordar  que  cuando  volvió  al  país  estábamos  ya  en  el  mes  de  agosto.  Al  llegar  me  lo  hizo  saber,  yo  lo  mandé  a  llamar  y  fue  a  verme  a  casa,  también  de  noche.

Yo  quería  hablar  con  él  de  los  planes  para  la  reorganización  de  las  Fuerzas  Armadas  y  me  dijo  que  le  parecía  conveniente  esperar  la  llegada  al  país  del  oficial  a  quien  consideraba  como  líder  natural  de  la  oficialidad  joven,  y  decidí  esperar;  y  así  fue  como  pasaron  los  últimos  días  de  agosto  y  muchos  de  septiembre  hasta  que  llegó  el  día  24  de  ese  mes.

Fue  en  horas  de  la  tarde  de  ese  día  cuando  me  enteré  de  que  había  un  golpe  militar  organizado  para  estallar  en  la  noche,  y  le  pedí  al  jefe  del  Cuerpo  de  Ayudantes,  el  coronel  Julio  Amado  Calderón,  cuyo  nombre  puedo  mencionar  porque  ya  no  está  en  las  filas  del  ejército,  que  localizara  al  teniente  coronel  Fernández  Domínguez,  y  una  hora  y  media  después  del  coronel  Calderón  me dijo  que  no  se  hallaba  en  la  ciudad  y  que  según  los  informes  que  le  habían  dado  estaba  en  Cotuí  donde  un  alto  oficial  de  la  policía  tenía  una  propiedad.  En  el  acto  le  ordené  al  coronel  Calderón  que  mandara  a  buscar  de  la  manera  que  fuera  necesaria  al  coronel  Fernández  Domínguez,  quien  se  presentó  en  mi  casa  a  las  diez  de  la  noche.

Hablé  con  el  coronel  Fernández  Domínguez  en  presencia  del  coronel  Calderón  y  le  informé  de  lo  que  estaba  sucediendo;  le  dije  que  debía  movilizar  inmediatamente  a  los  oficiales  en  quienes  él  tenía  confianza,  que  yo  me  iría  al  Palacio  Nacional,  que  no  iba  a  ir  a  ningún  otro  sitio,  que  no  me  asilaría  en  ninguna  embajada,  que  en  el  Palacio  Nacional  estaría,  vivo  o  muerto,  esperando  que  él  actuara.

Esa  noche,  a  eso  de  las  2  de  la  mañana,  se  produjo  el  golpe.  Yo  quedé  preso  con  Molina  Ureña,  que  está  aquí  presente  esta  noche.  El  Dr.  Molina  Ureña  logró  salir  de  Palacio  disimulando,  después  de  haber  comprobado  que  todos l os  esfuerzos  que  yo  hacía  para  comunicarme  con  alguien  en  la  calle  eran  inútiles, y  allí  estaba  cuando  uno  de  los  ministros,  que  era  familiar  del  coronel  Fernández  Domínguez  por  vía  política,  el  Lic.  Silvestre  Alba  de  Moya,  recibió  la  visita  de  su  señora,  quien  llegó  en  horas  muy  tempranas  del  día  25  con  un  mensaje  del  coronel  Fernández  Domínguez.

Ese  mensaje  era  el  siguiente:

Estamos  listos  para  asaltar  el  Palacio  Nacional,  somos  doce  oficiales  nada  más  pero  cumpliremos  nuestro  deber.  Pedimos,  sin  embargo,  que  se  le  informe  al  Partido  Revolucionario  Dominicano,  a  fin  de  que  desate  una  huelga  general.

Con  la  misma  persona  que  había  llevado  el  mensaje  la  señora  del  ministro  Alba  de  Moya,  le  mandé  decir  al  coronel  Fernández  Domínguez  que  un  ataque  hecho  al  Palacio  Nacional  con  doce  hombres  era  un  suicidio,  que  esa  acción  no  conduciría  a  nada  positivo,  pero  no  quise  referirme a  su  solicitud  de  pedirle  al  PRD  que  desatara  una  huelga  general,  cosa  que  no  podría  llevarse  a  cabo  porque  el  PRD  no  tenía  contactos  ni  la  autoridad  necesaria  sobre  las  pocas  organizaciones  obreras  que  había  entonces  en  el  país.

Unos  días  después  fuimos  sacados  al  país  en  un  barco  de  la  Marina  de  Guerra  Dominicana  doña  Carmen  y  yo,  y  se  nos  dejó  en  un  puerto  de  las  Antillas  francesas,  en  el  Guadalupe,  adonde  el  barco  entró  sin  solicitar  siquiera  autorización  para  hacerlo.  De  ahí  pasamos  a  Puerto  Rico  y  estando  en  Puerto  Rico  llegó  allí  el  coronel  Fernández  Domínguez,  que  había  sido  enviado  a  España  como  agregado  militar  de  la  Embajada  dominicana  en  Madrid.  En  los  pocos  días  que  pasó  aquí  antes  de  ser  nombrado  agregado  militar  de  la  Embajada  dominicana  en  Madrid.  En  los  pocos  días  que  pasó  aquí  antes  de  ser  nombrado  agregado  militar  en  España,  el  joven  teniente  coronel  había  organizado  un  grupo  de  oficiales  constitucionalistas  que  se  convirtió  en  el  núcleo  central  del  movimiento,  llamado  a  estallar  el  24  de  Abril  de  1965,  pues  Fernández  Domínguez  fue  fundamentalmente  eso:  el  creador  del  Movimiento  Militar  Constitucionalista  que  iba  a  iniciar  la  Revolución  de  Abril.

En  esa  ocasión,  cuando  él  iba  hacia  España,  estuvimos  hablando  de  la  situación  política  del  país  y  de  lo  que  él  había  dejado  hecho  en  el  país  y  de  lo  que  se  propuso  llevar  a  cabo  sin  éxito  a  finales  del  año  1963.  Desde  España  mantuvo  el  contacto  con  sus  compañeros  y  volvió  a  Puerto  Rico  tal  vez  en  septiembre  o  en  octubre  de  1964;  tal  vez  en  noviembre,  y  no  mucho  más  allá  porque  me  parece  recordar  que  en  diciembre  fue  varias  veces  a  casa  acompañado  de  Arlette,  su  joven  y  fina  esposa.

Quiero  aclarar  en  este  momento  en  que  me  toca  decir  cosas  desconocidas  del  pueblo  dominicano,  que  la  Revolución  Constitucionalista  no  habría  podido  hacerse  si  no  hubiera  comenzado  con  el  levantamiento  de  una  fuerza  militar  considerable,    no  tanto  por  su  número  como  por  su  decisión  y  por  su  convicciones  políticas  de  defensora  de  la  constitucionalidad;  y  ese  levantamiento  fue  la  obra  de  Rafael  Tomás  Fernández  Domínguez.  El  fue  no  solamente  el  que  encendió  la  chispa  histórica  de  Abril  de  1965,  sino  además  el  que  había  constituido  la  base  de  ese  hecho  y  el  que  mantuvo  encendida  la  llama  de  la  fe  de  un  grupo  de  militares  desde  España  y  el  que  le  dio  el  toque  final  a  su obra  cuando  vino  al  país  en  diciembre  de  1964  cumpliendo  una  misión  que  yo  le  había  encomendado.

El  coronel  Fernández  Domínguez  tenía  dos  de  las  condiciones  que  trae  al  mundo  todo  aquel  que  tiene  de manera  natural  las  condiciones  del  líder;  primero,  era  un  hombre  decidido  a jugárselo  todo  en  cualquier  momento,  y  en  segundo,  tenía  el  don  de  conocer  a  los  hombres.  Estando  en  Puerto  Rico  en  esos  meses  finales  de  1964  me  decía  que  el  movimiento  militar  se  aceleraría  si  se  podía  sumar  a  él  al  coronel  Francisco  Alberto  Caamaño,  de  quien  decía  que  tenía  dos  condiciones  que  él  podía  garantizar:  su  lealtad  a  cualquier  causa  a  la  que  se  uniera  y  un  valor  que  no  reconocía  límites.

Al  volver  a  Puerto  Rico  de  ese  viaje  que  hizo  al  país  en  diciembre  de  1964,  el joven  inspirador  y  líder  del  Movimiento  Constitucionalista  me  contaba  que  en  una  reunión  que  tuvo  con  el  coronel  Caamaño  él  le  invitó  a  unirse  al  grupo  que  había  dejado  formado  y  que  el  coronel  Caamaño  le  preguntó  cuál  era  la  razón  de  que  él  le  propusiera  tomar  parte  en  el  levantamiento  que  se  proyectaba,  a  lo  que  el  coronel  Fernández  Domínguez  respondió:  “Porque  Ud.  es  un  hombre  honesto”.

Esa  respuesta  del  coronel  Fernández  vino  a  coronar  una  actitud  que  el  coronel  Caamaño  estaba  adoptando,  para  decirlo  de  alguna  manera,  desde  poco  después  del  golpe,  especialmente  desde  que  se  dio  cuenta  de  que  entre  los  militares  golpistas  había  muchos  que  se  habían  dedicado  a  actividades  no  militares.  Y  efectivamente,  tal  como  lo  había  esperado  Fernández  Domínguez,  el  coronel  Caamaño  quedó  comprometido  en  el  movimiento  y  cuando  éste  estalló  tres meses  o  tres  meses  y  medio  después  de  la  visita  del  coronel  Fernández  Domínguez,  al  coronel  Caamaño  le  tocó  encabezar  ese  movimiento  como  su  jefe  militar.

Lo  que  hizo  aquí  el  coronel  Fernández  Domínguez  llegó  a  conocimiento  de  algunos  de  sus  superiores  porque  esos  jefes  no  tardaron  en  nombrarlo  agregado  militar  dominicano  en  Chile.  Fue  en  Chile  donde  él  entró  en  contacto  con  el  poete  Manuel  del  Cabral,  que  vivía  en  esos  días  en  aquel  país  y  está  aquí  con  nosotros  esta  noche  para  testimoniar  acerca  de  lo  que  él  conoce  de  las  actividades  del  coronel  Fernández  Domínguez  mientras  vivió  en  Chile.  Al  pasar  para  Chile,  Fernández  Domínguez  y  yo  acordamos  una  clave  para  escribirnos  y  en la  exposición  de  documentos  que  se  presenta  en  la  entrada de  este  edificio  hay  algunas  copias  fotostáticas  de  las  comunicaciones  que  mantuvimos  mientras  él  se  hallaba  en  Chile  y  aquí  iba  creciendo,  desarrollándose,  el  movimiento  que  él  había  organizado,  hasta  que  produjo  el  estallido  del  24  de  Abril.

Todavía  no  sé  cómo  fue  posible  que  el  coronel  Fernández  Domínguez  volara de  Santiago  de  Chile  a  Puerto  Rico  tan  de  prisa  como  lo  hizo  a  tal  punto  que  su  llegada  a  mi  casa  me  sorprendió  y  no  puedo  precisar  ahora  si  esa  llegada  tuvo  lugar  el  26  ó  el  27  de  abril  (posteriormente  su  viuda  me  aseguró  que  había  sido  el  26),  pero  es  el  caso  que  él  estaba  allí,  en  Puerto  Rico,  el  día  desgraciado  en  que  pisaron  tierra  los  infantes  de  marina  de  Lyndon  Johnson;  y  digo  que  fue  desgraciado  porque  lo  fue  para  mí,  que me  sentí  directamente  responsable  porque  si  hubiese  sospechado  en  algún  momento  que  los  infantes  de  marina,  soldados  del  mismo  cuerpo  de  las  fuerzas  militares  norteamericanas  que  estuvo  abusando  en  este  país  de  su  poderío  ocho  años,  de  1916  a  1924,  iban  a  retornar  otra  vez  en  son  de  ocupantes  armados  como  consecuencia  del  levantamiento  constitucionalista  del  24  de  Abril,  no  me  hubiera  puesto  a  trabajar  ni  siquiera  media  hora  para  que  se  produjera  ese  levantamiento  porque  es  preferible  para  cualquier  dominicano,  y  para  cualquier  ciudadano  de  un  país  débil,  pequeño  y  pobre  como  el  nuestro,  tener  un  tirano  de  su  propio  pueblo  que  tener  un  salvador  extranjero.

En  ese  momento  tengo  presente  al  coronel  Fernández  Domínguez  de  pie  ante  mí  en  la  casa  que  nos  había  prestado  en  San  Juan  de  Puerto  Rico  un  amigo  (José  Arroyo  Riestra)  donde  recibíamos  a  los  periodistas  que  llegaban  de  todas  partes,  y  especialmente  de  los  Estados  Unidos,  y  las  llamadas  telefónicas  de  muchos  puntos  del  mundo,  porque  desde  México,  desde  Montevideo,  desde  Londres,  París  y  Canadá  o  Santiago  de  Chile  llamaban  periodistas  que  pedían  declaraciones  e  informaciones  acerca  de  ese  acontecimiento  tan  increíble  como  era  el  envío  de  la  infantería  de  la  marina  norteamericana  para  aplastar  con  tanques  y  aviones  una  revolución  democrática,  porque  ésa  era  una  revolución  que  estaba  haciéndose  dentro  de  los  límites  de  la  llamada  democracia  representativa  o  burguesa.

Tal  vez  la  suerte  de  la  República  Dominicana,  que  ha  sido  muy  mala  durante  largos  años  pero  que  no  puede  ser  siempre  mala  (y  la  suerte,  como  dijo  el  padre  del  materialismo  dialéctico,  es  una  categoría  histórica  que  hay  que  tomar  en  cuenta);  tal  vez  la  suerte  de  la  República,  repito,  quiso  que  esa  revolución  fracasara  porque  a  partir  de  ese  fracaso  todos  los  dominicanos  sabemos  que  la  próxima  revolución  de  este  país  no  puede  ser  democrática.

Cuando  recuerdo  aquel  barullo  de  personas,  de  noticias,  de  informes,  veo  allí,  siempre  delante  de  mí,  al  coronel  Fernández  Domínguez,  y  al  lado  de  él  a  Arlette  Fernández.  Debo  hacer  un  pequeño  paréntesis  para  decir  que  Fernández  Domínguez  fue  afortunado  en  varias  cosas.  Los  griegos  de  la  edad  heroica,  de  la  edad  de  Pericles,  decían  que  los  amados  de  los  dioses  mueren  jóvenes,  y  Rafael  Tomás  Fernández  Domínguez  tuvo  la  fortuna  de  morir  joven  como  para  que  pudiéramos  recordarlo  en  la  flor  de  su  vida,  pero  también  tuvo  la  fortuna  de  tener  una  compañera  de  la  cual  él  se  sentía  justamente  orgulloso,  pero  se  sentiría  más  orgulloso  todavía  si  pudiera  saber  que  este  acto  en  que  se  le  rinde  homenaje  ha  sido  la  creación  de  esa  compañera  que  estuvo  a  su  lado  en  la  lucha  de  aquellos  años  y  sigue  estando  a  su  lado  y  al  lado  del  pueblo.

Probablemente  el  tercer  día  después  de  su  llegada  a  San  Juan  Puerto  Rico,  o  sea  cuando  iba  terminando  el  mes  de  abril,  le  dije  al  coronel  Rafael  Fernández  Domínguez  que  había  una  persona  que  podía  traernos  a  Santo  Domingo  en  un  avión  y  le  di  su  nombre  y  su  dirección.  Ese  avión  tendría  que  salir  de  Puerto  Rico  clandestinamente  porque  yo  estaba  atrapado  en  territorio  norteamericano  y  no  iba  a  poder  salir  en  forma  legal  hacia  la  República  Dominicana  donde  al  poner  pie  volvía  a  ser  automáticamente  el  presidente  constitucional,  y  además,  si  venía  por  el  aeropuerto  de  la  Capital  me  cogían  ahí  las  fuerzas  de  San  Isidro.  El  coronel  Fernández  Domínguez  se  fue  a  ver  a  esa  persona;  entre  los  dos  visitaron  varios  lugares  desde  los  cuales  el  avión  podía  salir  de  noche,  de  manera  clandestina,  con  la  seguridad  de  que  no  iban  a  sorprenderlos  ni  al  piloto  ni  a  él  ni  a  mí.  El  se  encargó  de  arreglar  las  cosas  de  forma  que  pudiéramos  llegar  o  a  Neyba  o  a  Constanza…  .

El  piloto  que  debía  traernos  al  país  no  podía  arriesgarse  a  salir  sino  era  de  un  sitio  que  le  sirviera  de  aeropuerto,  y  buscando  ese  lugar  pasaron  dos  días,  tres  días,  cuatro  días.  Al  cuarto  día  se  recibió  la  noticia  de  que  la  persona  en  quien  el  coronel  Fernández  Domínguez  confiaba  que  nos  garantizaría  el  aterrizaje  en  Neyba  ya  no  estaba  en  Neyba  porque  había  sido  detenida  y  traída  a  la  Capital,  y  no  fue  posible  establecer  contacto  con  alguien  que  pudiera  esperarnos  en  Constanza.  En  ese  punto  el  piloto  nos  hizo  saber  que  no  había  posibilidades  de  hacer  el  vuelo  saliendo  de  Puerto  Rico.

A  San  Juan  de  Puerto  Rico  habían  llegado  el  general  Rodríguez  Echavarría,  que  había  sido  secretario  de  Estado  de  las  Fuerzas  Armadas  en  el  gobierno  del  Dr.  Balaguer,  el  que  había  terminado  en  enero  de  1961;  y  en  ocasión  en  que  fui  con  el  coronel  Fernández  Domínguez  a  un  sitio  donde  se  había  montado  una  estación  de  comunicación  con  el  país,  se encontraron  allí   Fernández  Domínguez  y  Rodríguez  Echavarría.

Debo  aclarar  que  la  comunicación  entre  Puerto  Rico  y  Santo  Domingo  era  telefónica,  pero  algunas  de  las  personas  que  trabajaban  en  las  compañías  telefónicas  de  los  dos  países  facilitaban  la  conexión  para  que  no  pudieran  tomarse  las  comunicaciones  y  ni  siquiera  quedaban  registros  de  las  llamadas.

Cuando  se  dio  el  golpe  que  derrocó  ese  gobierno  del  Dr.  Balaguer,  dos  oficiales  del  ejército  fueron  a  detener  al  general  Rodríguez  Echavarría,  y  uno  de  ellos  era  Fernández  Domínguez,  que  entonces  tenía  el  grado  de  mayor.  El  general  Rodríguez  Echavarría  me  había  contado  en  el año  1964  que  cuando  esos  dos  oficiales  fueron  a  detenerlo,  él  le  había  dicho  al  de  mayor  graduación:  “¡Muchacho,  ten  cuidado  con  esa  ametralladora,  que  se  te  puede  zafar  un  tiro  y  matarme!”;  y  agregó:  “Pero  cuando  le  vi  los  ojos  a  Rafaelito  me  di  cuenta  de  que  él  era  el  que  iba  a  matarme  si  yo  no  me  daba  preso”.   Por  cierto,  una  noche  en  que  se  hallaba  en  casa,  allá  en  Puerto  Rico,  acompañado  de  Arlette,  estuvimos  hablando  de  los  acontecimientos  políticos  dominicanos,  cuando  yo  explicaba  el  origen  de  la  campaña  que  se  había  hecho,  Fernández  Domínguez  me  miró,  con  aquella  mirada  a  la  vez  iluminada  y  triste  que  tenía,  y  me  dijo:  “Profesor,  cómo  nos  engañan”;  y  dos  días  después  pasó  por  casa  en  horas  de  la  mañana  y  lo  único  que  dijo  en esa  ocasión  fue  que  los  oficiales  militares  deberían  estudiar  política,  opinión  que  relacioné  con  la  frase  que  me  había  dicho  hacía  dos  noches:  “Profesor,  cómo  nos  engañan”.

Cuando  llegué  con  Fernández  Domínguez  al  sitio  donde  se  hacían  las  comunicaciones  con  Santo  Domingo  encontré  allí  al  general  Rodríguez  Echavarría,  y  en  el acto  les  pedí  a  él  y  a  Fernández  Domínguez  que  se  saludaran  como  compañeros  de  armas  y  olvidaran  el  pasado.  El  coronel  Fernández  Domínguez,  que  sabía  mandar  porque  sabía  obedecer,  se  cuadró,  saludó,  a  lo que  respondió  en  igual  forma  el  general  Rodríguez  Echavarría,  y ambos  se  dieron  las  manos  y  sin  hablar  una  palabra  del  pasado  volvieron  a  actuar  juntos  en  los  episodios  en  que  les  pedí  que  lo  hicieran.  Por  ejemplo,  los  dos  fueron  a  Venezuela,  hacia  donde  los  mandé  a  hacer  una  gestión,  que  era  la  de  conseguir  la  manera  de  salir  ellos  y  yo  desde  ese  país  hacia  Santo  Domingo,  para  lo  cual  le  llevaron  una  carta  mía  al  presidente  de  Venezuela,  Raúl  Leoni,  que  era  un  amigo  mío  de  muchos  años.  Esa  gestión  terminó  en  un  fracaso  porque  el  presidente  Leoni  dijo  que  él  no  podía  dar  su  consentimiento  para  que  se  hiciera  ese  viaje.  A  ese  fracaso  se  debió  que  el  coronel  Fernández  Domínguez  no  pudiera  llegar  al  país  antes  de  lo  que  llegó.

Debo  aclarar  también  que  aun  antes  de  que  Rodríguez  Echavarría  y  Fernández  Domínguez  volaran  a  Venezuela  yo  me  había  convencido  de  que  no  iba  a  ser  fácil  mi  vuelta  a  la  República  Dominicana  porque  el  poder  norteamericano  haría  lo  imposible  para  impedirlo  a  menos  que  yo  aceptara  volver  para  actuar  bajo  sus  órdenes,  y  por  esa  razón  había  resuelto,  llamar  por  teléfono  al  cuartel  general  del  Movimiento  Constitucionalista  para  pedir  que  se estableciera  un  gobierno  revolucionario  encabezado  por  el  coronel  Francisco  Alberto  Caamaño  Deñó.  Con  quien  se  hizo  la  comunicación  en  ese  momento  fue  con  Héctor  Aristy,  que  está  hoy  en  el  destierro  y  cuando  Aristy  le  hizo  saber  al  coronel  Caamaño  lo  que  yo  decía,  el  coronel  Caamaño  respondió  que  él  no  podía  aceptar  eso,  que  ellos  estaban  participando  en  la  Revolución  para  cumplir  con  un  deber  y  no  porque  anduvieran  detrás  de  posiciones.  Entonces  yo  pedí  que  el  coronel  Caamaño  cogiera  el  teléfono  y  le  dije:  “Coronel,  yo  no  lo  estoy  consultando;  le  estoy  dando  una  orden,  la  de  que  asuma  la  presidencia  del  gobierno  revolucionario”,  a  lo  que  el  coronel  Caamaño  respondió  diciendo:  “Si  se  trata  de  una  orden,  la  cumpliré  lo  mejor  que  pueda”; y  a  seguidas  pedí  que  Héctor  Aristy  tomara  de  nuevo  el  teléfono  y  le  di  la  lista  de  los  miembros  del  Gabinete,  que  encabecé  con  el  del  Ministro  de  las  Fuerzas  Armadas  y  seguí  con  el  del  ministro  de  Interior  y  Policía;  y  al  decir:  “Ministro  de  Interior  y  Policía”,   el  coronel  Rafael  Tomás  Fernández  Domínguez  éste,  que  se  hallaba  a  pocos  pasos  de  mí,  me  hizo  una  seña  con  la  mano  indicándome  que  no  aceptaría  ese  cargo;  pero  yo  seguí  dando  la  lista  de  los  ministros  y  así  se  formó  el  gobierno  del  coronel  Caamaño,  y  así  vino  a  quedar  ese  gobierno  con  el  ministro  de  lo  Interior  y  Policía  en  Puerto  Rico  y  no  en  Santo  Domingo,  que  era  donde  debía  estar.

(Ahora  debo  intercalar  en  estas  breves  noticias  que  di  en  el  acto  de  homenaje  al  fundador  del  Movimiento  Constitucionalista,  que  se  celebró  al  conmemorarse  el  decimocuarto  aniversario  de  su  muerte,  el  episodio  de  su  llegada  al  país,  a  lo cual  no  me  referí  en  esa  ocasión.  Lo  hago  porque  debo  explicar  por  qué  razón  ese  soldado  de la  lucha  imperialista,  que  cayó  víctima  de  las  balas  norteamericanas,  vino  a  la  República  Dominicana  en  un  avión  militar  de  los  Estados  Unidos.  Con  la  excepción  de  una  parte  de  la  Capital  de  la  República,  todo  el  territorio  dominicano  se  hallaba  controlado  por  las  tropas  yanquis  o  las  dominicanas  que  estaban  bajo  sus  órdenes,  de  manera  que  no  había  manera  de  llegar  al  país,  pero  se  presentó  una  oportunidad  que  no  podía  ser  desperdiciada.  Acosado  por  la  opinión  pública  de  los  Estados  Unidos  y  también  extranjera,  el  gobierno  de  Johnson  decidió  negociar  con  el  de  Caamaño  para  formar  un  gobierno  de  transición  que  sustituyera  al Constitucionalista  y  al  llamado  Reconstrucción  Nacional,  que  había  inventado  Johnson  y  servidores  del  Departamento  de  Estado.  Para  esa  negociación  vinieron  al  país  McGeorge  Bundy,  que  era  ayudante  especial  de  Johnson  para  asuntos  de  seguridad  nacional;  Cyrus  Vance,  el  mismo  que  es  secretario  de  Estado  de  Carter,  y  no  sé  que  otras  personas.  Esos  dos  y  Harry  Shlauderman,  que  había  sido  secretario  político  de  la embajada  norteamericana,  viajaron  a  Puerto  Rico  para  entrevistarse  conmigo  a  fin  de  discutir  la  posibilidad  de  que  el  gobierno  de  transición  estuviera  encabezado  por  Antonio  Guzmán,  el  actual  presidente  de  la  República.  En  la  reunión  estuvieron  presentes  el  propio  Antonio  Guzmán  y  Jaime  Benítez,  rector  de  la  Universidad  de  Río  Piedras,  y  yo  le  pedí  a  Shlauderman  un  puesto  para  el  coronel  Fernández  Domínguez  en  el  avión  en  que  ellos,  con  la  excepción  del  rector  Benítez,  volverían  a  Santo  Domingo.  Cuando  le  comuniqué  a  Fernández  Domínguez  esa  decisión  mía  me  dijo que  él  no  podía  llegar  al  país  en  un  avión  de  las  fuerzas  invasoras;  entonces  le  expliqué  que  él  debía  hacer  ese  viaje porque  yo  no  podía  usar  como  mensajero  ante  el  presidente  Caamaño  a  don  Antonio  Guzmán;  el  que  tenía  que  llevarle  mensaje  al  coronel  Caamaño  debía  ser  tercera  persona  y  sólo  podía  y  debía  ser  él,  que  era  miembro  del  gobierno  Constitucionalista  en  su  condición  de  ministro  de  Interior  y  Policía;  y  por  último  le  dije:  “Si  Ud.  puede  utilizar  las  armas  del  enemigo  para  derrocarlo,  ¿se  negaría  a  hacerlo?.  Al  oír  esas  palabras  esbozó  una  sonrisa  y  respondió:  “Está  bien,  señor.  ¿A  qué  hora  es  la  salida?).

El  día  19  recibí  una  llamada  desde  aquí,  desde  Santo  Domingo,  y  con  ella  la  noticia  de  que  el  coronel  Rafael  Tomás  Fernández  Domínguez  había  sido  muerto  por  balas  norteamericanas.  Eran  algo  más  de  las  12  de  la  noche  y  yo  me  sentí  sacudido  de  adentro  afuera.  Para  mí  lo  que  había  caído  en  tierra  dominicana  no  era  un  hombre,  era  una  estrella;  y  no  lloré  porque  en  las  horas  de  adversidad  los  hombres  que  tienen  responsabilidades  no  pueden  llorar.  Pedí  que  se  le  rindieran  honores  de  general  muerto  en  campaña;  después  cerré  el  teléfono  y  estuve  un  rato  concentrado  en  mí  mismo;  luego  lo  levanté  para  llamar  a  Arlette,  pero  no  lo  hice.  Fue  en  la  mañana  del  día  siguiente  cuando  hablé  con  ella  y  le  comuniqué  que  su  marido,  tan  joven  y  tan  gallardo,  había  muerto  en  Santo  Domingo.

Le  transmití  esa  noticia  con  dolor,  pero  sin  pena.  No  me  sentía apenado  porque  sabía  que para  Rafael  Tomás  Fernández  Domínguez  la  carrera  militar  no  significaba  ningún  privilegio  sino  una  oportunidad  que   le  había  brindado  el  destino  y  que  él  aprovecharía  a  fondo  para  servirle  a  su  patria.  Y  me  satisface  decir  esta  noche,  con  la  presencia  de  todos  ustedes  aquí,  que  los  hombres  que  saben  entregarse  a  la  causa  de  su  pueblo  como  lo  hizo  él,  no  merecen  lágrimas;  que  su  caída  es  un  tránsito  hacia  la  inmortalidad,  desde  l a cual  los  hombres  como  él  le  sirven  a  su  pueblo  mejor  aún  que  estando  vivos.

Santo  Domingo,  D.  N.

Mayo  19,  de  1979.

DE JUAN BOSCH A LEONEL FERNANDEZ Y DANILO MEDINA

Este articulo fue publicado días antes de las elecciones Presidencias del 2012.

No negamos que han habido fallas en el actual gobierno. Pero también es justo reconocer que han habido logros. Estamos a tiempo para enderezar entuertos. 

Por   Domingo Núñez Polanco.

En el año 1962, los dominicanos y las dominicanas eligieron por abrumadora mayoría al profesor Juan Bosch como presidente de la República Dominicana.1551669_841124042565264_82856306295046236_n

En su discurso de toma de posesión como Presidente, el Profesor Juan Bosch dijo:

“El país entero debe saber que nosotros no hemos querido hacer un gobierno solo a base del partido que ganó las elecciones del 20 de diciembre del año pasado, así como no quisimos formar gobierno solo a base de los que se aliaron con nosotros antes del día 20 de diciembre. Hemos querido que los que ayer lucharon entre si estuvieran hoy reunidos dándole cada uno lo mejor de sus fuerzas al pueblo que es nuestro y es de ellos. No deseamos el poder para gobernar con amigos contra enemigos, sino para gobernar con dominicanos para el bien de los dominicanos”C399D8CF-3D4B-4FB3-8BA8-77F286EB6D5E.jpg__270__200__CROPz0x270y200

Con estas líneas centrales, el Profesor Bosch caracterizaba  lo que sería su gobierno democrático con  participación ciudadana. Dejó marcado para siempre el camino que debían seguir los próximos  gobernantes para el establecimiento de un estado  de derecho   en democracia. 

En su corto periodo constitucional  don  Juan Bosch, hizo un ejercicio de autentica democracia; revelándose  como auténtico demócrata que luchaba por establecer una real revolución democrática en la República Dominicana.

La obra de gobierno impulsada por Juan Bosch, se caracterizo: por el respeto pleno a los tres poderes del Estado, ejecutivo, legislativo y judicial, a los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos y a un régimen de igualdad de oportunidades para todos, así como la iniciativa e implementación de una de las constituciones más democráticas  y progresistas del país y de América conocida hasta entonces.

La  constitución del Profesor Juan Bosch de 1963, reflejan claramente las ideas revolucionarias y democráticas de un hombre que fue capaz de dar el paso de transición de un férreo régimen dictatorial a un verdadero y auténtico estado de derecho.

Un discípulo del Profesor  Juan Bosch treinta y tres años más tardes, subía al solio presidencial   para desarrollar una obra de gobierno siguiendo principios y lineamientos que marcaron  aquel gobierno del profesor Juan Bosch.

En los tres periodo de gobierno del PLD, con el  Presidente Leonel Fernández, durante los casi doce años que ha gobernado, la nación ha experimentado grandes avances en todos los aspectos, principalmente en lo institucional, lo económico y en las obras físicas.

Durante los gobiernos  del PLD  la economía dominicana se ha mantenido  estable. La economía  ha crecido de manera permanente, generando empleos,  reduciendo pobreza  y desigualdad social.

Hoy en la República Dominicana, en el gobierno del PLD, no hay un preso político, no hay un exiliado, no hay un solo torturado, en el país se vive en democracia, en libertad y luchando por mas justicia social.

 En los casi  doce años que le  ha tocado al PLD  gobernar, la República Dominicana ha avanzado, pero de lo que se trata de  ahora en adelante es  consolidar los logros, preservar los avances, y que no pueda haber retroceso  de un  gobierno salido de las próximas elecciones presidenciales.

El movimiento 30 de junio  entendiendo y como lo están por igual la gran mayoría del pueblo dominicano,  que lo  está en juego  en estas próxima elecciones es el progreso y el retroceso.

Por eso entendemos que  la lucha debe ser ahora logar la prosperidad, el progreso y el bienestar económico de todos los dominicanos, porque la libertad política, individual y social ya la disfrutan bajo los gobiernos del PLD y el Dr. Leonel  Fernández. 

Con la continuidad de un gobierno del PLD a partir del 16 de agosto de 2012  se puede mirar hacia el futuro con optimismo y esperanza de que las futuras generaciones tengan una vida mejor.

En el 163 aniversario de la batalla del 30 de Marzo de 1963, Juan Bosch  presidente entonces, afirmaba:

“Creo que llegó la hora de enrumbar la patria de Duarte, de Sánchez, de Mella y Luperón por senderos de progreso, llegó la hora de la modernidad, llegó la hora de tener un pueblo educado y por consiguiente libre, llegó la hora de tener un pueblo sano y por lo tanto alegre, llegó la hora de tener un pueblo trabajando y por lo tanto creando riquezas, en fin, un pueblo que no le tema al futuro, por que sea dueño de su presente y por consiguientes seguro de su porvenir, ese es el pueblo que queremos y merecemos quienes vivimos es la República Dominicana.”

A cuarenta y nueve años después de esas programáticas palabras del Profesor Juan Bosch, no por pura casualidad, otro discípulo del gran maestro estadista, hoy candidato a la presidencia de la República por Partido de la Liberación Dominicana, el Lic. Danilo Medina, en su propuesta de Gobierno estén sin faltarle un punto y una coma, las mismas líneas programáticas  en su esencia de aquel ensayo democrático y de progreso que intento el profesor Juan Bosch.

El Lic. Danilo Medina, candidato a la Presidencia del PLD (Ahora Presidente electo) y  próximo Presidente de todos los Dominicanos, ha manifestado  interés de  continuar la gran obra empezada por el gran Maestro;  reforzar y mejorar la gran obra gubernamental que realiza el Presidente Fernández.

“No vengo para prometer, sino para hacer”. Ha manifestado el candidato Danilo medina en numerosas ocasiones.

Danilo Medina ha demostrado tener un conocimiento a fondo de la situación que vive el país, y sus ideas están bien claras y precisas sobre lo que es necesario hacer en Educación, Salud, Justicia, Turismo, Seguridad, Medio Ambiente, Agricultura y Deporte, entre otras áreas, para darle continuidad a la obra de gobierno de su partido iniciada en el 2004 con resultados positivos.

Pat Mesiti en su obra: Actitudes y Altitudes (2010, p.188) subraya que “nuestras habilidades para ser buenos líderes son transitorias, porque necesitan que se les refine y se les mejore constantemente.”  Danilo Medina ha estado inmerso en ese proceso de mejoría y refinamiento de sus ideas y pensamientos sobre el futuro que aspira a construir.   En ese sentido, Danilo Medina luce sereno, reflexivo, equilibrado, lúcido y capaz  por igual ha demostrado también, en varias participaciones en medios de comunicación y en conversatorios con el empresariado y otros sectores de la vida nacional, que es portador de un pensamiento sistémico que  tiene bien claro los procesos que definen el curso de la humanidad.

Señalaba  Baltasar Gracián en su obra: El arte de la prudencia (1996, p.1) carácter e inteligencia son dos cualidades que hacen que brillen todas las demás. “No basta ser inteligente: hace falta también tener carácter.”  En Danilo estas virtudes la tenemos por partida doble.

La propuesta de gobierno de Danilo Medina tiene como punto prioritario incrementar el poder de compra de los trabajadores y trabajadoras, para lograrlo ha dicho: “esto solo es posible cuando un gobierno estimula la economía, garantiza la estabilidad, estimula la productividad en la industria, en el campo y en el sector de servicios.”

Luego de los actuales gobiernos en donde se generaron grandes riquezas para el país, le corresponderá  a Danilo Medina distribuir esas riquezas a toda la sociedad y crear bienestar para todos.

Para Danilo Medina incorporar a los más débiles y los más necesitados a la economía y a las políticas públicas no es solo algo moralmente correcto. Es, también, políticamente indispensable y económicamente acertado, por lo que sus propuestas económicas incluyen y requieren de una participación activa de la sociedad.

Danilo Medina será un Presidente que viene a unir, a compartir decisiones colectivas en lugar de imponer sus ideas, Presidente que viene a dialogar en lugar de mandar, a escuchar en lugar de sólo hablar, y sobre todo, a cumplir en vez de prometer.

Las propuestas de Danilo Medina son claras y concretas, y cubren todas las áreas neurálgicas en el desarrollo de nuestro país. Te invitamos a que conozca  estas propuestas y descubras cómo Danilo Medina continuará lo que está bien, corregirá lo que está mal y hará lo que nunca se hizo.

Domingo Núñez Polanco

Reading the Sonnet — Joseph Lorusso

Mala política

por  

La “ideología del progreso” ha condicionado las actuaciones de la mayoría de los gobiernos que hemos tenido de Balaguer para acá, y ha sido así puesto que esa “ideología” cumple diversas funciones importantes en el sistema político.

Sirve un propósito de legitimación, pues a través de las obras, de la “modernización” del país, los gobiernos ganan capital político.

Sirve también propósitos de distribución de los recursos que capta el gobierno y, en países como los nuestros, contribuye a crear una clase política con recursos para apoyar la continuidad del régimen. El dinero que escapa por medio de contratas y prebendas, y que va a parar a manos de políticos, sirve de sustentación a numerosas aventuras.

A diferencia de Balaguer, que debió establecer un proceso de “acumulación” por medio de congelación de los salarios y austeridad, los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana han optado por el financiamiento externo para suplir las necesidades de recursos.

A medida que la nómina estatal crece sin freno, y el costo de la deuda se hace más oneroso, los morados han acudido a dos formas: la limitación de obras por períodos de tiempo y los préstamos.

El endeudamiento no sería tan problemático si se estuviese invirtiendo en obras con retorno, pero coger prestado para programas sociales, y para convertirlos en humo, no es una política aconsejable.

Y lo peor de todo es que estamos gastando ahora lo que otros tendrán que pagar después sin haberlo disfrutado.

atejada@diariolibre.com

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FRENTE PROGRESISTA JUAN BOSCH: UNA NUEVA FORMA DE HACER POLÍTICA

Domingo Nuñez Polanco

Coordinador nacional del Frente Progresista Juan Bosch

Con el Frente Progresista Juan Bosch en la Patria de Duarte y Luperón está naciendo una nueva generación de dominicanos y dominicanas, con ideas nuevas y progresistas, llamada a transformar la forma de hacer política en la república Dominicana.

Los partidos políticos tradicionales ya no escuchan lo que la gente dice, quiere o necesita. No hay un diálogo real entre ellos y la sociedad. Han olvidado discutir los principios fundamentales de carácter ético y filosófico; no tienen ninguna propuesta seria y coherente ante el pertinaz empobrecimiento del Pueblo Dominicano.

El descontento de las grandes mayorías ha crecido, impide visualizar con fe un futuro con mejores condiciones.

Los males sociales tienen nombre: desocupación, alto costo de la vida e inseguridad entre otros problemas.

La principal responsabilidad recae en una clase política desprestigiada.

Son pocos y puntuales los políticos que pueden ofrecer la imagen que requiere el pueblo.

Ha llegado el siglo XXI, nos encuentra en plena globalización, que por cierto, muchos de esos políticos que aludimos, no todos entienden, que son estos procesos de globalización, y por supuesto, mucho menos, los resultados que estos provocan que muchas veces no son nada halagüeños.

La llamada globalización es en realidad la globalización de la pobreza para los pobres y la globalización del poder y de la concentración de la riqueza para los ricos. Sin embargo, los problemas socio-económicos de las grandes mayorías han crecido considerablemente.

En estas condiciones, más de las tres cuartas partes del Pueblo Dominicano antes que tener posibilidad alguna de desarrollo, se estancan y retroceden.

Pues bien, La clase política actual planifica y ejecuta sus proyectos conforme a dónde van el mundo, el mundo de las finanzas primero, el mundo político después y por último los objetivos sociales. La prioridad social pasó a ser secundaria y muchas veces hasta ignorada

El sentido solidario de la función política, el bien común y otros valores van perdiendo significado ante la práctica del “sálvese quien pueda”.

Dice un proverbio Hindú: Todo lo que no sirve para la colmena no sirve para la abeja.

Pero no se preocupen, no todo está perdido.

¿Qué hacemos ante esta realidad que oscurece el futuro de los habitantes de esta tierra de Duarte, Luperón y Juan Bosch?

El pueblo dominicano ha pasado por momentos difíciles a lo largo de su historia, pero con decisión y enormes sacrificios los ha podido superar. Por eso, confiamos en que nuevamente ha llegado la hora de asumir la responsabilidad de ser protagonistas activos para la formación de una voluntad colectiva, democrática, popular, solidaria que traducida en una gran fuerza política, social y cultural ponga fin a este sistema de exclusión y falta de oportunidades.

Se trata, por lo tanto, de comprometernos con la gestación de un proyecto alternativo democrático, popular y solidario, cuyos objetivos se orienten hacia las grandes transformaciones que la sociedad dominicana demanda.

Estamos frente a un desafío histórico: construir una fuerza de avanzada y progresista. Con el objetivo de acompañar la lucha de nuestro pueblo por su bienestar y un mejor porvenir, proponemos a los dominicanos y dominicanas con sensibilidad política, social y sienta amor por esta patria de el Coronel Tomas Fernández Domínguez, unirse al Frente Progresista Juan Bosch para que todos juntos , en una sola fuerza construyamos un movimiento social progresista, renovador, fundado en una necesidad histórica, inspirado en la necesidad de llevar adelante las tareas de carácter nacional, democrático, popular, patriótico y solidario capaz de despertar las ilusiones y mueva a una nueva alternativa popular y renovadora, de transformación social, política, cultural, económica, ecológica y feminista y señale a nuestro pueblo un nuevo camino de esperanza.

Nos dirigimos a los trabajadores/as, campesinos/as, estudiantes, jóvenes, mujeres, a empresarios con visión de futuro, y a los intelectuales comprometidos. También Queremos integrar a todos los luchadores por los derechos de los discapacitados, de las minorías excluidas y marginados sociales, a ecologistas y activistas preocupados por la cultura popular. Queremos unir en la diversidad sin discriminación alguna.

El movimiento progresista y renovador que estamos construyendo no se justifica solamente por la enunciación de sus objetivos, debe ser capaz de sintetizar las mejores experiencias de nuestro pueblo, así como las ideas y los principios enarbolados por nuestros próceres y héroes en sus batallas por el bien colectivo.

Consideramos que el Frente Progresista debe ser la guía y el ejemplo que se expresa en cada uno de los comprometidos con esta causa. No tendría sentido el Frente Progresista si en su interior mismo no se gestan y no se desarrollan conductas y convivencias inspiradas en la práctica de nuestros padres fundadores de la República.

El Proyecto Alternativo de República que presentamos está inspirado en una clara visión y misión de refundar el Estado Dominicano con las premisas de Orden, organización, disciplina y trabajo.

HERMANOS, AMIGOS Y COMPAÑEROS, QUEREMOS  ALCANZAR EL PODER TOTAL PARA LEVANTAR EN ALTO y PONER EN PRÁCTICA NUESTRO LEMA: DEMOCRACIA POPULAR Y PARTICIPATIVA, JUSTICIA SOCIAL  Y SOLIDARIDAD.

MUCHAS GRACIAS.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

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